El adiós

José Luis, en una de sus numerosas excursiones montañeras

 

Hoy fue enterrado en el Cementerio del Este el hermano ido. Sus hijos habían solicitado que dijera algo de él en el velorio y decidí escribir mis palabras para protegerme del dolor al decirlas. Acá las reproduzco:

 

José Luis Alcalá, Señor de Pueblo

José Luis Alcalá Corothie irradiaba su poderosa esencia sin proponérselo, pues nunca fue presuntuoso. De él pudiera decirse lo que alguna vez registré de mi esposa: “No conozco gente que sepa de él y no lo quiera, y él quiere estrictamente a todo el mundo y sobre éste distribuye su bondad”.

Ayer recibí una nota escrita por Alejandro Alcalá Ojeda, su segundo hijo. Allí deja una constancia que es una gran verdad:

“Cuando nací en el año 1975, mi padre Jose Luis Alcalá apenas tenía dos años de haber perdido su pierna en un accidente de moto. A pesar de eso, nunca vi a mi papá como un discapacitado; su fuerza, su perseverancia, su actitud echada para adelante, hizo que siempre lo viera como un súper heroe. Mi papá lograba siempre, con su imponente personalidad, que nadie sintiera pena por su situación. A veces hasta parecía que se la ‘vacilaba’, y disfrutaba que sus amigos y familiares le dijéramos el Mochito”.

Eso es muy justo; nadie sintió lástima por la discapacidad de José Luis, aunque más de uno lo llamara cariñosamente “Mochuelo”. Y mocho como era, hacía ejercicios nadando vigorosamente o subiendo cerro, lo que hacía solo o, preferentemente, en compañía de su compadre Ovidio Ramella. Yo no creo que hubiera podido seguirle el enérgico paso que le era característico.

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Cuando José Luis, un bebé todavía, no caminaba, ya era una conducta suya que se durmiera frotando la esquina de un pañal mientras cantaba en voz baja. En ese tiempo trabajaba en nuestra casa la inolvidable Paula Barinas, quien pronosticó que él sería Presidente de la República, pues se dormía cantando el himno de la República. Esa predicción no se cumplió pues, como hizo constar Connie Méndez en su amable canción, en Venezuela “arrullamos a los niños con el Himno Nacional”. (Lo que musitaba José Luis era el “Duérmete mi niño…”) Jamás tuvo vocación política, a pesar de ser gente de Pueblo.

¿Qué quiero decir por eso? Hoy hay luto en el 23 de Enero, en la urbanización Simón Rodríguez, en el barrio El Guarataro, donde hizo amistades que valoraba mucho. José Luis tuvo siempre una preferencia profunda por sus compatriotas menos favorecidos, a quienes llamaba “Mi bella gente pobre”.

Eso era así no por una ideología en que lo hubieran adoctrinado, sino por una identificación total y natural, espontánea, con el Pueblo todo, muy especialmente con sus miembros menos afortunados. Tal preferencia se manifestó en él desde muy pequeño, cuando era su terreno favorito para el juego el barrio El Infiernito en la quebrada de Chacaíto, cosa que le valió el despectivo mote de “orillero”, por aquello de gente de orilla. Él fue, vocacionalmente, gente de orilla; vivió lo que Antonio Machado sentía, ese poeta que todo el mundo reconoce en el verso que registrara Joan Manuel Serrat: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. José Luis anduvo por el mundo, con dos piernas primero, luego con una sola y una muleta, con ese amor popular.

Machado escribió en algún lado:

“Escribir para el pueblo… ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. …yo no he pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, del saber popular. Siempre que advirtáis un tono seguro en mis palabras, pensad que os estoy enseñando algo que creo haber aprendido del pueblo”.*

José Luis de Alcalá y Corothie, Señor de Pueblo, aprendió de ese Pueblo al que amaba sin límites. Tal vez yo le auxiliara de cuando en cuando en algún asunto escolar, pero él me enseñó de la vida.

Hermano, gracias por el orgullo de haberte tenido con nosotros. LEA

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Acababa de citar esas palabras de Antonio Machado hace seis días, en Prólogo de la modestia.

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El segundo en despedirse

José Luis, a la derecha de la fila superior. María Elena a la izquierda de la inferior

 

Los hermanos Alcalá-Corothie fuimos seis y quedamos cuatro, al irse hoy de nuestra compañía el tercero de nosotros, José Luis. El 19 de abril de 2011 se fue la primera, María Elena, la cuarta de la prole de Pedro Enrique Alcalá Reverón y María Josefina Corothie Chenel. Quedamos los dos hermanos mayores y los dos menores.

