por Luis Enrique Alcalá | Dic 7, 2006 | LEA, Política |

No es el fundador del famoso restaurante especializado en carnes de la urbanización La Castellana de Caracas, sino el copresidente del Iraq Study Group el Lee Hamilton que ha declarado: «La situación en Irak es grave y se está deteriorando. La actual aproximación no está funcionando, y la capacidad de los Estados Unidos para influir los eventos está disminuyendo».
El panel bipartidista de diez miembros ha arribado finalmente a conclusiones, y a la elaboración de casi ochenta recomendaciones específicas al gobierno de George W. Bush en materia de la guerra que él solo inventó e inició. El contenido del estudio, como ocurre en los Estados Unidos, es ya de conocimiento público.
No es que sea excesivamente preciso. Deja, por ejemplo, de especificar los niveles de fuerzas norteamericanas a mantener en Irak. (Aunque aboga por retiros muy significativas para a más tardar a comienzos de 2008). De esta vaguedad, y de la carencia de «claras prioridades» se queja Michael O’Hanlon, un experto militar del más longevo y prestigioso think tank de Washington, la Institución Brookings, que fue uno de los 48 expertos que asesoraron al grupo de los diez. O’Hanlon cree que la indefinición le hará más fácil a Bush la elusión del sentido general del reporte.
De todas maneras, el campanazo no deja de ser sonoro e inequívoco: el reporte ni siquiera garantiza que de seguirse la totalidad de sus recomendaciones se obtendría un éxito.
Pero como el informe viene de un panel compuesto por republicanos y demócratas, hay esperanzas de que pueda suscitar un verdadero cambio de política. La conclusión más simple es la expuesta por el senador republicano por Nebraska, Chuck Hagel: «…un reconocimiento de que no habrá solución militar en Irak. Se requerirá una solución política a la que se llegue desde una diplomacia y un compromiso de los iraquíes y de toda la región».
Continúa, pues, la acelerada erosión de la política de Bush, que ya ha costado la defenestración de Donald Rumsfeld y la renuncia de John Bolton a su cargo interino como embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Quizás el único dique que impida un impeachment de Bush es la conciencia de que la presidencia norteamericana recaería en el vicepresidente Dick Cheney, que siendo más inteligente que su jefe sería por eso mismo mucho peor.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 30, 2006 | LEA, Política |

Una decisión pendiente de la Corte Suprema de los Estados Unidos pudiera revertir la resistencia de la Administración Bush a actuar decididamente para reducir las emisiones de gases de invernadero de ese país. En una demanda de doce estados de la unión y trece organizaciones ambientalistas contra la Agencia de Protección Ambiental—Massachusetts vs. EPA—se exige un pronunciamiento del altísimo tribunal que impida que el ejecutivo estadounidense continúe rehusándose a tratar las emisiones de gas carbónico y otros gases como contaminantes del aire, que ponen en peligro la salud pública y aumentan el riesgo de desastres ecológico-climáticos. El Fiscal General Adjunto de Massachussets ha declarado: «Tenemos propiedades, doscientas millas de líneas costeras, que estamos perdiendo».
Ya está trazada una línea de separación entre las facciones conservadora y liberal en la Corte Suprema. El Presidente de la Corte (John Roberts) y el juez Samuel Alito, consideran que, en el mejor de los casos, conceder la petición redundaría en una reducción relativamente pequeña de los gases peligrosos. En oposición, el juez David Souter opinó: «No tienen que mostrar que se detendría el calentamiento global. Su punto es que se reduciría el grado de calentamiento global y probablemente se reduciría el grado de las pérdidas». Así las cosas, los reflectores comienzan a enfocarse sobre el juez Anthony Kennedy, quien pudiera desempatar la votación hacia cualquiera de los dos lados.
