Heráldica política venezolana

Entrada actualizada en nota al pie.

Águila bifronte del Sacro Imperio Romano

 

En el siglo XVI d. C., el águila bicéfala era la marca heráldica más potente hasta ese momento, pues simbolizaba la unión de la dignidad imperial del Sacro Imperio Romano Germánico (el imperio de los Habsburgos) con la Monarquía hispánica, incluidas las colonias castellanas en tierras americanas y asiáticas. El águila bicéfala será el emblema de los Habsburgos en Madrid y en Viena. (…) La imagen del águila bicéfala apareció en Rusia en el siglo XV d. C. (…) El escudo de los zares sufrió varias transformaciones y adiciones hasta que en 1917, la revolución sustituyó el escudo imperial por la hoz y el martillo, que persistió hasta 1992. En agosto de ese año el águila bicéfala renació para ser el escudo de la Federación Rusa, junto con la bandera también de origen zarista: blanca, roja y azul. (…) El simbolismo del águila bicéfala indica que una de sus cabezas mira hacia lo infinito del pasado, y la otra hacia lo infinito del futuro, mostrando con ello que el presente es apenas una fina línea de contacto entre dos eternidades.

Wikipedia en Español

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El águila bicéfala o bifronte es símbolo del poder monárquico que pretende ser la combinación de dos orígenes, sean éstos de héroes, dinastías o civilizaciones. En el mundo romano tiene el precedente del dios Jano, cuyo nombre sobrevive en Enero, Janvier (francés), January (inglés), Januar (alemán), Janeiro (portugués), Jaanuaril (estonio), Gener (catalán), Gennaio (italiano), Ianuarie (rumano), etcétera.

Rostro bifronte de Jano Colección Vaticana

Jano en la mitología romana, es el dios de las puertas, los comienzos, los portales, las transiciones y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año y se le invocaba públicamente el primer día de enero, mes que derivó de su nombre (que en español pasó del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a enero). Jano es representado con dos caras, mirando hacia ambos lados de su perfil y no tiene equivalente en la mitología griega. El Janículo, colina ubicada en Roma, debe su nombre a este dios. (Wikipedia en Español).

  Los pinos del Janiculum (Pinos de Roma, Ottorino Respighi)

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Un bizamuro

El suscrito está muy lejos de despreciar a su país (ver en este blog Este piazo’e pueblo, 27 de julio de 2006), pero quisiera sugerir que no es un águila bicéfala el símbolo que puede representar con fidelidad la actual política nacional; es, creo, un zamuro bifronte el emblema apropiado por varias razones.

La primera es que los zamuros son mucho más venezolanos que las águilas, a pesar de que en nuestro país sea muy conocida el águila arpía, de la que hubo—no sé ahora—un ejemplar en el Parque del Este de Caracas. (El término arpía, por otra parte, derivado de la mitología—Ave fabulosa, con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña—se aplica con un sentido nada noble en la cuarta acepción que ofrece el Diccionario de la Lengua Española: “Persona codiciosa que con arte o maña consigue cuanto puede”).

Cambio zamuro por caballo

La segunda es que ya ha sugerido alguien recientemente—según una entrada en Facebook: El Zamuro como Ave Nacional de Venezuela—la sustitución del blanco caballo de la libertad en el Escudo de la República de Venezuela, precisamente, por un negrísimo zamuro, ave autóctona de rapacidad carroñera, que es rasgo de más de uno de nuestros políticos y comentaristas del ramo. (Presumo, sin ser equinólogo u ornitólogo, que hay en nuestra geografía un número mayor de negros zamuros que de caballos blancos).

Una tercera razón es que el presidente Maduro también ha sido asociado con nuestra más conocida ave de rapiña, en cuyo pico se encontraría:

 

La Pepa en su primera clase

La cuarta razón: sería facilísimo el establecimiento de la Orden de la Pepa de Zamuro (inspirada en la británica Orden de la Jarretera), sobre todo porque está listo el diseño desde el collar de su Primera Clase hasta la pepita de la Tercera. Naturalmente, los zamuros presidenciales o presidenciables—Maduro y Guaidó—debieran recibirla en el grado de Comendador.

Para un blasón venezolano bifronte

Finalmente, una quinta razón viene siendo la principal: apartando los zamuros pichoncitos y ordinarios de la política local—un exquisito postre de la repostería caraqueña lleva el nombre de Zamuritos, pero no son éstos a los que me refiero—, los zamuros reyes (los hay, zoológicamente hablando) son el Presidente de la República y el Presidente de la Asamblea Nacional: Nicolás Maduro Moros y Juan Guaidó; son sus figuras las que debieran ser representadas por un zamuro bicéfalo. Uno es de izquierda y otro de derecha; he allí la bifrontalidad esencial, característica de la “comprensión habitual de nuestra política nacional como película en blanco y negro, una historia de héroes contra villanos (en roles cambiantes según quien la cuente) que no admitiría otras salidas”. (El mercado político nacional, 8 de octubre de 2014). Más aún: quien se coloca a la izquierda en un plano planísimo debe mirar a la derecha y viceversa, así que los zamuros deben mirarse de frente; es lo que aconseja la lógica heráldica. Los picos de las cabezas zamuras (no confundir con samurai) debieran tocarse, a punto de devorarse mutuamente.

