La última patraña

Un poder colectivo que se ha empleado con ineficacia originada en falacias

 

Queda ahora sólo un trimestre de vida a la enteramente inútil Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre de 2015. En casi cinco años de “labor”, no atinó a producir ni una sola pieza de legislación de importancia, aunque sí generó una destacada serie de trapacerías.

Este proceso tuvo su inicio el mismo día de su inauguración, el 5 de enero de 2016. En esa fecha fue electo como su primer Presidente el perdurable—en Acción Democrática—Henry Ramos Allup, quien declaró en la sesión inaugural, ya electo, que era un “compromiso no transable” de la Asamblea encontrar la forma de lograr la cesación del gobierno encabezado por Nicolás Maduro en el plazo de seis meses, lo que por supuesto era una aberración; ese propósito no corresponde en ningún caso a la Asamblea Nacional. En cambio, como dirigente muy importante de la Mesa de la Unidad Democrática, y revestido del prestigio de su investidura como el primus inter pares de los diputados, causó el retraso injustificable del proceso revocatorio contra Maduro, que pudo empezar el 11 de enero de 2016 y postergó hasta abril con la excusa de que ese camino constitucional era “muy engorroso”, prédica en la que le acompañara Jesús Torrealba, en ese momento el principal ejecutivo de la MUD. Bajo su presidencia, la Asamblea Nacional desacató la sentencia temporal de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia que invalidó la elección de diputados por el estado Amazonas, sirviendo así de pretexto para que el máximo órgano judicial maniatara al Poder Legislativo Nacional.* Hacia el término de su mandato, permitió el paralizante desorden en el nombramiento de rectores del Consejo Nacional Electoral, asunto que también descuidaron quienes le sucedieron en la presidencia del parlamento. También inició la connivencia del Poder Legislativo Nacional con el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, oficiándole documento en el que se solicitaba la aplicación a Venezuela de la Carta Democrática Interamericana.

El primero de sus sucesores fue Julio Borges Junyent, y éste pareció encontrar en pocas horas el medio para causar la cesantía de Maduro, mediante la alucinada declaración de la Asamblea que sostuvo que Nicolás Maduro había ¡abandonado su cargo! Más adelante en el año, Borges pretendió la entera sustitución del Tribunal Supremo de Justicia mediante procedimiento inconstitucional, pues el Poder Ciudadano—Fiscalía, Contraloría, Defensoría del Pueblo—no participó en la írrita designación de la Plaza Alfredo Sadel. Borges continuó la conchupancia con Luis Almagro, quien llegara a la OEA con Maduro entre ceja y ceja. Su sucesor, Omar Barboza, no presidió sobre desaguisados parecidos; tampoco se distinguió por algún logro significativo.

Entonces fue elegido Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional y arrancó la telenovela con guión de libretistas del Departamento de Estado de Donald Trump. (Ver Más usurpador será usted, del 23 de enero de 2019, El caso Venezuela, un deporte internacional, del 5 de febrero del mismo año, o Política falaz, del 7 de mayo también del año pasado). En esta última entrada asenté:

También es claramente violatorio de la Constitución el tal “Estatuto de Transición” aprobado por la Asamblea Nacional el 5 de febrero de este año, como es falaz el argumento de que Guaidó sería el encargado de la Presidencia de la República al aducir una lectura interesadamente distorsionada del Art. 233 de la Constitución, e igualmente el que sostiene que la Asamblea Nacional puede autorizar la invasión por fuerzas militares de alguna potencia extranjera por otra distorsión, esta vez del numeral 11 del Artículo 187. (“Corresponde a la Asamblea Nacional… Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”). Una misión militar, típicamente de cooperación técnica con la Fuerza Armada Nacional, no es una invasión y, de todos modos, el Diccionario de la Lengua Española define autorizar así: “Dar o reconocer a alguien facultad o derecho para hacer algo”. Ese “alguien” es el Ejecutivo Nacional— que está presidido por Nicolás Maduro, no por Juan Guaidó—, es el Ejecutivo el que solicitaría la autorización de la Asamblea Nacional para una misión que hubiera acordado con algún gobierno foráneo; la cosa no es que por su cuenta la Asamblea Nacional pueda establecer misiones militares de cualquier país extranjero. Ella no puede autorizarse a sí misma.

Todo el “Período Guaidó”, de casi dos años, se ha caracterizado por el empleo descarado de la falacia. Por ejemplo, ese señor se autoproclamó Presidente de la República en un supuesto cabildo abierto, concepto referido a una reunión de algún Concejo Municipal con los pobladores del municipio en cuestión, lo que no ocurrió y que, de haberse dado, sólo habría podido considerar asuntos de ámbito municipal, jamás decidir por todo el país.

La cumbre de tal período se alcanzó en mayo de este año, con la abortada “invasión” a Venezuela por parte de mercenarios estadounidenses, contratados por J. J. Rendón como testaferro de Juan Guaidó. Puede leerse en este blog El “ridículo” intento fallido de golpe en Venezuela, explicado, un completo reportaje de Vox Media acerca de tal locura.

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Ahora, con sólo tres meses disponibles, la Asamblea Nacional, todavía presidida en infame torpeza por el representante local de Donald Trump, ha aprobado un “acuerdo de consulta popular” que pretende, de nuevo falazmente, recibir la aprobación del Pueblo a los siguientes dos planteamientos intencionalmente redactados de forma tendenciosa:

1 ¿Apoya usted todos los mecanismos de presión nacional e internacional para que en el marco de la Constitución se realicen elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables, se ponga fin al régimen usurpador de Nicolás Maduro Moros, se salvaguarde al pueblo de Venezuela de la crisis humanitaria, la migración forzosa y los crímenes de lesa humanidad y así se garanticen la paz, el bienestar y el progreso de los venezolanos?

2 ¿Rechaza usted el evento convocado por la dictadura de Nicolás Maduro Moros para el 6D, o para cualquier otra fecha, mientras no existan condiciones para elecciones libres, justas y verificables y solicita a la comunidad internacional el desconocimiento de sus resultados?

Para empezar, las elecciones de Asamblea Nacional no han sido convocadas por el presidente Maduro; ellas están pautadas por la propia Constitución en cuyo marco los diputados que aprobaron la más reciente trapacería dicen inscribirse: “con fundamento en los artículos 1, 3, 5, 6, 70 y 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”. De éstos, es el Artículo 70 el que menciona la noción de consulta popular:

Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros; y en lo social y económico, las instancias de atención ciudadana, la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad.

¿Qué es, en este contexto, una “consulta popular”? La Constitución incluye la expresión en únicamente dos artículos posteriores; el Art. 172 reza:

El Consejo Legislativo estadal, previo pronunciamiento favorable mediante consulta popular de la población afectada, definirá los límites del distrito metropolitano y lo organizará según lo establecido en la ley orgánica nacional, determinando cuáles de las competencias metropolitanas serán asumidas por los órganos de gobierno del respectivo distrito metropolitano. Cuando los Municipios que deseen constituirse en un distrito metropolitano pertenezcan a entidades federales distintas, corresponderá a la Asamblea Nacional su creación y organización.

Finalmente, el Art. 279 dispone:

El Consejo Moral Republicano convocará un Comité de Evaluación de Postulaciones del Poder Ciudadano, que estará integrado por representantes de diversos sectores de la sociedad; adelantará un proceso público de cuyo resultado se obtendrá una terna que será sometida a la consideración de la Asamblea Nacional que, mediante el voto favorable de las dos terceras partes de sus integrantes, escogerá en un lapso no mayor de treinta días continuos al o a la titular del órgano del Poder Ciudadano que esté en consideración. Si concluido este lapso no hay acuerdo en la Asamblea Nacional, el Poder Electoral someterá la terna a consulta popular.

De estos dos casos se desprende que la consulta popular puede producirse para que se exprese el acuerdo o el desacuerdo popular con alguna iniciativa, elaborada por alguna autoridad que debe decidirla en última instancia—un Consejo Legislativo estadal o la Asamblea Nacional en uno y otro artículo—, y el resultado de la consulta no sería en ningún caso vinculante; tan sólo expresaría apoyo o rechazo y es el órgano decisor el que debe finalmente decidir. Lo que ahora pretende la Asamblea sería, en cambio, asunto de un referendo popular, y aun así las preguntas están mal formuladas, al inquirir por más de un asunto diferente en cada caso. (Apartando el referéndum general descrito en el Artículo 246 de la Constitución de 1961, fue la reforma de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política la que introdujo la figura de referendos consultivos—ahora recogidos en la Constitución vigente—en su nuevo Título VI: De los referendos, que incluyó los artículos del 181 al 195. El numeral 1 del artículo 182 establecía este requisito: “Formulación de la pregunta en forma clara y precisa, en los términos exactos en que será objeto de la consulta, de tal manera que pueda contestarse con un “si” o “no”. ¿Cómo haría para votar, por ejemplo, algún elector que quisiera elecciones de Asamblea pero no de Presidente y que se garantice la paz pero no quiere presiones internacionales?). Las tendenciosas preguntas de la nueva trampa de Guaidó & Pompeo me hicieron recordar lo que enseñaba Maritza Izaguirre en su cátedra de Metodología de la Investigación en la UCAB: que en una encuesta las preguntas no debían inducir las respuestas, so pena de invalidez del instrumento.

La opción de una “consulta popular”, como el empleo del término “plebiscito” para el evento organizado por la Mesa de la Unidad Democrática el 16 de julio de 2017, escapa a la Constitución que a cada rato se dice “defender”. (En El tercer plebiscito—6 de julio de 2017—se destapaba: “La MUD ha escogido llamar a la consulta que organiza para el 16 de este mes un plebiscito** en lugar de un referendo, básicamente para escapar a lo dispuesto en el Numeral 5 del Artículo 293 de la Constitución: ‘El poder Electoral tiene por función: 5. La organización, administración, dirección y vigilancia de todos los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como de los referendos'”). Es inadmisible la apelación a algún artículo constitucional para proponer algo que viole o desconozca otros artículos.

El desempeño de la Asamblea Nacional de mayoría opositora ha sido realmente lamentable. Esto se puso en Cuatro años desperdiciados (30 de diciembre de 2019):

“Haga la última cola”—para votar y elegir una mayoría de oposición en la Asamblea Nacional—fue consigna vendida con la explícita promesa de que la Asamblea en manos opositoras acabaría con las colas de consumidores en tiempos de desabastecimiento. En el primer día de diciembre de 2015, cinco días antes de la elección del cuerpo legislativo, Juan Pablo Olalquiaga, Presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, profetizaba: “El reto de la Asamblea va a ser voltear la economía; de no hacerlo, la opinión pública la castigará rápidamente”. Así ocurrió, y a estas alturas ese castigo ha alcanzado cotas vergonzantes, como registrara Meganálisis en encuesta recentísima:

 

 

LEA

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La camisa de fuerza que el Tribunal Supremo de Justicia ha puesto a la Asamblea Nacional es a todas luces excesiva, aunque la sentencia original—que la MUD nunca objetara como permiten la Constitución y las leyes—fuera bien fundada. En un proyecto de acuerdo entre los poderes públicos—a lo que éstos están obligados por el Artículo 136 de la primera— se lee (Versión formal, 26 de mayo de 2017, Cláusula Duodécima):

El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas, por cuanto esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Su declaración de nulidad de actos de la Asamblea Nacional por tal motivo se sostendrá sólo para aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en cuestión. El Tribunal Supremo de Justicia admitirá como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. Adicionalmente, ordenará al Consejo Nacional Electoral la celebración perentoria de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente.

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** Es importante tener en cuenta que a ese “plebiscito” asistió sólo el 38,5% del registro electoral de 2017, según las cifras proporcionadas por la propia “Comisión de Garantes” de la MUD, que presidiera la rectora Cecilia García Arocha. En Manipula y vencerás (17 de julio de 2017) se puso acá:

El Presidente de la Asamblea Nacional declaró anoche, al conocerse la participación de la población en el “plebiscito” convocado para el 16 de julio: “Con los votos que hoy manifestó el pueblo venezolano matemáticamente Nicolás Maduro está revocado el día de hoy”. Bueno, para empezar, ninguna de las tres preguntas de la consulta de ayer estuvo referida a una teórica revocación del mandato de Maduro; Julio Borges corona así una serie de manipulaciones que iniciara Henrique Capriles Radonski en 2013, cuando predicara que las elecciones municipales del 8 de diciembre de ese año eran “un plebiscito contra Nicolás Maduro”. Dos años después (11 de octubre de 2015), el entonces candidato a diputado José Guerra afirmaba: “Estoy entre quienes opinan que este 6 de diciembre, además de la elección de una nueva Asamblea Nacional, se celebra un referendo consultivo sobre el modelo económico que queremos transitar”. (El socialismo va a referendo). Capriles perdió, como autoungido jefe de campaña de todos los candidatos a alcaldes por la MUD (en imitación de Hugo Chávez), ese plebiscito inexistente, y José Guerra nunca propuso seriamente, ya elegido diputado a la Asamblea Nacional, que este órgano convocara válidamente el referendo que proclamara falazmente. (Ver ¿Qué espera la Asamblea Nacional?, 8 de marzo de 2016).

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Hay gente que sí se acuerda, Sr. Ramírez

Protector de los “comités socialistas” de PDVSA

 

Acabo de leer por el servicio de Costa del Sol lo siguiente:

El expresidente de Petróleos de Venezuela, Rafael Ramírez, llamó este lunes a los factores políticos del país para crear una junta patriótica de gobierno que permita la salida de Nicolás Maduro del gobierno.

A su juicio, esta es la solución más efectiva para destrabar el desastre económico de los últimos años, que ha derivado en la peor crisis que padece la población en toda su historia.

“Hemos estado planteando una Junta Patriótica de Gobierno. Hacen falta todos los sectores para trabajar en la verdadera reconstrucción de la Patria. Necesitamos resolver este accidente histórico que es el Maduro”, dijo.

Es difícil imaginar que ésa sea “la solución más efectiva” de algo, pero es posible que el Sr. Ramírez se imagine como uno de los miembros de esa junta “patriótica”; en ese caso, compartiría a partes iguales la Presidencia de la República quien sostuviera hace no mucho tiempo el teorema que cierra lo que sigue:

En particular, por ejemplo, Hinterlaces (Oscar Schemel) mide 68% de desacuerdo con la nacionalización de empresas y haciendas ordenada desde la Presidencia de la República. (Quienes están de acuerdo con esa medida alcanzan sólo al 28%. Cuatro por ciento no quiso o no supo responder). Por ejemplo, según el estudio referido, 63% estima que esa medida pudiera afectar a la propiedad privada de todos los venezolanos. (Treinta y tres por ciento no cree tal cosa). Por ejemplo, 68% está de acuerdo con la propiedad privada que apoyan los empresarios y no con la propiedad colectiva propuesta por el presidente Chávez. (Veintisiete por ciento dice preferir la propiedad colectiva sobre la privada).

Y 57% no aprueba el establecimiento del “socialismo del siglo XXI” en el país, frente a 35% que lo aprueba. Y si ese socialismo fuera como el cubano, la desaprobación asciende a 87% y la aprobación desciende a 9%. Y 83% expresa desacuerdo con la idea de que es malo ser rico. (Once por ciento expresa acuerdo). Y 86% no piensa que ser pobre es bueno. (Diez por ciento sí lo cree). Y 80%—contra 16%—no concurre con la idea de que todos debemos ser iguales para que no haya ricos ni pobres, como sostiene que ocurriría el Presidente de la República.

En suma, la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista, a pesar de lo cual Rafael Ramírez, bajo su casco de Presidente de PDVSA, proclama: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”. (Parada de trote, 23 de julio de 2009).

Hay más de un registro de ese tenor, y no creo que convenga que Ramírez copresida nuestra república. Más fundamentalmente: eso de una “junta patriótica de gobierno” es sólo otro nombre para el tal “consejo de Estado” propugnado por los EE. UU. y su marioneta, Juan Guaidólar, lo que es totalmente inconstitucional, como su pretendida encargaduría de la Presidencia de la República. LEA

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Seguías sigue

¿Una ocasión de oro?

 

Hace tres días el encuestador Jesús Seguías intentó convencer al Partido Socialista Unido de Venezuela de acoger el esquema del Departamento de Estado norteamericano para una “transición” política en el país. Así puso en Twitter (destacado de este blog):

JESUS SEGUIAS

@JesusSeguias

27 abr.

El PSUV necesita con urgencia pasar a la oposición. Tanto tiempo en el poder les ha sido fatal. Necesitan cambios. Y desde el poder, jamás podrán lograrlo. Los intereses creados no lo permiten. Hoy USA les hace una propuesta de oro, de mínimos costos. No deben pensarlo mucho.

¿Dónde está el oro en el esquema del Departamento de Estado de los EE. UU., analizado acá en Primer trimestre ido el pasado 1º de abril? La propuesta “dorada” tiene título: Marco de transición democrática para Venezuela, y está fechada el último día del mes anterior. Seguías debe referirse a las siguientes “concesiones” de un país extranjero que no debe meterse en asuntos que únicamente corresponde dilucidar a los venezolanos:

1. Después de la disolución de la Asamblea Nacional Constituyente, que sólo ella misma o un referendo popular podrían decidir—”como se expuso en los programas #268#286 de Dr. Político en RCR, del 30 de septiembre de 2017 y 24 de febrero de 2018 respectivamente, un referendo sí podría disolver la constituyente actual y hasta anular todos sus actos”. (En nota al pie de Copiado, José Luis, del 15 de abril de 2020)—, “Los Estados Unidos levantan las sanciones impuestas a los miembros de la ANC debido a su condición de miembros de la misma”.

2. “Tras la selección de un nuevo CNE y TSJ, los Estados Unidos levantan las sanciones impuestas a los ex miembros del CNE y TSJ debido a su condición de miembros en esos cuerpos”.

3. “Una vez que se establezca el Consejo de Estado y las fuerzas militares extranjeras se hayan marchado (a menos que su presencia sea aprobada por las tres cuartas partes de los votos de la AN), se suspenderán las sanciones de los Estados Unidos contra el Gobierno de Venezuela, PDVSA y el sector petrolero”.

4. “El Consejo de Estado nombrará un nuevo gabinete de ministros. Los Estados Unidos levantarán las sanciones a los ex miembros del gabinete que se deban a su desempeño en sus cargos anteriores. Estados Unidos también levanta las sanciones a los miembros de la FANB que se basan en su posición en la institución”.

5. “El Consejo de Estado establecerá una fecha para elecciones simultáneas presidenciales y de la AN en 6 a 12 meses. Cualquier ciudadano venezolano elegible de conformidad con la Constitución de 1999 podrá competir en las elecciones”.

Finalmente, estas dos “garantías”: a. El Alto Mando Militar (Ministro de Defensa, Viceministro de Defensa, Comandante del CEOFANB y Jefes de Servicio) permanecerá en sus puestos durante el gobierno de transición”. b. Las autoridades estatales o locales permanecerán vigentes durante el período de transición”.

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Así se puso en Primer trimestre ido: “Es inadmisible tal intromisión estadounidense—una más—, fundada en la crasa ignorancia de nuestra constitucionalidad y su irrespeto. Dicho esto, admitiré como infortunada realidad que el parto teratológico acá comentado parecerá ingenioso y digno de aplauso a aquellos que pondrán en él toda su muy extraviada esperanza, aunque implique el sacrificio de Guiado Guaidó. El gobierno gringo cree que ‘se la comió’, pero el insólito documento es, entre otras cosas, la admisión de que su títere debe ser regresado al baúl del ventrílocuo”.

Y es que, además de la inadmisible intromisión, la proposición de un Consejo de Estado para presidir la República es enteramente inconstitucional. (“Todos los poderes asignados al Presidente por la Constitución serán conferidos exclusivamente al Consejo de Estado”). Eso no puede aceptarse, ni siquiera porque se formulara como caramelito: “Los EE. UU. y la Unión Europea levantarán las sanciones impuestas a aquellos que reivindicaron autoridad presidencial que se deban a su desempeño en sus cargos anteriores, una vez que el Consejo de Estado esté funcionando y esas personas renuncien a cualquier reclamo adicional sobre cargos ejecutivos y reconozcan al Consejo de Estado como el único Poder Ejecutivo”.

Nadie que proponga, venezolano o extranjero, que se viole nuestra Constitución, está asistido de la razón. No, Sr. Seguías; eso no es “una propuesta de oro, de mínimos costos”. Los costos de violar la Constitución son enormes, como son los de acoger una impertinente intromisión extranjera en nuestro atribulado proceso político. Las violaciones de nuestra Constitución no se corrigen con otras peores. LEA

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Intercambio guasápico

El medio es el mensaje. (Marshall McLuhan, 1964).

 

Después de haber leído en este blog Siempre hay una primera vez (24 de abril de 2020), una estimada amiga me envió este mensaje por WhatsApp: “Eso que Ud. plantea en el enlace anterior sería factible en alguien sensato, pero en un obtuso como el Sr Maduro no creo… mi opinión humilde”. Lo primero que atiné a responder fue reiteración del comienzo de esa entrada:

Desde el momento mismo de su primera elección como Presidente de la República, el 14 de abril de 2013, Maduro ha sido blanco de una incesante serie de acusaciones y agresiones: que esa elección había sido fraudulenta, lo que jamás fue probado; que él no era Chávez y podía ser depuesto de un soplido; que tenía doble nacionalidad—lo que Colombia ha desmentido—; que no podía permitirse que prosperara un incipiente período de cooperación de su gobierno con algunas alcaldías en manos opositoras (ante problemas de inseguridad ciudadana); que no se creyera en su disposición a dialogar, aunque dijera a líderes opositores en Miraflores que veía en sus rostros la buena voluntad; que era un compromiso “no transable” de la Asamblea Nacional lograr la cesación de su gobierno en pocos meses; que la misma Asamblea solicitara la intervención de la Organización de Estados Americanos mediante la aplicación a Venezuela de la Carta Democrática Interamericana; que había abandonado su cargo; que usurpó el poder del Pueblo al convocar elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente; que podía asesinársele a control remoto con drones bombarderos; que su segunda elección fue no sólo fraudulenta, sino también inconstitucional, etcétera.

Después añadí: “Si parece obtuso, tal vez haya influido en eso el comportamiento de sus opositores, y obtendría alivio y ventajas en el camino que le señalo. Es un hombre con una misión encomendada por su predecesor, y eso ciertamente contribuye a la inflexibilidad”.

Cerré el intercambio con lo que sigue:

“Creo que mis servicios y obligaciones para con un paciente se han completado una vez que he revelado el significado escondido y secreto de sus síntomas. La cura reside en ese mismo acto. Realmente no es mi responsabilidad si acepta mi diagnóstico o no, aunque por supuesto no habrá cura a menos que lo acepte. Por tanto, para mí es urgente que ella crea en mi solución y trabaje fielmente con mis indicaciones. Si los dolores son la culpa de Emma obviamente no soy yo el culpable; por tanto, ella ha fracasado en su propia cura y no soy responsable de ninguna parte del fracaso”. (Sigmund Freud comentándole a su esposa un sueño que había tenido y que relacionaba con una paciente renuente a aceptar su diagnóstico y su tratamiento. En Pasiones del Espíritu, la biografía de Irving Stone sobre Freud).
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Mi obligación como médico (político) es exponer el mejor tratamiento disponible. La cualidad de “obtuso” que Ud. adjudica a Maduro equivale a declararlo constitucionalmente incapaz de razonar, y esto no nos consta. Como apunté al comienzo de la entrada que Ud. pone en duda, Maduro ha estado abierto al diálogo en más de una ocasión. Se le atribuye, por ejemplo, que se retiró del diálogo en Barbados por una nueva tanda de sanciones estadounidenses y eso no es verdad; se retiró luego de que Guaidó las justificara.

Hasta ahora no hay reacción ulterior de la amable corresponsal.

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En los análisis de nuestro proceso nacional es muy frecuente toparse con psicologizaciones de aparente sofisticación política; por ejemplo, que las recientes decisiones gubernamentales de vigilancia adicional de la industria alimenticia venezolana son “para demostrar quién tiene el control”. Son como ésas, proferidas de lado y lado de nuestro combate político, que pretenden saber telepáticamente “lo que busca Maduro” o “lo que intenta Ramos Allup”. Nadie tiene acceso a sus cabezas.

Mi gentil interlocutora no es de quienes llevan la cosa a cotas “superiores”, aquéllas esgrimidas por “sofisticados” estrategas de bolsillo que se refugian en preceptos como “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” o “lo que es igual no es trampa”. Otros me han dicho: “No hubo fraude, pero hay que decir que lo hubo” o “la buena noticia es que la crisis continúa”. Usualmente, he escuchado cosas como ésas de personas que adoptan aires de superioridad, reforzados por una sonrisa mientras hablan. Cuando se preparaba, en total ignorancia mía, la telenovela de Guaidó, alguien a quien respetaba postuló que nuestros problemas eran a esas alturas un “asunto de Derecho Internacional” y que por tanto “¡lo importante es lo que piense Francia!” Más recientemente, alguien graduado justamente en París, en Ciencias Políticas, quiso justificar su renuencia a cualquier salida referendaria aduciendo sólo que “la Política es el arte de lo posible”.

Absolutamente todo lo que proponga una persona tiene que ser, por definición, posible. Lo que debamos hacer tiene que ser posible; nadie está obligado a hacer lo imposible, y Lord Acton nos enseñó que La libertad no es el poder de hacer lo que queramos, sino el derecho de hacer lo que debamos”.

Al líder le importan y tienen que importarle los resultados, especialmente aquellos resultados humanos y organizacionales en los que tiene responsabilidad plena o parcial. A lo que, en razón del honor, debe ser indiferente es a los resultados de las acciones en tanto le afecten personalmente. Suponiendo que su curso de acción sea correcto, que ha descubierto cuál es su deber y cumplido con él, lo que es entonces un asunto de indiferencia, de despreocupación, es su propio éxito o fracaso. Ése es el ideal. Su propio ego debe dejar de importar, tiene que ser eliminado de la ecuación de las variables organizacionales. Tiene que ser trascendido. Y aunque esto pueda parecer escandalosamente idealista, esa praxis es también posible.

Cristopher Hodgkinson, La Filosofía del Liderazgo.

LEA

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Sospecha creciente

El jefe de REDES

 

Mi sospecha de que Juan Barreto lee este blog se ha reforzado con la lectura de nuevas declaraciones suyas, publicadas hoy por Noticiero Digital. La primera vez que la expuse fue en la reproducción, hace cuatro días, de un reportaje de José Luis Carrillo para Tal Cual (Académicos ofrecen alternativas a propuesta de EEUU para un acuerdo político, 13 de abril de 2020). Carrillo registraba: “El exalcalde del municipio Libertador Juan Barreto propuso, durante una entrevista en VTV el miércoles ocho de abril, que Nicolás Maduro cree un gobierno de emergencia nombrando un Vicepresidente opositor que a su vez designe un tren ministerial que emprenda las acciones necesarias para superar la crisis que embarga a Venezuela”. (Cursivas de este blog). Una nota al pie del suscrito comentó el día 15: “La proposición de un Vicepresidente ‘de la oposición’ hecha por Barreto fue precedida en cuatro días por la siguiente prescripción: ‘el presidente Maduro nombra a un nuevo Vicepresidente Ejecutivo que no provenga de las filas oficialistas y tampoco de las de la oposición’. (Otro camino, 4 de marzo de 2020. ¿Será que Barreto visita este blog?)”. Por otra parte, el mero nombramiento del Vicepresidente no permitiría que éste “a su vez designe un tren ministerial”. Sin la falta temporal o absoluta de Maduro, el Vicepresidente no está encargado de la Presidencia de la República, única posición que le permitiría nombrar ministros.

Ahora es Noticiero Digital el medio que reporta su cambio de posición: “Que Maduro convoque a un gobierno de Emergencia Nacional nombrando a un vicepresidente de consenso, un nuevo gabinete y un gobierno amplio”. He aquí la nota completa:

El ex alcalde metropolitano de Caracas Juan Barreto publicó este domingo un video animado llamando a un «acuerdo nacional que enfrente la pandemia, la crisis y el intervencionismo».

Antes de listar los elementos de dicho acuerdo, Barreto se refiere a Maduro, primero mostrándolo bailando salsa y luego sentado en un sofá con cara de cansado. «Está claro que Maduro ha llevado a cabo un mal gobierno, luce agotado y sin propuestas de provenir» [sic].

A continuación la propuesta de Barreto:

1) Derogar el desacato a la AN.

2) Guaidó y su sector deben rechazar el intervencionismo y sumarse a la AN.

3) Liberar a los presos políticos inmediatamente, presos «que no hayan cometido delito comprobado».

4) Designar un nuevo CNE que reactive los partidos políticos, asegure la representación proporcional de las minorías, la igualdad de condiciones, la transparencia y elecciones con observación internacional y sin ventajismo.

5) Que Maduro convoque a un gobierno de Emergencia Nacional nombrando a un vicepresidente de consenso, un nuevo gabinete y un gobierno amplio.

6) Este gobierno pedirá el «cese al bloqueo y a la intervención imperial», y llamará a elecciones parlamentarias y a un referendo consultivo para preguntarle a los venezolanos si quiere ir a unas elecciones presidenciales. Además, desarrollará un plan económico que permita «atajar la crisis, liberar fondos retenidos y facilitar el acceso a créditos, préstamos y otros instrumentos».

7) También este Gobeirno [sic] pedirá que la Fuerza Armada forme parte de un «Consejo de Estado amplio».

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Comentemos:

    1. No se deroga un desacato. Quienes incurran en desacato—en este caso claramente la Asamblea Nacional—son los llamados a cesar en su desacato. Pero supongo que Barreto quiere decir que el Tribunal Supremo de Justicia levante unilateralmente las sanciones que ha impuesto al Poder Legislativo Nacional por el desconocimiento de éste a la Sala Electoral del máximo tribunal de la República.*
    2. Me parece sana la admonición a Guaidó para que rechace “el intervencionismo”, aunque pienso que caerá en un vaso roto; la figura política de Guaidó es precisamente una creación de los laboratorios intervencionistas de Washington.
    3. Asimismo, estoy de acuerdo con la liberación de “presos políticos”. Ya el 11 de mayo de 2017 proponía en Del armisticio como programa—un proyecto de acuerdo de los poderes públicos nacionales—lo siguiente: “El Presidente de la República ordenará la liberación inmediata de quienes se encuentren privados de libertad sin que esta condición se origine en sentencias judiciales o como parte de procesos judiciales”.
    4. Es evidente la necesidad, pospuesta anormalmente, de la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral. La Asamblea Nacional presidida por Ramos Allup enredó inexplicablemente la renovación de sus rectores a fines de 2016.
    5. Mientras Nicolás Maduro sea el Presidente de la República puede nombrar al Vicepresidente Ejecutivo y al gabinete de ministros que le parezcan, sean o no de consenso, y bautizarlo si quiere como “de emergencia nacional”. (Barreto parece haber abandonado su inconstitucional recomendación de que sea el Vicepresidente quien nombre nuevos ministros mientras haya un Presidente en ejercicio).
    6. ¿A quién pediría el presidente Maduro el «cese al bloqueo y a la intervención imperial»? ¿A Donald Trump o bastaría si se lo pide a Mike Pompeo? (¿A Juan Guaidó?) Además, no es facultad del Presidente de la República “llamar” a elecciones parlamentarias; éstas tienen que celebrarse este año porque el período de la actual Asamblea Nacional expira en los primeros días de enero de 2021. Y sí es potestad presidencial la convocatoria de referendos consultivos (Art. 71 de la Constitución); para la pregunta planteada por Barreto ya se había propuesto uno acá en Prontas elecciones (22 de octubre de 2016), entrada en la que se puso: “No pidamos al Presidente de la República—ni esperemos que la decrete—la convocatoria de esa consulta popular en Consejo de Ministros. (Aunque estaría en su derecho de entender de una vez por todas que es su deber, sin otro subterfugio, abrir esa válvula de alivio a la insoportable tensión que agobia a los venezolanos; de entender, en fin, que por razones distintas de las de Hugo Chávez el 30 de julio de 2000, es imperativo que se relegitime si es que aspira a seguir gobernando)”.
    7. El Consejo de Estado es un ente previsto en la Constitución Nacional: “Artículo 251. El Consejo de Estado es el órgano superior de consulta del Gobierno y la Administración Pública Nacional. Será de su competencia recomendar políticas de interés nacional en aquellos asuntos a los que el Presidente o Presidenta de la República reconozca de especial trascendencia y requiera su opinión. La ley respectiva determinará sus funciones y atribuciones. Artículo 252. El Consejo de Estado lo preside el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva y estará conformado, además, por cinco personas designadas por el Presidente o Presidenta de la República; un o una representante designado por la Asamblea Nacional; un o una representante designado por el Tribunal Supremo de Justicia y un gobernador designado o gobernadora designada por el conjunto de mandatarios estadales”. También hay un Consejo de Defensa previsto en el Artículo 323: “El Consejo de Defensa de la Nación es el máximo órgano de consulta para la planificación y asesoramiento del Poder Público en los asuntos relacionados con la defensa integral de la Nación, su soberanía y la integridad de su espacio geográfico. A tales efectos, le corresponde también establecer el concepto estratégico de la Nación. Presidido por el Presidente o Presidenta de la República, lo conforman, además, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional, el Presidente o Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, el Presidente o Presidenta del Consejo Moral Republicano y los Ministros o Ministras de los sectores de la defensa, la seguridad interior, las relaciones exteriores y la planificación, y otros cuya participación se considere pertinente. La ley orgánica respectiva fijará su organización y atribuciones”. Parece que lo que visualiza Barreto, que exige la participación militar, es una combinación inconstitucional e innecesaria de ambas cosas. Cualquier nuevo gobierno, distinto del de Maduro, tendrá un ineludible carácter de emergencia desde el punto de vista programático, pues estamos en emergencia. No se requiere definirlo así contrariamente a lo previsto en la Constitución.

En suma, Juan Barreto puede cambiar de opinión en cuestión de días.** Podría decirse—metafóricamente, por supuesto—que se mueve como un peso pluma. LEA

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En Del armisticio como programa: “El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas. Por una parte, esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación, y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Por la otra, el conjunto de decisiones del Tribunal declarando la nulidad de actos del Parlamento por tal motivo resulta excesivo; en todo caso, hubiera podido restringir su sanción a aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en discordia; específicamente, debe admitir como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. (Habiendo iniciado una sana práctica con la rectificación de las sentencias 155 y 156 de este año de su Sala Constitucional, puede hacer lo mismo en lo tocante a este punto). Adicionalmente, ordenará al Consejo Supremo Electoral la celebración de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente”. Antes de los pasos dados por los diputados de Amazonas y las acciones de Borges, Henry Ramos Allup había juramentado ¡dos veces! a tales representantes, configurándose así el desacato. (La solicitud de ser desincorporados la elevaron los diputados cuestionados veinticuatro días después de esta recomendación: “Que [la AN] desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es ‘el voto de la mayoría de sus integrantes’. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación)”. En Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016; la reacción de Ramos Allup fue la de limitarse a pronunciar estas palabras: “Hemos tomado nota”; nunca se ocupó de tramitar el levantamiento de la sanción. (“Al asumir Borges Junyent la Presidencia de la Asamblea en enero de 2017, procedió a desincorporarlos, justo antes de proclamar el abandono del cargo (?) por Maduro. El quisquilloso Tribunal Supremo de Justicia ignoró el procedimiento al sostener que la elección de Borges Junyent como Presidente de la AN era nula, puesto que se había dado mientras ella se encontraba aún en desacato”. Alegatos de diletante, 30 de septiembre de 2019).

** Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación, y estaré agradecido a aquellos que me enseñen del arte de la Política y procuraré corresponderles del mismo modo. (Código de Ética)

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El peso de lo circunstancial

Antropología de la creatividad impotente

 

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.

José Ortega y Gasset – Meditaciones del Quijote (1914)

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La caricatura de Antonio Fragua de Pablo (1942-2018), más conocido como “Forges”, es típica de su punzante y sofisticado humor. Ella alude a la famosa expresión “que inventen ellos”, propuesta por Miguel de Unamuno y explicada por él mismo en su oración ante la tumba de Joaquín Costa:

Es inútil darle vueltas, nuestro don es ante todo un don literario, y todo aquí, incluso la filosofía, se convierte en literatura… y si alguna metafísica española tenemos es la mística… ¿Es esto malo, es bueno? Por ahora no lo decido, sólo digo que es así. (…) y como hay y debe haber una diferenciación del trabajo espiritual así como del corporal, tanto en los pueblos como en los individuos, a nosotros nos ha tocado esta tarea… en Suiza no pueden desarrollarse grandes marinos… Alemania, verbigracia, nos da a Kant, y nosotros le damos a Cervantes. Harto hacemos con procurar enterarnos de lo suyo, que su ciencia y su metafísica fecundará nuestra literatura, y ojalá nuestra literatura llegue a ser tal que fecunde su ciencia y su metafísica. Y he aquí el significado de mi exclamación, algo paradójica, lo reconozco, “¡que inventen ellos!”, exclamación de que tanto finge indignarse algún atropellado cuyo don es el de no querer entender o hacer como que no se entera.

El “ellos” es lo germánico, lo sajón. Los inventores del mundo moderno no habrían podido ser nunca los españoles. (A pesar de que Santiago Ramón y Cajal, en mentís de Unamuno, se hiciera acreedor del Premio Nobel de Fisiología de 1906 como fundador de la neurociencia, o que Juan De La Cierva construyera en 1920 el primer autogiro, el precursor del helicóptero; precisamente, ciencia y tecnología).

¡Que inventen ellos! es una lapidaria expresión de Miguel de Unamuno cuyo repetido uso y abuso ha producido un tópico o cliché que se utiliza con sentidos opuestos. El tópico es muestra de hasta qué punto la ciencia y la tecnología han sido en España una realidad marginal en su organización y contexto social,​ de modo que se ha llegado a convertir en una especie de estereotipo nacional español, unas veces rechazado por impropio o humillante y otras veces asumido con orgullo y desdén, como era su propósito original. (Wikipedia en Español).

En Venezuela se consigue esa vena literaria en la raíz de ciertas posturas políticas de “orgullo y desdén”, que creen que el arte de gobernar es asunto de las humanidades (“lo espiritual”), campo del conocimiento que sería “evidentemente” superior al de las ciencias (“lo corporal”). Asimismo, en nuestra herencia cultural, principalmente hispánica, se ha colado la propensión española al autodesprecio, que Joaquín Bartrina (1850-1880) presentó de este modo: “Oyendo hablar un hombre, fácil es / saber dónde vio la luz del sol / Si alaba Inglaterra, será inglés / Si reniega de Prusia, es un francés / y si habla mal de España… es español”. Cosas como ésas integrarían la “personalidad básica” de nuestra cultura hispanoamericana, sus rasgos comunes, según el concepto del psiquiatra y antropólogo estadounidense Abram Kardiner. (The individual and his society, 1936). Los argentinos, por ejemplo, que… ¡bueno, ya sabemos cómo son los argentinos!

Una constelación conceptual como la descrita condiciona la recepción local de “inventos políticos”, tales como el esquema recientemente propuesto por el Departamento de Estado de los Estados Unidos para la “transición democrática” en Venezuela. Si los gringos (ellos) lo han inventado debe ser bueno. En cambio, un personaje de mi mayor aprecio ofreció, como único comentario al tratamiento expuesto acá en Otro camino, que su viabilidad “depende de las circunstancias”. (¿Las de Ortega y Gassett, que él recomendaba salvar para que nos salváramos?) Sólo atiné a responder que desde que el mundo es mundo absolutamente todo depende de las circunstancias. Esto es, cosa que no le dije, que la razón que esgrimiera para no acoger la proposición no era más que una perogrullada. (De Perogrullo.* Verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla. Diccionario de la Lengua Española). Debe ser que Mike Pompeo no está limitado por “las circunstancias”.

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Habiendo comenzado esta entrada con una muestra del más fino humor español, creo que cabe cerrarla con otra. Superlópez es una divertida película que parodia, por supuesto, al personaje de Superman. Trata de las peripecias de un superhombre español que, como en el caso del original estadounidense, llega a la tierra como bebé desde el espacio exterior y es también recogido por una pareja de edad muy madura y sin hijos. Es su padre adoptivo quien le dice, cuando ya ha crecido: “Clavo que sobresale pide martillo. Si te destacas te machacan. En este país, para ser feliz tienes que ser mediocre”. ¡Olé! LEA

 

 

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* El profeta Pedro GrulloPedrogrulloPero Grullo o Perogrullo, “que a la mano cerrada la llamaba puño”, es un personaje paremiológico o de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación. Su idiosincrasia es la de un personaje cómico, producto de la imaginación popular, pero existen hipótesis e investigaciones en las que se afirma que habría existido un Pedro Grullo real. En cualquier caso, en el habla corriente se identifica al personaje como el primer, o el más famoso, decidor de perogrulladas—tautologías retóricas—, esto es, verdades redundantes o pleonásticas del tipo “ha amanecido porque es de día”. (Wikipedia en Español).

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