Detrás de esta batalla legal se percibe la posición de los empleados mismos de la Agencia de Protección Ambiental. Ayer, los sindicatos que representan a unos diez mil empleados de la agencia elevaron una petición ante el Congreso, a fin de que se emprendan acciones inmediatas para tratar el problema del calentamiento global, y dejaron entender a la Corte Suprema que no están de acuerdo con la política del gobierno de Bush a este respecto.
Dos argumentos de los conservadores no parecen demasiado sólidos o consistentes. Por un lado, arguyen que sería mejor un tratamiento internacional que una acción unilateral de los Estados Unidos en protección del ambiente. Pero esto resulta irónico, pues son precisamente los Estados Unidos (y Australia) quienes han rechazado insistentemente suscribir el Protocolo de Kyoto, y por tanto se han negado al tratamiento multinacional. Por el otro, el argumento de que las mejoras serían insignificantes desconoce lo que enseña la teoría del caos—que emergió, justamente, en climatología primero que en otra ciencia—y que consiste en saber que el mero aleteo de una mariposa en Brasil puede desatar un tornado en California. Hasta el humo de un solo cigarrillo, encendido por un fumador empedernido como el suscrito, pudiera ser un crimen ecológico.
Que Dios inspire a la muchas veces sabia y profunda Corte Suprema de los Estados Unidos.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 23, 2006 | LEA, Política |

Debe reconocerse a Teodoro Petkoff la nobleza con la que depusiera su aspiración presidencial, y la seriedad, la lealtad y el denuedo con los que ha ofrecido su apoyo a la candidatura de Manuel Rosales. (Si Rafael Caldera, en 1987, hubiera apoyado a su antiguo pupilo, Eduardo Fernández, en lugar de «pasar a la reserva» de COPEI, es posible que éste hubiera vencido a Carlos Andrés Pérez en 1988 y la historia hubiera sido diferente). En opinión de quien escribe, Petkoff habría sido mucho mejor y más redondo candidato que Rosales, pero el acuerdo tripartito con Julio Borges establecía que una encuesta—llevada a cabo por Datos—sería el criterio selector, y la base política de Rosales en el Zulia hizo la diferencia. El suscrito opinaba así desde 1999, cuando ya se podía entrever la enorme dificultad que comportaría la mera reparación de los estropicios que Chávez dejaría a su paso por el poder. No podía ser un político de medianas luces quien sucediera a Chávez, y sin duda el calibre político de Petkoff es muy alto y mucho mejores sus cualidades humanas que las del actual presidente. (Para no comparar la preparación intelectual de ambos).
El martes de esta semana reportó Globovisión: «Teodoro Petkoff, miembro del comando de campaña de Manuel Rosales, señaló que hay que terminar de vencer el temor y comprender que se puede ganar. En su opinión, la condición para que un triunfo del candidato de la oposición se produzca es que nadie se atemorice. Petkoff expresó que está persuadido de que Rosales ganará, aunque siempre hay que estar preparado para las dos opciones». (Destacado de esta publicación). En las mismas declaraciones apuntó que nada indica la preparación de un fraude electoral, no sin señalar que el ventajismo y la intimidación gubernamentales sí están presentes. Recomendó, una vez más, la supresión de las ilegales máquinas captahuellas, aunque las desestimó como posibles violadoras del secreto del voto, reforzando así su prédica de vencer el miedo.
Más allá de ese temor, sin embargo, lo que habría que vencer es la percepción de imposibilidad de un triunfo de Rosales. La mayoría de las encuestas registra que las dos terceras partes de los electores creen que Chávez ganará, y esto es lo que hace la cuesta tan empinada.
Una vez más, la esperanza de esta publicación es que el elector promedio decida que ya ha tenido bastante de la epopeya chavista, de sus milenarios y heroicos objetivos, que imponen un excesivo e injustificado costo de odio y sobresalto, para optar por una administración tranquila, probablemente nada brillante, pero en paz y normalidad.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 16, 2006 | LEA, Política |

Parece no bastar que Al Gore, ex Vicepresidente de los Estados Unidos, ande como Quijote cabalgante por el mundo, lanza en ristre contra el aterrador espectro del calentamiento planetario. El gobierno de su país, legitimado a pesar de una votación ciudadana minoritaria por dudoso recuento de votos en Florida, no hace caso del Apocalipsis climático que recita con insistencia elocuente. Ahora Washington ha rehusado atender explícitos llamados del Secretario General de las Naciones Unidas para que los Estados Unidos se comprometan a reducir sus emisiones de calor, su contribución a la entropía mundial.
