Crónica trunca (y fe de erratas)

Video añadido al final

Nicolás Maduro tiende la mano a Jorge Roig

Nicolás Maduro tiende la mano a Jorge Roig

 

Comencemos por despejar el error. La siguiente afirmación mía—en Uno que se cae de inmaduro—estuvo equivocada: “Las teatrales proposiciones de paz de Maduro, los escenarios que concibe, son tan engorrosos como inadecuados”. Luego, mi recomendación final, en esa misma entrada—”Es así como le sale urgentemente a Maduro un destello de estadista…”, —ya se ha cumplido. El arranque de la Conferencia Nacional de la Paz que fue su iniciativa no ha podido ser más auspicioso; el tono más frecuente en los que intervinieron, comenzando por la breve alocución presidencial, y el clima general de la reunión, fueron de genuino deseo conciliador. Estas cosas dijo el Presidente:

Convoco a esta Conferencia Nacional de Paz a todos los venezolanos, sin condiciones. No les he puesto condiciones a ustedes para convocarlos, ni agenda. Yo los he convocado para que construyamos una agenda de paz entre todos. Esta convocatoria se basa en el diálogo y el respeto; por esa razón hemos abierto la casa para un debate lo más abierto y tolerante posible. Hagamos de la palabra un compromiso para intentar nuevos caminos de entendimiento. Pido la bendición de Dios a este esfuerzo. Tomemos en serio este llamado y sigamos llamando a quien hoy no acudió. Dejo abierto el debate y la participación a la Conferencia Nacional de la Paz.

La crónica es trunca porque no escuché todas las oraciones; encendí el televisor cuando concluía la destacada intervención de Pedro Pablo Fernández, y decidí no escuchar a la Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia después de sus primeras frases; allí me quedé. Pero escuché cosas muy justas y atinadas, útiles y prudentes, y sentí orgullo de mi país, de mi gente. Estaba claro que a los asistentes los dominaba la preocupación por el terrible febrero que aún no ha concluido. La gran mayoría de las voces se mostró muy dispuesta a la rectificación. (Con algunas excepciones, todas del oficialismo. Por ejemplo, Diosdado Cabello, violento de origen y de desempeño, no pudo reprimir su sesgado recuento y su regaño; Aristóbulo Istúriz, menos agresivo, también mostró una sola cara de la moneda, al referirse a violencias opositoras ignorando la muy marcada del oficialismo; Jorge Rodríguez contó una historia parcial de angelitos socialistas e insistió en la división de pobres y ricos; otros menos destacados siguieron esa pauta politizada, como Wills Rangel, Presidente del Sindicato Bolivariano de Trabajadores Petroleros).

Los empresarios destacaron por sus verdades honesta y respetuosamente dichas; Jorge Roig, admitiendo errores pasados de la institución que preside, con su articulada y sucinta exposición, con claridad diagnóstica: “El país no está bien, Presidente”; Lorenzo Mendoza al negar la falsedad de que lo individual y lo colectivo deben negarse mutuamente y al pedir una “comisión de la verdad” en lo económico, con la autoridad y la experiencia del eficaz y responsable trabajo de las empresas que dirige.

El alcalde Miguel Cocchiola fue elocuente, con obvia sinceridad; el de Churuguara, Elisanower Depool, certificó que era de izquierda aunque no vistiera camisa roja, asentando así que el PSUV no tiene la exclusiva sobre las almas izquierdistas. Vladimir Villegas dijo cosas convincentes. Leopoldo Puchi puso certeros puntos sobre las íes. Luisa Ortega Díaz fue la más constructiva de las autoridades presentes, profesional, evidentemente equilibrada, la única que no escondió violaciones de algunos agentes del gobierno a los derechos humanos.

El trabajo continuará, en plenaria y comisiones.

En fin, a pesar de la notoria y torpe ausencia de la gente de los partidos de oposición y la central que los agrupa, fue una noche balsámica, que mucho hizo porque renaciera la esperanza de la nación.

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Pero la disposición al entendimiento debe acompañarse de la disposición a corregir. Ya el año pasado había hablado de diálogo con la oposición el Sr. Maduro, sólo que sujeto a “una profunda rectificación”. Él aludía, por supuesto, a una rectificación opositora, no a una, aunque fuera superficial, de su propia postura. Naturalmente, hablaba como Presidente al que se la ha dicho ilegítimo. (Lorenzo Mendoza lo proclamó legítimo esta noche). Y, por supuesto, cuando propuso un tercer punto de repudio a la intervención de los EEUU en nuestros asuntos, ha podido complementarlo con lo mismo acerca de Cuba. También dijo: “No le vamos a pedir a nadie que se convierta al socialismo bolivariano”, pero lo que ha debido prometer es que cesarán sus intentos por imponerlo. Si se muestra capaz de esto resistiendo, como una vez dijera, los chantajes de los radicales de izquierda, podrá seguir en su función de Jefe del Estado. Démosle el beneficio de la duda, como recomendara hace más de un año Eduardo Fernández, y que queden las últimas entradas de este blog como advertencias y las muertes de febrero como semilla de la paz. LEA

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Desarreglos simétricos

¿Gente insubordinada?

¿Gente insubordinada?

 

En el estudio de los sistemas complejos se conoce cómo es que un sistema puede evolucionar, por decirlo así, en el borde del caos, en gran diferencia respecto de los sistemas plenamente caóticos. Esto es un resultado de la tendencia, observable en cualquier sistema complejo, hacia la autorganización. Más aún, la condición que los expertos llaman “caos débil”, es muy común en la naturaleza. Es el estado normal de los sistemas más dinámicos en cuanto a potencialidad evolutiva. Tan castrante del cambio creativo es el excesivo rigor, el excesivo orden, como el caos pleno. Resbalemos, pues, por este borde del caos, en este desarreglo, con los ojos bien abiertos y la imaginación bien dispuesta, porque así vamos a encontrar la verdadera salida

Turmoil or disarray*

El Diario de Caracas, 3 de agosto de 1998

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La primera noticia de la mañana daba cuenta de la destitución del Jefe del SEBIN—nombre horrible, como diminutivo de grosera expresión—, el servicio sucesor de la DISIP que antes (en tiempos de Rómulo Betancourt) se llamaba DIGEPOL, presuntamente la metamorfosis benéfica de la Seguridad Nacional de Marcos Pérez Jiménez, su Gestapo. La decisión fue tomada por el presidente Nicolás Maduro por desacato a sus órdenes expresas de acuartelar los efectivos del organismo, las que en sí revelan la percepción presidencial de que está en su interés calmar las cosas. Es gravísimo que, en medio de un ambiente de extendida protesta, la autoridad del Presidente de la República sea desconocida, especialmente por cuerpos armados. Añádase a tan preocupante desarrollo que ayer el gobernador de Carabobo, Francisco Ameliach, declaró por Twitter: “UBCH a prepararse para el contraataque fulminante. Diosdado dará la orden”. ¿Quién gobierna en Venezuela?

La segunda noticia avisaba que los espacios de Chacaíto, el escenario que había escogido Leopoldo López para marchar, cual mártir, a entregarse a las autoridades que lo buscaban con un auto de detención, habían sido tomados por numerosos y bien pertrechados agentes de la Policía Nacional “Bolivariana” y la Guardia Nacional “Bolivariana”. (Parece que Cabello no llegó a dar las órdenes anticipadas por Ameliach, por ahora).

La tercera fue que López se había entregado a las 12:23 p. m. Consummatum est.

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El gobierno de Nicolás Maduro está en serísimos problemas. No sólo es que la bomba de tiempo económica, armada por su predecesor eterno, ahora le explota en la cara, sino que tiene una buena parte de la población en la calle, exigiendo que se vaya. Es en medio de tan grave situación que parece no controlar ni a sus propias filas.

Como Cristo entre dos ladrones

¿Como Cristo en la cruz?

Sobre Maduro pesa la herencia del despropósito de Hugo Chávez y ella incluye, entre otras muchas cosas, tres chavistas de gran peso: Jorge Giordani, el alucinado gurú del socialismo más extraviado; Diosdado Cabello, realengo personaje que se cree parte principalísima del Poder Ejecutivo y actúa por su cuenta en consecuencia; Rafael Ramírez, lord protector del tumor económico primario: PDVSA. (“Entonces pensé: la solución de la cosa no es salir de Nicolás Maduro; es salir de Rafael Ramírez. Es él quien debiera ofrecer su renuncia”. Orlando curioso, 4 de febrero de 2014). Mucho se lograría si pudiera repudiar, no a uno, sino a estos tres chivos expiatorios.

Pero el presidente Maduro no está en las condiciones de Josif Stalin; no tiene la capacidad, desde de su precario mando, para hacer purgas de gente tan poderosa. Tampoco es para él una referencia útil la desesperada cambiadera de ministros de Pérez Jiménez en enero de 1958, en el tramo final de su caída, cuando sacrificó a Laureano Vallenilla Lanz (realmente Planchart) y a Pedro Estrada, jefe del SEBIN (realmente Seguridad Nacional), y trajo al general Néstor Prato como Ministro de Educación, para sustituirlo de inmediato por Humberto Fernández Morán. Hacer algo así emitiría la más clara señal de debilidad irreversible.

En lugar de eso, en estos momentos da otro discurso más, ante una concentración de “trabajadores petroleros resteados con el legado de Chávez, Maduro y el socialismo”, flanqueado por Rafael Ramírez. La locura persiste.

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El gobierno presidido por Nicolás Maduro está enfermo, y no es catarro lo que tiene.

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La oposición no está mejor. Hace cuatro días, escribía Thaelman Urgelles:

Los trágicos acontecimientos de ayer en Caracas fueron el pico de una operación política que nos ofrece la presunta salida inmediata de la penosa situación socio-política (y especialmente económica) en la que se encuentra Venezuela. No me refiero a la estupenda cadena de marchas y concentraciones efectuada en todo el país, convocadas por las federaciones estudiantiles de todas las universidades aunque los méritos fueron hábilmente atraidos para sí por políticos que poseen más saliva para engullir la harina mediática que ello provocó. Me refiero a los promotores de un nuevo atajo voluntarista al que ellos mismos han denominado #LaSalida, denominación muy apropiada para estimular las prisas de sectores de clase media cuya escasa experiencia política coincide con su justificada indignación por el desastre que sufre nuestra depauperada Venezuela. Muy directa y explícita la consigna de #LaSalida, con hashtag incluido, para bautizarlo en el escenario principal de su campaña publicitaria, que no es otro que las redes sociales de Internet. La resonante convocatoria que ha tenido, a partir de las acciones iniciales de vanguardias juveniles muy bien organizadas y localizadas, habla del nivel de desesperación que habita en ciertas capas poblacionales de clase media ilustrada, pues no más allá de ellas se registra, como en los años 2000 a 2004, la virulencia protestataria. (…) Al parecer, el propósito más profundo de los promotores de #LaSalida no es reemplazar de inmediato al gobierno, sino a Henrique Capriles como líder del pueblo democrático y a Ramón Guillermo Aveledo como coordinador de la oposición organizada. En ese caso, el movimiento debería tener por Hashtag el más apropiado de #LaEntrada… de ellos a las posiciones dirigentes de la oposición. Es duro decir esto de personas sobre quienes pesan órdenes de prisión; pero dado que nos estamos jugando la suerte de Venezuela alguien debe atreverse a hablar claro, quizás alguien como quien escribe, que no posee otra ambición que recuperar un país libre para sus hijos y nietos.

Todos sabemos quiénes promovieron “la salida”. Un día antes de la celebración de las elecciones municipales del 8 de diciembre, cincuenta y cinco nombres firmaban un remitido de prensa en el que se aseguraba que “la salida” era una asamblea constituyente:

Los firmantes de este manifiesto vemos en el derecho legítimo del pueblo a convocar democráticamente una Asamblea Nacional Constituyente a través de una gran movilización popular (…) el mecanismo más eficiente, plural y democrático para recomponer el acuerdo social de la República. Con nuevos funcionarios a la cabeza de los poderes públicos, tendremos en Venezuela unas elecciones presidenciales enmarcadas en un proceso justo, equilibrado y transparente acorde con nuestro arraigo democrático y tradición de libertad.

Comunicado del 7 de diciembre (clic amplía)

Comunicado del 7 de diciembre (clic amplía)

Al día siguiente, el Polo Patriótico lograba 242 alcaldías y la Mesa de la Unidad Democrática 75, o menos de la tercera parte, pero en la cabeza de los firmantes cupo la ilusa noción de que las elecciones de una hipotética constituyente serían ganadas decisivamente por la oposición. Y sólo dos de las cincuenta y cinco rúbricas alcanzaron espacio en los medios: Leopoldo López y María Corina Machado, en su primer acto público de separatismo de la supuestamente sagrada unidad opositora. El primero tiene una trayectoria que empieza por el cheque de PDVSA gestionado por su madre a favor de Primero Justicia—cuando ambos eran empleados de esa empresa—, y continúa por su militancia en tal partido, del que se separa amenazando constituir Primero Justicia “Popular”, para refugiarse en Un Nuevo Tiempo, al que abandona cuando esta organización postula a Liliana Hernández, su leal acompañante, a la Alcaldía de Chacao, pues su hombre de confianza era Emilio Graterón; finalmente, después de anunciar la constitución de unas efímeras redes “populares”, termina formando Voluntad “Popular”. Machado, por su parte, que procuraba en 2006, por propia admisión, una “crisis de gobernabilidad” que diera al traste con el gobierno—mediante un alzamiento o una invasión de marines—, que el año antes tuvo su momento de grande liga con la reunión en la Sala Oval donde la recibiera George W. Bush, el funesto presidente estadounidense (héroe de Germán Carrera Damas), brindó en bandeja de plata al madurismo el indicio que la identificaba como conspiradora internacional, y tiñó de sospecha a la MUD, al decir al mencionado historiador que ella ha debido ir al Departamento de Estado, antes de que Ramón Guillermo Aveledo hubiera presuntamente planteado a esa instancia de potencia extranjera que “la única manera de salir de esto es provocar y acentuar una crisis, un golpe de Estado o un autogolpe, o un proceso de atornillamiento y domesticación donde se genera un sistema de control social total”.

 Fragmento de grabación a Machado Parisca y Carrera Damas

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El cuarto Reich

El cuarto Reich

No todo aquello que se opone a algo malo es por ese mismo hecho algo bueno. En la película en blanco y negro de la polarización política nacional, en esta pelea de perros a la que asistimos y que a veces propina dentelladas mortales a los inocentes, una fracción de opositores neuróticos encuentra bueno y heroico todo lo que niega al chavismo. Es censurable, aunque comprensible dentro de la paranoia oficialista, que el gobierno haya ordenado la supresión de la señal del canal NTN 24 de los servicios de televisión por cable, pero esa estación sólo transmitía un ángulo de los sucesos del 12 de febrero; sus entrevistados fueron Leopoldo López, María Corina Machado, Diego Arria y nadie menos que Otto Reich, ex embajador de los EEUU en Venezuela, alto funcionario de Ronald Reagan y los Bush, entrometido en época del Carmonazo. Yo vi con estos ojitos el muy sesgado desempeño de NTN 24 antes de su bloqueo “por razones de Estado”.

Creo posible que la mano de los Estados Unidos esté en esta cosa de los disturbios de estos días, y entiendo que eso entusiasme a gente a la que vi reír, hace dos semanas, con un asqueroso audio de una voz maracaibera que pide a gritos y groserías que llegue a Venezuela un contenedor lleno de banderas gringas, cosa que contaba con su divertida aprobación.

Pero en la oposición venezolana y, por supuesto, en el pueblo entero, hay una mayoría abrumadora que no padece esa despreciable enfermedad.

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Es así como la situación nacional es de enorme peligrosidad. No es imposible que el gobierno de Maduro colapse, y entonces sólo dos cauces pudieran desaguar ese desenlace: una nueva elección para la que no hay preparación candidatural—¿Cabello contra Falcón?—o que los militares, ellos mismos divididos, asuman las riendas del Poder Ejecutivo. Para lo primero no estamos listos y, con deshonrosas excepciones, no somos entusiastas de lo segundo.

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Ahora me portaré ingenuamente, con la mayor candidez de comeflor, y resumiré el guión de una película de Disney. Si en el cacumen de Maduro se encendiera una chispa de sensatez, convocaría a Miraflores a Juan Requesens, Ramón Guillermo Aveledo, Henrique Capriles Radonski, Henry Ramos Allup y Eduardo Fernández. A ellos les diría lo obvio: que tanto la oposición como su gobierno están en grave condición, que el desarreglo pudiera sepultarlos a ambos y dañar, más gravemente aún de lo que ya lo está, al país entero, y que por eso propone un acuerdo sobre estas bases: 1. el cese de la protesta y de la represión; 2. la liberación de los estudiantes detenidos; 3. el repudio a cualquier intervención extranjera, sea ésta de Cuba o los EEUU, en los asuntos venezolanos; 4. el refuerzo de los acuerdos bilaterales en materia de tratamiento de la inseguridad ciudadana; 5. una inmediata NEP (nueva política económica) diseñada sobre las bases recomendadas por economistas reconocidos y que salve al país de morir de inflación e inanición; 6. una hibernación del Plan “de la Patria” hasta la celebración de un referendo en el que sea el Soberano quien decida si quiere para Venezuela un régimen político-económico socialista, que puede ser convocado por votación concertada de oficialismo y oposición en la Asamblea Nacional.

Claro, esto requiere meter en el escaparate el disfraz de Che Guevara y vestir el ropaje de verdadero estadista. A esto concedo mínimas probabilidades, pero ¿quién sabe? El chavismo y la oposición harían bien en recordar las inmortales palabras de Luis Felipe Llovera Páez: El pescuezo no retoña”. LEA

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*turmoil: a state or condition of extreme confusion, agitation, or commotion. disarray: a lack of order or sequence; confusion, disorder. Merriam-Webster Dictionary.

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La revolución espantosa

Mario Silva, Ministro del Poder Popular para Cloacas y Albañales

Mario Silva, Ministro del Poder Popular para Cloacas y Albañales

Protegeré a los lectores de este blog de la vulgaridad en castellano: The shit hit the fan. Es difícil recordar alguna infidencia más deletérea en la historia política del mundo; ni el telegrama Zimmermann, ni el caso Profumo, ni las cintas de Richard Nixon, ni las indiscreciones de Clinton o Berlusconi, fueron develaciones más letales que la conversación de Mario Silva con Aramís Palacios. No podía venir la porquería de alguien más autorizado que Mario Silva, maestro de la difamación procaz. Su sola presencia en la principal televisora estatal ya era un indicador de la calaña del gobierno. Las cosas que dijo al oficial del ejército cubano se corresponden con su carácter y su estilo.

Es claro de la grabación que ya ha escuchado media Venezuela y conocido buena parte del mundo, que la figura oficialista más comprometida de todas en la delación protagonizada por Silva es el Sr. Diosdado Cabello, presentado como gran corrupto y corruptor que estaría conspirando para arrebatar a Nicolás Maduro la silla presidencial. Una cosa así explica por qué Hugo Chávez, el líder del proceso, dispuso su sucesión sin permitir que Cabello, el líder del absceso, llegara a ejercer la Presidencia de la República aunque fuera por un minuto. Igualmente claro es el grado de injerencia del régimen cubano en asuntos públicos venezolanos, como que la extensión de la podredumbre gubernamental ha alcanzado el grado de gangrena.

Lo dicho por Silva crea problemas enormes, quizás insalvables, al gobierno presidido por Maduro. Es muy posible que éste no disponga de la fuerza y estabilidad necesarias a una purga, que pudiera devolver parte de la muy considerable pérdida de credibilidad que ha sufrido el oficialismo. Lo de Juan Carlos Caldera es ahora un juego de niños, y cualquier estudio de opinión que midiere mañana la popularidad del gobierno reportaría cifras verdaderamente macilentas. No es nada que convenga a un gobierno asediado por numerosos y graves problemas y cuestionado en su legitimidad.

El abrazo de la insinceridad

El abrazo de la insinceridad

Pero hay algo más profundo que esa consecuencia evidente: el masivo desengaño de antiguos creyentes en la revolución “bonita”. ¿Quién creerá ahora las arrogantes arengas de un sistema que se presentaba como poseeedor de la más alta moralidad? La tomografía del régimen que el conductor de La Hojilla ha mostrado certifica la extensión del cáncer revolucionario. A pesar de esto, probablemente las próximas horas mostrarán a Maduro y Cabello hermanados por conveniencia, declarando a dúo que Silva es un traidor. Ninguno de los dos puede todavía eliminar al otro.

De todos modos, ya sabemos que Hugo Chávez murió por causas naturales tratadas por la medicina cubana y que Mario Silva es el matador del chavismo. Nos ha hecho un gran favor. LEA

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Conversación de Mario Silva y Aramís Palacios

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Abuso inadmisible

El rostro lesionado de Julio Borges

El rostro lesionado de Julio Borges

De los presuntos delitos que cometan los y las integrantes de la Asamblea Nacional conocerá en forma privativa el Tribunal Supremo de Justicia, única autoridad que podrá ordenar, previa autorización de la Asamblea Nacional, su detención y continuar su enjuiciamiento. En caso de delito flagrante cometido por un parlamentario o parlamentaria, la autoridad competente lo o la pondrá bajo custodia en su residencia y comunicará inmediatamente el hecho al Tribunal Supremo de Justicia.

Artículo 200 de la Constitución Nacional

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La barbarie agresiva y criminal se ha adueñado de la Asamblea Nacional bajo la conducción de Diosdado Cabello, antiguo Teniente de Ejército que el 4 de febrero de 1992 ya había demostrado su propensión a “arreglar las cosas” con la violencia armada. No existe la menor justificación para las agresiones recibidas por varios diputados de la oposición en el Palacio Legislativo. No existe excusa. La obligación del ex teniente Cabello era y es la de impedir el salvaje ataque y poner a los parlamentarios agresores bajo custodia en su residencia, según manda la Constitución Nacional. Él fue testigo desde posición privilegiada de varios delitos en grado de flagrancia. Pero claro, no es dado esperar esa conducta en el instigador y cómplice principal de los hechos, el propio Diosdado Cabello. Un matón preside hoy la Asamblea Nacional.

Los agraviados deben denunciar el hecho ante el Tribunal Supremo de Justicia, y éste requerir de la Asamblea Nacional la autorización para detener y continuar el enjuiciamiento de los agresores. De no hacerlo, establecería una preferencia por la impunidad y se deslegitimaría por completo como órgano supremo de justicia. Diosdado Cabello actúa como agente libre que no ayuda en nada al Poder Ejecutivo Nacional—¿cree que puede obtenerlo de un zarpazo?—y menos a la comunidad nacional, asediada por una crispación que no cede a los llamados más sensatos. Es hora de que los magistrados superiores pongan coto a los bárbaros. LEA

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La gallera política

Operación en el CIMEQ de La Habana

Operación en el CIMEQ de La Habana

Es un deplorable y preocupante espectáculo el protagonizado por la dirigencia política nacional, en momentos cuando un importantísimo venezolano se defiende del asedio de la muerte. Los dirigentes oficialistas marcan la pauta.

Poco antes del más reciente informe oficial acerca del estado de salud del presidente Chávez, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello arremetieron, una vez más, contra la oposición. El primero acusó con nombre y apellido a Ramón Guillermo Aveledo de ser “el responsable de la campaña contra el presidente Chávez”; más específicamente, sin aportar ningún género de pruebas, declaró: “No tenemos ninguna duda de que el señor Aveledo esta detrás de toda la campaña de rumores malsana que se inician por Twitter, Facebook y por distintas vías de comunicación”. Por su parte, el Presidente de la Asamblea Nacional cerró las puertas a lo que necesita la hora, al decir: “Con esta oposición, con este liderazgo de la derecha, no hay conciliación posible”. (La oposición venezolana está en condiciones tan graves como las del Presidente; lo que Maduro y Cabello hacen es revivirla con sus pugnaces posturas).

El día anterior, Ramón Guillermo Aveledo había celebrado una rueda de prensa para tronar: “Hacer creer al país que el Presidente está gobernando es una falta de seriedad que alcanza niveles de irresponsabilidad, de abuso de su persona, de su nombre, así como de todos los venezolanos”.

Entonces llegaría Ernesto Villegas Poljak, Ministro de Comunicación e Información, a informar mediante lectura de un comunicado que Hugo Chávez está afectado por una insuficiencia respiratoria, derivada de la “severa infección pulmonar” que se estableciera como secuela de la última operación que se le hizo. Luego de dar el sucinto parte, Villegas leyó estas palabras ominosas:

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela advierte al pueblo venezolano sobre la guerra psicológica que el entramado mediático trasnacional ha desatado alrededor de la salud del Jefe del Estado, con el fin último de desestabilizar a la República Bolivariana de Venezuela, desconocer la voluntad popular expresada en las elecciones presidenciales del pasado 7 de octubre y acabar con la Revolución Bolivariana liderada por Chávez.

Previamente, había dirigido a la Vicepresidencia Ejecutiva de Globovisión una carta oficial (con copia a Maduro) en la que conminaba a la estación a desdecirse porque habría identificado al Vicepresidente Ejecutivo de la República como Presidente Encargado.

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El país necesita ser reconciliado; me atrevo a decir que eso es también lo que quiere, y que lo quiere ahora para procesar el portentoso hecho de la grave enfermedad de alguien que ha sido electo cuatro veces como Presidente de la República. Éste dio el ejemplo que sus lugartenientes no siguen, cuando informó tersamente al país de su nueva gravedad y señaló lo que la Constitución establece para manejar su posible ausencia definitiva.

Pero Maduro, Cabello y Villegas muestran signos de histérica paranoia, revelándose como funcionarios que carecen de las cualidades de los estadistas. El vicepresidente Maduro y el ministro Villegas ignoran el funcionamiento autónomo—sin control por “entramado mediático transnacional” alguno—de los enjambres que conocemos como redes sociales. Si en Twitter se dice “Conocemos la verdad clara y concisa sobre la situación de Hillary, Mandela, etc… Pero no sobre nuestro mandatario…” o “En vida era el comandante, ahora coma-andante”, igualmente se propone que “En la oposición quieren grabar una secuela de Crepúsculo. Ledezma será el vampiro Edward y Teresa Albanes será Bella… la pasarán por RCTV”. Ver en ocurrencias como ésas una conspiración es un error de mucha consideración, y la Constitución dice (Artículo 234): “Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más”, y también (Artículo 239, numeral 8) que es una atribución del Vicepresidente “Suplir las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República”, así que Maduro está encargado de la Presidencia; es decir, es Presidente Encargado, y Globovisión no ha incurrido en pecado ninguno. Es más, Diosdado Cabello dijo el 26 de diciembre que Hugo Chávez “Se vino de Cuba a explicarle al pueblo qué era lo que estaba padeciendo en este momento y lo hizo de manera tan responsable que dijo que si por alguna razón él resultaba deshabilitado, el compañero Nicolás Maduro era el encargado, y eso tenemos nosotros que apoyarlo”.

Claro que se encontrará en la “Pajarera” tuits de pretendida ingeniosidad, como éste: Otra vez @VillegasPoljakE desmiente lo que le dijo Maduro a Telesur. Pacientes que tienen una “severa infección pulmonar” no pueden hablar. (Un amigo de quien escribe padece desde hace meses una insuficiencia respiratoria que le obliga a inhalar oxígeno constantemente de una fuente portátil, que usa aun cuando juega dominó o sale a comer por ahí, y conversa estupendamente). Pero, de nuevo, no es algo así cosa planificada o inducida por Aveledo en connivencia con el “entramado mediático trasnacional”, y Villegas no sabe cuáles pueden ser los fines de esta última entelequia para asegurar los amplios y ambiciosos propósitos que enumeró: desestabilizar la República, desconocer el 7 de octubre y acabar con la “revolución”. (Como no sabe de los fines de nadie ningún político que emplea esa manida retórica que, misteriosamente, conoce los recovecos mentales de otra gente para asegurar que “lo que busca” o sus intenciones son esto o lo otro).

Pero Aveledo reclama sin base, pues el oficialismo no ha hecho creer a nadie que el Presidente está gobernando. ¿Cómo podría esto ser cuando el mismo Hugo Chávez entregó en cadena nacional a Cabello la solicitud de permiso para una falta temporal, cuando Maduro ha descrito más de una vez a un paciente sometido a un régimen de cuidados constantes y delicados y sólo ha hablado de saludos presidenciales desde La Habana? El único acto de gobierno efectuado desde Cuba fue la delegación de facultades especiales a Maduro, precisamente porque el Presidente no puede gobernar en sus actuales condiciones.

Así que la histeria paranoide debe cesar de lado y lado. Los expertos juristas deben facilitar el tránsito, no entorpecerlo; nadie está desconociendo los resultados electorales de octubre y la Constitución no es un “formalismo”. Lo que el país exige es que los partidos enfrentados se unan, aunque sea una vez, para gestionar la crisis con sindéresis y seriedad en bien de la Nación. Es ciertamente imposible callar la pajarera, pero debemos lograr que cese la gallera. LEA

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