Alto al fuego

La paz no necesita dudas

La paz no necesita dudas

 

Imagine all the people
 living life in peace… Imagine all the people
 sharing all the world…

John LennonImagine

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Condena de la hipocresía

Condena de la hipocresía

Un libro en octavo recortado con carátula verde, de tal vez 120 páginas de contenido, me llamaba desde la vitrina de una librería en la Avda. Independencia de Mérida, frente al Rectorado de la Universidad de Los Andes. Era Kalki o el futuro de la civilización, obra publicada en castellano por Doxa en 1954; su autor, Sri Radhakrishnan. Era el año de 1962 cuando la compré y la leí, pero no logro olvidar la página impar en la que resaltaba una condena de Radhakrishnan, que comenté en la Carta Semanal #38 de doctorpolítico (29 de mayo de 2003):

En Kalki: El futuro de la Civilización, Sri Radhakrishnan postulaba una convergencia, si se nos permite el uso del término, entre la civilización oriental—de la que él era, por supuesto, un representante—y la civilización occidental, predicción que por cierto no habría satisfecho a Mohatmas Gandhi en sus momentos de mayor ironía, pues a éste le preguntó una vez un periodista: “¿Qué opina Ud. de la civilización occidental?” Gandhi replicó: “Me parece una buena idea”. Radhakrishnan, en un pasaje del libro mencionado, discutía el fundamento ético del protocolo de Ginebra que proscribe el empleo de gases y armas bacteriológicas (1925) en los conflictos bélicos. No le parecía consistente que fuera permitido achicharrar a decenas de personas con bombas incendiarias o que fuese comme il faut atravesar el cerebro de alguien con una bayoneta, mientras se consideraba un atentado contra la urbanidad de la guerra el uso de un gas venenoso. Para Radhakrishnan esto equivalía a criticar a un lobo “no porque se comiese al cordero, sino porque no lo hacía con cubiertos”. Es decir, opinaba que el protocolo de Ginebra no era otra cosa que un ejercicio de hipocresía típicamente occidental.

«Según el Bhagavata puraná, Kalki vendrá al final de kali iugá—la era del demonio Kali (que no se debe confundir con la diosa Kalí)—montado en un caballo blanco, blandiendo una espada para matar a toda la humanidad (que estará completamente degradada) e iniciar una nueva satiá iugá—la era de la verdad—con los sabios que se han conservado puros en los Himalayas». (Wikipedia en Español).

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El mundo está en vilo por los acontecimientos de Ghouta, suburbio de Damasco en Siria bajo control rebelde, y sus posibles secuelas. Ya no se discute si el 21 de agosto armas químicas fueron empleadas allí—posiblemente la neurotoxina Sarín—, sino el número de víctimas—entre 300 y 1.700—y la autoría del ataque. Los representantes de la Mesa de la Unidad Democrática—Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Israel, Suecia y Turquía, junto con otros partidos menores—adjudicaron la culpa al gobierno sirio; los representantes del PSUV—el propio gobierno sirio, Irán y Rusia—acusaron a los rebeldes del ataque. (El incidente ocurrió casi un año exacto después de que Barack Obama dijera—el 19 de agosto de 2012—que el uso de armas químicas por parte del gobierno de Bashar al-Assad modificaría el «cálculo» de los Estados Unidos sobre el persistente conflicto civil sirio).

Ahora se espera los resultados de la observación de funcionarios de las Naciones Unidas en el área. Al principio, Assad negó el acceso a los inspectores, que se encontraban a unos 10 kilómetros del sitio envenenado; el 26 extendió el permiso a la inspección—luego de que la ONG Médicos Sin Fronteras contabilizara 355 muertes por armas químicas, el 24—y los funcionarios de la ONU fueron recibidos a tiros. El ejército de Hassad ha procedido a bombardear sistemáticamente el área del incidente, por lo que tal vez sea imposible encontrar una escena del crimen como lo quisiera CSI Miami.

Pero cuatro buques de guerra estadounidenses se aproximan a las costas sirias, mientras el Reino Unido reúne aviones ofensivos en Chipre, su base mediterránea. No se descarta que los EEUU e Inglaterra ataquen objetivos militares sirios en represalia por lo que han llamado una «absoluta aberración». Una operación de esa clase es sólo un castigo; no tendría como objetivo el derrocamiento del régimen de Assad, y si fuere dirigida, al menos en parte, contra los depósitos sirios de armas químicas posiblemente esparcería gases venenosos que pudieran matar más personas que las que murieron en Ghouta.

Los cadáveres de Gouta (clic amplía)

Los cadáveres de Ghouta (clic amplía)

Ese cuadro horrible es el resultado del pigmento con que se le pinta: el óleo de la Realpolitik. (Según la Enciclopedia Británica, esta clase de política “…postula que los estados buscan el engrandecimiento de su propio poder como un fin en sí mismo y que la búsqueda de ese poder se basa en la amenaza y el empleo de la fuerza militar y la coerción económica”). Es eso lo que el concepto convencional de la política—«los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas (…) a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”; Pedro Pablo Aguilar, 7 de junio de 1986—es perfectamente capaz de producir, porque la política «sería» así: «un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin)», según instruía Hugo Chávez a la Corte Suprema de Justicia en 1999. Bueno, en Siria este peligroso escenario darwiniano ya va por 100.000 muertos: en junio, 25.000 muertos (31,25%) eran del PSUV (soldados de Assad); 18.000 (22,5%) de la MUD (rebeldes) y 46,25% o ¡37.000 muertos eran civiles ajenos a la confrontación o Ni-ni! (Parecen números de IVAD: en julio, 34,8% de oficialistas, 23,2% de opositores, 42% de independientes no alineados).

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El mundo debe repudiar deliberadamente, con la mayor claridad y decisión, a los políticos que sólo saben pelear. En nuestro patio, una dolencia relativamente leve nos acosa cada día. Empalidece ante las tragedias siria y egipcia, por supuesto, pero tiene enferma a la psiquis nacional. Mutuas acusaciones y descréditos hablan de atentados reales o fabricados, corrupción oficialista u opositora, criminal negligencia industrial o traicioneros sabotajes, intenciones aviesas en la oposición o el gobierno. Asistimos a un teatro que no queremos contemplar y se nos impone: una guerra civil de baja intensidad. Una «patria segura» requiere también la seguridad psicológica, pero los asesores de imagen se han graduado en gerencia del espectáculo, y todos los días nos ofrecen un capítulo nuevo de su reality show más elaborado: La letrina nacional. (Descriptor de la Profra. María Eugenia García en Dr. Político #56 por Radio Caracas Radio, el 17 de este mes a punto de concluir).

Y esto consta en este blog en El causahabiente (4 de julio de 2013):

…en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio, sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. Ayer, diecisiete millones de egipcios protestaban su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que llaman a la preocupación. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: “Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo”.

Si la paz va a llegar algún día a Egipto y Siria ¿qué excusa pudieran esgrimir nuestros operadores políticos convencionales para seguir sacándose los ojos entre sí? Hay que exigirles que depongan sus armas difamatorias y se sienten a conversar. Ya basta. LEA

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Programa de estudio

Estructura en la naturaleza

Estructura en la naturaleza. (Fotografía de Klaus Enrique)

A Leo, mi constante solución

Antes de que mi curiosidad se mudara a otros terrenos,* el campo al que dirigía casi toda mi atención era el biológico, al punto de que al salir del bachillerato opté por la carrera médica, lo que complació mucho a mi madre. Tal interés fue en gran medida alimentado por las clases de José Abel Montilla, Profesor de Biología en el Colegio La Salle de La Colina. Cuando hacía con mis compañeros el cuarto año de bachillerato, Montilla inventó un debate en el que confrontaríamos las ideas sobre la evolución de las especies de Charles Darwin (1809-1882) y del predecesor Jean-Baptiste Pierre Antoine de Monet, Chevalier de Lamarck (1744-1829). Tocó a Bernardo Augusto Nouel Perera—a quien desde entonces nos referiríamos como Cromagnon—postular las tesis darwinistas, mientras yo debí hacer la defensa de Lamarck. Éste sostenía que los organismos poseían una tendencia a hacerse más complejos, ascendiendo por una escalera de progreso: “Le pouvoir de la vie or la force qui tend sans cesse à composer l’organisation”. (Histoire naturelle des animaux sans vertèbres, 1815).

Ciento ochenta años después, Stuart Kauffman reivindicaría en cierto modo esa noción lamarckiana, y declararía incompleta la explicación darwinista de una evolución ciega a base de variaciones azarosas, que serían preservadas cuando fuesen útiles en un predominio del más fuerte al competir con otros organismos por la supervivencia. Lo que se reproduce abajo son tres extractos de su obra de 1995—At Home in the Universe: The Search for Laws of Self-Organization and Complexity—: el Prefacio y dos fragmentos de su Capítulo 1, cuyo título es el mismo del libro.

Algún ignorante creyó ver en mí un anarquista cuando, cuatro años antes del libro de Kauffman, presenté y comenté en el Instituto de Formación Arístides Calvani el video Chaos, en una copia VHS que obtuve de Maravén, la subsidiaria de PDVSA que patrocinaba la serie Dimensión de la Televisora Nacional. Entre los asistentes a mi presentación se encontraba el empresario Henrique Machado Zuloaga, y esta circunstancia me impulsó a sugerir que las nociones de las nacientes teorías del caos y la complejidad ofrecían una base más sólida para sostener la naturalidad de los mercados que una defensa ideológica sobre la idea de libertad: el liberalismo. (Ver en este blog las dos primeras secciones de Marcos para la interpretación de la libre empresa en Venezuela).

