La cuchara de Washington

¿Quién llamó a Roberta Jacobson?

¿Quién llamó a Roberta Jacobson?

Para su Encuesta Nacional Ómnibus de hace un año (29 de febrero al 7 de marzo de 2012), la encuestadora Datanálisis encontraba que el Consejo Nacional Electoral recibía 73,9% de aprobación de su gestión por la ciudadanía, representada en una muestra de 1.300 entrevistados. Así se ubicaba en el quinto lugar en una lista de veinticuatro instituciones y personalidades propuestas en su cuestionario. (Detrás de la Iglesia Católica, los bancos, los estudiantes y los comerciantes, y justo delante de los medios privados de comunicación. Más abajo, aparecían los empresarios, Mercal, el presidente Chávez—con 62,5% en el puesto 12—, el Tribunal Supremo de Justicia y Henrique Capriles Radonski, en el vigésimo lugar, con 50,2%). En cambio, ahora registra en 657 entrevistas telefónicas (18 y 19 de abril de 2013) que 48,7% encuentra que los resultados electorales del 14 de abril “No reportan adecuadamente la votación del pueblo venezolano y están alterados para beneficiar una parcialidad política”; 51,3% cree lo contrario, según la publicación de esta medición en El Universal. (Un clic sobre ellas amplía las imágenes).

Aprobación de actores nacionales (marzo 2012)

Aprobación de actores nacionales (marzo 2012)

Confianza en 1er. boletín 14 de abril

Confianza en 1er. boletín del 14 de abril

 

Este último dato ha debido ser lo que fundamenta las innecesarias declaraciones de Roberta Jacobson, Secretaria de Estado para América Latina de los EEUU: “la mitad de los venezolanos no tiene confianza en el resultado”. La secretaria Jacobson ha optado por descreer 98,12% de las actas de escrutinio del 14 de abril, auditadas en un nivel de 54% por muestras aleatorias y contentivas de 14.814.497 voluntades ciudadanas, para creer en 657 entrevistas tomadas, del mismo modo, aleatoriamente.

La secretaria Jacobson se ha preocupado mucho con la celeridad del proceso electoral venezolano: primero en la entrevista que concedió a El País de Madrid el 15 de marzo, cuando opinó que la elección había sido convocada apresuradamente, en aparente desconocimiento de lo que pauta nuestra Constitución; ahora al destacar que Nicolás Maduro fue proclamado al día siguiente de la votación. (En verdad, a Hugo Chávez se le proclamó tres días después del 7 de octubre).

Pero es igualmente veloz la nueva y entrometida declaración de Jacobson, que se produce, análogamente, al tercer día de que cerrara el levantamiento de campo de la encuestadora y sólo dos desde la emisión de sus datos. Claro que Datanálisis logró mejorar el valor predictivo de sus registros: mientras un mes antes de la elección tenía a Maduro ganando a Capriles por 14,4 puntos, Barclays dejó colar que la misma firma pudo medir un cerramiento de la brecha hasta un promedio de 7,2% entre el 4 y el 11 de abril, y su última toma de información midió 3% de diferencia. (Ver en este blog Final cerrado).

En general, respeto las encuestas de Datanálisis, como respeto la información de un sistema electoral que, si bien vulnerado gravemente por el ventajismo oficialista, nunca ha sido válidamente mostrado como fraudulento. Pero es muy grave que un ente vital a la democracia, en el que una marcada mayoría de venezolanos confiaba, sea cuestionado por casi la mitad de la población. Según el CNE, Capriles obtuvo el 49% de los votos, y ahora parece que 48% de la población (con potencial error de ±3,81%) no cree que la primera cifra es confiable. La oposición habría tenido un éxito inusitado en erosionar muy rápida e importantemente la confianza en el Poder Electoral.

Habrá que ver si esa labor es útil a la patria (y a posteriores participaciones electorales de la oposición), pero lo que está claro es que la secretaria Jacobson se está entrometiendo en lo que no le incumbe.  No le compete hacer indicaciones al sistema electoral del país, y creo que la oposición no necesita su ayuda para lo que se propone; la Mesa de la Unidad Democrática se basta a sí misma muy suficientemente. Con su entrometimiento, Jacobson permite que la sospecha de juego coordinado recaiga sobre la MUD y su candidato. Si yo fuera Ramón Guillermo Aveledo, le diría (parafraseando a Cantinflas): “¡No me defienda, comadre!” LEA

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Terapia antihistérica

La nación debe ser sedada

La nación debe ser sedada

histeria. (Del fr. hystérie, y este del gr. ὑστέρα, matriz, víscera de la pelvis). 1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos. 2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala. ~ colectiva. 1. f. Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.

