por Luis Enrique Alcalá | Ene 18, 2007 | LEA, Política |

El martes de esta semana la Organización de las Naciones Unidas presentó al mundo un informe sobre el número de muertes de civiles en Irak en el año 2006. (Al que le falta registrar por completo las víctimas del mes de diciembre). El informe sostiene que 34.452 iraquíes que no eran militares murieron el año pasado como consecuencia de la violencia desatada en el país a raíz de la invasión norteamericana, la que se acerca ahora al cumplimiento de su cuarto aniversario. El mismo día de la presentación, 70 civiles más se unían a la grotesca cuenta, cuando varias explosiones al noreste de Bagdad ocurrieron en una universidad predominantemente shiíta.
Como era de esperarse, un vocero del gobierno de Iraq expuso que tal cifra era exagerada. La ONU, sin embargo, asegura que el origen de sus datos está en cifras oficiales, contenidos por su mayor parte en certificados de defunción expedidos por el propio gobierno iraquí. (Los familiares de los fallecidos procuran por todos los medios conseguirlos, pues sólo con ellos pueden tramitar asuntos de herencia y posibles compensaciones gubernamentales). Más aún, puede presumirse que la cifra real es en verdad mayor, puesto que no todas las muertes son reportadas.
Los números indican a las claras el fracaso de la iniciativa bélica norteamericana, supuestamente emprendida para traer, no sólo la democracia a Irak, sino para brindar estabilidad a toda el área del Oriente Próximo. La verdad es que más de un experto teme ahora por una “balcanización” de toda la región, al irse consolidando la tendencia de una confrontación abierta y generalizada entre sunis y shiítas.
Esta posibilidad ha sido recientemente regada con material extremadamente combustible: las ejecuciones de Saddam Hussein y sus colaboradores más inmediatos. El periódico Greater Kashmir opina de esta forma: “Un juicio que fue una farsa. Una corte de canguros. Un veredicto amañado… La venganza política del gobierno iraquí, que debe su sobrevivencia a la gigantesca máquina de guerra americano-británica, voló con tal furia que quiso que Saddam fuese ejecutado en una fecha especial”. El periódico revela asimismo un motivo para la urgencia: “Un panel de discusión de La Voz de América ofreció una razón de la prisa judicial. Dijo que según una ley iraquí no pude ahorcarse a un hombre que haya alcanzado la edad de 70 años, y que Saddam los cumpliría en 2007, y así hubiera podido escapar del lazo. Puede ser. Pero hay una razón más convincente y sustancial. No era del interés de América y Europa confrontar a Saddam en el tribunal porque tal cosa habría descubierto su rol al cumplir tratos de suministrarle armas químicas y biológicas (armas de destrucción masiva) que empleó contra los kurdos e Irán. El mundo sabe que Irak servía en esa época a sus intereses y que Saddam era su consentido”.
Tan embarazoso es el asunto que, primero Blair y luego Bush, han procurado distanciarse de la ejecución del antiguo dictador iraquí. Hay que tener riñones para lavarse las manos de esa manera, después de que un promedio de 96 civiles murió diariamente en Irak en 2006 como consecuencia de la invasión que estos señores han protagonizado.
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 11, 2007 | LEA, Política |

Después de elaborado forcejeo entre telones, George W. Bush acaba de anunciar que en pocas semanas enviará a Irak un contingente de 21.000 soldados norteamericanos adicionales. Su línea de razonamiento sostiene que aflojar en Irak en estos momentos provocaría el colapso del gobierno local y que, en cambio, el incremento (surge) de tropas estadounidenses “en este momento crucial”, para ayudar a los iraquíes a “romper el actual ciclo de violencia” pudiera apresurar “el día en que nuestras tropas puedan regresar al hogar”.
Se trata de unas cinco nuevas brigadas de cuatro mil hombres cada una, que elevarán el actual contingente de 135.000 soldados a 153.000. El grueso de las nuevas fuerzas será asignado a Bagdad, donde será nombrado un nuevo comandante supremo, aunque dos batallones de marines irán a la provincia de Anbar. (El 80% de la violencia entre sectas ocurre en un radio de 45 kilómetros alrededor de Bagdad).