El geómetra del cosmos

El geómetra del cosmos

No es nada común que los operadores políticos convencionales—prácticamente toda la dirigencia nacional, oficialista u opositora—tengan al menos noticia de las teorías de la complejidad, el caos, los enjambres o las avalanchas. Pero son ellas las que proveen ahora los marcos mentales más pertinentes y poderosos para la comprensión de las sociedades humanas y sus economías. (“El espacio intelectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos”. Proyecto de la Sociedad Política de Venezuela – Documento Base – febrero de 1985. Ya para entonces yo había leído The Fractal Geometry of Nature, Benoît Mandelbrot, 1982).

Nuestros políticos son, en buena medida, darwinistas, puesto que entienden su oficio como lucha por el poder. (“Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”. Pedro Pablo Aguilar, en El Nacional, 7 de junio de 1986). El mismo presidente Chávez, a las pocas semanas de su primera toma de posesión, envió una misiva a la Corte Suprema de Justicia que comenzaba así: “Montesquieu evidenció que las verdades no se hacen sentir sino cuando se observa la cadena de causas que las enlaza con otras y, en términos de introspección e inferencia de relaciones entre ideas y contenidos descubrió que las leyes son relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas”. Esa carta cerraba con estas palabras: “Inmerso en un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado”. (Destacados de Hugo Chávez). Sus concepciones, entonces, les impiden hacer una política competente, una que comprenda la complejidad de las sociedades de este siglo. Pudieran empezar por leer a Kauffman.

De él dice la presentación de su libro por Amazon, la gran librería virtual: “Ha comenzado una gran revolución científica, un nuevo paradigma que rivaliza en importancia con la teoría de Darwin. En su centro está el descubrimiento del orden que reside profundamente dentro de los sistemas más complejos, desde el origen de la vida y pasando por el funcionamiento de corporaciones gigantescas hasta el surgimiento y la caída de grandes civilizaciones. Más que de nadie, esta revolución es la obra de un hombre, Stuart Kauffman, un visionario pionero en la nueva ciencia de la complejidad”.

(Sobre temas cosmo-teológicos rozados por Kauffman en el material aquí reproducido, puede leerse en este blog El dios de Mandelbrot era el de Borges y Proyecto Fénix: Teología conjetural). LEA

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* “Bajo la guía del Prof. Yehezkel Dror [me dediqué] a estudios en Policy Sciences, y de modo autodidacta al campo de la lógica y la filosofía de la ciencia. [Soy] aficionado lector en física, principalmente sobre temas de cosmología y principios de física subatómica. [Mis] más recientes intereses se han dirigido a la exploración de las teorías del caos y la complejidad, en busca de la aplicación de sus nociones fundamentales a los problemas de la predicción y la acción sociales”. (Trayectoria).

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EN CASA EN EL UNIVERSO

Prefacio

Vivimos en un mundo de asombrosa complejidad biológica. Moléculas de todas clases se unen en una danza metabólica para hacer células. Las células interactúan con células para formar organismos; los organismos interactúan con organismos para formar ecosistemas, economías, sociedades. ¿De dónde salió esta gran arquitectura?

Por más de un siglo, la única teoría que ha ofrecido la ciencia para explicar cómo surgió este orden era la selección natural. Como nos enseñara Darwin, el orden del mundo biológico evoluciona mientras la selección natural cuela mutaciones azarosas para preservar formas especialmente útiles. Desde este punto de vista de la historia de la vida, los organismos son artilugios improvisados que forja la selección, ese silencioso y oportunista metalúrgico. La ciencia nos hace quedar como accidentes improbables e inexplicables ante el frío e inmenso telón de fondo del espacio y el tiempo.

Treinta años de investigación me han convencido de que esta visión dominante de la biología es incompleta. Como argüiré en este libro, la selección natural es importante pero no ha trabajado sola en la elaboración de las arquitecturas finas de la biósfera, de la célula al organismo al ecosistema. Otra fuente—la auto-organización—es el origen y raíz del orden.

He llegado a creer que el orden del mundo biológico no es el resultado de meros ajustes, sino que surge natural y espontáneamente de los principios de la auto-organización, las leyes de la complejidad que estamos empezando a descubrir y entender.

Los últimos tres siglos de la ciencia han sido predominantemente reduccionistas, en su intento por descomponer sistemas complejos en partes simples y estas partes, a su vez, en partes aun más simples. El programa reduccionista ha sido espectacularmente exitoso, y continuará siéndolo. Pero a menudo ha dejado un vacío: ¿cómo usamos la información atisbada acerca de las partes para construir una teoría del conjunto? Una dificultad profunda reside en el hecho de que el conjunto complejo puede exhibir propiedades que no son fácilmente explicadas por la comprensión de las partes. El conjunto complejo, en un sentido enteramente no místico, puede a menudo exhibir propiedades colectivas, rasgos “emergentes” en sí mismos lícitos.

Este libro describe mi propia búsqueda de leyes de la complejidad que gobiernan cómo la vida surge de una sopa de moléculas, evolucionando hasta la biósfera que vemos hoy. Sea que hablemos de moléculas que cooperan para formar células o de organismos que cooperan para formar ecosistemas o de compradores y vendedores que cooperan para formar mercados y economías, encontraremos bases para creer que el darwinismo no es suficiente, que la selección natural no puede ser la única fuente del orden que vemos en el mundo. Al elaborar el mundo viviente, la selección ha actuado siempre sobre sistemas que exhiben un orden espontáneo. Si estoy en lo cierto, este orden subyacente, afilado ulteriormente por la selección, augura un nuevo puesto para nosotros: antes que vastamente improbable, esperado, de forma recientemente entendida, en casa en el universo.

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Capítulo 1. En casa en el Universo

Fuera de mi ventana, justamente al oeste de Santa Fe, yace el paisaje casi espiritual del Nuevo México norteño—barrancas, mesas, tierras sagradas, el Río Grande—, hogar de la civilización más vieja de Norteamérica. Es mucho, tan antiguo y tan moderno, preñado con el pasado remoto y el próximo milenio, lo que se mezcla acá azarosamente, ligeramente intoxicado con anticipación. A cuarenta millas está Los Álamos, la brillantez mental, la brillantez de una luz resplandeciente en aquel amanecer del desierto en 1945, hace medio siglo, a mitad de nuestras suposiciones. Poco más allá se despliega el Valle Grande, restos de una montaña arcaica, de la que se cuenta que una vez tuvo una altura de más de 30.000 pies, que voló su cima esparciendo ceniza hasta Arkansas, dejando obsidiana para posteriores labores más finas.

Kauffman en Santa Fe

Kauffman en Santa Fe

Hace unos meses, me encontraba almorzando con Günter Mahler, un físico teórico de Munich que visitaba el Instituto de Santa Fe, donde un grupo de colegas y yo se involucra en la búsqueda de leyes de la complejidad que puedan explicar las extrañas formas que emergen a nuestro alrededor. Günter miraba al norte, más allá del piñón y el junípero, enfocando lejos hacia Colorado, y de algún modo me sorprendió al preguntarme cuál era mi imagen del paraíso. Mientras me afanaba en una respuesta, propuso una: no las altas montañas, o el borde de los océanos ni las tierras llanas. Más bien, sugirió, justamente el terreno que yacía largo delante de nosotros desarrollándose bajo fuerte luz, sus lejanas cordilleras definiendo un horizonte distante hacia el que marchan, en procesión evanescente, elocuentes y gráciles formas del terreno. Por razones que no entiendo completamente, sentí que tenía razón. Pronto caímos en especulaciones sobre el paisaje del este de África y nos preguntamos si, de hecho, pudiéramos llevar con nosotros la memoria genética de nuestro lugar de nacimiento, el Edén real, nuestro hogar.

¡Qué historias nos contamos a nosotros mismos de orígenes y términos, de forma y transformación, de dioses, la palabra y la ley! Todo el mundo en todo tiempo ha debido crear mitos e historias para esbozar una imagen de nuestro lugar bajo el sol. El hombre de Cromagnon, cuyas pinturas de animales parecen mostrar respeto y maravilla, por no decir línea y forma que igualan o superan las de milenios posteriores, debe haber narrado historias sobre estas preguntas: ¿quiénes somos? ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Habrán preguntado lo mismo el Neanderthal, el Homo habilis o el erectus? ¿Alrededor de qué hoguera de un pasado de 3 millones de años de evolución homínida surgieron estas preguntas por primera vez? ¿Quién sabe?

En algún punto de nuestro sendero se ha perdido el paraíso, perdido para la mente occidental y, al extenderse la civilización mundial, perdido para nuestra mente colectiva. Pudiera John Milton haber sido el último poeta superior de la civilización occidental que buscara justificar las maneras de Dios con el hombre en aquellos años tempranos que prefiguraban la era moderna. El paraíso se ha perdido, no al pecado, sino a la ciencia. En un tiempo, hace escasamente pocos siglos, nosotros los occidentales nos creímos los elegidos de Dios, hechos a su imagen, guardianes de sus palabras en una creación forjado con su amor por nosotros. Ahora, 400 años más tarde, nos encontramos en un minúsculo planeta, al borde de una monótona galaxia entre millones como ella regadas sobre vastos megaparsecs, a lo largo de la curvatura del espacio hasta el Big Bang. No somos sino accidentes, se nos dice. Sólo nosotros haríamos propósito y valor.

Sin Satán y sin Dios, el universo luce ahora como el hogar neutral de la materia, la oscuridad y la luz, absolutamente indiferente. Somos bulliciosos, pero ya no estamos en casa en el sentido antiguo. Por supuesto, aceptamos que el surgimiento de la ciencia y la consecuente explosión tecnológica nos ha llevado a nuestra secular visión del mundo.

