el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

A través de la mordaza

Fue gracias a Gonzalo Pérez Petersen que supe de esta conversación en la madrileña Casa de América. En ella guía Antonio Gárate, periodista de Radio Televisión Española, las muy claras y precisas intervenciones de Yoani Sánchez, Leopoldo Castillo y Carlos Pagni acerca de las vicisitudes de la libertad de prensa en Iberoamérica y en estos tiempos. He aquí el registro en video del conversatorio del pasado 27 de julio.

 

El tema del programa de la Casa de América, muy apropiadamente, es el del 3er. movimiento de la Sinfonía #9 (del Nuevo Mundo), del compositor bohemio Antonín Leopold Dvořák. LEA

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Lo que se viene

El pescozón de mardo a Capriles (El Nuevo País)

El pescozón de Mardo a Capriles (El Nuevo País)

Ni el Gobierno ni la Oposición lograron una movilización masiva en su convocatoria de ayer. Más apretada la concentración opositora y evidente el uso de recursos del Estado por parte del oficialismo, pero nada del otro mundo. Arriba, Capriles, camisa azul, cuando llama al diputado Mardo, leit motiv del evento, a compartir con él la tribuna. Abajo, Maduro en su estrategia de identificarse con Chávez. Ni lo primero mueve al pueblo opositor ni lo segundo es creído por el pueblo chavista.

El Nuevo PaísA media máquina, 4 de agosto de 2013

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Algún profundo estratega de la Mesa de la Unidad Democrática habrá dicho hace días: «Hay que calentar la calle». La retirada de Capriles del 17 de abril—convocó y desconvocó una marcha de protesta—fue reclamada por la parte más airada del pueblo opositor y también por algunos de sus dirigentes; notablemente, por María Corina Machado, grabada en conversación con Germán Carrera Damas. Fue ése el primer punto que trataron y el primero en que coincidieron. De allí la convocatoria a la concentración en defensa de Richard Mardo.

Como era de esperarse, el oficialismo inventó una marcha para el mismo sábado 3 de agosto de la concentración opositora en Los Ruices; es su táctica habitual. Pero, como registra El Nuevo País, ni la MUD ni el gobierno lograron interesar a la ciudad de Caracas, que siguió su vida sabatina como si la cosa no fuera con ella. Hay una fatiga, un aburrimiento derivado de la repetición, nada original, de esta clase de eventos.

Maduro centró su oferta en la recién estrenada lucha contra la corrupción. (Aunque el invento no tiene nada de nuevo; cuando Hugo Chávez inscribió su candidatura en 2006, salió del Consejo Nacional Electoral para declarar que su postulación convocaba al pueblo a ayudarlo a «continuar la lucha contra la corrupción». Siete años después, Maduro tiene que remendar la tela de la vieja bandera). Capriles defendió a Richard Mardo, pero centró su mensaje en el logro de un triunfo en las elecciones del próximo 8 de diciembre, no sin indicar que pudiera intentarse una asamblea constituyente el año que viene.

Esto es una aventura que ha venido siendo propuesta, con insistencia creciente en los últimos tiempos, en predios opositores, principalmente por Julio César Moreno León—ver en este blog La imaginación al poder para una crítica de la idea—, y el propio Capriles anticipó en su programa semanal de TV digital el 18 de junio: «No descartemos que en el futuro se lleve a cabo un proceso constituyente, porque para que este país pueda funcionar no solo basta con cambiar el Presidente. Aquí tiene que cambiar el sistema judicial, los alcaldes, el CNE, la Fiscalía, la Contraloría, tiene que venir un cambio absoluto». Bueno, para cambiar esos poderes no es necesaria una asamblea de esa clase; bastaría con ganar las elecciones municipales y las próximas de Asamblea Nacional, el órgano que elige todo lo demás. Una constituyente es para cambiar la Constitución por una nueva, y con ocasión de los Lineamientos para el Programa de Gobierno de la Unidad Nacional (23 de enero de 2012), Capriles refrendó lo siguiente:

44. La base normativa fundamental para el nuevo gobierno es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual calificamos como una Constitución democrática, respetuosa del Estado de Derecho y de los derechos humanos.

45. Ella representa no sólo el punto de partida ineludible desde la perspectiva de la validez y vigencia formal de las normas, aunado ello a su ratificación popular, sino también una plataforma jurídica aceptable para el despliegue de las políticas de un gobierno democrático. Permite el funcionamiento de instituciones democráticas y garantiza los derechos humanos.

Claro que se tiene la idea equivocada de que una constituyente es «originaria», con poder suficiente para repetir el abuso inconstitucional de la Preeliminación del Senado en 1999, antes de que la Constitución vigente hubiera sido aprobada y promulgada por el referendo popular del 15 de diciembre de ese año. (Oportunidad en la que no se registra reclamo de alguna importancia de Capriles, que entonces presidía la Cámara de Diputados).

Una plúmbea mediocritas, entonces, caracteriza a la política que ofrecen gobierno y oposición. El primero no termina de asentar el liderazgo de Maduro, lo que se refleja en encuestas (IVAD; Datanálisis, Varianzas) que encuentran una hipotética derrota suya ante Capriles si se repitiera las elecciones del 14 de abril. La segunda no ha demostrado al país que ese día le robaron las elecciones a Capriles.

Con tal de que no me preeliminen...

Con tal de que no me preeliminen…

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Pero lo que viene no son elecciones presidenciales, sino municipales. La última vez que se eligió alcaldes fue en 2008, junto con los gobernadores de los estados. El 23 de noviembre de ese año, el gobierno perdió terreno al nivel estadal, pues la oposición añadió tres gobernaciones a las alcanzadas en 2004 y la Alcaldía Metropolitana. El suscrito presumió, equivocadamente, que lo mismo ocurriría en materia municipal, pero el oficialismo conquistó el 82% de las alcaldías, dejando a las candidaturas opositoras sólo 58 de las 321 en disputa. Del mismo modo, luego de las elecciones presidenciales del 7 de octubre del año pasado, el desempeño opositor en las elecciones de gobernadores del siguiente 16 de diciembre empeoró; la oposición regresó a tener solamente dos de veintitrés gobernaciones. El propio Capriles, que pudo superar a Elías Jaua por 4,01%, obtuvo una votación porcentual menor que la que sacara en 2008.

De modo que la cosa no está cantada, a pesar de la ventaja de Capriles sobre Maduro en los últimos sondeos de opinión; se trata de unas elecciones diferentes. Me abstendré de predecir para no repetir mi error de 2008, aun cuando creo que la oposición conquistará más alcaldías que en aquel año. En cualquier caso, Varianzas ha medido en junio-julio 42,7% de simpatías por el PSUV y sólo 24,5% por Primero Justicia, el más grande fragmento de la MUD (Un Nuevo Tiempo 6,5%, Voluntad Popular 5%, AD 4,4%, COPEI 1,4%).

Ahora bien, conviene mirar con atención un caso particular: la candidatura de Antonio Ecarri a la Alcaldía del Distrito Libertador. Ecarri fue derrotado, según la MUD, por Ismael García en las primarias del 12 de febrero de 2012 con una diferencia de 500 votos, y él ha aducido votaciones irregulares que no pueden ser comprobadas a la destrucción de los cuadernos electorales por parte de la central opositora. Es decir, Ecarri reclama lo mismo que Capriles respecto de la última elección presidencial.

¿Puede la conciencia de Ecarri tolerar que quien fuera chavista por mucho tiempo, artífice de la «Lista Maisanta»—análoga a la Lista de Tascón—se convierta en alcalde en el centro de la capital? No parece ser el caso, y se da por seguro que en estos días presentará su fresca candidatura fuera de la federación opositora.

La dirigencia de oposición, y buena parte de sus seguidores, se ha mostrado constantemente dispuesta, no sólo a recibir a la disidencia del chavismo, sino a permitir que se conviertan sus miembros más conspicuos en dirigentes suyos: los generales Rosendo y Lameda, Alfredo Peña (primer Ministro de la Secretaría de la Presidencia de Chávez, diputado constituyente y Alcalde Metropolitano elegido en planchas de Chávez), Alejandro Armas (pretendiente miquilenista a la candidatura presidencial opositora en caso de que Chávez fuera revocado en 2004), Margarita López Maya (que trataba con sorna a quien osara oponerse al difunto presidente), Henri Falcón (que quiso posicionarse antes de su notorio ingreso a la MUD como líder de los no alineados), etcétera. Ismael García es otro caso más de ésos que apoyaron por tiempo considerable al oficialismo chavista y ahora son tenidos por héroes a los que se debe seguir.

