Los adolescentes de la Casa Blanca

Piedra filosofal del “epidemiólogo” Trump

 

Traduzco de un reportaje de hoy en la cadena CNN:

El asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, dijo el lunes que estaba calificado para participar y estar en desacuerdo con el Dr. Anthony Fauci sobre el uso de un medicamento contra la malaria* como tratamiento contra el coronavirus, que aún no se ha demostrado que sea efectivo, y dijo: “Yo soy un científico social “.

“Los médicos no están de acuerdo acerca de cosas todo el tiempo. Mis calificaciones en términos de mirar la ciencia es que soy un científico social”, dijo a John Berman de CNN en New Day. “Tengo un doctorado y entiendo cómo leer estudios estadísticos, ya sea en medicina, derecho, economía o lo que sea”.

Las declaraciones de Navarro siguen a informes de que se enfrentó con funcionarios, en la Sala Situacional durante el fin de semana, sobre la eficacia no comprobada de la hidroxicloroquina en el tratamiento del coronavirus. Mientras el grupo de trabajo discutía lo último sobre el medicamento contra la malaria, un Navarro exasperado arremetió contra Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas de la nación, que ha pedido precaución con respecto al medicamento, dijo a CNN una persona familiarizada con la reunión.

El desacuerdo entre los médicos no es un fenómeno exclusivo de su profesión; pudiera decirse que es más frecuente que los científicos sociales “no est[é]n de acuerdo con las cosas todo el tiempo”. Por otro lado, forma parte del currículum habitual de una buena escuela médica la formación en ciencia estadística, la Medicina Social lo exige.* Por ejemplo, he aquí la descripción de un curso típico, en este caso el de Estadística en Medicina de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford:

Este curso tiene como objetivo proporcionar una base firme en los fundamentos de probabilidad y estadística. Los temas específicos incluyen:

-Describir datos (tipos de datos, visualización de datos, estadísticas descriptivas)

-Inferencia estadística (probabilidad, distribuciones de probabilidad, teoría de muestreo, prueba de hipótesis, intervalos de confianza, dificultades de los valores p)

-Pruebas estadísticas específicas (T-test, ANOVA, correlación lineal, pruebas no paramétricas, riesgos relativos, prueba de Chi-cuadrado, pruebas exactas, regresión lineal, regresión logística, análisis de supervivencia; cómo elegir la prueba estadística correcta).

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Anthony Fauci, dice Wikipedia, “es un médico e inmunólogo estadounidense que se desempeña como Director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas** (NIAID) desde 1984. Desde enero de 2020, ha sido uno de los miembros principales de la Fuerza de Tarea de Coronavirus de la Casa Blanca que aborda la pandemia de coronavirus 2019-20 en los Estados Unidos”. Una pandemia es causada por alguna “enfermedad infecciosa”, y la suposición del muy malcriado e irrespetuoso Navarro, que tiene a Fauci como ignorante de los métodos estadísticos, no tiene el menor fundamento.

Naturalmente, Navarro obtiene con su irresponsable malacrianza la aprobación de su malcriado e irresponsable jefe, Donald Trump. Es éste quien ha recomendado, enfática y repetidamente, una urgente automedicación con hidroxicloroquina. Hace dos días preguntaba: “¿Qué tiene Ud. que perder?” Bueno, para contestar esa pregunta, apelemos una vez más a Wikipedia:

La hidroxicloroquina se está estudiando como tratamiento experimental para la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19). Hasta el 23 de marzo, los beneficios versus los daños del tratamiento con hidroxicloroquina no están claros. (…) Los efectos adversos más comunes son náuseas leves y calambres estomacales ocasionales con diarrea leve. Los efectos adversos más graves afectan el ojo, con la retinopatía relacionada con la dosis como una preocupación, incluso después de suspender el uso de hidroxicloroquina. Para el tratamiento a corto plazo de la malaria aguda, los efectos adversos pueden incluir calambres abdominales, diarrea, problemas cardíacos, disminución del apetito, dolor de cabeza, náuseas y vómitos.

No parece que convenga a un infectado de coronavirus una diarrea, náuseas y vómitos o problemas cardiacos.

Los argumentos de Navarro, los de su jefe Trump, son típicos de pataletas de adolescente, tal vez de los previos púberes. Si sólo fuera eso, la cosa no sería más que lamentable; pero si se trata, como lo es en realidad, de una desautorización de Fauci, la máxima autoridad estadounidense en alergias y enfermedades infecciosas, las rabietas de Trump & Navarro son de gran peligrosidad. Allá los votantes de los EEUU si terminan reeligiendo a Donald. LEA

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* Cursé Bioestadística en la Universidad de Los Andes ya en el segundo año de la carrera de Medicina, entre 1961 y 1962, en preparación para la materia Medicina Social.

** La epidemiología surgió del estudio de las epidemias de enfermedades infecciosas; de ahí su nombre. Ya en el siglo XX los estudios epidemiológicos se extendieron también a las enfermedades no infecciosas. Para el análisis adecuado de la información epidemiológica se requiere cada vez con mayor frecuencia un equipo multidisciplinar que prevea la participación de profesionales de otros ámbitos científicos, entre los cuales la demografía y la estadística son especialmente importantes. (Wikipedia, otra vez, herramienta utilísima que Trump y Navarro parecen ignorar).

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Otro camino

 

Robert JohnsonEncrucijada

 

El camino de un gobierno de emergencia nacional o de un Consejo de Estado es un camino, pero puede haber otro, y nos corresponde buscarlo a los venezolanos. Lo que hay que hacer es proponer cosas para solucionar la crisis y que sean aceptadas por el otro lado.

 

Ramón Guillermo AveledoEntrevista en Unión Radio, 1º de abril de 2020

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La declaración registrada en el epígrafe fue aportada por Ramón Guillermo Aveledo, a raíz del entrometido y extraviado esquema propugnado por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica para el tratamiento de la crisis política en Venezuela. (Ver en este blog Primer trimestre ido, 1º de abril de 2020). En él se recoge una proposición de los opositores venezolanos del año pasado, al diálogo propiciado por el gobierno de Noruega, acerca de un tal “Consejo de Estado”—una Junta de Gobierno, pues—que sustituiría al Presidente de la República. Es precisamente esa insistencia estadounidense lo que suscita el comentario de Aveledo, y es mi sintonía con su prescripción de que los venezolanos debemos buscar otro camino lo que me inclina a entender sus palabras como una evidentísima invitación a proponer. Acá, pues, expondré lo que creo un camino racional y eficaz que no depende de la violación de nuestra Constitución (como sí la propugna el Departamento de Estado de los EEUU). Pienso, muy especialmente, en la condición final destacada por Aveledo: proposiciones “que sean aceptadas por el otro lado”, específicamente, aceptables para el presidente Maduro, y entonces cualquier iniciativa debiera ser respetuosa con él.* Más aún, el otro camino cuya trayectoria paso a esbozar acá tiene que ser iniciado y construido por Nicolás Maduro; no podría existir sin su anuencia.

