¿Dos ligaditos?

Vuelve a cambiar la pole position de la oposición venezolana

 

Apelo de nuevo al servicio de noticias de Costa del Sol FM, que trae una nota de Fran Tovar así titulada: “Ramón Guillermo Aveledo vuelve a dirigir la MUD y Chuo Torrealba se fue de RCR”. En el cuerpo de la nota, a la que prescindo corregir, explica Tovar:

La primera noticia es extraoficial

Se rumora que Ramón Guillermo Aveledo coordinará la MUD nuevamente y la confirmación de la noticia sería la presentación de los candidatos a las elecciones regionales y municipales de la Plataforma Unitaria en una rueda de prensa este lunes 30 de agosto presidida por Aveledo.

La segunda noticia oficializada

Jesús “Chuo” Torrealba un dirigente activista social, comunicador popular y fundador Radar De Los Barrios y coordinador de la MUD que llevó a la oposición a obtener la mayoría en las elecciones en el 2015. Cambio su programa de radio La Fuerza Es La Unión que era inicialmente trasmitido por RCR 750 a las 5:30 AM y luego paso a las 6:00 PM, ha quedado fuera de esa emisora y ahora será trasmitido por la emisora Radio Rumbos.

Se desconocen las razones por la que el programa salió de RCR.

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Fue justamente en mi extinto programa en Radio Caracas Radio, Dr. Político, donde me referí a ambos personajes, como también en este blog y otros medios. Por ejemplo, asenté el 31 de julio de 2014 en Ave Ledo, morituri te salutant:

En más de una ocasión, en este blog se ha elogiado la labor de Aveledo, realizada con constancia, inteligencia y discreción. La más reciente (8 de mayo) incluyó un agradecimiento a su “clara dignidad” ante declaraciones impertinentes de Roberta Jacobson, Sub Secretaria de Estado para América Latina de los EEUU. (Dos maravillas, y el programa #94 de Dr. Político en RCR, del 10 de mayo, se refirieron al asunto). Antes hice público reconocimiento a su tino y equilibrio en el manejo del saco de gatos que es la MUD, en entrevista con William Echeverría para Globovisión en 2010. Hoy quiero decir que Aveledo es un político más redondo y competente que cualquiera de los que participaron en las elecciones primarias de la MUD del 12 de febrero de 2012, de las que salió la candidatura presidencial de Henrique Capriles Radonski.

La renuncia de Aveledo a su cargo de coordinación le ha debido reportar alivio. Como él mismo ha insinuado, no sólo le ha atacado el oficialismo; gente de la oposición le ha criticado, siendo lo más notable lo que María Corina Machado dijera a Germán Carrera Damas en la conversación que se les grabó el año pasado. (Ver María Corina me quiere gobernar). La “diputada desaforada”—así la llaman medios extranjeros—se quejó de que Aveledo no le permitiera dirigir las relaciones internacionales de la federación opositora. En su carta de renuncia, Aveledo asentó al comienzo:

En los últimos meses, una campaña artera y sañuda se ha desarrollado contra la Unidad y su instrumento, la Mesa de la Unidad Democrática, y se ha escogido a fin de golpearla, disparar contra la credibilidad de su vocero y servidor. Empezó en los laboratorios del poder arrogante, pero no se quedó allí, la insensatez lo acogió con lascivia. En la fuente o en la desembocadura, playas unitarias han sido mojadas por esas aguas contaminadas.

Ahora se ha liberado de la pesada carga que soportó con paciencia y acierto general y queda libre, como el “último en la fila” de los militantes de “la Unidad”, para emerger oportunamente como su candidato presidencial. Esta candidatura pudiera darse en 2018, al término del actual período constitucional o incluso antes, si se produjere la falta absoluta del presidente Maduro por revocación de su mandato o por renuncia. En tal caso, sería esperable en él un desempeño mejor que los que ofrecieron Rosales y Capriles; a ambos, y al extraviado proponente del “progresismo” (Henri Falcón), les supera en inteligencia y preparación.

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Cuando Aveledo fue sustituido por Jesús Torrealba al frente de la MUD, también expresé augurios positivos (¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014):

La aceptación de la tarea de coordinar la MUD por parte de Torrealba se conoció el pasado 24 de septiembre, dos días después de que la organización decidiera encargársela. En total ignorancia de que esta secuencia se daría, tuve el atrevimiento de sugerir en la edición #110 de Dr. Político en RCR (13 de septiembre) que convendría a la MUD traer un nuevo Secretario Ejecutivo que viniera con un programa de cambio, y que la modificación esencial sería un cambio de misión: en lugar de ser una mesa para unir a la oposición, que se propusiera serla para unir al país.

Hace unos días, en un sorprendente ejercicio de lucidez, por lo demás habitual en él, el Dr. Ramón J. Velásquez dibujó con hábil pincel grueso el trayecto histórico que nos ha traído a este insólito momento. Con toda la intención trazó la rúbrica de cierre: “El resultado de todo esto es que el país está dividido”. ¿Unir a “la oposición”, cuando la mitad de la nación no le está afiliada, sería la estrategia adecuada? Tal vez, pero la tarea política profunda es la de unir a ese país dividido. (Principal virtud).

En el fondo, es la “falla de origen” de la Mesa de la Unidad Democrática concebirse como una estructura de oposición, alienada en función de la existencia del enemigo. En marzo de 2011 dijo Henry Ramos Allup: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”, y el propósito era salir de Chávez. Desde 1998, el protocolo de actuación opositora fue acusar a Chávez y ahora lo es acusar a Maduro, varias veces al día. Pero lo que había que hacer era no tanto acusarlos sino refutar su discurso, y proponer una lectura clínica desde un plano discursivo superior; en otras palabras, más que oponerse a Chávez y su heredero, superponérseles.

Ahora podría cambiar Torrealba las cosas, y para lograrlo debiera procurar la metamorfosis—DRAE: Transformación de algo en otra cosade la Mesa de la Unidad Democrática. Y es ahora, ya mismo, cuando debe intentarlo; a corto plazo, la MUD no podría pagar el costo político de prescindir de Torrealba; sería la garantía de su dispersión. Es ahora cuando puede exigir e imponer.

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito.

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¿Tenía razón entonces? ¿Sigo teniéndola? Lo que antecede no es un aval de Torrealba; sobre cosas sustanciales hemos diferido, como explicara a Monseñor Ovidio Pérez Morales (en Pandemónium, 21 de julio de 2016):

Si la causa de los males es el modelo, Monseñor, lo que hay que llevar a referendo es eso mismo, lo que hay que preguntar al Soberano es si está de acuerdo con la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista, lo que no impide que se busque el muy necesario referendo revocatorio. Y eso fue propuesto no el año pasado, sino por primera vez el 23 de julio de 2009; pasado mañana se cumplirán siete años. (Parada de trote). Desde entonces, he argumentado abundantemente a favor de esta posibilidad, en este blog y por Radio Caracas Radio (Dr. Político #17, 3 de noviembre de 2012); desde entonces, ya se ha hecho innecesaria la iniciativa popular de 10% de los electores, puesto que a partir del 5 de enero de este año una mayoría simple de la Asamblea Nacional (84 votos) puede convocar inobjetablemente ese preciso referendo consultivo. (Artículo 71 de la Constitución Nacional: “Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo (…) por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes…”) Una cosa así no necesita ni siquiera captahuellas; bastaría el acta de la sesión de los diputados.

No ha habido forma, Monseñor—y le consta a Ud. que esa avenida fue propuesta en su presencia a varios miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana (hace unos dos años)—, de que los factores principales de la Asamblea Nacional y la Mesa de la Unidad Democrática acojan tan límpido mecanismo; para ser específico: he discutido el asunto con Jesús Torrealba—quien opuso estos argumentos: “Para cruzar ese puente hay que llegar al río”; “Hay que tener foco”—, he remitido explícita correspondencia electrónica a Henry Ramos Allup, quien ni siquiera ha acusado recibo, e hice llegar el 3 de marzo de 2015, por conducto de familiar suyo cercanísimo, una carta a Julio Borges en la que le ponía: “Tal vez conozcas que llevo algún tiempo promoviendo este tratamiento referendario pero, si acogieras estos planteamientos, yo no tendría inconveniente en permanecer tras el telón; es decir, no exigiría protagonismo alguno”. (No he recibido contestación). Hace pocos días, expuse la iniciativa a un miembro importante del Comité de Estrategia de la MUD, para recibir de vuelta su silencio.

