La sabiduría del enjambre

Una bandada de estorninos que vuelan juntos sin impedirse

 

A O. P. C.

 

Dudo en verdad que exista para el ser pensante otro minuto más decisivo para él que aquel en que, al caer las vendas de sus ojos, descubre que no es de ninguna manera un elemento perdido en las soledades cósmicas, sino que existe una voluntad de vivir universal que converge y se hominiza en él.

Pierre Teilhard de Chardin – Ver (Preámbulo a El Fenómeno Humano)

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Esto nos lleva a preguntarnos qué otras cosas están almacenadas en una abeja que aún no hemos visto. O qué otras cosas están almacenadas en la colmena que todavía no han aparecido porque no ha habido suficientes colmenas en fila simultáneamente. Si a ver vamos, qué está contenido en un humano que no emergerá hasta que estemos todos interconectados por alambres y política. Las cosas más inesperadas fermentarán en esta supermente-colmena biónica.

Kevin Kelly – Out of control

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El amable Oscar Pérez Castillo me hizo llegar una nota personal acerca de Elinor Ostrom. En ella decía: “Comparto la Weltanschauung de Elinor Ostrom, defensora de los comunes, la gente popular. Ella propiciaba y defendía los proyectos o tareas entre los comunes. Dejados solos, los pueblos, la gente encontraba solución a su propios problemas en combinación entre todos, no desde arriba, no impuesto por alguien, por algún sabihondo”.

A mi vez, correspondí con la nota-obituario de la revista TIME del 25 de junio de este año, escrita por Rana Foroohar:

La profesora en Bloomington

Ella fue a enseñar en la Universidad de Indiana en 1965 porque la escuela ofreció un empleo a su esposo en el departamento de ciencias políticas. Pero Elinor Ostrom, que en 2009 se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Nobel de Economía, pronto se convirtió en la atracción principal. Su trabajo, enfocado sobre cómo la gente ordinaria que usa recursos naturales—como bosques, pesquerías y campos petroleros—puede manejarlos más inteligentemente que las compañías o los gobiernos, nunca ha sido más oportuno que ahora. “Después de los rescates del TARP* y la devastación de las democracias en Europa a manos de tecnócratas financistas, el mundo está comenzando a apreciar lo que Elinor Ostrom ha venido alumbrando profunda, persistente y serenamente durante casi 50 años”; eso escribió el año pasado Robert Johnson, Director del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico, cuando Ostrom, que falleció el 12 de junio a sus 78 años,** fue incluida en la lista de TIME de las cien personas más influyentes. A diferencia de muchas estrellas de la economía, Ostrom pensaba de abajo hacia arriba en lugar de arriba hacia abajo, pues creía que los ciudadanos tienen “poder y capacidades” más allá de las de las burocracias gobernantes y que los individuos pueden hacer una gran diferencia, aun en los mayores problemas del mundo. En momentos cuando casi todos nuestros problemas más urgentes—desde la degradación ambiental hasta la creciente desigualdad—requieren una acción colectiva, sus ideas son un mensaje que los líderes del mundo harían bien en recordar y hacerles caso.

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*TARP (Troubled Assets Relief Program), es un programa federal de los Estados Unidos para adquirir activos débiles y acciones de entidades financieras privadas en problemas, creado mediante ley firmada por el presidente George W. Bush el 3 de octubre de 2008. (Nota de Dr. Político).

**Su esposo, Vincent, autoridad mundial en gobierno democrático, la sobrevivió por escasos 17 días. (Ídem).

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La insensatez es la regla

Pensé que la nota de Pérez Castillo se relacionaba con mi mención de la conjetura de Bárbara Tuchman—La marcha de la locura—en el programa radial Dr. Político del pasado sábado 4 de agosto: “The problem may not be so much a matter of educating officials for government as educating the electorate to recognize and reward integrity of character and to reject the ersatz”. (El problema pudiera ser no tanto un asunto de educar a los funcionarios para el gobierno como el de educar al electorado para que reconozca y premie la integridad de carácter y rechace lo postizo). También resonaba la cosa con la anterior emisión del programa (28 de julio), cuando sonó en él la Fanfarria para el hombre común de Aaron Copland y se citó palabras de Will Durant (en Los placeres de la Filosofía):

Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas.

 

Fanfarria para el hombre común – Eugene Ormandy, Orquesta de Filadelfia

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Todavía aportó Pérez Castillo un recuerdo pertinente: el de la obra de Ernst Friedrich Schumacher: Small is beautiful – Economics as if people mattered (1973). Este libro de 290 páginas (en la edición de Harper Torchbooks) se convirtió en la biblia del movimiento de tecnologías apropiadas: aplicaciones a pequeña escala, trabajo-intensivas, energéticamente eficientes, ambientalmente sensatas y localmente controladas. Es tecnología centrada en la gente, la base tecnológica del desarrollo sustentable.

La cosa, pues, tiene detrás la obra de poderosos pensadores, y en el fondo están los marcos mentales desarrollados a partir de los años sesenta en disciplinas como la teoría de sistemas complejos y la teoría de los enjambres. Escribe Kevin Kelly en el primer capítulo de Out of control (Addison Wesley 1994, Perseus Books, 1995), en referencia al trabajo pionero de William Morton Wheeler (1865-1937):

La organización de una minúscula abeja produce un patrón para su minúscula décima de gramo de células de las alas, otros tejidos y quitina. El organismo de una colmena produce la integración para su comunidad de obreras, zánganos, polen y prole. Todo un organismo de 50 libras de colmena emerge con su propia identidad de las pequeñas partes-abeja. La colmena posee mucho que ninguna de sus partes posee. La mota que es el cerebro de una abeja opera con una memoria de seis días; la colmena como conjunto opera con una memoria de tres meses, el doble de la vida promedio de una abeja.