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Esto dice el primer parágrafo del Artículo 234 de la Constitución: “Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más”.

Pudiera entonces darse una secuencia constructiva que, basada en esa disposición, es perfectamente constitucional:

1. el presidente Maduro nombra a un nuevo Vicepresidente Ejecutivo que no provenga de las filas oficialistas y tampoco de las de la oposición.**

2. el presidente Maduro se separa voluntaria y temporalmente de su cargo por noventa días, encargándose de la Presidencia de la República el Vicepresidente recién nombrado.

3. el presidente Maduro recibe autorización de la Asamblea Nacional para permanecer separado de su cargo por noventa días adicionales.

4. al cabo de este nuevo plazo, el presidente Maduro renuncia a su cargo, causando la falta absoluta contemplada en el Art. 233 que debe ser subsanada por una nueva elección presidencial, a la que podría presentar su candidatura según su voluntad.***

La secuencia descrita crea, por tanto, un período especial que debiera ser empleado para tomar urgentes decisiones de ajuste. (Ver, por ejemplo, las enumeradas en Recurso de Amparo, entrada en este blog del 14 de julio de 2015).**** El peculiar período pudiera ser tan breve como de ocho meses—la duración de la presidencia de Ramón José Velásquez en 1993-1994—, pues se compondría de dos lapsos de tres meses cada uno más un mínimo de dos meses adicionales para la organización y celebración de la elección descrita. Quien ejerza la Vicepresidencia Ejecutiva durante ese período renunciará a su derecho de postularse en tal elección. (En ese mismo tiempo, debiera completarse la designación de nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral y asegurarse la observación internacional de la elección, cosas necesarias a la confianza ciudadana en el Poder Electoral).

Honestamente creo que la ruta descrita es la menos traumática para todos los actores, internos y externos, que están involucrados activamente en el problema venezolano. Pero puede que yo no haya visto una que nos dañaría menos. Si ése fuera el caso, quisiera saber de un tratamiento eficaz distinto y menos traumático que el que he descrito.

Sugiero respetuosamente que la vicepresidenta Rodríguez haga más fáciles las cosas al presidente Maduro poniendo su cargo a la disposición presidencial. Estaría a su orden y la de su superior en caso de que quisieran conocer una argumentación más abundante y detallada.

luis enrique ALCALÁ

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* Fue en San Javier del Valle—en la casa de retiros que la Compañía de Jesús construyó (en conmemoración del accidente de aviación en el que dos decenas de alumnos del Colegio San José de Mérida perecieron en 1950)—, donde trabé conocimiento con el padre Manuel Aguirre Elorriaga. El fundador de la revista SIC, el Centro Gumilla y los sindicatos “autónomos” cristianos (CODESA), había ideado un cursillo de una semana para informar a jóvenes de las dimensiones del “problema social moderno” en el mundo y en Venezuela, e instruirlos en tres ideologías que pretendían darle respuesta: el liberalismo, el marxismo y la doctrina social católica. (…) Quien pasara por las manos de Manuel Aguirre escucharía el reclamo de que era un burgués blandengue que ignoraba la realidad del “problema social” de la pobreza, y de algún modo era impelido a sentir alguna envidia o inferioridad en relación con los jóvenes marxistas del Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, quienes sí tendrían, más que nosotros—blandengues burgueses—, la vocación social de remediar la injusticia de una distribución torcida de las riquezas. (Lección de Paz, 7 de mayo de 2009).

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** La conveniencia de un presidente provisional que no venga de filas oficialistas u oposicionistas fue argumentada en el programa Y así nos va de Radio Caracas Radio, grabado el 18 de noviembre de 2014 bajo la conducción de Nehomar Hernández. Éste es el registro pertinente:

 

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*** Hasta el desandado Marco para una transición democrática en Venezuela del Departamento de Estado de los EEUU reconoce ese derecho de Nicolás Maduro, al redactar de este modo: “Cualquier ciudadano venezolano elegible de conformidad con la Constitución de 1999 podrá competir en las elecciones”.

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**** El esquema del Departamento de Estado incluye dos “garantías”, siendo la primera la siguiente: “El Alto Mando Militar (Ministro de Defensa, Viceministro de Defensa, Comandante del CEOFANB y Jefes de Servicio) permanecerá en sus puestos durante el gobierno de transición”. Prácticamente la misma disposición fue adelantada hace cinco años en Recurso de Amparo, que garantizaba: “Salvo algunos pocos casos, un período de un año de estabilidad del Alto Mando Militar, incluido en él los comandos de las mayores unidades de la Fuerza Armada”.

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En el siguiente enlace puede descargarse la descripción antecedente del camino que propongo en una sola página: Otro camino 04042020

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Repreguntas a González

Stalin González en juego de los Nacionales de Washington contra los Cardenales de San Luis

Globovisión publicó ayer en su web una nota que titula así: Stalin González: La Vanguardia utiliza términos y citas que no representan mi opinión. Ella afirma:

El diputado a la Asamblea Nacional (AN), Stalin González, refutó este miércoles la información publicada en una entrevista realizada en el mes de febrero por medio español La Vanguardia. En un comunicado publicado a través de la red social Twitter, el diputado aseveró que en la entrevista “se [utiliza] términos y citas que no representan su opinión”.

La nota de La Vanguardia que González objeta lleva este título: NUEVA RUTA. A continuación, publica: “La oposición venezolana se distancia de Guaidó en paralelo al plan de EE.UU.” y en cursivas, como si fueran palabras de González: La crisis del coronavirus respalda a quienes quieren tender puentes”. Bajo una foto de Getty por Valery Sharifulin, pone la publicación: “Stalin González, antes estrecho colaborador de Guaidó, ahora es partidario de una salida concertada con el Gobierno de Nicolás Maduro”. La nota está firmada el 2 de abril en Caracas por Andy Robinson. He aquí su texto:

 

El nuevo plan de transición de EE.UU. –sin Nicolás Maduro y, como novedad, ahora también sin Juan Guaidó – se percibía ya en Venezuela. Incluso estrechos colaboradores de Guaidó se han alejado del joven líder de la oposición y del plan de cambio de régimen rupturista diseñado en Washington.

“Hablar de transición y también de ruptura es una contradicción”, ha dicho en una entrevista a La Vanguardia el diputado venezolano Stalin González, hasta no hace tanto brazo derecho de Guaidó. “Yo no veo una salida a esta crisis mediante la ruptura”. Y añade: “Guste o no nos guste, el chavismo es una fuerza política . Hay que buscar un espacio para hacer política”, afirma.

“Intentamos quebrar el poder de Maduro pero Juan (Guaidó) no ha podido ejercer el poder interno; (…) perdimos la batalla”, dice González -ex compañero de Guaidó en las luchas estudiantiles contra Hugo Chávez- en declaraciones realizadas antes de publicarse el nuevo plan estadounidense.

