por Luis Enrique Alcalá | Jun 8, 2006 | LEA, Política |

Apunta muy atinadamente el Dr. Bernardo Paúl que así como Teodoro Petkoff escribió el libro Las dos izquierdas, cabría que alguien escribiera un ensayo sobre «las dos derechas». Una de éstas sería la convencional, la que había adoptado un curso de acomodación y entendimiento con el bipartidismo de Acción Democrática y COPEI, sin aspirar a una participación política activa y directa. La otra, que tuvo su expresión más refinada en el movimiento «desarrollista» que liderase Pedro R. Tinoco, hijo, siempre ha buscado construir partidos y candidaturas de derecha.
En las actuales circunstancias electorales no ha aparecido todavía quien pretenda levantar esa bandera. Pero todavía hay tiempo—una semana—para insertarse en el cronograma delineado por Súmate, si es que éste forma parte de un diseño de conjunto dirigido justamente a proveer el estrado a una candidatura de esa clase. (Según Alejandro Plaz, la logística exigiría que el jueves 15 de junio, «a más tardar», estén definidos los nombres de los candidatos, en caso de que se quiera celebrar elecciones primarias el domingo 30 de julio).
Ahora bien, el avezado encuestólogo Alfredo Keller ha ofrecido declaraciones a Unión Radio (recogidas parcialmente por el diario Reporte de la Economía), en las que arranca por establecer que «el elegido» o mesías político no ha aparecido aún. Keller menciona haber medido que siete de cada diez venezolanos está esperando todavía la emergencia de un líder que pueda oponerse a Chávez, que hay una creciente demanda por esa figura. Ergo, Keller implica que ninguno de los presentes en la palestra calza los puntos necesarios.
Al destacar, además, que 64% de la población electoral quiere elecciones primarias, Keller añade que el elegido debe venir hablando claro, y que debe ser de nuevo origen porque los viejos partidos han desaparecido.
¿Estará haciendo Keller el papel de San Juan Bautista, respecto de una candidatura nítidamente derechista de inminente aparición? ¿Marcel Granier, tal vez, o su representante Eladio Lárez? (El periodista-editor Miguel Salazar reportó hace un par de semanas que Lárez habría aparecido con estupendos y sorprendentes números de aceptación en recientes estudios de opinión). ¿Habrá sido el «movimiento 4D»—Marcel Granier, Oscar García Mendoza, María Corina Machado, Antonio Sánchez García, Oswaldo Álvarez Paz y unas cuantas decenas más de personas reunidas en el Ateneo de Caracas para presentar el «Mandato del Pueblo a la Nación»—el germen de un verdadero partido de derecha por la calle del medio?
Quizás se razone que nadie le ganará a Chávez las elecciones de diciembre, y entonces no importaría si un candidato de derecha surge incluso ante el que emerja del acuerdo de Borges, Petkoff y Rosales. ¿Quién manda a Borges, un tipo chévere de derecha a reunirse con un ex adeco como Rosales y un escritor que, como Petkoff, se describe como de izquierda buena?
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jun 1, 2006 | LEA, Política |

Al Gore se ha reciclado como líder mundial con su cruzada contra el calentamiento planetario. (Ver http://www.climatecrisis.net). Otros dirigentes no andan en lo mismo, y prefieren proferir advertencias distintas. Por ejemplo, Condoleezza Rice ha comunicado que su gobierno pudiera sumarse a las conversaciones europeas con Irán sobre el desarrollo de su energía nuclear, siempre y cuando este país convenga en permitir una verificación internacional de que ha detenido su programa de enriquecimiento de uranio.
Cualquier ciudadano medianamente informado sabe lo que contestará directamente el presidente Amahdinejad o por boca de su ministro de relaciones exteriores: que la condición estipulada por Rice es sencillamente inadmisible. Por consiguiente, el Departamento de Estado de los Estados Unidos sabe lo mismo y, en ulterior consecuencia, ha formulado una proposición que sabe será rechazada.
¿Qué busca el gobierno de Bush? ¿Poder decir que Irán rehúsa el diálogo? Resulta por la medida chiquita ominoso que nadie menos que Henry Kissinger, en almuerzo organizado por el Diario Digital de Lisboa el pasado 12 de mayo, se sintiera en la obligación de advertir que una invasión de Irán «sería una pesadilla». ¿Es que Kissinger, quien ocupara destacadamente la posición de Rice en un gobierno también republicano—Nixon—conoce datos que sugieren alguna inminencia a tal respecto? (Kissinger, por cierto, ha vuelto a la escena con la reciente publicación de unas doce mil páginas de notas y memorandos de su paso por el Departamento de Estado. En uno de ellos recogió algo que manifestó al liderazgo chino poco antes del cese de la guerra de Viet Nam: que si los Estados Unidos podían vivir con un régimen comunista en China también podrían vivir con un régimen comunista en Indochina. Lo único que pedía es que los norvietnamitas no pretendieran cogerse a Viet Nam del Sur demasiado pronto después de una retirada de las tropas norteamericanas, para que la reputación de los Estados Unidos no se afectara demasiado).
Mientras, por estos lares el especialista Alberto Garrido asegura que el Caribe ya está tomado militarmente por los Estados Unidos, que la escala de sus ejercicios navales en la zona y su dotación de efectivos y armamento es realmente desusada.
Los chinos consideran la peor maldición de todas desear a sus enemigos que vivan una época importante.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Abr 27, 2006 | LEA, Política |

