Reiteraciones con pretexto

 

IVAD: encuesta del 27 de octubre al 3 de noviembre

 

El diario El Nacional publicó ayer, jueves 10 de noviembre, la información esencial de una encuesta del Instituto Venezolano de Análisis de Datos, que a criterio de este blog es una de las consultoras de opinión más rigurosas y atinadas del país. Las mediciones procedentes del levantamiento nacional de la opinión de venezolanos mayores de 18 años de edad, con alcance nacional, realizado entre el 27 de octubre y el 3 de noviembre, no pueden ser más desoladoras para la Mesa de la Unidad Democrática y sus precandidatos. En conjunto, confirman el diagnóstico adelantado acá el pasado 10 de marzo (exactamente hace ocho meses), reproducido como epígrafe en Realpolitik en viñetas. Hablando de lo que llamó El pelotón opositor, dijo el suscrito de quienes pescueceaban entonces por la candidatura presidencial de oposición a Chávez:

Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.

Empecemos precisamente por tales bondades. La encuesta del profesor Félix Seijas registra una competencia más o menos pareja entre Henrique Capriles Radonski y Pablo Pérez, y preguntó entre muchas otras cosas acerca de los rasgos más apreciados o esperados en los candidatos presidenciales. Claro que la gente espera que un candidato exhiba “preocupación por la gente”—rasgo apreciado por 96,1% de los entrevistados—y apreciará en él la presencia de “carisma” o simpatía (85,2%). Sin embargo, valora significativamente más la certeza de que combatiría la inseguridad (97,2%) y aun un poco más que sea “portador de futuro”: ¡97,4%! (Este tema, por cierto, fue tratado en este blog—El futuro no es historia (todavía)—el 7 de noviembre, tres días antes de la publicación de El Nacional. La cueva de Tío Conejo, por otra parte, no es cliente del IVAD, básicamente por escasez de fondos. No podía, por tanto, conocer los datos de la encuesta).

Bien; si ésos son los rasgos que los electores querrían ver en los candidatos a la Presidencia, ¿cómo son evaluados Capriles y Pérez al respecto?

Capriles y Pérez no calzan los puntos

En términos generales, el 70% de los encuestados no percibe esas cualidades en Capriles, y tampoco sus cuatro quintas partes en Pérez.

El empate virtual Capriles-Pérez—la lucha del nuevo AD (Un Nuevo Tiempo) contra el nuevo COPEI (Primero Justicia), la del estado Miranda contra el estado Zulia—se pone de manifiesto al preguntar por quién se votaría en las elecciones primarias de oposición, previstas para el 12 de febrero. Si la pregunta sugiere los nombres, 23,6% dice que votaría por Capriles y 20,6% por Pérez. (El error muestral se estima entre 1,03 y 2,37%, de modo que puede hablarse de empate técnico). Por Leopoldo López se pronunció el 11,2%, y 3,8% se inclinó por María Corina Machado, quienes ya lucen derrotados; El Nacional no reportó sobre las patéticas candidaturas de Diego Arria y Pablo Medina. Quienes dicen no saber por quién votarían, alcanzaron 41,3% de la muestra. Si los encuestados mencionan su candidato espontáneamente, entonces Capriles obtiene 14,6% de respaldo y, técnicamente empatado, Pérez recibe 13,3%. (López baja a 5,2%, Machado no es mencionada por la reseña de Maru Morales y ¡63,7% no respondió!)

Pero lo terrible es que a estas alturas 49,3% dice que votaría por Chávez hoy, contra 37,1% de quienes votarían en contra. Si confrontara a Capriles, esa intención bajaría 1,1%, hasta 48,2%, contra 38,6% de los que votarían por el gobernador de Miranda. Chávez sacaría ventaja de casi diez puntos (9,6%) a Capriles. En el caso de un cotejo con Pérez, aparentemente tendría Chávez peor desempeño (47,8%), pero el zuliano lo haría peor que Capriles con 36,1%. La ventaja de Chávez aumentaría a casi doce puntos (11,7%).

En dos platos: ninguno de los candidatos que pudieran hacerse con la candidatura de la Mesa de la Unidad Democrática es gallo para Chávez y eso, según se advirtió acá el 10 de marzo, era cosa sabida.

Como debía ser cosa sabida que la bendita unidad que garantizaría la derrota de Chávez era no más que un mantra que, repetido, sólo sirve para calmar corazones angustiados, con razón, por el chavismo. Aquí se le llamó “mito” el 20 de marzo (Primarias secundarias o El mito de la unidad). Y también se comparó lo que pudiera lograr la Mesa de la Unidad Democrática con una definición del comediógrafo Enrique Jardiel Poncela tan temprano como el 13 de julio de 2006 (Carta Semanal #194 de doctorpolítico) y, más recientemente, el 4 de junio de 2009, en artículo (Nacimiento o conversión) que, por casualidad, comentaba mediciones del IVAD:

…ni la federación del archipiélago opositor formal garantiza que Chávez será vencido. A pesar de la medición de Seijas, la gente no alineada sigue estando allí, insatisfecha crecientemente con el gobierno nacional, pero insatisfecha también, y muy especialmente, con el discurso de los partidos de oposición. Cuidado conque una reedición de la Coordinadora Democrática o el MUN de Ledezma se comporten según la definición de bote salvavidas propuesta por Enrique Jardiel Poncela: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”.

