Sentido del misterio

 

Hoy fui sorprendido al leer un lúcido trabajo de mi entrañable amigo de juventud, Rafael Tomás Caldera, en el sitio web de La Gran Aldea, cuyo nombre alude a la noción de Marshall Mac Luhan: la Aldea Global (The Global Village). Vino a mi memoria la valoración que hiciera de un texto de Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales (Presidente, vuelva al Cabildo): “El documento abajo transcrito deslumbra por su claridad, asombra por lo completo y concentrado, sobrecoge por su valor”. Una vez más, estuve hoy en presencia de palabras luminosas, útiles, que reproduzco agradecido en esta entrada (con minúsculos ajustes tipográficos).

_______________________

 

Misterio

 

¿Por qué entonces tanto fanatismo, con la consiguiente polarización? Para entenderlo, habría que sopesar cómo en la sociedad actual hemos perdido el sentido del misterio; ese que da lugar a la sabiduría del corazón que reconoce el valor de la realidad, de la vida propia, de la vida de los otros. El gobierno ha de estar subordinado a la justicia y ordenado al bien común. De no ser así, ocurrirá—lo hemos presenciado en las sociedades totalitarias—que el poder define la “justicia” y la impone por la fuerza.

 

Rafael Tomás Caldera

15/01/2021

Por un comentario a un lúcido artículo suyo1, donde trata de la polarización y el fanatismo—fenómenos que no podrían ser más actuales—, me pregunta Sandra Caula por qué insisto en el amor a la verdad dentro de ese contexto. Argumenta con razón, ¿acaso no suele ser invocada la verdad por todo fanático y en su nombre no se cometen muchas injusticias? La pregunta es exigente, además de razonable. Debo, pues, responder de una manera más completa, lo que con todo gusto intentaré hacer ahora.

El problema casi que se puede descomponer para su análisis siguiendo los dos términos de la expresión: ‘Amor’ y ‘verdad’. Con la precaución de comenzar por lo que parece menos discutible, donde sin embargo se encierra quizá la mayor dificultad: el término ‘amor’.

Una ambigüedad de raíz afecta su significación, no como problema filológico o de diccionario, sino existencial. Porque al hablar de ‘amor’ abarcamos tanto el egoísmo como la generosidad, el afán de posesión y el desprendimiento oblativo; lo que se ha llamado, con términos griegos, el eros y el ágape2.

La dificultad constante en la vida de la persona, y como dato del problema, está en que al amar nos adherimos a lo bueno. Cuando aún no hemos alcanzado eso que amamos, surge el deseo; al lograrlo, el gozo. Ello significa que todo bien amado es sin duda un bien para mí, que lo busco. Pero hay una gran diferencia entre buscar algo bueno en sí mismo, que me hace bien; o buscarlo porque me hace bien, por ejemplo, me supone una ventaja o me causa mucho placer. No es una sutileza. Es la gran alternativa para el ser humano, que puede amar lo bueno por sí mismo—y ser capaz entonces de actuar con generosidad—o amarse a sí mismo como medida y referencia de todo lo bueno.

Ese amor propio deviene entonces en hybris, desmesura; el amour de soi, de los moralistas franceses; en breve, el egoísmo, que con frecuencia se reviste de actitudes magnánimas y se oculta de ese modo a los ojos del propio sujeto: actúa (según piensa) por el bien del Pueblo, de la Patria, de la Humanidad.

Para el amor de sí como término de primer orden, la verdad es objeto de posesión. El sujeto se presenta—en lo grande o en lo más ordinario—como un truth-possesor: un dueño de la verdad. Será su dictamen, por tanto, lo que valga y quien no esté de acuerdo deberá ser rechazado. Más aún: negado, con formas de negación que pueden ir desde la burla o la censura en las redes sociales (hoy por hoy) hasta el silenciamiento y el exterminio. Ese dueño de la verdad identifica el error (que no tiene derechos) con el presunto sujeto equivocado (que no ha perdido por ello su condición de persona).

Eso, sin embargo, no corresponde a la realidad: deforma la verdad, que pretende poseer. Para verlo con mayor claridad debemos considerar el segundo término de la expresión: la ‘verdad’.

Por lo pronto, no hablamos de una cosa, una commodity de las que mueven la sociedad de consumo. No puede adquirirse en esas deslumbrantes tiendas por departamentos en que se han convertido algunas grandes universidades, cuyos títulos se cotizan casi como acciones en la bolsa, ni en el más reciente e invasivo comercio por Internet.

La verdad es una relación, que supone abrirse—abrir el alma, la inteligencia—a la consideración de lo dado, para afirmar lo que es y negar lo que no es. El sujeto, en esa relación, adquiere conocimiento, una posesión precaria como todo lo humano. Es sin duda un tener, pero sobre todo es una manera de ser. Al conocer, me abro a lo que me mide mi inteligencia, en un afán de alcanzar su significado y su valor.

“Es más seguro el deseo de buscar la verdad que la presunción de conocer lo desconocido. Busquemos pues como quien ha de hallar; y encontremos como quien ha de buscar”.

San Agustín

Tras poco andar, encontramos que hay diferencia entre lo que suele llamarse ‘problema’ y lo que ha sido llamado ‘misterio’. En ambos casos, al asombro inicial ante lo que se ha hecho presente, que desconozco, sigue una pregunta. La más general de todas: ¿qué es? Pero mientras en los problemas podemos reconocer, junto con la ignorancia actual, la posibilidad de alcanzar una respuesta satisfactoria, en el misterio vemos que aquello nos supera, nos incluye, y ha de quedar como interrogación abierta. Así la pregunta antigua y planteada siempre de nuevo: ¿qué es el ser? O en la doble versión de Leibniz: ¿por qué hay algo en lugar de nada? ¿Por qué las cosas son como son y no de otra manera?

Hoy en particular se pregunta con insistencia—y no deja de recurrirse al término ‘misterio’—por el ser de la conciencia: ¿qué es conciencia? Lo cual, en el fondo, es una manera de preguntar por el ser mismo, dato originario, no reductible a nada anterior.

