el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

El premio al mejor equipo

Hace tres décadas para Maracaibo

 

Hace exactamente treinta años de que el diario La Columna, exitosamente posicionado como el diario metropolitano de Maracaibo, recibiera el Premio Nacional de Periodismo.* En La erección de una columna nueva (27 de junio de 2010), se lee:

…el 27 de junio de 1990, el diario La Columna (Maracaibo) ganaba el Premio Nacional de Periodismo a escasos nueve meses de su reaparición. Entre los otros candidatos al galardón se encontraban El Nacional y el periódico que entonces era todavía “el decano de la prensa nacional”, La Religión, que cumplía un siglo de existencia. La Columna había sido cerrado por su dueño, la Arquidiócesis de Maracaibo, en junio de 1988, y volvió a la vida el 8 de septiembre de 1989, coincidiendo con la fecha convencionalmente aceptada como la de la fundación de la ciudad. En un patio dominado por la presencia de Panorama, la hegemonía informativa de este periódico nunca había sido quebrada por otro diario; ni La Columna, que era más antigua, ni El Diario de Occidente, ni Crítica, ni El Nacional de Occidente, ni El Zuliano, habían podido hacer mella en un cuasi-monopolio que decidía el mundo que existiría oficialmente para los zulianos: el registrado en las páginas de Panorama. Pero La Columna nueva ya alcanzaba en febrero de 1990, a cinco meses de su reaparición, una circulación pagada que superaba la de ese periódico en unos seis a nueve mil ejemplares diarios en la ciudad de Maracaibo; en abril alcanzaba (en siete meses) el punto de equilibrio entre costos de operación e ingresos por publicidad (USA Today se conformaba con lograr esa meta en cuatro años) y en junio no hubo más remedio que reconocer su increíble proceso con el premio máximo del periodismo nacional.

Como es usual, la noticia se supo con antelación; así puede colegirse de la muy generosa carta que quince días antes me hiciera llegar Paúl Villasmil, el inteligente publicista y promotor marabino que apoyó calurosamente el proceso de relanzamiento y su consolidación. Hela aquí reproducida:

Maracaibo es mi segunda patria chica y más todavía. Acabo de contar a Marlene Nava, veterana profesional del periodismo a quien me cupo el honor de contratar, lo siguiente:

Para la operación de distribución, creé Distribuidora Onda y nombré a [Orlando] Espina como su Gerente. Él no podía creer que también le adjudicara, como parte de su contrato, y además de un sueldo que no esperaba, 30% de las acciones de esa empresa. Esto es, se sentaba en la misma asamblea de accionistas al lado de Monseñor Roa Pérez. Tal vez por eso vino un día a anunciarme que había propuesto en una reunión de guajiros—el padre de Orlando había sido vendido como esclavo a los tres años de edad—que se me tuviera como guajiro honorario, lo que me llenó de orgullo.

En mi trayectoria profesional no hay nada que pueda igualar la satisfacción de haber trabajado en La Columna, apoyado por gente competentísima mayormente joven.** Cerré la entrada mencionada al comienzo con una tajante convicción: “La Columna (…) fue—todavía lo es—el mejor periódico que se haya hecho en Venezuela”. LEA

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Se me ofreció el cargo de Editor Ejecutivo de La Columna, comenzando el 1º de enero de 1989, a raíz de un memorándum mío (luego de una visita a Maracaibo) que convenció a Gómez López y López Castillo, la pareja bancario-episcopal que tanto gravitó sobre el subsiguiente destino del periódico. Proposiciones conceptuales previas, incluyendo una tuya y otra de Rodolfo Schmidt, no tuvieron la misma persuasividad estratégica. En ese memorándum, de diciembre de 1988, me atreví a pronosticar el Premio Nacional de Periodismo en no más de dos años, indicando que mi propensión al atrevimiento me inducía a imaginarlo en el primer año. Esta premonición resultó ser acertada. (En contestación a comentario de Víctor Suárez a La erección de una columna nueva).

** Casi toda la plantilla de periodistas había egresado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia. El premio, por tanto, fue en gran medida para esa institución y su principal maestro, Sergio Antillano, de quien todos se expresaban con veneración.

La gente del periódico, por supuesto, fue el factor principal, la columna de La Columna. Una decena de periodistas jóvenes, recién egresados de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia—donde recibieron conocimiento y guía ética de profesores que incluyeron al legendario Sergio Antillano—conformó el equipo inicial, que el éxito permitió complementar luego con unos pocos más: Jesús Urbina Serjant, Lilia Montero, Carlos Caridad, Marco Tulio Socorro, Patricia Rincón, Vinicio Díaz, Judith Martorelli y los fotógrafos Gustavo Bauer y Fernando Bracho, un grupo al que se unían Paola Badaraco, Mayra Chirino y María Angélica Dávila desde la corresponsalía que se abrió en Caracas y, en Maracaibo mismo, Lucía Contreras, Sarita Chávez, Marlene Nava y Celalba Rivera. Con la excepción de unos muy pocos veteranos—como Francis Blackman, en deportes—La Columna de 1989-1990 fue la obra de jóvenes. Fueron ellos quienes hicieron el primer periódico venezolano compuesto íntegramente en computadores, desde la redacción, pasando por el diseño y la diagramación que comandaba el arquitecto Juan Bravo Sananes, hasta la impresión de planchas generadas mágicamente por máquinas RIB computarizadas y colocadas en la Color Press (que no imprimía color) que dirigía Mario Ojeda”. (La erección de una columna nueva).

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Enlace para descargar en formato pdf material enviado a Marlene Nava en Maracaibo el 11 de este mes de junio de 2020: La Columna 1989-90

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Sergei & Sergiu: la música clásica clásica

Música para el hombre, para el pueblo

 

A Héctor Eduardo Arcia

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Asenté sobre Sergiu Celibidache en Ichi-go Ichi-e, el 20 de enero de este año peculiar:

…sus interpretaciones no tienen parangón en un aspecto fundamental: el de la definición instrumental. No conozco otras grabaciones, que no sean las suyas, que permitan la percepción de las distintas partes orquestales aun dentro de la más compleja textura; en los pasajes más ricamente orquestados, el aporte de cada instrumento o grupo instrumental se percibe con la mayor claridad, como un arroz cocido a la perfección para lograr granos totalmente separados.

He aquí otra obra dirigida por él, en comando de la Filarmónica de Munich, su orquesta. Se trata de la Sinfonía Clásica de Sergei Prokofiev (1891-1953), la primera de sus siete sinfonías, compuesta entre los años de guerra 1916 y 1917 y estrenada bajo su dirección en San Petersburgo el 21 de abril de 1918, casi siete meses antes del término de la primera conflagración mundial y en medio de la Revolución de Octubre y la gran pandemia de ese año, que cobró al menos cincuenta millones de vidas, bastantes más que los soldados y civiles muertos en la guerra. (9 y 13 millones, respectivamente). La obra es explícita paráfrasis del estilo musical de Haydn y Mozart, ambos compositores del período clásico. Éstos son sus movimientos:

1. Allegro
2. Larghetto
3. Gavotta: Non Troppo Allegro
4. Finale: Molto Vivace

La dedicatoria de esta entrada se explica de este modo: en la casa de Héctor Eduardo Arcia en la Avenida Principal de Las Palmas, en una tarde de 1956, escuché esta obra, puesta sigilosamente por él en ausencia de su padre, quien la apreciaba mucho. Su aparato de sonido era de mayor calidad que el mío, y degusté la pieza que ya conocía, esta vez en sus detalles (la oímos dos veces), para mucha y mutua felicidad.

Debo mi agradecimiento a Sergio, Sergiu y Héctor. LEA

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Acerca de un comentario en Commentary

Una publicación importante

 

A Rafael Tomás Caldera Pietri

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Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales).

Jorge Luis Borges – Spinoza. (El otro, el mismo. 1964)

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A pesar del fondo rojo rojito de su logotipoCommentary no es una publicación marxista:

Commentary es una revista mensual estadounidense sobre religión, judaísmo y política, así como temas sociales y culturales. Fundada por el Comité Judío Americano en 1945 bajo la dirección de Elliot E. Cohen (editor de 1945 a 1959), la revista Commentary se convirtió en la principal revista de asuntos judíos de la posguerra. El periódico se esforzó por construir una nueva identidad judía estadounidense mientras procesaba los eventos del Holocausto, la formación del Estado de Israel y la Guerra Fría. En su apogeo, la revista fue editada por Norman Podhoretz de 1960 a 1995. Además de su fuerte cobertura de temas culturales, Commentary proporcionó una fuerte voz a la izquierda antiestalinista. Podhoretz, originalmente un demócrata liberal convertido a neoconservador, movió la revista hacia la derecha y hacia el Partido Republicano en los años setenta y ochenta. Benjamin Balint ha descrito a Commentary como la “controversial revista que transformó la izquierda judía en derecha neoconservadora”, mientras que, según el historiador y crítico literario Richard Pells, “ninguna otra revista del último medio siglo ha ha sido tan influyente o tan central en los principales debates que han transformado la vida política e intelectual de los Estados Unidos “. (Wikipedia).

Nunca se materializó el ofrecimiento del más estimado de mis profesores en 1967, quien me preguntó qué preferiría que me obsequiara: si una suscripción a Commentary o una de National Geographic. (Entonces opté decididamente por la primera).

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Un querido y respetadísimo amigo, de algún modo comprometiéndome, me hizo llegar un artículo en Commentary del 8 de este mes, pues opinó con reiteración: “Será bueno leer un comentario tuyo a ese enfoque. Tu comentario será de mucho interés”. Ante su generosa presunción no me quedó otro remedio que prometer la lectura de la pieza y comentarla. Comienzo por transcribirla traducida:

Protestas, pandemias y sed de sentido

por Abe Greenwald

El activismo de justicia social que surgió a raíz del asesinato de George Floyd ha adquirido una atmósfera de culto religioso, pero cuenta con números mucho más grandes que los de un mero culto.

Miles de aliados de Black Lives Matter en Bethesda, Maryland, levantan sus manos hacia el cielo y repiten en tono monótono las solemnes promesas que su líder les gritara. En una reunión similar en Cary, Carolina del Norte, los devotos blancos de BLM se arrodillan y lavan los pies de los organizadores negros del evento. Un experto en justicia social aparece en CNN y anuncia que los niños blancos “no merecen inocencia”. Y, para que no nos olvidemos del resto de la familia, un artículo de opinión en el New York Times sugiere enviar mensajes de texto a “sus familiares y seres queridos diciéndoles que no los visitará o que responderá llamadas telefónicas hasta que tomen medidas importantes para apoyar a las vidas de los negros. a través de protestas o contribuciones financieras”.

Todos los días, nos despertamos con más evidencia de que hemos pasado a través de un agujero de gusano cósmico hacia una Corea del Norte con justicia social. ¿Cómo ha sucedido esto? ¿Por qué?

Aquí está el por qué: porque, al igual que en las películas, una pandemia global ha creado un ejército de zombis. Cuatrocientos años de maltrato a personas negras son un horror que bien merece protestas serias. Pero cien días de agotamiento de todas las verdades conocidas en la vida de las personas aseguraron que la protesta se viera como una conversión nacional a Raëlia.*

La pandemia de Covid-19 eliminó toda certeza de la existencia de las personas y las dejó inseguras de todo: lo que hacen, con quién deberían interactuar, lo que cualquiera sepa. Los días de la semana y las horas de esos días perdieron sentido. La gente ni siquiera podía confiar en el cambio de estaciones. Realmente no. ¿Qué había para marcar el comienzo de la primavera o el verano cuando tenías que quedarte en casa y escuchar sobre la muerte y la desesperación todo el día?

Además de todo, cualquier esperada reanudación de la vida normal ha sido empujada más lejos en el futuro. En otras palabras, millones de estadounidenses fueron destruidos, desprogramados psicológicamente y convertidos en reclutas de culto potenciales ideales. (Y no ayudó que se les negara la asistencia física a los servicios religiosos reales todo el tiempo). Vaciados de las cosas en las que habían confiado anteriormente para saber quiénes eran, incluida la presunta solidez del sistema estadounidense en el que participaban, la gente acudió a las protestas como si fuera la única cosa real en el mundo. Trajo propósito, estructura, enfoque moral y un nuevo norte verdadero a millones de vidas sin forma.

“Cuando sientes que tu identidad no es estable, o no estás realmente seguro de quién eres, entonces un culto lo hace simple”, dice la psicóloga Perpetua Neo. Aún más importante, según la fallecida psicóloga y reconocida experta en cultos Margaret Singer, los cultos prosperan “durante las fallas en la estructura y las reglas de la sociedad prevaleciente”. Recién estamos comenzando a salir de un colapso social como nunca antes habíamos presenciado.

Todo esto explica por qué este momento de protesta se siente tan diferente de otros en nuestro pasado reciente. Es por eso que la gente que antes fuera sobria ahora dice cosas alocadas. Es por eso que algunos estadounidenses se arrodillan ante otros. Es por eso que los lazos familiares están siendo pospuestos a favor de los objetivos del grupo. Y es por eso que la noble causa de los derechos civiles se está transformando en una teología autoritaria y oscurantista ante nuestros ojos.¶

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Esto es lo que opino de esa “tesis” (“la noble causa de los derechos civiles se está transformando en una teología autoritaria y oscurantista”): que está sustentada sobre evidentes exageraciones. No son ciertas afirmaciones como éstas: “una pandemia global ha creado un ejército de zombis”, “cien días de agotamiento de todas las verdades conocidas en la vida de las personas”, “una conversión nacional a Raëlia”, “La pandemia de Covid-19 eliminó toda certeza de la existencia de las personas y las dejó inseguras de todo”.  El Sr. Greenwald no puede mostrar ninguna medición seria que le permita afirmar que “la gente que antes fuera sobria ahora dice cosas alocadas”. Seguramente puede encontrarse gente que antes fuera seria diciendo cosas alocadas, pero no toda la gente, “la gente”.

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La escala de esta temporal alteración de la vida cotidiana es planetaria, sin duda, pero en un mundo mucho más poblado—7.700 millones de habitantes en lugar de 1.500 millones—y con mucho más contacto internacional que el de 1918, cuando murieron alrededor de 50 millones de personas (3,3%) por la Gripe “Española” que en verdad fuera gringa**, han muerto de Covid 19 unas 440.000 personas en más de doscientos países, o 0,0057% de la población mundial al 18 de junio de 2020, luego de algo más de medio año de los primeros casos en Wuhan. La tasa de mortalidad de hace un siglo es más de 500 veces la tasa de hoy.

Lo que sí es un factor que marca una gigantesca diferencia es la comunicabilidad actual. No hay servicio de noticias que no traiga, varias veces al día, alguna noticia o cifra relativas a la pandemia de estos días. También, naturalmente, del lado de la recepción hay cifras descomunales; se estima en 5.900 millones el número de teléfonos inteligentes activos en el mundo para este año. En Venezuela, a fines de 2017, se computaba en 16 millones la cantidad de teléfonos inteligentes en uso y a fines del año siguiente casi 19 millones de internautas, según cifras de Tendencias Digitales, filial de Datanálisis. (Ver El demos cabe en la red, 17 de octubre de 2019).

Es natural que la gente, con el marcadísimo aumento del ocio en el mundo, dedique mayor tiempo que el usual a explorar noticieros y redes sociales, y también a la cavilación. Hay mucho más pensamiento en el planeta que en noviembre del año pasado, lo que sin duda introduce con cada día que pasa cambios de importancia en las percepciones. Pero no puede atribuirse a un “culto” o secta la ola de cambios fundados en la toma de conciencia del asesinato de George Floyd; si acaso, son los propios tomadores de decisiones políticas en los Estados Unidos y algunos países europeos a los que se nota apresurados por introducir recientes refuerzos a la protección de los derechos humanos, en particular a los que son vulnerados por causa racial.

El efecto mariposa es un concepto que hace referencia en la noción del tiempo a las condiciones iniciales dentro del marco de la teoría del caos. La idea es que, dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en ciertas formas completamente diferentes. Sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo de tiempo. Su nombre proviene de las frases: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino) o “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo” así como también “El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”. Este nombre también fue acuñado a partir del resultado obtenido por el meteorólogo y matemático Edward Lorenz al intentar hacer una predicción del clima atmosférico. (Wikipedia en Español).

Hoy, cuando las tardes a las tardes son iguales, son miles de millones de mariposas lo que aletea en nuestros cráneos, y ningún comentario en Commentary puede aproximarse a los efectos de ese cambio multimillonario con una teoría sobresimplificada. LEA

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El Movimiento Raeliano Internacional—también denominado como Raëlismo, Raëlianismo o Raël—, es una religión ovni que explica tras la racionalización de que no estamos solos en el universo ni que somos la raza más avanzada tanto política, social así como económicamente, que somos la creación de seres extraterrestres de una civilización mucho más avanzados que la nuestra llamados Elohim, siendo creada toda la vida sobre la Tierra mediante ingeniería genética. Según el credo raeliano, una combinación entre la clonación humana y la “transferencia mental” es en última instancia la forma de proveer a los humanos del don de la inmortalidad. (Wikipedia en Español).

** La pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gripe española, fue una pandemia de gravedad, causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1. (…)​ Se considera la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas. (…) Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que no estaba involucrada en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad. Aunque el origen del virus se acepta que fue Estados Unidos—fue el 4 de marzo de 1918 en Camp Funston, uno de los campamentos militares establecidos en Kansas tras el comienzo de la I Guerra Mundial donde se registró el primer caso—, un estudio de 2014 plantea la hipótesis de que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid, aunque sin pruebas científicas de que esto fuera así. (Wikipedia en Español).

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Píntame angelitos negros

El problema con el que todos convivimos

 

A Teunis Felipe Stolk

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El problema con el que todos convivimos es una pintura del artista estadounidense Norman Rockwell del año 1964. Está considerada una imagen icónica del Movimiento por los Derechos Civiles en los Estados Unidos.​ Describe a Ruby Bridges, una niña afroestadounidense de seis años, en su camino a la escuela primaria William Franz, una escuela pública para niños de piel blanca, el 14 de noviembre de 1960, durante la crisis de desegregación escolar de Nueva Orleans. Debido a amenazas y violencia contra ella, está escoltada por cuatro agentes federales. La pintura está encuadrada de tal manera que las cabezas de los agentes están recortadas en los hombros.​ En la pared detrás de ella está escrito el insulto racial “nigger” y las letras “KKK”; también se ve un tomate aplastado y salpicado lanzado contra la pared. Los manifestantes blancos no son visibles, ya que el espectador está mirando la escena desde su punto de vista. La pintura fue realizada al óleo sobre tela y mide 91 cm de largo por 150 cm de ancho. La pintura fue originalmente publicada el 14 de enero de 1964 en la revista Look.

Wikipedia en Español

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El vestido blanco de la pintura de Rockwell fue escogencia del artista para simbolizar la pureza de la niña, cuya integración en una escuela de Luisiana requirió la protección de los agentes federales. Como muestra una fotografía de la ocasión, Ruby usaba un uniforme distinto a la salida del establecimiento escolar, aunque una flor blanca adornaba su pelo:

 

Hace 60 años, Nueva Orleans alcanzó su población histórica máxima, como nos informa Google. Entonces la población de tez morena era casi el 60% del total:

 

Por sugerencia de Ruby Bridges, Barack Obama exhibió la pintura de Rockwell en un pasillo de la Casa Blanca entre julio y octubre de 2011. Tal vez habría hecho eso, en el mismo año de creación del cuadro, John Fitzgerald Keneddy, de no haber sido asesinado un año antes. (Como lo serían, en 1968, su propio hermano Robert y el catire Martin Luther King).

Ruby Bridges y Barack Obama observan el cuadro de Rockwell colgado en la Casa Blanca

 

Fue, pues, Norman Rockwell quien terminara complaciendo la petición de Andrés Eloy Blanco, que publicara en 1944—veinte años antes de la epopeya de Ruby Bridges—Píntame angelitos negros. Éstas son cuatro de sus estrofas:

Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

 

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

 

¿No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo?
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Ángel de buena familia
no basta para mi cielo.

 

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

 

Acá suena la voz del poeta recitando su inmortal composición:

 

 

LEA

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Actualizaciones:

1. José Luis Revenga me ha recordado la canción Angelitos negros—compuesta por Manuel Álvarez Rentería—en la versión de la popularísima cantante Eartha Kitt. Hela aquí:

 

 

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2. The New York Times NOTICIA DE ÚLTIMA HORA En un fallo histórico, la Corte Suprema determinó que una ley de derechos civiles de 1964 protege a trabajadores L.G.B.T. de la discriminación. Lunes 15 de junio de 2020 10:22 AM EST El caso se refería al Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohíbe la discriminación laboral por motivos de raza, religión, origen nacional y sexo. El voto fue de 6 a 3, con el juez Neil M. Gorsuch como redactor de la opinión mayoritaria. Se le unió el Presidente del Tribunal Supremo, John G. Roberts Jr.

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Coloquios de Juan Griego

Atardecer en Juan Griego

 

A fines de 2011, jugaba con la idea de “novelar” conceptos de Política, para hacerlos más asequibles, con la invención de un grupo de asistentes a un taller de un profesor asimismo inventado a quien llamé Santiago De Las Casas. A éste lo maté en un accidente aéreo que en verdad—ese sí—ocurrió: “[Santiago] tomó el vuelo 5022 de Spanair entre Madrid y Gran Canaria el 20 de agosto de 2008. El avión MD-82, de McDonnell-Douglas, no pudo abrir los flaps para el despegue desde Barajas y se fue al suelo a destrozarse. Santiago estaba entre los 154 muertos del total de 172 personas que en él viajaban”. (Acá está en archivo .pdf la introducción del grupo de sesiones del taller cuyas “minutas”—que reuniría bajo el título de Coloquios de Juan Griego—nunca completé a pesar del estímulo de José Rafael Revenga y Victoria Destefano: Introducción). Lo que sigue es una relación del encuentro inicial del fantástico grupo, pretendidamente escrita por un inexistente José Antonio Caballero Díaz, cuyas iniciales la calzan. LEA

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ANTESALA

 

Llegué a la casa donde nos citara el profesor De Las Casas a las 8 y 40 minutos de la mañana, dispuesto a ser más que puntual para la cita de las 9, cuando se iniciaría el coloquio sobre política. Como lo vi dando vueltas por el porche, me atreví a acercarme y presentarme. De Las Casas era un hombre delgado y alto, aunque no demasiado, de tez bronceada y algo más de sesenta años de edad y contextura fuerte. Me saludó afablemente con un suave acento de español y me invitó a pasar y sentarme en la sala; allí tendrían lugar las reuniones. Me indicó que había café recién hecho en una mesa lateral y luego pidió permiso para retirarse unos minutos al interior de su habitación, y me encareció que recibiera a los demás visitantes y les ofreciera café mientras él hacía una llamada internacional.

Quedé solo, pues, en la sala de la casa, que unos pocos afiches de lugares varios de España adornaban. Ella era asimismo comedor; a su costado derecho, si uno veía el espacio desde la entrada, una mesa que podía sentar seis personas lucía limpia ante un mueble auxiliar adosado a una pared. A la izquierda de ésta, una puerta abierta permitía una mirada a parte de la cocina.

Al retirarse el anfitrión, me puse en pie y fui directamente a servirme un café, que tomé de pie mientras daba una ojeada al recinto. Luego fui a sentarme en una butaca secundaria, justamente a la derecha de la puerta de entrada, inferior en comodidad a una poltrona que destacaba a mi lado derecho como asiento principal, que presumí De Las Casas usaría. Al lado de mi asiento, ganado con mi temprana llegada, coloqué el maletín que había llevado conmigo; en él, dos libretas grandes, un grabador digital, cinco copias de la transcripción de una charla del profesor—Nociones elementales de Política—que yo había editado, dos de un trabajo mío del año pasado—La crisis de la política—, mi teléfono celular y un laptop Lenovo formaban mi arsenal. Extraje del maletín una copia del trabajo del profesor y comencé a releer lo que ya sabía de memoria.

Al poco rato, volví la mirada a la sala y procuré imaginar dónde querrían sentarse los restantes miembros del grupo. Quedaban libres dos sillas de cuero y estilo escandinavo, a la derecha de la poltrona magisterial, y un sofá de tres puestos frente a ella y la butaca en la que me sentaba. Entre éstas, un pizarrón blanco estaba obviamente dispuesto para el trabajo. Sabía los nombres de los faltantes, pues De Las Casas había enviado un correo con las instrucciones finales a todos los convocados. Hernán Delgado Franklin, supuse, tomaría la silla escandinava más próxima a De Las Casas, separado por otra idéntica del sofá donde, seguramente, se sentarían frente al profesor las dos damas: Graciela Sánchez Perdomo y Elena Ripamonti Arvelo.

Fueron éstas las que llegaron primero. Vinieron juntas; después supe que se habían escrito y decidido alojarse en el mismo hotel. Llegaron hablando animadamente, como si se conocieran de toda la vida. Confirmaron mi hipótesis: sin pensarlo, fueron a arrellanarse en el sofá una vez que les diera la bienvenida. Les expliqué que De Las Casas estaría pronto con nosotros—cinco minutos faltaban para las 9—y les ofrecí café. Graciela declinó, pero Elena dijo que le encantaría uno pequeño sin azúcar y, al quedarse sentada, entendí que creía que yo debía servirla, cosa que hice sintiéndome manipulado, como siempre, por una mujer.

El profesor De Las Casas hizo su aparición y Elena y Graciela se pusieron de pie para saludarlo. Elena lo saludó primero, con su humanidad flaca y alta y sus pelos largos y lisos de castaño muy oscuro, tendiéndole la mano. Graciela, rolliza y simpática, más baja en estatura que su compañera y de más claros cabellos, no perdió tiempo en saludar al profesor con un beso en la mejilla. Tendría unos veinticinco años; Elena tenía, quizás, treinta.

Sentados todos, la conversación trivial versó sobre el hotel que alojaba a las mujeres y cómo había estado su viaje desde Maiquetía. En eso apareció bajo el umbral de la puerta abierta la figura de un hombre de unos cuarenta y cinco años, atlético y medianamente calvo. Era Delgado Franklin, aparecido exactamente a las 9 de la mañana. Después de los saludos, desvirtuó mi conjetura y se sentó en la silla más próxima al sofá ocupado por las damas.

Entonces Santiago De Las Casas nos dio la bienvenida formal y sugirió que cada uno hiciera una presentación de su persona y explicara las razones que le habían traído al coloquio. Dirigiéndose a mí dijo: “Por orden de aparición”.

Expliqué, pues, que yo era actualmente profesor de Estructuras Político-Constitucionales de América Latina en la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos de la Universidad Central de Venezuela—De Las Casas intercaló que él había enseñado Filosofía Política por un año en la misma escuela—y que había obtenido en 1971 el grado de Master 2 de Investigación en Sociología e Instituciones de la Política en la Sorbona. Que conocía varios trabajos del profesor De Las Casas y que, a raíz de su charla de Nociones elementales de Política en el Instituto Pedro Gual de la cancillería venezolana, a la que asistí, había tomado contacto con él con la intención de conocer con más detalle sus puntos de vista, que me parecieron novedosos. Que cuando el profesor sugiriera este encuentro me había parecido un método ideal para tal propósito. Y, armado ya con una libreta para anotar todo lo que escuchara, callé y puse diagonalmente la mirada sobre Delgado Franklin.

Éste se revolvió en el asiento y comenzó a hablar con los ojos fijos en el piso. Dijo que no tenía entre sus títulos nada que se acercara a los que yo acababa de exponer, pues era sólo un comerciante de éxito, importador de implantes mamarios para uso estético o reconstructivo del pecho femenino, actividad que le daba un buen dinero. Pero era curioso de la política, creía que no podía ser ajeno a ella y había entablado relación con un político joven a cuya carrera, medianamente provechosa, había contribuido financieramente. Éste le había entregado el archivo de audio de la charla del anfitrión y le había pedido su opinión sobre ella. Quedó impresionado al escucharlo y consiguió la dirección electrónica para comunicarse con De Las Casas, con quien pronto acordó que vendría a Juan Griego. En este punto, siguió la dirección contraria a las agujas del reloj y tendió la mano hacia Graciela Sánchez, que estaba a su derecha.

La joven comenzó por hablar del profesor, en vez de hacerlo sobre ella. Hizo elogios sobre la charla que claramente era el pivote de nuestra reunión, y dijo que era lo más brillante que hubiera conocido en su vida en materia política, que desde que la escuchara en un iPod la había puesto “miles de veces”, que había querido escuchar al maestro en persona y que también se había comunicado con De Las Casas por correo electrónico. Éste le dijo: “Ajá, pero háblanos de ti”. Graciela se ruborizó y dijo: “Ah bueno, yo soy Licenciada en Psicología de la UCAB y estoy muy interesada en política. Estoy metida en Un Nuevo Tiempo desde la campaña de Rosales en 2006, y ahora soy responsable del partido en Santa Mónica”.

Ya Elena estaba erguida en el sofá, su espalda separada del asiento, y al callar abruptamente su compañera dijo, sin esperar invitación y mirando directamente al maestro, más o menos esto: “Yo soy economista cum laude de la Universidad Santa María, y me doctoré, también cum laude, en el núcleo de Ribeirão Preto de la Universidad de Sao Paulo en 1997. Doy clases de Macroeconomía en la Universidad Central de Venezuela, trabajo como Analista de Cuentas Nacionales en el Banco Central y soy miembro del partido Podemos, porque creo que un socialismo verdadero, no como el de Chávez, es el sistema político-económico que el país necesita. Leí los apuntes hechos por un amigo de la charla del profesor y conseguí su teléfono, y lo llamé porque sentí curiosidad por su enfoque clínico de la política, al que de todos modos creo algo romántico. Vine a ver si me convence”.

Admito haber pensado que esta participante sería problemática, pero De Las Casas la miró con patente deferencia y le dijo: “Muy bien, te felicito, pero no es mi plan convencerte de nada. Tú deberás llegar a tus propias conclusiones”.

De seguidas, repitió lo que ya sabíamos: que trabajaríamos en seis sesiones, de las 9 de la mañana a las 12 del mediodía y de las 3 hasta las 6 de la tarde, durante tres días. También enfatizó la dinámica que quería lograr: en todo momento podíamos intervenir para preguntar o discrepar; la cosa debía ser un diálogo antes que una cátedra. De hecho, mencionó la Academia de Platón y los diálogos que había escrito, y preguntó si conocíamos alguno. Sólo Elena y yo asentimos. “Esto—dijo De Las Casas—es como esa academia griega, en verdad una polidemia, puesto que nuestro tema es la Política”.

Le pregunté si podía grabar en audio las sesiones; de inmediato me autorizó a hacerlo y añadió: “Si después haces tan buen trabajo transcribiendo y editando como hiciste con mi charla, tendremos un buen documento, que pudiera ser útil a otra gente”. Entonces pregunté a mis compañeros si estaban conformes; Elena dijo que le gustaría leer la transcripción antes de que se me ocurriera repartirla por ahí, y yo repuse que en principio el trabajo era sólo para nuestros ojos.

Con una sonrisa de obvia picardía, De Las Casas intervino: “¿Ya tomaron todos café? Tomen una taza antes de empezar”. Hernán fue hasta la mesa a servirse y Elena a tomar una segunda taza que yo no le brindé.

Sentados todos, De Las Casas nos entregó un papel con el esquema de las sesiones:

Sesión 1: ¿Qué es la Política? La política como oficio médico.

Sesión 2. El demos. El pueblo como sustrato y actor principal de la política.

Sesión 3. La sociedad normal. El fin fundamental de la política.

Sesión 4. Complejidad y política. Los moldes mentales adecuados.

Sesión 5. La civilización planetaria. Construcción de la polis del mundo.

Sesión 6. Organización política. Asociarse con reglas distintas.

“Estos son los grandes temas que discutiremos—dijo—. Verán que se fragmentan en múltiples puntos que cubrirán prácticamente todo lo que podemos hoy en día decir, responsablemente, sobre política”.

Entonces ofrecí a mi vez las copias con la transcripción de Nociones elementales de Política y él agradeció, diciendo: “Es bueno tener esto a mano”.

De Las Casas preguntó: “¿Qué es la Política?” Y comenzó a contestar esa pregunta.

JACD

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El color de la piel

“¡No puedo respirar!” – George Floyd

 

A la memoria de George Floyd, muerto de asfixia el 25 de mayo en Minneapolis por un policía a quien no le gustan los hombres de color.

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El escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), autor de Las venas abiertas de América Latina*, lee acá un punzante poema de Léopold Sédar Senghor que admite hubiera querido pensar y escribir.

 

 

Léopold Senghor y Rafael Caldera – Roma 1974

Léopold Sédar Senghor, (Joal, Senegal, 9 de octubre de 1906 – Verson, 20 de diciembre de 2001). Poeta senegalés que llegó a la Jefatura del Estado de Senegal, catedrático de gramática, fue ensayista, político y miembro de la Academia Francesa. (…) Durante su época de estudiante creó, junto al martiniqués Aimé Césaire y al guayanés Léon Gontran Damas, la revista L’Etudiant noir, en 1934. En esas páginas expresó por primera vez su concepto de la negritud, noción introducida por Aimé Césaire, en un texto titulado «Négrerie». Fue el primer profesor «negro» que impartió clases de lengua francesa en Francia.

(Wikipedia en Español).

………

 

He aquí el poema de Senghor en el francés original:

Poème à mon frère blanc

Cher frère blanc,
Quand je suis né, j’étais noir,
Quand j’ai grandi, j’étais noir,
Quand je suis au soleil, je suis noir,
Quand je suis malade, je suis noir,
Quand je mourrai, je serai noir.
Tandis que toi, homme blanc,
Quand tu es né, tu étais rose,
Quand tu as grandi, tu étais blanc,
Quand tu vas au soleil, tu es rouge,
Quand tu as froid, tu es bleu,
Quand tu as peur, tu es vert,
Quand tu es malade, tu es jaune,
Quand tu mourras, tu seras gris.
Alors, de nous deux,
Qui est l’homme de couleur?
………

* “Las venas abiertas de América Latina es un ensayo del escritor uruguayo Eduardo Galeano publicado en 1971 a la edad de 31 años. En esta obra, el autor opina sobre la historia de América Latina y su victimismo, de modo global desde la Colonización europea de América hasta la América Latina contemporánea, argumentando con crónicas y narraciones el constante saqueo de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y los Estados imperialistas, el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX en adelante. La obra recibió mención honorífica del Premio Casa de las Américas”. (Wikipedia en Español). El 18 de abril de 2009, Hugo Chávez Frías obsequió a Barack Obama un ejemplar de ese libro en la V Cumbre de las Américas que se celebró en Trinidad. (“Hay mucha verdad en Las venas abiertas de América Latina, pero el propio Eduardo Galeano ha tomado algo de distancia de su libro de 1971″. De memes y memeces, 21 de octubre de 2012).

LEA

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