Bush solicita 5 mil seiscientos millones de dólares frescos para pagar las tropas y mil doscientos millones más para reconstrucción y creación de empleos entre la población de Irak. A este país se le exige 10 mil millones de dólares a los mismos fines, aunque no se permitirá la “interferencia” iraquí en las operaciones militares.
Como era de esperarse, el plan no cuenta con el consenso político que sería recomendable, ya no digamos entre los demócratas—el senador Edward Keneddy ha introducido un proyecto de ley que bloquearía el financiamiento—sino entre los mismos republicanos y no pocos jefes militares. Norman Coleman, senador republicano por Minnesota que busca ser reelegido en 2008, declaró: “Me rehuso a poner más vidas americanas en riesgo en Bagadad sin seguridad de que los iraquíes mismos estén dispuestos a terminar la violencia de iraquíes contra iraquíes. Por esto es que me opongo a la proposición de un aumento de tropas en Bagdad, donde la violencia sólo puede ser definida como sectaria”.
Lo que más temen los críticos del nuevo plan de Bush es que el aumento de la presencia norteamericana en Irak reavivará el desagrado de la población en general, por un lado, y que, por el otro, el gobierno de ese país se haga todavía más “adicto” a la ayuda de los Estados Unidos.
Pero, como por estos lares, el presidente Bush no atiende a las críticas, ni de los demócratas, ni de sus copartidarios ni del público en general. The beat goes on.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 4, 2007 | LEA, Política |

Bueno, el ciudadano Defensor del Pueblo, el conchudo Germán Mundaraín, ha logrado publicar el informe de las actuaciones de su despacho en el ejercicio de ¡2005!
El balance que Mundaraín hace de la situación de los derechos humanos en Venezuela es poco menos que idílico, y casi representa la admisión más flagrante de que sus servicios son realmente innecesarios. Por ejemplo, en materia del derecho a la vida, expone tersamente que “la condena pública al más alto nivel” de la masacre de los estudiantes de la Universidad Santa María sería el factor a destacar en un descenso que registra de los atentados—en realidad de las denuncias: 308 en 2004, 300 en 2005—contra esa garantía fundamental.
En vena parecida, comenta sobra las violaciones a la libertad de expresión. Mundaraín vuelve a atribuir la “mejora” del ambiente a este respecto a factores ajenos a su actuación. Así dice: «Las causas de esta reducida actividad de denuncia pueden tener que ver con la percepción de que se trata de derechos cuyas diferencias se dirimen en el terreno en que se producen: la opinión pública. Asimismo, los profesionales del periodismo cuentan con el apoyo amplio de las asociaciones sindicales y de organizaciones que se dedican al tema, tanto nacional como internacionalmente».
Y en lo que es decididamente ciego es en lo tocante a los atentados contra la libertad de trabajo. El Defensor del Pueblo reconoce sólo 21 casos de denuncias de ciudadanos que habrían sido impedidos de trabajar por causas políticas. Pero Mundaraín aduce que en ningún caso “se han encontrado pruebas fehacientes” de que, por ejemplo, la “lista de Tascón” se haya usado con intención discriminatoria. El inútil funcionario—casi tanto como el ineficaz Fiscal General—no ha tenido noticia del encendido discurso de Rafael Ramírez ante empleados de PDVSA (claro, esto fue en 2006, año no cubierto por su informe), ni tampoco de que la diputada Iris Valera hubiera amenazado públicamente, por radio y televisión, a los empleados públicos que se atrevieran a no ir a votar en elecciones recientes, y mucho menos se ha enterado del contenido de una conversación grabada en la que un alto empleado de la Cancillería justificaba despidos por razones políticas.
