por Luis Enrique Alcalá | Oct 17, 2016 | Notas, Terceros |
El 3 de septiembre de este año tuve el honor de conversar con el padre Arturo Peraza S. J., Provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela, en el programa #212 de Dr. Político en RCR; la ocasión permitió que nos ofreciera una compacta reseña de la presencia de los jesuitas en el país, que este mes de octubre cumple un siglo completo. Abajo se transcribe—con mínimos ajustes al original en la página web de la Congregación 36 de los jesuitas—el testimonio de su felicidad por la ascensión de Arturo Sosa Abascal al cargo de Padre General de la Compañía de Jesús, con evidentes admiración, cariño y gratitud.
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Escrito por Arturo Peraza S. J., Provincial de Venezuela.
Hoy puedo contar que durante cuatro días muchos compañeros me hicieron una y otra vez, de formas distintas esta pregunta: ¿quién es Arturo Sosa? Nunca había tenido que hablar tantas veces y particularmente tantas veces en inglés sobre una persona. Se trataba de repeticiones de una historia personal que en la medida que se repetía iba trayendo más recuerdos y a la vez una serena certeza interior de que realmente era alguien a quien yo veía como General.
Mientras yo estaba en el noviciado y en filosofía era un jesuita admirado por su capacidad. Era ya en ese tiempo una persona que tenía resonancia en los medios venezolanos. Fue nuestro profesor en la filosofía política, cercano y bastante exigente. Al segundo año de mi magisterio (período en el cual los jesuitas nos integramos a la vida apostólica de la Compañía y en algunos casos como el mío también se realizan estudios especiales, en mi caso Derecho) me envían a la comunidad Manuel Aguirre y pasa Arturo a ser mi acompañante espiritual por cuatro años. Esta experiencia marcó una fuerte cercanía que me permitió conocer la hondura espiritual de mi tocayo. Me vienen a la mente las celebraciones comunitarias en las cuales compartimos la Palabra y nuestras experiencias, en una comunidad conformada por cinco o seis miembros. En ellas Arturo explayaba su cercana relación con Dios como papá (incluso usar el término papito), como misericordioso y como Dios de la historia de nuestro pueblo que nos invita a leer los signos de los tiempos en la vida de nuestra gente. Me viene a la mente sus misas de domingo en el templo de La Pastora donde toda la comunidad también compartía la homilía para que al final Sosa concluyera con una suerte de síntesis y aportes personales.
Me enseñó a mirar a Dios en los ojos de los pobres, en la seriedad de los análisis para comprender la realidad que nos rodeaba, para mirar en la historia del país un modo de entender nuestro presente y los caminos de futuro. El analista Arturo puede ser leído superficialmente en sus escritos desde el ejercicio fenomenológico de descripción de la realidad y de propuestas, pero quien lo conoce sabe que hay mucho más. Debajo del texto hay un deseo de buscar y encontrar signos de la invitación de Dios en este tiempo, lecturas de los caminos que van ahondando en los seres humanos en su trascendencia, así como busca la misma trascendencia de la historia que vivimos. Yo diría me enseñó qué significa una fe encarnada.
Esta fe encarnada se puede encontrar en sus escritos y en su seriedad intelectual, pero aún más se puede encontrar en su modo de cercanía con todos, especialmente la gente más sencilla. En La Pastora los pobres viven en las quebradas y allá abría un camino de compromiso. Nuestra casa era un lugar de puertas abiertas a la comunidad popular que nos rodeaba, a la gente de las quebradas, en especial a los jóvenes del sector. Muchos eran amigos de Arturo. Por eso él no hablaba desde los libros simplemente, sino desde el corazón de esa gente que nos rodeaba. Luego será en la frontera venezolana, pero es una historia que describiré un poco más adelante.