No obstante, permanece el hambre espiritual. Conocí recientemente a N. Scott Momaday, un autor americano nativo, ganador del Premio Pulitzer, en una pequeña reunión al norte de Nuevo México que trataría de articular los problemas fundamentales que la humanidad confronta. (¡Cómo si pudiera un pequeño grupo de pensadores hacer algo así!) Momaday nos dijo que el problema central que confrontamos es la reinvención de lo sagrado. Nos contó de un escudo sagrado de los Kiowa, santificado por los sacrificios y el sufrimiento de los guerreros honrados al portarlo en una batalla. El escudo había sido robado al término de una batalla contra fuerzas de caballería de los Estados Unidos después de la Guerra Civil. Nos contó que había sido redescubierto recientemente y cómo había sido retornado desde el hogar del general de la Guerra Civil que lo había tomado. La voz profunda de Momaday cayó suavemente sobre nosotros al describir la bienvenida preparada para el escudo y el lugar que ocupa, silencioso, sombrío, quieto, venerado por la pasión y el sufrimiento destilados en su arco.

La búsqueda de Momaday por lo sagrado se asentó profundamente en mí, pues tengo la esperanza de que lo que algunos llaman las nuevas ciencias de la complejidad puedan ayudarnos a encontrar nuestro sentido de lo valioso, nuestro sentido de lo sagrado, así como los Kiowa terminaron recobrando aquel escudo sagrado. En la misma reunión, sugerí que el problema más importante que enfrentaba la humanidad era la emergencia de una civilización mundial, su profunda promesa y las dislocaciones culturales que tal transformación causaría.

Para ceñir la comunidad global pluralista que está naciendo necesitaremos, creo, una base intelectual expandida, una nueva manera de pensar acerca de los orígenes, la evolución y la profunda naturalidad de la vida y la miríada de patrones en los que se desarrolla. Este libro es un esfuerzo por contribuir a esa nueva concepción, pues las ciencias emergentes de la complejidad, como veremos, ofrecen apoyo fresco a la idea de una sociedad democrática pluralista, al proveer evidencia de que ella no es meramente creación humana sino parte del orden natural de las cosas.

Uno siempre teme deducir de primeros principios el orden político de su propia sociedad. James Mill, el filósofo del siglo XIX, pudo deducir de primeros principios que una monarquía constitucional, sorprendentemente parecida a la inglesa a comienzos del siglo pasado, era la más elevada forma natural  de gobierno. Pero, como espero mostrar, las mismas leyes de la complejidad que buscamos mis colegas y yo sugieren que la democracia ha evolucionado como, quizás, el mecanismo óptimo para lograr los mejores compromisos alcanzables entre intereses prácticos, políticos y morales en conflicto. Momaday también puede tener razón. También necesitaremos reinventar lo sagrado—este sentido de nuestro valor profundo—y reinvertirlo en el corazón de la nueva civilización.

La historia de nuestra pérdida del paraíso es familiar, pero vale la pena recordarla. Hasta Copérnico, creímos estar en el centro del universo. Hoy en día, en nuestra cacareada sofisticación, miramos de reojo a una iglesia que buscó suprimir la visión heliocéntrica. El conocimiento por el conocimiento mismo, decimos. Sí, por supuesto. Pero ¿era la preocupación de la iglesia con el trastorno del orden moral sólo una estrecha vanidad? Para la civilización pre-copernicana, la visón geocéntrica no era sólo un asunto científico; más bien, era la evidencia, piedra angular, de que el universo giraba alrededor de nosotros. Con Dios, los ángeles, el hombre, las bestias y las plantas fértiles hechas para nuestro beneficio, con el sol y las estrellas rodando encima, conocíamos nuestro lugar: el centro de la creación divina. La iglesia temió con razón que los conceptos copernicanos terminarían desmantelando la unidad de una tradición milenaria de deber y derechos, de obligaciones y roles, de tejido moral.

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Ramas generadas por iteración fractal en un computador

Ramas generadas por iteración fractal en un computador

Como veremos, las ciencias emergentes de la complejidad empiezan a sugerir que el orden no es sólo accidental, que tenemos a mano vastas vetas de orden espontáneo. Las leyes de la complejidad generan espontáneamente mucho del orden del mundo natural. Es sólo entonces cuando la selección entra en juego, para moldear y refinar ulteriormente. Tales vetas de orden espontáneo no eran enteramente desconocidas; sin embargo, están apenas surgiendo como poderosas nuevas claves de los orígenes y la evolución de la vida. Todos hemos sabido que los sistemas físicos simples exhiben orden espontáneo: una gota de aceite en agua forma una esfera; los copos de nieve exhiben su evanescente simetría hexagonal. Lo que es nuevo es que el rango del orden espontáneo es enormemente mayor que lo que habíamos supuesto. Se descubre un orden profundo en sistemas grandes, complejos, aparentemente azarosos. Creo que este orden emergente subyace no sólo el origen de la vida misma, sino mucho del orden que hoy contemplamos en los organismos. Así, también, lo creen muchos de mis colegas, que comienzan a acumular evidencia de tal orden emergente en toda clase de sistemas complejos.

La existencia del orden espontáneo es un desafío sorprendente a nuestras ideas establecidas a partir de Darwin en biología. La mayoría de los biólogos ha creído por más de un siglo que la selección es la fuente única de orden en la biología, que la mera selección es el artesano que elabora las formas. Pero si las formas entre las que la selección escoge fueran generadas por las leyes de la complejidad, entonces la selección ha tenido siempre una ayuda. No es, después de todo, la única fuente de orden, y los organismos no son artefactos ajustados por ella, sino la expresión de leyes naturales más profundas. Si todo esto es cierto, ¡qué revisión de la concepción darwiniana del mundo yace ante nosotros! No nosotros lo accidental, sino nosotros lo esperado.

La revisión de la concepción darwiniana del mundo no será fácil. Los biólogos carecen, hasta ahora, de un marco conceptual en el que puedan estudiar un proceso evolutivo que combina la auto-organización y la selección. ¿Cómo funciona la selección en sistemas que ya generan orden espontáneo? La física tiene su orden espontáneo profundo, pero no necesita la selección. Los biólogos, subliminalmente conscientes de tal orden espontáneo, nunca lo ignoraron y siempre se enfocaron en la selección. Sin un marco que comprenda a la vez la auto-organización y la selección, la auto-organización ha sido poco menos que invisible, como el fondo de una imagen en psicología de la Gestalt. Con un súbito cambio visual, el fondo puede pasar a primer plano, y el antiguo primer plano, la selección, puede convertirse en fondo. Ninguno de los dos basta por sí solo. La vida y la evolución han dependido siempre del abrazo mutuo del orden espontáneo y la elaboración selectiva de ese orden. Necesitamos pintar un cuadro nuevo.

Stuart Kauffman

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Stuart Kauffman en la Universidad de Vermont, 2 de diciembre de 2011

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Habas en proceso de cocción

En todas partes cuecen habas

En todas partes cuecen habas

 

The Occupy movement is an international protest movement against social and economic inequality, its primary goal being to make the economic and political relations in all societies less vertically hierarchical and more flatly distributed.

Wikipedia

El Movimiento 15-M, también llamado Movimiento de los Indignados, es un movimiento ciudadano formado a raíz de la manifestación del 15 de mayo de 2011 (convocada por diversos colectivos), donde después de que 40 personas decidieran acampar en la Puerta del Sol esa noche de forma espontánea, se [produjo] una serie de protestas pacíficas en España, con la intención de promover una democracia más participativa alejada del bipartidismo PSOE-PP (PPSOE) y del dominio de bancos y corporaciones, así como una «auténtica división de poderes» y otras medidas con la intención de mejorar el sistema democrático.

Wikipedia en español

Si, al estilo de los Indignados europeos, los jóvenes que ni estudian ni trabajan en la Argentina decidieran reunirse para hacerse oír, difícilmente entrarían en la Plaza de Mayo: ya suman casi un millón de personas. Y cada vez son más: el Indec reconoce que el segmento conocido como ni-ni aumentó de 2003 a la fecha un 17%.

Manuel Torino – El boom de los jóvenes ni-ni: flagelo silencioso en Argentina

¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha? 

Carlos Fuentes – Viva el socialismo. Pero… (su último artículo)

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La cosa está que arde en casi todo rincón del mundo. Naturalmente, es en Egipto donde el desarreglo de los sistemas políticos produce hoy más dolor. (Gonzalo Pérez Petersen me observó que este país no tiene antecedentes de democracia; el único presidente que ha elegido en su historia—que penetra hasta el décimo milenio antes de Cristo—escogió conducirse como dictador y fue depuesto por unos militares que se comportan dictatorialmente y matan ciudadanos sin miramientos, ahora con apoyo de Arabia Saudita). Por más lejano que esté ese espejo, quienes en Venezuela aún recomiendan un golpe de Estado en el país y un gobierno militar debieran verse en él. No necesariamente una protesta popular desemboca en democracia, ni siquiera cuando ocurre en primavera.

En otras naciones, el descontento no se expresa, afortunadamente y todavía, con violencia, pero es evidente que un mal sistémico aqueja las repúblicas en muchas partes. He aquí una muestra representativa:

1. En los Estados Unidos, la aprobación del Congreso en la opinión ciudadana descendió en julio a 12%, según una encuesta de NBC y el Wall Street Journal (del 17 al 21 de ese mes); de modo más elocuente, el rechazo explícito del poder legislativo estadounidense alcanzó el 83%. Casi seis de cada diez votantes dijeron que en una próxima elección quisieran reemplazar a todos y cada uno de los actuales legisladores. La encuesta también mostró un descenso en la aprobación del trabajo del presidente Obama a 45%—a un punto de distancia de su peor calificación, en agosto de 2011—, unos tres puntos respecto del mes anterior.

2. El 11 de este mes de agosto publicó El País de Madrid un artículo de Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política en la Universidad del País Vasco; su título: ¿El final de los partidos? El investigador Ikerbasque argumenta:

La actual crisis de los partidos políticos, su descrédito, pérdida de relevancia o fragmentación, es manifestación de una crisis más profunda. Se acaba, a mi juicio, una era política que podríamos llamar “la era de los contenedores”. El mundo de los contenedores presuponía un contexto social estructurado en comunidades estables, con roles profesionales definidos y formas de reconocimiento y reputación consolidadas. En esa realidad social se gestaron esas máquinas políticas que son los partidos de masas clásicos. (…) Lo que se ha acabado es el control monopolístico del espacio público por parte de los partidos políticos, el partido-contenedor, pero en absoluto la necesidad de instancias de mediación en las que se forma la voluntad política. Una cosa es que los partidos y los sindicatos deban renovarse profundamente y otra que las conquistas sociales y de participación ciudadana puedan asegurarse sin organizaciones del estilo de los partidos y los sindicatos. Es evidente que los partidos actuales están muy lejos de cumplir satisfactoriamente tales expectativas; tras la crisis de los partidos estamos en la encrucijada de o bien hacer mejores partidos o bien ingresar en un espacio amorfo cuyo territorio será ocupado por tecnócratas y populistas, definiendo así un nuevo campo de batalla que sería todavía peor que el actual.

3. Por su parte, Marcos Aguinis escribía en La Nación de Buenos Aires hace cuatro días: «Gran parte de los argentinos manifiesta un creciente agobio. Ya no es sólo dolor por la inflexible decadencia política, económica y social, sino cansancio. Agotamiento. Nos hundimos sin haber sido ocupados por potencias extranjeras, ni haber padecido tsunamis catastróficos, ni ser masivamente asesinados por epidemias bíblicas, ni quemados por la lava de los volcanes. Nos hundimos por propia voluntad, al haber entregado por más de 70 años el timón de nuestra nave a una variopinta legión de malos o ineficaces dirigentes».

4. Atravesando la cordillera—informa Verónica Egui Brito en El Universal caraqueño (13 de agosto)—se observa esto (Coaliciones pierden apoyo de cara a comicios en Chile):

La clase política chilena enfrenta grandes desafíos, sobre todo la Alianza oficialista, luego de que dos aspirantes por la derecha se retiraran de la contienda después de que se realizara el proceso de la nominación de los candidatos presidenciales. Así resume la encuesta Adimark el mes de julio en Chile. Y en base a esto, destaca que las coaliciones políticas son quienes pierden mayor apoyo de las masas. Ambas tendencias disminuyen su popularidad por igual. La evaluación de la Concertación (partidos de centroizquierda que apoyan la candidatura de la expresidente Michelle Bachelet) tienen una valoración del 22%, cinco puntos menos en relación al mes anterior. Por su parte, la Alianza (partidos de derecha que conforman la coalición oficialista y respaldan a Evelyn Matthei) también cuenta con un respaldo del 22%, pero su caída es más significativa, de 13 puntos. El 64% de los chilenos desaprueba cómo ambas coaliciones están desarrollando su labor en la política nacional. En cuanto al poder legislativo, la opinión popular tampoco luce favorable. Los chilenos aprueban en un 18% al Senado y en un 17% a la Cámara de Diputados. Se mantienen con altísimos niveles de desaprobación: al Senado lo desaprueba el 72% de los encuestados y a la Cámara de Diputados el 71%.

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Castillo en Casa de América

Castillo temeroso en Casa de América

Hay gente que sólo encuentra imprudencia en estos extendidos procesos: «Leopoldo Castillo creyó ver, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998. Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos». (A llorar p’al valle). Castillo dijo: «…no puedo [dejar de] formular una cierta crítica acá en España, cuando veo la cantidad de papeles con la sistemática corrupción, corrupción, corrupción de los partidos políticos; es que están destruyendo los dos grandes partidos políticos que son el sostén de la democracia. Algo así parecido ocurrió en nuestro país y el resultado fue fatal”). Tiene ilustres predecesores; un mediático defensor de postulados del radicalismo liberal—que ni siquiera sostiene ya su autor, Francis Fukuyama—ha exhibido su ceguera a este respecto con manifiesta constancia:

Moisés Naím, por ejemplo, publicó un estudio en inglés con el título The Venezuelan Story: revisiting the conventional wisdom. (“El cuento venezolano: una nueva mirada a la sabiduría convencional”, 2001), que se distribuyó por selectos lotes de direcciones electrónicas. Naím volvía a exhibir en ese trabajo una notable capacidad de confusión entre la dimensión de la síntesis y aquella de la simpleza, para rechazar la interpretación de Chávez como “evidencia de la fermentación de una reacción contra la globalización, el capitalismo al estilo estadounidense, la corrupción y la pobreza”. El propio Naím indicaba que su explicación de las cosas era contraria a esa lectura, a pesar de que “por la mayor parte, la situación de Venezuela es citada como una señal temprana de alerta sobre una reacción planetaria contra las ideas políticas, las políticas económicas y las relaciones internacionales que dominaron los años 90, esto es, la democracia liberal, las reformas de mercado y la globalización”. Naím sostenía que tal cosa no era cierta. En ninguna parte de su documento de 41 páginas Naím se refería a los múltiples otros signos de molestia planetaria contra, precisamente, ese “Consenso de Washington” cuyo descrédito prefirió ignorar. No mencionó para nada, por poner un caso, que desde hace ya un tiempo a esta parte, cada reunión internacional relacionada con esa manera de entender la globalización, es objeto de significativas manifestaciones de protesta. (Las que se conoce, por cierto, que no son organizadas por el MVR). La superficialidad de la tesis de fondo naimista se pone en evidencia en simplistas afirmaciones como ésta: “…la desaparición del sistema de partidos que dominó la política venezolana por más de cuatro décadas no fue un súbito colapso al estilo soviético que resultara de una excesiva concentración de poder en manos de una pequeña clique de políticos. Más bien ocurrió como consecuencia de la descentralización del poder político y económico que comenzó a fines de los 80”. Es decir, que según Naím habría sido la descentralización lo que trajo a Chávez. (No ha pasado nada, Carta Semanal #95 de doctorpolítico, 15 de julio de 2004).

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Hay otros puntos de vista

Hay quienes son más iguales que otros

¿Es sensato continuar creyendo que lo que nos pasa políticamente no es sino el asedio de una barbarie irracional, que una política «decente» se ha visto disminuida por la corrosiva crítica de una antipolítica criminal? ¿No sería más constructivo leer los omnipresentes signos de los tiempos, dejar de negarse al futuro? El futuro no es una aventura de Flash Gordon, el radio pulsera de Dick Tracy o la vestimenta de Los Supersónicos; también trae problemas, y muy serios. Son problemas inéditos y sus soluciones, por definición, no pueden ser convencionales. La respuesta que el país necesita no se hallará, por supuesto, en el seno del Partido Socialista Unido de Venezuela, pero tampoco al interior de la Mesa de la Unidad Democrática, cuyos dirigentes harían suyas estas palabras de Pedro Pablo Aguilar, antiguo Secretario General de COPEI: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”. (El Nacional, 7 de junio de 1986). Menos aún se la encontrará en la inútil prosa de aplaudidos articulistas y opinadores que no pasan de competir, con los improperios más subidos, por el campeonato del descrédito ritual del gobierno, distribuidos en correos electrónicos que prometen casi todos los días: «¡Excelente artículo de Mengano; no tiene desperdicio!» Tampoco en la nueva colección de juristas que prosperan porque ya no se recibe la churrigueresca palabra «orientadora» del Dr. Escarrá, pues ha regresado a las mieles boliburguesas. No deberemos buscarla en novísimos y falsarios sitios web—dolartoday, por ejemplo, que escribe mal su nombre inglés—ni en los furibundos artículos de un «Coronel» que pontifica a segura distancia sobre presuntas obligaciones morales de una ciudadanía que tiene por cobarde. No servirá para nada poblar el espacio de Twitter y Facebook con neuróticas comprobaciones cotidianas de que el oficialismo es muy, pero muy maluco y ordinario.

Pero es que, además, en buena medida sufrimos en Venezuela nuestra cuota de futuro problemático por la supresión de las advertencias oportunas. Hace más de veintiocho años—uno antes de la declaración de Aguilar—que nuestras dolencias políticas fueron no sólo predichas sino explicadas, junto con una prescripción terapéutica que las habría curado con tiempo suficientísimo y nos habría ahorrado el trauma chavista:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla involucra una responsabilidad bastante grande, una responsabilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicionales es justamente la afirmación que hacemos. Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tradicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su incapacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio intelectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa. Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de entender la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experiencias y conocimientos distintos. Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente. Hasta ahora, por supuesto, el país no ha conocido opciones diferentes, pero, como bien sabemos, aún en esas condiciones los registros de opinión pública han detectado grandes desplazamientos en la valoración popular de los actores políticos tradicionales, la que es cada vez más negativa. Por evidencia experimental de primera mano sabemos que los actores políticos tradicionales están conformados de modo que sus reglas de operación se oponen a los cambios requeridos en conceptos, configuraciones y acciones políticas. Por esto es que es necesaria una nueva asociación política: porque de ninguna otra manera saludable podría proveerse un canal de salida a los nuevos actores políticos. (Proyecto de la Sociedad Política de Venezuela – Documento Base – febrero de 1985).

