LEA #235

LEA

Este próximo domingo los franceses elegirán un presidente para su República—también la Quinta—y optarán por alguna de las dos más fuertes candidaturas: la de la socialista Ségolène Royal y la del conservador Nicolás Sarkozy. (Ségo y Sarko, para los íntimos).

Anoche sostuvieron un debate televisado de dos horas y media, que se estima fue observado por la audiencia récord de unos 30 millones de televidentes franceses. Algunos sondeos dan a Royal—Le Monde, por ejemplo—como ganadora de la contienda, pero aun si esto fuera representativo es difícil creer que una sola confrontación pueda producir una migración de más de un millón de votos en favor de la candidata de izquierdas, que ha estado por debajo de la intención de voto a favor de Sarkozy durante las últimas cinco semanas al menos.

Apartando los estilos exhibidos—pragmatismo en Sarko, empatía en Ségo—las agendas expuestas por ambos candidatos no lucieron muy diferentes. Tan sólo difirieron marcadamente en dos puntos: Sarkozy daría un renovado impulso a la energía de origen nuclear, mientras que Royal preferiría energías más «verdes»; esta última «se tomaría un tiempo» para considerar la admisión de Turquía en la Unión Europea, pero su contendor la rechaza frontalmente.

De resto, el debate incluyó los habituales ataques ad hominem, y en esto se mostró Royal más agresiva. Comoquiera que Sarkozy fue muy específico en la descripción de más de una política concreta, Royal logró acosarlo con una simple pregunta: ¿por qué Sarkozy no había implementado esas políticas a su paso por los ministerios del Interior y de Finanzas, cargos que ha ocupado por cinco años en conjunto en el gobierno de Jacques Chirac? Aparentemente fue ese punto el que llevó a una mayoría de los consultados por Le Monde a considerar que Royal había ganado la confrontación. Era, por otra parte, un logro de Royal, que había entrado a la discusión en desventaja teórica, basada en la conocida capacidad de Sarkozy para el debate y la polémica.

Pero un tema brilló por su ausencia durante la discusión: la guerra en Irak. (Tampoco discutieron los candidatos las relaciones de Francia con los Estados Unidos). De esta manera evitaron llevar al patio galo una contaminación proveniente de los problemas en los que se ha metido, casi solo, el muy enredado presidente norteamericano. (Se espera en Inglaterra una importante derrota del laborismo de Blair en inminentes elecciones locales).

Es lo probable que la mayoría de los votos que irían a un disminuido Le Pen, vaya en favor de Sarkozy. La derecha radical nunca ha visto con buenos ojos a Royal. Francia se apresta, en consecuencia, a un viraje a la derecha.

LEA

Share This:

LEA #234

LEA

Al igual que Hugo Chávez, George W. Bush se caracteriza por una gran terquedad. Sin reparar en lo representativa de la opinión norteamericana que puede ser la ley aprobada en la Cámara de Representantes, y que fija el mes de octubre de este mismo año para el inicio de un retiro de tropas estadounidenses actualmente en ocupación de Irak, ha anunciado que vetará esa pieza de legislación. Hoy será discutida la ley en el Senado, y es de esperar que la correlación de fuerzas que favorece a los demócratas arroje un resultado similar al de la cámara baja. La mayoría de los demócratas, no obstante, es insuficiente para sobrepujar el veto avisado—que sí matará soldado. Para anular el veto presidencial se requeriría una mayoría de dos tercios de la cámara.

Como era de esperarse, los republicanos pretendieron enmarcar la decisión de los representantes como un grave error. Para una guerra que ya lleva más de cuatro años, el representante Harold Rogers, republicano por Kentucky, considera que la decisión significaría huir de «la lucha contra Al Qaeda».

A pesar del previsible resultado, es claro que Bush pierde apoyos por minutos. Ayer relanzó sus esfuerzos candidaturales hacia la presidencia en 2008 el senador republicano por Arizona John McCain, que hasta hace nada procuraba proyectarse como el lógico sucesor de las politicas de Bush. Aunque sin referirse a éste directamente, esta vez McCain procuró distanciarse de su gobierno, al aludir a «muchos errores» en Irak, al mal manejo de la crisis suscitada  por el huracán Katrina y al calificar al gasto del gobierno federal como dispendioso. Mc Cain llegó a sugerir que lo mejor que podría hacer el fiscal Alberto Gonzales, en beneficio del gobierno que le diera tan alto cargo, es la renuncia a su cargo.