Las hormigas, también, tienen mente de colmena. Una colonia de hormigas, en movimiento de un nido a otro, exhibe el substrato kafkiano del control emergente. Cuando hordas de hormigas abandonan su campamento y se dirigen al oeste, llevando huevos, larvas, pupas—las joyas de la corona—en sus picos, otras hormigas de la misma colonia, obreras patrióticas, cargan el tesoro hacia el este con la misma velocidad, mientras aun otras obreras, quizás reconociendo mensajes conflictivos, corren en una y otra dirección con las manos vacías. Un día de oficina típico. Y, sin embargo, la colonia se mueve. Sin que haya una toma de decisiones visible en un nivel superior, escoge un nuevo sitio para anidar, instruye a las obreras que comiencen a construir y se gobierna a sí misma.

Los seres humanos somos perfectamente capaces de trabajar en enjambres sin autoridad centralizada. El mismo Kelly refiere con detalle los asombrosos experimentos de Loren Carpenter con grandes audiencias, a las que pone a jugar ping-pong—2.500 personas a cargo de una sola raqueta vs. un número equivalente que controla la otra—o con un simulador de vuelo, en una secuencia de decisiones distribuidas, sin que un líder central las oriente o determine. He aquí el audio de una descripción leída de tales experimentos:

 

Los juegos de Carpenter

Ilya Prigogine (Premio Nobel de Química en 1977) también usa ejemplos formíceos para ilustrar una característica de los sistemas complejos—compuestos por numerosos elementos interconectados—: sus propiedades emergentes, que se manifiestan a nivel del conjunto aunque estén ausentes en los componentes. Así se describe en este blog, en Temas de Política Clínica (3), la imagen que nos ofrece: “En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nóbel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga elegida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un comportamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hormigas tendrá una dirección claramente definida”. (Ver también Democracia de enjambres, para una oposición de estos conceptos al simplista centralismo socialista). Como lo ponen técni­camente Gregoire Nicolis y el mismo Ilya Prigogine en Exploring Com­plexity (Freeman, 1989): “Lo que es más sorprendente en muchas socie­dades de insectos es la existencia de dos escalas: una a nivel del indivi­duo y otra a nivel de la sociedad como conjunto donde, a pesar de la inefi­ciencia e impredecibilidad de los individuos, se desarrollan patrones cohe­rentes característicos de la especie a la escala de toda la colonia”.

Es esta característica natural de los sistemas complejos el más poderoso fundamento de la democracia y el mercado. A pesar de la imperfección política de los ciudadanos concretos, la democracia sabe encontrar el bien común mejor que otras formas de gobierno; a pesar de la imperfec­ción económica de los consumidores el mercado es preferible como distribuidor social.

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No Hugo Chávez, que hablaba de “constituciones moribundas”, sino el muy estadounidense futurólogo John Naisbitt, escribía en Megatendencias (1982):

Hemos creado un sistema representativo hace doscientos años, cuando ésa era la manera práctica de organizar una democracia. La participación ciudadana directa simplemente no era factible… Pero sobrevino la revolución en las comunicaciones y con ella un electorado extremadamente bien educado. Hoy en día, con una información compartida instantáneamente, sabemos tanto acerca de lo que está pasando como nuestros representantes y lo sabemos tan rápidamente como ellos. (…) La democracia participativa está revolucionando la política local en América y borbotea hacia arriba para cambiar también la dirección del gobierno nacional. Los años 70 marcaron el comienzo de la era participativa en política, con un crecimiento sin precedentes en el empleo de iniciativas y referenda… Políticamente, estamos en un proceso de desplazamiento masivo de una democracia representativa a una democracia participativa… El hecho es que hemos superado la utilidad histórica de la democracia representativa y todos sentimos intuitivamente que es obsoleta… Esta muerte de la democracia representativa también significa el fin del sistema de partidos tradicionales.

Las ideas de Naisbitt no dejan lugar a equívocos, y vale la pena recordar que fueron escritas bastante antes de la explosión de posibilidades abiertas por la Internet, que durante las últimas dos décadas ha comenzado la construcción, cada vez más acelerada, de la mente del mundo.

Fishkin y Luskin

Pero ya se mueve una nueva tendencia que rebasa y complementa la democracia participativa. La democracia deliberativa ha hecho su aparición. Ella fundamenta la legitimidad de una decisión democrática no ya en la mera agregación de preferencias que se manifiesta en los votos, sino en una auténtica deliberación de los ciudadanos—en la práctica, de una muestra representativa de ellos—sobre asuntos tan concretos como la aprobación del presupuesto de un municipio. James Fishkin (Democracy and deliberation, 1991), profesor de la Universidad de Stanford, ya ha logrado implementaciones prácticas del concepto en más de una docena de países, y reporta la sensatez de las decisiones ciudadanas en los asuntos que se somete a su consideración mediante deliberative opinion polls. Robert Luskin ha contribuido conceptualizaciones fundamentales a la idea en el Centro de Votación Deliberativa.

La democracia no se ha detenido, entonces. No es cierto que se haya agotado, como ciertos teóricos del autoritarismo quisieran hacernos creer. Pero tampoco debe entenderse que estos nuevos procedimientos pueden sustituir por entero las instituciones políticas a las que nos hemos acostumbrado. No toda clase de decisión se toma mejor en enjambre. El cerebro humano no ha abandonado el cerebro del reptil, que sigue existiendo, esencialmente idéntico al del dinosaurio, en nuestros mesencéfalos. La sabia estrategia de la naturaleza es la de construir pisos superiores, más evolucionados, preservando las funciones que hace magníficamente el Complejo R. (Ver en este blog Política natural).

Lo pequeño es hermoso, sin duda; la gente común puede tomar, en algunos casos, mejores decisiones que los ministerios de un gobierno o el directorio de alguna corporación. No en todo; un enjambre ciudadano sería torpe manejando crisis y, como nos alertara el cibernetista inglés Stafford Beer (Platform for change, Wiley, 1975), un debate maniqueo entre centralización y descentralización es en gran medida una trampa lingüística: cualquier sistema biológico viable tiene procesos vitales muy centralizados en feliz convivencia con otros perfectamente descentralizados. En el más desarrollado de todos, el cuerpo humano, coexisten para complementarse el sistema nervioso central y el sistema nervioso autónomo. La nueva democracia, potenciada por la maravillosa bendición de la Internet, no debe ser la anarquía. No somos una primitiva bandada de estorninos. LEA

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Nota del día 07/07/10: Un solo gobierno para el mundo

Organigrama muy provisional y cabeza abajo

No tenemos gobierno mundial. Hay una asociación de estados-nación, más bien tenue, en la Organización de las Naciones Unidas, y ciertamente han ido añadiéndose instituciones planetarias con autoridades hasta hace poco inexistentes. (La Corte Penal Internacional es el caso más destacado y significativo). Por otra parte, hay megaprocesos cuya presión va llevándonos a conformar, en algún momento no tan lejano, una polis del mundo. Hay un calentamiento global que todos causamos, desde una vaca en Abisinia hasta un fumador en Estocolmo, desde un tractorista en Wisconsin hasta un talador en la Selva Amazónica. El clima no reconoce fronteras. Hay, desde hace tiempo ya, corporaciones transnacionales, pero también crimen transnacionalizado, desde el más vulgar hasta el terrorista, incontenible por policías locales. Hay, también, un cerebro del mundo en construcción. Google procesa ya alrededor de mil quinientas millones de búsquedas por día, y todavía la Internet está en pañales. Nos preocupa Chávez, pero también Putin y Berlusconi, y se nos engurruña el corazón con un terremoto chileno o un ciclón birmano. El mundo es plano, argumenta Thomas Friedman.

Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como subbloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?

En la base de todo tendría que estar la conciencia de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo.

Pensarnos como ciudadanos del planeta, por otro lado, coloca en sus exactas proporciones de teatro bufo la gestión de nuestro gobierno nacional. Si sé que soy un ciudadano del mundo me percato más claramente de las pequeñeces intrascendentes de nuestra política, y veo con mayor nitidez la escasez de los discursos habituales. Se adquiere, con esa conciencia, el nivel correcto para el acceso a la modernidad y la superación de un proceso político generalmente mediocre.

Cuando Toynbee paseaba su mirada ancha por la historia del mundo, veía innumerables guerras de todo género y escala. Así como hacemos antropomorfismo de Dios—decir que somos creados a su imagen y semejanza es, en realidad, suponer presuntuosa y conmovedoramente que se nos parece—también lo hacemos de los animales, y hablamos del león como “el rey de la selva”, porque identificamos líder y combate, porque creemos consustancial a la política la lucha.

Pero vienen tiempos de acomodo y convergencia. Viene una nueva política. LEA

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Nota del día 04/07/10: El mayor de los hermanos

La unión de libertades es la fuerza

El 4 de julio de 1776 nació una gran nación, la más grande de los tiempos modernos, y aún lo es: los Estados Unidos de América. Antes de adoptar su actual Constitución (1787), que ha sido enmendada veintisiete veces, funcionó gracias a otro documento extraordinario: los Artículos de Confederación y Unión Perpetua. La redacción de éstos había sido iniciada en junio de 1776: estuvieron listos para ratificación en noviembre del año siguiente, la que fue completada en marzo de 1781. Su Artículo Cuarto, con característica concisión anglosajona, estableció de un plumazo la integración económica que ha costado a Europa más de medio siglo y que para los sudamericanos no ha podido completarse todavía.

La clave del asunto: en vez de crear órganos burocráticos que forzaran la integración, simplemente concedió a los “…habitantes libres de cada uno de esos Estados… todos los privilegios e inmunidades de los ciudadanos libres en los distintos Estados, y la gente de cada Estado tendrá libre ingreso y regreso hacia y desde cualquier otro Estado, y disfrutará en ellos todos los privilegios de comercio, sujeta a las mismas tasas, impuestos y restricciones de los habitantes de ellos, con tal de que tales restricciones no se extiendan tanto como para impedir la remoción de propiedad importada a un Estado, hacia cualquier otro Estado del que el propietario sea habitante…” En suma, los Artículos de Confederación establecieron la libertad de tránsito de personas y de bienes por todo el territorio de la unión, puesto que la confederación de los estados fue entendida como la unión perpetua de sus hombres y mujeres. La sustancia de los Estados Unidos no está en su gobierno; está en sus ciudadanos.

Al principio, el área ocupada por New Hampshire, la Bahía de Massachusetts, las Plantaciones de Rhode Island y Providence, Connecticutt, New York, New Jersey, Pennsylvania, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia, los signatarios de esos artículos lúcidos, alcanzaba tan sólo a 888.000 kilómetros cuadrados, una superficie total inferior a la de Venezuela. Faltaba por venir la gran expansión hacia el oeste.

Hoy son los Estados Unidos primus inter pares de las Naciones Unidas, y a pesar de intervenciones muy censurables de su política exterior a lo largo de su historia, el efecto civilizatorio neto de esa primera democracia moderna sobre el mundo ha sido grandemente beneficioso.

Como es natural en todo poderoso, desde el tiranosauro hasta el león, tiende a hacer uso de su poder; pero, comparados con cualquier otra nación de la tierra de cualquiera de sus épocas, los Estados Unidos han hecho de su enorme fortaleza un uso comedido. Se cumplen hoy 234 años de su nacimiento, y su gobierno está ahora en manos que responden a una conciencia que no es arrogante. Hay quienes no quieren ver este cambio portentoso porque se les va la coartada. LEA

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Doctrina del referendo sobre socialismo – FAQ

Las dudas conocidas

¿ESTÁ UD. DE ACUERDO CON LA IMPLANTACIÓN EN VENEZUELA DE UN RÉGIMEN POLÍTICO-ECONÓMICO SOCIALISTA?

(Al final, los enlaces del desarrollo de la idea)

La proposición de un referendo consultivo sobre la conveniencia de  un régimen socialista en Venezuela, a ser celebrado el 26 de septiembre de este año, ha suscitado un buen número de comunicaciones dirigidas al suscrito por correo electrónico. Aunque he contestado directamente cada una, el conjunto conforma una serie de “preguntas frecuentes” o FAQ que debe ser representativa de las dudas o inquietudes formadas en quienes hayan tenido noticia del proyecto. Esta presunción lleva a componer las notas que siguen.

Las observaciones formuladas a la idea entran nítidamente en cinco grupos: 1. si tiene sentido un referéndum “sabiendo” que el Consejo Nacional Electoral “torcería” los resultados (“Si nos ubicamos en un escenario donde el CNE tiene el control electoral del país, es como tratar de ganarle al tramposo en su guarida”); 2. si no debe hacerse más específica la pregunta consultando sobre “el socialismo del siglo XXI” o “el tipo de socialismo que el gobierno está tratando de imponer en Venezuela”; 3. si la coincidencia del referendo con las elecciones de Asamblea Nacional no afecta a éstas y a las posibilidades electorales de las candidaturas de oposición (ésta fue la observación más frecuente); 4. si la idea del referendo mismo no debiera contar con la anuencia a priori de la Mesa de la Unidad Democrática; 5. si es correcta la idea de abrir la asociación con el propósito único de recoger y validar las firmas de Electores para la convocatoria del referendo a partidarios del socialismo, en lugar de restringir la pertenencia a ciudadanos opositores al gobierno. Adicionalmente, una objeción particular, recibida no por correo electrónico sino en conversación cara a cara, será comentada al final.

Paso a comentar una por una estas observaciones, no sin registrar antes que, en abrumadora mayoría, casi todos los correos recibidos han sido aprobatorios del proyecto y muy cálidas ofertas de cooperación para su exitosa puesta en práctica. Los comentarios vendrán presentados en orden inverso.

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Alguna extrañeza causaron a algunos interesados las siguientes afirmaciones de la previa Puesta al día: “Una vez que he decidido, junto con otros compatriotas, la constitución de la asociación mencionada, he comprendido que esta iniciativa debe estar abierta a todos los ciudadanos venezolanos, sin distingo de afiliación política. En particular, es para nosotros un asunto de meridiana claridad que los ciudadanos o los dirigentes políticos que suscriban a las distintas corrientes socialistas deben ser los primeros interesados en que se celebre una consulta de esa naturaleza: está en su interés procurar que una mayoría democrática sirva de fundamento a sus intenciones programáticas”. Antes, había dicho de la historia de la proposición de un referendo sobre el socialismo: “Esta historia es hasta ahora la de una opinión personal y sesgada, lo que deberá ser suplantado por un propósito clínicamente neutro”.

En efecto, prácticamente todos los que escribieron interesados en la proposición tienden a verla como una magnífica idea opositora pero, aun cuando es público y notorio que mi propia posición respecto a la implantación de un régimen socialista en nuestro país es negativa creo que, en cuanto la asociación de propósito único, ahora en formación, esté constituida formalmente, el carácter mismo del referendo que se quiere celebrar debe imponerle una óptica de apertura, sin que tal cosa obste para que cada quien argumente su postura ante el tema de fondo con el más legítimo ardor, dentro de un marco de respeto a la opinión de los demás.

Esto es así porque no se trata de un referendo revocatorio, específicamente convocado con intención de retirar sus poderes a un funcionario de elección popular, y tampoco de un referendo abrogatorio que busque anular alguna ley concreta (no se le ha ocurrido a la Asamblea Nacional, todavía, aprobar una ley de instalación del socialismo).

Un referendo consultivo es tomar la opinión del Soberano sobre algún asunto “de especial trascendencia nacional”, como reza el Artículo 71 de la Constitución y, antes, el Artículo 181 de la derogada Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política, de donde aquélla tomó esa redacción. En tal sentido, no se trata de un evento en el que sólo deban interesarse quienes estén de un lado de la cuestión. Esta posición no es nueva en mí; cuando se preparaba el referendo revocatorio presidencial que finalmente tuvo lugar el 15 de agosto de 2004, hubo quienes argumentaron que en este evento no debían votar siquiera quienes se opusieran a la revocación, y a esta interpretación muy equivocada salí al paso en la Carta Semanal #66 de doctorpolítico (Críticas demofóbicas) del 11 de diciembre de 2003.

Cualquier partidario del socialismo que sea persona razonable y de espíritu democrático debe entender que tal sistema no debe ser impuesto a la sociedad, que esta decisión es de tal profundidad y de tan grave naturaleza, que no debe ser adoptada sino después de una consulta al Soberano. No es un secreto, además, que hay importantes contingentes de ciudadanos que, si bien apoyan en términos generales el gobierno presidido por Hugo Chávez, encuentran creciente desacuerdo con sus métodos frecuentemente avasallantes; que, si bien sienten afecto y gratitud hacia su persona, necesitan expresar diferencias con su criterio. El referendo consultivo sobre la conformidad con la implantación de un régimen político-económico socialista proveerá un canal idóneo a esa expresión.

Muchas derivaciones de este planteamiento podrán ser explicadas y debatidas desde ahora hasta el 26 de septiembre; la iniciativa tiene la virtud de la riqueza, y por eso mismo puede abrir un debate honesto y enriquecedor. Una entre ellas quiero destacarla de una vez: un rechazo del socialismo no es lo mismo que abrazar al capitalismo o ninguna otra ideología diferente; se trata de asuntos lógicamente independientes en un mundo que cada vez menos se ve en blanco y negro, en el que la riqueza multicolor de las diversidades culturales y de opinión nos promete, a pesar de todas las dificultades del momento en el planeta, un futuro mucho más satisfactorio.

Es, por último, una necesidad nacional la unión de los venezolanos, hoy divididos artificialmente por una política ideológica que sigue líneas comprensibles pero obsoletas e ineficaces. El referendo propuesto es un evento sobre cuya oportunidad puede haber en el país amplísimo consenso, y por tanto es un paso importante en la recuperación de la unidad de la gran familia venezolana. Es, por consiguiente, un referendo cuya celebración puede y debe ser apoyada por todos los venezolanos.

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Una claridad respecto del punto anterior debiera bastar para comprender que la iniciativa del referendo sobre la implantación del socialismo en Venezuela no tiene por qué contar con la anuencia, aprobación o autorización de la Mesa de la Unidad Democrática, como tampoco con igual cosa por parte de los comandos electorales oficialistas.

Personalmente, he expresado pública admiración por el arduo trabajo de la Mesa de la Unidad Democrática (Entrevista con William Echeverría 06/05/10), pero creo que ella debe seguir en el curso que ha elegido por buenas razones: concentrarse justamente sobre las elecciones de Asamblea Nacional.

Si la Mesa de la Unidad Democrática como un todo, o algunas entre sus organizaciones miembros, quiere cooperar con la convocatoria del referendo—por ejemplo, instruyendo a sus militantes para que se declaren voluntarios para recolección de firmas—la asociación de propósito único agradecerá la ayuda y recibirá a esos voluntarios a título de ciudadanos, pues no está entre sus funciones o fines federar organizaciones políticas específicas. Lo mismo diría a cualquier cooperación que pudiera ser ofrecida por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). La cosa sería diferente, por supuesto, si fuera posible un acuerdo bilateral a este respecto entre ambas organizaciones políticas; en este caso, la asociación para la convocatoria del referendo daría la bienvenida a tan portentoso consenso, pero respeta la noción de que este acuerdo debiera ser asunto de decisión exclusiva del PSUV y la MUD. Mi estimación personal es que el país entero lo agradecería a ambas; es realmente una terca y poco venezolana malacrianza sostener que no hay absolutamente nada en que estos contendientes puedan ponerse de acuerdo. Aun así, este desiderátum no agota la opinión nacional; la suma del PSUV y la MUD no reúne siquiera la mitad de las opiniones ciudadanas del país. (Dicho sea de paso, también agradeceríamos mucho los venezolanos que la MUD y el PSUV pudieran sentarse para acordar un pacto de mutuo respeto en el proceso de elección de la Asamblea Nacional, incluyendo principalmente un respeto a los resultados electorales. El Consejo Nacional Electoral pudiera aventurar una exhortación al respecto, un comunicado de altura).

Adicional y específicamente, la Mesa de la Unidad Democrática, dada la demostrada capacidad y ponderación de sus dirigentes, sabrá comprender rápidamente las razones expuestas en el punto relacionado que sigue y ver claramente que, lejos de afectar sus propósitos, la celebración del referendo propuesto sólo puede potenciarlos.

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La duda más frecuente en las comunicaciones recibidas, todas expresivas de un gran interés en la iniciativa, es si la promoción del referendo no afectará negativamente el desempeño de las campañas (especialmente las de candidatos de oposición) hacia las elecciones de la Asamblea Nacional.

Creo que la respuesta a esa duda es declarar que estas elecciones se afectarían significativamente por la inclusión del referendo en su misma fecha, el 26 de septiembre, pero de un modo totalmente contrario: las afectaría de una manera enteramente positiva. Esto es así por dos razones principales.

Primera: porque el debate sobre la materia del referendo—la conveniencia o inconveniencia de instaurar en Venezuela un régimen socialista—contribuirá a clarificar el tema central de esta elección. La Asamblea Nacional en funciones o, más exactamente, su fracción dominante, la del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ha asumido una línea de cooperación incondicional y aquiescencia plena a las intenciones y decisiones socializantes del Ejecutivo Nacional. Ahora todos los diputados de esa importante fracción hablan de socialismo como la justificación última de las leyes, investigaciones y acuerdos que aprueban con la mayor celeridad, para facilitar la acción del Presidente de la República en dirección del socialismo. Están con el Presidente en un compromiso de “patria, socialismo o muerte”. Este tema, por tanto, es el verdadero debate nacional, más allá de las muy razonables agendas legislativas de cada candidato a diputado, y de la crucial necesidad de restituir en el país un equilibrio de poderes enteramente extraviado.

Segunda: porque la importancia de la cuestión estimulará una mayor afluencia electoral el 26 de septiembre. Esto, por cierto, debiera ser asunto del mayor interés a los candidatos de oposición especialmente. Más de un estudio de opinión señala que, aun en circuitos donde la propensión a elegir candidatos de oposición es mayoritaria, una mayor tendencia abstencionista en el electorado opositor terminaría dando el triunfo a candidatos del oficialismo.

Los promotores de la asociación de propósito único, por otra parte, diseñamos la operación procurando que el consumo de recursos y esfuerzo sea mínimo, a fin de reducir cualquier exigencia que pudiera afectar los recursos necesarios a las campañas de los candidatos a diputados.

En plan reiterativo, dada la importancia del punto y la inquietud compartida por quienes lo levantaron con la mayor amabilidad y un evidente interés, transcribo de una lámina de presentación por uno de los promotores de la asociación de propósito único (en formación) durante una de sus sesiones de trabajo:

-Es importante precisar que la propuesta brinda una bandera o tema o propuesta o narrativa de carácter nacional, motivacional, aspiracional, existencial que potencia todo el esfuerzo de candidaturas individuales y permite una campaña unificadora dirigida a todos, con especial apelación a los Ni-nis y al chavismo light con incidencia significativa sobre el abstencionismo.

-No es lo mismo votar por un candidato en particular ni para una posible propuesta legislativa que sobre la instauración definitiva y consolidada de un régimen que afecta la propiedad privada, el patrimonio, el empleo y la capacidad emprendedora de todos. Sería el factor energizante que permitiría captar la mayoría sencilla de la AN, meta que luce altamente improbable de otra manera.

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Seguramente pensando en la habilidad retórica del gobierno, especialmente la del Sr. Presidente de la República, se ha puesto en duda que la redacción propuesta para la consulta en referendo sea la más aconsejable. Ésta es la siguiente: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?”

Se ha sugerido que debiera hacerse la pregunta más específica, redactando, por ejemplo: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela del socialismo del siglo XXI?” O, también: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela del tipo de socialismo que el gobierno está tratando de imponer?”

Respecto de esta última fórmula, quien la sugirió advirtió ser admirador de “socialismos” como el noruego, y por tanto busca ser claro para quienes pudieran desear algún tipo de “socialismo” que no fuera el procurado por el actual gobierno venezolano.

Primeramente, hasta hace no mucho “socialismo del siglo XXI” funcionaba como marca comercial para distinguir esa variedad específica, pero es la práctica reciente del oficialismo hablar de socialismo a secas.

Luego, apartando el hecho de que en el caso de Noruega—o en el de España, gobernada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE)—se está más bien ante un caso de “socialdemocracia”, puesto que su economía es mayormente de mercado con algunas (pocas) actividades estatizadas, no debe haber muchos ciudadanos venezolanos que se equivoquen respecto de las intenciones del presidente Chávez. Está clarísimo que él se atiene estrictamente a la definición de socialismo que provee la Real Academia de la Lengua: “Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”. Más aún, habiéndose declarado abiertamente marxista (15 de enero de 2010, en la Asamblea Nacional), el Presidente de la República ha enfatizado una acepción adicional del DRAE: “Teoría filosófica y política del filósofo alemán Karl Marx, que desarrolla y radicaliza los principios del socialismo”. Por otro lado, no es únicamente la definición académica la que entiende al socialismo en ese sentido: ése es el sentido general que se le atribuye al término; por ejemplo, Wikipedia en español ofrece la siguiente definición: Es la teoría, doctrina o práctica social que promueve la posesión pública de los medios de producción y un control colectivo y planificado de la economía en pro del interés general de la sociedad”.

Con esto no quiero sugerir que la mayoría de los venezolanos está muy familiarizada con el diccionario académico o sitios como Wikipedia, sino que su comprensión de lo que son las intenciones del presidente Chávez coincide con la definición del DRAE. Él mismo se ha encargado de mostrar, durante un tiempo ya muy largo y en numerosísimas intervenciones y un buen número de textos escritos, así como con las frecuentes expropiaciones que ordena, que lo que busca es exactamente quitar a los empresarios la propiedad de los medios de producción. Sin ir muy lejos, el 2 de junio decía: “Mientras la burguesía tenga el control de la mayor parte de la producción, seguiremos sufriendo la inflación porque ellos ponen los precios”.

Pero es que, además, un referendo es un evento político con efectos jurídicos, y en nuestro sistema jurídico, por más maltrecho que esté, las interpretaciones de los textos se atienen a los significados contenidos en el DRAE. La propia Constitución establece: “Artículo 9. El idioma oficial es el castellano”. La pregunta debe venir formulada de forma que signifique inequívocamente, en el idioma oficial, lo que se quiere decir. Es asunto del texto de la convocatoria misma, por otra parte, especificar que lo que se quiere significar por la pregunta es lo que dice el DRAE para socialismo, y problema comunicacional de la campaña en su contra explicar muy bien al electorado de qué trata la cosa. Ella deberá explicar que la oposición es a “la posesión pública de los medios de producción y un control colectivo y planificado de la economía”, y que no es una oposición a cosas tales como una mayor “justicia social” u otras abstracciones por el estilo. Por supuesto, visto el gobierno ante un referendo de esta naturaleza, más de una cadena presidencial será dedicada a argumentar, falazmente, que quien vote contra el socialismo estará votando a favor del capitalismo imperialista, salvaje, golpista y explotador.

El lenguaje presidencial tiene virtudes resbaladizas y acomodaticias. Si se tomara la opción de redactar “el tipo de socialismo que el gobierno está tratando de imponer”, pudiera muy bien aducir que lo que eso significa es lo que acaba de escribir en su último artículo semanal: “Pero no nos harán desviarnos de la hoja de ruta hacia el gran objetivo que definiera nuestro Libertador: la suprema felicidad social. ¡El Socialismo, pues!”

En síntesis, cualquier redacción que se emplee será adulterada y falseada por la retórica oficialista, aunque con rendimiento exiguo, porque todo el mundo sabe qué es lo que quiere el gobierno. Las expropiaciones, tanto las ya hechas como las amenazadas, no dejan lugar a dudas.

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Una sola persona me escribió sobre la proposición en términos que transcribo literalmente de seguidas:

Luis Enrique, convocar un referendo con el CNE, desde mi punto de vista aporta muy poco. Si nos ubicamos en un escenario donde el CNE tiene el control electoral del país, es como tratar de ganarle al tramposo en su guarida. Si tuviéramos los suficientes votos y adecuadas estructuras como para defender el resultado electoral el día de la elección y el día después, entonces ganaríamos la Asamblea Nacional. En ese escenario qué sentido tiene complicar la votación con un Referendo, pero mucho más importante en un escenario donde perdemos es aun menos útil ya que atornilla al tipo.

El amigo representa una cepa ciudadana que se resiste a morir: aquella que sostiene que el presidente Chávez fue revocado en agosto de 2004 según lo comprueba el teorema o ley de Benford* y razonamientos por el estilo, y que desde entonces todo ha sido un reiterado fraude electoral cuyo actor material es el Consejo Nacional Electoral.

Ya da flojera contestar estas posiciones; digamos, sin embargo, que los resultados electorales de la última década han coincidido muy bien con las mediciones anticipadas por todos los estudios de opinión (serios y confiables) y que nunca se ha podido demostrar el presunto fraude electoral. (En julio de 2005 admitió a El Universal nadie menos que Alejandro Plaz, co-director de Súmate, que no era posible demostrar fraude en el revocatorio de 2004). También es digno de notar que el Consejo Nacional Electoral que es acusado de ese modo certificó la derrota de los proyectos de reforma constitucional del Presidente de la República y la Asamblea Nacional el 2 de diciembre de 2007, así como el triunfo opositor en cinco gobernaciones y la Alcaldía Metropolitana en noviembre de 2008. Otra cosa, por supuesto, es la conducta posterior del Ejecutivo Nacional a este respecto.

La postura expresada en la comunicación transcrita, independientemente de sus buenas intenciones, tiene un efecto deletéreo sobre los propósitos de quienes rechazan la política del presidente Chávez, pues alimenta la propensión a abstenerse en los eventos electorales. Por señalar un solo caso: en el referendo del 15 de diciembre de 1999, que aprobó la Constitución que nos rige, la suma de los votos negativos y la abstención equivalía a 67,8% de los Electores registrados para esa fecha. La Constitución de la República fue aprobada explícitamente por un poco menos de la tercera parte de los venezolanos titulares de derechos políticos.

También es falaz el empleo del argumento acerca del peligro de que el “tipo” se vea beneficiado por un triunfo en ese referendo. Si se argumenta que en todo caso actuaría según su voluntad y no la del electorado, entonces no tiene la menor importancia que el resultado sea favorable o desfavorable.

Pero es que todos los estudios de opinión miden una sólida mayoría de venezolanos contrarios a la implantación del socialismo en el país; dependiendo de cómo se formule la pregunta, en porcentajes que van desde 22 puntos hasta 60 puntos de diferencia. Aunque hubiera una tentación de falsear una cosa así, la realización de un fraude en esas condiciones sería poco menos que imposible. No pudo pasar siquiera en 2007, para proyectos promovidos por el oficialismo, con una diferencia en el orden de 1%.

Y, de todos modos, la implantación del socialismo es lo que siempre ha procurado la acción presidencial; antes a cámara lenta, ahora a un paso más acelerado. Precisamente por eso es necesario pararle el trote, antes de que sea demasiado tarde. Si llegara a ganar el oficialismo una mayoría suficiente en la Asamblea Nacional—como parece hoy, sin referendo, lo más probable—podemos tener la seguridad de que cesaría cualquier propiedad privada significativa de “los medios de producción”.

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Finalmente, dije al principio que había escuchado personalmente una objeción al proyecto del referendo consultivo sobre la implantación del socialismo en Venezuela. Fue proferida en una conversación bipersonal que sostuve en la mañana del viernes de la semana pasada, 4 de junio.

La objeción no iba dirigida al fondo de la proposición, asunto con el que mi interlocutor dijo estar totalmente de acuerdo. Su argumento, en cambio, era que la cosa era inviable, que sería imposible recoger las firmas suficientes, que sólo los partidos políticos podían hacer eso y que no estarían dispuestos a cooperar en la tarea, ocupados como estaban en la carrera hacia la Asamblea Nacional, que sería imposible a una asociación de simples ciudadanos completar la convocatoria.

Estas afirmaciones no estuvieron fundamentadas en algún dato empírico o sobre alguna ley universal de las ciencias sociales; vinieron formuladas dogmáticamente, como un axioma papal. En esencia, el argumento se reduce a esta idea: “No es posible hacer en Venezuela lo que es necesario hacer en Venezuela”.

Sostengo lo contrario. Creo que los ciudadanos venezolanos, casi sin distingo de preferencia política, podemos entender que el referendo proyectado es conveniente y necesario, clarificador de nuestro turbio proceso político, unificador de una sociedad dividida, estabilizador de una política que procede por sobresaltos. Invito a mis compatriotas a que, para final satisfacción de él mismo, demos con nuestro apoyo y nuestro esfuerzo un mentís rotundo a su noción de que los venezolanos somos incapaces de hacer lo que se necesita.

Convoquemos este referendo. LEA

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*La ley de Benford, dicho sea de paso, de aplicación en varios procesos físicos no es necesariamente aplicable a cosas como elecciones, aunque esto haya sido pretendido en Venezuela por unos pocos empecinados y, siguiendo nuestro ejemplo, también respecto de las elecciones en Irán. Los curiosos pueden consultar el artículo general en Wikipedia y el trabajo The Irrelevance of Benford’s Law for Detecting Fraud in Elections, aquí descargable  como archivo en formato .pdf: Irrelevancia de ley de Benford.

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Parada de trote, 23 de julio de 2009

Dictamen 2010, 17-18 de diciembre de 2009

Tratamiento del chavoma, 11 de enero de 2010

Emplazamiento de Caracas, 9 de febrero de 2010

Por supuesto que hay salida, 31 de mayo de 2010

Reto del presidente Chávez, 2 de junio de 2010

El extravío del unicornio rojo, 3 de junio de 2010

Puesta al día, 7 de junio de 2010

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El extravío del unicornio rojo

Las cadenas del unicornio alunado*

Silvio Rodríguez, líder de la Nueva Trova Cubana, cantará en Carnegie Hall; antes ha hablado en una rueda de prensa en Nueva York. El autor de Me va la vida en ello, se refirió a errores de la revolución cubana; por ejemplo, la nacionalización de la economía privada en Cuba: “El Estado decidió involucrarse nacionalmente en un comercialismo que llegó a los más desquiciados límites, incluyendo la burocratización de los expendios de papas fritas”. Luego sentenció: “Todavía estamos pagando por eso”. El concierto de Rodríguez en la Gran Manzana tiene la anuencia de Raúl Castro.

Mi unicornio azul

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Un desquiciado Presidente de la República declaraba ayer desde una planta aceitera vociferante, amenazante, que había declarado la “guerra económica” a la “burguesía”, especificando dentro de este concepto la presencia de Fedecámaras, Consecomercio y las Empresas Polar, el favorito de sus blancos recientes.

¿Qué hay de nuevo en esto? ¿No es exactamente eso lo que ha practicado desde que adquirió poder político? Ni siquiera es nuevo el show del lenguaje bélico. Ni siquiera es nuevo que desmienta frontalmente a alguno de sus subalternos como, por ejemplo, el Ministro de Comercio, Richard Canán, quien se mostraba muy urgido en explicar hace ocho días que no había “una arremetida contra Polar”. (Esto, después de la arbitraria expropiación en Barquisimeto, las constantes alusiones desafiantes, los recientes decomisos, la medida contra el aviso de PepsiCola, el envío de la rabiosa Iris Varela a “defender” derechos de “trabajadores” de la empresa, en una serie sañosa cuya alevosía exige mucha planificación. Es para esto, y no para atender sus obligaciones más elementales, que el gobierno tiene tiempo).

Ahora, después de la ególatra declaración formal de guerra contra Lorenzo Mendoza—“Vamos a ver quién aguanta más, si tú con tu Polar y tu riqueza, o yo con mi pueblo y mi dignidad”—, ardido por recientes declaraciones de trabajadores de Empresas Polar que señalaron el fracaso de las empresas estatizadas, seguramente se beneficiará del análisis estratégico que le provea el Centro de Estudio Situacional de la Nación (CESNA), reciente creación presidencial (Gaceta Oficial Nº 39.436) encargada de “recopilar, procesar y analizar de manera permanente, la información proveniente de las distintas salas situacionales u órganos similares de las instituciones del Estado y de la sociedad sobre cualquier aspecto de interés nacional”.

Esta CESNA que no vuela debe proporcionar “apoyo analítico informativo” al gobierno, “suministrándole información oportuna y necesaria para facilitar la toma de decisiones estratégicas para proteger los intereses de la nación”. Una de las primeras estrategias imaginadas por esta madre de todas las salas situacionales, ha deducido este blog, es la de fijar la residencia del Presidente de la República, mientras dure la conflagración, en el Museo Militar, donde tan bien le fue la última vez que estuvo en pie de guerra con “su pueblo y su dignidad”.

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Lo que busca el presidente Chávez es enmascarar la responsabilidad de su gobierno en la vergonzosa situación económica nacional, evidenciada en la caída de 5,8% del Producto Interno Bruto en el primer trimestre de este año, que el propio Banco Central de Venezuela atribuye principalmente a factores que maneja solamente el Ejecutivo Nacional: la menor oferta eléctrica, la disminución de la actividad del sector petrolero y la restricción en el acceso a las divisas para importaciones.

Ahora procura la guerra—como ha prometido, sin librarla, a Colombia y el Imperio—para disponer de una coartada para el fracaso. Así embiste con el único y terco cuerno de su frente ante cámaras y micrófonos, sin importarle que su agresividad empeore las condiciones de los venezolanos, para poder decir que el cuadro que se avecina, incluso peor que el actual, es culpa del conflicto. (Ángel García Banchs—CENDES, UCV—sostiene que el año cerrará con una caída del PIB de hasta 7%, y que la moneda venezolana sigue sobrevaluada en al menos 50%, por lo que una nueva devaluación acecha a los venezolanos desde el horizonte).

Es evidente el desequilibrio; no hay sociedad en el mundo en la que alguno o varios de sus componentes puedan ser tan malos que justifiquen la permanente agresividad, la incesante ira, el eterno reconcomio en el discurso de su jefe de Estado. Es un desequilibrio que tiene que corregir el poder de los ciudadanos, visto que los poderes no ejecutivos de la Nación, el legislativo y el judicial, no contribuyen al equilibrio de poderes sino que, antes bien, actúan como cómplices del desafuero presidencial. Es un desequilibrio que tiene que arreglar el Poder Constituyente Originario, porque no hay fuerza política organizada en el país—no lo es, evidentemente, la Mesa de la Unidad Democrática—que sepa poner coto al desborde.

Ayer, a continuación de la declaración oficial de guerra, el Presidente de la República lanzó uno de esos desafíos que usualmente le son tan fáciles, posibles en él cuando cree encontrarse en posición ventajosa. Pero esta vez no estaba tan divertido. Molesto por las cifras de Alfredo Keller y otros encuestadores—no todos—que indican que perdería hoy una elección presidencial y una mayor propensión a votar por candidatos de oposición para la Asamblea Nacional, retó a quienes se le oponen a convocar otro referéndum revocatorio basados en esas mediciones, e incluso sugirió que se aproveche la ocasión de las elecciones legislativas. Dijo: “Aprovechan las elecciones y piden un referendo para el 26 de septiembre”, asegurando que el Consejo Nacional Electoral sería capaz de organizar el referéndum en cuatro meses.

Coincide aquí el presidente Chávez con este blog en un punto, tal vez lo plagia. Aquí se escribió el lunes de esta semana (Por supuesto que hay salida), 31 de mayo de 2010:

Venezuela no quiere socialismo. No hay estudio de opinión que no haya registrado un desacuerdo sólidamente mayoritario a esa aventura impuesta sin recato, abusivamente. La conclusión política es obvia: nada más importante que expresar válidamente esa mayoría en un referéndum consultivo.

Ni el Presidente de la República, ni su socio (la Asamblea Nacional) van a convocar ese referéndum; ambos saben que lo perderían. Por consiguiente, somos los Electores—10% del registro electoral—quienes debemos ocuparnos de la convocatoria. Somos nosotros quienes, por iniciativa popular, tendremos que causar la consideración, por parte de cada ciudadano hábil para votar, de esta pregunta: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?”

Este blog anuncia que ya hay quienes estamos estudiando la ingeniería de la cosa, y que nos proponemos que la consulta tenga lugar exactamente el domingo 26 de septiembre de este mismo año. De este modo, no se exige un gasto adicional y un esfuerzo organizativo distinto al Consejo Nacional Electoral.

De modo que el reto está recogido de antemano, Presidente, tres días antes de que usted hablara desafiantemente. Pero siendo nosotros los agraviados y desafiados a nosotros nos toca la elección del arma. No es con un referéndum revocatorio como nos mediremos Pueblo contra Presidente; es con un referéndum consultivo sobre su obsesivo socialismo.

Nos vemos el 26 de septiembre. Vaya nombrando sus padrinos. LEA

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* alunado, da. (Del part. de alunarse). 1. adj. lunático. 2. adj. Dicho de un animal: Supuestamente enfermo por haber estado expuesto a la luz de la luna. U. m. en América. 3. adj. Arg. malhumorado (|| que está de mal humor). 4. adj. Hond. y Nic. Dicho de un animal: Que está en celo. jabalí alunado: 1. m. Aquel cuyos colmillos, por ser muy viejo, le han crecido de manera que casi llegan a formar media luna o algo más, de suerte que no puede herir con ellos.

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