por Luis Enrique Alcalá | Mar 23, 2006 | LEA, Política |

En respuesta a la caracterización que un documento oficial de la Casa Blanca hiciera de él—demagogo que utiliza una gorda chequera para desestabilizar las democracias en América Latina—y tal vez herido en su orgullo protagónico porque no pudo ser—como lo lograra con ocasión de la toma de posesión de Tabaré Vásquez—la vedette durante la toma de posesión de la presidenta Bachelet, ignorado por Condoleezza Rice y recibido fríamente por Ricardo Lagos, Hugo Chávez superó sus cotas de injuria política para arremeter airadísimo, una vez más, contra la figura de George W. Bush.
No es probable que la nueva andanada le haya reportado, en su insolencia, mucha nueva intención de voto a su favor. Todo lo contrario, sobre todo cuando en el mismo espectáculo condenara la participación venezolana en el Campeonato Mundial de Béisbol recién concluido, en el que además los japoneses capitalistas derrotaron a los socialistas cubanos. Pontificando en materia beisbolística, en la que se cree inerrante, y contando con el eco obsecuente de Aristóbulo Istúriz, sentenció que nuestra descalificación se debió a la ausencia de un trabajo en equipo, a pesar de la excelencia individual.
El temerario y apresurado juicio es, por supuesto, una tontería. Venezuela, con la honrosa excepción de Edgardo Alfonso (promedio de 317) no tuvo ofensiva, y la ofensiva en béisbol es la consecuencia de una serie de actos individuales y personalísimos, pues no se batea en equipo. Es una persona muy sola, no un equipo, la que se enfrenta a un lanzador en la caja de bateo.
Claro que el blanco favorito de sus denuestos no las tiene demasiado consigo. En su punto más bajo en las encuestas de opinión, cuando el rechazo a su manejo del conflicto con Irak se eleva a puntaje histórico, Bush ha intentado en los últimos días salir de las arenas movedizas en las que se hunde, con la táctica característica de quienes están equivocados y son poco inteligentes: la terquedad.
Ha reconocido, por fin, el empantanamiento de su guerra, al declarar que no puede esperarse una cesación de la agresión norteamericana antes de 2009, por lo que sería alguno de sus sucesores en la presidencia de los Estados Unidos quien tendría que tomar la decisión de retirar las tropas de ocupación ahora ocupadísimas en Irak. Como si fuera una gran cosa, explicó que lo esperable es que la guerra contra una insurgencia dure ¡unos doce años!
Es decir, mientras él mande los estadounidenses estarán en guerra, a pesar de las rosadas predicciones que antaño hiciera sobre un conflicto rápido. Lo que no deja de quitar el sueño a un Partido Republicano que confrontará elecciones parlamentarias en septiembre de este año. Esta publicación decía en su número 117 (16 de diciembre de 2004) lo siguiente: «Por ahora George W. Bush parece tan firmemente atornillado en el poder como Hugo Chávez, pero ¿quién sabe? Tal vez un país tan especial como los Estados Unidos encuentre a la vuelta de unos meses alguna razón para enjuiciarle (impeachment), quizás con ayuda de la FOIA». (Freedom of Information Act).
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 16, 2006 | LEA, Política |

Hay miradas que tumban cocos y también, aseguraba el inolvidable Aquiles Nazoa, objetos, acciones y personas pavosas. (De hecho, el recordado humorista llegó a desarrollar una unidad para la medida de la pava, a la que tenía por radiación deletérea de variable intensidad: el pavovatio/hora). El folklore nacional llegó a tener, por ejemplo, el gobierno de Raúl Leoni in toto como entidad pavosa, al asociar la ocurrencia numerosa de incidentes terribles—un choque contra una de las bases del puente Rafael Urdaneta o el trágico fallecimiento de un grupo de maestros en el salto La Llovizna—con la administración del segundo presidente de la democracia venezolana.
La inclusión de una cierta firma—reivindicadora de un autopostulado «principado negro»—en la lista de personalidades que refrendaron un manifiesto que asegura que el 4 de diciembre pasado el pueblo venezolano disparó un conjunto de dieciséis «mandatos», debiera llamar a la preocupación de sus promotores. Igualmente, la recién eliminada divisa beisbolística nacional pudiera haber sido condenada de modo instantáneo con los pavovatios generados por el actual Presidente de la República, quien hizo mención específica del equipo en una de sus más fastidiosas alocuciones la misma noche del descalabro.