Mundaraín, pues, no parece haber cogido seña de la Presidencia de la República, que consciente del pie del que cojea, anda dando explicaciones acerca de los defectos de su gobierno y muy apresurado cambiándolo. Por lo que atañe a la ciudadanía, Mundaraín pudiera no existir sin que se note su ausencia. El año que viene pudiera publicar una memoria de sus actuaciones en 2002 o 2003. Daría lo mismo. Total, ¿qué importa que nos cuente con atraso que no ha hecho absolutamente nada?
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Dic 28, 2006 | LEA, Política |
Seguramente una de las lecciones cruciales de la historia es que la perfección no es virtud de la persona, la sociedad, la naturaleza terrestre o el cosmos. Casi a cada momento conocemos de alguna conducta personal que debiera avergonzar al género humano, de algún desastre natural que destruye vidas, bienes y lugares. Nada es perfecto. A pesar de tan sobria conclusión, no es agradable el conocimiento de ciertas noticias; por ejemplo, que existe, al menos en Caracas, un circuito que explota comercialmente pornografía infantil que tiene su origen en instituciones educativas de la capital, aparentemente registrada con teléfonos móviles provistos de cámara de video.
El fenómeno es, lamentablemente, de alcance mundial. En los últimos años la noticia de la pornografía y la prostitución de los más pequeños es frecuente desde diversas latitudes, pero tampoco es nuevo el asunto entre nosotros. Durante la dictadura de Pérez Jiménez emergió el escándalo de un «ballet rosado» con adolescentes de un colegio privado de Caracas y funcionarios del régimen. La diferencia, medio siglo después, es la escala del mercadeo y el empleo de tecnología que debiera servir para mejores destinos.
Pero cosas como ésta no deben hacer que perdamos la esperanza en las próximas generaciones. Los niños, en general, no se dedican a una lujuria explotable por mercaderes desalmados. Uno ve, en cambio, cómo son una generación que emplea los medios digitales para aprender. Hace pocas semanas la televisión mostraba a niños de 8 o 9 años que aprendían a manejar el dinero con tino y prudencia, gracias a un juego administrado por computadoras. Los más jóvenes, por otra parte, han venido al mundo con mucho menos prejuicios que los nuestros, como se manifiesta en su natural y horizontal aceptación de toda raza o cultura. Los más jóvenes tienen ideas más claras acerca de lo ecológico y tienden a ser más democráticos y abiertos. Las nuevas generaciones harán más y mejores cosas, como debe ser.
Por esto, aunque ha sido amarga la noticia para concluir el año, uno debe esperar progreso en el año que está por comenzar. En 2007 será mejor Venezuela; no por un gobierno altanero y aspirante al totalitarismo, que probablemente iniciará purgas ejemplarizantes en sus propias filas porque sabe que el pueblo no está contento con su corrupción; no por una oposición que todavía continúa operando, poco imaginativamente y con prisa excesiva, en piloto automático, sino porque el enjambre ciudadano está ya compuesto por abejas más aprendidas. Será por el esfuerzo personal de cada uno que Venezuela será un poco mejor el año que viene.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Dic 21, 2006 | LEA, Política |

El espíritu navideño de George W. Bush es verdaderamente asombroso. Su optimismo es digno del ciclo de Adviento, y no se arredra porque uno que otro comité, o uno que otro general, opine que los Estados Unidos ya han tocado el tiempo en que deben comenzar a ausentarse de territorio iraquí, procediendo a un retiro gradual pero temprano de sus tropas. No señor, nada de eso. El primer ejecutivo del mundo entiende que la victoria militar en Irak es alcanzable, aunque para eso tenga que enviar más soldados a ese país.
Así preparó el terreno en alocución de fin de año, desde el edificio aledaño a la Casa Blanca que lleva el nombre de Salón del Tratado Indio. Ya se habla de un contingente adicional de unas 20.000 tropas. (Entre 15.000 y 30.000). No hace caso Bush, por tanto de la tensión entre la Casa Blanca y la Junta de Jefes de Estado Mayor, que resiste al envío de soldados en exceso de los actuales sin que se tenga una misión clara y específica para ellos, más allá de apuntalar la precaria situación política en la que se desenvuelve el nuevo Estado iraquí.