Cuando concluí mis estudios de Derecho y por lo tanto mis experiencias de maestrillo, me encuentro que no sólo me mudo yo, sino que se muda también mi tocayo, pero él como mi superior del teologado. Un año me acompañará en ese proceso, pero pronto llegará el anuncio de que se le hacía Provincial de Venezuela. Era el año de 1996. Durará como Provincial hasta el año 2004. En este tiempo le regala a la Provincia el proceso de discernimiento que nos permitió construir el aún vigente Plan Apostólico de la Provincia de Venezuela. Un plan de visión para 20 años. La verdad es que resulta algo insólito que en un país como Venezuela en donde todo parece cambiar constantemente, nosotros hayamos podido conducirnos por un plan en el que nos reconocemos con facilidad todo este tiempo. Sus opciones nos siguen pareciendo clarificadoras y en especial la voluntad de trabajar en colaboración con otros y otras, que consideremos el sujeto apostólico de la Provincia (laicos y jesuitas), amén de la necesidad de trabajar en red. En él es claro la voluntad de colaborar en la constitución de organizaciones populares y civiles autónomas que puedan ser sujeto del proceso político, social y económico venezolano (tarea que hoy en día es más compleja que cuando comenzamos), entregar los ejercicios como don recibido y promover el fortalecimiento de los laicos y los jóvenes como sujetos en nuestra Iglesia.
En ese plan es claro que deseamos comprometernos con los pobres de nuestro país y un tema que aparece es la frontera. Se trataba de una novedad en ese tiempo. Teníamos presencia en el Alto Apure (Guasdualito, El Nula, La Victoria, El Amparo y Ciudad Sucre) Se asumió el reto del trabajo en la frontera como un trabajo de frontera humana, apostólica y social. La realidad de refugiados, la presencia de grupos irregulares de distinto signo, el comercio legal y no tan legal, especialmente de la gasolina, la realidad campesina y otros elementos se constituyeron en un llamado para la Provincia toda (Parroquia, Fe y Alegría, SJR y otros). Arturo al final de su provincialato es destinado a la Universidad Católica del Táchira (en la frontera) y asume el propósito de hacer de ésta una universidad de frontera en frontera.
Conocí a un Arturo en una de sus mejores facetas de creatividad e integración. Recibió una universidad de aproximadamente 4.000 estudiantes y la trasformó en una universidad de 9.000 estudiantes, lo que implicó hacer un nuevo campus en el contexto de una Venezuela donde ya había claros signos de crisis para los sectores productivos, encubierta por la riqueza petrolera. Recibió una universidad que era una buena escuela, pero que sólo se miraba a sí misma, y la abrió a toda la realidad de la frontera en términos de relacionarla con las comunidades vecinas, con la diócesis, con nuestras parroquias de frontera, con las escuelas de Fe y Alegría en la zona, con la realidad de refugiados, con el mundo campesino pobre, etc. Una relación que pasaba por la investigación y la publicación de datos sobre la zona, hasta el compromiso directo con acciones tendientes al cambio. Fue un camino que hizo con toda la comunidad jesuítica que lo acompañaba en la zona y con muchos laicos y laicas que de múltiples formas se sumaron en ese sueño.
De ese camino brotó en un encuentro, en el que yo participo como recién nombrado Provincial, el nacimiento de la Red Apostólica Interprovincial Fronteriza (RAIF). Una vinculación entre las provincias de Venezuela y Colombia para abordar nuestra frontera común en términos de evangelización encarnada que quiere reconocer la subjetualidad propia de quienes habitan en nuestra frontera. Arturo, a pesar de sus múltiples obligaciones (entre las que cabe destacar el ser consejero del P. General Adolfo Nicolás, Rector, Superior de la comunidad), asume la responsabilidad de animar esta red. Y como había hecho antaño con la Provincia, convoca a los diversos agentes pastorales de ambos lados de la frontera para soñar un camino que nos vinculará, considerando especialmente que durante ese tiempo se dio una particular agria relación entre el mandatario de Venezuela en ese entonces (Hugo Chávez Frías) y el de Colombia (Álvaro Uribe).