Esto por lo que atañe al frente doméstico. Internacionalmente acaba de sufrir un importante insulto. El Parlamento Europeo ha tomado, por mayoría significativa, la resolución de exigir la renuncia de Paul Wolfowitz a la presidencia del Banco Mundial. El escándalo protagonizado por éste al descubrirse que había abogado directamente por una reubicación y un sustancioso aumento de sueldo para su compañera sentimental, ha servido de pretexto para reeditar el malestar con la imposición de Wolfowitz por parte de Bush.

Crece, pues, el desafío a la actual administración de los Estados Unidos, y todavía quedan muchos meses antes del cese oficial del segundo período de Bush. Si continúan agriándose sus circunstancias políticas, el gobierno presidido por George W. Bush pudiera verse ante rechazos más definitivos: un impeachment, por ejemplo. La probabilidad de un desenlace tan drástico iría en aumento de continuar sucediéndose defecciones como la que ahora parece ser la nueva posición de McCain, su antiguo y leal aliado.

LEA

Share This:

LEA #233

LEADespués dicen que los habitantes de las zonas tropicales somos de clase moral inferior, y que se nos debe imponer—to the natives—la civilización, la democracia y el mercado; si es posible, con la asesoría de Moisés Naím.

El gobierno presidido por George W. Bush no sólo permite y protege la actuación de su cercana Halliburton en Irak; no sólo sostiene a un Fiscal General, Alberto Gonzales, que dirigió el despido de subalternos porque su lealtad partidista estaba en duda (un Rafael Ramírez cualquiera, pues); no sólo forzó—y ahora perdió—la embajada de John Bolton en la ONU, la organización objeto de sus críticas; sino que ahora defiende sin remilgos a Paul Wolfowitz, el autor de las más inhumanas estrategias bélicas de los Estados Unidos, en la presidencia del Banco Mundial, en la que lo impuso contra el malestar de muchos otros países.

El señor Wolfowitz llegó al Banco Mundial como líder de una cruzada contra la corrupción en los gobiernos del mundo. En prosecución de tal política cerró líneas de crédito a una media docena de países. (Como la India, por ejemplo, que ahora se escandaliza porque Richard Gere besó públicamente la mejilla de una de sus mejores actrices).

Pero se ha destapado que el mismo señor Wolfowitz, desde su olímpica presidencia, abogó por una ventajosa transferencia de su girlfriend a un cargo en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, mientras ella obtenía un jugoso aumento de sueldo igualmente procurado por su novio, puesto que la funcionaria permanece en nómina del Banco Mundial.

El flagrante y farisaico doble estándar ha caído como plomo derretido sobre los empleados y ejecutivos del Banco Mundial, y ya se habla de una “guerra civil” entre quienes quieren la salida de Wolfowitz y quienes prefieren mantenerlo. (Estos últimos son quienes han sido elevados por él a cargos vicepresidenciales, nacionales de países del Próximo Oriente alineados con los Estados Unidos, principalmente).

Ayer, uno de sus segundos, Graeme Wheeler, director gerente de la institución, solicitó la renuncia de Wolfowitz en una sesión extraordinaria de sus más altos funcionarios, y está recibiendo el apoyo de América Latina y Asia del Este y del Sur, según reporta el Financial Times. El señor Wolfowitz respondió que no tenía las más mínimas intenciones de abandonar su cambur.

Claro, cuenta con el muy moralmente elevado apoyo del presidente Bush. Un vocero de la Casa Blanca anunció antes de que se conociera la petición de renuncia: “El Presidente (Bush) tiene plena confianza en el presidente Wolfowitz”.

Es exactamente lo mismo que dijo Bush sobre el asediado Alberto Gonzales, que hoy deberá explicar al congreso de su país el papel que jugó en la cesantía de ocho fiscales norteamericanos, siete de los cuales fueron defenestrados en la navidad de 2006.

Bush, Cheney, Gonzales, Bolton, Wolfowitz… ¡Qué grupito!

