Es de sabios rectificar

 

La Asamblea Nacional venezolana

 

El más sutil de los atentados a la libertad es el de suponer el futuro como historia congelada. No se puede decir que los actores políticos tradicionales serán incapaces para comprender los procesos políticos o que serán incapaces para diseñar cursos de acción.

Krisis – Memorias Prematuras, 12 de febrero de 1986

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En verdad, congelar a alguien en su pasado es un grave atentado a su libertad, pues no puede a nadie prohibírsele que cambie para bien.

De mangueras y enemigos, 27 de noviembre de 2003

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Noticia contenida en Rayuela, la novela cumbre de Julio Cortázar. Ella nos informa de peceras con tabiques de vidrio transparente, en la que los peces que nadan allí tropiezan una y otra vez con ellos, pues no pueden distinguirlos del agua. Al cabo de una serie de frustraciones, los animales aprenden y dan vuelta antes de chocar. Luego, retirados los tabiques, continúan creyendo que no pueden pasar de un lado al otro: “Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando…

Lo irónico, en el caso de los tabiques que limitan la actuación de nuestra Asamblea Nacional, es que es ella misma quien los ha colocado. Si bien ella no juramentó, hasta ahora, al diputado Juan Guaidó como encargado de la Presidencia de la República, aprobó el 5 de febrero de 2019 el Estatuto que rige la transición a la democracia para restablecer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que certifica esa postiza investidura: “El Presidente de la Asamblea Nacional es, de conformidad con el artículo 233 de la Constitución, el legítimo Presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela”. (La Presidencia de la República sólo recae en el Presidente de la Asamblea Nacional, según ese artículo, en el caso de falta absoluta del Presidente Electo, y sólo si tal falta se produce antes de su toma de posesión, la que ocurrió el 10 de enero del año pasado. Si se argumenta que la segunda elección de Nicolás Maduro como Presidente de la República es ilegítima—y no le corresponde al Poder Legislativo certificar tal cosa—, entonces no existió nunca el Presidente Electo exigido por la Constitución para que su falta absoluta antes de tomar posesión cause la encargaduría del Presidente de la Asamblea Nacional. El propio “estatuto” declara en su Artículo 8: “El evento político celebrado el 20 de mayo de 2018 no fue una legítima elección presidencial. En consecuencia, no existe Presidente electo legitimado para asumir la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela para el período 2019-2025″).

La ocurrencia del “estatuto” hace mucho más costosa la rectificación por cuanto implicaría una retractación, que sería lo indicado. Ese instrumento fue promovido sobre una equivocada interpretación del Artículo 333 de la Constitución, el que dice: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”. La Constitución, aunque ha sufrido violaciones de distinto calibre—ver la más grave en Violación denunciada (12 de agosto de 2008)—no ha dejado de observarse por acto de fuerza (un golpe de Estado, por ejemplo, como el que pretendió ejecutar el mismo Guaidó el pasado 30 de abril). Luego, tampoco ha sido derogada mediante procedimiento distinto del que ella prevé: la aprobación en referendo de un nuevo texto constitucional que provenga de una Asamblea Nacional Constituyente. (Sí pretendió derogarla, por caso, Pedro Carmona Estanga el 12 de abril de 2002, con el “decreto” para el que Allan Randolph Brewer Carías recomendó “correcciones de estilo”, según propia admisión del 15 de abril de 2002). Apartando esos dos casos, no hay otros orígenes para la obligación de “colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia” que la Constitución impone a cualquier ciudadano y, a todo evento, sería un contrasentido restablecerla con una violación: la “conformación de un Gobierno provisional de unidad nacional” (Artículo 2 del “estatuto”), enteramente ausente de nuestra Carta Magna. Pretender que para defender la Constitución hay que desconocerla, como ha sostenido más de uno, es postura decididamente absurda.

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Nuestra situación requiere que nuestros representantes legislativos se quiten de los ojos las vendas que ellos mismos se han puesto, los tabiques que por su cuenta han introducido a la pecera. Para que la actuación de la Asamblea Nacional elegida a fines de 2015 no sea un total desperdicio, es preciso que ella recupere su eficacia como poder (resolviendo el asunto del persistente desacato) para que pueda convocar, por mayoría simple (Artículo 71 de la Constitución), referendos que resuelvan cosas fundamentales. “Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional“. (5 de febrero de 2003).

