Concierto barroco

 

El marco de un clavecín, alma del Barroco, construido por el portugués Joze Calisto en 1780

 

“¡Ahora!” —aulló Antonio Vivaldi, y todo el mundo arrancó sobre el “Da capo”, con tremebundo impulso, sacando el alma a los violines, oboes, trombones, regales, organillos de palo, violas de gamba, y a cuanto pudiese resonar en la nave, cuyas cristalerías vibraban, en lo alto, como estremecidas por un escándalo del cielo.

Alejo Carpentier

Concierto Barroco

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Escritura barroca

El mundo del arte oscila cíclicamente, como sístole y diástole, entre el academicismo riguroso y períodos de liberación. Clasicismo y Romanticismo, por ejemplo, Cubismo y Expresionismo, Op Art y Pop Art. El período Barroco fue un vigoroso tiempo de revolución, y es seguramente en su música donde la libertad para experimentar nuevas sonoridades, formas, ritmos y armonías se puso de manifiesto con mayor elocuencia.

Después regresaría el rigor, en la reglamentada época clásica—Haydn, Mozart, Gluck, Couperin, Soler, Charpentier, Boccherini—, que no impidió la creación de obras musicales cumbres, como en el caso del segundo de los nombrados, el incomparable genio de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart. (Se ha dicho que hay compositores, buenos compositores, extraordinarios compositores y, después, está Mozart). Pero antes de su tiempo, la revolución estaba hecha para superar la música renacentista, y hasta Mozart le debe su riqueza, pues el Barroco alcanzó un intrincado desarrollo del arte de la composición.

Johannes Vermeer: Dama ante un virginal (un tipo de clavecín)

La textura del contrapunto o punctus contra punctum—voces con melodías diferentes que suenan simultáneamente—es la característica fundamental de la música barroca, que emergió en diversas formas: la simple del canon, los grounds o passacaglias, hasta la entreverada fuga. El contraste dinámico de pasajes suaves y fuertes es otro rasgo del barroco, conseguido dramáticamente al alternar los tocados por el concertino (un pequeño número de instrumentos) y los confiados al tutti (ripieno) de la orquesta de ese tiempo. Y otra constante del período es el basso continuo, la asignación a un grupo de instrumentos—el continuo, cuyo núcleo era el clavecín—de la base armónica, típicamente en notas graves, de las piezas. Frecuentemente, ese bajo era cifrado: venía señalado un tono pero con suficiente libertad para que los ejecutantes improvisaran. (Como en el jazz. Una comparación de varias grabaciones de una misma pieza barroca—por ejemplo, el comienzo de Invierno, la última de Las cuatro estaciones de Vivaldi, registrará las diferencias introducidas por distintos ejecutantes). Luego, debe considerarse el aporte barroco en lo atinente a la forma musical: conciertos (para orquesta y solistas y grossi, es decir, para orquesta y un grupo instrumental), oratorios, misas, cantatas, sonatas, partitas, variaciones, fantasías y la suite barroca, predecesora de la sinfonía moderna del período clásico, y que en sí misma era un catálogo de formas individuales: allemande, giga, minueto, sarabanda, gavota…

En suma, el período musical barroco se caracterizó por la innovación total en un ambiente de libertad.

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Antonio Vivaldi

He aquí veinticuatro piezas de esa época, para una hora y treinta y dos minutos de la mejor música. El viaje sonoro ha sido organizado del sur al norte, comenzando por Italia y concluyendo en Inglaterra. Dejaremos que el Padre Rojo, Antonio Vivaldi (1678-1741), prepare suavemente nuestros oídos, primeramente, con la Siciliana de su Concierto para guitarra en La mayor (John Williams, guitarrista, y Eugene Ormandy dirigiendo la Orquesta de Filadelfia); luego, con el movimiento lento de su Concierto para violín en Re mayor (Raymond Leppard, Orquesta de Cámara Inglesa) y, finalmente, con el Adagio de su Concierto para guitarra en la misma tonalidad (Ettore Stratta, Orquesta de Cámara Barroca).

Siciliana
Lento
Adagio

Domenico Scarlatti

Domenico Scarlatti (1685-1757) es el autor de la animada Sonata en Mi mayor, traída acá por el prodigioso pulso de Vladimir Horowitz. Después, regresamos a la calma con el Adagio del Concierto op. 9 de Tomaso Giovanni Albinoni (1671-1750), interpretado por Christoph Kircheis al órgano y Ludwig Güttler en la trompeta. Todavía en vena de serenidad, escuchamos el dulce movimiento lento del Concierto para oboe y orquesta en Re menor de Alessandro Marcello (1669-1747), por la Orquesta de Cámara Inglesa que dirige Raymond Leppard. Juan Sebastián Bach apreciaba tanto la pieza que la transcribió para clavecín, y Benedetto, el hermano de Alessandro, la transpuso a la tonalidad de Do mayor. Una estupenda versión con guitarra en lugar de oboe es música de fondo para una escena de cortejo en Las fresas de la amargura (The Strawberry Statement, película sobre las revueltas estudiantiles de 1968 en los EEUU).

Sonata
Adagio
Lento

Alessandro Marcello

Tomaso Albinoni

Jean-Joseph Mouret

Jean-Philippe Rameau

Subamos por Europa, hacia Francia. El Rondó de la Suite des symphonies de Jean-Joseph Mouret (1682-1738) suena acá por The New York Trumpet Ensemble, y el brasileño Sergio Odair Assad interpreta en su guitarra un grupo de Gigas de Jean-Philippe Rameau (1683-1764), posiblemente el más importante músico del Barroco francés.

Rondó
Gigas

Johann Pachelbel

Pero ahora llegamos al corazón del Barroco musical, en Alemania. Sé que no me perdonarían si dejara de poner el famosísimo Canon en Re mayor—que es en verdad una passacaglia—de Johann Pachelbel (1653-1706), una pieza de culto universal originalmente concebida para tres violines y continuo. (Leppard, otra vez, con sus músicos ingleses). A continuación, de uno de los maravillosos conciertos para flauta de Johann Joachim Quantz (él mismo flautista), el #116 en Re mayor, el movimiento Arioso, con Max Pommer al frente del Nuevo Collegium Musicum Bach. Luego, Anthony Newman es acompañado por la Orquesta del Festival de Madeira en la Polonesa de la Suite para flauta y orquesta de Georg Philipp Telemann (1681-1767), músico esencialmente autodidacta. Del mismo compositor, suena después el movimiento Vivace de su concierto para trompeta y orquesta. (El solista es Simon Wallace). Así deja servida la mesa al enorme Johann Sebastian Bach, su compadre. (Telemann era el padrino de Carl Philipp Emanuel Bach, otro compositor entre los veinte hijos del patriarca del Barroco musical—quizás el mejor compositor de todos los tiempos—, Juan Sebastián).

