por Luis Enrique Alcalá | Mar 15, 2007 | LEA, Política |

Nadie ignora que el periódico londinense Financial Times no es, precisamente, de inclinación izquierdista. Por esto tiene particular peso uno de sus trabajos «en profundidad», suscrito por Carola Hoyos bajo el título Las nuevas Siete Hermanas: gigantes de petróleo y gas empequeñecen a sus rivales occidentales.
Como recuerda la propia autora, el cognomento de «las Siete Hermanas» fue inventado por Enrico Mattei, el líder del Ente Nazionale Idrocarburi (ENI) que falleciera en un accidente de aviación que se afirma fue provocado para sacarlo del juego. La expresión designaba un cartel de petroleras privadas norteamericanas y europeas—Standard Oil de Nueva Jersey (luego Exxon, hoy ExxonMobil), Standard Oil de Nueva York (Mobil, hoy fusionada con Exxon), Standard Oil de California (Chevron, que se uniría con Texaco), Texaco (dicho), Royal Dutch Shell, Anglo-Persian Oil Company (APOC, luego British Petroleum, hoy BP después de haber absorbido Amoco, la antigua Standard Oil de Indiana) y Gulf (más tarde desmembrada entre Chevron, BP y Cumberland Farms). Estas compañías controlaron por décadas el negocio petrolero mundial en la etapa que siguió al desmembramiento de la holding original de John D. Rockefeller, la Standard Oil, que a comienzos del siglo XX manejaba más del 80% de la producción petrolera mundial.
Hoyos reporta que ese dominio es claramente del pasado. Las nueve Siete Hermanas son ahora Aramco (Arabia Saudita), Gazprom (Rusia), CNPC (China), NIOC (Irán), PDVSA (Venezuela), Petrobras (Brasil) y Petronas (Malasia). Son empresas estatales que dominan casi la tercera parte de la producción mundial de petróleo y gas, y controlan más de la tercera parte de las reservas del planeta. Las viejas hermanas están reducidas ahora a 10 por ciento de la producción y el 3 por ciento de las reservas.
Entre otras cosas, el trabajo de Hoyos registra una nueva ola de agresividad de parte de estas compañías estatales. No es, pues, únicamente PDVSA la que arrebatará el control mayoritario de la inversión en las empresas que operan en la faja del Orinoco. Gazprom, por ejemplo, no ha ocultado su pretensión de despojar a BP del control del campo gasífero de Kovyta, uno de los principales activos de la compañía inglesa en Rusia.
Dice el nutrido artículo: «La renuencia de los gobiernos a la reinversión de los recientes ingresos extraordinarios de sus compañías petroleras nacionales en la propia industria, yace en la base de muchas de las preocupaciones acerca de los futuros suministros. En vez de reinvertir, esos gobiernos emplean los fondos para iniciativas sociales o los desperdician». Y toma nota específica de Venezuela, al señalar: «El presidente Hugo Chávez, de Venezuela, gasta dos tercios del presupuesto de PDVSA en sus programas sociales populistas, y envió en esa dirección casi 7 mil millones de dólares para 2005, comparados con los 77 millones de dólares gastados en 1997 por el gobierno anterior, según un estudio de la Universidad Rice».
El futuro pertenece a estas compañías. Según la Agencia Internacional de Energía, el 90 por ciento de los nuevos suministros provendrá, por los próximos cuarenta años, de países en desarrollo. La chequera de Chávez parece interminable.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 8, 2007 | LEA, Política |

Dos mandatarios parecidísimos se dirigen hacia América del Sur: George W. Bush y Hugo R. Chávez. Ambos son fundamentalistas, aunque de signo contrario, y lo que van a exhibir en latitudes sureñas es de lo peor de la política mundial de nuestros días. Ambos son tercos y arrogantes, ambos llevan al extremo la política de poder, ambos tienen tino para la terminología, ambos están muy equivocados.
Uno, el nuestro, cree que es su obligación principal en estos momentos convertirse en director de protestas callejeras en contra del norteamericano. Así se aleja de socios respondones—Podemos, PPT—que se han negado sin ambages a la noción de un pensamiento único, y que han llegado a enmendar el eslogan “patria, socialismo o muerte” al ofrecer el lema “patria, socialismo y vida”. Más claro no canta un gallo.
Así se aleja, también, de la realidad inflacionaria que admitió le preocupaba, y que pretende tapar con la mitomanía del magnicidio y los nuevos roces con Colombia. Así deja de pensar en la enorme demanda social acumulada, que su despreciado gobierno no logra satisfacer. Así escapa de la economía.