¿Una quimera?

Pudiera ser que en un futuro próximo fuese posible a la ingeniería genética, con ayuda de computación cuántica, lograr la fusión en un solo ser asombroso de Juan y Nicolás. Elon Musk sería, creo, capaz de lograrlo, y entonces Donald Trump entraría de lleno en la esquizofrenia.

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Autocrítica: la nota que antecede no es propiamente clínica, por lo que tal vez no deba publicarse en este espacio, pero quien escribe carece de un blog de pelea, y la lucha es inevitable en política. Por más que ella puede ser entendida como arte de carácter médico sujeta a un código de ética, no hay modo de desembarazarse del piso inferior del cerebro humano: el Complejo R (por aquello de reptiles), que se rige por instintos de territorialidad y competencia:

…nuestro cerebro reptil continúa modelando buena parte de nuestra conducta, principalmente nuestra conducta política que entendemos, las más de las veces, como modo de dilucidar territorios a base de comportamiento agresivo y establecer jerarquías sociales que los rituales confirman. (Política natural, 19 de marzo de 2009).

Como es sabido, los reptiles dan origen evolutivo a las aves pero, si soy sincero, debo asentar que no creo en otro emblema heráldico-monárquico que éste:

LEA

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Con fecha de hoy, 13 de agosto de 2019, el apreciadísimo amigo Orlando Amaya me hizo llegar desde el exterior el siguiente comentario a esta entrada:

Es una completa desgracia que tengas toda la razón en tu sátira.

Primero, porque el espectáculo es tan ridículo o grotesco que sólo a través de la sátira puede referírsele. No hay manera de argumentar con conocimiento de lo que se habla. No merece tratársele con seriedad. Como diría Eduardo Madina (dirigente vasco de la política española), saben lo que dicen pero no saben de lo que hablan. Aunque parezca una frase suma cero, no es así. Saber lo que se dice es actuar con miopía de futuro, viendo el beneficio inmediato, de bajo orden en el campo ético y reñido con la alta política. Saber de lo que se habla, es hacerlo con propiedad profunda y con visión u ojo clínico del futuro y el fondo. Esa relación, y a la vez esa diferencia, entre la cáscara y el amarillo del huevo únicamente la conocen y la entienden los responsables, con talento, estudios profundos y experiencias valiosas en la política.

La segunda y más preocupante razón es porque cada vez se entiende más que esa manera, costumbre o manía, es la política, en lugar de la inteligencia para diseñar las fórmulas que hagan grande a un pueblo. Dios quiera que sea por el síndrome de sarchaviosis o el “Sar” Nicolás de ahora y que la enfermedad sea tratable

Hasta aquí llevo pura teoría o generalidades; por eso quisiera ver una lista de las acciones, cambios de rumbo y políticas, reestructuraciones, acuerdos para una adecuada explotación de nuestros inmensos recursos, etc. Y como estamos en confianza, y sin ánimo de ofender algo que amo profundamente como es mi Venezuela, te repetiré una frase de mi dermatólogo de Caracas: “Veo a Venezuela como un gorila sentado sobre un baúl de morocotas, con la mano estirada mendigando un pedazo de pan”.

No te sabría decir cuál de las dos metáforas, la del zamuro o la del gorila, retratan mejor la situación.

Independientemente de las acciones o movimientos que haga la geopolítica, que tampoco es muy santa que digamos, creo que la fuerza del Soberano es la única opción para encauzar este río desbocado.

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Profesor, consejero y amigo

José Rafael Revenga en el Palacio Legislativo (2016)

 

Hoy es el día de cumpleaños de José Rafael Revenga Gorrondona, nacido en París y graduado en Filosofía de la Universidad de Lovaina. Sus padres fueron Don Rafael Domingo Revenga y Doña Luisa Gorrondona, pero José Rafael tuvo además tres padres putativos, cuyo calibre indica el de su hijo de adopción; ellos fueron nada menos que Juan David García Bacca, Pedro Grases y Arturo Úslar Pietri. Ése es el hombre que fue mi profesor y todavía lo sigue siendo:

A mediados de la década de los sesenta, estimulado por una incesante alimentación intelectual provista por José Rafael Revenga—mi profesor de Filosofía Política y Social en la Universidad Católica Andrés Bello—, inicié mi inmersión en temas de lógica y filosofía de la ciencia. (El paradigma jurídico-militar, 26 de julio de 2017).

