Dos años sin Ramón J.

 

Dos que ya no están: Ramón J. Velásquez y Ma. Josefina Corothie-Chenel de Alcalá

Dos que ya no están: Ramón J. Velásquez y Ma. Josefina Corothie-Chenel de Alcalá

 

El 24 de junio de 2014 se despidió de nosotros Ramón J. Velásquez, un venezolano cabal que nos hace mucha falta. Cuatro días después de su deceso, el programa #101 de Dr. Político en RCR dedicó buena parte de su extensión a su trayectoria y su legado. El fragmento de audio correspondiente se coloca a continuación:

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Eco de Gide en Poleo

John William Waterhouse: Eco y Narciso

John William Waterhouse: Eco y Narciso

 

Unas palabras de André Gide (Premio Nobel de Literaura en 1947)—Ya todas la cosas han sido dichas, pero como nadie escucha siempre es preciso comenzar de nuevo—sirven de epígrafe fijo al periodista Rafael Poleo, quien las ha sacado del Tratado de Narciso del autor francés. Vinieron al caso de reiterar explicaciones sobre la posibilidad de consultar al Pueblo de Venezuela sobre su aceptación o rechazo del socialismo, en la emisión #202 de Dr. Político en RCR. La OEA ni fu ni fa. Los ingleses decidieron llevarle la contraria a Arnold Toynbee con su decisión de abandonar la Unión Europea, y tuvimos la magnífica noticia de la firma del cese al fuego en Colombia y la estupenda del éxito en la validación de firmas de esta semana; por eso el tema triunfal del cuarto movimiento de la Sinfonía #2 de Jan Sibelius, y el que lo sigue con persistencia, celebraron la determinación de la mayoría de venezolanos que desea revocar el mandato del presidente Maduro, que está que se cae de lo mismo. De seguidas, el archivo de audio de esa transmisión:

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Menú variado (otra vez)

Danza macabra

Jakob von Wyl: Danza macabra

 

 

Durante la transmisión #201 de Dr. Político en RCR, varios temas fueron abordados: el aumento del número de máquinas captahuellas para validación de firmas que activan el proceso revocatorio de Nicolás Maduro, los pasos reconciliatorios en la relación de EEUU y Venezuela y la declaración de John Kerry en oposición a la exclusión de nuestro país de la OEA, la evaluación por esta organización de las actuaciones de Luis Almagro (su Secretario General), recientes declaraciones de Henrique Capriles Radonski y, para completar, la posible salida de Inglaterra de la Unión Europea. Por razones de empatía con dolores ajenos—la matanza en Orlando, Florida, y el asesinato de una diputada británica, por caso—, se escuchó Dies Irae, de la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi y, sin identificar por distracción, una sección de la Danza macabra de Camille Saint-Saëns. Acá está el archivo de audio del programa de hoy:

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Hijo de gato («tigre»)…

P. P. Fernández: "La culpa es de los críticos"

P. P. Fernández: La culpa es de la gente críticona

 

Recibí hoy de Eduardo Fernández un artículo de su hijo Pedro Pablo, por correo electrónico. El trabajo se llama La mejor apuesta, y su tesis es simple: «Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos».

En camino a esa conclusión, el articulista argumenta:

Algunos plantean que la solución de todos los problemas es la salida de Maduro. Son los mismos que decían que todo se resolvería cuando la providencia se llevara a su antecesor. El problema es muy complejo y hay demasiadas variables que nadie controla. (…) Hay gente que plantea salidas muy sencillas: “Convocamos el RR, o mejor, convocamos la gente a la calle para que Maduro renuncie de inmediato, constituimos un gobierno nuevo, resolvemos el problema de las divisas con una lluvia de inversiones internacionales que van a venir y con eso resolvemos también el problema de desabastecimiento, removemos a todos los poderes públicos (Lo vamos a hacer bien, no como Carmona), destituimos al Alto Mando Militar y sometemos la Fuerza Armada al poder civil (Ya eso está hablado) y enfrentamos a los colectivos y a los “Pranes” con el SEBIN y la Dirección de Inteligencia Militar”. Actúan como que fueran los directores de una película que dominan el desenlace de la trama y escogen el final feliz. Me recuerdan a aquellos que en los años 80 y 90 iniciaron la campaña antipolítica para destruir a los partidos, con Marcel Granier a la cabeza, pensando que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema. No se imaginaron que el llamado sería el Teniente Coronel nacido en Sabaneta, ni tampoco que su régimen político duraría, por lo menos, 17 años.