El otro, el estadounidense, va a América Latina para ofrecer menos ayuda real que la que Chávez dispendia. Si se dice que gente como Kirchner simplemente se aprovecha de la chequera chavista, Bush será recibido igualmente por puro interés, no porque se comparta su particular agenda o su ideología mercadista.
Al sur llegará cada vez más vulnerable. Poco después del destape del escándalo del hospital militar Walter Reed, que ya provocó la destitución de su director y la salida del Secretario del Ejército, y poco antes de la condena de Lewis Libby, asistente del vicepresidente Cheney, por obstrucción a la justicia, The New York Times publicaba (4 de marzo), una lista de tareas para que el Congreso enfrentara lo que considera un “asalto a algunos de los principios fundadores de la democracia norteamericana” por parte de la administración Bush.
En apariencia, Chávez está más firmemente atornillado a su silla que Bush a la de él. Pero Chávez, que tanto detesta a Bush, está siguiendo sus pasos. Aquí también hay un ataque a los principios fundadores de la democracia. Esto tiene sus límites, y ya han comenzado a dibujarse con la aparición de la llamada “oposición bolivariana”.
En épocas antiguas, los campeones de dos ejércitos se enfrentaban en duelo singular. Ya no se estila esta confrontación de hombre a hombre, pero qué bueno sería que Chávez y Bush se encontraran, digamos, en La Asunción, y se entraran directamente a pescozadas. Como dice el dicho, pelea de perros, en la que uno no se mete.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 1, 2007 | LEA, Política |

Los políticos demócratas en los Estados Unidos parecen caminar una cuerda floja en el Congreso. A pesar de haber alcanzado la mayoría en ambas cámaras en gran medida sobre el descontento popular con la guerra en Irak, dicen y se desdicen a la hora de aprobar medidas eficaces. En el Senado se dice preparar una resolución que declararía inexistentes las motivaciones originales de la guerra: eliminar armamento de destrucción masiva supuestamente existente y, quizás, deponer a Hussein en el proceso. Ya Hussein no está en el mundo de los vivos, y las armas de destrucción masiva nunca fueron encontradas. Ergo, el esfuerzo bélico norteamericano ya no tendría justificación. Al declarar perimida la resolución que permitiera la invasión de Irak, los Estados Unidos tendrían que abandonar ese país a su propia suerte.
Pero este esquema no ha llegado aún a la votación, y el liderazgo demócrata en el Senado ha dicho en los últimos días que antes que manejar el caso iraquí debe atenderse prioritariamente el tema de la seguridad interna. Por lo que respecta a la Cámara de Representantes, los demócratas se encuentran ahora, luego de haber producido una resolución no vinculante—non binding—contra la guerra en Irak, a punto de adelantar un acuerdo que en efecto aprobaría los fondos adicionales requeridos por el gobierno de Bush para sufragar el combate en Irak y Afganistán. (99 mil millones de dólares). Tan sólo se incluiría una cláusula que buscaría establecer criterios de apresto de tropas antes de enviarlas a la guerra.
Así, pues, en los momentos Bush parece salirse con la suya. Los demócratas, por un lado, no quieren aparecer como los culpables de falta de apoyo a sus compatriotas combatientes ni como los responsables de una retirada que pudiera representar un desastre, por más que una reciente encuesta del Washington Post registre que 53% de los estadounidenses exigen ahora el establecimiento de una fecha fija y a corto plazo para el regreso de sus soldados. De algún modo, parecen eludir el verse involucrados en la administración de una guerra que prefieren sea cargada entera a la responsabilidad de Bush.
A esto se suma la tensa situación con Irán, país que no se somete a resoluciones de la ONU en lo tocante a sus programas de enriquecimiento de uranio, y que, al decir del gobierno de Washington, está suministrando armas que alimentan la sangrienta lucha de facciones en Irak. Ciertamente, las más recientes señales del gobierno de Bush han parecido preparar una acción “preventiva” contra Irán, en una especie de huida hacia adelante frente a la creciente insatisfacción con sus políticas. Las consecuencias de una campaña de ese tipo serían gravísimas; una sola de ellas sería el salto de los precios del petróleo a niveles superiores a los 125 dólares por barril, en estimaciones de expertos. (Si se interrumpe, por caso, el flujo del energético desde el Golfo Pérsico).
Por esto traen algo de sosiego las declaraciones de Condoleezza Rice, Secretaria de Estado, al anunciar que los Estados Unidos aceptan reunirse el mes entrante en Bagdad con representantes de Irán y de Siria, para conversaciones sobre la situación en Irak bajo el patrocinio del gobierno de este país. Con tal de que no se le vaya a ocurrir a al Quaeda intentar algún atentado contra tan apetecibles diplomáticos, luego del reciente ensayo en Afganistán, muy cerquita de Dick Cheney.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 15, 2007 | LEA, Política |

Un debate crucial—así lo calificó el propio presidente Bush—se produce en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Está centrado sobre el sensitivo tema de la guerra en Irak y, más específicamente, sobre el financiamiento de un aumento de tropas estadounidenses en ese país, que el gobierno federal ha predicado sobre la base del control de la miniguerra civil que por estos días aflige a los iraquíes.
Más de un representante republicano ha saltado la talanquera para alinearse con la crítica postura de los demócratas. Ric Keller, representante republicano por Florida, echó mano de metáforas domésticas: “Imagina que tu vecino rehúsa cortar su grama y la maleza le llega a la cintura, así que decides podar su jardín cada semana. El vecino nunca te agradece, te odia, y a veces saca un revólver y te dispara. Bajo estas circunstancias ¿debes seguir podando su grama por siempre? ¿Envías cada vez más familiares tuyos a cortar su grama? ¿O le dices a ese vecino, mejor te empeñas y cortas tú mismo tu grama, o habrá para ti serias consecuencias?” No hay ambiente en el Congreso de EEUU para aumentar el contingente de tropas en Irak.
Bush, hablando ante el American Enterprise Institute, expuso más coherentemente su propia posición: “Ésta puede ser la primera vez en la historia del Congreso de los Estados Unidos que se vote enviar un nuevo comandante a la batalla y luego se vote para oponerse a su plan, el que es necesario para tener éxito en esa batalla”.
Poco antes, Vladimir Putin pronunció un discurso lleno de acerbas críticas contra la política exterior de los Estados Unidos. Desde la época anterior a Gorbachov no se escuchaban palabras de tan fuerte y amplia censura. Entre otras cosas, Putin dijo lo siguiente: “Un Estado, los Estados Unidos, han sobrepasado sus fronteras nacionales en toda manera… Esto está alimentando una carrera armamentista de países con el deseo de obtener armas nucleares”. Es obvia la alusión al caso de Irán, y es en el Oriente Próximo donde Rusia tiene más posibilidad de molestar los designios estadounidenses, sea mediante el suministro de armas a estados beligerantes en la zona o, simplemente, buscando la afirmación de los precios del petróleo, como probablemente procurará Putin en próxima visita a Arabia Saudita. A los rusos no les interesa que los saudis aumenten su producción.
Una buena noticia: el acuerdo con Corea del Norte, que depone sus planes de armarse nuclearmente para obtener alimentos y energía que necesita con urgencia. Una mala noticia, que el gobierno norteamericano dice tener seria evidencia de armamento transferido desde Irán a Irak. Ahora aumentará Bush las tropas de su país en Afganistán, ostensiblemente en anticipación del recrudecimiento de ataques talibanes al término del invierno. La presencia militar norteamericana en la zona no se reduce; aumenta marcadamente. Que no se le vaya a ocurrir a Bush emprender ahora una guerra contra Irán, como forma de escapar al cerco que parecieran tenderle los demócratas de su país.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 1, 2007 | LEA, Política |

Dos noticias frescas provenientes del norte retratan el carácter ineficaz y pernicioso del gobierno de George W. Bush. La ineficacia queda expuesta en las declaraciones del almirante William Fallon al Comité de Defensa del Senado de los Estados Unidos. El candidato a comandar las fuerzas norteamericanas en Irak dijo el martes que la estrategia de los Estados Unidos en ese país no estaba funcionando, y que quedaba “poco tiempo” para modificar tal situación mediante un cambio de enfoque. Curándose en salud mientras procuraba el puesto, aseguró: “No hay garantías de éxito, pero pueden contar con mi mayor esfuerzo».
La otra noticia es más ominosa todavía. Esta vez el escenario es el de la cámara baja del congreso estadounidense. La Unión de Científicos Preocupados (Union of Concerned Scientists), un grupo de vigilancia cívica muy sofisticado, llevó al Comité de Supervisión y Reforma del Gobierno de la Cámara de Representantes los hallazgos de un estudio, según el cual unos 150 climatólogos, entre 279 entrevistados, reportaron haber sido objeto de interferencia gubernamental durante los últimos cinco años. ¿El objeto? Presionar para que expresiones tales como “cambio climático” o “calentamiento global” fueran eliminadas de comunicaciones científicas sobre el clima mundial. El informe habla de 435 incidentes de esta naturaleza.
El comité pudo escuchar el testimonio de Rick Piltz, un científico que estuvo al servicio del gobierno y renunció a su cargo en el año 2005, a raíz de que recibiera presiones para que amortiguara la presentación de datos sobre el calentamiento global. Su jefe, Phil Cooney, funcionario del Consejo sobre Calidad Ambiental de la Casa Blanca, quien fuera el que ejerciera presión sobre él, terminó empleándose en ExxonMobil al año siguiente. Dijo Piltz: “Su edición de los reportes de programas, que habían sido preparados y aprobados por gerentes de ciencia de carrera, tuvieron el efecto acumulado de añadir un énfasis de incertidumbre acerca del calentamiento global, minimizando sus probables consecuencias”.