Otras veces he dicho, sin faltar a la verdad, que JRR nos regaló la modernidad a quienes fuimos sus alumnos en la Escuela de Ciencias Sociales que fundara el impar Arístides Calvani. Los autores que nos hizo conocer—Anatol Rapoport, Herman Kahn, Kenneth Boulding, John von Neumann, Marshall McLuhan, Daniel Bell…—abrieron nuevos caminos al rico pensamiento del siglo XX, que recorrimos de la mano de nuestro profesor.

Su estirpe es honrosísima: comparte sus nombres con su tatarabuelo, José Rafael Revenga Hernández, enviado de la República de Venezuela a los Estados Unidos en 1811, Secretario de Simón Bolívar en Cartagena en 1815, versado en “el método de enseñanza mutua de Lancaster, así como contabilidad y economía política”—Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Empresas Polar—disciplinas que aprendió mientras residiera en los EEUU entre 1816 y 1817. Ese antepasado contribuyó a la fundación del Correo del Orinoco (del que fue director), se desempeñó como Ministro de Hacienda y Relaciones Exteriores de la República de Colombia (nombrado por Bolívar) desde su creación en 1819 hasta 1821 cuando, acompañado por Tiburcio Echeverría, fue enviado extraordinario ante la Corte de Madrid para negociar la paz, comisionado luego para lograr el reconocimiento de Colombia por Gran Bretaña (lo que se obtuvo en 1825), nombrado Secretario de Relaciones Exteriores de la nueva nación y miembro de su Consejo de Estado en ese mismo año, enviado a Venezuela por el Libertador como Ministro de Hacienda en 1828, elegido diputado en 1844. Tres años más tarde presidía el Banco Nacional, y en 1850 José Tadeo Monagas le encargaba una vez más nuestra Cancillería. De tal prócer pudiera venirle a nuestro contemporáneo su dominio del tema político y las ciencias de este campo.

La biblioteca de JR es verdaderamente envidiable, tanto como su erudición en materias como la política mundial, la polemología o la industria petrolera. Mantiene una red de relaciones que le permite estar altamente informado de nuestro proceso político y es por eso seguro consejero además de oportuno amigo, presto siempre al café cordial o la ocasional copa de vino de Jerez. En Krisis – Memorias Prematuras (1986) dejé constancia de que la suya era “una de las mentes más admirables que yo he conocido”.

En este día, pues, le hago llegar mis más cordiales y agradecidas felicitaciones. LEA

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He aquí una conversación de José Rafael Revenga con Fausto Masó por Radio Caracas Radio, del 4 de noviembre de 2016. No pareciera que hemos aprendido mucho desde entonces.

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Juan Pinocho Guaidó

 

Pinocho, al menos, podía contar con las reconvenciones de Pepe Grillo

 

Me oyó mi amo con grandes muestras de inquietud en el semblante, pues dudar o no creer son cosas tan poco conocidas en aquel país, que los habitantes no saben cómo conducirse en tales circunstancias. Y recuerdo que en frecuentes conversaciones que tuve con mi amo respecto de la naturaleza humana en otras partes del mundo, como se me ofreciese hablar de la mentira y el falso testimonio, no comprendió sino con gran dificultad lo que quería decirle, aunque fuera de esto mostraba grandísima agudeza de juicio. Me argüía que si el uso de la palabra tenía por fin hacer que nos comprendiésemos unos a otros, este fin fracasaba desde el instante en que alguno decía la cosa que no era; porque entonces ya no podía decir que nadie le comprendiese, y estaba tanto más lejos de quedar informado, cuanto que le dejaba peor que en la ignorancia, ya que le llevaba a creer que una cosa era negra cuando era blanca, o larga cuando era corta. Éstas eran todas las nociones que tenía acerca de la facultad de mentir, tan perfectamente bien comprendida y tan universalmente practicada entre los humanos.

Jonathan Swift – Los viajes de Gulliver

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Juan Guaidó tal vez ostente el récord Guinness de un legislador con más mentiras mayores en menor tiempo. Hay, por supuesto, mentirosos compulsivos entre los políticos de todo el mundo, pero en general se limitan a falsedades de poca monta y no tan obvias; lo alarmante en la conducta de Guaidó es la facilidad con la que expone, una tras otra, enormidades que él sabe son falsas.