En cambio, el 4 de abril de 2020 puse en el primer párrafo de Otro camino:

La declaración registrada en el epígrafe* fue aportada por Ramón Guillermo Aveledo, a raíz del entrometido y extraviado esquema propugnado por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica para el tratamiento de la crisis política en Venezuela. (Ver en este blog Primer trimestre ido, 1º de abril de 2020). En él se recoge una proposición de los opositores venezolanos del año pasado, al diálogo propiciado por el gobierno de Noruega, acerca de un tal “Consejo de Estado”—una Junta de Gobierno, pues—que sustituiría al Presidente de la República. Es precisamente esa insistencia estadounidense lo que suscita el comentario de Aveledo, y es mi sintonía con su prescripción de que los venezolanos debemos buscar otro camino lo que me inclina a entender sus palabras como una evidentísima invitación a proponer. Acá, pues, expondré lo que creo un camino racional y eficaz que no depende de la violación de nuestra Constitución (como sí la propugna el Departamento de Estado de los EEUU). Pienso, muy especialmente, en la condición final destacada por Aveledo: proposiciones “que sean aceptadas por el otro lado”, específicamente, aceptables para el presidente Maduro, y entonces cualquier iniciativa debiera ser respetuosa con él. Más aún, el otro camino cuya trayectoria paso a esbozar acá tiene que ser iniciado y construido por Nicolás Maduro; no podría existir sin su anuencia.

LEA

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* El epígrafe aludido: “El camino de un gobierno de emergencia nacional o de un Consejo de Estado es un camino, pero puede haber otro, y nos corresponde buscarlo a los venezolanos. Lo que hay que hacer es proponer cosas para solucionar la crisis y que sean aceptadas por el otro lado”. Ramón Guillermo Aveledo – Entrevista en Unión Radio, 1º de abril de 2020.

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Copiado, José Luis

El periódico de Hans Neumann y Teodoro Petkoff, dos amigos lamentablemente idos

 

Comenzando la semana, el estupendo periodista José Luis Carrillo, quien nutre abundantemente la sección A Fondo de Tal Cual digital, logró la convergencia de opiniones en su reportaje acerca de la proposición de los EEUU sobre una transición política en Venezuela. (Acá reproducido con algunos comentarios al pie, un archivo de audio de menos de un minuto y otro de menos de siete).

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Académicos ofrecen alternativas a propuesta de EEUU para un acuerdo político

 

 José Luis Carrillo Publicado abril 13, 2020

 

 

 

 

Luis Enrique Alcalá, Daniel Varnagy y Carlos Raúl Hernández consideran que la propuesta de EEUU de conformar un Consejo de Estado es inviable e inconstitucional pero que debe avanzarse a un acuerdo político que permita al país salir adelante y enfrentar la situación derivada de la pandemia por el coronavirus

 

El pasado 31 de marzo, EEUU planteó una propuesta para una salida negociada al conflicto político de Venezuela mediante el que se conforma un Consejo de Estado que asume las funciones del Poder Ejecutivo y conduce al país hacia un nuevo proceso electoral, mientras la potencia norteamericana se compromete a levantar las sanciones financieras impuestas al país.

Como “Marco Democrático para Venezuela”, la propuesta fue presentada por el Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, y establece el retorno de todos los diputados de la Asamblea Nacional (AN), el retiro de la orden de desacato al Parlamento, que procedería a escoger cuatro de los cinco integrantes de ese Consejo de Estado, quienes a su vez elegirían el quinto, y nombrarían las nuevas autoridades electorales.

La propuesta ha sido rechazada de plano por el gobierno de Nicolás Maduro, lo que descarta hasta el momento la posibilidad de una negociación. Mientras tanto, el ex secretario ejecutivo de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) Ramón Guillermo Aveledo indicó el 1° de abril en una entrevista a la emisora Unión Radio que la propuesta de Washington era un camino, pero no el único, y que correspondía a los venezolanos explorar otros para alcanzar un acuerdo político.

 

Caminos constitucionales para un acuerdo político

El exalcalde del municipio Libertador Juan Barreto propuso, durante una entrevista en VTV el miércoles ocho de abril,1 que Nicolás Maduro cree un gobierno de emergencia nombrando un Vicepresidente opositor que a su vez designe un tren ministerial que emprenda las acciones necesarias para superar la crisis que embarga a Venezuela.

“Gobierno y oposición tienen que ceder las posiciones de lado y lado. El Gobierno, en términos declarativos ha dado muestras de estar dispuesto a llegar a un acuerdo nacional. Hace falta una tregua, asumir a un enemigo principal que está devorando la vida de la gente, como es el coronavirus”, expresó Barreto en esa oportunidad sobre la necesidad de lograr un acuerdo político.

Ante esta perspectiva, TalCual consultó un panel de tres amplios conocedores del escenario político nacional, Luis Enrique Alcalá, Daniel Varnagy y Carlos Raúl Hernández, quienes insisten en la necesidad de apegarse a la Constitución vigente y lograr un entendimiento que permita al país afrontar su crisis interna y recibir los recursos necesarios para enfrentar la emergencia.

 

Contexto para un acuerdo político

Daniel Varnagy

Para Daniel Varnagy, Doctor en Ciencia Política y profesor titular de la Universidad Simón Bolívar, la llamada propuesta de EEUU se entiende dentro de un contexto según el cual el Departamento de Justicia ha fijado unas recompensas por los principales actores del sistema que encabeza el señor Nicolás Maduro, el chavismo, pero al no haber, desde el punto de vista pragmático, práctico, ninguna acción para avanzar en ello, salvo algunos ejercicios en aguas internacionales cerca de Venezuela, entonces no se prevé un desenlace.

“Es muy importante ver las cosas de forma vinculada y no aislada. Esa propuesta se hace en un determinado contexto que parte de una serie de premisas, como que hay una cierta probabilidad de que uno o varios actores, no los que están en segunda línea, sino los que están en primera línea del chavismo, pudieran entregarse voluntariamente para generar algún tipo de gobierno temporal. Si eso no ocurre, esa propuesta, en ese contexto, entonces los últimos estertores de una ‘negociación’, quedarían de lado, desaparecerían”, sostuvo el experto.

“Entiendo que en la mente de muchas personas está el tema de posiciones estilo Junta Cívico Militar o gobierno de transición, pero tengo un problema ético con eso, y es que la restitución del Estado de Derecho tiene que tener como elemento fundamental la búsqueda de la Justicia, y la cohabitación o coexistencia con actores que permitieron que llegáramos hasta aquí, incluso desde bancadas diferentes a las del Gobierno obstaculizaría que esto se dé a plenitud”, indicó Varnagy.

Acotó que, sin embargo, las instituciones, cuando logran restablecerse, tienen los mecanismos para reimpulsar la construcción de un nuevo Estado de Derecho y no tiene necesariamente que haber unas figuras extra constitucionales para la transición mediante un acuerdo político.

 

Inconstitucional

Luis Enrique Alcalá

El sociólogo e investigador Luis Enrique Alcalá, quien mantiene el blog Dr. Político, indicó que ya en el proceso de negociaciones impulsado por el Reino de Noruega, se hablaba de conformar un Consejo de Estado que sustituyera la presidencia de la República, pero que eso es algo absolutamente inconstitucional. Insistió en que para hacer algo que no esté contemplado en la Carta Magna, debe consultarse primero al pueblo en referendo, ya que como depositario del Poder Constituyente Originario, no está limitado por la Constitución.

“La piedra fundamental, el basamento de toda nuestra constitucionalidad se estableció el 19 de enero de 1999 con la sentencia de la Corte Suprema de Justicia que dio puerta franca a la posibilidad de preguntar si queríamos elegir una Asamblea Nacional Constituyente. El poder constituyente originario no está limitado por la Constitución, sólo lo está por los DDHH y tratados a los que la República haya entrado válidamente con otras soberanías equivalentes”, resaltó Luis Enrique Alcalá.

En su opinión, la oposición llegó a las conversaciones en Noruega con el esquema del “cese de la usurpación”, que considera una tesis rebuscada y traída por los cabellos; y que además se refería a un gobierno de transición y a unas elecciones libres. Destacó que sólo podría haber elecciones presidenciales si Nicolás Maduro renuncia al cargo, pues su período vence en 2025.2

 

Sin viabilidad

Carlos Raúl Hernández

El también Doctor en Ciencia Política Carlos Raúl Hernández descarta cualquier posibilidad de que se logre un acuerdo político en torno a la propuesta de EEUU.

“Creo que ése no es ningún camino, porque el camino es uno que acepten las dos partes y sabemos que eso lo ha propuesto el gobierno norteamericano en estos dos años de haberse arreciado el conflicto. Es lo mismo del año pasado en Noruega y Barbados. No tiene ninguna viabilidad”, expresó tajantemente el experto.

Hernández es escéptico en cuando a que se logre un acuerdo político y duda de la sinceridad de quienes acuden a las rondas de diálogo.

“Creo que por el momento no se vislumbra ninguna alternativa, porque quienes representan la política norteamericana, el grupo oficial de la oposición, no tienen interés en negociar efectivamente con el Gobierno, sino que el Gobierno se entregue atado de pies y manos. Eso no va a ocurrir y no suele ocurrir en experiencias históricas parecidas”, indicó Hernández.