Así como en el cultivo de la ciencia la persona se somete a lo que encuentra, ante el misterio dice, como Sócrates, que no sabe nada: solo Dios es sabio. Esta apertura—amor—a la verdad modera la hybris, abre al sujeto a lo más grande que él y le impide erigirse en medida de los demás.

¿Por qué entonces tanto fanatismo, con la consiguiente polarización? Para entenderlo, habría que sopesar cómo en la sociedad actual hemos perdido el sentido del misterio.

Abierto a la trascendencia, Sócrates estaba consciente de su no saber radical. Todo lo que uno pudiera saber es en realidad como nada, puesto que no conocemos el último fundamento o primer principio de todo. Ignoramos, por consiguiente, lo más profundo de nosotros mismos y ese misterio de la propia intimidad nos lleva a respetarlo en los otros. Somos viajeros que compartimos un mismo camino hasta el muro blanco de la muerte. ¿O más allá?

Al preguntarse Tomás de Aquino por qué se le revelarían al ser humano verdades que su inteligencia no alcanza a comprender, él, tan dotado de razón, se responde: para que nadie piense que la razón abarca todo lo real y nos mantengamos en una modesta búsqueda de la verdad3. San Agustín, uno de los maestros de Occidente, había escrito a su vez: “Es más seguro el deseo de buscar la verdad que la presunción de conocer lo desconocido. Busquemos pues como quien ha de hallar; y encontremos como quien ha de buscar”4. Cita entonces el libro del Eclesiástico (18, 6): Cuando el hombre haya terminado, entonces comienza.

Si se desvanece el sentido del misterio de lo que existe y la ciencia se alía de tal manera con la técnica—¿Laboratorios de Wuhan?—que en lugar de conocer queremos sobre todo transformar la realidad, habremos hecho del atrévete a saber ilustrado la fuente de las ideologías. Sistemas cerrados de ideas que, por reducción a sus premisas, pueden dar una explicación completa, en forma progresiva, de todo lo que es. Ante ellas, se oculta aquello que no cabe en el sistema, sea la naturaleza de la conciencia, el valor mismo de la vida humana, manipulada a diario, o la necesidad de respetar el ambiente, la Naturaleza en la cual existimos.

La ausencia de sabiduría, de sentido del misterio, es particularmente grave en un espacio público que se llena de sofistas e ideólogos. ¿No anticiparon Orwell y Huxley el posible devenir de estas sociedades, sometidas al totalitarismo? Huxley, además, lo hizo con la lucidez de describir una suerte de totalitarismo de la diversión, como el que está en curso de implantarse en nuestro tiempo5.

¿Por qué, sin embargo, la polarización actual? Decía que acompaña o sigue al fanatismo, pero su fuente próxima—me parece—está más bien en una condición propia de la búsqueda de la verdad y del cultivo de la ciencia. En pocas palabras, su carácter de tarea compartida. El diálogo, la comunicación de resultados, el empeño común es intrínseco a esa búsqueda, de tal manera que, aislado, el sujeto no tan solo no llegaría más lejos, sino que se vería disminuido en su propia capacidad de entender. Necesitamos, además, la ratificación de lo que hemos visto, por otros que, cultivadores del mismo oficio, puedan certificar la validez de lo hallado. La ciencia se lleva a cabo en comunión.

Ahora bien, como remedo perverso de esa condición natural, tenemos la pertenencia a un grupo de fanáticos. Al reconocer su semejanza y al ser reconocido por el grupo, el sujeto se reafirma en sus “convicciones” hasta el punto de hacerse impermeable a toda otra influencia, cerrado al diálogo y—si es el caso—dispuesto a imponer por la fuerza su visión de las cosas.

En el ejercicio del poder político, bien lo sabemos, el gobierno ha de estar subordinado a la justicia y ordenado al bien común. Ha de tener su medida propia en los derechos de los ciudadanos. De no ser así, ocurrirá—lo hemos presenciado en las sociedades totalitarias—que el poder define la “justicia” y la impone por la fuerza.

El sentido del misterio da lugar a esa sabiduría del corazón que reconoce el valor de la realidad, de la vida propia, de la vida de los otros. Que no pretende certeza donde solo cabe opinión, más o menos fundada, como ocurre en el desempeño de los poderes públicos o en el arte de curar. Sabe, eso sí, que hay principios y orientaciones, como esa comprensión de la naturaleza de la verdad o del sentido del gobierno, que previenen la desmesura del amor propio y permiten una esforzada pero modesta búsqueda del saber.

Al término de su vida (tomo la anécdota de un libro de Jaime Nubiola6), Ludwig Wittgenstein podía confiar, a su discípula y albacea literaria, la filósofa Elizabeth Anscombe: “Elisa, yo siempre he amado la verdad”. No en vano había escrito—sentido del misterio—que de lo que no se puede hablar hay que callar.* La sabiduría culmina en el silencio. ¶

………

(1) “No le echemos la culpa a la polarización”, NYT español, 9.1.2011.

(2) Cfr. Josef Pieper, Las virtudes fundamentales, Madrid, Rialp, 2ed. 1980, pp. 481 ss. donde expone la tesis de Ander Nygren, el introductor de esas categorías en el estudio del problema.

(3) I Contra Gentiles, 5.

(4) De Trinitate, IX, 1, 1.

(5) En 1985 ya lo señaló Neil Postman en su conocido libro Amusing Ourselves to Death.

(6) Pensadores de frontera, Madrid, Rialp, 2020, p. 141.

………

*What we cannot speak about we must pass over in silence. (“De lo que no podemos hablar debemos pasar en silencio”). Ludwig Wittgenstein – Tractatus logico-philosophicus, Proposición 7 (última).

___________________________________________________________

 

Share This:

Dos mil veintiuno

 

Un año más para hacer algo justo y eficaz

 

Ustedes saben que cuando yo hablo del 2021 estoy hablando del bicentenario de la batalla de Carabobo, el 24 de junio del 2021. Ahí sí; si Dios quiere y la Virgen, después del acto del 24 de junio de 2021 ahí sí es verdad que les pido permiso para retirarme. 2021: para allá vamos unidos y juntos haciendo revolución y haciendo patria.

