Pulso político en pandemia

Datanálisis ha dado a conocer algunas mediciones de su estudio Ómnibus del mes que concluyera ayer; en particular, lo concerniente a las evaluaciones políticas en tiempo de coronavirus. En la muestra, 9,1% se identificó como chavista, 27,3% como opositor y 58,3% como no alineado. Éstas son las cifras, expresadas en términos porcentuales, respecto del país como conjunto y de las figuras opuestas de Nicolás Maduro y Juan Guaidó (en su evaluación general y en cuanto a su respuesta ante la pandemia):

 

 

Adicionalmente, 61,5% de los encuestados estaría a favor de un acuerdo entre gobierno y oposición para fines de atender la situación sanitaria causada por el Covid19; 22,8% se manifestó en contra de tal posibilidad.

Sin comentarios. LEA

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Hablan los obispos (otra vez)

Logotipo del episcopado venezolano

 

A Eugenia Josefina María, la estrella de la mañana

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El mejor aporte que como ciudadanos podemos hacerle al país, es que desde nuestras instituciones sociales acompañemos la búsqueda de una salida, que necesariamente pasa por la inclusión de todos, el diseño de un nuevo modelo de país y la conformación de instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social. Esto implicará nuevos liderazgos políticos que enrumben al país hacia el progreso y se deslastren de ideologías asfixiantes y tóxicas que generan sufrimiento y muerte.

Conferencia Episcopal VenezolanaExhortación del 28 de mayo de 2020

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El oficio de exégeta—Del gr. ἐξηγητής exēgētḗs. 1. m. y f. Persona que interpreta o expone un texto. Diccionario de la Lengua Española—, sobre todo si se hace sobre textos que emplean profusamente cierta jerga—Lenguaje especial y no formal que usan entre sí los individuos de ciertas profesiones y oficios. (Ídem)—, puede ser de gran utilidad, pero también puede ser muy ingrato. Afortunadamente, en el caso de la más reciente exhortación episcopal venezolana, como es usual, no se requiere mucha interpretación; es ella clarísima.

Pudiera decirse que el documento recién publicado (anteayer) consiste de dos partes, siendo la primera un registro de los problemas que aquejan a la mayoría de los habitantes venezolanos; la segunda es prescriptiva, al exponer lo que a juicio de los prelados católicos de nuestro país habría que hacer para superarlos. Siendo aquella parte primera harto sabida—todo venezolano conoce, con mayor o menor detalle, el inventario de penurias que nos afligen—, fijemos nuestra atención en la segunda, la que no es otra cosa que lo reproducido en el epígrafe. Si se quiere, hagamos exégesis crítica de lo que propone. Analíticamente, convendrá su descomposición en proposiciones separables:

a. los ciudadanos tendríamos que “acompañar” la búsqueda de una “salida”.

b. ello debe hacerse desde “nuestras instituciones sociales”.

c. la “salida” debe incluir a todos.

d. hay que “diseñar” un nuevo “modelo de país”.

e. hay que “conformar” instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social.

f. tales tareas serán posibles desde “nuevos liderazgos políticos que enrumben al país hacia el progreso y se deslastren de ideologías asfixiantes y tóxicas que generan sufrimiento y muerte”.

El primero de los puntos es la admisión de que la “salida” es desconocida, puesto que si la conociéramos no tendríamos que buscarla o “acompañar” a quienes la buscarían para—¡ojalá!—encontrarla.

Luego, tal acompañamiento debe (según la CEV) proveerse desde instituciones que no serían políticas sino “sociales”. (¿Cáritas o Fe y Alegría, por ejemplo?) Son tesis reiteradas de este espacio que 1. los órganos del poder público están constitucionalmente obligados a colaborar “entre sí en la realización de los fines del Estado” (Art. 136), y 2. que debe someterse a la decisión de la más poderosa, la suprema entre nuestras “instituciones” políticas—esto es, el Pueblo mismo—las cuestiones fundamentales y más polémicas. Por ejemplo, a. si quiere disolver la Asamblea Nacional Constituyente (proposición reiterada de referendo en febrero de 2018); b. si el Pueblo quiere nuevas elecciones presidenciales (lo que puede decidir aun antes de la conclusión del período constitucional en curso, como se propusiera acá ya en octubre de 2016); c. si quiere la implantación del socialismo en el país (consulta por primera vez propuesta en julio de 2009), etcétera.

Es muy positiva la condición de inclusión de “todos” en la “búsqueda” de la solución, como ha predicado desde hace casi dos años Baltazar Cardenal Porras. El 26 de julio de 2018, El Universal publicó declaraciones suyas: “Es muy mala palabra hablar de diálogo en Venezuela por todo lo que ha ocurrido, pero los problemas se arreglan hablando. (…) tenemos que unirnos para responder mejor a las necesidades, ver mucho más lo que nos une y no lo que nos diferencia, se debe hacer con la participación de todos porque nadie tiene la verdad absoluta”.

Discreparé de eso del diseño de un nuevo “modelo de país”. Así cerré hace 9 años—26 de abril de 2011—Mitología proyectiva:

La psiquis nacional está grandemente neurotizada. No puede haber ocurrido en balde la reiterada prédica tóxica del Presidente de la República, pero aunque él es la exacerbación de la arrogancia observable en los políticos convencionales, no ha sido él quien originara la soberbia patológica representada en la idea de un “proyecto país”. Pretender que se puede construir deliberadamente un país como si fuera una casa, es la más necia jactancia de todas.

He reiterado más de una vez que los “proyectos” o “modelos de país” no son sino entelequias. (Ver, por caso, No hay modelos de país, con el audio del programa #198—28 de mayo de 2016—de Dr. Político en Radio Caracas Radio, en el que se “desmontó la idea de modelos o proyectos de país, al argumentar que los países se hacen a sí mismos”).

Luego, sobre eso de “instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social”, las que están descritas en la Constitución son bastante aceptables; no muchos cambios—enmiendas o reformas—requeriría ese texto para llenar las condiciones episcopales. El 25 de octubre de 2007, el diario El Nacional publicaba El día después, un artículo de Luis Ugalde S. J. que comenzaba de este modo: “Chávez ha decidido imponer una nueva Constitución (acabando con la bolivariana) para llevarnos forzados a una sociedad totalitaria que la mayoría de los venezolanos rechaza. (…) Hay que… evitar que se aplique un régimen que reduzca los derechos humanos y elimine la democracia pluralista”. (Citado en Glosa de pupitre, 1º de noviembre de 2007). Hugo Chávez fracasó en el intento de modificar lo que Ugalde argumentó que debíamos defender; desde entonces, la única modificación de la Constitución—que rige en Venezuela desde el 15 de diciembre de 1999—, es la inclusión de la reelección indefinida de los funcionarios públicos electivos. El problema no es constitucional; es de desempeño.

