por Luis Enrique Alcalá | Jul 1, 2015 | Notas, Política |

Sobre el mejor político del mundo
El domingo por la noche veía en televisión la película Mandela: el largo camino hacia la libertad. Quizás sea el momento cumbre del filme una declaración televisada del increíble ciudadano del mundo que fue Madiba. La iniciaba leyendo una nota que una mujer, sobreviviente de la matanza de Boipatong, le había entregado en su visita a la adolorida población, en la que cuarenta y cinco personas murieron y muchas otras resultaron lisiadas de por vida. La nota decía: «No queremos paz; ya hemos tenido suficiente. Denos armas, Mandela, no nos dé paz».
Mandela dijo entonces a su torturado pueblo: «Mientras yo sea su líder les diré cuándo están equivocados. La única salida es la paz. Perdí 27 años de mi vida en prisión y ya he perdonado a mis captores; si yo pude perdonarlos, ustedes también pueden. No podemos ganar una guerra, pero sí podemos ganar una elección».
El 27 de abril de 1994, el Congreso Nacional Africano lograba 62% de los votos en la elección presidencial y menos de dos meses después Nelson Rolihlahla Mandela tomaba posesión como el primer Presidente negro de Sudáfrica—ése sí fue un Negro Primero—y procedió a nombrar a Frederik Willem de Klerk, su adversario, como Primer Vicepresidente.
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Con frecuencia se nombra entre nosotros a Mandela (o a Gandhi o King) para exaltar a dirigentes opositores de los más radicales, y se garantiza en Facebook la prisión a nuestros villanos favoritos entre los políticos del chavismo sin más prueba que una denuncia en algún medio español. Si dejáramos de ser selectivos y no suprimiéramos convenientemente esta suprema lección de Mandela, podríamos valorar si también entre los venezolanos es preferible la paz a la condena, la elección a «la salida».
Lo que hemos vivido en Venezuela los últimos dieciséis años no es siquiera una pálida semblanza del sufrimiento sudafricano durante el apartheid. Que nos hagan un favor los héroes de la oposición furibunda en las redes sociales: no vuelvan a mencionar al gran líder de África. Digo, para ser respetuosos de su memoria. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 30, 2015 | Entrevistas, Política |

Manuel Felipe Sierra conduce Venezuela al Día
A las 7:30 a. m. de hoy estuve con Manuel Felipe Sierra en su programa Venezuela al Día, que transmite Radio Venezuela (790 AM). He aquí el audio de nuestra conversación:
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 29, 2015 | Entrevistas, Política |

No siempre tengo la razón
El 11 de junio, me entrevistó el periodista Edgardo Agüero para el influyente semanario La Razón, lo que agradezco inmensamente. Agüero formuló su cuestionario a partir de lo que me escuchó decir en la edición #146 de Dr. Político en RCR, transmitida el 30 de mayo. Publicada ayer la entrevista por el anfitrión, he aquí sus preguntas y mis respuestas:
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Entre los planteamientos que formula en su programa de RCR, usted ha propuesto un referendo consultivo—no vinculante—sobre la conveniencia de implantar en el país un régimen socialista.
Es una consulta que planteé ya hace seis años, cuando por primera vez apareció en las encuestas un rechazo mayoritario al socialismo. (En noviembre pasado, Datanálisis midió ese rechazo en 80%, las cuatro quintas partes del país). Los líderes opositores de entonces, como los actuales, desecharon la iniciativa, pero todo decreto presidencial se encabeza ahora como acto de “construcción del socialismo”. Jesús Torrealba la desestimó diciendo que “para cruzar ese puente hay que llegar al río”, aunque intenté hacerle notar que se llegaría mejor al único río que vislumbra, las elecciones parlamentarias, pues aumentaría la propensión a votar. (El referendo no sustituye esas elecciones; se haría simultáneamente con ellas para ahorrar costos y logística). Julio Borges, a quien le propuse por carta del 1º de marzo que abanderara la idea sin que yo reivindicara protagonismo alguno, ni siquiera ha acusado recibo a esta fecha. Al menos ahora no me meten mentiras acerca de los registros de opinión, como hicieron en 2009 y 2010.