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Pero, a estas alturas, quienes poseen medios para el apoyo de iniciativas políticas, y rechazan con muchísima razón la perniciosa y trasnochada involución del socialismo «del siglo XXI», sólo alcanzan a ver como tratamiento correcto de este mal el sostén de una dirigencia que se ha revelado una y otra vez como incompetente, y todo género de excusas se levanta ante las proposiciones de intentar rutas inéditas: «Así no se hacen las cosas», «No es oportuno, no es el momento»—nunca lo es—, «La unidad por encima de todo». Bastaría que unos pocos mecenas lúcidos colocaran sus apuestas en quienes han demostrado consistentemente poseer capacidad de predicción—rasgo esencial del «verdadero arte del Estado», al decir de Tocqueville—, imaginación y atrevimiento estratégico, marcos mentales modernos para la interpretación de lo político, respeto altruista por los gigantes que les han precedido y estabilidad ética. El costo de una solución correcta, eficaz, es una fracción de lo que se invierte desde hace décadas en operaciones políticas convencionales, irremisiblemente condenadas al fracaso. Todavía hay tiempo, pues el país se reacomoda alejándose de los extremos de una polarización que lo paraliza para dar paso, no a la antipolítica, sino a una política verdaderamente nueva. De no usarse ese tiempo con responsabilidad y conciencia, cosas egipcias pudieran ocurrirnos.

El asunto no es que Capriles se haya vuelto complaciente con el oficialismo, sino algo más profundo. Esa cosa automática, mediocre y equivocada que se ha dado en llamar caprilismo es, en rima simple, un espejismo. Los verdaderos actores idóneos no son quienes, a modo de curriculum vitæ, sólo blanden un anecdotario político que ahora es en gran medida irrelevante. Lo diagnosticó Stafford Beer en Platform for Change (1975): «El problema de nuestra sociedad es que los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía».  LEA

Para descargar este artículo en formato .pdf: HABAS EN PROCESO DE COCCIÓN

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De los archivos

Oscar Wilde, víctima del prejuicio homofóbico

Oscar Wilde, víctima del prejuicio homofóbico

 

El señor hizo entonces caer azufre y fuego sobre sodoma y gomorra, destruyó ambas ciudades hasta los cimientos, así como toda la región, con todos sus habitantes y vegetación. Se mirase donde se mirase, sólo se veía ruinas, cenizas y cuerpos carbonizados. (…) Tengo un pensamiento que no me deja. Qué pensamiento, preguntó abraham, Pienso que había inocentes en sodoma y en las otras ciudades que fueron quemadas, Si los hubiera, el señor habría incumplido la promesa que me hizo de salvarles la vida, Los niños, los niños eran inocentes, Dios mío, murmuró abraham, Sí, será tu dios, pero no fue el de ellos. (…) El error es creer que la culpa ha de ser entendida de la misma manera por dios y por los hombres, dijo el otro ángel. En el caso de sodoma alguien la tuvo, y ése fue un dios absurdamente apresurado que no quiso perder tiempo apartando para el castigo solamente a los que, según su criterio, andaban practicando el mal, además, ángeles, dónde ha nacido esa peregrina idea de que dios, simplemente porque es dios, debe gobernar la vida íntima de sus creyentes, estableciendo reglas, prohibiciones, interdictos y otras patrañas del mismo calibre, preguntó caín, Eso no lo sabemos, dijo uno de los ángeles.

José Saramago – Caín

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A propósito de la homofobia manifiesta en diputados del PSUV a la Asamblea Nacional, traigo acá el registro de una polémica bilateral entre un lector del #288 de la Carta Semanal de doctorpolítico (29 de mayo de 2008) y el suscrito. Ella fue suscitada por el artículo breve—LEA, por favor—del número en cuestión. Se reproduce a continuación el debate comenzando por el artículo, mientras se protege la identidad del objetor con el anonimato. LEA

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LEA, por favor

El 15 de este mes de mayo la Corte Suprema de California decidió que los homosexuales tienen el mismo derecho que los heterosexuales para formar uniones estables a través del matrimonio. La decisión, dividida en cuatro contra tres, fue redactada por el Presidente del tribunal, el juez Ronald George, llevado al cargo por los republicanos. En ella se lee: “…incluso las prácticas sociales y tradiciones más familiares y generalmente aceptadas, enmascaran una injusticia y una desigualdad que frecuentemente no es reconocida o apreciada por aquellos que no son afectados directamente por esas prácticas o tradiciones”.

Manifestación homofóbica ante Corte Suprema de California

Homófobos ante la Corte Suprema de California

La decisión, por otra parte, hizo retroalimentación a la opinión pública. La encuestadora Field Poll preguntó por primera vez a los californianos si estaban de acuerdo con que los homosexuales pudieran casarse en 1977, cuando sólo 28% de los encuestados contestó afirmativamente y 59% se opuso. En 2006 se oponía el 50% y 44% se mostraba de acuerdo, pero en el más reciente sondeo (17 al 26 de mayo), poco después de la decisión tribunalicia, 48% se pronunció a favor del matrimonio de homosexuales y la oposición pasó a ser una minoría, aunque grande, de 46%. El director de Field Poll estima que la decisión judicial influyó para que los indecisos se sumaran al apoyo.

En estricto sentido, el matrimonio es un contrato civil entre dos personas. No es cualquier contrato, por supuesto; la legislación civil (y religiosa) de todos los países del mundo dedica muy extensa y especial consideración a su normativa, dado que la familia es tenida por “célula fundamental” de la sociedad. Pero, en principio, nada debiera obstar para que dos personas del mismo sexo conviniesen en un vínculo permanente, no porque sean de preferencia homosexual, sino porque son, por encima de todo, personas.

Naturalmente, la tradición judeo-cristiana incluye un fuerte tabú contra la homosexualidad. En otras culturas (la grecorromana, por ejemplo, o en más de una asiática), la práctica homosexual es entendida de otro modo. Los guerreros espartanos, poco sospechosos de falta de virilidad, la practicaban comúnmente, pues resultaba inconveniente acompañarlos de mujeres durante sus largas expediciones militares. En la novela Shogun, de James Clavell, es la misma esposa del caudillo japonés quien introduce un mancebo a la alcoba conyugal para regalar a su marido.

En verdad, una persona de orientación homosexual es tan normal como una que mida más de ciento ochenta centímetros de estatura, y los biólogos han observado la conducta homosexual en no menos de mil quinientas especies animales. En todo tiempo y lugar ha habido personas con esa preferencia, y ya es tiempo de que nuestra civilización deje de mirarlas como bichos raros. Dignísimas y muy meritorias personas han sido homosexuales: Alejandro Magno, el emperador Adriano, Miguelángel, Pedro Aretino, Giovanni Pico della Mirandola, Pyotr Illyich Tchaikovsky, Arturo Rimbaud, Marcel Proust, Sergei Diaghilev, Sir Laurence Olivier, Michael Tilson Thomas, Martina Navratilova, y entre nosotros Isaac Chocrón y John Lange, son unos poquísimos nombres de gran aporte a la cultura y la humanidad.

La legislación venezolana debiera prepararse a una modernización que reconozca el derecho matrimonial de nuestros conciudadanos con preferencia homosexual. LEA

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EL MATRIMONIO ENTRE HOMOSEXUALES

Mayo, 2008

Luis Enrique Alcalá, en su Carta Semanal de «Doctor Político», Nº 288, comenta la reciente decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de admitir la legalización del matrimonio entre homosexuales.

LEA hace referencia en su artículo a las encuestas recogidas en California, demostrando que una mayoría relativa (48% vs 45%) aprueba la decisión de la Corte. Se pronuncia el autor en favor de la medida, alegando que se trata de un contrato social entre personas, con iguales derechos a todas las demás, arguye que el homosexualismo es una práctica muy antigua, sustentada por figuras importantes de escritores y artistas notables, común entre los aguerridos soldados espartanos. Termina sugiriendo la adopción de la medida de la Corte estadounidense por la legislación venezolana.

Con el debido respeto a la opinión expresada por el autor referido, quien esto escribe hace uso de su derecho de disentir para expresar el rechazo a la propuesta anterior.

Sin dejar de lado el sentido de la expresión atribuida a Don Miguel de Unamuno: «¡Oh Dios si es que existes, toma mi alma si es que la tengo!», nos aferramos aquí a la decisión irreversible de la Madre Naturaleza y de nuestro Padre Eterno, conjugando sus esfuerzos por establecer claras diferencias biológicas y psicofísicos entre los géneros masculino y femenino del Reino Animal, entre el cual nos contamos los humanos, como la única forma de permitir la procreación y extensión de las poblaciones. El hombre tiene órganos y hormonas sexuales de características completamente diferentes a los de la mujer, cuyas funciones de cópula entre uno y otra  son indispensables para dar origen a un nuevo ser.

No existe discusión posible sobre esta premisa fundamental de la vida.

Y si la aceptamos, es lógica también fundamental el considerar que la homosexualidad es una desviación de la misma premisa, apartándose de los procesos biológicos y psicofísicos mencionados, separándose igualmente de las normas instituidas por las civilizaciones desde sus tiempos primarios.

No es de extrañar que las grandes religiones consideraran como pecado mortal la relación homosexual. El Antiguo Testamento, en su Levítico 20:30, condena a muerte a sus practicantes. El Zend Avesta de los antiguos persas y el Corán lo prohíben, existiendo pena capital para los mismos en Arabia Saudita, Irán y Yemen. Sin embargo, tampoco extraña que se hayan registrado casos de homosexualismo entre los soldados de los antiguos ejércitos conquistadores, como los griegos macedonios de Alejandro Magno (no típicamente entre los espartanos, como dice LEA, puesto que estos no llegaron a guerras en tierras lejanas) y hasta en las mismas legiones del antiguo Imperio Romano.

