Avisos desatendidos

 

Según Marcos, lo registraba y sufría Jesús de Nazaret

 

…lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro.

Alexis de TocquevilleEl Antiguo Régimen y la Revolución (1856)

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Sobre la manía de anticipar:

Crazy States [1971] fue publicado antes de que el líder libio Muammar Gaddafi comenzara a enviar sub-ametralladoras por valija diplomática, y en un momento en el que muchos en el mundo jamás habían oído de un ayatollah. También eran desconocidos líderes tan infames como Pol Pot y Saddam Hussein. Crazy States fue escrito en una era antes de que terroristas y movimientos separatistas y de liberación comenzaran a volar aviones y autobuses, secuestrar civiles y políticos y asesinar atletas olímpicos. Dror puso gran energía en probar que su visión del futuro habitaba el reino de lo probable. Crazy States dibujó el mapa de una visión que los humanistas encontraron difícil de aceptar. La prestigiosa American Political Science Review observó: “Brillante pensamiento… pero ¿cómo se puede ser tan fantástico y estar tan distanciado de la realidad?” En retrospectiva, aunque Dror pudo reír de último, su risa era hueca: “Tengo sentimientos encontrados por haber tenido razón, a la vez satisfacción y pesar”, me dijo: “satisfacción intelectual; pesar en tanto ser humano”. (Crystal ball, crystal clear. Daniella Ashkenazy The Jerusalem Post, 3 de agosto de 1991).

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El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. (Salida de estadista – El Diario de Caracas, 21 de julio de 1991).

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En ese caso el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, 22 de septiembre de 1987).

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La asonada de Chávez, Arias Cárdenas et al., se supo luego, estuvo prevista para fines del año de 1991. Debía darse para el 16 de diciembre de ese año, con la pretensión de amanecer en el poder en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar. (Las élites culposas, mayo 2012).

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Hace unos días decía Ibsen Martínez en el diario Tal Cual: “Los lectores, pienso seriamente, deberían llevar anotaciones, como se hace en el parque de béisbol, y tomar en cuenta el average de aciertos que muestren sus analistas favoritos”. (Perder es cuestión de método, 2 de junio). No será un promedio de bateo, pero esta publicación produjo un límpido hit el pasado 13 de marzo: “No es noticia fresca para las FARC, por consiguiente, su propio desplome, signado por el repliegue, la precariedad y la disensión intestina. Es más, ahora parece probable que hubieran depuesto ya las armas para este momento de no haber mediado el aliento y el apoyo material y financiero que les haya hecho llegar el gobierno presidido por Hugo Chávez. Es muy probable que hayan sido los sueños opiáceos—más bien cocáceos—de Chávez lo que haya frenado una capitulación más temprana de los irregulares, al persuadirles de que sus fuerzas, sumadas a las tropas hermanas de Venezuela, Ecuador y Nicaragua podrían acabar con la podrida cúpula uribista, heredera de los asesinos del Libertador en Santa Marta. Pero ahora van a constatar que son tan desechables para Chávez como lo son Rafael Correa, Luis Tascón, Juan Barreto o Raúl Baduel. Ahora verán cómo el apoyo del gobierno venezolano se esfuma súbitamente. No es Chávez quien querrá mantenerse en sociedad con unos perdedores. Antes explicará a Fidel Castro que los guerrilleros en Colombia no sirven para nada, y que son una causa perdida”. (El mundo encima, Carta Semanal #278 de doctorpolítico). Al menos acá, por tanto, no hubo sorpresa alguna en la amonestación que Hugo Chávez hiciera a las FARC en su acostumbrado sermón dominical.  (Carta Semanal #290, 12 de junio de 2008).

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Siento angustia de no poder convencer a la sociedad en la que vivo.

José Mujica (La Diaria, 5 de septiembre de 2019).

