Cuatro años desperdiciados

 

El Poder Legislativo Nacional en sesión

 

Faltan sólo unos pocos días para que la Asamblea Nacional, elegida el 6 de diciembre de 2015, concluya el penúltimo año de su período constitucional de cinco años (iniciado el 5 de enero de 2016); esto es, para que agote las cuatro quintas partes de su tiempo útil. En este punto conviene preguntarse para qué ha servido; ¿cuáles logros puede exhibir? ¿Es que ha sido benéfica su actuación para el Pueblo de Venezuela?

Primero que nada, vale la pena recordar las expectativas que la oposición, reunida en la Mesa de la Unidad Democrática, vendió entusiasta e irresponsablemente. El archivo de audio siguiente corresponde a tres minutos de un programa especial de Y así nos va, grabado en Radio Caracas Radio el 18 de noviembre de 2014 y puesto al aire por la emisora el 30 de diciembre de ese año. Nehomar Hernández, ancla de RCR que me entrevistaba, hizo inventario somero de las expectativas creadas principalmente por voceros del partido Primero Justicia, luego de mi predicción de que la oposición alcanzaría una mayoría de diputados, un año y 18 días antes de la elección:

Fragmento Y así nos va – 18/11/14

“Haga la última cola”—para votar y elegir una mayoría de oposición en la Asamblea Nacional—fue consigna vendida con la explícita promesa de que la Asamblea en manos opositoras acabaría con las colas de consumidores en tiempos de desabastecimiento. En el primer día de diciembre de 2015, cinco días antes de la elección del cuerpo legislativo, Juan Pablo Olalquiaga, Presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, profetizaba: “El reto de la Asamblea va a ser voltear la economía; de no hacerlo, la opinión pública la castigará rápidamente”. Así ocurrió, y a estas alturas ese castigo ha alcanzado cotas vergonzantes, como registrara Meganálisis en encuesta recentísima:

Esa medición es explicable para un órgano que, en lugar de seguir lo pautado por el Art. 136 de la Constitución—“Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado”—declaró la guerra frontal al Ejecutivo Nacional el mismo día de su instalación, el 5 de enero de 2016. (En su discurso inaugural como su Presidente, Henry Ramos Allup sostuvo que era un “compromiso no transable” de la Asamblea Nacional encontrar en el plazo de seis meses una forma de lograr “la cesación de este gobierno”). Luego solicitaría a la Organización de Estados Americanos la aplicación de la Carta Democrática Interamericana a Venezuela (siendo la Asamblea Nacional parte del Estado que sería suspendido de su condición de miembro). La siguiente presidencia, de Julio Borges, declaró el “abandono del cargo” (?) por parte de Nicolás Maduro y a mediados de 2017 nombró un Tribunal Supremo de Justicia (pretendidamente “legítimo”, que ha hecho vida en el exilio) faltando a lo pautado en la Constitución, la que estipula la participación del Poder Ciudadano en su designación. Omar Barboza no se distinguió por desaguisados como ésos pero, al iniciarse el año que concluye, Juan Guaidó superó tales cotas de desvarío al autoproclamarse Presidente Encargado de la República con una interpretación falaz del Art. 233 de la Constitución, aprobar un inconstitucional “estatuto de transición” y sostener que la Carta Magna confiere a la Asamblea Nacional potestad de solicitar invasiones de fuerzas armadas extranjeras y que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca no tiene tanto que ver con el uso de la fuerza como ¡con asuntos de ayuda humanitaria!

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¿Qué ha hecho esta Asamblea Nacional opositora por el Pueblo de Venezuela? ¿Qué hará en el último año de su período de cinco? Ni siquiera ha servido como órgano de control; justamente al comienzo de sus funciones, el presidente Maduro presentó a consideración de la Asamblea Nacional su primer decreto declarativo de emergencia económica. La Asamblea presidida por Ramos Allup ignoró la Ley Orgánica de Estados de Excepción, que establece para la consideración legislativa de un instrumento tal un plazo de 48 horas sin previa convocatoria; tal omisión implicó la aprobación automática del decreto, consagrándose así la teoría de “la guerra económica” como explicación de nuestros males. Ramos Allup y José Guerra ofrecieron la excusa de que se había preguntado a Maduro por el plazo y éste les habría dicho que los diputados tenían ocho días. Bueno, uno no pregunta una cosa así al enemigo; el general Eisenhower no llamó al mariscal Rommel para preguntarle: “Dime, Edwin ¿de cuánto tiempo dispongo para desembarcar en Normandía? Tú sabes, para fines de relaciones públicas necesito avisar a los fotógrafos”.

Pero el pretexto universal de impotencia ha sido el tratamiento de camisa de fuerza que el Tribunal Supremo de Justicia ha impuesto a la Asamblea Nacional, por haber desacatado su sentencia sobre los diputados electos por el estado Amazonas:

El TSJ no “impuso” el desacato a la Asamblea Nacional; fue este órgano el que decidiera, bajo la presidencia de Henry Ramos Allup, hacer caso omiso de la Decisión #260 de la Sala Electoral del máximo tribunal, emitida el 30 de diciembre de 2015. Dicha sala tramitó un recurso interpuesto contra la elección de los diputados electos en el estado Amazonas el 6 de diciembre de ese año, sobre la base de una grabación ampliamente difundida en medios de comunicación que presuntamente registró la admisión de la Secretaria de la Gobernación del Estado Amazonas de que “pagaba diversas cantidades de dinero a los electores para votar por candidatos opositores”. Siendo el hecho comunicacionalmente notorio, la sala ordenó “de forma provisional e inmediata la suspensión de efectos de los actos de totalización, adjudicación y proclamación emanados de los órganos subordinados del C.N.E. respecto de los candidatos electos por voto uninominal, voto lista y representación indígena en el proceso electoral realizado el 6 de diciembre de 2015 en el estado Amazonas para elección de diputados y diputadas a la Asamblea Nacional”. (Destacado en cursivas de este blog). Esto es, se trataba de una sentencia razonable, no definitiva, y ni la Asamblea Nacional ni la Mesa de la Unidad Democrática decidieron impugnar la decisión mediante los procedimientos de derecho contencioso electoral contemplados en la Ley Orgánica de Procesos Electorales. La Asamblea Nacional, en cambio, procedió a juramentar a tales candidatos. (Alegatos de diletante, 30 de septiembre de 2019).

Fueron juramentados no una sino dos veces por Ramos Allup. En ocasión de proponer la convocatoria de un referendo consultivo por la Asamblea que pudiera causar inapelablemente una nueva elección presidencial (Prontas Elecciones, 22 de octubre de 2016), este blog anticipaba:

El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).

Esto hicieron ellos veinticuatro días después, y la reacción de Ramos Allup fue la de limitarse a pronunciar estas palabras: “Hemos tomado nota”; nunca se ocupó de tramitar el levantamiento de la sanción. (Borges sí lo haría, pero un quisquilloso Tribunal Supremo de Justicia ha sostenido que la desincorporación tuvo que ser hecha por Ramos Allup). En Del armisticio como programa (11 de mayo de 2017), propuse lo siguiente:

El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas. Por una parte, esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación, y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Por la otra, el conjunto de decisiones del Tribunal declarando la nulidad de actos del Parlamento por tal motivo resulta excesivo; en todo caso, hubiera podido restringir su sanción a aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en discordia; específicamente, debe admitir como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. (…) Adicionalmente, ordenará al Consejo Supremo Electoral la celebración de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente.

Por supuesto, la cosa era dando y dando; también propuse allí que la Asamblea Nacional rectificara:

Primero. Así como la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, gracias a la decidida intervención de la fiscal Ortega Díaz, suprimió de sus infames sentencias 155 y 156 las partes más extraviadas y excedidas—que en la práctica significaban la completa anulación de la Asamblea Nacional—, debe ésta suprimir por acto expreso su peregrina declaratoria de abandono del cargo por parte del Presidente de la República del 9 de enero de este año.*

Segundo. La Asamblea Nacional debe retractar explícitamente—en resolución expresa (o al menos en comunicación de su Presidencia)—, del programa delineado por su anterior Presidente el 5 de enero de 2016, que es un “compromiso no transable” del Parlamento “buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”. (“El Poder Legislativo Nacional reconoce que no es una de sus facultades o propósitos la cesación del gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro Moros, elegido en libres comicios el 14 de abril de 2013 para completar el período constitucional iniciado el 10 de enero de 2013”. (Plantilla del Pacto, 25 de abril de 2016).

