por Luis Enrique Alcalá | Oct 4, 2014 | Dr. Político en RCR, Política |

Sábados a mediodía en RCR 750AM
Con el eco de la nota sobre la muerte de Danilo Anderson—a punto de que se cumplan diez años de ella—, se ofreció consideraciones sobre el asesinato del diputado Robert Serra, que incluyeron una censura a la pugnaz e insultante actuación del oficialismo, enfocada sobre Jesús Torrealba, el flamante Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática. Esto dio pie a la postulación de una nueva misión para la MUD: en lugar de unir a la oposición, unir al país. En tono de luto, se escuchó la Elegía de Joan Manuel Serrat y Con te partirò, canción de Lucio Quarantotto que popularizó Andrea Bocelli. Aquí está el audio de la edición #113 de Dr. Político en RCR.
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 2, 2014 | Notas, Política |

Por Robert Serra y por el país
Al día siguiente de la muerte de Danilo Anderson, la Carta Semanal de doctorpolítico emitió un número extra (113A), cuyo texto—País desconocido—se reproduce a continuación a propósito del asesinato del diputado Robert Serra:
José Vicente Rangel estaba allí, también Isaías Rodríguez, Juan Barreto. Jesse Chacón y Andrés Izarra, Cilia Flores e Iris Varela, Vladimir Villegas y Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez y Darío Vivas. Todos estaban allí, en el sitio del atentado. Es natural que allí estuvieran.
Pero eché en falta las caras de Julio Borges, de Pompeyo Márquez, de los alcaldes de Baruta, Chacao y El Hatillo, de Enrique Mendoza, de Henry Ramos Allup y Eduardo Fernández. Allí debieron estar y no estuvieron. Tan sólo aparecieron los opositores José Luis Farías, diputado de Solidaridad, y Claudia Mujica, defensora de los ex fiscales del ministerio público destituidos por el fiscal general Isaías Rodríguez, para expresar su repudio al crimen. Tal vez los otros llamaron a celulares del gobierno para un contacto humano.
Cuando ocurrió el “carmonazo”, no hubo de parte de los más ostensibles líderes de la oposición una condena suficiente, contundente e inequívoca de ese vergonzoso episodio. Esta vez no puede pasar lo mismo. Si algo quedase de Coordinadora Democrática, debiera convocar hoy mismo a una de esas marchas que antes preconizaba, para expresar el más claro y amplio repudio al asesinato monstruoso del fiscal Danilo Anderson. Si alguna sensatez y responsabilidad política reposaran en los que una vez fueron—ya no lo son—los líderes de la oposición, hoy mismo debieran aproximarse al gobierno y acercarse al pueblo para un gesto de patria, para una elevación por sobre las terribles diferencias y para la construcción de unanimidad nacional en la condena a tan criminal y estúpida acción. Para condenar que hace nada salía en prensa nacional un obituario y conmemoración del manco coronel von Stauffenberg en el que se sugería, con obvia intención local, que el magnicidio de tiranos, con palabras de ilustres romanos y hasta de un doctor de la Iglesia, es de suyo moralmente meritorio. Para cesar en este juego demencial de muerte.
Sin esguinces, sin condicionamientos. Eso le sale a cualquier liderazgo ejercido o por ejercer en Venezuela. Eso le sale al país entero. A cada venezolano, pero muy en especial a quienes forman opinión, a quienes hacen vida pública. Desde la Conferencia Episcopal Venezolana, que seguramente hablará de inmediato, hasta los feligreses de cualquier religión; desde los dueños de cada medio de comunicación del país hasta el más íngrimo de los reporteros; desde el más grande y próspero empresario, el más encumbrado académico o el más cotizado cantante, hasta el pulpero más sencillo, el maestro más humilde y el más alcanzado serenatero.
Quiero ver páginas enteras de comunicados de repudio en los periódicos. Quiero ver allí las firmas de Elías Pino Iturrieta y Pedro León Zapata, las de Albis Muñoz y Rafael Alfonzo, las de Teodoro Petkoff y Tulio Álvarez, las de María Corina Machado y Gerardo Blyde. Quiero oír a cada ONG condenar la brutalidad y el abuso, quiero ver el programa Aló Ciudadano con una banderita nacional a media asta, quiero una llamada de Silvino Bustillos para ofrecer su llanto, y la valiente asistencia de Napoleón Bravo y Ángela Zago a las exequias del fiscal preincinerado.