Pero tal referendo sí sería vinculante, como lo fue el de abril de 1999 que consultó si se quería convocar una constituyente. Lo que no sería vinculante es una consulta también legítima: “¿Estima Ud. conveniente que el presidente Maduro abandone su cargo?” No lo sería porque la Constitución prevé un mecanismo específico para la remoción del Presidente: el referendo revocatorio.
Pero el fondo del asunto es esta consideración: ante una crisis de la dimensión que padecemos, es insólito que no se procure el pronunciamiento del Pueblo, el Poder Constituyente Originario, en una democracia supuestamente participativa. Ni el oficialismo ni la oposición formal están interesados en consultarle; sólo quieren que elija mandatarios o representantes, es decir, que sólo haga democracia representativa. Así conservan ellos el protagonismo mientras dan discursos sobre la democracia participativa protagónica, histórica, endógena, biométrica y demás esdrújulas.

Debe hablar el Soberano
Yo establecería referendos anuales sobre la gestión del Ejecutivo Nacional. Lo más fundamental en una postura democrática es precisamente una real confianza en el pueblo, y eso, como el café y los medicamentos contra la alta tensión arterial, escasea en las cadenas de suministro del PSUV y la MUD.
Escuché algo sobre un nuevo tipo de organización política.
La política, en tanto profesión, está en crisis en todo el planeta, y la causa de este fenómeno debe buscarse en los marcos mentales obsoletos de los actores políticos convencionales. Más específicamente, está en crisis la política entendida como lucha por el poder que se justifica por una ideología, y todas las ideologías son creaciones del siglo XIX, cuando las sociedades eran bastante menos complejas que las del siglo XXI. Hace falta sustituir ese paradigma por el de una política clínica, una que se entienda como oficio de resolver seria y responsablemente los problemas públicos. Ninguna otra cosa justifica los partidos, ni siquiera al Estado mismo. Hace falta, pues, un espacio organizacional que traiga un código genético distinto del de un partido tradicional, como único modo de alojar el nuevo paradigma clínico.
Se habló también acerca de las condiciones que debe reunir un líder que enfrente a Maduro…

La fuente de Tocqueville
He tratado este tema desde mucho antes de que tuviéramos conciencia de Maduro; específicamente, desde 1987. El 18 de noviembre pasado dije en otro programa de RCR que el primer rasgo de un sucesor deseable es que no venga ni del oficialismo ni de la oposición, pues tal vez sea nuestro principal problema político unir a un país dividido. (Datincorp registró el mes pasado que 17% de la opinión nacional cree que la solución de nuestros problemas vendría del oficialismo, 18% de la oposición y ¡56% de un nuevo liderazgo!) Tendría que ser, por supuesto, una persona con dotes ejecutivas demostrables y, por encima de todo, alguien conocedor del arte del Estado, que Tocqueville definió como “una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”. Obviamente, tendría que ser un estadista transideológico, clínico.
Ha considerado también la iniciativa por vía referendaria de introducir una enmienda a la Constitución que reduzca el periodo presidencial a tres años. ¿Por qué?
La hacen apetecible el sufrimiento, la angustia y el hartazgo de los ciudadanos, y una enmienda puede ser introducida por 15% de los electores, lo que es más barato que un revocatorio, que exige 20% y sólo empezaría a reunirse el año que viene, mientras podemos convocar la enmienda ahora mismo. Si, por otra parte, el referendo se celebrare con las elecciones de Asamblea Nacional, el período de Maduro expiraría el 10 de enero de 2016. (Él podría postularse a la reelección, y esto es menos astringente que la revocación de su mandato, que impediría esa posibilidad). Luego, las técnicas administrativas modernas permiten resultados fundamentales en sólo tres años; si un presidente no puede mostrarlos en tres años, entonces es un mal presidente. Esta es una iniciativa, por cierto, que inventó Primero Justicia a fines de 2001, sólo que al no poder lograr la mayoría necesaria para plantearla desde la Asamblea a comienzos del año siguiente, pensó luego en la iniciativa popular, la que pasó al olvido por la secuencia del Carmonazo, la toma de la Plaza Francia por militares en rebeldía y el suicida paro de los petroleros. En todo caso, PJ proponía una reducción del período de seis a cuatro años.
