por Luis Enrique Alcalá | Oct 15, 2015 | Complejidad |

Una pequeña sección del Conjunto de Mandelbrot
A JRR
Por primera vez en mi vida dejaré de devolver un libro ajeno. Así lo he avisado descaradamente al prestamista, el Dr. José Rafael Revenga, quien ya en la lejana década de los fructíferos años sesenta, cuando estudiaba Sociología en la UCAB—fue mi profesor de Filosofía Política y Social—y, más tarde, cuando me contrató en el Instituto para el Desarrollo Económico y Social, me regaló la modernidad recomendándome la lectura de Operational Philosophy de Anatol Rapoport, Understanding Media de Marshall MacLuhan o The End of Ideology de Daniel Bell. El libro secuestrado es Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos. Su increíble autor es M. Mitchell Waldrop:
M. Mitchell Waldrop was the editorial page editor at Nature magazine from 2008 to 2010, and is currently a features editor at Nature. He earned a Ph.D. in elementary particle physics at the University of Wisconsin in 1975, and a Master’s in journalism at Wisconsin in 1977. From 1977 to 1980 he was a writer and West Coast bureau chief for Chemical and Engineering News. From 1980 to 1991 he was a senior writer at Science magazine, where he covered physics, space, astronomy, computer science, artificial intelligence, molecular biology, psychology, and neuroscience. He was a freelance writer from 1991 to 2003 and from 2007 to 2008; in between he worked in media affairs for the National Science Foundation from 2003 to 2006. He is the author of Man-Made Minds (Walker, 1987), a book about artificial intelligence; Complexity (Simon & Schuster, 1992), a book about the Santa Fe Institute and the new sciences of complexity; and The Dream Machine (Viking, 2001), a book about the history of computing. In his spare time he is an avid cyclist. He lives in Washington, D.C. with his wife, Amy E. Friedlander.
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A comienzos de los ochenta se inició en mí un enamoramiento, que no ha cesado, con la ciencia de la complejidad: caos, sistemas adaptativos, enjambres, avalanchas… (El lugar de la primera cita: algunas páginas en Scientific American, revista que sustituyó a Playboy en mis preferencias). Puse cuernos a Rapoport, MacLuhan y Bell con Benoît Mandelbrot, Mitchell Feigenbaum, Per Bak, Loren Carpenter y, sobre todo, con Stuart Kauffman, el gran biólogo teórico. En Maracaibo leí, en 1989, el libro de James Gleick: Chaos, the Making of a New Science. He predicado, hasta ahora con resultado nulo, que sin haber asido las nociones fundamentales del riquísimo campo de la complejidad no podrá haber verdaderos actores políticos del siglo XXI; los que tenemos piensan la sociedad con categorías mentales del siglo XIX.
Las ofertas provenientes de los actores políticos tradicionales son insuficientes porque se producen dentro de una obsoleta conceptualización de lo político. En el fondo de la incompetencia de los actores políticos tradicionales está su manera de entender el negocio político. Son puntos de vista que subyacen, paradójicamente, a las distintas opciones doctrinarias en pugna. Es la sustitución de esas concepciones por otras más acordes con la realidad de las cosas lo primero que es necesario, pues las políticas que se desprenden del uso de tales marcos conceptuales son políticas destinadas a aplicarse sobre un objeto que ya no está allí, sobre una sociedad que ya no existe. (Sociedad Política de Venezuela – Documento Base, febrero de 1985. Puse en su presentación: «…es mi creencia que la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces»).
O, más recientemente:
Es misión profesional de la política establecer su conexión con la verdad, y hoy en día los marcos mentales que soportan la idea de la política como lucha por el poder han dejado de funcionar. (Ver John Vasquez The Power of Power Politics, 1983). Son marcos mentales más recientes, derivados de las ciencias de la complejidad y el caos, de las avalanchas, de los enjambres, aquellos que pueden ofrecer la gramática necesaria, ésa que Arturo Úslar Pietri ansiaba en artículo suyo de 1991: Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo. Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación. (El medio es el medio, abril de 2015).