Hugo Chávez refería a los asistentes a otro acto más, el martes de esta semana, que había sido llamado por Evo Morales—«Me llamó Evo»—pero también por Fidel Castro, con quien estuvo hablando de béisbol. Según Chávez, Fidel le invitó a ligar para que los equipos que disputasen la final del Campeonato Mundial fueran precisamente Venezuela y Cuba, y que así se redujera el asunto a una disputa amistosa e interior de las novenas del «Eje del Mal». (Pensándolo bien, es harto probable que se tratara en este caso de pava importada desde Cuba. No muchos estarían dispuestos a sostener que el autócrata caribeño es un amuleto de la buena suerte).
Pero es que la referencia hecha por Chávez intentó ser una distracción, luego de una evidentísima laguna en su disertación. Se encontraba hablando—en tono épico, por supuesto—acerca de algo que harían «nuestros descendientes» dentro de doscientos años, cuando el flujo de sus palabras se detuvo repentinamente, perdido el hilo—o maraña—de sus divagaciones, que en vano trató de recobrar con ineficaces miradas a las notas que tenía ante sí sobre el podio. Largos y embarazosos momentos marcaron la grave dislexia presidencial.
Es posible, digo, que por los numerosos y dispersos ríos de su discurso, una incómoda asociación le haya dominado. La conciencia de que, a fin de cuentas, el nuevo caballo de la heráldica patria es en realidad un equino derechista. Después de que la Asamblea Nacional hubiera procedido augustamente a tranquilizar las dudas veterinario-anatómicas de la menor hija del Presidente, y la ley prescribiese un corcel curado de tortícolis mirando hacia la izquierda del observador, alguien ha podido informar, con gran imprudencia de su parte, que el lado hacia donde ahora corre el corcel patrio es, en verdad heráldica, la derecha. Y esta constatación de futilidad, después de tan arduo esfuerzo legislativo, ha podido recordar al mandatario cómo fue que a comienzos de su gobierno nombraba a cada rato un librito llamado El oráculo del guerrero, hasta que Boris Izaguirre le explicase que esa glorificada bobería funcionaba, en realidad, como santo y seña homosexual. Y es que cosas así son capaces de romper la ilación del más articulado de los discursos.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 2, 2006 | LEA, Política |

«La imagen que proyectaremos del Presidente Chávez será fundamentalmente la del estadista. Cada pieza publicitaria que se use en la campaña se referirá al candidato como Presidente Chávez; del mismo modo se hará en cada discurso, cada declaración de prensa, etcétera. Así también la foto oficial de la campaña, que se usará en todas las piezas publicitarias y en el tarjetón electoral, mostrará al Presidente Chávez sonriente, con paltó y corbata, luciendo los símbolos del poder: banda presidencial, collar, Gran Cordón del Libertador. De idéntica manera se insistirá en los éxitos internacionales del Presidente Chávez, de modo que se le mostrará mucho en momentos de intercambio con otros jefes de Estado, presidentes o secretarios generales de organismos multilaterales. Por ejemplo, imágenes del Presidente Chávez en la toma de posesión de Evo Morales, en la Cumbre del MERCOSUR, etc.»
El párrafo precedente está tomado de un documento que lleva varias semanas circulando por las redes electrónicas, y ha sido presuntamente elaborado por el Comando Táctico Nacional del Movimiento Quinta República. En teoría, el texto contiene su «Plan de Campaña 2006» Su primera declaración establece el objetivo estratégico primario: «La estructura sigue a la estrategia. Este principio, clásico en la lucha política, comporta la pertinencia de definir el objetivo de la campaña como referencia estratégica central: derrotar a Bush reeligiendo al Presidente Chávez con 10 millones de votos como mínimo para acelerar y profundizar la construcción del proyecto de país contenido en la Constitución bolivariana, enrumbado por la vía definitoria del Socialismo Siglo XXI con especificidades venezolanas».
Chávez no ha ocultado su pretensión de hacernos entender que quien vote contra él vota a favor de George W. Bush. Así lo ha planteado desde que arrancó, una vez más ilegalmente, su campaña por la reelección. Quien ose competir contra él sería, en efecto, un traidor a la patria.