Del “otro lado” también hay graves mentiras que la “moral revolucionaria” condona. En 1971, Yehezkel Dror escribía Crazy States – A Counterconventional Strategic Problem; allí anota como uno de los rasgos de un estado que califica como “loco” el siguiente: “…está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de ‘valores superiores)”. Pero en quienes predican, en términos de moralidad, el repudio al gobierno de Nicolás Maduro—o su “régimen”, concepto al que el Diccionario de la Lengua Española no adjudica connotación peyorativa alguna: Del lat. regĭmen. 1. m. Sistema político por el que se rige una nación—, la mentira es doblemente despreciable. (El 20 de agosto de 2004, trataba de mostrar a un cierto empresario relativamente joven que cinco días antes Hugo Chávez había superado la prueba revocatoria sin recurrir a un fraude electoral; al cabo de unos minutos me dijo: “Está bien, me convenciste; no hubo fraude, pero hay que decir que lo hubo, porque a ese señor hay que negarle hasta el agua”. La maldad que percibía en Chávez lavaba de antemano su inmoral prescripción; tampoco las maldades que se atribuye a Nicolás Maduro absuelven las inmoralidades de nadie).

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Como registrara la actualización al pie de El nuevo error de Falcón (22 de julio de 2019), el más reciente embuste de Guaidó es sostener desfachatadamente que “El TIAR es un tratado interamericano, en sus grandes líneas, de asistencia humanitaria. Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”. Pero antes ha vendido con bastante éxito internacional la farsa de que Maduro es un usurpador, que él sería el Presidente de Venezuela según el Artículo 233 de la Constitución y que reunió un “cabildo abierto” suficiente para juramentarse como tal. (Un cabildo abierto es la reunión de las autoridades municipales con los ciudadanos de ese municipio; en ningún caso tiene la facultad de decidir asuntos nacionales, como en quién recae la Presidencia de la República, y quien sea el Presidente electo debe juramentarse ante la Asamblea Nacional o, en último extremo, ante el Tribunal Supremo de Justicia). Poco después argumentaba que la Asamblea Nacional puede requerir una invasión militar extranjera en aplicación del Numeral 11 del Artículo 187 constitucional (ver Delirio total, 7 de febrero de 2019), cuando él sólo habla de misiones que deben ser entendidas como de asesoría o cooperación con la Fuerza Armada Nacional.

Pero por más destacado que sea Juan Guaidó como mitómano, tiene cómplices numerosos:

El retorno de Venezuela al TIAR fue aprobado como una moción de urgencia y sin modificaciones en una audiencia realizada en la calle por la Asamblea Nacional, en un evento que aspiraba ser una gran concentración de seguidores pero que se vio afectado por una masiva interrupción en el servicio eléctrico. “El momento de Venezuela es ya, hay que actuar”, expresó Guaidó al introducir la moción, que luego fue aprobada unánimemente. (El Nuevo Herald, 23 de julio de 2019).

Hace casi doce años, cuando ni siquiera sospechaba la existencia del diputado Guaidó, escribí:

Como sabemos, la honestidad no sólo se refiere en lo político al pulcro empleo de los recursos que son de toda la comunidad; también existe la honestidad intelectual, y quien miente a conciencia, quien perora discursos torcidos para argüir a favor de sus fines de poder, quien ofrece explicaciones de la historia o de las cosas a sabiendas de que son superficiales o demasiado alegres, carece de ella. (El político virtuoso, 18 de octubre de 2007).

Reproduje el texto del que extraje esa cita en Test para Trump (3 de agosto de 2016; todavía ignoraba que Guaidó existía) para proponer estas preguntas: “¿Es Donald Trump responsable, en el sentido expuesto? ¿Es humilde? ¿Es compasivo? ¿Es honesto?” Quizás las respuestas a tales cuestiones expliquen por qué Trump y Guaidó se han entendido tan bien.

A Pinocho y Pinochet sólo los distinguen dos letras. LEA

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TIARde piaste, pajarito

 

Afiliación actual al TIAR

 

Se ha decidido postergar, aparentemente, la discusión anunciada para ayer en la Asamblea Nacional del reingreso de Venezuela al TIAR. El domingo pasado nos contaba CNN:El líder de la oposición venezolana Juan Guaidó anunció a través de su cuenta de Twitter este domingo que la Asamblea Nacional de Venezuela aprobará el regreso de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). En una cadena de varios mensajes, Guaidó, quien es reconocido como presidente interino por más de 50 países*, dijo que asume la responsabilidad en las acciones que realizarán”. Luego reprodujo el siguiente tuit del Presidente de la Asamblea Nacional: “Vamos a avanzar en todos los terrenos de lucha. Tenemos el legítimo derecho de construir las capacidades y alianzas internacionales necesarias para proteger y defender al pueblo y nuestra soberanía. Cumplidos los pasos requeridos, la @AsambleaVE aprobará el TIAR. — Juan Guaidó (@jguaido) July 7, 2019”.