Hugo Chávez, 6 de octubre de 2008

______________________________________

 

Ha llegado 2021 y Hugo Chávez no pudo llegar a él. El Día de la Inmaculada Concepción en 2012, año gráficamente parecido al que comienza, él ya sabía que no viviría mucho más; por eso pidió a los venezolanos que en su ausencia eligiéramos a Nicolás Maduro. ¿Por qué? Porque Hugo Chávez sabía, “claro como la madrugada”, que Nicolás Maduro daría la vida en defensa de su revolución; en su entorno, no habría nadie que como Maduro lucharía hasta la muerte para preservarla. Tenía razón, por lo que hemos visto; la especie vendida a muchos por Antonio Ledezma, Leopoldo López y María Corina Machado en 2013—”Maduro no es Chávez; a ése lo tumbamos de un soplido”—resultó ser un espejismo.

 

 

Hace cuatro años casi—18 de enero de 2017—, pudo registrarse en este espacio un total de quince proposiciones para acabar con el mandato del actual Presidente de la República (que no es, por cierto, Juan Guaidó; nunca lo ha sido). Hasta ahora, ninguna de ellas, sea correcta o incorrecta, ha podido llevarse a conclusión eficaz.

Pudiera pensarse, sin embargo, que tenemos a Maduro como prolongación del gobierno de Chávez por interpuesta persona, y éste aspiraba a gobernar un total de veintidós años, desde 1999 hasta 2021. Preferiblemente, Maduro pudiera cesar su mandato en este año; el sucesor no es tan bien visto como el precursor. Hace dos meses, Datanálisis encontraba 61,4% de respuestas positivas a la siguiente pregunta: “¿Cómo evalúa Ud. la labor de Hugo Chávez Frías por el bienestar del país mientras fue presidente?” Al mismo tiempo, midió lo reflejado en esta lámina:

 

Casi cuatro quintas partes del país prefieren la cesación anticipada de la presidencia de Maduro

 

¿Cómo causar su cesantía, dado que no ha dado muestras de querer abandonar el cargo? Mediante un referendo consultivo; ésa es la única manera correcta. Un referendo tal puede ser convocado por poderes públicos: la Presidencia de la República actuando en Consejo de Ministros o una mayoría simple de la Asamblea Nacional. Sería ingenuo esperar que la consulta sea promovida por Maduro o la nueva Asamblea, dominada de nuevo por el chavismo luego del desperdicio de cinco años de mayoría opositora.* Así, sólo la iniciativa popular (10% de los electores inscritos en el registro electoral) puede lograr la instancia de cambio de Presidente, a menos que se prefiera aguantar un año más de desgobierno y promover la recolección del doble de las firmas, con el 20% de los electores que son requeridos para convocar un referendo revocatorio.

Si quisiéramos trabajar para recolectar dos millones de firmas ciudadanas—en vez de cuatro millones—, convendría que añadiéramos otras preguntas aumentando la eficiencia de la consulta; por ejemplo, para decidir si queremos un esquema socialista en Venezuela. Lo aconsejable sería aprovechar hasta donde se pueda la potencia de la voz de la Corona. LEA

………

Hace un año y dos días se reportaba acá el desperdicio de las cuatro quintas partes del tiempo útil de la Asamblea Nacional controlada por la oposición: Cuatro años desperdiciados (30 de diciembre de 2019).

___________________________________________________________

 

Share This:

Lo que debemos hacer

El instrumento requerido

 

La manera correcta de obtener nuevas elecciones presidenciales es con la renuncia de Nicolás Maduro Moros, a su cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, porque el Pueblo así lo quiera según se exprese en referendo consultivo, no meramente en encuestas. Por ejemplo, contestando mayoritariamente esta pregunta:

¿Preferiría Ud. que el ciudadano Nicolás Maduro Moros, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, renunciara a su cargo cuanto antes?

Una mayoría que contestara afirmativamente tal cuestión haría prácticamente imposible que el Sr. Presidente decida no renunciar aunque hacerlo, no obstante, es una decisión personal de su incumbencia. El ejemplo de renuencia de Donald Trump pudiera sugerirle lo contrario, pero Maduro no es Trump.

………

Dice la Constitución:

Artículo 71. Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral.

No es lo indicado esperar que el Sr. Presidente convoque ese referendo. Tampoco la Asamblea Nacional; aún no ha resuelto el problema de desacato en el que ella misma se metiera. Sólo queda la iniciativa popular para convocar, con unos dos millones de firmas*, tal decisión. Eso no es una “consulta popular”, eso es un referendo; eso sí causa efectos constitucionalmente previstos.

Artículo 233. Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: la muerte, su renuncia, la destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado éste por la Asamblea Nacional, así como la revocatoria popular de su mandato. (…) Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes.

Sólo el Pueblo puede exigir tal avenida. En particular, una cosa así no es negociable por organizaciones políticas nacionales y mucho menos por extranacionales, por una o varias repúblicas extranjeras o asociaciones de ellas. Los primeros cuatro años se cumplen el 10 de enero de 2023. El próximo 10 de enero tendremos dos años por delante para efectuar el referéndum aquí propuesto y causar una nueva elección presidencial, pero es obvia la perentoria necesidad de organizarlo lo antes posible. Creo que tal cosa es mejor que esperar hasta 2022 para intentar un referendo revocatorio.

Artículo 72. Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato.

Por otra parte, el esfuerzo revocatorio, sólo posible desde la iniciativa popular, amén de tardío requiere el doble de firmas que un referendo consultivo popularmente causado. Además, habría que aguantar dos años adicionales para revocar el mandato que Maduro iniciara el 5 de enero del año pasado (2019), mientras que un referendo consultivo puede iniciarse ya. No estamos para esperar.

luis enrique ALCALÁ

………

Notas

1. En 2004, con un registro electoral bastante menor y luego de superar un buen número de obstáculos colocados por el Consejo Nacional Electoral presidido por Francisco Carrasquero López, fue posible validar, hace dieciséis años, un total de 2.436.830 firmas.