Debe la Asamblea sobreponerse a su prejuicio:

La inmensa mayoría de la dirigencia nacional, política o privada, alimenta un desprecio básico por el pueblo venezolano. A casi todo proyecto político verdaderamente audaz y significativo se le opone usualmente la idea de que el pueblo no se interesa sino por muy elementales necesidades de supervivencia, por las más egoístas apetencias, por los más triviales objetivos. (…) Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo venezolano continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles. (De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998).

La prescripción referendaria, revestida como alianza entre la Asamblea Nacional y el Pueblo de Venezuela, fue recomendada el 9 de enero de 2016 (sólo cuatro días después de la instalación de la nueva legislatura) en el programa #178 de Dr. Político en RCR. He aquí el fragmento* correspondiente, de poco menos de cinco minutos:

 Alianza estratégica

Juan Guaidó ha reconocido recientemente que ha cometido errores (sin especificarlos). Varios otros conductores de la Asamblea Nacional elegida a fines de 2015 también han errado, y los errores se superan únicamente con la rectificación. Nunca es tarde para corregir. (Bueno, a menos que la cosa sea incorregible). LEA

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*El primer segmento del programa #178 comentó algunas actuaciones de personajes importantes de la política nacional, como Nicolás Maduro y Vladimir Padrino López. Creo que vale la pena escucharlo, como refrescamiento de las condiciones políticas a comienzos de 2016 y consideración de conceptos de Luis Salas Rodríguez, por esos días nombrado Ministro de Economía “Productiva”. Helo aquí completo, finalizando con los 4′ 53″ del audio precedente:

  Introducción del 9 de enero de 2016

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La falta de imaginación al poder

 

Lo contrario se exigía en el Mayo Francés (1968)

 

Es de esperar que La Patilla—sitio web cuyo jefe es Alberto Federico Ravell, el mismo que dirige el Centro de Comunicación Nacional del “gobierno” de Juan Guaidó—se refiera a éste como protagonista de la ficción que lo tiene por Presidente de la República de Venezuela:

El Presidente (E) de Venezuela, Juan Guaidó, propuso una agenda de lucha para el año 2020, donde los partidos políticos estuvieron respaldando una salida política a la gran crisis humanitaria que atraviesa Venezuela. El plan establecido por el Jefe de Estado busca reunificar, rectificar y alinear las visiones de todos los sectores sociales y políticos del país que hacen falta para lograr los objetivos planteados durante el nuevo ciclo. Los liderazgos políticos, estudiantes, universidades y academia, liderazgo sindical, iglesias, sector empresarial, chavismo disidente, el Frente Amplio e incluso fuerzas independientes como Soy Venezuela, son los que formarán parte de la agenda. El mandatario aseguró que el llamado es a convocar un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos.

Ya habíamos visto esa película. El 13 de febrero de 2015 se publicaba en este blog Dos cepas del virus salidista, nota en la que se daba cuenta de lo siguiente:

Athos Ledezma, Porthos López y Aramís Machado—quizás es más apropiado Juana de Arco en lugar de Aramís—proponen luego tres agendas bastante completas para un “gobierno de transición”: agenda política-institucional, agenda de atención a la emergencia social y agenda económica. No es esa enumeración, por archiconocida, lo que interesa en el documento, sino esta prescripción:

Asumiendo ese compromiso hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales. Los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional le darán solidez a las decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos; para armonizar socialmente al país y para asegurar la estabilidad política en su paso por un proceso que experimentará riesgos, turbulencias y acechanzas de diverso orden.

Una vez más, se cuela el concepto corporativista en el modo propuesto para la aprobación del tal “acuerdo nacional para la transición”. Esto es, el Pueblo no hablaría desde su propia esencia, sino fraccionado en “sectores” (como pedazos de la “torta social”). Cuando Chávez enarbolaba la bandera de la asamblea constituyente en su primera campaña electoral (1998), el artículo Contratesis refutaba esa noción que ahora comparten los comunicadistas à trois:

La constituyente debe componerse, a lo Mussolini, corporativamente. (Chávez Frías et al). Esto es, que debe estar compuesta por representantes de distintos cuerpos o unidades sociales: obreros, empresarios, militares retirados, profesionales colegiados, eclesiásticos, etcétera. Muy incorrecto. Nuestra condición de miembros del Poder Constituyente no nos viene de pertenecer a algún grupo o corporación, sino de la condición simple y original de ser ciudadanos.

