Sergei & Sergiu: la música clásica clásica

Música para el hombre, para el pueblo

 

A Héctor Eduardo Arcia

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Asenté sobre Sergiu Celibidache en Ichi-go Ichi-e, el 20 de enero de este año peculiar:

…sus interpretaciones no tienen parangón en un aspecto fundamental: el de la definición instrumental. No conozco otras grabaciones, que no sean las suyas, que permitan la percepción de las distintas partes orquestales aun dentro de la más compleja textura; en los pasajes más ricamente orquestados, el aporte de cada instrumento o grupo instrumental se percibe con la mayor claridad, como un arroz cocido a la perfección para lograr granos totalmente separados.

He aquí otra obra dirigida por él, en comando de la Filarmónica de Munich, su orquesta. Se trata de la Sinfonía Clásica de Sergei Prokofiev (1891-1953), la primera de sus siete sinfonías, compuesta entre los años de guerra 1916 y 1917 y estrenada bajo su dirección en San Petersburgo el 21 de abril de 1918, casi siete meses antes del término de la primera conflagración mundial y en medio de la Revolución de Octubre y la gran pandemia de ese año, que cobró al menos cincuenta millones de vidas, bastantes más que los soldados y civiles muertos en la guerra. (9 y 13 millones, respectivamente). La obra es explícita paráfrasis del estilo musical de Haydn y Mozart, ambos compositores del período clásico. Éstos son sus movimientos:

1. Allegro
2. Larghetto
3. Gavotta: Non Troppo Allegro
4. Finale: Molto Vivace

La dedicatoria de esta entrada se explica de este modo: en la casa de Héctor Eduardo Arcia en la Avenida Principal de Las Palmas, en una tarde de 1956, escuché esta obra, puesta sigilosamente por él en ausencia de su padre, quien la apreciaba mucho. Su aparato de sonido era de mayor calidad que el mío, y degusté la pieza que ya conocía, esta vez en sus detalles (la oímos dos veces), para mucha y mutua felicidad.

Debo mi agradecimiento a Sergio, Sergiu y Héctor. LEA

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Canciones del Beuern

Hoy es Domingo de Pandemia—no de Pascua—, otro más, y creo que podemos recibirlo con música. No se me ocurre nada mejor que hacerlo con la cantata escénica Carmina Burana, la magistral e incomparable composición de Carl Orff (1895-1982).

El nombre completo de la obra es, en latín, Carmina* Burana: Cantiones profanae cantoribus et choris cantandæ comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis (Canciones del Beuern: canciones seculares para solistas y coros para ser cantadas junto con instrumentos e imágenes mágicas). Compuesta entre 1935 y 1936, ha dominado la música occidental con su poder y su belleza. Orff se tropezó en 1934 con la edición de 1847 de Carmina Burana de Johann Andreas Schmeller, con textos de los siglos XI y XII que fueran encontrados en la abadía benedictina del Beuern, una localidad en Baviera, Alemania. (Benediktbeuern es el nombre alemán; su gentilicio en latín medieval es Buria, y el adjetivo derivado es Burana).

La abadía benedictina. (Foto: Rufus46).

Carmina Burana es parte del tríptico Trionfi, que incluye además las obras menos conocidas e interpretadas de Catulli CarminaIl Trionfo d’Afrodita. Buena parte de sus textos es de contenido erótico, en la tradición del Decamerón de Giovanni Boccaccio o, mejor, los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer. Son mis pasajes favoritos O Fortuna y la canción para soprano In trutina, cuyo texto dice:

In trutina mentis dubia / fluctuant contraria / lascivus amor et pudicitia / Sed eligo quod video / collum iugo prebeo / ad iugum tamen / suave transeo. (En la duda de mi mente se equilibran el amor lascivo** y la castidad. Pero elijo lo que veo y me someto al suave yugo).

He aquí una estupenda interpretación de la dulce melodía por Sarah Brightman, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Paul Bateman:

 In trutina

En cambio, O fortuna es la poderosa sección que abre y cierra la obra—como la rueda de la fortuna que gira—, acá toda a cargo de una monumental agrupación de cantantes del Coro Shin-Yu Kai y el Coro de Niños del Estado de Berlín junto con ejecutantes de la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Seiji Ozawa con una energía y una vivacidad que no encuentro en otras versiones:

Y sí: ¡feliz domingo! LEA

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* El singular de Carmina es Carmen, “un nombre propio femenino, del hebreo כרמל Karmel (Monte Carmelo); o del latín Canto, Música, Poema, Conjuro, Hechizo”. (Wikipedia en Español). Por eso es tan apropiado ese nombre para la más famosa ópera de Georges Bizet, que P. I. Tchaikovsky tocaba frecuentemente al piano por las noches para solazarse. (No había discos de ninguna tecnología en su tiempo, y tampoco emisoras FM).

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** De lascivia: “Propensión a los deleites carnales”. (Diccionario de la Lengua Española).

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Bueno, encore, justificado por esta declaración de arriba: “Son mis pasajes favoritos O Fortuna… (…) …la poderosa sección que abre y cierra la obra…” El domingo 14 de octubre de 2018, mi señora y yo tuvimos, oh fortuna, la inmensa suerte de asistir a un concierto espectacular de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, conducida por Elisa Vegas, y un coro de doscientas voces a cargo de Ana María Raga. Vive les femmes! Éste fue su afortunado final:

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Canción de cuna estoniana

 

Comienzo de la noche en Estonia

 

A Doña Silvia Olo de Gil por su cumpleaños (con algún retraso)

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(Traducido de Estonian World)

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Anne Akiko Meyers interpreta “Canción de cuna estoniana” de Arvo Pärt

 

Silver Tambur May 18, 2020

 

Anne Akiko Meyers, violinista estadounidense de conciertos y la instrumentista clásica más vendida de 2014 en las listas clásicas tradicionales de Billboard, ha lanzado una grabación de Canción de cuna estoniana para violín y piano de Arvo Pärt, dedicada a ella por el maestro. Su actuación va acompañada de un hermoso video animado.

La pieza fue compuesta especialmente para Meyers* a fines de 2019 por Arvo Pärt y el video fue producido en colaboración con Skazka Studios, con sede en Estados Unidos.

“Una partitura escrita a mano llegó para la Navidad de 2019”, dijo Meyers a Classic FM, la radio clásica con sede en el Reino Unido. “Me conmoví hasta las lágrimas de felicidad porque Arvo también me dedicó el trabajo. Esta música es verdaderamente única en su clase”.

Meyers grabó la pieza el 24 de enero en el DiMenna Center for Classical Music (Nueva York).

Meyers es una de los violinistas más famosos del mundo. Ha mantenido activamente una extensa agenda de giras durante más de treinta años, y se presenta regularmente en recitales y como solista invitada con muchas de las mejores orquestas del mundo. Fue la solista instrumental clásica tradicional más vendida en las listas de Billboard en 2014. Arvo Pärt, nacido en Paide, Estonia, en 1935, fue el segundo compositor vivo más interpretado del mundo en 2019,** según la base de datos de eventos de música clásica, Bachtrack.

 

Meyers está acompañada al piano por Reiko Uchida.

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Incluyamos un encore: Anne Akiko Meyers fue invitada por Arvo Pärt para realizar los conciertos de apertura en el Centro Arvo Pärt en Laulasmaa, Estonia. Acá interpreta Fratres, del mismo Pärt, con la Orquesta de Cámara de Tallinn, dirigida por Tõnu Kaljuste. Meyers se presenta exclusivamente con su violín Ex-Vieuxtemps Guarneri del Gesu, fechado en 1741 y considerado el mejor violín que existe. Pärt puede ser visto sentado entre la audiencia, con cara de felicidad, a la hora de aplaudir a los ejecutantes.

 

LEA

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* Nacida en 1970, Anne Akiko Meyers “fue descrita como una niña prodigio después de su debut con una orquesta de su comunidad local a la edad de 7 años; posteriormente actuó con la Filarmónica de Los Ángeles, dos veces en The Tonight Show con Johnny Carson, a los 11 años, y en el Emmy Award Show con la Filarmónica de Nueva York a los 12″. (Wikipedia).

** Para 2017, Pärt era, por sexta vez consecutiva, el compositor viviente más interpretado del mundo.

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La Misa sobre el Mundo

 

 

Por estos días se tropieza uno con noticias como ésta (destacado en cursivas de este blog):

Los científicos están revisando un modelo peculiar que intenta cuantificar y medir la conciencia. El modelo, conocido como Teoría Integrada de la Información (IIT), ha sido controvertido durante mucho tiempo porque viene con una peculiaridad inusual. Cuando se aplica a cosas no vivas como máquinas, partículas subatómicas e incluso el universo, afirma que ellos también experimentan conciencia, informa New Scientist. “Este podría ser el comienzo de una revolución científica”, dijo el matemático del Centro de Filosofía Matemática de Munich, Johannes Kleiner, a la revista.

Bueno, en El Fenómeno Humano, la obra fundamental del jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin—escrita entre 1938 y 1940 y publicada póstumamente en 1955 *—, se sostiene que aun la materia más elemental tiene una “hoja de conciencia”. Fue por nociones como ésa que Teilhard fuera criticado por científicos y su obra proscrita en seminarios y colegios católicos como rayana en la herejía. (Para no mencionar opiniones como la que escribiera a Emile Licent, un colega jesuita: “El siglo XX fue probablemente más religioso que cualquier otro. ¿Cómo pudiera no serlo, con tantos asuntos por resolver? El único problema es que todavía no ha encontrado un Dios que pueda adorar”). ** A partir del papa Juan Pablo II, el formidable sacerdote y paleontólogo comenzó a ser reivindicado, y fuera de la Iglesia Católica se reconoce cada vez más su penetrante visión, que adelantó cosas tales como una conciencia universal, una “conciencia del mundo” expresada ahora en la creación y desarrollo de Internet.

Teilhard trabajó más de veinte años en Asia, principalmente en China. Su presencia en esta nación le permitió ser co-descubridor del “Hombre de Pekín” (Sinanthropus pekinensis), al que determinó, junto con Henri Breuil, como un verdadero Homo faber, constructor de herramientas y conocedor del fuego. Subsiguientes viajes lo llevarían a India, Java y África. También escribió textos místicos, como El Medio Divino o el Himno al Universo, del que se reproduce a continuación su primera parte: La Misa sobre el Mundo. Es un texto poderoso, luminoso; es una palo’e misa, como corresponde al sacerdote que afirmara: No somos seres humanos que tienen una experiencia espiritual. Somos seres espirituales que tienen una experiencia humana”. LEA

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La Misa sobre el Mundo

 

Puesto que, una vez más, Señor, ya no en los bosques del Aisne sino en las estepas de Asia, no tengo ni pan, ni vino, ni altar, me elevaré sobre los símbolos hasta la pura majestad de lo Real, y te ofreceré, yo tu sacerdote, sobre el altar de la Tierra entera, el trabajo y la pena del Mundo.

El sol viene de iluminar, allí abajo, las explosiones extremas del primer Oriente. Una vez más, bajo la hoja móvil de sus fuegos, la superficie viva de la Tierra se despierta, tiembla y comienza nuevamente su tremenda labor. Colocaré en mi patena, oh Dios mío, la cosecha esperada de este nuevo esfuerzo. Verteré en mi cáliz la savia de todas las frutas que serán trituradas hoy.

Mi cáliz y mi patena son las profundidades de un alma ampliamente abierta a todas las fuerzas que, en un instante, se elevarán desde todos los puntos del Globo y convergerán hacia el Espíritu. ¡Que vengan a mí el recuerdo y la presencia mística de aquellos a quienes la luz despierta para un nuevo día!

Uno por uno, Señor, los veo y los amo, aquellos que me has dado como apoyo natural y encanto de mi existencia. Uno por uno, también, los cuento, los miembros de esta otra familia tan querida que gradualmente se han reunido a mi alrededor, desde los elementos más dispares, las afinidades del corazón, de la investigación científica y del pensamiento. Más confusamente, pero a todos sin excepción, los evoco, aquellos cuya tropa anónima forma la innumerable masa de los vivos: los que me rodean y me apoyan sin que yo lo sepa; los que vienen y los que se van; especialmente aquellos que, en verdad o por error, en su escritorio, en su laboratorio o en la fábrica, creen en el progreso de las cosas y hoy perseguirán la luz apasionadamente.

Esta multitud agitada, inquieta o distinta, cuya inmensidad nos aterroriza; este océano humano, cuyas oscilaciones lentas y monótonas causan problemas en los corazones más creyentes… quiero que mi ser resuene en este momento con su profundo murmullo.

Todo lo que aumentará en el mundo, en el curso de este día, todo lo que disminuirá—también todo lo que morirá—, he allí, Señor, lo que trato de reunir en mí para ofrecértelo; es ése el material de mi sacrificio, el único que quieres.

En el pasado, los primeros frutos de la cosecha y la flor de los rebaños fueron arrastrados a través de tu templo. La ofrenda que realmente esperas, la que misteriosamente necesitas cada día para saciar tu hambre, para saciar tu sed, es nada menos que el crecimiento del Mundo que carga el devenir universal.

Recibe, Señor, esta Hostia total que la Creación, movida por tu atracción, te presenta al amanecer del día. Este pan, nuestro esfuerzo, es en sí mismo, lo sé, sólo una inmensa desintegración. Este vino, nuestro dolor, aún no es, ¡ay!, más que un brebaje disolvente. Pero, en el fondo de esta masa informe, tú has puesto, estoy seguro de ello porque lo siento, un deseo irresistible y santificador que nos hace gritar a todos, desde los impíos hasta los fieles: “Señor ¡haznos uno!”

Porque, en ausencia del celo espiritual y la sublime pureza de tus Santos, me has dado, Dios mío, una simpatía irresistible por todo lo que se mueve en la materia oscura—porque, irremediablemente, reconozco en mí, más que un hijo del Cielo, un hijo de la Tierra—esta mañana subiré, pensativo, a los lugares altos, cargado de las esperanzas y miserias de mi madre; y allí, fortificado por un sacerdocio que sólo tú, creo, me has dado, sobre todo lo que, en carne humana, está por nacer o perecer bajo el sol que sale, convocaré al Fuego.¶

Pierre Teilhard de Chardin

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*Con escasos ocho días de diferencia, y muy cercanos el uno del otro, morían en 1955 dos titanes del pensamiento occidental. El 18 de abril, en el Hospital de Princeton, Nueva Jersey, expiraba Albert Einstein, de quien es difícil decir algo original que al mismo tiempo sea justo. El primero en despedirse, el 10 del mismo mes—Domingo de Resurrección—en Nueva York, fue Pierre Teilhard de Chardin. Dejaba tras de sí una poderosa y persuasiva visión acerca del sentido del mundo y su evolución, que tenía por eje fundamental la aparición del fenómeno humano. Einstein era el escenógrafo, Teilhard el dramaturgo. Alberto había revelado la estructura y comportamiento del teatro; Pedro narró el drama. (Lecciones disponibles, 25 de octubre de 2007).

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** Puede que sea un importantísimo subproducto de la actividad científica moderna el de proporcionar imágenes para la meditación sobre un Dios al que ya resulta difícil imaginar bajo la forma de un anciano, ataviado con antigua túnica mientras descansa en una nube; un Dios informático para una Era de la Información. (…) Necesitamos, para la Edad Compleja que se ha iniciado, un Dios que pueda comportarse como un ingeniero fractal. La geometría fractal es el territorio de los modelos matemáticos del caos y la complejidad. Como enseñara Benoît Mandelbrot, las estructuras más complejas, como el conjunto que lleva su nombre, pueden ser generadas a partir de ecuaciones simplísimas. (Ver en este blog El dios de Mandelbrot era el de Borges). Bastaría a la superinteligencia de Fredkin desatar el Big Bang con instrucciones de un programa fractal que desplegara la descomunal complejidad del universo. No tendría necesidad de venir al sexto día para hacer una creación especial de la especie humana. Luego, en su colosal memoria, nos preservaría en la condición descrita por Hick: con todas nuestras vivencias, sufrimientos y alegrías, odios y amores. Entonces existiríamos por siempre en alguna de sus divinas neuronas. (Proyecto Fénix: Teología conjetural, 22 de febrero de 2012).

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Más bella que la belleza

Angela Gheorghiu, soprano extraordinaria (en más de un sentido)

 

La Musique est plus belle encore que la beautè.

François Couperin (1668-1733)

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Roberto Benigni nos enseñó en lección inolvidable que La vita è bella, como la que construyó para su hijo en el encierro de un campo de concentración. No nos quejemos ahora del nuestro, muy distinto y no tan atroz, parecido al tiempo que Jorge Luis Borges describe en uno de sus dos sonetos a Spinoza: “Las tardes a las tardes son iguales”.

Con la belleza no se discute, menos con la de la voz o la estampa de Angela Gheorghiu. Oigamos su hermosa rendición del Ave Maria de la más conocida ópera de Pietro Mascagni, Cavalleria Rusticana, sobre la misma melodía de su famoso Intermezzo:

 

Ave Maria

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Si algo podemos hacer en estos días de cuarentena es oír música bella, como la que acabamos de escuchar y las que siguen; las llevaría a una isla desierta, donde no hay encierro pero sí soledad.

Como Couperin, Alessandro Marcello (1673-1747) fue compositor del período Barroco, sólo que italiano. (¿Cómo no con ese nombre?). Una de mis piezas favoritas es su Concierto para oboe en Re menor, que tiene un bellísimo movimiento Lento. Acá suena con guitarra en lugar del solista de ese instrumento “de madera”—así sonó en la importante película de 1970, Las fresas de la amargura—, y creo que esa instrumentación es muy preferible. (Federico Chopin dijo famosamente: “Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras”). El arreglo es de Ian Freebairn-Smith:

 Lento

La mención de Chopin, en el mero centro del Romanticismo, es pretexto para escuchar su precioso Nocturno #19 (op. 72) en Mi menor. Claudio Arrau, gran pianista chileno que hiciera muchos amigos en Venezuela, está a cargo de la ejecución:

 Nocturno en Mi menor

Un paso de varias décadas nos lleva un poco más allá, al Romanticismo maduro de Pyotr Illych Tchaikovsky, compositor de inolvidables melodías. El Adagio de la rosa de su ballet La bella durmiente es ciertamente una de las más entrañables, capaz de superar una observación irreverente: el compositor mexicano Gonzalo Curiel plagió al ruso para su famosísimo bolero Vereda tropical. (Pruebe Ud. a cantar en su memoria “es la brisa que viene del mar” para constatar el robo melódico del nacido en Guadalajara). Anatole Fistoulari se hace cargo de la Orquesta Sinfónica de Londres en esta presentación del maravilloso tema:

 Adagio de la rosa

El cuarto movimiento de la Suite al estilo antiguo En tiempos de Holberg (Andante religioso), del noruego Edvard Grieg es no sólo bellísimo sino muy tranquilizante; propio, pues, para tiempos angustiados. Si puede haber hermosura como ésa, no hemos perdido todo. (O, alternativamente, puede considerarse esto, venezolanos, en Rayuela de Julio Cortázar: “Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo”). Alfred Gehardt dirige aquí a los músicos de la Orquesta Royal Promenade:

 Andante religioso

Herbert von Karajan al frente de su orquesta, la Filarmónica de Berlín, nos entrega ahora la Danza deslizante de las doncellas, la más dulce de las Danzas Polovetsianas que compuso Alexander Borodin para su ópera El Príncipe Igor. (El tema fue adaptado por Robert Wright y George Forrest en el musical Kismet—estrenado en Broadway en 1953 y llevado al cine dos años más tarde—para la canción Stranger in Paradise, con explícito reconocimiento de la autoría del compositor ruso).

 Danza deslizante de las doncellas

Es de gran nobleza estética el segundo movimiento, Largo, del Concierto para Violonchelo y Orquesta en Sol menor de Dmitri Kabalevsky, su opus 49. El estupendo solista Yo-Yo Ma es acompañado en esta versión por la sedosa Orquesta de Filadelfia, con la conducción de su más longevo director: Eugene Ormandy.

 Largo

El compositor impresionista Ottorino Respighi orquestó estupendamente un tema original para piano de Gioachino Rossini para montar el Nocturno del ballet La boutique fantasque (La juguetería mágica). Esa hermosura nos la entregan ahora Andrew Davis y la Orquesta Sinfónica de Toronto.

 Nocturno

Prontos a cerrar esta Musikalisches Opfer, convoquemos de nuevo a Yo-Yo Ma para que interprete una de las piezas más hermosas de toda la música europea: Canciones que me enseñó mi madre, la cuarta de las siete Canciones gitanas del compositor checo Antonín Leopold Dvořák. Lo acompaña Patricia Zander al piano:

 Canciones que me enseñó mi madre

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¿Cómo sonaba la música del autor del epígrafe, François Couperin? Seguramente fue el más importante de los músicos franceses del Barroco y muy destacado intérprete del clavecín. Poco dado a la correcta escritura, escribía sin embargo Música con inicial mayúscula, lo que es apropiado para un arte al que calificó atinadamente de más bello que la belleza. Las barricadas misteriosas para su instrumento de elección, informa Wikipedia, son “un doble sentido que se refiere simultáneamente a la virginidad femenina y las suspensiones armónicas (progresiones) de la música, cuyas figuraciones de laúd son imitadas para producir un enigmático estancamiento”. (Llegó a sostenerse, incluso, que aludían a los cinturones de castidad). Bueno, acá está esa misteriosa obra en un rarísimo instrumento, la tiorba, derivada del laúd barroco y con ¡catorce cuerdas! Lo pulsa estupendamente el especialista Francisco López.

Les barricades mysterieuses

Cerremos con un homenaje de Maurice Ravel al compositor que acabamos de escuchar. Comenzando la Primera Guerra Mundial, inició la composición de la suite Le tombeau de Couperin—La tumba de Couperin—, la que concluyó en 1917 (un año antes del comienzo de la Gripe “Española”),* y aquí está Sir Simon Rattle para dirigir a músicos de la Filarmónica de Berlín en este fragmento de la obra de Ravel.

 

 

Hasta la próxima. En verdad, nada está perdido hasta que todo esté perdido. LEA

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La pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gripe española, fue una pandemia de gravedad, causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan principalmente a niños y ancianos, sus víctimas fueron también jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos.​ Se considera la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas. (…) Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que no estaba involucrada en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad. Aunque el origen del virus se acepta que fue Estados Unidos—fue el 4 de marzo de 1918 en Camp Funston, uno de los campamentos militares establecidos en Kansas tras el comienzo de la I Guerra Mundial donde se registró el primer caso—, un estudio de 2014 plantea la hipótesis de que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid, aunque sin pruebas científicas de que esto fuera así. (Wikipedia en Español).

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Contagios benéficos

El Coro Virtual (8.000 voces) de Eric Whitacre

 

A María Cristina y John

 

No estamos para contagios virales pero sí para los musicales, hechos posibles por la magia conectiva de Internet. Tres ejemplos bastan para ilustrar lo benéficos que son estos últimos, precisamente en tiempos de pandemia y aislamiento. El primero—O Canada—lo provee un coro virtual de la Escuela Inglesa—canadiense—del Distrito de Terranova y Labrador, las provincias más norteñas (¡qué frío!) de la costa este de Canadá.

 

 

El segundo lo proporciona el Corps de Ballet de la Ópera Nacional de París, distanciado socialmente aunque no emocionalmente. Sus miembros danzan para todos nosotros Montescos y Capuletos—del ballet Romeo y Julieta con música de Sergio Prokofiev—, uno de sus números más estimulantes.

 

 

Finalmente, el joven violinista venezolano (merideño) Igor García corona esta oferta con una increíble versión de Pajarillo,* pieza que todos conocemos pero que nunca habíamos oído ejecutada de tan virtuosa, tan asombrosa manera.

 

 

La pandemia está sacando a la superficie lo mejor de la humanidad. LEA

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* Un pajarillo es una pieza para joropo, el baile típico venezolano, construida sobre una escala menor. Nuestra arpa llanera, a diferencia de la clásica, sólo puede afinarse para que suenen notas de una determinada escala mayor o una menor. Una pieza con notas de una escala mayor recibe el nombre de seis. (Seis por derecho, por ejemplo).

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