Sobre educación y otros asuntos

Ryūichi Sakamoto

Ryūichi Sakamoto

Se dedicó a tema educativo la emisión #151 de Dr. Político en RCR. La participación de los oyentes introdujo asuntos de otra índole, especialmente electorales. Rain es una pieza de la música de El Último Emperador, importante película de Bernardo Bertolucci, y su compositor es Ryūichi Sakamoto, quien logró imprimirle un carácter barroco por su textura contrapuntísitica. Al inicio del último segmento del programa, se escuchó unos pocos compases de una sección de Los preludios, uno de los varios poemas sinfónicos de Franz Liszt. Acá abajo, el archivo de audio de esta transmisión:

 

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Política circular

 

Publicación del área grancolombiana

Publicación del área grancolombiana

 

Ha debido ser en 1964 cuando leyera un divertido y pedagógico cuento en la revista Vértice, publicación muy bien diagramada e impresa del Opus Dei que se vendía en las universidades venezolanas. (A su inicio en 1964, formaban parte de su consejo editorial Rafael Tomás Caldera Pietri, Carlos Altimari Gásperi, Juan Garrido, Nelson Geigel Lope-Bello y Eloy Anzola Etchevers, entre otros). La narración—La Inguanda o el Ministerio de la Papa—había sido tomada de la revista ARCO, compuesta por textos de escritores noveles colombianos, ecuatorianos y venezolanos e igualmente asociada al Opus Dei. Se llamó también Vértice una revista del falangismo español que nació durante la Guerra Civil Española y dejó de aparecer en 1946, y es sabida la importante participación de miembros del «Opus» en los gabinetes de ministros de Francisco Franco, aunque no tanto la prioridad estratégica que esa organización religiosa concedía a todo lo que fuese editorial. (La casa editora RIALP, por caso, fue fundada tres años después de la clausura de la Vértice española por profesores universitarios miembros de la influyente organización: la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei).

No logro recordar, sin embargo, el nombre del autor* del cuento, así como no he conseguido el texto de La Inguanda en el abundantísimo espacio de Internet. Lo que sí se grabó en mi memoria es su trama, con alguno que otro detalle. He aquí la reconstrucción que he podido hacer de su ingeniosa línea narrativa:

Resulta que un buen día, en el país de Tingledonia, el diputado «Fagúndez»—seguramente no era éste su apellido en el cuento—pronunció un elocuente y vigoroso discurso en el Congreso de su nación, que remató de este modo: «El problema de Tingledonia es un problema de educación».

La pieza oratoria causó un impacto inusitado: los periódicos publicaron extensos trozos de ella, que se convirtió en tema obligado de reuniones académicas y saraos de toda clase, llevando el prestigio del diputado Fagúndez a niveles impensados. El Presidente de Tingledonia consideró aconsejable a su interés invitar al diputado Fagúndez al palacio de gobierno, pues estimó que una conversación suya con él a la que se diera amplia difusión sería, a la vez, políticamente ineludible y conveniente para su valoración por los electores que podrían reelegirlo. El diputado Fagúndez, pues, atendió la invitación presidencial y recibió en premio a sus méritos de orador eficaz el encargo de una comisión que debía responder cómo se acometería el problema de Tingledonia que, reiteró coherentemente, era un problema de educación.

Los investigadores de la comisión se tomaron su tiempo para determinar que el impedimento crucial a la educación de los tingledonienses era la desnutrición de sus niños. Los hambrientos cerebros infantiles eran incapaces de retener las enseñanzas de los maestros, por más que éstos se esforzasen. Después, determinaron además que la estrategia correcta para combatir el impedimento sería sembrar de papa los campos de Tingledonia, que por sus evidentes propiedades nutritivas y cultivada oportunamente terminaría con la desnutrición de los infantes.

Al conocer el importante hallazgo y la solución salvadora, el Presidente tomó una sabia decisión: la creación en Tingledonia del Instituto de la Papa. Como es natural, el flamante centro acometió la fundamental tarea de organizar en Tingledonia el Congreso Mundial de la Papa, al que se invitó a todo experto del mundo en el tubérculo cuya dirección de correos fuera conocida. Ningún dispendio fue escatimado al evento de varios días, y sus deliberaciones fueron ampliamente cubiertas por los periodistas del país. La conclusión de ellas fue recomendar encarecidamente al Presidente de Tingledonia que elevara el Instituto a la condición de Ministerio de la Papa a fin de dotarlo, más allá de su capacidad de investigación, con facultades operativas.

De semillas selectas

De semillas selectas

Así se hizo, y el Ministerio de la Papa de Tingledonia se encargó de conseguir en el mundo las más prometedoras semillas de papa e importarlas luego en cantidades más que suficientes. Como corresponde a un despacho serio, también cuidó de imprimir decenas de miles de folletos que explicaban muy detalladamente cómo se sembraba y cultivaba la papa, y cómo se la protegía de parásitos que pudieran dañarla. Por todo el territorio nacional se repartió semillas y folletos, y Tingledonia se sentó a esperar lo que se presumió sería una abundante cosecha de papa, que relegaría la desnutrición infantil al pasado y permitiría la solución del problema nacional que era, como se sabe, un problema de educación.

Al cabo de un año, no obstante, ni una papa había sido cosechada en Tingledonia. La subsiguiente crisis en el Ministerio de la Papa amenazaba con causar la caída del gobierno, y una frenética investigación dio con las causas del extraño y decepcionante fenómeno de las papas ausentes: los campesinos de Tingledonia eran analfabetas y, por tanto, no habían podido leer, mucho menos entender, los folletos explicativos del cultivo de papa que el ministerio había distribuido profusamente.

No todo estaba perdido: el programa estrella del Ministerio de la Papa, explicó el gobierno, había servido para poner de relieve que el problema de Tingledonia ¡era un problema de educación!

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Eso es lo que recuerdo de la estupenda sátira. Nunca supe qué significaba La Inguanda. LEA

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*Susana Carolina Gil Olo acaba de conseguir la cosa en la red. Se trata de Luis Borobio, catedrático de la Universidad de Navarra y miembro del Opus Dei fallecido en Pamplona en 2004. La Inguanda se publicó originalmente en ARCO en el volumen de las ediciones 41 a 51.

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La lección de Mandela

Sobre el mejor político del mundo

Sobre el mejor político del mundo

El domingo por la noche veía en televisión la película Mandela: el largo camino hacia la libertad. Quizás sea el momento cumbre del filme una declaración televisada del increíble ciudadano del mundo que fue Madiba. La iniciaba leyendo una nota que una mujer, sobreviviente de la matanza de Boipatong, le había entregado en su visita a la adolorida población, en la que cuarenta y cinco personas murieron y muchas otras resultaron lisiadas de por vida. La nota decía: «No queremos paz; ya hemos tenido suficiente. Denos armas, Mandela, no nos dé paz».

Mandela dijo entonces a su torturado pueblo: «Mientras yo sea su líder les diré cuándo están equivocados. La única salida es la paz. Perdí 27 años de mi vida en prisión y ya he perdonado a mis captores; si yo pude perdonarlos, ustedes también pueden. No podemos ganar una guerra, pero sí podemos ganar una elección».

El 27 de abril de 1994, el Congreso Nacional Africano lograba 62% de los votos en la elección presidencial y menos de dos meses después Nelson Rolihlahla Mandela tomaba posesión como el primer Presidente negro de Sudáfrica—ése sí fue un Negro Primero—y procedió a nombrar a Frederik Willem de Klerk, su adversario, como Primer Vicepresidente.