(…)

Quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos “sectoriales”.

Esto es, lo que se necesita desde hace tiempo y cada vez con mayor urgencia es una gran consulta al Pueblo como único poder capaz de resolver nuestros graves problemas: “Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional”. (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

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Por su parte, Noticiero Digital registra hoy declaraciones de Gerardo Blyde que traslucen la prefabricación de la figura política de Guaidó (énfasis añadido acá):

El 5E debe resurgir un mensaje de esperanza y debemos trazarnos un camino (…) mi recomendación sería no manejar expectativas muy grandes con respecto a lo que realmente se puede lograr. (…) Tenemos un líder que además tiene un soporte parlamentario importante y reconocimiento internacional, tanto la AN como ese líder son importantes para buscar el cambio. (…) Yo no digo que no haya críticas, pero no destructivas, y en el momento que ataquen a uno, nos unamos. No hay tiempo para crear otro líder, no podemos esperar cinco años más.

Guaidó, admite descuidadamente Blyde, es una creación, un producto de laboratorio o, más bien, de libretistas de una telenovela política. Luego de diecinueve años de marchas para protestar, todavía ese liderazgo fabricado reitera la inexacta e inconveniente comprensión sectorial de la Nación. Carece de la imaginación necesaria para asumir la noción simple y fundamental de que el Pueblo es el poder supremo de nuestra República. Es la contumacia al ignorar tan sencilla y poderosa verdad lo que hace repetir al muy poco imaginativo liderazgo opositor que “debemos trazarnos un camino” (Blyde), que hay que tomar “decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos” (Ledezma, López & Machado), que se convoca a “todos los sectores” a un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos” (Guaidó).

Todo permanece, se nos dice, aún en el futuro: el camino que hay que trazar, decisiones que deberán ser adoptadas, la definición de una única hoja de ruta. Pero debemos ser comprensivos; tales cosas requieren un esfuerzo de imaginación y ésta no se compra en botica. Hasta ahora, la poca imaginación exhibida es mentirosa: Guaidó no es el Presidente de Venezuela, la Asamblea Nacional no puede autorizar la ocupación de nuestro territorio en aplicación del Numeral 11 del Art. 187 de la Constitución y el TIAR no es es “un tratado interamericano, en sus grandes líneas, de asistencia humanitaria. Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”. (Juan Guaidó, El Nacional, 22 de julio de 2019).

No sé si crear otro líder es lo indicado, Dr. Blyde, pero el actual es muy malo. La manifiesta perniciosidad del régimen presidido por Nicolás Maduro no debe ser superada con la mentira. Eso es, además, una falta de respeto al Pueblo. LEA

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Viejo problema que tiene solución

 

Ya han tenido suficientes oportunidades

 

Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos.

Proyecto SPV, 8 de febrero de 1985

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Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia.

Bofetada terapéutica – Carta Semanal #100 de doctorpolítico, 19 de agosto de 2004

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La dirigencia opositora se llena la boca de Pueblo para masticarlo y hacer lo que le dé la gana, así sea enteramente inconstitucional e inmoral. (Aparte de ineficaz). Que gobiernos extranjeros que no conocen nuestro ordenamiento constitucional hayan creído todo lo que les dice esa lamentable dirigencia no convierte sus desaguisados en aciertos. La “comunidad internacional” no tiene vela en este entierro, de exclusiva preocupación nacional.

Más usurpador será usted, 23 de enero de 2019

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Eso sí es una ruta: la del Pueblo de Venezuela, que debe hablar desde la belleza de su supraconstitucionalidad, desde la seguridad de su fuerza, que no requiere violencia o insulto, que no necesita condenar sino mandar serenamente, lo que es ciertamente preferible a protestar o execrar.

