Los amigos idos

De izquierda a derecha, Vera Roos de Zitman, Rafael Sylva Moreno, Cornelis Zitman y Elizabeth Larrazábal a la mesa en la boda civil de Nacha Sucre—de pie—y el suscrito el 28 de abril de 1979. (Sobreviven las damas).

 

En Día de la Toma de la Bastilla, a los amigos que me quedan

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Cornelis y Rafael ya no están; se han ido. A ambos los he recordado varias veces en este blog: al primero, por ejemplo, en El holandés errante hace doce días, y a Nuestro insólito Rafael Sylva el 18 de enero de 2018. Mi entrañable compinche Eduardo Quintana Benshimol tampoco está entre nosotros. Alguna vez (1974) me curó una decepción amorosa ¡al explicarme la “dialéctica del Señor y el Siervo” expuesta por G. W. F. Hegel en La Fenomenología del Espíritu! Así lo recordaba el 4 de marzo de 2012 en Memorias lógico físicas:

Conocí a mi esposa el 11 de mayo de 1976. Andrés Ignacio Sucre, su primo hermano, quien había sido mi alumno en la Universidad Metropolitana en su primera sede de San Bernardino, compartía conmigo amistad y gusto por la buena música. (…) Me invitó a su casa en la fecha mencionada para escuchar el concierto aniversario de un coro a cuatro voces que dirigía, con sabrosura característica, mi amigo de adolescencia y compadre, Eduardo Plaza Aurrecoechea. (…) Bueno, el día anterior, sin sospechar siquiera la existencia de Cecilia Ignacia Sucre, me encontraba en la oficina que compartía con Eduardo Quintana Benshimol, filósofo, y Juan Forster Bonini, químico.(…) El 10 de mayo de 1976 yo jugaba con la tabla de verdad (…) de la función lógica de implicación: si A, entonces B. (…) De esto trataba mi ociosidad de aquel día, y al anotarla en un Level Book S 1136—un cuaderno de topógrafos que mi padre me había regalado—, la mostré a Eduardo Quintana y le pedí que certificara con su firma el paradójico hallazgo.

 

Eduardo Quintana, de barba, entre su esposa, Adriana Calebotta (a su derecha) y Haydeé Farías, esposa de Diego Bautista Urbaneja (al extremo izquierdo), quien afortunadamente sobrevive como las esposas de ambos y Nacha y yo, que completamos el grupo en nuestra celebración de casamiento.

 

Eduardo Plaza Aurrecoechea

El otro Eduardo se me ha ido también. Eduardo Plaza fue la más antigua de esas intensas amistades/privilegio—entreverada sobre múltiples parentescos de afinidad—y la segunda en desaparecer, y a los pocos días de mi instantáneo enamoramiento de Nacha Sucre fui a asegurarme de que él, quien la había conocido primero, no estuviera sentimentalmente interesado en ella, presto a reconocerle un cierto derecho de prelación. Gracias a Dios, me tranquilizó al respecto, y eso fue lo más cerca que haya yo estado del sacrificio de Zurga y Nadir, los protagonistas de Los pescadores de perlas, la ópera de Georges Bizet que se estrenara en 1863. Estos dos personajes se han enamorado de la misma mujer—la sacerdotisa Leïla—, y su profunda amistad les empuja al juramento de ser amigos por siempre y a renunciar ambos a ella. He aquí su hermosísima aria Au fond du temple saint,* en las voces de Robert Merrill (Zurga) y Jussi Bjoerling (Nadir), quienes en la vida real cantaron juntos muchas veces y fueron grandes amigos:

 Al fondo del templo santo

Au fond du temple saint
Parée de fleurs et d’or
Une femme apparaît!
Je crois la voir encore!
Une femme apparaît!
Je crois la voir encore!
La foule prosternée
La regarde, etonnée
Et murmure tous bas
Voyez, c’est la déesse!
Qui dans l’ombre se dresse
Et vers nous tend les bras!
Son voile se souleve!
Ô vision! Ô reve!
La foule est à genoux!
Oui, c’est elle!
C’est la déesse
Plus charmante et plus belle!
Oui, c’est elle!
C’est la déesse
Qui descend parmi nous!
Son voile se souleve et la foule est à genoux!
Mais à travers la foule
Elle s’ouvre un passage!
Son long voile dejà
Nous cache son visage!
Mon regard,…

 

Pudiéramos escucharla de nuevo en interpretación del grupo que se hace llamar apropiadamente, en feliz conjunción ítalo-inglesa, Amici Forever (Amigos por Siempre):

  Bis

Está bien, una vez más pero sin palabras. Martin Zonnenberg y Martin Mans nos ofrecen el aria ahora en teclados de piano y órgano. La pieza funciona también en versión instrumental:

Bis 2

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Gracias, Eduardo I; gracias Eduardo II; gracias Rafael; gracias Cornelis. Que consintieran en ofrecerme amistad fue una cuádruple y abundante cascada de fresca agua bendita, en la que me bañé cada vez que pude. LEA

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* Escuché por primera vez el aria de Bizet, por casualidad, en 1975. Entré a una librería londinense que la hacía sonar en su piso superior, destinado a ofrecer discos a la venta, y quedé clavado en el sitio, sobrecogido por su belleza. Un dependiente a quien pedí ayuda me informó acerca del nombre de la obra y salí de allí con el álbum de Los pescadores de perlas bajo el brazo. (En mi adolescencia, el doble tocayo y vecino Luis Enrique Doguis Jelambi, fallecido—otro más—prematuramente, cuyo padre era un consumado melómano, mencionó el nombre de la ópera cuando oíamos la obertura de la ópera Carmen, del mismo compositor, a mediados de los años cincuenta).

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El holandés errante

Rostro de mujer venezolana captado por Cornelis Zitman

 

Cornelis vio algo único en el alma venezolana. Él, que entró a Venezuela por la Coro que fundara Juan de Ampíes en 1527—adonde vino de Holanda a casarse con él Vera Roos, el mayor amor de su vida—conoció en esa ciudad colonial a su segundo gran amor: Venezuela. Pero no sólo la Venezuela física, que por supuesto ama, sino al espíritu amistoso, optimista, fraternal y llano de los naturales de nuestra patria. Es nuestra alma, hasta no hace mucho unánimemente amable, la que encontró después en sus alumnos y colegas de la Universidad Central de Venezuela y el Instituto de Diseño de la Fundación Neumann-INCE, en obreros entusiastas, empresarios progresistas y artistas nobles y sabios. Es nuestra gente lo que cautivó a Cornelis y Vera. Se quedaron en Caracas por nosotros. Esta gente es hoy presa de una neurosis política. La prédica del odio y la exclusión resentida ha envenenado el alma del país, antaño dulce. A la cesación del régimen sembrador de cizaña—y para esto no falta mucho—habrá que untar ungüento calmante y sanador al corazón de los venezolanos, hoy hartos del pernicioso e inútil conflicto. Cornelis y Vera han apostado a esa cura. Por eso no se han ido. (Zitmangebouw de Caracas, 22 de febrero de 2011).