Dijo que esa posibilidad de rendición del gobierno de Nicolás Maduro es cada vez menor si se toma en cuenta que el mismo “ha venido ganando todas las peleas contra las insurgencias y ahora ha hecho un manejo correcto de la crisis (por el coronavirus)”.

 

Propuestas para un acuerdo político

Daniel Varnagy estima que, para avanzar hacia un acuerdo político tendría que reivindicarse la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y, en este sentido, habría que pensar en lo que significa la capacidad de ejercicio que podría tener una Asamblea Nacional fuera del contexto del desacato para poder expresarse acerca de las soluciones que tenemos en el país, y que sean constitucionales.

Por ello, en su opinión, hay que restituir los tres principales Poderes Públicos, los de la estructura tradicional del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial para buscar las soluciones.

Sin embargo, hizo hincapié en que la Asamblea Constituyente, que fue convocada por Nicolás Maduro y no por el pueblo venezolano en referendo, debe cesar en sus actividades. “Hay una asamblea constituyente que no goza de legitimidad ni legalidad,3 sino que es un poder de facto que tiene que cesarse para trabajar con los Poderes Constituidos”, insistió.

 

Nombramiento

Para Luis Enrique Alcalá, el camino a seguir consiste en aprovechar el artículo 234 de la Constitución, que regula las faltas temporales del Presidente de la República, las cuales, establece el Texto Fundamental, serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo hasta por 90 días, prorrogables por 90 días adicionales. “Propongo que Nicolás Maduro como primer paso, nombre un nuevo Vicepresidente que no venga ni de las filas oficialistas ni de la oposición”, señaló el investigador.

Explicó que, una vez nombrado ese Vicepresidente, Nicolás Maduro se debe separar voluntariamente del cargo por 90 días, y que este lapso sea prorrogado por 90 días adicionales, luego de lo cual debe renunciar a la primera magistratura del país.4

Agregó que, en esos seis meses que dan los dos períodos, el Vicepresidente asumiría el Ejecutivo, recibiendo el respaldo de todos los sectores del país y actuando en colaboración con la Asamblea Nacional, atendiendo a lo establecido en la Constitución acerca de la colaboración entre los Poderes Públicos. Destacó que para la elección presidencial podrán postularse tanto Juan Guaidó como Nicolás Maduro, cumpliendo lo establecido en la Constitución y tal como figura en la propuesta presentada por EEUU, que dice que cualquier ciudadano podrá participar de la misma.

“Esos seis meses los puedes emplear para decisiones urgentes. Un período de ocho meses duró la presidencia de Ramón J. Velásquez cuando Carlos Andrés Pérez fue destituido de la Presidencia de la República en 1993”, indicó Alcalá.

 

Falta de voluntad

Carlos Raúl Hernández coincide en que la ruta a seguir debe estar apegada a la Constitución, pero advirtió que esto se presenta con dificultades.

“El punto está en que hace tiempo que la Constitución no tiene ninguna operatividad y sirve sólo para efectos del discurso; pero para efectos prácticos no se actúa conforme a ella. Lo ideal sería que tanto el Gobierno como la oposición trataran de regresar al esquema constitucional. Tampoco veo ninguna intención en ellos a propiciar un encuentro que permita una institucionalización del país”, argumentó Carlos Raúl Hernández.

En este mismo orden de ideas, Hernández resaltó que hay sectores del país que “impugnan” o critican su normalización. “Hay un cierto sector de la sociedad que todo lo que signifique que la gente esté más o menos tranquila, o que traten de vivir la vida en estas terribles condiciones del socialismo constituyen una traición a unos llamados insurreccionales que no tienen audiencia”, apuntó.

Por todo ello, sostuvo que tendría que haber un espíritu de acuerdo político entre ambas partes, pero acotó que «el único país donde he observado un empecinamiento infantil de parte y parte en aniquilar al contrario es en Venezuela. En todos los países ha habido procesos de transición gracias al entendimiento entre el gobierno y los opositores. Mientras la oposición esté dirigida por la hegemonía actual no veo ninguna posibilidad de que se progrese”, aseguró.

 

Peligros

La cerrazón por parte de ambos bandos enfrentados políticamente podría tener efectos devastadores para la nación. No sólo al continuar la crisis económica, ni al impedir el poder contar con los recursos necesarios para atender la emergencia del coronavirus, sino porque puede dar pie a aventuras muy peligrosas para el país.

Al cerrarse las puertas a un acuerdo político se multiplican las posibilidades para una acción unilateral por parte de EEUU contra Venezuela, considera Daniel Varnagy, quien en todo caso duda que la potencia norteamericana se vaya a lanzar en la aventura de una invasión.

“La realidad política sería totalmente diferente si EEUU decide hacer algún tipo de intervención en Venezuela”, explicó, y pasó a detallar que la potencia norteamericana tiene dos maneras de intervenir, una llamada “quirúrgica”, que es puntual y tiene características muy restringidas en el tiempo, contando básicamente con el uso de recursos tecnológicos, y otra la invasión, que es más amplia en recursos y en el tiempo, y que, considera, está descartada.5

Sostuvo que, en caso de que haya algún tipo de acción muy precisa para presentar a los funcionarios señalados de presuntos vínculos con el narcotráfico ante la justicia de EEUU, la propuesta que hizo EEUU desaparece del panorama, que pasa a ser totalmente diferente.

 

Decisión

Luis Enrique Alcalá enfatizó que el camino que ha descrito para lograr un acuerdo político es, primeramente, compatible con la Constitución y, luego, sencillo y rápido, y destacó que el alivio de no tener de mandatario a Maduro será inmediato, no solo para la nación entera sino para él mismo.

“A Nicolás Maduro no le ha sido fácil el ejercicio de la presidencia de la República al haber sido llamado ‘ilegítimo’ por Capriles en 2013,  cuando ya la gente de ‘la salida’ (en 2014) sostenía que ‘Maduro no es Chávez, a ése lo tumbamos de un soplido’. Luego lo amenaza Ramos Allup de lograr la cesación de su gobierno en seis meses (2016); la absurda declaratoria de abandono de su cargo por la AN bajo la presidencia de Julio Borges (2017); el ataque de los drones (2018), y la incesante batería de sanciones”, expresó a su vez Luis Enrique Alcalá.

“Honestamente—prosiguió Luis Enrique Alcalá—no conozco otro tratamiento tan simple y menos traumático que la secuencia de ausencias temporales y la renuncia; la cosa depende de él y de la AN para autorizar la segunda ausencia. Entre otros tratamientos propuestos hay mucha agresividad y el desconocimiento de nuestra constitucionalidad, lo que es funesto. Nicolás Maduro tiene una nueva oportunidad de eludir el destino de Mohamed Morsi en Egipto, finalmente depuesto por los militares”.

Al respecto citó a Wael Ghonim, respetado ícono cívico en Egipto, que había apoyado a Morsi y luego lo acusó de polarizar y paralizar al país, quien dijo: “Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el doctor Morsi, el presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo”.

 

Negociación

“Continuaremos avanzando hacia un escenario de mayor control del gobierno, y con la agudización de los serios problemas en la producción de bienes y servicios”, aseveró por su parte, Carlos Raúl Hernández.

Señaló como un error por parte de dirigentes de la oposición, el creer que el hambre va a tumbar al Gobierno. “Sabemos que la dependencia con respecto al CLAP es mucho mayor, y que el hambre está sumamente paliada por la asistencia del Gobierno. Hace un mes había insatisfacción por los CLAP, pero ha habido un cambio y hay productos con una calidad aceptable. Esa idea infantil es la que ha llevado a la destrucción de la alternativa democrática”, indicó.

Recordó que la oposición siempre ha planteado una elección presidencial y el Gobierno no quiere y, al respecto, destacó que una negociación son concesiones y nadie gana todo. “El problema es que la oposición se presenta siempre con eso del cese de la usurpación, algo que no tiene viabilidad, y es negar la posibilidad de negociar. Se tiene que establecer plazos, dar concesiones. Se ha visto en más de 100 casos de transiciones de dictadura a democracia”, indicó sobre la posibilidad de un acuerdo político.¶

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Notas

1 La proposición de un Vicepresidente “de la oposición” hecha por Barreto fue precedida en cuatro días por la siguiente prescripción: “el presidente Maduro nombra a un nuevo Vicepresidente Ejecutivo que no provenga de las filas oficialistas y tampoco de las de la oposición”. (Otro camino, 4 de marzo de 2020. ¿Será que Barreto visita este blog?). Más aún, la conveniencia de que un sucesor inmediato de Nicolás Maduro no fuese ni oficialista ni opositor fue ya argumentada el 18 de noviembre de 2014 en el programa Y así nos va, de Radio Caracas Radio. Acá está el minuto de audio correspondiente:

2 En estricto sentido, también podría causarse elecciones antes del vencimiento del actual período constitucional desde un referendo consultivo. En Prontas elecciones (22 de octubre de 2016) se postuló lo siguiente: El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente: ¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo?