En la conferencia sobre el cambio climático que se celebra en Nairobi, Paula Dobriansky, Sub Secretaria de Estado para la Democracia y Asuntos Globales, ha rechazado los alarmados reclamos de Kofi Annan, argumentando que los Estados Unidos más bien han sido pioneros benéficos en el tema.
Como se sabe, los Estados Unidos son el principal emisor de gases de invernadero, producidos por la combustión de combustibles fósiles en plantas de energía, fábricas y automóviles, bastante por delante de los gigantes de China, Rusia e India. A pesar de esto, los Estados Unidos se han negado sistemáticamente a convalidar el Protocolo de Kyoto, que exige a los países más desarrollados un esfuerzo especial y decidido en la reducción de las peligrosas emisiones.
Aduciendo que tal cosa dañaría la economía estadounidense, y que la misma exigencia debiera hacerse sobre los países menos desarrollados, el vapuleado gobierno de George W. Bush se ha mostrado singularmente sordo ante las peticiones de su cooperación con necesidades de la humanidad entera. Australia, con idénticos argumentos, se ha negado también al compromiso de Kyoto, que treinta y cinco países han acogido, aceptando metas específicas de reducción para 2012.
Europa ha sido más proclive a la cooperación en el ataque a tan grave y urgente problema. El ministro alemán del ambiente, Sigmar Gabriel, expuso la ridiculez de un fondo de 3 millones de dólares para ayudar a las naciones más pobres a adaptarse a las realidades del cambio climático, que pueden representar más inundaciones, sequías, elevación del nivel de los mares y acusada desertificación. En vehemente discurso se preguntaba si era necesario reunir a 6.000 delegados en una conferencia que ella sola había costado cuatro millones, para decidir la estructura de partida tan exigua.
El presidente Bush necesita urgentemente prótesis auditivas y un sermón de aceptable predicador protestante, que le recuerde la virtud de la compasión.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 9, 2006 | LEA, Política |

Unas son de cal y otras son de arena. Tan sólo la semana pasada hacíamos breve inventario de los más recientes traspiés de Chávez en la escena internacional, que culminaba con la derrota de la candidatura venezolana al Consejo de Seguridad en la ONU. Acaba, sin embargo, de recibir dos buenas noticias compensatorias de su depresión: el triunfo de Daniel Ortega en la campaña presidencial de Nicaragua y la derrota de los republicanos en las elecciones norteamericanas del 7 de noviembre.
Ortega, no obstante, luego de recibir el reconocimiento y felicitación de su principal contendor, peroró un discurso más alineado con la moderación de Lula que con las estridencias chavistas. Con la mayor tranquilidad dijo tener el máximo interés de atraer a su país toda clase de inversiones y contar con la participación de grupos económicos de todo tipo. Nada de socialismo del siglo XXI.
Chávez celebrará más, entonces, el regaño de los electores estadounidenses a las políticas de George W. Bush, a quien tiene por su archienemigo personal, a pesar de que éste en general le ignore. El presidente norteamericano consintió hace muy poco en aludirlo, en respuesta a insidiosa pregunta de un periodista: admitiendo que olía a azufre en la Casa Blanca, dijo que en Miraflores olía a Rosales.
No pocos creen en Venezuela que esto es así. La enorme multitud de la marcha opositora del pasado sábado hace pensarlo, y seguramente el episodio del video que registra las sectarias afirmaciones de Rafael Ramírez produjo la indignación suficiente para movilizar indecisos hacia la manifestación, así como la idea de que el abuso le haya costado a Chávez una disminución de intenciones de voto a su favor.