2. Un amable corresponsal me informó por WhatsApp que cierto abogado opinó sobre lo aquí propuesto: “El problema de esa propuesta está, en que eso solo procedería frente a un presidente ‘legítimo’, y Maduro no lo es. Convocar a tal consulta en esos términos es darle una legitimidad que no tiene”. A eso contesté: “Se ha dicho que la elección de Maduro es ilegítima, por diversas razones. La primera es que fue electo para su segundo período el 20 de mayo de 2018, en presunta contravención de lo constitucional y legalmente previsto; ciertamente, la fecha contravino la costumbre electoral venezolana, pero ni la Constitución ni la Ley Orgánica de Procesos Electorales prescriben una fecha específica a la elección de Presidente. Luego, la convocatoria misma, hecha por el Consejo Nacional Electoral, fue precedida por una decisión al respecto de la Asamblea Nacional Constituyente en funciones, pero nuestro CNE no podía objetarla, puesto que la Constitución establece en su Artículo 349: ‘Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente’. (Cualquier decisión subconstitucional de este órgano debe ser acatada). Claro que la constituyente misma es objetada, sobre la errada tesis de que la elección de ella no puede ser decidida sino mediante un referendo popular, cuando el Artículo 348 se inicia diciendo: ‘La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros…’ Finalmente, se sostiene que no todas las organizaciones partidistas pudieron participar en la elección de mayo del año pasado por encontrarse inhabilitadas ventajistamente; nuestra legislación electoral obliga a cualquier partido que no haya participado en la elección inmediatamente anterior a un proceso de rehabilitación, y fueron esos mismos partidos los que decidieron no acogerse a ese procedimiento”.  (Tomado de Je m’accuse, una carta a Sebastián Piñera publicada acá el 23 de septiembre de 2019).

__________________________________________________________

 

Share This:

Oídos sordísimos

La peor sordera es la de los que no oyen por principio

 

A LHB, por su acicate

_____________________

 

A las 7:25 de la noche de hoy recibí esta pregunta: “¿Y qué piensas del escrito de Luis Fuenmayor Toro en dolartoday?” En ese momento no había leído el artículo de Fuenmayor, cuyo título es El traidor Leopoldo. Así lo inicia:

Intitulo este artículo pensando en lo que dirán los sectores más extremistas del extremismo opositor, ante las recientes declaraciones de Leopoldo López, sobre que no sería un problema que Maduro compitiera para la Presidencia de la República, pues lo derrotaría holgadamente 90 a 10. No aclaró si esas elecciones podrían hacerse siendo Maduro Presidente, como lo es ahora, lo cual llama mucho la atención, pues dejó abierta esa posibilidad. Sería un viraje de 180 grados en relación a lo que él, Juan Guaidó, Voluntad Popular y sus aliados, han venido afirmando desde 2018 y que mantienen en relación con las elecciones de la nueva Asamblea Nacional.

Más adelante, Fuenmayor desarrolla la tesis principal (acá se agrupa sus párrafos en uno solo, se suprime dos comas innecesarias y se destaca algunas de las ideas en cursivas):

Desde las elecciones presidenciales de 2018, mucha agua ha pasado bajo los puentes venezolanos. Hubo un golpe de Estado, un tanto bufo, liderado precisamente por Leopoldo López ¿Lo recuerdan? El golpe fracasado de los plátanos en el distribuidor Altamira, que quisieron hacernos creer se estaba produciendo en la base aérea de La Carlota, cuyo único éxito fue la supuesta fuga de López de su casa, donde cumplía prisión domiciliaria. Hubo también la fracasada y ridícula incursión armada con mercenarios extranjeros en territorio venezolano, negada por algunos políticos, aunque se realizó a la vista de todos. Son hechos cuyos lamentables resultados hacen recapacitar al más testarudo. Y pueden explicar el inicio de un cambio de opinión de López, sin tener que recurrir a considerarlo un traidor. Hay muchas otras cosas, conocidas y desconocidas, que influyen estos cambios. El problema no es que alguien cambie de opinión, pues eso es lo más lógico en la vida de las personas y más aún en la política. El problema es que cualquier cambio de posición política debe ser explicado claramente y en medio de una autocrítica, la cual fue muy limitada en las declaraciones referidas y sólo en relación a la forma en que transmitieron sus expectativas. No se puede mantener una política fracasada por años y luego tratar de pasar por debajo de la mesa. No se trata tampoco de perdonarlo, ni de llamarlo vendido, como hacen los energúmenos de WhatsApp y de Twitter con quienes opinan distinto de ellos. Se trata de comprender la situación política tal cual realmente es, lo que no descarta la existencia de acuerdos y componendas desconocidas. No pecamos de ingenuos. La rectificación, si es que la podemos llamar de esa manera, debe paulatinamente ir permeando a todos los grupos opositores extremistas». Lo que sí se debe producir es un cambio del rumbo político acorde con las declaraciones dadas y los análisis y cambios futuros, pues si no se produce estaríamos en presencia de una esquizofrenia política muy grave, en la que una cosa es la que se dice y otra muy distinta, incluso contraria, la que se hace. Si es posible derrotar a Maduro sin importar si se encuentra en el poder, el llamado a la abstención electoral debería ir desapareciendo, tanto a las elecciones de la AN como en el camino a todas las elecciones venideras.

………

Bien. Hace exactamente cuatro años y un mes se escribió en este sitio (Prontas elecciones del 22 de octubre de 2016):

El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente:

¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo?

Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita, con igual denuedo con el que ha entorpecido la revocación. (…) Una contestación afirmativa mayoritaria a la pregunta formulada arriba, de hecho y de pleno derecho, aliviaría la atribulada nación que hoy está desolada y desesperada, proclive a la violencia incluso, al ver obstaculizado por medios trapaceros su derecho de revocar un mandato que ella misma confirió.

