Efectivos de la Fuerza Aérea India marchan en Nueva Delhi (2009)
Los compases musicales binarios son unidades de composición rítmica que, como su nombre indica, están divididos en dos tiempos: Un, dos; Un, dos… y es usualmente el primero el que se acentúa, ejecutándose más fuertemente que el segundo. Son los compases de 2/2 (dos notas blancas por compás) o 2/4 (dos negras), pero también 6/4 o 6/8, en los que un trío de negras o de corcheas es ejecutado en un solo tiempo del compás. La composición típica con ese ritmo es la marcha—a fin de cuentas usamos dos piernas para marchar—pero también son de tiempo binario los pasodobles y las polcas. (En la próxima oportunidad, pida a su pareja bailar un pasodoble como si marcharan y verá que tal cosa es cierta. O hágalo de una vez, solo o acompañado, con España cañí, es decir, gitana; es pasodoble de Pascual Marquina Narro a cargo de la orquesta de André Rieu).
España cañí
Del mismo modo, una polca pudiera ser marchada en lugar de danzada, puesto que se escribe y ejecuta en 2/4. La Polca de Ana, compuesta por Johann Strauss hijo para conmemorar (en 1852) el día de Santa Ana, una festividad importante para los vieneses, es tocada aquí por la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida en esta ocasión por Daniel Barenboim.
Polca de Ana
En los circos son frecuentes los compases binarios, e Igor Feodorovich Stravinsky compuso la Polca de circo para un joven elefante (1942) a petición del coreógrafo George Balanchine, que había acordado con el circo de los hermanos Ringling y el de Barnum & Bailey aportarles un número de ballet. Sólo al final la pieza adquiere el carácter de una polca, cuando Stravinsky emplea el tema de la Marcha militar #1 de Franz Schubert. Ballanchine produjo una coreografía que se estrenó con gran éxito en el Madison Square Garden, donde danzaron cincuenta elefantes ataviados con tutús rosados de ballet y cincuenta bailarines humanos. Marc Soustrout conduce la Orquesta Filarmónica del País de Loire.
Polca de circo
Todavía en contexto circense, entremos de lleno a las marchas con una clase de este tipo de composición que es característica del mundo del circo: la marcha rápida y alegre que en inglés se conoce con el nombre de screamer (gritón). Una típica es La abeja del circo, compuesta por Henry Fillmore e interpretada por la Banda de la Marina de los EEUU.
La abeja de circo
Portada original de la marcha del Washington Post (1889)
No hay duda de que el más famoso y prolífico compositor de marchas de ese país fue John Philip Sousa. Su Stars and stripes forever es la marcha oficial de los Estados Unidos, y Semper fidelis sonaba en las películas estadounidenses de la II Guerra Mundial en las que intervinieran sus Infantes de Marina. Compuso también marchas no militares, y la más conocida es la que hizo para el periódico The Washington Post. A pesar de su carácter civil, la toca aquí la Banda del Ejército de los EEUU.
Washington Post
Un largo camino
Naturalmente, las marchas son mayormente piezas para el uso militar. Su espacio natural es el de avenidas y plazas por las que desfilan los soldados de regimientos militares, en exhibición de su poderío con vistosos uniformes. Algunas, en cambio, ofrecen consuelo a gente que pelea en las guerras y, en ciertos casos, caen prisioneros. Una famosa en la Gran Guerra, It’s a long way to Tipperary, hace soñar a las tropas de Su Majestad Británica con el regreso a la patria. Jack Judge, su compositor, era de padres irlandeses y sus abuelos eran oriundos de Tipperary. El Coro del Ejército Rojo de Rusia la interpreta acá. Luego, la Marcha del Coronel Bogey, hecha famosa en la película El puente sobre el río Kwai (1957) como símbolo de resistencia de prisioneros de los japoneses en la II Guerra Mundial; es tocada y silbada por la Orquesta Boston Pops y dirigida por Arthur Fiedler, su longevo conductor. Fue compuesta por el teniente Frederick Joseph Ricketts, sobre el silbido de un golfista militar que sonaba las dos notas de un intervalo descendente de tercera cuando se aprestaba a golpear la pelota, a modo de aviso en lugar del acostumbrado grito.
It’s a long way to Tipperary
Coronel Bogey
Rusos con uniformes de la II Guerra Mundial en 2008
Grandes compositores, no sólo los especialistas, han escrito en el género que nos ocupa. El ruso Sergei Prokofiev, por ejemplo, es el autor de la Marcha para banda militar en Si bemol mayor, su op. 99. La Banda de Concierto de Estocolmo, bajo la batuta de Gennady Rozhdestvensky, nos ofrece la versión que sigue.
Marcha para banda militar
Y militar es, por supuesto, la Marcha Radetzky, de Johann Strauss padre (no confundir con la Marcha Rakoczy de Héctor Berlioz), a cargo de Alfred Scholz y la Orquesta Vienesa de Conciertos. Su hijo homónimo le superó con creces como compositor. El propio Brahms lo envidiaba; cuando la hijastra de Johann hijo, Alice von Meyszner-Strauss, le pidió al maestro alemán que firmara su abanico de autógrafos (usanza de la época), éste escribió en él los tres primeros compases de El Danubio Azul, añadiendo: Leider nicht von Johannes Brahms («Lamentablemente, no de Johannes Brahms»). De él es la estupenda Marcha egipcia, op. 335 (mucho más egipcia que la Marcha triunfal de la ópera Aída). Ejecutantes de lujo, el gran maestro Nikolaus Harnoncourt y la mejor orquesta del mundo, la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam, la interpretan con coro.
Radetzky
Egipcia
Más al norte, en Rusia, además de Prokofiev, Pyotr Illich Tchaikovsky compuso más de una marcha. Nos es muy familiar, claro, la Marcha del primer acto de Cascanueces, pero también el comienzo de La bella durmiente, justamente después del número de Introducción, trae una marcha. En el primer caso, André Previn dirige la Orquesta Sinfónica de Londres; en el segundo, Anatole Fistulari está al frente del mismo conjunto musical.
Cascanueces
> La bella durmiente
Yendo un poco al oeste, la música del finlandés Jan Sibelius domina nuestros oídos desde territorio liberado de los rusos. Es una de sus obras de juventud la Suite Karelia que canta a una región que amaba, entre otras cosas, porque allá llevó a su esposa en luna de miel. El primero de los tres movimientos es una marcha, aunque lleve el extraño nombre de Intermezzo (no es intermedio entre dos piezas, sino entre la que lo sigue y el silencio que lo precede). Paavo Berglund dirige la Orquesta Sinfónica de Bournemouth.
