por Luis Enrique Alcalá | Sep 11, 2003 | LEA, Política |

Parece ser que el menor incendio que ocurriera en la sede del Consejo Nacional Electoral puede ser atribuido al azar, por más que poco antes de la combustión electricistas del Centro Simón Bolívar hubieran estado hurgando precisamente los tableros y líneas que detonaron el minisiniestro.
Parece ser que el hecho fue fortuito a pesar de que, justamente en momentos cuando el humo salía en pesadas columnas de las oficinas del Poder Electoral, una turba chavista vociferaba ante las puertas del organismo, y un procaz Gruber Odremán, en evidente procura de resurrección en el favor del líder de la revolución, y megáfono temporalmente en mano—después, aseguró, le daría otro uso—pescueceaba como líder aparente de tan oportuna manifestación.
A juzgar por las recientes decisiones de un nuevo programa de Televén («¿Quién tiene la razón?») que ha dado incomprensible espacio a nadie menos que Lina Ron, posiblemente veamos al ex golpista almirante retirado en pantalla, o al marido de la iracunda chavista, que el martes insultó y escupió a guardias nacionales que resguardan la sede del CNE.
La inconsistencia es privilegio de quienes se dicen revolucionarios. Chávez exige, cuando le conviene, acatamiento a la Constitución y las leyes. Se le olvida, en cambio, que las mismas exigen el respeto a la autonomía de los poderes cuando ejerce las más groseras e indebidas presiones sobre las autoridades electorales, como antes sobre el Tribunal Supremo de Justicia y otras instancias judiciales.
¿Puede extrañar a alguien, entonces, que la quema del CNE hubiera sido un acto intencional? Hay quien ha recordado uno de los primeros actos de Adolfo Hitler, cuando era flamante Canciller de Alemania en 1933: el incendio del Reichstag que iniciaran las camisas pardas de Röhm, su secuaz, y que sirviera de pretexto para ilegalizar a los partidos que pudieran hacerle oposición.
Creo que la comparación, si bien explicable, es injusta con la memoria de Hitler, que era un hombre eficaz y un hombre serio. Si se proponía incendiar el edificio del parlamento alemán lo incendiaba de verdad.
En cambio, una presunta operación intencional para destruir las firmas del 2 de febrero, hubiera sido una operación torpemente ejecutada, como los intentos de detener al coronel Soto en la Cota Mil o al general Rosendo en Los Palos Grandes, como el fallido allanamiento a las instalaciones de Súmate en Boleíta o las ridículas inspecciones judiciales al mismo Consejo Nacional Electoral.
El dibujo que Chávez hace de sí mismo como déspota totalitario e insolente, ha dado paso a un grabado de surcos cada vez más profundos, tanto ha repasado las líneas del retrato. Nadie puede sostener sin cinismo que Hugo Chávez es un demócrata.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ago 21, 2003 | LEA, Política |

¿Será por necesidad de llamar la atención, como niño malcriado, como enfant terrible, que Chávez no firmó en el Sur el documento que varios presidentes—notablemente entre ellos Luis Inazio Da Silva—refrendaron en apoyo a la política antiguerrillera de Uribe Vélez? ¿O será más bien que se trata de ineptitud pura, de mera y terca incapacidad?
Lo cierto es que jamás se puso Chávez en peor evidencia: nunca un alejamiento suyo había sido tan marcado, tan solitario e inoportuno, tan revelador. Pero Uribe, que ya ha mostrado en sus visitas a este país, en sus entrevistas con nuestro mandatario que sabe—como muy pocos—picarle adelante a Chávez, ha vuelto a comprometerlo.
Esto declaró Uribe a su llegada a Bogotá desde el Paraguay: «La semana pasada le decía a Chávez, le dije: Presidente, deja de preocuparte tanto por la política de seguridad en Colombia, hazles saber a las FARC que si están muy aburridos con ella, que conmigo negocian en cinco minutos».
Realmente se necesita presencia de ánimo para decir algo así a quien había negado mezquinamente su apoyo al presidente colombiano en su lucha contra el terrorismo en su país. Se necesita un carácter muy fuerte y al mismo tiempo muy apacible para decirle a Chávez que es amiguito de la guerrilla en Colombia.
¿Se quedará Chávez con esa? Probablemente coja seña esta vez de su Vicepresidente, el cínico mayor del régimen, que comentó: «‘Si ese hecho es cierto, si la información se corresponde con un planteamiento del presidente Uribe al presidente Chávez—y advierto que quien debe pronunciarse al respecto es el Presidente de la República cuando llegue al país desde Argentina—en todo caso tiene que haber alguna motivación para que el presidente Uribe le confiriera un papel importante al presidente Chávez en función de facilitador de la paz en Colombia, y eso no es raro porque el presidente Chávez, ya durante la gestión del presidente Pastrana, facilitó muchos encuentros entre las FARC y el gobierno de Colombia, en territorio colombiano o venezolano».
Rangel eleva la bajísima condición reconocida por Uribe en Chávez—la de correveidile de unos terroristas—a la dignidad de «facilitador». Una verdadera alquimia política.
La banderilla, sin embargo, Rangel, está colocada en el morrillo del toro de Sabaneta. Tal vez pique e irrite demasiado y por eso, como muchas otras veces, quizás el zaherido presidente le contradiga y desautorice con algún altanero comentario. Esperemos «Aló Presidente» del próximo domingo.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 31, 2003 | LEA, Política |

Lo que parecía insuperable ha sido superado. La reciente disertación del Comandante General del Ejército sobre el posible referendo revocatorio del mandato de Hugo Chávez, rastrera, mediocre, insincera, ya no es la última palabra militar sobre el asunto.
García Carneiro habló, al menos, vestido de civil. Tal vez este atuendo haya agravado la evidente incomodidad que se manifestaba en su lenguaje corporal, clarísima señal de la inseguridad que acompaña al mentiroso aficionado.
Pero Eugenio Gutiérrez, Comandante General de la Guardia Nacional, habló sobre el referendo en uniforme de campaña y flanqueado por los oficiales superiores de su fuerza. Y no es que haya dicho algo mucho más grave que lo expresado por García Carneiro—de hecho, si es que esto es posible, Gutiérrez se revela como bastante menos inteligente que su colega del Ejército—sino que lo dijo con obvia satisfacción. Gutiérrez se divertía.
Que un oficial armado investido con su responsabilidad haya declarado sobre territorio exclusivamente político, y se permitiera despreciativas opiniones acerca de la oposición venezolana, es el más patente signo de la degradación que Hugo Chávez ha logrado introducir en nuestras fuerzas armadas.
La aparente valentía del hombre armado e insolente ante civiles no es otra cosa que cobarde abuso de su ventaja. Es ésa la enseñanza que Chávez deja a los hombres de armas. Que no vale el esfuerzo profesional tanto como un arrastrado acatamiento a su delirio totalitario.
Hoy puede un alemán, aun después de Hitler, sentirse orgulloso de su linaje nacional. Pero antes tuvieron los connacionales de Goethe y de Beethoven que aprender a superar su vergüenza, a construir una nueva república sobre las ruinas del holocausto nazi. Nosotros, ahora, sentimos vergüenza de Chávez; sentimos vergüenza por los García Carneiro y los Gutiérrez, brutos armados que siguen un guión de película barata y vil. Después de ellos la vergüenza nos durará hasta que logremos cambiarla por los logros de una patria en sus cabales.
No va a ser fácil limpiar a nuestras fuerzas armadas de la polución chavista que las ha contaminado. No será tan fácil contar con ellas cuando Chávez impida, como dictador que es, la expresión constitucional de la voluntad popular. Ésta va a tener que expresarse supraconstitucionalmente.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 24, 2003 | LEA, Política |

Las 2:08 p.m. de ayer miércoles. Muchos disparos. Cae muerto un concejal, asesinado dentro del ayuntamiento por un oponente político. El asesino muere, a su vez, a manos de un policía.