(…)

¿Quiénes pueden convocar un referendo consultivo?

Artículo 71. Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral.

No pidamos al Presidente de la República—ni esperemos que la decrete—la convocatoria de esa consulta popular en Consejo de Ministros. (Aunque estaría en su derecho de entender de una vez por todas que es su deber, sin otro subterfugio, abrir esa válvula de alivio a la insoportable tensión que agobia a los venezolanos; de entender, en fin, que por razones distintas de las de Hugo Chávez el 30 de julio de 2000, es imperativo que se relegitime si es que aspira a seguir gobernando). Exijamos, en cambio, a la Asamblea Nacional que escuche el clamor del Pueblo que quiere elegir prontamente un nuevo presidente. Ella puede, por mayoría simple de 84 brazos alzados, convocar inapelablemente ese referendo tan lógicamente fundado como aconsejable. Debiera la Asamblea comprender, por su parte, que no debe ponerse en riesgo la iniciativa. El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).*

El Consejo Nacional Electoral no tendría otra cosa por hacer que acatar tal mandato. No podría exigir firmas con captahuellas múltiples ni planillas que firmen electores con cédulas de identidad de gente viva; bastará la copia de Secretaría del acta de la sesión de la Asamblea Nacional para que esté obligado a organizar la consulta.

………

Ignoro si Luis Fuenmayor Toro había pensado antes en cosas como esa avenida (o incluso las había escrito y publicado en algún medio), dado que ahora encuentra mérito condicionado en la formulación de Leopoldo López. A todo evento, no es lo más importante considerar el viraje tardío del teórico jefe—en Voluntad Popular—de Juan Guaidó, sobre todo cuando el verdadero jefe, Donald Trump, acaba de ser derrotado convincentemente. “Todos tenemos derecho a la vergüenza. (…) El peor atentado contra la libertad del otro es congelarle en su pasado”. (El político virtuoso, 18 de octubre de 2007).** Lo que sí parece sostenible es que la general sordera, y hasta una activa resistencia, se encargaron de recibir mis proposiciones. LEA

………

Los diputados de oposición por Amazonas se tomaron veinticuatro días para renunciar, tal como se les había propuesto en este medio, repito, hace cuatro años y un mes. Lo único que hiciera Henry Ramos Allup a ese respecto fue decir: “Hemos tomado nota”. También anticipé en Prontas elecciones: “Pero mantengámonos los ciudadanos en apresto para convocar esa consulta, esa decisión, nosotros mismos, pues pudiera muy bien la Asamblea Nacional hacerse la sorda”. No fui capaz de recabar apoyo. Vale.

** El texto íntegro de El político virtuoso fue aplicado al entonces candidato Donald Trump el 3 de agosto de 2016. (Test para Trump). El 12 de enero del año siguiente, se publicó acá una nota acerca de Joe Biden. (También hay buenas noticias).

___________________________________________________________

 

Share This:

La crisis más crítica de todas

En crisis el planeta entero

 

A Alba al alba

______________

 

Hace cuatro días hablaba con Alba Fernández de Revenga acerca del actual proceso político estadounidense; a ella le llamó la atención mi observación de que la cosa no es que hay una crisis política en los Estados Unidos, una en Venezuela, otra en Chile, otra en Inglaterra, etcétera. El asunto es que la política misma está en crisis en prácticamente todo el planeta. Mi competente interlocutora creyó que debía justificar por escrito ese preciso diagnóstico.

Algo he hecho ya al respecto, y lo triste es que los resultados de esa crisis de la política eran previsibles. A fines del año pasado, por ejemplo, cuando aún no se había presentado la emergencia del Covid-19, explotaban en América del Sur protestas populares que se extendían desde Chile hasta Colombia, y dieciséis años antes escribí: “¿Es que podemos afirmar que falta mucho para que ocurran ‘caracazos’ a escala planetaria, continental o subcontinental? ¿Podemos decir que son imposibles? Por más que avancen las tecnologías del poder, el poder último es el de la humanidad, que perfectamente puede manifestarse en alteraciones del orden público a escala del mundo, como la misma tierra parece alterar el clima, la marcha de los océanos, el vulcanismo, en reclamo por nuestras agresiones. Pobladas simultáneas en las principales ciudades suramericanas tendrían efectos tan drásticos y extensos como los del Niño”. (La crisis como antifaz, 26 de junio de 2003).

Hace menos tiempo (cinco años), destacaba una de las principales raíces del problema:

Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).

Y ya en febrero de 1985 era posible afirmar: “…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. Eso consta en la presentación del Documento Base de la Sociedad Política de Venezuela, que comenzaba así:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla involucra una responsabilidad bastante grande, una responsabilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte?

Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicionales es justamente la afirmación que hacemos.

Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tradicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales.

Los descalificamos porque nos hemos convencido de su incapacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio intelectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa.

Si el tango afirma que veinte años no es nada, las palabras precedentes fueron escritas hace treinta y cinco.

………

El paradigma estándar de la política—que no es una ciencia, sino un arte u oficio—está centrado sobre la noción fundamental de que ella es la lucha por el poder. Por ejemplo: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”. Ésas son palabras de Pedro Pablo Aguilar en declaraciones a El Nacional el 7 de junio de 1986, y el lunes de esta semana (34 años después) recoge el diario Panorama esta declaración de Juan Guaidó: “Nuestra agenda de lucha requiere combinar la presión internacional y la presión interna para impulsar la transición”. Nada ha cambiado.

La lucha por el poder como actividad primaria, esencial, de la política adquirió a fines del siglo XIX el sesgado nombre de Realpolitik. Quien no practique una política “realista” se chupa el dedo; en el mejor de los casos es un iluso “comeflor”. Y tal lucha estaría autorizada por la ideología particular a la que se afilia el actor político concreto.

Para el suscrito, la política debe entenderse como el arte de resolver problemas públicos, el que debe sujetarse a un estricto código de ética. (Como el Juramento de Hipócrates para la profesión médica).