Intermezzo
El socio de Gounod
No se ha comentado acá que un subgénero de marchas es el de carácter fúnebre. La marcha fúnebre por antonomasia es, sin duda, el segundo movimiento de la Sonata #2 para piano de Federico Chopin, pero es igualmente famoso el tercer movimiento de la Primera Sinfonía (Titán) de Gustav Mahler. También es magnífica la marcha fúnebre de la Músicapara el funeral de la Reina María, de Henry Purcell, que puede escucharse en este blog en Música elegíaca y fúnebre. Ahora sonará la pieza que musicalizaba el programa de TV de Alfred Hitchcock, Marcha fúnebre para una marioneta, del gran melodista francés Charles Gounod. La oiremos por los músicos de la finísima Orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Eugene Ormandy, quien la puliera hasta la perfección. La misma gente interpretará la sabrosa Marcha de los juguetes, de Babes in Toyland, opereta del norteamericano Victor Herbert. Y para aprovechar esta múltiple y opulenta presencia, se cierra esta entrada con la Marcha (cuarto movimiento) de las Metamorfosis Sinfónicas de Paul Hindemith sobre temas de Carl Maria von Weber. (Guardo un grato recuerdo de la impecable ejecución de las Metamorfosis por la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, el 19 de mayo de 1994, en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez).
Consolas de iluminación: Premio Lo Nuestro a la Música Latina, Univisión
Hay canciones en nuestra lengua a las que volvemos una y otra vez. Han tocado en nosotros alguna fibra sentimental con música emocionante o pegajosa; algunas las cantamos a coro en celebraciones familiares o amistosas, con amplia tolerancia a la desafinación. Pueden ser lentas, boleros o tangos; otras serán vivaces y fiesteras, propias para el baile. Son las nuestras.
La novia de Agustín
De ellas he seleccionado veinte por las que tengo especial afecto; son canciones que quiero como si fueran personas, y la primera es el himno de Agustín Lara, su María Bonita, compuesto para el amor de su vida: María Félix. Aquí la canta Julio Iglesias, quien siempre ha contado con magníficos arreglos musicales para sus grabaciones; la interpreta desde la alegría que sólo puede transmitir un mariachi, esta vez enriquecido por lujosas cuerdas y maderas.
María Bonita
Estudiaba el bachillerato, ya con catorce años o algo así, y las canciones amorosas habían adquirido una significación que antes no tenían. Entonces escuchaba con unos pocos compañeros las transmisiones de radio con primitivas listas del top ten del momento, cuando por un mes o más dominaron la colección dos canciones en la voz de Raúl Shaw Moreno: Sabrás que te quiero, Cuando tú me quieras. Aprendimos la cursilería de sus letras y las cantábamos para novias imaginarias; ninguno de nosotros tenía una real. Es la segunda de ellas la que pongo a continuación. (El nombre verdadero del cantante y compositor boliviano era el de Raúl Shaw Boutier, que cambió cediendo parcialmente a proposición del Trío Los Panchos—le sugirieron llamarse Raúl Moreno—por considerar sus apellidos anglo-franceses extraños al idioma del bolero. No es con ellos, sino con Los Peregrinos que canta su canción).
Cuando tú me quieras
Perfecto para enamorar
Hablando de listas, en 1955 produjo el sello RCA Victor el álbum Top Pops of Latin America, una selección de doce boleros a cargo de la orquesta del portorriqueño Rafael Muñoz y las voces de su hijo, Rafi Muñoz, y José Luis Moneró. En mi incipiente despertar erótico, bailé mil veces Niebla del riachuelo, platónicamente enamorado, con Corina Stolk; probablemente ella no se acuerde de la fiesta en casa de Raúl «Pupú» Rodríguez, el amable y fallecido dentista amigo que mucho después extraería tres de mis cordales, y tampoco que la miraba desde lejos en los obligados desfiles perezjimenistas de la Semana de la Patria. (Llegué a ser Jefe de Redoblantes de la Banda de Guerra del Colegio La Salle de La Colina, y en ese carácter tenía autorización para alejarme de la formación en busca de las muchachas, lo que hacía junto con Alberto Sarmiento, Jefe de Trompetas. Mi único interés, Corina, lucía su uniforme de gala en el grupo del San José de Tarbes de La Florida). Es Moneró quien canta, transformado en bolero, el tango de Juan Carlos Cobián.
Niebla del riachuelo
Pertenece a Federico Méndez Tejeda, nacido en el barrio de Guadalupe de Aguascalientes, México, el bolero ¿De qué manera te olvido?, interpretado acá por una de las voces latinoamericanas de más amplio registro y segura melodiosidad, la de Marco Antonio Muñiz. (El autor murió en la Ciudad de México en 1988).
¿De qué manera te olvido?
Hay muchas versiones de La Bikina, la pegajosa ranchera de Rubén Fuentes con letra de María José Quinanilla. Una de las que más estimo es la de Gualberto Ibarreto, nuestro cantante oriental de El Pilar, estado Sucre.
La Bikina
Ignacio Jacinto Villa
Ignacio Jacinto Villa (1911-1971), salvo para los connoisseurs, no es un nombre familiar. Es el del cantante que todos conocimos como Bola de Nieve, pianista y bolerista. Vino muchas veces a Venezuela, y los más jóvenes, impedidos de asistir a cabarets o night clubs, supimos de él por sus interpretaciones en El Show de las Doce (Víctor Saume) o Renny presenta, del impar Renny Ottolina. Villa cantaba en su inconfundible estilo intimista, apropiadísimo para ofrecernos No puedo ser feliz, el bolero de Adolfo Guzmán González.
No puedo ser feliz
Mi señora sostiene que se debe al cantante mexicano Luis Miguel (Gallego Basteri, nacido en San Juan, Puerto Rico) el renacer de los buenos boleros en el gusto de las jóvenes generaciones. Es él quien canta para nosotros No sé tú, una de las canciones más eficaces del grandísimo Armando Manzanero. Esta versión fue tomada de un concierto en vivo.
No sé tú
El rey Pedro
Nada como la riqueza de la voz de Pedro Vargas, el cantante con rostro de indio que llenó a la América Latina, en innumerables conciertos, con incontables discos y películas, de música hermosamente cantada. Venezuela tuvo el honor de ser su anfitriona en varias ocasiones, y aquí dejó amigos—Amable Espina muy especialmente—por montones. Don Pedro Vargas nos canta acá, como el más autorizado intérprete de las canciones de Agustín Lara y acompañado en vivo de mariachi, la magnífica Un viejo amor.
