Tercer acto

 

Cartel original de una ópera perfecta de Giacomo Puccini

 

No me percaté—el 12 de abril de este año—de una década exacta de la primera entrada musical en este blog: La tesis de la elegancia. La de hoy es por lo tanto una conmemoración tardía, lo que compenso al traer acá una cumbre de hermosura: todo el Acto Tercero de La bohème. El archivo de audio colocado abajo es de la versión que escuchara primero, con las voces supremas de Victoria de los Ángeles, Jussi Bjoerling y Robert Merrill en los papeles de Mimí, Rodolfo y Marcello. (Sir Thomas Beecham dirigió la Orquesta de la RCA Victor en esa magnífica grabación).

 

 

Wikipedia en Español nos informa: “La historia se ambienta en París en el período alrededor del año 1830, ​en el que un grupo de jóvenes artistas comparten una casa en el Barrio Latino, y con ello su amistad, ilusiones y amores. Se centra esencialmente en el amor entre la modista llamada Mimí y el poeta Rodolfo. Se enamoran nada más conocerse, pero Rodolfo más tarde quiere dejar a Mimí por su comportamiento coqueto. Sin embargo, Mimí está mortalmente enferma y Rodolfo se siente culpable, pues su vida juntos ha empeorado su salud aún más. Se unen de nuevo por un breve momento antes de que ella muera”.

Y esto explica del Tercer Acto (Quadro):

Los vendedores ambulantes pasan la barrera y entran en la ciudad. Entre ellos está Mimí, tosiendo violentamente. Intenta encontrar a Marcello, quien vive en una pequeña taberna cercana donde él pinta anuncios para el tabernero. Ella le cuenta lo difícil que se ha vuelto la vida con Rodolfo, que ha abandonado la casa la noche anterior (aria: O buon Marcello, aiuto! / “¡Oh, buen Marcello, ayuda!”). Marcello le cuenta que Rodolfo está durmiendo en la taberna donde él vive también. Rodolfo, que acaba de despertar y busca a Marcello, entra en escena. Mimí rápidamente se oculta y oye a Rodolfo decirle primero a Marcello que ha abandonado a Mimí debido a que es demasiado coqueta con otros hombres, pero luego confiesa que él tiene miedo de que ella esté consumiéndose lentamente por una enfermedad mortal (muy probablemente tuberculosis, conocida por la palabra comodín “consunción” en el siglo XIX). Rodolfo, en su pobreza, poco puede hacer por ayudar a Mimí y decidió fingir no amarla más para que ésta se olvide de él y se vaya a vivir con otro hombre que pueda proporcionarle un modo de vida más confortable (¡Mimí e tanto malata! / “¡Mimí está tan enferma!”). Marcello, preocupado por Mimí intenta hacerle callar, pero ella ya lo ha escuchado todo y se descubre a sí misma cuando tose violentamente. Marcello les deja para volver con Musetta. Rodolfo y Mimí cantan a su amor perdido. Planean separarse amistosamente (Mimí: Donde lieta usci / “Donde feliz salí”), pero su amor mutuo es demasiado fuerte. Llegan a un compromiso: deciden permanecer juntos hasta que llegue la estación de las flores, la primavera, cuando el mundo revive de nuevo y nadie se siente verdaderamente solo. Mientras tanto, Marcello se ha unido con Musetta, y en la distancia se escucha su feroz discusión: un contrapunto opuesto a la reconciliación de la otra pareja (cuarteto de Mimí, Rodolfo, Musetta, Marcello: Addio dolce svegliare alla mattina! / “Adiós, dulces despertares por la mañana!”).

Pienso que dramática y musicalmente ese acto es la cima de la composición de Puccini, sin ignorar que sobre gustos y colores…” LEA

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En este enlace puede descargarse el libreto de ese tercer acto—con traducción española—para aquél que quiera escuchar siguiendo la letra: La-Boheme-Libreto-Acto III

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Los amigos idos

De izquierda a derecha, Vera Roos de Zitman, Rafael Sylva Moreno, Cornelis Zitman y Elizabeth Larrazábal a la mesa en la boda civil de Nacha Sucre—de pie—y el suscrito el 28 de abril de 1979. (Sobreviven las damas).

 

En Día de la Toma de la Bastilla, a los amigos que me quedan

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Cornelis y Rafael ya no están; se han ido. A ambos los he recordado varias veces en este blog: al primero, por ejemplo, en El holandés errante hace doce días, y a Nuestro insólito Rafael Sylva el 18 de enero de 2018. Mi entrañable compinche Eduardo Quintana Benshimol tampoco está entre nosotros. Alguna vez (1974) me curó una decepción amorosa ¡al explicarme la “dialéctica del Señor y el Siervo” expuesta por G. W. F. Hegel en La Fenomenología del Espíritu! Así lo recordaba el 4 de marzo de 2012 en Memorias lógico físicas:

Conocí a mi esposa el 11 de mayo de 1976. Andrés Ignacio Sucre, su primo hermano, quien había sido mi alumno en la Universidad Metropolitana en su primera sede de San Bernardino, compartía conmigo amistad y gusto por la buena música. (…) Me invitó a su casa en la fecha mencionada para escuchar el concierto aniversario de un coro a cuatro voces que dirigía, con sabrosura característica, mi amigo de adolescencia y compadre, Eduardo Plaza Aurrecoechea. (…) Bueno, el día anterior, sin sospechar siquiera la existencia de Cecilia Ignacia Sucre, me encontraba en la oficina que compartía con Eduardo Quintana Benshimol, filósofo, y Juan Forster Bonini, químico.(…) El 10 de mayo de 1976 yo jugaba con la tabla de verdad (…) de la función lógica de implicación: si A, entonces B. (…) De esto trataba mi ociosidad de aquel día, y al anotarla en un Level Book S 1136—un cuaderno de topógrafos que mi padre me había regalado—, la mostré a Eduardo Quintana y le pedí que certificara con su firma el paradójico hallazgo.

 

Eduardo Quintana, de barba, entre su esposa, Adriana Calebotta (a su derecha) y Haydeé Farías, esposa de Diego Bautista Urbaneja (al extremo izquierdo), quien afortunadamente sobrevive como las esposas de ambos y Nacha y yo, que completamos el grupo en nuestra celebración de casamiento.

 

Eduardo Plaza Aurrecoechea

El otro Eduardo se me ha ido también. Eduardo Plaza fue la más antigua de esas intensas amistades/privilegio—entreverada sobre múltiples parentescos de afinidad—y la segunda en desaparecer, y a los pocos días de mi instantáneo enamoramiento de Nacha Sucre fui a asegurarme de que él, quien la había conocido primero, no estuviera sentimentalmente interesado en ella, presto a reconocerle un cierto derecho de prelación. Gracias a Dios, me tranquilizó al respecto, y eso fue lo más cerca que haya yo estado del sacrificio de Zurga y Nadir, los protagonistas de Los pescadores de perlas, la ópera de Georges Bizet que se estrenara en 1863. Estos dos personajes se han enamorado de la misma mujer—la sacerdotisa Leïla—, y su profunda amistad les empuja al juramento de ser amigos por siempre y a renunciar ambos a ella. He aquí su hermosísima aria Au fond du temple saint,* en las voces de Robert Merrill (Zurga) y Jussi Bjoerling (Nadir), quienes en la vida real cantaron juntos muchas veces y fueron grandes amigos:

 Al fondo del templo santo

Au fond du temple saint
Parée de fleurs et d’or
Une femme apparaît!
Je crois la voir encore!
Une femme apparaît!
Je crois la voir encore!
La foule prosternée
La regarde, etonnée
Et murmure tous bas
Voyez, c’est la déesse!
Qui dans l’ombre se dresse
Et vers nous tend les bras!
Son voile se souleve!
Ô vision! Ô reve!
La foule est à genoux!
Oui, c’est elle!
C’est la déesse
Plus charmante et plus belle!
Oui, c’est elle!
C’est la déesse
Qui descend parmi nous!
Son voile se souleve et la foule est à genoux!
Mais à travers la foule
Elle s’ouvre un passage!
Son long voile dejà
Nous cache son visage!
Mon regard,…

 

Pudiéramos escucharla de nuevo en interpretación del grupo que se hace llamar apropiadamente, en feliz conjunción ítalo-inglesa, Amici Forever (Amigos por Siempre):

  Bis

Está bien, una vez más pero sin palabras. Martin Zonnenberg y Martin Mans nos ofrecen el aria ahora en teclados de piano y órgano. La pieza funciona también en versión instrumental:

Bis 2

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Gracias, Eduardo I; gracias Eduardo II; gracias Rafael; gracias Cornelis. Que consintieran en ofrecerme amistad fue una cuádruple y abundante cascada de fresca agua bendita, en la que me bañé cada vez que pude. LEA

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* Escuché por primera vez el aria de Bizet, por casualidad, en 1975. Entré a una librería londinense que la hacía sonar en su piso superior, destinado a ofrecer discos a la venta, y quedé clavado en el sitio, sobrecogido por su belleza. Un dependiente a quien pedí ayuda me informó acerca del nombre de la obra y salí de allí con el álbum de Los pescadores de perlas bajo el brazo. (En mi adolescencia, el doble tocayo y vecino Luis Enrique Doguis Jelambi, fallecido—otro más—prematuramente, cuyo padre era un consumado melómano, mencionó el nombre de la ópera cuando oíamos la obertura de la ópera Carmen, del mismo compositor, a mediados de los años cincuenta).

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Sergei & Sergiu: la música clásica clásica

Música para el hombre, para el pueblo

 

A Héctor Eduardo Arcia

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Asenté sobre Sergiu Celibidache en Ichi-go Ichi-e, el 20 de enero de este año peculiar:

…sus interpretaciones no tienen parangón en un aspecto fundamental: el de la definición instrumental. No conozco otras grabaciones, que no sean las suyas, que permitan la percepción de las distintas partes orquestales aun dentro de la más compleja textura; en los pasajes más ricamente orquestados, el aporte de cada instrumento o grupo instrumental se percibe con la mayor claridad, como un arroz cocido a la perfección para lograr granos totalmente separados.

He aquí otra obra dirigida por él, en comando de la Filarmónica de Munich, su orquesta. Se trata de la Sinfonía Clásica de Sergei Prokofiev (1891-1953), la primera de sus siete sinfonías, compuesta entre los años de guerra 1916 y 1917 y estrenada bajo su dirección en San Petersburgo el 21 de abril de 1918, casi siete meses antes del término de la primera conflagración mundial y en medio de la Revolución de Octubre y la gran pandemia de ese año, que cobró al menos cincuenta millones de vidas, bastantes más que los soldados y civiles muertos en la guerra. (9 y 13 millones, respectivamente). La obra es explícita paráfrasis del estilo musical de Haydn y Mozart, ambos compositores del período clásico. Éstos son sus movimientos:

1. Allegro
2. Larghetto
3. Gavotta: Non Troppo Allegro
4. Finale: Molto Vivace

La dedicatoria de esta entrada se explica de este modo: en la casa de Héctor Eduardo Arcia en la Avenida Principal de Las Palmas, en una tarde de 1956, escuché esta obra, puesta sigilosamente por él en ausencia de su padre, quien la apreciaba mucho. Su aparato de sonido era de mayor calidad que el mío, y degusté la pieza que ya conocía, esta vez en sus detalles (la oímos dos veces), para mucha y mutua felicidad.

Debo mi agradecimiento a Sergio, Sergiu y Héctor. LEA

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Canciones del Beuern

Hoy es Domingo de Pandemia—no de Pascua—, otro más, y creo que podemos recibirlo con música. No se me ocurre nada mejor que hacerlo con la cantata escénica Carmina Burana, la magistral e incomparable composición de Carl Orff (1895-1982).

El nombre completo de la obra es, en latín, Carmina* Burana: Cantiones profanae cantoribus et choris cantandæ comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis (Canciones del Beuern: canciones seculares para solistas y coros para ser cantadas junto con instrumentos e imágenes mágicas). Compuesta entre 1935 y 1936, ha dominado la música occidental con su poder y su belleza. Orff se tropezó en 1934 con la edición de 1847 de Carmina Burana de Johann Andreas Schmeller, con textos de los siglos XI y XII que fueran encontrados en la abadía benedictina del Beuern, una localidad en Baviera, Alemania. (Benediktbeuern es el nombre alemán; su gentilicio en latín medieval es Buria, y el adjetivo derivado es Burana).

La abadía benedictina. (Foto: Rufus46).

Carmina Burana es parte del tríptico Trionfi, que incluye además las obras menos conocidas e interpretadas de Catulli CarminaIl Trionfo d’Afrodita. Buena parte de sus textos es de contenido erótico, en la tradición del Decamerón de Giovanni Boccaccio o, mejor, los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer. Son mis pasajes favoritos O Fortuna y la canción para soprano In trutina, cuyo texto dice:

In trutina mentis dubia / fluctuant contraria / lascivus amor et pudicitia / Sed eligo quod video / collum iugo prebeo / ad iugum tamen / suave transeo. (En la duda de mi mente se equilibran el amor lascivo** y la castidad. Pero elijo lo que veo y me someto al suave yugo).

He aquí una estupenda interpretación de la dulce melodía por Sarah Brightman, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Paul Bateman:

 In trutina

En cambio, O fortuna es la poderosa sección que abre y cierra la obra—como la rueda de la fortuna que gira—, acá toda a cargo de una monumental agrupación de cantantes del Coro Shin-Yu Kai y el Coro de Niños del Estado de Berlín junto con ejecutantes de la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Seiji Ozawa con una energía y una vivacidad que no encuentro en otras versiones:

Y sí: ¡feliz domingo! LEA

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* El singular de Carmina es Carmen, “un nombre propio femenino, del hebreo כרמל Karmel (Monte Carmelo); o del latín Canto, Música, Poema, Conjuro, Hechizo”. (Wikipedia en Español). Por eso es tan apropiado ese nombre para la más famosa ópera de Georges Bizet, que P. I. Tchaikovsky tocaba frecuentemente al piano por las noches para solazarse. (No había discos de ninguna tecnología en su tiempo, y tampoco emisoras FM).

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** De lascivia: “Propensión a los deleites carnales”. (Diccionario de la Lengua Española).

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Bueno, encore, justificado por esta declaración de arriba: “Son mis pasajes favoritos O Fortuna… (…) …la poderosa sección que abre y cierra la obra…” El domingo 14 de octubre de 2018, mi señora y yo tuvimos, oh fortuna, la inmensa suerte de asistir a un concierto espectacular de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, conducida por Elisa Vegas, y un coro de doscientas voces a cargo de Ana María Raga. Vive les femmes! Éste fue su afortunado final:

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Canción de cuna estoniana

 

Comienzo de la noche en Estonia

 

A Doña Silvia Olo de Gil por su cumpleaños (con algún retraso)

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(Traducido de Estonian World)

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Anne Akiko Meyers interpreta “Canción de cuna estoniana” de Arvo Pärt

 

Silver Tambur May 18, 2020

 

Anne Akiko Meyers, violinista estadounidense de conciertos y la instrumentista clásica más vendida de 2014 en las listas clásicas tradicionales de Billboard, ha lanzado una grabación de Canción de cuna estoniana para violín y piano de Arvo Pärt, dedicada a ella por el maestro. Su actuación va acompañada de un hermoso video animado.

La pieza fue compuesta especialmente para Meyers* a fines de 2019 por Arvo Pärt y el video fue producido en colaboración con Skazka Studios, con sede en Estados Unidos.

“Una partitura escrita a mano llegó para la Navidad de 2019”, dijo Meyers a Classic FM, la radio clásica con sede en el Reino Unido. “Me conmoví hasta las lágrimas de felicidad porque Arvo también me dedicó el trabajo. Esta música es verdaderamente única en su clase”.

Meyers grabó la pieza el 24 de enero en el DiMenna Center for Classical Music (Nueva York).

Meyers es una de los violinistas más famosos del mundo. Ha mantenido activamente una extensa agenda de giras durante más de treinta años, y se presenta regularmente en recitales y como solista invitada con muchas de las mejores orquestas del mundo. Fue la solista instrumental clásica tradicional más vendida en las listas de Billboard en 2014. Arvo Pärt, nacido en Paide, Estonia, en 1935, fue el segundo compositor vivo más interpretado del mundo en 2019,** según la base de datos de eventos de música clásica, Bachtrack.

 

Meyers está acompañada al piano por Reiko Uchida.

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Incluyamos un encore: Anne Akiko Meyers fue invitada por Arvo Pärt para realizar los conciertos de apertura en el Centro Arvo Pärt en Laulasmaa, Estonia. Acá interpreta Fratres, del mismo Pärt, con la Orquesta de Cámara de Tallinn, dirigida por Tõnu Kaljuste. Meyers se presenta exclusivamente con su violín Ex-Vieuxtemps Guarneri del Gesu, fechado en 1741 y considerado el mejor violín que existe. Pärt puede ser visto sentado entre la audiencia, con cara de felicidad, a la hora de aplaudir a los ejecutantes.

 

LEA

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* Nacida en 1970, Anne Akiko Meyers “fue descrita como una niña prodigio después de su debut con una orquesta de su comunidad local a la edad de 7 años; posteriormente actuó con la Filarmónica de Los Ángeles, dos veces en The Tonight Show con Johnny Carson, a los 11 años, y en el Emmy Award Show con la Filarmónica de Nueva York a los 12″. (Wikipedia).

** Para 2017, Pärt era, por sexta vez consecutiva, el compositor viviente más interpretado del mundo.

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Más bella que la belleza

Angela Gheorghiu, soprano extraordinaria (en más de un sentido)

 

La Musique est plus belle encore que la beautè.

François Couperin (1668-1733)

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Roberto Benigni nos enseñó en lección inolvidable que La vita è bella, como la que construyó para su hijo en el encierro de un campo de concentración. No nos quejemos ahora del nuestro, muy distinto y no tan atroz, parecido al tiempo que Jorge Luis Borges describe en uno de sus dos sonetos a Spinoza: “Las tardes a las tardes son iguales”.

Con la belleza no se discute, menos con la de la voz o la estampa de Angela Gheorghiu. Oigamos su hermosa rendición del Ave Maria de la más conocida ópera de Pietro Mascagni, Cavalleria Rusticana, sobre la misma melodía de su famoso Intermezzo:

 

Ave Maria

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Si algo podemos hacer en estos días de cuarentena es oír música bella, como la que acabamos de escuchar y las que siguen; las llevaría a una isla desierta, donde no hay encierro pero sí soledad.

Como Couperin, Alessandro Marcello (1673-1747) fue compositor del período Barroco, sólo que italiano. (¿Cómo no con ese nombre?). Una de mis piezas favoritas es su Concierto para oboe en Re menor, que tiene un bellísimo movimiento Lento. Acá suena con guitarra en lugar del solista de ese instrumento “de madera”—así sonó en la importante película de 1970, Las fresas de la amargura—, y creo que esa instrumentación es muy preferible. (Federico Chopin dijo famosamente: “Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras”). El arreglo es de Ian Freebairn-Smith:

 Lento

La mención de Chopin, en el mero centro del Romanticismo, es pretexto para escuchar su precioso Nocturno #19 (op. 72) en Mi menor. Claudio Arrau, gran pianista chileno que hiciera muchos amigos en Venezuela, está a cargo de la ejecución:

 Nocturno en Mi menor

Un paso de varias décadas nos lleva un poco más allá, al Romanticismo maduro de Pyotr Illych Tchaikovsky, compositor de inolvidables melodías. El Adagio de la rosa de su ballet La bella durmiente es ciertamente una de las más entrañables, capaz de superar una observación irreverente: el compositor mexicano Gonzalo Curiel plagió al ruso para su famosísimo bolero Vereda tropical. (Pruebe Ud. a cantar en su memoria “es la brisa que viene del mar” para constatar el robo melódico del nacido en Guadalajara). Anatole Fistoulari se hace cargo de la Orquesta Sinfónica de Londres en esta presentación del maravilloso tema:

 Adagio de la rosa

El cuarto movimiento de la Suite al estilo antiguo En tiempos de Holberg (Andante religioso), del noruego Edvard Grieg es no sólo bellísimo sino muy tranquilizante; propio, pues, para tiempos angustiados. Si puede haber hermosura como ésa, no hemos perdido todo. (O, alternativamente, puede considerarse esto, venezolanos, en Rayuela de Julio Cortázar: “Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo”). Alfred Gehardt dirige aquí a los músicos de la Orquesta Royal Promenade:

 Andante religioso

Herbert von Karajan al frente de su orquesta, la Filarmónica de Berlín, nos entrega ahora la Danza deslizante de las doncellas, la más dulce de las Danzas Polovetsianas que compuso Alexander Borodin para su ópera El Príncipe Igor. (El tema fue adaptado por Robert Wright y George Forrest en el musical Kismet—estrenado en Broadway en 1953 y llevado al cine dos años más tarde—para la canción Stranger in Paradise, con explícito reconocimiento de la autoría del compositor ruso).

 Danza deslizante de las doncellas

Es de gran nobleza estética el segundo movimiento, Largo, del Concierto para Violonchelo y Orquesta en Sol menor de Dmitri Kabalevsky, su opus 49. El estupendo solista Yo-Yo Ma es acompañado en esta versión por la sedosa Orquesta de Filadelfia, con la conducción de su más longevo director: Eugene Ormandy.

 Largo

El compositor impresionista Ottorino Respighi orquestó estupendamente un tema original para piano de Gioachino Rossini para montar el Nocturno del ballet La boutique fantasque (La juguetería mágica). Esa hermosura nos la entregan ahora Andrew Davis y la Orquesta Sinfónica de Toronto.

 Nocturno

Prontos a cerrar esta Musikalisches Opfer, convoquemos de nuevo a Yo-Yo Ma para que interprete una de las piezas más hermosas de toda la música europea: Canciones que me enseñó mi madre, la cuarta de las siete Canciones gitanas del compositor checo Antonín Leopold Dvořák. Lo acompaña Patricia Zander al piano:

 Canciones que me enseñó mi madre

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¿Cómo sonaba la música del autor del epígrafe, François Couperin? Seguramente fue el más importante de los músicos franceses del Barroco y muy destacado intérprete del clavecín. Poco dado a la correcta escritura, escribía sin embargo Música con inicial mayúscula, lo que es apropiado para un arte al que calificó atinadamente de más bello que la belleza. Las barricadas misteriosas para su instrumento de elección, informa Wikipedia, son “un doble sentido que se refiere simultáneamente a la virginidad femenina y las suspensiones armónicas (progresiones) de la música, cuyas figuraciones de laúd son imitadas para producir un enigmático estancamiento”. (Llegó a sostenerse, incluso, que aludían a los cinturones de castidad). Bueno, acá está esa misteriosa obra en un rarísimo instrumento, la tiorba, derivada del laúd barroco y con ¡catorce cuerdas! Lo pulsa estupendamente el especialista Francisco López.

Les barricades mysterieuses

Cerremos con un homenaje de Maurice Ravel al compositor que acabamos de escuchar. Comenzando la Primera Guerra Mundial, inició la composición de la suite Le tombeau de Couperin—La tumba de Couperin—, la que concluyó en 1917 (un año antes del comienzo de la Gripe “Española”),* y aquí está Sir Simon Rattle para dirigir a músicos de la Filarmónica de Berlín en este fragmento de la obra de Ravel.

 

 

Hasta la próxima. En verdad, nada está perdido hasta que todo esté perdido. LEA

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La pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gripe española, fue una pandemia de gravedad, causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan principalmente a niños y ancianos, sus víctimas fueron también jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos.​ Se considera la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas. (…) Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que no estaba involucrada en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad. Aunque el origen del virus se acepta que fue Estados Unidos—fue el 4 de marzo de 1918 en Camp Funston, uno de los campamentos militares establecidos en Kansas tras el comienzo de la I Guerra Mundial donde se registró el primer caso—, un estudio de 2014 plantea la hipótesis de que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid, aunque sin pruebas científicas de que esto fuera así. (Wikipedia en Español).

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