Permítaseme transcribir prácticamente toda una sección—Licitación política—del primer número de referéndum, una publicación mensual que produje de 1994 a 1998:

Si el Ministerio de Sanidad se encontrase ante la necesidad de construir un nuevo hospital público, seguramente no convocaría a una masiva reunión de arquitectos, médicos, pacientes, enfermeros, administradores de salud, a celebrarse en un gran espacio como el Parque del Este para que, «participativamente», se pusieran de acuerdo sobre el diseño del hospital.

En cambio, determinaría como primera cosa, técnicamente, los criterios de diseño: debe ser un hospital para 1.500 camas, debe cubrir las especialidades tales y cuales, no debe pasar de un costo de tanto… etcétera.

Una vez con tales criterios en mano, procedería a llamar a licitación a unas cuantas oficinas de arquitectura demostradamente capaces. Las oficinas de arquitectos que participaran en la licitación desarrollarían, cada una por su lado, un proyecto completo y coherente. No serían admitidas, por ejemplo, proposiciones que sólo diseñaran la sala de partos o la admisión de emergencias. Cada oficina tendría que presentar un proyecto completo. Sólo así podrían competir, la una contra la otra, en una licitación que contrastaría una proposición coherente y de conjunto contra otras equivalentes.

Este es el mismo método que debe emplearse para la emergencia de una imagen-objetivo del país. Lo que el espacio político nacional debe alojar es una licitación política con claras reglas para la contrastación de proposiciones de conjunto.

¿Cuáles son estas reglas? Si a la discusión se propone una formulación que parece resolver un cierto número de problemas o contestar un cierto número de preguntas, la decisión de no adoptar tal formulación debiera darse si y sólo si se da alguna o varias de las siguientes condiciones:

a. cuando la formulación no resuelve o no contesta, más allá de cierto umbral de satisfacción que debiera en principio hacerse explícito, los problemas o preguntas planteados.

b. cuando la formulación genera más problemas o preguntas que las que puede resolver o contestar.

c. cuando existe otra formulación—que alguien debiera plantear coherentemente, orgánicamente—que resuelva todos los problemas o conteste todas las preguntas que la formulación original contesta o resuelve, pero que además contesta o resuelve puntos adicionales que esta no explica o soluciona.

d. cuando existe otra formulación propuesta explícita y sistemáticamente que resuelve o contesta sólo lo que la otra explica o soluciona, pero lo hace de un modo más sencillo. (En otros términos, da la misma solución pero a un menor costo).

Esto es el método verdaderamente racional para una licitación política. No se trata de eliminar el «combate político», sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga.

Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan «romántico» ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. (El relato que hace James Watson—ganador del Premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—en su libro La Doble Hélice—1968—es una descarnada exposición a este respecto).

Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte «salvaje» en uno más «civilizado», en el que no toda clase de ataque está permitida.

En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los «luchadores» políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social.

………

Al cierre de Las élites culposas (2012) asenté esta convicción: “El mundo va, entre dolores increíbles e injusticias horrorosas, hacia la esperanzadora construcción de una civilización planetaria. La época que viene será post-ideológica, trans-ideológica. Es una mutación gigantesca de la humanidad a lo que asistimos. Su ámbito es ancho, mundial”. En el mismo capítulo final puede leerse estas palabras previas: “Las fuentes paradigmáticas más adecuadas a la Política Clínica están en la moderna Ciencia de los Sistemas Complejos, la que incluye la Teoría del Caos. Ella, a su vez, se maneja mejor con las llamadas ‘matemáticas fractales’, cuyo fundador consciente es Benoît Mandelbrot, matemático franco-americano nacido en Varsovia y autor de La Geometría Fractal de la Naturaleza (1982)”. Puede afirmarse con responsabilidad que la dirigencia política venezolana no procesa la política con atención a nociones de ese novísimo campo, o las provistas por la teoría de avalanchas o la de enjambres. El problema es, por ende, un problema epistémico en gran medida.

La crisis mundial de la política sólo podrá ser superada a partir de un recambio paradigmático, a partir de “una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. Es preciso dejar atrás eso de la lucha por el poder justificada en una ideología cualquiera esgrimida como coartada, predicada sobre la más negativa caracterización posible (real o inventada) del competidor. En 1984, dije a Alfredo Keller, de visita en mi casa, que “el liderazgo tradicional operaba por oposición, mientras que el nuevo liderazgo debía actuar por ‘superposición’, al traer un nuevo paradigma político que cubría y hacía prescindible el anterior”.  (Krisis – Memorias prematuras, 1986). LEA

__________________________________________________________

 

Share This:

La última patraña

Un poder colectivo que se ha empleado con ineficacia originada en falacias

 

Queda ahora sólo un trimestre de vida a la enteramente inútil Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre de 2015. En casi cinco años de “labor”, no atinó a producir ni una sola pieza de legislación de importancia, aunque sí generó una destacada serie de trapacerías.

Este proceso tuvo su inicio el mismo día de su inauguración, el 5 de enero de 2016. En esa fecha fue electo como su primer Presidente el perdurable—en Acción Democrática—Henry Ramos Allup, quien declaró en la sesión inaugural, ya electo, que era un “compromiso no transable” de la Asamblea encontrar la forma de lograr la cesación del gobierno encabezado por Nicolás Maduro en el plazo de seis meses, lo que por supuesto era una aberración; ese propósito no corresponde en ningún caso a la Asamblea Nacional. En cambio, como dirigente muy importante de la Mesa de la Unidad Democrática, y revestido del prestigio de su investidura como el primus inter pares de los diputados, causó el retraso injustificable del proceso revocatorio contra Maduro, que pudo empezar el 11 de enero de 2016 y postergó hasta abril con la excusa de que ese camino constitucional era “muy engorroso”, prédica en la que le acompañara Jesús Torrealba, en ese momento el principal ejecutivo de la MUD. Bajo su presidencia, la Asamblea Nacional desacató la sentencia temporal de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia que invalidó la elección de diputados por el estado Amazonas, sirviendo así de pretexto para que el máximo órgano judicial maniatara al Poder Legislativo Nacional.* Hacia el término de su mandato, permitió el paralizante desorden en el nombramiento de rectores del Consejo Nacional Electoral, asunto que también descuidaron quienes le sucedieron en la presidencia del parlamento. También inició la connivencia del Poder Legislativo Nacional con el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, oficiándole documento en el que se solicitaba la aplicación a Venezuela de la Carta Democrática Interamericana.