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Anoche me llamó Leopoldo Hellmund y hablamos de Cornelis Zitman: le prometí enviarle un fragmento de audio del programa #179 de Dr. Político en RCR, que el 16 de enero de 2016 estuvo dedicado a su memoria. Ya lo he hecho; contiene lo que dije—a propósito de su vida excepcionalmente benéfica para el mundo y especialmente para Venezuela—días después de su considerada despedida (un día antes de mi cumpleaños). Esto es lo que recibió el noble Leopoldo:

 

En Semper Cornelis (6 de marzo de 2017) escribí acá:

Detrás de su arte, por supuesto, estuvo su humanidad; nadie puede crear tanta belleza si ella no es la substancia de su alma. Quienes tuvimos la inmensa fortuna de tratarle supimos de su inerrante instinto moral, su bondad, su generosidad, su invariable alegría. No sabemos, creo, cómo agradecer su existencia entre nosotros.

No has dejado, Cornelis, de hacernos una enorme falta. LEA

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El premio al mejor equipo

Hace tres décadas para Maracaibo

 

Hace exactamente treinta años de que el diario La Columna, exitosamente posicionado como el diario metropolitano de Maracaibo, recibiera el Premio Nacional de Periodismo.* En La erección de una columna nueva (27 de junio de 2010), se lee:

…el 27 de junio de 1990, el diario La Columna (Maracaibo) ganaba el Premio Nacional de Periodismo a escasos nueve meses de su reaparición. Entre los otros candidatos al galardón se encontraban El Nacional y el periódico que entonces era todavía “el decano de la prensa nacional”, La Religión, que cumplía un siglo de existencia. La Columna había sido cerrado por su dueño, la Arquidiócesis de Maracaibo, en junio de 1988, y volvió a la vida el 8 de septiembre de 1989, coincidiendo con la fecha convencionalmente aceptada como la de la fundación de la ciudad. En un patio dominado por la presencia de Panorama, la hegemonía informativa de este periódico nunca había sido quebrada por otro diario; ni La Columna, que era más antigua, ni El Diario de Occidente, ni Crítica, ni El Nacional de Occidente, ni El Zuliano, habían podido hacer mella en un cuasi-monopolio que decidía el mundo que existiría oficialmente para los zulianos: el registrado en las páginas de Panorama. Pero La Columna nueva ya alcanzaba en febrero de 1990, a cinco meses de su reaparición, una circulación pagada que superaba la de ese periódico en unos seis a nueve mil ejemplares diarios en la ciudad de Maracaibo; en abril alcanzaba (en siete meses) el punto de equilibrio entre costos de operación e ingresos por publicidad (USA Today se conformaba con lograr esa meta en cuatro años) y en junio no hubo más remedio que reconocer su increíble proceso con el premio máximo del periodismo nacional.

Como es usual, la noticia se supo con antelación; así puede colegirse de la muy generosa carta que quince días antes me hiciera llegar Paúl Villasmil, el inteligente publicista y promotor marabino que apoyó calurosamente el proceso de relanzamiento y su consolidación. Hela aquí reproducida:

Maracaibo es mi segunda patria chica y más todavía. Acabo de contar a Marlene Nava, veterana profesional del periodismo a quien me cupo el honor de contratar, lo siguiente:

Para la operación de distribución, creé Distribuidora Onda y nombré a [Orlando] Espina como su Gerente. Él no podía creer que también le adjudicara, como parte de su contrato, y además de un sueldo que no esperaba, 30% de las acciones de esa empresa. Esto es, se sentaba en la misma asamblea de accionistas al lado de Monseñor Roa Pérez. Tal vez por eso vino un día a anunciarme que había propuesto en una reunión de guajiros—el padre de Orlando había sido vendido como esclavo a los tres años de edad—que se me tuviera como guajiro honorario, lo que me llenó de orgullo.

En mi trayectoria profesional no hay nada que pueda igualar la satisfacción de haber trabajado en La Columna, apoyado por gente competentísima mayormente joven.** Cerré la entrada mencionada al comienzo con una tajante convicción: “La Columna (…) fue—todavía lo es—el mejor periódico que se haya hecho en Venezuela”. LEA

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Se me ofreció el cargo de Editor Ejecutivo de La Columna, comenzando el 1º de enero de 1989, a raíz de un memorándum mío (luego de una visita a Maracaibo) que convenció a Gómez López y López Castillo, la pareja bancario-episcopal que tanto gravitó sobre el subsiguiente destino del periódico. Proposiciones conceptuales previas, incluyendo una tuya y otra de Rodolfo Schmidt, no tuvieron la misma persuasividad estratégica. En ese memorándum, de diciembre de 1988, me atreví a pronosticar el Premio Nacional de Periodismo en no más de dos años, indicando que mi propensión al atrevimiento me inducía a imaginarlo en el primer año. Esta premonición resultó ser acertada. (En contestación a comentario de Víctor Suárez a La erección de una columna nueva).

** Casi toda la plantilla de periodistas había egresado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia. El premio, por tanto, fue en gran medida para esa institución y su principal maestro, Sergio Antillano, de quien todos se expresaban con veneración.

La gente del periódico, por supuesto, fue el factor principal, la columna de La Columna. Una decena de periodistas jóvenes, recién egresados de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia—donde recibieron conocimiento y guía ética de profesores que incluyeron al legendario Sergio Antillano—conformó el equipo inicial, que el éxito permitió complementar luego con unos pocos más: Jesús Urbina Serjant, Lilia Montero, Carlos Caridad, Marco Tulio Socorro, Patricia Rincón, Vinicio Díaz, Judith Martorelli y los fotógrafos Gustavo Bauer y Fernando Bracho, un grupo al que se unían Paola Badaraco, Mayra Chirino y María Angélica Dávila desde la corresponsalía que se abrió en Caracas y, en Maracaibo mismo, Lucía Contreras, Sarita Chávez, Marlene Nava y Celalba Rivera. Con la excepción de unos muy pocos veteranos—como Francis Blackman, en deportes—La Columna de 1989-1990 fue la obra de jóvenes. Fueron ellos quienes hicieron el primer periódico venezolano compuesto íntegramente en computadores, desde la redacción, pasando por el diseño y la diagramación que comandaba el arquitecto Juan Bravo Sananes, hasta la impresión de planchas generadas mágicamente por máquinas RIB computarizadas y colocadas en la Color Press (que no imprimía color) que dirigía Mario Ojeda”. (La erección de una columna nueva).