Por último, encuentro muy interesante lo de “nuevos liderazgos políticos” que serían necesarios; es lo mismo que es también hoy agudamente requerido en la mayoría de las naciones del mundo. (Muy especialmente en las que se permiten condenar y sancionar a otros países mientras exhiben reiteradas violaciones de derechos humanos, como las que por estos días han incendiado a Minneapolis, por ejemplo). Los “viejos” liderazgos políticos entienden la política como lucha por el poder con la justificación—pretexto o coartada—de una ideología; es esa concepción lo que hay que cambiar. Los nuevos líderes, los nuevos estadistas—podemos y debemos exigir—debieran ser quienes partan de un concepto muy distinto: que la política debe entenderse como arte, profesión u oficio de resolver problemas de carácter público, sujeto a un estricto código de ética—tal como las artes médicas—, fundado en las más modernas nociones y hallazgos de las ciencias aplicables a la comprensión y tratamiento de las sociedades del siglo XXI. (Teoría de la complejidad, principalmente, en vez de nociones tomadas de la Física del siglo XVII para hablar de “fuerzas políticas” y “espacios políticos”, o de la Geometría para pretender que las sociedades son la conjunción de “sectores”).

Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).

Tres años antes, sostenía en la introducción de Las élites culposas:

Las élites venezolanas—partidistas, comunicacionales, em­presariales, eclesiales, sindicales—vienen de algo más de dos décadas de reiterada imprudencia. La nueva élite chavista es, por supuesto, la más equivocada de todas. Hago votos por nuestro aprendizaje como nación, para que la necesaria aristocracia* se haga más sabia. Nuestra política sería mejor si abrevara de las más modernas actividades del conocimiento humano riguroso, de las ciencias. Éstas nos ofrecen, desde hace no mucho, la integración transdisciplinaria de la ciencia de la complejidad, que enseña que la sabiduría grupal emerge de la agregación. En un sistema complejo, como la sociedad, el más pequeño de los factores puede tener un efecto crucial. Los sistemas complejos, por esto se dice, exhiben gran sensibilidad a sus condiciones iniciales.

La terquedad ideológica, apreciados Obispos a quienes agradezco su constante preocupación, es el más fundamental de los impedimentos que atenazan a la sociedad venezolana. Es hora de procurar profesionales muy distintos. LEA

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* Esa nueva manera de hacer política requiere un nuevo actor político. El actor político tradicional pretende hacer, dentro de su típica organización partidista, una carrera que legitime su aspiración de conducir y gobernar una democracia. Sin embargo, el adiestramiento y formación que imponen los partidos a sus miembros es el de la capacidad para maniobrar dentro de pequeños conciliábulos, de cerrados cogollos y cenáculos. Se pretende ir así de la aristocracia a la democracia. El camino debe ser justamente el inverso. Debe partirse de la democracia para llegar a la aristocracia, pues no se trata de negar el hecho evidente de que los conductores políticos, los gobernantes, no pueden ser muchos. Pero lo que asegura la ruta verdaderamente democrática, no la ruta pequeña y palaciega de los cogollos partidistas, es que ese pequeño grupo de personas que se dediquen a la profesión pública sean una verdadera aristocracia en el sentido original de la palabra: el que sean los mejores. Pues no serán los mejores en términos de democracia si su alcanzar los puestos de representación y comando les viene de la voluntad de un caudillo o la negociación con un grupo. No serán los mejores si las tesis con las que pretenden originar soluciones a los problemas no pueden ser discutidas o cuestionadas so pena de extrañamiento de quien se atreva a refutarlas. Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra. De allí también su transparencia. El ocultamiento y el secreto son el modo cotidiano en la operación del actor político tradicional, y revelan en él una inseguridad, una presunta carencia de autoridad moral que lo hacen en el fondo incompetente. La política pública es precisamente eso: pública. Como tal debe ser una política abierta, una política transparente, como corresponde a una obra que es de los hombres, no de inexistentes ángeles infalibles. (Tiempo de incongruencia, 12 de febrero de 1985).

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Gestión de cobro

Esta entrada es esencialmente una actualización de notas publicadas acá del 6 al 13 de este mes: Los peñeros invasores de Goudreau (¿y Guaidó?), Cuatro veces jota (y no es aragonesa) y El “ridículo” intento fallido de golpe en Venezuela, explicado. Ella se contrae a reproducir la primera página de una gestión de cobro por un bufete de abogados (VolkLaw) dirigida a Juan Guaidó, con copias a Carlos Vecchio y Sergio Vergara, en lista de remitentes que incluye a los nombrados junto con J. J. Rendón, Fernando Blasi (Agregado Comercial del Consulado de Venezuela en Miami) y Manuel J. Retureta.

El asunto de la actuación legal, explícito al pie de la imagen, es el “Pago vencido debido por la Administración a SilvercorpUSA relativo al Anexo A del Acuerdo General de Servicios del 16 de octubre de 2019″. La cláusula del anexo que especifica los “servicios” requeridos por Guaidólar & Cía. está reproducida en El “ridículo” intento fallido de golpe en Venezuela, explicado; son éstos:

Los Asesores del Proveedor de Servicios aconsejarán y asistirán al Grupo Asociado en la planificación y ejecución de una operación para capturar/detener/remover a Nicolás Maduro (en lo sucesivo “Objetivo Primario”), remover el Régimen actual e instalar al Presidente venezolano reconocido Juan Guaidó.

La “Administración” es el término empleado en el convenio entre las partes para referirse al grupo formado por Guaidólar, Rendón, etcétera. En esa misma entrada consta que el propio Rendón “le mostró al Guardian algunos mensajes de texto que Goudreau le envió durante ese tiempo. ‘Obtendré el 1,5 [un millón y medio de guaidólares] de manera legal. Qué pena’”. Guerra avisada, pues, y la acreencia no ha expirado de ningún modo; se trata de un adelanto no sujeto al éxito de los confabulados. (Rendón, que desde entonces ha “renunciado” a su puesto en la “Administración” en intento de salvar políticamente a Guaidólar y barrer la basura bajo la alfombra, sigue teniendo responsabilidad legal en ese brollo, que fuera convenido antes de tan ineficaz “salida”. Guaidólar también, naturalmente, aunque él cuenta con los recursos de Citgo para hacer frente a tan molesta contingencia).

Es digna de notar la fecha de la gestión de cobro: 28 de abril de 2020, cuarenta y ocho horas antes del inicio de la aventura, cinco días antes de que los mercenarios llegaran a las playas. LEA

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Perro ladrando

El modelo de Diosdado

 

Una estrategia que nunca muere y que la hemos visto hasta el hartazgo en series policiales cuando es utilizada como herramienta de negociación y convencimiento para obtener informaciones del acusado. Al traspolar este truco a nuestra realidad política nos encontramos con un hecho muy similar que evidencia el comportamiento de quienes llevan hoy las riendas del poder.