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El cerebro del mundo

Construcción en progreso

 

En más de una ocasión he citado acá o hecho referencia a mi amigo, maestro y mentor, el profesor Yehezkel Dror, Wolfson Professor of Political Science de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y hoy quiero volver a hacerlo. En varias ocasiones le oí contestar una pregunta que él mismo se hacía retóricamente: ¿cuál es el campo de mayor importancia para la investigación científica y para el futuro de la humanidad? Ese coloso de las policy sciences, abogado de Harvard, miembro de la Corporación RAND, Científico Jefe del Ministerio de Industrias israelí, asesor de los gobiernos holandés e inglés y de la Comunidad Europea, autor de profundos y proféticos libros sobre el arte de gobernar, contestaba que tal cosa de tan grande importancia era la comprensión del cerebro humano. (No sin regresar a su campo propio y sugerir especificaciones arquitectónicas para un “cerebro del mundo”—Brain of the World—al que consideraba en incipiente formación).

El pueblo, príncipe elector – Nota del día, 16 de mayo de 2010

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lo and behold The lo in the expression probably originated from the shortening of the word look, commonly seen in Middle English texts. Its presence in literature can be traced to at least as early as the 18th century. The literal meaning of the expression is “look and see”, and it is always used as if in the imperative. Wiktionary

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Herzog, creador de maravillas

Werner Herzog es un genio del cine. Como director, guionista y actor ha producido importantísimas e inolvidables películas de consistente calidad, y es el autor de Lo and behold: Reveries of the connected world (Mira y ve: Ensoñaciones del mundo conectado), el documental sobre el fenómeno de la Internet que explica el verdadero alcance y profundidad de este cerebro del mundo, el asiento de la Noosfera de Pierre Teilhard de Chardin en El Fenómeno Humano, póstumamente publicado en 1955. “Para Teilhard, la evolución tiene igualmente 3 fases o etapas: la geosfera (o evolución geológica), la biosfera (o evolución biológica), la noosfera (o evolución de la conciencia universal)”. (Wikipedia en Español). In the June 1995 issue of Wired, Jennifer Cobb Kreisberg said, “Teilhard saw the Net coming more than half a century before it arrived”. (Wikipedia The Phenomenon of Man).*

Anoche vi Lo and behold, y avancé en la mirada sabiendo que debería repasarla más de una vez, para meditarla y considerar atenta y pacientemente sus profundos planteamientos hasta entenderlos a plenitud. Acá está completa, gracias al extraordinario ecosistema de YouTube, que vive en el más grande de la Red de redes. Prepárese para la fascinación y la gratitud. LEA

 

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El nuevo cerebro

*…estamos asistiendo a una brusca expansión del tejido nervioso societal, que no es otro que el tejido comunicacional: satélites, computadoras, módems y telefacsímiles, sensores remotos, fibras ópticas, telefonía celular, medios de almacenamiento compactos y compresión de la información. Así como la embriología comparada muestra cómo es que el desarrollo de un sistema nervioso progresivamente cefalizado es el signo del crecimiento y humanización de la conciencia, así el desarrollo de la esfera comunicacional, a escalas inéditas de planetización, introduce toda una mutación histórica cualitativa y cuantitativamente insólita, por lo que no sé qué mosca ha llevado a Fukuyama a declarar el fin de la historia. Ahora es cuando la historia verdaderamente comienza. Por un lado, pues, este desarrollo de las redes de comunicación a escalas imprevistas—salvo para algunos observadores privilegiados como Pierre Teilhard de Chardin—determina una situación radicalmente nueva y exige la presencia de un comunicador que se entienda a sí mismo como miembro de una función planetaria. (La formación del comunicador, 1º de mayo de 1994).

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Aquí nacimos, aquí moriremos

 

Gracias a Teunis Felipe Stolk, amigo desde siempre y hasta siempre

 

 

La segunda virtud a exigir de un político es la humildad. El mejor de los médicos, graduado en Boloña, con postgrados sucesivos en París y Boston y una longeva experiencia clínica, sabe que el cuerpo humano es mucho mejor médico que él. Sabe, por ejemplo, que nada en el arsenal terapéutico que domina es tan sabio, o tan refinado y preciso, como el sistema inmunológico natural del organismo humano. Del mismo modo, un político responsable debe entender que el cuerpo social le supera en entendederas, y que no debe jamás creerse autorizado a imponer al pueblo su criterio individual. El primer día de este mes de octubre, la revista Newsweek reportaba sobre los problemas novísimos que ha traído a la Física la constatación de que el cosmos contiene inconmensurables cantidades de materia y energía “oscuras”, las que son muchísimo mayores que la materia y energía para las que existen teorías más o menos aceptables. Es decir, que ignoramos cómo es y cómo se comporta el 96% de la materia y la energía contenida en el universo. Nuestra ciencia más avanzada ha conseguido, a duras penas, articular explicación acerca del comportamiento de sólo el 4% del cosmos. Newsweek escogió el siguiente título para el artículo referido: “En la ‘energía oscura’, humildad cósmica”. (…) Pero los políticos, en abrumadora mayoría, se conducen por la vida como si fuesen seres inerrantes, y eso que su campo profesional es bastante más complejo que el asumido por las ciencias naturales. Su discurso es usualmente enfático, muchas veces furibundo, como si hubiesen alcanzado una certidumbre que les da derecho a la imposición de sus criterios e ideologías. En particular, son más arrogantes cuando rebasan el discurso meramente político para pontificar como jueces morales, con la condena de amplios conjuntos humanos y pretender que su opinión es moralmente superior. Los electores debiéramos bajarle el copete a los políticos que pretenden tener toda la razón. (El político virtuoso, 18 de octubre de 2007).

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Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra. (Tiempo de incongruencia, en Proyecto SPV, 8 de febrero de 1985).

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5. Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.

6. No dejaré de aprender lo que sea necesario para el mejor ejercicio del arte de la Política, y no pretenderé jamás que lo conozco completo o que no hay asuntos en los que otras opiniones sean más calificadas que las mías.

7. Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación, y estaré agradecido a aquellos que me enseñen del arte de la Política y procuraré corresponderles del mismo modo.

(Estipulaciones 5ª, 6ª y 7ª del Código de Ética de doctorpolítico, jurado públicamente el 24 de septiembre de 1995).

 LEA

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Cadenas de libertad

Actualizado al final con un video recomendado por Leonardo Durán.

Una cadena de bloques que libera

 

El mundo sólo necesita ser 1% mejor (o incluso una décima de por ciento mejor) cada día para acumular civilización. En tanto creemos 1% más de lo que destruimos cada año, tendremos progreso. Este incremento neto es tan pequeño que es casi imperceptible, especialmente ante el 49% de muerte y destrucción que nos afronta. Sin embargo, este minúsculo, delgado y tímido diferencial genera progreso.

Kevin Kelly – That We Will Embrace the Reality of Progress

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(El siguiente video, de muy buena calidad visual, tiene títulos en español que pueden ser activados mediante el icono de configuración, abajo a la derecha (rueda de engranaje justo a la izquierda del logotipo de YouTube).

 

Como argumentan los participantes del video precedente, el desarrollo tecnológico nombrado blockchain es bastante más que el 1% de progreso de Kevin Kelly, es una revolución de efectos actuales y potenciales diversos y profundos. El interés de este blog se centra, naturalmente, en el uso y consecuencias políticas de este poderoso desarrollo.

El concepto original lo debemos a Satoshi Nakamoto—un seudónimo que pudiera representar una persona o un grupo de colegas, como el Nicolas Bourbaki de las matemáticas francesas—, quien dio a conocer en 2008 la primera base de datos blockchain al introducir la primera de las criptomonedas en el mundo: bitcoin. Actualmente hay más de mil criptomonedas, de las que una decena ha logrado aceptación considerable (Dash, por ejemplo, con importante actividad en Venezuela).