Diccionario de la Lengua Española

Histeria, en su uso coloquial, describe excesos emocionales inmanejables. Las personas “histéricas” a menudo pierden su autocontrol, a causa de un miedo abrumador que puede originarse en eventos del propio pasado que involucraron algún tipo de conflicto severo.

Wikipedia
(traducción del artículo en inglés)

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La primera obligación de un gobernante es la preservación de la paz y la seguridad de la comunidad. Un verdadero jefe de Estado procura siempre esas condiciones esenciales de la vida social; no se conduce como miembro prominente de una pandilla pendenciera. El Presidente electo, Nicolás Maduro, está fuera de ese deber, con su verbo incesantemente belicoso e insultante. También el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, que niega arbitraria e ilegalmente a diputados de oposición el derecho de palabra y permite su asalto físico y verbal. Si amenaza con abrir investigación de la Asamblea Nacional acerca del comportamiento de Henrique Capriles Radonski, antes debió iniciarla sobre los partidarios del gobierno que amedrentaban, armados y en gavillas motorizadas, a votantes de opinión contraria a la suya; antes ha debido señalarle al Presidente encargado su obligación de destituir al Ministro de la Defensa por la violación pública y descarada del Artículo 328 de la Constitución: La Fuerza Armada Nacional (…) está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”.

En el instante de la metamorfosis

En el instante de la metamorfosis

El actual líder de la oposición acicatea esa conducta inaceptable cuando él mismo se refiere a Maduro como “el ilegítimo”. Maduro se encargó de la Presidencia de la República por interpretación correcta de la Constitución, texto al que Capriles se opuso en 1999 y ahora blande como todo el resto de los opositores. Al producirse la falta absoluta de Hugo Chávez, Maduro dejó de ser Vicepresidente—cargo sobre el que pesa el impedimento del Artículo 229 constitucional—e ipso facto se convirtió en Presidente habilitado para presentarse a la elección del 14 de abril. Previamente, el 9 de enero, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia resolvió defectuosamente la laguna constitucional acerca de una falta temporal del Presidente electo (el 7 de octubre): decidió que se iniciaría al día siguiente el período 2013-2019 aunque Chávez no pudiera juramentarse en tal oportunidad. También incurrió el TSJ en negligencia al no someter la enfermedad de Hugo Chávez al escrutinio de una junta médica que pudiera certificar su incapacidad física o mental permanente. Pero una vez que decidiera así el 9 de enero, Maduro era el Vicepresidente del nuevo período en suplencia de Hugo Chávez y, al deceso de éste, pasó a ser Presidente encargado. Es la decisión del 9 de enero la que Capriles debió impugnar si no estaba de acuerdo con ella; no le asiste derecho para desconocer la correcta decisión del 8 de marzo y por tanto irrespeta al Presidente encargado, ahora Presidente electo por estricta aplicación de la ley, al llamarlo “ilegítimo”.

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George W. Bush fue reelecto Presidente de los Estados Unidos en 2004 por una ventaja de 2,4% sobre John Kerry (50,7% a 48,3%), históricamente la menor alcanzada por un presidente en ejercicio, y a nadie se le ocurrió entonces solicitar allá un recuento de los votos. En cambio, cuando fue electo por primera vez en 2000, obtuvo su cargo gracias a los votos electorales de Florida, estado del que su hermano era gobernador; ganó por 5 votos electorales—271 votos contra 266 obtenidos por Al Gore—, y Florida le aportó 25. Esa vez, hubo recuento de votos en Florida (nadie exigió un recuento total en todos los estados) que determinó una ventaja de Bush de 537 votos en más de seis millones de sufragios. A pesar de que superó nacionalmente a Bush por 543.895 votos, el Premio Nóbel de la Paz—por algo lo es—respetó la microscópica diferencia y las reglas del sistema estadounidense de segundo grado y concedió la elección a su oponente. El Departamento de Estado de los EEUU no tiene el menor derecho de desconocer la proclamación de Nicolás Maduro como Presidente electo, por una diferencia de 234.935 votos (234.398 más que los que dieron a Bush su primer triunfo), cuando se disponía del 99,12% de las actas y éstas habían sido auditadas, como lo determina la normativa electoral, en 54% del total, lo que es sin duda una muestra muy representativa, bastante más que suficiente. Las previas y desconfiadas declaraciones de Roberta Jacobson (a El País de Madrid, el 15 de marzo), Secretaria de Estado para América Latina, indicaban la predisposición de Washington, y el editorial artero e irrespetuoso de El Nacional que la defendió el 20 del mes pasado delataba la existente en algunos opositores venezolanos. (Ver en este blog El sentido de María Bolívar).

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Es ciertamente muy pequeña la ventaja de Maduro sobre Capriles. Aunque las cosas resultaron en ella, hay mucho fundamento para imaginar que una semana más de campaña habría redundado en un triunfo del candidato de oposición; era la candidatura oficialista la que colapsaba con rapidez creciente en un bandazo pendular de la opinión. En sólo 39 días, Maduro se encargó de dilapidar una buena parte de la fortuna electoral que Chávez legara el 8 de diciembre y su heredero cobrara el 5 de marzo. No es, por consiguiente, descabellada la petición de la oposición; lo que ésta debe hacer es atemperar su retórica y hablar en términos de respeto, pues hasta ahora no hay prueba firme de fraude electoral alguno. (No es una prueba, sino mera retórica efectista, sugerir que es imposible creer que Maduro haya podido superar la votación de Chávez en algún centro electoral; más de una explicación alternativa de ese dato, distinta de algo sospechoso y enteramente natural, puede también imaginarse). De todos modos, luce conveniente una revisión de la cosa en procura de la paz, y hubo un acuerdo inicial entre Maduro y Capriles para el recuento total de la votación, con una muestra del tamaño del universo. Pero las mutuas andanadas insultantes—más de parte del gobierno que de la oposición—amenazan con impedir ese procedimiento tranquilizador.

Considero poco probable que un recuento del 100% de los votos invierta el orden de llegada pero, si ése fuere el caso, entonces Capriles resultaría ser el Presidente electo con legitimidad igualmente bajísima, y cabría aplicarle a su hipotético triunfo todo lo que ahora se le observa al de Maduro. (El propio candidato opositor, y otros voceros de su comando, han declarado que habría ganado “por una pequeña diferencia”). Esto, sin contar con que tendría que gobernar con el resto de los poderes nacionales en su contra; una inmediata presidencia suya sería tanto o más inestable como la que ahora es la de Maduro.

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jugando-con-la-histeria-colectiva

Un tal gioco è meglio non giocarlo

Buena parte de los partidarios de ambos candidatos ha alcanzado el paroxismo; basta para convencerse de eso leer el tráfico de mutuas agresiones en las redes sociales. Los ánimos han llegado a cotas histéricas. Es por esto que el Estado en particular, y el liderazgo político en general, deben por encima de cualquier cosa asegurar la tranquilidad del país; a nadie sino a los más radicales de cada bando conviene la prolongación de esta condición crispada. Ayer me indicaba Eduardo Fernández, una voz prudente entre las prudentes, que de continuarse en la insensata descalificación de nuestro sistema electoral, no habrá base para estimular la votación en las pendientes elecciones municipales ni la de un eventual referendo revocatorio. Es necesario recuperar la confianza en nuestras instituciones electorales; no debemos permitir que las suspicaces especulaciones en su contra, con grave sesgo y distorsión y en ausencia de pruebas, destruyan la columna vertebral de nuestro procedimiento democrático.

La mayor responsabilidad recae sobre Nicolás Maduro; su conducta permite dudar de su competencia política. Es justamente su iracundia lo que le puso en grave riesgo de perder la elección; la repetición de la cólera lo descalificaría como estadista y barrería con la poca legitimidad que le resta. En 2007 ya se deterioraba el apoyo al mismo Chávez, de un modo que le significó la derrota en su estratégico referendo de reforma constitucional de ese año que, por cierto, perdió por sólo 1,41 puntos, en desempeño peor en 0,18 puntos que el de Maduro. (Chávez no exigió que la exigua diferencia se verificara en recuento, ni total ni parcial, de los votos, pero “Mucho antes del proceso canceroso de su organismo, partidarios que habían sido suyos ya lo desahuciaban políticamente, tan evidente era su agresivo engreimiento”. Las élites culposas, pág. 380). El país pide mayoritariamente la reconciliación; no puede el Jefe del Estado conducirse como baladrón siempre amenazante, por más que su predecesor, su modelo, haya sido un redomado perdonavidas. No debe vomitar odio y presentarse, hipócrita y descaradamente, como amoroso.

Pero Capriles no debe diferenciarse de él solamente en urbanidad; la cosa no está en comer con cubiertos, en decir, como los japoneses de caricatura, honolable desglaciado. Si el Presidente de Uruguay debió ofrecer sus excusas a la Presidente de Argentina por un comentario imprudente, Capriles debe cesar de inmediato en su caracterización de Maduro como ilegítimo; yo le aconsejaría que se disculpara por eso, pues acrecentaría su autoridad moral para exigir que Maduro le respete.

Después del fracaso, en 36 horas, de la conspiración de Carmona, un grupo de militares antichavistas “liberó” la Plaza de Altamira y se asentó en ella como un forúnculo. Entonces no se habían recuperado suficientemente los partidos opositores, que entraron en catatonia en diciembre de 1998 con el primer triunfo de Chávez. (Henry Ramos Allup intentó esconder su condición adeca al postularse a la Constituyente en Apure por iniciativa propia, y Capriles Radonski, Presidente de la Cámara de Diputados, continuó despachando luego de la “preeliminación del Senado” en 1999; entonces no protestó como lo hace ahora). La resistencia contra Chávez fue liderada al comienzo por operadores atípicos, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales, que intentaron llenar el vacío partidista. Pero la copiosa asistencia a la plaza “forzó” a los dirigentes de partido a aparecer en su tarima, primero tímidamente, luego a ritmo cotidiano. Poco a poco se envalentonaron.

La audiencia de Altamira es la misma que exige a estas alturas el voto manual—“¡Como se hace en todos los países civilizados!” (el nuestro, según ella, no lo sería)—, cuando la reforma de diciembre de 1997, antes de Chávez, a la Ley Orgánica del Sufragio, ya establecía: “Artículo 154. El proceso de votación, escrutinio, totalización y adjudicación será totalmente automatizado”. Es la misma que condenó a Manuel Rosales en diciembre de 2006 por reconocer con prontitud, como un hombre serio, la victoria de Hugo Chávez; la oposición neurotizada que hizo lo mismo a Capriles Radonski el 7 de octubre de 2012 por reconocer responsable y prontamente lo mismo. Luego vino la transformación del gentil Dr. Jekyll-Capriles en Mr. Hyde-Radonski. La breve campaña hacia el 14 de abril lo mostró más agresivo que el año pasado, y ahora puede pensar que este cambio de actitud fue lo que casi le reportó la victoria. Si esto es así, es natural que crea que debe continuar en esa tónica pugnaz, pero estaría equivocado. En la medida que alimente la cólera de su clientela, con insinuaciones que no ha demostrado, malgastará lo que ha crecido como político, que es mucho. La oposición profesional venezolana ha logrado un éxito considerable, que no creí posible; no debe mancharlo con inmadura imprudencia. LEA

Para descargar esta entrada en .pdf: TERAPIA ANTIHISTÉRICA

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Por una nariz

nariz

Un triunfo que poco convence

La estrechísima diferencia que dio el triunfo a Nicolás Maduro sobre Henrique Capriles—1,59%—pinta un cuadro político prácticamente inédito en el lienzo venezolano. Una diferencia tan pequeña no se veía en el país desde 1968, cuando Rafael Caldera alcanzó por primera vez la Presidencia de la República ganando a Gonzalo Barrios por menos de 33.000 votos (0,89% de diferencia). En aquella ocasión, el forcejeo en un Consejo Supremo Electoral no automatizado duró tres días hasta que Acción Democrática aceptara la derrota. Ahora ha ganado Maduro por escasos 234.935 votos, para algo más de 99% de las actas escrutadas.

Encuestadoras como Datanálisis, IVAD, Hinterlaces y GIS XXI esperaban una reducción de la brecha entre ambos candidatos. La primera de ellas midió por última vez un promedio de 7,22 puntos de diferencia y, como se reportó acá ayer—Final cerrado—, su registro en la última muestra fue de sólo 3 puntos de ventaja. Esto es, la candidatura oficialista colapsaba con el paso de los días. Se escuchará ahora que una semana más de campaña habría redundado en una derrota del gobierno lo que, por supuesto, es contrafáctico, pero sin duda una victoria pírrica—”una victoria de m…”, habría dicho Chávez—es lo que ha obtenido.

La proximidad llama a la incredulidad opositora—ya el rector Vicente Díaz ha urgido la auditoría del 100% de las cajas—, y seguramente la Mesa de la Unidad Democrática no se conformará de inmediato con el resultado cantado. Tampoco podría pretender demasiado; cuando comenzaba la noche, Carlos Alberto Montaner tuiteó: “La información que se maneja en la cúpula de la MUD le da la victoria a Capriles por 200.000 votos con el 98% de las actas”. En todo caso, se trataría de protestar al mismo Consejo Nacional Electoral que en 2007 dijo que el proyecto de reforma constitucional presentado por la Presidencia de la República había sido rechazado por una diferencia de 1,41 por ciento. (El de la Asamblea Nacional fue repudiado por una diferencia de 2,1%).

Se abre un nuevo período en la política nacional, a escasos 39 días de la falta absoluta de Hugo Chávez. Habrá tiempo para comentarios más extensos y considerados. Pero por ahora se puede recordar que Datanálisis midió—del 29 de febrero al 7 de marzo de 2012—que Maduro perdería una hipotética elección contra Capriles (33,7% a 23,3%). Esto es, Capriles habría perdido una ventaja de 10,4 puntos y Maduro ganó con lo que no alcanzó a dilapidar, en poco más de un mes, de la herencia que Chávez le dejara. A lo que Michael Rowan le advirtiera, hay que sumarle la extrema debilidad de su ganancia: medio mandato. LEA

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Se cae de maduro

Pudo preservar la banda... por ahora

Pudo preservar la banda… por ahora

Nicolás Maduro Moros está a punto de ser proclamado Presidente electo de la República de Venezuela; Capriles Radonski no pudo, otra vez, convencer a una mayoría de los electores venezolanos. (¿Seguirá María Corina Machado repitiendo “Somos mayoría”, su mantra favorito?) Hacia las 4 y media de la tarde de hoy las encuestadoras daban una ventaja de 8 a 9 puntos para Maduro; el díscolo y siempre optimista Alfredo Keller reportaba que Capriles perdería por sólo 6 puntos. La lloradera, el pataleo, la racionalización freudiana y la neurótica negación tardarán un tiempo en agotarse, pero después los ciudadanos que saben que el socialismo es tan anacrónico como pernicioso deberán sacar la conclusión evidente: la dirigencia que perdió con Salas Römer, con Arias Cárdenas, con Rosales y dos veces con Capriles, está constitucionalmente, intelectualmente impedida (no por mala voluntad o falta de diligencia) de producir lo que políticamente hace falta.

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Hace dos semanas, el inteligente y atinado analista Michael Rowan escribía un artículo para el diario El Universal—La estrategia electoral de Maduro: El asunto es gobernar1º de abril de 2013, con traducción de Conchita Delgado—; en él iniciaba su lección así:

Sr. Maduro, piense en el 15 de abril. La elección es pan comido, comparado con el hecho de gobernar.

Para la elección, todo le está marchando a pedir de boca: la bendición del fallecido presidente Hugo Chávez, las exequias dignas de un santo, el inmenso poder y el ingente erario en manos del gobierno, el balón en una parte del campo de juego en el proceso electoral, el poco tiempo que tuvo la oposición para montar su campaña y la carencia de un mensaje opositor que atrape a los votantes.

Lo más importante de todo: hasta el 15 de abril, usted tendrá el apoyo de Diosdado Cabello, la Asamblea Nacional, los militares—entre ellos 11 actualmente gobernadores en representación del PSUV—, Rafael Ramírez y los dólares de Pdvsa, los cubanos que tienen ojos y oídos en todas partes y los burócratas, tribunales, fiscales, policías, colectivos y millones de dependientes de las dádivas gubernamentales. Pero hasta allí lo trajo el río.

El problema no es la elección; el problema es gobernar.

Entonces le enumeró lo que se le viene encima: una deuda de 160.000 millones de dólares (en Venezuela cundía la alarma cuando, en época de Lusinchi, el mono alcanzaba 35.000 millones); la inflación y la devaluación, la caída de la producción, la escasez de divisas para importar y la de alimentos, medicinas y otros bienes esenciales, la recrecida dependencia del petróleo, mientras debe satisfacer la demanda aprendida de una población que “depende de subsidios insostenibles”. (El Programa de Gestión de María Bolívar contuvo un axioma impepinable: ningún Estado puede darle entera satisfacción material ni cultural a la sociedad).

Rowan cerró su invalorable admonición con recomendaciones muy concretas:

Con ligeros cambios en la política, usted puede lograr que las compañías petroleras extranjeras inviertan en el país. Esto puede traer de regreso a algunos de los cerebros que se fugaron después de 2002. Si usted pudiera elevar la productividad de Pdvsa en 10%, iría camino a la reelección en 2019. (…) La política de cambio monetario puede atraer inversiones en respaldo del comercio venezolano si encaja el bolívar al dólar de manera sensata. Las inversiones protegidas contra todo riesgo en agricultura, industria manufacturera, banca e infraestructura pueden estimular ipso facto cientos de miles de empleos. (…) La despolarización es su mejor estrategia. Así desarma a sus enemigos externos e internos a la vez que siembra nuevas esperanzas para la prosperidad.

Se valió de las palabras de un izquierdista (Luis Inazio Lula Da Silva, The New York Times, 7 de marzo): “La unidad venezolana, y la supervivencia de los logros alcanzados con esfuerzo por Chávez requerirán (… ) liderazgo (… ) para potenciar el diálogo con los partidos de la oposición y fortalecer los sindicatos y las asociaciones civiles”, y añadió de su propia cosecha para sugerir:

La oposición puede aportar su granito de arena para convencer a los venezolanos que todos tienen la responsabilidad de pagar un precio razonable por la gasolina; caso contrario, el gobierno no tendrá suficientes fondos para costear las misiones de los barrios. Ya no puede suministrar 800.000 barriles diarios con grandes pérdidas para Pdvsa y las misiones.

Allí me separo de Rowan (y de Lula): es preciso salir de la caja opositora. (Ver en este blog la enésima advertencia a este respecto, formulada con grado variable de detalle y numerosamente desde febrero de 1985). No se superará al chavismo oponiéndosele, sino superponiéndosele desde un nivel superior de discurso.

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No puedo nombrar a un amigo que entiende mucho de política para no comprometerle sin su autorización, pero debo advertir que lo que diré a continuación no es de mi invención—Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación…, Código de Ética—, sino pronóstico procedente de su avezado ojo clínico. A comienzos de febrero nos dijo a mí y un amigo común: “Maduro ganará la elección, Capriles no sacará más votos que el 7 de octubre, y el gobierno resultante será muy inestable. Pudiéramos ver algo como la volatilidad de la época de Duhalde en Argentina. Presiento que vendrá una tercera elección”.

Bueno, en gente chavista ya ha sonado la posibilidad de un referendo revocatorio—constitucionalmente convocable desde el 11 de enero de 2016—, y pudiera una renuncia ser necesaria antes para aplacar un generalizado descontento. El Presidente electo haría bien en leer a Rowan, no vaya a ser que se caiga de maduro. LEA

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Final cerrado

Agentes pendientes

Agentes pendientes

Gracias a los buenos oficios del Chamán del Guaraira Repano, este blog ha podido ponerse en parte de un informe de Barclays, que se afinca sobre datos levantados por Datanálisis para alertar sobre una elección cerrada. No es imposible un triunfo de Capriles. Abajo está una traducción del texto inglés, con cuatro gráficos que no pudo reproducirse a mejor calidad. Associated Press publicó antes una nota de Alexandra Olson con información parecida pero no idéntica: “Una encuesta por la firma local Datanálisis dijo que cerca de 55 por ciento de los entrevistados favoreció la candidatura de Maduro, comparado con 45 por ciento de quienes dijeron que votarían por Capriles. Es una ventaja cómoda, pero menor que la ventaja de 14 puntos que Maduro obtuvo en una encuesta de Datanálisis justo después de la muerte de Chávez. La encuesta, hecha para Credit Suisse y otras firmas privadas, fue conducida entre el 1º y el 5 de abril y liberada el jueves”. Con fecha de hoy, Olson escribió una segunda nota en la que de nuevo registra la disminución de la ventaja de Maduro. LEA

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VENEZUELA: LA AFLUENCIA SERÁ LA CLAVE

A medida que nos acercamos a la elección del domingo, las encuestas (o sea, Datanálisis, IVAD) han venido reportando un rápido y marcado cierre de la brecha entre el candidato del chavismo, Nicolás Maduro, y el candidato de oposición Henrique Capriles Radonski. Después de tener una gran ventaja hace menos de dos semanas, el último resultado medido (del 4 al 11 de abril) saca a Maduro de su cómoda ventaja. Si la tendencia se mantiene, ésta pudiera ser una elección muy cerrada, cuyo resultado final dependería de la asistencia efectiva de los votantes de cada lado. El mercado ya ha estado actuando sobre una victoria de Maduro; por tanto, reiteramos nuestro llamado a posición larga sobre Venezuela puesto que creemos que ofrece una interesante oportunidad asimétrica de comercio.

Según el último sondeo de Datanálisis, la brecha se ha cerrado a 7,22 puntos, con Maduro alcanzando 44,4% de apoyo y Capriles 37,2%. Esto es menos de la mitad de lo que era hace menos de dos semanas (15 puntos). Las encuestas han estado mostrando consistentemente una pérdida de terreno de Maduro y una mejoría progresiva para Capriles, mientras ha habido un incremento en el número de votantes indecisos. Es importante que la proporción de votantes indecisos (18%) es más del doble de la brecha que separa los candidatos, lo que podría obviamente afectar el resultado final.

Maduro pierde terreno

Maduro pierde terreno

Brecha volátil estrechándose

Brecha volátil estrechándose

 

 

 

 

 

 

 

 

En las muestras diarias tomadas por Datanálisis, la brecha ha sido muy volátil, oscilando entre 1,3 y 13,1 puntos , pero con una clara tendencia a declinar, fluctuando con las noticias diarias y los eventos de campaña. Por tanto, el resultado de esta campaña atípicamente breve e intensa es incierto. La brecha de 7,2 puntos de la última encuesta es el promedio de brechas en el período de levantamiento, sin embargo, tiene que decirse que el último resultado de un día es de alrededor de 3 puntos. Esta rápida inversión del resultado muestra la debilidad del liderazgo de Maduro, que sigue dependiendo de la conexión emocional que Chávez tenía con una porción importante de la población. A medida que pasa el tiempo, el efecto del aval de Chávez está disminuyendo, haciendo a Maduro más vulnerable. No obstante, la aprobación del presidente Chávez está a un nivel mucho más alto (69%), y dado su apoyo a Maduro antes de su muerte, todavía pudiera ofrecer soporte adicional. A pesar de todo, esto saca claramente a Maduro de su cómoda ventaja. En el pasado, Datanálisis ha declarado que el mejor predictor del voto ha sido la tasa de aprobación del candidato (en octubre de 2012, Chávez tenía una tasa de aprobación de 58% y obtuvo 55% del voto, en 2006, tenía 63% de aprobación y obtuvo 63% del voto). En la actualidad, Capriles se coloca en ligera ventaja sobre Maduro, 47,4% a 46,9%, en términos de aprobación, lo que pudiera hacer a esta elección mucho más cerrada que lo que el mercado ha estado esperando.

La asistencia será la clave. Hasta ahora, las encuestas han apuntado a un nivel muy alto de participación que parece difícil de alcanzar. Aun sin la participación de Chávez, Datanálisis está estimando una afluencia de 83%, ligeramente sobre la afluencia de octubre pasado (82%), que significó un récord para los últimos 25 años. Por consiguiente, si la afluencia es menor, dependiendo de cuál lado se abstenga más pudiera cambiar el resultado de la elección.

El mercado ha estado calculando una victoria de Maduro. Por tanto, reiteramos nuestra advertencia de que un sobrepeso de activos venezolanos pudiera ser rentable en la eventualidad de un cisne negro (p. ej. un triunfo de la oposición). Los inversionistas usualmente asignan una alta probabilidad a su escenario básico, aun cuando las “sorpresas” son más comunes de lo que perciben. Esto redunda en oportunidades comerciales asimétricas interesantes (recuérdese el triunfo sorpresivo de Ollanta Humala en la elección presidencial de 2011 en Perú, cuando los mercados tenían una percepción negativa del actual presidente). Por estas razones, mantenemos recomendación larga en activos venezolanos. Barclays

Capriles sobre Maduro en aprobación

Capriles sobre Maduro en aprobación

Abrobación es el mejor predictor del voto

La abrobación ha sido el mejor predictor del voto

 

 

 

 

 

 

 

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