Puede ser. Las encuestas que antes referimos, y que miden una ventaja para Chávez de unos veinte puntos, fueron todas levantadas con antelación al grosero discurso en PDVSA. De todos modos, todas eran posteriores al mucho más procaz y agresivo escándalo que no hace mucho protagonizara Juan Barreto, sin costo aparente para Chávez. Claro está, hay una diferencia crucial: Chávez no estaba en Venezuela cuando Barreto decretara, inválidamente, la expropiación de campos de golf en clubes exclusivos, y el gobierno nacional se cuidó de publicar entonces, durante esa ausencia, un comunicado por el que se distanciaba del inútil alcalde. Esta vez, en cambio, el propio Chávez cohonestó el desaguisado de Ramírez y hasta le felicitó ardorosamente.
Luis Alberto Machado suele decir que las elecciones no las gana quien tuvo más aciertos, sino que las pierde el que cometió más errores. Así que el propio suscrito se ha permitido albergar una débil esperanza, confiando a un amigo: «Ojalá que la autocrática arrogancia del abusivo discurso de Rafael Ramírez, y el descarado espaldarazo de Chávez al mismo, robe a éste una buena cantidad de votos y la transfiera a Rosales, pues ciertamente es preferible la mediocridad cotidiana del zuliano a la peligrosísima y cancerosa brillantez de Chávez».
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 2, 2006 | LEA, Política |

Tanto nadar para ahogarse en la orilla. En el día de ayer el embajador venezolano ante la Organización de las Naciones Unidas, el invertebrado Francisco Arias Cárdenas, anunció que había un acuerdo entre Guatemala y Venezuela para retirar sus respectivas candidaturas al Consejo de Seguridad del organismo. Ante el hecho, y aunque una vocera de la representación guatemalteca no pudo confirmar inicialmente la declaración de Arias, fue suspendida la que habría sido la cuadragésima octava votación para elegir al miembro latinoamericano del Consejo.
Nicolás Maduro se había reunido dos veces con Gert Rosenthal, el canciller guatemalteco, en predios de la delegación de Ecuador ante la ONU en Nueva York. (Que a su regreso procure Nicolás tener esta vez todos sus papeles de identificación a mano). Diego Cordovez, el embajador ecuatoriano, no sólo confirmó la declaración venezolana, sino que anunció que ambos competidores propondrán hoy a los 34 países del bloque de América Latina y el Caribe la candidatura de Panamá.
No tardaremos en escuchar a Chávez, Rangel, Maduro, Arias y Valero asegurando que la cosa fue un triunfo total: que Venezuela—mejor dicho, la revolución «bolivariana»— una vez más ha derrotado al imperialismo norteamericano, presidido por el diablo Bush, al impedir que su candidato «títere» se hiciera con el puesto.
La verdad es que Venezuela, salvo una ocasión en la que logró un empate de votos, perdió la elección en cuarenta y seis de cuarenta y siete votaciones. (98% de derrotas). La verdad es que, después de terquear cuarenta y siete veces, después del cabildeo planetario que el mismo Chávez llevó ilusamente a cabo, y el gasto de considerables sumas de dinero (sin contar los nuevos compromisos que adquirió), tuvo que retirarse con el rabo entre las piernas. Y la verdad es que el mismo Chávez enterró las escasas posibilidades del país por deslenguado y baladrón.
Si en Venezuela, todavía, cree poder engañar a los electores con una pieza publicitaria en la que se describe a sí mismo como amorosísimo presidente, en el exterior se le están poniendo las papas duras. Los más recientes asuntos en los que ha puesto interés han resultado, claramente, contrarios a sus épicos designios. Humala derrotado, López Obrador ídem, el apoyo de Chile inexistente, los aviones españoles cancelados, el Consejo de Seguridad lejanísimo, su pana Fidel caduco y más moribundo que la Constitución de 1961. Tal vez aún no esté contenido en nuestro país, pero internacionalmente le están reduciendo el espacio.
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