Pero no quiero olvidar quizás un detalle más humano. Mientras todo esto ocurría, en la comunidad Pedro Fabro (así se llama la comunidad de la universidad de la cual era superior Arturo) vivía un jesuita mayor que había sido un excelente profesor de teología especialmente en el área de Cristología: José Cruz Ayestarán. Lamentablemente tenía la cabeza algo perdida, pero en vez de enviarlo a nuestra enfermería, Arturo asumió el compromiso, mientras fuera posible, de acompañarlo y tenerlo en la comunidad. Todos los días preparaba las pastillas que debía tomar y se aseguraba que se las había tomado, sabía llevar con buen humor algunas impertinencias, que la condición de este compañero producía, y preocuparse con los demás de hacerlo sentir en casa. Igual Arturo era cercano a los estudiantes de la universidad, a la gente de nuestras parroquias de El Nula, Ciudad Sucre, Guasdualito y sus caseríos, a los laicos de los equipos de Fe y Alegría. Era su modo de expresar ese Dios papá, misericordioso y comprometido.
Me costó aceptar (aunque nada podía hacer) que el General (que ya lo había defendido en dos ocasiones anteriores de cargos internacionales) se lo llevara para Roma a dirigir las casas internacionales. Era claro que era una de nuestras expresas prioridades según la CG 35 y Arturo como buen jesuita simplemente asumió. Entre otras cosas debo decir que le tocó dejar a su mamá, que ya para ese momento (2014) tenía 90 años. Siempre que había consejo nacional de rectores él aprovechaba y la visitaba, pero esas visitas ahora se distanciaron a una vez al año, y al Skype. Quiero reconocer a Margarita Abascal de Sosa lo que ella también ha hecho, que es mucho.
Y en esos cuatro días narré una y otra anécdota, tratando de trasmitir una experiencia y junto con mi hermano Johnny Veramendi quien tiene mucho que contar, tratamos de forma honesta de contestar eso que nos preguntaban: ¿Quién es Arturo Sosa?
Arturo Peraza S. J. es el Provincial de Venezuela y elector – junto con Johnny Veramendi – en la Congregación General 36.
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 27, 2016 | Miscelánea, Terceros |

Del autor de Amor se escribe sin hache
A su regreso del discurso impronunciado ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, Henry Ramos Allup fue retenido por guardias nacionales durante unos minutos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía. El irritante procedimiento sacó de sus casillas al Presidente de la Asamblea Nacional, quien procedió a insultar a los guardias de modo procaz. Regresó a mi memoria una narración de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), el divertido comediógrafo español. En Tragedia de abril (14 de junio de 2002), una interpretación del Carmonazo, la referí para destacar los efectos de la prédica constantemente agresiva de Hugo Chávez:
El cuento viene al caso porque sobre el 11 de abril hay más de una interpretación y, más fundamentalmente, porque varios procesos coexistieron en paralelo el 11 de abril. Esto es, no hay una explicación lineal, unidimensional, del 11 de abril. Pero aun si lo que hubiera ocurrido fuese tan sólo lo que el gobierno de Chávez pretende vender como única verdad, que el 11 de abril solamente ocurrió un golpe de Estado en Venezuela, esa ocurrencia sería resultado de las pasiones que Hugo Chávez se cuidó muy bien de excitar por todos los medios a su alcance. Hugo Chávez estuvo buscando la fiera atroz que anidaría, según Jardiel Poncela, en el alma de cada venezolano, desde el instante mismo que tomó posesión del gobierno y aun mucho antes. Por mucho menos de lo que ha hecho Chávez, muchos presidentes recibieron un golpe de Estado.
El texto de Jardiel Poncela se reproduce a continuación.
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Figuraos que era una tarde primaveral, una de esas tardes de primavera que la Naturaleza confecciona “en serie” para descansar de la agotadora superproducción a que desde hace tantos siglos se ve obligada.
Figuraos que yo también paseaba por la calle de Alfonso XII (acera del Retiro) con el famoso domador de fieras Demetrio Mitsgoursky, polaco desde sus primeros sorbos de leche condensada y amigo mío desde las batallas del Somme. Demetrio era un hombre serio y grave, como la fachada de un Museo de Ciencias; reía muy de tarde en tarde, y a todo el que le quería oír le decía que “estaba aburrido de divertirse constantemente”. Pero esto no pasaba de ser una “frase”; en realidad, le encantaba “hacer frases” lo más sensacionales posibles.
Y figuraos, por último, que cuando aquella tarde primaveral paseábamos ambos por la calle de Alfonso XII, (acera Retiro) discutiendo sobre la naturaleza del hombre, el domador se apresuró a lanzar su frasecita correspondiente. Y he aquí la frase que lanzó: —“El hombre es un león con cuello planchado.”
Me pareció una tontería y así se lo dije. Y Demetrio entonces se detuvo y me detuvo. —No es una tontería —protestó—. Es una verdad indiscutible. Me alcé de hombros sonriendo.
—Muchas veces —siguió él— se ha dicho que el hombre es una fiera, pero jamás se ha demostrado, y la cosa ha quedado en el aire, como un vilano o una figura retórica.
—¿Y tú puedes demostrarme que el hombre es una fiera?
—Sí.
—¿Que cualquier hombre es una fiera?
—Sí.
—¿Ahora mismo?
—Ahora mismo. Y no sólo te demuestro que el hombre es una fiera, sino que soy capaz de domarlo en menos de media hora, como domé a “Mustafá”. (“Mustafá” era uno de sus leones; una criatura verdaderamente encantadora, capaz de hacer encaje de bolillos.)
Desparramé en derredor una mirada. De pronto, al otro lado de la verja del Retiro a lo largo de la cual paseábamos, descubrí dos ancianos apacibles que charlaban tomando el sol. Lo cierto es que jugué con ventaja, pues a uno de ellos lo conocía de antiguo: un hombre de tal bondad, que sólo podía compararse con un ángel de Forli o con un mantecado a la vainilla.
—Aquel anciano —le dije al domador—. ¿Puedes demostrarme que aquel anciano es una fiera?
—Te voy a demostrar que lo es, y que lo es también su acompañante. Antes de diez minutos verás rugir a esos caballeros; dentro de un cuarto de hora espumajearán de rabia, y de aquí a media hora habrán caído dominados a mis pies. Y Mitsgoursky se dirigió a la verja que nos separaba de los dos ancianos. Les llamó la atención al través de los barrotes de la verja:
—¡Eh! ¡Pchsss! ¡Eh!…
Los ancianos caballeros volvieron sus rostros, miraron a Demetrio y se miraron entre sí.
—¿Le conoce?
—Yo, no. ¿Y usted?
-No le he visto nunca hasta hoy.
—¡Es raro!
El domador siguió en sus gritos: —¡Eh! ¡Pchsss! ¡Eh!… Y metiendo su bastón entre los barrotes comenzó a azuzarlos, como hacía en el circo con sus leones. —¡Eh! ¡Fiera!… ¡Fiera! ¡Eh!…
Los ancianos se miraron de nuevo y murmuraron:
—Debe de estar mal de la cabeza.
—Sí, debe de estar mal de la cabeza.
Reanudaron su tranquila marcha. Pero Demetrio también reanudó su marcha a gritos:
—¡Eeeh! ¡Fiera!… ¡Fiera! ¡Eeeh!…
Unos por el interior del Parque y el otro por el exterior, separados únicamente por la verja, anduvieron seis u ocho metros. Mitsgoursky seguía azuzándolos: —¡Eeeh! ¡Fieeera!…
Noté en los ancianos un principio de desazón. Uno de ellos susurró: —¡Qué lata! El otro dijo con la vista fija en las puntas de sus botas: —Es sensible que esto pueda ocurrir.
Demetrio, implacable, seguía agitando el bastón por entre los barrotes y gritando: —¡Fieras!… ¡Fieras!… ¡Eeeh!…
La desazón de los ancianos crecía. Uno de ellos declaró: —Loco o cuerdo, empieza a fastidiarme…
El otro no replicó, pero vi perfectamente que se mordía los labios. Mitsgoursky continuó su trabajo sin perder terreno: —¡Fieras! ¡Heeeh! ¡Uuuh, uh!…
Entonces el anciano segundo miró torvamente a Demetrio y gruñó: —¡Idiota!