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Con frecuencia se nombra entre nosotros a Mandela (o a Gandhi o King) para exaltar a dirigentes opositores de los más radicales, y se garantiza en Facebook la prisión a nuestros villanos favoritos entre los políticos del chavismo sin más prueba que una denuncia en algún medio español. Si dejáramos de ser selectivos y no suprimiéramos convenientemente esta suprema lección de Mandela, podríamos valorar si también entre los venezolanos es preferible la paz a la condena, la elección a «la salida».

Lo que hemos vivido en Venezuela los últimos dieciséis años no es siquiera una pálida semblanza del sufrimiento sudafricano durante el apartheid. Que nos hagan un favor los héroes de la oposición furibunda en las redes sociales: no vuelvan a mencionar al gran líder de África. Digo, para ser respetuosos de su memoria. LEA

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En Venezuela al Día

Manuel Felipe Sierra conduce Venezuela al Día

Manuel Felipe Sierra conduce Venezuela al Día

A las 7:30 a. m. de hoy estuve con Manuel Felipe Sierra en su programa Venezuela al Día, que transmite Radio Venezuela (790 AM). He aquí el audio de nuestra conversación:

 

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La Razón como anfitrión

 

No siempre tengo la razón

No siempre tengo la razón

El 11 de junio, me entrevistó el periodista Edgardo Agüero para el influyente semanario La Razón, lo que agradezco inmensamente. Agüero formuló su cuestionario a partir de lo que me escuchó decir en la edición #146 de Dr. Político en RCR, transmitida el 30 de mayo. Publicada ayer la entrevista por el anfitrión, he aquí sus preguntas y mis respuestas:

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Entre los planteamientos que formula en su programa de RCR, usted ha propuesto un referendo consultivo—no vinculante—sobre la conveniencia de implantar en el país un régimen socialista.

Es una consulta que planteé ya hace seis años, cuando por primera vez apareció en las encuestas un rechazo mayoritario al socialismo. (En noviembre pasado, Datanálisis midió ese rechazo en 80%, las cuatro quintas partes del país). Los líderes opositores de entonces, como los actuales, desecharon la iniciativa, pero todo decreto presidencial se encabeza ahora como acto de “construcción del socialismo”. Jesús Torrealba la desestimó diciendo que “para cruzar ese puente hay que llegar al río”, aunque intenté hacerle notar que se llegaría mejor al único río que vislumbra, las elecciones parlamentarias, pues aumentaría la propensión a votar. (El referendo no sustituye esas elecciones; se haría simultáneamente con ellas para ahorrar costos y logística). Julio Borges, a quien le propuse por carta del 1º de marzo que abanderara la idea sin que yo reivindicara protagonismo alguno, ni siquiera ha acusado recibo a esta fecha. Al menos ahora no me meten mentiras acerca de los registros de opinión, como hicieron en 2009 y 2010.

Pero tal referendo sí sería vinculante, como lo fue el de abril de 1999 que consultó si se quería convocar una constituyente. Lo que no sería vinculante es una consulta también legítima: “¿Estima Ud. conveniente que el presidente Maduro abandone su cargo?” No lo sería porque la Constitución prevé un mecanismo específico para la remoción del Presidente: el referendo revocatorio.

Pero el fondo del asunto es esta consideración: ante una crisis de la dimensión que padecemos, es insólito que no se procure el pronunciamiento del Pueblo, el Poder Constituyente Originario, en una democracia supuestamente participativa. Ni el oficialismo ni la oposición formal están interesados en consultarle; sólo quieren que elija mandatarios o representantes, es decir, que sólo haga democracia representativa. Así conservan ellos el protagonismo mientras dan discursos sobre la democracia participativa protagónica, histórica, endógena, biométrica y demás esdrújulas.

Debe hablar el Soberano

Debe hablar el Soberano

Yo establecería referendos anuales sobre la gestión del Ejecutivo Nacional. Lo más fundamental en una postura democrática es precisamente una real confianza en el pueblo, y eso, como el café y los medicamentos contra la alta tensión arterial, escasea en las cadenas de suministro del PSUV y la MUD.

 

Escuché algo sobre un nuevo tipo de organización política.

La política, en tanto profesión, está en crisis en todo el planeta, y la causa de este fenómeno debe buscarse en los marcos mentales obsoletos de los actores políticos convencionales. Más específicamente, está en crisis la política entendida como lucha por el poder que se justifica por una ideología, y todas las ideologías son creaciones del siglo XIX, cuando las sociedades eran bastante menos complejas que las del siglo XXI. Hace falta sustituir ese paradigma por el de una política clínica, una que se entienda como oficio de resolver seria y responsablemente los problemas públicos. Ninguna otra cosa justifica los partidos, ni siquiera al Estado mismo. Hace falta, pues, un espacio organizacional que traiga un código genético distinto del de un partido tradicional, como único modo de alojar el nuevo paradigma clínico.

 

Se habló también acerca de las condiciones que debe reunir un líder que enfrente a Maduro…

La fuente de Tocqueville

La fuente de Tocqueville

He tratado este tema desde mucho antes de que tuviéramos conciencia de Maduro; específicamente, desde 1987. El 18 de noviembre pasado dije en otro programa de RCR que el primer rasgo de un sucesor deseable es que no venga ni del oficialismo ni de la oposición, pues tal vez sea nuestro principal problema político unir a un país dividido. (Datincorp registró el mes pasado que 17% de la opinión nacional cree que la solución de nuestros problemas vendría del oficialismo, 18% de la oposición y ¡56% de un nuevo liderazgo!) Tendría que ser, por supuesto, una persona con dotes ejecutivas demostrables y, por encima de todo, alguien conocedor del arte del Estado, que Tocqueville definió como “una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”. Obviamente, tendría que ser un estadista transideológico, clínico.

 

Ha considerado también la iniciativa por vía referendaria de introducir una enmienda a la Constitución que reduzca el periodo presidencial a tres años. ¿Por qué?

La hacen apetecible el sufrimiento, la angustia y el hartazgo de los ciudadanos, y una enmienda puede ser introducida por 15% de los electores, lo que es más barato que un revocatorio, que exige 20% y sólo empezaría a reunirse el año que viene, mientras podemos convocar la enmienda ahora mismo. Si, por otra parte, el referendo se celebrare con las elecciones de Asamblea Nacional, el período de Maduro expiraría el 10 de enero de 2016. (Él podría postularse a la reelección, y esto es menos astringente que la revocación de su mandato, que impediría esa posibilidad). Luego, las técnicas administrativas modernas permiten resultados fundamentales en sólo tres años; si un presidente no puede mostrarlos en tres años, entonces es un mal presidente. Esta es una iniciativa, por cierto, que inventó Primero Justicia a fines de 2001, sólo que al no poder lograr la mayoría necesaria para plantearla desde la Asamblea a comienzos del año siguiente, pensó luego en la iniciativa popular, la que pasó al olvido por la secuencia del Carmonazo, la toma de la Plaza Francia por militares en rebeldía y el suicida paro de los petroleros. En todo caso, PJ proponía una reducción del período de seis a cuatro años.

 

Muchos analistas pronosticaron que con el derrumbe de los precios del petróleo se derrumbaría el gobierno, cosa que no ha ocurrido. ¿A qué lo atribuye?

El gobierno se está derrumbando, pero los barcos grandes tardan mucho en hundirse. El Estado de los socialistas es el más recrecido de toda nuestra historia republicana.

 

Algunos interpretan la escasa concurrencia a la protesta impulsada por Leopoldo López como una división insalvable, otros la califican como un golpe mortal a la “unidad”. ¿Qué piensa usted?