González y otros lideres opositores defienden ya una reconciliación pragmática entre la oposición y el Gobierno que facilite la participación en las elecciones al Congreso que deben celebrarse este año.

El golpe de gracia a Venezuela ha venido de la caída del precio del petróleo, hasta los veinte dólares

La pandemia del coronavirus podría acelerar esta reconciliación. La cuarentena nacional cuenta ya con el apoyo de un segmento amplio de la oposición. El excandidato presidencial Henrique Capriles, inhabilitado políticamente por Maduro, ha respaldado el plan antipandemia de Maduro y se muestra favorable a participar en las elecciones al Parlamento. Claudio Fermín, líder de un sector opositor ha pedido la unidad nacional ante la pandemia. Henry Ramos Gallup, el líder de Acción Democrática, defiende “prepararse para las elecciones”

Es poco probable que se [convoque] elecciones presidenciales—al igual que en EE.UU. o Brasil la constitución venezolana no permite anticipar los comicios-—y menos que dimita Maduro, como exige Washington a cambio de levantar el embargo. Cualquier solución tendría que incluir garantías sobre la participación del chavismo en un futuro reparto del poder, afirma González, que participa en la llamada Comisión de Postulación Nacional de la Asamblea Nacional para pactar un nuevo consejo electoral, condición previa para que la oposición participe.

“Tenemos que pactar la estructura de la transición antes de las elecciones, lo que hizo Mandela en Suráfrica, no se puede ofrecer s[ó]lo al gobierno un retiro en una playa caribeña como dicen los gringos”.

Las sanciones norteamericanas y la dolarización de la economía han agravado de forma catastrófica el desabastecimiento de medicinas esenciales. “Toda la medicina privada está dolarizada; los medicamentos se consiguen mejor que en otros tiempos pero a precios prohibitivos”, dice un escritor radicado en Caracas. El golpe de la gracia lo ha propiciado el desplome hasta los 20 dólares del barril del precio del petróleo, que genera el 98% de las divisas necesarias para importar alimentos y fármacos.

González, estrecho colaborador de Guaidó, pide una reconciliación pragmática entre oposición y Gobierno

En la clínica urológica de San Román de Caracas el coste de ingresar en el servicio de urgencias es de 35 millones de bolívares, equivalente a más de 70 veces el salario mínimo, unos 450.000 bolívares mensuales, incluido el bono de alimentación.

Por si esto fuera poco, faltan las piezas claves para los equipos médicos necesarios para el tratamiento de enfermedades graves, entre ellas el Covid-19. Hace años que no hay mascarillas y guantes en los hospitales. Según datos gubernamentales existen 1.200 camas de unidades de cuidados intensivos aunque Guaidó sostiene que sólo hay 84 .

Las sanciones estadounidenses -que prohíben vender a instituciones publicas como hospitales- han creado un caldo de cultivo para la corrupción. “El propio médico o algún director del hospital te dirá que tienen un aparato en su casa y que te lo puede vender o alquilar”, se lamentó el familiar de un paciente.

Las presiones sobre Washington de levantar el embargo van en crescendo. Michelle Bachelet, responsable de derechos humanos de la ONU, ha instado a Washington a reconsiderar las sanciones “para tratar y prevenir la epidemia”. Financial Times publicó el lunes un editorial en el que pidió el levantamiento de las sanciones.

Guaidó ha perdido apoyo en Venezuela precisamente por defender las sanciones: “Cuando un líder limita su oferta a respaldar a sanciones impopulares sin posibilidad de éxito está comprometiendo dramáticamente su futuro”, afirmó el encuestador Luis Vicente León. Sin embargo, González sostiene que “sin la presión de los gringos, el chavismo no gastaría ni cinco minutos de su tiempo con nosotros”.

Según datos oficiales, sólo se [ha] registrado un centenar de casos de coronavirus y tres muertos. Paradójicamente “nos ha ayudado el bloqueo porque redujo muchísimo el flujo de vuelos de fuera”, dice Luis Salas, editor de la revista económica 15yúltimo. Guaidó acusa al Gobierno de maquillar los datos.

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El diputado González no especifica las frases que o no serían suyas o califica de contrarias a su opinión, pero puede extraerse del texto de arriba las que le atribuyen y construirlas negativamente, para preguntarle si la lista que se pone a continuación sí representa lo que opina:

La crisis del coronavirus no respalda a quienes quieren tender puentes

Stalin González no es partidario de una salida concertada con el Gobierno de Nicolás Maduro

“Hablar de transición y también de ruptura no es una contradicción”

“Yo  veo una salida a esta crisis mediante la ruptura”

“…el chavismo no es una fuerza política”

No hay que buscar un espacio para hacer política”

“…Juan (Guaidó) ha podido ejercer el poder interno”

“…ganamos la batalla”

“González y otros lideres opositores no defienden ya una reconciliación pragmática entre la oposición y el Gobierno que facilite la participación en las elecciones al Congreso que deben celebrarse este año

“Cualquier solución tendría que excluir garantías sobre la participación del chavismo en un futuro reparto del poder,

González, estrecho colaborador de Guaidó, renuncia a una reconciliación pragmática entre oposición y Gobierno

No tenemos que pactar la estructura de la transición antes de las elecciones…”

se puede ofrecer sólo al gobierno un retiro en una playa caribeña como dicen los gringos”

No toda la medicina privada está dolarizada; los medicamentos se consiguen peor que en otros tiempos pero a precios asequibles

González no sostiene que “sin la presión de los gringos, el chavismo no gastaría ni cinco minutos de su tiempo con nosotros”.

Según datos oficiales, sólo se han registrado un centenar de casos de coronavirus y tres muertos. (…) Guaidó no acusa al Gobierno de maquillar los datos.

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Diputado González: ¿cuáles de las aseveraciones inmediatamente precedentes reflejan su verdadera opinión? Sólo si asume más de una de ellas podría Ud. hablar de tergiversaciones—en plural—de lo que dijo a La Vanguardia de España. (¿En febrero?)

LEA

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Primer trimestre ido

¿Adónde se fue el primer trimestre?

 

 

El parto de los montes es el título de una fábula de Esopo (siglo VI a. C.). La fábula, muy breve, relata cómo los montes dan terribles signos de estar a punto de dar a luz, infundiendo pánico a quienes los escuchan. Sin embargo, después de señales tan asombrosas, los montes paren un pequeño ratón. La fábula, y la expresión “el parto de los montes”, se refieren por lo tanto a aquellos acontecimientos que se anuncian como algo mucho más grande o importante de lo que realmente terminan siendo.

El parto de los montes Wikipedia en Español

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Con el día de ayer se ha ido una cuarta parte del año 2020, y ha sido justamente en el último día de su tercer mes cuando el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica ha parido un verdadero engendro, gestado como si su Departamento de Estado contara con la aprobación mayoritaria de un referendo del Pueblo venezolano válidamente convocado, dado que contiene absurdas y prepotentes recomendaciones—típicas de bully*—que contrarían flagrante, absurda e innecesariamente nuestro ordenamiento constitucional. Mike Pompeo no es el Poder Constituyente Originario venezolano.