3 Difiero de esta lectura del Dr. Varnagy: “la Asamblea Constituyente, que fue convocada por Nicolás Maduro y no por el pueblo venezolano en referendo, debe cesar en sus actividades”. No existe provisión constitucional que exija la convocatoria de constituyente en referendo; en cambio, el Artículo 348 de la Constitución enumera claramente quiénes pueden convocarla, y el Presidente de la República en Consejo de Ministros es uno que puede. También pueden convocarla “la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; y el quince por ciento de los electores inscritos y electoras en el Registro Civil y Electoral”. La tesis de Brewer Carías al respecto es completamente errónea. (Ver en este blog #lasalida de Maduro – segunda parte, del 2 de mayo de 2017). Ahora bien, como se expuso en los programas #268 y #286 de Dr. Político en RCR, del 30 de septiembre de 2017 y 24 de febrero de 2018 respectivamente, un referendo sí podría disolver la constituyente actual y hasta anular todos sus actos.

4 Así se causaría constitucionalmente nuevas elecciones presidenciales: “Artículo 233. Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: (…) su renuncia… (…) Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva”.

5  El Día de San José del año pasado, Foreign Affairs, la muy autorizada revista estadounidense de política internacional, publicó un lúcido artículo de Frank O. MoraWhat a Military Intervention in Venezuela Would Look Like – Getting in Would Be the Easy Part—que desaconsejaba cualquier intervención armada de los Estados Unidos en nuestro país y ya distinguía, como el Dr. Varnagy, entre una operación “quirúrgica” y una ocupación prolongada. La opinión de Mora fue comentada en el programa #340 de Dr. Político en RCR cuatro días después de la publicación, el 23 de marzo de 2019. Éste es el pasaje del caso:

 

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Otro camino

 

Robert JohnsonEncrucijada

 

El camino de un gobierno de emergencia nacional o de un Consejo de Estado es un camino, pero puede haber otro, y nos corresponde buscarlo a los venezolanos. Lo que hay que hacer es proponer cosas para solucionar la crisis y que sean aceptadas por el otro lado.

 

Ramón Guillermo AveledoEntrevista en Unión Radio, 1º de abril de 2020

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La declaración registrada en el epígrafe fue aportada por Ramón Guillermo Aveledo, a raíz del entrometido y extraviado esquema propugnado por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica para el tratamiento de la crisis política en Venezuela. (Ver en este blog Primer trimestre ido, 1º de abril de 2020). En él se recoge una proposición de los opositores venezolanos del año pasado, al diálogo propiciado por el gobierno de Noruega, acerca de un tal “Consejo de Estado”—una Junta de Gobierno, pues—que sustituiría al Presidente de la República. Es precisamente esa insistencia estadounidense lo que suscita el comentario de Aveledo, y es mi sintonía con su prescripción de que los venezolanos debemos buscar otro camino lo que me inclina a entender sus palabras como una evidentísima invitación a proponer. Acá, pues, expondré lo que creo un camino racional y eficaz que no depende de la violación de nuestra Constitución (como sí la propugna el Departamento de Estado de los EEUU). Pienso, muy especialmente, en la condición final destacada por Aveledo: proposiciones “que sean aceptadas por el otro lado”, específicamente, aceptables para el presidente Maduro, y entonces cualquier iniciativa debiera ser respetuosa con él.* Más aún, el otro camino cuya trayectoria paso a esbozar acá tiene que ser iniciado y construido por Nicolás Maduro; no podría existir sin su anuencia.

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Esto dice el primer parágrafo del Artículo 234 de la Constitución: “Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más”.

Pudiera entonces darse una secuencia constructiva que, basada en esa disposición, es perfectamente constitucional:

1. el presidente Maduro nombra a un nuevo Vicepresidente Ejecutivo que no provenga de las filas oficialistas y tampoco de las de la oposición.**

2. el presidente Maduro se separa voluntaria y temporalmente de su cargo por noventa días, encargándose de la Presidencia de la República el Vicepresidente recién nombrado.

3. el presidente Maduro recibe autorización de la Asamblea Nacional para permanecer separado de su cargo por noventa días adicionales.

4. al cabo de este nuevo plazo, el presidente Maduro renuncia a su cargo, causando la falta absoluta contemplada en el Art. 233 que debe ser subsanada por una nueva elección presidencial, a la que podría presentar su candidatura según su voluntad.***

La secuencia descrita crea, por tanto, un período especial que debiera ser empleado para tomar urgentes decisiones de ajuste. (Ver, por ejemplo, las enumeradas en Recurso de Amparo, entrada en este blog del 14 de julio de 2015).**** El peculiar período pudiera ser tan breve como de ocho meses—la duración de la presidencia de Ramón José Velásquez en 1993-1994—, pues se compondría de dos lapsos de tres meses cada uno más un mínimo de dos meses adicionales para la organización y celebración de la elección descrita. Quien ejerza la Vicepresidencia Ejecutiva durante ese período renunciará a su derecho de postularse en tal elección. (En ese mismo tiempo, debiera completarse la designación de nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral y asegurarse la observación internacional de la elección, cosas necesarias a la confianza ciudadana en el Poder Electoral).

Honestamente creo que la ruta descrita es la menos traumática para todos los actores, internos y externos, que están involucrados activamente en el problema venezolano. Pero puede que yo no haya visto una que nos dañaría menos. Si ése fuera el caso, quisiera saber de un tratamiento eficaz distinto y menos traumático que el que he descrito.

Sugiero respetuosamente que la vicepresidenta Rodríguez haga más fáciles las cosas al presidente Maduro poniendo su cargo a la disposición presidencial. Estaría a su orden y la de su superior en caso de que quisieran conocer una argumentación más abundante y detallada.

luis enrique ALCALÁ

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* Fue en San Javier del Valle—en la casa de retiros que la Compañía de Jesús construyó (en conmemoración del accidente de aviación en el que dos decenas de alumnos del Colegio San José de Mérida perecieron en 1950)—, donde trabé conocimiento con el padre Manuel Aguirre Elorriaga. El fundador de la revista SIC, el Centro Gumilla y los sindicatos “autónomos” cristianos (CODESA), había ideado un cursillo de una semana para informar a jóvenes de las dimensiones del “problema social moderno” en el mundo y en Venezuela, e instruirlos en tres ideologías que pretendían darle respuesta: el liberalismo, el marxismo y la doctrina social católica. (…) Quien pasara por las manos de Manuel Aguirre escucharía el reclamo de que era un burgués blandengue que ignoraba la realidad del “problema social” de la pobreza, y de algún modo era impelido a sentir alguna envidia o inferioridad en relación con los jóvenes marxistas del Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, quienes sí tendrían, más que nosotros—blandengues burgueses—, la vocación social de remediar la injusticia de una distribución torcida de las riquezas. (Lección de Paz, 7 de mayo de 2009).

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** La conveniencia de un presidente provisional que no venga de filas oficialistas u oposicionistas fue argumentada en el programa Y así nos va de Radio Caracas Radio, grabado el 18 de noviembre de 2014 bajo la conducción de Nehomar Hernández. Éste es el registro pertinente:

 

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*** Hasta el desandado Marco para una transición democrática en Venezuela del Departamento de Estado de los EEUU reconoce ese derecho de Nicolás Maduro, al redactar de este modo: “Cualquier ciudadano venezolano elegible de conformidad con la Constitución de 1999 podrá competir en las elecciones”.

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**** El esquema del Departamento de Estado incluye dos “garantías”, siendo la primera la siguiente: “El Alto Mando Militar (Ministro de Defensa, Viceministro de Defensa, Comandante del CEOFANB y Jefes de Servicio) permanecerá en sus puestos durante el gobierno de transición”. Prácticamente la misma disposición fue adelantada hace cinco años en Recurso de Amparo, que garantizaba: “Salvo algunos pocos casos, un período de un año de estabilidad del Alto Mando Militar, incluido en él los comandos de las mayores unidades de la Fuerza Armada”.