Por supuesto, tal cosa es una falsedad, como lo son centenares de otras especies puestas a rodar por el gobierno. No obstante, tiene su valor electoral, en el sentido que mucha gente pudiera creerla. Por esto no es una ayuda a la oposición la declaradera de Rice y Negroponte, o que pudiera pensarse en candidaturas sospechosas de vínculos con el gobierno norteamericano, o que se predique que, como Francia en 1944, no debiéramos tener escrúpulos ante una intervención de los Estados Unidos en nuestra actual circunstancia política. Hay quienes sostienen que la vía electoral es una ilusión, que de Chávez no se sale sino por la fuerza, y que hay que crear «una crisis de gobernabilidad» para que el gobierno caiga. Según ellos esta vez la crisis no sería un «carmonazo» o un paro petrolero, sino una abstención masiva, pues así lo habría demostrado el pasado 4 de diciembre. Como a la vez señalan que los militares venezolanos estarían totalmente controlados por Chávez, postulan que la puntilla debe venir de afuera.
Si el documento atribuido al MVR no es apócrifo, entonces su gente ve el asunto del modo siguiente: «El objetivo descrito comprende la necesidad de lograr que George Walker Bush no tenga margen de maniobra para instrumentar la estrategia de desconocer el resultado electoral. La ventaja del Presidente sobre quien ocupe el segundo lugar aunque sea la abstención debe ser abrumadora. De este modo Bush carecerá de pretextos para abrir un debate sobre Venezuela en la OEA o cualquier otro foro multilateral. Bush se ha planteado como objetivo estratégico internacional la toma de las riquezas (petróleo, gas, hierro, bauxita, oro, piedras preciosas, agua dulce, biodiversidad, ubicación geoestratégica) del Estado venezolano para lo cual es imprescindible la salida del presidente Chávez de Miraflores. El bushismo ha definido un plan de desestabilización del gobierno en el marco de la campaña electoral tratando de impedir que la misma transcurra y concluya con normalidad, a objeto de arrojar dudas sobre la legitimidad de la reelección e intentar someter el país a un tutelaje que conlleve nuevas elecciones bajo el control del bushismo».
¿Delirante paranoia? Por de pronto, ¿querrán allá arriba amarrar a sus locos, esos que ya han declarado que los Estados Unidos debieran considerar el asesinato de Chávez?
por Luis Enrique Alcalá | Feb 23, 2006 | LEA, Política |

Así como ya están en juego varias candidaturas o precandidaturas presidenciales en el tablero político nacional, proliferan ahora iniciativas de organización. La más reciente de la que tengamos noticia es una alianza—al estilo de la extinta Coordinadora Democrática—entre algunos partidos políticos y algunas organizaciones no gubernamentales. Ésta es la lista de asociados, en el orden en que aparecen al pie de un documento de presentación en sociedad (enviado por correo electrónico desde la dirección de la Asamblea de Educación): Primero Justicia, Movimiento Al Socialismo, Izquierda Democrática, Causa Radical, Solidaridad, Gente del Pueblo, Nueva Democracia, Asamblea de Educación y Compromiso Ciudadano.
Es notable, entre otras cosas, que a pesar de que Primero Justicia, que encabeza el elenco de organizaciones miembros (en un intento más de construir una «organización de organizaciones»), se retirara de las elecciones del 4 de diciembre, refrende un documento en el que se asegure que habría que devolver la esperanza a «…un país que ya sabe que ni la violencia ni la abstención son caminos útiles para la construcción de nuevas realidades». Asimismo aprecian los firmantes «…como positivo el gesto de Julio Borges al asumir la candidatura presidencial de su partido, así como la expectativa de sectores del país en torno a los nombres de Teodoro Petkoff y Manuel Rosales…» Curiosamente, ni Roberto Smith ni William Ojeda son saludados específicamente en el texto.