La Oficina del Portavoz de ese Departamento de Estado ha publicado hoy en su web oficial una “hoja fáctica” (fact sheet), que lleva por título Marco para una transición democrática en Venezuela (Democratic Transition Framework for Venezuela), y que exhibe al gobierno federal estadounidense como perdonavidas—DRAE: Baladrón, persona que presume de lo que no es y se jacta de valiente—que concedería el levantamiento de sus abusivas sanciones intervencionistas. Por de pronto, Sr. Pompeo, una transición no puede ser llamada democrática a menos que la apruebe expresamente el demos, el Pueblo. ¿Ve? ¿Entiende?

Reproduzcamos íntegramente el mamotreto:

Marco de transición democrática para Venezuela

Hoja de hechos

Oficina del Portavoz del Departamento de Estado

31 de marzo de 2020

    1. El pleno retorno de todos los miembros de la Asamblea Nacional (AN); el Tribunal Supremo (TSJ) levantará la sanción de desacato y restablecerá todos los poderes a la AN, incluidas las inmunidades de los diputados; se disuelve la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Los Estados Unidos levantan las sanciones impuestas a los miembros de la ANC debido a su condición de miembros de la misma.
    2. Todos los presos políticos son liberados de inmediato.
    3. Todas las fuerzas militares extranjeras saldrán de inmediato a menos que estén autorizadas por tres cuartas partes de los votos de la AN.
    4. La AN elige nuevos miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) y TSJ que sean aceptables para todos los partidos o coaliciones de partidos que representan el 25% o más de los miembros de la misma. (Esto otorgaría al PSUV y a la coalición multipartidista de Guaidó un veto sobre individuos postulados para cualquiera de estos puestos). Tras la selección de un nuevo CNE y TSJ, los Estados Unidos levantan las sanciones impuestas a los ex miembros del CNE y TSJ debido a su condición de miembros en esos cuerpos.
    5. La AN aprueba una Ley del “Consejo de Estado”, que crea un Consejo de Estado que se convierte en el Poder Ejecutivo. Cada partido o coalición de partidos con un 25% o más de miembros de la AN seleccionará dos miembros del Consejo de Estado, uno de los cuales debe ser un gobernador de estado. Los cuatro miembros del Consejo de Estado seleccionarán luego a un quinto miembro para ser Secretario General, el que se desempeñará como Presidente interino hasta las elecciones y a quien no se le permitirá ser candidato para en las elecciones presidenciales. Los miembros del Consejo no podrán ser miembros de la AN o el TSJ. Las decisiones del Consejo de Estado se tomarán por mayoría de votos. Un miembro de las Fuerzas Armadas Nacionales de Venezuela (FANB) servirá como Asesor Militar del Consejo de Estado.
    6. Todos los poderes asignados al Presidente por la Constitución serán conferidos exclusivamente al Consejo de Estado. Los EE. UU. y la Unión Europea levantarán las sanciones impuestas a aquellos que reivindicaron autoridad presidencial que se deban a su desempeño en sus cargos anteriores, una vez que el Consejo de Estado esté funcionando y esas personas renuncien a cualquier reclamo adicional sobre cargos ejecutivos y reconozcan al Consejo de Estado como el único Poder Ejecutivo.
    7. Una vez que se establezca el Consejo de Estado y las fuerzas militares extranjeras se hayan marchado (a menos que su presencia sea aprobadas por las tres cuartas partes de los votos de la AN), se suspenderán las sanciones de los Estados Unidos contra el Gobierno de Venezuela, PDVSA y el sector petrolero.
    8. El Consejo de Estado nombrará un nuevo gabinete de ministros. Los Estados Unidos levantarán las sanciones a los ex miembros del gabinete que se deban a su desempeño en sus cargos anteriores. Estados Unidos también levanta las sanciones a los miembros de la FANB que se basan en su posición en la institución.
    9. La comunidad internacional brindará apoyo humanitario, electoral, de gobernanza, desarrollo, seguridad y económico, con un enfoque inicial especial en el sistema de atención médica y el suministro de agua y electricidad. Los programas de bienestar social existentes, que serán complementados con el apoyo internacional, deben ser igualmente accesibles para todos los ciudadanos venezolanos. Se dará inicio a negociaciones con el Banco Mundial, el FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo para los principales programas de apoyo.
    10. Se establece una Comisión de la Verdad y la Reconciliación encargada de investigar los actos graves de violencia ocurridos desde 1999, e informar a la nación sobre las responsabilidades de los perpetradores y la rehabilitación de las víctimas y sus familias. La Comisión tendrá cinco miembros que serán seleccionados por el Secretario General de las Naciones Unidas con el consentimiento del Consejo de Estado. La AN adoptará una ley de amnistía consistente con las obligaciones internacionales de Venezuela, que abarque crímenes de motivación política desde 1999, con la excepción de crímenes contra la humanidad. Argentina, Canadá, Colombia, Chile, Paraguay y Perú retirarán su apoyo a la remisión de estos asuntos de la Corte Penal Internacional.
    11. El Consejo de Estado establecerá una fecha para elecciones simultáneas presidenciales y de la AN en 6 a 12 meses. Cualquier ciudadano venezolano elegible de conformidad con la Constitución de 1999 podrá competir en las elecciones.
    12. Se celebrará elecciones presidenciales y de la AN. Con el consenso de los observadores internacionales de que las elecciones hayan sido libres y justas, se levantará las restantes sanciones estadounidenses.
    13. Una comisión bipartidista dentro de la AN se establecerá para crear soluciones de largo plazo para rehabilitar la economía y refinanciar la deuda.

Garantías

El Alto Mando Militar (Ministro de Defensa, Viceministro de Defensa, Comandante del CEOFANB y Jefes de Servicio) permanecerá en sus puestos durante el gobierno de transición.

Las autoridades estatales o locales permanecerán vigentes durante el período de transición.

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El primer punto puede ser acordado por el gobierno y su oposición, salvo la disolución de la Asamblea Nacional Constituyente. Esto sólo puede decidirlo ella misma o el Pueblo venezolano en referendo convocado al efecto. (Ver en este blog, del 24 de febrero de 2018, Disolución y anulación, con láminas de Datanálisis respecto de la acogida en la opinión venezolana de esa salida perfectamente constitucional). También el segundo, relativo a la liberación de prisioneros llamados “políticos”. Pero es prédica reiterada de este blog que los interlocutores correctos de un acuerdo de tal naturaleza son los poderes públicos de la República, como pauta el Art. 136 de la Constitución: “Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado”. Así, por ejemplo, en Del armisiticio como programa (11 de mayo de 2017), se estipulaba: El Presidente de la República ordenará la liberación inmediata de quienes se encuentren privados de libertad sin que esta condición se origine en sentencias judiciales o como parte de procesos judiciales”.

