Sacrilegio sinfónico

Tumba de Sergei y Natalia Rachmaninoff en el Cementerio Kensico, N. Y.

Tumba de Sergei y Natalia Rachmaninoff en el Cementerio Kensico, N. Y. (clic amplía)

 

Sergio y Natalia, parado y sentada 2dos. desde la izq. en Ivanovka

Sergio y Natalia, parado y sentada, 2dos. desde la izq. en Ivanovka

Sergei Vasilievich Rachmaninoff reposa apropiadamente en el Cementerio Kensico del pueblo neoyorquino de Monte Agradable (Mount Pleasant, condado de Westchester) en la comunidad de Valhalla. Era, por derecho adquirido a punta de música hermosa, un dios cuyo ocaso acaeció el 28 de marzo de 1943, faltando cuatro días para su septuagésimo cumpleaños, a causa de un melanoma. Se despidió de los mortales comunes en Beverly Hills, Los Ángeles, California, y habría querido que lo enterraran en la Villa Senar a las orillas del lago suizo de Lucerna, pero la II Guerra Mundial hizo imposible el cumplimiento de ese deseo. Había adquirido la villa—su nombre se componía de Sergio y Natalia (su esposa, de apellido Satina) más la inicial del apellido de la pareja—y  la había modelado según sus recuerdos de Semyonovo, la propiedad de sus padres cercana al Gran Novgorod donde naciera el 1º de abril de 1873 y viviera su primera infancia. La última vez que la visitó fue en 1939, poco antes de que la Wehrmacht invadiera Polonia por órdenes de Adolfo Hitler. Ya antes, había huido con su esposa y sus dos hijas del comunismo pasando con poquísimos enseres, que incluían la partitura de una ópera de Rimsky-Korsakoff (El Gallo de Oro) y una suya incompleta, en un trineo abierto sobre el hielo que compartían Rusia y Finlandia en 1917, mientras otra Gran Guerra no había cesado de un todo.

Monumento a Rachmaninoff en Veliky Novgorod (foto de Marianne Alkonost)

Monumento a Rachmaninoff en Veliky Novgorod (foto de Marianne Alkonost)

Ahora, calles de Veliky Novgorod, cerca de su casa natal, y Tambov llevan su nombre, como una sala íntima del Conservatorio de Moscú, y en el Conservatoire russe de Paris Serge Rachmaninoff se enseña música mediante lecciones en francés y ruso.

Pero, durante un tiempo, la calidad de la música de Rachmaninoff fue puesta en duda. He tenido amigos que pretendían ser puristas apreciadores del arte sonoro y creían que yo debía avergonzarme de mi gusto por sus composiciones. Lo mismo sostenía el Diccionario Grove de Música y Músicos; en su edición de 1954, declaraba que eran “de textura monótona, consistente por su mayor parte en melodías artificiales y efusivas”, llegando a pronosticar que su aprobación por el público no sería duradera. Sin embargo, Harold C. Schonberg, el primero en recibir el Premio Pulitzer de Crítica (1971), fustigó esa opinión en su Vida de los Grandes Compositores: “Se trata de uno de los juicios esnob más indignantes y aun estúpidos que se pueda encontrar en una obra supuesta a ser una referencia objetiva”. En efecto, pocos compositores han logrado el dominio del arte de crear música como Rachmaninoff: la rica armonización de sus obras, la eficacia de su orquestación, sus inteligentes ritmos y, sobre todo, el lujo de sus opulentas melodías, no necesitan la aprobación de quienes son capaces de sospechar de una hermosura franca e inmediata que infunde intensas emociones.

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Parte del corno inglés al inicio

Parte del corno inglés al inicio de la sinfonía

Probablemente, Schonberg tendría por sacrílego el acto que estoy a punto de cometer: presentar una obra de Rachmaninoff a la que apreciaba especialmente, su Segunda Sinfonía (en Mi menor, op. 27) completa, pero con cada uno de sus cuatro movimientos interpretado por un director diferente. (No se enterará, pues Schonberg murió en 2003, así que no podrá reprenderme con su cáustico verbo). Es así como se ensambla acá un primer movimiento ejecutado por la japonesa Orquesta Sinfónica NHK, bajo las órdenes del berlinés estadounidense André Previn, uno segundo dirigido por el gran latvio Mariss Jansons ante la mejor orquesta del mundo, la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam, uno tercero en la sedosidad de la Orquesta de Filadelfia que lograra el húngaro Eugene Ormandy, quien aquí la conduce, y uno último dirigido por el ruso Kiril Kondrashin, de nuevo con el regalo de los músicos de atril holandeses para cerrar un concierto en vivo (el 18 de agosto de 1980), del que se preserva el comienzo de la ovación del público en la sala del Concertgebouw.

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 I. Largo – Allegro moderato (Previn-NHK)

II. Allegro molto (Jansons-Concertgebouw)

III. Adagio (Ormandy-Filadelfia)

IV. Allegro vivace (Kondrashin-Concertgebouw)

Es una de mis obras musicales favoritas; estoy seguro de que lo es o lo será de usted. LEA
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Más música política

Gabriela Montero: el arte puesto de pie

Son muchos los ejemplos de música con intención o inspiración política. Tanto la música popular como la que llamamos culta o clásica alojan un buen número de piezas con tal carácter. (Ver en este blog, por ejemplo, Música política). He aquí una colección abigarrada, que comienza por lo que pudiera considerarse el himno de la democracia, la Fanfarria para un hombre común, de Aaron Copland, quien optó por celebrar a la gente común y corriente en lugar de algún héroe o hazaña. En esta ocasión la interpreta la maravillosa Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy. (Puede compararse con una versión por la Orquesta Sinfónica de Detroit, dirigida por Antal Doráti, en Música política):

Buena parte de la carga política en la música popular viene expresada en testimonios de la pobreza. Lamento borincano, cantada aquí por Marco Antonio Muñiz, es una queja campesina que contrasta los sueños de un padre pobre con su fracaso: el jibarito va pensando así, diciendo así, llorando así por el camino: ¿que será de Borinquen, mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar?

Construçao, en cambio, de Chico Buarque de Holanda, es una tragedia urbana, la muerte de un obrero albañil que cae al tropezar desde lo alto de una obra. Como una canción de nuestro Vicente Emilio Sojo, la última palabra de cada verso es esdrújula. He aquí su letra:

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego
Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público
Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contramão atrapalhando o sábado

En la misma onda, el clásico Sixteen tons (canción de Merle Travis; ver la magnífica versión de The Platters, en la rica voz baja de Herb Reed en Una docena más) describe la alienación de los mineros de carbón, amarrados de por vida a las compañías explotadoras de los yacimientos y sus obreros. (You load sixteen tons, what do you get/Another day older and deeper in debt/Saint Peter don’t you call me ’cause I can’t go/I owe my soul to the company store). Quien popularizó esta canción fue Tennessee Ernie Ford, que la canta acá:

Todavía en situación peor, la gente encarcelada es cantada en Prison song por Graham Nash—formó parte del grupo Crosby, Stills, Nash & Young—, quien asegura que la gente rica no paga penas carcelarias: And here’s a song to sing for every man inside/If he can hear you sing, it’s an open door/There’s not a rich man there who couldn’t pay his way/And buy the freedom that’s a high price for the poor.

David Crosby y Graham Nash en Occupy Wall Street (clic amplía)

Puede cantarse a los héroes de epopeyas revolucionarias, personajes concretos o caracteres genéricos como el de Canción del elegido, obra de Silvio Rodríguez interpretada por Soledad Bravo, quien grabó un álbum de canciones de la Nueva Trova Cubana.

El romance de personajes de reparto

Hablando de epopeyas, en 1960 se estrenó el filme Éxodo, dirigido por Otto Preminger, que narra el episodio de unos refugiados que se trasladaban en barco en momentos de la fundación del Estado de Israel. Su tema musical se convirtió en un éxito principalmente por la versión del dúo de pianistas Ferrante & Teicher. Aquí se pone en la interpretación de nadie menos que Edith Piaf, el Ruiseñor de Francia.

Por supuesto, es una mordaz crítica a los valores sociales pervertidos el famosísimo tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo. Un cantautor que siempre ha tenido carácter protestatario, Joan Manuel Serrat, la expone en este archivo:

Ese mismo cantante profiere un reclamo más extenso en El sur también existe:

Con menor aspereza, John Lennon compuso y canta aquí Imagine, una canción que la revista Rolling Stone colocó en el tercer lugar de las quinientas canciones más grandes de todos los tiempos.

La canción We are the world, compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie, reunió un supergrupo de estrellas en 1985 para producirla. La canción vendió más de veinte millones de copias, y los ingresos fueron destinados a aliviar el hambre africana (recaudó 63 millones de dólares).

There comes a time when we heed a certain call (Lionel Richie)
When the world must come together as one (Lionel Richie & Stevie Wonder)
There are people dying (Stevie Wonder)
Oh, and it’s time to lend a hand to life (Paul Simon)
The greatest gift of all (Paul Simon/Kenny Rogers)

We can’t go on pretending day by day (Kenny Rogers)
That someone, somewhere will soon make a change (James Ingram)
We’re all a part of God’s great big family (Tina Turner)
And the truth (Billy Joel)
You know love is all we need (Tina Turner/Billy Joel)

  (CORO)
  We are the world, we are the children
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Michael Jackson)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Diana Ross)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Michael Jackson/Diana Ross)

Well, send ’em you your heart so they know that someone cares (Dionne Warwick)
And their lives will be stronger and free (Dionne Warwick/Willie Nelson)
As God has shown us by turning stone to bread (Willie Nelson)
And so we all must lend a helping hand (Al Jarreau)

  We are the world, we are the children (Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Kenny Loggins)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Steve Perry)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Daryl Hall)

When you’re down and out there seems no hope at all (Michael Jackson)
But if you just believe there’s no way we can fall (Huey Lewis)
Well, well, well, let’s realize that a change can only come (Cyndi Lauper)
When we (Kim Carnes)
stand together as one (Kim Carnes/Cyndi Lauper/Huey Lewis)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bob Dylan)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bob Dylan)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Stevie Wonder)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Stevie Wonder)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bruce Springsteen)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bruce Springsteen)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (James Ingram)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (James Ingram)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos/Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos/Ray Charles)

Sibelius y Ormandy en la casa de campo del primero

Si entramos a otra dimensión, la música culta nos proporciona música de independencia y liberación. Éste es el caso de Finlandia, el opus 26 de Jan Sibelius. Suena acá en versión monumental de la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón, dirigidos ambos por Eugene Ormandy. (La orquesta fue a Finlandia en 1955 y visitó a Sibelius poco antes de su muerte. Los músicos esperaron fuera de los autobuses que los llevaron a la casa del compositor, en pleno y nevado invierno, a que Ormandy sacara al maestro a saludarlos).

Krzysztof Penderecki, compositor polaco contemporáneo, que últimamente ha suavizado su música muy astringente con un nuevo estilo postromántico, se hizo conocer con la gélida Trenodia por las víctimas de Hiroshima (para 52 instrumentos de cuerda), que toca aquí la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Polaca. (Advertencia: debe oírse teniendo a la mano una buena dosis de sal de frutas).

La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, como otras de este compositor, adquirió pronto un tinte político, gracias principalmente a Va, pensiero, cantada en coro por los esclavos hebreos de Nabucodonosor. El justamente afamado Riccardo Muti potenció ese significado el 12 de marzo de este año, cuando rompió todo protocolo para arengar al público en protesta por los recortes de fondos para la cultura dispuestos por el gobierno de Silvio Berlusconi. Concluida la interpretación de este coro por la Ópera de Roma, Muti interrumpió la ejecución y dirigió un breve discurso a la audiencia, a la que luego reclutó para volver a cantar la pieza junto con la orquesta y los cantantes. Aplausos, vítores y lágrimas de músicos y público confirmaron que el maestro había tocado un nervio particularmente sensitivo. Dijo Muti en la ocasión: “Como italiano que da vueltas por el mundo me encuentro muy adolorido por lo que está pasando”. (Se ha generalizado la impresión errónea de que sus palabras fueron dichas delante del propio Berlusconi, pero esto no fue así. El Primer Ministro de Italia asistió a otra representación de Nabucco seis días más tarde, pero la fuerza de la crítica de Muti no fue menor por eso. Berlusconi, naturalmente, ya no está en el cargo al que se aferrara tanto tiempo; Muti permanece).

¡Ve, pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el dulce aire de la tierra natal!
¡Saluda las orillas del Jordán
y las destruidas torres de Sión!
¡Oh, mi patria, tan bella y perdida!
¡Oh recuerdo tan caro y fatal!
Arpa de oro de fatídicos vates,
¿por qué cuelgas muda del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡que hable del tiempo que fue!
Al igual que el destino de Sólima
¡canta un aire de crudo lamento,
que te inspire el Señor un aliento
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
al padecer, la virtud!

Un tono distinto de rojo

La pianista venezolana más renombrada, después de Teresa Carreño, es Gabriela Montero, que tempranamente recibió estímulo de la gran Martha Argerich. Con motivo del lanzamiento de su disco Solatino, se empeñó en que el logotipo de la disquera inglesa EMI sutituyera su color rojo habitual por el blanco. Montero explicó:

“Decidí excluir el color rojo en SOLATINO, a excepción de la letra ‘O’, porque en Venezuela el color rojo ha sido robado de su apasionada belleza y poder y es ahora asociado a la represión, la furia y el control. También notarán que el título tiene los colores amarillo, azul y rojo. Estos son los colores de la bandera venezolana.

El rojo es el último color de mi bandera y, coincidencialmente, ‘O’ es mi tipo de sangre. Encuentro este simbolismo muy hermoso. Todos compartimos la misma fuente de vida: la sangre. Son las células rojas de la sangre las que llevan el oxígeno por nuestros cuerpos. Sin ellas, perecemos. Con el balance adecuado, prosperamos. Me gustaría que esta ‘O’estuviese coloreada por un matiz pacífico de rojo. El rojo que nos pertenece a todos. El rojo que es hermoso en su intensidad, y no hiriente en su agarre. El rojo que pertenece a este mundo y no el que nos separa y extingue. No hay espacio para el tipo equivocado de rojo, y escojo removerlo de este álbum.

Esta es mi declaración”.

Luego, en octubre de este año, estrenó en Nuremberg su opera prima para piano y orquesta, a la que llamó ExPatria. Dijo para presentarla: “Es el grito de una sociedad asfixiada y la denuncia de la complicidad e inconsecuencia del mundo ante la desventura de los venezolanos, encubierta en un tenue y engañoso velo de democracia. Va más allá de la nostalgia privada a un grito muy público. ExPatria es un retrato de un país apenas reconocible del que conocí en mi juventud. Es mi respuesta emocional a la pérdida de Venezuela a sí misma, a la ilegalidad, la corrupción, el caos y las tasas de homicidio entre las más altas del mundo”.

Cerremos este amasijo de música política con una interpretación por Gabriela Montero de la Polonesa Heroica de Federico Chopin, una de las piezas políticas del genio polaco del piano. (El 3 de diciembre de 2007 en el Centro Gubenkian de Lisboa). Buen provecho. LEA

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Omaggio a un grande signore

 

Fiori dal Rinascimento per il Secondo Risorgimento d'Italia

Así como todos los ciudadanos del planeta debemos estar agradecidos de la lucha de los egipcios, los tunecinos, los libios, los sirios, y de las protestas en la madrileña Puerta del Sol y de la justicia de Nueva York sobre Dominique Strauss-Kahn, debemos también estarlo de Riccardo Muti. Si ya le debíamos homenaje por sus opulentas interpretaciones musicales, su reciente gesto en el Teatro de la Ópera de Roma, al convocar al público para que cantara junto al coro Va pensiero—del Nabucco de Giuseppe Verdi—en protesta por la obscenidad de la Presidencia de Italia y en presencia del mismísimo Silvio Berlusconi, añade una dimensión ulterior a nuestra admiración por el gran director de orquesta. Como tributo insuficiente a su grandeza de hombre íntegro, coloco acá algunos ejemplos de su vigorosa dirección orquestal, precedidos todos de la misma pieza o fragmento tal como los interpretan otros directores de gran calidad.

Salvo el encore final, toda la música de esta entrada fue compuesta por el gran compositor ruso Pyotr Illich Tchaikovsky, cuya riqueza orquestal se aviene al fogoso temperamento del italiano. Pero, para manifestar claramente el punto que quiero hacer, para saber de qué hablamos, el primer ejemplo no será de él sino de uno de sus más ilustres predecesores, el húngaro Antal Doráti (1906-1988), de conducción parecida a la de Muti en su claridad, en su apego a la intención del compositor y la esencia de la música, en su electrizante energía.

Un vals es una pieza compuesta en el compás de 3 por 4, y es música que se baila. Las reglas rítmicas exigen que un compás ternario lleve normalmente acentuado el primero de sus tiempos. Para percibir una cosa tan elemental como se debe, hay que escuchar dirigiendo a gente como Doráti o Muti, lo que puede comprobarse con el ejemplo que sigue: el conocidísimo Vals de las Flores del ballet Cascanueces. André Previn es, ciertamente, un magnífico director de orquesta; no en balde fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de Londres, una de las mejores agrupaciones del mundo, que aquí dirige. Pero luego hace sonar Doráti la misma orquesta, y notaremos cómo la hace marcar con decisión, especialmente en las cuerdas bajas, el primer tiempo de cada compás. Así se toca un vals en serio.

Vals de las flores de Cascanueces – Previn

Vals de las flores de Cascanueces – Doráti

Ahora, más valses, más Tchaikovsky. Uno de sus más famosos 3/4 es el Vals Final de La bella durmiente, archiconocido gracias a la película de Walt Disney. Primero suena con la misma Sinfónica de Londres, bajo la impecable dirección de uno de mis directores favoritos: Anatole Fistoulari. A continuación, il signore Muti dirige a la Orquesta de Filadelfia, de la que fue su Director Musical y luego su Conductor Laureate, antes de mudarse a Chicago. (Muti transformó el famoso sonido de una privilegiada sección de cuerdas, la renombrada textura sedosa que puliera Eugene Ormandy, para lograr una orquesta de secciones equilibradas, con el beneplácito de los ingenieros de sonido que la grabaron por él dirigida. Ya la Orquesta de Filadelfia ha adquirido una elocuente sección de metales, capaz de pronunciarse con la aspereza que a veces se le exige). La versión de Muti, nos percataremos, tiene una fogosa urgencia que falta en la de Fistoulari.
Vals final de La bella durmiente – Fistoulari

Vals final de La bella durmiente – Muti

Un altro valse. Cuando, a comienzos de los años sesenta, el ilustre precursor de Muti al frente de la Orquesta de Filadelfia, Eugene Ormandy—la dirigió por 44 años—, grabó para el sello Columbia un álbum de dos discos con música del ballet El lago de los cisnes, se tuvo a esa ejecución por la versión definitiva de la obra. Pero esa cumbre fue superada después, con la misma orquesta, por Riccardo Muti. Oigamos dos versiones del Vals del Acto I; primero por el húngaro, luego por el italiano. Es digno de notar en la segunda rendición el trabajo de los metales.

Vals del Acto I de El lago de los cisnes – Ormandy

Vals del Acto I de El lago de los cisnes – Muti

Riccardo Cuore di Leone

El programa cierra con una comparación extraordinariamente difícil, pues acá tiene Muti que medirse con la que es habitualmente considerada la mejor orquesta del mundo: la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam, dirigida por Bernard Haitink. He aquí el fragmento de cierre del primer movimiento de la Sinfonía Manfredo; es música potente, con el despliegue orquestal pleno del noble tema de Manfredo. Muti dirige acá a la Orquesta Philharmonia, una de las grandes agrupaciones londinenses. De la comparación se obtiene un claro veredicto: es Riccardo Muti el director más poderoso.

Tema de Manfredo – Haitink

Haitink: más uniforme espectro sonoro (clic para ampliar)

Tema de Manfredo – Muti

Muti: espectro sonoro de mayor contraste dinámico (clic para ampliar)

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Prometí un encore. Aunque es de Romeo y Julieta, no es música de Tchaikovsky, sino de su compatriota, Sergei Prokofiev. De este ballet, el número Montescos y Capuletos; primero, en una clara versión de la Orquesta Sinfónica de Londres dirigida, de nuevo, por André Previn y, de seguidas, por Muti al frente de la Orquesta de Filadelfia. Un detalle para la comparación: el trabajo incisivo de las cuerdas a los 1′ 25″ de la versión de Previn vs. que el que logra Muti a los 1′ 21″ en la suya. Los cuatro segundos que al momento adelanta Muti atestiguan la acostumbrada urgencia musical del brioso director italiano.

Montescos y Capuletos – Previn

Montescos y Capuletos – Muti

Bravo, maestro. Como dice mi señora, será Muti, pero de muto no tiene nada. Por su música, por su postura política, grazie mille. LEA

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