La tecnología posibilita un enorme libro diario de contabilidad, en el que se asienta las transacciones entre miembros de una multitud que la emplea; se caracteriza por carecer de autoridad central—el proceso es enteramente desagregado—y por la seguridad de los registros protegidos por criptografía de primer nivel, puesto que cada nuevo asiento o bloque tiene una referencia a uno previo y la secuencia es inmodificable, a menos que la comunidad de sus usuarios conspire para permitirlo. Estas características hacen que la tecnología pueda ser aplicada a los sistemas de votación electrónicos, los que ya no dependerían de una autoridad central al estilo de nuestro Consejo Nacional Electoral; soluciones como la de Smartmatic han entrado súbitamente en irreversible obsolescencia.

Una cadena de bloques es una lista continuamente creciente de registros, llamados bloques, que están ligados y asegurados con el uso de criptografía. Cada bloque contiene típicamente un señalador (hash) que lo enlaza a un bloque previo, una marca temporal y los datos de una transacción. Por diseño, las cadenas de bloques son inherentemente resistentes a la modificación de los datos. Funcionalmente, una cadena de bloques puede servir como “un libro diario abierto que puede registrar transacciones entre dos partes eficientemente y de modo verificable y permanente”. Para su uso como libro diario distribuido, una cadena de bloques es comúnmente administrada por una red de igual a igual que se adhiere colectivamente a un protocolo para la validación de nuevos bloques. Una vez registrados, los datos en cualquier bloque dado no pueden ser retroactivamente alterados sin la alteración de todos los bloques subsiguientes y la colusión de la mayoría de la red. (Wikipedia).

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Algo así se veía venir:

La época que nos ha tocado en suerte contiene las más asombrosas posibilidades. Si todavía la dimensión de ciertos problemas parece abrumadora, también es cierto que las más recientes rupturas tecnológicas—principalmente en las tecnologías de computación, de comunicaciones y de bioingeniería—permiten avizorar nuevas y más eficaces soluciones. En particular, el horizonte tecnológico de lo democrático se ha expandido, y el actual nivel de participación popular en la formación de las decisiones públicas es muy inferior al que es tecnológicamente posible. (Proyecto SPV, 8 de febrero de 1985).

Treinta años más tarde podía decirse:

Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).

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Un nuevo actor

De algún modo, el chavismo se abrió tempranamente a estas posibilidades; en febrero de 2001 decretaba Hugo Chávez la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas, cuyo Artículo 4 estableció: “Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos…” Hace varios años que el Tribunal Supremo de Justicia tramita recursos de amparo constitucional que reciba por correo electrónico, y hace dos días declaraba Wilmar Castro Soteldo, Ministro de Agricultura Productiva—¿hay agricultura improductiva?—y Tierras, en bienvenida de las criptomonedas: “Ahora existe la posibilidad de abrirse espacios en las nuevas formas de transacciones. Es una de las grandes alternativas que tienen los pueblos de preservar la integridad de la humanidad, consolidar la paz y garantizar una vida, así como tener acceso a los bienes, servicios y alimentos”. Claro que tenía que insertarlas en el marco conceptual socialista; también dijo que para la humanidad monedas como el Bitcoin son “una herramienta para alcanzar su soberanía y darle soporte con sus riquezas a través del incentivo que establezcan para estimular la inversiones y el desarrollo productivo de esa economía. Puede ser una opción que cree una nueva etapa económica y financiera globalmente. Y se podría evitar la crisis que quieren generar regando dinero devaluado que se traduce en inflación”. (¿No es esto justamente lo que hace el gobierno de Maduro?) Para Castro Soteldo, las monedas digitales podrían protegernos de la malévola “guerra económica” del capitalismo imperial que tiene la culpa de nuestras privaciones económicas cotidianas. Pero de su exposición se colige que no ha entendido el asunto, pues postula: “La moneda digital es un instrumento que los gobiernos de todo el mundo pueden tener bajo su control y lanzarlo luego en una cesta global que se transa digitalmente, ésta a su vez puede tener como soporte el oro u otros minerales o riquezas tangibles de los países  que le den fortaleza a esquemas alternativos de transacción de bienes y servicios”. Ni las criptomonedas necesitan estar soportadas en otra cosa—oro, por caso—que las propias transacciones ni requieren gobiernos que las controlen; ellas se controlan a sí mismas en los millones de interacciones peer to peer (igual a igual) de los miembros de la comunidad.

Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) (Política natural, 19 de marzo de 2009).

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Ya hay las primeras aplicaciones políticas blockchain en desarrollos recentísimos, como consta en el reportaje Patentan un sistema de votación basado en blockchain. Sus capacidades permitirían tanto votaciones como referendos seguros, inviolables y profundamente democráticos, como se lee allí de un informe del Parlamento Europeo de septiembre del año pasado:

Los procesos de votación electrónicos tradicionales siempre se han caracterizado por realizarse de manera centralizada, es decir, es una empresa o un gobierno quien gestiona todo el proceso de votación y recuento.

El principal inconveniente de estos sistemas es que no son en absoluto transparentes para los ciudadanos, a quienes no les queda más remedio que confiar ciegamente en dicha entidad. En caso de haber cualquier tipo de manipulación en la votación, no podrían detectarlo.

La votación electrónica basada en blockchain resuelve este problema al realizar todo el proceso de manera descentralizada y totalmente transparente para los usuarios, dando el poder de control a la gente.

El poder planetario de las cadenas de bloques permite visualizarlas como la herramienta fundamental de una polis del mundo en formación. En Avant-garde Politician – Leaders for a New Epoch (2014), Yehezkel Dror postula la necesidad perentoria de una “Constitución de la Humanidad”; en eso concurrimos, pero diferimos en el modo de aprobarla. Dror, acostumbrado a moverse en los corridors of power, la imagina redactada y pactada por gobiernos del mundo, mientras que quien escribe, como minúsculo ciudadano del planeta, exige que sea aprobada y promulgada en un referendo planetario, y una aplicación blockchain que aloje una consulta de esa escala es perfectamente posible.

Viene una nueva y más poderosa democracia. LEA

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He aquí otro video que complementa la noción de blockchains y criptomonedas. (Como con el anterior, puede vérsele con subtítulos en español).

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Dios es un cerebro

 

Imagen por rayos X de un cerebro

Imagen por rayos X de un cerebro

 

A Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz

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Cuatro de la mañana o algo así, cuatro y cuarto de la madrugada a lo sumo. Me despierta un intenso fulgor, pero al abrir los ojos la habitación está a oscuras, como se supone que esté a esa hora. A mi lado, mi esposa duerme un sueño profundo.

Siento que mi incipiente conciencia madrugadora pasa gradualmente a ser poseída por otra que no es la mía, y entiendo que sólo los músculos de mis ojos me obedecerán mientras dure la posesión, que no sé si tendrá término. Una voz con acento centroamericano empieza a hablarme al interior de mi cráneo, pronuncia mi nombre, y aumenta su volumen hasta estabilizarse en un nivel tolerable, desde el que me llama una y otra vez, como si dijera probando, probando, 1, 2, 3, probando…

—Soy Claudio Salazar, salvadoreño. Estoy muerto; es decir, mi cuerpo ha muerto. Perduro en alguna de las neuronas de Dios. Se me ha permitido constatar que hay, por decirlo así, vida perdurable. Bueno, no sólo a mí, sino a toda alma que persiste en el cerebro que es Dios y se interese en el asunto.

Intenté una réplica en pregunta y me fue imposible. Como si hubiera leído mi mente, la voz prosiguió.

—Deja que te explique. No es la vida perdurable en un cielo concebido para premio de vidas justas, para adoración del Creador; Dios no es católico. (Ni budista; tampoco de la religión de los celtas o de ninguna otra). Es más bien que Dios no puede hacer otra cosa que recordarnos, pues almacena automáticamente en su memoria descomunal—no sé a ciencia cierta si es infinita, aunque sospecho con buenas razones que no lo es—el registro de la vida de cada uno de nosotros. Y cuando te digo registro te digo que es de absolutamente todo lo que experimentamos mientras nuestras conciencias fueron el epifenómeno de una materia gris. He vuelto a oler la leche de mi madre, por ejemplo; he vuelto a ver la niña de quien me enamoré por vez primera, a sentir el dolor de una nalgada de mi padre y a saber por qué me la propinó; he recuperado con todas sus palabras la cuarta clase de Mineralogía que recibí con mis compañeros en el bachillerato; he jugado todos los juegos de pelota con todos mis sudores y esfuerzos y la pérdida de aliento por ellos; he recordado de memoria cada uno de los libros que he leído… Todo eso está aquí, en la neurona divina que se me ha asignado. No nos acompaña el cuerpo que tuvimos, aunque sí la información de todas sus sensaciones, todas. Ahora continuamos pensando dentro de Dios.

Creo que intenté preguntar de nuevo y oí algo que sonó como un bufido apagado que salió por mis fosas nasales. Era yo presa de la inquietud, y entonces vi el rostro de Salazar, serenamente sonriente—un holograma de ultratumba, por supuesto—, y una calma placentera disolvió suavemente mi angustia. En cuanto estuve tranquilo ya no vi más su cara. Decidí no formular preguntas; él parecía saber lo que hacía y no me amenazaba.

—Yo no puedo acceder a tus experiencias guardadas en otra neurona divina, pero se me ha permitido comunicarme contigo. Parece que todo muerto puede hacer eso con un puñado de vivos, y escoger el mensaje verdadero y bueno (son las dos condiciones) que transmitirá a quienes todavía son mortales.

Entonces me invadió una curiosa anticipación, casi intolerable, de nuevo inquieto, expectante. Salazar habló una vez más antes de desaparecer de un todo.

—Te elegí en un mapa de la Tierra. ¿Sabes lo que hace Google Earth? Bueno, algo así, sólo que en vez de calles y árboles ves personas, y no estáticas como si hubieran sido fotografiadas en algún instante de pasado, sino en su vida actual, en sus exactas circunstancias momentáneas. Voy a decirte a qué vine.

Sentí, no sé cómo, que mis ojos brillaban de esperanza en la oscuridad y terminé de escuchar.

—Vine a decirte que dar no es un deber—sentenció—, es un derecho. Todos tenemos derecho a dar.

Después de eso no percibí otra cosa de él. Salazar no se despidió—tal vez quiso dejar la verdad que me había regalado sin la distracción de su adiós, que la habría hecho borrosa disminuyéndola de algún modo—, pero supe que se había ido de mi cabeza y también que yo no soñaba. Vi a mi esposa de nuevo, memoricé con precisión, como si fuere a ser necesario atestiguarlo luego, los objetos apilados sobre mi mesa de noche y la exacta disposición que adoptaban—”minúsculos granos de ceniza que adoptan una presuntuosa disposición”, he leído en alguna parte—, y entonces entró mi hijo, enfundado en su bata, con ánimo de despertarme sin saber que yo no estaba dormido. Me dijo:

—Papá: tienes una llamada telefónica de Oslo. §

 

LEA

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De un libro revelador

El historiador de lo complejo

M. Mitchell Waldrop, historiador de lo complejo

Hace justamente una semana, dejé acá constancia—en Historia de la Complejidad—de mi entusiasmo por el libro Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos, de M. Mitchell Waldrop; acá traduzco dos de sus pasajes (págs. 293-294). La obra es un recuento detallado del nacimiento del Instituto de Santa Fe (Nuevo México), y por tanto de la emergencia de las ciencias de la complejidad (“la ciencia del siglo XXI”), relevantes a fenómenos tan aparentemente disímiles como el sistema inmunológico, las avalanchas orográficas o las economías humanas. Esto último fue desde siempre tema prioritario del instituto: de hecho, la narración comienza con el reclutamiento del economista William Brian Arthur para el naciente centro de investigación, que reuniría las mentes más brillantes de la nueva disciplina bajo la presidencia de George Cowan y la dirección académica de Murray Gell-Mann, Premio Nobel de Física. John Reed, Presidente de Citicorp, fue el mecenas inicial del programa de economía en Santa Fe que Arthur instalara y dirigiera. A punto de arrancar con el apoyo de Reed, el economista preguntó a Eugenia Singer, asistente del entusiasta banquero, qué esperaba éste del programa; después de consultarle, Singer contestó: “El Sr. Reed le manda a decir que haga Ud. lo que quiera, con tal de que no sea nada convencional”. Ojalá hubiera en Venezuela mecenas lúcidos de una nueva política para el país, visto que lo convencional no funciona. LEA