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Una gran historia
El libro prestado que expropiaré es mucho más que un catálogo de tales marcos mentales. M. Mitchell Waldrop ha construido la historia de las nuevas fronteras de la ciencia con una trama, ella misma compleja, hecha con biografías de los exploradores; ha penetrado en sus anécdotas de inspiración y creación del campo, y las que obtuvo milagrosamente de los actores de la gran película son iluminadoras, conmovedoras, profundamente humanas, detalladas como la vida misma. Eso es lo que hace fascinante y remuneradora la lectura de sus páginas, es lo que hace admirable la tenacidad de un puñado de intelectuales incomprendidos aun dentro de los círculos académicos de universidades excelentes, hasta que el Instituto de Santa Fe viera la luz:
Uno podía hablar hablar del instituto con una buena cantidad de gente excelente que simplemente no entendía adónde apuntaba. En su lugar, uno debía buscar una cierta clase de resonancia: «O los ojos de alguien se ponen vidriosos o comienza la comunicación, y si ella comienza entonces se ejerce una forma de poder que es extraordinariamente irresistible: el poder intelectual. Cuando se consigue alguien que entiende un concepto en las entrañas del cerebro, en sus tripas, donde la misma idea estuvo siempre, entonces se ha agarrado a esa persona. No se necesita hacerlo mediante coerción física, sino por un cierto tipo de apelación intelectual que equivale a la coerción. Los agarras por los cerebros, no por los testículos». (P. 249).
Es George Cowan quien habla en el libro, el Presidente fundador del instituto, y el autor pone a hablar también a Stuart Kauffman, Murray Gell-Mann, William Brian Arthur, Kenneth Arrow, Chris Langton, John Holland… y un nutrido grupo adicional de mentes brillantes, los creadores de la ciencia del siglo XXI. Y como sus procesos mentales son presentados en su tiempo de desarrollo, en apartamentos modestos o cubículos incómodos, en ambientes hostiles, en medio de dificultades y hasta tragedias, esa historia recentísima resulta apasionante, pues nos permite a nosotros mismos el camino del descubrimiento.
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No parece haber sido traducido el libro al castellano. Esa tarea pudiera hacerla muy bien Bárbara Ellen Zitman Ross, la hija de Cornelis y Vera, quien llevó a un español impecable Why Mahler?, de Norman Lebrecht. Pienso proponérsela. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 14, 2015 | Fichas, Política |
No, no es una novela inédita de Ian Fleming sobre andanzas hasta ahora incógnitas de James Bond, sino un cruce de correo electrónico entre un venezolano residenciado en Japón y el suscrito, en torno a la conocida polémica sobre Gustavo Dudamel. El amable corresponsal, asiduo oyente de Dr. Político en RCR por vía de Internet, se refirió al programa #165, en el que salí en defensa de nuestro genio musical, para basar su argumentación y solicitó expresamente que se le mantuviera en el anonimato, cosa que aquí se complace. Acá sigue la reproducción del intercambio, con la corrección de minúsculos errores en la escritura de procedencia japonesa. (El empleo de mayúsculas cerradas, no enmendado en la reproducción, es tenido en el uso de Internet por el equivalente de gritar).
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Estimado Señor Luis Enrique Alcalá.
Escribo desde Japón, por la sencilla razón de hacerme presente y a la vez indicarle que escucho su programa en RCR cada fin de semana o por los podcasts, ambos vía internet.
Me siento agradecido con usted y su trabajo, porque a pesar de que hay muchos puntos de vista en los que difiero con usted, los valores que muestra en su conducta y la forma como defiende con convicción y preparación cada postulado me hace admirarlo y tomarlo como referencia en mi conducta y la que le enseñaré a mi hija, hoy día de sólo 6 meses.

Esta vez quisiera expresar mi opinión sobre el punto referido a Gustavo Dudamel, porque me siento inquieto con lo escuchado en su programa Dr. Político en RCR 10/10/15 , en donde en el minuto 24:25 de su podcast colocado en ivoox.com, nos llama «FARISEOS» a aquellos que criticamos la actitud tomada por el Sr. Dudamel, y además indica, que «ninguno de los críticos, ni siquiera todos sumados, han hecho la centésima parte de lo que el señor Dudamel ha hecho por todos nosotros».
Indico el significado de FARISEO según la RAE:
fariseo, a
Del lat. tardío Pharisaeus, este del gr. Φαρισαῖος Pharisaîos, este del arameo pĕrīšayyā, y este del hebr. pĕrūšīm ‘separados [de los demás]’.
1. adj. Seguidor de una secta judaica que aparentaba rigor y austeridad, pero eludía los preceptos de la ley y, sobre todo, su espíritu. Apl. a pers., u. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a la secta de los fariseos o a sus miembros.
3. adj. hipócrita. Apl. a pers., u. t. c. s.
4. m. coloq. desus. Hombre alto, seco y de mala intención o catadura.
Personalmente, tanto mi familia como yo, consideramos que no entramos en el calificativo que usted indica por oponer al señor Dudamel. Probablemente nosotros somos infinitamente menos conocidos que el señor Dudamel, pero usted desconoce qué hemos hecho nosotros por la sociedad, nuestros valores, nuestras acciones, nuestras conductas y finalmente nuestra moralidad. Quiero hacerle saber que por ejemplo mi padre, con 81 años continúa trabajando, sin haber fallado jamás a sus deberes y obligaciones tanto personales, familiares como para con su país. Como ciudadano ha cumplido a cabalidad y su labor, ejemplo, valores y acciones, aunque no conocidos como lo realizado por el músico en cuestión, a mi juicio, pesan tanto o más, por haber cumplido MORALMENTE con la cuota que le ha correspondido en tantos años.
El señor Dudamel justifica en su escrito una postura en segundo plano, por el bien del «SISTEMA» creado y logrado tan admirablemente por el señor Abreu.
Lamento entonces contradecirlo ahora en sus afirmaciones tan positivas sobre el músico al que defiende en su programa.
El señor Dudamel se ha prestado, en defensa del «Sistema», a ser la imagen del gobierno de turno que usted por tres años seguidos me ha hecho saber en cada uno de sus programas que no representan muchos valores positivos, (aunque tengan algunos positivos), y tratan de perpetuarse, a costa de todos los venezolanos, en la cabeza del gobierno, por lo que a mi juicio, repito, a mi juicio, colocan al señor Dudamel del lado negativo, todo en nombre del «Sistema», pero a costa de un país completo.
Si por el bien de unos, negocias con el MAL, con conocimiento explícito, claro y consciente que estás afectando gravemente a otro grupo, entonces te conviertes en cómplice.
Señor Alcalá, le enseñaré a mi hija, que muchas veces debemos dar un paso atrás, y jamás, por el bien personal o de unos cuantos, puede aceptar o hacerse de la vista gorda ante acciones inmorales, porque de inmediato se hará parte de la inmoralidad.
Con esto quiero concluir que ni los que criticamos al señor Dudamel nos merecemos el título que usted nos impuso, ni es aceptable la actitud del músico, aunque sea por el bien de algunos cuantos, porque finalmente, y gracias también a la misma actitud del señor Dudamel, entre otras muchas e innumerables razones, hoy día tenemos un grandioso «SISTEMA DE ORQUESTAS», pero estamos en vía de quedarnos sin «PAÍS».
Lamento mucho oponerle hoy a su afirmación del pasado programa, pero siempre con la decencia y la felicidad de escucharle y aprendiendo como hago cada semana con su programa de radio.
Me despido, desde Japón.
NNNN
PD: Por favor, sé que usted siempre menciona los escritos o ciertos comentarios de sus oyentes. Le ruego que, si decide comentar algo de mi escrito en sus próximos programas, omita mi nombre, por razones muy personales. Gracias por su atención.
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Estimado Sr. NNNN: le agradezco el envío de su honesto correo, que comento de seguidas.
El tema de la relación de Gustavo Dudamel y el gobierno de Venezuela es un asunto de opinión, y como tal admite puntos de vista encontrados. De hecho, la primera vez que toqué este asunto en mi blog (junio de 2007) titulé el artículo así: Conocimiento y opinión. Le invito a leerlo. Creo que es una opinión, no una ley física o sociológica, la siguiente afirmación suya: “El señor Dudamel se ha prestado, en defensa del ‘Sistema’ a ser la imagen del gobierno de turno”. El Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela es un programa que, como él destacó, es sostenido fundamentalmente por aportes financieros del Estado venezolano desde 1975, aun con significativos aportes privados que, de todos modos, no serían en ningún caso suficientes para sostenerlo. El solo hecho de negarse, por ejemplo, a ser fotografiado en compañía del presidente Maduro pondría en peligro el sostén esencial del Sistema, no digamos adoptar posturas tenidas por algunos como heroicas. (Las de la pianista venezolana Gabriela Montero, por ejemplo, que no depende para nada de subvenciones estatales y ni siquiera reside en nuestro país desde hace muchos años).