No hay ganancia ninguna en tan abominable atentado. Sólo en mentes enfermas puede caber la noción de que una puñalada tal al corazón venezolano, tal vergüenza y tal rabia, pueden servir a algún propósito. Hasta el nazi periférico Carl Schmitt escribía: “No existe objetivo tan racional, ni norma tan elevada, ni programa tan ejemplar, no hay ideal social tan hermoso, ni legalidad ni legitimidad alguna que puedan justificar el que determinados hombres se maten entre sí por ellos”.
Más allá de lo criminoso hay estupidez de lo más reconcentrada. Ya Bush la había cogido con Irak antes del 11 de septiembre. La monstruosidad del primer acto hiperterrorista de la historia galvanizó su ánimo, y ha llevado a las muchas muertes que sabemos. ¿Qué podrá estar pasando ahora por el afiebrado cerebro de Hugo Chávez, cuyo carácter es de por sí agresivo y propenso a la violencia? ¿Es que los “estrategas” de esta aberración terrorista quieren justamente desatar su ira? ¿Es que visualizan una política de etarras, eternizada en asesinatos que no sólo son criminales sino enteramente ineficaces políticamente hablando? ¿Qué es lo que se quiere? ¿Darle pretexto a un gobierno abusivo para que su represión sea más dura, para que la mordaza de la ley de contenidos sea apretada más, para que el seguimiento de los casos llevados por Anderson redoble su saña?
Claro que la neurosis de etiología política que nos domina desde que Chávez llegó al poder no dejará de sospechar que el crimen fue justamente un montaje gubernamental, la fabricación de una coartada para acelerar la tendencia totalitaria, para enfebrecer a la revolución. Claro que el peligro ha subido grandemente—el “riesgo país” debiera recrecer de inmediato—pues algún grupo armado paragubernamental, de esos que no cogen línea ni obedecen instrucciones—aunque sí a veces consignas—pudiera escoger un blanco representativo como represalia, y tratar el espantoso incidente como un Sarajevo del año 14, como un insulto que debe ser contestado con otro asesinato, con guerra.
Cilia Flores apuntaba a los reporteros desde Los Chaguaramos, con toda la razón pero sin ningún derecho, que una cosa tan consternante no está en el carácter venezolano, dado naturalmente a la paz. Porque tal declaración, si no totalmente cínica, es verdaderamente insólita. No ha habido en toda la historia de esta pobre ex provincia española un gobierno tan dado a la siembra del odio y la violencia como el que ella defiende. La semiótica fundamental del gobierno chavista es esencialmente agresiva e intolerante.
Si el 11 de septiembre de 2001, si las decapitaciones vídeoregistradas y difundidas por Al Jazeera, si las mutilaciones de rehenes, si todo esto es tan dantesco y de una proporción que casi acaba con el respeto que por nosotros mismos tenemos como especie, uno no puede dejar de preguntarse qué es lo que hacen los Estados Unidos para que un odio tan visceral y tan diabólico pueda habitar el corazón de bin Laden, los de sus kamikaze de líneas comerciales, los de radicales en Jihad que disparan a la cabeza de una mujer que dedicó su vida a trabajar por los iraquíes pobres.
Y uno se pregunta entonces: ¿es esto, Hugo Rafael, lo que tú querías? Porque Hugo Chávez ha venido preparando, abonando, sembrando, criando, estimulando, detonando la violencia. Es este país que ya no reconocemos el que su incontrolado e irresponsable verbo ha traído. Tú, Hugo Rafael, eres muy responsable de la muerte del fiscal Anderson. Tú inoculaste la fiebre.
Ahora veremos si es que de verdad puede llamársete líder. Si ahora que la muerte ha alcanzado a otro venezolano, esta vez a uno de tus más destacados oficiales políticos, eres capaz de erguirte, avergonzado de tu obra y refrenado en tu cólera, e impedir que este innecesario episodio se convierta en una escalada de violencia. ¿Es que necesitas otra comprobación de que nos llevas por rumbo equivocado? Si, como dices, el 11 de abril morigeró en algo tu terquedad ¿cuál es la lección que esta muerte te ofrece? ¿Serás capaz de aprenderla, o actuarás como aquellos a quienes criticas desde tus hábitos histriónicos?