Por estos mismos días ha comenzado a circular la proposición de «Una dirección para la oposición», documento que viene suscrito por Roberto Casanova, Alonso Domínguez, Gerver Torres, Felipe Benites, Esteban Gerbasi, Carlos Blanco, Alfonso Molina, Trino Márquez, Eduardo Quintero N., Anabel Pérez M., Oscar García Mendoza y Amelvi Barrera. Así propugnan la constitución, mediante elecciones, de una «Junta Nacional de Oposición» llamada a la acción para «reconstruir el sistema electoral», «consolidar el proyecto alternativo de país», «definir la estrategia internacional» y «definir la estrategia de participación electoral». (Esta última debiera establecer «las reglas que garanticen unas elecciones primarias, populares y transparentes, para seleccionar el candidato unitario de la oposición», así como «los criterios para decidir sobre la participación o no de dicho candidato en la contienda electoral presidencial». Cinco del grupo de firmantes—Casanova, Domínguez, Torres, Benites y Barrera—son ejecutivos de «Liderazgo y Visión», sin contar a García Mendoza, que preside el Banco Venezolano de Crédito, el principal apoyo financiero de esta última asociación.
García Mendoza y Torres, por otra parte, así como Trino Márquez, son asimismo suscritores del comunicado que fue comentado aquí la semana pasada, y que expone la tesis del «mandato» o «mandatos» del 4 de diciembre, de la que el articulista Carlos Blanco, sumado a la idea de la «Junta Nacional de Oposición», es por cierto entusiasta y reiterativo expositor.
Resulta sorprendente que este último grupo—que a juzgar por artículo de Carlos Gutiérrez F. se convertirá en el «Movimiento 4 de diciembre» con un «…fuerte respaldo de la iglesia y los sectores constitucionalistas de la Fuerza Armada» y que en vez de «… a candidaturas, apuntan a un nuevo liderazgo para la modernidad…», lo que pareciera abstencionista y no participacionista—y en el que destacan varios abogados, como Marcel Granier, Oswaldo Álvarez Paz, Tulio Álvarez y Ramón José Medina, insista sobre la falsa especie del «mandato», o más bien de dieciséis «mandatos» supuestamente emitidos por el pueblo venezolano el pasado 4 de diciembre.
Y es que debieran conocer por su profesión que los mandatos no se presumen, sino que deben ser expresos, sobre todo aquellos que distingue José Luis Aguilar Gorrondona en su obra «Contratos y garantías»: «Después de conferir mandato para realizar toda clase de actos jurídicos, salvo para aquellos respecto de los cuales no cabe representación». Nuestro Código Civil dedica un título entero de su articulado a la figura del mandato, y dice en su artículo 1.688: «El mandato concebido en términos generales no comprende más que los actos de administración. Para poder transigir, enajenar, hipotecar o ejecutar cualquier otro acto que exceda de la administración ordinaria, el mandato debe ser expreso». Y en su artículo 1.689: «El mandatario no puede exceder los límites fijados en el mandato. El poder para transigir no envuelve el de comprometer». Es algo traído por los cabellos la noción de que una ausencia electoral, una falta de participación, equivalga a un mandato expreso.
Como se ve, cunde la imaginación organizativa, lo que revela la profunda necesidad de una organización política suficiente y eficaz, dado que obviamente ninguna de las actuantes cumple con esa condición. Quizás sea también necesaria la celebración de primarias para determinar cuál es la organización adecuada y aceptable, o la de un congreso «para la formación de una nueva asociación política» en el que pudiera discutirse las distintas formulaciones. Así fue propuesto hace ya 21 años, en el mes de febrero de 1985.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 16, 2006 | LEA, Política |

Se cuenta que en una conversación del Conde Ciano, Ministro de Relaciones Exteriores de Italia, y su suegro, el Duce, Benito Mussolini, se tocaba el punto de los gases empleados como arma de guerra. Mussolini habría preguntado entonces a su yerno si sabía cuál era el gas más peligroso de todos. Por supuesto, un avisado Ciano no se atrevió a decir que conocía la respuesta, lo que permitió al dictador anunciar triunfalmente: «El incienso, Ciano, el incienso».
Pero hay más de una variedad de incienso, como se prodiga en múltiples y arrastradas ocasiones al actual Presidente de la República. De todos los tipos de adulación posible es seguramente el peor aquel que proviene de un intelectual, así sea éste más bien un pirata vocacional.
En la edición del domingo 12 de febrero del diario Últimas Noticias, periódico que recibe una millonada diaria por avisos de prensa del gobierno, un ejemplo particularmente rastrero es el artículo firmado por Luis Britto García, quien entreteje una sarta de inexactitudes y mentiras formalmente ingeniosa.