………

 

Langton* estaba diciendo básicamente que este “algo” misterioso que hace posibles la vida y la mente es una cierta clase de equilibrio entre las fuerzas del orden y las fuerzas del desorden. Más exactamente, estaba diciendo que uno debe ver a los sistemas en términos de cómo se comportan, en vez de cómo están hechos. Y cuando eso se hace, decía, entonces lo que se consigue son los extremos de ordencaos. Se parece mucho a la diferencia entre los sólidos, donde los átomos están fijos en sus sitios, y los fluidos, donde los átomos caen los unos sobre los otros al azar. Pero justo entre ambos extremos, explicó, en un tipo de transición de fase abstracta llamada “el borde del caos”, también se encuentra complejidad: una clase de comportamientos en la que los componentes del sistema nunca se fijan en un sitio, pero tampoco se disuelven en la turbulencia. Éstos son los sistemas que son a la vez suficientemente estables como para almacenar información y lo suficientemente evanescentes como para transmitirla. Éstos son los sistemas que pueden organizarse para ejecutar computaciones complejas, reaccionar al mundo, ser espontáneos, adaptativos, vivos.

(…)

Cuando uno tiene algo como un ecosistema o una economía, dice (Farmer**), no es obvio que conceptos como orden, caos y complejidad puedan incluso ser definidos con gran precisión, mucho menos una transición de fase entre ellos. Sin embargo, hay algo acerca del principio del borde del caos que suena bien. Tomemos la antigua Unión Soviética, dice: “Hoy está bastante claro que la aproximación totalitaria, centralizada a la organización de la sociedad no funciona muy bien”. En el largo plazo, el sistema que Stalin construyera estaba estancado en exceso, demasiado fijo, controlado de modo demasiado rígido para sobrevivir. O notemos los Tres Grandes fabricantes de carros en Detroit en los años setenta. Habían crecido tanto y estaban tan rígidamente fijados en ciertas maneras de hacer las cosas que ni siquiera pudieron reconocer el creciente desafío de Japón, mucho menos responder al mismo.

Por otro lado, dice Farmer, la anarquía tampoco funciona muy bien, como parecían decididos a demostrar algunos componentes de la antigua Unión Soviética poco después de su disolución. Ni tampoco un sistema de laissez faire sin restricciones, a juzgar por los horrores dickensianos de la Revolución Industrial en Inglaterra o, más recientemente, por la debacle de las entidades de ahorro y préstamo en los Estados Unidos. El sentido común, para no mencionar la reciente experiencia política, sugiere que las economías sanas, al igual que las sociedades sanas, tienen que mantener el orden y el caos en equilibrio, y no se trata tampoco de una clase de equilibrio aguado, promedio, a mitad de camino. Como una célula viva, tienen que regularse a sí mismas con una densa red de retroalimentación y regulación, al tiempo que dejen abundante espacio para la creatividad, el cambio y la respuesta a nuevas condiciones. “La evolución prospera en sistemas con una organización de abajo hacia arriba, que haga surgir la flexibilidad”, dice Farmer. “Pero al mismo tiempo, la evolución tiene que canalizar la aproximación de abajo hacia arriba de forma que no destruya la organización. Tiene que haber una jerarquía de control, con información que fluya de abajo hacia arriba y también de arriba hacia abajo”. La dinámica de la complejidad al borde del caos, dice, parece ser lo ideal para esta clase de comportamiento.

M. Mitchell Waldrop

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*Cristopher G. Langton, científico de computadores estadounidense, cofundador del campo de vida artificial.

**Doyne Farmer, físico y empresario estadounidense, cofundador (1991) de la compañía Prediction, que aplica principios físicos y matemáticos al sector financiero de la economía.

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