El punto 3 del bodrio de Pompeo es comprensible, pues está pensado para su aplicación específica a los asesores militares de Cuba en nuestro territorio. Pero lo que Mike promueve vulnera una facultad expresa del Poder Legislativo Nacional; dice el numeral 11 del Art. 187 constitucional que corresponde a la Asamblea Nacional “Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”, y tal disposición no requiere la votación supercalificada de tres cuartas partes de los diputados.

Sobre el punto que sigue al anterior: los rectores del Consejo Nacional Electoral y los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia deben ser nombrados según lo contemplado constitucionalmente, a menos que un referendo popular paute algo distinto. (Por ejemplo, como se propuso acá el 10 de junio del año pasado en Tiempo de Guerra como pregunta referendaria: si el Pueblo quiere que se nombre de inmediato cinco nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (‘cinco personas no vinculadas a organizaciones con fines políticos’, Art. 296) según el siguiente procedimiento—distinto del previsto en ese artículo, que sólo el Poder Constituyente Originario puede sobrepujar—: dos de los nuevos rectores a ser nombrados por la Asamblea Nacional, dos por el Poder Ejecutivo Nacional y uno de mutuo acuerdo de estos dos poderes”).

Se dice en parla taurina que “no hay quinto malo”, pero el quinto punto de Pompeo o su portavoz es pésimo. Nada más inconstitucional que el establecimiento de un tal “Consejo de Estado” que asuma las funciones de la Presidencia de la República. Tal esperpento ha sido promovido, es verdad, por más de un político o comentarista venezolano—entre ellos alguien que un día escribió que había que rescatar la Constitución y al siguiente que debía establecerse ¡una “Junta de Gobierno civil con participación militar para de inmediato tomar las medidas de ayuda humanitaria, frenar la hiperinflación y establecer las condiciones y garantías jurídicas para la reactivación económica y la inversión”!. De nuevo, nada que contravenga lo establecido constitucionalmente, en este caso particular acerca del establecimiento y el ejercicio del principal de nuestros poderes públicos, puede acordarse si no viene de un específico mandato popular referendario. La Asamblea Nacional no puede aprobar una “Ley del Consejo de Estado” porque, llana y sencillamente, una ley no puede sobreponerse a la más insignificante de las disposiciones constitucionales. (No estoy seguro de que en los Estados Unidos sea posible que su Congreso pueda despojar al muy peligroso Donald Trump de sus facultades y depositarlas en un novísimo Consejo de Estado gringo).

De los restantes puntos merecerían ser destacados el noveno y el undécimo. El punto nueve pretende hablar en nombre de “la comunidad internacional”, aunque pudiera ser que ella se entienda en la “hoja fáctica” como los “más de cincuenta países” que reconocen a Juan Guaidó como Presidente “interino” de Venezuela. (Aunque parece, por la redacción del infeliz documento, que el Departamento de Estado norteño se siente en capacidad para hablar por la Unión Europea y las mismísimas Naciones Unidas, y asimismo por Argentina, Canadá, Colombia, Chile, Paraguay y Perú. ¿Por qué será?) El punto once es la admisión de que no se podría negar a Nicolás Maduro, de él quererlo, su participación como candidato en una próxima elección presidencial—que sólo podría ordenar el Pueblo, Sr. Pompeo; haga que le traduzcan Prontas elecciones, del 22 de octubre de 2016—puesto que concede: “Cualquier ciudadano venezolano elegible de conformidad con la Constitución de 1999 podrá competir en las elecciones”.

Y, para que no quede en el tintero, puede apuntarse que la “Comisión de la Verdad y la Reconciliación” promovida en el punto décimo extiende su examen de violaciones de derechos humanos hasta el año 1999, el inicio del gobierno de Hugo Chávez; no hasta, por ejemplo, 1989, que fuera el año del “Caracazo”**, esa erupción que Henrique Salas Römer recomendaba exaltar, como antídoto a la exaltación del 4 de febrero de 1992, “hasta la misma liga de la caída del Muro de Berlín y los acontecimientos de la plaza de Tiananmén, pues lo consideraba más democrático que la efemérides chavista del 4 de febrero”. (Candideces candidaturales, 29 de septiembre de 2005).

Por último, también es digna de notar la primera de las “garantías”: “El Alto Mando Militar (Ministro de Defensa, Viceministro de Defensa, Comandante del CEOFANB y Jefes de Servicio) permanecerán en sus puestos durante el gobierno de transición”. Es el más claro reconocimiento estadounidense del sólido apoyo militar a Nicolás Maduro, puesto que ofrece a Vladimir Padrino López et al. su permanencia en los cargos que ahora detentan. (Sigue pensando Washington que puede cautivarlo, como pretendió involucrarlo junto con Maikel Moreno en el fallido golpe de Estado del 30 de abril de 2019 al que invitara Juan Guaidó).

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Tan pomposo (de Pompeo) adefesio desaparecerá, puesto que será rechazado por cualquier persona sensata, independientemente de su ubicación política, aquí y en el resto del mundo. Es inadmisible tal intromisión estadounidense—una más—, fundada en la crasa ignorancia de nuestra constitucionalidad y su irrespeto. Dicho esto, admitiré como infortunada realidad que el parto teratológico*** acá comentado parecerá ingenioso y digno de aplauso a aquellos que pondrán en él toda su muy extraviada esperanza, aunque implique el sacrificio de Guiado Guaidó. El gobierno gringo cree que “se la comió”, pero el insólito documento es, entre otras cosas, la admisión de que su títere debe ser regresado al baúl del ventrílocuo. LEA

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* Matón; una persona que usa la fuerza o el poder para dañar o intimidar a los más débiles. (Es, por cierto, la conducta de bully, de matón, algo que ha sido frecuentemente señalado en Donald Trump, el jefe de Mike Pompeo, cuyo nombre invita a un vulgar juego de palabras castellanas en el que no incurriré).

** El saldo de muertes empezó el 27 de febrero cuando fuerzas de seguridad de la Policía Metropolitana, Fuerzas Armadas del Ejército y de la Guardia Nacional salieron a las calles a controlar la situación. Aunque las cifras oficiales reportan 276 muertos y numerosos heridos, algunos reportes extraoficiales hablan de más de 3000 desaparecidos. (Caracazo, Wikipedia en Español).

*** teratología Del fr. tératologie, y este del gr. τέρας, -ατος téras, -atos ‘monstruo’ y -logie ‘-logía’; cf. gr. τερατολογία teratología ‘relación de prodigios’. 1. f. Estudio de las anomalías y monstruosidades del organismo animal o vegetal. (Diccionario de la Lengua Española).