Muchos analistas pronosticaron que con el derrumbe de los precios del petróleo se derrumbaría el gobierno, cosa que no ha ocurrido. ¿A qué lo atribuye?
El gobierno se está derrumbando, pero los barcos grandes tardan mucho en hundirse. El Estado de los socialistas es el más recrecido de toda nuestra historia republicana.
Algunos interpretan la escasa concurrencia a la protesta impulsada por Leopoldo López como una división insalvable, otros la califican como un golpe mortal a la “unidad”. ¿Qué piensa usted?

La sociedad como torta
La Mesa de la Unidad Democrática intenta ahora ahorrarse el divorcio, aunque López, Machado y Ledezma han demostrado más de una vez que juegan sin consideración de la unidad. Veinticuatro horas antes de las últimas elecciones municipales publicaron un comunicado que abogaba por una constituyente, aunque se comprometieron el año anterior con los lineamientos programáticos de la MUD, que explícitamente excluían la convocatoria de una constituyente. El 12 de febrero del año pasado detonaron la infeliz guarimbada, también por su cuenta. El 11 de febrero de este año volvieron por sus fueros, propugnando un tal acuerdo nacional para la transición que habría que componer sectorialmente, como si nuestra condición de ciudadanos nos viniera de pertenecer a algún sector. Es lo que Chávez creía que debía regir la composición de la constituyente de 1999. Creo que la MUD estima que no puede darse el lujo de expulsarlos.
Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?
Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos.
¿A qué atribuye el hecho de que la oposición no logre capitalizar el descontento popular con la actual gestión de gobierno?
La MUD es esencialmente una confederación de partidos ideológicamente disímiles. Ramos Allup dijo que en ella no se compartía ideales ni principios, sino propósitos; esto es, salir del chavismo-madurismo. De allí que su protocolo de actuación sea acusar al gobierno, mostrándose incapaz de refutar el discurso oficial en cabeza de los electores, que ha sido siempre la tarea necesaria. Como se trata de actores convencionales, sólo sabe oponerse, cuando lo que se debiera lograr es superponerse, con un discurso de nivel superior del que carece. Su falla de origen es, justamente, entenderse como oposición, como algo que está definido en función de un tercer ente externo a ella. Si ese ente deja de existir ¿qué la justificaría? Además, es la consabida “organización de organizaciones”, el “movimiento de movimientos”; lo necesario es una organización o movimiento de ciudadanos.
Considerando que el malestar social es cada vez mayor ¿por qué la gente no manifiesta su descontento a través de la protesta? ¿Hay resignación?

Juan Bimba es el Rey
Indudablemente, el ciclo de guarimbas y represión en 2014 ha dejado un residuo de temor, pero más fundamental es que los ciudadanos pareciéramos haber aprendido, como ciertas bacterias a las que viejos antibióticos ya no les afectan, que después de innumerables marchas, concentraciones y protestas que se remontan a fines de 2001, esto es, que ya llevan más de trece años, se ha demostrado que esas acciones han logrado poco. Sin embargo, por estos días los paros de transportistas, por riesgo de muerte y por la escasez y el costo elevadísimo de los repuestos, han demostrado que no ha desaparecido la protesta como manifestación de inconformidad y exigencia. Ahora bien, mandar es preferible a protestar. Por eso tiene que caerle la locha a los electores que el referendo popular es la vía más eficaz y constructiva, además de enteramente constitucional. Que nosotros somos el Soberano. Lo que tenemos que adquirir es conciencia de Corona para actuar en consecuencia. Eso viene, me atrevo a pronosticar, aunque Maduro haya procurado intimidar con su amenaza de fotos exigibles a los convocantes además de sus firmas y huellas dactilares. Hoy se convoca un referendo consultivo con algo menos de dos millones de firmas; en 2004 se convocó uno revocatorio con cuatrocientas mil firmas más aunque el registro electoral era bastante menor, y ya ésas están en la Lista de Tascón y por tanto han sufrido represalias, como el impedimento de negociar con el Estado. Son personas ya rayadas, y ¿qué es una raya más para un tigre?
El padre Ugalde dice que para que las cosas empiecen a mejorar en Venezuela tienen que empeorar. ¿Qué tanto más deben empeorar?
