Aram el armenio

Aram Khachaturian y su esposa, Nina Makárova, con el papa Juan XXIII, quien le confirió su medalla en 1963

 

A Francisco Javier González, quien no se cansa de descubrir música

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Acá apuesto a que los lectores disponen de tiempo para disfrutar una nutrida ofrenda musical. Las piezas son todas del maravilloso compositor armenio (Tiflis 1903) Aram Khachaturian (pronunciado Jachaturián), que falleciera en Moscú en 1978. Para que sepamos de quién hablamos, pongamos de una vez la pieza que hemos oído todos, la vigorosa y vivaz Danza de los sables del ballet Gayané, a cargo de Simon Rattle y la Orquesta Filarmónica de Berlín:

 Danza de los sables

Ese ballet tiene más de un número venerable; su Adagio, por caso, que Stanley Kubrick utilizara en la musicalización de su magistral película 2001: Odisea del espacio, cuando logró que Gennadi Rozhdestvensky se pusiera al frente de la Orquesta Filarmónica de Leningrado, una conjunción perfecta que lo interpreta a continuación:

 Adagio

De Gayané es asimismo esta hermosa Canción de cuna, llena de los giros armónico-melódicos característicos de la música de Khachaturian, obviamente cercano-orientales, evidentemente armenios. Nos la regalan la Orquesta Sinfónica de Londres y nadie menos que Antal Dorati como director:

 Canción de cuna

Hablando de esos giros, acá son evidentes en las Danzas armenias I II de nuestro compositor de hoy, tocadas por el Conjunto de Vientos Eastman que conduce Frederick Fennell:

 Danzas armenias (I & II)

Mascarada es música incidental para una obra de teatro del mismo nombre, escrita por Mikhail Lermontov. De aquélla extrajo Khachaturian una suite sinfónica de cinco movimientos, de los que ponemos acá dos: su Vals—a juicio de quien escribe, el vals más sabroso del mundo, que parece al inicio no decidirse a arrancar—y su vibrante Mazurca, igualmente sabrosa. (¿Qué tiene de malo la sabrosura?) El primero es interpretado aquí por Kiril Kondrashin al frente de la Orquesta de la RCA Victor; la segunda por la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la conducción de Stanley Black:

 Vals

 Mazurca

Khachaturian no sólo compuso para ballet o para acompañamiento de obras de teatro; su producción incluye también sinfonías (tres) y conciertos (de piano, de violín y de violonchelo), obras para voces y orquesta, una colección de piezas para piano y varias de musicalización de películas. La segunda de sus sinfonías, en Mi menor, lleva por nombre Sinfonía de la Campana, de la que ofrezco su cuarto y último movimiento: Andante mosso – Allegro sostenuto, maestoso, cuyo cierre explica la designación indicada. El propio compositor manda a los virtuosos ejecutantes de la Orquesta Filarmónica de Viena:

Andante mosso – Allegro sostenuto, maestoso

Y de su Concierto para violín y orquesta en Re menor—hay una versión en la que la flauta toma el lugar del violín—escuchemos su hermosísimo segundo movimiento (Andante sostenuto), el que incluye un espectacular e inesperado clímax—acá irrumpe el sobrecogedor tutti orquestal a los 10′ 13″—, en la lujosa ejecución de Leonid Kogan con el acompañamiento de la muy fina Orquesta Sinfónica de Boston bajo la batuta del gran maestro Pierre Monteux:

 Andante sostenuto

Volvamos a su música para ballet, especialísima. Espartaco es una composición de 1955, y de ahí traigo dos de sus números; primeramente, la Variación de Aegina y bacanal, con el autor de nuevo como director de la Orquesta Filarmónica de Viena (la misma combinación en el número que sigue, la pièce de résistance).

 Variación de Aegina y bacanal

El cierre (con bis, advierto a tiempo): el Adagio de Espartaco y Frigia, seguramente el más hermoso de sus excepcionales temas, cuya belleza exigía el clímax que se construye a partir de los 6 minutos con 3 segundos de esta versión inigualable dirigida por Aram Khachaturian:

 Adagio de Espartaco y Frigia

Bis, encore, advertí. El mismo Adagio por la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por el rumano Ion Marin. Algo, no mucho, más lenta que la conducción del propio compositor, pero en una extraordinaria experiencia audiovisual registrada en 2010 en el escenario del descomunal Waldbühne (Escenario del bosque), el anfiteatro construido en 1936 en las afueras de Berlín con capacidad para 22.000 asistentes. Recomendación: es para ver el video a pantalla completa.

