La resurrección de un padre

 

Ariana y Hans Neumann

 

Lo que sigue es traducción al español de una reseña—Hiding from the Gestapo in plain sight in Berlin—que aparecerá el sábado 15 de este mes en la edición impresa de The Spectator, la venerable revista inglesa fundada en 1828. Da cuenta de una obra extraordinaria, producto de la investigación de Ariana Neumann Anzola sobre la vida de su padre antes de su llegada a Venezuela en 1949, de la que él prácticamente no hablaba. Tuve la inmensa suerte de trabajar para él durante más de once años; Hans era un caballero verdaderamente monumental. Cuando se estrenó en el Centro Comercial Chacaíto de Caracas la sala Cinema Uno, se escogió abrirla con El dios fingido (The Magus), película basada en la novela homónima de John Fowles, y mi entusiasmo con el filme me llevó a verlo tres veces, la última en compañía de Hans, a quien convencí de que valía la pena. Una de sus escenas reconstruye la masacre con ametralladoras nazis de ciudadanos griegos comunes, y Hans, sentado a mi derecha, saltó en su asiento clavando sus dedos en mi brazo. Mi inconsciencia no había calculado la aguda pena que la escena le causaría removiendo sus insoportables recuerdos. En otra ocasión, cuando se separaba de su primera esposa para casarse con la madre de Ariana, me confió: “Cuando me casé con Milada [Svaton], vivíamos una época en la que quien se permitiera un sentimiento era hombre muerto”. LEA

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Escondiéndose a plena vista de la Gestapo en Berlín

 

Ariana Neumann describe la extraordinaria existencia de su padre en tiempos de guerra, como judío checo que se movía libremente por la capital alemana

 

Anne Sebba

 

De los muchos momentos sombríos que se han alojado en mi mente desde que leí este libro extraordinario, el más inquebrantable es la imagen del otrora respetable Otto Neumann caminando hacia su muerte bajo una lluvia torrencial, por cuyo rostro y ojos corría betún negro. Su destino quedó sellado cuando un cabello plateado revelado debajo aseguró que se le considerara demasiado viejo como para ser seleccionado para trabajar. Fue enviado a las cámaras de gas de Auschwitz.

Pero si este aguacero, en un mundo horriblemente loco, se puede considerar mala suerte—después de todo, Otto y su esposa Ella se las habían arreglado para sobrevivir en el infierno que fue Terezín durante dos años—Hans, su pequeño hijo. escondido, llegaría a tener momentos de asombrosa buena suerte que aseguraron su supervivencia. Después de la guerra, tal vez su mayor suerte fue tener una hija que ha dedicado años a desentrañar y reconstruir las experiencias de guerra de las que nunca podría hablar con nadie, y menos aún con ella. Sin embargo, él quería claramente que ella escribiera esta historia, y a su muerte en 2001 le dejó una caja de papeles que, ella cree, le dio permiso para continuar la búsqueda.

En realidad, la búsqueda comenzó mucho antes, cuando Ariana, criada como católica en Caracas, jugaba con algunos amigos de la escuela que pretendían ser parte de un club de detectives o espías, al que llamaron el Club de la Bota Misteriosa. Uno de los primeros documentos que descubrió fue una tarjeta de identidad de 1943 con el nombre de Jan Sebesta y una estampilla de Hitler, pero con una foto de su padre cuando era joven. Sin embargo, cuando corrió hacia su madre gritando que su padre debía ser un impostor, nadie le dijo nada más. No se alentaba ninguna discusión acerca de lo que había sucedido antes de su exitosa vida como un rico industrial y coleccionista de arte en Venezuela, adonde se mudó con casi nada en 1949. Y sin embargo, hubo vislumbres ocasionales y desconcertantes, como cuando en 1990 llevó a su hija de regreso a Praga y, deteniéndose en la cerca de malla de alambre a lo largo de las vías del tren de Bubny, rompió a sollozar incontrolablemente. Nunca pudo contarle a su única hija el devastador evento que tuvo lugar allí en 1942. Tendría que averiguarlo por sí misma.

Durante los años transcurridos desde la muerte de su padre, Neumann ha localizado y reunido cientos de documentos y pistas para crear este conmovedor recuento de la supervivencia de su progenitor en tiempos de guerra. Hacia la mitad del libro está el relato de cómo evitó por primera vez la deportación, escondiéndose en una partición estrecha especialmente construida en la fábrica de pinturas de su familia en Praga. Cuando su existencia allí se volvió demasiado peligrosa, él y su amigo Zdenek, en cierto sentido el verdadero héroe de este libro, idearon un intrépido plan para que él viajara a Berlín con papeles falsificados y trabajara bajo un nombre falso en una fábrica de pinturas de Berlín que estaba desarrollando un nuevo sistema de camuflaje para cohetes alemanes.

La historia de cómo este judío checo buscado por la Gestapo, escondido a la vista en Berlín donde tuvo una relación con una viuda de guerra alemana, fue elogiado por su innovador trabajo por un jefe abiertamente nazi, y recorrió la capital alemana en 1943, es impresionante. Hacia el final de la guerra, incluso, se convirtió en espía que pasaba información a un compañero de trabajo holandés en la fábrica de pinturas.

El libro en Amazon

“Lo que queda”, parte del subtítulo de este poderoso libro, es una frase modesta para lo que es un logro gigante. Porque lo que queda es tan vasto… mucho más que una vida sacada de las sombras: es el profundo amor y la humanidad de una hija hacia un padre complejo y ocasionalmente difícil que trató de protegerla del dolor de saber sobre su vida anterior, pero también es la historia amorosamente recreada de toda una familia. Especialmente reveladora es la manera, valientemente tierna, con la que Neumann escribe sobre los abuelos que nunca conoció y que ahora ha compartido con nosotros: una pareja de mediana edad que se acercó a la devastación de los campamentos con actitudes marcadamente diferentes ante la vida.

Ella, ligeramente coqueta, habría hecho casi cualquier cosa para sobrevivir (el casi es importante), lo que resultó en las acusaciones de su esposo Otto de que tenían un ‘matrimonio fallido’ y que su esposa estaba teniendo una aventura con el hombre del campamento para el que ella fungía como ama de llaves. Neumann, lejos de ser crítica, muestra simplemente cuán imposible era la vida, agradecida de que por fin encontrara a la familia que estaba oculta por el silencio. “He recuperado la esencia de ellos y los llevo en mi corazón; ahora que finalmente están conmigo, me niego a decirles adiós”.

Una de las fortalezas clave de las memorias de Neumann es su terca investigación de los asombrosos detalles de la vida cotidiana en los campamentos, gracias en parte a las cartas que sus abuelos sacaron de contrabando, pero también a los relatos escritos por quienes los conocieron. La historia de su agotado abuelo, condenado a muerte por el fallido tinte de betún para el cabello bajo la lluvia de noviembre, proviene de un testigo en el mismo transporte. Este libro es escalofriantemente triste, pero en general optimista, y de ninguna manera es simplemente otra historia del Holocausto. Es un tesoro para saborear como testamento de la voluntad humana de sobrevivir.

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Castillos y armas de la C. I. A.

 

La obra más reciente (2019) de Mario Vargas Llosa

 

La más reciente novela de Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura en 2010, versa sobre la abusiva y criminal intromisión estadounidense en Guatemala para deponer el gobierno presidido por Jacobo Árbenz. El escritor escogió titularla Tiempos recios.

He aquí hechos reportados por Wikipedia en Español acerca de la deposición de Árbenz, Presidente de Guatemala elegido democráticamente en 1950, mediante golpe de Estado urdido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a partir del cabildeo de la United Fruit, también conocida como UFCO. (“Durante el siglo XX, United Fruit Company se convirtió en una fuerza política y económica determinante en muchos países de dicha región (las llamadas «repúblicas bananeras»), influyendo decisivamente sobre gobiernos y partidos para mantener sus operaciones con el mayor margen posible de ganancias, al extremo de auspiciar golpes de Estado y sobornar políticos”).

La empresa frutera había reportado un valor bajo de sus propiedades ante el fisco guatemalteco, de modo que cuando se implementó la reforma agraria, la indemnización ofrecida estaba basada en esta información y no en el valor real de las propiedades; el gobierno del presidente Dwight Eisenhower consideró un atropello que el gobierno de Guatemala se basara en la información que la UFCO había proporcionado al gobierno guatemalteco para ofrecer la indemnización, y lo hizo saber a Árbenz mediante el embajador Peurifoy. John Foster Dulles, secretario de Estado y miembro del consejo directivo de la UFCO, exigió veinticinco veces más que el valor reportado—que era lo que realmente valían las tierras, pero que no se había informado al gobierno guatemalteco para pagar únicamente la vigésimo quinta parte de los impuestos correspondientes. Paradójicamente, Jacobo Árbenz, acusado de conspiración comunista, no se había inspirado en los trabajos de Lenin sino en los de Abraham Lincoln para impulsar la reforma agraria mediante el decreto 900, el cual se proponía modernizar el capitalismo en Guatemala y era más moderado que las leyes rurales norteamericanas del siglo xix. Ahora bien, los directivos de la United Fruit Company (UFCO) habían trabajado intensamente en los círculos del gobierno de Harry S. Truman y del general Dwight Eisenhower para hacerles creer que el coronel Árbenz intentaba alinear a Guatemala al Bloque Soviético. Lo que ocurría era que la UFCO se veía amenazada en sus intereses económicos por la reforma agraria de Árbenz, que le quitaba importantes cantidades de tierras ociosas, y el nuevo Código de Trabajo de Guatemala, que ya no le permitía utilizar las fuerzas militares guatemaltecas para contrarrestar las demandas de sus trabajadores. Como la mayor terrateniente y patrona de Guatemala, el Decreto 900 resultó en la expropiación del 40 % de sus terrenos. Los oficiales del gobierno norteamericano tenían pocas pruebas del crecimiento de la amenaza comunista en Guatemala, pero sí una fuerte relación con los personeros de la UFCO, demostrando la fuerte influencia que los intereses corporativos tenían sobre la política exterior norteamericana:

-El secretario de Estado norteamericano John Foster Dulles era un enemigo declarado del comunismo y un fuerte macartista, y su firma de abogados Sullivan and Cromwell ya había representado los intereses de la United Fruit y hecho negociaciones con gobiernos guatemaltecos;

-Por su parte, su hermano Allen Dulles era el director de la CIA y además, miembro del consejo directivo de la UFCO. Junto a su hermano, estuvo en la planilla de la UFCO durante 38 años.

-El hermano del subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos John Moors Cabot había sido presidente de la frutera.

-Ed Whitman, quien era el principal lobista de la United Fruit ante el gobierno, estaba casado con la secretaria personal del presidente Eisenhower, Ann C. Whitman.

(…)

Con el apoyo de los Estados Unidos, bajo el mando del coronel Carlos Castillo Armas que se encontraba exilado en Honduras, de Juan Córdova Cerna, director de la CIA en Centroamérica, y El Cristo Negro de Esquipulas como Capitán General de la Cruzada Liberacionista, se inició la invasión.

Invasión

A las 20:00 del 18 de junio [de 1954] las fuerzas del coronel golpista Castillo Armas cruzaron la frontera. Divididas en cuatro grupos de unos 480 soldados, entraron a través de cinco puntos a lo largo de la frontera hondureña y salvadoreña para simular mayor número de soldados de un amplio frente y para reducir la posibilidad de que la tropa entera se encaminara por un único camino desfavorable. Además de estas tropas regulares, diez saboteadores entrenados en Estados Unidos fueron delante explotando los puentes claves y cortando las líneas de telégrafo. Todas las fuerzas de invasión fueron instruidas para reducir al mínimo encuentros reales con el ejército guatemalteco, sobre todo para evitar dañar la imagen del ejército nacional contra los invasores. El desarrollo entero de la invasión fue expresamente diseñado para sembrar el pánico, dar la impresión de poseer fuerzas insuperables, y atraer la población y a los militares a su lado, antes que derrotarlos.

Durante la invasión, la propaganda radiofónica que transmitía Lionel Sisniega Otero desde la embajada norteamericana enviaba falsos informes de enormes fuerzas que se unían a la población local en una revolución popular. Pero casi inmediatamente, las fuerzas de Castillo Armas fracasaron rotundamente: movilizándose a pie y obstaculizados por su pesado equipo no dieron impresión alguna de ser una fuerza poderosa. Esto debilitó el impacto psicológico de la invasión inicial, pues los guatemaltecos comprendieron que no había peligro inmediato; además, uno de los primeros grupos que llegaron a su objetivo —ciento veintidós rebeldes que pretendían capturar la ciudad de Zacapa— fue aplastado por un pequeño contingente de treinta soldados del ejército guatemalteco y sólo veintiocho rebeldes pudieron escapar.

Una derrota mayor sobrevino al grupo de ciento setenta rebeldes que emprendieron la tarea de capturar la protegida ciudad costera de Puerto Barrios: después de que el jefe de policía descubriese a los invasores, rápidamente armó a los trabajadores portuarios locales y les asignó papeles defensivos; en cuestión de horas casi todos los rebeldes fueron muertos o apresados, mientras que el resto huyó de regreso a Honduras. Tras tres días de supuesta invasión, dos de los cuatro grupos golpistas de Castillo estaban vencidos. Intentando recuperar el ímpetu, Castillo ordenó un ataque aéreo sobre la capital al día siguiente, que fracasó puesto que sólo un avión logró bombardear una pequeña cisterna de petróleo, creando un fuego menor sofocado en veinte minutos.

Se formaron las brigadas de sanidad y las brigadas juveniles comunistas que patrullaban las calles por la noche, y que reclamaron infructuosamente al gobierno la entrega de armas.

Después de los rotundos fracasos rebeldes, el presidente Árbenz mandó a su comandante militar que permitiese a los rebeldes adentrarse en el país, ya que tanto él como su comandante principal no temían al ejército rebelde pero estaban preocupados de que si eran aplastados darían un pretexto para una intervención abierta militar norteamericana, como ya había amenazado el embajador Peurifoy. La clase oficial, temerosa del ataque norteamericano, no quiso contraatacar y derrotar a la diezmada tropa de Castillo. Árbenz temió que sus oficiales intimidados pactaran con Castillo; lo cual se confirmó cuando una guarnición entera del ejército se rindió ante Castillo unos días más tarde en la ciudad de Chiquimula; finalmente, el 27 de junio de 1954, los jefes del Ejército de Guatemala decidieron ignorar la autoridad de Árbenz y exigir su renuncia. Árbenz convocó su gabinete para explicar que el ejército estaba en la rebelión y luego anunció su renuncia al pueblo guatemalteco.

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Acá está el video de una presentación de Mario Vargas Llosa en Casa de América (Madrid), introducida y moderada por Pilar Reyes, Directora de la División Literaria de Penguin-Random House. Luego de una introducción por el escritor, quedó registrada una nutrida secuencia de preguntas a Vargas Llosa y sus respuestas.

Karina Sainz Borgo, enviada de la revista Vozpópuli en la que escribe profusamente y, por supuesto, autora venezolana de La hija de la española, hizo una pregunta a Vargas Llosa que suscitó una respuesta de casi diez minutos, la que eludió por completo lo que se le había preguntado. (¿Incomodidad con la pregunta? ¿Olvido senil?) He aquí el audio de esa interacción, entresacado del video precedente:

 

Bienvenida esta novela del Premio Nobel peruano, cuya lectura recomiendo a Juan Guaidó. LEA

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Crimen y Castilla

 

La tortura de la lengua es práctica antigua (friso en la Catedral de Santiago de Compostela, s. XII)

 

En agradecimiento de la visita de Ana Luisa Capdeviele

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¿Qué importan las palabras si expresan lo que queremos decir?

Fiódor Dostoyevski – Crimen y castigo, Capítulo IV

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Prescribe el Artículo 9 de la Constitución: “El idioma oficial es el castellano” (idéntica provisión a la del Artículo 6 de la constitución precedente, de 1961) y la autoridad suprema sobre ese idioma es la Real Academia de la Lengua, de la que pudiera decirse parafraseando nuestro vigente lenguaje constitucional (Art. 336):

La Real Academia de la Lengua garantizará la supremacía y efectividad de las normas y principios gramaticales; será la máxima y última intérprete del castellano y velará por su uniforme interpretación y aplicación.

El significado de castellano, por supuesto, nos informa esa misma Academia, es “Natural de Castilla, región de España” y también “Perteneciente o relativo al castellano”, en tanto lengua, dialecto o variedad. (En total, lo que llamamos el DRAE, herramienta fundamental de nuestros tribunales, registra 18 acepciones del término.

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El libro de Rosenblat

En la introducción de su libro Buenas y malas palabras, ya advertía el gran filólogo Ángel Rosenblat:

Si una expresión es del habla popular o familiar, tiene su legitimidad en sí misma. La manera de hablar del pueblo venezolano, o del colombiano, argentino, castellano o andaluz, debe inspirar siempre el mayor respeto. La voz del pueblo es casi siempre la voz de Dios. Pero con el habla culta, la del libro, del periódico o de la conferencia, la actitud debe ser distinta. La lengua se afina desde la escuela hasta la universidad, desde la carta hasta el libro o el periódico, desde la conversación hasta la conferencia, y el filólogo no puede de ningún modo permanecer indiferente ante el uso del lenguaje o la educación del lenguaje. La lengua popular y familiar debe tener color local, debe ser espontánea y vivaz. En cambio, la lengua culta obedece a normas generales de unidad hispánica.

Antes había explicado el título de la más famosa de sus obras: “…fue el que me sugirió Mariano Picón Salas, con cierta picardía, para mi colaboración en el «Papel Literario» de El Nacional. Desde mi punto de vista filológico no hay «malas palabras». Toda palabra, cualquiera que sea la esfera de la vida material o espiritual a que pertenezca, tiene dignidad e interés histórico y humano”.

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Otra cosa es lo gramatical, la fisiología del lenguaje, su mecánica, sus reglas para combinar palabras, que son sólo los átomos de las moléculas del discurso: las oraciones, cuya composición está igualmente sujeta a la gramática (“Parte de la lingüística que estudia los elementos de una lengua, así como la forma en que estos se organizan y se combinan” Diccionario de la Lengua Española).

En el plano meramente léxico, como asentara Rosenblat, si una palabra es empleada y entendida por un número apreciable de parlantes de una lengua específica entonces debe ser admitida. Desde la publicación póstuma (1916) del Curso General de Lingüística de Ferdinand de Saussure, sin embargo, se distingue entre lengua y habla: “Una de las dicotomías más importantes que realiza se da al separar el lenguaje en lengua o langue (sistema de signos) y en habla o parole (manifestación particular de ese sistema en el acto de comunicación)”. (Wikipedia en Español). Es lo primero, el sistema de signos, lo que se define por un conjunto de reglas gramaticales. En castellano, por caso, es gramaticalmente incorrecto el cierre de una oración con una preposición, como sí es posible en el terrible (y preciso) idioma alemán: “Ich mache die tür mit dem schlüssel…” Hasta allí sabemos que se le va a hacer—mache, de donde proviene el inglés make—algo a la puerta (tür, door) con la llave (schlüssel), y no es sino al cierre de la oración en aufzu cuando nos enteramos de si es abrirla o cerrarla. ¡Uf! Una lengua que se construye para el suspenso.

La gramática del castellano, especialmente después del monumental trabajo de Andrés Bello, es extraordinariamente lógica* y coherente, y a eso contribuye una pronunciación consistente. Otras lenguas no son tan uniformes; para burlarse del inglés en el que escribía, George Bernard Shaw retó al público que asistía a una de sus conferencias a que pronunciara una palabra por él inventada, la que escribió en un pizarrón: ghoti. Algunos asistentes propusieron (en aproximación fonética castellana) goutigotái. Shaw les dijo que la pronunciación correcta era ¡la de fish! (pez) y argumentó: “En enough (enof, suficiente) la combinación gh suena como efe; en women (uimen, mujeres) la o se pronuncia como i, y en rationnation (reishon o neishon, ración o nación) las letras ti suenan como sh”. No tenemos ese problema de inestabilidad en la pronunciación** española; tampoco lo tenemos con nuestra gramática, en la que hay sólo muy pocas excepciones a sus perfectas y muy razonables reglas.

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Las causas del cambio lingüístico son diversas; una particularmente frecuente es la de series cortas de verbos a los que corresponde un sustantivo que a su vez da origen a otro verbo. Por ejemplo, la serie promover, promoción, promocionar, o la de influir, influencia, influenciar. (Una noción relativamente reciente es la inglesa de influencer, y el diccionario aún no reconoce “influenciador”, lo que no arredra a la parla ejecutiva, que simplemente opta por decirlo en inglés). Más de una vez, ese mecanismo generador arriba a vocablos tan innecesarios como feos, como en el caso de abrir, apertura y el horrible aperturar de la jerga bancaria; no se necesita este barbarismo—DRAE: Incorrección lingüística que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios—para abrir una cuenta de ahorros. (Para no hablar de printear en lugar de imprimir).

¿Enemigo del buen lenguaje?

Muy explicablemente, el impacto de la poderosa tecnología de la informática y sus “redes” ha sido enorme sobre ese proceso de cambio, y no siempre para bien. El periodismo es desde hace tiempo un asunto digital, y como leemos más noticias que libros bien curados—curar. Cuidar de algo, poner cuidado—estamos expuestos a los vicios de lenguaje de más de un periodista, graduado sin que alcanzara un dominio responsable del idioma en el que escribe. (A mi paso por El Diario de Caracas, me vi forzado a dictar para los redactores un “taller de castellano instantáneo”, a fin de moderar sus frecuentes errores de escritura; antes, en el diario marabino La Columna, encontré periodistas jóvenes mejor formados en lenguaje).

Mencionaré unos pocos ejemplos de esta notoria y creciente falta de calidad en la escritura periodística. Del primero, repetido frecuentemente, sospecho que su causa es tecnológica. Una oración como “El ministro explicó ya la vez justificó…” debe provenir de un corrector automático con instrucciones defectuosas; lo correcto es escribir “El ministro explicó y a la vez justificó…”

Luego, está el caso de emplear adjetivos en lugar de adverbios, lo que ya ocurre desde hace décadas, bastante antes de que los correctores de celulares modificaran la escritura de algún “comunicador” que envíe sus trabajos desde su teléfono portátil. Este caso, por ejemplo: “El 19 de abril, se reunió un grupo de ciudadanos ante la Catedral de Caracas; paralelo a esto, el Alcalde Metropolitano colocó una ofrenda floral a los pies de la estatua del Libertador”. Gramaticalmente hablando, estaría uno autorizado a imaginar a Antonio Ledezma acostado en perfecta alineación entre las aceras de la catedral y la plaza Bolívar. Ha debido escribirse “paralelamente a esto”.

Finalmente, es redacción común algo como este ejemplo tomado de BBC Mundo:

Solecismos Se trata de la falta de sintaxis o un error cometido contra las normas del idioma. Un ejemplo:hubieron manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno”. Cuando lo correcto debería ser: hubo manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno”.

La misma fuente, al corregir la frecuente equivocación, incurre en dos errores: 1. “lo correcto” sería que escribiese “debiera” o “debiese” (formas subjuntivas) en lugar de la empleada conjugación condicional (“debería”) sin que la condición haya sido especificada; 2. “lo correcto” sería escribir “Un ejemplo: ‘hubieron manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno’, cuando lo correcto debiera ser ‘hubo manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno'”. En este caso, el adverbio de tiempo cuando no debe iniciar una oración separada sino enlazar de seguidas a ambas oraciones, sin separarlas por un punto.

Vale la pena usar ese ejemplo para explicar la causa de la incorrección (lo que BBC Mundo no hace) en casos similares. En castellano, el verbo concuerda en número (singular o plural) con el sujeto, no con los complementos de la oración. Así, es incorrecto decir o escribir “Se ponen inyecciones” o “Se hacen viajes y mudanzas”; debe usarse “Se pone inyecciones” y “Se hace viajes y mudanzas”. A tales oraciones se las conoce como cuasirreflejas, oraciones impersonales (que carecen de sujeto) con apariencia de reflejas. Una oración refleja es una en la que la acción del sujeto recae sobre sí mismo; por ejemplo, “Yo me peino”, “Ella se baña”. (Las inyecciones no se ponen a sí mismas). En cambio, “Hubo manifestaciones” es una oración impersonal, cuyo sujeto no existe o no está especificado, como en “Llueve”. Nadie es el sujeto de esta oración, y la regla es que en las oraciones impersonales el sujeto se presuma en singular: “Llueve a cántaros” o, más claramente, “Llueve sapos y culebras”, no “Llueven sapos y culebras”. Uno escribe “Él comió tres arepas”, con el verbo en singular aunque su complemento esté en plural, y “Ellos comieron un mango cada uno”, con el complemento directo en singular y el verbo en plural para concordar en número con el sujeto.

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Hace tiempo que planeaba escribir una nota como ésta; que la hubiera postergado tanto obedece a una triste presunción de causa perdida. Los enemigos son demasiados y muy poderosos, pero me consuelan estas palabras de Mahatma Gandhi, asesinado hace setenta y dos años un día como hoy:

Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca pidas disculpas por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto, y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad es siempre la verdad.

Espero que algo de responsabilidad gramatical penetre a la mayoría de nuestros periodistas. Repitamos el artículo de fe de Ángel Rosenblat: “La lengua se afina desde la escuela hasta la universidad, desde la carta hasta el libro o el periódico, desde la conversación hasta la conferencia, y el filólogo no puede de ningún modo permanecer indiferente ante el uso del lenguaje o la educación del lenguaje. La lengua popular y familiar debe tener color local, debe ser espontánea y vivaz.*** En cambio, la lengua culta obedece a normas generales de unidad hispánica”. Los profesionales de la comunicación social que maltratan nuestra lengua incurren en conducta criminal. LEA

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Quienes cursamos el bachillerato en el Colegio de La Salle de La Colina en los años cincuenta tuvimos el privilegio de contar, como profesor de Castellano y Literatura, con el pedagógico y elegante catalán Antonio Pons. Pronto captamos que cuando nos enseñaba a emplear nuestra lengua correctamente en verdad nos enseñaba Lógica.

** En el inglés estadounidense, se pronuncia arcansas cuando se menciona al río y arcansó para referirse al estado, y en ambos casos la escritura es la misma: Arkansas.

*** Rosenblat sostenía igualmente que la lengua es, como el vino, un organismo vivo; de allí que cambie.

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Con mucho orgullo

 

Ficha del libro de Nacha Sucre

 

A mi amada

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Descubrí hoy en Internet una compacta descripción del libro de mi esposa, Cecilia Ignacia (Nacha) Sucre Anderson: Alicia Eduardo – Una parte de la vida, que fuera editado por Fundación Empresas Polar en 2009. Traduzco la ficha de Open Library:

Nacha Sucre ha escrito una conmovedora historia de amor y de muerte, la de sus abuelos, Alicia Eduardo (Edwards) y Andrés Sucre. Una serie de poderosas anécdotas comienza en 1894 y concluye en 1950 con un vuelo trágico en Venezuela, sobrepuestas a previos eventos dolorosos que habían ocurrido en Maracaibo, Caracas y Lourdes (Francia). Una vena poética, y un talento para mover una historia, son recursos que la autora pone en juego para ofrecer una fabulosa y, sorprendentemente, edificante novela biográfica que se extiende de la Belle Époque en París, a través de la Gran Guerra, hasta tiempos de dictadura en Venezuela.

Tuve el honor y la suerte de escribir el prólogo de ese libro; la profesora de Nacha, Milagros Socorro, indicó que quien prologara los libros surgidos del VI Taller Periodismo y Memoria de Fundación Empresas Polar debía ser alguien que conociera bastante a sus autores, así que de esto dejé constancia al comenzarlo:

Quien escribe esta nota conoce a la autora de este libro de vista, trato y comunicación, puesto que es su esposo. Ha sido testigo del arduo y feliz proceso de su factura, y en alguna ocasión fue puesto en funciones subalternas de asistente de investigación y corrección. Puede certificar, por tanto, y con detallado conocimiento de causa, cómo es que Nacha Sucre emprendió camino de casi un año en la escritura, con dedicación admirable y seriedad característica de cronista responsable y justa.

La historia contada acá es entrañable, a veces desgarradora, siempre hermosa. Poblada con acontecimientos increíbles, sin duda el eco de sus peripecias emergerá de nuevo en novelas que Nacha emprenda, las que seguramente aguardan en su corazón, como mármol bruto, por las órdenes de su cincel de escritora.

Hasta que la escribiera se había limitado, desde hace no mucho, a construir relatos breves: cuentos tiernos o cómicos que sacaba de sus memorias infantiles o incidentes más próximos, unos con moraleja implícita, otros urgidos por contrastes y conexiones que sólo su conciencia había percibido. La profesora Milagros Socorro, puesta en autos de algunas de estas narraciones, entrevió con penetrante intuición que en ella había una escritora que esperaba florecer. Así fue como le sugirió inscribirse en el VI Taller Periodismo y Memoria patrocinado por la Fundación Empresas Polar, que nuestra Premio Nacional de Periodismo concibiera y conduce. Nacha decía que era ella sólo un ama de casa, algo asustada por el prestigio del taller y la reputación de los alumnos compañeros de los que se ha hecho amiga agradecida.

Gracias a esta experiencia tenemos una nueva Nacha, pues el taller le ha cambiado la vida. Mejor dicho, es la misma Nacha Sucre de siempre, sabia ante la vida y el amor, la misma mujer de fresca relación con lo real, que escribe as a matter of fact de modo eficaz y bello con el don de los escritores natos. Siempre estuvo allí; lo que ocurre es que la oportunidad del trabajo sistemático le hizo sentirse segura en la constatación de su poder, y ya sabe que es irreversiblemente una escritora.

Era método del Taller Periodismo y Memoria proyectar en una gran pantalla—el “paredón”—avances del trabajo de los alumnos, que eran criticados por los compañeros del autor y, naturalmente, por la maestra. El día en que Nacha presentó la primera muestra de su texto (4 de abril de 2006), me escribió Milagros Socorro:

Luis, podemos sentirnos orgullosos. Tú, porque, efectivamente, vives con una escritora. Y yo, porque mucho antes de comenzar el taller de este año, cuando hablamos tú y yo del ingreso de Nacha, tuve la intuición—ahora confirmada—de que ella sería un gran aporte al grupo. Así ha sido. Nacha tiene el don. Ya sabes, el de encantar a la audiencia con sus relatos, con sus visiones, con su percepción del mundo y ese tino para apuntarle a lo importante dejando lo adjetivo fuera de su foco. Además, por si no fuera suficiente, tiene la gracia: verbal, narrativa, conceptual.

Con su lectura de hoy, ha colocado al grupo en el anaquel del profesionalismo en el oficio. Eso es muy importante. Yo le hice una observación de las que se hacen a iniciados. A los escritores que tienen una buena historia, unos personajes, un punto de vista, un proyecto narrativo (de dónde parten y para dónde van), un tono bien afinado y, lo más importante, un gusto de contar. Su lectura fue la demostración no sólo de su talento sino de que ha aprovechado muy bien las clases que hemos dado hasta ahora: tiene una buena historia y la sabe ubicar en un contexto físico y espacial. Lo que he hecho es ayudarla a hacer consciente de que tiene unos personajes a cuyo punto de vista debe acostar el del narrador (o narradora); que si sus personajes se alejan del puerto, también el narrador seguir ese desplazamiento, de manera que si ella quiere contar la historia de Maracaibo, porque la ciudad ha acompañado el desarrollo de su personaje, debe valerse de herramientas narrativas (flash back, evocación, reflexiones del personaje) para aludir a ese contexto. Y no suspender la trama, descuidando el traslado de su personaje (que en ese momento se aleja del puente y va en el barco hacia la barra) descarriándose por la ciudad, que ha sido abandonada por el personaje.

En fin, teníamos razón.

Por supuesto, la teníamos. He aquí el primer párrafo que Nacha irguiera valientemente ante el paredón de fusilamiento:

Cada vez que aquellos hombres de puerto soltaban alguna de las gruesas amarras del barco, Juan se desprendía un poco más de su tierra natal, a la que más nunca volvería. En las suntuosas casas de comercio que daban su frente al lago, abrían ventanas para que entrara la luz y la brisa de la mañana. Jóvenes mujeres sacudían alfombras y ropas de cama en las ventanas de los pisos altos. Su rítmico movimiento hacía que parecieran inmensos pañuelos despidiendo a los viajeros.

Por lo que respecta a la vena poética que impresionara al anónimo (a) comentarista de Open Library—quien tiene razón al llamar al libro una novela—, he aquí el trozo de la obra que es mi favorito, por apenas cuatro palabras que destaco en negritas:

Para ellos fue impactante la cercanía de la imponente cordillera, el cerro Ávila, de inmensa mole verde como gigante siempre presente. Las ciudades donde hasta ahora habían vivido eran todas planas, y este cerro, este norte tan cercano de donde bajaban burros con flores de Galipán al amanecer, y adonde volvían las periqueras en las tardes después de bañarse en el río Guaire, los sobrecogió por algún tiempo.

Vivo con una escritora. LEA

El día de la presentación del libro en la Casa Lorenzo Mendoza de la Esquina de Veroes, hace diez años. En primer plano Nacha—tomada de las manos con nuestra hija María Ignacia—y Andrés Sucre Eduardo, el hijo mayor de Alicia Eduardo. Detrás de ellos, Eugenia Josefina y Luis Armando, primeros de nuestra prole.

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Soplando en el viento

larousse-semeuse

El diccionario de nuestra infancia

 

El Premio Nobel en Literatura para 2016 es conferido a Bob Dylan “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición americana de la canción”.

Boletín de Prensa de la Academia Sueca

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El Diccionario Larousse nos aportó su suave divisa: “Je sème à tout vent” (Yo siembro a todos los vientos). Eso mismo era el lema de combate musical-literario de Bob Dylan—Blowin’ in the wind—, Premio Nobel de Literatura de 2016. Alguien me preguntó hoy: “¿Y él escribió un libro?” No hacía falta; la literatura siempre fue cantada, como consta del Diccionario de la Lengua Española:

rapsoda Del fr. rhapsode, y este del gr. ῥαψῳδός rapsōidós, de ῥάπτειν ráptein ‘coser’ y ᾠδή ōidḗ ‘canto’ Recitador que en la Grecia antigua cantaba poemas homéricos u otras poesías épicas.

Que no venga nadie, por consiguiente, a cuestionar al poeta Dylan, que cosió sus canciones en nuestros oídos. Agradezcamos, en cambio, la profunda sabiduría de la Academia Sueca que ha reconocido su trayectoria de literato en un mensaje de humana solidaridad.

How many roads must a man walk down
Before you call him a man ?
How many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand ?
Yes, how many times must the cannon balls fly
Before they’re forever banned ?
The answer my friend is blowin’ in the wind
The answer is blowin’ in the wind.

Yes, how many years can a mountain exist
Before it’s washed to the sea ?
Yes, how many years can some people exist
Before they’re allowed to be free ?
Yes, how many times can a man turn his head
Pretending he just doesn’t see ?
The answer my friend is blowin’ in the wind
The answer is blowin’ in the wind.

Yes, how many times must a man look up
Before he can see the sky ?
Yes, how many ears must one man have
Before he can hear people cry ?
Yes, how many deaths will it take till he knows
That too many people have died ?
The answer my friend is blowin’ in the wind
The answer is blowin’ in the wind.

 


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Dios es un cerebro

 

Imagen por rayos X de un cerebro

Imagen por rayos X de un cerebro

 

A Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz

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Cuatro de la mañana o algo así, cuatro y cuarto de la madrugada a lo sumo. Me despierta un intenso fulgor, pero al abrir los ojos la habitación está a oscuras, como se supone que esté a esa hora. A mi lado, mi esposa duerme un sueño profundo.

Siento que mi incipiente conciencia madrugadora pasa gradualmente a ser poseída por otra que no es la mía, y entiendo que sólo los músculos de mis ojos me obedecerán mientras dure la posesión, que no sé si tendrá término. Una voz con acento centroamericano empieza a hablarme al interior de mi cráneo, pronuncia mi nombre, y aumenta su volumen hasta estabilizarse en un nivel tolerable, desde el que me llama una y otra vez, como si dijera probando, probando, 1, 2, 3, probando…

—Soy Claudio Salazar, salvadoreño. Estoy muerto; es decir, mi cuerpo ha muerto. Perduro en alguna de las neuronas de Dios. Se me ha permitido constatar que hay, por decirlo así, vida perdurable. Bueno, no sólo a mí, sino a toda alma que persiste en el cerebro que es Dios y se interese en el asunto.

Intenté una réplica en pregunta y me fue imposible. Como si hubiera leído mi mente, la voz prosiguió.

—Deja que te explique. No es la vida perdurable en un cielo concebido para premio de vidas justas, para adoración del Creador; Dios no es católico. (Ni budista; tampoco de la religión de los celtas o de ninguna otra). Es más bien que Dios no puede hacer otra cosa que recordarnos, pues almacena automáticamente en su memoria descomunal—no sé a ciencia cierta si es infinita, aunque sospecho con buenas razones que no lo es—el registro de la vida de cada uno de nosotros. Y cuando te digo registro te digo que es de absolutamente todo lo que experimentamos mientras nuestras conciencias fueron el epifenómeno de una materia gris. He vuelto a oler la leche de mi madre, por ejemplo; he vuelto a ver la niña de quien me enamoré por vez primera, a sentir el dolor de una nalgada de mi padre y a saber por qué me la propinó; he recuperado con todas sus palabras la cuarta clase de Mineralogía que recibí con mis compañeros en el bachillerato; he jugado todos los juegos de pelota con todos mis sudores y esfuerzos y la pérdida de aliento por ellos; he recordado de memoria cada uno de los libros que he leído… Todo eso está aquí, en la neurona divina que se me ha asignado. No nos acompaña el cuerpo que tuvimos, aunque sí la información de todas sus sensaciones, todas. Ahora continuamos pensando dentro de Dios.

Creo que intenté preguntar de nuevo y oí algo que sonó como un bufido apagado que salió por mis fosas nasales. Era yo presa de la inquietud, y entonces vi el rostro de Salazar, serenamente sonriente—un holograma de ultratumba, por supuesto—, y una calma placentera disolvió suavemente mi angustia. En cuanto estuve tranquilo ya no vi más su cara. Decidí no formular preguntas; él parecía saber lo que hacía y no me amenazaba.

—Yo no puedo acceder a tus experiencias guardadas en otra neurona divina, pero se me ha permitido comunicarme contigo. Parece que todo muerto puede hacer eso con un puñado de vivos, y escoger el mensaje verdadero y bueno (son las dos condiciones) que transmitirá a quienes todavía son mortales.

Entonces me invadió una curiosa anticipación, casi intolerable, de nuevo inquieto, expectante. Salazar habló una vez más antes de desaparecer de un todo.

—Te elegí en un mapa de la Tierra. ¿Sabes lo que hace Google Earth? Bueno, algo así, sólo que en vez de calles y árboles ves personas, y no estáticas como si hubieran sido fotografiadas en algún instante de pasado, sino en su vida actual, en sus exactas circunstancias momentáneas. Voy a decirte a qué vine.

Sentí, no sé cómo, que mis ojos brillaban de esperanza en la oscuridad y terminé de escuchar.

—Vine a decirte que dar no es un deber—sentenció—, es un derecho. Todos tenemos derecho a dar.

Después de eso no percibí otra cosa de él. Salazar no se despidió—tal vez quiso dejar la verdad que me había regalado sin la distracción de su adiós, que la habría hecho borrosa disminuyéndola de algún modo—, pero supe que se había ido de mi cabeza y también que yo no soñaba. Vi a mi esposa de nuevo, memoricé con precisión, como si fuere a ser necesario atestiguarlo luego, los objetos apilados sobre mi mesa de noche y la exacta disposición que adoptaban—”minúsculos granos de ceniza que adoptan una presuntuosa disposición”, he leído en alguna parte—, y entonces entró mi hijo, enfundado en su bata, con ánimo de despertarme sin saber que yo no estaba dormido. Me dijo:

—Papá: tienes una llamada telefónica de Oslo. §

 

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