Canon
Arioso
Polonesa
Vivace

Johann Joachim Quantz

Georg Philipp Telemann

Johann Sebastian Bach

Carl Philipp Emanuel Bach

J. S. Bach (1685-1750) merece estar acá sobrerrepresentado con seis piezas, tanta es su grandeza como compositor. En primer lugar, sintamos su alegría, la emoción de un hombre apasionado que ocupaba a sus esposas siendo veinte veces padre. La Badinerie de la Suite orquestal #2 en Si menor, a cargo de la Akademie für Alte Musik, seguida por la elegancia serenísima del Aria de las Variaciones Goldberg, tocada al piano por el especialista en Bach, Glenn Gould. Entonces afrontemos la profunda nobleza del Preludio coral Erbarm’ Dich (Leppard) y el retorno del contento sabroso en el primer movimiento—Vivace—del Concierto para dos violines, cuerdas y continuo en Re menor (Pinnock, Trevor – The English Concert), el Preludio en Mi mayor (Eugene Ormandy, Orquesta de Filadelfia) y el broche de oro de la apertura del Magnificat—un canto a la Virgen María en la liturgia cristiana—en Re mayor por la Cantoría Gächhinger de Stuttgart. Esta última obra contiene una de las geniales anticipaciones de Bach; la sección de inicio es repetida al final de la misma, dándole un carácter «cíclico» que no aparecería en la música occidental hasta bien entrado el siglo XIX. Dejémoslo sucedido por su hijo, Carl Philipp Emanuel (1714-1788), con el Allegro de su Concierto para flauta en Si bemol mayor (Eckart Haup y los Solistas Barrocos de Dresden).

Badinerie
Aria
Preludio coral
Vivace
Preludio
Magnificat

Allegro

 

Georg Friedrich Händel

Para movernos a tierra inglesa, podemos acompañar a Georg Friedrich Händel (1685-1759), nacido en Halle y viajero a Italia antes de establecerse definitivamente en Londres en 1712. Raymond Leppard dirige a la orquesta de siempre en la Llegada de la Reina de Saba, del oratorio Salomón. Inmediatamente después, el mismo director y la misma agrupación (obviamente preferidos) nos ofrecen el Minuetto de Berenice, una de las cuarenta y dos óperas del prolífico músico germano-inglés. De Händel nos despedimos con el conocidísimo y noble Largo (la música del aria Ombra mai fu de la ópera Jerjes) en versión de las Cuerdas de Budapest.

La Reina de Saba
Minuetto
Largo

Henry Purcell

Entonces dejamos el escenario a la música del gran compositor barroco inglés, Henry Purcell (1659-1695). El Rondó de Abdelazer es tema que Benjamin Britten (1913-1976) empleara para su Guía de los jóvenes a la orquesta, una pieza didáctica filmada por encargo de la BBC de Londres. La versión original barroca está aquí por—¿quiénes otros?—la Orquesta de Cámara Inglesa y Raymond Leppard. John Eliot Gardiner despide este concierto al frente del Ensemble Equale de Metales; interpretan de Purcell la Música Funeral para la Reina María, que sonara en la ácida película de Stanley Kubrick: La naranja mecánica.

Rondó
Música funeral

La numerosa oferta de esta entrada es muestra minúscula de la abundancia musical del Barroco. LEA

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(La música en esta entrada puede descargarse en ivoox).

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¿Valses? Una docena, por favor

Ekaterina Pozdniakova: Vals vienés

 

El vals es una danza de pareja deslizante—como el pasodoble pero en tiempo ternario en lugar de binario—asociada indisolublemente con la ciudad de Viena. Sus orígenes son imprecisos: hay referencias a este tipo de baile resbaladizo ya en el siglo XVI europeo, pero se popularizó en la capital austriaca hacia el año de 1780.

El hecho de que los dos socios de una pareja bailaran medio abrazados fue motivo de escándalo desde sus inicios, y tan tarde como en 1825 el Diccionario Oxford del Inglés describía a este baile como «desenfrenado e indecente». En Historia de la señorita von Sternheim (1771), novela de Sophie von La Roche, una severa dama admite: «Pero cuando él puso su brazo alrededor de ella y la apretó contra su pecho, y retozaba con ella en el descarado e indecente torbellino de la danza de los alemanes, y participó en una familiaridad que rompió todos los límites de la buena crianza de entonces, mi silenciosa pena se transformó en ardiente furia». Uno puede imaginar qué habría dicho de un bolero de mosaico o, peor aún, de una lambada.

Pero entremos en materia: uno de los más famosos valses del maestro de esta forma musical, Johann Strauss hijo, es el Vals del Emperador. En realidad, era el vals de los emperadores, ya que fue compuesto para la visita de Francisco José, Emperador de Austria, al káiser Guillermo II de Alemania en 1889. (De hecho, el nombre original era Mano en mano, una alusión a la amistad de ambas coronas). Fue estrenado en Berlín el 21 de octubre de ese año. Aquí lo interpreta la Orquesta Filarmónica de Viena, conducida por Herbert von Karajan.

Armas de Francisco José

Armas de Guillermo II

Emperador

También es vienés el Vals de La viuda alegre—Die lustige Witwe—, la más conocida y apreciada opereta del húngaro y, por tanto, súbdito de Francisco José, Franz Lehár. La obra fue estrenada en Viena en 1905; desde entonces, centenares de miles de personas la han visto. (Tan sólo en Londres, donde se montó por primera vez en 1907, tuvo una racha de 778 presentaciones). Richard Hayman dirige esta versión de la Orquesta Filarmónica Eslovaca. (La ciudad donde Lehár naciera, Komárno, antes Komárom, es hoy en día de Eslovenia).

La viuda alegre

Les patineurs a 78 r. p. m.

Émile Waldteufel, compositor francés, creó valses deliciosos. El popular Vals de los patinadores sonaba incesantemente en la pista de hielo del Teleférico de Caracas en tiempos de Pérez Jiménez. Aquí lo oímos por la Orquesta Johann Strauss con la dirección del gran divulgador musical André Rieu. El Vals Estudiantina, en cambio, su opus 191, es tocado por la lujosa Orquesta de Filadelfia que pulió y dirigía el húngaro Eugene Ormandy.

