Dos músicos de alto nivel

 

Dos de los grandes

 

Son muy distintos John Barry y Marc Anthony, pero cada uno en su carácter es músico especialísimo, con una artesanía cuidada, responsable, que rinde piezas extraordinariamente satisfactorias al oído. Bueno, Barry ya no lo es, puesto que falleció en 2011, aunque su música permanece para nuestro deleite. Hijo de un operador y dueño de salas de cine irlandés y de una pianista clásica inglesa, nacido en York, fue la perfecta fusión de ambas raíces: Barry nos legó, precisamente, un buen número de musicalizaciones para películas, todas con su elegante y noble sello, reconocido con cinco premios Oscar; cuatro por la mejor partitura original: Born Free (1966), El León en Invierno (1968), África Mía (1985), Danza con Lobos (1990) y el quinto por mejor canción original, igualmente por Born Free. A esto habría que sumar dos reconocimientos de BAFTA y un Globo de Oro.

Oigamos tres de sus particularísimos temas: el de Born Free, luego el de El León en Invierno (con un coro que canta en latín*) y el especialmente bello de Somewhere in Time, una película de 1980 con Jane Seymour, actriz de intrigante belleza que es pretendida, mediante el retroceso en el tiempo, por el personaje que encarna Christopher Reeve.

 

 Born Free

 The Lion in Winter

 Somewhere in Time

 

Y ahora escuchemos tres de las numerosas producciones del más refinado genio de la salsa, Marc Anthony. (Esto es un nom de guerre escogido por quien fuera bautizado por sus padres, Felipe Muñiz y Guillermina Rivera, con el mismo nombre del magnífico cantante mexicano Marco Antonio Muñiz. La escritura inglesa fue la forma escogida artísticamente para evitar la confusión de los homónimos). Primeramente, Valió la pena (Premio Grammy 2005); a continuación Tu amor me hace bien, del mismo álbum que la anterior; finalmente, la estupenda pieza No me ames, en video proporcionado por YouTube que vale la pena ver a pantalla completa y en el que el compositor neoyorquino de origen portorriqueño canta con quien fuera su esposa, la impar Jennifer López.

 

 Valió la pena

 Tu amor me hace bien

 

 

Debemos estar agradecidos de ambos músicos, creo yo. LEA

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* Regis regum rectissimi prope est dies Domini, dies iræ et vindictæ, tenebrarum et nebulæ, diesque mirabilium tonitruorum fortium, dies quoque angustiæ, mæroris ac tristitæ.

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De audición infrecuente

 

Las perlas musicales escondidas

 

A Susana Carolina Gil Olo, de nobles raíces estonianas.

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Es poco probable que el nombre de Hugo Alfvén, compositor nacido en Estocolmo, sea familiar incluso para melómanos avezados, pero apuesto a que muchos hemos oído su Rapsodia sueca #1, apodada Midsommarvaka, (Vigilia en medio del verano). Cotejemos nuestra memoria musical con esta versión de la Orquesta de Filadelfia, conducida por quien la puliera hasta la perfección, el húngaro Eugene Ormandy:

 Rapsodia sueca #1

Asimismo, apuesto alto a que el nombre de Julius Fučík, músico nacido en Praga, es bastante desconocido entre nosotros, aunque todos recordemos instantáneamente su Entrada de los gladiadores, probablemente escuchada por primera vez en una función de circo (Elgar Howarth dirige el Ensemble de Philip Jones):

Entrada de los gladiadores

Más de una vez vi la carátula de discos con piezas de Ernst von Dohnányi, un compositor húngaro no tan innombrado, en el salón de música de mi compinche y maestro sinfónico, Rafael Sylva, y creo recordar lo mismo en casa de un gran amigo de juventud, Johann Ossott Franklin. El recuerdo es sólo visual; no fue sino hasta hace muy poco cuando oyera su primera sinfonía, cuyo movimiento inicial pongo acá abajo (Leon Botstein dirige la Orquesta Filarmónica de Londres):

Sinfonía #1 en Re menor – 1. Allegro

¿Había oído algo del sueco Johan Svendsen? Nada de nada. He aquí una hermosa pieza suya, con Miklos Szenthelyi en el violín y Gyorgy Gyorivånyi-Råth al frente de la Orquesta Estatal Húngara:

Romance en Sol mayor

Tal vez haya escuchado cuando niño, en casa de mi madrina de bautizo, el aria de Stanislao Gastaldon que continúa este grupo de piezas, pues ella tenía unos cuantos discos de 78 r. p. m. con grabaciones de Enrico Caruso, quien acá la canta. Entiendo que fue o era una canción popular:

Musica prohibita

De quien sí había aprendido algo era de Josef Suk, e incluso que fue discípulo y yerno de Antonín Dvořák, pero no hace mucho que descargué su refrescante Serenata para cuerdas, a cargo de Bohdan Warchal ante la Orquesta de Cámara Eslovaca:

Serenata para cuerdas en Mi bemol mayor – 1. Andante con moto

Deliberadamente, dejé de última la pieza que prefiero en este grupo de obras: el primer movimiento del Concierto para piano y orquesta en Sol mayor de Artur Lemba, la primera obra de esa clase compuesta en Estonia. (Lemba también compuso la primera sinfonía estoniana). Mihkel Poll al piano y Paul Mägi, quien dirige la Orquesta Sinfónica de la Academia Estoniana de Música y Danza, se encargan de cerrar esta ofrenda de música inusual, pero muy satisfactoria.

Concierto #1 en Sol mayor – 1. Allegro moderato

 

Una galería de músicos indespreciables

 

Seguiremos escarbando. LEA

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Azul blue

 

Ferde Grofé se inclina sobre George Gershwin mientras éste toca el piano

 

A J. R.

 

El blues (cuyo significado es melancolía o tristeza) es un género musical vocal e instrumental, basado en la utilización de notas de blues y de un patrón repetitivo, que suele seguir una estructura de doce compases. Originario de las comunidades afroamericanas del sur de los Estados Unidos a principios del siglo XX, en los años sesenta este género se convirtió en una de las influencias más importantes para el desarrollo de la música popular estadounidense y occidental. Se lo lee en géneros musicales como el ragtimejazzbluegrassrhythm and bluesrock and rollfunkheavy metalhip-hop, música country y pop.

Wikipedia en Español

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En la enumeración de Wikipedia faltó la música sinfónica; para incluir la asociación de blues y academia, George Gershwin se ocupó de componer Rhapsody in blue en 1924. Originalmente para piano y banda de jazz, con orquestación de Ferde Grofé (el compositor de la Suite del Gran Cañón), se vistió de orquesta sinfónica en 1942 cuando Grofé se encargó de nuevo de la partitura orquestal. Es la obra más famosa de Gershwin, con razón.

En 2011, la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles se propuso rendir un tributo a Gershwin e invitó a Herbie Hancock, el gran pianista de jazz, a interpretar la Rapsodia con el acompañamiento sinfónico que dirigiría Gustavo Dudamel. En su Conductor of the People, Arthur Lubow escribió para el Magazine de The New York Times (28 de octubre de 2007) un extenso artículo sobre el venezolano y el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, creación imperecedera de José Antonio Abreu; allí reproduce este testimonio:

Los músicos procuran asir palabras para expresar lo que hace tan excitante tocar para él. “Cuando está dirigiendo la pieza, uno siente como si estuviera siendo compuesta en ese momento; es como si la estuviese creando él mismo”, dice la primera clarinetista de la Filarmónica de Los Ángeles, Michele Zukofsky. “Lanza hacia atrás el pasado. Uno no se queda atascado en lo que está supuesto a ser. Es como jazz, en cierta forma”. (Director del Pueblo, 6 de noviembre de 2007).

Es justamente ella, Zukofsky, quien inicia la Rapsodia con el solo de su clarinete en este video de la feliz colaboración de Hancock con Dudamel y los músicos de Los Ángeles:

 

Nel blu di pinto di blu. LEA

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Más fuerte que el odio

 

Mariss Jansons, un superdotado de la dirección musical

 

A Oscar Álvarez Sylva, mi compinche insustituible

 

Hoy me ha hecho una falta enorme Rafael Sylva, al descubrir una grabación de la Segunda Sinfonía en Do menor (Resurrección) de Gustav Mahler, el compositor que supe apreciar gracias a sus lecciones, por la que fuera su orquesta favorita: la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam. Por la época en la que oía música y recibía sus enseñanzas en su casa, sólo llegamos a comparar la versión de Georg Solti frente a la Orquesta Sinfónica de Chicago y la de Leonard Bernstein con la Orquesta Filarmónica de Nueva York; era ésta la que prefería,* esencialmente por un fugaz pasaje tormentoso que emerge en el primer movimiento de la obra (a los 12′ 09″ del audio colocado abajo). Fueron muchas las veces en que puso, en su estupendo equipo de sonido, ese movimiento de la pieza para adoctrinarme. No llegamos a degustar juntos, sin embargo, la rica versión de la orquesta holandesa (que desde hace décadas la revista inglesa Gramophone ubica de primera en su autorizada lista de las mejores orquestas del mundo). El grado de detalle artesanal que logran sus ejecutantes es evidente en esta grabación de ese movimiento del que Rafael conocía hasta la última nota:

 Allegro maestoso

Quien marca la pauta es Mariss Jansons, el Director Principal de esa orquesta filigrana desde septiembre de 2004 hasta marzo de 2015, un músico tan increíble como los que guiaba con su batuta y sus gestos. De ellos dijo: “De pie en el podio delante de los músicos, siempre aprecié cuán especiales eran. Su aproximación a la hechura de la música va mucho más allá de cuestiones de sonido; es tan profunda, tan honda, tan noble… crean una atmósfera única, haciéndote sentir que has entrado en un mundo muy especial”.

Jansons está doblemente vivo de milagro. Casi murió de un infarto del miocardio en Oslo en 1996, a punto de concluir su dirección de La bohème, de Giacomo Puccini. (Su padre, Arvīds Jansons, igualmente director de orquesta, falleció por lo mismo doce años antes mientras dirigía la Orquesta Hallé, de Manchester). Hoy en día, Mariss Jansons porta en su pecho un desfibrilador encargado de reactivar su corazón en caso de falla. Pero su existencia misma es casi milagrosa: su madre, Iraida, era judía, y debió parirlo escondida, prácticamente contrabandeada fuera del Gueto de Riga (Letonia), donde su padre y su hermano fueron asesinados por los nazis.

Este asombroso director de orquesta es todavía (desde 2003) el Director Principal de la finísima Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera—sexta en la lista de Gramophone—, de la que ha dicho que conducirla es como manejar un Rolls Royce: “He aquí una orquesta que no sólo es muy brillante, sino que no tiene ninguna debilidad, compuesta de ejecutantes enormemente espontáneos y emocionales, que tocan cada concierto como si pudiera ser el último”. Antes se desempeñó un año (1979-1980) como Director Musical de la Filarmónica de Oslo, y es esta orquesta la que dirige acá en los poderosos y nobles compases de cierre del primer movimiento de la Sinfonía Manfredo de P. I. Tchaikovsky.

Manfredo – Final del 1er. mov.

Un paseo

He traído acá este fragmento no sólo porque es uno de mis pasajes musicales favoritos, sino porque sigo esperando resultados de la gestión noruega a favor de la apertura de una salida negociada a nuestra enmarañada situación política. De Riga a Oslo, para los nórdicos, es un paso, pero como de Oslo a Caracas el viaje es mucho más largo, los noruegos se habían mudado a Barbados. (Ver De Oslo a Bridgetown).

El diálogo y la música son más fuertes que el odio. “Ohne Musik wäre das Leben ein Irrtum” (Sin la música, la vida sería una equivocación), dijo Federico Nietzsche, y la política es evidentemente parte de la vida. LEA

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*Ésta es la concepción de Bernstein para la erupción musical contra la que Rafael Sylva medía toda otra interpretación de la Segunda Sinfonía de Mahler:

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Ocho gringas

 

La Escuela Juilliard de música, arte dramático y danza en Nueva York

 

…una gran república como los Estados Unidos, seguramente la presencia civilizatoria más admirable del planeta desde la época del Imperio Romano…

Bushit, 3 de julio de 2003

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Los Estados Unidos de Norteamérica producen música a raudales, todos los días, y han acunado a grandes artistas musicales: Barbra Streisand, Frank Sinatra, Elvis Presley, Bob Dylan, Glenn Miller, Scott Joplin, Louis Armstrong…

La música de los Estados Unidos es un reflejo de la población multiétnica del país a través de una amplia gama de estilos. Entre los géneros de mayor reconocimiento internacional, que tienen sus orígenes en el país, destacan marcha, country, bluegrass, las llamadas músicas afroamericanas, como el blues, Hip_hop, góspel, rhythm and blues, jazz, house, música disco, ragtime y rock and roll. Otros géneros musicales que tienen su origen en el país son pop, techno, reguetón, Salsa (género musical), y Barbershop. Además de varios subgéneros, como el dixieland, y otras músicas regionales. Asimismo, existen variaciones como la música cinematográfica y los musicales. (Wikipedia en Español).

Un cotejo de ese primer párrafo con el del artículo equivalente en inglés (WIkipedia) permite percatarse de que se trata de la misma caracterización; la música, para los estadounidenses, es primordialmente música popular. Su producción de música académica es exigua, si se la compara con el variado conjunto de géneros ya enumerados. No es abundante su música académica—ver American classical music—ni numerosa una lista de los compositores de EEUU que se dediquen a ella, y tampoco hay allá obras musicales que pudieran ubicarse en la primera fila de las composiciones junto con las italianas, alemanas, francesas, españolas o rusas.

En lo que sí se destacan es en la producción de grandes ejecutantes, tanto individualmente como de conjuntos orquestales. En la muy autorizada lista de la prestigiosa revista musical inglesa Gramophone, publicada desde 1923, la Orquesta Sinfónica de Chicago ocupa el quinto lugar en el mundo, y las de Cleveland (7ª), Los Ángeles—la dirigida por Gustavo Dudamel—8ª), Boston (11ª), Nueva York (12ª), San Francisco (13ª), Metropolitan Opera (18ª) superan en número a las cuatro orquestas alemanas incluidas y a todas las demás, con el 30% de la representación total. Ejecutantes como William Kapell, Leonard Bernstein, Murray Perahia, Leon Fleisher, Isaac Stern, Van Cliburn, Joshua Bell, Oscar Levant, Gary Graffman, Byron Janis y muchos nacionalizados, atestiguan cuán importante es la música clásica en los Estados Unidos.

Copland

En todo caso, en los Estados Unidos se ha producido música “culta” que vale la pena escuchar, como constataremos en esta entrada. Comencemos por alguien que dirigió la Orquesta Sinfónica de Venezuela en 1956, Aaron Copland, tal vez el más importante de sus compositores. De su ballet Billy the Kid, oigamos la sección del duelo de pistolas y la subsiguiente celebración por la captura del delincuente, que llevan a la conclusión de la obra. Luego, una de sus piezas más acabadas, El Salón México, inspirada por un salón de baile real que el compositor conociera. (La primera obra es interpretada por la Orquesta de Filadelfia, conducida por Eugene Ormandy; la segunda por el mismo compositor a cargo de la New Philharmonia Orchestra de Londres, Inglaterra).

Billy the Kid

El Salón México

 

Hovhaness

Con tales aperitivos, podemos acometer como curiosidad musical, advierto, un plato de difícil degustación: la rarísima composición de Alan Hovhaness—nacido en Somerville, Massachusetts, de madre estadounidense y padre armenio—que tituló Y Dios creó grandes ballenas. (En el Génesis—1:21—se lee “Y dios creó los grandes monstruos marinos”, que en una Biblia en inglés resulta en el título de la pieza). Se trata de un poema sinfónico en lenguaje musical ultramoderno (1970) y ¡grabaciones de sonidos emitidos por ballenas reales! Troy Peters dirige la Orquesta Juvenil de San Antonio (Texas):

Y Dios creó las ballenas

 

 

Grofé

Mucho más fácil de disfrutar es la Suite del Gran Cañón, de Ferde Grofé. Es música descriptiva, que llega a pintar en sonido un chaparrón con truenos y relámpagos distinguibles—más fielmente que la tormenta de Ludwig van Beethoven en su Sexta Sinfonía (Pastoral)—, e incluye hermosas melodías. En cinco movimientos, he aquí los tres últimos. (De nuevo, son Ormandy y los músicos de Filadelfia los ejecutantes):

En el sendero

Puesta de sol

Chaparrón

 

Gershwin

Es sabido que George Gershwin—Porgy and Bess, Rhapsody in blue, Un americano en París—se inspiró en temas afroamericanos y tomó prestado del jazz para componer música. Una de sus más brillantes composiciones es su Concierto en Fa, del que aquí se coloca el tercero (último) movimiento. Earl Wild al piano, y Arthur Fiedler comandando la Orquesta Boston Pops (integrada por músicos de la Sinfónica de Boston) se encargan de la ejecución del Allegro agitato:

Concierto en Fa

 

Barber

Para el cierre, la proposición es el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, no sólo porque es hermoso sino porque es la obra de mayor calidad musical de esta muestra. Por tercera vez, los convocados son los músicos de la Orquesta de Filadelfia dirigidos por Eugene Ormandy, el húngaro sucesor de Leopold Stokowski que la condujera y la puliera, durante 44 años, como conjunto reconociblemente opulento.

La Orquesta de Filadelfia desarrolló a lo largo de su duradera etapa con Ormandy una sonoridad que la diferenciaba de las demás orquestas de élite. Mientras que Fritz Reiner en la Sinfónica de Chicago consolidaba su sonido sólido y George Szell en la Orquesta de Cleveland conseguía una penetrante perfección; mientras que Mitropoulos y luego Bernstein hacían de la Filarmónica de Nueva York una formación muy técnica aunque de sonido un tanto áspero, Ormandy formó a los profesores de Filadelfia hasta convertirlos en insuperables virtuosos de la brillantez y de la puntuación exquisita. (Wikipedia en Español).

Adagio para cuerdas

Música bellísima, que a alguien que conozco muy bien le produce ansiedad. (Explicablemente). LEA

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Avisos desatendidos

 

Según Marcos, lo registraba y sufría Jesús de Nazaret

 

…lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro.

Alexis de TocquevilleEl Antiguo Régimen y la Revolución (1856)

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Sobre la manía de anticipar:

Crazy States [1971] fue publicado antes de que el líder libio Muammar Gaddafi comenzara a enviar sub-ametralladoras por valija diplomática, y en un momento en el que muchos en el mundo jamás habían oído de un ayatollah. También eran desconocidos líderes tan infames como Pol Pot y Saddam Hussein. Crazy States fue escrito en una era antes de que terroristas y movimientos separatistas y de liberación comenzaran a volar aviones y autobuses, secuestrar civiles y políticos y asesinar atletas olímpicos. Dror puso gran energía en probar que su visión del futuro habitaba el reino de lo probable. Crazy States dibujó el mapa de una visión que los humanistas encontraron difícil de aceptar. La prestigiosa American Political Science Review observó: “Brillante pensamiento… pero ¿cómo se puede ser tan fantástico y estar tan distanciado de la realidad?” En retrospectiva, aunque Dror pudo reír de último, su risa era hueca: “Tengo sentimientos encontrados por haber tenido razón, a la vez satisfacción y pesar”, me dijo: “satisfacción intelectual; pesar en tanto ser humano”. (Crystal ball, crystal clear. Daniella Ashkenazy The Jerusalem Post, 3 de agosto de 1991).

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El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. (Salida de estadista – El Diario de Caracas, 21 de julio de 1991).

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En ese caso el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, 22 de septiembre de 1987).

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La asonada de Chávez, Arias Cárdenas et al., se supo luego, estuvo prevista para fines del año de 1991. Debía darse para el 16 de diciembre de ese año, con la pretensión de amanecer en el poder en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar. (Las élites culposas, mayo 2012).

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Hace unos días decía Ibsen Martínez en el diario Tal Cual: “Los lectores, pienso seriamente, deberían llevar anotaciones, como se hace en el parque de béisbol, y tomar en cuenta el average de aciertos que muestren sus analistas favoritos”. (Perder es cuestión de método, 2 de junio). No será un promedio de bateo, pero esta publicación produjo un límpido hit el pasado 13 de marzo: “No es noticia fresca para las FARC, por consiguiente, su propio desplome, signado por el repliegue, la precariedad y la disensión intestina. Es más, ahora parece probable que hubieran depuesto ya las armas para este momento de no haber mediado el aliento y el apoyo material y financiero que les haya hecho llegar el gobierno presidido por Hugo Chávez. Es muy probable que hayan sido los sueños opiáceos—más bien cocáceos—de Chávez lo que haya frenado una capitulación más temprana de los irregulares, al persuadirles de que sus fuerzas, sumadas a las tropas hermanas de Venezuela, Ecuador y Nicaragua podrían acabar con la podrida cúpula uribista, heredera de los asesinos del Libertador en Santa Marta. Pero ahora van a constatar que son tan desechables para Chávez como lo son Rafael Correa, Luis Tascón, Juan Barreto o Raúl Baduel. Ahora verán cómo el apoyo del gobierno venezolano se esfuma súbitamente. No es Chávez quien querrá mantenerse en sociedad con unos perdedores. Antes explicará a Fidel Castro que los guerrilleros en Colombia no sirven para nada, y que son una causa perdida”. (El mundo encima, Carta Semanal #278 de doctorpolítico). Al menos acá, por tanto, no hubo sorpresa alguna en la amonestación que Hugo Chávez hiciera a las FARC en su acostumbrado sermón dominical.  (Carta Semanal #290, 12 de junio de 2008).

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Siento angustia de no poder convencer a la sociedad en la que vivo.

José Mujica (La Diaria, 5 de septiembre de 2019).

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