El modelo de Diosdado

 

Una estrategia que nunca muere y que la hemos visto hasta el hartazgo en series policiales cuando es utilizada como herramienta de negociación y convencimiento para obtener informaciones del acusado. Al traspolar este truco a nuestra realidad política nos encontramos con un hecho muy similar que evidencia el comportamiento de quienes llevan hoy las riendas del poder.

Jorge Torres Romero El viejo truco del policía bueno y el policía malo

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Diosdado Cabello* disfruta su papel de policía malo (el bueno sería ¡Nicolás Maduro!) Se le notó el placer que experimentó al sugerir que los académicos venezolanos de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales se estarían buscando una visita policial por haber publicado un serio informe acerca de la posible evolución del coronavirus en el país. Mi sugerencia a nuestros académicos científicos: recordar el proverbio acerca de perros que ladran.

La última ocurrencia-amenaza de Cabello no es, por otra parte, la más grave de la larga serie que ha protagonizado como policía maluco. He aquí una mucho más grave, que felizmente no se materializó:

 

 

Al reproducir ese video en La strada (20 de abril de 2017), comenté:

La situación nacional es delicadísima, pero hay un resquicio aún no totalmente obliterado para que la sensatez se cuele. El gobierno debe, aun más que la oposición, amarrar a sus locos; el presidente Maduro debiera impedir que el Sr. Cabello incite crímenes con nombre y apellido…

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Más recientemente—el 7 de septiembre de 2019 en ¿Casus belli?—, se apuntaba acá:

Diosdado Cabello ha intentado refutar alegatos de Iván Duque, Presidente de Colombia, quien había dicho: “No estamos ante el nacimiento de una nueva guerrilla, sino frente a las amenazas criminales de una banda de narcoterroristas que cuenta con el albergue y el apoyo de la dictadura de Nicolás Maduro”. El 30 de agosto, El Colombiano reprodujo una nota de AFP que comienza así:

El oficialismo venezolano negó en las últimas horas que auspicie la violencia en Colombia, luego de que el presidente Iván Duque acusara al gobierno de Nicolás Maduro de proteger a exjefes de las extintas Farc que retomaron las armas. “Hoy nos están echando la culpa desde Colombia. Lamentamos profundamente lo que está ocurriendo en Colombia (…), que vaya a entrar en un nuevo espiral (…), que continúe en el espiral de violencia que tiene 60 años”, afirmó el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, durante un acto en Caracas.

Pero hace dos días Cabello justificaba, en su programa de Venezolana de Televisión, el regreso a las armas de una fracción de las FARC anunciado por Iván Márquez: “Los líderes de las FARC, el ELN y todos los movimientos guerrilleros tienen muchísimas razones para hacer lo que están haciendo. El gobierno colombiano no les ha cumplido”. (El Nacional).

No para de ladrar.

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También, naturalmente, hay perros norteños que ladran. Uno que lo hace varias veces diarias por Twitter es el Sr. Donald Trump, en ladridos dirigidos a China (ahora, no antes), a la OTAN, a México, a Canadá, a Ucrania… Trump despide a cuanto funcionario se le antoje que pertenezca al “Estado profundo” que conspiraría en su contra, así sea uno que él mismo haya nombrado, como el Dr. Anthony Fauci, uno de los inmunólogos más respetados del mundo, miembro del Grupo de Trabajo sobre Coronavirus de la Casa Blanca. (“Debido a sus desacuerdos con Trump, Fauci ha sido criticado por sabihondos derechistas y ha recibido amenazas de muerte que resultaron en la necesidad de una escolta de seguridad”. Wikipedia).

Estos son los resultados que puede exhibir el presidente ladrador (no confundir con labrador):

Porcentaje de infecciones y muertes en los EEUU sobre la población mundial

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie puede negar que en esto, como en tantas otras cosas, los Estados Unidos son la primera nación en el mundo. Y ¿quién ladra más, Donald o Diosdado—espíritus afines—, D o D? **

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Última hora: “La prestigiosa revista científica ‘The Lancet’ pide el relevo de Donald Trump“. (El País, Ciencia, 15 de mayo de 2020).

LEA

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El titular del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad, como lo formulara con la mayor claridad la Declaración de Derechos de Virginia (12 de junio de 1776):  “…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indudable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”. (Sección Tercera). El 3 de marzo de 2002,  un mes y ocho días antes del Carmonazo, escribí para la Revista Zeta:

…el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia. (Citado en Más bien de la indignidad, 28 de marzo de 2020).

** DOD son las siglas de Department of Defense, el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos.

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