Los patinadores

Estudiantina

Léo Delibes, otro francés, famoso por sus ballets, tiene en su haber valses muy hermosos. Por ejemplo, de su ballet Sylvia, podemos escuchar ahora el Valse lente del Acto I, interpretado por la Orquesta del Teatro Nacional de la Ópera de París, bajo la batuta de Jean Baptiste Mari. Luego, de Coppelia, la de los ojos de esmalte, su Vals lento es traído por Richard Bonynge dirigiendo la Orquesta Nacional Filarmónica inglesa, una orquesta creada expresamente para grabar que también se conoció como Orquesta RCA Victor u Orquesta Promenade.

Lento de Sylvia

Lento de Coppelia

Los compositores rusos no tienen nada que envidiar a vieneses o franceses; muchos fueron grandes valsistas. Por supuesto, Pyotr Illich Tchaikovsky, el emperador del ballet que también los compuso en otras obras (óperas y sinfonías; incluso en su Serenata para cuerdas). Escuchemos de él primeramente su Valse sentimentale en versión para violín y orquesta; Janine Jansen hace el solo mientras Daniel Harding dirige la Orquesta Mahler de Cámara. A continuación, el grandioso Vals de Eugenio Onegin, su mejor ópera. Lo interpreta la fina Orquesta Sinfónica de Londres, con la dirección característicamente vigorosa de Antal Doráti.

Sentimentale

Eugenio Onegin

El vals de Onegin por la Ópera Nacional Inglesa

El ballet Cenicienta, de Sergei Prokofiev, tenía que llevar un vals que la heroína bailara con el Príncipe. Prokofiev compuso una pieza moderna, con armonías inconfundiblemente suyas que se hacen ácidas al romperse el hechizo con las campanadas de la medianoche. Yuri Temirkanov dirige la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo.

Cenicienta

Aram Khachaturian, soviético, era armenio antes que ruso. Su Vals de la Suite Mascarada compuesta en 1944 es particularmente sabroso; retiene el arranque del tema con gran efecto, haciéndonos esperar con cinco amagos en escala antes de soltarlo en toda su gloria. Kiril Kondrashin lo grabó con la antes mencionada Orquesta de la RCA Victor.

Mascarada

Para concluir la estancia en Rusia, pudiéramos escuchar—y bailar—el Vals #2 de la Suite para Orquesta de Variedades, de Dmitri Shostakovich, que erróneamente fue llamado Vals de la Suite de Jazz #2 durante mucho tiempo. Esta pieza alcanzó gran popularidad porque fue incluida en la banda sonora de Wide Eyes Shut, la última película que realizara Stanley Kubrick, genio del cine. Aquí está en la versión empleada en la película por la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam, la mejor orquesta del mundo. Dirige Riccardo Chailly.

Vals #2

Nicole Kidman y Tom Cruise bailan en Wide eyes shut, de Stanley Kubrick

Todavía en tierra fría, visitemos a Jan Sibelius en Finlandia para completar la docena de piezas con su Valse triste. Alfred Scholz es en esta ocasión el director de la Orquesta del Festival de Londres.

Valse triste

Bueno, una ñapa, pero sólo porque Ud. lleva una docena de valses. Directamente de la banda sonora de la película Ramona (1928), la voz de la numerosa actriz Dolores del Río con la canción del mismo nombre, un vals lento. El video está compuesto con fotogramas de la película que enamoró a una generación. Lleve Ud. también la letra de la canción, de L. Wolfe Gilbert para música de Mabel Wayne.

I wander out yonder o’er the hills
Where the mountains high, seem to kiss the sky
Someone’s up yonder o’er the hills
Waiting patiently, waiting just for me

Ramona, I hear the mission bells above
Ramona, they’re ringing out our song of love
I press you, caress you
And bless the day you taught me to care
I’ll always remember
The rambling rose you wore in your hair

Ramona, when the day is done you’ll hear my call
Ramona, we’ll meet beside the waterfall
I dread the dawn
When I awake to find you gone
Ramona, I need you, my own

Ramona, when the day is done you’ll hear my call
Ramona, we’ll meet beside the waterfall
I dread the dawn
When I awake to find you gone
Ramona, I need you, my own

Que tenga Ud. un rumboso Carnaval. LEA

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Eros y Euterpe

Egon Schiele: Liebespaar (Amantes; literalmente, Pareja de amor), 1913

 

Eros (en griego antiguo Ἔρως) era el dios primordial responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad. En algunos mitos era hijo de Afrodita y Ares, pero según El banquete de Platón fue concebido por Poros (la abundancia) y Penia (la pobreza) en el cumpleaños de Afrodita. Esto explicaba los diferentes aspectos del amor. A veces era llamado, como Dioniso, Eleuterio (Ἐλευθερεύς), ‘el libertador’. Su equivalente romano era Cupido (‘deseo’), también conocido como Amor. De acuerdo con la tradición iniciada por Eratóstenes, Eros era principalmente el patrón del amor entre hombres, mientras Afrodita presidía sobre el amor de los hombres por las mujeres. Su estatua podía encontrarse en las palestras, uno de los principales lugares de reunión de los hombres con sus amados, y a él hacían sacrificios los espartanos antes de la batalla. Meleagro recoge este papel en un poema conservado en la Antología Palatina: «La reina Cipria, una mujer, aviva el fuego que enloquece a los hombres por las mujeres, pero el propio Eros convence la pasión de los hombres por los hombres».

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En la mitología griega, Euterpe (en griego Ευτέρπη, «La muy placentera», «La de agradable genio» o «La de buen ánimo») es la Musa de la música, especialmente protectora del arte de tocar la flauta. Como las demás Musas era hija de Mnemósine y de Zeus. Por lo general se la representa coronada de flores y llevando entre sus manos el doble-flautín. En otras ocasiones se la representa con otros instrumentos de música: violines, guitarras, tambor, etcétera. A finales de la época clásica se la denominaba musa de la poesía lírica, y se le representaba con una flauta en la mano.
Unos pocos dicen que inventó el aulos o flauta doble, aunque la mayoría de los estudiosos de la mitología conceden ese honor a Atenea, como se da a conocer en el mito de Marsias y su duelo con Apolo. El río Estrimón dejó a Euterpe embarazada. Su hijo, Rhesus de Tracia dirigió a una partida de Tracianos y murió a manos de Diomedes en Troya, según Homero en la Ilíada.
Su nombre procede del griego eu (bien) y τέρπ-εω (contentar).

