Antropología de la creatividad impotente

 

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.

José Ortega y Gasset – Meditaciones del Quijote (1914)

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La caricatura de Antonio Fragua de Pablo (1942-2018), más conocido como “Forges”, es típica de su punzante y sofisticado humor. Ella alude a la famosa expresión “que inventen ellos”, propuesta por Miguel de Unamuno y explicada por él mismo en su oración ante la tumba de Joaquín Costa:

Es inútil darle vueltas, nuestro don es ante todo un don literario, y todo aquí, incluso la filosofía, se convierte en literatura… y si alguna metafísica española tenemos es la mística… ¿Es esto malo, es bueno? Por ahora no lo decido, sólo digo que es así. (…) y como hay y debe haber una diferenciación del trabajo espiritual así como del corporal, tanto en los pueblos como en los individuos, a nosotros nos ha tocado esta tarea… en Suiza no pueden desarrollarse grandes marinos… Alemania, verbigracia, nos da a Kant, y nosotros le damos a Cervantes. Harto hacemos con procurar enterarnos de lo suyo, que su ciencia y su metafísica fecundará nuestra literatura, y ojalá nuestra literatura llegue a ser tal que fecunde su ciencia y su metafísica. Y he aquí el significado de mi exclamación, algo paradójica, lo reconozco, “¡que inventen ellos!”, exclamación de que tanto finge indignarse algún atropellado cuyo don es el de no querer entender o hacer como que no se entera.

El “ellos” es lo germánico, lo sajón. Los inventores del mundo moderno no habrían podido ser nunca los españoles. (A pesar de que Santiago Ramón y Cajal, en mentís de Unamuno, se hiciera acreedor del Premio Nobel de Fisiología de 1906 como fundador de la neurociencia, o que Juan De La Cierva construyera en 1920 el primer autogiro, el precursor del helicóptero; precisamente, ciencia y tecnología).

¡Que inventen ellos! es una lapidaria expresión de Miguel de Unamuno cuyo repetido uso y abuso ha producido un tópico o cliché que se utiliza con sentidos opuestos. El tópico es muestra de hasta qué punto la ciencia y la tecnología han sido en España una realidad marginal en su organización y contexto social,​ de modo que se ha llegado a convertir en una especie de estereotipo nacional español, unas veces rechazado por impropio o humillante y otras veces asumido con orgullo y desdén, como era su propósito original. (Wikipedia en Español).

En Venezuela se consigue esa vena literaria en la raíz de ciertas posturas políticas de “orgullo y desdén”, que creen que el arte de gobernar es asunto de las humanidades (“lo espiritual”), campo del conocimiento que sería “evidentemente” superior al de las ciencias (“lo corporal”). Asimismo, en nuestra herencia cultural, principalmente hispánica, se ha colado la propensión española al autodesprecio, que Joaquín Bartrina (1850-1880) presentó de este modo: “Oyendo hablar un hombre, fácil es / saber dónde vio la luz del sol / Si alaba Inglaterra, será inglés / Si reniega de Prusia, es un francés / y si habla mal de España… es español”. Cosas como ésas integrarían la “personalidad básica” de nuestra cultura hispanoamericana, sus rasgos comunes, según el concepto del psiquiatra y antropólogo estadounidense Abram Kardiner. (The individual and his society, 1936). Los argentinos, por ejemplo, que… ¡bueno, ya sabemos cómo son los argentinos!

Una constelación conceptual como la descrita condiciona la recepción local de “inventos políticos”, tales como el esquema recientemente propuesto por el Departamento de Estado de los Estados Unidos para la “transición democrática” en Venezuela. Si los gringos (ellos) lo han inventado debe ser bueno. En cambio, un personaje de mi mayor aprecio ofreció, como único comentario al tratamiento expuesto acá en Otro camino, que su viabilidad “depende de las circunstancias”. (¿Las de Ortega y Gassett, que él recomendaba salvar para que nos salváramos?) Sólo atiné a responder que desde que el mundo es mundo absolutamente todo depende de las circunstancias. Esto es, cosa que no le dije, que la razón que esgrimiera para no acoger la proposición no era más que una perogrullada. (De Perogrullo.* Verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla. Diccionario de la Lengua Española). Debe ser que Mike Pompeo no está limitado por “las circunstancias”.

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Habiendo comenzado esta entrada con una muestra del más fino humor español, creo que cabe cerrarla con otra. Superlópez es una divertida película que parodia, por supuesto, al personaje de Superman. Trata de las peripecias de un superhombre español que, como en el caso del original estadounidense, llega a la tierra como bebé desde el espacio exterior y es también recogido por una pareja de edad muy madura y sin hijos. Es su padre adoptivo quien le dice, cuando ya ha crecido: “Clavo que sobresale pide martillo. Si te destacas te machacan. En este país, para ser feliz tienes que ser mediocre”. ¡Olé! LEA

 

 

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* El profeta Pedro GrulloPedrogrulloPero Grullo o Perogrullo, “que a la mano cerrada la llamaba puño”, es un personaje paremiológico o de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación. Su idiosincrasia es la de un personaje cómico, producto de la imaginación popular, pero existen hipótesis e investigaciones en las que se afirma que habría existido un Pedro Grullo real. En cualquier caso, en el habla corriente se identifica al personaje como el primer, o el más famoso, decidor de perogrulladas—tautologías retóricas—, esto es, verdades redundantes o pleonásticas del tipo “ha amanecido porque es de día”. (Wikipedia en Español).

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