María Ignacia, Cecilia Ignacia, Eugenia Josefina y Luis Armando
Cuando se tiene un hijo, se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera, se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga y al del coche que empuja la institutriz inglesa y al niño gringo que carga la criolla y al niño blanco que carga la negra y al niño indio que carga la india y al niño negro que carga la tierra.
Andrés Eloy Blanco
Los hijos infinitos
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La dedicatoria de Las élites culposas pone: A Eugenia Josefina, la hija bien nacida; a Luis Armando, el hijo que envidio; a María Ignacia, la hija que quise tener. A Leopoldo Enrique, el hijo primero; a Beatriz Cecilia, la hija que vale la pena. A Nacha Sucre, “ese norte tan cercano”.
Quiero explicarla.
A Eugenia, la mayor de mis hijas, su nombre le viene de su abuelo materno, Armando Sucre Eduardo, quien lo escogió para ella y dijo: «En griego significa bien nacida». Comoquiera que ya yo veneraba a mi suegro, agradecí con orgullo que él dijera eso, pues equivalía a su aprobación de mi matrimonio con su hija. Recién nacida la llevé a mi oficina en el CONICIT, donde la visitaron los empleados como pastores y Reyes Magos y la admiraron maravillados sobre una mesa de reuniones; uno le puso el mote de Estrella de la mañana. Hoy, cuando ya no le da hipo reír, sigue siendo bella y buena.
Luis Armando tiene invertidos los nombres de su abuelo y es su vivo retrato; porta un cromosoma Alcalá y cuarenta y cinco Sucre. Es el primer descendiente varón de Armando y tiene un talento para la amistad y un instinto innato de la justicia; sus amigos son legión y lo adoran. Es hombre sensato y amable y a la vez un hombre serio. Por esas cosas lo envidio. Tendría diez u once años cuando me escribió en una tarjeta del Día del Padre: «No cambies nunca». ¿Cómo podría no quererlo?
María Ignacia lleva el primer nombre de mi madre—nació, como ella, un 12 de septiembre—y el segundo de mi esposa. Cuando ella y yo la concebimos en diciembre de 1984, como otras veces, la economía de la casa, por culpa de mi actividad política, no estaba boyante. En misMemorias prematurasregistré una apelación en sala de parto: «Cuando cargué a María Ignacia por primera vez le dije al oído que me ayudara, que yo había querido tenerla porque había sentido que yo saldría adelante y podría mantenerla, y que ahora le pedía me transmitiera la fuerza de su vida comenzando».
Tomé prestado de mi señora para referirme a ella, la gestadora de esos hijos, una frase de su libro: Alicia Eduardo – Una parte de la vida. Allí refiere la impresión que causaba a sus bisabuelos marabinos, ya residenciados en Caracas, «la cercanía de la imponente cordillera, el cerro Ávila, de inmensa mole verde como gigante siempre presente. Las ciudades donde hasta ahora habían vivido eran todas planas, y este cerro, este norte tan cercano de donde bajaban burros con flores de Galipán al amanecer, y adonde volvían las periqueras en las tardes después de bañarse en el río Guaire, los sobrecogió por algún tiempo». Nacha es mi cerro Ávila, mi brújula.
Beatriz Cecilia y su hija menor, Anabella Del Valle
Ella también me trajo a Beatriz Cecilia, la hija de su primer matrimonio con Antonio Escalona. Es hija que vale la pena, por su incansable fuerza, su fantástica habilidad para resolver situaciones difíciles y su generosa diligencia.
A mi vez, le aporté a Leopoldo Enrique, quien era el niño más hermoso que yo hubiera conocido y es ahora un varón a quien debo muchas ayudas, incluyendo las necesarias a la creación y mantenimiento de este blog; además me ha dado una nieta maravillosa, mi princesa Maya, nacida el primer Día de Reyes del tercer milenio. Pareció mezquina la escueta mención de hijo primero en la dedicatoria, pero es que ya le había dedicado mi primer libro, de esta manera:
Leopoldo Enrique cumplía tres años
Mi padre fue quien me enseñó aquello de que un hombre no está completo si no ha tenido un hijo, si no ha sembrado un árbol y si no ha escrito un libro. Este es mi primer libro y si no sé cuál es el primer árbol que sembré no tengo dudas de quien fue mi primer hijo. Es causa de un amor y de un orgullo de los que no he podido recuperarme. Dedico mi primer libro a Leopoldo Enrique Alcalá Manzanilla.
Puedo decir lo mismo de todos mis hijos. Dios me ha concedido la petición que hace aquí Andrés Eloy Blanco, con su propia voz, en Coloquio bajo la palma:
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Cada pulpero alaba su queso, por supuesto, y ahora quiero precisamente por eso celebrar, con un tributo musical, a los millones de colegas que tengo en el mundo, a los padres en su día.
Todos los padres—que no lo seríamos sin las madres—sabemos que serlo no es cosa fácil. Es ley de vida que la distancia de las generaciones traiga consigo la incomprensión inevitable de padres e hijos, pero esto es una tensión creadora. Por mi parte, he averiguado hace un tiempo—entre risas filiales divertidas con mi decrepitud terminológica—algunas palabras más modernas que me facilitan la comunicación con los míos. Ya no digo, por ejemplo, «conjunto» para referirme a los músicos en una fiesta, sino «grupo». Nadie como Cat Stevens retrató en una canción esta diferencia generacional. Ahora nos canta Father and son:
Father It’s not time to make a change, Just relax, take it easy. You’re still young, that’s your fault, There’s so much you have to know. Find a girl, settle down, If you want you can marry. Look at me, I am old, but I’m happy.
I was once like you are now, and I know that it’s not easy, To be calm when you’ve found something going on. But take your time, think a lot, Why, think of everything you’ve got. For you will still be here tomorrow, but your dreams may not.
Son How can I try to explain, when I do he turns away again. It’s always been the same, same old story. From the moment I could talk I was ordered to listen. Now there’s a way and I know that I have to go away. I know I have to go.
Father It’s not time to make a change, Just sit down, take it slowly. You’re still young, that’s your fault, There’s so much you have to go through. Find a girl, settle down, If you want you can marry. Look at me, I am old, but I’m happy.
Son All the times that I cried, keeping all the things I knew inside, It’s hard, but it’s harder to ignore it. If they were right, I’d agree, but it’s them you know not me. Now there’s a way and I know that I have to go away. I know I have to go.
Un problema análogo confrontó Andrea Bocelli el 6 de mayo de 1992, cuando compuso una carta a su padre que recita abajo contra un fondo musical, pero si en la canción anterior no emerge el cariño en A mio padre hay claramente tanto respeto como amor:
Caro Babbo, Inutile discutere D’accordo non saremo mai Che cosa c’e di strano in cio Trent’anni ci separano O forse C’e il timore in te Di non trovare piu la forza D’essere al mio fianco Se gli ostacoli mi fermano.
Non preoccuparti, ascoltami Avro problemi Affronto infami ma Niente mi spaventera’ Niente mi corrompera’ Niente al mondo Mi fara scordare che Posso vincere E voglio farcela da me. E voglio farcela da me.
So bene che per te e difficile Giustificare Questa smania di combattere Osare l’impossibile….lo so
Ti sembrera incredibile Ma piu ci penso piu m’accorgo che Assomiglio proprio a te E non sai come vorrei Che la forza non ti abbandonasse mai Per averti qui E non arrendermi Mai
Ciao Babbo, A presto
Los padres tenemos que explicar el mundo a los hijos, desde que comienzan con sus porqués y hasta más grandes, como exige Joan Manuel Serrat al suyo en la canción que canta en catalán: Padre («Dime que le han hecho al río que ya no canta», una típica canción de protesta).
Pare digueu-me què li han fet al riu que ja no canta. Rellisca com un barb mort sota un pam d’escuma blanca.
Pare que el riu ja no és el riu. Pare abans que torni l’estiu amagui tot el que és viu.
Pare digueu-me què li han fet al bosc que no hi ha arbres. A l’hivern no tindrem foc ni a l’estiu lloc per aturar-se.
Pare que el bosc ja no és el bosc. Pare abans de que no es faci fosc ompliu de vida el rebost.
Sense llenya i sense peixos, pare, ens caldrà cremar la barca, llaurar el blat entre les enrunes, pare i tancar amb tres panys la casa i deia vostè…
Pare si no hi ha pins no es fan pinyons ni cucs, ni ocells.
Pare on no hi ha flors no es fan abelles, cera, ni mel.
Pare que el camp ja no és el camp. Pare demà del cel plourà sang. El vent ho canta plorant.
Pare ja són aquí… Monstres de carn amb cucs de ferro.
Pare no, no tingeu por, i digueu que no, que jo us espero.
Pare que estan matant la terra. Pare deixeu de plorar que ens han declarat la guerra.
En cambio, Barbra Streisand canta a un padre ausente un llamado amoroso y desgarrador: Papa, can you hear me? de la película musical Yentl.
PRAYER God – our heavenly Father. Oh, God – and my father Who is also in heaven. May the light Of this flickering candle Illuminate the night the way Your spirit illuminates my soul.
Papa, can you hear me? Papa, can you see me? Papa, can you find me in the night?
Papa, are you near me? Papa, can you hear me? Papa, can you help me not be frightened?
Looking at the skies I seem to see a million eyes Which ones are yours? Where are you now that yesterday Waved goodbye And closed its doors? The night is so much darker. The wind is so much colder
The world I see is so much bigger now that I’m alone.
Papa, please forgive me. Try to understand me. Papa, don’t you know I had no choice?
Can you hear me praying, Anything I’m saying, Even though the night is filled with voices?
I remember ev’rything you taught me Ev’ry book I’ve ever read. Can all the words in all the books Help me to face what lies ahead? The trees are so much taller And I feel so much smaller. The moon is twice as lonely And the stars are half as bright.
Papa, how I love you. Papa, how I need you. Papa, how I miss you Kissing me goodnight.
Ahora tenemos Canción a papá (Song for dad) en la agradable voz de Keith Urban:
Lately I’ve been noticing I say the same things he used to say And I even find myself acting the very same way I tap my fingers on the table To the rhythm in my soul And I jingle the car keys When I’m ready to go When I look in the mirror He’s right there in my eyes Starin’ back at me and I realize
The older I get The more I can see How much he loved my mother and my brother and me And he did the best that he could And I only hope when I have my own family That everyday I see A little more of my father in me
There were times I thought he was bein’ Just a little bit hard on me But now I understand he was makin’ me Become the man he knew that I could be In everything he ever did He always did with love And I’m proud today to say I’m his son When somebody says I hope I get to meet your dad I just smile and say you already have
The older I get The more I can see How much he loved my mother and my brother and me And he did the best that he could And I only hope when I have my own family That everyday I see A little more of my father in me
He’s in my eyes My heart, my soul My hands, my pride And when I feel alone
And I think I can’t go on I hear him sayin’ «Son you’ll be alright» Everything’s gonna be alright» Yes it is
The older I get The more I can see That he loved my mother and my brother and me And he did the best that he could And I only hope when I have my own family That everyday I see Oh I hope I see I hope everyday I see A little more of my father in me
A little more of my father in me I hope everyday I see in me In me In me I hope everyday I see
A little more of my father in me
Enrique Iglesias siguió la huella de su padre, el crooner español Julio Iglesias. La canción Quizás es un tributo a quien le dio la mitad de su ser y le marcó el camino:
Hola viejo, dime como estás,
los años pasan y no hemos vuelto a hablar
y no quiero que te pienses
que me he olvidado de ti.
Yo por mi parte no me puedo quejar
trabajando como siempre igual
aunque confieso que en mi vida
hay mucha soledad.
En el fondo tú y yo somos casi igual
y me vuelvo loco sólo con pensar.
Quizás la vida nos separe cada día más,
quizás la vida nos aleje de la realidad,
quizás tú buscas un desierto y yo busco un mar,
quizás que gracias a la vida hoy te quiero más.
Hola viejo, dime como estás,
hay tantas cosas que te quiero explicar
porque uno nunca sabe
si mañana este aquí.
A veces hemos ido marcha atrás
y la razón siempre querías llevar,
pero estoy cansado
no quiero discutir.
En el fondo tú y yo somos casi igual
y me vuelvo loco sólo con pensar.
Quizás la vida nos separe cada día más,
quizás la vida nos aleje de la realidad,
quizás tú buscas un desierto y yo busco un mar,
quizás que gracias a la vida hoy te quiero más. Quizás la vida nos separe cada día más,
quizás la vida nos aleje de la realidad,
quizás tú buscas un desierto y yo busco un mar,
quizás que gracias a la vida hoy te quiero más.
Hola, viejo dime como estás,
los años pasan y no hemos vuelto a hablar
y no quiero que te pienses
que me he olvidado, de ti.
Los abuelos son, naturalmente, padres; por así decirlo, por partida doble, progenitores en cascada. Uno de los tangos de lujo del gran Astor Piazzolla se llama Adiós, nonino:
Por supuesto, los noninos dan babbinos (papitos), como atestigua Renée Fleming cantando, de la ópera Gianni Schicchi de Giacomo Puccini, O mio babbino caro:
Matt Redman llega ahora con su canción del padre, Father’s song, que alude al celestial:
I have heard so many songs Listened to a thousand tongues But there is one That sounds above them all
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart
Heaven’s perfect melody The Creator’s symphony You are singing over me The Father’s song Heaven’s perfect mystery The king of love has sent for me And now you’re singing over me The Father’s song
I have heard so many songs Listened to a thousand tongues But there is one That sounds above them all [Sounds above them all]
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart
It’s Heaven’s perfect mystery The king of love has sent for me And now you’re singing over me The Father’s song
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart [It’s written on my heart]
The Father’s song The Father’s love You sung it over me and for eternity It’s written on my heart It’s written on my heart You sing it over me Father
Es así; los padres tenemos el honor de ser tenidos como dioses: en las mitologías más cercanas el dios principal es paternal. El Dyus pitar del sánscrito es Zeus pater para los griegos y Júpiter (Diespiter en itálico, Deus pater en latín) para los romanos. El Dios de Abrahán, común al judaísmo, al catolicismo y el islamismo, es el Padre Celestial. Jesús de Nazaret compuso la oración cristiana por excelencia: el Padre Nuestro. Acá canta precisamente eso, de nuevo, Andrea Bocelli, esta vez en compañía del Coro del Tabernáculo Mormón (y no es una cuña a favor de Mitt Romney):
¡Feliz día, Padre eterno! LEA ______________________________________________________________
Si se oyera una tras otra las veinte piezas en esta entrada, se habría consumido dos horas, cincuenta y cinco minutos y dieciséis segundos de tiempo; valdrían la pena aunque, por supuesto, puede escuchárselas con ganancia en dosis menores separadas. Son veinte movimientos de veinte sinfonías distintas de veinte compositores distintos por veinte directores distintos. Quince orquestas diferentes—Berlín, Cleveland, Chicago, Filadelfia y Londres se repiten una vez—acometen el trabajo de deleitarnos.
La sinfonía es, sin duda, la reina de las formas musicales. Corresponde a la versión orquestal de la forma sonata o, más específicamente, la forma Allegro de sonata. Ésta consiste en la organización del material musical en tres secciones sucesivas, a saber, exposición, desarrollo y recapitulación. A estas secciones, unidas entre sí por transiciones, puede añadirse una introducción al inicio y una coda (cauda o cola) al final, con distinto material. Una sinfonía típica consiste de cuatro movimientos, de los que normalmente el primero y el último están compuestos en forma sonata.
Georges de La Tour: Ciego tocando la zanfonía (clic para ampliar)
Pero el término sinfonía fue empleado antes de la época clásica, cuando se establece formalmente, para referirse a piezas de un solo movimiento, pues etimológicamente significa sonar en conjunto. Igualmente se ha aplicado la palabra a instrumentos específicos: el organistrum inventado en Galicia en la Edad Media a fines del siglo X, un instrumento tocado por dos ejecutantes, uno de los cuales hace girar una manivela para golpear dos cuerdas dentro de una caja de resonancia, dio paso a la sinfonía o zanfonía, tocada por uno solo. Éste es el origen de la clase de instrumentos a manivela que se conoce en inglés como hurdy gurdy. En mi infancia se llamaba sinfonía al instrumente cuyo nombre propio es armónica. Era rara la navidad en la que alguna tía o el mismo Niño Jesús no nos trajese, otra vez, una «sinfonía» (Hohner, of course).
No divago más, que la serie es larga. Será construida en orden cronológico de composición, y empieza con el elegante Menuetto en tempo de Allegretto que Wolfgang Amadeus Mozart escogió para el tercer movimiento de su vivaz Sinfonía 40 en Sol menor (1788). Esa obra—llamada Gran Sinfonía en Sol menor para distinguirla de la #25, en la misma tonalidad—estaba, junto con la 39 en Mi bemol mayor, en el cuarto disco de música culta que yo comprara, allá por 1956, con Karl Bohm dirigiendo la Sinfónica de Bamberg. Esta versión es con la Orquesta del Festival de Londres dirigida por Alfred Scholz.
Mozart, 40, III
Ahora sigue Franz Josef Haydn, el Padre de la Sinfonía. Este caballero compuso nada menos que 104 obras de esa clase (si no se añade dos o cuatro más que siguen la forma sonata, una de ellas una sinfonía concertante en la que un grupo de instrumentos se opone a la orquesta en tutti). Es tal vez la más famosa de ese largo centenar la #94 en Sol mayor (1791), apodada «Sorpresa». Su segundo movimiento, Andante, es lo que justifica el apelativo; se dice que Haydn lo compuso maliciosamente para sobresaltar a quienes durmieran en los conciertos con un inesperado golpe de timbal (los alemanes llaman a la obra Sinfonie mit dem Paukenschlag). Aquí lo interpreta la Camerata Romana que dirige Alberto Lizzio.
Haydn, 94, II
La Sinfonía #7 en La mayor (1811), el opus 92 de Ludwig van Beethoven, fue apodada La apoteosis de la danza por Richard Wagner. El Allegretto, su segundo movimiento, puede ser empleado para mostrar del modo más diáfano qué es contrapunto: la textura musical en la que dos o más melodías distintas, pero armónicamente compatibles, suenan al mismo tiempo. Pruebe a cantar las dos evidentes líneas melódicas alternadamente. Anton Nanut conduce la Orquesta Sinfónica de la Radio de Ljubljana.
Beethoven, 7, II
Otro minué (Menuetto, Allegro vivace, Trio) es el tercer movimiento de la Sinfonía #4 en Do menor (1816), llamada Trágica, de Franz Schubert, el gran melodista de oído absoluto. Acá se lo escucha mientras Carlo Maria Giulini dirige apropiadamente la Orquesta Sinfónica de Chicago.
Schubert, 4, III
Una de las más famosas sinfonías en la historia de la música es obra del adelantado francés Héctor Berlioz, su Sinfonía Fantástica (1830) opus 14, una sinfonía de programa (que sigue un esquema textual descriptivo o narrativo). Es Un bal, el segundo movimiento de la obra—inspirada por un amor apasionado del compositor hacia la actriz irlandesa Harriet Smithson—, interpretado a continuación por Pierre Boulez al frente de la Orquesta de Cleveland. (Smithson se enteró del amor de Berlioz por ella cinco años después de que éste se enamorara, dos años después del estreno de la obra. Se casó con él en 1833, para un matrimonio neurótico que terminó en divorcio).
Berlioz, Fantastique, II
Félix Mendelssohn Bartholdy, un compositor de fortuna, trabajó la forma sonata tanto en conjuntos de cámara como en orquesta completa. Nos dejó cinco sinfonías, de las que la alegre Cuarta en La mayor (1833) o Italiana es tal vez la más interpretada. Él dirigió su estreno, pero la partitura no se publicó hasta después de su muerte (a los 36 años de edad), pues nunca terminó de pulirla a su entero gusto. Oigamos su primer movimiento, Allegro vivace, por la Orquesta de Cleveland bajo la batuta de su director por muchos años, George Szell.
Mendelssohn, 4, I
También tiene apodo geográfico (Renana) la Tercera Sinfonía en Mi bemol mayor (1850) de Robert Schumann. Herbert von Karajan, al frente de su Orquesta Filarmónica de Berlín, nos da su versión del tercer movimiento—Nicht Schnell (No rápidamente)—de esa famosa sinfonía.
Schumann, 3, III
La magnífica sede de la Orquesta Filarmónica de Berlín
La Sinfonía en Do mayor (1855) de Georges Bizet, obra de juventud, es seguramente la mejor de sus piezas puramente orquestales. El gran melodista y orquestador, compositor de la inmortal Carmen, la música incidental a La arlesiana y Los pescadores de perlas, hizo dos sinfonías posteriores que merecen el olvido. Pero su sinfonía juvenil fue reconocida de inmediato como una joya musical. Leonard Bernstein dirige a la Orquesta Filarmónica de Nueva York en esta versión de su tercer movimiento, Allegro vivace.
Bizet, 1, III
Alexander Borodin formó, junto con Balakirev, Cui, Moussorgsky y Rimsky-Korsakoff, el grupo Los cinco, también conocido como El puñadopoderoso. Seguidores de Mikhail Glinka, se propusieron hacer música específicamente rusa. Poderoso y pegajoso es el tema del primer movimiento (Allegro) de su Segunda Sinfonía en Si menor (1876); ocupa prácticamente el movimiento entero y la reiteración no molesta. Borodin sabía que había encontrado un tema muy bueno. Jean Martinon se encarga de la gran Orquesta Sinfónica de Londres para esta ocasión.
Borodin, 2, I
Al menos catorce años tardó Johannes Brahms en completar su Primera Sinfonía en Do menor (como la anterior, de 1876), tan sobrecogido se hallaba por la obra de Beethoven. El cuarto movimiento de la obra incluye una clara alusión melódica a la gran Sinfonía Coral de su predecesor. He aquí a la Orquesta Sinfónica (no Filarmónica) de Viena, dirigida por el especialista Wolfgang Sawallisch, en el potente cuarto movimiento de la gran sinfonía, noble como su creador.
Brahms, 1, IV
La Tercera Sinfonía en Do menor (1886) de Camille Saint-Säens es conocida como la Sinfonía Órgano. Es más apropiado seguir la especificación francesa: avec orgue, con órgano. Hay bastantes grabaciones de esta popular obra. En este caso, Charles Dutoit, director conocido en Venezuela, dirige a la Orquesta Sinfónica de Montreal en el tercero y último movimiento de la obra; Peter Hurford es el organista responsable.
Saint-Säens, 3, III
El belga César Franck compuso una única Sinfonía en Re menor (1888). Más que suficiente; le quedó estupenda. Su textura evoca la de la música para el órgano, instrumento para el que Franck, él mismo organista—de manos enormes que abarcaban doce notas blancas en un teclado—, compuso abundantemente con calidad. Riccardo Muti dirige a la Orquesta de Filadelfia en el tercer movimiento (Allegro non troppo) de la gran sinfonía.
Franck, única, III
Antonín Dvořák fue un prolífico y fino compositor checo antes de que Checoeslovaquia existiera, pues murió en 1904. Entre 1892 y 1895 dirigió en Nueva York el Conservatorio Nacional de Música y buscó asimilar raíces musicales de los Estados Unidos, como la de los Negrospirituals, recomendando que fueran la base de la composición seria en ese país. Él produjo un ejemplo maravilloso en la Sinfonía #9 (antes #5) en Mi menor (1893), ampliamente conocida como Sinfonía del Nuevo Mundo. Una lujosa interpretación es la de Georg Solti y la Orquesta Sinfónica de Chicago, por quienes escuchamos ahora el tercer movimiento (Scherzo: Molto Vivace – Poco sostenuto).
Dvořák, 9, III
Partitura original de la Sinfonía del Nuevo Mundo. Portada.
Pyotr Illich Tchaikovsky compuso bien lo que le dio la gana; pudiera argumentarse el caso de que fuera el compositor más talentoso de la historia de la música occidental, y su propósito no era otro que el de impactar estéticamente a los oyentes de su música. ¿No es, acaso, el fin estético la esencia de lo musical? Bueno, entre otras cosillas Tchaikovsky compuso siete sinfonías, las numeradas 1 a 6 y la Sinfonía Manfredo, como la de Berlioz, una sinfonía de programa. Es el tercer movimiento (Allegro molto vivace) de su Sexta Sinfonía en Si menor (1893)—a sugerencia de su hermano, Modesto, nombrada Patética—lo que escucharemos a continuación, en las voces de la Orquesta Nacional Rusa conducida por Mikhail Pletnev. El gran compositor era de temperamente neurótico; en una carta de 1892 dijo que la obra debía ser apartada y olvidada; al año siguiente opinaba: «Creo que se está convirtiendo en la mejor de mis composiciones». Somos nosotros quienes tenemos la palabra.
Tchaikovsky, 6, III
Gustav Mahler es compositor popularizado en los años sesenta, primero por la incansable labor de directores como Leonard Bernstein o Georg Solti, y antes por John Barbirolli y Dimitri Mitropoulus; en los años setenta tal vez fue más decisiva la película Muerte en Venecia, de Luchino Visconti, que emplea a lo largo del film el Adagietto de la Quinta Sinfonía del compositor y director bohemio. La Segunda Sinfonía en Do menor (1894), conocida como Resurrección, es una mutación del lenguaje musical tras la más convencional Primera Sinfonía (Titán). El tercer movimiento—In ruhig fliessender Bewegung (En silencio, el movimiento que fluye)—de la Sinfonía Resurrección ostenta el carácter de danza macabra, interrumpida por estallidos triunfales, que Mahler empleará en otras composiciones, como la Tercera y la Séptima Sinfonías. Rafael Kubelik se pone al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera en la ejecución que sigue.
Mahler, 2, III
La batuta prodigiosa de Rafael Kubelik
El compositor finlandés Jan Sibelius es el autor de siete sinfonías. Para el gusto del suscrito es uno de los temas más hermosos y emocionantes de ese tesoro sinfónico el principal del Finale (Allegro moderato) de su Segunda Sinfonía en Re mayor (1902). Acá suena por la Orquesta Sinfónica de Londres con la dirección de Charles Mackerras. El comienzo del audio parece inexacto, pero es que en la obra no hay interrupción entre el tercero y el cuarto movimiento, que es el que aquí oímos.
Sibelius, 2, IV
Conocemos más de Sergei Rachmaninoff por sus conciertos para piano y orquesta y las numerosas piezas que compuso para el instrumento del que fue reputado concertista. Compuso, sin embargo, cuatro sinfonías muy aceptables, de las que es la Segunda Sinfonía en Mi menor (1907) la mejor lograda. Rachmaninoff era, por encima de todo, un consumado fabricante de melodías. La que domina el Adagio, tercer movimiento de esa sinfonía, es memorable. Nada mejor que las cuerdas opulentas de la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy, para ofrecernos ese hermoso y apasionado movimiento.
Rachmaninoff, 2, III
Los tres últimos compositores en esta selección—Aram Khachaturian, Sergei Prokofiev y Dmitri Shostakovich—fueron considerados por el público y los críticos rusos como el trío de los mejores músicos de su país en el siglo XX. (De los que permanecieron en Rusia; Igor Stravinsky logró escapar al cepo comunista que en 1948 obligó a estos compositores a abandonar sus estilos musicales, calificados de «formalistas», y a ofrecer excusas públicas y emprender la escritura de «música proletaria», según el Decreto Zhdanov). Escuchemos primeramente al armenio Aram Khachaturian al frente de la justamente reputada Orquesta Filarmónica de Viena, en el segundo movimiento (Allegro risoluto) de su Segunda Sinfonía en Mi menor (1944), o Sinfonía de la Campana (así conocida por el extenso uso de campanas tubulares en el tema que emplea en los primeros compases del primer movimiento y los últimos de su movimiento final). Los característicos ritmos de Khachaturian, y sus exóticas armonías al borde de la disonancia, florecen en esta ejecución de una de las mejores agrupaciones orquestales del mundo, que respondió lealmente al mando del compositor.
La Filarmónica de Viena en el Palacio Schönbrunn
Khachaturian, 2, II
Sergei Prokofiev, que lideró una colonia de músicos soviéticos, protegida por su lejanía del frente de batalla en la Segunda Guerra Mundial, compuso abundante música: de cámara, óperas, ballets, bandas sonoras para películas (como el Alexander Nevsky de Sergei Eisenstein), conciertos, instrumentos como el piano y, por supuesto, sinfonías, en número de siete. Una de las que son más frecuentemente interpretadas es su Quinta Sinfonía en Si bemol mayor (1944). André Previn dirige a la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles en una ejecución perfecta de su Allegro marcato, el segundo movimiento de la obra, y preserva la frescura de la ácida y juguetona elegancia típica de Prokofiev.
Prokofiev, 5, II
La Sinfonía #10 en Mi menor (1953) de Dmitri Shostakovich hace uso profuso, en su tercer movimiento (Allegretto), de la textura contrapuntística. De estructura ternaria A-B-A, comienza con un tema jocoso que da paso a una sección media de hermoso tema en la que destaca un lírico solo de flauta, antes de recuperar el tema inicial en una explosión de alegría, que ocurre en esta versión de la Filarmónica de Berlín y su jefe, Herbert von Karajan, a los 7 minutos y 27 segundos del comienzo, antes de morir pianissimo entre reminiscencias de la segunda sección.
Shostakovich, 10, III
Ahora reposan todas las batutas. Feliz domingo. LEA
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balada. (Del prov. balada). 1. f. Canción de ritmo lento y de carácter popular, cuyo asunto es generalmente amoroso.
Real Academia Española
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Es verdaderamente el amor el tema recurrente en la mayoría de las baladas o canciones; entre nosotros, boleros cuando pueden ser bailadas. Por otra parte, parece ser lo más frecuente que el amor cantado en ellas esté seriamente en problemas: añoranza y despecho, traición y cuernos o, simplemente, amor imposible son los incidentes y cuestiones que se explica en las letras que nos son más familiares. Hasta en María bonita, ranchera relativamente feliz dedicada a María Félix por Agustín Lara, hay algo de sospecha, de celos anticipados. Aquí la canta la opulenta voz de Pedro Vargas.
María bonita
Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches María bonita, María del alma; acuérdate que en la playa, con tus manitas, las estrellitas las enjuagabas.
Tu cuerpo, del mar juguete, nave al garete, venían las olas, lo columpiaban y mientras yo te miraba, lo digo con sentimiento, mi pensamiento me traicionaba.
Te dije muchas palabras, de esas bonitas con que se arrullan los corazones, pidiendo que me quisieras, que convirtieras en realidades mis ilusiones.
La luna que nos miraba ya hacía ratito se hizo un poquito desentendida, y cuando la vi escondida me arrodillé para besarte y así entregarte toda mi vida.
Amores habrás tenido, muchos amores Maria bonita, María del alma; pero ninguno tan bueno ni tan honrado como el que hiciste que en mí brotara. Lo traigo lleno de flores como una ofrenda para dejarla bajo tus plantas; recíbelo emocionada y júrame que no mientes porque te sientes idolatrada.
Bueno, después de esta clásica introducción, se me antoja escuchar la canción que me parece más real entre las que conozco, seguramente porque he tenido la experiencia que describe el compositor argentino Andrés Calamaro en su Algo contigo.Moncho—el catalán Ramón Calabuch Batista—canta esta versión que difiere en unos pocos puntos de la letra que emplean, entre otros, Los Panchos, grandes intérpretes de este drama amoroso. (Ellos preguntan, por ejemplo: «¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?») De mi experiencia puedo testificar que cuando la cosa parece más desesperada la conquista es aún posible. Y debo gratitud eterna a mi compadre—Horacio Vanegas Fischbach, el mejor serenatero del mundo—por haberme dado a conocer esta maravilla.
Algo contigo
No hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo. ¿Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo?
Ya no puedo acercarme a tu boca sin desearte de una manera loca; necesito controlar tu vida, saber quién te besa y quién te abriga.
No hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo. ¿Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo?
Ya me quedan muy pocos motivos y aunque pueda parecerte un desatino, no quisiera yo morirme sin tener algo contigo.
Ya no puedo continuar espiando día y noche tu llegada adivinando, yo no sé con qué inocente excusa pasar por tu casa… ay…
Ya me quedan muy pocos motivos y aunque pueda parecerte un desatino, no quisiera yo morirme sin tener algo contigo.
(Bis)
Una balada terapéutica, optimista, marcial y grandilocuente es Con te partirò, la pieza crossover (que puede ser clasificada en más de un estilo) que compuso Francesco Sartori, con letra de Lucio Quarantotto, para Andrea Bocelli, aquí presente. (Se atribuye a Carlos V Emperador—a veces a Federico el Grande—haber dicho que el italiano era la lengua para hablar a las mujeres).
Con te partirò
Quando sono solo sogno all’orizzonte e mancan le parole si lo so che non c’luce in una stanza quando manca il sole se non ci sei tu con me, con me.
Su le finestre mostra a tutti il mio cuore che hai acceso chiudi, dentro me la luce che hai incontrato per strada
Con te partirò, paesi che non ho mai veduto e vissuto con te adesso sui li vivrò.
Con te partirò, su navi per mari che io lo so no, no, non esistono più con te io li vivrò.
Quando sei lontana sogno all’orizzonte e mancan le parole e io solo so che sei con me, con me, tu mia luna tu sei qui con me mio sole tu sei qui con me, con me, con me, con me.
Con te partirò Paesi che non ho mai veduto e vissuto con te adesso si li vivrò.
Con te partirò su navi per mari che, io lo so no, no, non esistono più con te io li rivivrò.
Con te partirò su navi per mari che, io lo so no, no, non esistono più con te io li rivivrò.
Con te partirò…
Io con te!
Tres canciones que comienzan con una negativa pondré a continuación; son No puedo ser feliz (de Francisco Céspedes por Bola de Nieve), y dos francesas: Non, je ne regrette rien, de Charles Dumont por la señora Edith Piaf, y Non, c’est rien (Michel Jourdan, Armand Canfora, Joseph Basile) en la voix incroyable de Barbra Streisand.
No puedo ser feliz
No puedo ser feliz, no te puedo olvidar; siento que te perdí y eso me hace pensar…
He renunciado a ti, ardiente de pasión, no se puede tener conciencia y corazón.
Hoy que ya nos separan la ley y la razón, si las almas hablaran, en su conversación las nuestras se dirían cosas de enamorados.
No puedo ser feliz no te puedo olvidar.
Non, je ne regrette rien
Non, rien de rien Non, je ne regrette rien Ni le bien qu’on m’a fait
Ni le mal; tout ça m’est bien égal! Non, rien de rien Non, je ne regrette rien
C’est payé, balayé, oublié Je me fous du passé! Avec mes souvenirs J’ai allumé le feu Mes chagrins, mes plaisirs Je n’ai plus besoin d’eux! Balayées les amours Et tous leurs trémolos Balayés pour toujours
Je repars à zéro Non, rien de rien Non, je ne regrette rien Ni le bien qu’on m’a fait Ni le mal; tout ça m’est bien égal!
Non, rien de rien Non, je ne regrette rien Car ma vie, car mes joies Aujourd’hui, ça commence avec toi
Non, c’est rien
Non, c’est rien Aussi peu, croyez le bien Ça ira mieux dès demain Avec le temps qui passe Dans la vie tout s’efface
Non, c’est rien A qua bon tendre vos mains Je n’ai pas tant de chagrin C’est vous qui êtes triste Mes amis, partez vite
Laissez moi cette nuit Sortez, mais sans moi Allez boire à ma santé Rapportez votre pitié Vous me faites rire, bien rire…
Non, c’est rien Aussi peu croyez le bien Cet amour n’était plus rien D’autre qu’une habitude J’en ai la certitude
Non, c’est rien Ce garçon, moi j’ai le plains Ne croyez pas que demain Une seule segonde Je serai seule au monde
Laissez, laissez-moi cette nuit Sortez mais sans moi Allez boire à mes amours A tous mes futurs amours
Mes prochains je t’aime… Je t’aime… Laissez-moi et ne croyez pas surtout pas Que je vais pleurer pour ça Seul mon coeur n’y comprend rien Mais à part ça rien, rien Non c’est rien, aussi peu croyez le bien Je n’ai pas tant de chagrin Je n’ai pas tant de chagrin Non c’est rien… Non c’est rien… Rien!
Como acabamos de ver, las damas cantan sus desengaños con igual eficacia que los varones, aunque quizás sean muchas más las canciones en las que un hombre es el desencantado. Aquí es Julio Iglesias—alguna vez clasificado como «cantante de cama»—quien canta afectadamente Por el amor de una mujer, la canción que compusiera Danny Daniel.
Por el amor de una mujer
Por el amor de una mujer Jugué con fuego sin saber Que era yo quien me quemaba Bebí en las fuentes del placer Hasta llegar a comprender Que no era a mí a quien amaba.
Por el amor de una mujer He dado todo cuanto fui Lo más hermoso de mi vida, Mas ese tiempo que perdí Ha de servirme alguna vez Cuando se cure bien mi herida.
Todo me parece como un sueño todavía Pero sé que al fin podré olvidar un día Hoy me siento triste pero pronto cantaré Y prometo no acordarme nunca del ayer.
Por el amor de una mujer Llegué a llorar y enloquecer Mientras que ella se reía Rompí en pedazos un cristal Dejé mis venas desangrar Pues no sabía lo que hacía.
Por el amor de una mujer He dado todo cuanto fui Lo más hermoso de mi vida, Mas ese tiempo que perdí Ha de servirme alguna vez Cuando se cure bien mi herida.
Son, ciertamente, las melodías brasileñas una música especial, con dulzura especial o dolor especial; una añoranza especial—saudade—que le viene de una de sus raíces, el fado, la melancólica forma de canción portuguesa. Una perfecta versión de Apelo, la lenta desesperación expuesta en la canción de Vinicius de Moraes, es la lograda por Soledad Bravo.
Apelo
Ah, meu amor não vás embora Vê a vida como chora, vê que triste esta canção Não, eu te peço, não te ausentes Pois a dor que agora sentes, só se esquece no perdão Ah, meu amado me perdoa Pois embora ainda te doa a tristeza que causei Eu te suplico não destruas tantas coisas que são tuas Por um mal que já paguei Ah, meu amado, se soubesses Da tristeza que há nas preces Que a chorar te faço eu Se tu soubesses num momento todo arrependimento Como tudo entristeceu Ah, se soubesses como é triste Perceber que tu partiste Sem sequer dizer adeus Ah, meu amor tu voltarias E de novo cairias A chorar nos braços meus Ah, meu amor tu voltarias E de novo cairias A chorar nos braços meus
También en portugués, el gran Chico Buarque de Holanda canta en vivo su Atrás da porta, una desgarradora declaración que no se resigna a la pérdida de la amante y, como la anterior, puede ser cantada indistintamente por hombre o mujer mediante el cambio de los pronombres.
Atrás da porta
Quando olhaste bem nos olhos meus E o teu olhar era de adeus Juro que não acreditei Eu te estranhei Me debrucei sobre teu corpo E duvidei E me arrastei E te arranhei E me agarrei nos teus cabelos Nos teus pelos Teu pijama Nos teus pés Ao pé da cama Sem carinho, sem coberta No tapete atrás da porta Reclamei baixinho Dei pra maldizer o nosso lar Pra sujar teu nome, te humilhar E me vingar a qualquer preço Te adorando pelo avesso Pra mostrar que ainda sou tua Só pra provar que ‘inda sou tua
El DRAE nos advirtió que el tema de las baladas es generalmente amoroso; es decir, no siempre. Hay en más de una exaltación de la amistad. Es justamente lo que, muy tristemente, hace Joan Manuel Serrat en Elegía, música que puso a versos con los que Miguel Hernández elogia al amigo muerto, Ramón Sijé. También es la oferta de una amistad incondicional Bridge over troubled water, de Paul Simon y Art Garfunkel.
Elegía
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se nos ha muerto como del rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería…)
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas, y órganos mi dolor sin instrumentos, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano está rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes, sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero mirar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera, por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas y tu sangre se irá a cada lado, disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas, mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.
Bridge over troubled water
When you’re weary, feeling small, When tears are in your eyes, I will dry them all; I’m on your side when times get rough And friends just can’t be found, Like a bridge over troubled water I will lay me down. Like a bridge over troubled water I will lay me down.
When you’re down and out, When you’re on the street, When evening falls so hard I will comfort you. I’ll take your part. When darkness comes And pains is all around, Like a bridge over troubled water I will lay me down. Like a bridge over troubled water I will lay me down.
Sail on silver girl, Sail on by. Your time has come to shine. All your dreams are on their way. See how they shine. If you need a friend I’m sailing right behind. Like a bridge over troubled water I will ease your mind. Like a bridge over troubled water I will ease your mind.
En ocasiones muy especiales, el amor o la amistad se expresan hacia un animal, y en algunos casos puede tratarse de uno fantástico, como en Mi unicornio azul, de Silvio Rodríguez, uno de los líderes de la Nueva Trova cubana, que aquí canta su dulce canción. Pero en otros se manifiesta el cariño por un animal de carne y hueso que es propio de la ruralidad; una de las más bellas tonadas venezolanas es Flor de mayo, de Otilio Galíndez—brota su copla y responde el llano—, que se canta a una vaca llanera. Simón Díaz, que sabe de tonadas y de llano, la interpreta aquí.
Mi unicornio azul
Mi unicornio azul ayer se me perdió Pastando lo dejé y desapareció Cualquier información bien la voy a pagar Las flores que dejó no me han querido hablar
Mi unicornio azul ayer se me perdió No sé si se me fue, no sé si se extravió Y yo no tengo más que un unicornio azul Si alguien sabe de él le ruego información Cien mil o un millón yo pagaré Mi unicornio azul se me ha perdido ayer, se fue
Mi unicornio y yo hicimos amistad Un poco con amor, un poco con verdad Con su cuerno de anís excava una canción Saberla compartir era su vocación
Mi unicornio azul ayer se me perdió Y puede parecer acaso una obsesión Pero no tengo mas que un unicornio azul Y aunque tuviera dos, yo sólo aquél Cualquier información la pagaré Mi unicornio azul se me ha perdido ayer, se fue
Flor de mayo
Mañana que va llegando rayito de sol que siento mañana que va llegando rayito de sol que siento llévame por la sabana llévame sabana adentro mañana que va llegando rayito de sol que siento
Flor de mayo, Flor de mayo, Flor de mayo no eres tan brava como Mariposa Flor de mayo, Flor de mayo
Agüita de hojitas verdes perlitas madrugadoras agüita de hojitas verdes perlitas madrugadoras decidme adiós que voy lejos cantando al morir la aurora agüita de hojitas verdes perlitas madrugadoras
Cabalgando en mi rucio paraulato brota mi copla y responde el llano Mariposa, Flor de mayo
Fantasmas de sombra y luna espantos y aparecidos fantasmas de sombra y luna espantos y aparecidos
El gallo de mi totumo ahuyenta con su cantío fantasmas de sombra y luna espantos y aparecíos
Azabache pintadita, Blanca espuma canta la lluvia, se acabó el verano Blanca Espuma, Flor de mayo.
Algo tan de pueblo como nuestro llanero es el jíbaro borinqueño, el indígena rural de Puerto Rico. La tragedia de Lamento borincano, inmortal canción de Rafael Hernández Marín que es todo un himno de la pobreza, suena dolorosa en el amplio registro de Marco Antonio Muñiz.
Lamento borincano
Sale loco de contento Con su cargamento Para la ciudad, sí, Para la ciudad.
Lleva en su pensamiento Todo un mundo lleno De felicidad, sí, De felicidad.
Piensa remediar la situación Del hogar que es toda su ilusión, si.
Y alegre el jibarito va Pensando así, diciendo así, Cantando así por el camino Si yo vendo la carga, mi Dios Querido Un traje a mi viejita voy a comprar.
Y alegre también su yegua va Al presentir que su cantar Es todo un himno de alegría. En esto le sorprende la luz del día Y llegan al mercado de la ciudad.
Pasa la mañana entera Sin que nadie pueda Su carga comprar, ay, Su carga comprar. Todo, todo está desierto, El pueblo está muerto De necesidad, ay, de necesidad.
Se oye este lamento por doquier, En mi desdichada Borínquen, si; Y triste, el, jibarito va pensando así, diciendo así Llorando así por el camino; ¡Que será de Borínquen Mi Dios querido! ¡Que será de mis hijos Y de mi hogar!
Borínquen, la tierra del edén La que al cantar, el gran Gauthier Llamó la perla de los mares. Ahora que tu te mueres Con tus pesares Déjame que te cante yo también. Yo también.
Las islas como Puerto Rico y Cuba suelen producir música y músicos excepcionales; la condición insular llama al canto. Las islas Hawai no son una excepción, como lo atestigua la popularísima versión en ukelele y voz del tema de El Mago de Oz: Somewhere over the rainbow. Se debe al fallecido cantante hawaiano Israel Kaʻanoʻi Kamakawiwoʻole, quien combinó la música de Harold Arlen con evocaciones fugaces de What a wonderful world de George David Weiss. (Es por esto que nuestro título habla de treinta… y una baladas). Kamakawiwoʻole fue un héroe para los habitantes de Hawai, al punto de que a su muerte recibió los honores de un funeral de Estado.
Somewhere over the rainbow – What a wonderful world
Somewhere over the rainbow Way up high And the dreams that you dreamed of Once in a lullaby ii ii iii oh Somewhere over the rainbow Blue birds fly And the dreams that you dreamed of Dreams really do come true ooh ooooh Someday I’ll wish upon a star Wake up where the clouds are far behind me ee ee eeh Where trouble melts like lemon drops High above the chimney tops thats where you’ll find me oh Somewhere over the rainbow bluebirds fly And the dream that you dare to,why, oh why can’t I? i iiii
Well I see trees of green and Red roses too, I’ll watch them bloom for me and you And I think to myself What a wonderful world
Well I see skies of blue and I see clouds of white And the brightness of day I like the dark and I think to myself What a wonderful world
The colors of the rainbow so pretty in the sky Are also on the faces of people passing by I see friends shaking hands Saying, «How do you do?» They’re really saying, I…I love you I hear babies cry and I watch them grow, They’ll learn much more Than we’ll know And I think to myself What a wonderful world (w)oohoorld
Someday I’ll wish upon a star, Wake up where the clouds are far behind me Where trouble melts like lemon drops High above the chimney top that’s where you’ll find me Oh, Somewhere over the rainbow way up high And the dream that you dare to, why, oh why can’t I? I hiii ?
Ricardo Montaner es ochentoso, sin duda. Tampoco puede dudarse que uno de sus grandes éxitos fue Tan enamorados. Es versión castellana de Per noi innamorati, canción de Gianni Togni y Guido Morra. Hela aquí por el cantautor venezolano nacido en Argentina.
Tan enamorados
Quizás te puedas preguntar Qué le hace falta a esta noche blanca A nuestras vidas que ya han vivido tanto Que han visto mil colores de sábanas de seda Y cuando llueve, te gusta caminar Vas abrazándome, sin prisa aunque te mojes Amor mío, lo nuestro es como es Es todo una aventura, no le hace falta nada
Y estoy aquí, tan enamorado de ti Que la noche dure un poco más El grito de una ciudad Que ve en nuestras caras la humedad Y te haré compañía más allá de la vida Yo te juro que arriba te amare más Tan enamorados y así La noche dura un poco más
La mañana nos traerá Un canto nuevo de pájaros alegres Amor mío, así es la vida juntos Dos locos de repente, sonriéndole a la gente Que los ve pasar
Tan enamorados y así La noche dura un poco más Viajar a tu lado en el tren Un sueño difícil, de creer Poco a poco el abrazo, boca a boca al espacio Aliento y suspiros tibios anochecer
Tan enamorados y así La noche dura un poco más Viajar a tu lado en el tren Un sueño difícil, de creer
Luis Miguel (Gallego Basteri), cantante mexicano que nació en Puerto Rico de padre español y madre italiana, tiene no sólo un enorme gusto para cantar, sino que su ángel sirvió para interesar a oyentes muy jóvenes en los grandes boleros que gustaban a los abuelos. Es, por tanto, un gran divulgador de esa música romántica. Oigámoslo en su interpretación de Usted es la culpable, clásico bolero de Gabriel Ruiz.
Usted es la culpable
Usted es la culpable De todas mis angustias y todos mis quebrantos Usted llenó mi vida De dulces inquietudes y amargos desencantos Su amor es como un grito Que llevo aquí en mi alma y aquí en mi corazón Y soy aunque no quiera, Esclavo de sus ojos, juguete de su amor No juegue con mis penas, ni con mis sentimientos Que es lo único que tengo Usted es mi esperanza, mi última esperanza Comprenda de una vez Usted me desespera, Me mata, me enloquece Y hasta la vida diera por vencer el miedo De besarla a Usted
Dos otros boleros comparten con el anterior esa cualidad de quintaesencia de la balada caribeña: Palabras de mujer es maravillosa canción del maestro Agustín Lara que nos canta Alfredo Sadel; Fichas negras, en cambio, es cantada acá por nadie menos que Leo Marini—mi madre entornaba los ojos al referirse a él—y es canción de Johnny Rodríguez.
Palabras de mujer
Palabras de mujer que yo escuché cerca de ti, junto de mí, muy quedo, tan quedo como nunca. Las quiero repetir para que tú igual que ayer las digas sollozando, palabras de mujer.
Aunque no quieras tú ni quiera yo, lo quiso Dios; hasta la eternidad te seguirá mi amor.
Como una sombra iré, perfumaré tú inspiración y junto a ti estaré también en el dolor.
Aunque no quieras tú ni quiera yo, lo quiso Dios; hasta la eternidad te seguirá mi amor.
Hasta en tus besos me hallarás hasta en el agua y en el sol, aunque no quieras tú, aunque no quiera yo.
Fichas negras
Yo te perdí, como pierde aquel buen jugador que la suerte reversa marcó su destino fatal…
Yo ya jugué mis cartas abiertas al amor, la confianza que tuve tronchó nuestra felicidad.
Pero en cambio tú me jugaste fichas sin valor, fichas negras como es el color de tu perversidad…
Yo ya perdí… y te juro no vuelvo a jugar, porque nunca yo volveré a amar, como te quiero a ti…
Huyamos por un momento, y progresivamente, del castellano. Una magnífica canción de Baden Powell de Aquino y Vinicius de Moraes, que aquí cantan a dúo Agnes Jaoui y el emblema brasileño que es la famosa María Bethania, es Samba em preludio, cuya textura es contrapuntística. Dos melodías diferentes pero armónicamente afines son cantadas, primero, separadamente y en sucesión; luego, combinadamente para un hermoso efecto musical.
Samba em preludio
Eu sem você não tenho porquê Porque sem você não sei nem chorar Sou chama sem luz, jardim sem luar Luar sem amor, amor sem se dar Eu sem você sou só desamor Um barco sem mar, um campo sem flor Tristeza que vai, tristeza que vem Sem você, meu amor, eu não sou ninguém Ah, que saudade Que vontade de ver renascer nossa vida Volta, querida Os meus braços precisam dos teus Teus abraços precisam dos meus Estou tão sozinho Tenho os olhos cansados de olhar para o além Vem ver a vida Sem você, meu amor, eu não sou ninguém Eu sem você não tenho porquê Porque sem você não sei nem chorar Sou chama sem luz, jardim sem luar Luar sem amor, amor sem se dar Eu sem você sou só desamor Um barco sem mar, um campo sem flor Tristeza que vai, tristeza que vem Sem você, meu amor, eu não sou ninguém Ah, que saudade Que vontade de ver renascer nossa vida Volta, querida Os meus braços precisam dos teus Teus abraços precisam dos meus Estou tão sozinho Tenho os olhos cansados de olhar para o além Vem ver a vida Sem você, meu amor, eu não sou ninguém Sem você, meu amor, eu não sou ninguém
Tiene un carácter similar al del Bólero de Maurice Ravel la canción—¿himno?—de Gilbert Becaud, quien la canta, y Pierre Delanoë: Et maintenant. Es una suerte de mouvement perpétuel cuyo arreglo orquestal se hace cada vez más rico y fuerte; es triunfal.
Et maintenant
Et maintenant que vais-je faire De tout ce temps que sera ma vie De tous ces gens qui m’indiffèrent Maintenant que tu es partie
Toutes ces nuits, pourquoi pour qui Et ce matin qui revient pour rien Ce coeur qui bat, pour qui, pourquoi Qui bat trop fort, trop fort
Et maintenant que vais-je faire Vers quel néant glissera ma vie Tu m’as laissé la terre entière Mais la terre sans toi c’est petit
Vous, mes amis, soyez gentils Vous savez bien que l’on n’y peut rien Même Paris crève d’ennui Toutes ses rues me tuent
Et maintenant que vais-je faire Je vais en rire pour ne plus pleurer Je vais brûler des nuits entières Au matin je te haïrai
Et puis un soir dans mon miroir Je verrai bien la fin du chemin Pas une fleur et pas de pleurs Au moment de l’adieu
Je n’ai vraiment plus rien à faire Je n’ai vraiment plus rien…
Y uno pudiera suponer que si, tras Becaud, uno invita aquí a Charles Aznavour es para continuar oyendo canciones en francés. Pues no; ahora nos da una canción muy suya cantada en inglés: She, que compuso para que Herbert Kretzmer le pusiera letra.
She
She May be the face I can’t forget A trace of pleasure or regret May be my treasure or the price I have to pay She may be the song that summer sings May be the chill that autumn brings May be a hundred tearful things Within the measure of the day.
She May be the beauty or the beast May be the famine or the feast May turn each day into a heaven or a hell She may be the mirror of my dreams A smile reflected in a stream She may not be what she may seem Inside a shell
She who always seems so happy in a crowd Whose eyes can be so private and so proud No one’s allowed to see them when they cry She may be the love that can and hope to last May come to me from shadows of the past That I remember till the day I die
She May be the reason I survive The why and where for I’m alive The one I’ll care for through the rough and rainy years Me I’ll take her laughter and her tears And make them all my souvenirs For where she goes I got to be The meaning of my life is
She, she, she
Descarguemos de seguidas cinco canciones más en la lengua de Shakespeare antes de regresar a la materna. Éstas son: Imagine, de John Lennon, Oh very young, de Cat Stevens, The sage, de Emerson, Lake & Palmer, Me and Bobby McGee, por Janis Joplin y, finalmente, la célebre de Cole Porter I’ve got you under my skin por—who else?—Frank Sinatra.
Imagine
Imagine there’s no heaven It’s easy if you try No hell below us Above us only sky Imagine all the people Living for today… Imagine there’s no countries It isn’t hard to do Nothing to kill or die for And no religion too Imagine all the people Living life in peace… You may say I’m a dreamer But I’m not the only one I hope someday you’ll join us And the world will be as one Imagine no possessions I wonder if you can No need for greed or hunger A brotherhood of man Imagine all the people Sharing all the world… You may say I’m a dreamer But I’m not the only one I hope someday you’ll join us And the world will live as one
Oh very young
Oh Very Young, what will you leave us this time? You’re only dancin’ on this earth for a short while And though your dreams may toss and turn you now They will vanish away like your dads best jeans Denim blue, faded up to the sky And though you want them to last forever You know they never will (You know they never will) And the patches make the goodbye harder still.
Oh Very Young what will you leave us this time? There’ll never be a better chance to change your mind And if you want this world to see a better day Will you carry the words of love with you Will you ride the great white bird into heaven And though you want to last forever You know you never will (You know you never will) And the goodbye makes the journey harder still.
Will you carry the words of love with you Will you ride, oh, oooooooooooooh
Oh Very Young, what will you leave us this time? You’re only dancin’ on this earth for a short while Oh Very Young, what will you leave us this time?
The sage
I carry the dust of a journey that cannot be shaken away It lives deep within me For I breathe it every day.
You and I are yesterday’s answers; The earth of the past come to flesh, Eroded by Time’s rivers To the shapes we now possess.
Come share of my breath and my substance, and mingle our stream and our times. In bright, infinite moments, Our reasons are lost in our rhymes.
Me and Bobby McGee
Busted flat in Baton Rouge, waiting for a train And I’s feeling nearly as faded as my jeans. Bobby thumbed a diesel down just before it rained, It rode us all the way to New Orleans.
I pulled my harp on out of my dirty red bandanna, I was playing soft while Bobby sang the blues. Windshield wipers slapping time, I was holding Bobby’s hand in mine, We sang every song that driver knew.
Freedom’s just another word for nothing left to lose, Nothing don’t mean nothing honey if it ain’t free, now now. And feeling good was easy, Lord, when he sang the blues, You know feeling good was good enough for me, Good enough for me and my Bobby McGee.
From the Kentucky coal mines to the California sun, Hey, Bobby shared the secrets of my soul. Through all kinds of weather, through everything we done, Hey Bobby baby? kept me from the cold.
One day up near Salinas, Lord, I let him slip away, He’s looking for that home and I hope he finds it, But I’d trade all of my tomorrows for one single yesterday To be holding Bobby’s body next to mine.
Freedom is just another word for nothing left to lose, Nothing, that’s all that Bobby left me, yeah, But feeling good was easy, Lord, when he sang the blues, Hey, feeling good was good enough for me, hmm hmm, Good enough for me and my Bobby McGee.
La la la, la la la la, la la la, la la la la La la la la la Bobby McGee. La la la la la, la la la la la La la la la la, Bobby McGee, la.
La La la, la la la la la la, La La la la la la la la la, hey now Bobby now Bobby McGee yeah. Na na na na na na na na, na na na na na na na na na na na Hey now Bobby now, Bobby McGee, yeah.
Lord, I’m calling my lover, calling my man, I said I’m calling my lover just the best I can, C’mon, hey now Bobby yeah, hry now Bobby McGee, yeah, Lordy Lordy Lordy Lordy Lordy Lordy Lordy Lord Hey, hey, hey, Bobby McGee, Lord!
Yeah! Whew!
Lordy Lordy Lordy Lordy Lordy Lordy Lordy Lord Hey, hey, hey, Bobby McGee.
I’ve got you under my skin
I’ve got you under my skin I’ve got you deep in the heart of me So deep in my heart, that you’re really a part of me I’ve got you under my skin
I’ve tried so not to give in I’ve said to myself this affair never will go so well But why should I try to resist, when baby I know so well I’ve got you under my skin
I’d sacrifice anything come what might For the sake of having you near In spite of a warning voice that comes in the night And repeats, repeats in my ear
Don’t you know little fool, you never can win Use your mentality, wake up to reality But each time that I do, just the thought of you Makes me stop before I begin ‘cause I’ve got you under my skin
Esta selección, que ha sido un placer recopilar para Ud., cerrará con tres canciones de letra en nuestra lengua madre: Mujer contra mujer, que canta Ana Torroja de José María Cano (esto es, Mecano), una bella canción homoerótica lésbica; Paso la vida pensando, de Leonardo Schultz con elcantante (Duke Ellington dixit) José Feliciano; Vete de mí, que fuera canción compuesta por los hermanos Virgilio y Homero Expósito y fuese insignia de Bola de Nieve, interpretada por Bebo y Cigala, con sabroso tumbao flamenco.
Mujer contra mujer
Nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano; el matiz viene después cuando lo hacen por debajo del mantel. Luego a solas, sin nada que perder, tras las manos va el resto de la piel. Un amor por ocultar, aunque en cueros no hay donde esconderlo, lo disfrazan de amistad cuando sale a pasear por la ciudad. Una opina que aquello no está bien, la otra opina que qué se le va a hacer y lo que opinen los demás está de más. ¿Quién detiene palomas al vuelo volando a ras del suelo, mujer contra mujer? No estoy yo por la labor de tirarles la primera piedra; si equivoco la ocasión y las hallo labio a labio en el salón, ni siquiera me atreveré a toser; si no gusto ya sé lo que hay que hacer, que con mis piedras hacen ellas su pared. ¿Quién detiene palomas al vuelo volando a ras del suelo, mujer contra mujer? Una opina que aquello no está bien, la otra opina que qué se le va a hacer y lo que opinen los demás está de más. ¿Quién detiene palomas al vuelo volando a ras del suelo, mujer contra mujer?
Paso la vida pensando
Yo te llevo muy dentro de mí, la locura que viví por ti aún se alberga en mi corazón; te dejé partir, no me explico la razón.
Porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, hey, porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, con tu amor, con tu amor.
Fue mi orgullo o mi estupidez que me entorpeció; no tuve sensatez, quizá no supe valorar tu amor, aunque te ofendí te suplico tu perdón.
Porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, hey, porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, con tu amor, con tu amor.
Vienen a mi mente tantas cosas que a mí no me puedo perdonar pero nunca, nunca te he dejado de amar.
Yo te llevo muy dentro de mí y si tú me llevas muy dentro de ti los dos sufrimos igual decepción el separarnos fue una tonta decisión.
Porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, hey, porque paso la vida Porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, hey. Porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, hey, porque paso la vida pensando, paso las noches soñando con tu amor, con tu amor, con tu amor.
Vete de mí
Tú, que llenas todo de alegría y juventud y ves fantasmas en las noches de trasluz, y oyes el canto perfumado del azul, vete de mí…
No te detengas a mirar las ramas muertas del rosal que se marchitan sin dar flor.
Mira el paisaje del amor que es la razón para soñar y amar…
Yo, que ya he luchando contra toda la maldad, tengo las manos tan desechas de apretar, que ni te pueden sujetar. Vete de mí…
Seré en tu vida lo mejor de la neblina del ayer, cuando me llegues a olvidar.
Cómo es mejor el verso aquel que no podemos recordar.
Miguelángel: Resurrección (c. 1520). Colección Real del Castillo de Windsor.
…y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. (…) Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Credo de los Apóstoles
Concilio de Nicea, 325 d. C.
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La base de la fe cristiana está fundada sobre la creencia en la resurrección de Jesús de Nazaret, muerto por crucifixión, al tercer día de su fallecimiento. Ése es el hecho que manifestaría, de modo definitivo, su divinidad. De alguna manera su propia resurrección habría sido prefigurada por la de Lázaro—de quien se dice que Jesús lo levantó de su tumba—y anticipa la resurrección de los muertos—todos los hombres—para el evento planetario del Juicio Final, en el que decidirá el destino individual de cada alma: el Paraíso eterno o un Infierno interminable.
Siendo que Occidente fue totalmente cristianizado gracias al emperador Constantino, la música occidental refleja el tema de la resurrección con abundancia, y siendo que hoy es día de Pascua de Resurrección vienen al tiempo las cuatro piezas que coloco aquí. De Gregorio I o Gregorio el Grande (540-604), según Calvino el último de los buenos papas, nace el término Canto Gregoriano, pues se le atribuye la codificación de la música litúrgica en su época. (Otro Gregorio, el décimo tercero, instituyó el Calendario Gregoriano mediante bula pontificia en 1582; no confundir). Entre las innumerables piezas de ese modo musical, escuchemos el Resurrexit que interpreta la Coral Gregoriana de la Eglise Querin.
Resurrexit
En una Europa ya religiosamente reformada por Martín Lutero y Juan Calvino, vivió y compuso el colosal Juan Sebastián Bach. Su Misa en Si menor (1749), sorprendentemente según el rito romano en país luterano, es considerada una de sus obras cimeras, y aquí ofrecen de ella Et resurrexit la Orquesta y el Coro Bach de Munich en un concierto dirigido por el gran maestro Karl Richter en la iglesia Stifts de Diessen am Ammersee. La letra del credo es, naturalmente, cantada en latín: Et resurrexit tertia die secundum Scripturas, et ascendit in cœlum, sedet ad dexteram Dei Patris, et iterum venturus est cum gloria iudicare vivos et mortuos, cuius regni non erit finis.
Un nuevo salto secular nos trae a 1890, cuando Pietro Mascagni se alza con uno de los premios ofrecidos por Edoardo Sonzogno para jóvenes compositores italianos que no hubieran tenido óperas representadas en un teatro. Mascagni aporta el último día del plazo Cavalleria rusticana, cuya acción transcurre en una aldea siciliana en Domingo de Resurrección. Uno de sus números, el himno de Pascua Inneggiamo (Alabemos) es cantado por los pobladores desde la iglesia y Santuzza en la plaza, que no puede entrar por estar en pecado. Oigámoslo por Michaela Karadjian y la Orquesta y el Coro de la Filarmónica BRT (Radio y Televisión Belga), dirigidos por Janos Kovacs. El libreto de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci dice: Inneggiamo, il Signor non è morto. Ei fulgente ha dischiuso l’avel, inneggiamo al Signore risorto oggi asceso alla gloria del Ciel!
Inneggiamo
Alberto Durero: Resurrección
Finalmente, una hora y media de música compuso Gustav Mahler en la sinfonía que llamó Resurrección, la #2 en Do menor, estrenada en 1895. Su movimiento final, como el de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, añade un coro a la orquesta. Mahler tomó el texto a cantar del poema Die Auferstehung (La Resurrección) de Friedrich Gottlieb Klopstock, que lo impresionó al escucharlo por primera vez en el sepelio del gran director Hans von Bulow. Pero los versos de la estrofa final fueron escritos por el propio compositor: Sterben werd’ ich, um zu leben! / Aufersteh’n, ja aufersteh’n / wirst du, mein Herz, in einem Nu! / Was du geschlagen / zu Gott wird es dich tragen! (Yo moriré para vivir. Te levantarás de nuevo, sí, ¡te levantarás de nuevo, tú, mi corazón, en un instante! Eso por lo que sufriste, ¡a Dios te conducirá!) He aquí la sinfonía completa en una noble versión de Mariss Jansons, quien dirige a nada menos que la reina de las agrupaciones sinfónicas: la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam. Sinfonía Resurrección
Vicente Emilio Sojo dirige aguinaldos del Orfeón Lamas en Sta. Teresa. Evencio Castellanos al órgano.
Los carnavales de 1928 en Caracas vieron nacer un movimiento político y un movimiento cultural. Del primero, naturalmente, se habla más; de él surgieron con el tiempo los partidos políticos del siglo XX venezolano. Pero por esos mismos días nació lo que conoceríamos y apreciaríamos luego como el Orfeón Lamas. Vicente Emilio Sojo, los hermanos Emilio y José Antonio Calcaño, su primo Miguel Ángel Calcaño—dueño de un oído absoluto—, Juan Bautista Plaza y William Werner recorrieron calles caraqueñas en comparsa, disfrazados a la usanza ucraniana, y cantaron en ellas para sorpresa y goce de los transeúntes. El año anterior, un grupo vocal ucraniano había cantado en el Teatro Municipal de Caracas y de esta presentación concibieron la idea de cantar juntos. Luego decidieron honrar la memoria de José Ángel Lamas (1775-1814), el compositor de la pieza venezolana clásica de nuestra Semana Santa: Popule meus. He aquí su comienzo en rendición del ensemble coral y orquesta de la Camerata Barroca de Caracas, bajo la dirección de Isabel Palacios.
Popule meus
El padre Sojo
Probablemente fue mejor compositor que Lamas la estrella de la Escuela de Chacao, Juan Manuel Olivares. El padre Sojo—Pedro Palacios y Sojo, tío abuelo de Simón Bolívar—, estableció la primera escuela de música en Venezuela y llamó a Olivares, ya sabio en composición, para codirigirla con él. El Orfeón Lamas es acompañado por la Orquesta Sinfónica Venezuela mientras los conduce el gigantesco Vicente Emilio Sojo, fundador de ambas agrupaciones y también de Acción Democrática (música y política), en el hermosísimo Stabat Mater de Olivares.
Stabat Mater
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La felicidad coral
El canto de varias voces reunidas en coro, coral, orfeón—voz que viene de Orfeo, el dios griego que era músico y protector del teatro—es una de las invenciones humanas más satisfactorias. Es estupendo oír una agrupación profesional, pero asimismo es muy remunerador participar en una que se forme con aficionados. Me consta porque fui, con mi limitado y nada pulido registro de barítono, miembro de una coral que dirigía Eduardo Plaza Aurrecoechea (sobrino de Juan Bautista e hijo de Eduardo Plaza Alfonzo, también compositor); cantar con otros, puedo certificar, es una incomparable fuente de alegría.
Por otra parte, la cantidad de obras para coro es enorme, sobre todo si se agrega las piezas provenientes del inagotable folclor de los pueblos de la Tierra. Seguramente los fundadores de lo que sería el Orfeón Lamas cantaron en aquel carnaval las Campanas de Ucrania—Eduardo la dirigía estupendamente—, la hermosa pieza de Nikola Leontovich que suena a continuación aunque no, por supuesto, por los revoltosos músicos de la Generación del 28, sino por el fino coro de los Niños Cantores de Viena.
Campanas de Ucrania
Con la última pieza, obviamente, me he salido del luto de la Semana Santa buscando regocijo. Antes de seguir con el jolgorio, pues, retornemos a la pasión y a la muerte con grandes números corales, todos del rito cristiano. Primeramente, una pieza que no es propiamente cuaresmal, aunque sí de tono lóbrego a pesar de su tema: el Ave María de Sergei Rachmaninoff, cantada a cappella por el Coro del Nuevo Colegio de Oxford.
Ave María
Ecce Homo – Antonello da Messina (1473)
Luego, entremos de lleno en el tema de estos días con el coral O Haupt voll Blut und Wunden (Oh, Sagrada Cabeza herida) de la Pasión según San Mateo, obra cumbre de Juan Sebastián Bach. Lo interpretan el Coro y la Orquesta Barroca de la Sociedad Bach de Holanda que dirige Ton Koopman.
O Haupt voll Blut und Wunden
La sobrecogedora majestad de lo que acabamos de oír sólo puede ser seguida por música de un compositor de calidad equivalente: Wolfgang Amadeus Mozart. Su última obra—KV 626—fue su Requiem; una leyenda sostiene que lo compuso al presentir su muerte. De esta grandiosa pieza, oigamos el vigoroso Kyrie y Rex tremendæ. Karl Bohm dirige la Orquesta Filarmónica de Viena y su coro.
Kyrie
Rex tremendæ
Fue Eduardo Plaza Aurrecoechea quien me hizo conocer el Requiem en Re menor, op. 48 de Gabriel Fauré. Es un concepto enteramente distinto del convencional; en el último de sus números, In paradisum, son las almas que comparten la gloria divina quienes cantan en el cielo, y por tanto la obra de Fauré no concluye con tristeza. Aquí cantan ese final gozoso los miembros del Coro del Colegio del Rey de Cambridge.
In paradisum
Pero salgamos definitivamente del luto con una pieza para coro y orquesta que todos conocemos: el vibrante Aleluya del oratorio El Mesías, de Georg Friedrich Händel. Colin Davis está a cargo del Coro y Orquesta de la Sinfónica de Londres.
Aleluya
La versión londinense de Muti
Es muy distinta deidad la aludida en O Fortuna, el número que abre la mágica cantata escénica Carmina Burana, de Carl Orff. Hay numerosas grabaciones de la obra, pero una particularmente vigorosa es la interpretación de Riccardo Muti al frente de la Orquesta Filarmonia y su coro.
O Fortuna
Sergei Prokofiev hizo la música para la película de un tocayo suyo, Sergei Einsenstein, sobre el héroe épico ruso Alexander Nevsky. Lo que sigue es la Canción de Alexander Nevsky, en versión de la Orquesta y Coro de la Sinfónica de Londres con André Previn a la batuta.
Canción de Alexander Nevsky
Si Nevsky y sus jinetes pudieron salvar a Rusia de una invasión de caballeros teutones, Finlandia ha tenido que defenderse muchas veces de los rusos. El poema sinfónico de Jan Sibelius con el nombre de su país fue compuesto como protesta a la creciente censura de prensa que imponía, a fines del siglo XIX, el Imperio Ruso. Contiene como sección final lo que él llamara Himno Finlandia, que aunque no es el himno oficial de los finlandeses es, sin duda, una de sus más importantes piezas patrióticas. Acá se reproduce justamente esa sección final en las voces del Coro del Tabernáculo Mormón, en compañía de la Orquesta de Filadelfia y la conducción de Eugene Ormandy.
Finlandia
Y para remachar la tesis de que es sabrosísimo cantar en multitud, cierra esta entrada coral con la #1 de las marchas ceremoniales Pompa y Circunstancia, de Edward Elgar. Es tradicional que la temporada de los conciertos Promenade, que tienen lugar en el Royal Albert Hall de Londres, concluya con esta enérgica y elegante pieza. El público se une con alegre entusiasmo al coro y a la orquesta para palmear y cantar, como buenos imperialistas, Land of Hope and Glory, Mother of the Free, / How shall we extol thee, who are born of thee? / Wider still and wider shall thy bounds be set; / God, who made thee mighty, make thee mightier yet. / God, who made thee mighty, make thee mightier yet. El video que sigue es de la clausura del año pasado, cuando la ejecución fue transmitida a varios parques en Inglaterra, donde miles se unieron al coro. Acá se ve la ejecución por los Cantores, el Coro y Orquesta de la Sinfónica de la BBC, dirigidos por Edward Gardner, y la multitudinaria escena en Hyde Park.
Mi piano es para mí como la fragata para el marinero, o el caballo para el árabe.
Franz Liszt
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Trescientos doce años de piano—se le tiene por invento de Bartolomeo Cristofori en el año 1700—han sido más que suficientes para establecerlo como el rey de los instrumentos. Sus cincuenta y dos teclas blancas y treinta y seis negras abarcan un rango tonal muy considerable, segundo sólo del alcanzado por el órgano. Las cuatro voces clásicas—soprano, contralto, tenor, bajo—se acomodan con holgura en su amplio intervalo sonoro de siete octavas y una tercera menor (desde el La0 hasta el Do8). Además puede sonar muy suavemente o con gran fuerza; su nombre completo era pianoforte, pues innovaba respecto de clavecines y clavicordios que sonaban siempre con una misma intensidad. (En un inventario de Ferdinando de Medici consta de aquel año: «Un Arpicembalo di Bartolomeo Cristofori di nuova inventione, che fa’ il piano, e il forte…») Sus pedales pueden atenuar el sonido o prolongarlo.
Pero esa física y mecánica del piano puede producir música de la más satisfactoria a los oídos exigentes. El gran pianista que fue Leopold Godowsky escribió en una carta—desde París, el 10 de julio de 1931—a su asistente, el también pianista Maurice Aronson: «Amo el piano y a aquellos que aman al piano. El piano como medio de expresión es un mundo por sí solo. Ningún otro instrumento puede llenar o reemplazar su discurso en el mundo de la emoción, el sentimiento, la poesía, las imágenes y la fantasía». La inmensa mayoría de los compositores, por otra parte, se basa en él para inventar su música. Tchaikovsky, que lo tocaba también por el mero placer de escuchar música en una era sin iPod o Walkman o muy pocos y primitivos fonógrafos—por ejemplo, tocaba repetidamente partes de la Carmen de Bizet—, comenzaba su tarea todos los días sobre un teclado: «Con regularidad, me siento al piano a las nueve de la mañana en punto, y las Señoras Musas han aprendido a ser puntuales para esa cita». Algún monstruo como Wagner componía con dos pianos adosados el uno al otro; luego se ponía de pie e instrumentaba de una vez sobre las pautas de orquestación en un atril.
Naturalmente, hay que saber tocar el difícil instrumento, cuyo dominio es evidencia de la complejidad motriz de la que son capaces algunos seres humanos. No hay escasez de muy buenos pianistas, especialmente cuando las madres judías sueñan con que alguno de sus hijos llegue a ser un concertista famoso. La densidad de buenos pianistas judíos es significativamente alta: Artur Rubinstein, Alexander Brailowsky, Leon Fleisher, William Kappell, Emil Gilels, Vladimir Ashkenazy, Stefan Askenase, Josef Lhévinne, Daniel Barenboim, Leopold Godowsky, Alexis Weissenberg, Lazar Berman, Artur Schnabel, Yefin Bronfman, Gary Graffman, Julius Katchen, Murray Perahia, André Previn, Rudolf Serkin, Eugene Istomin, Byron Janis y un largo etcétera que incluye, por supuesto, al más grande pianista del siglo XX: Vladimir Horowitz. (Ver en este blogTitán del piano). Pero no se necesita ser circuncidado para sacar bella música de un gran piano; Claudio Arrau, Cor de Groot, Sviatoslav Richter, Alfred Brendel, Wilhelm Backhaus, Wilhelm Kempf, André Watts, Arturo Benedetti Michelangeli, Alfred Cortot (el colaboracionista de los nazis), Walter Gieseking (acusado de lo mismo pero luego exonerado), Dinu Lipatti, Martha Argerich, Robert Casadesus, Géza Anda, Philippe Entremont, Agustin Anievas, Guiomar Novaes, Aldo Ciccolini, Maria João Pires, Ídil Biret, Leif Ove Andsnes, el fenomenal Yang Yang y nuestra Gabriela Montero son todos concertistas de primera línea.
El piano de Leo
En el ámbito familiar, por otra parte, son inconmensurables las horas en que el piano ha proporcionado alegría y belleza. Las hermanas Chenel-Calcaño—mi abuela materna y sus cuatro hermanas (a excepción de Emilia, que tomó por la guitarra, tal vez porque Chopin dijo que sólo había algo más hermoso que este instrumento: dos guitarras)—eran todas ellas pianistas; mi abuela fue la más destacada y llegó a ofrecer recitales. Su tía, Graziella Calcaño, acompañó a Josefina Sucre, bisabuela de mi esposa, en la Exposición Internacional de París en 1889 para tocar valses venezolanos cerca de la Torre Eiffel que se inauguraba. Ahora mi hijo mayor, Leopoldo Enrique, improvisa música New Age en su casa de San Diego, California, en un refinado piano eléctrico. Yo no puedo tocar otra cosa que La vieja y los primeros compases del primer Preludio, en Do mayor, del Clave bien temperado de Juan Sebastián Bach.
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Federico Chopin (1810-1849. Daguerrotipo del último año)
Pero basta de hablar del piano; dejemos que él hable por sí mismo, veinte veces. Arbitrariamente, agruparé las piezas en orden alfabético de sus compositores, lo que conviene porque Federico Chopin, el Rey del Rey de los Instrumentos, nos llega de primero; seis de sus composiciones son suficientes para atestiguar su genio. La primera de ellas es el Estudio #11 del opus 25, en La menor, a cargo de Maurizio Pollini; con un comienzo engañosamente tranquilo, pronto desata un caudal de música apasionada. Después he seleccionado cuatro de los Preludios del opus 28 (uno para cada tonalidad, como los de Bach, a quien tomó por modelo): el #12 en Sol sostenido menor (Vladimir Horowitz), el #17 en La bemol mayor, el extraordinario y armónicamente noble #20 en Do menor y el #22 en Sol menor, cuyo entreverado ritmo recuerda a un malambo argentino. (Estos tres por Vladimir Askkenazy). Finalmente, lo que tengo por la versión insuperada del Nocturno#13 en Do menor, el #1 del opus 48, en la interpretación viril de Eugene Istomin. Cuando la oigo, espero por los tres acordes repetidos con la mano izquierda, un retardo armónico preparatorio de la modulación a Do menor que Istomin destaca (otros ejecutantes no lo hacen) exactamente a los 3 minutos y 40 segundos del comienzo de la pieza. Admito que es mi nocturno preferido.
Estudio #11
Preludio #12
Preludio #17
Preludio #20
Preludio #22
Nocturno #13
Claude Debussy (1862-1918)
Ahora cambiamos del lenguaje romántico al impresionista de Claude Debussy, concebido en Campo de Marte, cuando el compositor escuchara los conjuntos javaneses de música gamelán en la Exposición Internacional antes mencionada. En primer término, Walter Gieseking interpreta La plus que lente; después, Aldo Ciccolini toca dos piezas que fueron más descubiertas que inventadas; tanta es su lógica musical, su inevitable hermosura, que tenían por fuerza que existir: Rêverie y Arabesque.
La plus que lente
Rêverie
Arabesque #1
Edvard Grieg (1843-1907) y Nina Hagerup
Leif Ove Andsnes es un fino pianista noruego que nos ofrece aquí dos hermosas piezas de su gran compatriota, Edvard Grieg. El apacible Nocturno de las Piezas líricas del opus 54 y el alegre Día de bodas en Troldhaugen, del Libro 8 de las Piezas líricas del opus 65. Grieg se casó con su prima, Nina Hagerup, en 1867 y vivió con ella en una casa en Troldhaugen, Bergen, donde ambos están enterrados en los predios del Museo Grieg. Día de bodas expresa su amor con elocuencia.
Nocturno
Día de bodas
Franz Liszt (1811-1886)
La madre de Valerie Boissier, una alumna de Franz Liszt, escribió en su diario: «La ejecución del Sr. Liszt incluye abandono, un sentimiento liberado, pero aun cuando se hace impetuoso y enérgico en su fortissimo, nunca es áspero o seco. (…) Extrae del piano tonos que son más puros, melodiosos y fuertes que los que nadie haya podido producir; su toque tiene un encanto indescriptible. (…) Es enemigo de expresiones afectadas, artificiales o retorcidas. Por encima de todo, busca la verdad en el sentimiento musical». Contemporáneo y amigo de Chopin, Liszt fue universalmente reconocido como el pianista más brillante de su época, aunque no fuera tan buen compositor como el gran polaco. De él escucharemos acá tres de sus piezas más características: la Campanella en la típica ejecución eléctrica de Vladimir Horowitz, la Consolación #3 por Peter Katin y el Estudio de concierto #3, conocido como Un suspiro, interpretado por Fuzjko Hemming.
La campanella
Consolación
Un suspiro
Sergei Rachmaninoff (1873-1943)
Tan destacado pianista fue Sergei Rachmaninoff como compositor, primordialmente para el piano. Con una vena melódica de gran caudal, nos regaló un buen número de temas memorables; con su vigorosa técnica de ejecutante, cautivó a las audiencias de la primera mitad del siglo XX. Compuso cuatro conciertos para piano y la difícil Rapsodia sobre un tema de Paganini, y numerosas piezas para el piano solista. De éstas se ha escogido, primeramente, el famosísimo Preludio en Do sostenido menor, el #2 del opus 3, apodado Campanas de Moscú, al que llegó a detestar porque le era inevitablemente requerido como encore en sus recitales; Philippe Entremont se encarga de la interpretación. Después, el Preludio en Sol menor, el #5 del opus 23, en la versión definitiva de Vladimir Horowitz, tomada en vivo de su presentación en el Conservatorio de Moscú (20 de abril de 1986). Rachmaninoff estimaba a Horowitz como el mejor intérprete de su obra para piano.
Campanas de Moscú
Preludio en Sol menor
Franz Schubert (1797-1828)
Antes de rematar esta selección con dos rusos más, podemos escuchar el luminoso Impromptu en Sol bemol mayor, el #3 del opus 90 de Franz Schubert, el compositor del Romanticismo precoz que sólo vivió 31 años pero fue uno de los más prolíficos músicos de la historia. (Tan sólo en 1815, compuso más de 20.000 compases de música que incluían 140 Lieder, un género en el que se destacó). Sylvia Capova ejecuta impecablemente la maravillosa pieza.
Impromptu
Alexander Scriabin (1872-1915)
Antes se ha ocupado este blog de Alexander Scriabin (Estudio de Scriabin), un compositor que pasó del Romanticismo al Impresionismo para arribar a la atonalidad. La autoridad en su música para piano fue, sin duda, Vladimir Horowitz, que toca a continuación dos estudios característicos de la primera época de Scriabin: el #1 del opus 2 en Do sostenido menor, de hermoso tema, y el #12 del opus 8, en Re sostenido menor, al que se adjudicara el título de Patético.
Estudio #1
Estudio Patético
Pyotr Illich Tchaikovsky (1840-1893)
Ahora nos despedimos del piano con el Valse sentimentale de Pyotr Illich Tchaikovsky, el número 6 (en Fa menor) de sus Morceaux (piezas) del opus 51. Alexander Sokolov nos ayuda en esta despedida momentánea de quien compusiera abundantemente para el instrumento, incluyendo dos magníficos conciertos para piano y orquesta.
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