No existe apoyo mayoritario a la oposición venezolana

 

Hace mucho tiempo escuché el chiste del pintor que trabaja en parte alta de una pared y escucha al compañero, que le dice: “¡Agárrate de lo brocha que me llevo la escalera!” De allí viene la imagen que empleara Luis Vicente León, en reseña publicada originalmente por el diario El Nacionalista que reprodujera el servicio de noticias Costa del Sol FM: “La oposición se queda colgada de la brocha al depender de terceros y no de su propia lucha política, dijo LVL” Acá la reproducción:

Luis Vicente León le lanzó un mensaje a la oposición: 76% de la población sigue aspirando un cambio político.

Aunque en diciembre pasado el chavismo haya reconquistado la Asamblea Nacional con una aplastante mayoría, según Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, 76% de los venezolanos sigue aspirando a un «cambio político» y responsabiliza al gobierno de Nicolás Maduro de la crisis económica y social.

En su cuenta de Twitter, el economista y analista dice que «el problema es que ese deseo, usualmente gran impulsor de lucha política, se convierte en decepción y desánimo cuando no se concreta en el tiempo y conduce a la migración o la adaptación».

A renglón seguido, León pone la vista en la oposición para señalar que, en su criterio, el liderazgo que debería motorizar ese cambio político solo está centrado en sus disputas internas y en obtener el control estratégico de esa parcialidad.

«Cuando la oposición concentra sus esfuerzos en atacar a los otros grupos opositores (que piensan distinto) o en mantener el ´poder´ interno, sin ofrecer nada diferente que pueda reconstruir esperanzas de cambio, se condena a su pulverización o a un cambio incontrolado desde adentro«, sostiene el presidente de Datanálisis.

Después de haber concluido formalmente la legislatura parlamentaria de 2016, donde contaba con una clara mayoría, sin lograr el objetivo central del «cambio político», la oposición luce desarticulada y sin rumbo.

Claramente dividida en dos sectores—que no son necesariamente cohesionados en sus estructuras—, el debate se centra entre mantener una agenda de presión política, social e internacional que conduzca, eventualmente a una salida rápida del poder chavista y regresar al juego político interno, a través de la vía electoral, para provocar cambios progresivos y pacíficos en la estructura del poder.

Pero Datanálisis determinó en febrero pasado que una mayoría de venezolanos votaría por un outsider en elecciones presidenciales hipotéticas y, más en general, que los partidos y los dirigentes de la oposición local, la oposición misma, son mayoritariamente apreciadas muy negativamente. (Ver en este blog Sobre mojado, del pasado 21 de marzo). ¿Por qué entonces León se ocupa de ella? A la imagen de la brocha pudiera oponérsele aquello de “mató al tigre y le tiene miedo al cuero”.

El artículo principal—Bofetada terapéutica—de la Carta Semanal #100 de doctorpolítico exponía ya el 19 de agosto de 2004:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos.

Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia.

La misma carta concluía su argumentación de esta manera:

…más que una oposición habría que ejecutar una superposición, una elaboración discursiva desde un nivel superior de lenguaje político, que flotara sobre sus agendas, sobre su nomenclatura, sobre sus concepciones, sobre los terrenos que siempre escogió astutamente para la batalla y a los que llevó, casi sin esfuerzo, a un generalato opositor incompetente, y que pudiera, esa interpretación alterna, ese discurso fresco, ser convincente para el pueblo. Este discurso es perfectamente posible. Ese discurso existe, y entre él y unos Electores hambrientos de liderazgo eficaz, sólo hay que interponer los medios que hasta ahora sólo han estado disponibles para actores ineficaces.

Por esto viene ahora una nueva etapa, preñada de posibilidades, más aprendida. Venezuela, herida, desconcertada, desilusionada y nihilista, tiene que recuperarse de la desazón y el fracaso. Y al cabo de un tiempo más bien corto, encontrará el camino correcto y verá sus tribulaciones de ahora como el principio de su metamorfosis creadora. No nos avergonzamos de nuestras tribulaciones, decía San Pablo, porque a la postre transmutan en esperanza, y no nos avergonzamos de nuestra esperanza.

Es hora de concretar esa anticipación pronta a cumplir diecisiete años. LEA

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