—¡Eeeh!… ¡Uh! ¡Fieras! ¡Uuuh!…
Y ahora fueron los dos ancianos los que se detuvieron para gritar:
—¡Idiota!
—¡Majadero!
—¡Uuuh!… ¡Uh! ¡Fieras! ¡Eeeh! —les azuzó, como siempre, Demetrio.
—¡Idiota! ¡Más que idiota!… ¿Quiere usted dejarnos en paz? Y el otro anciano clamó: —¡Cretino! ¡Voy a llamar a un guardia!
—¡Eeeh! ¡Fieeeraaaa!… ¡Uuuh! —replicó el domador sin alterarse.
Esta vez hubo un silencio que tenía ya categoría dramática. Los ancianos se detuvieron, tragaron saliva y avanzaron hacia la verja para encararse con Mitsgoursky; llovieron insultos:
—¡Sinvergüenza! ¿No se abochorna de su conducta?
—¡Fieeras! ¡Eeeh! ¡Uh! –dijo Demetrio como si nada oyese.
—¡Bandido! ¡Más que bandido! ¡Voy a salir para que pagues cara tu desvergüenza! —rugió uno de los ancianos enarbolando su bastón y corriendo en busca de una puerta. El otro le siguió. Pero la puerta estaba lejísimos, y Demetrio corrió también sin cesar de azuzarlos: —¡Fiera! ¡Fiera!…
Se pararon otra vez, rojos, congestionadísimos; la ira hacía sus palabras balbucientes: —¡Canalla! ¡Cana…! ¡Burlarse de dos…! ¡Perro judío! ¡Si pudiese agarrarte por la garganta!…
—¡Fiera! ¡Fieeera! —siguió tranquilamente, mi amigo.
Los ancianos se agarraron a la verja, gritando, insultando ferozmente a Demetrio, con los ojos saltones y las venas hinchadas.
—¡Fiera! ¡Fiera! —decía él con un ritmo mecánico.
—¡Judas! ¡Ladrón!
—¡Malnacido!
—¡Fieeera! ¡Fiera! ¡Eeeh!…
Uno de los ancianos intentó trepar por los barrotes; el otro quiso romperlos a mordiscos, mas no pudieron hacer ninguna de las dos cosas y sus pupilas parecían lanzar rayos; echaban espuma por la boca; un temblor convulso, que atacaba sus mandíbulas, entorpecía el buen desarrollo de los insultos que emitían. Daba miedo verlos. Daba más miedo ver a aquellos pacíficos ancianos que a los terribles leones de Mitsgoursky.
Así transcurrieron veinte minutos, al cabo de los cuales el agotamiento pudo más que la rabia y los dos caballeros cayeron al suelo, jadeantes; ya no gritaban; sólo se oía en ellos una especie de estertor.
Entonces Demetrio los dejó en paz. Se separó de la verja, se volvió hacia mí y dijo con una sonrisa: —¿Ves? Eran dos fieras y ya están domados. No me negarás que tenía razón…
Encendimos unos cigarrillos y continuamos nuestro paseo hablando de otras cosas menos discutibles.
Enrique Jardiel Poncela – El libro del convaleciente
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Quod erat demostrandum. Maduro, Ameliach, Cabello, Reverol, como lo era Chávez, son capaces de sacar indecencias de la boca de gente habitualmente amable. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 10, 2016 | Política, Terceros |
«Vladimir Flórez, conocido por el seudónimo de Vladdo, es un caricaturista, periodista y dibujante crítico colombiano». Se reproduce acá un artículo suyo en El Tiempo de Bogotá de hace dos días. Resuena con una tesis de este blog, expuesta en Etiqueta negra el pasado 11 de abril: «El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición». (Cuatro años antes, en el epílogo de Las élites culposas: «Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre»). LEA

La afilada pluma de Vladdo
Venezuela, sin gobierno ni oposición
Nicolás Maduro es un inepto; eso no se discute. La tragedia que vive Venezuela lo retrata de pies a cabeza; es un tipo de muy bajo nivel para manejar una situación tan delicada.
Sin embargo, el drama de ese pobre país es que así como no tiene Gobierno, tampoco tiene oposición. O, bueno, sí la tiene, pero deja mucho que desear. Mientras tanto, sus habitantes se hunden en un mar de desespero y pesimismo, con una clase media cada vez más débil; con muchos ciudadanos cercanos a la indigencia y unos pocos en medio de la opulencia.
En días pasados tuve una conversación que me dejó atónito. Una persona venezolana que lleva muchos años viviendo en Colombia me contó que hace poco asistió a un matrimonio en Caracas. Cuando le pregunté si no había sido terrible, con tanta escasez, me aclaró que no; que había comida y licor en abundancia; como si nada. Que todo estuvo normal, que fue una parranda común y corriente… Mientras me decía eso, me preguntaba si serán esos los mismos que salen a las marchas o se graban en YouTube diciendo que se están muriendo de hambre.
La verdad es que yo quisiera ir y ver con mis propios ojos lo que está pasando en el hermano país, pero no puedo; me ponen preso o me deportan desde el mismo aeropuerto, debido al «irrespeto» a los símbolos patrios de Venezuela del que me acusó Maduro el año pasado.
A juzgar por los reportes de prensa, la situación de Venezuela es muy difícil, pero me parece que la culpa no es exclusiva de la incapacidad del sucesor de Chávez ni de las políticas represivas de su régimen. Buena parte de esa responsabilidad la tiene la dirigencia política, social y empresarial de ese país.
Tras obtener la mayoría de escaños en la Asamblea Nacional, la MUD llegó a actuar muy torpemente. Al grosero retiro de las imágenes de Chávez de la sede legislativa le siguió una andanada de declaraciones y anuncios que dejaban ver, de entrada, su deseo de destituir a Maduro, quien—así tenga cada día más ribetes de dictadorzuelo—es el presidente legítimo, elegido en una votación popular con amplia participación ciudadana.
El gran lío es que a la oposición le interesa más el poder que resolver los problemas del país.
Creo que el gran lío es que a la oposición le interesa más el poder que la solución de los problemas que está atravesando el país. Si sus líderes actuaran con paciencia, con tacto, con inteligencia, con generosidad, otra podría ser la historia.
Lo triste es que desde aquí no ve uno una figura con la preparación, el respeto y la representatividad suficientes para aglutinar a la población y sacar a Venezuela adelante. En coyunturas como esta se necesita a alguien que esté por encima de la política menuda, despojado de intereses mezquinos; alguien capaz de empezar a trabajar para resolver la crisis, pero que a la vez deje a un lado el revanchismo y reduzca la confrontación; alguien que quiera tender puentes en vez de profundizar más en la división existente en la sociedad venezolana y que podría derivar en enfrentamientos con consecuencias imprevisibles.
Por otra parte, el papel de organizaciones internacionales de la región ha sido muy precario. Unasur es un chiste y al desprestigio actual de la OEA se sumó la salida en falso de Luis Almagro, quien, con sus descalificaciones personales contra Maduro no solo excedió los límites de su cargo sino que menoscabó su autoridad como secretario general. Alguien de su categoría no puede enzarzarse en discusiones con un presidente ni mucho menos hacer declaraciones que no le corresponden…
Es evidente que el caos de los venezolanos solo lo pueden resolver ellos; pero mientras el Gobierno, la oposición y la sociedad civil no se pongan de acuerdo para trabajar por unos propósitos comunes, de poco o nada servirán los buenos oficios de un Rodríguez Zapatero ni del mismísimo papa Francisco. Vladdo
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 13, 2015 | Fichas, Política, Terceros |
Entre el 10 y el 23 de julio levantó Datanálisis los cuestionarios de su más reciente Encuesta Nacional Ómnibus. (Descargar: Omnibus julio). En sus 129 páginas hay mucha información seria y útil, pero acá se fijará la atención sobre cuatro láminas específicas. (Un clic sobre ellas las amplía). He aquí la primera:

¿A quiénes convencen los partidos de la polarización?
La afiliación a todos los partidos de oposición sumados, que incluye a la Mesa de la Unidad Democrática como si fuera un partido más—con un porcentaje, 5%, que es cincuenta veces el que recaba COPEI: 0,1% (la proverbial botella vacía por la que pelean los borrachos o, tal vez, un mero error estadístico)—, no alcanza la que es medida para el PSUV: 17,7% contra 18,4%. Es el segmento de los no afiliados (independientes) el mayor en la muestra, con 57,2%, significativamente más de la mitad de los entrevistados. En términos mercadológicos, la distribución pide a gritos una oferta nueva y convincente, pertinente; no bastaría presentarse como ni PSUV-ni MUD, como explicó Luis Vicente León el 11 de julio—faltaban 12 días para el cierre de la encuesta—en el programa #152 de Dr. Político en Radio Caracas Radio. (Los pequeños símbolos escogidos por la encuestadora treintañera para representar a los electores independientes, chavistas o de oposición introducen un cierto sesgo, al sugerir que sólo quienes se identifican con los partidos de oposición portan la Bandera Nacional. El símbolo escogido para quienes se tienen como independientes sugiere más bien gente indecisa. El de los chavistas es el más fiel de los tres: una figura con boina y brazalete rojos).
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¿Otra marcha más?
La población está harta de concentraciones y marchas, pero este dato no llegó a la MUD con suficiente antelación a su convocatoria para manifestar el 8 de este mes. El diario El Universal reportó la asistencia de «decenas» de opositores; más generosamente, el Latin American Herald Tribune habló de docenas (Venezuelan Opposition Admits Scant Attendance at Caracas Demonstration) y registró las insólitas explicaciones de Jesús Torrealba y Freddy Guevara: que no había gente porque el pueblo estaba haciendo colas en los supermercados, lo que sólo habría permitido la presencia de activistas o militantes—en cualquier caso, poquísimos—o que el fenómeno se explicaba ¡por la disputa entre la MUD y COPEI! Por cierto, Sr. Guevara (dirigente de Voluntad Popular que ofreció esta última teoría), la proporción de gente que no estaría dispuesta a «guarimbear» es aun mayor: la lámina 98 de la encuesta la mide en 86,5%.
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Una Asamblea con oficialismo en minoría
La suma de intención de voto por candidatos de oposición (50,7%) y candidatos independientes (8,4%) supera en 31,1% la que se pronuncia a favor de los candidatos del oficialismo (59,1% a 28,0% de los consultados que votarían con seguridad). La mesa parece estar sirviéndose para la pérdida del control oficialista del Poder Legislativo Nacional, lo que sin lugar a dudas introduciría un cambio cualitativo importantísimo en la escena política del país.
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No lo queremos
En octubre del año pasado, un máximo de 71,1% de los ciudadanos prefería que Nicolás Maduro no concluyera su período constitucional, fuera por revocación de su mandato en 2016, cuando tal cosa se hace posible, o aun antes, presumiblemente por renuncia forzada o voluntaria. Para abril de este año se había recuperado, cuando sólo un poco menos de 60% quería ese desenlace. Sin embargo, ya ha hecho méritos adicionales: 68,3% quiere ahora que se vaya cuanto antes. No es esto algo que pueda conseguir la oposición desde sus nuevas curules en la Asamblea Nacional; se necesitará un procedimiento distinto que indefectiblemente tendrá que apelar al Soberano. El parlamento no puede convocar un referendo revocatorio; sólo 20% de los electores puede hacerlo. Es de suponer que un referendo consultivo más barato (10%) pudiera forzar su renuncia.
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Al estupendo bioanálisis del que he comentado sólo cuatro resultados, es aconsejable superponer el ojo clínico. He aquí menos de dos minutos de anticipaciones en fragmento de audio de un programa especial de Y así nos va, transmitido por Radio Caracas Radio el 30 de diciembre del año pasado y grabado el 18 de noviembre. (De todos modos, en la conversación con Nehomar Hernández reconocí estar al tanto de mediciones de Datanálisis).
LEA
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