¿Qué es el TIAR? Nos informa Wikipedia en Español:

Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también llamado Tratado de Río, es un pacto de defensa mutua interamericano firmado el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro. El área geográfica de acción del tratado, comprende a América y 300 millas a partir de la costa, incluyendo la región entre Alaska, Groenlandia, en el norte, y en la zona ártica hasta las islas Aleutianas. En el sur las regiones antárticas, y los islotes de San Pedro y San Pablo y la isla Trinidad (detallado en artículo 4 del Tratado).

Según el artículo 3.1 en caso de (…) un ataque armado por cualquier Estado contra un País Americano, será considerado como un ataque contra todos los Países Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.
Se trata del primer tratado de su especie después de la Segunda Guerra Mundial. La firma del Tratado del Atlántico Norte corresponde a 1949. No todos los estados miembros de la Organización de los Estados Americanos lo han firmado.

El TIAR ha sido invocado al menos 20 veces durante los años 1950 y 1960. Particularmente durante el bloqueo a Cuba en 1962 y la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969. Sin embargo nunca fue puesto en acción debido a amenazas de la Guerra Fría. La más reciente invocación del TIAR ha sido la de EE. UU. después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Durante la Guerra de las Malvinas (1982), se trató de hacerlo efectivo. Sin embargo, EE. UU., que era tanto miembro del TIAR como de la OTAN, prefirió cumplir las obligaciones de la OTAN, de la cual el Reino Unido era integrante, porque la OTAN tiene una cláusula indicando que cuando un país miembro de la OTAN es atacado, se le debe prestar asistencia.

Una de las razones para no cumplir el TIAR esgrimida por EE. UU. era que Argentina empezó la guerra al recuperar por la fuerza las islas Malvinas —un territorio en litigio con el Reino Unido quien lo administra—, por tanto no correspondía su aplicación; similar fue la posición de Chile y Colombia, que también aducían que el TIAR es un acuerdo netamente defensivo acorde el artículo 3.1.

Además se presentaba la resolución 502 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que exigía el retiro de las fuerzas argentinas de las islas Malvinas como condición a cualquier proceso de negociación entre las partes. Esto no significó el retiro de EE. UU. del TIAR al no haber un comunicado oficial ante la OEA de su renuncia como parte (Artículo 25 del TIAR).

Fue un no cumplimiento de facto de las obligaciones del tratado. Sin embargo, la condición del TIAR como instrumento de defensa multilateral de América quedó seriamente deslegitimada. Ésta fue una de las razones de México para renunciar al tratado en 2002. El 5 de junio de 2012 los presidentes del ALBA anunciaron que los miembros de esta unión también se retiraban del Tratado.

Es decir, el TIAR fue concebido para proteger a cualquier país americano de la agresión armada de un país no americano. ¿Es que Juan Guaidó, quien ha sugerido más de una vez la “liberación” de Venezuela por una fuerza militar estadounidense (americana), prevé que debe “proteger y defender al pueblo y nuestra soberanía” de algún país exterior a nuestro continente?

Pero es que, además, no corresponde a la Asamblea Nacional la conducción de las relaciones internacionales de la República. Especifica el Numeral 4 del Artículo 236 de la Constitución (De las Atribuciones del Presidente o Presidenta de la República): “4. Dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales”. Guaidó no es el Presidente de la República, y si lo fuera (supuesto negado) no necesitaría a la Asamblea Nacional para decidir el reingreso de Venezuela al TIAR.

Es lamentable la tercera patraña que quiere vender este fabulista Guaidó, tras las pretensiones de que es Presidente “encargado” o “interino” y que es potestad de la Asamblea Nacional solicitar una invasión militar de Venezuela. (Ver Más usurpador será usted, 23 de enero de 2019, y Delirio total, 7 de febrero de 2019).

La Asamblea Nacional, desde que se instalara el 5 de enero de 2016, no ha hecho sino intentar subterfugios seudolegales para confrontar al gobierno de Nicolás Maduro; desde la primera declaración de que era su “compromiso no transable” buscar un medio de lograr “la cesación de este gobierno”, pasando por declarar que Maduro había abandonado su cargo (?) ** y el nombramiento inconstitucional de un Tribunal Supremo de Justicia “legítimo”. (Ver La historia desaparecida, 2 de abril de 2017). LEA

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* Los “más de 50 países” que reconocen a Juan Guaidó como Presidente de la República de Venezuela disponen de cancillerías que no se toman el trabajo de leer nuestra Constitución; si lo hicieran, constatarían que el único caso en que nuestro texto fundamental atribuye la Presidencia a quien ocupe el cargo que Guaidó ostenta legítimamente es el siguiente: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”. (Art. 233) ¿Quién era el Presidente electo cuya falta absoluta se hubiera producido “antes de tomar posesión”?  Nadie. José Ignacio Hernández, el “Procurador Especial” nombrado inconstitucionalmente por Guaidó, escribió el 11 de enero de este año: “…el supuesto de hecho del artículo 233 es distinto a los hechos actuales. Con lo cual, y al contrario de lo que parece creerse, el artículo 233 de la Constitución no es la norma aplicable a la crisis actual”. Pero Ma. Corina Machado insiste en que hay que mantenerse en “la ruta del 233”.