Esta postura del gobierno de Bush, mantenida y reiterada, entrará en colisión con el informe que se espera sea presentado mañana desde París. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas reportará que la influencia humana sobre el cambio del clima es no sólo muy real, sino de una muy seria gravedad. El borrador del reporte, basado en investigaciones de más de 2.500 científicos de casi 130 países, que Bush no ha podido acallar, indica que hay una probabilidad de 90% de que la actividad humana haya sido la causa del calentamiento planetario en los últimos 50 años. También estima que ese calentamiento causará problemas de escasez de agua a una población de entre 1.100 y 3.200 millones de personas, y un contingente adicional de entre 200 y 600 millones sufrirá hambre. Entre otras predicciones, los científicos anticipan la pérdida total de las regiones “alpinas” australianas y un posible colapso del sistema selvático amazónico. Pero el Tío Sam pretende tapar el sol con su gordo dedo.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 25, 2007 | LEA, Política |

George W. Bush escogió cuidadosamente decir en su mensaje del martes sobre el “Estado de la Unión”: “No podemos fracasar en Irak”. Dos cosas son notables en tan escueto lema. Primera, el empleo del plural de la primera persona, cuando la invasión de Irak es de él, no del Congreso al que hablaba, mucho menos del 70% de los estadounidenses que ahora rechaza ésa, su guerra. (Encuesta del Washington Post y ABC News justo antes del discurso de anteayer). Es en él en quien no se confía: el público prefiere (60%) que el Congreso demócrata resuelva el conflicto a que lo maneje Bush (33%). Sesenta y cinco por ciento está opuesto al envío de más tropas a Irak, la última ocurrencia del Presidente de los Estados Unidos. (El Brujo, o más bien el Estadista, de Los Palos Grandes recuerda que mientras Nixon negociaba la salida de Viet Nam, ordenaba el recrudecimiento de los bombardeos, para poder acusar de traidores a los demócratas que le negaban apoyo). El 71% de los encuestados considera que los Estados Unidos están seriamente fuera de curso. Es ése el verdadero estado de la unión.
La segunda particularidad del eslogan propuesto por Bush es que, increíblemente, no percibe que ya él ha fracasado en Irak. Invadió al país sobre la base de dos supuestos rotundamente desmentidos por la realidad: que el régimen de Hussein almacenaba armas de destrucción masiva y que actuaba de consuno con al Quaeda. Al verificarse la inexistencia de ambas cosas Bush resbaló su justificación para replantearla como la meta de traer la democracia y la estabilidad, no sólo a Irak, sino a todo el convulsionado Cercano Oriente. Pero ahora sunnis y shiítas se aprestan a agarrarse por los moños en toda el área, y no hay signos de que el democrático gobierno iraquí, bushdependiente, pueda estabilizar su país sin la presencia de las fuerzas de ocupación.
No es que no se puede fracasar en Irak; es que ya se fracasó. Bush hijo ha fracasado como presidente. Esto es algo que ya sabe la ciudadanía norteamericana, y la sabiduría institucional de los Estados Unidos, con independencia de poderes que ya quisiéramos acá, está respondiendo a esa conciencia. Tan sólo un senador republicano salió en defensa de la política de Bush en Irak. El resto del Congreso, demócratas y republicanos por igual, ha hecho saber con rapidez que las “correcciones” de Bush a su demencial política son decididamente insuficientes.
Bush disfruta todavía de 33% de aprobación, su punto más bajo desde que alcanzó el poder en 2001. Rememora The Washington Post: “Sólo dos presidentes han tenido índices de aprobación más bajos en vísperas de un discurso sobre el Estado de la Unión. Richard Nixon estaba en 26 por ciento en 1974, siete meses antes de que renunciara por el escándalo de Watergate. Harry S. Truman estaba en 23 por ciento en enero de 1952, empujado por la desaprobación pública del conflicto coreano y su despido del general Douglas MacArthur”.
A la postre, las guerras en las que los Estados Unidos se han metido después de 1945 terminan siendo rechazadas por su pueblo: Corea, Viet Nam, Irak. Esta última debe cesar ya: es un horrible y sangriento e injustificable e insostenible fracaso. Como debe cesar, pues no tiene compón, la presidencia de Bush. Para eso los Estados Unidos tienen el procedimiento de impeachment. ¿Qué otra cosa decidir para neutralizar a quien es responsable del repudio más generalizado que ese país haya tenido nunca?
LEA
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