Partitura del Pueblo, 4 de agosto de 2019

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El demos cabe en la red

 

La democracia digital

 

Venezuela tiene las posibilidades, por poner un caso, de convertirse, a la vuelta de no demasiados años, en una de las primeras democracias electrónicamente comunicadas del planeta, en una de las democracias de la Internet. En una sociedad en la que prácticamente esté conectado cada uno de sus hogares con los restantes, con las instituciones del Estado, con los aparatos de procesamiento electoral, con centros de diseminación de conocimiento.

El mes de Janoreferéndum #11, 21 de enero de 1995.

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El “único” poder legítimo de la Asamblea Nacional fue establecido el 6 de diciembre de 2015, en elecciones organizadas por el mismo Consejo Nacional Electoral que tenemos actualmente, bajo la misma presidencia de Tibisay Lucena. En camino hacia ese evento, “la Mesa de la Unidad Democrática experimentó dificultades con la selección de sus candidatos a la Asamblea Nacional; pudo celebrar primarias en sólo 33 de los 87 circuitos electorales involucrados el 16 de mayo. El argumento adelantado entonces era el costo que sería presuntamente impagable”. (Cómo seleccionar un candidato, 29 de agosto de 2016). El punto fue levantado por el suscrito, con suficiente tiempo, en una entrevista en el programa Y así nos va que transmitiera Radio Caracas Radio; he aquí el audio del breve pasaje preciso:

Fragmento de Y así nos va (17 de marzo de 2015)

 

La MUD tenía a su disposición un modo verdaderamente económico de efectuar elecciones primarias, en Internet, para determinar sus candidatos en todos los circuitos, y optó por otro camino.

El número de internautas venezolanos mencionado en el programa de Hernández y Lara, así como el de usuarios de teléfonos inteligentes*, continuó ascendiendo aun en medio de nuestras dificultades económicas. Así lo registró Tendencias Digitales, una filial de Datanálisis dedicada desde hace años a medir la penetración de Internet en Latinoamérica, en elocuentes cifras de fines del año pasado:

 

En crecimiento constante

 

La vocación de modernidad del Pueblo de Venezuela

 

El 70% de los internautas puede votar

 

Por estos días de reciente y creciente apoyo a la proposición** de resolver nuestros problemas mediante consultas referendarias, pudiéramos tomar conciencia de tales magnitudes, y asimismo de este principio útil al Pueblo en la Red de redes, estrenado en el Artículo 4 de la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas (17 de enero de 2001): Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos… LEA

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* A fines de 2017, se estimaba en 16 millones la cantidad de teléfonos inteligentes en uso en Venezuela.

** Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional. (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

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Analistas extraviados

 

La fotografía que acompaña al documento

 

En el día de hoy se ha conocido un análisis con recomendaciones del Crisis Group*, en el que se aboga por una incorporación del sector militar venezolano a las negociaciones políticas entre gobierno y oposición, hoy interrumpidas. El trabajo, fechado en Caracas y Bruselas, lleva por título El enigma militar de Venezuela (Briefing #39, Latin America & Caribbean). Éste es su sumario:

La lucha por el futuro político de Venezuela probablemente dependerá de la disposición de las fuerzas armadas: los altos mandos podrían facilitar o prevenir un distanciamiento del presidente Nicolás Maduro. Los promotores de las negociaciones deberían incluir a representantes militares en las discusiones lo más pronto posible. 

Esa recomendación es verdaderamente torpe; lo primero que hace el Artículo 328 de la Constitución es establecer que “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación”. La incorporación de “representantes militares” en negociaciones políticas sería una violación frontal de la disposición constitucional transcrita, y los expertos de Crisis Group debieran estudiar a fondo la Constitución venezolana si es que quieren ser tenidos por gente seria. (Una comprensión de ella, por ejemplo, haría entender que el diputado Guaidó no es en ningún caso “Presidente encargado” de la República y que no es prerrogativa de la Asamblea Nacional la invitación a invasores armados de países foráneos).

Es equivocadísima la observación siguiente, pretendidamente ingeniosa, del informe: “Las negociaciones patrocinadas por la comunidad internacional para lograr una transición política mediada han incluido a civiles cercanos a Maduro y Guaidó – pero no a nadie que represente a las fuerzas armadas como institución”. Es sólo el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, el Sr. Nicolás Maduro, quien puede representarlas “como institución”.

Más adelante registra: “Un analista político y exmiembro de la FANB dijo a Crisis Group que después de casi dos décadas absorbiendo la doctrina militar chavista, era poco probable que muchos soldados aún pertenecieran a la vieja escuela ‘institucionalista’–que sostenía que las fuerzas armadas eran fundamentalmente apolíticas y subordinadas al mando civil “. La Constitución no es “una escuela”.

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Luego de que el usurpador Juan Guaidó incitara, el pasado 30 de abril, la rebelión de la Fuerza Armada Nacional contra la jefatura de Nicolás Maduro, “pidiéndola”, expliqué lo siguiente en la entrada de este blog con el archivo de audio del programa #348 de Dr. Político en RCR:

La sesión comentó los sucesos de esa fecha con ayuda de una evaluación publicada en The New York Times, e hizo referencia a una nueva equivocación del diputado Juan Guaidó, al solicitar a los venezolanos que asisten a las arengas que conduce que repartan a militares la “invitación” o “petición” de que se unan al movimiento que lidera. Se dijo durante la transmisión:

Los militares no atienden peticiones o invitaciones; acatan órdenes. Constitucionalmente acatan órdenes del Presidente de la República, es decir, de Nicolás Maduro. (El diputado Guaidó no es el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional). Sólo un poder puede superponerse al del Presidente: el del Pueblo. Reitero la fórmula del Acta de Aboliciónordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…

Fue el 17 de diciembre de 2016 cuando se explicara en la emisión #227 el concepto de tal Acta de Abolición del gobierno, explicado el mismo día en Manda Su Majestad, entrada de este blog.

El Grupo Crisis ignora por completo, como hasta ahora el Grupo de Contacto de la Unión Europea y el Grupo de Lima, entre otros, que si se encontrare que alguna ruta recomendable contravendría lo establecido en nuestra Constitución, el Pueblo de Venezuela en referendo es el único actor que puede determinar su acogida, puesto que es el único poder que no está limitado por la Constitución. LEA

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* International Crisis Group (ICG) es una organización no gubernamental, fundada en 1995, dirigida a la resolución y prevención de conflictos armados internacionales. ICG combina el trabajo de especialistas en el terreno y las labores de sensibilización desde sus sedes, ubicadas en los cuatro continentes. Actualmente monitoriza más de sesenta conflictos internacionales. En la actualidad, ICG​ cuenta con un amplio reconocimiento internacional. Se le considera fuente de información para gobiernos e instituciones que trabajan de manera activa por la paz y la resolución de conflictos. Asimismo, se le reconoce como una de las fuentes independientes más destacadas e imparciales de análisis y asesoramiento sobre prevención y resolución de conflictos armados, a gobiernos e instituciones intergubernamentales como las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea y el Banco Mundial. International Crisis Group​ cuenta con nueve oficinas regionales que cubren más de sesenta países y zonas de conflicto. Las sedes principales se encuentran en Bruselas, Washington, D.C., Nueva York y Londres. La organización cuenta con un equipo de 130 empleados de 49 nacionalidades diferentes, ubicados en el terreno en nueve oficinas regionales y otras catorce locales. Crisis Group publica anualmente alrededor de noventa informes y un boletín mensual llamado CrisisWatch,​ que evalúa el estado de unos setenta países considerados áreas abiertas de conflicto o con posibilidad de conflicto. (Wikipedia en Español).

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Tratamiento para almas corroídas

 

De alguien que mucho sabía

 

Si en algo ha tenido Hugo Chávez un éxito indiscutible es en levantar el odio entre hermanos de una misma nación. Si en algo ha sido eficaz es en el contagio de sus resentimientos biográficos, de sus reconcomios infantiles. Pues, en dinámica prevista por Hegel, estudioso del conflicto humano, los enemigos terminan por parecerse al cabo de prolongada lucha. Es bastante más de uno el opositor a Chávez que se conduce idénticamente poseso por el odio y el rencor. (…) Lo peor que puede hacer un opositor a Chávez es parecerse a él.