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 1, 2014 | Notas, Política |

El hombre del día
Es la hora de Jesús Torrealba. Tiene por delante una oportunidad de las que pocas veces se presentan en la vida: la posibilidad de conducir la metamorfosis de una organización política que, con logros importantes, todavía no ha sido capaz de convencer al número suficiente de electores como para superar el planteamiento socializante. En principio, lo viejo cabe dentro de lo nuevo pero no lo nuevo dentro de lo viejo:
…necesitamos nuevos contextos, nuevas organizaciones, para el aprovechamiento inteligente y concentrado de mucho talento político nacional. No es lo más eficaz, con perdón de la inscripción de Jon Goikoetxea en Primero Justicia, el procedimiento inverso de colocar un elemento nuevo en un ambiente viejo. El gurú de la sociología de la comunicación y la modernidad que fuera Marshall MacLuhan tuvo esto muy claro, y sugirió que un sillón Luis XV podía lucir estupendamente en el más moderno pent house de Manhattan, pero que un computador en el Palacio de Versalles reventaría su ambiente de un modo chocante e incomprensible. (Principal virtud, 19 de febrero de 2009).
Pero hay circunstancias en las que es posible detonar una transformación de lo antiguo. Así actuó, para bien de su país y el mundo entero, Mijaíl Gorbachov. Miembro del Partido Comunista soviético—fue su Secretario General a partir de 1985—, inició las reformas que terminarían la era del comunismo ruso; esto es, desde dentro del propio monstruo provocó su superación. Si Torrealba se limita a gerenciar el mismo negocio de antes, sin más aporte que su prestigiosa trayectoria de líder comunitario, su «apoliticidad»—que ha representado un refrescamiento instantáneo de la esperanza y el entusiasmo opositor—, sus dotes de comunicador, sin más que un giro estilístico, poco se habrá logrado. Claro que el solo deterioro del apoyo al gobierno pudiera redundar en un triunfo decisivo de la Mesa de la Unidad Democrática, pero esto ocurriría por rechazo de la incompetencia del gobierno presidido por Maduro, antes que por excelencia de la MUD. Claro que visto el desagrado casi universal en la ciudadanía, la tentación de conformarse con cualquier cosa que derrote al madurismo es muy grande, pero el alivio podría ser efímero. La ambición debe ser mayor que la suplantación del horror por la mediocridad.
Torrealba llega a la misma posición por segunda vez. En 2003 y 2004 se desempeñó como Coordinador y vocero de la Coordinadora Democrática, funciones que dejó abruptamente luego del fiasco del referendo revocatorio. (Es conjetura enteramente personal e indocumentada que, si los directivos de la organización de la que la MUD es hija única hubieran hecho más caso a Torrealba, las cosas hubieran sido bastante mejores). Ya en aquel momento destacaba por la claridad y contundencia de sus participaciones públicas. He aquí una muestra; el 2 de diciembre de 2003 declaró a una emisora colombiana, luego de que Súmate hubiera logrado recoger más de tres millones y medio de firmas para convocar ese referendo:
(La postura expresada por Torrealba en esa ocasión demuestra que entonces la oposición respetaba al árbitro electoral, y que admitió los controles que el Consejo Nacional Electoral impuso a ese proceso, lo que hoy en día es cuestionado por Voluntad Popular. El numeral quinto del Artículo 293 de la Constitución dice que es función del CNE «La organización, administración, dirección y vigilancia de todos los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como de los referendos»).
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La aceptación de la tarea de coordinar la MUD por parte de Torrealba se conoció el pasado 24 de septiembre, dos días después de que la organización decidiera encargársela. En total ignorancia de que esta secuencia se daría, tuve el atrevimiento de sugerir en la edición #110 de Dr. Político en RCR (13 de septiembre) que convendría a la MUD traer un nuevo Secretario Ejecutivo que viniera con un programa de cambio, y que la modificación esencial sería un cambio de misión: en lugar de ser una mesa para unir a la oposición, que se propusiera serla para unir al país.