LEA

Share This:

LEA #232

LEA

Ayer ocurrió la celebración de las bodas de madera de la deposición de Hugo Chávez Frías, del 11 de abril de 2002. Como era de esperarse, éste presidió un enésimo acto de los que gusta dirigir, y por supuesto quiso monopolizar el significado de la fecha, presentándolo deformadamente. Como era de esperar, se cuidó de rememorar la hipócrita mansedumbre con la que regresó al poder, ofreciendo conciliación, rectificación y cristiana contrición. Sus actuales coordenadas distan mucho del susto que recibió por aquellos días.

Es así como, para fines estrictamente circenses y oportunistas, y a cinco años de unos eventos que jamás han sido clarificados por una nonata «comisión de la verdad», se imputa ahora a cuatro miembros de la Guardia Nacional por una de las muertes, alrededor de un centenar, de aquel fatídico día.

Chávez, es lo que se expone en el artículo que sigue, provocó los acontecimientos del 11 de abril de 2002, los deplorables como los meritorios, con su insolencia y su arbitrariedad, rasgos que en él se han consagrado como técnicas de gobierno.

Pero también hubo, el 11 de abril de 2002, otra tragedia, otra insolencia y otra arbitrariedad más hipócritas. Y ésas fueron las que protagonizaran unos conspiradores antichavistas cuya cabeza visible era el Presidente de Fedecámaras de la época, Pedro Carmona Estanga. A estas alturas, hasta la Ley de Libertad de Información de los Estados Unidos ha permitido conocer documentos de su Agencia Central de Inteligencia, que dan cuenta de la existencia de esa conspiración y del conocimiento del gobierno norteamericano de lo que se preparaba. Por ejemplo, un Informe Ejecutivo Senior del 6 de abril de 2002 advertía: “Para provocar una acción militar, los conspiradores pueden tratar de explotar el descontento que surja de manifestaciones de la oposición programadas para más adelante en el mes o de huelgas en curso en la compañía petrolera estatal PDVSA”.

Detrás de todo el asunto operó, sin hacerse explícita, una justificación jurídica para las arbitrariedades que, el día 12 de abril, se expresarían en el decreto que leyera Daniel Romero (asistente y representante de Carlos Andrés Pérez), y que fuera refrendado voluntariamente por, entre otros, Manuel Rosales. El 26 de julio de 2001 el abogado Oswaldo Páez Pumar había sostenido, ante la asamblea de Fedecámaras que eligió en Margarita a Carmona como su presidente, la peregrina idea de que la Constitución vigente era la de 1961, puesto que ésta establecía en su artículo 250 que no podría ser derogada por “otro medio distinto del que ella misma dispone”, y una constituyente no estaba contemplada en esa constitución. En verdad, el texto de 1961 ¡no dispone de absolutamente ningún medio para derogarlo! Su artículo 250 se refería a algo inexistente.

A pesar de esta inconsistencia, la tesis de Páez Pumar confirió tranquilidad de espíritu a Carmona para volar de un plumazo la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia, aunque el pretexto de su asunción era un tal “vacío de poder” que, en todo caso, sólo afectaba a la cabeza del Ejecutivo Nacional.

El experimento usufructuado brevemente por Carmona hizo un enorme daño a la oposición venezolana a Chávez, del que todavía no se ha recuperado plenamente.

LEA

Share This:

LEA #231

LEA

El 9 de noviembre del año pasado—en el #211—se recitaba acá palabras del economista norteamericano Jeffrey Sachs, que en su The End of Poverty escribió: «De algún modo, la actual economía del desarrollo es como la medicina del siglo dieciocho, cuando los doctores aplicaban sanguijuelas para extraer sangre de los pacientes, a menudo matándolos en el proceso. En el último cuarto de siglo, cuando los países empobrecidos imploraban por ayuda al mundo rico, eran remitidos al doctor mundial del dinero, el FMI. La prescripción principal del FMI ha sido apretar el cinturón presupuestario de pacientes demasiado pobres como para tener un cinturón. La austeridad dirigida por el FMI ha conducido frecuentemente a desórdenes, golpes y el colapso de los servicios públicos. En el pasado, cuando un programa del FMI colapsaba en medio del caos social y el infortunio económico, el FMI lo atribuía simplemente a la debilidad e ineptitud del gobierno. Esa aproximación, por fin, está comenzando a cambiar».