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Enlace para descargar en formato pdf material enviado a Marlene Nava en Maracaibo el 11 de este mes de junio de 2020: La Columna 1989-90

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La resurrección de un padre

 

Ariana y Hans Neumann

 

Lo que sigue es traducción al español de una reseña—Hiding from the Gestapo in plain sight in Berlin—que aparecerá el sábado 15 de este mes en la edición impresa de The Spectator, la venerable revista inglesa fundada en 1828. Da cuenta de una obra extraordinaria, producto de la investigación de Ariana Neumann Anzola sobre la vida de su padre antes de su llegada a Venezuela en 1949, de la que él prácticamente no hablaba. Tuve la inmensa suerte de trabajar para él durante más de once años; Hans era un caballero verdaderamente monumental. Cuando se estrenó en el Centro Comercial Chacaíto de Caracas la sala Cinema Uno, se escogió abrirla con El dios fingido (The Magus), película basada en la novela homónima de John Fowles, y mi entusiasmo con el filme me llevó a verlo tres veces, la última en compañía de Hans, a quien convencí de que valía la pena. Una de sus escenas reconstruye la masacre con ametralladoras nazis de ciudadanos griegos comunes, y Hans, sentado a mi derecha, saltó en su asiento clavando sus dedos en mi brazo. Mi inconsciencia no había calculado la aguda pena que la escena le causaría removiendo sus insoportables recuerdos. En otra ocasión, cuando se separaba de su primera esposa para casarse con la madre de Ariana, me confió: “Cuando me casé con Milada [Svaton], vivíamos una época en la que quien se permitiera un sentimiento era hombre muerto”. LEA

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Escondiéndose a plena vista de la Gestapo en Berlín

 

Ariana Neumann describe la extraordinaria existencia de su padre en tiempos de guerra, como judío checo que se movía libremente por la capital alemana

 

Anne Sebba

 

De los muchos momentos sombríos que se han alojado en mi mente desde que leí este libro extraordinario, el más inquebrantable es la imagen del otrora respetable Otto Neumann caminando hacia su muerte bajo una lluvia torrencial, por cuyo rostro y ojos corría betún negro. Su destino quedó sellado cuando un cabello plateado revelado debajo aseguró que se le considerara demasiado viejo como para ser seleccionado para trabajar. Fue enviado a las cámaras de gas de Auschwitz.

Pero si este aguacero, en un mundo horriblemente loco, se puede considerar mala suerte—después de todo, Otto y su esposa Ella se las habían arreglado para sobrevivir en el infierno que fue Terezín durante dos años—Hans, su pequeño hijo escondido, llegaría a tener momentos de asombrosa buena suerte que aseguraron su supervivencia. Después de la guerra, tal vez su mayor suerte fue tener una hija que ha dedicado años a desentrañar y reconstruir las experiencias de guerra de las que nunca podría hablar con nadie, y menos aún con ella. Sin embargo, él quería claramente que ella escribiera esta historia, y a su muerte en 2001 le dejó una caja de papeles que, ella cree, le dio permiso para continuar la búsqueda.

En realidad, la búsqueda comenzó mucho antes, cuando Ariana, criada como católica en Caracas, jugaba con algunos amigos de la escuela que pretendían ser parte de un club de detectives o espías, al que llamaron el Club de la Bota Misteriosa. Uno de los primeros documentos que descubrió fue una tarjeta de identidad de 1943 con el nombre de Jan Sebesta y una estampilla de Hitler, pero con una foto de su padre cuando era joven. Sin embargo, cuando corrió hacia su madre gritando que su padre debía ser un impostor, nadie le dijo nada más. No se alentaba ninguna discusión acerca de lo que había sucedido antes de su exitosa vida como un rico industrial y coleccionista de arte en Venezuela, adonde se mudó con casi nada en 1949. Y sin embargo, hubo vislumbres ocasionales y desconcertantes, como cuando en 1990 llevó a su hija de regreso a Praga y, deteniéndose en la cerca de malla de alambre a lo largo de las vías del tren de Bubny, rompió a sollozar incontrolablemente. Nunca pudo contarle a su única hija el devastador evento que tuvo lugar allí en 1942. Tendría que averiguarlo por sí misma.

Durante los años transcurridos desde la muerte de su padre, Neumann ha localizado y reunido cientos de documentos y pistas para crear este conmovedor recuento de la supervivencia de su progenitor en tiempos de guerra. Hacia la mitad del libro está el relato de cómo evitó por primera vez la deportación, escondiéndose en una partición estrecha especialmente construida en la fábrica de pinturas de su familia en Praga. Cuando su existencia allí se volvió demasiado peligrosa, él y su amigo Zdenek, en cierto sentido el verdadero héroe de este libro, idearon un intrépido plan para que él viajara a Berlín con papeles falsificados y trabajara bajo un nombre falso en una fábrica de pinturas de Berlín que estaba desarrollando un nuevo sistema de camuflaje para cohetes alemanes.

La historia de cómo este judío checo buscado por la Gestapo, escondido a la vista en Berlín donde tuvo una relación con una viuda de guerra alemana, fue elogiado por su innovador trabajo por un jefe abiertamente nazi, y recorrió la capital alemana en 1943, es impresionante. Hacia el final de la guerra, incluso, se convirtió en espía que pasaba información a un compañero de trabajo holandés en la fábrica de pinturas.

El libro en Amazon

“Lo que queda”, parte del subtítulo de este poderoso libro, es una frase modesta para lo que es un logro gigante. Porque lo que queda es tan vasto… mucho más que una vida sacada de las sombras: es el profundo amor y la humanidad de una hija hacia un padre complejo y ocasionalmente difícil que trató de protegerla del dolor de saber sobre su vida anterior, pero también es la historia amorosamente recreada de toda una familia. Especialmente reveladora es la manera, valientemente tierna, con la que Neumann escribe sobre los abuelos que nunca conoció y que ahora ha compartido con nosotros: una pareja de mediana edad que se acercó a la devastación de los campamentos con actitudes marcadamente diferentes ante la vida.