Si se materializa la candidatura de Ecarri, estaremos ante una jugada con vocación de más amplia significación: una candidatura que no se identifica ni con el gobierno ni con su leal oposición. Su discurso puede hacerle anclar en el universo no alineado, y luego captar intención de voto de ambos polos. Pudiera ganar, y entonces se habría demostrado que no es necesaria «la unidad», ese monopolio mítico de la oposición, para derrotar al chavismo.

Un tal desenlace sería portentoso: sería el modelo a tomar en cuenta cuando llegue la próxima elección presidencial.

LEA

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Lo que sigue es el archivo de audio de una entrevista con Manuel Felipe Sierra por Radio Venezuela, en la misma fecha de esta entrada. Sierra introdujo el tema de Ecarri. Tres días después, quiso enfocar en Noticias 24 Radio las venideras elecciones municipales.

 Radio Venezuela, 05/08/13
 Noticias 24 Radio, 08/08/13
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Ella cantaba más allá del genio del mar

Nacha con nuestros hijos

Nacha con nuestros hijos: María Ignacia, Eugenia Josefina, Luis Armando.

 

She sang beyond the genius of the sea

Wallace StevensThe Idea of Order at Key West

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Debo a Andrés Ignacio Sucre Guruceaga la inmensa fortuna de haber conocido a mi esposa, en la noche del martes 11 de mayo de 1976. En El padrino, de Mario Puzo, se da cuenta del rayo que cayó sobre Michael Corleone cuando por primera vez vio a Apolonia. María Elena Ramos reseña el pasaje:

Descansaba a la sombra de un naranjo cuando sufrió el ataque de lo que los sicilianos llaman “el rayo”. Su corazón empezó a latir “más de prisa de lo normal, se sentía un poco aturdido y notaba que la sangre bullía en su cuerpo. Percibía intensamente los mil perfumes de la isla; el aire olía a naranja, a limón y a flores. El cuerpo no le pesaba. Se sentía en otro mundo (…) Estaba tan anonadado que se hubiera dicho que acababa de atropellarlo un coche”. (…) “Lo que sentía en ese momento era un irresistible deseo de posesión (…) No conseguiría quitarse de la cabeza el recuerdo de la muchacha si no conseguía que fuera suya. De repente, su vida se había simplificado. Ahora todo convergía en un solo punto, haciendo lo demás indigno de atención”. (…) “Flechazo” o “amor a primera vista”, no alcanzan a definir, a nuestro parecer, el golpe inédito, eléctrico, violento, feliz y animal, que sufren todos nuestros sentidos cuando pega el rayo; un golpe que te deja anonadado. (…) El rayo es una instantánea revolución de los sentidos en la que no existe la ternura, la dulzura. Es como un exuberante paraíso en el que nunca creímos, pero que se aparece de repente.

Fue más o menos eso lo que me pasó esa noche, y nunca me había ocurrido algo que se le aproximara medianamente. Como dijera de mi primer hijo, ella es causa de un amor y de un orgullo de los que no he podido recuperarme.

Andrés Ignacio me había invitado a un concierto aniversario en su casa de una coral que dirigía mi compadre y amigo de juventud, Eduardo Plaza Aurrecoechea. Allí me cayó el rayo. Nacha Sucre—¡qué nombre único y perfecto!—formaba parte del grupo de contraltos. Me fueron evidentes su vivacidad y su alegría, su poderosa hermosura. Al salir de la casa de la Calle 5 de Los Palos Grandes, obtuve de Andrés una sucinta información acerca de la situación sentimental de su prima y concebí esperanzas. A pesar de no haber cruzado con ella más de dos decenas de palabras, tenía la clarísima certeza de que era la mujer que siempre amaría. Ya en mi apartamento de divorciado solitario, me atravesaba un solo pensamiento: que yo debía por sobre todo respetar, siempre y escrupulosamente, la libertad de esa mujer de la que me había instantáneamente enamorado.

Días después (28 de mayo), sentí la necesidad de escribir sobre lo que me pasaba, e imaginé que decía a un cercano amigo: «Quiero contarte, Diego Bautista, de una mujer. Que se me está metiendo, compañero»:

Es muy fácil recordarla. Tan fácil como difícil describirla. Claro, puedo poner en palabras cada atuendo que le he visto. Desde el uniforme de pañuelo color contralto, hasta la blusa rayada de botones grandes. Puedo escribir los objetos que la tocaron o las cosas que me ha dicho en una noche, una mañana y una noche. De allí hacia más, la tarea se me escapa. Logro sólo, por ejemplo, después de un buen esfuerzo, desmenuzar alguno de sus gestos de demolición. Es algo así como una explosión de breve eternidad en la que coinciden una inclinación de la cabeza, una sonrisa inestimable y un brillo salado en la mirada. Pero eso no es avanzar demasiado, pues no describo—y quizás no pueda hacerlo—ninguno de esos socios expresivos, ni otros solidarios en su fuga y que no he sabido glosar aunque sé que están presentes. Tampoco me importa mucho, porque cuando viven en su rostro están juntos. Mi intento, por tanto, profano. Además puedo repetir en mi memoria la escena de ese gesto, su dulce violencia, con nitidez de lluvia fina.

Llegado julio, había aceptado compartir conmigo un café en Sabana Grande, y el recuerdo de la noche en que un hombre se acercó a nuestra mesa—para ver si le comprábamos un ejemplar de La ciencia en la Unión Soviética—quedó plasmado en Camarada Carmona, que justamente comienza con otra imagen pluvial: «Ya la lluvia se había hecho enumerable». Nacha era capaz de calar los huesos de cualquiera.

Eso lo supe después. Se tomó casi tres años para aceptarme el matrimonio, y en ese lapso fue cortejada por una serie interminable de caballeros. Francisco Villegas me contó una vez que en la discoteca La Lechuga se referían a ella como «la Mata Hari», tal era su fama de competente femme fatale. Pero yo había jurado respetar su libertad y mi suegra me explicó de uno de los pretendientes: «Es sólo un amigo que la distingue».

En 1979 fuimos marido y mujer, y nos dedicamos a procrear tres hijos hermosos, entre ellos el primer descendiente varón de mis suegros. (Trajimos uno previo cada uno; yo el ya aludido, ella una hija que vale la pena). Hicimos primero a Eugenia, a quien su abuelo le escogió el nombre para significar que era bien nacida; yo la exhibía feliz, al mes de haber venido, en mi oficina, y uno de los empleados la bautizó como Estrella de la mañana. Luego, Luis Armando, la copia exacta del mismo abuelo materno, genéticamente portador de 45 cromosomas Sucre, hombre de mil amigos en quien sus hermanas confían ciegamente. Por último, María Ignacia, nacida en el cumpleaños de mi madre para distinguirse mucho académicamente y con su pluma y, recientemente, en el ciclismo urbano. Los tres han heredado la nobleza de la madre.

Más allá de eso, Nacha no ha dejado de crecer personal y profesionalmente. No conozco gente que sepa de ella y no la quiera, y ella quiere—mis celos se desvanecen ante el hecho—estrictamente a todo el mundo y sobre éste distribuye su bondad. Ha surgido en ella una escritora de seguro instinto narrativo; es autora publicada—Alicia Eduardo: Una parte de la vida—: «…es la misma Nacha Sucre de siempre, sabia ante la vida y el amor, la misma mujer de fresca relación con lo real, que escribe as a matter of fact de modo eficaz y bello con el don de los escritores natos. …la oportunidad del trabajo sistemático le hizo sentirse segura en la constatación de su poder, y ya sabe que es irreversiblemente una escritora». No cesa de estudiar y aprender su nuevo oficio.

Mientras yo esperaba (o desesperaba) su admisión de que yo era «el hombre de su vida», concebí en mi guayabo componer una novela que la tuviera como centro, y los capítulos iban a tomar su título de cada verso de La idea de orden en Cayo Oeste, el gran poema de Wallace Stevens, pues ella, en verdad y no sólo como contralto en un coro, cantaba más allá del genio del mar. Es el mar parte de la sustancia de mi esposa, y aunque el matrimonio hizo innecesaria la novela, acá dejo constancia hoy, en el día de su cumpleaños, de su retrato anticipado por Stevens: «But it was she and not the sea we heard. For she was the maker of the song she sang».

It was her voice that made
The sky acutest at its vanishing.
She measured to the hour its solitude.
She was the single artificer of the world
In which she sang. And when she sang, the sea,
Whatever self it had, became the self
That was her song, for she was the maker. Then we,
As we beheld her striding there alone,
Knew that there never was a world for her
Except the one she sang and, singing, made.

