Nota del día 25/07/10: La política que debe cesar

Otro uso para las piedras

La política convencional se la entiende, en palabras de Hess, ocupada del asunto de “la adquisición y el empleo del poder político”. En ambientes democráticos, su tecnología cotidiana es la conciliación de intereses opuestos, y por tanto son para ella importantes el diálogo, la negociación y la transacción. Pero a esa tarea ostensiblemente beneficiosa, subyace el propósito de la dominación, y en la práctica es el modo normal de actuación política la competencia, el combate. Los políticos convencionales, por consiguiente, pasan paradójicamente la vida confrontándose para acceder a un poder que les permitiría conciliar.

Actitudinalmente, además, el político convencional “parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia”. Los partidos son, en consecuencia, agrupaciones de personas que creen que siempre tienen la razón.

Es claro que estos dos rasgos del paradigma político prevaleciente—el de la política de poder o Realpolitik—impiden que el aparato público cumpla cabalmente con la única función que lo justifica: la solución de los problemas de carácter público. (De hecho, es esto lo que ha sido medido una y otra vez por estudiosos del fenómeno; por ejemplo, John A. Vasquez en The power of power politics). Si la cuestión es alcanzar el poder e impedir que el competidor haga lo propio, el adiestramiento más importante del político es el de un arte marcial, pues la lucha es su actividad constante. Las destrezas a adquirir son las requeridas para ese combate: artes retóricas y de manipulación.

Si el paradigma “realista” es la causa última de la insuficiencia política, aquí y en toda latitud, no habrá solución de fondo hasta que no lo suplante un paradigma “clínico”, que entienda la política como arte o profesión de solucionar los problemas públicos, y hasta tanto nuestros políticos no reciban un adiestramiento correspondiente. En particular: “El nuevo actor político… tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra”. LEA

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Nota del día 23/07/10: Gestualidad en tiempos de crisis

El mimo Roy

Ahora, una vez que el recién concluido Mundial de Fútbol masificara el pantalleo—miembros del público pendientes de que las cámaras se fijen sobre ellos para agitarse con saludos y pancartas—, el oficialismo ha adoptado la práctica con fruición. Anteayer actuaron así muchos y muchas de los graduandos y graduandas de licenciados y licenciadas en menciones Culturo y Cultura en el Teatro Teresa Carreño y Carreña. En cuanto se percataban de que estaban enfocados, se reían emocionadamente y mostraban algún papel de difícil lectura.

Ayer, por su lado, el embajador Roy Chaderton hizo gala de recursos adicionales. Poco antes de las once de la mañana, mientras su colega colombiano, Luis Alonso Hoyos, descargaba sus acusaciones contra el gobierno venezolano, se dio cuenta de que una cámara se fijaba en él. Miró por breves instantes directamente a ella, pero pronto inició una recuperación algo accidentada pues, por un lado, preservó el gesto de desagrado al desviar los ojos y luego se tocó la nariz—gesto clásico del mentiroso—y un lado de la cara, antes de comenzar a sonreír mecánicamente, con obvia premeditación, como si indicara falta de seriedad, hasta algo de divertido, en la presentación del Embajador de Colombia. Remató la actuación manteniendo la sonrisa y señalando a alguien, probablemente el embajador de alguna nación del ALBA, a quien se dirigía con el gesto de agitar en su dirección el índice de su mano derecha en señal que parecía aprobatoria. Una secuencia verdaderamente postiza, con demasiados gestos distintos para tan breves segundos.

Su jefe último estuvo gestualmente mejor. A Hugo Chávez le sienta bien la compañía de Diego Armando Maradona. Mientras justificaba la ruptura de relaciones con Colombia no torció la boca, ni aportó los gestos que típicamente le acompañan cuando dice enormidades.

Fueron sus persuasivas palabras las que parecieron traicionarlo, con una sugerencia que pareciera poner en duda la materia de la denuncia colombiana ante el Consejo Permanente de la OEA. Dijo: “Uribe es capaz de mandar a montar un campamento simulado del lado venezolano para atacarlo y causar una guerra”.

Bueno, Uribe no ha hecho eso y difícilmente pueda hacerlo en los quince días que le quedan como gobernante. No es eso lo que Chávez quiso decir, sino sugerir que si por algún azar, un satélite estadounidense lograre fotografiar campamentos extraños cerca de La Villa del Rosario en el estado Zulia, eso sería obra de Álvaro Uribe Vélez.

Pero si esto es así, si Uribe puede hacer eso sin que Venezuela lo impida, la defensa de las fronteras nacionales es muy incompetente. LEA

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Nota del día 22/07/10: También hay santones socialistas

Todos los hombres son mortales

El fundamentalismo es una postura realmente simplista y muy peligrosa socialmente. Es la postura de Khomeini, es la que lleva a decretar la muerte de Salman Rushdie, es la que MacCarthy asumía en los Estados Unidos de los años cincuenta, es la que personificó Robespierre durante la época del Terror durante la Revolución Francesa.

Los resultados de la política fundamentalista en esa fase de la Revolución Francesa configuran una lección histórica que no conviene olvidar. Aun cuando, en teoría, la Revolución era un movimiento a favor de las clases más bajas de la sociedad francesa de fines del siglo XVIII, la distribución por clases sociales de las víctimas del Terror arroja un resultado paradójico y terrible: el 7 y el 8% de los guillotinados provenían, respectivamente, del clero y de la nobleza, en tanto que 31% pertenecía a la clase trabajadora, 28% era de la clase de los campesinos y un 11% adicional correspondía a la clase media baja.

Los procesos sociales guiados por un código fundamentalista tienden a salirse de control con rapidez, y de hecho son iniciados, muchas veces, bajo el manto de imagen de sus moralistas postulados por actores sociales que en realidad emplean técnicas de Realpolitik de modo disimulado. El puño de hierro dentro del guante de seda de Metternich. No es éste, por cierto, el caso de Hugo Chávez, que ni come con cubiertos ni usa guantes. Su protocolo, por lo contrario, pareciera regodearse en el descaro.

La sociedad venezolana debe sustituir el malsano código ético de la política “realista” por un código mucho más maduro que el de los santones fundamentalistas. Un código clínico, que libre por todos, que reconcilie a todos, que castigue y expurgue lo que es debido, sin incurrir en los excesos destructivos e hipócritas de una inquisición que sería incapaz de dar de comer a los venezolanos.

Después de agotar gestos dramáticos, ocurrencias vistosas, circo macabro, cortinas de humo y trapos rojos, un gobierno que se conforme con un despliegue de actos supuestamente justicieros, pero obviamente vengativos,  se verá en muy serios problemas. Además de la parodia épica, ¿tiene otra cosa que ofrecer al pueblo el más notorio demagogo de la política venezolana? LEA

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Nota del día 20/07/10: El engaño demagógico

El pueblo como populacho

En otras oportunidades se ha expuesto acá la idea de que la causa más importante de insuficiencia política es de orden paradigmático. Esto es, las nociones básicas y generales de nuestros políticos acerca de sus propios quehacer y campo. Son ellas las que explican su conducta; por tanto son ellas la causa de sus equivocadas acciones.

Una noción en particular es persistente en prácticamente todos nuestros políticos: la idea de que el pueblo venezolano es de algún modo despreciable.

El concepto adopta variadas formas, y se expresa con fuerza variable en distintos discursos. Algunas veces simplemente emerge en la frecuente referencia a “las masas”, claramente diferenciadas de una élite muy superior. Así, alguna vez dijo un candidato presidencial: “Es que nosotros somos, a lo sumo, el 2% de la población”. Hablaba ante unas cuantas decenas de personas que él reconocía como de su misma clase. Allí, en confianza, exponía lo difícil que era que hombres como él, aristócratas, pudieran “gobernar sobre un país” con características similares al nuestro. Así se expresa la noción a través de alguien que pudiéramos llamar “de derechas”, para usar la fórmula española. A través de un escuálido oligarca, si empleamos la terminología chavista.

Pero el propio Chávez carece del más mínimo respeto por el valor político de los Electores. Cuando comenzaba 1998 y la campaña electoral de ese año arrancaba definitivamente, el chavismo anunció que forzaría la convocatoria de una asamblea constituyente mediante un referendo originado en la iniciativa popular. Recogiendo firmas, pues. (La Ley Orgánica del Sufragio había sido objeto de una reforma por parte del Congreso de 1997, mediante la que se había introducido todo un nuevo título sobre referendos para consultar al pueblo sobre materias “de especial trascendencia nacional”. La convocatoria podía hacerla el Presidente en Consejo de Ministros, el Congreso de la República o 10% de los Electores inscritos).

Más avanzada la campaña, cuando Chávez veía que triunfaría en las elecciones, se olvidó pronta y convenientemente de la recolección de firmas. Ya no necesitaba al pueblo para convocar a referendo sobre la constituyente, dado que como Presidente podría hacerlo directamente. En efecto, fue uno de sus primeros actos de gobierno. Tal vez recordemos que la primera formulación del decreto de convocatoria debió ser retirada y sustituida por otra, puesto que la redacción de la pregunta a los Electores era obviamente totalitaria. Chávez pedía que le dejásemos a él, solamente a él, la responsabilidad de determinar todo lo concerniente a la bendita asamblea constituyente. No necesitaba al pueblo para nada. LEA

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Nota del día 18/07/10: Periplo del holandés errante

Volando boca abajo

El Ministerio de Defensa de Holanda dijo que la alegación venezolana respecto de violación de espacio aéreo nacional, por parte de aeronaves de su país, era “un sinsentido”. El presidente Chávez había asegurado que Venezuela tenía pruebas irrefutables de la violación.

Pasando el asunto de manos de los que manejan la guerra a los ejecutivos diplomáticos, un portavoz del ministerio holandés de relaciones exteriores tradujo a lenguaje de embajadores acerca de la segunda vez que Venezuela reclama por lo mismo en lo que va de año: “Son bobadas, tonterías e invenciones que no sabemos de dónde salen”.

Después vino una conversación telefónica madura entre cancilleres maduros, uno literalmente, otro nominalmente. Dijo el holandés, Maxime Verhagen: “He mantenido con el colega Maduro una charla fructífera y esclarecedora. Las cosas ya están en su sitio y el conflicto ha quedado totalmente zanjado”.

Por último, Verhagen consideró útil trasladarse a Caracas, acompañado por las máximas autoridades de las Antillas Neerlandesas. ¿Por qué tanto movimiento si se trataba de “bobadas, tonterías e invenciones”?

La reunión a puertas cerradas de los colegas duró horas, y culminó con la firma de un documento que reitera el respeto a las soberanías y la disposición a normar el tráfico aéreo de ambos países. ¿Por qué estas estipulaciones si todo no era más que “un sinsentido”? Pareciera que ahora la camiseta naranja respetara la vino tinto. LEA

………

Comunicado conjunto de las Cancillerías de Venezuela y el Reino de los Países Bajos

El 16 de julio de 2010 el Ministro del Poder Popular para Relaciones
Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro
Moros y el Ministro de Asuntos Exteriores del Reino de los Países
Bajos, Maxime Verhagen, acompañados por el Primer Ministro de
Aruba, Mike Eman y el representante del Primer Ministro de las
Antillas Neerlandesas, Carel de Haseth, sostuvieron un encuentro en
Caracas en un ambiente constructivo en el que revisaron asuntos de
interés bilateral.

Ambos Cancilleres reafirmaron el indeclinable compromiso de sus
países con el respeto absoluto a la integridad territorial y a la
soberanía.

Subrayaron su voluntad de profundizar la cooperación entre ambos
países, y en ese sentido destacan la importancia de avanzar
rápidamente en la firma de un Memorándum de Entendimiento sobre
Cooperación, que fija los principios básicos para el desarrollo de una
agenda de beneficio mutuo, con particular énfasis en las áreas
económica y social.

Se convino instalar una Comisión para la revisión de los aspectos de
las Operaciones Aéreas realizadas por ambos países, así como
también iniciar discusiones sobre el uso de la Región de Información
de Vuelo (FIR) en las áreas de interés común, salvaguardando la
responsabilidad y la plena soberanía de ambos países y garantizando
el absoluto respeto del Derecho Internacional.

Decidieron impulsar la organización en Caracas de la III Reunión de
la Comisión Mixta Binacional Antidrogas, en el más breve plazo.

Coincidieron en desplegar sus mayores esfuerzos para lograr que el
Caribe perdure como una zona de paz, donde los principales
esfuerzos se concentren en la búsqueda del bienestar de los pueblos,
el desarrollo y la preservación del medio ambiente.

Se acordó la conformación de un equipo conjunto para estudiar la
factibilidad de la construcción de un gasoducto entre Venezuela y
Aruba. Los ministros manifestaron su apoyo a la cooperación entre
PDVSA y las refinerías en Aruba y Curazao.

Manifestaron el interés de mantener un diálogo político franco y
directo, que permita construir la confianza entre ambos gobiernos e
impulsar una agenda de cooperación y desarrollo conjunto.

Ambos ministros acordaron reunirse de nuevo en el marco de la 65º
Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2010,
para evaluar los progresos alcanzados en los asuntos de interés
mutuo. Para ello los Cancilleres instruirán a sus equipos para
preparar la mencionada reunión.¶

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Nota del día 07/07/10: Un solo gobierno para el mundo

Organigrama muy provisional y cabeza abajo

No tenemos gobierno mundial. Hay una asociación de estados-nación, más bien tenue, en la Organización de las Naciones Unidas, y ciertamente han ido añadiéndose instituciones planetarias con autoridades hasta hace poco inexistentes. (La Corte Penal Internacional es el caso más destacado y significativo). Por otra parte, hay megaprocesos cuya presión va llevándonos a conformar, en algún momento no tan lejano, una polis del mundo. Hay un calentamiento global que todos causamos, desde una vaca en Abisinia hasta un fumador en Estocolmo, desde un tractorista en Wisconsin hasta un talador en la Selva Amazónica. El clima no reconoce fronteras. Hay, desde hace tiempo ya, corporaciones transnacionales, pero también crimen transnacionalizado, desde el más vulgar hasta el terrorista, incontenible por policías locales. Hay, también, un cerebro del mundo en construcción. Google procesa ya alrededor de mil quinientas millones de búsquedas por día, y todavía la Internet está en pañales. Nos preocupa Chávez, pero también Putin y Berlusconi, y se nos engurruña el corazón con un terremoto chileno o un ciclón birmano. El mundo es plano, argumenta Thomas Friedman.

Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como subbloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?

En la base de todo tendría que estar la conciencia de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo.

Pensarnos como ciudadanos del planeta, por otro lado, coloca en sus exactas proporciones de teatro bufo la gestión de nuestro gobierno nacional. Si sé que soy un ciudadano del mundo me percato más claramente de las pequeñeces intrascendentes de nuestra política, y veo con mayor nitidez la escasez de los discursos habituales. Se adquiere, con esa conciencia, el nivel correcto para el acceso a la modernidad y la superación de un proceso político generalmente mediocre.

Cuando Toynbee paseaba su mirada ancha por la historia del mundo, veía innumerables guerras de todo género y escala. Así como hacemos antropomorfismo de Dios—decir que somos creados a su imagen y semejanza es, en realidad, suponer presuntuosa y conmovedoramente que se nos parece—también lo hacemos de los animales, y hablamos del león como “el rey de la selva”, porque identificamos líder y combate, porque creemos consustancial a la política la lucha.

Pero vienen tiempos de acomodo y convergencia. Viene una nueva política. LEA

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