Ella, ligeramente coqueta, habría hecho casi cualquier cosa para sobrevivir (el casi es importante), lo que resultó en las acusaciones de su esposo Otto de que tenían un ‘matrimonio fallido’ y que su esposa estaba teniendo una aventura con el hombre del campamento para el que ella fungía como ama de llaves. Neumann, lejos de ser crítica, muestra simplemente cuán imposible era la vida, agradecida de que por fin encontrara a la familia que estaba oculta por el silencio. “He recuperado la esencia de ellos y los llevo en mi corazón; ahora que finalmente están conmigo, me niego a decirles adiós”.

Una de las fortalezas clave de las memorias de Neumann es su terca investigación de los asombrosos detalles de la vida cotidiana en los campamentos, gracias en parte a las cartas que sus abuelos sacaron de contrabando, pero también a los relatos escritos por quienes los conocieron. La historia de su agotado abuelo, condenado a muerte por el fallido tinte de betún para el cabello bajo la lluvia de noviembre, proviene de un testigo en el mismo transporte. Este libro es escalofriantemente triste, pero en general optimista, y de ninguna manera es simplemente otra historia del Holocausto. Es un tesoro para saborear como testamento de la voluntad humana de sobrevivir.¶

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Acerca del nacimiento de un libro

 

Cubierta de Las élites culposas – Diseño de Aitor Muñoz Espinoza (clic para ampliar)

 

En el #64 (año 6, noviembre de 2012) de la añorada revista El Librero, que se obtenía gratuitamente en librerías, fue publicada una entrevista que me hiciera el admirable periodista Rafael Osío Cabrices. Es la que rescato hoy de los archivos con mi eterno agradecimiento a él y a la publicación, editada por Sergio Dahbar.

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LANZAMIENTOS >> Las élites culposas, memorias imprudentes

 

“PREFIERO SER BRUJO DE LA TRIBU QUE BRUJO DEL CACIQUE”

 

Sociólogo, periodista, en suma científico social, en su nuevo libro Luis Enrique Alcalá mira al pasado, el presente y el futuro de Venezuela con una crítica feroz pero argumentada, en la que no se salvan ni políticos ni antipolíticos

 

>> Rafael Osío Cabrices >>

 

Imagen de Mauricio J. Villahermosa. (Clic amplía). El pie de foto ponía: “Alcalá piensa que los nuevos políticos deben reemplazar la ideología por la metodología. (Musiú, por su parte, se reserva su opinión)”.

Luis Enrique Alcalá (Caracas, 1943) es un hombre con una denuncia. La tragedia de la política venezolana, dice al final de su libro Las élites culposas (editado en Libros Marcados, con una foto en la tapa en la que María Corina Machado saluda a Hugo Chávez), consiste en que el país “sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz”.

También es un hombre con una misión. En el mismo libro expresa, pocas líneas más adelante, que “el mal no dura un siglo” y que “es de esperar que el pueblo venezolano aprenda de estos años terribles, tal como los alemanes—hoy la nación más sólida de Europa y no sólo económicamente—pudieron aprender de una de las dictaduras más espantosas que ha sufrido alguna parte de la humanidad. Pero no puede dejarse esto al azar. Es preciso educar al Pueblo, es necesario elevar su cultura política. Es ineludible hacer una política responsable y seria, que abreve de las más modernas nociones aportadas por la ciencia. Es urgente identificar y ayudar a liderazgos más modernos y clínicos. Es imperioso acercar recursos a cabezas nuevas que tienen otro enfoque de la tarea política, que discurren acerca de las implicaciones concretas de la vocación política desde nuevos paradigmas”.

Sociólogo de la UCAB, en principio, Alcalá tiene un extenso currículum que lo ha llevado a distintas funciones en la administración privada y pública, y a otras más en el periodismo, como la de editor del diario La Columna y editor jefe de El Diario de Caracas, entre otras. En su nuevo libro, que subtitula Memorias imprudentes a sabiendas de que lo que cuenta será desagradable para unos cuantos, organiza su visión de lo que nos ha pasado y elabora su tesis de que nuestras distintas élites—que él agrega que se han transformado con la llegada de Chávez y los suyos—han fallado en conducir adecuadamente al país porque lo que tienen en la cabeza no sirve en la realidad del presente.

Con tres presentaciones, de Victoria de Stefano, José Rafael Revenga y el ex presidente Ramón J. Velásquez, Las élites culposas rebosa de citas, de argumentos y de una escritura cuidadosa y vehemente. Alcalá revisa varios momentos pivotales en la historia contemporánea venezolana y sus propias observaciones sobre el país que publicó entonces. Sus muchas advertencias sobre el mal rumbo que llevaba—que lleva—Venezuela, desoídas todas ellas, como las de otros. Por ejemplo, sus profecías sobre un próximo golpe de Estado en su libro Krisis, en 1987. *

Es que éste es un país diferente al de 1958 y al de 1998, en verdad. Mucho más indescifrable. “En 1991”—contó a El Librero en su casa de Caracas—, “Adán Celis, un hombre del grupo Mendoza que fue Presidente de Fedecámaras, me dijo que el país se había vuelto muy complicado, que antes uno levantaba el teléfono, hablaba con Rafael Caldera y luego con Gonzalo Barrios, y listo. El país de antes era mucho más simple. En 1958, la Caracas que se le alzó a Pérez Jiménez tenía no más de 800.000 personas. En esa época, en ese pequeño país, todavía había relativa lucidez en las élites venezolanas: en 1962, el año del Porteñazo, Eugenio Mendoza lanzó en una asamblea de Fedecámaras en Mérida la idea del Dividendo Voluntario para la Comunidad, una iniciativa de responsabilidad social empresarial que empezó en Venezuela tres décadas antes de que se hablara de eso en esta región. Cuando un personaje cuyo nombre no mencionaré le propuso al empresariado organizar paramilitares para combatir a la guerrilla, Pedro Tinoco le dijo que el empresariado lo que tenía que hacer era ayudar a fortalecer la democracia para quitarle piso político a la extrema izquierda. Hasta que el chorro de ingreso petrolero de 1974 hizo creer al Estado que ya no necesitaba al sector privado y empezó a hacer todo por su cuenta”.