El gobernador del Zulia, Manuel Rosales, ha estado en primer plano los últimos días, luego de que ese sitial estuviera copado por el lanzamiento de Teodoro Petkoff. Primero fue el lanzamiento de su candidatura. («El zuliano está en la pelea», tituló un diario caraqueño).
Luego sirvió de anfitrión en Maracaibo para una reunión tripartita de él mismo con Petkoff y Julio Borges, quien también refrescó su candidatura con la presentación de «su programa» por las mismas fechas. María Corina Machado, que estuvo invitada, no asistió. Adujo inconvenientes atmosféricos que habrían impedido el viaje en avión a tierra zuliana. Los tres acordaron apoyar a quien, entre ellos, resalte como el candidato de más fuerza, sin especificar el método para determinar esto último y sin desestimar las elecciones primarias en principio.
Recuperan así los candidatos la iniciativa que Súmate asumió para convocar—»proponer»—primarias en julio y sugerir que sólo esas primarias, llevadas a la práctica por la organización, legitimarían a un candidato unitario, que debería, por encima de todo, luchar por condiciones electorales confiables. Esto sería el centro, la médula del problema político nacional.
Pero el gobierno tampoco perdió tiempo en resaltar aún más la figura de Rosales. El Fiscal de la boca que desconoce el derecho al respeto, anunció la tramitación de antejuicio de mérito en contra del gobernador ante el Tribunal Supremo de Justicia, por el pecado democrático de haber firmado un decreto que destituía las autoridades judiciales y legislativas.
Rosales esgrime en su defensa la tesis del vacío de poder que la famosa declaración del general Rincón habría creado en las pequeñas horas del 12 de abril de 2002. Esto, sin embargo, tal vez habría justificado la asunción del poder ejecutivo, dada la emergencia nacional, pero jamás podrá legitimar la clausura de los restantes poderes. Rosales va a tener que procurarse una mejor excusa.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Abr 20, 2006 | LEA, Política |

En un nuevo ejercicio de su magnífica inconsistencia, Hugo Chávez ha declarado desde La Asunción, Paraguay, que la Comunidad Andina de Naciones (CAN) ha fallecido. El escenario, una reunión de MERCOSUR en la que participaban además los presidentes de Bolivia, Paraguay y Uruguay—a los que ofreció eliminar los aranceles a sus exportaciones hacia nuestro país—para hablar del oleoducto que les llevaría recursos energéticos. (No estaban en la reunión ni Argentina ni Brasil).
Como el clásico elefante en la cristalería, Chávez anunció la salida de Venezuela de la CAN, cuya muerte habría sido decretada por la firma de tratados de libre comercio de Colombia primero, y Perú después, con los Estados Unidos. Quien se dice ser el máximo bolivariano, ha decidido separarse de los países que conforman justamente el arco de los territorios liberados por Bolívar. Con su prudencia característica, también pronosticó el deceso de MERCOSUR, de no reformarse este pacto según líneas que él sabrá cuáles son.
En busca de indicios acusatorios contra los hermanos países andinos, dictaminó que la CAN sólo sirve a las élites ricas de la región, no así a los pueblos ni a sus indígenas. Cualquiera que se tome la molestia de investigar en el sitio de la Corporación Andina de Fomento en Internet, podrá constatar la importancia de sus programas de desarrollo social, que no están precisamente dirigidos a los estratos más favorecidos de las poblaciones de la zona.
Cuando Chávez hacía una justificación temprana de su asonada de 1992, explicaba que había decidido rebelarse porque en 1989 el ejército comandado por Carlos Andrés Pérez había disparado contra el pueblo en febrero de 1989. Era mentira, por supuesto; como se supo luego, hasta de su propia boca, estaba conspirando al menos desde 1983.
Ahora vuelve a mentir. A Chávez nunca le gustó la CAN, como puede colegirse de los encontronazos y roces que su gobierno provocó desde sus inicios. Ya no es, pues, en esto bolivariano. Más bien se perfila como el bocón Berlusconi de las Américas.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Abr 6, 2006 | LEA, Política |