** Si la declaratoria de abandono del cargo por parte de Maduro hubiera sido válida (AN presidida por Julio Borges el 9 de enero de 2017) ¿por qué Guaidó reconoció implícitamente la titularidad de Nicolás Maduro hasta el 10 de enero de este año?

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Un artículo buenista más

 

Agotado por el arduo trabajo de pensar

 

Era práctica ritual de muchos economistas venezolanos reunirse en diciembre de cada año durante el segundo período de Caldera—usualmente en el IESA—para echar predicciones sobre la inflación y la tasa de cambio del año siguiente. Los periodistas hacían su agosto, pues cada economista de alguno de estos “paneles de expertos” estaba muy dispuesto a conceder declaraciones. La declaración estándar era algo más o menos como lo siguiente: “Lo que propongo es un verdadero programa económico integral, armónico, coherente y creíble”. Ya el mero hecho de que tal afirmación se compusiera de un solo sustantivo y cinco adjetivos debía llamar a la sospecha. Pero, por otra parte, una sencilla prueba podía evidenciar que se trataba, en realidad, de una seudoproposición. La prueba consiste, sencillamente, en construir la proposición contraria, la que en este caso rezaría así: “Propongo un falso programa económico desintegrado, inarmónico, incoherente e increíble”. Resulta evidentísimo que nadie en su sano juicio se levantaría en ningún salón a proponer tal desaguisado. Ergo, la proposición original no propone, en realidad, absolutamente nada.

Consenso bobo – 20 de noviembre de 2003

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Suele escribir artículos para los viernes Eduardo Fernández, y casi siempre son buenistas. El Diccionario de la Lengua Española define buenismo como la “actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”, pero tal vez más comúnmente se aplique esa palabra a quienes, simplemente, predican que la solución final de los problemas consiste en portarse bien, en ser bueno. El papa Francisco es muy dado a esa práctica; hace dos días, dijo en la Plaza de San Pedro: “Si vas con la verdad, con la verdad en tu corazón, la verdad y la sinceridad, y vas con amor, todos te entenderán. Aunque no puedas hablar, te entenderán con una caricia verdadera y cariñosa”. Utilísimo.

Hoy se ha publicado en Noticiero Digital la pieza que Fernández titulara ¿Y ahora…?, que será reproducida de inmediato para practicar sobre ella el ejercicio delineado en el epígrafe. He aquí su texto:

¡Seguir luchando! No podemos dejar que nos roben la esperanza. Venezuela y los venezolanos nos merecemos un destino mejor. ¡Seguir luchando! Renovar nuestro compromiso con la gente, con los ciudadanos, con los que sufren, con los más vulnerables. Renovar nuestro compromiso con la democracia, con el estado de derecho, con los derechos humanos, con la justicia social, con el desarrollo económico, con la igualdad de oportunidades, con la educación, la ciencia y la tecnología, con la salud, con la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas y con el conjunto de los ciudadanos.

¡Seguir luchando sin descanso! Evaluar lo que hemos hecho, los aciertos y las equivocaciones. Profundizar los aciertos, corregir las equivocaciones. Apostar siempre por la inteligencia, por la unidad, por la paz, por la justicia, por la fraternidad entre todos los seres humanos, por la inclusión, por el futuro.

Venezuela necesita recomponer su estructura institucional: un gobierno que gobierne. Un parlamento que legisle y que controle la marcha de la administración pública, unos tribunales que administren justicia con seriedad, con imparcialidad y con apego a la constitución y a las leyes.

¡Tenemos que seguir luchando! Nada de resignación. Nada de conformismo. Convocar a la lucha infatigable por construir una Venezuela mejor. Convocar a la unidad de todos los venezolanos detrás de un programa compartido. Organizar a los ciudadanos. Educar en democracia, en tolerancia, en valores cívicos y éticos. Trazar caminos de progreso. Organizar a los ciudadanos para alcanzar las metas. Educar para la convivencia y la civilidad. Apostar a una estrategia inteligente para salir de un gobierno que ha hecho mucho daño y sustituirlo por un gobierno que encarne los valores que el actual gobierno ha maltratado y desconocido.