Alcalá brinda en la conversación algunos de los matices que no faltan tampoco en su libro. “Sería muy injusto decir sobre las élites criollas que su crisis no forma parte de una crisis global del oficio político mismo, de lo que se ha entendido como política”. Llama por eso a las élites “culposas”, no “culpables”. Alcalá dice que aquí todos, chavistas y no chavistas, están “esclerosados en sus paradigmas” y siguen creyendo que la política era lo que creían que era. “Siguen viéndola de manera newtoniana, mecanicista. Creen que la política es una ciencia deductiva. No la miran con la complejidad con que deben hacerlo. Mientras hay mucha inteligencia en las clases D y E de la población venezolana, donde está el 71% de los internautas del país. Hay una gran vocación de modernidad en el barrio venezolano. No se puede pensar que ahí votan sólo con la barriga”.

Luego de los resultados de las elecciones del 7 de octubre de 2012, Alcalá piensa en ampliar su libro con un capítulo adicional. Pero adelanta algunas de sus notas sobre el presente. “Aquí, la oposición sigue viéndose como oposición y es tan representativa de la vieja política como lo es Chávez, por su apego a la tan vencida Realpolitik como por su carga ideológica. En Capriles el tema ideológico aparece muy rara vez y él dice que no cree en el dilema izquierda versus derecha, pero igual pertenece a un partido que, como todos los demás, hizo un congreso ideológico, y en el fondo, como todos nuestros políticos, cree que puede tener el derecho de ser el jefe del pueblo y administrar el Estado petrolero”.

Respira en él una frustración que uno respira en muchos otros autores venezolanos y latinoamericanos sobre la frecuente derrota ante los jefazos, ante los que insisten en que a esta sociedad lo que le gusta es que la manden y punto, al margen de que la despojen de buena parte de lo que es suyo. “Pero la Humanidad es así aquí y en Japón. Basta leer un poco de Historia para darse cuenta de que lo que pasa aquí pasa en todas partes y en todas las épocas. Sin embargo, hay que llevar eso con filosofía, evitar neurotizarse. Yo opté por mirar la política y escribir y hablar sobre ella desde un ángulo médico, desde la figura de la política clínica. Me interesa estar entre los brujos de la tribu, no entre los brujos del cacique. ** Siento que debo empaquetar mi política clínica para gente con vocación pública, para la nueva generación de líderes, y en ese sentido va un taller que ofreceré próximamente. La propuesta: sustituir la ideología por la metodología”.

Alcalá cierra la entrevista con la misma propuesta con la que cierra el libro. Él se ofrece a formar: “Un político debe ser un profesional del arte de responder a problemas de carácter público, cosa que debe hacerse con seriedad y con un código de ética. La tarea profunda es quitarle las mentiras al electorado. Practicar la enseñanza política. Que la gente aprenda a que no le caigan a cobas, cobas además elaboradísimas, que son toda una estructura. Es lo que intento hacer con mi programa en RCR, con mi blog (doctorpolitico.com) y con mis libros: compartir un manual de ciudadanía”. ❡

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* En verdad, no fue en mis Memorias prematuras—publicadas en 1986—donde anticipé el golpe de Chávez; en mis Memorias imprudentes, pretexto de la conversación con Osío Cabrices, consta: “En Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela (septiembre de 1987), había escrito: ‘…el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable’”. Una nota al pie comenta: “La asonada de Chávez, Arias Cárdenas et al., se supo luego, estuvo prevista para fines del año de 1991. Debía darse para el 16 de diciembre de ese año, con la pretensión de amanecer en el poder en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar”.

También se lee en las imprudentes acerca de una premonición más próxima:

…el 21 de julio de 1991, El Diario de Caracas había publicado un artículo mío—Salida de estadista—, en el que recomendaba la renuncia del presidente Pérez como modo de eludir, justamente, lo que estaba ocurriendo a pocas centenas de metros de mi casa. Allí puse: “El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal”.

** Es probable que los hombres de pensamiento que se dediquen a la formulación de políticas se entiendan más como “brujos de la tribu” que como “brujos del cacique”. Esto es, se reservarán el derecho de comunicar los tratamientos que conciban a los Electores, sobre todo cuando las situaciones públicas sean graves y los jefes se resistan a aceptar sus recomendaciones. Pero también es probable que en algunos pocos casos algunos brujos lleguen a ejercer como caciques. En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate. (De héroes y de sabiosreferéndum #26, 17 de junio de 1998).

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Que tenga Ud., amable lector, en unión con su gente, una Feliz Navidad. (Dentro de lo petroposible). LEA

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Del proverbial baúl…

 

…de los recuerdos. Transcribo acá una entrevista que me hicieran a mi paso como Editor Jefe de El Diario de Caracas (1999-2000), cargo que me confiara mi amigo y empleador—Corimón, Fundación Neumann—, el gran empresario y hombre de cultura checo-venezolano Hans Neumann. El motivo: hoy me ha llegado el video promocional de When Time Stopped, libro escrito por su hija (Ariana Neumann Anzola) con María Cristina Anzola Etchevers, a quien considero la cuarta de mis hermanas. (Estará disponible en 2020). He aquí el video que anticipa al texto:

Y ahora la entrevista. (Releerla ha removido muchísimos recuerdos gratos y agradecidos; también uno doblemente triste: el sepelio de Hans Neumann Haasova tuvo lugar en Caracas el 11 de septiembre de 2001, el mismo día del ataque hiperterrorista contra las torres gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York. Ese día, llamé a María Cristina, ya separada de Hans y residenciada en la metrópolis atacada, para asegurarme de que hubiera sobrevivido y recordar a quien quisimos tanto).

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¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?

 

Marco Gómez

 

Portada ficticia de El Diario de Caracas, creada por Coromoto Fajardo para mi cumpleaños (11/01/2000; clic amplía)

 

Primero me dejaron ver un video. Un poco más de dos horas de registro audiovisual de un “seminario de pauta trimestral” de El Diario de Caracas. Luego me actualizaron con los cambios más recientes, pues el evento que el video muestra tiene ya un poco más de un mes de haberse celebrado. Después de esto contestaron mis preguntas—las fáciles, que las difíciles iba a hacérselas al Editor, a quien entrevistaría al día siguiente—para finalmente darme un tour por las instalaciones del periódico, paseo que culminó, mi vista abrumada, ante la imponente rotativa Roland de tres pisos, que puede manejar ediciones de hasta 128 páginas en blanco y negro o de 96 páginas con color.

Todo muy organizado y eficiente, pero cuando pretendía indagar cierta clase de cosas la respuesta era invariable: “Pregúntale a Luis Enrique”. Y por Dios que lo haría.