(Pero era ella y no el mar lo que oímos./ Porque era ella la hacedora de la canción que cantaba. (…) Era su voz la que hacía el cielo más agudo al desvanecerse./ Ella medía su soledad a la hora./ Ella era la sola artífice del mundo/ En que cantaba. Y cuando cantaba, el mar,/ Cualquiera esencia tuviera, se hacía la esencia/ Que era su canción, porque era ella la hacedora. Entonces nosotros,/ Al verla allí caminando sola,/ Supimos que nunca habría un mundo para ella/ Que no fuera el que cantaba y, cantando, hacía).

El poema leído por su autor 

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Apostilla del 2 de agosto:

Claude Debussy también presintió a esta mujer de mar en 1905; por supuesto, en La mer. La anticipación ocurre en el último movimiento de la gran suite: Dialogue du vent et de la mer. He aquí su cierre, que comienza con la melancólica dulzura de su canto en oboe y flauta. Nacha ha condimentado su alegría, su rasgo fundamental, y como la magnífica cocinera que es, con una pizca de la tristeza que ha vivido. Pero a ésta se superpone el triunfo luminoso de su dicha, y danza juguetona en la orilla mojándose los pies. Entonces se aleja para atender cosas de la tierra diciendo adiós con la voz penetrante y lejana del flautín, y el mar se agita para pedirle que vuelva; él queda convencido de su promesa de retorno y calla abruptamente.

Dialogue du vent et de la mer

LEA

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La torpeza de la deshonestidad

Reunido con el pinochetismo

Reunido en Chile con el pinochetismo

Hubo que coordinar un encuentro privado de Sebastián Piñera y Henrique Capriles Radonski, en una cena en la casa del senador chileno Jovino Novoa (Unión Demócrata Independiente), para que no se confundiera la conversación con un acto oficial en el Palacio de La Moneda. (El gobierno de Chile ha reconocido formalmente al presidido por Nicolás Maduro). Hasta la segunda patria de Andrés Bello llegó el líder opositor venezolano, supuestamente para reclutar apoyo a la impugnación de las elecciones del pasado 14 de abril. Luego iría a Lima, declaradamente con el mismo propósito, y allí lo importante era que Ollanta Humala es no sólo el Presidente de Perú, sino de la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR; Capriles esgrimió precisamente, durante ese nuevo viaje de turismo de oposición, la idea de que no se habría realizado la auditoría electoral que UNASUR habría «acordado»: «En Unasur hubo un compromiso, no se cumplió, allí estuvieron los presidentes, no se cumplió lo que fue un compromiso frente a los venezolanos, no frente a una opción sino frente a los venezolanos».

También conversó con Eduardo Alfredo Juan Bernardo Frei Ruiz-Tagle, expresidente demócrata-cristiano y por tanto ideológicamente afín a Primero Justicia, el partido de Capriles hasta nuevo aviso, pero la reunión más significativa se efectuó con las directivas de los partidos de la Alianza por Chile (Todos Somos Chile), Renovación Nacional (RN) y Unión Demócrata Independiente (UDI). Son éstas las formaciones que apoyan a Piñera, uno de los líderes principales de RN. Ésta nace en 1982 y fue soporte del Régimen Militar liderado por Augusto Pinochet; la UDI surgió en 1987 e hizo campaña a favor del siniestro dictador chileno en el plebiscito del año siguiente. Ambas son partidos de derecha. Ésos fueron los apoyos ostensibles a la causa de Capriles en tierras chilenas; Michelle Bachelet, quien con toda probabilidad repetirá en la Presidencia de Chile, declinó reunirse con él por «problemas de agenda». Capriles comentó algo desarticuladamente: «Esta ha sido una visita preparada sin tanto tiempo de antelación y creemos que la presidenta Bachelet, que nos informó, pues bueno lamentamos no tener la oportunidad de conversar en esta ocasión, pero estoy seguro que en el futuro habrá otras oportunidades».