 

 

Valía la pena escuchar esa belleza por segunda vez. ¿No es así? Nadie como el inconfundible Khachaturian ha pintado musicalmente el amor de hombre y mujer. LEA

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¡Actualización de emergencia! Una turba fuera de control optó por ignorar el distanciamiento social e hizo airada presencia en la calle frente a mi casa, para protestar porque no hubiera incluido en esta entrega el Concierto para piano y orquesta en Re bemol mayor de Khachaturian. He decidido, por mi seguridad y la de los míos y a diferencia de Nicolás Maduro, oír al Pueblo, que en elocuente cabildo abierto expresó su inconformidad. No pienso arriesgarme poniendo, como en el caso de la Sinfonía de la Campana y el Concierto de Violín, sólo un movimiento, de modo que acá está entero. La versión acá colocada es la muy extraordinaria ejecución de Alicia De Larrocha—por aquello del “amor de hombre y mujer”—, acompañada por la Orquesta Filarmónica de Londres, conducida por el también español Rafael Frühbeck de Burgos. (Oí este concierto por primera vez en el Teatro Municipal, con el competente venezolano Humberto Castillo al piano y Pedro Antonio Ríos Reyna como director de la Orquesta Sinfónica Venezuela).

No es común escuchar la presencia de una “sierra musical” especificada por el compositor en el segundo movimiento, de modo que esta versión es enteramente fiel a la orquestación original. (“La sierra musical u hoja sonora es una lámina de acero que, frotada con un arco, produce un sonido que puede ser modulado por la tensión y la curvatura de la sierra a partir de la presión de la mano”. Wikipedia en Español). Puede escuchársela desde los 2 minutos y 41 segundos del inicio del movimiento hasta los 4 minutos y 22 segundos.

  Allegro ma non troppo e maestoso

 Andante con anima

 Allegro brillante

¡Qué vao!

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Coronamusicus

 

Claire Foy como Isabel II de Inglaterra en la serie televisiva The Crown

 

A mi Reina

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No debiera sorprendernos que las noticias del coronavirus se hayan hecho virales; no hay hoy otra conversación que no sea ésa. Pero es posible pensar en coronas de otro tipo; más aún, podemos escuchar en nuestro forzado encierro música de coronas y coronaciones, pues mucha se ha compuesto para ese símbolo y las ceremonias que las rodean. Por ejemplo, Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) compuso una Misa de la coronación (Krönungsmesse), de la que propongo escuchemos su Gloria, a cargo de la Filarmónica de Berlín y la Cantoría de Viena (Wiener Sigverein) bajo la batuta de Herbert von Karajan:

Misa de la coronación – Gloria

El mismo compositor creó un total de 27 conciertos para piano y orquesta, siendo el penúltimo en Re mayor el que recibiera el apelativo de Concierto Coronación. El muy competente pianista Alfred Brendel está acá acompañado por la maravillosa orquesta de la Academia de St. Martin on the Fields, que dirige Sir Neville Marriner:

Concierto # 26 (Coronación)

Antes de Mozart, Georg Friedrich Händel, el compositor alemán mudado a Inglaterra, recibió el encargo de componer un himno para la coronación de Jorge II de Inglaterra (1727), cuya legitimidad era cuestionada al ser el primer monarca inglés de la alemana Casa de Hanover. Händel compuso no uno sino cuatro himnos, y es uno de ellos, Zadok el sacerdote, una de sus obras más famosas. (Zadok fue quien consagrara al rey Salomón, cuestionado también al ser designado por su padre, el rey David, como su sucesor). Desde entonces, la unción de todo monarca británico ha sido precedida por la ejecución de la pieza. La interpretación que sigue está a cargo, otra vez, del coro y la orquesta de la Academia de St. Martin on the Fields con Marriner al mando:

  Zadok el sacerdote

Es música más reciente la Marcha de la Coronación (Crown imperial), de Sir William Turner Walton (1902-1983), quien asimismo compuso otra pieza con el mismo propósito ceremonial: Orb and sceptre (Orbe y cetro). En el primer caso, Walton compuso su marcha para la coronación de Eduardo VIII, pero su abdicación llevó a la consagración de su hermano, Jorge VI, el rey tartamudo, en 1937; la segunda fue compuesta para la hija de éste, Isabel II de Inglaterra, quien todavía manda. Carl Davis dirige la Orquesta Filarmónica Real en Crown imperial y Sir Adrian Boult la Filarmónica de Londres en Orb and sceptre:

Crown Imperial

 Orb and Sceptre

Pyotr Illich Tchaikovsky también hizo lo suyo, al componer la Marcha de la coronación del zar Alejandro III, el Hacedor de la Paz (no hubo guerras durante su reinado), quien subió al trono imperial en 1881. La versión que acá se pone es la de la Orquesta Sinfónica de la Radiotelevisión de Moscú, dirigida por Vyatcheslav Ovtchinikov:

Marcha de la coronación

La Marcha de los emperadores mogules, de Sir Edward Elgar, es el cuarto número del segundo cuadro de La Corona de India (1912), una representación teatral con música para la visita del rey Jorge V de Inglaterra y su consorte, la reina María, a Delhi, donde fueron coronados como Emperador y Emperatriz de India. Leonard Bernstein dirige la Orquesta Sinfónica de la BBC:

La corona de India – Marcha de los emperadores mogules

Para acercarnos a nuestro tiempo, mudémonos a España, donde el asturiano Pedro Braña Martínez (1902-1955), director de la Banda Municipal de Sevilla, compuso una vivaz marcha titulada Coronación de la Macarena:

María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada, conocida popularmente como la Esperanza Macarena o, simplemente, la Macarena, de la que toma su nombre el barrio de la Macarena (Sevilla) y no al revés como se suele creer, es una advocación mariana venerada en la basílica de la Macarena, ubicada en el barrio sevillano de San Gil. Su fiesta es celebrada por la iglesia católica el día 18 de diciembre, y aparece representada con cinco pétalos de cristal de roca francés de color verde​ engarzadas en forma de azucenas, denominadas mariquillas, que le traspasan el pecho, regalo del torero sevillano Joselito el Gallo, gran benefactor de la imagen. (Wikipedia en Español).

No ha sido posible identificar a los ejecutantes de esta interpretación, obtenida de YouTube:

Coronación de la Macarena

Es conocimiento casi tan extendido como el coronavirus la existencia de una exitosa serie de Netflix, la web de streaming, que lleva por título The Crown. La música ha sido compuesta principalmente por Rupert Gregson Williams; he aquí el tema principal:

 The Crown

Finalmente, Claudio Monteverdi, bisagra del Renacimiento y el Barroco en la música italiana, hizo su última ópera, L’incoronazione di Poppea en 1643. Ella narra la coronación de Popea por su amante, el enloquecido emperador Nerón. La ópera cierra con un dúo de los personajes centrales, que cantan Pur ti miro – Pur ti godo (Cuando te miro, te disfruto). YouTube nos presta una magnífica interpretación a cargo de la soprano Danielle De Niese y el contratenor Philippe Jaroussky, en producción del Teatro Real de Madrid:

 

Por lo demás, las coronas española e inglesa tienen razones otras que la pandemia para encontrarse atribuladas: la renuncia de Felipe VI a la herencia de su padre, la separación de Harry y Meghan de sus funciones de realeza, son noticias de menor viralidad, pero Google News les presta bastante atención, al menos en mi teléfono, distracción infaltable en tiempos de forzada cuarentena.

Bueno; es todo por hoy. LEA

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Recordandito

 

Juan Sebastián y Alejandro

 

El programa semanal Dr. Político se inició el 7 de julio de 2012 en Radio Caracas Radio, y alcanzó un total de 348 transmisiones, de las que la última fue la del sábado 18 de mayo de 2019. Muy temprano, a partir del 25 de agosto de 2012 (programa #007), incluyó fragmentos de música, lo que se justificó por una coartada provista por Federico Nietzsche. Obviamente, la política es parte de la vida, y el filósofo alemán sostuvo con la mayor seriedad que “Sin la música, la vida sería una equivocación”.

Cuando el programa arribaba a su primer centenar, el 21 de junio de 2014, me atreví a sostener una tesis que no tiene nada de misterioso: “Música es música; de todo tipo y en toda vestidura”. La demostración de eso: se puso al aire dos piezas a las que llamé perfectas: una de Juan Sebastián Bach, la otra de Alejandro Sanz.

He aquí, uno tras otro, los fragmentos correspondientes de la transmisión de ese día, que ocupan sólo cinco minutos y una docena de segundos:

 

Buen provecho. LEA

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La hija del visir

 

Elena Kotliarker – Los cuentos de las mil y una noches

 

visir Del ár. wazīr ‘ministro’. 1. m. Ministro de un soberano musulmán.

Diccionario de la Lengua Española

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Creo que todos sabemos de Aladino y la lámpara maravillosa, Alí Babá y los cuarenta ladrones y las aventuras de Simbad el marino. Muchos de nosotros leímos alguna versión de esos cuentos cuando éramos niños y el cine, por supuesto, se ha encargado de presentarlos a nuestros ojos. Todos ellos forman, junto con muchos otros, la maravillosa colección de narraciones de Las mil y una noches.

Las mil y una noches [s]on relatos que surgen uno del otro, es decir, al contarse uno de repente surge otro relato y ese otro crea otro cuento hasta que termina el primero, como si habláramos de cajas encerradas en otras cajas. En el primero, se cuenta que un rey deja, al morir, su reino a su hijo, el rey Schariar; el nuevo monarca, que quiere mucho a su hermano Schazamán, le da el reino de Tartaria. Así, Schazamán planea ir a visitar a su hermano, pero descubre que su esposa le está engañando, así que le corta la cabeza a los culpables. Ya con Schariar, este se sorprende de lo triste y taciturno que está Schazamán, por lo que va de caza solo. En el palacio, Schazamán descubre que la esposa de Schariar, la sultana, engaña al rey con Masud, un esclavo negro. Eso hace sentir feliz al rey de Tartaria, ya que su hermano, siendo más poderoso, no pudo evitar ser engañado por la sultana, y entonces, ahora muy feliz, se lo cuenta. Schariar, en un acceso de furia, convence a su hermano de huir, bajo la promesa de que si encuentran a alguien más desgraciado que ellos, volverían. Schazamán acepta y huyen, pero en el camino se topan con un genio que es engañado por una mujer que había secuestrado. La mujer huye y Schazamán le dice a su hermano que si el poderoso genio no pudo evitar el engaño, nadie puede, por lo que deciden regresar. Schariar vuelve, encierra a la sultana y la decapita delante del visir, luego con su propia mano, decapita a todas las mujeres de la corte. Y ahí, creyendo que todas las mujeres son igual de infieles, ordena a su visir que le consiga una esposa cada día, alguna hija de sus cortesanos, y después ordenaría matarla en la mañana. Este horrible designio es quebrado por Sherezade, hija del visir. Ella trama un plan y lo lleva a cabo: se ofrece como esposa del sultán y la primera noche logra sorprender al rey contándole un cuento. El sultán se entusiasma con el cuento, pero la muchacha interrumpe el relato antes del alba y promete el final para la noche siguiente. Así, durante mil noches. Al final, ella da a luz a dos hijos y después de mil y una noches, el sultán conmuta la pena y viven felices. (Wikipedia en Español).

Ésa fue la obra que encantó a Occidente, sobre todo luego de la versión inexpurgada del orientalista inglés Richard Francis Burton, que fuera publicada en 1885 en ¡diez volúmenes! La magia de esas narraciones sólo tardó tres años en llegar a la música: el 28 de octubre de 1888—fecha del Calendario Juliano—se estrenaba en San Petersburgo la suite sinfónica Scheherezade—en ruso, Шехераза́да—de Nikolái Andréyevich Rimsky Kórsakov, su opus 35, cuya composición había completado en agosto de ese mismo año. El propio compositor dirigió la orquesta del estreno que fuera, naturalmente, un éxito rotundo. No podía ser de otra manera; Rimsky se distinguió por su instinto melódico y, sobre todo, por su rico arte de orquestador; ambos rasgos son patentes en esa suite, su obra más conocida y apreciada.

El insólito Rafael Sylva Moreno era hombre de adjetivos exactos, perfectos; uno de sus preferidos era opulento, y lo recuerdo adjudicándole tal calificativo a esta obra y persistentemente al sonido del conjunto que la interpreta acá, la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam. La dirige, apropiadamente, un compatriota del compositor: el maestro Kiril Kondrashin (1914-1981). El registro de esta interpretación mereció ser designado como lo que la industria discográfica llama una “grabación de referencia” (reference recording). He aquí sus cuatro movimientos:

1. El mar y el barco de Simbad

2. La historia del príncipe Kalendar.

3. El joven príncipe y la joven princesa.

4. Festival en Bagdad. El Mar. El barco encalla en un acantilado coronado por el Jinete de Bronce.

Escuchar esa opulencia tiene intención celebratoria* de la Octavita de Carnaval, en la precisa fecha que convierte a 2020 en año bisiesto. Hoy, además, se conmemora el centenario de la primera constitución de Checoslovaquia, un país que no conozco pero quise desde que trabajé por años con unos cuantos nacionales de ese refinado país. Siempre aprecié su música. LEA

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* A small celebratory lunch was held in Prague, although the city was still reeling and food was scarce.           Ariana Neumann, When Time Stopped.

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¡Bis, bis, bis!

 

Ilustración en The Guardian para el obituario de Earl Wild, fallecido tal día como hoy hace diez años

 

Unos cuantos visitantes de este blog han expresado gran satisfacción por la entrada de hace nueve días, con el último movimiento del segundo Concierto para piano y orquesta en Do menor de Sergio Rachmaninoff a cargo de Earl Wild al piano, con el brillante acompañamiento de la Orquesta Filarmónica Real dirigida por Jascha Horenstein. La mayoría de ellos manifestó su total acuerdo con esta afirmación: “Convendrá Ud., amable visitante, (…) que nunca había escuchado una rendición tan satisfactoria como ésta, así de perfecta”.

En esa entrada también se reprodujo una apreciación de ArkivMusik: “la fusión de poesía y estilo del pianista se suman a una Rapsodia de Paganini que deja atrás casi todas las versiones estéreo”. Es por eso que hoy, a una década exacta de la despedida de Earl Wild, un encore más bien largo trae esa inmortal obra, que contiene uno de los más hermosos temas creados por Rachmaninoff, uno de los más hermosos de la entera literatura musical: la Variación 18. Dice Wikipedia en Español:

La parte más destacada de la obra ha sido la variación XVIII, que es una inversión del tema original de Paganini. Ha sido usada en la banda sonora de varias películas, entre otras: El Peñón de las Ánimas (1942), The Story of Three Loves (1953), Rhapsody (1954), Pide al tiempo que vuelva (1980), Dead Again (1991), Groundhog Day (1993), Sabrina (1995), Ronin (1998).

Añoro, otra vez, la muy autorizada presencia melómana de Nuestro insólito Rafael Sylva, quien jurase como catecúmeno radical que la mejor versión de la rapsodia* era la de William Kapell (en desventajosa grabación monaural), acompañado por la orquesta Robin Hood Dell bajo el mando de Fritz Reiner.

De temperamento fogoso, él no opinaba prudentemente sino con vehemencia; sus dictámenes musicales eran dogmas de fe, enunciados con seguridad inexpugnable. Así, por ejemplo, nadie habría interpretado de Rachmaninoff la Rapsodia sobre un tema de Paganini con tal fiereza—sustantivo escogido por Rafael—como William Kappell, especialmente su endiablada—él eligió el adjetivo—Variación 19.

Nunca tuvimos oportunidad de compararla con la rendición de Wild, Horenstein y la Royal Philharmonic Orchestra, como solíamos hacer con otras obras favoritas. Creo que él habría bendecido esta ejecución tan potente como luminosa, llena al mismo tiempo de fortaleza y claridad:

Rapsodia (en La menor) sobre un tema de Paganini, op. 43

¡Bravísimo! LEA

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La rapsodia es una pieza musical característica del romanticismo compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas. Es frecuente que estén divididas en secciones, una dramática y lenta y otra más rápida y dinámica, consiguiendo así una composición de efecto brillante. La forma de las partes integrantes de la rapsodia puede ser parecida a la de la fantasía. (Wikipedia en Español).

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Ichi-go Ichi-e

 

Sergiu Celibidache (1912-1996): grande y bondadoso sabio musical

 

Ichi-go ichi-e (一期一会 literalmente “una vez, un encuentro”) es una frase japonesa que describe un concepto cultural vinculado con frecuencia al famoso maestro de té Sen no Rikyu. El término se traduce normalmente como “sólo por esta vez,” “nunca más,” o “una oportunidad en la vida.”

Wikipedia en Español

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Alguna vez asistí a un concierto en el Teatro Municipal de Caracas para escuchar a la Orquesta Sinfónica de Venezuela dirigida por el enorme Sergiu Celibidache (1912-1996), quien vino varias veces a esta tierra donde forjó amistad especial con el Maestro Vicente Emilio Sojo. Por eso fue invitado especialísimo a la póstuma conmemoración de los noventa años del nacimiento de Sojo, ocasión en la que su empeño logró la publicación de un artículoMi amigo Sojoque escribiera acá por esos días de diciembre de 1977. En él, opinó así:

Sojo no ha sido un regalo caído casualmente desde arriba, una feliz materialización de las fuerzas ciegas de la naturaleza, una óptima fuerza de herencia y azar. Sojo es un sencillo y limpio fenómeno natural, una flor espontánea del campo criollo, una canción de las estrellas del cielo vernáculo, una sinfonía augural de esta tierra generosa, que de vez en cuando logra emanciparse de todas las influencias contradictorias y revela en una forma incontenible, por encima de toda interpretación subjetiva y fuera de toda contemporaneidad, su inconfundible identidad. El maestro Sojo es Venezuela. Ojalá que un buen día Venezuela fuera también el maestro Sojo.

Sojo y un joven director rumano

Eso no habría podido ser escrito sino desde la sinceridad de su aprecio por Sojo y nuestro país; Venezuela, “esta tierra generosa”, y su gente ocuparon un lugar privilegiado en el corazón de Celibidache. No olvidemos que, según él, de vez en cuando logramos emanciparnos “de todas las influencias contradictorias” para revelar nuestra “inconfundible identidad”. Si fuimos amados por él algo bueno debemos tener.

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Celibidache no era simplemente un director; también fue un filósofo de la dirección orquestal. Nacido en Rumania de descendencia griega (Σέργιος Τσελεπιδάκης; Sérgios Tselepidákis), resistía la difusión de sus grabaciones argumentando que ellas no podían capturar la individualidad de la audición in situ como experiencia única e irrepetible (Ichi-go ichi-e): la del público asistente a un auditorio particular en un momento particular. (Celibidache argumentaba así como cultor que era del budismo Zen).

En veces fue criticado por dirigir secciones de una obra con lentitud exagerada y otras con rapidez fuera de la común. Desde su propio punto de vista, la crítica de una grabación por su tempo es irrelevante como crítica de la interpretación, escuchada fuera del momento y el ambiente exacto en los que ocurriera. No conozco sino una fracción de su numerosa discografía, y sólo puedo certificar el alargamiento de pasajes lentos en su dirección de Romeo y Julieta de P. I. Tchaikovsky y justificarlo como eficaz regodeo en la hermosura de su tema amoroso.

El nuevo mundo de Celibidache

Pero sus interpretaciones no tienen parangón en un aspecto fundamental: el de la definición instrumental. No conozco otras grabaciones, que no sean las suyas, que permitan la percepción de las distintas partes orquestales aun dentro de la más compleja textura; en los pasajes más ricamente orquestados, el aporte de cada instrumento o grupo instrumental se percibe con la mayor claridad, como un arroz cocido a la perfección para lograr granos totalmente separados. Se puede probar con una obra, que creamos conocer en detalle, dirigida por Celibidache y sorprenderse de oír lo que jamás habíamos escuchado. Es particularmente notable ése su logro distintivo, su asombrosa capacidad de hacernos escuchar nítidamente todas las voces orquestales, en esta lujosa y convincente versión de la Sinfonía #9 en Mi menor, la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonin Dvořák, con la Orquesta Filarmónica de Múnich, de la que fuera Director Musical desde 1979 hasta su muerte:

 

1. Adagio – Allegro molto

2. Largo

 3. Scherzo

4. Allegro con fuoco

 

Nuestro Maestro Sojo tuvo un amigo rumano verdaderamente excepcional. LEA

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