El primero de sus sucesores fue Julio Borges Junyent, y éste pareció encontrar en pocas horas el medio para causar la cesantía de Maduro, mediante la alucinada declaración de la Asamblea que sostuvo que Nicolás Maduro había ¡abandonado su cargo! Más adelante en el año, Borges pretendió la entera sustitución del Tribunal Supremo de Justicia mediante procedimiento inconstitucional, pues el Poder Ciudadano—Fiscalía, Contraloría, Defensoría del Pueblo—no participó en la írrita designación de la Plaza Alfredo Sadel. Borges continuó la conchupancia con Luis Almagro, quien llegara a la OEA con Maduro entre ceja y ceja. Su sucesor, Omar Barboza, no presidió sobre desaguisados parecidos; tampoco se distinguió por algún logro significativo.

Entonces fue elegido Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional y arrancó la telenovela con guión de libretistas del Departamento de Estado de Donald Trump. (Ver Más usurpador será usted, del 23 de enero de 2019, El caso Venezuela, un deporte internacional, del 5 de febrero del mismo año, o Política falaz, del 7 de mayo también del año pasado). En esta última entrada asenté:

También es claramente violatorio de la Constitución el tal “Estatuto de Transición” aprobado por la Asamblea Nacional el 5 de febrero de este año, como es falaz el argumento de que Guaidó sería el encargado de la Presidencia de la República al aducir una lectura interesadamente distorsionada del Art. 233 de la Constitución, e igualmente el que sostiene que la Asamblea Nacional puede autorizar la invasión por fuerzas militares de alguna potencia extranjera por otra distorsión, esta vez del numeral 11 del Artículo 187. (“Corresponde a la Asamblea Nacional… Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”). Una misión militar, típicamente de cooperación técnica con la Fuerza Armada Nacional, no es una invasión y, de todos modos, el Diccionario de la Lengua Española define autorizar así: “Dar o reconocer a alguien facultad o derecho para hacer algo”. Ese “alguien” es el Ejecutivo Nacional— que está presidido por Nicolás Maduro, no por Juan Guaidó—, es el Ejecutivo el que solicitaría la autorización de la Asamblea Nacional para una misión que hubiera acordado con algún gobierno foráneo; la cosa no es que por su cuenta la Asamblea Nacional pueda establecer misiones militares de cualquier país extranjero. Ella no puede autorizarse a sí misma.

Todo el “Período Guaidó”, de casi dos años, se ha caracterizado por el empleo descarado de la falacia. Por ejemplo, ese señor se autoproclamó Presidente de la República en un supuesto cabildo abierto, concepto referido a una reunión de algún Concejo Municipal con los pobladores del municipio en cuestión, lo que no ocurrió y que, de haberse dado, sólo habría podido considerar asuntos de ámbito municipal, jamás decidir por todo el país.

La cumbre de tal período se alcanzó en mayo de este año, con la abortada “invasión” a Venezuela por parte de mercenarios estadounidenses, contratados por J. J. Rendón como testaferro de Juan Guaidó. Puede leerse en este blog El “ridículo” intento fallido de golpe en Venezuela, explicado, un completo reportaje de Vox Media acerca de tal locura.

………

Ahora, con sólo tres meses disponibles, la Asamblea Nacional, todavía presidida en infame torpeza por el representante local de Donald Trump, ha aprobado un “acuerdo de consulta popular” que pretende, de nuevo falazmente, recibir la aprobación del Pueblo a los siguientes dos planteamientos intencionalmente redactados de forma tendenciosa:

1 ¿Apoya usted todos los mecanismos de presión nacional e internacional para que en el marco de la Constitución se realicen elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables, se ponga fin al régimen usurpador de Nicolás Maduro Moros, se salvaguarde al pueblo de Venezuela de la crisis humanitaria, la migración forzosa y los crímenes de lesa humanidad y así se garanticen la paz, el bienestar y el progreso de los venezolanos?

2 ¿Rechaza usted el evento convocado por la dictadura de Nicolás Maduro Moros para el 6D, o para cualquier otra fecha, mientras no existan condiciones para elecciones libres, justas y verificables y solicita a la comunidad internacional el desconocimiento de sus resultados?

Para empezar, las elecciones de Asamblea Nacional no han sido convocadas por el presidente Maduro; ellas están pautadas por la propia Constitución en cuyo marco los diputados que aprobaron la más reciente trapacería dicen inscribirse: “con fundamento en los artículos 1, 3, 5, 6, 70 y 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”. De éstos, es el Artículo 70 el que menciona la noción de consulta popular:

Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros; y en lo social y económico, las instancias de atención ciudadana, la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad.

¿Qué es, en este contexto, una “consulta popular”? La Constitución incluye la expresión en únicamente dos artículos posteriores; el Art. 172 reza:

El Consejo Legislativo estadal, previo pronunciamiento favorable mediante consulta popular de la población afectada, definirá los límites del distrito metropolitano y lo organizará según lo establecido en la ley orgánica nacional, determinando cuáles de las competencias metropolitanas serán asumidas por los órganos de gobierno del respectivo distrito metropolitano. Cuando los Municipios que deseen constituirse en un distrito metropolitano pertenezcan a entidades federales distintas, corresponderá a la Asamblea Nacional su creación y organización.