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Más bien de la indignidad

Puesto en libertad por la democracia (imagen del MINCI)

 

Hace 26 años, salió de la cárcel de la dignidad, el hombre que le devolvió la esperanza y la alegría a millones de venezolanos. Aquel día, junto al Cmdte. Chávez, salimos hacia la conquista del poder para el pueblo, que hoy con su liderazgo, conduce los destinos de la Patria. 

Nicolás Maduro en Twitter – 26 de marzo de 2020

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Ante la infortunada pero esperable declaración del presidente Maduro, se reproduce a continuación pasajes de Retórica cuatrofeísta, entrada en este blog del 5 de febrero de 2015, sobre todo por la falsedad de que el Pueblo (que él escribe con inicial minúscula) “conduce los destinos de la Patria” (con inicial mayúscula en su tuit).

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En más de una ocasión se ha defendido en este espacio la validez del derecho de rebelión, pero también que el único e insustituible titular de ese derecho es una mayoría de la comunidad. Por ejemplo, se recordó el concepto en El Gran Referendo (6 de abril de 2014):

El titular del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad, como lo formulara con la mayor claridad la Declaración de Derechos de Virginia (12 de junio de 1776):  “…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indudable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”. (Sección Tercera). El 3 de marzo de 2002,  un mes y ocho días antes del Carmonazo, escribí para la Revista Zeta:

…el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia.

La asonada militar del 4 de febrero de 1992 fue un acto criminal inexcusable que no puede ser justificado en ningún caso. La retórica de los socialistas de cuño reciente en Venezuela, naturalmente, es resbalosamente falaz y se contradice a sí misma. A su salida del Penal de Yare, Hugo Chávez concedió una entrevista a la revista Newsweek en la que afirmó que la Constitución de 1961 “prácticamente” lo obligaba a rebelarse. Aludía irresponsablemente a este fragmento de su Artículo 250: “…todo ciudadano, investido o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”. Convenientemente, escamoteaba nada menos que la declaración de apertura de ese preciso artículo: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza…” Y la mismísima constitución prescribía en sus artículos 119 y 120: “Toda autoridad usurpada es ineficaz, y sus actos son nulos” y “Es nula toda decisión acordada por requisición directa o indirecta de la fuerza, o por reunión de individuos en actitud subversiva”. Siendo que el derecho de rebelión sólo puede ser esgrimido por la mayoría del Pueblo para “abolir un gobierno que no le convenga”, el frustrado golpe del 4F fue un intento infructuoso de usurpación de su titularidad.

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Cuando, en medio de su campaña electoral primera (1998), Hugo Chávez disertaba ante los circunstantes de un desayuno en las oficinas de la agencia publicitaria J. Walter Thompson, tomé la palabra para hacerle ver su abuso y proponerle que más nunca glorificara su crimen de ese día. Chávez evadió referirse siquiera a mi planteamiento, aunque concluido el acto se acercó para invitarme a conversar. Tampoco acogió mi condición para el diálogo: sólo si renegaba de su abusiva intentona me avendría a la conversación.

Durante toda su vida política, Chávez sostuvo que su criminal aventura había sido un acto heroico, por supuesto “histórico” y “protagónico”. Él no era un “golpista”, era un “rebelde”. La tramposa distinción le permitía condenar en otros lo que él mismo había hecho. Por algún encargo divino, él y sus compañeros de conjura estaban por encima de la moral republicana. Rodríguez Torres argumenta: “la revolución lleva 15 años, de los cuales seis años ha sido sobreviviendo a las conspiraciones”.  Pero los golpistas de 1992 conspiraron durante nueve; se nombraron “Movimiento Bolivariano Revolucionario 200” porque iniciaron su complot en 1983, cuando se cumplían 200 años del nacimiento de Simón Bolívar. Más tarde Chávez mentiría una vez más, al asegurar que su confabulación se justificaba por la acción represiva del gobierno de Carlos Andrés Pérez ante el Caracazo, el que ocurrió ¡seis años después de la fundación de su cábala! (Tengo un amigo que me hizo notar que Chávez no fue un simple mentiroso; nunca me ha autorizado a identificarlo para acreditar públicamente su autoría, pero su tesis es que el difunto teniente coronel fue más bien un mojonero, alguien que construye elaboradas patrañas).

Y también dijo Rodríguez Torres que el chavismo había representado “el gran cambio (…) de una democracia representativa a una democracia participativa”. En 1998, el chavismo ofreció convocar por iniciativa popular, mediante la recolección de las firmas necesarias, un referendo sobre la elección de una constituyente. Avanzado el año, las encuestas comenzaron a mostrar que Chávez ganaría la elección, y súbitamente la democracia participativa dejó de ser necesaria; le bastaría al líder firmar un decreto en Consejo de Ministros para el mismo fin. Y en los proyectos de reforma constitucional que rechazara la mayoría en 2007, se contemplaba elevar el requisito de 10% de electores para convocar un referendo consultivo—figura creada por el Congreso de la República en diciembre de 1997—para exigir 20%, dificultando así la cacareada democracia participativa. Y cuando de nuevo quiso contar con la posibilidad de reelegirse indefinidamente mediante enmienda que sería planteada a consulta en febrero de 2009—posibilidad exclusiva para la Presidencia de la República en los mismos proyectos de 2007 porque los gobernadores y alcaldes que la deseaban ¡sólo pretendían “perpetuarse en el poder”! (extendida en la enmienda por conveniencia política a los mismos gobernadores y alcaldes)—, desechó de nuevo la participación popular—“La vía de la Asamblea Nacional tiene una ventaja: que es más rápida”, dijo el 3 de diciembre de 2008—, después de asentar que él era quien daba permiso al Pueblo y no al revés, como registró la Carta Semanal #314 de doctorpolítico (4 de diciembre de 2008):

Primero, él mismo prometió—¿cuánto vale su palabra de hombre?—que no promovería la enmienda. A los pocos días de que dijera esto, dejando magnánimamente que el PSUV y el pueblo rumiaran si convenía promoverla, el Vicepresidente de ese partido, el oportunista Alberto Müller Rojas, declaró que el asunto de la enmienda no estaba planteado en el seno de la organización. Al señalársele que algún poetastro gobernador oriental ya se hallaba en campaña por la enmienda, Müller Rojas expuso que era él quien mandaba en el PSUV. Media hora después de ese atrevimiento, el jefe máximo del partido lo contradecía y se contradecía a sí mismo, al ordenar la operación “Uh, Ah, Chávez no se va”. En sus palabras mostraba desfachatadamente su aberrante concepción de la democracia: “Les doy mi autorización al Partido Socialista Unido de Venezuela y al pueblo venezolano [en ese orden] para que inicien el debate para la enmienda constitucional, para que tomen las acciones que haya que tomar para lograrlo. Sí lo vamos a lograr, vamos a demostrar quién manda en Venezuela”. Ahora, pues, no es el pueblo quien autoriza al mandatario; ahora somos nosotros quienes debemos solicitar su majestuosa autorización, su real permiso.

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Y nos aseguró Juan Eduardo Romero que “a pesar del acto violento del intento de golpe, su accionar despertó simpatías”. Ninguna encuesta de 1992 registró apoyo significativo a la asonada chavista—las mediciones previas al 4F mostraron un rechazo mayoritario al gobierno de Pérez y un repudio a posibles salidas de fuerza—, una plancha del MBR quedó de última en elecciones estudiantiles de la Universidad Central de Venezuela luego del sobreseimiento de la causa contra los sublevados y, a un año de las elecciones de 1998, Chávez obtenía cifras de intención de voto a su favor que oscilaban entre sólo 6% y 8% de los encuestados. (La candidata favorita, Irene Sáez, que inicialmente fue vista como una posibilidad que no procedía del rechazado bipartidismo, se dejó postular por COPEI, y Henrique Salas Römer por la “carne de la guanábana”—Acción Democrática—, lo que movió a la mayoría tras la opción del golpista). El Sr. Romero no dice la verdad.

Por lo menos no la dice siempre; en otro punto de su artículo en defensa del crimen del 4F, reconoce a un “mal llamado ‘chavismo’, que ha desarrollado una ‘derecha endógena’, tan corrupta, tan clientelar, tan burocrática y tan anti-revolucionaria y dogmática”. Si fuera admisible, que no lo es, la práctica de derrocar gobiernos mediante la fuerza sobre la base de la coartada de los “mal llamados” socialistas, el gobierno de Chávez y el de Maduro han debido ser depuestos mediante un golpe de Estado, puesto que todos los vicios atribuibles al segundo gobierno de Pérez han estado presentes en los chavistas, sólo que en bastante mayor grado.

A Bernard-Henri Lévy, el líder de la Nouvelle Philosophie de los años setenta, le preguntó La Nación de Argentina al salir su libro de 2008 (Left in Dark Times): “¿Usted no cree que Chávez sea de izquierda?” Lévy contestó así: “Naturalmente que no. ¿Cómo puede ser de izquierda un hombre que ejerce un poder personal, que sueña con que ese poder sea vitalicio, que amordaza a los medios de comunicación de su país, que está sentado sobre una montaña de oro que su población no aprovecha y que es el aliado de Ahmadinejad en la guerra planetaria que libran los demócratas y los antidemócratas? Hay actualmente una izquierda que piensa que Chávez es de la familia, el niño turbulento de la familia. Yo no. Yo soy de izquierda y creo que Chávez es mi adversario”.

Ni siquiera la figura política paterna de Hugo Chávez, Fidel Castro, derramó sus bendiciones sobre la intentona del 4 de febrero de 1992; todo lo contrario, se apresuró a mandar a Carlos Andrés Pérez una clarísima misiva para apoyarlo. En ella dijo: “Confío en que las dificultades sean superadas totalmente y se preserve el orden constitucional, así como tu liderazgo al frente de los destinos de la hermana República de Venezuela”. Chávez tampoco “despertó simpatías” en Cuba, al menos en ese momento; éstas vendrían después, con la ayuda petrolera y lo obsecuente del chavismo con su propia dictadura.¶

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Coronavirus, Maduro y Guiado

 

Una corona que no es de Miss Universo o Miss Mundo ha llegado al país

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Se reproduce a continuación el trabajo de José Luis Carrillo que fuera publicado el Día de San José en la web de Tal Cual.

 

Coronavirus: Guaidó está relegado y Maduro fortalecido, pero se juega su futuro

 

José Luis Carrillo Publicado marzo 19, 2020

Los académicos Óscar Vallés, Luis Enrique Alcalá y Daniel Varnagy coinciden en que es lógico que Nicolás Maduro haya cobrado protagonismo mientras Juan Guaidó queda relegado, pero advierten: el mandatario se juega su futuro por la deplorable situación del país previa a la llegada del covid-19

 

El 13 de marzo de 2020 cambió el panorama político del país. El presidente de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó, había anunciado esa semana que se reactivarían las movilizaciones en protesta contra Nicolás Maduro, mientras el debate se centraba en la conformación de una nueva directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE) y la posibilidad de que, si se lograba un acuerdo para la designación de la misma, la oposición pudiera participar en las elecciones parlamentarias que constitucionalmente deben realizarse este año.

Pero en la mañana de ese viernes 13, la confirmación oficial de los primeros casos de personas contagiadas del coronavirus en Venezuela alteró el tablero político. Nicolás Maduro pasó al primer plano dictando las medidas a tomar por su gobierno ante la situación, valiéndose como brazo ejecutor de la Fuerza Armada Nacional y anunciando la orden de colocar en cuarentena a la población, mientras la atención se desvió de la oposición en general y Juan Guaidó queda relegado.

A estas alturas, la figura de Maduro aparece fortalecida y la de Guaidó anulada ante la contundente realidad de la pandemia originada en la provincia de Wuhan, China. Sin embargo, al haber quedado el mandatario jugando solo en el escenario político, le hace ahora bailar en el filo de la navaja, pues toda la responsabilidad del impacto de los efectos del covid-19 quedó sobre él, en un momento en que el país continúa transitando una severa crisis económica, donde los servicios públicos tienen severas deficiencias y la producción de bienes y servicios, especialmente alimentos y medicinas es prácticamente nula, al punto que, expertos consultados por TalCual llegan a considerar que el mandatario se juega su futuro político de manera definitiva.

 

Fuerza

El politólogo y jefe del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana, Óscar Vallés, destacó que es normal que Nicolás Maduro, al ejercer de facto el poder en Venezuela, sea quien destaque en esta etapa inicial de la crisis.

“Por supuesto que, ante una crisis de esta naturaleza, va a destacar quien tenga mayor fuerza en la sociedad y la fuerza real en la sociedad es la capacidad de movilizar recursos. No tiene nada de extraño entonces que el señor Maduro, en esta coyuntura, destaque, porque tiene mayor capacidad de mover recursos, lo que se expresa no solamente en el ámbito de la FAN sino de todo el aparato de la administración pública, la burocracia en el área de salud. Sigue teniendo bajo su poder unos recursos que ni cercanamente tiene Juan Guaidó”, expresó Óscar Vallés.

En su opinión, lo peor que puede hacer el presidente de la AN es competir con Maduro en materia de recursos, que sienta que está siendo apabullado y venga entonces a querer tomar acciones de gobierno ante la crisis causada por la pandemia.

Acotó, no obstante, que Maduro se juega su futuro porque está en la vitrina, en un nivel de máxima exposición ante una población que va a estar igualmente en el máximo nivel de expectativa acerca del manejo de la situación.

 

Control social

El sociólogo e investigador Luis Enrique Alcalá, quien mantiene el blog Doctor Político, estima que la crisis derivada de la llegada del coronavirus favorece el logro del control social total al que ha aspirado el chavismo en estos 21 años de gobierno y esto ante una situación donde la población lo que tiende es a tratar de protegerse, lo que lo orienta a buscar la atención que actualmente solo el gobierno de Nicolás Maduro, en teoría, puede ofrecer.

“Actualmente se le está haciendo caso es a Maduro, por las medidas. Añádele a eso que en la dimensión internacional (el tema) Maduro y Venezuela ha dejado de ser prioritario. Países que están pendientes del deporte internacional que es Venezuela, en el que se inscriben, despotrican contra Maduro y ganan puntos en el escenario, ha pasado a un tercer plano”, indicó Alcalá, argumentando así el papel preponderante que está teniendo el gobierno chavista.

Desde su perspectiva, la situación también ha contribuido a desmitificar la “novela” de Juan Guaidó, de quien dice ha bajado en aceptación y presencia. Un libreto que, aseveró, consiste en una serie de mentiras sucesivas que no enfrentan de manera efectiva el régimen de Nicolás Maduro.

Considera que, en algún momento de esta crisis, “caerá la locha” y surgirán las consecuencias de la terrible situación del país. “El estado de la salud en Venezuela es terrible. Estamos en una situación de alta peligrosidad, no solo por el virus mismo sino por la capacidad de atención a la emergencia”, señaló quien se describe como “político clínico”, por su vocación de promover soluciones reales a problemas de carácter público.

 

Fases iniciales

El doctor en Ciencia Política y profesor titular de la Universidad Simón Bolívar Daniel Varnagy explicó que las situaciones de conmoción, como la que se da a partir de la llegada del coronavirus, suelen tener tres fases: ascenso, estabilización y descenso y que, en la inicial, que es la que se vive actualmente, es comprensible que quien tiene el poder fáctico y está respaldado por el estamento militar es quien va a tener control de la situación, algo que continuará en buena parte del período de estabilización.

“Tenemos que recordar que la figura de Juan Guaidó tiene un poder diplomático por un lado y uno simbólico por el otro, pero no tiene poder real. Probablemente en esas dos primeras fases su capacidad de actuar y protagonizar es muy baja; pero luego viene una tercera fase, porque no es una situación que se va a eternizar en el tiempo, que va a dejar mucho más desnudo ante los venezolanos y el mundo la fragilidad en la que estamos sumidos los venezolanos hace 20 años producto de malas políticas y un modelo inadecuado para estos tiempos”, sostuvo el analista Daniel Varnagy al coincidir en que Maduro se juega su futuro.

 

Coacción

Precisó que, efectivamente, la situación favorece a incrementar los niveles de control social de la población por parte del gobierno de Nicolás Maduro.

“Probablemente vayamos a enfrentar un aumento de control por parte del estamento militar y por órdenes de Nicolás Maduro justamente para garantizar la inamovilidad social el distanciamiento social, y la vía para buscar la expansión de la pandemia es la coacción militar cuando en otros países no se ha requerido el uso de la fuerza militar para lograr la cuarentena”.

 

Pronóstico reservado

“Quien está a prueba es Maduro, está en la palestra y está siendo evaluado—afirmó Óscar Vallés—la gestión pública de Maduro en esta crisis viene a ser un factor decisivo porque se juega su futuro político”.

El docente coincide con los otros expertos en apuntar a las enormes carencias que tiene Venezuela en materia hospitalaria y también de los servicios públicos. “La principal recomendación es lavarse las manos constantemente y hay medio millón de habitantes que no cuentan con el servicio de agua. Es lo que está tratando de manejar Maduro y el equipo que le acompaña, tiene pocos recursos y dificultad para lograr que esta crisis llegue a peor”.

Indicó que lo mejor que le ha pasado al gobierno es la recomendación de colocar a la población en cuarentena, pero que de ahí en adelante empezarán las dificultades. “Imaginemos lo que puede pasar en las próximas dos semanas cuando un 70% de la población, que está en la economía informal, no tenga posibilidad de hacer ningún tipo de gestión porque debe estar en la casa; no pueden vender en la calle, hacer plomería, trabajos eléctricos, cuidar niños, así que vamos a ver cuál va a ser la reacción, es de pronóstico reservado. En buena medida la gestión de Maduro y todo su equipo se juega su futuro”, apuntó.

Sostuvo que lo recomendable para Juan Guaidó es ocuparse de su gestión como jefe del Poder Legislativo, “que es un Poder que tiene mucho que hacer y decir” y que evite competir con Maduro. “Debe asumir su papel de Poder Legislativo* y ejercer la contraloría del Estado”, acotó.

 

Planes de contingencia en alimentación

Daniel Varnagy resaltó que la fragilidad del Estado venezolano no se da solo en el sector salud, sino también en otras áreas de la vida, por las precariedades desde el punto de vista económico. “La capacidad de respuesta desde el punto de vista de producción está bastante mermada, la crisis de los servicios públicos es nacional, la capacidad de incrementar nuestra producción de petróleo es nula. El sector privado por políticas proteccionistas, estatistas, y el sector bancario van a quedar muy debilitados luego que pase la conmoción”, advirtió.

Por todo ello, estima que en ese momento será cuando la población va a reaccionar con bastante rabia, todo debido a la poca capacidad de respuesta que va a tener el sistema que encabeza Nicolás Maduro después de pasada la crisis.

Expresó su preocupación por los brotes de histeria colectiva. “En esta situación temo a las ménades, de las cuales en Venezuela ya hemos vivido en anteriores oportunidades, donde se presentan saqueos por el miedo al hambre”, detalló.

“Entonces, si intentas controlar todos los movimientos, no va a haber forma de garantizar la satisfacción de las necesidades nutricionales de la población, que de por sí ya no están satisfechas. Puede haber temor de que cierren los grandes mercados populares o éstos queden desabastecidos”, detalló.

En atención a ello, abogó para que, desde el Estado, se diseñe un plan de contingencia capaz de garantizar los alimentos a los venezolanos.

 

Que el pueblo se pronuncie

Luis Enrique Alcalá también estima que Maduro se juega su futuro e insistió en que, una vez se supere la crisis por el coronavirus y la realidad de un país improductivo y sin recursos se haga más patente, se debe apelar a la población, el auténtico depositario del poder constituyente originario según la Constitución, y el que puede tomar decisiones distintas a lo establecido en la Carta Magna pronunciándose en referéndum.

“Debemos buscar una solución para que Nicolás Maduro salga de la presidencia de la República, pero eso no lo puedes decidir en una mesa de diálogo. El único poder que puede autorizar algo que sea contrario a lo que prevea la Constitución es el poder constituyente originario a través de referendo”, recordó.

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* Al agradecer a José Luis Carrillo la fidelidad de su texto, observé: “Me parecieron muy claras y atinadas las proposiciones de ambos participantes. La recomendación de Varnagy de que la AN se atenga a su función propia es sensata, pero pasa por resolver su problema de desacato, lo que no ha querido hacer”. Sobre este punto, le puse a la orden Entre abogados (en bloque), entrada de este blog del 11 de febrero de 2019.

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