El viernes 18 de julio, meses de tensión política acumulada hicieron erupción, luego de que los parlamentarios discutieran agriamente por un punto de procedimiento: la oposición acusaba a la fracción gobiernista de intentar usar su mayoritaria aplanadora para aprobar legislación que no habían tenido tiempo de estudiar. La oposición rompió el quórum y el presidente de la comisión los mandó a traer con las fuerzas de seguridad del parlamento.
El gobernador de un estado grande, militante contrario al partido de gobierno, enfrenta ahora un referendo revocatorio de su mandato, a pesar de sus últimos intentos dilatorios del procedimiento a través de maniobras legales. La fecha para el referendo ha sido confirmada: el 7 de octubre de este mismo año.
……..
Pareciera que estas cosas pudieran ser de aquí, pero el lector avisado sabe que esto no es el caso. Ayer no mataron a nadie en ningún ayuntamiento venezolano, no tenemos noticia de que el mandato de ninguno de nuestros gobernadores vaya a ser revocado en octubre y tampoco de que Ameliach haya solicitado los servicios de la policía de Bernal o de la Guardia Nacional para meter en cintura a los díscolos diputados de oposición.
Las tres noticias provienen de los Estados Unidos. El gobernador de California, Gray Davis, es quien enfrenta la posibilidad creciente de la revocación de su mandato. El episodio con los congresistas ocurrió en Washington: el Presidente del Comité de Procedimientos, el republicano William Thomas, fue quien requirió el uso de la policía del Capitolio para sacar a los demócratas de ese comité de una reunión que sostenían en la biblioteca. Y ayer fue en los predios del City Hall neoyorquino donde el concejal James Davis cayó abatido por los siete disparos de una pistola .40 esgrimida por su oponente político, Othniel Askew. Davis, irónicamente, tenía una larga hoja de servicios, primero como policía y luego como legislador municipal, distinguida por sus esfuerzos para controlar la violencia en Nueva York.
En todas partes se cuece habas, pues. Y si no leamos lo que nos reporta Zenit, agencia católica de noticias desde Roma, en cable de hoy 24 de julio: «Diversos sectores sociales y políticos han comenzado a movilizarse en España para frenar el impacto de la telebasura que invade las cotas de programación tanto de la televisión privada como de la pública… Una de las medidas para lograrlo, secundada por varias entidades sociales y educativas, consiste en la petición de un Consejo Audiovisual que a nivel nacional actúe como un órgano verificador de la calidad de los contenidos, especialmente los dirigidos a niños y jóvenes».
Un agudo amigo recomienda que ventilemos este último tema, añadiendo que no conviene dejarlo solamente en manos de los medios de comunicación.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 10, 2003 | LEA, Política |

La cosa está, como diría el vicepresidente Rangel, excesivamente normal.
Por una parte, los diputados a la Asamblea Nacional, tanto del gobierno como de la oposición, coinciden unánimemente en una cosa: en que sus contrarios son quienes impiden la designación del Consejo Nacional Electoral. Lo cierto es, no obstante, que no lo tenemos.
Aparentemente hay consenso sobre catorce de los quince nombres necesarios. En lo que se ha trancado el juego es en la designación del fiel de la balanza: el quinto miembro principal. Tan difícil está el asunto que ahora el diputado Maduro (de apellido) se refiere al innombrado como «el marciano» o «la marciana».
La postura de los diputados de la oposición no deja de ser razonable a este respecto. El quinto miembro no debe ser una ficha del gobierno, como tampoco se pretende que se elija a un claro opositor. La dificultad reside en encontrar, linterna de Diógenes en mano, a este ser impoluto y sin compromisos, aceptable para ambas partes.
Los diputados del gobierno se han mostrado dispuestos, por su lado, a nombrar «parcialmente» a los catorce nombres acordados, y dejar para más adelante la elección del quinto en discordia. Algo así como abonarle al Tribunal Supremo de Justicia un pago parcial por deuda pendiente, a ver si este órgano renueva el plazo de vencimiento.
