el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

El color de la piel

“¡No puedo respirar!” – George Floyd

 

A la memoria de George Floyd, muerto de asfixia el 25 de mayo en Minneapolis por un policía a quien no le gustan los hombres de color.

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El escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), autor de Las venas abiertas de América Latina*, lee acá un punzante poema de Léopold Sédar Senghor que admite hubiera querido pensar y escribir.

 

 

Léopold Senghor y Rafael Caldera – Roma 1974

Léopold Sédar Senghor, (Joal, Senegal, 9 de octubre de 1906 – Verson, 20 de diciembre de 2001). Poeta senegalés que llegó a la Jefatura del Estado de Senegal, catedrático de gramática, fue ensayista, político y miembro de la Academia Francesa. (…) Durante su época de estudiante creó, junto al martiniqués Aimé Césaire y al guayanés Léon Gontran Damas, la revista L’Etudiant noir, en 1934. En esas páginas expresó por primera vez su concepto de la negritud, noción introducida por Aimé Césaire, en un texto titulado «Négrerie». Fue el primer profesor «negro» que impartió clases de lengua francesa en Francia.

(Wikipedia en Español).

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He aquí el poema de Senghor en el francés original:

Poème à mon frère blanc

Cher frère blanc,
Quand je suis né, j’étais noir,
Quand j’ai grandi, j’étais noir,
Quand je suis au soleil, je suis noir,
Quand je suis malade, je suis noir,
Quand je mourrai, je serai noir.
Tandis que toi, homme blanc,
Quand tu es né, tu étais rose,
Quand tu as grandi, tu étais blanc,
Quand tu vas au soleil, tu es rouge,
Quand tu as froid, tu es bleu,
Quand tu as peur, tu es vert,
Quand tu es malade, tu es jaune,
Quand tu mourras, tu seras gris.
Alors, de nous deux,
Qui est l’homme de couleur?
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* “Las venas abiertas de América Latina es un ensayo del escritor uruguayo Eduardo Galeano publicado en 1971 a la edad de 31 años. En esta obra, el autor opina sobre la historia de América Latina y su victimismo, de modo global desde la Colonización europea de América hasta la América Latina contemporánea, argumentando con crónicas y narraciones el constante saqueo de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y los Estados imperialistas, el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX en adelante. La obra recibió mención honorífica del Premio Casa de las Américas”. (Wikipedia en Español). El 18 de abril de 2009, Hugo Chávez Frías obsequió a Barack Obama un ejemplar de ese libro en la V Cumbre de las Américas que se celebró en Trinidad. “Hay mucha verdad en Las venas abiertas de América Latina, pero el propio Eduardo Galeano ha tomado algo de distancia de su libro de 1971″. (De memes y memeces, 21 de octubre de 2012). LEA

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El sueño americano es una pesadilla (para los negros)

Lo que sigue es una traducción del servicio de noticias por correo electrónico de The New York Times*

Una de las centenares de protestas de estos días en EEUU

 

Para la mayoría de los estadounidenses blancos, las interacciones con la policía rara vez ocurren, y a menudo son respetuosas o incluso amigables. Muchas personas blancas no conocen a una sola persona que esté actualmente tras las rejas.

En muchas comunidades negras, y especialmente para los hombres negros, la situación es completamente diferente. Algunas de las estadísticas pueden ser difíciles de comprender:

Según el Proyecto de Sentencias, cerca del 10 por ciento de los hombres negros de 30 años están tras las rejas en un día determinado.

Las tasas de encarcelamiento para los hombres negros son aproximadamente el doble que las de los hombres hispanos, cinco veces más altas que las de los hombres blancos y al menos 25 veces más altas que las de las mujeres negras, las mujeres hispanas o las mujeres blancas.

La última vez que el gobierno contó cuántos hombres negros habían pasado tiempo en una prisión estatal o federal, en 2001, la proporción era del 17 por ciento. Hoy en día, es probable que se acerque al 20 por ciento (y este número no incluye a las personas que han pasado tiempo en la cárcel sin haber sido condenadas a prisión). El número comparable para los hombres blancos es de aproximadamente el 3 por ciento.

El aumento del encarcelamiento masivo en el último medio siglo lo ha convertido en una característica dominante de la vida moderna para los estadounidenses negros. Un gran número de hombres negros están desaparecidos de sus comunidades, no pueden casarse, cuidar a los niños o ver a sus padres ancianos. Muchos otros sufren daños económicos o psicológicos permanentes, y luchan por encontrar trabajo después de salir de prisión.

Un estudio reciente de los economistas Patrick Bayer y Kerwin Kofi Charles encontró que el 27 por ciento de los hombres negros en los mejores años laborales de sus vidas, entre las edades de 25 y 54 años, no informaron haber ganado un solo dólar de ingresos en 2014. “Ese es un número masivo ”, dijo Charles, decano de la Escuela de Administración de Yale. El encarcelamiento, incluidos los efectos secundarios, fue una razón importante.

La furia que corrió por las calles de Estados Unidos durante la semana pasada tiene muchas causas, comenzando con un video horrible que muestra el asesinato de George Floyd en Minneapolis. Pero esa furia también se ha estado acumulando durante mucho tiempo. Es, en parte, furia porque ese encarcelamiento se ha vuelto normal.

(…)

El Fiscal General William Barr dio la orden de despejar la plaza frente a la Casa Blanca el lunes por la noche, explica The Times, en una historia que reconstruye el incidente. La orden llevó a las fuerzas del orden público a usar granadas de humo y destello, que dispersaron a los manifestantes pacíficos para que Trump pudiera aparecer en una iglesia y tomarse una foto.

Ex líderes militares y expertos en democracia condenaron el uso de la fuerza contra los ciudadanos. El almirante retirado Mike Mullen escribió en The Atlantic que Trump había “puesto al descubierto su desdén por los derechos de protesta pacífica en este país”. Kori Schake, ex funcionario del Pentágono y asesor político republicano, dijo: “Si estuviéramos viendo esto en otro país, estaríamos profundamente preocupados”. Gail Helt, una antigua analista de la C.I.A., dijo a The Washington Post: “Esto es lo que hacen los autócratas. Esto es lo que sucede en los países antes de un colapso. Realmente me pone nerviosa”.

* Recibido hoy, 3 de junio de 2020. 

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Los Estados Unidos son el país cuyo gobierno condena a otros, imponiéndoles sanciones por “violación de derechos humanos”. (Para un dossier parcial anterior a Trump ver A propósito de John Kerry, 14 de mayo de 2014). LEA

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En defensa de George Soros

George Soros en el Festival de Economía de Trento en 2012 (Foto Niccolò Caranti)

 

A María Cristina y John

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En el primer minuto del 1º de este mes de junio, cargué TweetDeck para revisar lo que la pajarera piaba. Inmediatamente captó mi atención un tuit que vendía otra patraña más acerca de George Soros. Ésta es la imagen y el texto que entonces veía:

 

 

Según los tuiteros involucrados, Soros habría declarado el 23 de octubre de 2009 al Financial Times: “China debe liderar el Nuevo Orden Mundial, creándolo, siendo su dueño y suplantando a los Estados Unidos como la superpotencia económica del mundo”. (El Sr. Carlos Díaz—@tucutu_cd—respondía, con defectuosa sintaxis, a @gomezmtx y @ekbufalo: “Agregue esta perla del mismo personaje en 2009. MUY pertinente recordarla ahora a la vista de COVID19. El verdugo de Occidente dando pistas y Occidente haciéndose los locos… INCREIBLE”).

Afortunadamente, puede leerse la transcripción de la entrevista que Soros concediera al vetusto periódico londinense, fundado en 1888. Esto fue lo que en realidad dijo en esa fecha:

…realmente se necesita llevar a China a la creación de un nuevo orden mundial, un orden mundial financiero. Son una especie de miembros reacios del FMI. Siguen el juego, pero no hacen una gran contribución porque no es su institución. Su participación no es proporcional… sus derechos de voto no son proporcionales a su peso, por lo que creo que se necesita un nuevo orden mundial en el que China tenga que ser parte del proceso de creación y tengan que comprarlo, de la misma manera que, digamos, Estados Unidos posee el Consenso de Washington, el orden actual, y creo que éste sería más estable si se hubiera coordinado políticas. Creo que los resultados ya están ahí porque efectivamente el G20, al aceptar revisiones por pares, se está moviendo en esa dirección.

Más adelante en la entrevista, se produce este intercambio:

FT: En los Estados Unidos, ¿cuán preocupado está Ud. por el déficit presupuestario y tal vez por la posibilidad de inflación?

GS: Bueno, ciertamente será necesaria una declinación del valor del dólar para compensar el hecho de que la economía de los Estados Unidos seguirá siendo débil, un lastre para la economía global. China emergerá como el motor que reemplace al consumidor estadounidense y, por supuesto, es un motor más pequeño porque la economía china es mucho más pequeña. Así que la economía mundial tendrá menos motor, y por eso se moverá adelante más lentamente de lo que ha hecho en los últimos 25 años. Pero China será el motor que la mueva y los Estados Unidos serán verdaderamente una rémora que es halada por una declinación gradual del valor del dólar.

 

Pasaje de la entrevista a Soros en Financial Times

 

¿De dónde sacaron los tuiteros del caso la acusación de que Soros propugna la sustitución de los Estados Unidos por China? Lo que ha hecho es describir una situación y un proceso, lo que hizo fue diagnosticar y pronosticar, y de ningún modo puede ser presentada aquella falsedad como su recomendación.

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Como no muchos empresarios, George Soros es asimismo un intelectual. Posee una maestría de la London School of Economics, donde tuvo la suerte de que fuera su tutor nadie menos que Karl Popper, el Papa de la Filosofía de la Ciencia en el siglo XX. De este insigne maestro tomó varias cosas, entre ellas el concepto de reflexividad con el que desarrolló una teoría: “La reflexividad postula que los valores de mercado a menudo están impulsados por las ideas falibles de los participantes, no sólo por los fundamentos económicos de la situación. Las ideas y los eventos se influyen mutuamente en lazos de retroalimentación reflexiva. Soros argumentó que este proceso lleva a los mercados a tener ciclos procíclicos ‘virtuosos’ o ‘viciosos’ de auge y caída, en contraste con las predicciones de equilibrio de una economía neoclásica más estándar”. (Wikipedia).

No tengo empacho en admitir inequívocamente que admiro grandemente su trayectoria como líder civilizatorio francamente inusual, precisamente por sus posturas intelectuales. Tampoco ocultaré que le envidio la cercanía que tuvo con Popper, de quien leí La lógica del descubrimiento científico, Conjeturas y Refutaciones, La Miseria del HistoricismoLa Sociedad Abierta y sus Enemigos, de donde toman su nombre las fundaciones que ha creado y mantiene desde su inicio para—en palabras de Waldemar A. Nielsen, una autoridad en filantropía estadounidense—”nada menos que abrir las sociedades comunistas de Europa del Este, que una vez estuvieron cerradas, a un flujo libre de ideas y conocimiento científico del mundo exterior”.

Desde 1979, como defensor de las “sociedades abiertas”, Soros apoyó financieramente a los disidentes, incluido el movimiento de Solidaridad de Polonia, la Carta 77 en Checoslovaquia y Andrei Sakharov en la Unión Soviética. En 1984, fundó su primer Open Society Institute en Hungría con un presupuesto de $3 millones. Desde la caída de la Unión Soviética, la financiación de Soros ha jugado un papel importante en los países recientemente independientes. Un estudio de 2017 encontró que un programa de subvenciones de George Soros que otorgó fondos a más de 28.000 científicos en las antiguas repúblicas soviéticas poco después del final de la Unión Soviética “duplicó con creces las publicaciones al margen, indujo significativamente a los científicos a permanecer en el sector de la ciencia, y tuvo efectos duraderos [beneficiosos]”. Los nacionalistas georgianos consideraron que su financiación de programas prodemocráticos en Georgia fue crucial para el éxito de la Revolución de las Rosas, aunque Soros ha dicho que su papel ha sido “enormemente exagerado”. El ex canciller georgiano, Salomé Zourabichvili, escribió que instituciones como la Fundación Soros fueron la cuna de la democratización. (Wikipedia).

Hace un buen número de años, supe que Soros creía en la falibilidad humana como una condición fundamental de la vida social, y el hallazgo fue la confirmación de mi afinidad con su pensamiento. Yo mismo había escrito en febrero de 1985: “El nuevo actor político (…) tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra”. Y habiendo escrito “Vienen tiempos postideológicos, transideológicos”, leí en The New York Magazine del 17 de julio de 2018 esta constancia del articulista:

Cuando pregunté a Soros que se describiera a sí mismo en términos ideológicos, se rió: “Mi ideología no es ideológica”.

En este blog, se ha citado a Soros varias veces; por ejemplo, en Poder y verdad (10 de febrero de 2009), o de su texto The Bubble of American Supremacy en Burbujas de amor (25 de noviembre de 2008), y comentado tres veces sus tesis de La amenaza capitalista (vol. 279 de The Atlantic Monthly), en agosto y septiembre de 2007.

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Por supuesto, George Soros es un imán para la envidia y el odio gratuito, puesto que no oculta sus opiniones. Por ejemplo, se opuso al Brexit, cosa que algunos conservadores ingleses no perdonaron y cobraron con el infundio. Otros, más estrambóticos, han sostenido que fue un colaborador de los Nazis o más recientemente—noviembre de 2019—, sin ninguna evidencia, el abogado Joseph di Genova, lo acusó de “controlar las actividades de agentes del FBI en el exterior”. Soros tiene a estas alturas, sin embargo, una piel endurecida por los ataques de la locura y la irresponsabilidad. El 22 de octubre de 2018, fue colocada en el buzón de correos de su casa de Katonah, Nueva York, una bomba que afortunadamente fue descubierta y desactivada. Por esos mismos días, bombas similares fueron enviadas por correo a Hillary Clinton, Barack Obama y otros políticos demócratas. Ninguna, por suerte, llegó a explotar, y poco después se condenó al remitente descubierto a veinte años de prisión.

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La psicología del conspiracista es realmente primitiva. Quienes son capaces de distorsionar las ocurrencias de las cosas para acomodar algún odio gratuito en el espacio de Twitter u otra red social tienen, obviamente, un patrono que según ellos debiera ser declarado al menos como Siervo de Dios; ése no es otro que el actual Presidente de los Estados Unidos. (De Occidente, pues, tuitearía Carlos Díaz). LEA

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Pulso político en pandemia

Datanálisis ha dado a conocer algunas mediciones de su estudio Ómnibus del mes que concluyera ayer; en particular, lo concerniente a las evaluaciones políticas en tiempo de coronavirus. En la muestra, 9,1% se identificó como chavista, 27,3% como opositor y 58,3% como no alineado. Éstas son las cifras, expresadas en términos porcentuales, respecto del país como conjunto y de las figuras opuestas de Nicolás Maduro y Juan Guaidó (en su evaluación general y en cuanto a su respuesta ante la pandemia):

Adicionalmente, 61,5% de los encuestados estaría a favor de un acuerdo entre gobierno y oposición para fines de atender la situación sanitaria causada por el Covid19; 22,8% se manifestó en contra de tal posibilidad.

Sin comentarios. LEA

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Hablan los obispos (otra vez)

Logotipo del episcopado venezolano

 

A Eugenia Josefina María, la estrella de la mañana

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El mejor aporte que como ciudadanos podemos hacerle al país, es que desde nuestras instituciones sociales acompañemos la búsqueda de una salida, que necesariamente pasa por la inclusión de todos, el diseño de un nuevo modelo de país y la conformación de instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social. Esto implicará nuevos liderazgos políticos que enrumben al país hacia el progreso y se deslastren de ideologías asfixiantes y tóxicas que generan sufrimiento y muerte.

Conferencia Episcopal VenezolanaExhortación del 28 de mayo de 2020

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El oficio de exégeta—Del gr. ἐξηγητής exēgētḗs. 1. m. y f. Persona que interpreta o expone un texto. Diccionario de la Lengua Española—, sobre todo si se hace sobre textos que emplean profusamente cierta jerga—Lenguaje especial y no formal que usan entre sí los individuos de ciertas profesiones y oficios. (Ídem)—, puede ser de gran utilidad, pero también puede ser muy ingrato. Afortunadamente, en el caso de la más reciente exhortación episcopal venezolana, como es usual, no se requiere mucha interpretación; es ella clarísima.

Pudiera decirse que el documento recién publicado (anteayer) consiste de dos partes, siendo la primera un registro de los problemas que aquejan a la mayoría de los habitantes venezolanos; la segunda es prescriptiva, al exponer lo que a juicio de los prelados católicos de nuestro país habría que hacer para superarlos. Siendo aquella parte primera harto sabida—todo venezolano conoce, con mayor o menor detalle, el inventario de penurias que nos afligen—, fijemos nuestra atención en la segunda, la que no es otra cosa que lo reproducido en el epígrafe. Si se quiere, hagamos exégesis crítica de lo que propone. Analíticamente, convendrá su descomposición en proposiciones separables:

a. los ciudadanos tendríamos que “acompañar” la búsqueda de una “salida”.

b. ello debe hacerse desde “nuestras instituciones sociales”.

c. la “salida” debe incluir a todos.

d. hay que “diseñar” un nuevo “modelo de país”.

e. hay que “conformar” instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social.

f. tales tareas serán posibles desde “nuevos liderazgos políticos que enrumben al país hacia el progreso y se deslastren de ideologías asfixiantes y tóxicas que generan sufrimiento y muerte”.

El primero de los puntos es la admisión de que la “salida” es desconocida, puesto que si la conociéramos no tendríamos que buscarla o “acompañar” a quienes la buscarían para—¡ojalá!—encontrarla.

Luego, tal acompañamiento debe (según la CEV) proveerse desde instituciones que no serían políticas sino “sociales”. (¿Cáritas o Fe y Alegría, por ejemplo?) Son tesis reiteradas de este espacio que 1. los órganos del poder público están constitucionalmente obligados a colaborar “entre sí en la realización de los fines del Estado” (Art. 136), y 2. que debe someterse a la decisión de la más poderosa, la suprema entre nuestras “instituciones” políticas—esto es, el Pueblo mismo—las cuestiones fundamentales y más polémicas. Por ejemplo, a. si quiere disolver la Asamblea Nacional Constituyente (proposición reiterada de referendo en febrero de 2018); b. si el Pueblo quiere nuevas elecciones presidenciales (lo que puede decidir aun antes de la conclusión del período constitucional en curso, como se propusiera acá ya en octubre de 2016); c. si quiere la implantación del socialismo en el país (consulta por primera vez propuesta en julio de 2009), etcétera.

Es muy positiva la condición de inclusión de “todos” en la “búsqueda” de la solución, como ha predicado desde hace casi dos años Baltazar Cardenal Porras. El 26 de julio de 2018, El Universal publicó declaraciones suyas: “Es muy mala palabra hablar de diálogo en Venezuela por todo lo que ha ocurrido, pero los problemas se arreglan hablando. (…) tenemos que unirnos para responder mejor a las necesidades, ver mucho más lo que nos une y no lo que nos diferencia, se debe hacer con la participación de todos porque nadie tiene la verdad absoluta”.

Discreparé de eso del diseño de un nuevo “modelo de país”. Así cerré hace 9 años—26 de abril de 2011—Mitología proyectiva:

La psiquis nacional está grandemente neurotizada. No puede haber ocurrido en balde la reiterada prédica tóxica del Presidente de la República, pero aunque él es la exacerbación de la arrogancia observable en los políticos convencionales, no ha sido él quien originara la soberbia patológica representada en la idea de un “proyecto país”. Pretender que se puede construir deliberadamente un país como si fuera una casa, es la más necia jactancia de todas.

He reiterado más de una vez que los “proyectos” o “modelos de país” no son sino entelequias. (Ver, por caso, No hay modelos de país, con el audio del programa #198—28 de mayo de 2016—de Dr. Político en Radio Caracas Radio, en el que se “desmontó la idea de modelos o proyectos de país, al argumentar que los países se hacen a sí mismos”).

Luego, sobre eso de “instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social”, las que están descritas en la Constitución son bastante aceptables; no muchos cambios—enmiendas o reformas—requeriría ese texto para llenar las condiciones episcopales. El 25 de octubre de 2007, el diario El Nacional publicaba El día después, un artículo de Luis Ugalde S. J. que comenzaba de este modo: “Chávez ha decidido imponer una nueva Constitución (acabando con la bolivariana) para llevarnos forzados a una sociedad totalitaria que la mayoría de los venezolanos rechaza. (…) Hay que… evitar que se aplique un régimen que reduzca los derechos humanos y elimine la democracia pluralista”. (Citado en Glosa de pupitre, 1º de noviembre de 2007). Hugo Chávez fracasó en el intento de modificar lo que Ugalde argumentó que debíamos defender; desde entonces, la única modificación de la Constitución—que rige en Venezuela desde el 15 de diciembre de 1999—, es la inclusión de la reelección indefinida de los funcionarios públicos electivos. El problema no es constitucional; es de desempeño.

Por último, encuentro muy interesante lo de “nuevos liderazgos políticos” que serían necesarios; es lo mismo que es también hoy agudamente requerido en la mayoría de las naciones del mundo. (Muy especialmente en las que se permiten condenar y sancionar a otros países mientras exhiben reiteradas violaciones de derechos humanos, como las que por estos días han incendiado a Minneapolis, por ejemplo). Los “viejos” liderazgos políticos entienden la política como lucha por el poder con la justificación—pretexto o coartada—de una ideología; es esa concepción lo que hay que cambiar. Los nuevos líderes, los nuevos estadistas—podemos y debemos exigir—debieran ser quienes partan de un concepto muy distinto: que la política debe entenderse como arte, profesión u oficio de resolver problemas de carácter público, sujeto a un estricto código de ética—tal como las artes médicas—, fundado en las más modernas nociones y hallazgos de las ciencias aplicables a la comprensión y tratamiento de las sociedades del siglo XXI. (Teoría de la complejidad, principalmente, en vez de nociones tomadas de la Física del siglo XVII para hablar de “fuerzas políticas” y “espacios políticos”, o de la Geometría para pretender que las sociedades son la conjunción de “sectores”).

Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).

Tres años antes, sostenía en la introducción de Las élites culposas:

Las élites venezolanas—partidistas, comunicacionales, em­presariales, eclesiales, sindicales—vienen de algo más de dos décadas de reiterada imprudencia. La nueva élite chavista es, por supuesto, la más equivocada de todas. Hago votos por nuestro aprendizaje como nación, para que la necesaria aristocracia* se haga más sabia. Nuestra política sería mejor si abrevara de las más modernas actividades del conocimiento humano riguroso, de las ciencias. Éstas nos ofrecen, desde hace no mucho, la integración transdisciplinaria de la ciencia de la complejidad, que enseña que la sabiduría grupal emerge de la agregación. En un sistema complejo, como la sociedad, el más pequeño de los factores puede tener un efecto crucial. Los sistemas complejos, por esto se dice, exhiben gran sensibilidad a sus condiciones iniciales.

La terquedad ideológica, apreciados Obispos a quienes agradezco su constante preocupación, es el más fundamental de los impedimentos que atenazan a la sociedad venezolana. Es hora de procurar profesionales muy distintos. LEA

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* Esa nueva manera de hacer política requiere un nuevo actor político. El actor político tradicional pretende hacer, dentro de su típica organización partidista, una carrera que legitime su aspiración de conducir y gobernar una democracia. Sin embargo, el adiestramiento y formación que imponen los partidos a sus miembros es el de la capacidad para maniobrar dentro de pequeños conciliábulos, de cerrados cogollos y cenáculos. Se pretende ir así de la aristocracia a la democracia. El camino debe ser justamente el inverso. Debe partirse de la democracia para llegar a la aristocracia, pues no se trata de negar el hecho evidente de que los conductores políticos, los gobernantes, no pueden ser muchos. Pero lo que asegura la ruta verdaderamente democrática, no la ruta pequeña y palaciega de los cogollos partidistas, es que ese pequeño grupo de personas que se dediquen a la profesión pública sean una verdadera aristocracia en el sentido original de la palabra: el que sean los mejores. Pues no serán los mejores en términos de democracia si su alcanzar los puestos de representación y comando les viene de la voluntad de un caudillo o la negociación con un grupo. No serán los mejores si las tesis con las que pretenden originar soluciones a los problemas no pueden ser discutidas o cuestionadas so pena de extrañamiento de quien se atreva a refutarlas. Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra. De allí también su transparencia. El ocultamiento y el secreto son el modo cotidiano en la operación del actor político tradicional, y revelan en él una inseguridad, una presunta carencia de autoridad moral que lo hacen en el fondo incompetente. La política pública es precisamente eso: pública. Como tal debe ser una política abierta, una política transparente, como corresponde a una obra que es de los hombres, no de inexistentes ángeles infalibles. (Tiempo de incongruencia, 12 de febrero de 1985).

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De Sucre

Nacha dirige unas palabras a la audiencia el día de la presentación de su libro—Alicia Eduardo – Una parte de la vida—, editado en 2009 por la Fundación Empresas Polar, en la Casa Lorenzo Mendoza para el Estudio de la Historia de la Esquina de Veroes

 

A Nacha

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Con el matrimonio el marido y la mujer adquieren los mismos derechos y asumen los mismos deberes. Del matrimonio deriva la obligación de los cónyuges de vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. La mujer casada podrá usar el apellido del marido. Este derecho subsiste aún después de la disolución del matrimonio por causa de muerte, mientras no contraiga nuevas nupcias. La negativa de la mujer casada a usar el apellido del marido no se considerará, en ningún caso, como falta a los deberes que la Ley impone por efecto del matrimonio.

Artículo 137 del Código Civil de Venezuela

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Desde 1979 hasta 1984 fue Ministra de Estado para la Participación de la Mujer en el Desarrollo la impar amiga Mercedes Pulido de Briceño, y fue durante ese ejercicio cuando se produjera la reforma de nuestro Código Civil, saludada como equiparadora de los derechos de la esposa y el esposo en la unión matrimonial. “Liberación” de la mujer, pues, expresada en el artículo citado en el epígrafe, que iguala a los cónyuges en derechos y deberes y define el uso del apellido del marido por la esposa como algo optativo. Un buen trecho se había recorrido desde el tiempo de los romanos:

El poder del pater familias era llamado patria potestas—patria potestad en español—. (…) Bajo la Ley de las XII Tablas, el pater familias tenía vitae necisque potestas (poder de vida o muerte) sobre sus hijos, su esposa y sus esclavos, de todos los cuales se decía que estaban sub manu—bajo su mano—. (Wikipedia en Español).

Bastante, sin embargo, queda todavía en el mundo de sojuzgamiento femenino, y no sólo en este asunto del derecho sino también en nuestro lenguaje, en el que se expresa aún una cierta inferioridad, aunque la primera acepción del término hombre es registrada así en el Diccionario de la Lengua Española: “m. Ser animado racional, varón o mujer”. Pero el término mujer tiene esta académica acepción cuarta: “4. f. Esposa o pareja femenina habitual, con relación al otro miembro de la pareja”. Hay una mínima diferencia en el uso equivalente para el término hombre: “5. m. coloq. Marido o pareja masculina habitual, con relación al otro miembro de la pareja”. El diccionario advierte que este uso es coloquial; es decir: Propio de una conversación informal y distendida. ¿Sutil diferencia?

Pero la proposición “de” en el uso común de las señoras casadas no se ha desprendido del significado de propiedad o pertenencia. No es casual que la primera acepción—entre veintisiete—de ese monosílabo en el diccionario sea ésta: prep. Denota posesión o pertenencia.

Así, pues, hay un residuo atávico en eso de Mercedes Pulido de Briceño; si no se usa la misma preposición al mencionar a quien fuera su esposo como Wenceslao Briceño de Pulido, persiste una diferencia; decimos que la mujer es propiedad del hombre en el matrimonio y no lo recíproco.

El orden de los apellidos de cualquiera también está sesgado para favorecer lo masculino en el ámbito de nuestra lengua, poniendo el apellido del padre delante del materno. (En el uso estadounidense ocurre lo inverso; Rose Fitzgerald era la madre de John Fitzgerald Kennedy, y por eso su apellido es el primero de su hijo—a veces representado sólo por una inicial: John F. Kennedy—, aunque ella misma fuera luego de casada Rose Kennedy née Fitzgerald. (Nacida Fitzgerald; después, una Kennedy más).*

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Tal vez quien entre a partir de hoy en este blog, desde su portada o página de Inicio, note un pequeño cambio. Antes decía, en la barra azul superior, “el blog de luis enrique alcalá”; ahora dice: “el blog de luis enrique alcalá de sucre”.

Eso no pasa de ser una mínima restitución de la correcta equiparación de esposa y esposo. Yo pertenezco a Cecilia Ignacia Sucre Anderson; soy su esposo. No hay en eso, por supuesto, una revolución sino algo enteramente natural; siempre me he considerado de Nacha, desde que la conociera más de dos años antes de nuestro matrimonio. ¿No hay en esta última palabra—Unión de hombre y mujer, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses—un sesgo que define la madre (matri) antes que el padre? Digo, si la comparamos con patrimonio: “Conjunto de los bienes y derechos propios adquiridos por cualquier título”. (Puede alegarse, naturalmente, que la esposa, la mujer, era cuando se inventó ese vocablo parte del patrimonio del hombre).

En todo caso, el de Sucre no me perturba en lo más mínimo; es más, constituye para mí un motivo de orgullo. Ese apellido designa en particular a una familia especialísima. Me tocó el honor de escribir el prólogo al libro de mi señora y dueña, Alicia Eduardo – Una parte de la vida. Allí puse:

La nobleza, la solidaridad, la discreción, la alegría, el sentido de realidad, la noción del deber ineludible, la paciencia, el respeto del prójimo y lo ajeno, el espíritu de cuerpo, la seriedad, la pasión deportiva, el tino para conseguir consortes, la falta de pretensión y una orientación práctica y desenredada hacia la vida, son rasgos comunes a los Sucre Eduardo, y esa múltiple conjunción, reiterada doce veces, sólo puede explicarse en la labor paternal y maternal de Andrés y Alicia. (…) He tenido el inmenso privilegio de tratarlos y quererlos y no he encontrado el modo de agradecerles su existencia y que me hayan recibido.

Ambos apellidos han estado unidos antes en nuestro país; una tía de mi esposa, María Isabel (Mimí), casó con Juan Alcalá “para repetir lazos orientales”, y Luis Alcalá Sucre fue, a partir de 1965, el primer presidente venezolano de una empresa petrolera en nuestro país. (Mene Grande Oil Company, la tercera en tamaño de las operadoras extranjeras antes de la nacionalización de esa industria una década después). Nunca supe de la distancia que nuestra familia tenía con él, pero sí que Antonio José de Sucre llevaba el Alcalá por segundo apellido, pues era su madre María Manuela Alcalá y Sánchez; el padre de mi tatarabuelo paterno, José Gabriel de Alcalá y Sánchez, era su tío. (Por cierto, es mucho más igualitaria la vieja usanza española de unir los apellidos paterno y materno mediante la más copulativa de las conjunciones castellanas).

Así que, sí, soy de Sucre, a mucha honra. LEA

………

* El profesor José Antonio Calcaño, primo hermano de mi abuela materna, fue músico, musicólogo, docente y diplomático. En esta última condición formó parte de la delegación venezolana a la primera Asamblea de las Naciones Unidas en 1945, y poco después de nuestra primera embajada ante ese órgano. Es habitual que las legaciones de una nación en otra—embajadas, consulados—tengan personal del país en el que operan, no sólo por su dominio de la lengua local sino por su conocimiento del “patio”. Uno de los miembros de la delegación venezolana de la que José Antonio formaba parte le pidió ayuda con la recepcionista de la oficina, puesto que él no hablaba bien el inglés y mi pariente sí. “Explícale, por favor, que no debe llamarme Míster González Pérez, sino Pérez González. Ella jura que debe decir de primero el apellido materno”. José Antonio accedió, y a la primera oportunidad encaró a la infractora preguntándole cómo se llamaba él. “Muy fácil”, dijo la secretaria: “Ud. se llama José Antonio Calcaño Calcaño”. “No”, respondió él; “yo me llamo José Antonio Calcaño Calcaño. El Calcaño que Ud. pone delante es el apellido de mi mamá”.¶

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