Wikipedia en español

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El amor y la música han ido siempre de la mano. De hecho, la inmensa mayoría de las canciones tiene un tema de amor, a veces alegre, otras enguayabado. Y ¿qué sería de nuestros amores sin los boleros, cuya letra frecuentemente cursi hace uso desusado de infinitivos sustantivados? (El amar, el querer, el besar…)

1. La música «culta» porta tanto amor como las despechadas rancheras y los desgarradores tangos, y no propiamente amor platónico sino el que se consuma en la cópula. Un ejemplo clarísimo y abundante lo proporciona Carmina Burana—Canciones del Beuern, de un manuscrito medieval de 254 canciones que incluye 129 amorosasde Carl Orff, la fenomenal cantata escénica que inicia una trilogía que completan Catulli carmina y, por si hubiera alguna duda, Trionfo di Afrodite. Una dulcísima melodía fue compuesta por Orff para acompañar las dos breves estrofas de In trutina; una mujer canta sobre el dilema entre el amor lascivo—propenso a los deleites carnales—y la pudicia, e inmediatamente aclara que opta por el «suave yugo» de lo primero. Aquí es cantada la sucinta aria por la perfecta voz de Renée Fleming, acompañada por la Orquesta de Cámara Inglesa.

In trutina

In trutina mentis dubia / fluctuant contraria / lascivus amor et pudicitia
Sed eligo quod video / collum iugo prebeo / ad iugum tamen suave transeo

2. Edward Elgar, a quien el mundo conoce más por sus marchas militares de Pompa y circunstancia, se enamoró y se casó con Caroline Alice Roberts, una dama ocho años mayor que él que fue desheredada por su padre a raíz de tales amores. Caroline entregó su vida a Elgar, cosa que justificó en su diario al escribir: «El cuidado de un genio es una vida de suficiente trabajo para cualquier mujer». Su esposo le dedicó su opus 12, la suave y enamorada melodía de Salut d’amour. Es interpretada de seguidas por la Orquesta Sinfónica de Baltimore dirigida por David Zinman.

Salut d’amour

Egon Schiele: Pareja sentada, 1915

3. Son también de Elgar las Variaciones Enigma, op. 36. Por alguna razón, Eugene Ormandy incluyó la Variación IX (Nimrod), en el álbum Classical Erotica, en el que dirige la Orquesta de Filadelfia.

Nimrod

4. Edvard Grieg, por su parte, llamó Erotik a la número 5 de sus Piezas líricas del opus 43, que escuchamos tocada por el gran pianista italiano Arturo Benedetti Michelangelli, en una grabación de 1942.

Erotik

5. La película 10, la mujer perfecta incluye una escena de cama de Dudley Moore con nadie menos que Bo Derek. La música que se oye mientras hacen el amor es el Boléro de Maurice Ravel. Desde entonces, ha adquirido popularmente un significado erótico. (La pieza llevaba esa intención de todos modos: fue inspirada por la mecenas y bailarina rusa Ida Rubinstein quien, entre otras cosas, posó desnuda para Valentín Serov en 1910 y era de gusto bisexual). Suena ahora, con la dirección de André Previn, por la Orquesta Sinfónica de Londres.

Boléro

Egon Schiele: Abrazo (Amantes II), 1917

6. En la literatura operística hay pocas arias tan hermosas como Mon coeur s’ouvre a ta voix, del Sansón y Dalila de Camille Saint-Säens. Dalila apremia a Sansón pidiéndole que responda a su ternura y vierta sobre ella la embriaguez, no precisamente alcohólica. La incomparable María Callas la cantó como nadie.

Mon coeur s’ouvre a ta voix

Mon cœur s’ouvre à ta voix comme s’ouvrent les fleurs /Aux baisers de l’aurore! / Mais, ô mon bien-aimé, pour mieux sécher mes pleurs, / Que ta voix parle encore! / Dis-moi qu’à Dalila tu reviens pour jamais! / Redis à ma tendresse / Les serments d’autrefois, ces serments que j’aimais! / Ah! réponds à ma tendresse!
Verse-moi, verse-moi l’ivresse!

Ainsi qu’on voit des blés les épis onduler / Sous la brise légère, / Ainsi frémit mon cœur, prêt à se consoler / À ta voix qui m’est chère! / La flèche est moins rapide à porter le trépas, / Que ne l’est ton amante à voler dans tes bras! / Ah! réponds à ma tendresse! / Verse-moi, verse-moi l’ivresse!

7. En 1933, cuando Adolfo Hitler tomaba el poder en Alemania, fue estrenado en París un ballet chanté con el nombre de Los siete pecados capitales, donde Lotte Lenya cantó en el rol principal recién fugada de su patria. La música fue proporcionada por su esposo, Kurt Weill, y el libreto lo escribió el importante dramaturgo Bertolt Brecht. Ésta fue la última colaboración significativa de estos artistas, que discutieron ferozmente el tratamiento dramático de la obra: Brecht pretendía que se la vistiera en ropaje marxista, pero predominó al fin la idea de Weill, quien insistió en una interpretación freudiana. La historia es simple: una mujer esquizofrénica, Anna, incurre en todos los pecados del catálogo capital desde una de sus personalidades escindidas. Naturalmente, no podía faltar la Lujuria, que canta Gisela May acompañada de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig, conducida por Herbert Kegel.

Lujuria

Egon Schiele: Estudio para Liebesakt (Acto de amor), 1915

8. Nada es más explícito que Principles of lust (Principios de la lujuria), una pieza muy erótica del género pop. Es del proyecto Enigma de música electrónica, y pertenece al álbum MCMXC a. D. Una banda de sonido que recoge los jadeos de una mujer, y el recurso al latín seudorreligioso—y al francés para evocar al Marqués de Sade—en la misma onda irreverente de Carmina burana, la hacen música muy penetrante e incitante.

Principles of lust

Procedamus in pace / In nomine Christi, amen… / Cum angelis et pueris, fideles inveniamur / Attollite portas, principes, vestras / Et elevamini, portae æternales / Et introibit Rex gloriæ
Qius est iste rex gloriæ?

Sade, dit moi… / Sade, donne moi…

Procedamus in pace / In nomine Christi, amen…

Sade dit moi quest ce que tu vas chercher ? / Le bien par le mal ? / La vertu par le vice ? / Sade dit moi pourquoi l’evangile du mal ? / Quelle est ta religion ou` sont tes fide`les ? / Si tu es contre Dieu, tu es contre l’homme. / Sade es-tu diabolique ou divin ?

Sade, dit moi… / Hosanna… / Sade, donne moi… / Hosanna…

In nomine Christi, amen…

The principles of lust… are easy to understand / Do what you feel… feel until the end / The principles of lust… are burnt in your mind / Do what you want… do it until you find love…

Sade, dit moi… / Hosanna… / Sade, donne moi… / Hosanna…

9. Tristán e Isolda son los protagonistas de uno de los más famosos e intensos amores de la literatura. Richard Wagner, de preferencia muy acusada por lo legendario, escribió una ópera con sus nombres, basada en el romance de Godofredo de Estrasburgo. El Preludio y muerte de amor, en el Acto III, representa musicalmente la transfiguración y muerte de Isolda, luego de que su amante falleciera. (Se trata, literalmente, de morir de amor, no de la muerte chiquita que es imagen orgásmica). Antes, sin embargo, pasaron una noche entera en el lecho para amarse una última vez. Rubén Gimeno dirige la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia en la siguiente versión.


 Prelude und Liebestod

Egon Schiele: Dos jóvenes yaciendo entrelazadas, 1915

10. Dos cantantes de lujo, Katherine Jenkins y Kiri Te Kanawa, acometen acá el Dueto de la flor (Viens Malike), de la ópera Lakmé de Léo Delibes. Ha sido asociada con el amor lésbico—la serie de televisión The L Word la empleó como tema musical—pero, aunque dos mujeres están juntas, Lakmé y su doncella y amiga Malike, hay que leer muy entre líneas de la letra para llegar a una interpretación sáfica.

Viens, Malike

Sous le dôme épais / Où le blanc jasmin / À la rose s’assemble / Sur la rive en fleurs, / Riant au matin / Viens, descendons ensemble. / Doucement glissons de son flot charmant
 / Suivons le courant fuyant / 
Dans l’onde frémissante / 
D’une main nonchalante /
Viens, gagnons le bord,
 / Où la source dort et / 
l’oiseau, l’oiseau chante.

Sous le dôme épais / 
Où le blanc jasmin,
 / Ah! descendons
 / Ensemble! / Sous le dôme épais / Où le blanc jasmin 
/ À la rose s’assemble /
 Sur la rive en fleurs,
 / Riant au matin
 / Viens, descendons ensemble.

Doucement glissons de son flot charmant / 
Suivons le courant fuyant
 / Dans l’onde frémissante
 / D’une main nonchalante 
/ Viens, gagnons le bord,
 / Où la source dort et 
l’oiseau, l’oiseau chante.

Sous le dôme épais 
/ Où le blanc jasmin,
 / Ah! descendons
 / Ensemble!

11. Un amor estupendo y conmovedor, que alegra al espectador, es el de Frankie (Michelle Pfeiffer) y Johnnie (Al Pacino). Como a Frankie le gustara el Claro de luna (de la Suite bergamasque) de Claude Debussy, Johnnie logra que un disc jockey radial la haga sonar en su programa al despuntar el día. La dulce melodía se corresponde perfectamente con el éxtasis de dos amantes maduros y emproblemados que han decidido confiar en el amor y han amanecido amándose. (Se ha convocado a Philippe Entremont, un compatriota del líder del impresionismo musical, para rendirla).

Claire de lune

Egon Schiele: Liebespaar, 1917

12. La inminencia de la consumación del amor es patente y tensa en el hermoso Adagio del ballet Espartaco, obra de Aram Khachaturian. El mismo compositor hace a la Orquesta Filarmónica de Viena el honor de dirigirla.

Adagio de Espartaco y Frigia

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Egon Schiele (1890-1918) fue uno de los más genuinos exponentes del expresionismo austriaco. Como ningún otro pintor fue prolífico, especialmente en la representación del erotismo. Habiendo comenzado como pintor impresionista, descubrió el movimiento y el estilo de la llamada Secesión Vienesa, conducida por gente como Gustav Klimt y Oskar Kokoschka. El Museo Leopold de Viena aloja la más grande colección de obras de Schiele. Helo aquí autorretratado con su pequeña familia el año de su muerte:

Egon Schiele: La familia, 1918

LEA

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Poco ruido y muchas nueces

La fiesta familiar del Cascanueces

 

En esta época del año, provoca la sensación de un misterio más alto y el sentido espiritual de la buena voluntad. Sin el Cascanueces, todos seríamos más pobres.

David Bintley, Director del Ballet Real de Birmingham

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Oiremos el estampido de un cañón de juguete que señala el comienzo de la batalla entre el Cascanueces y el Rey de los Ratones, sin duda, pero eso es todo el ruido—y el de los platillos, bombo y redoblantes—de este ballet maravilloso y navideño. Todo lo demás es música hermosa.

Tchaikovsky por Kuznetsov

En su estreno de 1892—el 18 de diciembre, en doble tanda con su ópera Yolanta—, escenificado en el Teatro Imperial Mariinsky de San Petersburgo, el tercero y último ballet de Pyotr Ilyich Tchaikovsky tuvo más éxito en tanto música que como espectáculo de danza, y luego la Suite No. 1 (op. 71a) popularizó los números que nos son más familiares. Hoy en día, por supuesto, y por este tiempo, es visto por millones en todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos. En 1940, Walt Disney presentó su aclamada película Fantasía, y la Suite era el segundo de los números animados, tras la Tocata y Fuga en Re menor de J. S. Bach. Cosas como éstas han hecho de la música del Cascanueces una de las obras más conocidas por los grandes públicos de todas partes.

Première en San Petersburgo

Cascanueces es el más corto de los ballets de Tchaikovsky, pero aun así contiene bastante más música que la Suite No. 1. El propio compositor hizo una segunda selección (Suite No. 2, op. 71b) que es menos frecuentemente ejecutada. Ella agrupa siete otros números de la obra, todos los cuales están incluidos en la selección que aquí se trae junto con material adicional, interpretados por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige André Previn, su titular entre 1968 y 1979.

El primer número aquí ofrecido es Comienzo del hechizo, del Acto I. El abuelo de Clara le ha regalado un cascanueces que es un muñeco soldado, y éste cobrará vida en el escenario una vez que los invitados se hayan ido y Clara vaya a dormir.
Comienzo del hechizo

David y Nicholas Schultz danzan la pelea

Este hecho mágico conviene mucho a Clara, quien recibe o sueña el ataque de numerosos ratones mandados por su monarca. El Cascanueces la defiende con fiera oposición de los soldados de jengibre que dirige a los roedores, mientras él se encarga personalmente del Rey de los Ratones.
Batalla del Cascanueces con el Rey de los Ratones

Como era de esperar, luego de su triunfo el cascanueces en forma de soldado se transforma en príncipe, y emprende viaje con Clara en un bote de nuez halado por delfines hacia el Reino de Confituremburgo, donde serán recibidos por el rey y la reina. La música que los acompaña corresponde a la partida en la Escena en el bosque de pinos.
Viaje por la nieve

La nieve también baila

Todavía en el bosque, son agasajados por los copos de nieve que bailan un vals en su honor, en el que suena un coro de voces infantiles.
Copos de nieve

Recibidos por la pareja real, Clara y el Príncipe verán varias danzas protagonizadas por diferentes golosinas o bebidas, como celebración del valor de nuestros héroes en la batalla que han dejado atrás y él ha referido al Hada de Ciruela Azucarada, quien organiza el baile. En la Suite No. 1, nos hemos acostumbrado a escuchar la danza rusa (Trepak, con bastones de caramelo), la danza china (Té) y la fascinante danza árabe (Café). Aquí tenemos al Chocolate o Danza española.
Chocolate – Danza española

Y bajo la falda de Mamá Liebre se esconden sus polichinelas, que salen de ella a bailar alborozados.
Mamá Liebre y los payasos

El Pas de deux de Maria Kochetkova y Davit Karapetyan

Por último, la propia Hada de Ciruela Azucarada concluye el baile en el hermoso Pas de deux acompañada por su Cavalier. El estrépito del tutti orquestal es incapaz de ahogar la aguda voz del flautín. (Se dice que Tchaikovsky recibió el reto de hacer una melodía con las notas sucesivas de una escala musical. Las notas del hermosísimo tema del Pas de deux son, por cierto, las de una escala descendente).
Pas de deux

Entonces una Coda prepara el terreno para el Vals Final y Apoteosis del Cascanueces. Una vez más, el flautín, que es el instrumento más pequeño en una orquesta sinfónica, no puede ser opacado por todo el resto de los instrumentos tocando forte. Su timbre es único, penetrante, inconfundible. (Parábola política: discutiendo, en septiembre de 1987, los rasgos de la campaña indicada para un outsider que pretendiera la Presidencia de la República, en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, escribí: «Por el mismo hecho de plantearse una campaña de es­tilo diferente es como se daría la posibilidad de distinguir el mensaje en un mar de ruido electoral, en la cacofonía de las abrumantes campañas tradi­cionales, como un minúsculo flautín clarísimo lo hace dentro de un tutti orquestal»).
Coda
Vals final y Apoteosis

Las sorpresas llegan en punta de pie

De manera que el Cascanueces da para todo, aun para modelar subrepticiamente las sorpresas en política, de las que una pudiéramos ver en 2012. Claro, su significado fundamental es la alegría de la Navidad, que deseo plena a los amables visitantes de este blog. LEA

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No hay navidad sin cascanueces

Edgar Degas: Bailarinas haciendo reverencias

 

El ballet es danza ejecutada por el alma humana

Alexander Pushkin

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Ocurren melodías de lo más memorables en la música compuesta para el ballet. Es natural; se trata de apoyar la estética de una experiencia visual, la coreográfica, con música bella.

Claro que la idea de lo que es hermoso varía de cultura a cultura y de época a época. El ballet es forma de arte relativamente reciente, originada en el siglo XV de la Italia renacentista como representación de la esgrima en obras para la escena. Es en 1661 cuando Luis XIV funda la Académie Royale de Danse, siendo que él mismo era un entusiasta bailarín, y ciertamente la estética occidental ha variado desde esta fundación del ballet clásico por el Rey Sol.

Del mismo modo, la música de ballet ha seguido la fluctuación del gusto con el tiempo, como lo atestigua la muestra seleccionada en esta nueva ocasión de compartir música cuya belleza aprecio. No hay duda de que la profundidad musical de estas piezas, con excepciones, es menor que la exigible en una misa de Mozart o una sinfonía de Brahms; estamos ante música cuya función es auxiliar de lo que se muestra en el teatro, una musicalización para el espectáculo de la danza, como lo son los sound tracks que apoyan la línea narrativa del cine. Es esto mismo, en todo caso, lo que pide música que no sea complicada—otra vez, con excepciones en el tratamiento más moderno—, que sea fácil y pegajosa, lo que no obsta para que alguna música de ballet sea de muy gran calidad.

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Ante el pino de Cascanueces

Seguramente es el rey y el sol de la música para ballet el ruso Pyotr Ilytch Tchaikovsky. Sus tres composiciones para danzar son extraordinarias obras en concepción dramática, orquestación, rítmica, variedad sinérgica y melodía. He aquí tres números tomados de cada uno de sus tres ballets, por orden de su composición: El lago de los cisnes, op. 20; La bella durmiente, op. 66; El cascanueces, op. 71. Del primero de ellos, su número 23, que es una mazurca, dirigida con potencia característica por Antal Doráti, al mando de la Orquesta de Minnesota. Del segundo, su famoso Vals final, que los niños aprenden a disfrutar con la película de Disney y aquí es interpretado por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Anatole Fistoulari. Finalmente, del ballet navideño por excelencia, su Obertura miniatura por la orquesta anterior y, de nuevo, Doráti.

El lago de los cisnes
La bella durmiente
El cascanueces

Coppelia: la niña con ojos de esmalte

Mudados a Francia, la patria del ballet y tierra de maravillosos melodistas, escuchemos primeramente la Navarresa de la música de ballet en El Cid, ópera de Jules Massenet. (Sí, la ópera no tardó en valerse de la danza para enriquecer su concepto de espectáculo total). La interpreta aquí la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, dirigida por el inevitable Gustavo Dudamel. A continuación, la Orquesta de Filadelfia bajo la familiar batuta de Eugene Ormandy toca, de la ópera Fausto de Charles Gounod, el hermoso Moderato con moto de su ballet. Luego dos piezas de Léo Delibes, de sus ballets más famosos, Sylvia y Coppelia. El Valse lente de Sylvia lo oímos con la Orquesta del Teatro Nacional de la Ópera de París, dirigida por Jean-Baptiste Mari, quienes nos ofrecen también la Mazurca de Coppelia, La fille aux yeux d’émail.

El Cid
Fausto
Sylvia
Coppelia

El ballet de un forajido

Un nuevo traslado nos lleva, en idéntico trayecto al que recorriera la Estatua de la Libertad, hasta los Estados Unidos a encontrarnos con música de Aaron Copland para su ballet Billy the Kid. Uno tras otro, el número correspondiente a la aprensión de Billy por una comisión de captura que dispara y la música divertida que le sigue. (Billy birla la llave al carcelero mientras juegan a las cartas y logrará escapar). Una vez más, Ormandy dirige a los músicos de Filadelfia.

Billy the Kid

Roberta Márquez, la llama que vuela

Ahora regresamos a Rusia, sólo que en el siglo XX, dado que acabamos de dejar a Copland. Para no abandonar de un todo a los estadounidenses, es la misma Orquesta de Filadelfia, liderada por quien fuera su titular después de Ormandy, el vigoroso Riccardo Muti, la que ejecuta el número Montescos y Capuletos, del Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev. Después, del mismo compositor, el Vals de Cenicienta y Medianoche, por la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo que conduce Yuri Temirkanov. Rusia, en tanto Unión Soviética, dominaba el país de Aram Khachaturian, Armenia. De su ballet Gayané, escucharemos la Canción de cuna en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica de Londres comandada por—¿quién más?—Antal Doráti. En esa Rusia dominadora nació e hizo su primera música el emblemático Igor Stravinsky, que compuso para los Ballets Russes de Sergei Dhiagilev. La segunda de las obras comisionadas por este empresario radicado en París fue Petrushka (1911), y su número La bailarina y el moro (del Tercer Cuadro) lo interpreta también la Orquesta de Filadelfia dirigida por Muti. El tercer ballet de Stravinsky fue presentado en 1913 en medio del escándalo del público parisino, que motivó presencia policial a partir del intermedio luego de los abucheos y protestas que recibieron su primera parte. Hablo de la Consagración (o Rito) de la Primavera, dos de cuyos fragmentos contiguos—Evocation des ancétres, Action rituelle des ancétres—dirige Pierre Boulez y toca la Orquesta de Cleveland. Y del Segundo Cuadro de L’oiseau de feu (El pájaro de fuego, 1910), el mismo Boulez dirige ahora a la orquesta Filarmónica de Nueva York para la solemne conclusión de esta música ígnea: Disparition du Palais et des Sortilèges de Kastchei, Animation des Chevaliers Pétrifiés, Allégresse Générale.

Romeo y Julieta
Cenicienta
Gayané
Petrushka
La consagración de la primavera
El pájaro de fuego

……..

El fuego brilla también, y muy calurosamente, en Andalucía. El gaditano Manuel De Falla compuso la hermosa música de El amor brujo, cuyo número más famoso es la Danza ritual del fuego. El video que sigue cierra con esa pieza, seguida de inmediato por la Canción del fuego fatuo, esta ofrenda navideña. Gracias a Carlos Saura—a quien Carlos Fuentes llamó junto con Geraldine Chaplin «demiurgos del pastelón podrido de Madrid» en su dedicatoria de Terranostra (1975, el año cuando Francisco Franco moriría)—por la película en la que Antonio Gades y su gente, en la que resalta Cristina Hoyos, recrean como ningunos otros ese ballet con música española. Feliz Navidad. LEA

La música en esta entrada puede descargarse del canal en ivoox de Dr. Político.

Las fotos pequeñas se amplían con un clic.

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Más música política

Gabriela Montero: el arte puesto de pie

Son muchos los ejemplos de música con intención o inspiración política. Tanto la música popular como la que llamamos culta o clásica alojan un buen número de piezas con tal carácter. (Ver en este blog, por ejemplo, Música política). He aquí una colección abigarrada, que comienza por lo que pudiera considerarse el himno de la democracia, la Fanfarria para un hombre común, de Aaron Copland, quien optó por celebrar a la gente común y corriente en lugar de algún héroe o hazaña. En esta ocasión la interpreta la maravillosa Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy. (Puede compararse con una versión por la Orquesta Sinfónica de Detroit, dirigida por Antal Doráti, en Música política):

Buena parte de la carga política en la música popular viene expresada en testimonios de la pobreza. Lamento borincano, cantada aquí por Marco Antonio Muñiz, es una queja campesina que contrasta los sueños de un padre pobre con su fracaso: el jibarito va pensando así, diciendo así, llorando así por el camino: ¿que será de Borinquen, mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar?

Construçao, en cambio, de Chico Buarque de Holanda, es una tragedia urbana, la muerte de un obrero albañil que cae al tropezar desde lo alto de una obra. Como una canción de nuestro Vicente Emilio Sojo, la última palabra de cada verso es esdrújula. He aquí su letra:

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego
Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público
Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contramão atrapalhando o sábado

En la misma onda, el clásico Sixteen tons (canción de Merle Travis; ver la magnífica versión de The Platters, en la rica voz baja de Herb Reed en Una docena más) describe la alienación de los mineros de carbón, amarrados de por vida a las compañías explotadoras de los yacimientos y sus obreros. (You load sixteen tons, what do you get/Another day older and deeper in debt/Saint Peter don’t you call me ‘cause I can’t go/I owe my soul to the company store). Quien popularizó esta canción fue Tennessee Ernie Ford, que la canta acá:

Todavía en situación peor, la gente encarcelada es cantada en Prison song por Graham Nash—formó parte del grupo Crosby, Stills, Nash & Young—, quien asegura que la gente rica no paga penas carcelarias: And here’s a song to sing for every man inside/If he can hear you sing, it’s an open door/There’s not a rich man there who couldn’t pay his way/And buy the freedom that’s a high price for the poor.

David Crosby y Graham Nash en Occupy Wall Street (clic amplía)

Puede cantarse a los héroes de epopeyas revolucionarias, personajes concretos o caracteres genéricos como el de Canción del elegido, obra de Silvio Rodríguez interpretada por Soledad Bravo, quien grabó un álbum de canciones de la Nueva Trova Cubana.

El romance de personajes de reparto

Hablando de epopeyas, en 1960 se estrenó el filme Éxodo, dirigido por Otto Preminger, que narra el episodio de unos refugiados que se trasladaban en barco en momentos de la fundación del Estado de Israel. Su tema musical se convirtió en un éxito principalmente por la versión del dúo de pianistas Ferrante & Teicher. Aquí se pone en la interpretación de nadie menos que Edith Piaf, el Ruiseñor de Francia.

Por supuesto, es una mordaz crítica a los valores sociales pervertidos el famosísimo tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo. Un cantautor que siempre ha tenido carácter protestatario, Joan Manuel Serrat, la expone en este archivo:

Ese mismo cantante profiere un reclamo más extenso en El sur también existe:

Con menor aspereza, John Lennon compuso y canta aquí Imagine, una canción que la revista Rolling Stone colocó en el tercer lugar de las quinientas canciones más grandes de todos los tiempos.

La canción We are the world, compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie, reunió un supergrupo de estrellas en 1985 para producirla. La canción vendió más de veinte millones de copias, y los ingresos fueron destinados a aliviar el hambre africana (recaudó 63 millones de dólares).