Hace unos días, en un sorprendente ejercicio de lucidez, por lo demás habitual en él, el Dr. Ramón J. Velásquez dibujó con hábil pincel grueso el trayecto histórico que nos ha traído a este insólito momento. Con toda la intención trazó la rúbrica de cierre: “El resultado de todo esto es que el país está dividido”. ¿Unir a “la oposición”, cuando la mitad de la nación no le está afiliada, sería la estrategia adecuada? Tal vez, pero la tarea política profunda es la de unir a ese país dividido. (Principal virtud).
En el fondo, es la «falla de origen» de la Mesa de la Unidad Democrática concebirse como una estructura de oposición, alienada en función de la existencia del enemigo. En marzo de 2011 dijo Henry Ramos Allup: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”, y el propósito era salir de Chávez. Desde 1998, el protocolo de actuación opositora fue acusar a Chávez y ahora lo es acusar a Maduro, varias veces al día. Pero lo que había que hacer era no tanto acusarlos sino refutar su discurso, y proponer una lectura clínica desde un plano discursivo superior; en otras palabras, más que oponerse a Chávez y su heredero, superponérseles.
Ahora podría cambiar Torrealba las cosas, y para lograrlo debiera procurar la metamorfosis—DRAE: Transformación de algo en otra cosa—de la Mesa de la Unidad Democrática. Y es ahora, ya mismo, cuando debe intentarlo; a corto plazo, la MUD no podría pagar el costo político de prescindir de Torrealba; sería la garantía de su dispersión. Es ahora cuando puede exigir e imponer.
El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de «movimiento de movimientos», para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito. En 2016, Torrealba tiene que estar en capacidad de presentar un logro concreto: que el oficialismo haya perdido su mayoría en la Asamblea Nacional luego de las inminentes elecciones. Tal meta es alcanzable, pero hay que trabajar, y buena parte de ese trabajo es educativo. No hace falta convencer de esto último a quien es egresado del Instituto Pedagógico Nacional. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 27, 2014 | Dr. Político en RCR, Política |

En Radio Caracas Radio los sábados a mediodía
Como había prometido a una oyente, introduje el programa #112 de Dr. Político en RCR con una consideración de la reiterada propuesta de Voluntad Popular de una nueva asamblea constituyente (una «reconstituyente»), formulada como «cambio urgente, profundo e incluyente» que desplace de un todo al actual gobierno de Venezuela. Música de Charles Gounod—Moderato con moto, de la música de ballet de su ópera Fausto—y de Georges Bizet—Farandola, de la Suite #2 de La arlesiana—sonó en esta transmisión. Acá abajo, está el archivo de audio del trabajo de hoy:
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 23, 2014 | Miscelánea |

Abel Gutiérrez, profesional de confianza, responsable y serio
Le ruego un minuto de su paciencia para tolerarme algo que no he hecho jamás en este blog: una cuña publicitaria que no es, por otra parte, de nada mío, sino sobre las capacidades de un estimado amigo. Se trata de certificar, con la mayor seriedad y el mayor gusto, las habilidades de Abel Gutiérrez, un albañil, pintor y electricista de grandes profesionalismo y honradez.
Puedo hacerlo a conciencia porque Abel estuvo trabajando un buen número de meses en mi hogar, donde la remodelación de la cocina y la colocación de un piso fueron operaciones complejas que exigieron el conocimiento y arte de Abel en albañilería de altura, electricidad, plomería y pintura. Abel supo asistir las necesidades del proyecto liderado por mi esposa con dominio de su oficio, puntualidad, dedicación y honorarios razonables. En el lapso que afortunadamente estuvo al servicio de nuestra casa, trabajó en estrecha y capaz coordinación con expertos carpinteros y graniteros, e instaló equipos de línea blanca con plena seguridad. En ciertas fases del trabajo, procuró el apoyo de dos asistentes, cuyo trabajo planificó y coordinó. Abel domina, por otro lado, la colocación de cerámica, porcelanato y mármol.
De modo que puedo recomendarle con la mayor confianza que guarde este número de teléfono celular de Abel: 0416-7246256. Sea que se trate de trabajos e instalaciones menores, o de remodelaciones mayores, le resultará ventajoso llamarlo y contratar sus servicios. No se arrepentirá.
Muchas gracias por haberme prestado su atención en esta comunicación anómala. LEA
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