La sociedad como torta

La sociedad como torta

La Mesa de la Unidad Democrática intenta ahora ahorrarse el divorcio, aunque López, Machado y Ledezma han demostrado más de una vez que juegan sin consideración de la unidad. Veinticuatro horas antes de las últimas elecciones municipales publicaron un comunicado que abogaba por una constituyente, aunque se comprometieron el año anterior con los lineamientos programáticos de la MUD, que explícitamente excluían la convocatoria de una constituyente. El 12 de febrero del año pasado detonaron la infeliz guarimbada, también por su cuenta. El 11 de febrero de este año volvieron por sus fueros, propugnando un tal acuerdo nacional para la transición que habría que componer sectorialmente, como si nuestra condición de ciudadanos nos viniera de pertenecer a algún sector. Es lo que Chávez creía que debía regir la composición de la constituyente de 1999. Creo que la MUD estima que no puede darse el lujo de expulsarlos.

 

Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?

Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos.

 

¿A qué atribuye el hecho de que la oposición no logre capitalizar el descontento popular con la actual gestión de gobierno?

La MUD es esencialmente una confederación de partidos ideológicamente disímiles. Ramos Allup dijo que en ella no se compartía ideales ni principios, sino propósitos; esto es, salir del chavismo-madurismo. De allí que su protocolo de actuación sea acusar al gobierno, mostrándose incapaz de refutar el discurso oficial en cabeza de los electores, que ha sido siempre la tarea necesaria. Como se trata de actores convencionales, sólo sabe oponerse, cuando lo que se debiera lograr es superponerse, con un discurso de nivel superior del que carece. Su falla de origen es, justamente, entenderse como oposición, como algo que está definido en función de un tercer ente externo a ella. Si ese ente deja de existir ¿qué la justificaría? Además, es la consabida “organización de organizaciones”, el “movimiento de movimientos”; lo necesario es una organización o movimiento de ciudadanos.

 

Considerando que el malestar social es cada vez mayor ¿por qué la gente no manifiesta su descontento a través de la protesta? ¿Hay resignación?

Juan Bimba_1024

Juan Bimba es el Rey

Indudablemente, el ciclo de guarimbas y represión en 2014 ha dejado un residuo de temor, pero más fundamental es que los ciudadanos pareciéramos haber aprendido, como ciertas bacterias a las que viejos antibióticos ya no les afectan, que después de innumerables marchas, concentraciones y protestas que se remontan a fines de 2001, esto es, que ya llevan más de trece años, se ha demostrado que esas acciones han logrado poco. Sin embargo, por estos días los paros de transportistas, por riesgo de muerte y por la escasez y el costo elevadísimo de los repuestos, han demostrado que no ha desaparecido la protesta como manifestación de inconformidad y exigencia. Ahora bien, mandar es preferible a protestar. Por eso tiene que caerle la locha a los electores que el referendo popular es la vía más eficaz y constructiva, además de enteramente constitucional. Que nosotros somos el Soberano. Lo que tenemos que adquirir es conciencia de Corona para actuar en consecuencia. Eso viene, me atrevo a pronosticar, aunque Maduro haya procurado intimidar con su amenaza de fotos exigibles a los convocantes además de sus firmas y huellas dactilares. Hoy se convoca un referendo consultivo con algo menos de dos millones de firmas; en 2004 se convocó uno revocatorio con cuatrocientas mil firmas más aunque el registro electoral era bastante menor, y ya ésas están en la Lista de Tascón y por tanto han sufrido represalias, como el impedimento de negociar con el Estado. Son personas ya rayadas, y ¿qué es una raya más para un tigre?

 

El padre Ugalde dice que para que las cosas empiecen a mejorar en Venezuela tienen que empeorar. ¿Qué tanto más deben empeorar?

Continuarán empeorando mientras impere el criterio socialista, equivocado y engreído. Pero la probabilidad de que Maduro no culmine su período no ha dejado de aumentar desde que tomó posesión. A fines del año pasado, ya casi la mitad de los ciudadanos que se definían como chavistas prefería que Maduro dejara de gobernar. Por otra parte, si como luce probable, el oficialismo pierde el control de la Asamblea Nacional, podemos esperar algunos alivios de la situación, aunque sean marginales.

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Enlace a la entrevista como fuera publicada en la web de La Razón.

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