Continuarán empeorando mientras impere el criterio socialista, equivocado y engreído. Pero la probabilidad de que Maduro no culmine su período no ha dejado de aumentar desde que tomó posesión. A fines del año pasado, ya casi la mitad de los ciudadanos que se definían como chavistas prefería que Maduro dejara de gobernar. Por otra parte, si como luce probable, el oficialismo pierde el control de la Asamblea Nacional, podemos esperar algunos alivios de la situación, aunque sean marginales.
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Enlace a la entrevista como fuera publicada en la web de La Razón.
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 27, 2015 | Dr. Político en RCR, Política |

Sábados a mediodía en RCR 750AM
Ha arribado a 150 emisiones la aventura de Dr. Político en RCR, y para la ocasión el programa fue honrado con la enriquecedora visita del Dr. José Antonio Gil Yepes, líder de Datanálisis. Acaba de presentarse su más reciente libro—Poder, Petróleo y Pobreza—, correspondiente al tomo segundo de La Centro Democracia; él explicó la tesis central de la obra, abundó en el tema de las posibilidades electorales hacia la nueva Asamblea Nacional y respondió inquietudes de muy interesados radioescuchas. De Vinicius De Moraes se escuchó la muy hermosa canción Apelo, en la voz inigualable de Soledad Bravo. Éste es el archivo de audio de la transmisión de hoy:
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 25, 2015 | Argumentos, Política |

Ugalde recomienda algo como esto
A la memoria de Gustavo Antonio Marturet Machado, inteligencia de Venezuela a la que nunca dejé de admirar y respetar.
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Está enteramente justificado que se equipare con un médico a Luis Ugalde S. J. Así contestaba a comienzos de este año (16 de enero) las preguntas de Alonso Moleiro: “Tenemos el diagnóstico: así está el paciente, como si estuviéramos en una junta médica… Si usted tiene el enfermo en emergencia, tiene que atenderlo. Luego puede ocuparse del régimen de comida o de decirle si puede caminar”. El 22 de este mes tomaba parte en una junta convocada por Emilio Figueredo, Editor de Analitica.com. (Los facultativos restantes: Argelia Ríos, Rodrigo Agudo, Pedro Benítez, Asdrúbal Hernández, Evelyn Rodríguez, Luis Vezga Godoy, Orlando Ochoa, y Fernando Martínez Mottola). Reportó su sitio web:
El padre Luis Ugalde consideró que para que se dé el proceso de la transición hacia la democracia en Venezuela es necesario llegar a un consenso entre el Gobierno y la oposición. (…) El jesuita agregó que lo importante es que el Gobierno o sus representantes entiendan que el país va a seguir empeorando. “No hay ninguna otra fórmula ni externa ni interna, sino crear un consenso más amplio con aquellos que, hasta hoy, yo he considerado bandidos. A eso se llega porque cada día estamos peor y se va a sentir la presión por todos lados. Va a haber un clamor. Aquí estamos cerca del clamor y, por su parte, la oposición tiene que aceptar lo mismo”, aseveró. (…) Añadió que la negociación siempre va a ser odiosa para ambos lados porque se supone que eres un traidor si hablas con alguien del otro bando. “Tiene que haber una visión de transición y que ambas partes se sacrifiquen por algo que vale la pena”, puntualizó. (…) Junto a los panelistas, Ugalde concluyó que es necesario un Gobierno de transición que surja de un consenso entre las partes y, para que haya consenso, es necesario el perdón. … Ugalde señaló que la transición no será ninguna estrella del Gobierno, ni de la oposición porque las negociaciones son odiosas.
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Tal vez convenga algo de glosa y elaboración, como guía para meditar sobre la aplicación concreta de tal receta. A fin de cuentas, el diálogo es únicamente una herramienta y lo importante es tener claro cuál es el aparato que con ella se construiría; el producto es lo que justifica el empleo del instrumento. Dicho de otro modo: si no se conoce de antemano qué es lo que se está dispuesto a acordar, el solo diálogo no garantiza nada:

No puede ser una conversación impreparada
La confusión de la herramienta con el fin explica mucho de los resultados de la política nacional. La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución. (…) Por otra parte, el método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de las «mesas democráticas» de las que debe salir el ansiado «acuerdo nacional». Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el «Encuentro Nacional de la Sociedad Civil» organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Pro Venezuela, la Mesa Democrática de Matos Azócar, los encuentros que organizó José Antonio Cova, y la constante prédica de los partidos, todos fueron intentos de alcanzar ese ya mítico gran entendimiento nacional. La evidencia es, pues, suficiente. La oposición de intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto. (Los rasgos del próximo paradigma político, referéndum #0, febrero de 1994).
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El alfa y el omega de la cosa es la inclusión de un factor primordialísimo en ese diálogo: el Pueblo; el diálogo que Ugalde prescribe debe ser uno que acuerde ponerse en manos del Pueblo. Es en su seno donde el diálogo debe tener lugar, mucho más que en una mesa a la que sólo se sienten el oficialismo y su loyal opposition. Pero, de nuevo, el diálogo debe ser sobre algo concreto y debe incluir la condición de eficacia; esto es, debe diseñarse para que conduzca a una decisión. El uso de la herramienta debe, forzosamente, terminar en un producto.
La forma correcta de esa metamorfosis de un diálogo de cúpulas enemistadas en diálogo del demos es la convocatoria a un referendo consultivo; es al Pueblo al que debe llamarse a decidir. La pregunta clave, por tanto, es ¿qué es lo que se necesita decidir? Y la respuesta es: aquello que esté en el mismo meollo del problema.
Esto no es otra cosa que la insistencia oficialista en la implantación de un régimen socialista en Venezuela porque el gobierno sería, más que eso mismo, una revolución. Es eso lo que justifica todas sus actuaciones, incluyendo las detenciones de políticos y el empleo forzoso de máquinas captahuellas que registren quiénes compran un regulador de la tensión arterial o una batería de automóvil. Todo decreto del Ejecutivo que publica la Gaceta Oficial, así sea para establecer una fábrica de sardinas, lleva ahora este inequívoco encabezado: “Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”
Debiera ser obvio que algo así no puede decidirlo Nicolás Maduro por su cuenta, puesto que es un asunto de rango constitucional, lo que sólo puede ser establecido por el Poder Constituyente Originario, es decir, el Pueblo mismo. Ninguna reunión de plenipotenciarios del gobierno y la oposición—pongamos Jorge Rodríguez de un lado y Jesús Torrealba del otro—puede tomar una decisión de tal monta. En cambio, sí podría hacer dos cosas: primera, reconocer que esa cuestión es la médula del problema político nacional; segunda, que sólo el Soberano puede dilucidarla y, en consecuencia, debe solicitársele que lo haga de una vez por todas.
Ambas partes han argumentado que la decisión ha sido tomada, aunque cada una sostiene un sentido opuesto al otro: en la oposición se argumenta que el 2 de diciembre de 2007 se negó el socialismo en referendo constitucional; en el oficialismo que la elección de Hugo Chávez el 7 de octubre de 2012 equivalía a una aprobación del socialismo, dado que el «Plan de la Patria», muy socialista él, era evidentemente su programa de gobierno. Ninguna de las partes tiene la razón: en 2007 se votó en pro o en contra de un atado de 69 artículos, una media docena de los cuales traía el contrabando de menciones del socialismo en su redacción—por ejemplo, la modificación propuesta al Artículo 103 de la Constitución era para introducir una referencia a los «principios humanísticos del socialismo bolivariano»—, pero no se consultó directamente la implantación de un régimen socialista; del otro lado, una cosa así no puede ser decidida en una mera elección presidencial dado que representa un cambio constitucional profundo. Ni todo quien rechazara los proyectos de reforma de 2007 repudiaba el establecimiento de comunas ni todo quien votara por Chávez en 2012 aprobaba el socialismo. Una cosa así sólo puede ser establecida en un referendo explícito que no deje lugar a dudas.* Hay que preguntar al Soberano: «¿Está Ud. de acuerdo con la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista?» (Ver Doctrina del referendo sobre el socialismo; nótese la fecha).