Un viejo amor
Seguramente es el éxito mayor del español Alejandro Sanz su Corazón partío, el sabroso son que además canta como ninguno, con el delicioso tumbao a la vez latino y gitano de su grupo. (Atención muchachos, he aprendido a no decir conjunto, lo que me marcaría como anciano).
Corazón partío
En la misma onda de sabrosura despechada viene la pieza Para no verte más, del estupendo conjunto—quiero decir, grupo—argentino La Mosca Tse-tsé.
Para no verte más
Regresemos a un pasado cincuentoso, cuando El Ruiseñor de América, Alfredo Sadel (contracción de Sánchez Delgado) hacía de las suyas con su noble timbre de voz. Hasta ópera cantó, aceptablemente, este gran tenor venezolano. Aquí interpreta otra canción señera del decano Lara: Palabras de mujer.
Palabras de mujer
El Cantante
En este punto repetiré una anécdota que antes se ha contado en este blog: a comienzos de 1974 vino a Venezuela nadie menos que Duke Ellington, el Papa del Jazz. Requerido por una periodista en el aeropuerto de Maiquetía, debió contestar cuál era su cantante favorito. Ellington dijo que eso dependía del estilo musical, del mood, de muchos factores, pero que si la entrevistadora quería saber quién era el cantante, El Cantante se llamaba José Feliciano. Period. De su propia pluma, y con su propia guitarra acompañada de orquesta, interpreta Paso la vida pensando.
Paso la vida pensando
El maestro Alberto Domínguez—fundador del Conjunto Frenesí (no grupo)—compuso la célebre Perfidia, un bolero que cantaba con especial gusto Daniel Santos, El Inquieto Anacobero, cuya versión podemos escuchar de seguidas.
Perfidia
Un gitano que canta de todo
El entonado gitano Diego el Cigala y el gran pianista cubano Bebo Valdés forman un dúo espectacular para Vete de mí, la canción de Virgilio Expósito a la que su hermano, Homero, puso la letra.
Vete de mí
Apelemos ahora a la lengua hermana—entre las raíces del idioma castellano debemos contar al grupo lingüístico galaico-portugués, y gallegos y portugueses, como los brasileños, son nuestros—para recordar el muy hermoso filme Orfeu Negro, realizado en Brasil en 1959—el suscrito se graduaba de Bachiller en Ciencias—por el director francés Marcel Camus. (Palma de Oro en Cannes, 1959; Oscar y Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera, 1960). Aquí canta Astrud Gilberto el tema principal, Manhã de Carnaval, que crearon a cuatro manos Luiz Bonfá y Antônio Maria de Araújo Morais, para afirmar el movimiento musical del Bossa Nova.
Manhã de Carnaval
La Reina del Azúcar
Es un carnaval de muy distinto temperamento el cantado por la incomparable Celia Cruz en su definitiva rendición de La vida es un carnaval, sabrosa salsa de Víctor Daniel.
La vida es un carnaval
¿Quién no ha bailado una conga en trencito en alguna fiesta de carnaval? La contagiosa Vamos pa’ la conga, de Miguel Matamoros, se vistió con ropaje de lujo en el álbum de Ricardo Montaner (Sonorodven, 1991) En el último lugar del mundo. Músicos del calibre de Ilan Chester (piano) y Frank Quintero (batería) participaron en la grabación. Hela aquí.
Vamos pa’ la conga
¡Cómo cuesta trabajo dejar atrás el espíritu carnavalesco, expiatorio, liberador! Por eso viene ahora el hombre de la bilirrubina, Juan Luis Guerra, con su rica interpretación de Woman de El Callao, emblemático calipso de Julio Delgado que evoca los famosos carnavales de nuestro pueblo guayanés.
Woman de El Callao
Un manantial de boleros grandes
Bueno, viene a curarnos de tanto despelote, de nuevo, Armando Manzanero, con su maravilloso bolero Contigo aprendí. Nos llega en la rotunda voz de Alejandro Fernández.
Contigo aprendí
El Tío Simón
El cierre de este trayecto musical de nuestras entrañas está confiado a la pieza universal del venezolano Simón Díaz—portador de la alegría de vivir mucho—: su famosísimo Caballo viejo, que canta al enamoramiento en la vejez. La canción ha sido interpretada en todo el mundo por numerosos cantores, entre quienes descuella más que ningún otro Plácido Domingo. La versión que suena a continuación es de El Caballero de la Salsa, Gilberto Santa Rosa.
La unción de la reina Alejandra en la coronación de Eduardo VII – Laurits Regner Tuxen (1903)
Las celebraciones pomposas siempre han sido acompañadas de música apropiada a la circunstancia. De allí, por caso, el nombre de las cinco marchas ceremoniales compuestas por Edward Elgar (1857-1934): justamente, Pompa y Circunstancia. La #1 es la más popular de todas; a su elegante tema se la ha puesto letra, y los ingleses saben cantarla como el himno Land of hope and glory. (Ver en este blog el final de Voces en multitud, para un video de su ejecución desde el Royal Albert Hall y el canto simultáneo de un gentío en Hyde Park). Ha sido usada hasta la saciedad para sugerir musicalmente poder o éxito, como en una cuña de la televisión venezolana de la salsa de tomate Heinz, famosa por la deseable viscosidad que hace lenta su salida del frasco. He aquí la marcha #4 en Sol mayor de Elgar, a cargo de la Orquesta Filarmónica de Londres dirigida por el gran director húngaro Sir Georg Solti (1912-1997).
Elgar
Parte de Trompeta I – Fanfarria de La Péri (clic amplía)
Pero bastan unos pocos compases para sugerir solemnidad o importancia al sonido de una breve fanfarria (DRAE: 1.f. Conjunto musical ruidoso, principalmente a base de instrumentos de metal. 2. f. Música interpretada por esos instrumentos). Un ejemplo elocuente es proporcionado por la Fanfare pour précéder La Péri, del compositor francés Paul Dukas (1865-1935), conocido del público general por su familiar El aprendiz de brujo, que el dibujo animado de Walt Disney (1901-1966) inmortalizara en Fantasía (1940).La Péri, o La flor de la inmortalidad es un ballet que Dukas compuso en 1912. La fanfarria de Dukas requiere el concurso de tres trompetas, cuatro trompas, tres trombones y una tuba.