There comes a time when we heed a certain call (Lionel Richie)
When the world must come together as one (Lionel Richie & Stevie Wonder)
There are people dying (Stevie Wonder)
Oh, and it’s time to lend a hand to life (Paul Simon)
The greatest gift of all (Paul Simon/Kenny Rogers)

We can’t go on pretending day by day (Kenny Rogers)
That someone, somewhere will soon make a change (James Ingram)
We’re all a part of God’s great big family (Tina Turner)
And the truth (Billy Joel)
You know love is all we need (Tina Turner/Billy Joel)

  (CORO)
  We are the world, we are the children
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Michael Jackson)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Diana Ross)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Michael Jackson/Diana Ross)

Well, send ‘em you your heart so they know that someone cares (Dionne Warwick)
And their lives will be stronger and free (Dionne Warwick/Willie Nelson)
As God has shown us by turning stone to bread (Willie Nelson)
And so we all must lend a helping hand (Al Jarreau)

  We are the world, we are the children (Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Kenny Loggins)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Steve Perry)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Daryl Hall)

When you’re down and out there seems no hope at all (Michael Jackson)
But if you just believe there’s no way we can fall (Huey Lewis)
Well, well, well, let’s realize that a change can only come (Cyndi Lauper)
When we (Kim Carnes)
stand together as one (Kim Carnes/Cyndi Lauper/Huey Lewis)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bob Dylan)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bob Dylan)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Stevie Wonder)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Stevie Wonder)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bruce Springsteen)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bruce Springsteen)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (James Ingram)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (James Ingram)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos/Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos/Ray Charles)

Sibelius y Ormandy en la casa de campo del primero

Si entramos a otra dimensión, la música culta nos proporciona música de independencia y liberación. Éste es el caso de Finlandia, el opus 26 de Jan Sibelius. Suena acá en versión monumental de la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón, dirigidos ambos por Eugene Ormandy. (La orquesta fue a Finlandia en 1955 y visitó a Sibelius poco antes de su muerte. Los músicos esperaron fuera de los autobuses que los llevaron a la casa del compositor, en pleno y nevado invierno, a que Ormandy sacara al maestro a saludarlos).

Krzysztof Penderecki, compositor polaco contemporáneo, que últimamente ha suavizado su música muy astringente con un nuevo estilo postromántico, se hizo conocer con la gélida Trenodia por las víctimas de Hiroshima (para 52 instrumentos de cuerda), que toca aquí la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Polaca. (Advertencia: debe oírse teniendo a la mano una buena dosis de sal de frutas).

La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, como otras de este compositor, adquirió pronto un tinte político, gracias principalmente a Va, pensiero, cantada en coro por los esclavos hebreos de Nabucodonosor. El justamente afamado Riccardo Muti potenció ese significado el 12 de marzo de este año, cuando rompió todo protocolo para arengar al público en protesta por los recortes de fondos para la cultura dispuestos por el gobierno de Silvio Berlusconi. Concluida la interpretación de este coro por la Ópera de Roma, Muti interrumpió la ejecución y dirigió un breve discurso a la audiencia, a la que luego reclutó para volver a cantar la pieza junto con la orquesta y los cantantes. Aplausos, vítores y lágrimas de músicos y público confirmaron que el maestro había tocado un nervio particularmente sensitivo. Dijo Muti en la ocasión: «Como italiano que da vueltas por el mundo me encuentro muy adolorido por lo que está pasando». (Se ha generalizado la impresión errónea de que sus palabras fueron dichas delante del propio Berlusconi, pero esto no fue así. El Primer Ministro de Italia asistió a otra representación de Nabucco seis días más tarde, pero la fuerza de la crítica de Muti no fue menor por eso. Berlusconi, naturalmente, ya no está en el cargo al que se aferrara tanto tiempo; Muti permanece).

¡Ve, pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el dulce aire de la tierra natal!
¡Saluda las orillas del Jordán
y las destruidas torres de Sión!
¡Oh, mi patria, tan bella y perdida!
¡Oh recuerdo tan caro y fatal!
Arpa de oro de fatídicos vates,
¿por qué cuelgas muda del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡que hable del tiempo que fue!
Al igual que el destino de Sólima
¡canta un aire de crudo lamento,
que te inspire el Señor un aliento
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
al padecer, la virtud!

Un tono distinto de rojo

La pianista venezolana más renombrada, después de Teresa Carreño, es Gabriela Montero, que tempranamente recibió estímulo de la gran Martha Argerich. Con motivo del lanzamiento de su disco Solatino, se empeñó en que el logotipo de la disquera inglesa EMI sutituyera su color rojo habitual por el blanco. Montero explicó:

«Decidí excluir el color rojo en SOLATINO, a excepción de la letra ‘O’, porque en Venezuela el color rojo ha sido robado de su apasionada belleza y poder y es ahora asociado a la represión, la furia y el control. También notarán que el título tiene los colores amarillo, azul y rojo. Estos son los colores de la bandera venezolana.

El rojo es el último color de mi bandera y, coincidencialmente, ‘O’ es mi tipo de sangre. Encuentro este simbolismo muy hermoso. Todos compartimos la misma fuente de vida: la sangre. Son las células rojas de la sangre las que llevan el oxígeno por nuestros cuerpos. Sin ellas, perecemos. Con el balance adecuado, prosperamos. Me gustaría que esta ‘O’estuviese coloreada por un matiz pacífico de rojo. El rojo que nos pertenece a todos. El rojo que es hermoso en su intensidad, y no hiriente en su agarre. El rojo que pertenece a este mundo y no el que nos separa y extingue. No hay espacio para el tipo equivocado de rojo, y escojo removerlo de este álbum.

Esta es mi declaración».

Luego, en octubre de este año, estrenó en Nuremberg su opera prima para piano y orquesta, a la que llamó ExPatria. Dijo para presentarla: “Es el grito de una sociedad asfixiada y la denuncia de la complicidad e inconsecuencia del mundo ante la desventura de los venezolanos, encubierta en un tenue y engañoso velo de democracia. Va más allá de la nostalgia privada a un grito muy público. ExPatria es un retrato de un país apenas reconocible del que conocí en mi juventud. Es mi respuesta emocional a la pérdida de Venezuela a sí misma, a la ilegalidad, la corrupción, el caos y las tasas de homicidio entre las más altas del mundo”.

Cerremos este amasijo de música política con una interpretación por Gabriela Montero de la Polonesa Heroica de Federico Chopin, una de las piezas políticas del genio polaco del piano. (El 3 de diciembre de 2007 en el Centro Gubenkian de Lisboa). Buen provecho. LEA

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