Cuando la encuesta que reseño preguntó por simpatías partidistas o por la identificación con chavismo o antichavismo, obtuvo los siguientes resultados:

Los no alineados le ganan a la MUD

Maru Morales redactó casi exhaustivamente: “Las toldas que hacen vida en la mesa de la Unidad (AD, PJ, UNT, Copei, Proyecto Venezuela, ABP, Podemos, Voluntad Popular y otros) aglutinaron a 27,4% de los consultados”. He allí, medido, el mito de la unidad. La idea de la unidad como ingrediente imprescindible es un error estratégico, como también es una equivocación fundamental creer que el asunto es definirse como opositor a Chávez, creer en uno de los lemas de la campaña de Viene María: “Somos mayoría”.

Acá se dijo en Retrato hablado (30 de octubre de 2008), sobre los rasgos imprescindibles en un candidato exitoso: “El primero de ellos, paradójicamente, es que no sea una contrafigura de Chávez. Es decir, que su razón de ser no sea oponerse al actual Presidente de la República. El discurso de una contrafigura exitosa, si bien tendrá que incluir una refutación eficaz del chavismo, deberá alojar asimismo planteamientos nacionales que debiera sostener aun si Chávez no existiese. El problema político venezolano es más grande que Chávez”.

Por supuesto, los voceros de la Mesa de la Unidad Democrática—MUD, que en inglés significa lodo, barro—continuarán empantanados en sus rígidos marcos mentales y asegurarán—como su progenitora, la Coordinadora Democrática, hasta un día antes del referendo revocatorio de 2004—que Félix Seijas no es un buen encuestador o que es una ficha del gobierno, que ellos tienen encuestas que dicen otra cosa. Esperable, conmovedor, pero suicida.

Quienes todavía disponen de fondos, cada vez más escasos, para colocar en apuestas políticas y quieren algo mejor que el pernicioso e indeseable continuismo chavista, debieran ir pensando si no es tiempo de explorar otro planteamiento candidatural que no sea el de políticos tan indigentes. Penúltimo aviso.

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Cierre de un año trágico

Los padrinos y el cura del 5 de marzo: el bautizo de un golpe de Estado en La Esmeralda

Con la sola excepción de Teodoro Petkoff, que repudió públicamente el decreto de constitución del gobierno usurpador de Pedro Carmona Estanga poco después de que fuera promulgado, ningún dirigente de oposición ha marcado distancia del golpe de Estado del 12 de abril de este año. De modo indirecto, Primero Justicia es el único partido que se distanciara, al expulsar de sus filas a Leopoldo Martínez en cuanto se supo que había aceptado un puesto en el gabinete ministerial de Carmona. Mientras los partidos y sus dirigentes no pronuncien una explícita condena de lo acontecido el 12 de abril, que tiñó con la sospecha un gigantesco movimiento civil manipulado por los golpistas, no podrán recuperar la confianza del Pueblo.

En el día de hoy, el último del año, el suscrito recibió un correo electrónico de Jorge Olavarría en el que este amigo solicitó: “Luis: te mando el artículo que hoy publico en El Nacional. Por favor, no seas muy severo. Un abrazo. JO”. El artículo en cuestión se llama “¿Por qué los militares no sacan a Chávez?”, y en él dice Olavarría que deponer a Chávez militarmente no puede ser tenido por acción subversiva y recomienda un gobierno militar de transición.

La contestación del suscrito se copia a continuación:

Gracias, Jorge, por el envío, y mis deseos por un Feliz Año para ti y los tuyos.

 No tengo otra severidad que reiterar lo que para mí es un principio clarísimo: que el sujeto del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad. En esto estoy con la Declaración de Derechos de Virginia respecto de un gobierno contrario a los propósitos del beneficio común, la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad: “…a majority of the community hath an indubitable, inalienable, and indefeasible right to reform, alter, or abolish it…”

Si se aceptase algo distinto, la validez de la intentona de febrero de 1992, por referirse sólo a un ejemplo, estaría abierta a discusión. Niego esa posibilidad. La aventura de Chávez et al. es un claro abuso de poder, sobre todo cuando la mayoría de la población rechazaba, sí, el infecto gobierno de Pérez, pero rechazaba también el expediente de un golpe de Estado.

 Es por esto que el proyecto de Acta de Abolición que conoces ofrece la única justificación posible al desacato militar: “Nosotros, la mayoría del Pueblo Soberano de Venezuela, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario… mandamos a la Fuerza Armada Nacional a que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…”

Como escribí en marzo en un artículo que me solicitara Poleo:

Pocos días después de la reseña de El Universal, Jorge Olavarría de Tezanos Pinto retomó el punto en dos emisiones de su columna en El Nacional (así como en intervenciones televisadas), sólo que en su opinión tal derecho sería la fundamentación de un golpe de Estado clásico, y prescribía algunos ingredientes del mismo, como el inevitable manifiesto de los golpistas. Acá quiero marcar diferencia respecto de la posición de Olavarría: el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia.

Y también en el mismo artículo: “En detalle, nosotros mandamos que cese el patológico y folklórico paso de Chávez por el gobierno y de ese modo autorizamos a la fuerza armada de este país para que retire a ese ciudadano de Miraflores, en caso de que ni siquiera ante tal mandato expreso el alucinado personaje consienta en bajarse de la silla. Ése sí sería entonces un derecho de rebelión conferido por nosotros a quienes—los militares—sí se encuentran, como súbditos, en situación de subordinación y obligación de obediencia”.

Si tenemos, Jorge, la posibilidad real de dictar la abolición desde el piso civil, desde la única legitimidad de la mayoría del pueblo, no debemos admitir que el estamento militar se rebele por su cuenta y riesgo.

 Admito que este planteamiento se ha limitado estrictamente a una consideración de principios. Los aspectos prácticos del asunto constituyen, naturalmente, discusión aparte.

Recibe un saludo muy cordial

Luis Enrique

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La nota en El Universal (3 de febrero) a la que se hace alusión es la combinación de sendas entrevistas de Ernesto Ecarri a Ángel Álvarez y el suscrito. Ecarri se interesó en el artículo citado de la Declaración de Derechos de Virginia que yo le proporcionara, publicándolo de modo destacado, y Jorge Olavarría publicó de seguidas dos artículos sucesivos con el título Derecho de rebelión, así como fue al noticiero de Televén a predicar su punto de vista. Esto suscitó mi preocupación, y logré que Carlos Fernandes, periodista de esa planta, dedicara una de las ediciones de Triángulo, el programa que conduce, al tema de ese derecho el lunes 25 de febrero de este año que concluye. Fue la primera vez que formulara en público la noción de un Acta de Abolición. A raíz de esta intervención, fui entrevistado al día siguiente por Marta Colomina, quien escribió un artículo que apoyó la iniciativa el domingo 3 de marzo. Finalmente, Rafael Poleo me pidió ese mismo día un artículo para la revista Zeta, que publicó a la semana siguiente. He extraviado el texto completo; de él sobreviven sólo los fragmentos que cité en mi contestación al correo de Olavarría. Vista en retrospectiva, fue profética la mención del elenco de Carmona, Velasco, Ortega y Rincón. Ellos fueron, al mes siguiente, protagonistas principalísimos del golpe del 12 de abril.

El daño que este golpe de Estado, del que Carmona fuera mascarón de proa, infligió a la sociedad civil venezolana que él traicionó, persistirá hasta que el silencio alcahuete de la dirigencia opositora se transforme en activa condena.

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¡Por el amor de Dios, Eduardo Fernández!

Publiqué en El Nacional el jueves 2 de octubre de 1986, un remitido redactado tres días antes que criticaba, entre otras cosas, el adelantamiento de campaña electoral por parte de Eduardo Fernández, entonces Secretario General de COPEI, y su elección del apodo “El Tigre” para designarlo como marca política. En el texto, reproducido abajo, una alusión a solicitudes de sillas de ruedas se refiere a la precampaña perecista, desatada por la Sra. Cecilia Matos, la misma que más tarde propondría erigir una estatua ecuestre de Carlos Andrés Pérez, su pareja, en su ciudad natal de Rubio.

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Ayer, 29 de setiembre, publica la prensa la gran noticia: Eduardo Fernández propone que su partido defina de una vez quien será su candidato presidencial porque los adversarios ya están en campaña. Eso lo dice al clausurar una reunión de profesionales copeyanos, el domingo 28 de setiembre. Ni siquiera da tiempo, sin embargo, a que sus copartidarios reaccionen, pues el mismo lunes 29 las ciudades amanecen ornadas con los vistosos afiches del “tigre” (en su nueva edición) y la televisión y la radio trasmiten cuñas que nos indican que tal o cual señora y tal o cual señor “están con el tigre”. Luego hay la rueda de prensa de ayer, publicada hoy 30 de setiembre y en la que anuncia su decisión firme de convertirse en el candidato verde y en la que vuelve a ofrecernos la solución que tiene pensada para los males venezolanos: “una democracia nueva para una Venezuela nueva”.

Por un lado, Doctor Fernández, Ud. no termina de explicarnos los ingredientes de ese jarabe que Ud. anuncia y quiere vender bajo el nombre de “una democracia nueva”. Pero, más atinente al caso que nos ocupa, Doctor Fernández, es precisamente la “democracia vieja” la que adelanta campañas electorales, pues es la “democracia vieja” la que no respeta al electorado y pretende atosigarlo de modo constante con el tema electoral. Más de una vez Ud. sugirió que se acortasen las campañas electorales, pero ahora sabemos que no creía en eso cuando lo decía. Y ahora adelanta su campaña cuando faltan casi dos años y medio para la fecha de las votaciones y la mayoría de los venezolanos quisiera ocuparse de otras cosas.

Usted ofrece la excusa de que en el campo adeco la campaña ha comenzado ya. Pero ¿en qué quedamos? Hace no muchos días Ud. hablaba de “rescatar la diferencia”. Usted, Doctor Fernández, y otros dirigentes de su partido hablaron mucho de esa “diferencia”, de esa distinción que colocaría a COPEI en un sitio diferente al que ocupa Acción Democrática. Se mostraba Ud. molesto ante las insinuaciones de algunos venezolanos. entre los que me encuentro, en el sentido de que, para propósitos prácticos, no existen ya diferencias de fondo entre AD y COPEI. Permítame recordárselo, porque parece que su memoria, Doctor Fernández, no alcanza a conservar lo que pasó hace menos de diez días. El 20 de setiembre Ud. debía clausurar un “congreso ideológico regional” de COPEI en el Distrito Federal. ¿Cuál, preguntará Ud., Doctor Fernández, al no recordarlo, era el lema y el trabajo central de ese evento? Según el reportaje que nos da la prensa, Doctor Fernández, el lema era justamente “rescatar la diferencia”, y según los documentos allí presentados y las declaraciones de los dirigentes, “rescatar la diferencia” significa precisamente “desadequizar a COPEI”. Y explicaban el presidente y el secretario general de COPEI en Caracas: “Digámoslo crudamente: nos hemos adequizado. Los adecos nos han arrastrado poco a poco hacia su pragmatismo, hacia su oportunismo y hacia su estilo político que subordina la ética a la idea de alcanzar, a cómo dé lugar los objetivos”. Y continuaban: “Los adecos han convencido a muchos de nosotros de que debemos imitar su pretendida viveza. De que debemos usar las mismas armas que ellos para poder derrotarlos. Paradójicamente, ser como los adecos para poder ganarles”. Eso ocurrió, Doctor Fernández, hace escasamente diez días, y Ud. viene a argumentar el 28 de setiembre, una semana después, que COPEI debe determinar su candidato y adelantar la campaña ¡porque los adecos lo están haciendo! ¿Dónde ha quedado, Doctor Fernández, la diferencia?

Por lo demás, Doctor Fernández, Ud. insiste, sólo que ahora con más denuedo, en sus desaciertos, lo que destaqué en artículo de prensa a raíz del primer afiche tigresco. Ud. insiste, Doctor Fernández, en momentos cuando la escasez, la dificultad económica, el desempleo, las deudas públicas y privadas nos oprimen, en gastar enormes cantidades de dinero para pagar afiches, cuñas de televisión y de radio, agasajos, próximas fiestas de cumpleaños, a dos años y más de las elecciones presidenciales. La obscenidad del gasto es inocultable.

Luego insiste, pero Ud. y sus asesores sabrán, en ofrecernos como la parte más sustanciosa de su discurso de presentación al país que Ud. quiere parecerse a un tigre. Esto es no sólo lastimoso sino que, por encima de todo, es un insulto a la inteligencia del elector venezolano.

Ud. y sus asesores suponen que al ciudadano de este país le interesará más el nombre bestial que Ud. ha elegido para sí que la disminución de la pena y la angustia del pueblo. ¡Por Dios, Doctor Fernández! Alguna vez supusimos que Ud. fuese menos superficial y más auténticamente respetuoso de nuestra condición de electores, de nuestra esencia de poder constituyente.

Y también insiste, como dijimos, en presentar su jarabe de la “democracia nueva”. Pero ¿qué es esa “democracia nueva” para Ud.? Hace casi un año Ud. ocurrió ante la COPRE para presentar sus ideas, ideas que Ud. llamó “soluciones para la nueva democracia”. Allí habló críticamente de la “partidocracia”, diciendo entre otras cosas que una “característica de la Partidocracia es que la sociedad civil se hace, valga la redundancia, ‘socialmente’ presente en las organizaciones intermedias, como gremios, sindicatos y asociaciones en general a través de los partidos políticos, desvirtuándose muchas veces sus fines y razón de ser y colocando estos organismos intermedios al servicio de los objetivos político-partidistas”. De eso hace casi un año, pues Ud. lo dijo el 30 de octubre de 1985. Pero también se le olvidó, pues este domingo pasado, 28 de setiembre, hizo cinco “solicitudes” a los profesionales y técnicos de COPEI, de las que nada menos que la primerísima era la de una “presencia gremial vigorosa”. Explica la prensa: “Exhortó a los profesionales y técnicos de COPEI a desarrollar una vida gremial activa, constante, para de esta forma vigorizar su movimiento. Y garantizar la voz de los socialcristianos en todas las esferas del quehacer científico, económico, social y cultural del país”. Lo primero que hace, entonces, es excitarles a esa penetración de lo que Ud. llama “organizaciones intermedias” y que Ud. mismo. cuando le pareció elegante, criticó con palabras que ahora también sabemos insinceras.

¿Es que no veo nada bueno en lo que Ud. hace? ¿Es que la he cogido con Ud. y no critico con igual fuerza las demostraciones de otros precandidatos? No es así. Debo felicitarle por su exquisitez táctica. Debo felicitarle por la rapidez que le permitió estrenar la proposición de que su partido defina prontamente su candidatura y en menos de veinticuatro horas tupirnos con afiches y cuñas. (Lo que demuestra. obviamente. que cuando Ud. proponía ese adelantamiento lo hizo bastantes días después de haber ordenado el arranque de su bestial campaña).

Lo felicito, además, porque la nueva fotografía suya es mucho mejor que la del primer afiche. Es un logro encomiable. Lo felicito, por último, adelantadamente, por su próximo cumpleaños. Ya sé que todavía falta y que es el 18 de octubre, pero a Ud. le gusta adelantar las cosas. Eso sí, espero que para la celebración sepa atemperar su necesidad de gasto y no sea ésa una oportunidad más de evidenciar cuán poco tiene en cuenta lo menesteroso del venezolano de estos días. Por lo demás, allá Ud. con su condición de tigre. Pobre campaña la suya. Por eso no lo felicito.

Y por supuesto que estoy en contra del adelantamiento de cualquier campaña, sea ésta de quien sea, incluyendo las que se manifiestan, por carambola, en campañas que lo que parecen es solicitar sillas de ruedas para inválidos. No le niego a Ud., sin embargo, el derecho que le asiste de haber declarado, si lo hubiera querido al día siguiente de haber sido elegido el actual Presidente en ejercicio, que Ud. quería ser candidato a la Presidencia. Ese derecho le asiste, como le asiste a cualquier venezolano en cualquier momento de cualquier año. Lo que le desconozco es el derecho de despilfarrar dinero y esfuerzos en la dispendiosa demostración táctica de sus afiches y sus cuñas. Pero por encima de todo, Doctor Fernández, le desconozco la autoridad moral para hablar de “democracias nuevas” y de “rescatar diferencias”.

Luis Enrique Alcalá

C.I. 2.139.408

30 de septiembre de 1986

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Apocagénesis

Para conmemorar el Día de la Juventud (12 de febrero), el periódico El Nacional inauguró en 1969 una página semanal—Juventud y Futuro—que puso a cargo del Dr. José Rafael Revenga.  Éste, que recibió la encomienda de Arturo Úslar Pietri, explicó que quería “reflejar fielmente todo el complejo panorama de las luchas, las esperanzas y la situación de la juventud”. Menos de un año antes, Occidente se estremecía con los incidentes del juvenil Mayo Francés, y las confrontaciones de estudiantes y policías en las universidades de Columbia y Berkeley por el issue de la Guerra de Vietnam, inmortalizadas en el filme Las fresas de la amargura. (The Strawberry Statement).

Al cumplirse un año de la página, el Dr. Revenga tuvo la amabilidad de publicar en ella un ejercicio de ficción (Apocagénesis) del suscrito—del que una amiga con autoridad literaria dijera que no era un cuento—, el 10 de febrero de 1970. Es el texto que se reproduce abajo. No sé, a estas alturas, qué genero atribuirle: ¿ciencia-ficción? ¿Política-ficción? Lo cierto es que contiene uno que otro detalle de rasgos proféticos (incluyendo que faltaban seis años para que conociera y me enamorara de mi esposa quien, como la protagonista de la historia, se llama Cecilia); también puede reivindicar el “cuento” un cierto sabor al tipo de narraciones como Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, con veinticinco años de anticipación a esa novela.

John Lange hizo amigablemente la ilustración para la pieza.

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I. Juventud y futuro

En la madrugada del 1º de enero de 1980, Fernando se encontraba bailando con su flamante pareja en el apartamento 4B del edificio Carmelitas.

El viejo inmueble había alojado anteriormente al Ministerio de Comunicaciones. Cuando el Ministerio se dividió en un Ministerio de Transporte y otro que conservó la antigua denominación, ninguno de los dos ministros quiso quedarse en esa esquina, y cada uno logró conseguir una torre de veinte pisos—ambas idénticas para evitar los celos—en el Grupo Ministerial Nº 5, en el mismo sitio donde una vez se irguiera aquel famoso hotel que se inaugurara una decena de años atrás. (Destruir y reconstruir El Conde ha sido el pasatiempo “antiaristocrático” favorito de los gobiernos democráticos venezolanos).

El edificio Carmelitas había sido entregado a una inmobiliaria de mucho renombre—creo que a Alianza para el Proqueso—, para que lo alquilara y supliera de esta forma las necesidades de xerocopias de los Ministerios del Transporte y de Comunicaciones.

Ocupaban la edificación alrededor de ochenta familias del percentil 40, además de locales comerciales—siete—cuatro de los cuales eran joyerías.

Fernando bailaba en una fiesta de Año Nuevo que se había organizado por contribución en casa de los Matute, que, como ya sabemos, tenían alquilado el 4B.

La pareja de Fernando se mostraba extrañada por el laconismo de éste, quien habitualmente era un gran conversador. Los pensamientos de Fernando estaban probando ser más potentes que la festiva algarabía que le rodeaba.

“Tiene que llegar. ¡Tiene que llegar!” En verdad que no eran muchos los pensamientos de Fernando. Hasta se podría decir que era solamente uno. Lo que Fernando esperaba con tanta concentración era un bombardeo de la ciudad de Caracas. Debía efectuarse, según lo acordado, hacia las cinco y treinta de la mañana, y en el barato reloj de nuestro amigo las agujas indicaban tres minutos de retraso. Ya estaba maldiciendo de la imprecisión de su reloj, cuando creyó ver por el balcón a una figura amarilla con periscopio que se acercaba volando silenciosamente. El avión (?) prosiguió su rumbo hasta quedar a plomo con la Plaza Bolívar. Allí se detuvo por unos segundos hasta que, abriendo sus compuertas, dejó caer una única bomba en forma de tulipán. El aparato desapareció del lugar antes de que la bomba pudiera tocar tierra. Cuando ésta lo hizo, se abrió para dar origen a dos fenómenos igualmente intensos: una brillante luz amarilla que iluminó a toda la ciudad y un ensordecedor acorde de los Beatles amplificado tantas veces que se escuchó desde Antímano hasta Petare.

Estaba consumado el bombardeo, contratado meses atrás por un grupo de jóvenes caraqueños con Daniel el Rojo, Inc., empresa que había desarrollado la temible bomba que, por primera vez en el mundo, había sido ensayada en esa mañana de 1980.

Cuando Fernando pudo reponerse de la impresión que el espectáculo audiovisual le causara, se dirigió a toda prisa a ocupar su puesto en la Brigada de Evaluación Nº 2, la que estaba encargada de comprobar los efectos del bombardeo en el sector centro-oeste de Caracas.

A los pocos minutos todo el grupo estaba reunido y, sin pronunciar una palabra, los jóvenes se dispusieron al examen de la situación. Tal como Daniel el Rojo, Inc. lo prometiera, en el sector de Fernando todas las edificaciones estaban intactas. Encuestando casa por casa, se pudieron dar cuenta de que el efecto garantizado había tenido lugar: todas las personas mayores de treinta años habían fallecido instantáneamente.

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El primer problema de la primera sociedad verdaderamente juvenil—después de la de Adán y Eva—fue el de disponer de los cadáveres. A fin de cuentas se trataba del 35 por ciento de la población.

La solución más adecuada fue presentada por un estudiante de Artes Plásticas. Consistió en apilar los cuerpos en el Parque del Este y cubrir la pirámide resultante con una resina transparente, que al solidificarse transformó aquel inerte grupo en una gigantesca escultura que servía de recordatorio imponente.

El Consejo de Gobierno que se formó con los conspiradores iniciales tomó una segunda decisión muy importante: trazó una Cortina de Hierro o Muralla China en el perímetro de Caracas, y advirtió a los adultos del resto del mundo que no debían penetrar en la ciudad, so pena de sufrir lo mismo que ocurriera a los adultos caraqueños, punto excelentemente ilustrado con algunos cadáveres que fueron colocados con avisos en ubicaciones estratégicas, y que habían sido salvados de la pirámide del Parque del Este justamente con ese propósito.

Pasaron varios días. El Consejo de Gobierno se había disuelto por considerar que en una sociedad joven no debían existir mecanismos de poder. Precisamente para acabar con ellos se había contratado el bombardeo.

Cuando una noche, después de concluir el sexto concierto-baile-meditación que se ofrecía diariamente, los circunstantes se dieron cuenta de que el automercado vecino había agotado sus existencias, uno de los músicos propuso ponerse a trabajar para conseguir el alimento. Otro de los presentes, de apariencia intelectual, intervino para decir que no se podía trabajar sin organización y que no podía establecerse una organización sin que existiera alguna jefatura instituida. Fue muy tarde cuando se dio cuenta de las palabras malditas que había pronunciado. No había terminado de decir “…fatura” cuando los que le rodeaban se abalanzaron sobre él, y cuando sus labios se cerraron para terminar de decir “…tituida” no se volvieron a abrir más. La masa no dejó de él labios que pudieran abrirse.

Saturados con el incidente, los asistentes no volvieron a pensar en comer y se dirigieron todos a dormir. Sin embargo, a la mañana siguiente el hambre se había fortalecido. Y dos jóvenes que estuvieron escudriñándose con extremada precaución—nadie quería ser el segundo tomo de la noche anterior—, al cabo de una hora de conversación cuidadosamente seleccionada, se pusieron de acuerdo en una cosa: poco a poco formarían un partido que, al contar con suficiente apoyo, podría tomar el poder y forzar a la nueva sociedad a que se organizara para trabajar. Se despidieron en silencio, y con sonrisas inseguras se alejaron para iniciar el proselitismo.

Una conspiración similar comenzaba a formarse en otro sitio y por razones diferentes. Al día siguiente del bombardeo, los jóvenes que vivían en ranchos y casas viejas y pequeñas se juntaron en fraternal alegría con los que provenían de otros percentiles. En la total identificación que siguió a la primera celebración se anunció con gran alborozo que había suficiente espacio en viviendas adecuadas para aquella población que nunca había podido vivir bajo un techo decente. Las primeras noches no hubo problema alguno. Cada quien se acomodó para dormir en la habitación que se le hubiera antojado. En las semanas sucesivas, prácticamente todo el mundo había dormido en una casa distinta cada noche. Pero, poco a poco, ciertas casas empezaron a verse muy solicitadas. Estas casas estaban ubicadas en el Este de Caracas o hacia las colinas del sur, desde donde se disfrutaba de una excelente vista del Ávila.

Pues, como decía, otra conspiración surgió; trataba de formar otro partido que esta vez se dedicaría a resolver el problema de la vivienda.

Así, casi cada problema originó con el tiempo al partido correspondiente. No obstante, se procuró evitar identificarse con términos y conceptos del pasado. Por esto, a los partidos no se les llamaba partidos sino trozos, no se les identificaba con siglas sino con números, y cuando se inventó un sistema eleccionario se hablaba de votancias, y las tarjetas de colores se introducían en “féretros”.

Ya por el mes de marzo se contaba con un gobierno sólidamente instalado. El trozo que había ganado las votancias en biolimpia campañada había sido el trozo 1-2-3. Al son de “Uno, dos y tres, el pueblo maché” el nuevo mandatosio ocupó su puesto para dedicarse a nombrar a sus maxistros.

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El 30 de junio venció el período que Daniel el Rojo, Inc. había fijado en cláusula aparte para la segunda fumigación. Ésta tenía por objeto limpiar definitivamente a la ciudad de influencias adultas. Era como la segunda dosis de la vacuna contra el polio, y esta vez no dejaría en pie a nada viviente que se comportara como adulto.

El 1º de julio Fernando se encontró solo. Había sido, a sus 29 años de edad, el único sobreviviente del Apocalipsis.

Era el único que se había mantenido independiente, y su costumbre de tratar de ser tan flexible como para comprender a todo el mundo parecía ser el único antídoto efectivo contra la terrible segunda fumigación.

Vagó tristemente por la íngrima ciudad. Estaba ya más que convencido de que no quedaba nadie que le acompañara. Pero, repentinamente y sin creer siquiera en el éxito de su nuevo impulso, comenzó a correr desesperadamente al encuentro de una figura femenina que súbitamente había aparecido de la nada a unas dos cuadras de él.

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II. Vejez y pasado

Cecilia se sentaba por fin a la mesa. Había ya servido las hallacas que ella misma hubiera hecho para esta cena familiar de Año Nuevo. En años tenía treinta y dos, de los cuales había estado casada trece y, de éstos, los últimos cinco perfeccionando sus hallacas de razonable fama.

Todos los niños dormían, y en torno a la mesa se encontraba una variedad de suegros, tíos y amigos allegados. Hacía tiempo que los esposos querían reunir a ambas ramas de la familia, y lo habían conseguido con ocasión de que esa cena fuera la primera que hicieran en su nuevo apartamento, el 4-A del edificio Carmelitas.

Habían asistido prácticamente todos. Don Jorge y Doña Elisa, Don Federico y Doña Adela, tío Carlos, tío Francisco, tía Carmen, tía Dolores la soltera, los Ochoa y los Álvarez. Casi todos. (“Por qué Don Oscar siempre llega tarde? ¿Adivinaría que tía Dolores le iba a tocar de pareja?”)

La cena tardó bastante. Hubo que esperar a que Don Federico, quien siempre hablaba demasiado en la mesa, terminara por fin con su dulce de lechosa. Don Federico había estado desarrollando una de sus tesis mas queridas: “Es un error hablar de mayoría de edad a los veintiuno. Nadie que no haya cumplido los treinta sabe lo que es la vida, lo que es la realidad”. Con medio pedazo de dulce dentro de la boca elaboró con ejemplos lo que quería decir.

Los demás asentían a su argumentación con la esperanza de que la agotara prontamente para poder levantarse de la mesa porque, si bien las hallacas de Cecilia eran excelentes, tendían a ser bastante pesadas.

El resto de la noche transcurrió sin mayores problemas. Don Jorge y tío Carlos fueron los únicos que se emborracharon, pero el primero se durmió en el sillón mas cómodo que encontró, y el segundo fue sacado por su señora con el pretexto de que tenían que pasar por casa de los Yanes.

A las cinco y veinticinco, Cecilia y su marido despedían al último de los invitados que se retirara.

Un minuto después, Cecilia había dado el último vistazo a sus cuatro hijos, y hacia las cinco y media estaba abriendo la nevera para servirse un vaso de agua. En ese momento oyó un ensordecedor sonido y creyó reconocer las notas iniciales del Himno Nacional. También notó cómo la cocina se iluminaba con una extraña y vívida luz morada, pero estaba muy cansada como para asociar ambos eventos, y pensó que los vecinos eran muy patrióticos en Año Nuevo y que no debió beber tanto del licor morado que su marido se empeñara en comprar.

Cecilia se fue a dormir.

………

A las diez y cuarto se despertó angustiada. Le extrañaba no haber escuchado el ruido habitual de los niños y no pudo seguir durmiendo con tanto silencio. Se levantó de la cama y se dirigió a ver qué estaban haciendo. Después de buscar en el ultimo rincón de la casa sin encontrarlos, despertó a su esposo para comunicarle la situación. Su marido la tranquilizó diciéndole que probablemente estarían jugando en la entrada del edificio, como acostumbraban. Cecilia corrió presurosa a la puerta del apartamento y en el momento de abrirla se dio cuenta de un inexplicable detalle: además de estar cerrada en todas las cerraduras, la puerta tenía pasada la cadena. A Cecilia la dominó un intenso temor.

………

El Presidente habló en un programa especial a las tres de la tarde. Se le notaba cansado, y también estaban fatigados los ministros y los jefes de las distintas policías.

“Conciudadanos: primero que todo quiero dirigir al pueblo entero mi salutación de Año Nuevo. Pensaba hacerlo a las seis de la tarde, pero un hecho insólito en la vida de nuestro país me ha obligado a tomar contacto con Uds. lo antes posible. Como ya todos sabrán, a partir de una hora que se estima entre las cinco y media y las seis de la mañana de hoy, la población de Caracas perdió el 65 por ciento de sus habitantes. Todos los moradores menores de treinta años aparecieron muertos sin ningún signo de violencia y, no se sabe cómo, se encuentran reunidos en una enorme pirámide en el Parque del Este. En estos mismos momentos, una comisión del Ministerio de Sanidad, acompañada por funcionarios de la Administración de Parques y Jardines, se encuentra en el Parque del Este estudiando la situación. Pero estoy en capacidad de informarles, con base en datos preliminares, que no se trata de ningún fenómeno epidémico conocido. Tampoco creemos que se pueda atribuir la causa a acciones terroristas. Algunos de los cadáveres identificados pertenecían a connotados dirigentes guerrilleros de las distintas tendencias. En resumen, no creemos que lo sucedido se debe a ningún tipo de acción natural o humana, y sólo podemos definirlo con esa expresión jurídica conocida con el nombre de ‘Acto de Dios’.

Indudablemente, conciudadanos, que lo ocurrido nos ha sumido en la consternación, pero creo mi deber de Primer Mandatario el extraer de las circunstancias aspectos positivos. Estos aspectos llenarán de nuevo y rico sentido la vida de la Nación.

En primer lugar, a partir de esta mañana nos hemos convertido en la ciudad más rica del mundo. El Producto Territorial per capita del Área Metropolitana se ha multiplicado repentinamente por tres, al reducirse a la tercera parte la población de la ciudad. (Aplausos).

En segundo término, han desaparecido instantáneamente nuestros más graves problemas sociales: la delincuencia juvenil, la infancia abandonada, las guerrillas, las huelgas estudiantiles. (Ensordecedores aplausos).

Estos dos factores nos colocan en una posición única y privilegiada con respecto al resto del mundo, y mi gobierno ha considerado que tenemos la oportunidad histórica más grande que se nos haya presentado para acabar para siempre con los males que corroen a toda sociedad, y que provienen, como todos sabemos, de una descarriada juventud.

Por estas razones, leeré para Uds. el articulado principal de un Decreto que saldrá publicado esta noche en la Gaceta Oficial.

Articulo 1º. Se establece en todo el territorio del Área Metropolitana de Caracas el Servicio Obligatorio de Esterilización.

Articulo 2º. Se nombra al ciudadano doctor Gonzalo Mejías, Comisionado Especial de la Presidencia para la Esterilización Obligatoria.

Artículo 8º. Las necesidades de poblamiento del Área Metropolitana de Caracas serán cubiertas por un número de inmigrantes mayores de treinta años que será determinado por el número de defunciones que ocurran dentro del mismo territorio.

Parágrafo único. Para el control de las defunciones e inmigraciones se establecerá un mecanismo de coordinación entre los ministerios de Relaciones Interiores, Relaciones Exteriores y Sanidad y Asistencia Social”.

El Presidente no pudo hablar más por el concierto de aplausos que se desatara a la lectura del decreto. Saludando con su mano derecha, se retiró del recinto.

Todos los televisores de Caracas fueron apagados al mismo tiempo.

………

En marzo de 1980, Caracas conoció un estado de violencia que no tenía precedentes. De todas partes surgieron patotas de motociclistas, armados con pistolas, puñales, cadenas y trozos de manguera rellenos de plomo.

La patota de San Bernardino era la mas temible de todas. La comandaba el famoso “Car’e Cáncer”, repulsivo viejo de sesenta y siete años que tenía el récord de haber destruido mas de veinte dentaduras mediante el efectivo procedimiento de golpear la boca de sus víctimas con el filo de una acera.

Había también la patota de “Los Inmunes”, formada por tres senadores y quince diputados, con representación de todos los partidos. Esta pandilla era el horror de los alrededores del Capitolio, hasta el punto que el Congreso se vio obligado a sesionar en el Panteón Nacional.

La droga era distribuida con mayor profusión cada día, y al Parque de Los Caobos se le conocía por el remoquete de “Parque de la Mafafa”.

Para el 30 de junio no quedaban muchos síntomas de comportamiento adulto. Hasta los gobernantes más encumbrados buscaban la manera de jubilarse del trabajo, y muchos ministros llevaban chuletas para su presentación de cuentas al Presidente.

El 19 de julio de 1980, Caracas tenía un solo habitante. Era Cecilia, quien paseándose sin rumbo por la íngrima ciudad se detuvo de pronto sin aliento al ver que un joven que apareciera de la nada corría en dirección a ella.

………

III. Todo

Existe al lado del universo un antiuniverso. Alicia, la del País de las Maravillas, lo descubrió una vez al atravesar un espejo, Los físicos modernos lo descubrieron más tarde. El protón tiene su antiprotón, el neutrón su antineutrón, el electrón su antielectrón. Existe una antimateria para cada gramo de materia.

Fernando vivía en el universo y Cecilia en el antiuniverso (¿no sería al revés?)

La bomba amarilla de Fernando había originado la bomba morada del mundo de Cecilia.

Y la segunda fumigación del universo caraqueño había producido el efecto inverso en la Anticaracas.

Por una rendija entre los dos mundos, por una rotura del espejo que les separaba, Fernando y Cecilia pudieron materializarse cada uno en el mundo del otro.

Por eso Fernando no corría hacia un espejismo, ni Cecilia estaba viendo acercarse un fantasma.

………

Fernando y Cecilia se amaron largamente.

………

luis enrique ALCALÁ

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