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En el siguiente enlace puede descargarse la descripción antecedente del camino que propongo en una sola página: Otro camino 04042020

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Historia de una renuencia

Él nos conducirá a la salida

 

A Ramón Guillermo Aveledo

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Existe una larga tradición filosófica acerca de las condiciones de una guerra justa; gente como Santo Tomás de Aquino se ha ocupado de eso. De modo esquemático, son éstas las que justifican una acción violenta ante la agresión a una colectividad: 1. El daño infligido por el agresor en contra de la comunidad ha sido grave y continuado; 2. Todo otro medio de detenerlo se ha mostrado impráctico o ineficaz; 3. La probabilidad de éxito de la acción reparadora es elevada o suficiente; 4. El empleo de la violencia no debe producir males mayores que lo que se pretende repeler. Puede admitirse que la primera y, tal vez, la cuarta condición están cumplidas—el momento económico nacional, que pesa sobre toda la Nación, ciertamente se agravará con los disturbios—, pero ni están agotados todos los medios para parar el trote a Nicolás Maduro ni era en absoluto probable que fuera exitosa la iniciativa propugnada por López & Machado. Los hechos lo dicen. La salida no es la calle. La salida es la apelación al Soberano. (…) No puede ocultarse lo pernicioso del régimen chavista, y la condición a la que ha sometido al país es repudiable en todo sentido. Es por ello que las ganas de mucho Pueblo de protestarlo son harto explicables; el gobierno nos ha llevado a los límites de la exasperación. Pero mandar es muy preferible a protestar.

La salida – 21 de febrero de 2014

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¿Por qué rechazan los políticos profesionales de uno y otro bando en Venezuela la apelación al Soberano para resolver nuestros muy agudos problemas de Nación? Antes de intentar una respuesta a tal cuestión, conviene enumerar hechos que la justifican.

1. La Constitución de 1961 contemplaba un referendo en el numeral 4 de su Artículo 246, relativo a una reforma general de sus disposiciones: “El proyecto aprobado se someterá a referéndum en la oportunidad que fijen las Cámaras en sesión conjunta, para que el pueblo se pronuncie en favor o en contra de la reforma”. Nunca se convocó uno para tal propósito, a pesar de que funcionó durante 1992, luego de las intentonas golpistas de ese año, una comisión bicameral del Congreso de la República para la reforma constitucional, presidida por Rafael Caldera.

Al año siguiente, él mismo recogería la noción en su Carta de Intención con el Pueblo de Venezuela, el programa de gobierno para su segunda elección: “El referéndum propuesto en el Proyecto de Reforma General de la Constitución de 1992, en todas sus formas, a saber: consultivo, aprobatorio, abrogatorio y revocatorio, debe incorporarse al texto constitucional”. (Licitación Abajo Maduro, 18 de enero de 2017).

2. En el primer año de su segundo gobierno (1994), Caldera amenazó con un referendo bastante particular:

Publicado de 1994 a 1998

La consulta que Caldera (Rafael), había asomado como posible—el Ministro Andueza llegó a hablar, incluso, de un texto de decreto convocatorio ya preparado—consistiría, simplemente, en preguntar a los Electores si estaban de acuerdo con la suspensión de garantías decretada por el Gobierno. (…) Si era posible convocar un referéndum “consultativo” sobre la suspensión de las garantías, es posible convocar un referéndum para consultar a los Electores sobre cualquier otra materia. A este respecto puede valer la pena considerar la siguiente idea: consultar a los Electores sobre los lineamientos generales del plan de desarrollo económico y social del Ejecutivo, el que hasta ahora, dicho sea de paso, es desconocido. La Constitución Nacional incluye ahora, gracias al Artículo 7º de su Enmienda Nº 2, la siguiente disposición: “El Ejecutivo Nacional en el transcurso del primer año de cada período constitucional, presentará para su aprobación, a las Cámaras en sesión conjunta, las líneas generales del plan de desarrollo económico y social de la nación”. En nuestra opinión, debiera ser a los Electores, no a las Cámaras del Congreso de la República, a quienes debiera solicitarse la aprobación de las “líneas generales del plan de desarrollo” del Ejecutivo. Esto, naturalmente, precisaría que la Constitución fuese modificada. No puede crearse de la noche a la mañana un carácter vinculante que colida con uno dispuesto expresamente en el texto constitucional. Pero si, como había argumentado el Gobierno, podía hacerse un referéndum no vinculante para consultar su diferendo con el Congreso, perfectamente puede celebrarse uno para el acto más esencial que puede haber en el ejercicio de la política: obtener la aquiescencia del Pueblo respecto del rumbo general del Estado de cuya soberanía es asiento. (Ahora tiene que consultar, referéndum #6, 8 de agosto de 1994).

3. Ese mismo año se había expuesto sobre el asunto de fondo:

Lo aconsejable es confiar más en este pueblo. Lo aconsejable es un referéndum anual de la República. (…) Hay que confiar en que el pueblo de Venezuela puede aportar tanto en un referéndum anual como puede aportar a una empresa la asamblea de sus accionistas. Este referéndum debe producirse luego de la presentación de la cuenta ordinaria del Presidente de la República al término de cada año de su mandato. Debe pronunciarse por la aprobación o improbación de su memoria y cuenta y sobre su confirmación en el cargo o su cesantía. Todos los años. (Visión de Venezuelareferéndum #2, 4 de abril de 1994).

4. En plena campaña electoral de 1998, se propuso convocar un referendo para decidir acerca de la elección de una asamblea constituyente:

Memorias imprudentes

Probablemente sea el mayor pecado de la segunda administración de Caldera uno de omisión. El presidente Caldera pudo convocar el referendo consultivo que detonara la elección de la asamblea constituyente y se negó a hacerlo. Eso fue una grave abdicación. Es pensable que un proceso constituyente desencadenado por Caldera hubiera sido menos abrasivo que el que Chávez puso en marcha y, en todo caso, ya este último no habría tenido la celebración de una constituyente como su principal y exclusiva franquicia de campaña. Le habría sido arrebatada, como Corina Parisca había entendido correctamente. Quizás hubiera perdido las elecciones por eso mismo. Yo había propuesto precisamente la consulta en Primer referendo nacional. [20 de septiembre de 1998]. En ese artículo postulaba la realización de un referéndum sobre la deseabilidad de convocar una asamblea constituyente, aprovechando que el Congreso de la República había incluido un título nuevo—De los referendos—en la reforma de diciembre de 1997 a la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. No había razones válidas para que el gobierno que había amenazado con una consulta popular sobre la suspensión de garantías constitucionales, aunque la institución referendaria no existiera en la legislación del sufragio, se negara a producir la convocatoria cuando ya la había. (Las élites culposas, mayo 2012).

5. El 25 de febrero de 2002—un mes y diecisiete días antes del “Carmonazo”—, se propuso en el programa Triángulo que transmitía Televén un procedimiento para abolir el gobierno de Hugo Chávez desde la suprema majestad del Pueblo de Venezuela:

Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando: que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz; que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto; por este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República y decretamos el siguiente Estatuto de Transición… (Acta de Abolición y Estatuto de Transición – Versión de mayo de 2003).

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Primera formulación del derecho de abolición

… pensé que yo no tenía la más mínima capacidad para llevar la idea a la práctica y que, por tal razón, tendría que convencer a alguien que pudiera. Rápidamente descarté la posibilidad de interesar a Acción Democrática o COPEI, los desprestigiados partidos, y pensé que quizás Primero Justicia, un partido joven nutrido de abogados, fuera un vehículo adecuado. Solicité entonces una entrevista con Julio Borges. (…) Borges me recibió acompañado por Gerardo Blyde, Liliana Hernández y otra persona de nombre descortésmente olvidado por mí, quien fungiera entonces como Secretario del partido. El grupo escuchó mi planteamiento acerca de un procedimiento de soberana abolición del gobierno de Chávez y no encontró manera de invalidarlo, ni lógica ni jurídicamente. (…) Lo que sí hizo Borges al término de una sesión de resultados indefinidos fue invitarme a su despacho, donde me entregó una carpeta que contenía el trazado de la avenida que Primero Justicia pretendía construir: una enmienda constitucional para recortar el período de gobierno a Hugo Chávez, cuyo trabajo argumentativo había sido preparado por el abogado Juan Manuel Raffalli. Era sorprendente que quisiera alterarse el texto constitucional para resolver el problema de un presidente específico, y que predominara en el partido que Borges dirigía la ingenuidad de creer que la Asamblea Nacional, de mayoría chavista, consentiría en aprobar una disminución de los poderes de Hugo Chávez, “el líder del proceso”. Allí sufrió el procedimiento de abolición una primera muerte. A comienzos del año siguiente, sería definitivamente rematado por la Gente del Petróleo. (Las élites culposas).