Nada hay de novedoso en el último y tramposo razonamiento; el 27 de julio de 2013, Leopoldo Castillo participaba en un conversatorio de la Casa de América en Madrid y esgrimió idéntico argumento: «Leopoldo Castillo creyó ver, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998».  (A llorar p’al valle). Allí comenté:

Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. (…) Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles.

Dicho sea de paso, la exitosa telenovela—resonaba con el sentir nacional—se inició después de la asonada del 4 de febrero de 1992 (3 de junio); mal ha podido causar la insurrección de Chávez y el resto de conjurados, que por propia admisión había comenzado desde al menos el 17 de diciembre de 1983, un poco más de ocho años antes del alzamiento y cinco antes de que Eduardo Fernández fracasara en su intento por alcanzar la Presidencia de la República. (Ver la relación de esa campaña en Un reconocimiento mezquino). Criticar a los partidos políticos es etiquetado fácilmente como «antipolítica», cuando lo que muchos pedíamos era una política distinta.

Por esos días [junio de 1985] publicó Eduardo Fernández un artículo que llamó “La conspiración satánica”, haciendo uso de la frase de Caldera de hacía unos meses. En este artículo, publicado en el diario El Nacional, Eduardo hacía una especie de retrato hablado de los “conspiradores”, advirtiendo contra quienes osaran cuestionar a los partidos, puesto que criticar a los partidos equivaldría automáticamente a denigrar de la democracia como sistema. No hacía más, pues, que repetir la falacia de la identificación de partidos concretos con democracia. (Comentario en Krisis: Memorias prematuras).

El 23 de febrero de 2009, el mismo Eduardo Fernández predicaba a la Peña de los Lunes en casa de Luis Ugueto Arismendi, ocho días después del éxito de Chávez en el referendo sobre la enmienda que lo autorizaba a reelegirse indefinidamente: «Con estos partidos [de la MUD] no vamos p’al baile; es necesaria una organización política nueva»; es decir, no es que criticaba a los partidos sino que los desahuciaba, y entonces, según él mismo, denigraba de la democracia como sistema. No me fue fácil creer lo que oía veinticuatro años después de su denuncia a la crítica a los partidos, por lo que tardé un día para llamarlo y decirle: «Es muy importante que tu apreciada voz haya pronunciado esa recomendación; si estás hablando en serio, me gustaría mostrarte un diseño que he elaborado para la organización que se requiere». Aceptó la cosa y nos reunimos; la presentación que le hice en su propio computador no recibió de su parte la más mínima objeción. Este estado de cosas fue anunciado a la misma peña el 30 de marzo de 2009—Contribución a la Peña de Luis Ugueto Arismendi—, a la que se dijo: «Es la construcción de una organización que porte y difunda ese [nuevo] paradigma la tarea política más importante del nivel estratégico. En la actualidad, se inicia en el IFEDEC, en labor de ingeniería genética, el desarrollo de una opción para la organización requerida», explicando de seguidas las «hipótesis fundamentales»* que guiaban ese desarrollo: lo que Fernández había aceptado. Poco después, supe que había decretado su rechazo, y nunca más hablamos del asunto.

Pero antes de que se pusiera de moda descalificar la crítica con el cognomento de «antipolítica», a un año de la «conspiración satánica» fernandina, ya un tocayo del articulista comentado, Pedro Pablo Aguilar, que fuera Secretario General de COPEI (el partido de los Fernández), regañó a la sociedad que se atrevía a quejarse de los partidos: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder.” (El Nacional, 7 de junio de 1986). La cosa era que nosotros estábamos en contra de los partidos, que no los comprendíamos; no que los partidos estuvieran de espaldas a la realidad del país.

Una vez un profesor extranjero, experto internacional en sistemas de decisión racional de alto nivel, fue invitado por un ministro central de un gabinete de esta última mitad de siglo venezolana. El profesor, a petición del ministro, recomendó la institución de un centro de investigación y desarrollo de políticas—con una cierta propensión al largo plazo, bien dotado de recursos, escudado del poder—; una unidad de análisis de políticas para la Presidencia de la República, naturalmente sometida al corto plazo, con capacidad de respuesta instantánea; y un programa de formación para los que trabajarían en ambos tipos de centro. Dijo que esa trilogía era indispensable para aumentar la racionalidad en la toma de decisiones públicas. Después de escucharlo con mucha atención, y después de declarar que esto último era lo que él procuraba hacer desde su ministerio, el ministro dijo: “El problema, profesor, es que por mucho tiempo más la clave de la política venezolana estará en el número de compadres que tenga el Presidente en el país”. (Carmelo Lauría, Ministro de la Secretaría de la Presidencia de la República de Carlos Andrés Pérez, a Yehezkel Dror en 1977 y en mi presencia, durante una entrevista que él mismo había solicitado; en De héroes y de sabios, junio de 1998).

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Claro que la postura conciliatoria de Fernández hijo, en sí misma positiva, tiene antecedente en Fernández padre («tigrito» y «tigre», o «pollo» y «gallo» en avícola terminología de Salas Römer):

Entretanto, ya figuras de oposición pintan a Maduro con colores casi tan apetecibles como los que adornarían a Capriles. Eduardo Fernández ha propuesto que se conceda al Vicepresidente “el beneficio de la duda”; según él, ha demostrado ser “proclive al diálogo”. (En declaraciones a Noticias 24 Radio del 11 de diciembre de 2012, citadas al día siguiente en La desembocadura).

Ahora esgrime P. P. otra vez una tesis paterna: «Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos». Naturalmente, siempre y cuando lo presida su progenitor, el papá de P. P. (Después se queja de quienes, según él, «pensaban que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema»). Pero ¿es que a eso de «un gobierno de Unidad Nacional» no se aplica lo de «salidas muy sencillas»? ¿No es Fernández el joven el director de una película que «domina el desenlace de la trama y escoge un final feliz» para él y su padre? LEA

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En artículo posterior (Últimas Noticias, 15 de junio), Pedro Pablo Fernández escribe, ya sin careta: «Apoyar e impulsar al gobierno para que profundice las medidas que viene tomando es lo mejor que podemos hacer en beneficio del país, del gobierno, y sobre todo, en beneficio de los que pretenden sucederlo, porque las medidas que no se tomen hoy se tendrán que tomar mañana a un costo político mayor». ¿Querrá decir, por ejemplo, apoyar, impulsar y profundizar los CLAP?

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* 1. La organización no es un partido político convencional definido por una ideología, ni nace para oponerse o desplazar a los partidos; se rige por una metodología y pueden pertenecer a ella miembros de partidos. 2. La organización no lo es de organizaciones, sino de ciudadanos. 3. La organización no se define como instrumento de la “comunidad opositora”, y su apelación universal pretende ayudar a subsanar el problema de un país dividido. 4. La misión fundamental de la organización es la de elevar la cultura política de la ciudadanía en general, y la de formar a personas con vocación pública en el arte de resolver problemas de carácter público, esto es, en Política. 5. La organización establecerá una unidad de desarrollo de políticas públicas, a ser sometidas a la consulta más amplia posible. 6. La organización facilitará la emergencia de actores idóneos para el ejercicio de las funciones públicas. 7. La organización será establecida inicialmente en los espacios de Internet; el país contaba con 7.167.000 internautas a fines de 2008 (desde el nivel de 5.500.000 a comienzos de año), de los que más del 60% se ubican en las clases D y E; el 90% de esta población usa conexión de banda ancha. 8. La organización deberá estar en condiciones operativas en un plazo no mayor de seis meses desde ahora, a tiempo para incidir determinantemente en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional.

 

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Programa bicentenario

El autor de Payasos

El autor de Payasos

Hoy ha arribado a su transmisión #200 el programa de Dr. Político en RCR, que intentó ofrecer una anticipación positiva de nuestro futuro mediante la repetición de ideas expuestas en el programa centenario (21 de junio de 2014). Otras observaciones acerca del entorpecimiento del proceso revocatorio por el Consejo Nacional Electoral y de cómo los tratamientos correctos a los problemas públicos no se obtienen por transacción, completaron los planteamientos de la satisfactoria fecha. El hermosísimo tema principal del Intermezzo de la ópera Payasos (Ruggiero Leoncavallo) y un fragmento del movimiento final de la Sinfonía del Nuevo Mundo (Antonín Dvořák) acompañaron esta transmisión, cuyo registro de audio se coloca acá de seguidas:

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Con pluma ajena

«Vladimir Flórez, conocido por el seudónimo de Vladdo, es un caricaturista, periodista y dibujante crítico colombiano». Se reproduce acá un artículo suyo en El Tiempo de Bogotá de hace dos días. Resuena con una tesis de este blog, expuesta en Etiqueta negra el pasado 11 de abril: «El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición». (Cuatro años antes, en el epílogo de Las élites culposas: «Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre»). LEA

La afilada pluma de Vladdo

La afilada pluma de Vladdo

 

Venezuela, sin gobierno ni oposición

 

Nicolás Maduro es un inepto; eso no se discute. La tragedia que vive Venezuela lo retrata de pies a cabeza; es un tipo de muy bajo nivel para manejar una situación tan delicada.

Sin embargo, el drama de ese pobre país es que así como no tiene Gobierno, tampoco tiene oposición. O, bueno, sí la tiene, pero deja mucho que desear. Mientras tanto, sus habitantes se hunden en un mar de desespero y pesimismo, con una clase media cada vez más débil; con muchos ciudadanos cercanos a la indigencia y unos pocos en medio de la opulencia.

En días pasados tuve una conversación que me dejó atónito. Una persona venezolana que lleva muchos años viviendo en Colombia me contó que hace poco asistió a un matrimonio en Caracas. Cuando le pregunté si no había sido terrible, con tanta escasez, me aclaró que no; que había comida y licor en abundancia; como si nada. Que todo estuvo normal, que fue una parranda común y corriente… Mientras me decía eso, me preguntaba si serán esos los mismos que salen a las marchas o se graban en YouTube diciendo que se están muriendo de hambre.

La verdad es que yo quisiera ir y ver con mis propios ojos lo que está pasando en el hermano país, pero no puedo; me ponen preso o me deportan desde el mismo aeropuerto, debido al «irrespeto» a los símbolos patrios de Venezuela del que me acusó Maduro el año pasado.

A juzgar por los reportes de prensa, la situación de Venezuela es muy difícil, pero me parece que la culpa no es exclusiva de la incapacidad del sucesor de Chávez ni de las políticas represivas de su régimen. Buena parte de esa responsabilidad la tiene la dirigencia política, social y empresarial de ese país.

Tras obtener la mayoría de escaños en la Asamblea Nacional, la MUD llegó a actuar muy torpemente. Al grosero retiro de las imágenes de Chávez de la sede legislativa le siguió una andanada de declaraciones y anuncios que dejaban ver, de entrada, su deseo de destituir a Maduro, quien—así tenga cada día más ribetes de dictadorzuelo—es el presidente legítimo, elegido en una votación popular con amplia participación ciudadana.

 

El gran lío es que a la oposición le interesa más el poder que resolver los problemas del país.

Creo que el gran lío es que a la oposición le interesa más el poder que la solución de los problemas que está atravesando el país. Si sus líderes actuaran con paciencia, con tacto, con inteligencia, con generosidad, otra podría ser la historia.

Lo triste es que desde aquí no ve uno una figura con la preparación, el respeto y la representatividad suficientes para aglutinar a la población y sacar a Venezuela adelante. En coyunturas como esta se necesita a alguien que esté por encima de la política menuda, despojado de intereses mezquinos; alguien capaz de empezar a trabajar para resolver la crisis, pero que a la vez deje a un lado el revanchismo y reduzca la confrontación; alguien que quiera tender puentes en vez de profundizar más en la división existente en la sociedad venezolana y que podría derivar en enfrentamientos con consecuencias imprevisibles.

Por otra parte, el papel de organizaciones internacionales de la región ha sido muy precario. Unasur es un chiste y al desprestigio actual de la OEA se sumó la salida en falso de Luis Almagro, quien, con sus descalificaciones personales contra Maduro no solo excedió los límites de su cargo sino que menoscabó su autoridad como secretario general. Alguien de su categoría no puede enzarzarse en discusiones con un presidente ni mucho menos hacer declaraciones que no le corresponden…

Es evidente que el caos de los venezolanos solo lo pueden resolver ellos; pero mientras el Gobierno, la oposición y la sociedad civil no se pongan de acuerdo para trabajar por unos propósitos comunes, de poco o nada servirán los buenos oficios de un Rodríguez Zapatero ni del mismísimo papa Francisco. Vladdo

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