Mientras tan diligente cuerpo legislativo se eterniza en la dilucidación de un punto que debió resolver hace dos años, el resto del país sigue su curso normal. No hay dólares de CADIVI. (El fino y bien hablado ministro de Agricultura—tercero en el ranking de elegancia castellana, superado sólo por Chávez y Acosta Carles—convertido ahora en vocero económico más autorizado que el manchado Nóbrega, reconoció desfachatadamente que la represión de las divisas estadounidenses obedece a razones políticas. Según él, si se suelta la bolsa de dólares habrá golpe de Estado. De todos modos ofreció esperanza: en sesenta o noventa días el régimen de cambio será «flexibilizado»).
En materia de salud los médicos cubanos elaboran «métodos»—que no récipes—con los que recetan dosis para adultos a infantes; en lo tocante a libertad de expresión se expide boleta de búsqueda para Ibéyise Pacheco y se arremete contra Patricia Poleo en Barinas; en política petrolera salvajes hordas—en defensa de la Constitución—atacan a ex empleados petroleros en sus casas; otras hordas, esta vez capitalinas, saludan el deceso del Cardenal Velasco, en representación del Presidente de la República ausente de las exequias.
Ante tanta normalidad, la comisión del Parlamento Europeo que hoy concluye su visita nos dejó una recomendación que brilla por su creatividad e indudable utilidad. Que dialoguemos y encontremos una solución pacífica a la crisis. ¿Para qué vinieron?
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 3, 2003 | LEA, Política |

Ha tenido alguna repercusión—circula profusamente una trascripción por los correos electrónicos—una entrevista hecha en Madrid en mayo pasado a Héctor J. Riquezes, quien fuera muy alto ejecutivo de PDVSA y varias de sus filiales hasta su jubilación en 1994.
Riquezes hace un negro pronóstico acerca del futuro de la otrora pujante empresa, censurando la vengativa conducta del gobierno chavista a raíz del paro iniciado en diciembre de 2002. Igualmente destaca cómo la meritocracia petrolera se vio asediada por el gobierno venezolano desde bastante antes de la llegada de Chávez al poder: «Como parte de este proceso gradual de destrucción del sistema de recursos humanos, el puntillazo se produce cuando un cambio de partido de Gobierno propugna un cambio total del Directorio de PDVSA. Era reconocido internamente que el cambio de los miembros del Directorio era lógico y oportuno, pero lamentablemente los nuevos directores que fueron designados por el nuevo partido de gobierno no figuraban en la lista de candidatos que PDVSA, respetando las pautas, tradición y procesos del sistema meritocrático, presentó a la consideración del Presidente de la República, único autorizado y responsable para hacer esas designaciones».
Pero también reconoce lo siguiente: «La nueva directiva de PDVSA, al confrontarse con una larga paralización nacional de actividades que prácticamente inmovilizó la industria petrolera y que respondía más a motivos políticos que laborales, reaccionó irreflexivamente y decidió terminar los servicios de cerca del 40% de su fuerza laboral de la industria petrolera, a sabiendas de que tal decisión incapacitaría a la industria para continuar operando con un aceptable nivel de eficiencia. Parecía un acto de sadismo, que antes de intentar una sanción que propiciara la rectificación de los parados se fue directo a la sanción máxima». Esto es, Riquezes comprende la estupidez revolucionaria, la vengatividad cruel de Chávez, Rodríguez Araque y Ramírez, pero también reconoce el carácter político del paro de la «gente del petróleo”.
En otras ocasiones hemos destacado en esta Carta que el derecho de rebelión—»un derecho indudable, inalienable e inanulable de alterar, reformar o abolir» un gobierno (Declaración de Derechos de Virginia, 12 de junio de 1776)—sólo pertenece a una mayoría de la comunidad. Por esto siempre hemos condenado como abusiva la intentona de Chávez y sus conjurados compañeros del 4 de febrero de 1992. Ahora bien ¿eran o son una mayoría de la comunidad los dirigentes de la Asociación Civil «Gente del Petróleo»?
De forma muy parecida al abuso de militares que empleen las armas de la república para rebelarse, los ejecutivos petroleros que ahora nos proponen una «red de energía positiva»—sin abandonar la mariana y virginal protección—tomaron decisiones sobre equipos e instalaciones que les había confiado la República para procurar un laudable objetivo político… abusivamente, puesto que la mayoría de la comunidad no les solicitó nunca tal cosa.
LEA
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