Luis Enrique Alcalá, el nuevo Editor Jefe de El Diario de Caracas, y yo, novel articulista de sus páginas, nos habíamos visto una sola vez antes de nuestra extensa conversación sobre la nueva fase del periódico. Un amigo común permitió el enlace que a su vez me ofreció la oportunidad de enviar un artículo que gustó a Alcalá. Tuvo la gentileza de obtener mis señas a través del amigo y llamarme por teléfono directamente, sin una voz secretarial que mediara en el encuentro de bocinas. De una vez me propuso que continuara escribiendo para sus páginas de opinión. Al tercer artículo que me publicó (este pasado lunes 1º de noviembre [de 1999]) llamé yo para agradecer el espacio y curiosear acerca de cosas que se estaban diciendo del periódico. Inmediatamente me propuso algo mejor: ¿por qué yo no aceptaba escribir, como observador externo, acerca de lo que Alcalá llama la metamorfosis del diario? Me explicó la transformación que CORPUS experimentaría y puso a mi disposición el espacio de varias páginas. Yo riposté que necesitaría entrevistarlo, a lo que accedió, siempre y cuando yo me sometiera al proceso de inmersión preliminar, el que incluyó el mencionado video y el paseo guiado por el edificio.

Es así como estoy ahora frente a Luis Enrique Alcalá, o simplemente Luis Enrique, como lo llaman en la Sala de Redacción sus periodistas o en la nave de Rotativa sus operarios.

Este hombre de periódicos no es periodista de profesión. Una extraña mezcla de media carrera de Medicina y una completa de Sociología le llevaron alguna vez, hace diez años, a Maracaibo. Allí se encargaría de relanzar el diario La Columna que, habiendo cerrado sus puertas en junio de 1988, volvería a la luz el 8 de septiembre de 1989. En seis meses contados desde esa fecha La Columna circulaba 49 mil ejemplares diarios, dos meses más tarde llegaba a punto de equilibrio por la inserción publicitaria y en dos meses más obtenía el Premio Nacional de Periodismo de 1990.

Mucho antes de eso Alcalá había trabajado para Corimón, la empresa que había fundado el actual dueño del periódico, Hans Neumann. Entre 1968 y 1979 ejerció en ese grupo industrial una diversidad de funciones corporativas. “Para mí esto fue otra universidad”, dice.

De modo que cuando a comienzos de septiembre le propusieron asumir el cargo de Editor Jefe no lo pensó dos veces. Su pasión por los periódicos, y su larga relación con el propietario y su total confianza en él se mostraban como factores positivos convergentes y absolutamente convincentes. “A esto se añade que yo fui lector asiduo de El Diario de Caracas desde que salió por primera vez, en 1979. Yo estaba recién casado y mi esposa me trajo el primer número como regalo. Luego escribí artículos en este diario bajo tres directores diferentes: Ball, Urbaneja y Herrera. Entonces, siempre me he sentido muy cerca de El Diario de Caracas. Cuando me ofrecieron este cargo pensé, confieso: lo que es del cura va para la iglesia”.

La entrada de Luis Enrique en el periódico caraqueño no ha pasado desapercibida. Comentaristas de radio y televisión han tenido que hacer con la primera página del periódico, la mayoría para referirse a ella positivamente. Y, tal vez más significativamente, también ha recibido ataques. ¿Qué es lo que hace que tengan que ocuparse de este periódico después de sólo mes y medio de su cambio de dirección? ¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?

“No está pasando nada del otro mundo. En el fondo se trata de hacer ciertas cosas elementales del buen periodismo, mezcladas con una buena dosis de sentido común gerencial. Hacer periodismo bueno en Venezuela es posible, aun tomando en cuenta las limitaciones locales y las que vienen de las circunstancias. Pero en realidad lo que hemos hecho es poco. En esencia se trata de haber sentado la orquesta de modo diferente a como lo hacía el anterior director. (Hemos estado usando mucho entre nosotros la metáfora de la orquesta, y tú viste al entrar el afiche de la Sinfónica de Boston). La hemos sentado distinto significa que hemos producido un nuevo esquema de paginación, que comenzó a regir el lunes 18 de octubre y que ya ha sufrido algunas modificaciones y va a sufrir más todavía. El 19 de noviembre, viernes, aprovechando que no salimos, por ahora, los días sábado y domingo, tendremos una evaluación a fondo del esquema que hemos venido usando”.

El esquema, explica Luis Enrique mientras firma algún tipo de recibo, se fundamenta en dos premisas básicas. El caraqueño es una persona que está profundamente interesada en lo que ocurre en su ciudad. Aunque sólo sea por lo que ocurrió aquí el 27 y 28 de febrero de 1989. Pero el caraqueño es también un ciudadano del mundo, un ciudadano del planeta. Por esto la secuencia de páginas arranca por Caracas y continúa con Mundo.

“Pero hay una premisa más fundamental: El Diario de Caracas es, o más exactamente, debe ser el diario de Caracas. Esto refuerza más todavía la conciencia de que debemos pensar en las necesidades de información de los habitantes de Caracas, y se refleja de modo inmediato en que el periódico abre por Caracas”:

Sí, pero ¿por sucesos, por página roja?

“Sí, porque lo que más le interesa a un sistema biológico es que su sistema inmunológico funcione bien. Y los sucesos son el sistema inmunológico de una ciudad”.

Después de las 6 páginas que el periódico dedica a Caracas y el Mundo vienen dos de Opinión—“No debemos tener más por los momentos”, intercala el editor—y luego el periódico se desarrolla por secciones: República, que es una combinación de lo que en muchos periódicos se llama política con lo que se llama país, Indicadores, Economía y Negocios, Economía Personal, Artes, Casa, Espectáculos, Sociales, Deportes. Intercaladas van dos carteleras, una de Servicios y una de Espectáculos, así como una página de Pasatiempos.

 

El resto de la portada (clic amplía)

 

Pero el cambio en El Diario de Caracas es mucho más que un nuevo esquema de páginas. Ha habido cambios en el estado mayor de la Redacción, por ejemplo. Y hubo el seminario cuyo video vi y que bien podría llamarse un seminario estratégico. Hacia el final del video, cuando se discutía la presentación sobre los objetivos de la Redacción, se registra una intervención entusiasmante de Gianpaolo Veronelli, el Gerente General del periódico: “Ahora este periódico tiene un norte claro. Cuenten con todo el apoyo de las unidades de la Gerencia General. Aquí vinimos a ganar”.

Y es que en el seminario del 2 de octubre no sólo participó el grupo de la Redacción, sino que asistieron y participaron activamente los miembros del equipo de Publicación—Ventas, Administración, Producción, etc.—y hasta el nivel corporativo, representado por Alba de Aponte, Coordinadora Ejecutiva de la Junta Directiva del negocio.

“Cuando hacíamos La Columna en Maracaibo entre 1989 y 1990 yo tenía que ejercer la función de editor y también manejar el lado comercial del asunto. Acá tengo la inmensa fortuna de contar con la presencia de Gianpaolo Veronelli, que es un hombre de las nuevas generaciones gerenciales del país y cuenta con una importante experiencia en periódicos, incluyendo, naturalmente, en el propio periódico nuestro y en The Daily Journal, diario en inglés que es nuestra fraterna competencia corporativa. Por esta presencia, y por la de toda la gente que Gianpaolo comanda con gran maestría, tengo la bendición de poder concentrarme en los aspectos puramente editoriales de la empresa”.

Al seminario se incorporó también un grupo de observadores amigos de El Diario de Caracas, y otros importantes asesores se han acercado con un entusiasmo renovado en las posibilidades del periódico. “Debo destacar la visita de Don René Scull. René es una especie de biblia ambulante del mercadeo en Venezuela, y además su familia era la dueña de El Diario de la Marina en La Habana. De modo que sabe mucho de estas cosas. El día que nos visitó escuchó en serena calma y con toda atención mis explicaciones que, en esencia, eran las cosas que habíamos discutido en nuestro seminario del 2 de octubre. Sólo entonces empezó a hablar. Y amigo, yo me puse a tomar apuntes como un alumno de bachillerato ante un profesor estrella. Aprendí mucho ese día. Pero además obtuve una gran dosis de tranquilidad, pues René ofreció su bendición para los lineamientos presentados en el seminario. Así que ahora me siento doblemente seguro de que vamos por buen camino”.

¿Cuál es ese camino?

“En realidad podemos decir que El Diario de Caracas es un equipo doble A en vías de convertirse en triple A. No somos de las Grandes Ligas. El Diario de Caracas lo fue en un tiempo, pero debemos recuperar ese lugar. Grandeligas son El Nacional, El Universal, Ultimas Noticias… En su campo especializado, Meridiano, que ahora hace una potentísima sinergia con su canal de televisión. Luego tenemos al refrescamiento que Teodoro Petkoff ha logrado con El Mundo. Teodoro está haciendo un experimento interesante, en el que su primera página, o más propiamente, su noticia de abrir, es un editorial. En mi opinión personal El Mundo debiera llevarse el Premio Nacional de Periodismo del año 2000”.

Uno no sabe sí creer este posible exceso de modestia con eso de doble A y triple A. A fin de cuentas, El Diario de Caracas tiene un posicionamiento privilegiado en la memoria de los caraqueños, y con sus capacidades técnicas y la sabiduría industrial de Neumann debiera ocupar muy pronto una posición preeminente. “Bueno, yo creo que Hans Neumann se merece un triunfo con El Diario de Caracas. No sólo por lo que él ha entregado al país como industrial y como promotor de cultura en 50 años de dedicación, sino porque Hans tiene una inocultable vocación comunicacional. Fue miembro de la Junta Directiva de El Nacional, estuvo involucrado en las revistas Semana y Número y, por supuesto, es el factor principal en The Daily Journal desde hace mucho tiempo. Hasta llegó a considerar, unos cuantos años atrás, la posibilidad de comprar El Nacional. Quita eso, que me lo van a cobrar como indiscreción”. Lo siento por ti, Luis Enrique, el desliz de la lengua se copia. Tú me prometiste libertad y yo estoy entregando acá información veraz, oportuna y sin censura. Se encoge de hombros.

“El Sr. Neumann, que está complacido con la dirección de los cambios, me ha instruido con mucha claridad. No te apures, me ha dicho, prefiero que hagas las cosas sólidamente y buscando la calidad. Así que tampoco me preocupo por los temas de la capitalización del periódico. Ahora lo posee íntegramente Hans Neumann, luego de una amistosa adquisición de todo el capital que antes no poseyera”. (Luis Enrique deslizó comentarios elogiosos sobre aciertos de la administración de las Empresas 1BC, y recordó momentos estelares del periódico de esa época bajo sus distintos directores, como la mezcla de articulistas que logró ensamblar Diego Urbaneja, o aún más atrás, las estelares direcciones de Rodolfo Schmidt y Tomás Eloy Martínez).

El concepto estratégico para El Diario de Caracas reserva para el 2000 desarrollos más importantes. En el último trimestre del año se propuso obtener logros significativos sin pretender la conquista del planeta prematuramente. “Pero en el 2000 completaremos la metamorfosis para aumentar el número de páginas y servir la semana completa, de lunes a domingo. Hans Neumann me dijo, este periódico ni es diario ni es de Caracas, yo quiero que sea el diario de Caracas. Bueno, estamos empezando a ser de Caracas. El año que viene seremos diario”.

El aumento del número de páginas está entendido por Luis Enrique como una evolución perfectamente natural.

“Lo que tratamos de hacer es servir con información básica al Lector de Caracas—pidió la mayúscula para Lector—en nuestras 32 páginas. No es que no nos interese el Lector del interior de la República. Por lo contrario, nos interesa mucho. Pero creo que si hacemos un buen periódico pensando en el Lector de Caracas, el Lector de Barquisimeto nos querrá leer también, porque él también es, como el caraqueño, ciudadano del planeta. Y en esto no hacemos otra cosa que seguir la lógica de los grandes periódicos del mundo. Si apartamos el caso de USA Today, que es una incorporación relativamente reciente, los grandes periódicos norteamericanos son todos periódicos metropolitanos: The New York Times, The Philadelphia Enquirer, The Los Angeles Times… Y Los Angeles Times se lee en Nueva York y se lee en Berlín. Caracas es una entidad política, social y mercadológica de 6 millones de habitantes, diez veces lo que era cuando en primaria estudiaba geografía de Venezuela. Caracas merece un periódico pensado para ella. Ahora bien, si servimos bien a los Lectores, inevitablemente aumentará nuestra circulación—ya lo está haciendo: en las últimas semanas la circulación del periódico ha llegado a incrementarse en porcentajes de hasta 12% intersemanal—y cuando aumente la circulación inevitablemente aumentará el flujo de publicidad. Entonces chillará algún periodista porque le hemos mochado un trabajo que estuvo construyendo desde la mañana para insertar un aviso, y cuando los chillidos sean muchos sabremos a ciencia cierta que necesitamos más páginas”.

El cambio de CORPUS es otra evolución interesante. Era un suplemento que circulaba encartado los días martes, y que desde esta edición circulará los días viernes de cada semana. “Por ahora es un experimento. Se trata de sólo 16 páginas y, por supuesto, queremos hacer más. Pero el asunto surgió porque el Sr. Neumann no estaba conforme con el producto, y preguntó si no debiéramos más bien concentrarnos en nuestras 32 páginas diarias, sin necesidad de apuntalarnos con suplementos. Como se trata de un hombre con criterio abierto y flexible le solicitamos autorización para repensar totalmente a CORPUS. Autorización concedida y hemos convertido a CORPUS en una oferta variada que sustituye a la muy digna versión anterior, que se limitaba al importante campo de la salud integral, pero que es, a fin de cuentas, un campo limitado. Así que CORPUS es ahora un proyecto en gestación y evolución, que querremos hacer crecer y transformarlo de la mano de los Lectores. Tiene por misión, además, ser el germen de lo que será nuestro suplemento de fin de semana una vez que estemos saliendo todos los días”.

No puede ocultarse que han circulado rumores de que el periódico está a punto de ser cerrado, o que algún comentarista de televisión parece tener por el periódico cierta animadversión. Luis Enrique se ríe.

“Estos rumores tienen interesados detrás. El Diario de Caracas es un fruto muy apetecible. Tan sólo el nombre vale centenares de millones, y hay quienes quieren ponerle la mano y poseerlo. Razonan que sí logran dañar al periódico conseguirían, a la postre, un precio de gallina flaca por él. Pero voy a desilusionarlos. El Diario de Caracas ni va a cerrar ni está a la venta. Por lo contrario, el accionista principal ha fortalecido su posición de capital.

Mira, cuando en Maracaibo La Columna que dirigí se encontraba todavía en fase de proyecto, un miembro del mismo me dijo: Luis Enrique, yo estoy seguro que Fulano de Tal (un competidor) está grabando tus conversaciones telefónicas para saber qué te traes entre manos. Yo creo que tú debes grabar las conversaciones de él. Entonces le dije lo siguiente: mira Mengano, poco antes de venir a Maracaibo mi señora y yo habíamos comenzado a escalar hasta un punto del Avila que es muy popular. Bueno, al comienzo yo me sentía muy avergonzado, porque mientras yo lograba llegar boqueando a Sabas Nieves, un señor, que obviamente tenía más de 70 años de edad, subía, bajaba, volvía a subir y volvía a bajar. Hasta que me di cuenta de que mi problema no era con el señor sino con la montaña. Cuando dejé de preocuparme por él y comencé a oler montaña, a respirar y sudar montaña; cuando obtuve mi ritmo de la propia montaña, ese ritmo mejoró y ya el viejo atleta no me sacaba tanta ventaja. Y nuestra montaña son los Lectores. De ésos nos preocuparemos. Yo no voy a grabar las conversaciones de nadie.

Con esto te quiero decir que tampoco pongo mucha atención a los rumores. Ni siquiera cuando son más que rumores y pasan a ser pretendidas noticias. Por ejemplo, una conocida columnista llegó a publicar que el cambio en la dirección significaba que El Diario de Caracas cerraría muy pronto. Me limité a enviarle un correo electrónico donde le aseguraba que estaba mal dateada y me ponía a su orden para explicarle los planes de futuro desarrollo. Muy divertidamente contestó por la misma vía con la siguiente explicación: que como no había conseguido el periódico en el kiosco, había llegado a pensar que lo que había escrito en su columna era cierto. Tengo copia de esa perla de información veraz a buen resguardo, con una copia en las bóvedas del Banco Central y otra guardada en Fort Knox. Ante estas cosas, Marco, me rijo por el más sabio de los proverbios árabes: la mejor venganza es ser feliz. Por lo que respecta a otros comentarios, que no sé con qué interés o con qué grado de temor quieren asociarnos con algún partido político y con esperanza de rayarnos, lo que tengo que decir es que, como me ha dicho sin que quepa duda el Sr. Neumann, éste no es un periódico de oposición al Gobierno, como tampoco se trata de un periódico partidario del Gobierno. Nuestro periódico tiene por misión, me dijo, servir a las necesidades de información del Lector de Caracas. Punto. Esa es la línea política de El Diario de Caracas. Es una línea que el Gobierno respetaría, como el Canciller ha reafirmado ante la SIP por el respeto gubernamental a la libertad de expresión y como el propio Presidente de la República ha enfatizado. Queremos hacer, si quieres un calificativo, un periodismo clínico y certero”.

Luis Enrique me advierte que no puede darme un minuto más. Tiene un “cochino” (retraso o empelotamiento) en marcha, por un cuello de botella que tiene en corrección de textos. Recojo mis cosas y salgo con la cinta y mis notas de su oficina. Salgo a la Sala de Redacción, donde el enjambre se encuentra en plena faena. Caras alegres, animadas. Rostros de gente que se sabe perteneciente a un proyecto ganador. Y es que, verdaderamente, ahora El Diario de Caracas es otra cosa. MG

………

Apostilla 1: en abril de 2000 cerró operaciones El Diario de Caracas. Hans Neumann pidió que le visitara en su casa—en ese entonces estaba confinado a una silla de ruedas a raíz de un accidente cerebro-vascular—y me explicó que Allan Randolph Brewer Carías y Pedro Nikken (recientemente fallecido) le habían solicitado un periódico para que que lo dirigiera Teodoro Petkoff; de allí surgió su compromiso de financiar Tal Cual. Neumann me explicó que no podía soportar dos periódicos; luego vendería El Diario de Caracas, ya cerrado. El 27 de ese mes y ese año, asistí, por invitación de Gustavo Ghersy, a una reunión en casa de su suegro donde expondría Francisco Arias Cárdenas, a la que asistió un buen número de figuras importantes: “Lo más interesante que recuerdo de esa cita es la presencia de Teodoro Petkoff, quien se había acercado al cónclave con una copia del número cero o ensayo de su nuevo periódico. Sentado a su lado, pude examinarla. Me gustó el nombre del proyectado vespertino—Petkoff venía de un notorio éxito en la Dirección de El Mundo, del que fue despedido por presiones gubernamentales contra la sucesión de Miguel Ángel Capriles—y su lema: Claro y raspao”. (Las élites culposas).

Apostilla 2: pensando en Hans Neumann, recordé una pieza hermosísima de Antonin Dvorák, el más grande los compositores checos: Canciones que me enseñó mi madre. Acá está interpretada por la estupenda soprano estadounidense Renée Fleming:

  Když mne stará matka zpívat učívala

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