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En suma, la producción útil de la Asamblea Nacional en manos de los partidos de oposición ha sido poco menos que nula. ¿Pueden en conciencia sus diputados augurarnos un Feliz Año 2020? LEA

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* Poco después de la supresión parcial de las sentencias 155 y 156, el propio Tribunal Supremo de Justicia e incluso el presidente Maduro excitaron a la Asamblea Nacional a resolver el asunto del desacato. Es interpretación estándar, para la renuencia de la Asamblea a arreglar este asunto, que la suspensión “provisional” de los tres diputados opositores y uno oficialista en Amazonas tenía por propósito—”lo que persigue el TSJ”, “lo que busca Maduro”—romper la mayoría de dos terceras partes que permitiría decisiones más poderosas (como una moción de censura al Vicepresidente Ejecutivo de la República, lo que conlleva su remoción). Pero la mayoría opositora fue reducida, por la sentencia sobre la representación de Amazonas, de un total de 167 diputados con 112 de oposición a un total de 163 diputados de los que 109 son de oposición, y éstos siguen siendo las dos terceras partes de esa base reducida. La Asamblea presidida por Henry Ramos Allup nunca quiso probar una votación calificada con esos números.

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Acerca del nacimiento de un libro

 

Cubierta de Las élites culposas – Diseño de Aitor Muñoz Espinoza (clic para ampliar)

 

En el #64 (año 6, noviembre de 2012) de la añorada revista El Librero, que se obtenía gratuitamente en librerías, fue publicada una entrevista que me hiciera el admirable periodista Rafael Osío Cabrices. Es la que rescato hoy de los archivos con mi eterno agradecimiento a él y a la publicación, editada por Sergio Dahbar.

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LANZAMIENTOS >> Las élites culposas, memorias imprudentes

 

“PREFIERO SER BRUJO DE LA TRIBU QUE BRUJO DEL CACIQUE”

 

Sociólogo, periodista, en suma científico social, en su nuevo libro Luis Enrique Alcalá mira al pasado, el presente y el futuro de Venezuela con una crítica feroz pero argumentada, en la que no se salvan ni políticos ni antipolíticos

 

>> Rafael Osío Cabrices >>

 

Imagen de Mauricio J. Villahermosa. (Clic amplía). El pie de foto ponía: “Alcalá piensa que los nuevos políticos deben reemplazar la ideología por la metodología. (Musiú, por su parte, se reserva su opinión)”.

Luis Enrique Alcalá (Caracas, 1943) es un hombre con una denuncia. La tragedia de la política venezolana, dice al final de su libro Las élites culposas (editado en Libros Marcados, con una foto en la tapa en la que María Corina Machado saluda a Hugo Chávez), consiste en que el país “sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz”.

También es un hombre con una misión. En el mismo libro expresa, pocas líneas más adelante, que “el mal no dura un siglo” y que “es de esperar que el pueblo venezolano aprenda de estos años terribles, tal como los alemanes—hoy la nación más sólida de Europa y no sólo económicamente—pudieron aprender de una de las dictaduras más espantosas que ha sufrido alguna parte de la humanidad. Pero no puede dejarse esto al azar. Es preciso educar al Pueblo, es necesario elevar su cultura política. Es ineludible hacer una política responsable y seria, que abreve de las más modernas nociones aportadas por la ciencia. Es urgente identificar y ayudar a liderazgos más modernos y clínicos. Es imperioso acercar recursos a cabezas nuevas que tienen otro enfoque de la tarea política, que discurren acerca de las implicaciones concretas de la vocación política desde nuevos paradigmas”.

Sociólogo de la UCAB, en principio, Alcalá tiene un extenso currículum que lo ha llevado a distintas funciones en la administración privada y pública, y a otras más en el periodismo, como la de editor del diario La Columna y editor jefe de El Diario de Caracas, entre otras. En su nuevo libro, que subtitula Memorias imprudentes a sabiendas de que lo que cuenta será desagradable para unos cuantos, organiza su visión de lo que nos ha pasado y elabora su tesis de que nuestras distintas élites—que él agrega que se han transformado con la llegada de Chávez y los suyos—han fallado en conducir adecuadamente al país porque lo que tienen en la cabeza no sirve en la realidad del presente.

Con tres presentaciones, de Victoria de Stefano, José Rafael Revenga y el ex presidente Ramón J. Velásquez, Las élites culposas rebosa de citas, de argumentos y de una escritura cuidadosa y vehemente. Alcalá revisa varios momentos pivotales en la historia contemporánea venezolana y sus propias observaciones sobre el país que publicó entonces. Sus muchas advertencias sobre el mal rumbo que llevaba—que lleva—Venezuela, desoídas todas ellas, como las de otros. Por ejemplo, sus profecías sobre un próximo golpe de Estado en su libro Krisis, en 1987. *

Es que éste es un país diferente al de 1958 y al de 1998, en verdad. Mucho más indescifrable. “En 1991”—contó a El Librero en su casa de Caracas—, “Adán Celis, un hombre del grupo Mendoza que fue Presidente de Fedecámaras, me dijo que el país se había vuelto muy complicado, que antes uno levantaba el teléfono, hablaba con Rafael Caldera y luego con Gonzalo Barrios, y listo. El país de antes era mucho más simple. En 1958, la Caracas que se le alzó a Pérez Jiménez tenía no más de 800.000 personas. En esa época, en ese pequeño país, todavía había relativa lucidez en las élites venezolanas: en 1962, el año del Porteñazo, Eugenio Mendoza lanzó en una asamblea de Fedecámaras en Mérida la idea del Dividendo Voluntario para la Comunidad, una iniciativa de responsabilidad social empresarial que empezó en Venezuela tres décadas antes de que se hablara de eso en esta región. Cuando un personaje cuyo nombre no mencionaré le propuso al empresariado organizar paramilitares para combatir a la guerrilla, Pedro Tinoco le dijo que el empresariado lo que tenía que hacer era ayudar a fortalecer la democracia para quitarle piso político a la extrema izquierda. Hasta que el chorro de ingreso petrolero de 1974 hizo creer al Estado que ya no necesitaba al sector privado y empezó a hacer todo por su cuenta”.

Alcalá brinda en la conversación algunos de los matices que no faltan tampoco en su libro. “Sería muy injusto decir sobre las élites criollas que su crisis no forma parte de una crisis global del oficio político mismo, de lo que se ha entendido como política”. Llama por eso a las élites “culposas”, no “culpables”. Alcalá dice que aquí todos, chavistas y no chavistas, están “esclerosados en sus paradigmas” y siguen creyendo que la política era lo que creían que era. “Siguen viéndola de manera newtoniana, mecanicista. Creen que la política es una ciencia deductiva. No la miran con la complejidad con que deben hacerlo. Mientras hay mucha inteligencia en las clases D y E de la población venezolana, donde está el 71% de los internautas del país. Hay una gran vocación de modernidad en el barrio venezolano. No se puede pensar que ahí votan sólo con la barriga”.

Luego de los resultados de las elecciones del 7 de octubre de 2012, Alcalá piensa en ampliar su libro con un capítulo adicional. Pero adelanta algunas de sus notas sobre el presente. “Aquí, la oposición sigue viéndose como oposición y es tan representativa de la vieja política como lo es Chávez, por su apego a la tan vencida Realpolitik como por su carga ideológica. En Capriles el tema ideológico aparece muy rara vez y él dice que no cree en el dilema izquierda versus derecha, pero igual pertenece a un partido que, como todos los demás, hizo un congreso ideológico, y en el fondo, como todos nuestros políticos, cree que puede tener el derecho de ser el jefe del pueblo y administrar el Estado petrolero”.