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Sería lo más sensato y responsable prever una actuación que se derivara de uno de los posibles resultados de la consulta: si el resultado de ella fuere negativo, el presidente Nicolás Maduro debiera renunciar, precisamente porque la justificación de todos sus actos presidenciales es la tal «construcción del socialismo»; el Soberano habría abolido su mismo fundamento. Esto es algo que sí pudieran acordar Torrealba y Rodríguez (autorizado éste por el Presidente para asumir la eventual renuncia como su generoso compromiso).
Y entonces tendríamos, perfectamente encajada dentro del marco constitucional, la transición de la que nos habla Luis Ugalde, dado que una renuncia del Presidente es una de las formas reconocidas en la Constitución de su falta absoluta y ésta, a su vez, conllevaría ineludiblemente una elección presidencial para completar el período. Por el mismo hecho se habría causado una presidencia breve de tres años, más que suficientes como plazo de una «transición», que es, por cierto, una figura que la Constitución no contempla en ningún lado. Es la sucesión de Maduro por alguien que no fuera socialista lo que de suyo conferiría carácter transicional a su período. Y a la predicción catastrofista de Maduro, glosada hoy por Néstor Francia, no debemos entenderla sino como fanfarronada, jamás como amenaza, puesto que es una contradictio in terminis: argumenta que el Pueblo ¡no toleraría lo que él mismo acabara de expresar en las urnas!
En tal elección competirían, previsiblemente, un candidato del PSUV y uno de la MUD, pero debieran participar uno o varios candidatos competentes que respondan con un discurso superior y transideológico a la mayoría del país, no alineada en los extremos de la polarización. Ugalde ha dejado colar la misma idea al construir: «la transición no será ninguna estrella del Gobierno, ni de la oposición». Resuena así con la elocuente medición de Datincorp (mayo 2015, cifras redondeadas): «La solución a los problemas del país vendrá de…»: no supo o no quiso responder 10%, del oficialismo 17%, de la oposición 18%, de un nuevo liderazgo 56%.
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En síntesis: el diálogo que Ugalde avizora como solución debe darse en el seno de un Pueblo que se prepare a dar su veredicto definitivo sobre el socialismo, no en una mesa cupular, mucho menos en otra reunión palaciega televisada. (Ni en componendas en las que Luis Miquilena procure, con José Vicente Rangel y Eduardo Fernández, la maniobra de que se nombre Vicepresidente Ejecutivo de la República a Henri Falcón, para ser luego Presidente chavista light, o al mismo Fernández; ni en otras cocinadas en el seno del oficialismo para conceder la misma posición a Diosdado Cabello, quien probablemente quede cesante a raíz de las elecciones parlamentarias).
Es algo tan simple y obvio como dar al Pueblo la tribuna de oradores lo que debieran acordar gobierno y oposición, es facilitar exactamente eso. Las condiciones están dadas para que la consulta se celebre, en ahorro logístico, financiero y, sobre todo, de angustias, con las elecciones de Asamblea Nacional. Ugalde decía a Moleiro en enero: «Pienso que el país necesita un nuevo gobierno ya. Es una necesidad. Y ya es ya: enero, febrero, marzo». Ese plazo se ha excedido en tres meses; ¿moriríamos si lo extendemos hasta el 6 de diciembre? ¿Será posible que haya ahora manifestaciones callejeras que presionen por tan lógica salida? (Torrealba hizo el lunes este inventario: «Protestas populares, acciones de calle. Hasta compatriotas nuestros tuvieron que declararse en huelga de hambre»). ¿Habrá héroes que ayunen para que hable el Pueblo? ¿Será posible que el Sr. Shannon, el papa Francisco (que ya salió de la redacción de su encíclica ecológica), su compañero Ugalde, Raúl Castro, UNASUR, la OEA, la Unión Europea, Aministía Internacional, el PSUV y la MUD convengan en que la democracia es la palabra y voluntad del Pueblo Soberano y apoyen esta sencilla iniciativa?
Si se piensa la cosa un minuto, se concluye que ella eliminaría de un todo el factor odioso que Ugalde destacara dos veces con razón en su más reciente receta. LEA
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*Hay quien sostiene que no es posible decidir la implantación del socialismo en ninguna sociedad, por cuanto la propiedad sería un derecho humano inalienable. Sin embargo, Venezuela es signataria de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, la que establece como uno de sus principios lo siguiente: «Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado».
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