Jorge Torres Romero El viejo truco del policía bueno y el policía malo

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Diosdado Cabello* disfruta su papel de policía malo (el bueno sería ¡Nicolás Maduro!) Se le notó el placer que experimentó al sugerir que los académicos venezolanos de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales se estarían buscando una visita policial por haber publicado un serio informe acerca de la posible evolución del coronavirus en el país. Mi sugerencia a nuestros académicos científicos: recordar el proverbio acerca de perros que ladran.

La última ocurrencia-amenaza de Cabello no es, por otra parte, la más grave de la larga serie que ha protagonizado como policía maluco. He aquí una mucho más grave, que felizmente no se materializó:

 

 

Al reproducir ese video en La strada (20 de abril de 2017), comenté:

La situación nacional es delicadísima, pero hay un resquicio aún no totalmente obliterado para que la sensatez se cuele. El gobierno debe, aun más que la oposición, amarrar a sus locos; el presidente Maduro debiera impedir que el Sr. Cabello incite crímenes con nombre y apellido…

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Más recientemente—el 7 de septiembre de 2019 en ¿Casus belli?—, se apuntaba acá:

Diosdado Cabello ha intentado refutar alegatos de Iván Duque, Presidente de Colombia, quien había dicho: “No estamos ante el nacimiento de una nueva guerrilla, sino frente a las amenazas criminales de una banda de narcoterroristas que cuenta con el albergue y el apoyo de la dictadura de Nicolás Maduro”. El 30 de agosto, El Colombiano reprodujo una nota de AFP que comienza así:

El oficialismo venezolano negó en las últimas horas que auspicie la violencia en Colombia, luego de que el presidente Iván Duque acusara al gobierno de Nicolás Maduro de proteger a exjefes de las extintas Farc que retomaron las armas. “Hoy nos están echando la culpa desde Colombia. Lamentamos profundamente lo que está ocurriendo en Colombia (…), que vaya a entrar en un nuevo espiral (…), que continúe en el espiral de violencia que tiene 60 años”, afirmó el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, durante un acto en Caracas.

Pero hace dos días Cabello justificaba, en su programa de Venezolana de Televisión, el regreso a las armas de una fracción de las FARC anunciado por Iván Márquez: “Los líderes de las FARC, el ELN y todos los movimientos guerrilleros tienen muchísimas razones para hacer lo que están haciendo. El gobierno colombiano no les ha cumplido”. (El Nacional).

No para de ladrar.

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También, naturalmente, hay perros norteños que ladran. Uno que lo hace varias veces diarias por Twitter es el Sr. Donald Trump, en ladridos dirigidos a China (ahora, no antes), a la OTAN, a México, a Canadá, a Ucrania… Trump despide a cuanto funcionario se le antoje que pertenezca al “Estado profundo” que conspiraría en su contra, así sea uno que él mismo haya nombrado, como el Dr. Anthony Fauci, uno de los inmunólogos más respetados del mundo, miembro del Grupo de Trabajo sobre Coronavirus de la Casa Blanca. (“Debido a sus desacuerdos con Trump, Fauci ha sido criticado por sabihondos derechistas y ha recibido amenazas de muerte que resultaron en la necesidad de una escolta de seguridad”. Wikipedia).

Estos son los resultados que puede exhibir el presidente ladrador (no confundir con labrador):

Porcentaje de infecciones y muertes en los EEUU sobre la población mundial

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie puede negar que en esto, como en tantas otras cosas, los Estados Unidos son la primera nación en el mundo. Y ¿quién ladra más, Donald o Diosdado—espíritus afines—, D o D? **

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Última hora: “La prestigiosa revista científica ‘The Lancet’ pide el relevo de Donald Trump“. (El País, Ciencia, 15 de mayo de 2020).

LEA

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El titular del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad, como lo formulara con la mayor claridad la Declaración de Derechos de Virginia (12 de junio de 1776):  “…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indudable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”. (Sección Tercera). El 3 de marzo de 2002,  un mes y ocho días antes del Carmonazo, escribí para la Revista Zeta:

…el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia. (Citado en Más bien de la indignidad, 28 de marzo de 2020).

** DOD son las siglas de Department of Defense, el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos.

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Gracias, Tío Sam

Pagar en oro es “del todo incivil y grosero”. (Manuel Antonio Carreño – Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres)

 

“La buena noticia es que la crisis continúa”, me escribía un líder empresarial en 2017, queriendo decir que la propensión a protestar al gobierno aumentaría con las privaciones y por tanto la probabilidad de su desmoronamiento.

Gobiernos de emergencia, 10 de mayo de 2020

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La agencia Reuters trae esta “buena noticia”: “EEUU considera medidas en respuesta a envíos de combustible de Irán a Venezuela”. En el cuerpo de la nota se lee:

Estados Unidos está considerando qué medidas tomar en respuesta al envío de combustible de Irán a Venezuela, dijo el jueves a Reuters un funcionario de alto rango del gobierno del presidente Donald Trump. Washington tiene un “alto grado de certeza” de que el gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, está pagando a Irán con toneladas de oro, dijo el funcionario bajo condición de permanecer en el anonimato. (…) Al menos un buque cisterna que transportaba combustible cargado en un puerto iraní ha zarpado hacia Venezuela, según datos de seguimiento de buques de Refinitiv Eikon del miércoles, lo que podría ayudar a aliviar la aguda escasez de gasolina en el país sudamericano.

Claro, los Estados Unidos no quieren afectar de ninguna manera al pueblo venezolano, y son quienes deben decidir el medio de pago que emplee la República para cubrir nuestras necesidades. Al menos eso establece la Carta de la Organización de Estados Americanos:

Artículo 3, literal d: Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado. Con sujeción a lo arriba dispuesto, los Estados americanos cooperarán ampliamente entre sí y con independencia de la naturaleza de sus sistemas políticos, económicos y sociales.

Artículo 19. Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen.

Artículo 20. Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado y obtener de éste ventajas de cualquier naturaleza.

La siguiente disposición tal vez no se aplique sino al caso de la fallida incursión dirigida por un ex combatiente estadounidense, pactada por él en el estado (norteamericano) de Florida con el diputado Juan Guaidólar, consentido de los EEUU, y el representante de éste, J. J. Rendón, residente del estado (norteamericano) de Florida:

Artículo 21. El territorio de un Estado es inviolable; no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente,* cualquiera que fuere el motivo, aun de manera temporal. No se reconocerán las adquisiciones territoriales o las ventajas especiales que se obtengan por la fuerza o por cualquier otro medio de coacción.