La espantosa muerte de los jóvenes hermanos Faddoul Diab y el empleado que les trasladaba en automóvil, a manos de desalmados criminales, ha galvanizado de manera imprevista a la opinión nacional. En todo el país han aflorado las manifestaciones de inequívoco repudio, y en la capital se vivió ayer una suerte de segundo «caracazo», tanta fue la intensidad y extensión de la protesta. Ésta, además, añadió una víctima al macabro desenlace: el fotógrafo del diario vespertino El Mundo, Jorge Aguirre, murió asesinado por la bala de un motorizado sin identificación, en motocicleta sin placas, cuando captaba con su cámara las incidencias de la protesta en la Plaza Venezuela. Ya antes habían sido reporteros y fotógrafos del mismo periódico interceptados para evitar la publicación de hechos inconvenientes a la imagen del gobierno.
La muy digna señora Diab de Faddoul, madre de las jóvenes víctimas, había escrito en carta de asombroso temple y excepcional estatura moral que pedía, en caso de que de todas formas sus hijos fuesen a ser asesinados, que se les matara rápidamente, solicitando tan sólo la gracia de que se les asesinara mientras dormían.
Nadie puede ocultar que estos crímenes rebasaron nuestro umbral de tolerancia, puesto a prueba cotidianamente. Y nadie deja de presentir que bien pudieran representar un punto de quiebre, el inicio de un movimiento de conciencia con inevitables consecuencias políticas y electorales. A pesar de que el ministro Jesse Chacón manifieste su esperanza en que el espantoso acontecimiento no sea explotado políticamente, no se requerirá que líderes políticos lo intenten. Ya el país saca sus cuentas sin que nadie lo excite, y probablemente haya dicho basta en su fuero interno. Son ya siete años de violencia, mientras ha dominado esta presidencia del sobresalto. Son siete años de incompetencia en lo tocante a la más básica de las funciones de gobierno: la preservación de la seguridad ciudadana. Son siete años de tolerancia a lo criminal, de siembra y prédica de odio, y ningún temor del ministro Chacón, ninguna carrerita tardía de Nicolás Maduro o declaración del fiscal incapaz podrán ocultar lo que ya sabemos: que no estamos dispuestos a pagar estos precios para sostener los designios grandilocuentes y megalomaníacos de Hugo Chávez Frías.
Así, la muerte de los hermanos Faddoul, terrible como es para sus familiares y amigos, pudiera ser un inestimable y trágico aporte a un redireccionamiento de la patria. Serían los héroes involuntarios, los mártires inocentes cuya desaparición dé paso a un gobierno civilizado. Gracias, hermanos, por tan extraordinario y fructífero sacrificio.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 30, 2006 | LEA, Política |

En 1992 Francis Fukuyama proponía—The End of History and the Last Man—que la historia había concluido. Se refería a la historia en un sentido hegeliano: como el desarrollo de la conciencia de la humanidad a partir de una lucha, una dialéctica, entre tesis contrapuestas. Habiendo caído el comunismo ya no quedaba otra cosa que la combinación de capitalismo y democracia, y todas las naciones, todo el mundo, llegarían tarde o temprano a ser demócratas y capitalistas. Fueron felices y comieron perdices. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Resulta que ya no está tan seguro del asunto, según expone en su libro más reciente: America at the Crossroads. («América en la encrucijada», en el uso usurpador del nombre de todo un continente por parte de los norteamericanos). Ahora Fukuyama es tenido por «ex neoconservador» o «postneoconservador». Antes de esta metamorfosis, el neoconservador Fukuyama argumentaba con fiereza a favor de la guerra contra Irak y la deposición de Hussein. Ya en 1998, en época de Clinton, urgía al gobierno estadounidense por una línea más dura contra la nación iraquí al suscribir un manifiesto patrocinado por el «Proyecto para el Nuevo Siglo Americano». A raíz de los atentados hiperterroristas del 9 de septiembre de 1991 era signatario de otro manifiesto del mismo grupo en el que se afirmaba que «cualquier estrategia dirigida a la erradicación del terrorismo y sus patrocinantes debe incluir un resuelto esfuerzo para quitarle el poder a Saddam Hussein».
Ahora, en cambio, escribe una feroz crítica del manejo de la guerra en Irak por parte de la administración Bush. Se une así a otros intelectuales conservadores que, como el archiemblemático William F. Buckley Jr., han voceado su desacuerdo con el actual gobierno de los Estados Unidos.
Como ocurre frecuentemente con quienes dan bandazos de un lado a otro, sin embargo, Fukuyama distorsiona la relación de incidentes de forma de salir bien librado de una exigencia de que sea consistente. Así asegura que su epifanía sobre la equivocada conducción de la guerra habría tenido lugar en febrero de 2004, durante la charla que ofreciera Charles Krauthammer a una reunión de The American Enterprise Institute. Según Fukuyama, el orador presentaba los resultados de la guerra hasta esos momentos como un éxito indiscutible, y allí se habría horrorizado el historiador con el caluroso aplauso que el charlista recibía. Krauthammer expone ahora, con justicia, que tal interpretación de Fukuyama no se corresponde con la realidad, y sentencia en artículo publicado por The Washington Post: «(Fukuyama) tiene todo el derecho de cambiar su opinión a su conveniencia. No tiene ninguno para cambiar lo que yo dije». Son peleas de estos días entre antiguos compañeros de ruta.
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