Sé muy bien lo que significa el término fariseo, y lo empleé a conciencia; pensaba en pasajes específicos del evangelio, cuando algún fariseo se acercaba con hipocresía a procurar que Jesús de Nazaret dijera algo que lo comprometiera inconvenientemente. (El pasaje del denario y su sentencia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, por ejemplo). Cuando usé ese sustantivo no lo empleé genéricamente; lo hice específicamente para referirme a la reacción de algunas personas al artículo del Sr. Dudamel en Los Angeles Times, como comprobará al escuchar de nuevo el audio en mi blog. (Los ciudadanos en campaña).
Supongamos que me sumara a Ud. con lo que hubiera aportado al país y también se añadiera lo que mi padre hubiera entregado (de trayectoria equivalente a la que Ud. menciona del suyo), al aporte total de los críticos de Dudamel; tampoco igualaría eso a la obra del Sistema, de Abreu y de Dudamel. No creo que pueda decirse de la corona sueca que sea chavista-madurista; el 31 de agosto de 2009, José Antonio Abreu recibió de manos del rey Carl XVI Gustaf de Suecia el Premio Polar de Música, conferido por la Academia Real Sueca de Música. Esta academia dijo de él:
El Premio Polar de Música 2009 se concede al director, compositor y economista José Antonio Abreu. Impulsado por una visión de que el mundo de la música clásica puede ayudar a mejorar las vidas de los niños venezolanos, ha creado la red musical El Sistema, que ha ofrecido a cientos de miles las herramientas para superar la pobreza. La exitosa creación de José Antonio Abreu ha promovido valores tradicionales, como el respeto, la solidaridad y la humanidad. Su logro nos muestra lo que es posible cuando se hace de la música un terreno común y por eso mismo parte de la vida cotidiana de la gente. Simultáneamente, se ha dado a niños y padres, así como a los políticos, una nueva esperanza para el futuro. La visión de José Antonio Abreu sirve de modelo para todos nosotros.
Cuando Dudamel estaba por encargarse de la Filarmónica de Los Ángeles, el suplemento dominical en The New York Times dedicó cinco páginas (en su web) al joven director, con un trabajo titulado Conductor of the People (puede leerlo traducido en mi blog: Director del Pueblo). Tampoco es ese venerable periódico afecto al régimen venezolano actual.

Abreu es casi que la única, junto con Dudamel, referencia positiva remanente para los venezolanos. Los moralistas—que han escrito, desde la comodidad de ya largas residencias norteñas, cosas como ésta: “…la exhibición de cobardía moral que está dando la sociedad venezolana, con su pasividad y hasta masoquismo, representa un profundo descrédito para nuestro gentilicio”—, armados de una indignación pretendidamente superior y con gran inconsciencia, ya han salido con antorchas al incendio de quienes, con disciplina y amor venezolano, construyen patria grande aun en medio del odio mediocre del gobierno actual y sus peores oponentes. (Contra los necios).
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Las palabras que Ud. escoge destacar en mayúsculas cerradas—FARISEO, MORALMENTE, MAL, SISTEMA DE ORQUESTAS, PAÍS—revelan que su postura es la típica de entender el proceso venezolano como película en blanco y negro, de héroes contra villanos. La realidad en general, y la nacional en particular, viene en colores o, al menos, en una extensa gradación de grises. Creo farisaico el procedimiento de la condena moral de quienes no adoptan la misma posición maniquea—DRAE: maniqueísmo. 2. m. peyor. Tendencia a interpretar la realidad sobre la base de una valoración dicotómica—de quienes comprenden nuestro proceso con la facilidad de juicios vistosos pero superficiales, por eso mismo irresponsables.
Es Ud. quien anuncia una lección que se propone dar a su pequeña hija (no «hacerse de la vista gorda ante acciones inmorales, porque de inmediato se hará parte de la inmoralidad»); si no lo hubiera hecho no me atrevería a comentarla, puesto que sería mi intromisión en un asunto que no me concierne. Pero si esa instrucción es la que describe, pienso que su hija no podría vivir en ninguna parte del mundo. En Japón, por ejemplo, se ha visto un buen número de casos de corrupción durante décadas; en los EEUU innumerables incidentes de violación de derechos humanos, mucho peores que los venezolanos; en casi toda nación es posible encontrar conductas inmorales, de gobiernos y de ciudadanos.
Supongo que Ud. sabe que conduzco mi profesión política con arreglo a un estricto Código de conducta cuya redacción cumplió veinte años el mes pasado, y que me opongo al chavismo consistentemente desde 1992 hasta la fecha. Quizás ignore que sostengo desde comienzos de 1999 que la superación del chavismo—un sarampión si se lo compara con el nazismo, el castrismo o el estalinismo—no vendrá de su acusación cotidiana ritual, sino de la refutación de su discurso (la exhibición de en qué está equivocado) y de la superposición de un discurso político superior, un nuevo paradigma que igualmente trascenderá al mediocre discurso de sus opositores profesionales.
…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución. (Retrato hablado).
Concluí Conocimiento y opinión (artículo mencionado al comienzo) con estas palabras:
Para quien escribe, el peor de los rasgos del presidente Chávez es, precisamente, la soberbia que exhibe en asuntos de moral personal y ciudadana. Él se siente y se proclama mejor que todos nosotros y él sabe lo que es bueno. Ser rico es malo; desprenderse de algunos dólares que le diera Kadaffi junto con algún diploma intrascendente es bueno. Sobre la convicción de superioridad moral asienta sus arbitrariedades.
Por supuesto, el gobierno buscó manipular los sentimientos del público al asociar su nuevo y redundante canal con la imagen admirada de Gustavo Dudamel. Este gobierno que dirige Chávez es un maestro en las artes de la manipulación. No está solo en la práctica, no obstante. ¿O qué eran las estampitas de la Virgen María que el ya poco recordado Juan Fernández blandía ante las cámaras durante el paro petrolero? ¿Qué era la insinuación del difunto y golpista cardenal Velasco, cuando decía en sermón catedralicio que los deslaves que sembraron muerte y destrucción en el estado Vargas eran un claro castigo de Dios a la soberbia presidencial?
Lo peor que puede hacer un opositor a Chávez es parecerse a él.
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Ud. exige ahora el anonimato, “por razones muy personales”; su heroísmo y autosatisfacción morales son únicamente asunto reservado. Las respeto, y debiera Ud. hacer lo mismo con las razones del Sr. Dudamel.
Gracias por su franca comunicación y las palabras de aprecio de mi programa.
Atentamente
Luis Enrique Alcalá
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Actualización. El honesto corresponsal anónimo ha acusado recibo de mi respuesta. Transcribo su comunicación:
Estimado Sr Alcalá.
Le agradezco muchísimo que me haya regalado parte de su tiempo en esta respuesta tan completa.
Acuso recibo de ella y procedo a escuchar y leer los artículos y audios que usted me sugiere y hace referencia para poder tener la visión completa de su opinión.
Como aclaratoria, me gustaría comentarle que a pesar de estar opuesto al régimen, creo colocarme en un punto medio en donde trato de analizar cada actuación desde un punto de vista neutral, e inclusive, en muchas ocasiones en contra de nuestra oposición política, y luego comentar con mi madre sobre lo positivo y negativo, pero en vista del comentario que usted hace referente a lo que cree entender de mi postura, me hará sentarme nuevamente a meditar sobre mis razonamientos, porque es muy probable (y me lo ha dicho mi madre también), que tienda a caer en opiniones extremas, como dice del blanco y negro, por lo que siempre agradeceré las palabras que me hacen pensar, y retomar el camino hacia el norte que en mis valores deseo buscar.
Desde Japón, agradezco su presencia, tanto a través de la radio, podcasts, blog y ahora por este mail.
Gracias de nuevo por la amabilidad de responder de una forma profunda y completa, mi inquietud.
NNNN
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