Es un hecho que los hombres o mujeres jóvenes y adultos, sometidos y obligados a largas privaciones sexuales, tienden al desahogo de la abstención.

Igualmente cierto es que en varias de las «avanzadas» sociedades contemporáneas, particularmente entre ciertos grupos de artistas e intelectuales, otros de «alta» clase de gente adinerada y de jóvenes desprejuiciados «a la moderna», se ha tratado de desmitificar las normas consideradas como tabúes tradicionales y conservadores prevalecientes en las clases medias de las sociedades. El uso de drogas estupefacientes, las relaciones sexuales casuales y aquellas entre un mismo sexo, son actos que esta gente quieren imponer como demostración rabiosa de su protesta contra las mencionadas normas, consideradas por ellos como arcaicas y estúpidas.

A pesar que el autor de estas líneas no es un practicante regular de los preceptos de su religión católica y se confiesa opositor a ciertas rigideces de pautas que considera extremas dentro de la misma, continuará hasta el fin de su vida manteniendo en alto los principios de la fe cristiana, así como también la defensa más cumplida del derecho de otras personas al ejercicio de sus propias religiones. Igualmente continuará su más decidida vocación por la belleza y dulzura de nuestras hembras y la reciedumbre y hombría de los machos.

Aclaremos, no nos oponemos a la convivencia entre personas de un mismo sexo. Mientras no hagan demostraciones públicas desafiantes de sus hábitos y expresiones personales o intenten imponer en los demás sus propias costumbres, ellos podrán vivir en paz en nuestra vecindad. Pero si nos oponemos rotundamente a que nuestros niños presencien el acto de dos hombres o dos mujeres besándose en la boca en plena calle.

Estamos muy lejos a lo de permitir que las leyes otorguen a personas de un igual sexo los mismos privilegios que se extienden a los matrimonios entre hombres y mujeres, admitiéndoles formar y educar hijos adoptivos, seres que por demás nunca entenderán el porqué para ellos les está vedada y es innecesaria la existencia de un padre, diferente totalmente a la de una madre, cuya ternura jamás podrá ser igualada por ningún homosexual.

NN

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De: Luis Enrique Alcalá

Enviado el: Jueves, 29 de Mayo de 2008 06:35 p.m.

Para: NN

CC: XX

Asunto: Re: EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL

Hola, NN. Me resulta un tanto extraña tu manera de comunicarme tu pensamiento sobre el tema que comentas. En lugar de dirigirte a mí personalmente (y remitir copia a nuestro común amigo si es tu deseo involucrarlo), redactas tu comunicación como si se tratara del voto salvado en un debate parlamentario o en el seno de un cuerpo colegiado, aduciendo derechos a disentir. No hacía falta tanta solemnidad o distancia. En cualquier caso, me brindas oportunidad de añadir información a lo que fue tratamiento escueto de un tema ciertamente difícil, cuyo tratamiento conlleva, en muchos casos, despejar posturas prejuiciadas de muy longevo arraigo.

Una primera observación es que, como ha acontecido en ocasión anterior, no representas fielmente lo que escribo. En este caso obviaste anotar, al resumir mi exposición, el dato zoológico de no menos de 1.500 especies animales en las que se observa comportamiento homosexual.  (Bien documentado en unas 500). Comoquiera que aduces, primero que nada, un argumento de orden biológico, pudieras pasearte por el hecho que te apunto, sobre todo en combinación con la hipótesis religiosa fundamental: que lo que llamamos «naturaleza» es causado por un ente de intelecto superior, cuyo diseño establece la forma de la vida. A juzgar por los datos de la zoología—que incluyen la observación de predisposiciones genéticas a la homosexualidad incluso en especies tan elementales como la mosca Drosophila melanogaster—la conducta homosexual es parte constante e ineludible de la realidad natural y, por consiguiente, un postulado Creador habría querido las cosas así. Por otra parte, en las moscas, los peces, los delfines o los primates no humanos, no se registra casos de artistas, intelectuales, especímenes adinerados (no usan el dinero) o desprejuiciados o empleo consciente de drogas estupefacientes que pudieran explicar la conducta mencionada.

Alan Turing: genio matemático victimizado

Alan Turing: genio matemático victimizado

En la enumeración, pues, de lo que consideras las causas de la homosexualidad humana, es aparente un sesgo que la considera intrínsecamente pervertida. Tal cosa es evidente en el uso de comillas para las palabras «avanzadas», «alta», «a la moderna», y en la simplista hipótesis de que se trata todo de una rabieta de protesta contra ciertas normas, así como con tu creencia de que la homosexualidad es demográficamente más frecuente entre artistas e intelectuales. Si acaso, entre éstos hay más disposición a defender lo que sea su orientación sexual, precisamente porque se trata de personas comprometidas con el pensamiento y la creación, más renuentes a la discriminación en su contra.

Los datos demográficos dan que cerca de un 5% de las poblaciones humanas corresponde a gente con homosexualidad de por vida. (Por esto aludí a quienes miden más de uno ochenta, puesto que se trata aproximadamente de la misma proporción). Atribuir, como lo haces, esa terca realidad a desarreglos morales constituye una hipótesis fácil pero insatisfactoria. («Alfred Kinsey’s studies, Sexual Behavior in the Human Male and Sexual Behavior in the Human Female, found that the majority of humans have had homosexual experiences or sensations and are bisexual. The Kinsey Reports found that approximately four percent of adult Americans were predominantly gay or lesbian for their entire lives, and approximately 10 percent were predominantly gay or lesbian for some portion of their lives».)

Estás mal informado sobre los espartanos. A pesar de que no llegaran, como las tropas de Alejandro, hasta los confines de la India, mucho viajaron y guerrearon por toda la Península Helénica. (Guerras Médicas). De hecho, eran predominantemente de Esparta los que cruzaron un mar para invadir Troya. De todas formas, la costumbre que referí es cierta. Estudia un poco más de historia antes de encontrar equivocación en lo que dije. Los tebanos, por cierto, también incluían intencionalmente la homosexualidad en su concepto táctico. La Banda Secreta de Tebas, un cuerpo de élite de su ejército, estaba enteramente formada por parejas de homosexuales masculinos.

Hay profesiones que, como la militar, se prestan a la homosexualidad. Una de las más destacadas es precisamente la del sacerdocio. No ignoras la reciente publicidad respecto de sacerdotes y obispos que incurren en la práctica, así como en cuanto al problema, disciplinar y económico, que tal cosa representa para el Vaticano. Estando en 1989 en Maracaibo supe directamente por boca del Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis que al menos la tercera parte de su curia estaba compuesta por sacerdotes homosexuales. (Las otras dos, según su informe, eran un tercio que esperaba el deceso de Monseñor Roa, para lograr progreso luego de lo que consideraban su rígido liderazgo, y otro dedicado a las bebidas alcohólicas).

Lo que me lleva al tema religioso, que tiene tan destacada figuración en tus argumentos. En efecto, más de una religión incluye un tabú contra la homosexualidad. También, por supuesto, incluyen algunas tabúes contra la carne de cerdo o la vacuna (sagrada), y más de una prescribe la mutilación o la lapidación para ciertas conductas tenidas por pecaminosas. El hecho de que sean prescripciones religiosas no las hace justas o humanitarias, aun cuando postules «la defensa más cumplida del derecho de otras personas al ejercicio de sus propias religiones», que pueden incluir estupideces criminales como la de ojo por ojo y diente por diente, o la sujeción de la mujer.

En la religión católica, de la que te declaras poco practicante pero decidido partidario de su fe—al tiempo que haces divertida reivindicación de tu virilidad; totalmente innecesaria y gratuita, puesto que mi nota difícilmente la cuestionaba—hay mucha inconsistencia en materia de doctrinas sobre la sexualidad. La cosa ha variado y oscilado a lo largo de su historia, en la que han influido autoridades como la de San Agustín, que después de dedicarse por largos años a la parranda, la cogió por la gazmoñería y escribió unas «Confesiones» y asumió línea dura contra lo erótico.

La aparición de la Compañía de Jesús, para hacer Contrarreforma contra Lutero, que había tomado pareja, recrudeció la gazmoñería católica. Los jesuitas elaboraron una curiosísima doctrina, según la cual era posible pecar venialmente contra cualquier mandamiento, salvo el sexto. (A pesar de que, en teoría, el más grave pecado es el de soberbia, era posible incurrir en él en grado venial; en cambio, todo pecado de lujuria, así fuese mirar con deseo un trasero femenino, sería mortal).

Hasta la encíclica Casti connubii (Los castos esposos), de Pío XI, se tenía como único fin primario del matrimonio la procreación, que es argumento clave de tu exposición, y al amor sexual como un fin secundario definido como «remedio a la concupiscencia», es decir, a la supuesta tendencia humana a pecar, y se tenía por «los enemigos del alma» al «mundo, el demonio y la carne». Son innumerables las neurosis e histerias que esa prédica causó en quienes se creían pecadores por haber rozado el seno de la novia. Pío XI reconoció, sin embargo, que no sólo se remediaba la concupiscencia con la cópula, sino que también se lograba «la mutua ayuda de los cónyuges». Después de él (Pío XII en adelante) se equiparó esto último a la procreación para hablar de un doble fin primario. Estas posturas producían inconsistencias internas. El Código de Derecho Canónico, por caso, listaba dos clases de impedimentos al matrimonio. Los más leves, los impedientes, debían impedir el vínculo si se les conocía antes de la celebración del sacramento, pero no lo disolvían si la gente se casaba sin conocerlos. Los más fuertes, los dirimentes, disolvían el vínculo aun después de celebrado el rito y consumada la unión carnal. Pues bien, la esterilidad, que atentaría directamente contra el fin primario de la procreación, era sólo un impedimento impediente, mientras que la impotencia, que impide sólo la cópula y el goce de la «mutua ayuda» (no necesariamente la fecundación, que puede lograrse sin penetración), era tenido por impedimento dirimente.

En general, pues, las posiciones católicas acerca de lo erótico han rayado en lo absurdo, cuando no lo han rebasado. En un tiempo la doctrina católica consideraba que la completa abstinencia sexual era el estado más santo del hombre, y que el matrimonio se permitía sólo porque había quienes carecían de la fortaleza para la vida en castidad absoluta. Todavía en el siglo XX, José María Escrivá, fundador del Opus Dei, establecía una discriminación: los sacerdotes eran los oficiales de Cristo; los casados sólo sus soldados.

Obviamente, los aparatos sexuales sirven para la función reproductora, y el placer asociado a la cópula remunera evolutivamente la crucial función de la perpetuación de la especie. Obviamente, entonces, los homosexuales, masculinos o femeninos, no pueden procrear. Pero la actividad sexual es, me atrevería a afirmar, primero la búsqueda de placer o la expresión de amor de una persona por otra, y en contadas ocasiones la búsqueda intencional de prole. Ese placer—el orgasmo—es obtenible, por otra parte, en coyundas que no involucran el acoplamiento de un pene a una vagina, como ocurre con el sexo anal u oral, o las meras caricias manuales. (Esta circunstancia permitió a Bill Clinton argumentar, falazmente, que él no había tenido una relación sexual con Mónica Lewinski). En la inmensa mayoría de los casos las relaciones sexuales no se emprenden con fines meramente procreativos.

Hay otras posiciones, por supuesto. El Opus Dei enseña que sus miembros casados—los llamados «supernumerarios˝—deben hacer el amor pensando siempre que van a procrear. Esto es una interpretación estrecha del único fundamento para la idea (católica) de que el fin primario del matrimonio es la procreación. Tal noción tiene un único fundamento: la interpretación de que la procreación es un mandato directo de Dios, que habría dicho a Adán y Eva (mitología pura) en el Paraíso «Creced y multiplicaos». Hace décadas que asistí a un cursillo de teología dogmática, dirigido por un experto en Sagradas Escrituras cuyo nombre ya no recuerdo. Este letrado sacerdote advirtió que la interpretación bíblica era asunto de complejo cuidado, y tomó justamente esa oración divina para ilustrar el punto. En una sociedad de Primera Ola como la israelita primigenia, la mano de obra, y por ende una extensa prole, era el principal activo económico. De modo, pues, dijo el hermeneuta, que el deseo de proles extendidas era más una bendición y un buen augurio, y así Dios ha podido estar bendiciendo a Adán y Eva con la principal riqueza económica, la descendencia, antes que ordenándoles que se reprodujeran como acures. En suma, el experto en la Biblia ponía en duda el propio fundamento de la doctrina católica sobre el fin primario del matrimonio.

Martina Navratilova, grande del deporte blanco

Martina Navratilova, grande del deporte blanco

Es así como la actividad sexual no existe solamente para la procreación, y a través de ella puede establecerse con más fuerza, o con fuerza más natural, el vínculo amoroso entre dos personas, así sean estas homosexuales. Como dices, los homosexuales han sido condenados y discriminados en más de una latitud y un tiempo. Que cosas así ocurran, sin embargo, no equivalen a tener la condena y la discriminación por correctas. A comienzos del siglo XX, una mujer que osara fumar en una calle de Nueva York podía ir presa, como podía serlo, en varios de los estados norteamericanos, el hombre que exigiese a su mujer una caricia oral. Aquí hablamos de la nación más admirable de la modernidad, en la que equivocaciones tan monstruosas como ésas llevaron, por ejemplo, a toda una enmienda constitucional que prohibió el consumo de bebidas alcohólicas, «puestas por Dios» en la naturaleza para la celebración amigable.

Si una pareja heterosexual puede besarse en la vía pública, también tiene derecho a lo mismo una homosexual, pues no es menos humana que la primera y tiene derecho al amor. Entiendo que hay gente a la que esto le choca; también hay la que no quiere compartir el asiento de un autobús con un negro.

Admito tener dudas respecto de la posibilidad de adopción de niños por una pareja homosexual, lo que además no traté para nada en mi nota, que se limitó a sugerir que los homosexuales tienen derecho a establecer vínculos permanentes amparados y regidos por la ley. Como un infante proviene de un hombre y una mujer, lo deseable es que tenga padre y madre para criarlo. Pero, por una parte, hay sociedades o culturas en las que las familias son matricentradas, es decir, sin presencia de padre. Sin ir muy lejos, así es la sociedad venezolana en proporción mayoritaria, según escuché explicar recientemente al padre salesiano Alejandro Moreno, teólogo y psicólogo con décadas de residencia y trabajo en un barrio de Petare. Esa clase de familia, sostiene, es la familia venezolana normal.

Por la otra, puedo imaginar que sea preferible que un niño sea criado y amado por una pareja homosexual, masculina o femenina, antes que en un orfanato. La ternura no es, como sugieres, casi exclusiva de las mujeres que son madres. Tendré, pues, tu declaración a este respecto como expresión poética, aunque no por afirmación científica. Hay por la vida mucha mujer dura y castrante, seca, malévola, desnaturalizada, en la misma proporción que esos rasgos se hallarán en los hombres, independientemente de su orientación sexual.

Te dejo con un saludo y un sucinto inventario (Wikipedia) de diferencias fisiológicas y cognitivas—es decir, naturales o «puestas allí por Dios»—entre homosexuales y heterosexuales.

LEA

Recent studies have found notable differences between the physiology of gay people and non-gay people. There is evidence that:

    * The average size of the INAH-3 in the brains of gay men is approximately the same size as INAH 3 in women, which is significantly smaller, and the cells more densely packed, than in heterosexual men’s brains.

    * The suprachiasmatic nucleus was found by Swaab and Hopffman to be larger in gay men than in non-gay men, the suprachiasmatic nucleus is also known to be larger in men than in women.

    * The anterior commissure is larger in women than men, and larger in gay men than in non-gay men.

    * Gay men have, on an average, slightly longer and thicker penises than non-gay men.

    * Gay men’s brains respond differently to fluoxetine, a selective serotonin reuptake inhibitor.

    * The functioning of the inner ear and the central auditory system in lesbians and bisexual women are more like the functional properties found in men than in non-gay women (the researchers argued this finding was consistent with the prenatal hormonal theory of sexual orientation).

    * The startle response (eyeblink following a loud sound) is similarly masculinized in lesbians and bisexual women.

    * Three regions of the brain (medial prefrontal cortex, left hippocampus, and right amygdala) are more active in gay men than non-gay men when exposed to sexually arousing material.

    * Gay and non-gay people emit different armpit odors.

    * Gay men are more likely to have a counter-clockwise hair whorl pattern.

    * Gay and non-gay people’s brains respond differently to two human sex pheromones (AND, found in male armpit secretions, and EST, found in female urine).

    * Finger length ratios between the index and ring fingers may be different between non-gay and lesbian women.

Recent studies suggest the presence of subtle differences in the way gay people and non-gay people process certain kinds of information. Researchers have found that:

    * Gay men and lesbians are significantly more likely to be left-handed or ambidextrous than are non-gay men and women; Simon LeVay argues that because «[h]and preference is observable before birth… [t]he observation of increased non-right-handness in gay people is therefore consistent with the idea that sexual orientation is influenced by prenatal processes,» perhaps heredity.

    * Gay men and lesbians are more verbally fluent than heterosexuals of the same gender (but two studies did not find this result).

    * Gay men may receive higher scores than non-gay men on tests of object location memory (no difference was found between lesbians and non-gay women).

………

El 30/05/2008, a las 10:49 a.m., NN escribió:

Hola Luis Enrique, no me extraña en absoluto que te resulte un “tanto extraña” mi manera de comunicar mi pensamiento o el de cualquier otro que se oponga a tus criterios y opiniones, lo cual evidentemente no toleras. Solo puedo agregar que tu manera desdeñosa de descartar los argumentos de quien ose discrepar contigo y la arrogancia que demuestras en ello, no favorecen en lo mínimo tus aspiraciones políticas personales y perjudican notablemente tu labor como comunicador.

NN

P.D.: Me gustaría conocer las referencias específicas en la cuales fundamentas tu afirmación de que a no menos de a 1500 especies animales se les observa comportamiento homosexual, así como la fuente histórica en la cual fundamentas la práctica homosexual entre los espartanos.

………

Luis Enrique Alcalá
Para: NN
Cc: XX
Re: EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL

Hola, NN. Yo pudiera hacer apreciaciones sobre tu personalidad, tal como se revela en tus comunicaciones, en lugar de atenerme, que es lo que he hecho, a refutar tu argumentación. Esto no has podido hacerlo tú, y te refugias en observaciones de carácter personal, absolutamente impertinentes. (Carentes de pertinencia).

El dato sobre el comportamiento de militares espartanos lo escuché por primera vez de boca de mi profesor de Historia de las Instituciones, en 1963. Pero puedes comprobarlo tú mismo en el siguiente enlace:

http://en.wikipedia.org/wiki/Homosexuality_in_the_militaries_of_ancient_Greece

Lo referente a la cantidad de especies animales puedes cotejarlo en:

http://en.wikipedia.org/wiki/Homosexuality

Tal vez la lectura completa de estos artículos te permita entender la estructura de tus prejuicios.

Sabré agradecerte te abstengas de ulteriores comunicaciones conmigo.

Luis Enrique Alcalá

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Para empezar…

Así se dice próxima apertura en catalán

Así se dice próxima apertura en catalán

Hay piezas musicales que son portaestandartes. Abren una colección de piezas, una ópera, un ballet u otra clase de obras. He aquí unas cuantas instancias.

Prekudio al Te deum: parte de violín

Prekudio al Te Deum: parte de violín

Comencemos por la Introducción al Te Deum en Re mayor, H. 146, de Marc-Antoine Charpentier (1643-1704). Tal como es de esperar, es una música alegre: un Te Deum es un himno de acción de gracias, propio de celebraciones. (En Tosca, de Puccini, el Primer Acto cierra con uno equivocado; el oficialismo italiano de la época—el barón Scarpia incluido—celebra lo que creyó una victoria contra Napoleón, pero la cosa resultó al revés, y esto último se revela en el Acto Segundo). Charpentier descolló en el Barroco por la calidad de sus composiciones; para muestra, este botón que no por nada fue escogido por la Unión Radiofónica Europea como su tema insignia. Aquí lo interpreta la Orquesta de Cámara Inglesa conducida por Raymond Leppard.
Te Deum

El Rey del Barroco musical, tal vez de toda la música occidental, es el grandísimo Johann Sebastian Bach (1685-1750). Cuatro fueron las suites orquestales que compuso, y a ellas se las llama en alemán Ouvertüren, pues todas tienen como número inicial una obertura, que ya no preludiaba una ópera sino una suite de danzas u otras piezas. Ese término se emplearía más adelante para designar obras independientes que presagiaban la forma que se conocería como poema sinfónico. (Por ejemplo, la pieza perfecta de Tchaikovsky: la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta). Aun así, se suponía que debían iniciar un concierto, delante del resto de las piezas que lo compusieran. De la Suite Orquestal#3 en Re mayor (BWV 1.068) de Bach, escuchemos su grandiosa Obertura por la Akademie für Alte Musik de Berlín con la dirección de Bernhard Forck.
Suite Orquestal #3

El tercer gran líder—Mozart fue el segundo—de la música noble de Occidente, Ludwig van Beethoven (1770-1827), compuso varias oberturas: Egmont, Coriolano, Leonora I, II y III, Las ruinas de Atenas, La consagración de la casa… Su ópera principal es Fidelio, para la que compuso una obertura que aquí escucharemos en versión de Riccardo Muti al frente de la Orquesta de Filadelfia.
Fidelio

Caricatura de Berlioz en el Wiener Theaterzeitung (1846)

Caricatura de Berlioz en el Wiener Theaterzeitung (1846)

Poco después del paso de Beethoven por la tierra emergería la música de Héctor Berlioz (1803-1869), un compositor adelantado a su época. Esto es más evidente en su sinfonía dramática Roméo et Juliette (1839), una obra sinfónico-coral de gran escala. Berlioz fue un gran orquestador—escribió el Grand traité d’instrumentation et d’orchestration modernes (1844), anticipador de los Principios de orquestación (1891) de Nikolai Andreievitch Rimsky-Korsakoff— y un director de orquesta que exigía conjuntos de enormes dimensiones, los que no se verían en Europa sino hasta la época de Gustav Mahler (1860-1911). Por ese rasgo fue caricaturizado más de una vez, al punto de que nadie menos que Gustave Doré se ocupó de él en una caricatura publicada en el Journal pour rire en 1850. Ahora nos ofrece la Introduction de Romeo y Julieta la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Colin Davis.

Roméo et Juliette

Otro poderoso compositor, esta vez el ruso Aleksandr Borodín (1833-1887), es el autor de la ópera El Príncipe Igor, de la que son especialmente populares sus Danzas Polovtsianas, o Danzas de los pólovtsy (cumanos), una tribu nómada que habitó a lo largo del Volga al norte del Mar Negro. El segundo tema de su Introducción es el de la canción Stranger in paradise, un número del musical de Robert Wright y George Forrest, Kismet, cuya música es enteramente de Borodín. El mítico Herbert von Karajan dirige la Orquesta Filarmónica de Berlín.

Danzas polovtsianas

Del mismo modo, lo primero que suena en la obra de Igor Stravinsky (1882-1971) Le Sacre du Printemps (La Consagración—o Rito—de la Primavera) es la Introduction de su Primera Parte (L’adoration de la Terre), cuyo tema es inicialmente expuesto por el fagote. La obra causó un escándalo durante su estreno en París (1913) con los Ballets Ruses de Sergei Dhiagilev y tal vez esa introducción haya sido inspirada en el comienzo de Prelude a l’aprés midi d’un faune (1894), obra de Claude Debussy sobre un poema de Stéphane Mallarmé. Para facilitar el cotejo, primeramente suena el número de Stravinsky (Pierre Boulez con la Orquesta de Cleveland) seguido del tema de Debussy.

Le Sacre du Printemps
L’après-midi d’un faune

Montaje del Ballet de San José, California

Montaje del Ballet de San José, California

Carl Orff regaló a los melómanos una obra extraordinaria: su cantata escénica Carmina Burana (Canciones del Beuern). Aunque la música (1935-36) está orquestada con la riqueza instrumental del siglo XX, Orff logró una ambientación melódica y rítmica que sugiere su origen medieval. (Las letras de los distintos números están tomadas de una colección de poemas de los siglos XI, XII y XIII, descubierta en 1803 en la Abadía Benedictina del Beuern, en Baviera. Orff compuso también Catulli Carmina y Trionfo di Afrodite para completar la trilogía Trionfi). La impar obra fue estrenada en Francfort en 1937, en su versión completa con danza. Desde entonces, el mundo no ha dejado de disfrutarla y admirarla; nada más apropiado: Orff sigue en ella su concepto de escena total, su Theatrum Mundi. Aquí nos entregan su número introductorio—O Fortuna, que se repite, como en el Magnificat de J. S. Bach, al final—, de la breve sección inicial de la obra (Fortuna Imperatrix Mundi), la Orquesta Sinfónica de Londres y su Coro bajo la dirección de André Previn.

O Fortuna

De la precedente riqueza musical pasemos a la simplicidad de la Entrada de las Waldszenen (Escenas del bosque. op. 82) de Robert Schumann (1810-1856), en ejecución de Rudolf Serkin.

Entrada

El inicio de un tema con variaciones es la exposición del tema mismo. (Una excepción es la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rachamninoff, que comienza por la primera variación precedida por una introducción). Está aquí el tema de las Variaciones para orquesta sobre un tema original (Enigma), del compositor inglés Edward Elgar (1857-1934), compuestas entre 1868 y 1869. Leonard Bernstein se encarga de dirigir a la Orquesta Sinfónica de la BBC para ofrecérnoslo.

Tema

La esposa de Weill estrenó el pael de Anna I

La esposa de Weill estrenó el papel de Anna I

Nadie discutirá que un prólogo es lo que viene antes de otro texto más largo, y hay obras cantadas que lo tienen. Uno famosísimo es el de la ópera Los Payasos, de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919), la más famosa de sus obras. El gran barítono y bajo Ettore Bastianini se encarga de certificar que los artistas son gente de carne y hueso. De seguidas, Gisela May, acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig que conduce Herbert Kegel, nos trae el Prólogo de Los siete pecados capitales (en alemán, Die sieben Todsünden), un ballet chanté que surgió de la colaboración en 1933 (el año de la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania) del dramaturgo Bertolt Brecht, el músico Kurt Weill y el coreógrafo George Ballanchine. La ocasión trajo el alejamiento de Brecht y Weill; el primero quiso que esta historia de una esquizofrénica (Anna), ambientada en los Estados Unidos, siguiera un tratamiento marxista y Weill impuso un enfoque psicoanalítico. (La composición de Weill trae su habitual reminiscencia de la música de cabaret).

I Pagliacci

Los siete pecados capitales

Arriba se mencionó de pasada el concepto de poema sinfónico, una obra que sigue un poema, una narración o algún elemento pictórico en su desarrollo. Quien primero empleara el término fue el compositor y virtuoso húngaro Franz Liszt (1811-1886). Él mismo compuso trece obras de esa clase, y Les Préludes (d’aprés Lamartine), la tercera de ellas, se ocupa de representar musicalmente una oda del poeta francés en sus Nouvelles méditations poétiques. Es el poema sinfónico más popular de Liszt; el informe radial del ejército alemán (Wehrmachtbericht) en la Segunda Guerra Mundial, así como el noticiero Die Deutsche Wochenschau, emplearon la marcha final como su tema musical. La fina Orquesta Filarmónica de Viena es dirigida acá por Giuseppe Sinopoli.

Les Préludes

Pietro Mascagni

Pietro Mascagni

Un verdadero Preludio es el que introduce la ópera Cavalleria rusticana, la exitosa composición breve de Pietro Mascagni (1863-1945) que frecuentemente se graba junto con Los payasos. Aquí suena en los instrumentos de la Orquesta Filarmónica de Praga dirigidos por Friedemann Riehle. Daniel Barenboim queda a cargo de la Orquesta de París para interpretar otro muy importante, con el que cierra esta entrega de músicas introductorias: el Preludio a los Maestros Cantores de Nuremberg, la solemne composición de Richard Wagner (1813-1883). Es tan bueno, que a pesar de ser un preludio funciona perfectamente como epílogo.

Cavalleria Rusticana

Maestros Cantores

Bueno, ahora que quince magníficos músicos nos han preludiado quince veces, es hora de que nos pongamos a hacer algo muy importante. LEA

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