Yo le puse su nombre; mamá me había invitado a que lo hiciera y escogí José de su segundo nombre—todos la llamaban Josefina—y Luis para repetir el mío. Yo tenía seis años de edad al proponer la combinación. Venía a la casa de mi esposa en la que habito todas las semanas a jugar dominó con la hermana Sylvia, que me sigue, y su consorte, Lisandro Lecuna Rui. Él era, como puse en 02022020, entrada que le dediqué, “el mejor jugador de dominó que conozco”.

 

José Luis, el compañero de Sylvia (29 de diciembre de 2019)

 

José Luis era amor puro, generoso, divertido, respetuoso, siempre alegre. Nuestros corazones, ya cicatrizados del dolor por ME, alojan ahora una nueva y enorme herida, pero él habría prohibido nuestro luto. Era un extraordinario vendedor y un gran comprador, honesto como nuestro padre, de quien fue su mejor compañero. Le vi por última vez hace ocho días, cuando aceptó almorzar un plato de pasta con una de las mejores salsas de la cocina de mi señora. Su creciente malestar le impidió acercarse el último fin de semana para la ritual contienda de veintiocho pedradas.

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Uno contaba con José Luis para cualquier cosa. Ahora lo recibe San Pedro con un trago de güisqui en la patriarcal mano, sonriente, consciente de que el cielo tiene ahora un huésped de tronío. Esta constancia está en la primera entrada musical de este blog:

Resulta que uno de los mejores teóricos del juego de bridge era el inglés Víctor Mollo, y uno de sus más amenos libros es The Bridge Inmortals. En su introducción, Mollo imaginaba que los dioses del Olimpo, encontrándose infinitamente aburridos, optan por seguir la recomendación de combatir el tedio invitando a su divina morada a los más grandes bridgistas de todos los tiempos.

José Luis se ha ido a enseñar dominó a los santos del cielo. LEA

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Una lección bárbara

Una penetrante mirada que mereció dos Premios Pulitzer de Historia

 

                                   The problem may not be so much a matter of educating officials for government as educating the electorate to recognize and reward integrity of character and to reject the ersatz. *

Barbara Tuchman, The March of Folly

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El 4 de agosto de 2012 fue transmitido el cuarto programa de Dr. Político por Radio Caracas Radio. Buena parte de su primera sección se centró sobre una lección de profunda sabiduría política, que proporcionara la extraordinaria historiadora estadounidense Barbara Tuchman—El telegrama Zimmermann, Los cañones de agosto, La torre orgullosa, Un espejo lejano…—en La marcha de la locura – De Troya a Vietnam, publicado en 1984.

Leí ese libro incomparable—se consigue traducción al español—al año siguiente, gracias al préstamo que me hiciera el dulce amigo Frank Alcock Pérez-Matos. (Antes había leído un artículo acerca de la obra en Selecciones del Reader’s Digest). En Citas favoritas, registro tres que provienen de él; por ejemplo: Las crisis no necesariamente purgan a un sistema de la locura; los viejos hábitos y actitudes son duros de matar”.

Persuadido de su imperecedera validez, coloco de seguidas la presentación de su tesis fundamental en el programa mencionado:

LEA

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* Puede ser que el problema no sea tanto de educar a los funcionarios para el gobierno como de educar al electorado para reconocer y premiar la integridad y rechazar lo postizo.

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Prólogo de la modestia

 

Filósofo, matemático, educador

 

Otra vez a JRR

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José Rafael Revenga, mi maestro, además de Rafael Domingo Revenga, su padre biológico y familiar, tuvo tres padres putativos de calibre pesado, nada menos que Arturo Úslar Pietri, Pedro Grases y Juan David García Bacca*, quien le ofreciera plaza de profesor en la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela. Los obsequios que me da este amigo de cuatro padres son o gastronómicamente sabrosos o de importante conocimiento**: libros, revistas, referencias de Internet o contenidos de su privilegiada cabeza. Hace unos dos años me regaló Invitación a filosofar (según espíritu y letra de Antonio Machado), obra de García Bacca publicada por la Universidad de Los Andes—mi primera Alma Mater—en 1967. Creo que ya es suficientemente luminoso su prólogo, que el autor ofreció como Palabras iniciales. Éstas son:

“Escribir para el pueblo… ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas inagotables que no acabamos nunca de conocer. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoy, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Por eso yo no he pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, del saber popular. Siempre que advirtáis un tono seguro en mis palabras, pensad que os estoy enseñando algo que creo haber aprendido del pueblo”.

Así hablaba Antonio Machado, poniéndolo modestamente en boca de Juan de Mairena, quien, a su vez, modestamente también, decía repetir una sentencia de un maestro: Abel Martín.

¡Ojalá todos pudiéramos inventarnos unos maestros, o maestros de maestros nuestros, a quienes atribuir lo mejor que nos acudiera! Pero en definitiva, todos: maestros de maestros, y maestros nuestros, somos discípulos del pueblo: Maestro tan discreto que no se ha dado nombre propio, y tan eficiente que nos hallamos enseñados sin caer en cuenta que lo hemos sido por un maestro.

El pueblo, en cuanto maestro, no nos humilla; y por eso no nos sentimos humillados al reconocerlo por maestro, como somos proclives a sentirnos respecto de maestros nuestros con nombre propio, apenas creemos—casi siempre ilusos o sietemesinos mentales—que somos ya algo nosotros; yo, con nombre propio.

Aquí, en esta obrita, el autor ha intentado imitar a Antonio Machado. No es, claro está, posible atribuirle todo lo que el autor escribe sobre los temas; al menos que sentencias suyas, de Mairena o de Martín, que es lo mismo, los inspire en su desarrollo, ya que no en cuanto a la letra, sí en cuanto al espíritu. También el autor querría escribir para el Pueblo—para nuestros pueblos hispano-americanos: sobre sus problemas seculares no resueltos por las secularmente llamadas soluciones, y escribir sobre sus nuevos problemas a cuya solución no sólo no van a servir de nada las viejas, sino, de servir, lo serán de obstáculos.

Aunque los temas y su desarrollo parezcan dirigidos a una clase distinguida, apelan a lo que, filósofos o no, tengan todos de pueblo, que aquí, en Hispanoamérica, es casi todo,—por suerte.

El autor mismo ha tenido que hacer un esfuerzo para descender a su estrato popular—, de abuelos labradores; de padres, sencillos maestros de escuela. Esta obra es, pues, un acto de democracia.

JUAN D. GARCIA BACCA

Caracas, 26 de junio de 1965

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* Juan David García Bacca nació el 26 de junio de 1901 en Pamplona (Navarra). La prematura muerte de su padre, un maestro de escuela de origen aragonés, Juan Isidro García, le llevó a ingresar muy joven en el Seminario de los padres claretianos, con los que hizo el noviciado en Cervera en el curso de 1916-17. En la misma ciudad catalana, Cervera, estudió filosofía y teología (1917-23), para ordenarse sacerdote claretiano (1925) tras dos años de estudios de moral y derecho en Solsona. (…) En Caracas (Venezuela) tuvo una fructífera carrera filosófica al ser fundador de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1946 ―que fue la primera escuela de la Facultad de Filosofía y Letras, hoy Facultad de Humanidades y Educación―, permaneciendo activo hasta 1971. Paralelamente ejerció la docencia en el Instituto Pedagógico de Caracas (1947-1962). En 1952 obtuvo la nacionalidad venezolana. (Wikipedia en Español). García Bacca murió en Quito el 5 de agosto de 1992.

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** Otras veces he dicho, sin faltar a la verdad, que JRR nos regaló la modernidad a quienes fuimos sus alumnos en la Escuela de Ciencias Sociales que fundara el impar Arístides Calvani. Los autores que nos hizo conocer—Anatol Rapoport, Herman Kahn, Kenneth Boulding, John von Neumann, Marshall McLuhan, Daniel Bell…—abrieron nuevos caminos al rico pensamiento del siglo XX, que recorrimos de la mano de nuestro profesor. (Profesor, consejero y amigo, 1º de agosto de 2019).

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La última patraña

Un poder colectivo que se ha empleado con ineficacia originada en falacias

 

Queda ahora sólo un trimestre de vida a la enteramente inútil Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre de 2015. En casi cinco años de “labor”, no atinó a producir ni una sola pieza de legislación de importancia, aunque sí generó una destacada serie de trapacerías.

Este proceso tuvo su inicio el mismo día de su inauguración, el 5 de enero de 2016. En esa fecha fue electo como su primer Presidente el perdurable—en Acción Democrática—Henry Ramos Allup, quien declaró en la sesión inaugural, ya electo, que era un “compromiso no transable” de la Asamblea encontrar la forma de lograr la cesación del gobierno encabezado por Nicolás Maduro en el plazo de seis meses, lo que por supuesto era una aberración; ese propósito no corresponde en ningún caso a la Asamblea Nacional. En cambio, como dirigente muy importante de la Mesa de la Unidad Democrática, y revestido del prestigio de su investidura como el primus inter pares de los diputados, causó el retraso injustificable del proceso revocatorio contra Maduro, que pudo empezar el 11 de enero de 2016 y postergó hasta abril con la excusa de que ese camino constitucional era “muy engorroso”, prédica en la que le acompañara Jesús Torrealba, en ese momento el principal ejecutivo de la MUD. Bajo su presidencia, la Asamblea Nacional desacató la sentencia temporal de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia que invalidó la elección de diputados por el estado Amazonas, sirviendo así de pretexto para que el máximo órgano judicial maniatara al Poder Legislativo Nacional.* Hacia el término de su mandato, permitió el paralizante desorden en el nombramiento de rectores del Consejo Nacional Electoral, asunto que también descuidaron quienes le sucedieron en la presidencia del parlamento. También inició la connivencia del Poder Legislativo Nacional con el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, oficiándole documento en el que se solicitaba la aplicación a Venezuela de la Carta Democrática Interamericana.

El primero de sus sucesores fue Julio Borges Junyent, y éste pareció encontrar en pocas horas el medio para causar la cesantía de Maduro, mediante la alucinada declaración de la Asamblea que sostuvo que Nicolás Maduro había ¡abandonado su cargo! Más adelante en el año, Borges pretendió la entera sustitución del Tribunal Supremo de Justicia mediante procedimiento inconstitucional, pues el Poder Ciudadano—Fiscalía, Contraloría, Defensoría del Pueblo—no participó en la írrita designación de la Plaza Alfredo Sadel. Borges continuó la conchupancia con Luis Almagro, quien llegara a la OEA con Maduro entre ceja y ceja. Su sucesor, Omar Barboza, no presidió sobre desaguisados parecidos; tampoco se distinguió por algún logro significativo.

Entonces fue elegido Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional y arrancó la telenovela con guión de libretistas del Departamento de Estado de Donald Trump. (Ver Más usurpador será usted, del 23 de enero de 2019, El caso Venezuela, un deporte internacional, del 5 de febrero del mismo año, o Política falaz, del 7 de mayo también del año pasado). En esta última entrada asenté:

También es claramente violatorio de la Constitución el tal “Estatuto de Transición” aprobado por la Asamblea Nacional el 5 de febrero de este año, como es falaz el argumento de que Guaidó sería el encargado de la Presidencia de la República al aducir una lectura interesadamente distorsionada del Art. 233 de la Constitución, e igualmente el que sostiene que la Asamblea Nacional puede autorizar la invasión por fuerzas militares de alguna potencia extranjera por otra distorsión, esta vez del numeral 11 del Artículo 187. (“Corresponde a la Asamblea Nacional… Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”). Una misión militar, típicamente de cooperación técnica con la Fuerza Armada Nacional, no es una invasión y, de todos modos, el Diccionario de la Lengua Española define autorizar así: “Dar o reconocer a alguien facultad o derecho para hacer algo”. Ese “alguien” es el Ejecutivo Nacional— que está presidido por Nicolás Maduro, no por Juan Guaidó—, es el Ejecutivo el que solicitaría la autorización de la Asamblea Nacional para una misión que hubiera acordado con algún gobierno foráneo; la cosa no es que por su cuenta la Asamblea Nacional pueda establecer misiones militares de cualquier país extranjero. Ella no puede autorizarse a sí misma.

Todo el “Período Guaidó”, de casi dos años, se ha caracterizado por el empleo descarado de la falacia. Por ejemplo, ese señor se autoproclamó Presidente de la República en un supuesto cabildo abierto, concepto referido a una reunión de algún Concejo Municipal con los pobladores del municipio en cuestión, lo que no ocurrió y que, de haberse dado, sólo habría podido considerar asuntos de ámbito municipal, jamás decidir por todo el país.

La cumbre de tal período se alcanzó en mayo de este año, con la abortada “invasión” a Venezuela por parte de mercenarios estadounidenses, contratados por J. J. Rendón como testaferro de Juan Guaidó. Puede leerse en este blog El “ridículo” intento fallido de golpe en Venezuela, explicado, un completo reportaje de Vox Media acerca de tal locura.

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Ahora, con sólo tres meses disponibles, la Asamblea Nacional, todavía presidida en infame torpeza por el representante local de Donald Trump, ha aprobado un “acuerdo de consulta popular” que pretende, de nuevo falazmente, recibir la aprobación del Pueblo a los siguientes dos planteamientos intencionalmente redactados de forma tendenciosa:

1 ¿Apoya usted todos los mecanismos de presión nacional e internacional para que en el marco de la Constitución se realicen elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables, se ponga fin al régimen usurpador de Nicolás Maduro Moros, se salvaguarde al pueblo de Venezuela de la crisis humanitaria, la migración forzosa y los crímenes de lesa humanidad y así se garanticen la paz, el bienestar y el progreso de los venezolanos?

2 ¿Rechaza usted el evento convocado por la dictadura de Nicolás Maduro Moros para el 6D, o para cualquier otra fecha, mientras no existan condiciones para elecciones libres, justas y verificables y solicita a la comunidad internacional el desconocimiento de sus resultados?

Para empezar, las elecciones de Asamblea Nacional no han sido convocadas por el presidente Maduro; ellas están pautadas por la propia Constitución en cuyo marco los diputados que aprobaron la más reciente trapacería dicen inscribirse: “con fundamento en los artículos 1, 3, 5, 6, 70 y 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”. De éstos, es el Artículo 70 el que menciona la noción de consulta popular:

Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros; y en lo social y económico, las instancias de atención ciudadana, la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad.

¿Qué es, en este contexto, una “consulta popular”? La Constitución incluye la expresión en únicamente dos artículos posteriores; el Art. 172 reza:

El Consejo Legislativo estadal, previo pronunciamiento favorable mediante consulta popular de la población afectada, definirá los límites del distrito metropolitano y lo organizará según lo establecido en la ley orgánica nacional, determinando cuáles de las competencias metropolitanas serán asumidas por los órganos de gobierno del respectivo distrito metropolitano. Cuando los Municipios que deseen constituirse en un distrito metropolitano pertenezcan a entidades federales distintas, corresponderá a la Asamblea Nacional su creación y organización.

Finalmente, el Art. 279 dispone:

El Consejo Moral Republicano convocará un Comité de Evaluación de Postulaciones del Poder Ciudadano, que estará integrado por representantes de diversos sectores de la sociedad; adelantará un proceso público de cuyo resultado se obtendrá una terna que será sometida a la consideración de la Asamblea Nacional que, mediante el voto favorable de las dos terceras partes de sus integrantes, escogerá en un lapso no mayor de treinta días continuos al o a la titular del órgano del Poder Ciudadano que esté en consideración. Si concluido este lapso no hay acuerdo en la Asamblea Nacional, el Poder Electoral someterá la terna a consulta popular.

De estos dos casos se desprende que la consulta popular puede producirse para que se exprese el acuerdo o el desacuerdo popular con alguna iniciativa, elaborada por alguna autoridad que debe decidirla en última instancia—un Consejo Legislativo estadal o la Asamblea Nacional en uno y otro artículo—, y el resultado de la consulta no sería en ningún caso vinculante; tan sólo expresaría apoyo o rechazo y es el órgano decisor el que debe finalmente decidir. Lo que ahora pretende la Asamblea sería, en cambio, asunto de un referendo popular, y aun así las preguntas están mal formuladas, al inquirir por más de un asunto diferente en cada caso. (Apartando el referéndum general descrito en el Artículo 246 de la Constitución de 1961, fue la reforma de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política la que introdujo la figura de referendos consultivos—ahora recogidos en la Constitución vigente—en su nuevo Título VI: De los referendos, que incluyó los artículos del 181 al 195. El numeral 1 del artículo 182 establecía este requisito: “Formulación de la pregunta en forma clara y precisa, en los términos exactos en que será objeto de la consulta, de tal manera que pueda contestarse con un “si” o “no”. ¿Cómo haría para votar, por ejemplo, algún elector que quisiera elecciones de Asamblea pero no de Presidente y que se garantice la paz pero no quiere presiones internacionales?). Las tendenciosas preguntas de la nueva trampa de Guaidó & Pompeo me hicieron recordar lo que enseñaba Maritza Izaguirre en su cátedra de Metodología de la Investigación en la UCAB: que en una encuesta las preguntas no debían inducir las respuestas, so pena de invalidez del instrumento.

La opción de una “consulta popular”, como el empleo del término “plebiscito” para el evento organizado por la Mesa de la Unidad Democrática el 16 de julio de 2017, escapa a la Constitución que a cada rato se dice “defender”. (En El tercer plebiscito—6 de julio de 2017—se destapaba: “La MUD ha escogido llamar a la consulta que organiza para el 16 de este mes un plebiscito** en lugar de un referendo, básicamente para escapar a lo dispuesto en el Numeral 5 del Artículo 293 de la Constitución: ‘El poder Electoral tiene por función: 5. La organización, administración, dirección y vigilancia de todos los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como de los referendos'”). Es inadmisible la apelación a algún artículo constitucional para proponer algo que viole o desconozca otros artículos.

El desempeño de la Asamblea Nacional de mayoría opositora ha sido realmente lamentable. Esto se puso en Cuatro años desperdiciados (30 de diciembre de 2019):

“Haga la última cola”—para votar y elegir una mayoría de oposición en la Asamblea Nacional—fue consigna vendida con la explícita promesa de que la Asamblea en manos opositoras acabaría con las colas de consumidores en tiempos de desabastecimiento. En el primer día de diciembre de 2015, cinco días antes de la elección del cuerpo legislativo, Juan Pablo Olalquiaga, Presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, profetizaba: “El reto de la Asamblea va a ser voltear la economía; de no hacerlo, la opinión pública la castigará rápidamente”. Así ocurrió, y a estas alturas ese castigo ha alcanzado cotas vergonzantes, como registrara Meganálisis en encuesta recentísima:

 

 

LEA

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La camisa de fuerza que el Tribunal Supremo de Justicia ha puesto a la Asamblea Nacional es a todas luces excesiva, aunque la sentencia original—que la MUD nunca objetara como permiten la Constitución y las leyes—fuera bien fundada. En un proyecto de acuerdo entre los poderes públicos—a lo que éstos están obligados por el Artículo 136 de la primera— se lee (Versión formal, 26 de mayo de 2017, Cláusula Duodécima):

El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas, por cuanto esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Su declaración de nulidad de actos de la Asamblea Nacional por tal motivo se sostendrá sólo para aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en cuestión. El Tribunal Supremo de Justicia admitirá como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. Adicionalmente, ordenará al Consejo Nacional Electoral la celebración perentoria de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente.

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** Es importante tener en cuenta que a ese “plebiscito” asistió sólo el 38,5% del registro electoral de 2017, según las cifras proporcionadas por la propia “Comisión de Garantes” de la MUD, que presidiera la rectora Cecilia García Arocha. En Manipula y vencerás (17 de julio de 2017) se puso acá:

El Presidente de la Asamblea Nacional declaró anoche, al conocerse la participación de la población en el “plebiscito” convocado para el 16 de julio: “Con los votos que hoy manifestó el pueblo venezolano matemáticamente Nicolás Maduro está revocado el día de hoy”. Bueno, para empezar, ninguna de las tres preguntas de la consulta de ayer estuvo referida a una teórica revocación del mandato de Maduro; Julio Borges corona así una serie de manipulaciones que iniciara Henrique Capriles Radonski en 2013, cuando predicara que las elecciones municipales del 8 de diciembre de ese año eran “un plebiscito contra Nicolás Maduro”. Dos años después (11 de octubre de 2015), el entonces candidato a diputado José Guerra afirmaba: “Estoy entre quienes opinan que este 6 de diciembre, además de la elección de una nueva Asamblea Nacional, se celebra un referendo consultivo sobre el modelo económico que queremos transitar”. (El socialismo va a referendo). Capriles perdió, como autoungido jefe de campaña de todos los candidatos a alcaldes por la MUD (en imitación de Hugo Chávez), ese plebiscito inexistente, y José Guerra nunca propuso seriamente, ya elegido diputado a la Asamblea Nacional, que este órgano convocara válidamente el referendo que proclamara falazmente. (Ver ¿Qué espera la Asamblea Nacional?, 8 de marzo de 2016).

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