Conocimiento y opinión, 14 de junio de 2007

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Acá se ha destacado cómo es que tal vez el peor de los legados del chavismo (ahora mutado en madurismo) es la generalización del odio social. El 5 de julio de 2007 se exponía en Nocivo para la salud mental:

Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por esta permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. No hay, pues, nada que pueda salvar a las administraciones de Chávez en el registro de la historia, y esto debe ser explicado a sus partidarios en nuestra ciudadanía. Uno pudiera invitarles a que hicieran una lista de los aciertos de Chávez, pues por más larga que fuese sería reducida a la insignificancia al cotejarla con su perenne modelación de la violencia y la agresión, que deja cicatrices en el espíritu de la Nación.

La proliferación de las llamadas “redes sociales” ha amplificado desde entonces el proceso, y un alto grado de agresividad es observable en el mundo de los opositores, incluso cuando discrepan y se censuran entre ellos mismos. Son de ayer los siguientes dos tuits, que pueden servir de ejemplos (se corrige la escritura, típicamente defectuosa):

1. Él no se ha rendido, Ud. sólo está viendo ahora con claridad lo que SIEMPRE estuvo ahí. Guaidó llegó para hacer lo mismo que Capriles, Rosales, MCM, Allup, Borges, Leopoldo y el resto de HDP: oxigenar al régimen, traficar esperanzas, y burlarse de los venezolanos. Son socialistas.

2. No hay cese de usurpación; Guaidó se rindió, capituló, se acobardó, dio las nalgas. ¿Entienden fanáticos guaidobobos?

Es patente que tales gemas han sido talladas por espíritus enfermos.

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Ocho años y 14 días después de la cita inicial, intentaba contestar una pregunta de la Sra. Amparo Schacher de Wiedenhofer, quien había inquirido el 12 de julio de 2015 en comentario a entrada de este blog: “Tomando en cuenta su visión de la política como acto médico ¿cuál sería el método y cuáles las primeras medidas a tomar si Ud. fuese elegido presidente actualmente?” Así iniciaba lo que atiné a responder:

Lo primero que haría como Presidente es comunicar al país mi convicción de que las personas de convicción socialista, en su mayoría, son gente que privilegia la virtud de la solidaridad, y que no debe llegarse a la Jefatura del Estado con ánimo altaneramente justiciero. Ya en septiembre de 1987 escribía (en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela):

Si un aspirante a outsider sorpresivo, a “tajo” de las elecciones, plantea su campaña con un grado apreciable de vindicta, de falta de comprensión de lo que en materia de logros políticos debemos aun a los adversarios, obtendrá temprana resonancia y fracaso final. El outsider con posibilidad de éxito no se impondrá por una mera descalificación de sus contendientes y, en todo caso, no por descalificación que se base en la negatividad de éstos sino en la insuficiencia de su positi­vidad. El propio Isaac Newton reconoció: “Si pude ver más lejos fue porque me subí sobre los hombros de gigantes.”

Creo, por supuesto, que el socialismo, en tanto ideología, es terapia equivocada, medicina antigua, concebida en el siglo XIX como toda otra ideología—liberal o libertaria, social-demócrata o social-cristiana (o eso que ahora presentan como si fuera nuevo, un tal progresismo)—con la pretensión de saber cuál es la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que la sociedad actual no lo sea. Su presunción fundamental es errónea: a partir de unos pocos casos observables de empresarios nocivos para el grupo social, razonan que la empresa privada en general es perniciosa y por tanto debe ser establecido un “Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”. (Diccionario de la Lengua Española; definición de socialismo). Si tal proceder fuese correcto, entonces habría que acabar con el Estado, pues son numerosos los casos de estados harto inconvenientes. Toda institución humana exhibe patologías, y la solución no es eliminarla, sino curarla.

Pero eso no es lo mismo que condenar al chavismo a la Quinta Paila del Infierno por toda la eternidad. Es posible hacer ver a quienes se inscriben en esa variedad del socialismo, aunque con dificultad, que su enfoque de la política es equivocado, como lo es toda posición ideológica. El error de mi contendiente no es causa de mi acierto, y nuestra tarea principal es la de reunir a un país ideológicamente dividido.

Eso no es declaración meramente retórica. Cuatro días después de la muerte de Hugo Chávez, hice el programa #35 de Dr. Político en RCR. Invito a los visitantes de este blog a escuchar un poco menos de la mitad de su duración y luego, si así les place, a condenarme por lo que dije el 9 de marzo de 2013:

LEA

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