El tema es el del espionaje, y el texto fue concebido a raíz del incidente de la expulsión del agregado naval norteamericano, que fue predicado precisamente sobre el cargo de espía. El artículo concluye, justamente, en alusión directa a este caso, cuando sugiere que Venezuela financia al National Endowment for Democracy, a Súmate y a «asesores navales destinados a aniquilarnos» mediante el acuerdo que impide la doble tributación.
Antes asegura que sistemas de espionaje electrónico como Echelon (que traduce por escalón en lugar de escalafón) «podría acabar en horas con el narcotráfico, la legitimación de capitales, el crimen organizado y el tráfico de armamentos», y que como «no lo hace, es porque está a su servicio».
Objeta, asimismo, al Sistema de Información Central de Riesgos (SICRI) del sistema financiero nacional, porque «puede condenarte a no poder volver a hacer una operación bancaria en tu vida». Aparentemente no está Britto enterado de lo que hacen las listas Tascón y Maisanta.
Desconfía del servicio ABA de CANTV (al que está suscrito, a juzgar por la dirección electrónica adosada en la página a su nombre, junto a una efigie con sonrisa de quien cree habérsela comido), y postula que Google Earth es un espía porque es capaz de mostrar en computadores personales «la imagen satelital de la azotea de su propia casa» en Caracas. No dice que igualmente el servicio hace lo mismo con una casa en Nueva York o en Londres. Antes ha afirmado: «Engendro de la Guerra Fría destinado a conectar las computadoras que debían aniquilar al mundo, Internet se dedica a prolongarla».
Justo al comienzo supera a todos los estudiosos de la Segunda Guerra Mundial cuando afirma que quien la ganó fue «Hans Türing, un introvertido matemático que descifró los códigos del Alto Mando Alemán». En su simplista exageración debe haber querido referirse a Alan Turing, sin la diéresis o alemana umlaut de su pedante y equivocada ortografía.
Luis Britto García, verdaderamente, no hala bolas sino hipérboles.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 9, 2006 | LEA, Política |

En su época Simón Bolívar solicitó ayuda económica a los nacientes Estados Unidos de Norteamérica para sus menesteres políticos. ¿No debiera este gobierno, en su afán revisionista de nuestra historia, en su prurito nominalista, sacar del Panteón Nacional los restos del Padre de la Patria, ante aquella traición del Libertador? Claro que en esos tiempos no se había fundado todavía el National Endowment for Democracy (NED), pero traiciones son traiciones y dólares son dólares.
El caso penal de la Fiscalía General de la República en contra de los directivos de Súmate no resiste el menor análisis. Provisto de una lógica debilísima y necia pretende fundar su acusación en el primer párrafo del artículo 40 de la Constitución. («Los derechos políticos son privativos de los venezolanos y venezolanas, salvo las excepciones establecidas en esta Constitución»). Alejandro Plaz y María Corina Machado son, hasta donde sabemos, venezolano y venezolana.
Luego, ¿no recibió Hugo Chávez Frías muy importantes sumas de dinero de, por ejemplo, bancos españoles para sus menesteres políticos en 1998, los que incluían nada menos que el entierro de una moribunda constitución contra la que no pudo su abusivo alzamiento? ¿No es el mismo Chávez cuyo gobierno financia fuera de nuestras fronteras desde la politización de escuelas de samba hasta donaciones de combustible que buscan subvertir el orden democrático estadounidense?
La ridiculez de argumentar que 31 mil dólares entregados por el NED a Súmate pueden dar al traste con la gloriosa revolución venezolana, sólo es comparable a la del embajador Valero que rechaza el informe de la OEA sobre las elecciones porque lleva «malas intenciones»—¿es Valero tan penetrante como el Creador para entrar en el alma de Insulza y saber tal cosa?—o a la del ministro Izarra quejándose de que los norteamericanos aumentarán la información que la Voz de América destina a Venezuela, cuando en el peor de los casos tal cosa no es sino lo que exactamente pretende hacer Telesur en todo el continente.
La retaliación de Isaías Rodríguez contra Súmate, ordenada por Chávez y defendida en Washington por el obsecuente Valero puede ser, además, con la posible creación de mártires, un grave error político del gobierno.
Ahora bien, ¿dónde están, entre esa gente que dice defender a una Patricia Poleo que se fue de Venezuela, quienes quieran defender a una María Corina Machado y a un Alejandro Plaz que se quedaron a pelear?
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