Luis Almagro no ha dicho ni pío sobre la “Operación Gedeón”—el 24 de abril titulaba El Nuevo Herald: Secretario General de la OEA pide más sanciones y eventual uso de la fuerza en Venezuela**—, pero es digno de notar el nuevo gesto petrolero*** de los Estados Unidos.

¡Tan bellos! Siempre tan pendientes, siempre tan cooperadores. LEA

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“El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, levantó cejas esta semana al negar participación ‘directa’ en el complot”. (The Guardian, 8 de mayo de 2020).

** Al pie de un segundo video en la nota (tras el de Duque), con un Guaidólar muy sonreído, se afirmaba irónicamente: “El presidente interino de Venezuela permitirá el uso de tecnología satelital para facilitar la ubicación y detección de grupos irregulares colombianos que estarían en el territorio venezolano”.

*** Alan Greenspan, el ex Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, publicó en septiembre de 2007 unas peculiares memorias—The Age of Turbulence: Adventures in a New World—que contenían algunas aseveraciones que fueron piedra de escándalo. Una las afirmaciones que causó roncha fue la siguiente: “Estoy entristecido porque sea políticamente inconveniente reconocer lo que todo el mundo sabe—que la guerra en Irak es en gran medida por el petróleo”.

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El “ridículo” intento fallido de golpe en Venezuela, explicado

Lo que sigue es traducción de un extenso reportaje de Vox Media* sobre el torpe intento de incursiones de ex soldados venezolanos y algunos estadounidenses, desde Colombia, con el fin de apresar al presidente Nicolás Maduro y trasladarlo a los Estados Unidos.

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Una foto del gobierno venezolano muestra a dos “mercenarios” capturados por soldados venezolanos por golpes de estado en Puerto Cruz el 8 de mayo. Ministerio de Defensa de Venezuela / Agencia Anadolu a través de Getty Images

 

“Es tan increíblemente tonto”, un ex Navy SEAL le dijo a Vox sobre el plan.

 

Por Alex Ward @AlexWardVox alex.ward@vox.com 11 de mayo de 2020, 1:00 p.m. EDT

 

En septiembre pasado, un grupo de ex soldados venezolanos que habían huido a la vecina Colombia se entrenó y se preparó para una misión audaz: derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro, con la infundada esperanza de la ayuda del gobierno de Estados Unidos.

El plan, que iba a ejecutarse dos meses después en noviembre, consistía de dos misiones para aproximadamente 300 hombres. Un equipo se haría cargo de Maracaibo, la segunda ciudad más grande de Venezuela, que tiene un puerto marítimo crucial. Un segundo equipo presionaría simultáneamente hacia Caracas, la capital, para lanzar un asalto aéreo contra la mansión de Maduro con helicópteros estadounidenses, dirigidos por pilotos estadounidenses con atuendo militar venezolano.

Una vez dentro del complejo, los ex soldados, armados con ametralladoras y gafas de visión nocturna provistas por los Estados Unidos, capturarían a Maduro y lo retendrían hasta que llegara la ayuda del equipo de Maracaibo. Para ese momento, se esperaba que muchas de las fuerzas de Maduro se unieran a la causa rebelde y se retiraran sin luchar.

Con Maracaibo y la sede del poder venezolano asegurados, los helicópteros estadounidenses transportarían a Maduro a los Estados Unidos, donde es requerido por cargos de narcotráfico. Juan Guaidó, el líder de la oposición venezolana respaldado por Estados Unidos, que hace casi 18 meses lanzó un movimiento global para convertirse en el nuevo presidente del país, finalmente se haría cargo.

The Keystone Cops

Ése era el plan, en todo caso. La operación real que terminaría teniendo lugar en mayo tuvo menos de Michael Bay y más de Keystone Cops.

“Todo fue tan ridículo que no iba a funcionar nunca”, me dijo el ex SEAL de la Armada de EE. UU. Ephraim Mattos, que no participó en el plan pero escuchó los detalles directamente de los venezolanos involucrados. “Fue totalmente una locura”.

A partir del 1º de mayo, casi 60 venezolanos y dos ex boinas verdes de EE. UU. intentaron ingresar al extremo norte de Venezuela en dos barcos de pesca, armados con mucho menos armas que las deseadas.

La trama fue inmediatamente frustrada. Las fuerzas de Maduro mataron a ocho miembros venezolanos del equipo de asalto y arrestaron a otros 13 miembros, incluidos los dos veteranos estadounidenses. Maduro afirma que sus fuerzas sabían todo sobre la operación. “Sabíamos todo. De lo que hablaron. Lo que comieron y bebieron. Quién los financió ”, dijo en la televisión venezolana el lunes por la noche.

Pero incluso si Maduro no hubiera sabido de la trama de antemano, los tuits y videos que anunciaron al mundo la incursión mientras se desarrollaba seguramente lo habrían alertado.

Esos tuits y videos fueron publicados por uno de los hombres tras el intento de invasión: el veterano del ejército estadounidense Jordan Goudreau, tres veces ganador de la Estrella de Bronce y fundador de Silvercorp USA, una pequeña compañía de seguridad privada con sede en Florida.

Después de conversar con un general venezolano exiliado de alto rango y haber asegurado lo que Goudreau, al menos, creía que era un memorando de entendimiento firmado con el equipo de Guaidó para llevar a cabo la operación, Goudreau y su compañía trabajaron con las fuerzas anti-Maduro para cumplir la misión. a pesar de sus escasas probabilidades de éxito.

Algunos ya han calificado la incursión de Goudreau como la “Estúpida Bahía de Cochinos”, una referencia a la fallida invasión de Cuba respaldada por la CIA en 1961. El intento se ha convertido en una vergüenza tanto para la administración Trump como para Guaidó, y cada uno niega fieramente cualquier participación en la aventura.

He aquí el recuento de cómo se combinó todo, cómo se vino abajo y lo que significa para el futuro de Venezuela.

 

El mercenario y el cabecilla

En primer lugar, para entender por qué se llevó a cabo una incursión tan mal concebida debe comprenderse a los dos hombres que la hicieron realidad: Goudreau y Clíver Alcalá, un mayor general retirado del Ejército de Venezuela.

Jordan Goudreau

La historia comienza con Goudreau, de 43 años y nacido en Canadá. Después de servir por primera vez en el ejército canadiense en la década de 1990, pasó a servir como sargento médico y miembro de infantería indirecta en el ejército de EE. UU. desde 2001 hasta 2016, asignado en Irak y Afganistán. Optó por retirarse después de un accidente de paracaidismo que le produjo una conmoción cerebral y lesiones en la espalda.

Un riesgo así es parte del oficio de Boina Verde, nombre coloquial de las Fuerzas Especiales del Ejército que son los mejores del servicio para misiones de contraterrorismo y contrainsurgencia. Cuando Goudreau, finalmente, se retiró del ejército, había recibido tres estrellas de bronce que se le otorgaron por su valor y su servicio en combate.

Según toda referencia, fue un soldado ejemplar. “Fue increíble. Era él a quien querías tener contigo en las trincheras”, dijo Drew White—que sirvió con Goudreau en Irak y anteriormente fue socio de Silvercorp USA—al Globe and Mail.

Pero aunque todo operador de las fuerzas especiales necesita ganar dinero una vez que se jubila, especialmente Goudreau necesitaba los fondos; uno de sus amigos le dijo al New York Post que tenía en 2018 más de $100.000 en deudas.

En busca de una oportunidad, Goudreau la encontró luego del huracán María en Puerto Rico en 2017. Consiguió trabajo en una empresa de seguridad privada, lo que le hizo darse cuenta de que los necesitados pagarían buen dinero para que un ex soldado hiciera el trabajo duro por ellos.

Después del tiroteo escolar de 2018 en Parkland, Florida, Goudreau vio signos de dólar. “Vi a Parkland, y pensé: bueno, nadie está abordando esto realmente, así que quiero arreglarlo”, dijo más tarde en ese año al periódico Sun Florida-South Sentinel durante una exposición sobre seguridad en el campus. Entonces creó su compañía, Silvercorp USA, para llenar lo que él consideraba un vacío en el lucrativo mercado de seguridad escolar.

Su gran idea: hacer que los operativos de las fuerzas especiales se integraran en las escuelas y se hicieran pasar por maestros. Dado que los estudiantes no conocerían las identidades reales de sus instructores, podrían estar más dispuestos a describir cómo se sentían, o tal vez incluso a revelar sus intenciones de disparar en la escuela.

“Es sólo… es un genial maestro auxiliar: ‘Hola, muchachos'”, dijo Goudreau en la exposición, según el Sun-Sentinel, al representar una conversación imaginaria que podría tener lugar entre un estudiante y su maestro, como si éste fuera Jack Ryan. “Voy a sentarme con un niño que esté solo jugando Calabozos y Dragones, y sólo trataré de percibir si hay algún problema”.

El plan de negocios de Goudreau era cobrar a los padres de los estudiantes, no a la escuela directamente, $8,99 al mes por ese servicio. (Quería trabajar directamente con los padres, le dijo al Sun-Sentinel, “para que el personal pueda permanecer independiente de la ‘cadena de mando’ de cualquier distrito”).

“Lo bueno es que sólo cuesta el precio de una suscripción a Netflix, por lo que es muy difícil discutir conmigo con ‘Bueno, cuesta demasiado’. No puedes decirme eso”, dijo en la exposición.

No está claro si alguien llegó a comprar ese servicio específico a la antigua compañía de Green Berets. Pero eso no impidió que Goudreau ofreciera un conjunto de opciones a los clientes, incluido un video de capacitación en “clase magistral” de dos horas sobre cómo responder a un tiroteo en la escuela, protagonizado por él, por supuesto.

Y, según la cuenta de Instagram de la compañía, Silvercorp USA participó en la instrucción de seguridad escolar para escolares en Cartagena.

Sin embargo, lo que parece claro es que su compañía hizo al menos una vez trabajos de seguridad para el presidente Donald Trump.

Un video en el sitio web de Silvercorp USA presenta a Goudreau, con auricular y traje negro, caminando por la arena durante un mitin de Trump en octubre de 2018 en Charlotte, Carolina del Norte. (El código de área del número de teléfono celular personal de Goudreau proviene de ese estado). Sin embargo, no respondió a múltiples solicitudes de que declarara sobre su gran oportunidad—si se puede llamar así—, cuando hiciera el trabajo de seguridad para un concierto de febrero de 2019, organizado por el multimillonario Richard Branson en la frontera entre Colombia y Venezuela en apoyo de Guaidó.

Claramente, el ex boina verde disfrutó estar allí, puesto que publicó un video filmado desde un lado del concierto en la cuenta de Instagram de su compañía, con el título: “El control del caos en la frontera de Venezuela donde un dictador observa con aprensión”.

Según White, el ex soldado que sirvió con Goudreau en el concierto, él dejó en claro a Goudreau que había una oportunidad de negocio para Silvercorp USA en el deseo de Trump de derrocar a Maduro. “Siempre estaba persiguiendo al BB dorado”, dijo, haciendo referencia a la jerga militar para significar un éxito a largo plazo.

Pero algo más sucedió en el concierto que puso a Goudreau en el camino para tratar de derrocar a Maduro: conoció a Alcalá.

Cliver Alcalá Cordones

Según los informes, Alcalá era el líder de un grupo de ex tropas venezolanas en Colombia que planeaba derrocar a Maduro. Eso puede parecer extremo, pero David Smilde, un experto en Venezuela del grupo de derechos humanos de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), me dijo que tramas descaradas como ésa han sido comunes en los últimos años.

En 2017, por ejemplo, el piloto renegado Óscar Pérez arrojó granadas a edificios del gobierno desde un helicóptero. Al año siguiente, los drones atacaron a Maduro durante un desfile militar en una de las calles principales de la capital. A mediados de enero de 2019, días antes de que Guaidó lanzara su campaña para sacar a Maduro del poder, hubo un levantamiento militar contra el dictador en el barrio de Cotiza en Caracas. Y el propio Guaidó dirigió un intento público de golpe en abril de 2019 que finalmente fracasó e hizo retroceder a su movimiento.

Por tanto, que Alcalá tuviera una banda de rebeldes a su disposición para planear un golpe no era tan sorprendente. Lo que sí fue sorprendente era que él fuese el líder del grupo. Después de todo, era fanático del mentor de Maduro, el fallecido presidente Hugo Chávez, y su hermano había sido embajador de Maduro en Irán.

También era buscado en los Estados Unidos por cargos de tráfico de drogas, y en 2011 había sido sancionado por el gobierno de los Estados Unidos por presuntamente allegar a la guerrilla colombiana misiles tierra-aire a cambio de cocaína.

Si Goudreau sabía algo de eso en ese momento, tal cosa no pareció perturbarlo.

Cuando terminó el concierto, los dos hombres tuvieron una reunión en el hotel JW Marriott en Bogotá, la capital colombiana, durante la cual el ex general le contó a Goudreau su plan de enviar dos equipos a Maracaibo y Caracas que sacaran a Maduro de su mansión presidencial e instalaran a Guaidó como presidente.

Goudreau dijo que podría ayudar, según declararon a Associated Press personas familiarizadas con la reunión, prometiendo entrenarlos y armarlos para una operación que costaría aproximadamente $1,5 millones.

También dijo que conocía a las personas adecuadas en la administración Trump, casi seguramente en referencia a su trabajo de seguridad en el mitin del presidente de 2018. En meses posteriores, Goudreau establecería una relación pasajera con Keith Schiller, entonces guardaespaldas de Trump, en reuniones con el equipo de Guaidó sobre el futuro de Venezuela.

Sin embargo, parece que nunca se materializó nada de eso, y no queda evidencia directa de un contacto cercano entre Goudreau y la administración Trump o alguien cercano.

Al final de la reunión, Goudreau y Alcalá deben haber llegado a un acuerdo. Goudreau y otros cuatro hombres, todos veteranos de combate, viajaron luego a Colombia para reunirse con algunos de los rebeldes y comenzar a trabajar con Alcalá.

Ephraim Mattos

Un documento de junio preparado por Goudreau y compartido conmigo por Mattos, el antiguo SEAL de la Marina que intervino en el entrenamiento de venezolanos en Colombia, muestra una lista de artículos requeridos para la operación. Incluía todo, desde uniformes, ametralladoras, gafas de visión nocturna y pistolas, hasta marcadores Sharpie, cámaras y morfina. Incluso hay un rubro de pedido para armamento antitanque, aunque Goudreau lo etiquetó como “innecesario”.

Que Mattos obtuviera ese documento de quienes se preparaban para expulsar a Maduro, sugiere que Goudreau lo compartió con Alcalá y otros miembros del grupo. Aún no está claro si prometió obtener todos los pertrechos él mismo y cómo planeaba pagarlo todo.

Es posible que una fuente de financiación potencial fuera Roen Kraft, un miembro de la famosa familia del imperio del queso que, según los informes, intentó recaudar fondos para el esfuerzo al prometer a sus contactos, entre otras cosas, acceso privilegiado cuando ofertara en contratos gubernamentales en Venezuela una vez que se instalara Guaidó. Kraft ha negado esto y le dijo a la AP: “Nunca le di dinero [a Goudreau]”.

En agosto, Goudreau recurrió también a su amigo White, quien sirvió con él en el ejército de los EE. UU. En busca de una inversión de $750 millones para apoderarse de los campos petroleros en Venezuela después de que Guaidó se convirtiera en presidente, Goudreau dio a entender que tenía el respaldo del Departamento de Estado y otros contactos de Washington para su plan, dijo White al Military Times la semana pasada.

Aún así, cualquier operación de este tipo requeriría algún tipo de financista bien relacionado, y preferiblemente uno que tuviera algún prestigio en el campo de Guaidó.

Es entonces cuando hace su entrada J. J. Rendón.

 

El acuerdo

Después de meses de esfuerzos para despojar a Maduro del poder, Guaidó se había quedado sin ideas. Sus aliados formaron un comité secreto en agosto pasado para explorar nuevas formas de lograr su objetivo, y seleccionaron a Rendón para liderarlo.

Como señala el Washington Post, el régimen socialista de Venezuela expulsó del país a este hombre de 56 años en 2013. Ahora con sede en Miami, el crítico de Maduro se ha convertido en consultor político.

“¿Yo?” (J. J. Rendón).

Rendón le dijo al Guardian que él y su comité estudiaron varias opciones posibles, incluida la contratación de compañías de seguridad privadas dirigidas por veteranos. Pero Rendón descubrió rápidamente que los precios de sus servicios estaban por las nubes. “No había límites: $1 mil millones, $ 1,5 mil millones”, dijo Rendón.

Goudreau hizo su presentación ante Rendón y su grupo en un condominio de Miami en septiembre pasado. Denominó su plan “Operación Resolución”, el que era básicamente una versión reforzada del plan de Alcalá, con 800 hombres en lugar de 300. Sin embargo, el verdadero punto de venta fue seguramente el precio que estaba pidiendo. En lugar de cobrar miles de millones, Goudreau solicitó $213 millones de las futuras ganancias petroleras de Venezuela, junto con un anticipo de $1,5 millones.

Luego de algunas reuniones más, Silvercorp USA y el comité firmaron un acuerdo en octubre. Rendón le dijo al Washington Post que el acuerdo era un globo de ensayo, básicamente, para ver si Goudreau podía cumplir sus promesas. Pero el acuerdo completo de servicios generales y sus anexos, que se puede encontrar en Internet, describen explícitamente lo que se acordó: un golpe de Estado.

“Una operación para capturar / detener / eliminar a Nicolás Maduro (…) eliminar el régimen actual e instalar al reconocido presidente venezolano Juan Guaidó”, se lee en la sección 4ª del anexo.**

Sorprendentemente, el acuerdo presenta no sólo las firmas de Rendón y Goudreau, sino también de Guaidó, cuyo nombre aparece justo a la izquierda del ex soldado. A pesar de su firma, Guaidó niega cualquier participación en la planificación, y le dice a la legislatura de Venezuela que no tiene “relación [con Goudreau] ni responsabilidad por ninguna acción”.

Sin embargo, el gobierno de Maduro publicó el viernes el audio de una supuesta conversación telefónica entre Goudreau y Guaidó. El líder de la oposición venezolana manifiesta su inquietud con el plan, pero afirma que es el movimiento correcto para su causa.

Rendón reconoció el miércoles a CNN en Español que su firma está en el contrato, aunque sostuvo que el acuerdo era preliminar. “Fue una exploración para ver la posibilidad de capturar y llevar ante la justicia a los miembros del régimen”, dijo, y agregó que el comité también analizó otros métodos para lograr sus objetivos contra Maduro.

La razón principal por la que no se cumplió nada del contrato, dijo Rendón al Washington Post, fue que Goudreau comenzó a comportarse “erráticamente” después de firmarlo. El veterano de guerra no pudo presentar ninguna prueba de que tuviera fondos para la operación u ochocientos hombres a su disposición, pero exigió constantemente que le pagaran el anticipo prometido de $1.5 millones, dijo Rendón.

Rendón le mostró al Guardian algunos mensajes de texto que Goudreau le envió durante ese tiempo. “Obtendré el 1,5 de manera legal. Qué pena”, escribió Goudreau. “Te lo dimos en bandeja de plata y lo arruinaste todo”.

Finalmente, Rendón le dio $50.000 para ver si lo que Goudreau necesitaba era más tiempo, pero eso tampoco ayudó.

Muy rápidamente, el comité perdió la fe en Goudreau, y Rendón tuvo con él en noviembre una discusión importante. Para aquéllos de los niveles más altos, al parecer, el plan estaba muerto.

Sin embargo, para los rebeldes que todavía esperaban la ayuda de Goudreau en Colombia, el plan no lo estaba en absoluto.

 

La espera

Mattos, el antiguo Navy SEAL, lidera una organización sin fines de lucro que brinda capacitación gratuita para operaciones de rescate y ayuda humanitaria. En el otoño pasado, un contacto lo puso en comunicación con los ex soldados venezolanos para que les brindara capacitación médica.

Mattos me dijo que se sentía cómodo haciendo únicamente eso, pero que no cruzaría la raya hacia un entrenamiento militar. La única forma en que consideraría ofrecer verdadero entrenamiento militar sería si los venezolanos pudieran ponerlo en contacto con el funcionario del gobierno estadounidense que coordinaba con ellos.

No pudieron, porque no había ninguno. Los combatientes creían que Goudreau era el intermediario, en contacto con la administración Trump para obtener fondos y equipos de combate con los que cumplir la misión.

¿No consiguieron ese sello?

Le mostraron a Mattos una foto de Goudreau, y algunos dijeron que era de la CIA y que obtendría todas las cosas que les había prometido. El antiguo Navy SEAL trató de desengañarlos de esa idea: “Él no es quien creen que es”, recuerda haberles dicho. “Pensaban que era la ayuda de los Estados Unidos que venía en su auxilio, que estaba aprobado por el gobierno de los Estados Unidos y que hablaba con el presidente Trump”.

“Estaban convencidos”, agregó.

Mattos terminó brindando en Colombia capacitación médica a aproximadamente 20 ex soldados venezolanos, que vivían en una casa en ruinas con apenas suficiente comida y agua para todos. Mattos me dijo que la única forma en que los hombres podían calmar su sed de manera confiable era con el agua no tratada de un río cercano.

Sin embargo, sus espíritus estaban en alto, dijo, en parte porque creían en la misión y en su líder, Alcalá. Mattos dijo que el ex general se presentó informalmente un día con su esposa y su hija menor, y el comportamiento de los soldados de rango inferior claramente transmitía una actitud de respeto.

La situación empeoró en diciembre y enero. Se sospechaba que algunos de los hombres en Colombia eran leales a Maduro e informaban en secreto a Caracas, escuchó Mattos de algunos de los rebeldes. El equipo se dividió finalmente en grupos más pequeños, y se expulsó a algunos de los miembros originales.

Pero eso no detuvo la trama. Mattos escuchó de un combatiente anti-Maduro, a mediados de febrero, que la operación ocurriría finalmente en marzo. No fue así, y Mattos no tiene información del por qué. Sin embargo, hay cuatro respuestas posibles.

Primera, uno de los rebeldes fue arrestado después de ingresar a Venezuela a principios de marzo. Segunda, en ese mismo mes, los Estados Unidos acusaron a Alcalá, junto con Maduro y otros altos funcionarios, por cargos de narcoterrorismo. Tercera, las autoridades colombianas confiscaron un cargamento de armas destinadas a la misión. Y, por último, un año completo después de su primer encuentro con Alcalá, Goudreau no había proporcionado aún a los rebeldes las armas y el equipo que había dicho que obtendría. “Prometió en exceso y no cumplió”, concluyó Mattos.

Eso se haría evidente tan sólo meses después, cuando finalmente continuara la operación.

 

La invasión

El 1º de mayo, Associated Press informó sobre la historia de los esfuerzos de Goudreau y Alcalá. Detallaba gran parte del plan original, cómo se involucró a Goudreau y por qué no se había lanzado ninguna operación a pesar de meses de capacitación y planificación.

Gedeón—¿Goudreón?—y su gente

Es posible que Goudreau haya visto el artículo y haya decidido actuar, porque la misión de derrocar a Maduro, apodada “Operación Gedeón”, comenzó ese mismo día. “Los signos de dólar y el orgullo” son probablemente lo que llevó a Goudreau a seguir adelante con el plan, me dijo Mattos. “Eso dice mucho”.

Alrededor de 60 hombres, no los 300 del plan original y muy por debajo de los 800 que Goudreau dijo que podía desplegarse, partieron de Colombia a Venezuela en dos pequeñas embarcaciones de pesca apertrechadas con armas, municiones y radios bidireccionales. Entre la tripulación se hallaban dos ex boinas verdes de EE. UU., Airan Berry, de 41 años, y Luke Denman, de 34, a quienes Goudreau había reclutado para ayudar con el derrocamiento después de servir con ellos en Irak.

Fue un viaje duro en casi todos los sentidos. Mareados, muchos de los hombres vomitaron en el viaje. “Llamarlo una operación de aficionados sería muy, muy generoso”, me dijo Fernando Cutz, ex Director para Sudamérica en el Consejo de Seguridad Nacional de Trump.

Notoriamente, la persona que no estaba en un bote de pesca que se dirigiera a la costa venezolana era el propio Goudreau. En cambio, estaba en otro sitio grabando un video para anunciar al mundo que la operación estaba en marcha.

“Se lanzó una atrevida incursión anfibia desde la frontera de Colombia hasta el corazón de Caracas”, dijo Goudreau en el video, de pie junto a un ex capitán del ejército venezolano. “Nuestras unidades se han activado en el sur, oeste y este de Venezuela”.

El video fue publicado por Factores de Poder,*** un canal de YouTube con sede en Miami centrado en Venezuela, y Goudreau continuaría siendo entrevistado por ese medio a medida que avanzaba la incursión.

Silvercorp USA también tuiteó sobre la misión el 3 de mayo, el día en que las embarcaciones fueron interceptadas por las autoridades venezolanas. (La cuenta de Twitter de Silvercorp USA ha sido eliminada desde entonces).

Huelga decir que anunciar un intento de golpe antes de que realmente haya comenzado no fue la mejor manera de mantener el elemento sorpresa. “Es tan increíblemente tonto que pensé que iba en mala dirección”, dijo Mattos.

Entre la historia de AP, el video, el tuit y el probable conocimiento de antemano de Maduro acerca de la operación, los 60 hombres tenían pocas posibilidades.

Lanchas sobrantes de Normandía

El Ministro de Información de Venezuela, Jorge Rodríguez, dijo a los periodistas la semana pasada que el primer bote llegó a una ciudad cercana a Caracas el 1º de mayo. El segundo bote estaba detrás del primero, señaló, pero se involucró en un tiroteo de 45 minutos con el ejército venezolano, helicópteros, francotiradores e incluso pescadores enojados.

Los que sobrevivieron trataron de huir a una isla holandesa cercana, pero en su lugar el bote terminó dejando hombres en diferentes puntos a lo largo de la costa, donde finalmente los arrestaron las autoridades venezolanas.

Finalmente, al menos ocho miembros terminaron muertos y 13 fueron puestos bajo custodia venezolana, incluidos los dos ex boinas verdes estadounidenses; algunos críticos de Maduro alegan que sus fuerzas ejecutaron a algunos de los prisioneros.