Respira en él una frustración que uno respira en muchos otros autores venezolanos y latinoamericanos sobre la frecuente derrota ante los jefazos, ante los que insisten en que a esta sociedad lo que le gusta es que la manden y punto, al margen de que la despojen de buena parte de lo que es suyo. “Pero la Humanidad es así aquí y en Japón. Basta leer un poco de Historia para darse cuenta de que lo que pasa aquí pasa en todas partes y en todas las épocas. Sin embargo, hay que llevar eso con filosofía, evitar neurotizarse. Yo opté por mirar la política y escribir y hablar sobre ella desde un ángulo médico, desde la figura de la política clínica. Me interesa estar entre los brujos de la tribu, no entre los brujos del cacique. ** Siento que debo empaquetar mi política clínica para gente con vocación pública, para la nueva generación de líderes, y en ese sentido va un taller que ofreceré próximamente. La propuesta: sustituir la ideología por la metodología”.

Alcalá cierra la entrevista con la misma propuesta con la que cierra el libro. Él se ofrece a formar: “Un político debe ser un profesional del arte de responder a problemas de carácter público, cosa que debe hacerse con seriedad y con un código de ética. La tarea profunda es quitarle las mentiras al electorado. Practicar la enseñanza política. Que la gente aprenda a que no le caigan a cobas, cobas además elaboradísimas, que son toda una estructura. Es lo que intento hacer con mi programa en RCR, con mi blog (doctorpolitico.com) y con mis libros: compartir un manual de ciudadanía”. ❡

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* En verdad, no fue en mis Memorias prematuras—publicadas en 1986—donde anticipé el golpe de Chávez; en mis Memorias imprudentes, pretexto de la conversación con Osío Cabrices, consta: “En Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela (septiembre de 1987), había escrito: ‘…el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable’”. Una nota al pie comenta: “La asonada de Chávez, Arias Cárdenas et al., se supo luego, estuvo prevista para fines del año de 1991. Debía darse para el 16 de diciembre de ese año, con la pretensión de amanecer en el poder en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar”.

También se lee en las imprudentes acerca de una premonición más próxima:

…el 21 de julio de 1991, El Diario de Caracas había publicado un artículo mío—Salida de estadista—, en el que recomendaba la renuncia del presidente Pérez como modo de eludir, justamente, lo que estaba ocurriendo a pocas centenas de metros de mi casa. Allí puse: “El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal”.

** Es probable que los hombres de pensamiento que se dediquen a la formulación de políticas se entiendan más como “brujos de la tribu” que como “brujos del cacique”. Esto es, se reservarán el derecho de comunicar los tratamientos que conciban a los Electores, sobre todo cuando las situaciones públicas sean graves y los jefes se resistan a aceptar sus recomendaciones. Pero también es probable que en algunos pocos casos algunos brujos lleguen a ejercer como caciques. En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate. (De héroes y de sabiosreferéndum #26, 17 de junio de 1998).

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Que tenga Ud., amable lector, en unión con su gente, una Feliz Navidad. (Dentro de lo petroposible). LEA

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Una década sin Caldera

 

En su primera presidencia

 

Hace exactamente diez años de la despedida de Rafael Caldera de este mundo de los vivos, y lo recuerda la mayoría de los venezolanos con agradecimiento. Alguien complicado en actividades subversivas esperó cobardemente hasta el fin de su segundo período presidencial para atreverse a atacarlo, en despreciable artículo del 9 de diciembre de 1998 en el que afirmaba: “el juicio de la historia será muy duro con la ya triste figura de Caldera”. A mi vez, escribí poco más tarde (18 de diciembre) Tiempo de desagravio en El Diario de Caracas. Allí puse entre otras cosas:

Personalmente no creo que tenga que agradecer nada del otro mundo a Caldera. De hecho, en los últimos años transcurrió entre ambos alguna corriente de velados disgustos mutuos. Por eso todo lo que tenga que agradecerle es a título de ciudadano. Acá creo sinceramente, y a pesar de que en mi personal evaluación pudiera tener razones de insatisfacción con él, que en tanto ciudadano tengo que agradecerle bastante. Creo que los ciudadanos de la República de Venezuela tenemos que agradecer mucho a Rafael Caldera.

Se ha celebrado como “justicia histórica” que Rafael Caldera haya sido el Presidente de la República al momento del deceso del Pacto de Punto Fijo. Hoy en día, cuando algunas de las previsiones de este pacto—como la de elegir a un miembro del partido del Presidente Electo como Presidente del Congreso—se han repetido, no es tan claro que Punto Fijo haya muerto, por lo menos no totalmente. Si bien puede hablarse en Venezuela de un deterioro de las élites como causa última del fenómeno chavista, en los comienzos de nuestra democracia sus “componendas” se dieron entre los mejores hombres públicos del país, que asentaron bases democráticas tan firmes que han soportado eventos tan poderosos como el Caracazo, el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, la deposición constitucional de Carlos Andrés Pérez y la elección de Hugo Chávez Frías. Yo no creo, como se ha dicho, que “el juicio de la historia será muy duro con la ya triste figura de Caldera”. Ni siquiera creo que Caldera exhibe una triste figura; creo que exhibe una figura dignísima. Y creo también que el juicio de la historia le será favorable en general, con una dosis variable de crítica ante algunos de sus procedimientos y algunas de sus decisiones.

Se ha repetido hasta el punto de convertirlo en artículo de fe que Rafael Caldera fue elegido por segunda vez Presidente de la República por el discurso que hizo en el Congreso en horas de la tarde del 4 de febrero de 1992.* Esto es una tontería. Caldera hubiera ganado las elecciones de 1993 de todas formas. Sin dejar de reconocer que ese discurso tuvo, en su momento, un considerable impacto, Caldera hubiera ganado las elecciones porque representaba un ensayo distanciado de los partidos tradicionales cuando el rechazo a éstos era ya prácticamente universal en Venezuela y porque venía de manifestar tenazmente una postura de centro izquierda frente al imperio de una insolente moda de derecha.

De mediados de 1991 data una encuesta que distribuía la intención de voto entre los precandidatos de aquellos días de modo casi totalmente homogéneo. Rafael Caldera, Luis Piñerúa, Eduardo Fernández, Andrés Velázquez, absorbían cada uno alrededor del 20% de la intención de voto (con pequeña ventaja para Caldera) y un restante 20% no estaba definido o no contestaba. Se trataba de una distribución uniforme, indiferente, que a la postre iba a desaguar por el cauce calderista por las razones anotadas más arriba. Las elecciones de 1993 contuvieron dos ofertas sesgadas a la derecha en lo económico, la de Álvarez Paz y la de Fermín, y dos sesgadas a la izquierda, la de Velázquez y la de Caldera. Con este último ganó, si se quiere, una izquierda sosegada, puesto que los candidatos furibundos eran claramente Álvarez Paz y Velázquez, que llegaron detrás de los más serenos Caldera y Fermín. El pueblo no estaba tan bravo todavía.

Se ha dicho que la culpa de que Chávez Frías haya ganado las elecciones es de Rafael Caldera, porque el sobreseimiento de la causa por rebelión impidió la inhabilitación política del primero. Esto es otra simplista tontería. Al año siguiente de la liberación de Chávez Frías se inscribe una plancha del MBR en las elecciones estudiantiles de la Universidad Central de Venezuela, tradicional bastión izquierdista. La susodicha plancha llegó de última. Y la candidatura de Chávez Frías, a exactamente un año antes de las elecciones de 1998, no llegaba siquiera a un 10%. La “culpa” de que Chávez Frías sea ahora el Presidente debe achacarse a los actores políticos no gubernamentales que no fueron capaces de oponerle un candidato substancioso. Salas Römer perdió porque no era el hombre que podía con Chávez, y ninguna elaboración o explicación podrá ocultar ese hecho.

Caldera fue quien rehabilitó a los partidos de izquierda proscritos por Betancourt, con lo que se cerró el capítulo guerrillero de la década de los sesenta. Caldera fue quien sobreseyó la causa de los alzados de 1992, reinsertándolos, ya sin uniforme, dentro de la pugna civil. Caldera fue también quien tomó todas las previsiones para impedir la interrupción de la constitucionalidad, como pretendió hacerse poco antes de las elecciones de 1993.

Caldera fue objeto, al arranque de su gobierno, de los más despiadados y prematuros ataques por su postura en materia económica, resistente a las imposiciones paqueteras que se fundaban—otra vez el simplismo—en el dogmatismo neoliberal imperante. Resulta que ahora, no después que los venezolanos rechazábamos de todas las formas posibles tan simplistas esquemas, sino luego del desplome de las economías asiáticas, incluido el Japón, de la resistente gravedad económica rusa, del terrible proceso argentino, los propios economistas norteamericanos** reconocen que el mundo no es tan sencillo como lo creía Fukuyama y que el Fondo Monetario Internacional ha estado evidentemente equivocado.

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La mezquindad sigue atacándolo después de muerto, echándole la culpa de nuestros males, como si incluso las patrañas protagonizadas por Juan Guaidó fuesen obra suya. Debe haber sido Rafael Caldera, verdaderamente, muy grande y poderoso para que sus efectos hayan sido tan numerosos como diversos.

 

De todo parece tener la culpa

 

Gracias, Dr. Caldera. Estaríamos mucho peor si Ud. no hubiera existido. LEA

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* En horas de la tarde del 4 de febrero de 1992, Rafael Caldera habló a las cámaras del Congreso de la República en sesión conjunta. Entre las cosas que dijo se le critica este pasaje: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia; cuando no ha sido capaz de poner un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo está consumiendo todos los días la institucionalidad… El golpe militar es censurable y condenable en toda forma, pero sería ingenuo pensar que se trata solamente de una aventura de unos cuantos ambiciosos que por su cuenta se lanzaron precipitadamente y sin darse cuenta de aquello en que se estaban metiendo”. La misma fauna que cobra odiosamente a Caldera sus palabras, aplaude en Facebook éstas de Nelson Mandela: “La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndole”. Manuel Alfredo Rodríguez dijo de ese discurso: “La piedra de toque de los hombres superiores es su capacidad para distinguir lo fundamental de lo accesorio y para sobreponerse a los dictados de lo menudo y contingente. Quien alcanza este estado de ánimo puede meter en su garganta la voz del común, y mirar más allá del horizonte”.

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** En The End of Poverty (2005), expuso [Jeffrey Sachs, antiguo defensor del Fondo Monetario Internacional y sus amargas recetas]: “De algún modo, la actual economía del desarrollo es como la medicina del siglo dieciocho, cuando los doctores aplicaban sanguijuelas para extraer sangre de los pacientes, a menudo matándolos en el proceso. En el último cuarto de siglo, cuando los países empobrecidos imploraban por ayuda al mundo rico, eran remitidos al doctor mundial del dinero, el FMI. La prescripción principal del FMI ha sido apretar el cinturón presupuestario de pacientes demasiado pobres como para tener un cinturón. La austeridad dirigida por el FMI ha conducido frecuentemente a desórdenes, golpes y el colapso de los servicios públicos. En el pasado, cuando un programa del FMI colapsaba en medio del caos social y el infortunio económico, el FMI lo atribuía simplemente a la debilidad e ineptitud del gobierno. Esa aproximación, por fin, está comenzando a cambiar”. Él mismo era quien había cambiado, luego de que se pusiera de moda criticar al FMI (ver en este blog En el fondo un villano, para constatar la opinión de Joseph E. Stiglitz, Premio “Nobel” de Economía en 2001). (Apostilla a un texto defectuoso, 31 de diciembre de 2010).

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Del proverbial baúl…

 

…de los recuerdos. Transcribo acá una entrevista que me hicieran a mi paso como Editor Jefe de El Diario de Caracas (1999-2000), cargo que me confiara mi amigo y empleador—Corimón, Fundación Neumann—, el gran empresario y hombre de cultura checo-venezolano Hans Neumann. El motivo: hoy me ha llegado el video promocional de When Time Stopped, libro escrito por su hija (Ariana Neumann Anzola) con María Cristina Anzola Etchevers, a quien considero la cuarta de mis hermanas. (Estará disponible en 2020). He aquí el video que anticipa al texto:

 

 

(Hans Neumann, nacido en Brno de familia judía, tuvo la astuta sangre fría de mudarse a Berlín para ocultarse en la boca del lobo. Así sobrevivió los años de Adolfo Hitler).

 

Y ahora la entrevista. (Releerla ha removido muchísimos recuerdos gratos y agradecidos; también uno doblemente triste: el sepelio de Hans Neumann Haasova tuvo lugar en Caracas el 11 de septiembre de 2001, el mismo día del ataque hiperterrorista contra las torres gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York. Ese día, llamé a María Cristina, ya separada de Hans y residenciada en la metrópolis atacada, para asegurarme de que hubiera sobrevivido y recordar a quien quisimos tanto).

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¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?

 

Marco Gómez

 

Portada ficticia de El Diario de Caracas, creada por Coromoto Fajardo para mi cumpleaños (11/01/2000; clic amplía)

 

Primero me dejaron ver un video. Un poco más de dos horas de registro audiovisual de un “seminario de pauta trimestral” de El Diario de Caracas. Luego me actualizaron con los cambios más recientes, pues el evento que el video muestra tiene ya un poco más de un mes de haberse celebrado. Después de esto contestaron mis preguntas—las fáciles, que las difíciles iba a hacérselas al Editor, a quien entrevistaría al día siguiente—para finalmente darme un tour por las instalaciones del periódico, paseo que culminó, mi vista abrumada, ante la imponente rotativa Roland de tres pisos, que puede manejar ediciones de hasta 128 páginas en blanco y negro o de 96 páginas con color.

Todo muy organizado y eficiente, pero cuando pretendía indagar cierta clase de cosas la respuesta era invariable: “Pregúntale a Luis Enrique”. Y por Dios que lo haría.

Luis Enrique Alcalá, el nuevo Editor Jefe de El Diario de Caracas, y yo, novel articulista de sus páginas, nos habíamos visto una sola vez antes de nuestra extensa conversación sobre la nueva fase del periódico. Un amigo común permitió el enlace que a su vez me ofreció la oportunidad de enviar un artículo que gustó a Alcalá. Tuvo la gentileza de obtener mis señas a través del amigo y llamarme por teléfono directamente, sin una voz secretarial que mediara en el encuentro de bocinas. De una vez me propuso que continuara escribiendo para sus páginas de opinión. Al tercer artículo que me publicó (este pasado lunes 1º de noviembre [de 1999]) llamé yo para agradecer el espacio y curiosear acerca de cosas que se estaban diciendo del periódico. Inmediatamente me propuso algo mejor: ¿por qué yo no aceptaba escribir, como observador externo, acerca de lo que Alcalá llama la metamorfosis del diario? Me explicó la transformación que CORPUS experimentaría y puso a mi disposición el espacio de varias páginas. Yo riposté que necesitaría entrevistarlo, a lo que accedió, siempre y cuando yo me sometiera al proceso de inmersión preliminar, el que incluyó el mencionado video y el paseo guiado por el edificio.

Es así como estoy ahora frente a Luis Enrique Alcalá, o simplemente Luis Enrique, como lo llaman en la Sala de Redacción sus periodistas o en la nave de Rotativa sus operarios.

Este hombre de periódicos no es periodista de profesión. Una extraña mezcla de media carrera de Medicina y una completa de Sociología le llevaron alguna vez, hace diez años, a Maracaibo. Allí se encargaría de relanzar el diario La Columna que, habiendo cerrado sus puertas en junio de 1988, volvería a la luz el 8 de septiembre de 1989. En seis meses contados desde esa fecha La Columna circulaba 49 mil ejemplares diarios, dos meses más tarde llegaba a punto de equilibrio por la inserción publicitaria y en dos meses más obtenía el Premio Nacional de Periodismo de 1990.

Mucho antes de eso Alcalá había trabajado para Corimón, la empresa que había fundado el actual dueño del periódico, Hans Neumann. Entre 1968 y 1979 ejerció en ese grupo industrial una diversidad de funciones corporativas. “Para mí esto fue otra universidad”, dice.

De modo que cuando a comienzos de septiembre le propusieron asumir el cargo de Editor Jefe no lo pensó dos veces. Su pasión por los periódicos, y su larga relación con el propietario y su total confianza en él se mostraban como factores positivos convergentes y absolutamente convincentes. “A esto se añade que yo fui lector asiduo de El Diario de Caracas desde que salió por primera vez, en 1979. Yo estaba recién casado y mi esposa me trajo el primer número como regalo. Luego escribí artículos en este diario bajo tres directores diferentes: Ball, Urbaneja y Herrera. Entonces, siempre me he sentido muy cerca de El Diario de Caracas. Cuando me ofrecieron este cargo pensé, confieso: lo que es del cura va para la iglesia”.

La entrada de Luis Enrique en el periódico caraqueño no ha pasado desapercibida. Comentaristas de radio y televisión han tenido que hacer con la primera página del periódico, la mayoría para referirse a ella positivamente. Y, tal vez más significativamente, también ha recibido ataques. ¿Qué es lo que hace que tengan que ocuparse de este periódico después de sólo mes y medio de su cambio de dirección? ¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?

“No está pasando nada del otro mundo. En el fondo se trata de hacer ciertas cosas elementales del buen periodismo, mezcladas con una buena dosis de sentido común gerencial. Hacer periodismo bueno en Venezuela es posible, aun tomando en cuenta las limitaciones locales y las que vienen de las circunstancias. Pero en realidad lo que hemos hecho es poco. En esencia se trata de haber sentado la orquesta de modo diferente a como lo hacía el anterior director. (Hemos estado usando mucho entre nosotros la metáfora de la orquesta, y tú viste al entrar el afiche de la Sinfónica de Boston). La hemos sentado distinto significa que hemos producido un nuevo esquema de paginación, que comenzó a regir el lunes 18 de octubre y que ya ha sufrido algunas modificaciones y va a sufrir más todavía. El 19 de noviembre, viernes, aprovechando que no salimos, por ahora, los días sábado y domingo, tendremos una evaluación a fondo del esquema que hemos venido usando”.

El esquema, explica Luis Enrique mientras firma algún tipo de recibo, se fundamenta en dos premisas básicas. El caraqueño es una persona que está profundamente interesada en lo que ocurre en su ciudad. Aunque sólo sea por lo que ocurrió aquí el 27 y 28 de febrero de 1989. Pero el caraqueño es también un ciudadano del mundo, un ciudadano del planeta. Por esto la secuencia de páginas arranca por Caracas y continúa con Mundo.

“Pero hay una premisa más fundamental: El Diario de Caracas es, o más exactamente, debe ser el diario de Caracas. Esto refuerza más todavía la conciencia de que debemos pensar en las necesidades de información de los habitantes de Caracas, y se refleja de modo inmediato en que el periódico abre por Caracas”:

Sí, pero ¿por sucesos, por página roja?

“Sí, porque lo que más le interesa a un sistema biológico es que su sistema inmunológico funcione bien. Y los sucesos son el sistema inmunológico de una ciudad”.

Después de las 6 páginas que el periódico dedica a Caracas y el Mundo vienen dos de Opinión—“No debemos tener más por los momentos”, intercala el editor—y luego el periódico se desarrolla por secciones: República, que es una combinación de lo que en muchos periódicos se llama política con lo que se llama país, Indicadores, Economía y Negocios, Economía Personal, Artes, Casa, Espectáculos, Sociales, Deportes. Intercaladas van dos carteleras, una de Servicios y una de Espectáculos, así como una página de Pasatiempos.

 

El resto de la portada (clic amplía)

 

Pero el cambio en El Diario de Caracas es mucho más que un nuevo esquema de páginas. Ha habido cambios en el estado mayor de la Redacción, por ejemplo. Y hubo el seminario cuyo video vi y que bien podría llamarse un seminario estratégico. Hacia el final del video, cuando se discutía la presentación sobre los objetivos de la Redacción, se registra una intervención entusiasmante de Gianpaolo Veronelli, el Gerente General del periódico: “Ahora este periódico tiene un norte claro. Cuenten con todo el apoyo de las unidades de la Gerencia General. Aquí vinimos a ganar”.

Y es que en el seminario del 2 de octubre no sólo participó el grupo de la Redacción, sino que asistieron y participaron activamente los miembros del equipo de Publicación—Ventas, Administración, Producción, etc.—y hasta el nivel corporativo, representado por Alba de Aponte, Coordinadora Ejecutiva de la Junta Directiva del negocio.

“Cuando hacíamos La Columna en Maracaibo entre 1989 y 1990 yo tenía que ejercer la función de editor y también manejar el lado comercial del asunto. Acá tengo la inmensa fortuna de contar con la presencia de Gianpaolo Veronelli, que es un hombre de las nuevas generaciones gerenciales del país y cuenta con una importante experiencia en periódicos, incluyendo, naturalmente, en el propio periódico nuestro y en The Daily Journal, diario en inglés que es nuestra fraterna competencia corporativa. Por esta presencia, y por la de toda la gente que Gianpaolo comanda con gran maestría, tengo la bendición de poder concentrarme en los aspectos puramente editoriales de la empresa”.

Al seminario se incorporó también un grupo de observadores amigos de El Diario de Caracas, y otros importantes asesores se han acercado con un entusiasmo renovado en las posibilidades del periódico. “Debo destacar la visita de Don René Scull. René es una especie de biblia ambulante del mercadeo en Venezuela, y además su familia era la dueña de El Diario de la Marina en La Habana. De modo que sabe mucho de estas cosas. El día que nos visitó escuchó en serena calma y con toda atención mis explicaciones que, en esencia, eran las cosas que habíamos discutido en nuestro seminario del 2 de octubre. Sólo entonces empezó a hablar. Y amigo, yo me puse a tomar apuntes como un alumno de bachillerato ante un profesor estrella. Aprendí mucho ese día. Pero además obtuve una gran dosis de tranquilidad, pues René ofreció su bendición para los lineamientos presentados en el seminario. Así que ahora me siento doblemente seguro de que vamos por buen camino”.

¿Cuál es ese camino?

“En realidad podemos decir que El Diario de Caracas es un equipo doble A en vías de convertirse en triple A. No somos de las Grandes Ligas. El Diario de Caracas lo fue en un tiempo, pero debemos recuperar ese lugar. Grandeligas son El Nacional, El Universal, Ultimas Noticias… En su campo especializado, Meridiano, que ahora hace una potentísima sinergia con su canal de televisión. Luego tenemos al refrescamiento que Teodoro Petkoff ha logrado con El Mundo. Teodoro está haciendo un experimento interesante, en el que su primera página, o más propiamente, su noticia de abrir, es un editorial. En mi opinión personal El Mundo debiera llevarse el Premio Nacional de Periodismo del año 2000”.

Uno no sabe sí creer este posible exceso de modestia con eso de doble A y triple A. A fin de cuentas, El Diario de Caracas tiene un posicionamiento privilegiado en la memoria de los caraqueños, y con sus capacidades técnicas y la sabiduría industrial de Neumann debiera ocupar muy pronto una posición preeminente. “Bueno, yo creo que Hans Neumann se merece un triunfo con El Diario de Caracas. No sólo por lo que él ha entregado al país como industrial y como promotor de cultura en 50 años de dedicación, sino porque Hans tiene una inocultable vocación comunicacional. Fue miembro de la Junta Directiva de El Nacional, estuvo involucrado en las revistas Semana y Número y, por supuesto, es el factor principal en The Daily Journal desde hace mucho tiempo. Hasta llegó a considerar, unos cuantos años atrás, la posibilidad de comprar El Nacional. Quita eso, que me lo van a cobrar como indiscreción”. Lo siento por ti, Luis Enrique, el desliz de la lengua se copia. Tú me prometiste libertad y yo estoy entregando acá información veraz, oportuna y sin censura. Se encoge de hombros.

“El Sr. Neumann, que está complacido con la dirección de los cambios, me ha instruido con mucha claridad. No te apures, me ha dicho, prefiero que hagas las cosas sólidamente y buscando la calidad. Así que tampoco me preocupo por los temas de la capitalización del periódico. Ahora lo posee íntegramente Hans Neumann, luego de una amistosa adquisición de todo el capital que antes no poseyera”. (Luis Enrique deslizó comentarios elogiosos sobre aciertos de la administración de las Empresas 1BC, y recordó momentos estelares del periódico de esa época bajo sus distintos directores, como la mezcla de articulistas que logró ensamblar Diego Urbaneja, o aún más atrás, las estelares direcciones de Rodolfo Schmidt y Tomás Eloy Martínez).

El concepto estratégico para El Diario de Caracas reserva para el 2000 desarrollos más importantes. En el último trimestre del año se propuso obtener logros significativos sin pretender la conquista del planeta prematuramente. “Pero en el 2000 completaremos la metamorfosis para aumentar el número de páginas y servir la semana completa, de lunes a domingo. Hans Neumann me dijo, este periódico ni es diario ni es de Caracas, yo quiero que sea el diario de Caracas. Bueno, estamos empezando a ser de Caracas. El año que viene seremos diario”.

El aumento del número de páginas está entendido por Luis Enrique como una evolución perfectamente natural.

“Lo que tratamos de hacer es servir con información básica al Lector de Caracas—pidió la mayúscula para Lector—en nuestras 32 páginas. No es que no nos interese el Lector del interior de la República. Por lo contrario, nos interesa mucho. Pero creo que si hacemos un buen periódico pensando en el Lector de Caracas, el Lector de Barquisimeto nos querrá leer también, porque él también es, como el caraqueño, ciudadano del planeta. Y en esto no hacemos otra cosa que seguir la lógica de los grandes periódicos del mundo. Si apartamos el caso de USA Today, que es una incorporación relativamente reciente, los grandes periódicos norteamericanos son todos periódicos metropolitanos: The New York Times, The Philadelphia Enquirer, The Los Angeles Times… Y Los Angeles Times se lee en Nueva York y se lee en Berlín. Caracas es una entidad política, social y mercadológica de 6 millones de habitantes, diez veces lo que era cuando en primaria estudiaba geografía de Venezuela. Caracas merece un periódico pensado para ella. Ahora bien, si servimos bien a los Lectores, inevitablemente aumentará nuestra circulación—ya lo está haciendo: en las últimas semanas la circulación del periódico ha llegado a incrementarse en porcentajes de hasta 12% intersemanal—y cuando aumente la circulación inevitablemente aumentará el flujo de publicidad. Entonces chillará algún periodista porque le hemos mochado un trabajo que estuvo construyendo desde la mañana para insertar un aviso, y cuando los chillidos sean muchos sabremos a ciencia cierta que necesitamos más páginas”.

El cambio de CORPUS es otra evolución interesante. Era un suplemento que circulaba encartado los días martes, y que desde esta edición circulará los días viernes de cada semana. “Por ahora es un experimento. Se trata de sólo 16 páginas y, por supuesto, queremos hacer más. Pero el asunto surgió porque el Sr. Neumann no estaba conforme con el producto, y preguntó si no debiéramos más bien concentrarnos en nuestras 32 páginas diarias, sin necesidad de apuntalarnos con suplementos. Como se trata de un hombre con criterio abierto y flexible le solicitamos autorización para repensar totalmente a CORPUS. Autorización concedida y hemos convertido a CORPUS en una oferta variada que sustituye a la muy digna versión anterior, que se limitaba al importante campo de la salud integral, pero que es, a fin de cuentas, un campo limitado. Así que CORPUS es ahora un proyecto en gestación y evolución, que querremos hacer crecer y transformarlo de la mano de los Lectores. Tiene por misión, además, ser el germen de lo que será nuestro suplemento de fin de semana una vez que estemos saliendo todos los días”.

No puede ocultarse que han circulado rumores de que el periódico está a punto de ser cerrado, o que algún comentarista de televisión parece tener por el periódico cierta animadversión. Luis Enrique se ríe.

“Estos rumores tienen interesados detrás. El Diario de Caracas es un fruto muy apetecible. Tan sólo el nombre vale centenares de millones, y hay quienes quieren ponerle la mano y poseerlo. Razonan que sí logran dañar al periódico conseguirían, a la postre, un precio de gallina flaca por él. Pero voy a desilusionarlos. El Diario de Caracas ni va a cerrar ni está a la venta. Por lo contrario, el accionista principal ha fortalecido su posición de capital.

Mira, cuando en Maracaibo La Columna que dirigí se encontraba todavía en fase de proyecto, un miembro del mismo me dijo: Luis Enrique, yo estoy seguro que Fulano de Tal (un competidor) está grabando tus conversaciones telefónicas para saber qué te traes entre manos. Yo creo que tú debes grabar las conversaciones de él. Entonces le dije lo siguiente: mira Mengano, poco antes de venir a Maracaibo mi señora y yo habíamos comenzado a escalar hasta un punto del Avila que es muy popular. Bueno, al comienzo yo me sentía muy avergonzado, porque mientras yo lograba llegar boqueando a Sabas Nieves, un señor, que obviamente tenía más de 70 años de edad, subía, bajaba, volvía a subir y volvía a bajar. Hasta que me di cuenta de que mi problema no era con el señor sino con la montaña. Cuando dejé de preocuparme por él y comencé a oler montaña, a respirar y sudar montaña; cuando obtuve mi ritmo de la propia montaña, ese ritmo mejoró y ya el viejo atleta no me sacaba tanta ventaja. Y nuestra montaña son los Lectores. De ésos nos preocuparemos. Yo no voy a grabar las conversaciones de nadie.

Con esto te quiero decir que tampoco pongo mucha atención a los rumores. Ni siquiera cuando son más que rumores y pasan a ser pretendidas noticias. Por ejemplo, una conocida columnista llegó a publicar que el cambio en la dirección significaba que El Diario de Caracas cerraría muy pronto. Me limité a enviarle un correo electrónico donde le aseguraba que estaba mal dateada y me ponía a su orden para explicarle los planes de futuro desarrollo. Muy divertidamente contestó por la misma vía con la siguiente explicación: que como no había conseguido el periódico en el kiosco, había llegado a pensar que lo que había escrito en su columna era cierto. Tengo copia de esa perla de información veraz a buen resguardo, con una copia en las bóvedas del Banco Central y otra guardada en Fort Knox. Ante estas cosas, Marco, me rijo por el más sabio de los proverbios árabes: la mejor venganza es ser feliz. Por lo que respecta a otros comentarios, que no sé con qué interés o con qué grado de temor quieren asociarnos con algún partido político y con esperanza de rayarnos, lo que tengo que decir es que, como me ha dicho sin que quepa duda el Sr. Neumann, éste no es un periódico de oposición al Gobierno, como tampoco se trata de un periódico partidario del Gobierno. Nuestro periódico tiene por misión, me dijo, servir a las necesidades de información del Lector de Caracas. Punto. Esa es la línea política de El Diario de Caracas. Es una línea que el Gobierno respetaría, como el Canciller ha reafirmado ante la SIP por el respeto gubernamental a la libertad de expresión y como el propio Presidente de la República ha enfatizado. Queremos hacer, si quieres un calificativo, un periodismo clínico y certero”.

Luis Enrique me advierte que no puede darme un minuto más. Tiene un “cochino” (retraso o empelotamiento) en marcha, por un cuello de botella que tiene en corrección de textos. Recojo mis cosas y salgo con la cinta y mis notas de su oficina. Salgo a la Sala de Redacción, donde el enjambre se encuentra en plena faena. Caras alegres, animadas. Rostros de gente que se sabe perteneciente a un proyecto ganador. Y es que, verdaderamente, ahora El Diario de Caracas es otra cosa. MG

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Apostilla 1: en abril de 2000 cerró operaciones El Diario de Caracas. Hans Neumann pidió que le visitara en su casa—en ese entonces estaba confinado a una silla de ruedas a raíz de un accidente cerebro-vascular—y me explicó que Allan Randolph Brewer Carías y Pedro Nikken (recientemente fallecido) le habían solicitado un periódico para que que lo dirigiera Teodoro Petkoff; de allí surgió su compromiso de financiar Tal Cual. Neumann me explicó que no podía soportar dos periódicos; luego vendería El Diario de Caracas, ya cerrado. El 27 de ese mes y ese año, asistí, por invitación de Gustavo Ghersy, a una reunión en casa de su suegro donde expondría Francisco Arias Cárdenas, a la que asistió un buen número de figuras importantes: “Lo más interesante que recuerdo de esa cita es la presencia de Teodoro Petkoff, quien se había acercado al cónclave con una copia del número cero o ensayo de su nuevo periódico. Sentado a su lado, pude examinarla. Me gustó el nombre del proyectado vespertino—Petkoff venía de un notorio éxito en la Dirección de El Mundo, del que fue despedido por presiones gubernamentales contra la sucesión de Miguel Ángel Capriles—y su lema: Claro y raspao”. (Las élites culposas).

Apostilla 2: pensando en Hans Neumann, recordé una pieza hermosísima de Antonin Dvorák, el más grande los compositores checos: Canciones que me enseñó mi madre. Acá está interpretada por la estupenda soprano estadounidense Renée Fleming:

  Když mne stará matka zpívat učívala

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Cita complementaria

 

Ingredientes para la cocción de un nuevo paradigma político

 

 

El 26 de diciembre de 1985 concluí la escritura de Krisis – Memorias prematuras, mi primer libro, el que sería impreso al año siguiente por Editorial Ex Libris, excelente imprenta que recién iniciaba operaciones. (Fue el segundo libro que ella imprimiera y—según Javier Aizpúrua, amigo y factor principal de Ex Libris—el primer libro venezolano escrito y diagramado en un computador personal). Pudo ver la luz gracias al financiamiento de mi gran amigo Gerd Stern. Reproduzco de seguidas, de ese texto, la relación de un intercambio con Alfredo Keller a comienzos de octubre de 1984.

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A los pocos días tuve contacto con un capaz trabajador de la periferia copeyana: Alfredo Keller, Director de Conciencia 21, centro de análisis político que sirve a COPEI. Su visita, y la que yo hice poco después a sus oficinas, sirvieron para que, al exponer, yo pudiera asentar, con mayor precisión, algunas formulaciones más explícitas de lo que se venía configurando como mi comprensión de lo político y que había venido exponiendo ante el auditorio unipersonal de Diego Urbaneja.

Ante Alfredo esbocé una caracterización del liderazgo político clásico, y comparé varios de sus rasgos con el de un nuevo liderazgo que a mi juicio era posible y era mejor. Por ejemplo, dije que el liderazgo tradicional operaba por oposición, mientras que el nuevo liderazgo debía actuar por “superposición”, al traer un nuevo paradigma político que cubría y hacía prescindible el anterior. Hasta eché mano de Max Weber para discutir una diferencia en la “legitimación” del liderazgo clásico y el liderazgo más moderno que era posible. Max Weber es uno de los grandes de la sociología de fin de siglo. Al estudiar las formas de la legitimación del poder describió tres “tipos ideales”: tres formas cualitativamente diferentes y que podían ser estudiadas con cierta abstracción. El poder puede legitimarse por la vía carismática: el de un liderazgo que tiene poder de conectar alógicamente, influyendo fuertemente de modo afectivo sobre un gran conjunto de personas. Fidel Castro, Adolfo Hitler, John Fitzgerald Kennedy, Renny Ottolina, José Luís Rodríguez, son personas con carisma. Se da también la legitimación tradicional, referida a un largo pasado de unión con una vieja fuente originaria o fundadora: la de Isabel II de Inglaterra o la de Caldera. Y también se establece legitimación para el poder por razones burocráticas: se controla un aparato poderoso. Es el caso de Eduardo Fernández, de Talleyrand, de López Contreras, de Manuel Peñalver.

Había que añadir, le decía a Alfredo Keller, una vía más pertinente al problema. Los próximos líderes se legitimarán porque traerán soluciones que sí sean suficientes, y será posible esto porque enfocarán la política de un modo diferente. La legitimación será programática, porque se establecerá más racionalmente por aquellos que suministren metas con mayor sentido, y será paradigmática, porque aportará una nueva arquitectura para nuevas interpretaciones de los hechos políticos.

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La cita precedente complementa a Una metamorfosis preferible, entrada en este blog que fuera publicada hace dos días. LEA

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Una metamorfosis preferible

Un libro* que conviene considerar

 

Creo que Venezuela es un país que está atravesando un proceso de metamorfosis muy profundo. No sé si para bien o no, pero creo que estamos ante un momento que puede ser un gran reto moral como sociedad, que es aprender de este terrible proceso, de este desierto tan grande al que hemos entrado, o quedarnos aislados, dando vueltas alrededor de nuestro propio eje. Hay un justo equilibrio y la oportunidad de saldar cuentas con muchos fantasmas, entre ellos “los hombres fuertes” y los militares. Para mí Venezuela es una proposición, una oportunidad, y esta es una visión que he ido ganando con el tiempo. Yo antes era mucho más dura con el país y creo que, en buena medida, la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera.

Karina Sainz Borgo (conversación con Dalila Itriago)

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El lector entenderá que me hayan impresionado las palabras del epígrafe, tomado de una inteligente entrevista que Dalila Itriago hiciera a la autora venezolana de La hija de la española, novela traducida “a 15 idiomas distintos, distribuida en 22 países, considerada uno de los 100 mejores libros de este año, según la revista Time”. Entenderá aun mejor con el siguiente registro de lo que yo mismo escribiera veinticinco años atrás:

El país está atravesando, en estos mismos momentos, por lo que tal vez llegue a ser la más importante transición en nuestra historia. No hay que perdérsela. Por lo contrario, es la hora de quedarse a producir y contemplar un soberbio espectáculo: el de un país que ha venido asimilando sufrimiento, creciendo en conciencia, aprendiendo serenamente de la adversidad, y que puede convertir ese doloroso proceso en una metamorfosis de creación política. (…) No es el momento de negarnos. Todo país próspero conoció la penuria primero que nada. Nos toca ahora a nosotros comprobar que no somos menos, no somos raza, ni cultura, ni pueblo inferior. A quienes piensan resolver sus problemas en tierra ajena y distante, queremos llamar a la reflexión. Tampoco encontrarán, salvo casos muy específicos y particulares, la vida fácil en ningún país. Todo el planeta vive ahora un inmenso ajuste, que naturalmente invalida o hace obsoletos a más de un modo de vida o producción. La inteligencia está en adaptarse a esta grandísima transformación de la humanidad, aprender y hacer cosas nuevas. (In memoriam Augusto Mijaresreferéndum #6, 8 de agosto de 1994).

Ese artículo, que anticipó en un cuarto de siglo la interpretación de Sainz Borgo, fue redactado en una situación bastante distinta de la actual; aún no teníamos una crisis de la magnitud alcanzada por estos días. Fue publicado (y leído por muy pocos) a mediados del primer año del segundo gobierno de Rafael Caldera y, claro, ya habían mediado el Viernes Negro (1983)—cuando naciera, sin que los venezolanos lo supiéramos, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200—, el Caracazo (1989), el fallido intento golpista de aquel MBR200 (4 de febrero de 1992) y al año siguiente la defenestración constitucional de Carlos Andrés Pérez, a quien Karina Sainz absuelve sumariamente y en cuyo segundo gobierno se diera el crecimiento tumoral de un sector financiero que explotó a fines de la presidencia pro tempore de Ramón J. Velásquez y condicionó el inicio de la segunda de Caldera. Entre el Viernes Negro de Herrera Campíns y el Caracazo de Pérez presidió la República Jaime Lusinchi, el que admitió en 1985, ya en el segundo año de su período, severas dificultades del sistema político venezolano:

…la insuficiencia política funcional se manifiesta en Venezuela como enfermedad grave y, lo que es peor, con tendencia a un progresivo agravamiento. Es importante notar que la insuficiencia del sistema político es recono­cida por los miembros más conspicuos del mismo. Por citar el caso más notorio, vale la pena recordar una cruda frase del Primer Magistrado Nacional, Dr. Jaime Lusinchi, en ocasión de contestar a las Comisiones del Congreso de la República que fueron a participarle la instalación del período legislativo de 1985. En esa oportunidad el Presidente de la República confesó: “…el Estado casi se nos está yendo de las manos”. (Dictamen, junio de 1986).

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La siguiente pareja conceptual viene al caso:

Es una distinción francesa la idea de una cuenta corta y una larga de la historia. Ésta última es el tiempo lento, secular o milenario, de las sociedades. A su ritmo, las naciones experimentan fases felices o infelices de su existencia; algunas hasta su aniquilación. El progreso de las sociedades, o su declive, no son procesos rápidos. Esta característica de la cuenta larga puede desesperar a los miembros concretos de una comunidad, que quisieran ver la cesación de un mal o una gran necesidad social consumarse en el curso de sus propias vidas de cuenta corta. La lentitud metamórfica de la cuenta larga puede ser tolerada por el filósofo idealista, pero suscita la rebelión del existencialista que se ocupa del aquí y del ahora. ¿De qué me sirve un mapamundi—diría un Kierkegaard caraqueño—si lo que quiero es saber cómo llegar de la parroquia de La Candelaria a la urbanización de La Urbina? (Lecciones disponibles. Carta Semanal #260 de doctorpolítico, 25 de octubre de 2007).

Luego de más de treinta años de la admisión de Jaime Lusinchi la situación es bastante peor, pero una consideración de cuenta larga previene que desahuciemos al país, a pesar de la longevidad de los desarreglos. Por otra parte, en toda latitud de la actualidad es posible registrar crisis políticas, económicas y culturales, como se anticipara ya en el inventario parcial de La médula del problema (4 de octubre de 2019):

¿Será que la raíz de tales procesos es común? Bien pudiera ser que esos casos clínicos de enfermedad política, en apariencia dispares, tengan que ver con cosas como éstas: “En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate”. (De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998).

Pero las personas, así como las sociedades y de modo más rápido, también pueden experimentar cambios metamórficos. Naturalmente, para que esto sea posible tienen que estar dispuestas a un aprendizaje que en gran medida es una desintoxicación, pues la advertencia de Sainz Borgo no deja lugar a dudas: la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera”.

El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo! Pobre país. (Etiqueta negra, 11 de abril de 2016).

Es preciso dejar atrás las ideologías—liberalismo o socialismo, socialdemocracia o socialcristianismo, progresismo o cualquier otro agregado conceptual con la desinencia ismo—, guías políticas inventadas en el siglo XIX que sólo sirven hoy como coartada de la mera lucha por el poder.** Una ideología es, esencialmente, “la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea”. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015). Lo que la sociedad puede hoy exigir de los políticos es su dedicación a solucionar concretamente los problemas de carácter público. Un cambio a favorecer, por tanto, es el tránsito de una política de poder a una política clínica, y esto será posible sólo desde organizaciones que alojen esa búsqueda de soluciones en vez de la mera acusación ritual del adversario. Por ejemplo, en una organización que se defina de este modo:

La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública; 2. Procurar la modernización y profesionalización del proceso de formación de las políticas públicas; 3. Estimular un acrecentamiento de la democracia en dirección de límites que la tecnología le permite; 4. Aumentar la significación y la participación de la sociedad venezolana en los nuevos procesos civilizatorios del mundo. (Sociedad Política de Venezuela – Proyecto de Acta Constitutiva, junio de 1985).

Pénsum de un taller suficiente para el político profesional

Así que la superación de nuestra castrante circunstancia requiere la lobotomía ideológica en los actores políticos vocacionales, y también el aprendizaje de la sociedad misma. Esto es posible, pues están disponibles nuevas nociones que sustituirían con ventaja la idea de política como lucha por el poder, el mecanicismo newtoniano de “fuerzas” y “espacios” políticos, el reflejo corporativista de entender a la sociedad como dividida en “sectores” y la peregrina idea de un “proyecto país” (los países se construyen a sí mismos).

Para los más jóvenes debe pensarse en una escuela universitaria de Política, no de Ciencias Políticas:

A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política. El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos. (El caso de una Licenciatura en Política, 19 de septiembre de 2003).

Este aprendizaje del Pueblo es tanto o más esencial que el descrito para los profesionales de la Política, y nada tan fundamental como cobrar conciencia de que él es el Poder Supremo del Estado; en nuestra raíz constitucional, que el Pueblo no está limitado por la Constitución. Y es con la conjunción de ambos aprendizajes como la metamorfosis entrevista por Karina Sainz Borgo será exitosa.

¿Es esto posible? Para que algo sea un deber tiene primeramente que ser posible; nadie está obligado a hacer lo imposible. Estoy convencido de que tal programa de toma de conciencia y educación es perfectamente posible, aunque no sea lo que se predique convencionalmente. Nuestra “clase política”, por supuesto, aún se guía por la declaración de Pedro Pablo Aguilar, antiguo Secretario General de COPEI, al diario El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”.

Pero ¿no se trata de una metamorfosis?

…el cambio es posible, aunque sea exigentísimo: “…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación del Proyecto SPV). En Krisis – Memorias prematuras (1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”.

Un año más tarde insistía:

…el obstáculo principal consistirá en salvar la diferencia entre una percepción de improbabilidad y una de imposibilidad. Ni aún el menos conservador de los hombres dará un céntimo a una campaña de este tipo si considera que todo el esfuerzo sería inútil, si piensa que un resultado exitoso es, más allá de lo improbable, completamente imposible. El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por definición improbable—a fin de cuentas, se trataría de una sorpresa—no es ne­cesariamente imposible y que, por lo contrario, la dinámica del proceso po­lítico venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987).

¿Quién dijo miedo? ¿No le tenemos más miedo a lo que ahora vivimos? LEA

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* Nos dice Wikipedia en Español sobre el libro de Polanyi. “El libro publicado en 1944—La gran transformación: Crítica del liberalismo económico – (Texto completo)—intenta explicar la gran crisis económica y social con la que, desde principios del siglo XX, concluyó en Occidente un periodo relativamente largo de paz y confianza en el librecambio. Concretamente, Polanyi busca las causas profundas de una amplia serie de conflictos y turbulencias que incluye dos guerras mundiales, la caída del patrón oro o el surgimiento de nuevos proyectos políticos totalitarios. En último término, La gran transformación caracteriza el liberalismo económico como un proyecto utópico cuya puesta en práctica habría destruido los cimientos materiales y políticos de la sociedad moderna. Metodológicamente, La gran transformación une datos económicos, sociológicos y antropológicos para analizar acontecimientos históricos de gran magnitud”. (Enlace para descargar el libro como archivo de formato pdf: Polanyi, Karl – La gran transformación).

** “No se trata de eliminar el «combate político», sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga. Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan «romántico» ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. (El relato que hace James Watson—ganador del Premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—, en su libro La Doble Hélice de 1968, es una descarnada exposición a este respecto). Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte «salvaje» en uno más «civilizado», en el que no toda clase de ataque está permitida. En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los «luchadores» políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social”. (Los rasgos del próximo paradigma político, 1º de febrero de 1994).

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