No a la violencia, no a la desesperanza, no a la resignación. Los venezolanos esperamos una convocatoria positiva, ilusionante, esperanzadora. Vamos a luchar por la tierra prometida. Ojalá surjan líderes políticos y organizaciones políticas que nos convoque a la grandeza, que nos saquen de la mediocridad, que podamos superar los insultos y la diatriba y avanzar con paso firme y resuelto hacia una Venezuela unida, prospera, feliz y optimista. Todo eso podemos lograrlo. ¡Hay que seguir luchando!

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Ahora lo que habría que escribir si se quisiera oponerse a Eduardo Fernández, nuestro máximo buenista:

¡Seguir rindiéndonos! Podemos dejar que nos roben la esperanza. Venezuela y los venezolanos no nos merecemos un destino mejor. ¡Seguir rindiéndonos! Renovar nuestro compromiso contra la gente, contra los ciudadanos, contra los que sufren, contra los más vulnerables. Renovar nuestro compromiso contra la democracia, contra el estado de derecho, contra los derechos humanos, contra la justicia social, contra el desarrollo económico, contra la igualdad de oportunidades, contra la educación, la ciencia y la tecnología, contra la salud, contra la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas y contra el conjunto de los ciudadanos.

¡Seguir rindiéndonos sin trabajo! Ignorar lo que hemos hecho, los aciertos y las equivocaciones. Hacer superficiales los aciertos, reiterar las equivocaciones. Nunca apostar por la inteligencia, por la unidad, por la paz, por la justicia, por la fraternidad entre todos los seres humanos, por la inclusión, por el futuro.

Venezuela necesita descomponer su estructura institucional: un gobierno que desgobierne. Un parlamento que no legisle y que no controle la marcha de la administración pública, unos tribunales que no administren justicia con seriedad, con imparcialidad y con apego a la constitución y a las leyes.

¡Tenemos que seguir rindiéndonos! Todo de resignación. Todo de conformismo. Convocar a la rendición con cansancio de construir una Venezuela mejor. Convocar a la desunión de todos los venezolanos tras un programa no compartido. Desorganizar a los ciudadanos. Educar contra la democracia, contra la tolerancia, en contra de valores cívicos y éticos. Trazar caminos de involución. Desorganizar a los ciudadanos para no alcanzar las metas. Educar para la separación y la incivilidad. Apostar a una estrategia estúpida para mantener a un gobierno que no ha hecho mucho daño y sustituirlo por un gobierno que encarne los valores que el actual gobierno ha tratado bien y protegido.

Sí a la violencia, sí a la desesperanza, sí a la resignación. Los venezolanos esperamos una convocatoria negativa, desilusionante, desesperanzadora. Vamos a renunciar a la tierra prometida. Ojalá surjan líderes políticos y organizaciones políticas que nos convoquen a la bajeza, que nos saquen de la excelencia, que no podamos superar los insultos y la diatriba y retroceder con paso tembloroso e irresuelto hacia una Venezuela desunida, pobre, infeliz y pesimista. Todo eso podemos lograrlo. ¡Hay que seguir rindiéndonos!

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Resulta evidentísimo que nadie en su sano juicio escribiría un desaguisado tal. Ergo, el último artículo buenista de Fernández, lleno de verdades de Perogrullo—”Lo que no puede ser, no puede ser… y además es imposible”—, no propone, en realidad, absolutamente nada. Es como si fuera uno al médico para participarle que nos sentimos mal y queremos curarnos y él nos respondiera, luego de examinarnos y antes de cobrarnos honorarios en dólares, que estamos enfermos y debemos curarnos. Eso ya lo sabíamos antes de ir a la consulta; precisamente por eso fuimos. LEA

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Tragicomedia de jabón

 

Cabezal de un revelador artículo

 

Hay unas cuantas reglas para deponer a un gobierno. Asegúrese de que tiene a los militares de su lado, o al menos los suficientes para disuadir de su posible intervención a las tropas que no simpatizan con el alzamiento. Reparta dinero para inspirar lealtad. Determine qué sector del populacho se unirá a su levantamiento, qué sector resistirá y cuál se apartará para mirar. Neutralice rápidamente la resistencia; tome los medios de forma que pueda diseminar órdenes. Una vez que el gobernante haya sido desplazado, mátelo o sáquelo del país tan rápidamente como sea posible. Cuando Juan Guaidó, el líder de la insurrección venezolana anunció la “fase final de la Operación Libertad” el 30 de abril, pareció que no había hecho ninguna de esas cosas.