La operación había sido un fracaso incluso antes de comenzar.

Durante un discurso televisado del 4 de mayo, Maduro ridiculizó a los miembros de la fuerza de invasión como si estuvieran “jugando a Rambo” y mostró las identificaciones que los dos estadounidenses llevaban aparentemente consigo cuando fueron capturados, incluidos el pasaporte de Berry y una insignia vencida del Pentágono.

Los medios estatales venezolanos también publicaron un video de Denman bajo interrogatorio, en el que admite su participación. “Estaba ayudando a los venezolanos a recuperar el control”, dice, y agrega que la misión estaba especificada en clave en el contrato firmado por Goudreau, Rendón y Guaidó.

Mattos me dijo que reconoció a algunos de los hombres que entrenó en videos de la incursión fallida. “He estado enfermo del estómago los últimos días debido a todo esto”, dijo. “Conozco a estos tipos, me importan estos tipos. Los considero amigos, los he invitado a cenar. Ahora los veo con grilletes y sólo Dios sabe lo que les está pasando”, continuó.

Ni siquiera Goudreau lo sabe. “He tratado de involucrar a todos los que conozco en todos los niveles”, dijo a Associated Press el 5 de mayo. “Nadie está respondiendo mis llamadas. Es una pesadilla”.

El Secretario de Estado Mike Pompeo aseguró a los periodistas el 6 de mayo: “utilizaremos todas las herramientas que tengamos disponibles” para llevar los dos estadounidenses a casa.

 

Las secuelas

Es justo decir que las cosas no han ido bien para nadie, aun para los implicados tangencialmente en la fallida incursión.

Guaidó se mantiene a la defensiva, respondiendo preguntas sobre su participación y sobre si orquestó un intento de golpe con la ayuda estadounidense.

Washington Office on Latin America (ONG)

“Esto claramente contribuye al deterioro de la posición nacional e internacional de la oposición”, dijo Smilde, el experto en Venezuela de WOLA, y en el corto plazo, añadió, “fortalece el intento del gobierno de Maduro para desmovilizar a la oposición al lucir invencible”.

Funcionarios de la administración Trump, desde el presidente hacia abajo, también han negado cualquier papel “directo” en la operación.

Si Guaidó estuvo realmente involucrado, hizo un mal trabajo de ayuda. “No hubo recepción para estas personas cuando llegaron. No hay manifestaciones callejeras. No hay nada por el lado venezolano ”, dijo Cutz. “¿Por qué se sentó allí en silencio y no trató de ayudar a esta operación?”

Además, dijo Cutz: “Si el gobierno de los Estados Unidos decidiera derrocar a Maduro, Maduro se iría. El ejército estadounidense podría derrotar al ejército venezolano, no tengo ninguna duda al respecto. ¿Pero podrían hacerlo 60 hombres? No”.

El propio Trump expresó sentimientos similares el viernes. “Si quisiera ir a Venezuela, no lo ocultaría”, dijo en una entrevista de Fox News. “Entraría y no harían nada al respecto. Se darían la vuelta. No enviaría un pequeño grupo pequeño. No, no, no”.

“Eso sería un ejército”, continuó. “Eso sería una invasión”.

Maduro, mientras tanto, acaba de tener su mejor semana en meses. Insiste en que el gobierno estadounidense orquestó todo el asunto, alegando que ese “gobierno está total y completamente involucrado en esta incursión derrotada”.

Si es eso cierto o no, y, una vez más, no hay hasta ahora evidencia de que el gobierno de EE. UU. haya estado involucrado, el hecho de que dos ex soldados estadounidenses de las fuerzas especiales fueran capturados con sus identificaciones militares ayuda a reforzar la afirmación de Maduro de que los esfuerzos de Guaidó para eliminarlo son parte de un mal disimulado intento estadounidense de golpe de Estado.

Tampoco es que sea precisamente descabellada la idea de que el gobierno de los Estados Unidos estuviera involucrado en una operación clandestina para derrocar a un gobierno en América Latina. Y la administración Trump no ha sido sutil acerca de su deseo de eliminar a Maduro e instalar Guaidó.

De hecho, Cutz dijo que culpa a la administración Trump, y especialmente al ex asesor de seguridad nacional John Bolton, por una postura agresiva hacia el país que preparó el escenario para que algo así sucediera.

El equipo de Bolton y Trump “usó un lenguaje que era excesivo y condujo a que algunas personas interpretaran que el derrocamiento era la política oficial de los Estados Unidos”, me dijo Cutz.

Ciertamente, Goudreau llegó a esa conclusión e intentó sacar provecho de ella. En vez de eso, consiguió que mataran y capturaran personas y puso patas arriba la política exterior de Estados Unidos. Según algunas informaciones, funcionarios federales de las fuerzas del orden de los Estados Unidos lo están investigando ahora por tráfico de armas. Un portavoz del FBI, aduciendo una política del Departamento de Justicia, ni confirmó ni negó la existencia de una investigación en curso.

Ir a prisión por ese crimen posiblemente no seael castigo que Mattos, el antiguo SEAL de la Marina, cree que  merece Goudreau. “Debiera entregarse al gobierno venezolano a cambio de los dos estadounidenses”, me dijo enfáticamente. “Debiera hacer eso voluntariamente”.

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* Vox es un sitio de noticias y opinión estadounidense propiedad de Vox Media. El sitio web fue fundado en 2014 por Melissa Bell y Ezra Klein. Vox es conocido por su concepto de periodismo explicativo. (Wikipedia en Español).

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** El documento firmado por Guaidó & Rendón C. A. con Goudreau en archivo .pdf (Más anexos: Silvercorp-Guaidó_General_Services_Agreement_Attachments con un total de 41 páginas). Por ejemplo, se lee en la segunda de sus páginas:

4. Proyecto Operación Resolución – a. Los Asesores del Proveedor de Servicios aconsejarán y asistirán al Grupo Asociado en la planificación y ejecución de una operación para capturar/detener/remover a Nicolás Maduro (en lo sucesivo “Objetivo Primario”), remover el Régimen actual e instalar al Presidente venezolano reconocido Juan Guaidó.

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*** Factores de poder es manejado por Patricia Poleo; su padre es quien le habrá enseñado el concepto: “Rafael Poleo rechazaba una contribución mía—ofrecida a su revista luego de aquel artículo sobre el Acta de abolición—, en la que exploraba otros caminos constitucionalmente compatibles; explicó con paciencia de adulto al ingenuo niño que yo era que lo que iba a pasar era que ‘los factores reales de poder en Venezuela’ depondrían a Chávez y luego darían ‘un maquillaje constitucional’ a un golpe de Estado”. (En Las élites culposas, mayo 2012. Poleo me hizo esa advertencia dos semanas antes del Carmonazo).

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