Dukas
Otras fanfarrias despliegan más poder, y la más poderosa de todas es la que abre el poema sinfónico Así hablaba Zaratustra (Also sprach Zarathustra) de Richard Strauss (1864-1949), inspirado en la obra del mismo nombre por Federico Nietzsche (1844-1900). De nuevo, ha sido usada muchas veces; la recordamos en la apertura de 2001: Odisea del espacio, la gran película de Stanley Kubrick (1928-1999) sobre guión convertido posteriormente a novela de Arthur C. Clarke (1917-2008), pero también, nuevamente, en cuñas para televisión de los relojes marca Rolex. Otra vez Georg Solti dirige, en este caso la Orquesta Sinfónica de Chicago, en la sobrecogedora fanfarria. La nota fundamental de la pieza es un Do a 32 hercios, prácticamente en el límite del oído humano para frecuencias graves, tocada en el pedal de un gran órgano de tubos.
Strauss
Esta clase de música, pues, está diseñada para acompañar los actos de solemnidad, que cumplen función propagandística en busca de la exaltación de personajes poderosos. Antes estaba asociada a personajes de la realeza en sus distintas ceremonias, pero aun en países de gobierno republicano se las emplea para realzar a sus mandatarios. O ¿qué es, si no, la ejecución del Himno Nacional de Venezuela en honores al Presidente de la República? No otra cosa que la exaltación de ese funcionario como si estuviera por encima de los mortales ordinarios. Por fortuna, Aaron Copland (1900-1990) tuvo la ocurrencia de componer su Fanfarria para el hombre común, una celebración democrática del ciudadano de a pie. (Puede escuchársela en este blog por la Orquesta Sinfónica de Detroit bajo la batuta de Antal Doráti (1903-1988) en Música política y también por la Orquesta de Filadelfia que dirigía Eugene Ormandy (1899-1985) en Más música política. (Como Solti, Doráti y Ormandy eran húngaros. Algo sabrán de música en Hungría).
Así como Elgar, otro compositor inglés, William Walton (1902-1983), compuso marchas ceremoniales. Suya es la Marcha de la coronación Crown Imperial, compuesta en 1937 para la coronación de Jorge VI de Inglaterra (1895-1952), el rey tartamudo—representado por Colin Firth (1960), Oscar a la mejor actuación de 2010—, que era el padre de la actual reina Isabel II (1926). Aquí es interpretada por la Orquesta Sinfónica de Londres dirigida por Sir John Barbirolli (1899-1970).
Walton
No hay duda de que los temas, usualmente épicos, que Richard Wagner (1813-1883) escogía para sus óperas se prestan para la composición de música solemne. Tampoco dudamos que esta propensión a la grandiosidad se expresa elocuentemente en la Obertura de Los Maestros Cantores de Nuremberg. Quizás haya sido esa pieza ejecutada como nadie por los músicos de la Orquesta Filarmónica de Berlín, cuando eran dirigidos por el célebre Herbert von Karajan (1908-1989), austríaco de ascendencia macedonia. Es la versión que ahora podemos escuchar una de las muchas veces que tocaron la hermosa y noble pieza.
Wagner
Coronación de Nicolás II Romanov – Laurits Tuxen (1898)
Mucha música ceremonial y solemne fue compuesta por los rusos. Modesto Moussorgsky (1839-1881) produjo un ejemplo típico en su Introducción y polonesa a la ópera Boris Godunov, que nunca contó con la aprobación de la familia imperial. Vladimir Stasov (1824-1906) escribió a Nikolai Andreievitch Rimsky-Korsakov (1844-1908) una carta en 1888 en la que refiere cómo el zar Alejandro III (1845-1894), a quien se había presentado una lista de óperas a ser escenificadas en el invierno, tachó con su mano imperial la ópera de Moussorgsky, que había sido estrenada en 1874 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo. No era para menos; entre las escenas de la obra estaba una en la que un policía zarista arremetía a rolazos contra gente de la plebe. Claudio Abbado (1933) dirige a la Filarmónica de Berlín.
Moussorgsky
Eugene Ormandy y sus músicos de Filadelfia nos ofrecen ahora la ejecución de dos piezas de similar carácter en tempo diferente: de Mikhail Ippolitov-Ivanov (1859-1935) la Procesión de los Sardar de sus Esbozos caucásicos, y de Rimsky-Korsakov la Procesión de los nobles de la ópera Mlada.
Ippolitov-Ivanov
Rimsky-Korsakov
Ya en el siglo XX, Sergei Prokofiev (1891-1953) compuso música de pompa, aunque en el primer ejemplo que se pone acá se trate de una sátira: su ópera El amor de las tres naranjas, de la que escucharemos su Marcha. Radio Caracas Televisión la empleó para musicalizar a fines de los cincuenta la presentación, los domingos por la noche, de su serie El Sr. Fiscal (District Attorney); esta música sonaba mientras la voz engolada de un locutor enumeraba con marcadas pausas las marcas de General Motors, el patrocinante del programa: «¡Chevrolet… Pontiac… Oldsmobile…Buick… Cadillac… Opel… Vauxhall… y camiones GMC… presentan El Sr. Fiscal!» Por otro lado, la música que reconoce la nobleza de dos familias veronesas shakespeareanas, los Montescos y Capuletos, es uno de los números más conocidos de un ballet de Prokofiev: Romeo y Julieta. Leonard Bernstein con la Orquesta Filarmónica de Nueva York y Riccardo Muti con la de Filadelfia, ejecutan estas piezas en sucesión.
Prokofiev (1)
Prokofiev (2)
Premios Oscar para Bergman y Brynner
Propongo que nos quedemos, para finalizar, a mitad de camino entre Rusia y Occidente. Alfred Newman (1901-1970) compuso mucha música para el cine, incluyendo la energizante Fanfarria de la 20th Century Fox. Es justamente ella la que suena antes de que, inmediatamente, surja el tema de la película Anastasia (Ingrid Bergman, Helen Hayes y Yul Brynner en 1956), también de su composición, en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica Nacional de Washington que él mismo dirige. La historia de la archiduquesa rusa, presuntamente salvada por milagro de la masacre en Ekaterimburgo (1918) que acabó con la dinastía Romanov, fue retomada por los Estudios Fox de Animación, los que confiaron a David Newman (1954), hijo de Alfred, la música de su primer filme animado.
Newman
Como podemos ver, hasta los impostores han merecido música que celebra su pretendida nobleza. LEA
La cabalgata de las valkirias musicalizó el filme de Francis Ford Coppola
La música es arte que comunica, como todas. Estamos acostumbrados, mayormente por su eficaz empleo en las películas, a tenerla por arte esencialmente expresiva. Un estado de ánimo o mood—melancólico, temeroso, desesperado, desenfadado, alegre, triunfal—se refuerza en el cine con el poder de la música como transmisora de sentimientos. Pero aun sin la imagen, es capaz de transmitirnos emoción con gran elocuencia.
Esta comunicación es, sin embargo, imprecisa. El maestro José Antonio Calcaño, en su Curso de Apreciación Musical, apuntaba que si la música podía transmitir dolor no precisaba si éste era causado por un pinchazo o porque la esposa le hubiera montado cuernos al doliente. La música es tan fuerte como la indefinición oceánica de un sentimiento intenso, aunque el agrado o desagrado que suscita en nosotros no es tan nítido como un dibujo de Alberto Durero o Héctor Poleo. Es más expresión que percepción.
Beethoven, 1808
Pero en ocasiones se ha compuesto música descriptiva. Un ejemplo temprano ocurre en la Sexta Sinfonía de Ludwig van Beethoven. Entre los ideales del Romanticismo era la adoración de la Naturaleza un elemento esencial, y Beethoven quiso expresarlo en lo que se conoció, apropiadamente, como su Sinfonía Pastoral. Más allá de la celebración sonora y abstracta de lo natural, el cuarto movimiento de esa obra incluye la vívida descripción de una tormenta, incluyendo el alejamiento del fragor de los truenos al ceder el chubasco. He aquí la sección del 4º movimiento que lo describe. (Leonard Bernstein dirige la Orquesta Filarmónica de Viena).
Tormenta
Grofé, 1929-1931
Fue ese mismo fenómeno atmosférico el pintado por Ferde Grofé en el último movimiento—Cloudburst—de su Suite del Gran Cañón, toda ella música descriptiva. (El segundo movimiento, por ejemplo, lleva el nombre Desierto pintado; el cuarto Puesta de sol). Su empleo de la orquesta, más moderna que la que usaba Beethoven, es mucho más literal; es más fácil identificar en esta pieza los golpes de relámpago o de trueno. Al cesar la lluvia, la sobrecogedora belleza del Gran Cañón del Colorado se manifiesta límpida e imponentemente. La orquesta Mannheim Steamroller, fundada por Chip Davis y Jackson Berkey, se encarga de tocarnos este chaparrón.
Chaparrón
Wagner, 1870
No sólo paisajes, sino también la acción puede ser registrada por la música. En La valkiria, una de las óperas de Richard Wagner que integran la tetralogía de El anillo de los nibelungos, ocurre la Cabalgata de las valkirias, interpretada en conciertos y grabada abundantemente. El noticiero de guerra alemán Die Deutsche Wochenschau empleaba el tema durante la II Guerra Mundial, y en Apocalyse Now es reproducido, por los altavoces de helicópteros de guerra de los EEUU, en el bombardeo de un villorrio en Vietnam para amedrentar a los habitantes. La conocida pieza evoca perfectamente a las semidiosas del panteón nórdico arreando a sus corceles. Daniel Barenboim dirige a la Orquesta de París en esta versión.
Cabalgata
Prokofiev, 1938
El combate es una acción típicamente humana, y la literatura musical se ha ocupado del tema en más de una ocasión. Sergei Prokofiev se presenta aquí con dos ejemplos: en primer lugar, la Batalla sobre el hielo, de la cantata Alexander Nevsky, que compusiera para la película de Sergei Einsenstein; luego, de su ballet Romeo y Julieta, la Muerte de Teobaldo, que describe su esgrima mortal con Romeo. Otro ruso, Pyotr Illich Tchaikovsky, usó música descriptiva en Cascanueces para una pelea fantástica: la Batalla del Cascanueces y el Rey de los Ratones. Finalmente, no sólo ha pintado la música luchas épicas o trágicas o de cuentos infantiles; en Billy the Kid, de Aaron Copland, uno de sus pasajes refiere el tiroteo previo a la captura del famoso forajido. En sucesión, André Previn y la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, Riccardo Muti con la Orquesta de Filadelfia, el mismo Previn al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres y Eugene Ormandy repitiendo en Filadelfia interpretan las pugnaces piezas.
Batalla
Muerte
Batalla 2
Tiroteo
Holst, 1914-1916
La música puede dejar de ser estrictamente descriptiva para representar sugerentemente: Marte es, por supuesto, el dios romano de la guerra. El planeta rojo, nuestro vecino que tiene su nombre, tiene, además de valor mitológico, contenido astrológico. En su suite Los planetas, Gustav Holst llama a su primer movimiento Marte, el portador de la guerra. (Piezas como las de la obra de Holst eran usadas frecuentemente por musicalizadores en la radio. La radionovela que sucedió a El derecho de nacer, también de Félix B. Caignet, se llamó Los ángeles de la calle, y el tema escogido por Radio Caracas fue Júpiter, el portador de la jovialidad). Marte es representado por música ominosa, con carácter parecido a la que usaba Globovisión para reportar algún evento tenso y molestaba particularmente a Hugo Chávez. Lorin Maazel, un director que viniera a Venezuela en 1975, queda a cargo de la Orquesta Nacional de Francia en esta ejecución.
Marte
Saint-Säens, 1886
Camille Saint-Säens compuso la suite Carnaval de los animales; sus catorce movimientos tienen clara intención descriptiva. El más famoso y más hermoso es El cisne, que con frecuencia se interpreta separadamente, a veces como número de ballet. También se presenta en arreglos diferentes. Aquí tocan la pieza Jacqueline du Pré, en el violonchelo, y Osian Ellis que acompaña al arpa.
Cisne
Debussy, 1903-1905
Alejándonos de animales y personas, regresamos al paisaje, y esta vez con el de una entidad en incesante movimiento. Tenía que ser el Padre del Impresionismo musical, Claude Debussy, quien acometiera exitosamente la descripción del mar. La mer, en tres movimientos, es una obra maestra de la música, con una complejidad armónica y rítmica que representa fielmente distintas facetas del agua que baña las costas de los continentes. El segundo de ellos, Juego de las olas, es tal vez el más hermoso de los tres. La Orquesta Philharmonia es conducida por Carlo Maria Giulini en esta ocasión.
Juego
Britten, 1945
Es asimismo música de mar el grupo de cuatro Interludios marinos de la ópera Peter Grimes, compuesta por Benjamin Britten, que usualmente se graba con la Passacaglia de la misma obra. El segundo interludio, menos ácido que sus compañeros, es Mañana de domingo. Una estupenda versión es la que logra André Previn con la Orquesta Sinfónica de Londres.
Mañana
Respighi, 1924
Ottorino Respighi tenía una hábil paleta orquestal que empleaba inteligentemente para describir. En la suite Los pinos de Roma, sus cuatro movimientos retratan los pinos de la Villa Borghese, los que rodean a una catacumba, los del Janículo, aquellos que bordean la Vía Appia. Es este último movimiento el que cierra la obra, y más bien narra el paso de las legiones del Imperio Romano en marcha por la clásica avenida. Eugene Ormandy conduce, una vez más, la Orquesta de Filadelfia que sonaba tan bien bajo su mando.
Pinos
Cerramos esta incompleta selección de música descriptiva con la obra que dio fama a Arthur Honnneger: Pacific 231. Este «movimiento sinfónico» compuesto en 1923 representa a una locomotora. Las cifras aluden al número de ejes de la máquina, según la costumbre francesa. El modelo representado tenía 2 ejes de ruedas direccionales, 3 ejes de ruedas motrices y 1 eje de ruedas de cola. Jean Mitry hizo con la pieza una película premiada en 1949, y es ella la que se muestra en este video de despedida. Ud. concederá que Honneger describía muy bien. LEA
Tanto la «música culta»como la «popular» se han llevado siempre bien con el humor. Las travesuras de Till Eulenspiegel (Richard Strauss) y el golpe de timbal para despertar a oyentes dormidos de la Sinfonía Sorpresa de Franz Josef Haydn nos son familiares. Lo jocoso y lo armónico no están reñidos, y a nuestros tiempos ha llegado esta feliz asociación; son muchos y algunos muy buenos los espectáculos que combinan la ejecución de material musical con el humor fino. He aquí una esquemática selección de episodios de humor y música.
Eugeni Jofra i Bafalluy
Primero que nada, un aria a capella, sin instrumentos. El incomparable Eugenio—Eugeni Jofra i Bafalluy (1941-2001)—nos cuenta uno de sus chistes clásicos, cuyas escenas tienen lugar en un hospital de campaña alemán durante la Segunda Guerra Mundial.
Eugenio
Gerard Hoffnung
Ahora todo lo contrario: música sin voz por la Orquesta del Festival Hoffnung. El Sr. Gerard Hoffnung (1925-1959) produjo tres festivales de música humorística en el Royal Festival Hall de Londres, en 1956, 1958 y 1961 (mientras en Venezuela iniciábamos y completábamos el proceso de tumbar a un dictador). Hoffnung se convirtió en un apreciable ejecutante de tuba, y era también un buscado caricaturista y expositor. La pieza que sigue es característica de su producción: un movimiento sinfónico que pasa de un tema a otro de distintos compositores. Pruebe Ud. a reconocer los distintos materiales y su procedencia en el siguiente archivo de audio:
Hoffnung
Peter Schickele
Luego pondré acá seis extraordinarios ítems de humor musical; todos están en inglés, pero estoy seguro de que la mayoría de los lectores entenderá algunos de los chistes. Antes que nada, dos fragmentos de Peter Schickele (1935), el fino humorista que inventó la personalidad de P. D. Q. Bach, supuestamente uno entre los veinte hijos de Johann Sebastian, músico como él mismo y como la prole de Carl Philipp Emanuel, Johann Christian, Johann Cristoph Friedrich y Wilhelm Friedemann Bach. El mítico P. D. Q. habría sido el peor de todos ellos. Aquí Schickele presenta al compositor y su Concierto para trompa y hardart (un instrumento construido a propósito; Horn & Hardart fueron los dueños de expendios de comida tragamonedas, de allí el juego de palabras de la pieza). Luego, Schickele hace la presentación de su Sinfonía Incomenzada (Unbegun Symphony), cuyo nombre alude a la Sinfonía Inconclusa (Unfinished Symphony) de Franz Schubert.
Concierto para trompa y hardart
Sinfonía incomenzada
Victor Borge
La escena está servida para la descacharrante entrada de Victor Borge (1909-2000). Este genio del humor había comenzado su carrera como concertista de piano en su Dinamarca natal. Escapado del nazismo—era de familia judía—, llegó a los Estados Unidos en 1940 con veinte dólares por único capital, donde debió gastar tres de ellos en la tasa de aduana. Es sorprendente que alguien que no hablara entonces ni una palabra de inglés, se convirtiera luego en un maestro del idioma y un comediante de primera. En sus presentaciones, combinaba ingeniosos parlamentos comiquísimos con la ejecución traviesa de piezas para el piano, tanto clásicas como populares, a menudo mezclándolas. El primer fragmento corresponde a la introducción de uno de sus espectáculos en Nueva York; después podemos escucharle la genialidad de su Lenguaje inflacionarioy la divertida rapidez de su Puntuación fonética. Concluye su aparición en este blog con Una ópera de Mozart, en la que canta todas las voces del elenco de cantantes.
Introducción
Lenguaje inflacionario
Puntuación fonética
Una ópera de Mozart
Metían Medio Evo
Cerremos esta muestra dejando atrás la lengua de Shakespeare. Es un clásico del humor musical venezolano Laura la sifrina, canción de Medio Evo (sin alusión boliviana), inteligente grupo que formaron Gonzalo «Chile» Veloz, Pimpi Santiesteban, Álvaro Serrano, Ana Valencia y mi primo hermano, Carlos Moreán Corothie. Laura fue la más importante precursora del escualidismo nacional.
Laura la sifrina
Y no hay duda de que los comediantes de lengua española que destacan como los mejores cultores del humor musical forman el exitoso conjunto argentino de Les Luthiers. Helos aquí en sonido e imagen, con prácticos consejos dirigidos a gente que quiere acabar con su vida, como la inmensa mayoría de nuestro estamento político. Hasta el próximo suicidio colectivo, programado para el 7 de octubre. LEA
María Ignacia, Cecilia Ignacia, Eugenia Josefina y Luis Armando
Cuando se tiene un hijo, se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera, se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga y al del coche que empuja la institutriz inglesa y al niño gringo que carga la criolla y al niño blanco que carga la negra y al niño indio que carga la india y al niño negro que carga la tierra.
Andrés Eloy Blanco
Los hijos infinitos
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La dedicatoria de Las élites culposas pone: A Eugenia Josefina, la hija bien nacida; a Luis Armando, el hijo que envidio; a María Ignacia, la hija que quise tener. A Leopoldo Enrique, el hijo primero; a Beatriz Cecilia, la hija que vale la pena. A Nacha Sucre, “ese norte tan cercano”.
Quiero explicarla.
A Eugenia, la mayor de mis hijas, su nombre le viene de su abuelo materno, Armando Sucre Eduardo, quien lo escogió para ella y dijo: «En griego significa bien nacida». Comoquiera que ya yo veneraba a mi suegro, agradecí con orgullo que él dijera eso, pues equivalía a su aprobación de mi matrimonio con su hija. Recién nacida la llevé a mi oficina en el CONICIT, donde la visitaron los empleados como pastores y Reyes Magos y la admiraron maravillados sobre una mesa de reuniones; uno le puso el mote de Estrella de la mañana. Hoy, cuando ya no le da hipo reír, sigue siendo bella y buena.
Luis Armando tiene invertidos los nombres de su abuelo y es su vivo retrato; porta un cromosoma Alcalá y cuarenta y cinco Sucre. Es el primer descendiente varón de Armando y tiene un talento para la amistad y un instinto innato de la justicia; sus amigos son legión y lo adoran. Es hombre sensato y amable y a la vez un hombre serio. Por esas cosas lo envidio. Tendría diez u once años cuando me escribió en una tarjeta del Día del Padre: «No cambies nunca». ¿Cómo podría no quererlo?
María Ignacia lleva el primer nombre de mi madre—nació, como ella, un 12 de septiembre—y el segundo de mi esposa. Cuando ella y yo la concebimos en diciembre de 1984, como otras veces, la economía de la casa, por culpa de mi actividad política, no estaba boyante. En misMemorias prematurasregistré una apelación en sala de parto: «Cuando cargué a María Ignacia por primera vez le dije al oído que me ayudara, que yo había querido tenerla porque había sentido que yo saldría adelante y podría mantenerla, y que ahora le pedía me transmitiera la fuerza de su vida comenzando».
Tomé prestado de mi señora para referirme a ella, la gestadora de esos hijos, una frase de su libro: Alicia Eduardo – Una parte de la vida. Allí refiere la impresión que causaba a sus bisabuelos marabinos, ya residenciados en Caracas, «la cercanía de la imponente cordillera, el cerro Ávila, de inmensa mole verde como gigante siempre presente. Las ciudades donde hasta ahora habían vivido eran todas planas, y este cerro, este norte tan cercano de donde bajaban burros con flores de Galipán al amanecer, y adonde volvían las periqueras en las tardes después de bañarse en el río Guaire, los sobrecogió por algún tiempo». Nacha es mi cerro Ávila, mi brújula.
Beatriz Cecilia y su hija menor, Anabella Del Valle
Ella también me trajo a Beatriz Cecilia, la hija de su primer matrimonio con Antonio Escalona. Es hija que vale la pena, por su incansable fuerza, su fantástica habilidad para resolver situaciones difíciles y su generosa diligencia.
A mi vez, le aporté a Leopoldo Enrique, quien era el niño más hermoso que yo hubiera conocido y es ahora un varón a quien debo muchas ayudas, incluyendo las necesarias a la creación y mantenimiento de este blog; además me ha dado una nieta maravillosa, mi princesa Maya, nacida el primer Día de Reyes del tercer milenio. Pareció mezquina la escueta mención de hijo primero en la dedicatoria, pero es que ya le había dedicado mi primer libro, de esta manera:
Leopoldo Enrique cumplía tres años
Mi padre fue quien me enseñó aquello de que un hombre no está completo si no ha tenido un hijo, si no ha sembrado un árbol y si no ha escrito un libro. Este es mi primer libro y si no sé cuál es el primer árbol que sembré no tengo dudas de quien fue mi primer hijo. Es causa de un amor y de un orgullo de los que no he podido recuperarme. Dedico mi primer libro a Leopoldo Enrique Alcalá Manzanilla.
Puedo decir lo mismo de todos mis hijos. Dios me ha concedido la petición que hace aquí Andrés Eloy Blanco, con su propia voz, en Coloquio bajo la palma:
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Cada pulpero alaba su queso, por supuesto, y ahora quiero precisamente por eso celebrar, con un tributo musical, a los millones de colegas que tengo en el mundo, a los padres en su día.
Todos los padres—que no lo seríamos sin las madres—sabemos que serlo no es cosa fácil. Es ley de vida que la distancia de las generaciones traiga consigo la incomprensión inevitable de padres e hijos, pero esto es una tensión creadora. Por mi parte, he averiguado hace un tiempo—entre risas filiales divertidas con mi decrepitud terminológica—algunas palabras más modernas que me facilitan la comunicación con los míos. Ya no digo, por ejemplo, «conjunto» para referirme a los músicos en una fiesta, sino «grupo». Nadie como Cat Stevens retrató en una canción esta diferencia generacional. Ahora nos canta Father and son:
Father It’s not time to make a change, Just relax, take it easy. You’re still young, that’s your fault, There’s so much you have to know. Find a girl, settle down, If you want you can marry. Look at me, I am old, but I’m happy.
I was once like you are now, and I know that it’s not easy, To be calm when you’ve found something going on. But take your time, think a lot, Why, think of everything you’ve got. For you will still be here tomorrow, but your dreams may not.
Son How can I try to explain, when I do he turns away again. It’s always been the same, same old story. From the moment I could talk I was ordered to listen. Now there’s a way and I know that I have to go away. I know I have to go.
Father It’s not time to make a change, Just sit down, take it slowly. You’re still young, that’s your fault, There’s so much you have to go through. Find a girl, settle down, If you want you can marry. Look at me, I am old, but I’m happy.
Son All the times that I cried, keeping all the things I knew inside, It’s hard, but it’s harder to ignore it. If they were right, I’d agree, but it’s them you know not me. Now there’s a way and I know that I have to go away. I know I have to go.
Un problema análogo confrontó Andrea Bocelli el 6 de mayo de 1992, cuando compuso una carta a su padre que recita abajo contra un fondo musical, pero si en la canción anterior no emerge el cariño en A mio padre hay claramente tanto respeto como amor:
Caro Babbo, Inutile discutere D’accordo non saremo mai Che cosa c’e di strano in cio Trent’anni ci separano O forse C’e il timore in te Di non trovare piu la forza D’essere al mio fianco Se gli ostacoli mi fermano.
Non preoccuparti, ascoltami Avro problemi Affronto infami ma Niente mi spaventera’ Niente mi corrompera’ Niente al mondo Mi fara scordare che Posso vincere E voglio farcela da me. E voglio farcela da me.
So bene che per te e difficile Giustificare Questa smania di combattere Osare l’impossibile….lo so
Ti sembrera incredibile Ma piu ci penso piu m’accorgo che Assomiglio proprio a te E non sai come vorrei Che la forza non ti abbandonasse mai Per averti qui E non arrendermi Mai
Ciao Babbo, A presto
Los padres tenemos que explicar el mundo a los hijos, desde que comienzan con sus porqués y hasta más grandes, como exige Joan Manuel Serrat al suyo en la canción que canta en catalán: Padre («Dime que le han hecho al río que ya no canta», una típica canción de protesta).
Pare digueu-me què li han fet al riu que ja no canta. Rellisca com un barb mort sota un pam d’escuma blanca.
Pare que el riu ja no és el riu. Pare abans que torni l’estiu amagui tot el que és viu.
