Exégesis de Crisis (Group)

 

Portada de informe de ayer del Crisis Group sobre Venezuela

 

International Crisis Group (ICG) es una organización no gubernamental, fundada en 1995, dirigida a la resolución y prevención de conflictos armados internacionales. ICG combina el trabajo de especialistas en el terreno y las labores de sensibilización desde sus sedes, ubicadas en los cuatro continentes. Actualmente monitoriza más de sesenta conflictos internacionales. (Wikipedia en Español).

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Gracias al envío de un estimado amigo, conocí un informe del Crisis Group fechado ayer y centrado sobre la posibilidad de un acuerdo negociado entre el gobierno venezolano y su oposición profesional. Después de su título en gerundio—proveniente del original en inglés—, viene un sumario que dice:

El enfrentamiento político en Venezuela parece haberse estancado. El presidente Nicolás Maduro permanece firme en el cargo más de un año después que la oposición detrás de Juan Guaidó montara una campaña para reemplazarlo. La brecha entre las partes es amplia, pero conversaciones con figuras más pragmáticas revelan las bases de un posible compromiso.

El informe como tal es extenso; tan sólo su “resumen ejecutivo” ocupa 21 páginas. También es bastante serio y sin obvio favoritismo, aunque participa de algunas fallas de reporte o interpretación bastante comunes. Su intención manifiesta es la de apuntalar procesos de diálogo que puedan superar la crisis política venezolana.

Acá se reproduce unas cuantas afirmaciones de Crisis Group que merecen comentario o precisión:

La oposición esperaba que el endurecimiento de sanciones y el creciente aislamiento internacional del gobierno provocaran una ruptura dentro de las filas chavistas, especialmente entre los militares o, alternativamente, que los EE. UU. intervinieran militarmente. (…) A pesar de que en algún momento había indicios de una intervención militar de EE. UU. (y un levantamiento militar estéril el 30 de abril), así como sanciones cada vez más draconianas y el colapso económico interno que ha estimulado el éxodo de más de 4,8 millones de venezolanos, Maduro no ha cedido. (…) La oposición y sus aliados regionales liderados por EE. UU. y Colombia, invocaron un tratado de defensa regional que teóricamente podría allanar el camino para una acción militar, aunque esta opción parece remota.

Esto es, cierta oposición ha predicado salidas inconstitucionales y violentas y la última afirmación alude a la absurda invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que jamás fue concebido para la finalidad que Guaidó pretendía. (Ver en este blog TIARde piaste, pajarito, del 10 de julio de 2019). Tal cosa no es una mera “opción”; es una verdadera y traicionera patraña.

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El esfuerzo más prometedor para lograr una solución negociada hasta la fecha ha sido una serie de conversaciones entre las dos partes, facilitadas por el gobierno noruego entre mayo y agosto de 2019. Pero estas se rompieron, víctima de la falta de compromiso sincero de ambas partes y, en particular, de la obstinación del gobierno. (…) el gobierno se retiró a raíz de nuevas sanciones estadounidenses, y la oposición declaró “agotado” el mecanismo de diálogo el 15 de septiembre de 2019. (…) la oposición había propuesto que el poder pasara temporalmente a un consejo de gobierno cuyos miembros serían nombrados de común acuerdo. 

El gobierno de Maduro no se retiró de la negociación “a raíz de nuevas sanciones estadounidenses”; lo hizo luego de que Guaidó las justificara, y la proposición de un “consejo de gobierno” es enteramente inconstitucional. (Acusar a Maduro de violar la Constitución y a un tiempo proponer una violación distinta es el equivalente de recomendar que para curar a una víctima del despreciable Harvey Weinstein se la vuelva a violar).

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Después de que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) de la oposición obtuviera una victoria arrolladora en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, dándole amplios poderes constitucionales para ponerle freno al gobierno del presidente Nicolás Maduro, Maduro usó su control sobre las ramas del Estado restantes (particularmente el Tribunal Supremo) para obstaculizar a la Asamblea Nacional. La oposición respondió al presidente con un intento de referendo revocatorio en 2016, pero la autoridad electoral y los tribunales controlados por el gobierno bloquearon la iniciativa.

En ninguna parte del informe de Crisis Group se menciona la declaratoria de guerra del Poder Legislativo contra el Ejecutivo el mismo día del comienzo de su período. La Asamblea Nacional, desde que se instalara el 5 de enero de 2016, no ha hecho sino intentar subterfugios seudolegales para confrontar al gobierno de Nicolás Maduro; desde la primera declaración de que era su “compromiso no transable” buscar un medio de lograr “la cesación de este gobierno”, pasando por declarar que Maduro había abandonado su cargo (?) y el nombramiento inconstitucional de un Tribunal Supremo de Justicia “legítimo”. (Ver La historia desaparecida, 2 de abril de 2017). Luego, la Asamblea Nacional optó por desconocer la sentencia temporal de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia acerca de los diputados del estado Amazonas. (“El Tribunal Supremo de Justicia no ha declarado que la Asamblea Nacional sea reo del delito de desacato, que como tal ni siquiera es mencionado en nuestro Código Penal. Lo que ha sostenido es que la Asamblea Nacional ha desacatado—participio pasado del verbo desacatar, en la segunda acepción que recoge el Diccionario de la Lengua Española para ese verbo: No acatar una norma, ley, orden, etc.—, al desconocerla, la sentencia de la Sala Electoral que suspendió temporalmente la proclamación de los diputados por el Estado Amazonas, juramentándolos no una sino dos veces bajo la presidencia de Henry Ramos Allup”. Entre abogados, 11 de febrero de 2019). Y si bien llama a la sospecha la interrupción del proceso revocatorio, tampoco menciona que la MUD inició los procedimientos con retraso de tres meses cuando ya no se sostenía el boicot liderado por Henry Ramos Allup y Jesús Torrealba, y que nunca litigó, como tampoco lo hizo en el caso de Amazonas, las objeciones de varios tribunales a la primera fase de recolección de firmas.

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En enero de 2019, el recién elegido presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, tomó la controversial decisión de declararse presidente interino, con el apoyo del parlamento de Venezuela y varias docenas de gobiernos, incluidos los de EE. UU., Colombia, Brasil y muchos países europeos. La oposición argumentó que la reelección de Maduro de mayo de 2018, en una jornada boicoteada por la oposición mayoritaria y empañada por acusaciones de ilegalidad, había sido una farsa y que la presidencia estaba vacante. El reclamo de Guaidó, dijeron, se basaba en una cláusula constitucional que le permite al jefe de la legislatura asumir el cargo ejecutivo en espera de elecciones legítimas.

Lo que es verdaderamente una farsa es la “controversial decisión” de la autoproclamación de Guaidó como “presidente encargado” de la República. Nuestra Constitución contempla sólo un caso en el que el Presidente de la Asamblea Nacional asume la Presidencia de la República; su Artículo 233 lo establece así en su segundo parágrafo: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”. No es la Asamblea Nacional—mucho menos un “cabildo abierto” que no fue tal y cuyo nivel decisional no rebasa el de asuntos municipales—el órgano que designa a su Presidente como encargado de la Presidencia de la República sino esa previsión constitucional, y ésta requiere la existencia previa de un Presidente electo cuya falta absoluta se haya producido, lo que no ha sido nunca el caso. José Ignacio Hernández, el  cuestionado “Procurador Especial” nombrado inconstitucionalmente por Guaidó, escribió el 11 de enero del año pasado: “…el supuesto de hecho del artículo 233 es distinto a los hechos actuales. Con lo cual, y al contrario de lo que parece creerse, el artículo 233 de la Constitución no es la norma aplicable a la crisis actual”. Luego argumentaría falsamente que correspondería a la Asamblea Nacional interpretar ese artículo para “ajustarlo” a la situación real, cuando el Artículo 336 confiere inequívocamente esa potestad al Tribunal Supremo de Justicia.

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Una demanda central de la oposición, respaldada por los países que reconocen a Guaidó como presidente interino, es que se celebren nuevas elecciones presidenciales, libres y justas lo antes posible. La oposición sostiene que la reelección de Maduro de mayo de 2018 fue ilegítima y que su “usurpación” debe terminar . Por su parte, el gobierno insiste en que las elecciones de 2018 fueron válidas y que Maduro fue elegido de manera libre y justa; en su opinión, aceptar una nueva elección presidencial fuera del calendario constitucional sería admitir que las del 2018 fueron fraudulentas. Durante las conversaciones respaldadas por Noruega, los negociadores del gobierno sugirieron que podrían tener cierta flexibilidad con respecto a la fecha de las elecciones, actualmente a fines de 2024, pero solo si las sanciones eran levantadas con suficiente antelación .

No basta que la oposición sostenga “que la reelección de Maduro de 2018 fue ilegítima”. Una cosa así tiene que ser probada, y la carga de la prueba recae sobre quien acusa. A estas alturas eso no pasa de ser un alegato, que además está fundado sobre bases falsas. “Se ha dicho que la elección de Maduro es ilegítima, por diversas razones. La primera es que fue electo para su segundo período el 20 de mayo de 2018, en presunta contravención de lo constitucional y legalmente previsto; ciertamente, la fecha contravino la costumbre electoral venezolana, pero ni la Constitución ni la Ley Orgánica de Procesos Electorales prescriben una fecha específica a la elección de Presidente. Luego, la convocatoria misma, hecha por el Consejo Nacional Electoral, fue precedida por una decisión al respecto de la Asamblea Nacional Constituyente en funciones, pero nuestro CNE no podía objetarla, puesto que la Constitución establece en su Artículo 349: ‘Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente’. (Cualquier decisión subconstitucional de este órgano debe ser acatada). Claro que la constituyente misma es objetada, sobre la errada tesis de que la elección de ella no puede ser decidida sino mediante un referendo popular, cuando el Artículo 348 se inicia diciendo: ‘La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros…’ Finalmente, se sostiene que no todas las organizaciones partidistas pudieron participar en la elección de mayo del año pasado por encontrarse inhabilitadas ventajistamente; nuestra legislación electoral obliga a cualquier partido que no haya participado en la elección inmediatamente anterior a un proceso de rehabilitación, y fueron esos mismos partidos los que decidieron no acogerse a ese procedimiento”. (Je m’accuse, 23 de septiembre de 2019).

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Crisis Group ignora, como muchos otros actores internacionales—algunos entre ellos verdaderos entrometidos—, que ninguna solución negociada puede violar nuestra Constitución. Tampoco puede admitirse que la oposición venezolana proponga algo así. Por ejemplo, esto que registra el informe acá comentado: “En Barbados, los representantes de la oposición sugirieron un ‘consejo de gobierno’ compuesto por figuras militares y civiles, divididas equitativamente entre ambas partes y posiblemente presididas por un oficial militar de alto rango”.

En De Oslo a Bridgetown—entrada pertinente por la explícita y reiterada mención que el informe comentado hace de la mediación noruega—, se puso acá el 9 de julio de 2019:

…de las múltiples aristas del problema político venezolano, es la más aguda el ejercicio de la Presidencia de la República en manos del Sr. Nicolás Maduro (no en las de Juan Guaidó). Pero no puede celebrarse nuevas elecciones presidenciales mientras Maduro ejerza su cargo, pues el presente período constitucional expira el 10 de enero de 2025; tendría Maduro que renunciar a él para abrir la puerta o el único poder capaz de hacerlo, el Pueblo en su carácter de Poder Constituyente Originario y Supraconstitucional (no limitado por la Constitución), tendría que ordenar nuevas elecciones mediante referendo convocado al efecto. De no darse alguna de esas dos circunstancias, un acuerdo de fuerzas políticas en Barbados sólo sería convenir en la violación a cuatro manos de la Constitución.

En general, el informe de Crisis Group International es bastante más equilibrado que otros análisis extranjeros, pero peca de ignorancia culposa de nuestra constitucionalidad, bajo la creencia de que los “políticos” que negociarían una salida al conflicto político venezolano estarían autorizados a saltársela a la torera. Eso no es en absoluto necesario.

La web del grupo tiene modo para establecer contacto; lealmente, les daré noticia de esta entrada y de un esquema de acuerdo más que suficiente que no requiere la violación a muchas manos de la Constitución, asesorada por extranjeros a los que no niego su buena intención. (El esquema expuesto acá el 26 de mayo de 2017 en Versión formal). LEA

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Benedicta tu inter homines

 

Malala Yousafzaird, Marie Curie, Hedy Lamarr, Simone de Beauvoir, Frida Kahlo, Rosa Parks, Valentina Tereshkova, Coco Chanel, Amelia Earhart, Virginia Woolf

 

A Cecilia Ignacia, uxor dilecta

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Unos cuantos años después quebré de nuevo lanzas por la mujer; en los primeros eventos del Grupo Santa Lucía (iniciado en 1977), se sentaba a las mujeres asistentes todas juntas en un “Grupo Cero” ubicado al fondo del salón de reuniones y se les negaba el derecho de palabra. Fue en la reunión de Barbados donde propuse públicamente que cesara esa discriminación, cerrando mis palabras así: “No las defiendo porque sean mujeres, sino porque son personas”.

Bajo la luz de El Farol

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El Derecho Romano adjudicaba al hombre la virtud de la gravitas (seriedad) y a la mujer la de levitas (liviandad). De esta distinción se desprendían unas cuantas consecuencias, como la de las prerrogativas del jefe de la casa, el pater familias:

El poder del pater familias era llamado patria potestas—patria potestad en español—. (…) Bajo la Ley de las XII Tablas, el pater familias tenía vitae necisque potestas (poder de vida o muerte) sobre sus hijos, su esposa y sus esclavos, de todos los cuales se decía que estaban sub manu—bajo su mano—. (Wikipedia en Español).

La cosa llegó hasta el borde del Renacimiento. (Eso de la levitas, digo):

Todos hemos aprendido, frecuentemente en la juventud, la frase La donna è mobile qual piuma al vento (“La mujer es mudable como pluma al viento”), pero no es conocimiento común que el libretista de Giuseppe Verdi, Francesco Maria Piave, tomó esa imagen del Filostrato (abatido de amor) de Giovanni Boccaccio, que el poeta joven y enamorado dedicara—en 1335 o 1340—a su Fiammetta, la rubia Maria D’Aquino, hija natural de Roberto el Sabio, Rey de Nápoles. La vio por vez primera en misa de Sábado Santo de 1331 y su rostro se convirtió en obsesión para él. El plagio—¿la elogiosa alusión?—se disimula algo al comparar el verso en Rigoletto con la metáfora del autor del Decamerón, que puso: Giovane donna è mobile… Volubil sempre come foglia al vento. (A mitad de camino, 26 de diciembre de 2017).

La rima en el Filostrato de Boccaccio

 

Aquí está la famosa e irrespetuosa aria del Rigoletto de Verdi, en la incomparable voz de Jussi Bjoerling:

  La donna é mobile

Pero es hora de oírlas cantar a ellas:

 

Cantan muy bien. LEA

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Una apuesta al olvido

Fidel Castro (¿tirano?) entre CAP y Felipe

 

El diario El Universal reproduce hoy una nota de Europa Press que así comienza:

El expresidente del Gobierno español, Felipe González, advirtió este martes, que el “diálogo por el diálogo” en Venezuela solo beneficia la supervivencia de la “tiranía” de Nicolás Maduro, del que asegura “ha llevado a este país a un Estado fallido en tiempo récord”.

Es de suponer que Felipe ha confiado en que nadie recordaría la fotografía que abre esta entrada, tomada el 2 de febrero de 1989 poco antes de la “coronación” de Carlos Andrés Pérez en el Teatro Teresa Carreño, que inauguraría su segunda y fallida presidencia. (Tal vez González la haya olvidado él mismo). Entonces no tenía mayor inconveniente en sentarse al lado de Fidel Castro, quizás porque éste no le parecía entonces un tirano censurable.

Y es del 13 de mayo de 2011 una entrada en este blog, Manifiesto que algunos quisieran olvidar, que incluye este párrafo:

La presencia de Fidel Castro fue, en esa oportunidad, muy importante para algunos. Casi un millar de trabajadores intelectuales del país, la mayoría de ellos ligada a la Universidad Central de Venezuela, se retrató en grupo con su firma al pie de un manifiesto que lo declaraba “entrañable referencia”. El texto fue publicado en el diario El Nacional el 1° de febrero de 1989 y cuarenta y ocho horas más tarde en el diario 2001. Resulta muy interesante repasar esa nómina de admiradores, en la que ciertos nombres son los esperados; otros, en cambio, pescuecean hoy para ser aplaudidos como heroicos combatientes del chavo-castrismo. Una de esas firmas elogiosas del déspota cubano esperó dieciséis años para escribir en 2005: “…las fotografías del presidente Hugo Chávez con Fidel Castro producen esa terrible desazón porque son el emblema del descaro con que el gobierno autoritario de Venezuela procura y paga a precio de oro una intervención extranjera, que, encima, lleva la marca de una dictadura ferozmente represiva, sanguinaria y empobrecedora…” (Milagros Socorro. Ya Castro no le parece tan entrañable).

Fueron 911 los firmantes* de un texto que aseguraba: En esta hora dramática del Continente, sólo la ceguera ideológica puede negar el lugar que ocupa el proceso que usted [Fidel Castro] representa en la historia de la liberación de nuestros pueblos. Hace treinta años vino usted a Venezuela, inmediatamente después de una victoria ejemplar sobre la tiranía, la corrupción y el vasallaje. Entonces fue recibido por nuestro pueblo como sólo se agasaja a un héroe que encarna y simboliza el ideal colectivo. Hoy, desde el seno de ese mismo pueblo, afirmamos que Fidel Castro, en medio de los terribles avatares que ha enfrentado la transformación social por él liderizada y de los nuevos desafíos que implica su propio avance colectivo, continúa siendo una entrañable referencia en lo hondo de nuestra esperanza, la de construir una América Latina justa, independiente y solidaria”.

Un año antes de la publicación en este espacio del extraviado manifiesto, se reprodujo una nota del diario argentino La Nación (4 de abril de 2010) que daba cuenta de la polémica entre Susan Sontag y Gabriel García Márquez, suscitada por el longevo apoyo de este último a la dictadura de Fidel Castro:

La voz independiente de Susan Sontag fue de las primeras en censurar el viraje hacia el autoritarismo de la revolución cubana. La autora de Contra la interpretación, fallecida en 2004, luchó desde la izquierda contra todos los totalitarismos. Poco después del fusilamiento de los tres cubanos que habían secuestrado una embarcación de pasajeros para llegar a EE.UU., Sontag asistió a la Feria del Libro de Bogotá, en abril de 2003. Fue allí donde la norteamericana exigió públicamente que Gabriel García Márquez explicara su adhesión al régimen cubano. Gabo le contestó por medio de una declaración en el diario El Tiempo : “Estoy en contra de la pena de muerte en cualquier lugar, motivo o circunstancia”, se excusó. Y agregó: “Yo mismo no podría calcular la cantidad de presos, de disidentes y de conspiradores que he ayudado en absoluto silencio a salir de la cárcel o a emigrar de Cuba en no menos de veinte años”. Unos meses más tarde, Sontag declararía al diario El País que la respuesta de Gabo le había parecido “lamentable”: “¿Es ése un régimen que merezca ser defendido? ¿Un régimen en el que tienes que ayudar a que la gente escape?”. La admiración confesa de Sontag hacia García Márquez no le impidió reprocharle su silencio ante los atropellos del régimen: “No puede seguir siendo amigo de Castro y a la vez calificarse a sí mismo de periodista”. A la gran ensayista norteamericana le irritaba que algunos sectores de la izquierda se abstuvieran de criticar al régimen cubano bajo el pretexto de no darle munición a Washington. “Me opongo a que se utilice la crítica al imperialismo americano, muy justificada, para defender una dictadura horrenda”, solía decir.

Para Felipe González, siempre fue Fidel Castro “una entrañable referencia”. Nicolás Maduro** no lo es. LEA

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* Algunos nombres que aparecen al pie del manifiesto procastrista del 1º de febrero de 1989 son los de Pedro Beroes, María Teresa Boulton, Manuel Caballero, María Teresa Castillo, Humberto García Arocha, Gonzalo García Bustillos, Francisco Herrera Luque, Luis Lander, Antonia Palacios, Elías Pino Iturrieta, Milagros Socorro y Arturo Sosa. (Sí, el jesuita, el Papa Negro).

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** “Es frecuente escuchar que Maduro es el jefe de una ‘dictadura comunista’. Si lo fuera, es de las más benévolas de esa clase. Comparemos con Cuba; en el primer año y medio de la revolución, se había fusilado a unos 700 opositores o antiguos enchufados de Batista, y no quedaba una sola empresa privada en pie. ¿Es ése nuestro caso? Comparemos con Rusia, la soviética, con cifras más altas: se atribuye a Stalin la muerte de 9 millones de prisioneros políticos, sus compatriotas. Comparados con esos casos reales de ‘dictadura comunista’ lo que nos acontece es una verbena”. (Diálogo digital, 15 de febrero de 2019).

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Dos perlas

Caricatura con intención en Sputnik

 

“Cualquier tipo de violencia e intimidación contra el personal diplomático estadounidense, contra el líder democrático de Venezuela, Juan Guiado, o contra la misma Asamblea Nacional, representaría una grave violación del Estado de derecho y se toparía con una respuesta contundente”.

John Bolton – Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos*

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En artículo del 2 de los corrientes en El País de España, Ibsen Martínez expone al inicio (destacado en cursivas de este blog): “Evoco con nostalgia el tiempo ya remoto en que la conversación sobre la naturaleza del chavismo recurría a categorías tales como ‘democracia populista iliberal’, ‘régimen híbrido’, ‘autócrata competitivo electoral’ y otras supercherías de las que nos servíamos los demócratas venezolanos confiando en que el primer paso para derrotar al socialismo del siglo XXI por vía electoral era caracterizarlo acertadamente”.

Este blog acaba de refrescar (en Política terminológica, 21 de febrero de 2020), la opinión expuesta en Diálogo digital (15 de febrero de 2019): “El problema político nacional no es taxonómico, no es uno de nomenclatura. Bautizar un problema no es resolverlo. La cosa no es decidir si Maduro es morrocoy o cachicamo”.

Más adelante, expone Martínez (de nuevo, destacado en cursivas de este blog):

La apuesta por el cese de la usurpación (y todos sus etcéteras) fue la consigna de una estrategia con exceso compleja, condicionada a demasiadas variables no sujetas a la voluntad del portaestandarte, ejecutada a menudo con más que censurable improvisación por sus colaboradores y expuesta, por último, a los picotazos de la corrupción y a la desconfianza y desaliento que constatarla en algunos de sus operadores pudo infundir en la población. La mayor debilidad de dicha estrategia, difícil de exagerar, es el haber fincado mucho, sin duda demasiado, en la alianza con Donald Trump, ese cañón suelto en la cubierta.

La última afirmación del libretista** de Por estas calles no es un lapsus—Falta o equivocación cometida por descuido. (Diccionario de la Lengua Española)—; ella no es un descuido, sino el juicio que incluye su caracterización del tuitero compulsivo que preside en los Estados Unidos de Norteamérica. En cambio, fue un lapsus clásico de la pluma—lapsus calami—lo que ya reportaba Sputnik Mundo el 29 de enero de 2019, cuyo significado recoge Martínez con atraso de más de un año:

El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, escribió en su cuenta de Twitter incorrectamente el nombre del líder de la oposición venezolana y autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, rebautizándolo como Juan ‘Guiado‘. Y todo en medio de los rumores que califican a Guaidó de títere de EEUU. (…) Del error se percató la titular de Exteriores rusa, María Zajárova. No habría razón alguna para fijarse en el desliz de Bolton si no fuese por el significado de ‘guiado’. (Juan Guaidó, el ‘presidente Guiado’ por control remoto).

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Es de ayer, en cambio, una admisión anacrónica y disfuncional de Joe Biden, recogida por el servicio de correos de PoliticoPlaybook: “Esto no es una elección para emplear todo nuestro tiempo en la batalla por el alma del Partido Demócrata. Estamos en la batalla por el alma de este país” (los Estados Unidos, naturalmente). He allí una enésima admisión del concepto de política como lucha. Acá se escribió en Una metamorfosis preferible (16 de diciembre de 2019):

…la superación de nuestra castrante circunstancia requiere la lobotomía ideológica en los actores políticos vocacionales, y también el aprendizaje de la sociedad misma. Esto es posible, pues están disponibles nuevas nociones que sustituirían con ventaja la idea de política como lucha por el poder, el mecanicismo newtoniano de “fuerzas” y “espacios” políticos, el reflejo corporativista de entender a la sociedad como dividida en “sectores” y la peregrina idea de un “proyecto país” (los países se construyen a sí mismos).

Ante esto, el asunto Guaidó es más bien anecdótico. La causa profunda de la insuficiencia política venezolana, y la de todo el mundo, es esa idea orgullosa de que los políticos son luchadores: “Al término de una extensa parábola vital, puedo decir que he sido un luchador. Desde mi primera juventud, cuando Venezuela salía de la larga dictadura de Juan Vicente Gómez, hasta comienzos del siglo xxi, mi meta ha sido la lucha por la justicia social y la libertad”. (Último discurso de Rafael Caldera). Esa comprensión de la política como arte marcial está en la raíz de nuestros problemas de sociedad; aquí y en todo el mundo.

A pesar de eso, Simón García inició el domingo un artículo con estas palabras (otra vez, cursivas añadidas acá): “Una lección básica de la política insiste en lo decisivo que es conocer por qué, para qué y contra qué se lucha. Al  desmenuzar el tema con rondas de preguntas emerge inevitable una premisa sencilla: es crucial llegar a saber a quién y qué adversamos”. La tarea no tiene misterios; cambiemos lucha por trabajo, y contra qué por a favor de qué.

“Una de las dos rutinas opositoras, desde 1999, es acusar todos los días, cuando lo que se necesita es refutar. (La otra es oponerse—definirse como oposición, alienadamente, en función de algo externo—en lugar de superponerse desde un discurso político de nivel superior)”. (Lloviendo sobre mojado, 15 de marzo de 2019).

LEA

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* Bolton fue despedido por Donald Trump el 10 de septiembre del año pasado; el ex asesor lo contradijo aduciendo que había sido él quien presentara su renuncia. “En enero de 2019, John Bolton reconoció en entrevista a Fox Business que para Venezuela «haría una gran diferencia» si las petroleras estadounidenses operaran en suelo venezolano”. (Wikipedia en Español).

** “Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles”. (A llorar p’al valle, 8 de agosto de 2013).

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“¡Es la economía, estúpido!” *

 

Ni Kola Madulo **

 

El 22 de este mes de febrero La Nación de Argentina publicó este trabajo: Bajo presión: las sanciones empujan a Maduro a aplicar un modelo económico chino. Allí se lee (destacado en cursivas de este blog):

Terminaba 2018 cuando un enviado del gobierno chino dejó boquiabiertos a los venezolanos. El militar Wilmar Castro, entonces ministro de Producción Agrícola, preguntó a su invitado cómo podían endurecer, aún más, sus controles contra la economía privada local. Inmutable, el experto chino aseguró que “el gobierno no puede hacer un buen control directo, puede implementar un sistema de incentivos; algunas empresas buenas que tanto necesitamos pueden desarrollarse con más rapidez”. La televisión chavista ni siquiera informó sobre el nombre del visionario, pero desde aquel momento comenzó a barruntarse el giro económico que venía. El debate se reabrió ahora de par en par tras las últimas sanciones de la Casa Blanca contra una subsidiaria de la petrolera estatal rusa Rosneft.

Bueno, algo más de cuatro años antes de eso alguien tuvo una visión relacionada:

Tal vez las autoridades económicas venezolanas estén ahora más abiertas a considerar el modelo de un patriarca del socialismo: China, cuyo Partido Comunista ha reunido su 18º Comité Central para aprobar el mes pasado el Plan 383 (con penetración hasta 2030), que comienza por declarar: “En primer lugar, se trata de implementar reformas estructurales para fortalecer los cimientos de una economía basada en el mercado por medio de la redefinición del rol del gobierno; reformar y reestructurar las empresas del Estado y los bancos del sector público; desarrollar el sector privado; promover la competencia; y profundizar las reformas en cuanto a los factores tierra, trabajo y mercados financieros”. Los jerarcas chinos no llaman a los empresarios privados la derecha “fascista” o “parasitaria”; son sus socios en el desarrollo de la cuna de Confucio y de Mao. (Las artes catastróficas, 18 de diciembre de 2013).

En línea complementaria anda The New York Times, según recoge El Carabobeño de El Nacional: “El periódico estadounidense afirmó que ante la presión por las sanciones, el régimen no tuvo más remedio que aceptar recomendaciones del sector privado”. La nota da cuenta de un artículo en el periódico neoyorquino que asegura la existencia de un pacto secreto entre Nicolás Maduro y Lorenzo Mendoza, el líder de Empresas Polar: “Ante la creciente popularidad de Mendoza como un posible contendor electoral, el régimen aplicó una política de persecución a todo el sector privado, pero principalmente hacia Empresas Polar, arguye la publicación citada en el portal de El Nacional. (…) De repente, Mendoza desapareció de la vista pública y Maduro dejó de llamarlo ‘ladrón’, ‘parásito’ y ‘traidor’. El gobierno dejó de hostigar a Polar y comenzó a adoptar los cambios económicos que había propuesto Mendoza, como terminar con los controles de precios paralizantes”.

Por su parte, Radio Francia Internacional registra la dolarización de facto de la economía venezolana. Así, cita a Henkel García, Director de la firma Econométrica:

“En la liquidez que uno puede recoger del dinero que hoy sirve para hacer transacciones domina el dólar. De todo el dinero que circula de manera electrónica y en términos de efectivo en esta economía, tres cuartas partes son dólares y una cuarta apenas es moneda local. La creciente circulación del dólar en Venezuela es sólo uno de los factores que explican la existencia de señales de recuperación en la economía venezolana, según Henkel García. “Hay cierto alivio, pero que uno no puede atribuirlo por completo a la dolarización. Creo que hay algo de mejora pero allí coinciden otros hechos como la flexibilización económica que el gobierno ha hecho: ya no hay controles de cambio que teníamos años atrás. Además hay un factor social, la gente empezó a esperar que su destino dependiese de sí mismo y no de condiciones políticas o económicas externas para empezar a hacer su vida. Hay que destacar que todavía no es una mejora significativa y hoy día Venezuela vive en términos generales con una precariedad clara donde todavía tenemos una alta tasa de éxodo. Sin duda hay mejores condiciones, pero no estamos cerca de una recuperación franca de la economía venezolana”, concluye.

Eso es un cambio atmosférico que sólo implica un alivio relativo y todavía no se traduce en medidas más drásticas, como la posible privatización de PDVSA de la que se ha hablado. Pero la mera aceptación de las transacciones cotidianas en dólares o euros ya es algo extraordinariamente significativo que antaño hubiera sido entendido como apostasía: algo así como abdicar la soberanía monetaria en la Reserva Federal de los Estados Unidos, nada menos. (Apartando el reconocimiento del fracaso del “bolívar soberano”, sucesor del “bolívar fuerte” de Chávez—que sucediera a la vez al bolívar de verdad verdad, que se cambió a 4,30 por dólar durante más de dos décadas—, y el del arcano “petro” que es como el cariño verdadero: “ni se compra ni se vende”). Para usar una figura trillada: Hugo Chávez debe estar revolcándose en su tumba por la decisión que habría tomado Nicolás Maduro; según The New York Times, “el régimen optó por convertirse en una autocracia que permite un capitalismo de facto (…) para evitar el colapso y asegurar su continuo control del poder”.

“Cosa más grande”, se dice en Cuba ante algo así. LEA

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* «La economía, estúpido» (the economy, stupid), fue una frase muy utilizada en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush (padre), que lo llevó a convertirse en presidente de los Estados Unidos. Luego la frase se popularizó como «es la economía, estúpido» y la estructura de la misma ha sido utilizada para destacar los más diversos aspectos que se consideran esenciales. (Wikipedia en Español).

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** Ilustración tomada de La Nación de Argentina. El título de la imagen es de este blog.

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La política terminológica

 

Una etiqueta es siempre una sobresimplificación

 

A CISA

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régimen Del lat. regĭmen. 1. m. Sistema político por el que se rige una nación.

Diccionario de la Lengua Española

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El país, que sufre agudos dolores y privaciones, está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo!

Etiqueta negra, 11 de abril de 2016

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Ningún medio de comunicación venezolano se atrevió a llamar dictador a Marcos Pérez Jiménez antes del 23 de enero de 1958 pero, poco después de su caída, los periodistas ofrecían todo género de condenas a la glotonería de un pueblo que por mucho tiempo recibió sólo noticias que no disgustaran al oficialismo de la época. Fue por ese tiempo, creo, cuando empezara el empleo periodístico del término “régimen” como sinónimo de dictadura aunque, como muestra el epígrafe, en castellano es una palabra sin carga despectiva, enteramente neutra. Ése es el uso condenatorio que ha resucitado para referirse al gobierno presidido por Nicolás Maduro.

La época parece necesitada de etiquetas, algunas sustantivas (régimen, dictadura, derecha) y otras adjetivas (ilegítimo, fraudulento, golpista). El mecanismo psicológico subyacente al fenómeno ha sido diagnosticado desde hace tiempo:

La ritual execración de la figura presidencial proporciona al opositor adicto un progreso indirecto en la imagen ética que tiene de sí mismo. En efecto, mientras puedo hablar peor del Presidente, mientras más malvado lo encuentro, yo soy por implicación una mejor persona. Como no soy como él—¡Dios me libre!—entonces soy bueno. Mi bondad progresa relativamente, sin que yo haga mérito independiente, porque su maldad crece todos los días. Así obtengo satisfacción moral. (Enfermo típico, 26 de enero de 2006).

Un último comentario (otra reiteración) tomado de Diálogo digital (15 de febrero de 2019), entrada en este blog de hace un año y seis días:

Es frecuente escuchar que Maduro es el jefe de una “dictadura comunista”. Si lo fuera, es de las más benévolas de esa clase. Comparemos con Cuba; en el primer año y medio de la revolución, se había fusilado a unos 700 opositores o antiguos enchufados de Batista, y no quedaba una sola empresa privada en pie. ¿Es ése nuestro caso? Comparemos con Rusia, la soviética, con cifras más altas: se atribuye a Stalin la muerte de 9 millones de prisioneros políticos, sus compatriotas. Comparados con esos casos reales de “dictadura comunista” lo que nos acontece es una verbena. El problema político nacional no es taxonómico, no es uno de nomenclatura. Bautizar un problema no es resolverlo. La cosa no es decidir si Maduro es morrocoy o cachicamo.

El procedimiento de etiquetar es indudablemente cómodo; no requiere mucho análisis. Pero más allá de eso, hay quienes se sienten heroicos patriotas al emplearlo, creyendo que es su deber asumir en su habla cotidiana las etiquetas más reiteradas y ofensivas. Con frecuencia se añade, en referencia a la comunidad socialista que nos gobierna: “¡Esta gente es de lo último!” La cosa sería un problema de “falta de clase”, y la solución sería por tanto conseguir, como propugnaba Juan Carlos Sosa Azpúrua en agosto de 2014, unos “militares decentes” que barran con esa gente “de lo último”.

¿Es eso una política seria, responsable y eficaz? LEA

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