6. Para la época del paro petrolero de fines de 2002 y comienzos de 2003, César Gaviria y James Carter venían a Venezuela para mediar entre gobierno y oposición en circunstancias de gran tensión. Se entregó al primero de ellos un texto para un posible acuerdo de las partes enfrentadas:

Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional. Lo primero que debiera dilucidar un referéndum así es la conveniencia de la permanencia del Presidente de la República en su cargo. No es éste un asunto que compete sólo a los más conspicuos entre los actores políticos en Venezuela. Es un asunto del Pueblo todo. Formulada así la pregunta: “¿Considera Ud., Sr. Elector, conveniente para la salud de la Nación que el ciudadano Hugo Chávez Frías continúe en el cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela?”, el resultado no sería, en ningún caso, legalmente vinculante, aunque sí sería moral y políticamente obligante. Distinto fuere que una mayoría de venezolanos suscribiese un mandato expreso de abolición del gobierno, pues aquí se manifestaría plenamente el carácter supraconstitucional del Pueblo. Pero aunque no sea vinculante el Sr. Presidente sabrá atenerse a la opinión popular. Si una mayoría contestare negativamente, entonces el Sr. Presidente debiera renunciar. Esta última posibilidad introduciría la obligación constitucional de elegir un nuevo presidente dentro de los treinta días de haberse hecho efectiva la renuncia, si es el caso que ésta se produjere antes de cumplirse la mitad del período. (Un posible acuerdo político ante el ultimátum de abolición, en Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

7. Comenzando 2007, se propuso convocar por iniciativa popular una consulta que decidiera acerca de cosas como la estatización de la C. A. La Electricidad de Caracas, luego de que fuera anunciada por Hugo Chávez poco después de su triunfo sobre Manuel Rosales en la elección presidencial del año anterior:

…no está en la naturaleza de Chávez el procedimiento democrático. Lo de él es pantalla y decreto, así que ¿por qué no emprende la oposición la convocatoria de un amplio referendo por iniciativa popular? ¿Qué tal si el triunvirato Borges-Petkoff-Rosales que ha vuelto a reunirse pone orden nuevamente en la incipiente cacofonía opositora y se atreve, aunque sea esta vez, a una iniciativa política audaz, profunda, de aliento? ¿No y que somos cuatro millones de los que menos de la mitad tendría que firmar? ¿No es cierto que la mayoría de los venezolanos—Datanálisis dixit—no quiere ni dictadores ni “mares de la felicidad”? Ése es un referendo que pudiera muy bien ganarse para la democracia en Venezuela, que no es otra cosa que el respeto a la inteligencia de sus Electores. (Todo es mentira, 18 de enero de 2007. Carolina Jaimes Branger, entusiasmada por la iniciativa, me entrevistó en Radio Caracas Radio sobre el punto una semana justa después).

8. Luego de constatar que todos los estudios de opinión registraban en 2009 un rechazo mayoritario al socialismo, se planteó un referendo que preguntara si queríamos la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista:

No al socialismo

…la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista, a pesar de lo cual Rafael Ramírez, bajo su casco de Presidente de PDVSA, proclama: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”. ¿Qué hace uno con una mayoría tan fuerte? Pues procura que se exprese políticamente de modo válido. Pide que el asunto sea votado, pues está seguro de ganar una consulta que lo considera. Es ésa una regla política elemental: quien tiene la mayoría quiere que se la mida y certifique, porque quien tiene la mayoría puede mandar. La mayoría abundante que no quiere un régimen socialista para Venezuela debiera apoyar la convocatoria, por iniciativa popular, de un referéndum consultivo sobre dicha posibilidad, de una consulta que le pare el trote a Ramírez y a su jefe. (Parada de trote, 23 de julio de 2009. Casi un año después—9 de junio de 2010—, se expandió la argumentación en Doctrina del referendo sobre el socialismo. La misma idea ha sido replanteada desde Dr. Político en RCR desde sus inicios en 2012).

9. Ya con la Asamblea Nacional bajo el control de los partidos de oposición al gobierno de Nicolás Maduro, se mostró que ella podía convocar por mayoría simple un referendo consultivo que pudiera decidir la celebración de nuevas e inmediatas elecciones presidenciales:

Mandables popularmente

El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente: “¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo?” Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita, con igual denuedo con el que ha entorpecido la revocación. (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016. Poco menos de dos meses después, se adaptaba el Acta de Abolición de 2002 al mandato de Nicolás Maduro, en Manda Su Majestad, 17 de diciembre de 2016).

10. Al año siguiente, ya elegida la Asamblea Nacional Constituyente aún operante, se postuló lo siguiente:

La supremacía del Poder Supraconstitucional le permitiría disolver la constituyente dudosamente elegida el 30 de julio. (El 9 de agosto, Saúl Cabrera, de Consultores 21, presentó en un foro de Ecoanalítica los resultados de su más reciente registro: 88% de sus entrevistados reportó no haber votado en la elección de diputados constituyentes). Igualmente tiene el Pueblo poder más que suficiente para anular todas y cada una de las decisiones de esa asamblea contraria a la voluntad mayoritaria nacional. El Artículo 349 no nos obliga; nosotros sí podemos impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente, pues no somos un poder constituido: somos el Poder Constituyente Originario, el único originario, el Poder Supraconstitucional. (Catecismo constituyente, 11 de agosto de 2017).

11. El 24 de marzo de este mismo año, se explicó en el programa #290 de Dr. Político en RCR cómo podía aprobarse en referendo un “Primer Decreto del Pueblo”, anticipado en el programa #275 del 18 de noviembre precedente. La médula de la proposición reside en someter a la consideración popular, para imponerlo, el acuerdo entre poderes públicos que se propusiera inicialmente en Plantilla del Pacto (25 de abril de 2016) y más tarde en Del armisticio como programa y Versión formal, del 11 y  26 de mayo de 2017, respectivamente.

Acá cabe escribir etcétera y dejar constancia de que nada de lo que antecede ha sido acogido jamás por la dirigencia que se define como de oposición. (¿Al gobierno o al Pueblo?)

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Habiendo establecido la secuencia principal, es posible aventurar una respuesta a la pregunta inicial: ¿por qué rechazan los políticos de uno y otro bando en Venezuela la apelación al Soberano para resolver nuestros muy agudos problemas de Nación?

No acusa recibo

De una vez descarto que la contestación sea de orden unipersonal; que yo haya sido el proponente en cada una de las instancias enumeradas, y que la oposición resienta las críticas que le he hecho desde 1985 no conforman una explicación suficiente de la resistencia. Algunas veces he procurado permanecer en la sombra para que alguna idea no sea vetada por provenir de mi cacumen; por ejemplo, a comienzos de 2016 supe que la Asamblea Nacional preparaba la aprobación de una Ley de Referendos, y creí que ella podía reforzarse si introducía en su texto la previsión de la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas (Chávez habilitado, enero de 2001), cuyo Art. 4 establece: “Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos…” Llamé a Blanca Rosa Mármol (Alianza Nacional Constituyente) y Melquíades Pulido (hoy apoya a María Corina Machado) para destacar que esa integración legal podía garantizar la convocatoria y realización de referendos por vía electrónica y les rogué que ni mencionaran siquiera mi nombre, para no debilitar la posibilidad. Igualmente, propuse a Julio Borges que se tratara de incorporar el referendo sobre el socialismo a las elecciones de Asamblea Nacional en diciembre de 2015; así le escribí el 3 de marzo de ese año: “Tal vez conozcas que llevo algún tiempo promoviendo este tratamiento referendario pero, si acogieras estos planteamientos, yo no tendría inconveniente en permanecer tras el telón; es decir, no exigiría protagonismo alguno”. Tres años y nueve meses después, no tengo acuse de recibo.

Pero, como digo, esa personalización de la renuencia no es una buena explicación; en general, se conoce desde hace tiempo en la literatura de la innovación el Efecto Not-invented-here. Si una buena idea es desarrollada en los Laboratorios Bell, probablemente sea resistida en predios del Centro de Investigaciones Watson de IBM simplemente porque no surgió de este último.

Creo que la razón de fondo de la resistencia reside en dos factores complementarios: primero, una sobrestimación de los políticos como gente que sabe cómo se bate el cobre; segundo, en una desconfianza del liderazgo—oficialista y opositor—en el Pueblo venezolano:

Una muy buena parte de la resistencia de la política convencional al tema programático es una desconfianza muy arraigada respecto de las posibilidades e intereses del pueblo, de los intereses y capacidades de los Electores. La inmensa mayoría de la dirigencia nacional, política o privada, alimenta un desprecio básico por el pueblo venezolano. A casi todo proyecto político verdaderamente audaz y significativo se le opone usualmente la idea de que el pueblo no se interesa sino por muy elementales necesidades de supervivencia, por las más egoístas apetencias, por los más triviales objetivos. O si no, se derrota alguna buena idea con la declaración de que el pueblo no la entendería, de que “no está preparado para eso”. (De héroes y de sabiosreferéndum #26, 17 de junio de 1998).

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Una lección todavía más fundamental es que la situación política que el país atraviesa tampoco habría sido posible si la dirigencia venezolana de los años previos a Chávez hubiera respetado a la ciudadanía y a su inteligencia. La inmensa mayoría de los venezolanos ha sentido por demasiado tiempo, más allá de la penuria económica, un persistente desprecio proveniente de las élites nacionales. Hace un poco más de un mes que tuve una constatación típica de este fenómeno. Recibí la generosa apreciación de un texto mío, escrita en los siguientes términos: “Interesante tu escrito y llama al debate. Eso sí, entre nosotros, los de las clases medias profesionales. Los que votan mayoritariamente por Chávez no saben de estas cosas, o no les interesan y les parecen paja de gamelote. Pero sí les interesa consumir cada vez más y mejores bienes, tener trabajo… Pero eso sí: fácil, sin mucho esfuerzo, tener casa, carro y poder viajar y tomar caña los fines de semana”. (Lecciones disponibles, 25 de octubre de 2007).

En la cultura convencional de los políticos, el Pueblo sería incompetente para decidir, tendría que ser guiado por los profesionales de la Política, que son ellos mismos. Sostengo una opinión distinta:

Caos aparente

Para la economía clásica la mano misteriosa del mercado estaba basada en la eficiencia del decisor individual. Se lo postulaba como miembro de la especie homo œconomicus, hombre económicamente racional. Los mo­delos del comportamiento microeconómico postulaban competencia perfecta e información transparente. El mercado era perfecto porque el átomo que lo componía, el decisor individual, era perfecto. La propiedad del conjunto estaba presente en el componente. En cambio, la más moderna y poderosa corriente del pensamiento cientí­fico en general, y del pensamiento social en particular, ha debido admitir esta realidad de los sistemas complejos: que éstos—el clima, la ecología, el sistema nervioso, la corteza terrestre, la sociedad—exhiben en su con­junto “propiedades emergentes” a pesar de que estas mismas propieda­des no se hallen en sus componentes individuales. En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga ele­gida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un com­portamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hor­migas tendrá una dirección claramente definida. Como lo ponen técni­camente Gregoire Nicolis y el mismo Ilya Prigogine en Exploring Com­plexity (Freeman, 1989): “Lo que es más sorprendente en muchas socie­dades de insectos es la existencia de dos escalas: una a nivel del indivi­duo y otra a nivel de la sociedad como conjunto donde, a pesar de la inefi­ciencia e impredecibilidad de los individuos, se desarrollan patrones cohe­rentes característicos de la especie a la escala de toda la colonia”. Hoy en día no es necesario suponer la racionalidad individual para postular la racionalidad del conjunto: el mercado es un mecanismo eficiente inde­pendientemente y por encima de la lógica de las decisiones individuales. Es esta característica natural de los sistemas complejos el más poderoso fundamento de la democracia y el mercado. A pesar de la imperfección política de los ciudadanos concretos, la democracia sabe encontrar el bien común mejor que otras formas de gobierno; a pesar de la imperfec­ción económica de los consumidores el mercado es preferible como dis­tribuidor social. (Marcos para la interpretación de la libre empresa en Venezuela, 9 de enero de 2004).

Naturalmente, las sociedades pueden tomar decisiones equivocadas, pero también y más frecuentemente su liderazgo.

Al final, la mayoría de los electores, deseosa de una presidencia que no proviniera de AD o de COPEI, se vio compelida a optar por dos opciones que nominalmente superaban el bipartidismo. Una de ellas se dejó apoyar por Acción Democrática—la carne de la guanábana—, despedía un tufo de godo a kilómetros de distancia y se opuso a la constituyente. Sólo quedaba Chávez. En ese sentido, los electores que lo eligieron no se equivocaban; el equivocado era, por supuesto, Hugo Rafael Chávez. (Las élites culposas).

A pesar de esto, los líderes tienden a suponerse intrínsecamente superiores en juicio para la toma de decisiones. Para emplear un adjetivo que suena a Herman Escarrá (o recuerda a David Morales Bello, que hablaba parecido), se desconfía de una democracia que se etiqueta como “tumultuaria”. De allí que se proponga falsificaciones del supremo acto referendario, el instrumento primordial de la democracia participativa; así, por ejemplo, la noción de que las elecciones municipales del 8 de diciembre de 2013 constituirían un “plebiscito” sobre el gobierno del presidente Maduro, o la pretensión del entonces candidato a diputado José Guerra (en artículo del 11 de octubre de 2015): que la elección de Asamblea Nacional de diciembre de ese año ¡era también un referendo sobre el socialismo!

La noción está equivocada. Jamás unas elecciones (democracia representativa) equivaldrán a un referendo (democracia participativa); jamás fueron las elecciones municipales de 2013 un “plebiscito” acerca del gobierno de Nicolás Maduro, como intentara vender Henrique Capriles Radonski. Pretender algo así es adulterar el sentido constitucional de los actos electorales. El 6 de diciembre no está planteada esa disyuntiva, sino la de votar o no votar por alguno de los candidatos del circuito correspondiente. Si se quiere que algo sea tenido por un referendo consultivo debe serlo; no debe proponerse que las elecciones del 6D usurpen lo que tendría que ser una manifestación explícita del Soberano. (…) No están los electores convocados en su carácter de miembros del Poder Constituyente Originario para el próximo 6 de diciembre, así que el socialismo no va a referendo en esa fecha; lamentablemente, no se lo quiso convocar. Pero la Asamblea Nacional puede hacerlo por mayoría simple. Espero que el candidato Guerra prometa que en cuanto esté a su alcance procurará que así sea; cordialmente le invito a que nos comunique que tal es su decisión. (Consideraciones sobre un texto de José Guerra, 11 de octubre de 2015).

Ni la Asamblea Nacional de oposición ha querido jamás convocar un referendo sobre ésa u otra materia ni sé que el diputado Guerra lo haya propuesto. En 2010, un antiguo Secretario General de Acción Democrática se interesó en la proposición de un referendo sobre el socialismo e intentó convencer a Henry Ramos Allup, el primer presidente de aquélla, de sus bondades; entonces sólo recibió como respuesta de éste: “¡Eso es una locura!” Dos años más tarde (29 de octubre de 2012), Ramos Allup declaraba a Noticias 24: “Ojalá se hiciera una especie de referéndum, donde independientemente de campañas, de discursos y de carisma se le pregunte a los ciudadanos si quieren un régimen parecido al comunismo cubano”. Pero mientras presidiera la Asamblea Nacional no movió un dedo para que la opinión del Pueblo fuera tomada en cuenta. (Es facultad de la Asamblea convocar referendos consultivos mediante mayoría simple; habrían bastado 84 brazos alzados y, por supuesto, resolver previamente el problema del desacato a la Sala Electoral para recuperar su eficacia como poder público).

Se dijo también en De héroes y de sabios: “Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo venezolano continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles”.

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Sentimiento que paraliza

Por supuesto, hoy gravita sobre la conciencia de más de un ciudadano la desconfianza respecto del Poder Electoral venezolano (en gran medida por culpa de una cierta oposición; ver Suma contra gentiles abstencionistas, 1º de enero de 2012), y tal razón le lleva a considerar inviable y poco realista cualquier convocatoria a referendo. Puede decirse que esto equivale a trocar renuencia en renuncia; son cada vez menos quienes sostendrían, dirigentes o meros ciudadanos, que la ruta de la Nación deba ser constitucional, democrática, pacífica y electoral”, rasgos que se agrupara indisolublemente en vida de la antecesora de la Mesa de la Unidad Democrática: la Coordinadora Democrática. Quien propone una solución referendaria se arriesga a ser tenido por iluso, y esto no es nuevo. (Ver Autoungidos furibundos, 3 de mayo de 2005. Allí se encuentra una respuesta a quien fuera más allá para sugerir en mi prédica antigolpista la presencia de “visos delatores”:

Entiendo lo que quieres decir, como te consta de interacciones en vivo sobre el mismo punto: que quien prescribe un golpe de Estado o un magnicidio como solución, no puede, en virtud del carácter sigiloso propio de tales remedios, ir explicando a voz en cuello detalles de su cronograma conspirativo. Esto lo entiendo perfectamente. Pero entonces te digo que aquello de lo que no se puede hablar no debe ser mencionado en absoluto. Una vez te dije en una cierta reunión que a unos presuntos conspiradores pudiera incluso convenirles la actividad de comeflores románticos como el suscrito, y que por tanto sería útil que se nos dejase tranquilos, mientras la conspiración procedía, en secreto, oculta tras la cortina de humo gratuita que los más ilusos proveeríamos.

La convocatoria a un Gran Referendo Nacional por iniciativa popular es tan posible como relativamente poco costosa; es mucho más barata que un levantamiento militar o una invasión multinacional como la propugnada por Ricardo Hausmann o Álvaro Uribe Vélez. Es posible pararle el trote a Nicolás Maduro; no es verdad que “todo otro medio de detenerlo se ha mostrado impráctico o ineficaz”, sólo la mera protesta o los fallidos atentados criminales con drones. LEA

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(Para descargar esta entrada como archivo de formato .pdf: Historia de una renuencia)

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Resultados cantados

 

Cuando creían que se la estaban comiendo

 

Tomo de afirmaciones contenidas en nota de hoy del servicio de noticias de Costa del Sol FM (La oposición está en callejón sin salida, no hay liderazgo ni orientación). Así comienza:

Expertos afirman que la MUD se convirtió en un espacio para acomodarse económicamente, en lugar de ser una alternativa democrática cuyo objetivo sea transformar al país. Las protestas de 2017 que fueron sofocadas por el gobierno y dejaron un saldo de más de 120 muertos, la implantación de una asamblea nacional constituyente, la derrota en las elecciones de gobernadores y el adelanto unilateral de las presidenciales, parecen haber dejado sin aliento a la Mesa de la Unidad Democrática. Su presencia en el mapa político apenas se siente. “La oposición vive su peor momento”, aseguran analistas políticos. Advierten que la dirigencia está extraviada y no tiene una estrategia en común que capitalice el descontento que existe hacia el presidente Nicolás Maduro. El experto Pedro Afonso del Pino afirma que el alejamiento entre la oposición y la ciudadanía comenzó en 2015, cuando en medio de la victoria de las parlamentarias la MUD hizo promesas que no pudo cumplir. La principal fue asegurar que durante el primer año de gestión de la Asamblea Nacional se sacaría al mandatario del poder. “La estrategia que aplicó fue errada porque se apresuró. No supo capitalizar el triunfo de las parlamentarias. Las actuaciones condujeron a la oposición a un callejón sin salida, ahora no hay liderazgo ni orientación”, señala. El politólogo Alfredo Coronil asevera que la crisis en la oposición es la consecuencia de que sus miembros hayan utilizado a la MUD para mejorar su posición económica y social, y no para convertirse en una alternativa democrática capaz de transformar al país y devolverle la institucionalidad. Considera que la alianza de partidos “pudo ser gloriosa”. “A Maduro le tocó una oposición de segundones. Sus integrantes se corrompieron, dejaron a un lado el plan estratégico para acomodarse y se rebajaron al chavismo”, añade.

Afonso del Pino gira en órbita copeyana (hasta hace no mucho, en el Instituto de Formación Demócrata Cristiana, IFEDEC); Coronil Hartmann, hijastro de Rómulo Betancourt, lo hace en órbita adeca. De algún modo, pues, son las viejas formaciones políticas las que critican el desempeño de las nuevas y a sus líderes más connotados.

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Costa del Sol presenta las evaluaciones de Afonso y Coronil (más otras de Fernando Spiritto) como revelaciones, como si se tratara del descubrimiento del Polo Norte (¿o el agua tibia?), pero esencialmente la misma cosa (sin las acusaciones de corrupción) fueron adelantadas por el suscrito con mucha anticipación. He aquí un muestrario incompleto, de lo más reciente a lo más antiguo:

La verdad es que no hay unidad opositora, que nunca la ha habido sino circunstancialmente. Ya en 2006 se había recordado acá, en caracterización de la MUD, la definición de bote salvavidas que Enrique Jardiel Poncela propusiera en Para leer mientras sube el ascensor: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”. En el epílogo de Las élites culposas [2012] está este juicio: “Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder… Su producto es mediocre”. Y el año pasado (8 de octubre) se ponía en El mercado político nacional: “No existe en el teatro político nacional una opción que hace falta: una organización política de código genético distinto del de un partido ideológico convencional (o una federación de partidos convencionales, una organización de organizaciones o ‘movimiento de movimientos’)”. Leopoldo è mobile qual piuma al vento, 3 de junio de 2015.

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito. ¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014. (He formulado la misma observación desde hace mucho tiempo, sin el menor éxito. Por ejemplo, el 12 de agosto de 2004 escribía en la Carta Semanal #99 de doctorpolítico, en referencia a la Coordinadora Democrática: “para ciertas evoluciones necesarias la organización pudiera estar genética o constitucionalmente impedida—porque es una organización de organizaciones en lugar de una organización de ciudadanos”).

Si ahora hay, luego del descalabro del 16 de diciembre que siguió al fracaso del 7 de octubre, llamados al examen de conciencia—Ramón Guillermo Aveledo: “Todos los partidos tienen que reflexionar, es nuestra obligación”—, sería lo serio que la Mesa de la Unidad Democrática abriera una instancia de pensamiento concienzudo, que no esté limitado por las cajas perceptuales acostumbradas. El examen debe ser radical, pues la cosa no es la de meramente verificar el nivel táctico o procedimental. Es necesaria una lógica de presupuesto de base cero. (…) Es hasta ese nivel elemental que una reflexión responsable de la Mesa de la Unidad Democrática debiera llegar. Ella, y los partidos que la componen, deben saber que su esencia ha sido sobrepasada por los hechos, que si no emprenden una metamorfosis radical, creadora de una organización política cualitativamente distinta, se verán reducidos a la insignificancia. (…) La deliberación constructiva que propongo debe partir de esta premisa: cualquier intento de preservar el modelo federativo de la MUD estará condenado al fracaso. La gente de AD, Primero Justicia, COPEI, Un Nuevo Tiempo, etcétera, deberá entender que estos partidos deben desaparecer para dar origen a una organización radicalmente novedosa; la propia Mesa de la Unidad Democrática, por tanto, dejaría de existir, al no quedar nadie que federar. MUD, MUD, MUD, es hora de partir, 25 de diciembre de 2012.

Un amable y experto amigo obtendría conclusiones muy interesantes en un análisis del lenguaje corporal de los retratados en la fotografía de la hospitalidad copeyana: la mano izquierda volteada de Antonio Ledezma, la torva mirada de Julio Borges, alejada del centro de atención de los demás, el rostro desconfiado de Andrés Velásquez, etcétera. (Luego de las derrotas electorales de 2012).

 

Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008). Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos. No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta. Política natural, 19 de marzo de 2009.

Antes de estas cosas, ya opiné de la madre de la MUD, la fenecida Sra. Coordinadora Democrática:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia. (…) Hay que decir estas cosas, no para encontrar cabezas de turco, chivos expiatorios o dueños de la derrota, sino para destacar que tan desastrosos traspiés no son atribuibles a la ciudadanía que, como han dicho con razón muchos analistas, ha trascendido a sus líderes ostensibles y asistido heroicamente a cuanta batalla le propusieran quienes se suponía más duchos que el ciudadano común en asunto político. (…) De modo que ahora el país necesita nuevos líderes y una nueva especie, con código genético diferente, de organizaciones políticas. Bofetada terapéutica, 19 de agosto de 2004.

Para abreviar, un salto a treinta y tres años atrás:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla in­volucra una responsabilidad bastante grande, una responsa­bilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicio­nales es justamente la afirmación que hacemos. Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Proyecto SPV, 8 de febrero de 1985.

Alexis de Tocqueville (en L’Ancien Régime et la Révolution, 1856) postuló que “el verdadero arte del Estado” requería “una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”.

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Suficiente; podría insertar una docena o más de advertencias de esa naturaleza. Añado sólo sobre el tema de la corrupción en filas opositoras una pregunta de Edgardo Agüero, en medio de entrevista que me hiciera para el semanario La Razón, y mi respuesta:

Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?

Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos. La Razón como anfitrión, 29 de junio de 2015.

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La nota de Costa del Sol FM cierra con tres minifichas acerca de dirigentes opositores perseguidos:

Leopoldo López, fundador de Voluntad Popular

El ex alcalde de municipio Chacao fue inhabilitado en 2008 por la Contraloría. En 2014 lo encarcelaron y en 2015 lo sentenciaron a más de 13 años de prisión por supuesta incitación pública a la violencia en las manifestaciones de 2014. En la actualidad tiene casa por cárcel.

Henrique Capriles, líder de Primero Justicia

El ex gobernador de Miranda participó en las elecciones de 2012 como adversario de Hugo Chávez, y en las de 2013 contra Nicolás Maduro. En 2017, a un año de celebrarse las presidenciales, fue inhabilitado por 15 años debido a supuestos hechos de corrupción.

María Corina Machado, coordinadora de Vente Venezuela

En 2011 comenzó su ejercicio como miembro de la Asamblea Nacional. En 2014 fue acreditada como representante alterna de Panamá ante la OEA. El presidente de la AN de entonces, Diosdado Cabello, dijo que había perdido su condición de diputada. Ese mismo año fue investigada por la Fiscalía por supuesta conspiración.

El suscrito interpuso ante el Tribunal Supremo de Justicia, el 11 de agosto de 2008, una denuncia de inconstitucionalidad de la decisión #1.265 de su Sala Constitucional—Violación denunciada—, que sostuvo la inhabilitación de la Contraloría General de la República contra Leopoldo López, Enrique Mendoza y un centenar adicional de ciudadanos. (La misma argumentación refuta la posterior inhabilitación de Capriles del año pasado). El TSJ ni siquiera se dio por aludido.

En el caso del despojo de la investidura de Ma. Corina Machado como diputada, dediqué dos programas seguidos de Dr. Político en RCR (#88 y #89, del 29 de marzo y 5 de abril de 2014, respectivamente) a su defensa. Como era de esperar, no causaron el menor efecto. LEA

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