La posición de Bush pudiera verse reforzada por el reciente anuncio del retiro—en marzo próximo—del general John P. Abizaid, líder del comando central norteamericano en el Cercano Oriente, un vocero contra la idea de un aumento en el contingente estacionado en Irak. En su comparecencia ante un comité del Senado estadounidense el pasado 15 de noviembre, Abizaid había dicho inequívocamente: «No creo que más tropas norteamericanas sean en este momento la solución al problema; creo que los niveles de tropas deben quedarse donde están». En el mismo sentido se habían pronunciado, en público y en privado, otros importantes generales.
Mientras tanto, al interior del liderazgo iraquí recrudece la lucha entre dos líderes de los shiítas, los clérigos inmiscibles Abdul Aziz al-Hakim, de tendencia moderada y Moqtada al-Sadr, tenido por los norteamericanos por extremista. Cada uno lidera un partido con treinta asientos enel parlamento iraquí, así como sus propias milicias. De cada una se asegura que incluyen escuadrones de la muerte.
Prosigue, pues, en impertérrito despliegue la terquedad del Presidente de los Estados Unidos. Nada lo hace variar de opinión: ni los consultores que él mismo nombra, ni unas elecciones adversas, ni los líderes militares, ni la sólida oposición ciudadana a su guerra particular y privada. Más tropas, Merry Christmas.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Dic 14, 2006 | LEA, Política |

En momentos cuando la revista Time se dispone a llevar a su portada la efigie de Hugo Chávez como «Hombre del Año» 2006—de continuar las tendencias en una votación al efecto—vale la pena destacar una figura distinta, que a lo largo de los años, y sin la estridencia de discursos efectistas, ha traído al mundo más progreso que el que Chávez será capaz de producir entre 1999 y 2021. Me refiero al banquero de los pobres, Muhammad Yufus, el economista de Bangladesh que fundó y ha dirigido el Banco Grameen, cuyos programas crediticios han significado el abandono de la pobreza para millones de personas desatendidas por la banca convencional, especialmente mujeres.
Y no es que Yufus no tenga qué decir. En su discurso de aceptación del Premio Nóbel de la Paz en Oslo, hace cinco días, habló bien y claramente: «La pobreza es una amenaza a la paz», dijo al recibir el premio que compartiera con la institución creada por él. Yufus destacó que según los acuerdos entre jefes de Estado en las Naciones Unidas en el año 2000, el nuevo milenio había comenzado con el sueño de reducir a la mitad la pobreza del mundo en sólo quince años. «Pero luego vino el 11 de septiembre y la guerra de Irak, y de pronto el mundo se descarriló de la búsqueda de este sueño, y la atención de los líderes mundiales se desplazó de la guerra a la pobreza a la guerra al terrorismo. Creo que no puede derrotarse al terrorismo mediante la acción militar», añadió, al especificar que los Estados Unidos han gastado ya 670 mil millones de dólares en la guerra de Irak, o más de 100 dólares—215.000 bolívares CADIVI—por cada habitante del planeta.
Para que su posición fuese meridianamente clara expuso que el terrorismo debía ser condenado en los términos más fuertes, y el mundo atacar este mal de raíz: «Creo que alcanzar recursos para mejorar las vidas de la gente pobre es una mejor estrategia que gastarlos en cañones».
Una segunda advertencia a los Estados Unidos fue la proferida por Kofi Annan, en un discurso que ha funcionado como su despedida del cargo de Secretario General de las Naciones Unidas. Hablando un día después que Yufus en el Museo Harry Truman de Missouri, dijo Annan: «Ninguna nación puede hacerse a sí misma segura buscando la supremacía sobre los demás. Todos compartimos la responsabilidad por la seguridad del otro, y sólo trabajando para lograr la seguridad de los demás podemos esperar el logro de la seguridad duradera para nosotros mismos».
Dos gallos que cantan claro.
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