Finalmente, el Art. 279 dispone:

El Consejo Moral Republicano convocará un Comité de Evaluación de Postulaciones del Poder Ciudadano, que estará integrado por representantes de diversos sectores de la sociedad; adelantará un proceso público de cuyo resultado se obtendrá una terna que será sometida a la consideración de la Asamblea Nacional que, mediante el voto favorable de las dos terceras partes de sus integrantes, escogerá en un lapso no mayor de treinta días continuos al o a la titular del órgano del Poder Ciudadano que esté en consideración. Si concluido este lapso no hay acuerdo en la Asamblea Nacional, el Poder Electoral someterá la terna a consulta popular.

De estos dos casos se desprende que la consulta popular puede producirse para que se exprese el acuerdo o el desacuerdo popular con alguna iniciativa, elaborada por alguna autoridad que debe decidirla en última instancia—un Consejo Legislativo estadal o la Asamblea Nacional en uno y otro artículo—, y el resultado de la consulta no sería en ningún caso vinculante; tan sólo expresaría apoyo o rechazo y es el órgano decisor el que debe finalmente decidir. Lo que ahora pretende la Asamblea sería, en cambio, asunto de un referendo popular, y aun así las preguntas están mal formuladas, al inquirir por más de un asunto diferente en cada caso. (Apartando el referéndum general descrito en el Artículo 246 de la Constitución de 1961, fue la reforma de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política la que introdujo la figura de referendos consultivos—ahora recogidos en la Constitución vigente—en su nuevo Título VI: De los referendos, que incluyó los artículos del 181 al 195. El numeral 1 del artículo 182 establecía este requisito: “Formulación de la pregunta en forma clara y precisa, en los términos exactos en que será objeto de la consulta, de tal manera que pueda contestarse con un “si” o “no”. ¿Cómo haría para votar, por ejemplo, algún elector que quisiera elecciones de Asamblea pero no de Presidente y que se garantice la paz pero no quiere presiones internacionales?). Las tendenciosas preguntas de la nueva trampa de Guaidó & Pompeo me hicieron recordar lo que enseñaba Maritza Izaguirre en su cátedra de Metodología de la Investigación en la UCAB: que en una encuesta las preguntas no debían inducir las respuestas, so pena de invalidez del instrumento.

La opción de una “consulta popular”, como el empleo del término “plebiscito” para el evento organizado por la Mesa de la Unidad Democrática el 16 de julio de 2017, escapa a la Constitución que a cada rato se dice “defender”. (En El tercer plebiscito—6 de julio de 2017—se destapaba: “La MUD ha escogido llamar a la consulta que organiza para el 16 de este mes un plebiscito** en lugar de un referendo, básicamente para escapar a lo dispuesto en el Numeral 5 del Artículo 293 de la Constitución: ‘El poder Electoral tiene por función: 5. La organización, administración, dirección y vigilancia de todos los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como de los referendos'”). Es inadmisible la apelación a algún artículo constitucional para proponer algo que viole o desconozca otros artículos.

El desempeño de la Asamblea Nacional de mayoría opositora ha sido realmente lamentable. Esto se puso en Cuatro años desperdiciados (30 de diciembre de 2019):

“Haga la última cola”—para votar y elegir una mayoría de oposición en la Asamblea Nacional—fue consigna vendida con la explícita promesa de que la Asamblea en manos opositoras acabaría con las colas de consumidores en tiempos de desabastecimiento. En el primer día de diciembre de 2015, cinco días antes de la elección del cuerpo legislativo, Juan Pablo Olalquiaga, Presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, profetizaba: “El reto de la Asamblea va a ser voltear la economía; de no hacerlo, la opinión pública la castigará rápidamente”. Así ocurrió, y a estas alturas ese castigo ha alcanzado cotas vergonzantes, como registrara Meganálisis en encuesta recentísima:

 

 

LEA

………

La camisa de fuerza que el Tribunal Supremo de Justicia ha puesto a la Asamblea Nacional es a todas luces excesiva, aunque la sentencia original—que la MUD nunca objetara como permiten la Constitución y las leyes—fuera bien fundada. En un proyecto de acuerdo entre los poderes públicos—a lo que éstos están obligados por el Artículo 136 de la primera— se lee (Versión formal, 26 de mayo de 2017, Cláusula Duodécima):

El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas, por cuanto esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Su declaración de nulidad de actos de la Asamblea Nacional por tal motivo se sostendrá sólo para aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en cuestión. El Tribunal Supremo de Justicia admitirá como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. Adicionalmente, ordenará al Consejo Nacional Electoral la celebración perentoria de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente.

………

** Es importante tener en cuenta que a ese “plebiscito” asistió sólo el 38,5% del registro electoral de 2017, según las cifras proporcionadas por la propia “Comisión de Garantes” de la MUD, que presidiera la rectora Cecilia García Arocha. En Manipula y vencerás (17 de julio de 2017) se puso acá:

El Presidente de la Asamblea Nacional declaró anoche, al conocerse la participación de la población en el “plebiscito” convocado para el 16 de julio: “Con los votos que hoy manifestó el pueblo venezolano matemáticamente Nicolás Maduro está revocado el día de hoy”. Bueno, para empezar, ninguna de las tres preguntas de la consulta de ayer estuvo referida a una teórica revocación del mandato de Maduro; Julio Borges corona así una serie de manipulaciones que iniciara Henrique Capriles Radonski en 2013, cuando predicara que las elecciones municipales del 8 de diciembre de ese año eran “un plebiscito contra Nicolás Maduro”. Dos años después (11 de octubre de 2015), el entonces candidato a diputado José Guerra afirmaba: “Estoy entre quienes opinan que este 6 de diciembre, además de la elección de una nueva Asamblea Nacional, se celebra un referendo consultivo sobre el modelo económico que queremos transitar”. (El socialismo va a referendo). Capriles perdió, como autoungido jefe de campaña de todos los candidatos a alcaldes por la MUD (en imitación de Hugo Chávez), ese plebiscito inexistente, y José Guerra nunca propuso seriamente, ya elegido diputado a la Asamblea Nacional, que este órgano convocara válidamente el referendo que proclamara falazmente. (Ver ¿Qué espera la Asamblea Nacional?, 8 de marzo de 2016).

___________________________________________________________

 

 

 

Share This: