Música preludial

Los cuatro primeros compases del Preludio en Do mayor de J. S. Bach

Si se me preguntara qué es la música, diría que ella es el Preludio #1 en Do mayor de El clavecín bien temperado de Juan Sebastián Bach. La pieza es de una extrema simplicidad: consiste en una sucesión de acordes arpegiados—cada una de las cinco notas básicas de su diseño melódico podría ser tocada simultáneamente con las otras—que construyen tensiones armónicas resueltas con eficaz nobleza. Es tan perfecta, que el gran melodista francés Charles Gounod la tomó como base armónica de su hermosísimo Ave María. Oigamos primero al virtuoso israelí Tzvi Erez tocando el preludio de Bach al piano. Después, una versión de la pieza de Gounod por una combinación inusual de músicos: Yo Yo Ma toca en su violonchelo la melodía del francés mientras las notas de Bach son increíblemente cantadas por Bobby McFerrin, el mismo que vendiera tantas copias de Don’t worry; be happy.

Preludio en Do mayor

Ave María

En el conjunto al que el preludio anterior pertenece (Libro I, BWV 846) hay un total de veinticuatro piezas; Bach escribió una para cada tonalidad de las escalas mayores y menores. El mismo procedimiento siguió Federico Chopin en el grupo de sus Preludios del op. 28. Naturalmente, el #1 es asimismo en Do mayor. (Interpretado aquí por Ivo Pogorelich). El solemne número 20 es, por lo contrario, en Do menor; también es una breve serie de acordes tocada tres veces, forte, piano, pianissimo (con un crescendo a forte al cerrar. Lo toca maravillosamente Vladimir Ashkenazy).

Preludio en Do mayor

Preludio en Do menor

Podemos regresar a Bach para continuar en la búsqueda de nobleza musical. Uno de sus sobrecogedores preludios corales—piezas litúrgicas breves basadas en una melodía simple—es el clasificado con el número 721 en el catálogo general de su obra: Erbarm dich mein, o Herre Gott. (Ten piedad de mí, oh Señor Dios). Pocas piezas pueden representar mejor la serena confianza en la misericordia divina, propia de las religiones cristianas. Raymond Leppard dirige con gran gusto la Orquesta de Cámara Inglesa. (Hace poco, el 11 de marzo, fue el mismo preludio colocado en este blog: Concierto barroco. Esto da idea de cuánto me gusta).

Preludio coral

Portada de las Suites para violonchelo de Bach

Bach compuso para varios instrumentos, naturalmente, entre ellos el violonchelo. Sus Seis suites para violonchelo solo, redescubiertas y lanzadas a la fama por Pablo Casals—las encontró a sus 13 años en una casa de empeño en Barcelona—, permanecen entre las mejores composiciones para ese instrumento. De nuevo, es Yo Yo Ma quien toca el Preludio de la Suite #1.

Preludio de la Suite #1

Es, por supuesto, uno de los más famosos preludios de la historia el Preludio en Do sostenido menor, de Sergei Rachmaninoff, que llegó a adquirir nombres fantásticos, como El Día del JuicioLas campanas de Moscú. Es una de sus cinco Morceaux (piezas) de fantaisie, compuestas cuando tenía 19 años de edad. Ese preludio se convirtió con rapidez en la marca de fábrica del concertista y compositor, al punto de que las audiencias de sus recitales le exigían a voz en cuello: “¡Do sostenido!” Rachmaninoff admitió alguna vez que esta costumbre había llegado a fatigarle. El pianista estadounidense Van Cliburn, ganador del Premio Tchaikovsky de Moscú, es el encargado de tocarlo para nosotros.

Preludio en Do sostenido menor

Del mismo compositor es muy popular el Preludio en Sol menor, el #5 del op. 23. Un lenguaje musical español permea toda la pieza, pero es especialmente notable en el contrapunto melancólico de su sección media. Emil Gilels, grabado en concierto, es ahora el ejecutante. (Para escuchar la extraordinaria versión de Vladimir Horowitz, véase en este blog Titán del piano).

Preludio en Sol menor

Aprovechemos el contacto ruso para escuchar el Preludio en Re bemol mayor de Reinhold Glière, el #1 de su op. 43, a cargo de Anthony Goldstone y luego el Preludio #1 en Do mayor de Dmitri Shostakovich, por Alexander Melnikov.

Preludio en Re bemol mayor

Preludio en Do mayor

El autor de las Bachianas Brasileiras

Un hermoso ejemplo de estas piezas preludiales, anticipo de más música, es el Preludio #1 para guitarra del gran compositor brasileño Heitor Villa-Lobos. Julian Bream lo toca con gran sentimiento a continuación.

Preludio #1

Ya que nuestra entrada se ha latinizado, cerrémosla con la buena música del gran maestro francés, el Papa del Impresionismo musical: Claude Debussy. En primer lugar, de su Primer Libro de Preludios, el que llamó poéticamente La niña de los cabellos de lino, que nos interpreta la estupenda concertista Moura Lympany. La culminación es el muy hermoso Preludio a la siesta de un fauno, inspirado en un poema homónimo de Stéphane Mallarmé. La Orquesta Sinfónica de Londres es conducida por el mítico director Leopold Stokowski.

Preludio del Libro I

Preludio a la siesta de un fauno

Que esta selección sea el preludio de otras por venir, organizadas para su agrado. LEA

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El misterio de las 88 teclas

Las cuerdas de un gran piano Steinway

 

Mi piano es para mí como la fragata para el marinero, o el caballo para el árabe.

Franz Liszt

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Trescientos doce años de piano—se le tiene por invento de Bartolomeo Cristofori en el año 1700—han sido más que suficientes para establecerlo como el rey de los instrumentos. Sus cincuenta y dos teclas blancas y treinta y seis negras abarcan un rango tonal muy considerable, segundo sólo del alcanzado por el órgano. Las cuatro voces clásicas—soprano, contralto, tenor, bajo—se acomodan con holgura en su amplio intervalo sonoro de siete octavas y una tercera menor (desde el La0 hasta el Do8). Además puede sonar muy suavemente o con gran fuerza; su nombre completo era pianoforte, pues innovaba respecto de clavecines y clavicordios que sonaban siempre con una misma intensidad. (En un inventario de Ferdinando de Medici consta de aquel año: Un Arpicembalo di Bartolomeo Cristofori di nuova inventione, che fa’ il piano, e il forte…”) Sus pedales pueden atenuar el sonido o prolongarlo.

Pero esa física y mecánica del piano puede producir música de la más satisfactoria a los oídos exigentes. El gran pianista que fue Leopold Godowsky escribió en una carta—desde París, el 10 de julio de 1931—a su asistente, el también pianista Maurice Aronson: “Amo el piano y a aquellos que aman al piano. El piano como medio de expresión es un mundo por sí solo. Ningún otro instrumento puede llenar o reemplazar su discurso en el mundo de la emoción, el sentimiento, la poesía, las imágenes y la fantasía”. La inmensa mayoría de los compositores, por otra parte, se basa en él para inventar su música. Tchaikovsky, que lo tocaba también por el mero placer de escuchar música en una era sin iPod o Walkman o muy pocos y primitivos fonógrafos—por ejemplo, tocaba repetidamente partes de la Carmen de Bizet—, comenzaba su tarea todos los días sobre un teclado: “Con regularidad, me siento al piano a las nueve de la mañana en punto, y las Señoras Musas han aprendido a ser puntuales para esa cita”. Algún monstruo como Wagner componía con dos pianos adosados el uno al otro; luego se ponía de pie e instrumentaba de una vez sobre las pautas de orquestación en un atril.

Naturalmente, hay que saber tocar el difícil instrumento, cuyo dominio es evidencia de la complejidad motriz de la que son capaces algunos seres humanos. No hay escasez de muy buenos pianistas, especialmente cuando las madres judías sueñan con que alguno de sus hijos llegue a ser un concertista famoso. La densidad de buenos pianistas judíos es significativamente alta: Artur Rubinstein, Alexander Brailowsky, Leon Fleisher, William Kappell, Emil Gilels, Vladimir Ashkenazy, Stefan Askenase, Josef Lhévinne, Daniel Barenboim, Leopold Godowsky, Alexis Weissenberg, Lazar Berman, Artur Schnabel, Yefin Bronfman, Gary Graffman, Julius Katchen, Murray Perahia, André Previn, Rudolf Serkin, Eugene Istomin, Byron Janis y un largo etcétera que incluye, por supuesto, al más grande pianista del siglo XX: Vladimir Horowitz. (Ver en este blog Titán del piano). Pero no se necesita ser circuncidado para sacar bella música de un gran piano; Claudio Arrau, Cor de Groot, Sviatoslav Richter, Alfred Brendel, Wilhelm Backhaus, Wilhelm Kempf, André Watts, Arturo Benedetti Michelangeli, Alfred Cortot (el colaboracionista de los nazis), Walter Gieseking (acusado de lo mismo pero luego exonerado), Dinu Lipatti, Martha Argerich, Robert Casadesus, Géza Anda, Philippe Entremont, Agustin Anievas, Guiomar Novaes, Aldo Ciccolini, Maria João Pires, Ídil Biret, Leif Ove Andsnes, el fenomenal Yang Yang y nuestra Gabriela Montero son todos concertistas de primera línea.

El piano de Leo

En el ámbito familiar, por otra parte, son inconmensurables las horas en que el piano ha proporcionado alegría y belleza. Las hermanas Chenel-Calcaño—mi abuela materna y sus cuatro hermanas (a excepción de Emilia, que tomó por la guitarra, tal vez porque Chopin dijo que sólo había algo más hermoso que este instrumento: dos guitarras)—eran todas ellas pianistas; mi abuela fue la más destacada y llegó a ofrecer recitales. Su tía, Graziella Calcaño, acompañó a Josefina Sucre, bisabuela de mi esposa, en la Exposición Internacional de París en 1889 para tocar valses venezolanos cerca de la Torre Eiffel que se inauguraba. Ahora mi hijo mayor, Leopoldo Enrique, improvisa música New Age en su casa de San Diego, California, en un refinado piano eléctrico. Yo no puedo tocar otra cosa que La vieja y los primeros compases del primer Preludio, en Do mayor, del Clave bien temperado de Juan Sebastián Bach.

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Federico Chopin (1810-1849. Daguerrotipo del último año)

Pero basta de hablar del piano; dejemos que él hable por sí mismo, veinte veces. Arbitrariamente, agruparé las piezas en orden alfabético de sus compositores, lo que conviene porque Federico Chopin, el Rey del Rey de los Instrumentos, nos llega de primero; seis de sus composiciones son suficientes para atestiguar su genio. La primera de ellas es el Estudio #11 del opus 25, en La menor, a cargo de Maurizio Pollini; con un comienzo engañosamente tranquilo, pronto desata un caudal de música apasionada. Después he seleccionado cuatro de los Preludios del opus 28 (uno para cada tonalidad, como los de Bach, a quien tomó por modelo): el #12 en Sol sostenido menor (Vladimir Horowitz), el #17 en La bemol mayor, el extraordinario y armónicamente noble #20 en Do menor y el #22 en Sol menor, cuyo entreverado ritmo recuerda a un malambo argentino. (Estos tres por Vladimir Askkenazy). Finalmente, lo que tengo por la versión insuperada del Nocturno #13 en Do menor, el #1 del opus 48, en la interpretación viril de Eugene Istomin. Cuando la oigo, espero por los tres acordes repetidos con la mano izquierda, un retardo armónico preparatorio de la modulación a Do menor que Istomin destaca (otros ejecutantes no lo hacen) exactamente a los 3 minutos y 40 segundos del comienzo de la pieza. Admito que es mi nocturno preferido.

Estudio #11

Preludio #12

Preludio #17

Preludio #20

Preludio #22

Nocturno #13

Claude Debussy (1862-1918)

Ahora cambiamos del lenguaje romántico al impresionista de Claude Debussy, concebido en Campo de Marte, cuando el compositor escuchara los conjuntos javaneses de música gamelán en la Exposición Internacional antes mencionada. En primer término, Walter Gieseking interpreta La plus que lente; después, Aldo Ciccolini toca dos piezas que fueron más descubiertas que inventadas; tanta es su lógica musical, su inevitable hermosura, que tenían por fuerza que existir: Rêverie y Arabesque.

La plus que lente

  Rêverie

Arabesque #1

Edvard Grieg (1843-1907) y Nina Hagerup

Leif Ove Andsnes es un fino pianista noruego que nos ofrece aquí dos hermosas piezas de su gran compatriota, Edvard Grieg. El apacible Nocturno de las Piezas líricas del opus 54 y el alegre Día de bodas en Troldhaugen, del Libro 8 de las Piezas líricas del opus 65. Grieg se casó con su prima, Nina Hagerup, en 1867 y vivió con ella en una casa en Troldhaugen, Bergen, donde ambos están enterrados en los predios del Museo Grieg. Día de bodas expresa su amor con elocuencia.

Nocturno

Día de bodas

Franz Liszt (1811-1886)

La madre de Valerie Boissier, una alumna de Franz Liszt, escribió en su diario: “La ejecución del Sr. Liszt incluye abandono, un sentimiento liberado, pero aun cuando se hace impetuoso y enérgico en su fortissimo, nunca es áspero o seco. (…) Extrae del piano tonos que son más puros, melodiosos y fuertes que los que nadie haya podido producir; su toque tiene un encanto indescriptible. (…) Es enemigo de expresiones afectadas, artificiales o retorcidas. Por encima de todo, busca la verdad en el sentimiento musical”. Contemporáneo y amigo de Chopin, Liszt fue universalmente reconocido como el pianista más brillante de su época, aunque no fuera tan buen compositor como el gran polaco. De él escucharemos acá tres de sus piezas más características: la Campanella en la típica ejecución eléctrica de Vladimir Horowitz, la Consolación #3 por Peter Katin y el Estudio de concierto #3, conocido como Un suspiro, interpretado por Fuzjko Hemming.

La campanella

Consolación

Un suspiro

Sergei Rachmaninoff (1873-1943)

Tan destacado pianista fue Sergei Rachmaninoff como compositor, primordialmente para el piano. Con una vena melódica de gran caudal, nos regaló un buen número de temas memorables; con su vigorosa técnica de ejecutante, cautivó a las audiencias de la primera mitad del siglo XX. Compuso cuatro conciertos para piano y la difícil Rapsodia sobre un tema de Paganini, y numerosas piezas para el piano solista. De éstas se ha escogido, primeramente, el famosísimo Preludio en Do sostenido menor, el #2 del opus 3, apodado Campanas de Moscú, al que llegó a detestar porque le era inevitablemente requerido como encore en sus recitales; Philippe Entremont se encarga de la interpretación. Después, el Preludio en Sol menor, el #5 del opus 23, en la versión definitiva de Vladimir Horowitz, tomada en vivo de su presentación en el Conservatorio de Moscú (20 de abril de 1986). Rachmaninoff estimaba a Horowitz como el mejor intérprete de su obra para piano.

Campanas de Moscú

Preludio en Sol menor

Franz Schubert (1797-1828)

Antes de rematar esta selección con dos rusos más, podemos escuchar el luminoso Impromptu en Sol bemol mayor, el #3 del opus 90 de Franz Schubert, el compositor del Romanticismo precoz que sólo vivió 31 años pero fue uno de los más prolíficos músicos de la historia. (Tan sólo en 1815, compuso más de 20.000 compases de música que incluían 140 Lieder, un género en el que se destacó). Sylvia Capova ejecuta impecablemente la maravillosa pieza.

Impromptu

Alexander Scriabin (1872-1915)

Antes se ha ocupado este blog de Alexander Scriabin (Estudio de Scriabin), un compositor que pasó del Romanticismo al Impresionismo para arribar a la atonalidad. La autoridad en su música para piano fue, sin duda, Vladimir Horowitz, que toca a continuación dos estudios característicos de la primera época de Scriabin: el #1 del opus 2 en Do sostenido menor, de hermoso tema, y el #12 del opus 8, en Re sostenido menor, al que se adjudicara el título de Patético.

Estudio #1

Estudio Patético

Pyotr Illich Tchaikovsky (1840-1893)

Ahora nos despedimos del piano con el Valse sentimentale de Pyotr Illich Tchaikovsky, el número 6 (en Fa menor) de sus Morceaux (piezas) del opus 51. Alexander Sokolov nos ayuda en esta despedida momentánea de quien compusiera abundantemente para el instrumento, incluyendo dos magníficos conciertos para piano y orquesta.

Valse sentimentale

Volveremos. LEA

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Más música política

Gabriela Montero: el arte puesto de pie

Son muchos los ejemplos de música con intención o inspiración política. Tanto la música popular como la que llamamos culta o clásica alojan un buen número de piezas con tal carácter. (Ver en este blog, por ejemplo, Música política). He aquí una colección abigarrada, que comienza por lo que pudiera considerarse el himno de la democracia, la Fanfarria para un hombre común, de Aaron Copland, quien optó por celebrar a la gente común y corriente en lugar de algún héroe o hazaña. En esta ocasión la interpreta la maravillosa Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy. (Puede compararse con una versión por la Orquesta Sinfónica de Detroit, dirigida por Antal Doráti, en Música política):

Buena parte de la carga política en la música popular viene expresada en testimonios de la pobreza. Lamento borincano, cantada aquí por Marco Antonio Muñiz, es una queja campesina que contrasta los sueños de un padre pobre con su fracaso: el jibarito va pensando así, diciendo así, llorando así por el camino: ¿que será de Borinquen, mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar?

Construçao, en cambio, de Chico Buarque de Holanda, es una tragedia urbana, la muerte de un obrero albañil que cae al tropezar desde lo alto de una obra. Como una canción de nuestro Vicente Emilio Sojo, la última palabra de cada verso es esdrújula. He aquí su letra:

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego
Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público
Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contramão atrapalhando o sábado

En la misma onda, el clásico Sixteen tons (canción de Merle Travis; ver la magnífica versión de The Platters, en la rica voz baja de Herb Reed en Una docena más) describe la alienación de los mineros de carbón, amarrados de por vida a las compañías explotadoras de los yacimientos y sus obreros. (You load sixteen tons, what do you get/Another day older and deeper in debt/Saint Peter don’t you call me ’cause I can’t go/I owe my soul to the company store). Quien popularizó esta canción fue Tennessee Ernie Ford, que la canta acá:

Todavía en situación peor, la gente encarcelada es cantada en Prison song por Graham Nash—formó parte del grupo Crosby, Stills, Nash & Young—, quien asegura que la gente rica no paga penas carcelarias: And here’s a song to sing for every man inside/If he can hear you sing, it’s an open door/There’s not a rich man there who couldn’t pay his way/And buy the freedom that’s a high price for the poor.

David Crosby y Graham Nash en Occupy Wall Street (clic amplía)

Puede cantarse a los héroes de epopeyas revolucionarias, personajes concretos o caracteres genéricos como el de Canción del elegido, obra de Silvio Rodríguez interpretada por Soledad Bravo, quien grabó un álbum de canciones de la Nueva Trova Cubana.

El romance de personajes de reparto

Hablando de epopeyas, en 1960 se estrenó el filme Éxodo, dirigido por Otto Preminger, que narra el episodio de unos refugiados que se trasladaban en barco en momentos de la fundación del Estado de Israel. Su tema musical se convirtió en un éxito principalmente por la versión del dúo de pianistas Ferrante & Teicher. Aquí se pone en la interpretación de nadie menos que Edith Piaf, el Ruiseñor de Francia.

Por supuesto, es una mordaz crítica a los valores sociales pervertidos el famosísimo tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo. Un cantautor que siempre ha tenido carácter protestatario, Joan Manuel Serrat, la expone en este archivo:

Ese mismo cantante profiere un reclamo más extenso en El sur también existe:

Con menor aspereza, John Lennon compuso y canta aquí Imagine, una canción que la revista Rolling Stone colocó en el tercer lugar de las quinientas canciones más grandes de todos los tiempos.

La canción We are the world, compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie, reunió un supergrupo de estrellas en 1985 para producirla. La canción vendió más de veinte millones de copias, y los ingresos fueron destinados a aliviar el hambre africana (recaudó 63 millones de dólares).

There comes a time when we heed a certain call (Lionel Richie)
When the world must come together as one (Lionel Richie & Stevie Wonder)
There are people dying (Stevie Wonder)
Oh, and it’s time to lend a hand to life (Paul Simon)
The greatest gift of all (Paul Simon/Kenny Rogers)

We can’t go on pretending day by day (Kenny Rogers)
That someone, somewhere will soon make a change (James Ingram)
We’re all a part of God’s great big family (Tina Turner)
And the truth (Billy Joel)
You know love is all we need (Tina Turner/Billy Joel)

  (CORO)
  We are the world, we are the children
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Michael Jackson)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Diana Ross)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Michael Jackson/Diana Ross)

Well, send ’em you your heart so they know that someone cares (Dionne Warwick)
And their lives will be stronger and free (Dionne Warwick/Willie Nelson)
As God has shown us by turning stone to bread (Willie Nelson)
And so we all must lend a helping hand (Al Jarreau)

  We are the world, we are the children (Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Kenny Loggins)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Steve Perry)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Daryl Hall)

When you’re down and out there seems no hope at all (Michael Jackson)
But if you just believe there’s no way we can fall (Huey Lewis)
Well, well, well, let’s realize that a change can only come (Cyndi Lauper)
When we (Kim Carnes)
stand together as one (Kim Carnes/Cyndi Lauper/Huey Lewis)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bob Dylan)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bob Dylan)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Stevie Wonder)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Stevie Wonder)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bruce Springsteen)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bruce Springsteen)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (James Ingram)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (James Ingram)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos/Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos/Ray Charles)

Sibelius y Ormandy en la casa de campo del primero

Si entramos a otra dimensión, la música culta nos proporciona música de independencia y liberación. Éste es el caso de Finlandia, el opus 26 de Jan Sibelius. Suena acá en versión monumental de la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón, dirigidos ambos por Eugene Ormandy. (La orquesta fue a Finlandia en 1955 y visitó a Sibelius poco antes de su muerte. Los músicos esperaron fuera de los autobuses que los llevaron a la casa del compositor, en pleno y nevado invierno, a que Ormandy sacara al maestro a saludarlos).

Krzysztof Penderecki, compositor polaco contemporáneo, que últimamente ha suavizado su música muy astringente con un nuevo estilo postromántico, se hizo conocer con la gélida Trenodia por las víctimas de Hiroshima (para 52 instrumentos de cuerda), que toca aquí la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Polaca. (Advertencia: debe oírse teniendo a la mano una buena dosis de sal de frutas).

La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, como otras de este compositor, adquirió pronto un tinte político, gracias principalmente a Va, pensiero, cantada en coro por los esclavos hebreos de Nabucodonosor. El justamente afamado Riccardo Muti potenció ese significado el 12 de marzo de este año, cuando rompió todo protocolo para arengar al público en protesta por los recortes de fondos para la cultura dispuestos por el gobierno de Silvio Berlusconi. Concluida la interpretación de este coro por la Ópera de Roma, Muti interrumpió la ejecución y dirigió un breve discurso a la audiencia, a la que luego reclutó para volver a cantar la pieza junto con la orquesta y los cantantes. Aplausos, vítores y lágrimas de músicos y público confirmaron que el maestro había tocado un nervio particularmente sensitivo. Dijo Muti en la ocasión: “Como italiano que da vueltas por el mundo me encuentro muy adolorido por lo que está pasando”. (Se ha generalizado la impresión errónea de que sus palabras fueron dichas delante del propio Berlusconi, pero esto no fue así. El Primer Ministro de Italia asistió a otra representación de Nabucco seis días más tarde, pero la fuerza de la crítica de Muti no fue menor por eso. Berlusconi, naturalmente, ya no está en el cargo al que se aferrara tanto tiempo; Muti permanece).

¡Ve, pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el dulce aire de la tierra natal!
¡Saluda las orillas del Jordán
y las destruidas torres de Sión!
¡Oh, mi patria, tan bella y perdida!
¡Oh recuerdo tan caro y fatal!
Arpa de oro de fatídicos vates,
¿por qué cuelgas muda del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡que hable del tiempo que fue!
Al igual que el destino de Sólima
¡canta un aire de crudo lamento,
que te inspire el Señor un aliento
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
al padecer, la virtud!

Un tono distinto de rojo

La pianista venezolana más renombrada, después de Teresa Carreño, es Gabriela Montero, que tempranamente recibió estímulo de la gran Martha Argerich. Con motivo del lanzamiento de su disco Solatino, se empeñó en que el logotipo de la disquera inglesa EMI sutituyera su color rojo habitual por el blanco. Montero explicó:

“Decidí excluir el color rojo en SOLATINO, a excepción de la letra ‘O’, porque en Venezuela el color rojo ha sido robado de su apasionada belleza y poder y es ahora asociado a la represión, la furia y el control. También notarán que el título tiene los colores amarillo, azul y rojo. Estos son los colores de la bandera venezolana.

El rojo es el último color de mi bandera y, coincidencialmente, ‘O’ es mi tipo de sangre. Encuentro este simbolismo muy hermoso. Todos compartimos la misma fuente de vida: la sangre. Son las células rojas de la sangre las que llevan el oxígeno por nuestros cuerpos. Sin ellas, perecemos. Con el balance adecuado, prosperamos. Me gustaría que esta ‘O’estuviese coloreada por un matiz pacífico de rojo. El rojo que nos pertenece a todos. El rojo que es hermoso en su intensidad, y no hiriente en su agarre. El rojo que pertenece a este mundo y no el que nos separa y extingue. No hay espacio para el tipo equivocado de rojo, y escojo removerlo de este álbum.

Esta es mi declaración”.

Luego, en octubre de este año, estrenó en Nuremberg su opera prima para piano y orquesta, a la que llamó ExPatria. Dijo para presentarla: “Es el grito de una sociedad asfixiada y la denuncia de la complicidad e inconsecuencia del mundo ante la desventura de los venezolanos, encubierta en un tenue y engañoso velo de democracia. Va más allá de la nostalgia privada a un grito muy público. ExPatria es un retrato de un país apenas reconocible del que conocí en mi juventud. Es mi respuesta emocional a la pérdida de Venezuela a sí misma, a la ilegalidad, la corrupción, el caos y las tasas de homicidio entre las más altas del mundo”.

Cerremos este amasijo de música política con una interpretación por Gabriela Montero de la Polonesa Heroica de Federico Chopin, una de las piezas políticas del genio polaco del piano. (El 3 de diciembre de 2007 en el Centro Gubenkian de Lisboa). Buen provecho. LEA

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Apología a Polonia

Chopin en su lecho de muerte – Teofil Kwiatkowski

En recuerdo de Josefa Cotillo, La Polaca (Barrio de Lavapiés, Madrid, 1944 – Sevilla, 2010)

A ME, a un mes de su partida

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Abel Korzienowski, músico, nació en Cracovia, Polonia, el 18 de julio de 1972; es decir, tiene 39 años de edad. Ésta es la edad que no pudo superar su más famoso e importante compatriota y colega, Federico Chopin (1810-1849). He aquí música de ambos, reunida para repasar con lápiz HTML una trayectoria, el profundo eje creativo del sufrido pueblo polaco.

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Fryderyk Franciszek Chopin murió en París, consumido por la tuberculosis. Era esa ciudad el escenario de su considerable éxito en vida, el espacio en el que encontró la pasión de Georges Sand (Amantine Lucile Aurore Dupin), su ciudad de adopción, la que, a pesar de su glamour y su veneración por él, nunca pudo hacerle olvidar su tierra y su gente polacas. El levantamiento de esta gente contra el yugo ruso en 1830 fue sangrientamente suprimido; Varsovia fue bombardeada por los cañones sin misericordia. Comenzó entonces la Gran Emigración Polaca, y Chopin llegó a París en septiembre de 1831; un compañero refugiado era Teófilo Kwiatkowski, que lo retrataría en su triunfo y en su deceso. El Estudio “Revolucionario”—#12 del opus 10, en Do menor, compuesto en Viena en 1831—expresó su furia patriótica ante los sangrientos sucesos. (—¿Eres tú, Dios, acaso un ruso?—escribió en su diario). Vladimir Horowitz interpreta esa obra emblemática, con la apropiada fiereza eléctrica que fue sólo suya, en esta grabación de 1975:

Estudio Revolucionario, op. 10 #12 en Do menor – Vladimir Horowitz

Chopin al piano: Baile en el Hotel Lambert de París, de Kwiatkowski

La furia de Chopin dio paso a la melancolía, y ésta es uno de los sellos propios de su música, muy mayormente para piano solo. El tono melancólico y de gran belleza de sus composiciones, por otra parte, convenía al temperamento romántico, dominante en su época. Habiendo adquirido la nacionalidad francesa en 1835, vio en este año a sus padres por última vez a su paso por Cárlsbad, en la Bohemia occidental. Para ese entonces, ya era un artista de fama europea, a quien Robert Schumann había proclamado un genio. De regreso hacia París, se reencontró con María Wodzińska, su compatriota de dieciséis años, a quien pidió en matrimonio al año siguiente, pero la tierna edad de la novia y su propia salud—en el invierno anterior, llegaron a Varsovia rumores de su muerte—pospusieron por siempre la celebración de la boda. (El Vals del adiós, en La bemol Mayor, marca la imposibilidad de ese amor). Le quedaban fuerzas para trece años más, prolíficos, asombrosos.

En 1836 conoció a Amantine Dupin, en ese momento amante de su amigo Franz Liszt, y comenzó con ella una tormentosa relación que duraría diez años. Ella, escritora que vestía como hombre y adoptara el nom de plume masculino de Georges Sand, fue una influencia benéfica en su inventiva musical; también cuidó a Chopin enfermo, en una temporada en la isla de Mallorca (de noviembre de 1838 a febrero de 1839). Entre María y Amantina, Chopin sostuvo un episódico amorío con Delfina Potocka, quien era su prima.

Los amores de Federico Chopin

María Wodzińska – Autorretrato

Delfina Potocka – Moritz Daffinger

Sand cose, Chopin toca – Eugène Delacroix

La relación con Amantine terminó en 1847. Al año siguiente, luego de la revolución parisina de marzo de 1848, Chopin viajó a Londres, donde hizo su última aparición pública como concertista a beneficio de los refugiados polacos en Inglaterra. Su salud empeoraba con los días y sus recursos económicos no eran los de antes. Murió en París, en un buen apartamento, el #12 de la Place Vendôme, cuya renta pagaba su adinerada alumna y asistente ocasional, Jane Stirling. El día era el 17 de octubre de 1849.

Derniers instants de Frédéric Chopin – Teofil Kwiatkowski, por encargo de Jane Stirling

En su noble memoria, se pone acá algunas de sus piezas más características y hermosas.

Estudio en Mi mayor, op. 10 #3 – Maurizio Pollini

Preludio #12 en Sol sostenido menor, op. 28 – Vladimir Horowitz

Nocturno #4 en Fa mayor, op. 15 #1 – Maria João Pires

Preludio #17 en La bemol mayor, op. 28 – Ivo Pogorelich

Preludio #4 en Mi menor – Wladislaw Szpilman
Preludio #20 en Do menor, op. 28 – Vladimir Ashkenazy

Nocturno #13 en Do menor, op. 48, #1 – Eugene Istomin

Finalmente, el Nocturno en Mi menor, op. 72 #1 (Póstumo) es interpretado acá por Scott MacIntyre, quien fue finalista favorito en el programa de concursos American Idol en 2009. (El Sr. MacIntyre, de 25 años de edad, sufre de visión de túnel. Su campo visual es sólo 2% del normal).

Es todavía hoy Federico Chopin el dueño del piano. Pianista, fue sin embargo él quien dijo: “Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras”. Paráfrasis: “Sólo hay algo tan hermoso como un nocturno de Chopin: otro de sus nocturnos”.

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Abel Korzeniowski, cellista como su madre

Korzeniowski, en cambio, está en la plenitud de su proceso creador de música. Viene de una familia musical; sus dos hermanos son músicos y su madre es intérprete del violonchelo, y es este instrumento el que Abel escogió como su especialidad. Su producción se dirige fundamentalmente a la musicalización de cine y obras de teatro, y se la consigue en filmes polacos—Un ángel en Cracovia, El clima de mañana, Gwiazda Kopernika (La estrella de Copérnico) —y películas de Hollywood: Terra (o La batalla por Terra), Tickling Leo, PU-239 y la aclamada A single man, con la actuación estelar de Colin Firth.

Musicalización nominada al Globo de Oro en 2009 (clic para ampliar)

Abel Korzeniowski es graduado en composición y violonchelo de la Academia de Música de Cracovia, donde estudió bajo el muy importante compositor polaco contemporáneo Krzystof Penderecki (La Pasión según San Lucas, Trenodia por las víctimas de Hiroshima). Hay una similitud estilística, minimalista, entre la música de Korzeniowski y otros compositores contemporáneos, como Philip Glass o Arvo Pärt. De melodías simples y repetitivas—a fin de cuentas, la música para el cine tiene por objeto establecer un refuerzo sonoro de la imagen, un ambiente—, sus obras son sin embargo de significativa riqueza armónica y no poca belleza temática. En materia de textura, por otro lado, la simplicidad de sus diseños melódicos recuerda a la música renacentista. La fama de competente compositor que tiene Korzeniowski, conseguida con tales planteamientos elementales, le valió ser escogido para musicalizar una rematrización de la película Metrópolis (1927), de Fritz Lang, uno de los clásicos del cine expresionista alemán.

Torre de Babel, Metrópolis – Fritz Lang

Torre de Babel – Brueghel el viejo (clic amplía)

Las piezas que siguen están entre las más conocidas de este apreciado compositor polaco.

Song of time – Music for drama

Drowning – A single man

My sons are alive – Tickling Leo

Nowy dzien – Nuevo día

Sinfonía del miedo – Metrópolis

Stillness of the mind – A single man

Sunset – A single man

Coronemos esta muestra de la música de Abel Korzeniowski con el video que sigue; la pieza tiene el nombre de Birdie (Pajarillo, pero no en nuestro sentido llanero), de la película Battle for Terra. Es música hermosa, y la opulenta fuerza de las imágenes se lleva muy bien con ella. No deje de poner este festín audiovisual a pantalla completa. LEA


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