Jon Lee Anderson, The New Yorker, 10-17 de mayo de 2019

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Las desalmadamente cínicas recomendaciones del epígrafe son las frases iniciales de un artículo de dieciséis páginas (acá en .pdf: Venezuela’s Two Presidents Collide) publicado recientemente en la reputada revista The New Yorker. Su autor es un conocido periodista de investigación que adquiriera fama en 1997 con una biografía de Ernesto “Che” Guevara. En unas ciento veinte palabras, Anderson recomienda el asesinato y la compra de adhesiones, mientras se refiere al Pueblo despectivamente como populacho. (populacho 1. m. Parte ínfima de la plebe. 2. m. Multitud en revuelta o desorden. plebe Del lat. plebs, plebis. 1. f. Clase social más baja. 2. f. En la antigua Roma, clase social que carecía de los privilegios de los patricios. 3. f. En el pasado, clase social común, fuera de los nobles, eclesiásticos y militares. Diccionario de la Lengua Española). El previo sumario de la pieza dice: “El levantamiento de Juan Guaidó, apoyado por los Estados Unidos, fracasó en deponer a Nicolás Maduro, pero sus seguidores permanecen leales. ¿Conducirán las divisiones del país a una crisis internacional?”

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La pieza de Anderson no es despreciable, dada la amplitud de sus consideraciones y algo de enfoques inusuales. Entre éstos se halla el registro de un ángulo supersticioso en la política venezolana:

Una mañana de marzo, pocas semanas antes del levantamiento, Guaidó me llevó con él a Vargas, su lugar de nacimiento, en la costa del Caribe. Durante el viaje, a una hora desde el apartamento de Guaidó en Caracas, nos sentamos atrás en una camioneta blindada. Un hombre con lentes de búho estaba entre ambos. Se presentó a sí mismo como David, el astrólogo del Presidente. Mientras salíamos, David dijo que esperaba que no encontráramos a los colectivos—grupos de matones paramilitares, que rondan en motocicletas disparando a opositores que protestan. Los colectivos, declaró, eran “la encarnación del mal” y los “representantes del Demonio en la tierra”. (…) David me informó que Guaidó era un descendiente de Guaicaipuro, un cacique indígena del siglo XVI que combatió la conquista de los españoles antes de caer en una emboscada y ser muerto. Chávez había resucitado a Guaicaipuro como héroe nacional, ordenando que sus restos fueran simbólicamente trasladados al Panteón Nacional. Al notar la diversión en mi rostro, David explicó que todos los líderes venezolanos eran la reencarnación de predecesores. Chávez quería ser Simón Bolívar pero era en realidad Guaicaipuro, mientras que Guaidó era por su mayor parte Guaicaipuro, con un poquito de Tiuna, otro cacique indígena. Maduro, sin embargo, sólo era “el eje del mal”. David explicó que “los cubanos”—el rumorado equipo de consejeros secretos de Maduro—habían practicado las “artes oscuras” de la Santería para conducir a Maduro hacia el mal. “Venezuela está destinada a ser el mejor país en la región y, luego de una guerra mundial que se libra en la actualidad, recibirá mucha gente de todo el mundo”, dijo. “Pero debe ser liberada para que esté lista”. Guaidó traería esa liberación, y afirmó: “Lo conocí en diciembre y le dije: ‘Tú eres el elegido'”.

Anderson añade: “Muchos de los seguidores de Guaidó son asimismo fervientes, pero por más prácticas razones: él ofrecía esperanza, y estaba dispuesto a arriesgar una argumentación pública por un cambio de gran amplitud. Luego de almorzar, su equipo condujo a una pequeña plaza, donde él saltó a una tarima y dio un discurso. Fue, como todos sus discursos, económico e inspirador. Dijo a la multitud que no faltaba mucho para que ‘nosotros, el pueblo’ ocupara Miraflores, el palacio presidencial donde aún vive Maduro, ‘el usurpador’. Pero un largo camino estaba por delante, y la unidad y la fortaleza eran esenciales. Un grupo de mujeres en la muchedumbre levantó sus manos al aire como creyentes en un sermón pentecostal. Una tenía cerrados los ojos, con una expresión beatífica en la cara”.

Con percepciones como ésas, no debe sorprender que Anderson escoja el término populacho para referirse al pueblo venezolano.

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¿Política del siglo XXI? Más bien una telenovela o, aun más precisamente, una soap opera, por cuanto su libreto ha sido escrito en los Estados Unidos por un equipo que dirige no Delia Fiallo* sino Marco Rubio**, el amigo de Lilian Tintori. LEA

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*Delia Fiallo (La Habana, 4 de julio de 1924) es una escritora y guionista de radionovelas y telenovelas cubana residente en Miami, Florida. Sus obras televisivas se han producido principalmente en Venezuela pero también ha escrito historias para las televisiones de Argentina, Perú, Puerto Rico, Brasil, Estados Unidos, Colombia y México. (Wikipedia en Español).

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**Marco Rubio nació en Miami, Florida,​ como segundo hijo de los inmigrantes cubanos Mario Rubio y Oria García. Sus padres habían emigrado de Cuba a los Estados Unidos en 1956 y se nacionalizaron como ciudadanos en 1975. (Wikipedia en Español).

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