Ahora nada menos que The Wall Street Journal certifica que Alan S. Blinder, profesor de economía de la Universidad de Princeton, que durante décadas argumentó, “junto a otros colegas que el libre comercio enriquece a Estados Unidos y sus socios comerciales, a pesar del daño que genera para algunos trabajadores”, ha cambiado drásticamente de opinión. El autorizado periódico reporta que Blinder, en compañía de “un creciente grupo de economistas y políticos argumenta que en la economía actual las desventajas del libre comercio son más grandes de lo que pensaba al principio”.

Hoy en día—se describe en The World is Flat, de Thomas Friedman—las tecnologías de redes de información permiten que ciertos servicios se entreguen electrónicamente desde cualquier parte del planeta, en un ciclo de producción que ahora dura las 24 horas del día. La declaración de impuestos de un ciudadano en Chicago, solicitada en la misma ciudad a su contador personal, puede ser desagregada y en verdad ser procesada en Bangalor. (En su “carpintería”, en el number crunching). Blinder—apellido que traducido al español significaría “cegador”—estima que este fenómeno pudiera representar que unos “40 millones de empleos en EE.UU. se trasladen al extranjero en las próximas dos décadas”.

Anota The Wall Street Journal: “Algunos críticos del libre comercio señalan que el desempeño económico de América Latina en general ha sido decepcionante desde que la región comenzó a reducir sus aranceles en los años 80 y 90. Al mismo tiempo, regiones más proteccionistas, como China y el sudeste asiático, han prosperado”.

Ya no queda en pie mucho, pues, de la “ortodoxia” económica que cristalizó en el tristemente célebre Consenso de Washington, recetario que gobernantes hoy desacreditados—como Pérez en Venezuela o Menem en Argentina—quisieron aplicar a rajatabla. Vienen cambios paradigmáticos en la ciencia y la terapéutica económica.

LEA

Share This:

LEA #230

LEA

La constante referencia a Bolívar, la manía de llamar bolivariano a todo, es una coartada del actual gobierno de Venezuela. Es una práctica manipuladora, por supuesto. Se hurga la psiquis nacional y se deforma su conciencia histórica para asentar un régimen político concreto. Ahora se expone, por ejemplo, la absurda idea de que existe un socialismo bolivariano; esto es, que Bolívar tenía ideas socialistas. Se trata, naturalmente, de una burda patraña: el tipo de república que el Libertador aspiraba a construir era de carácter claramente liberal, y su modelo era Inglaterra.

Así, una acumulación de mentiras sobre mentiras produce una imagen aberrada, que oculta la única cosa en la que Chávez está interesado del pensamiento bolivariano: que Bolívar quería presidir Colombia de manera vitalicia. (Algo así como el cargo napoleónico de Primer Cónsul, que luego dio origen al imperio).

Es tanta la distorsión, que se requeriría una paciente pedagogía de nuestros historiadores, y no en seminarios o talleres universitarios, sino en programas difundidos por medios de comunicación masiva, para corregirla. La palabra de Germán Carrera Damas o la de Elías Pino Iturrieta—quien ha añadido elocuencia y detalle y actualización al diagnóstico de «El culto a Bolívar»—debiera salir al aire, como antaño lo hacían las de Arturo Úslar Pietri o José Antonio Calcaño, en programas culturales que echamos en falta.

Pero tal vez baste una prédica más sencilla y más al grano. Nuestro derecho civil designa por emancipación al momento cuando el adolescente se hace adulto y ya no necesita de la guía moral de los padres. Él es ahora capaz de su propia determinación ética.

Necesitamos pues, una segunda emancipación. La primera nos habrá liberado del yugo español; la segunda debe librarnos de la patológica fijación en la figura del «Padre de la Patria».

Hasta que no terminemos de enterrar a Bolívar y permitirle descanso, no seremos una república adulta. Es ley de vida, y signo ineludible de madurez, la emancipación del padre.

Entretanto, quien se llena la boca con el augusto nombre para manipularnos haría bien en pasearse por el siguente hecho: ni la procacidad ni la agresividad fueron rasgos bolivarianos. Si por algo se distinguió Bolívar fue por la urbanidad y la cortesía—Sucre también—con la que siempre trató incluso a sus más enconados enemigos. Una república procaz y pendenciera jamás será bolivariana.

LEA

Share This: