El presidente Biden comenta el tiroteo en Boulder, Colorado. (The New York Times, Foto de Anna Moneymaker).

 

Google Translate ofrece esta traducción del servicio On Politics, enviado hoy por The New York Times en correo electrónico a sus suscriptores:

Después de seis largos años de disputas legislativas, Joe Biden estaba al borde de la victoria. Su histórico proyecto de ley contra el crimen finalmente estaba avanzando hacia su aprobación. Solo un problema se interpuso en su camino: una controvertida prohibición federal de 10 años de las armas de asalto.

“Hace seis años, eran armas. Hace cinco años, eran armas. Hace cuatro años, eran armas. Anoche fueron armas. Esta mañana fueron las armas”, dijo Biden a los periodistas en agosto de 1994, durante la etapa final de las negociaciones sobre la legislación. “Y ahora mismo, son armas. Son pistolas, pistolas, pistolas, pistolas”.

Gran parte de la carrera legislativa del Sr. Biden se podría resumir de la misma manera. Durante décadas, jugó un papel crucial en las principales batallas legislativas sobre el control de armas, defendiendo propuestas para endurecer las regulaciones sobre las armas y sus propietarios. En la campaña electoral del año pasado, Biden propuso la plataforma de control de armas más amplia de cualquier candidato presidencial en la historia, prometiendo restablecer la prohibición de armas de asalto, instituir un programa voluntario de recompra de armas y enviar un proyecto de ley al Congreso en su primer día en el cargo. derogar las protecciones de responsabilidad para los fabricantes de armas y cerrar las lagunas de verificación de antecedentes.

Sin embargo, 73 días después de su presidencia, con cinco tiroteos masivos y más de 10,000 muertes por violencia con armas de fuego ya ocurridas este año, Biden está abordando el tema con mucha menos urgencia. De las más de 50 órdenes ejecutivas y memorandos que ha dado hasta ahora, ninguno ha abordado el control de armas. Ese proyecto de ley que prometió enviar al Congreso nunca llegó. Y su uso del “púlpito del matón” para impulsar nuevas medidas ha sido desigual o inexistente.

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Por único comentario, este blog reproduce de la entrada Las Vegas también duelen, del 3 de octubre de 2017:

…la masacre en Las Vegas (59 muertes y 527 heridos reportados) del domingo 1º de octubre, la más reciente de las muchas escenificadas en los Estados Unidos, que tercamente mantienen el derecho constitucionalmente establecido para cada uno de sus ciudadanos de poseer y portar armas de fuego. El tema ha sido tratado varias veces en este blog; por ejemplo, el 10 de enero de 2011 (By the time I get to Tucson), en momentos cuando Gabrielle Giffords, Representante de Arizona en la Cámara Baja del Congreso de los Estados Unidos, yacía en coma provocado por una bala que penetrara su cráneo en la sala de cuidados intensivos del Centro Médico de la Universidad de Arizona, en Tucson. Sarah Palin era entonces candidata a la Vicepresidencia de los Estados Unidos:

Palin, entusiasta de las armas de fuego y la cacería de grandes animales, emplea regularmente un léxico incendiario. Para animar a sus partidarios les aconseja, por ejemplo: “No se retiren; recarguen”. (Do not retreat; reload). En la oportunidad de las recientes elecciones legislativas, Palin señaló por nombre y apellido a veinte representantes demócratas, cuyos circuitos destacó en un mapa—sólo retirado este fin de semana, después de la balacera en Tucson—bajo el símbolo de mira de un arma de fuego, como blancos que debían ser obliterados. Uno de los blancos marcados era Gabrielle Giffords quien, sintiéndose amenazada, comentó: “Estamos en la lista de blancos de Sarah Palin. Pero el asunto es que la forma en que ella la exhibe tiene la cruz en la mira de un arma de fuego sobre nuestro distrito. Cuando la gente hace eso, tiene que darse cuenta de que tiene consecuencias”. Tenía razón; en su caso, las consecuencias fueron la herida en su cabeza y el insulto a su cerebro.

Más adelante en esa entrada, se argumentó así:

Gente como Sarah Palin, John Wayne, Barry Goldwater, Mel Gibson (que aparentemente golpea mujeres), pero también el ocasional izquierdista, como Michael Moore, es la que provee la mayor parte de los cuatro millones de miembros de la National Rifle Association (NRA) el más influyente de los lobbies en los Estados Unidos. La misión principal de esta asociación es la defensa de la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que en la interpretación estándar sostiene el derecho de todo estadounidense a portar armas de fuego.

Este lobby es tan poderoso que ha impedido lo que obviamente es la lectura correcta de la mentada enmienda. En 1791, al ser ratificada, los Estados Unidos eran una nación recién nacida, cuya independencia fue conseguida en guerra que duró de 1775 a 1783, cuando el Ejército Continental que Jorge Washington dirigiera, y que de todos modos debió ser complementado por milicias locales, fue desbandado. Era, pues, la doctrina militar de la incipiente nación que esas milicias eran, como lo justifica la letra de la enmienda, necesarias para su seguridad.

Hace mucho que cualquiera milicia de alguno de los estados de esa unión, considerablemente aumentada con el tiempo, haya participado en la “defensa” de los Estados Unidos. La muy larga serie de conflictos militares en los que ese país se ha involucrado a lo largo de su historia se ha desenvuelto prácticamente toda fuera de sus fronteras, sin milicianos. El comodoro Perry que llevó la presión estadounidense al Japón del siglo XIX no comandaba milicianos, sino militares de profesión llevados tan lejos en una flota profesional. No se constituye con milicianos el Comando Aéreo Estratégico de los EEUU, ni son milicianos los tripulantes y operadores de sus buques de guerra. La premisa de la Segunda Enmienda ha desaparecido y, en consecuencia, también debiera desaparecer su corolario. Una nación racional no debe sostener como derecho de ningún ciudadano, esté o no en sus cabales, la libre adquisición y porte de armas. La Segunda Enmienda debe ser repelida. (Ya los Estados Unidos han hecho esto antes: la Décima Octava enmienda de 1919, que desató la epidemia gangsteril con la Prohibición, fue repelida por la Vigésima Primera, en 1933).

El censo de abril de 2010 reportó que los Estados Unidos tienen 308 millones de habitantes; 304 millones de ellos no son miembros de la NRA.

(La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, adoptada el 15 de diciembre de 1791 como parte de su Estatuto de Derechos—Bill of Rights—, estableció: “Siendo necesaria a la seguridad de un Estado libre una Milicia bien regulada, no deberá infringirse el derecho del pueblo de guardar y portar Armas”). LEA

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