Pare digueu-me què li han fet al bosc que no hi ha arbres. A l’hivern no tindrem foc ni a l’estiu lloc per aturar-se.
Pare que el bosc ja no és el bosc. Pare abans de que no es faci fosc ompliu de vida el rebost.
Sense llenya i sense peixos, pare, ens caldrà cremar la barca, llaurar el blat entre les enrunes, pare i tancar amb tres panys la casa i deia vostè…
Pare si no hi ha pins no es fan pinyons ni cucs, ni ocells.
Pare on no hi ha flors no es fan abelles, cera, ni mel.
Pare que el camp ja no és el camp. Pare demà del cel plourà sang. El vent ho canta plorant.
Pare ja són aquí… Monstres de carn amb cucs de ferro.
Pare no, no tingeu por, i digueu que no, que jo us espero.
Pare que estan matant la terra. Pare deixeu de plorar que ens han declarat la guerra.
En cambio, Barbra Streisand canta a un padre ausente un llamado amoroso y desgarrador: Papa, can you hear me? de la película musical Yentl.
PRAYER God – our heavenly Father. Oh, God – and my father Who is also in heaven. May the light Of this flickering candle Illuminate the night the way Your spirit illuminates my soul.
Papa, can you hear me? Papa, can you see me? Papa, can you find me in the night?
Papa, are you near me? Papa, can you hear me? Papa, can you help me not be frightened?
Looking at the skies I seem to see a million eyes Which ones are yours? Where are you now that yesterday Waved goodbye And closed its doors? The night is so much darker. The wind is so much colder
The world I see is so much bigger now that I’m alone.
Papa, please forgive me. Try to understand me. Papa, don’t you know I had no choice?
Can you hear me praying, Anything I’m saying, Even though the night is filled with voices?
I remember ev’rything you taught me Ev’ry book I’ve ever read. Can all the words in all the books Help me to face what lies ahead? The trees are so much taller And I feel so much smaller. The moon is twice as lonely And the stars are half as bright.
Papa, how I love you. Papa, how I need you. Papa, how I miss you Kissing me goodnight.
Ahora tenemos Canción a papá (Song for dad) en la agradable voz de Keith Urban:
Lately I’ve been noticing I say the same things he used to say And I even find myself acting the very same way I tap my fingers on the table To the rhythm in my soul And I jingle the car keys When I’m ready to go When I look in the mirror He’s right there in my eyes Starin’ back at me and I realize
The older I get The more I can see How much he loved my mother and my brother and me And he did the best that he could And I only hope when I have my own family That everyday I see A little more of my father in me
There were times I thought he was bein’ Just a little bit hard on me But now I understand he was makin’ me Become the man he knew that I could be In everything he ever did He always did with love And I’m proud today to say I’m his son When somebody says I hope I get to meet your dad I just smile and say you already have
The older I get The more I can see How much he loved my mother and my brother and me And he did the best that he could And I only hope when I have my own family That everyday I see A little more of my father in me
He’s in my eyes My heart, my soul My hands, my pride And when I feel alone
And I think I can’t go on I hear him sayin’ «Son you’ll be alright» Everything’s gonna be alright» Yes it is
The older I get The more I can see That he loved my mother and my brother and me And he did the best that he could And I only hope when I have my own family That everyday I see Oh I hope I see I hope everyday I see A little more of my father in me
A little more of my father in me I hope everyday I see in me In me In me I hope everyday I see
A little more of my father in me
Enrique Iglesias siguió la huella de su padre, el crooner español Julio Iglesias. La canción Quizás es un tributo a quien le dio la mitad de su ser y le marcó el camino:
Hola viejo, dime como estás,
los años pasan y no hemos vuelto a hablar
y no quiero que te pienses
que me he olvidado de ti.
Yo por mi parte no me puedo quejar
trabajando como siempre igual
aunque confieso que en mi vida
hay mucha soledad.
En el fondo tú y yo somos casi igual
y me vuelvo loco sólo con pensar.
Quizás la vida nos separe cada día más,
quizás la vida nos aleje de la realidad,
quizás tú buscas un desierto y yo busco un mar,
quizás que gracias a la vida hoy te quiero más.
Hola viejo, dime como estás,
hay tantas cosas que te quiero explicar
porque uno nunca sabe
si mañana este aquí.
A veces hemos ido marcha atrás
y la razón siempre querías llevar,
pero estoy cansado
no quiero discutir.
En el fondo tú y yo somos casi igual
y me vuelvo loco sólo con pensar.
Quizás la vida nos separe cada día más,
quizás la vida nos aleje de la realidad,
quizás tú buscas un desierto y yo busco un mar,
quizás que gracias a la vida hoy te quiero más. Quizás la vida nos separe cada día más,
quizás la vida nos aleje de la realidad,
quizás tú buscas un desierto y yo busco un mar,
quizás que gracias a la vida hoy te quiero más.
Hola, viejo dime como estás,
los años pasan y no hemos vuelto a hablar
y no quiero que te pienses
que me he olvidado, de ti.
Los abuelos son, naturalmente, padres; por así decirlo, por partida doble, progenitores en cascada. Uno de los tangos de lujo del gran Astor Piazzolla se llama Adiós, nonino:
Por supuesto, los noninos dan babbinos (papitos), como atestigua Renée Fleming cantando, de la ópera Gianni Schicchi de Giacomo Puccini, O mio babbino caro:
Matt Redman llega ahora con su canción del padre, Father’s song, que alude al celestial:
I have heard so many songs Listened to a thousand tongues But there is one That sounds above them all
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart
Heaven’s perfect melody The Creator’s symphony You are singing over me The Father’s song Heaven’s perfect mystery The king of love has sent for me And now you’re singing over me The Father’s song
I have heard so many songs Listened to a thousand tongues But there is one That sounds above them all [Sounds above them all]
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart
It’s Heaven’s perfect mystery The king of love has sent for me And now you’re singing over me The Father’s song
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart [It’s written on my heart]
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart It’s written on my heart You sing it over me Father
Es así; los padres tenemos el honor de ser tenidos como dioses: en las mitologías más cercanas el dios principal es paternal. El Dyus pitar del sánscrito es Zeus pater para los griegos y Júpiter (Diespiter en itálico, Deus pater en latín) para los romanos. El Dios de Abrahán, común al judaísmo, al catolicismo y el islamismo, es el Padre Celestial. Jesús de Nazaret compuso la oración cristiana por excelencia: el Padre Nuestro. Acá canta precisamente eso, de nuevo, Andrea Bocelli, esta vez en compañía del Coro del Tabernáculo Mormón (y no es una cuña a favor de Mitt Romney):
¡Feliz día, Padre eterno! LEA ______________________________________________________________
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