En Perú recibió el espaldarazo de Alan García, otro expresidente, quien le dijo: «La democracia es una trayectoria de larga paciencia. Usted va a triunfar, porque enfrenta un modelo que divide a la población y que se equivoca cada día más en su afán de la manipulación y el insulto. Es un modelo del siglo pasado. Le doy la bienvenida a mi patria y espero que el Presidente del Perú y de Unasur, pueda escuchar su versión». Humala no escuchó la versión de Capriles, pero éste reiteró su tesis general en declaraciones a los medios, no sin intentar una razón persuasiva: «Unasur acordó la auditoría. Esa auditoría nunca se hizo y el presidente Humala es el presidente pro témpore hasta el mes de septiembre de Unasur. Lamentaríamos mucho si Ollanta Humala no nos dispensa unos minutos para hablar con él, no tanto por ser presidente de Perú, sino por ser presidente de Unasur». Tuvo que lamentar que el mandatario peruano no le concediera ni un minuto.

Veamos, entonces, que fue lo que acordó UNASUR el pasado 19 de abril:

El Consejo de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno de UNASUR, reunido en sesión extraordinaria en Lima:

1.- Expresa su felicitación al pueblo venezolano por su masiva participación en la elección presidencial del 14 de abril último, que ratifica su vocación democrática y saluda al Presidente Nicolás Maduro por los resultados de los comicios y su elección como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

2.- Insta a todos los sectores que participaron en el proceso electoral a respetar los resultados oficiales de la elección presidencial emanados del Consejo Nacional Electoral (CNE), autoridad venezolana competente en la materia.

3.- Ratifica en la línea de lo señalado en la Declaración de la Misión Electoral de UNASUR a Venezuela del 15 de abril último, que todo reclamo, cuestionamiento o procedimiento extraordinario que solicite algunos de los participantes del proceso electoral, deberá ser canalizado y resuelto dentro del ordenamiento jurídico vigente y la voluntad democrática de las partes. En tal sentido, toma nota positiva de la decisión del Consejo Nacional Electoral de implementar una metodología que permita la auditoría del total de las mesas electorales.

4.- Hace un llamado a deponer toda actitud o acto de violencia que ponga en riesgo la paz social del país y expresa su solidaridad con los heridos y las familias de las víctimas fatales del 15 de abril del 2013. Invoca asimismo al diálogo y a contribuir a preservar un clima de tolerancia en beneficio de todo el pueblo venezolano.

5.- Acuerda la designación de una comisión de UNASUR para acompañar la investigación de los hechos violentos del 15 de abril del 2013.

Lima, 19 de abril 2013

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Un estudiante de castellano medianamente apto entendería de la lectura del acuerdo precedente que UNASUR 1. reconoció a Nicolás Maduro como Presidente legítimo de Venezuela; 2. exhortó a la oposición a reconocer los resultados oficiales y la competencia y autoridad del Consejo Nacional Electoral; 3. enfatizó como única vía admisible para reclamos la determinada por los instrumentos legales pertinentes (Ley Orgánica de Procesos Electorales y su Reglamento General); 4. consideró como signo positivo el anuncio del CNE relativo a la ampliación de la auditoría prevista en la ley al total de mesas de votación. Ningún estudiante de castellano de aceptable competencia podría deducir del acuerdo de UNASUR que esta organización supranacional «acordó» o «exigió» que la auditoría electoral venezolana debía proceder según las pretensiones de la Mesa de la Unidad Democrática y el candidato perdedor. Y, hay que decirlo, la auditoría aprobada por el CNE, ya cumplida satisfactoriamente a cabalidad, es la que permite la LOPE (ver en este blog Las reglas de juego, 24 de abril de 2013); ésta menciona el cotejo de cuadernos electorales para casos del contencioso electoral, es decir, en caso de impugnaciones específicas, no como procedimiento universal según peregrina idea de la MUD-Capriles. Y debe añadirse que éstos distan mucho de haber probado la perpetración de un fraude electoral el día 14 de abril.

¿Cómo explicar que Capriles pretenda convencer a mandatarios de UNASUR de que aprobaron algo distinto de lo que están perfectamente conscientes? ¿A quién busca engañar? Su tramposa argumentación es poco seria, poco responsable, intelectualmente deshonesta; hay quien diría que es aun peor: torpe, pues aduce razones fácilmente refutables. Un verdadero estadista no procedería de ese modo, pero ya he opinado—entrevista de Clodovaldo Hernández para Ciudad CCS—el 3 de septiembre de 2012: “Capriles no tiene altura, preparación ni carácter para ser un estadista”.

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El causahabiente

Tito Salas: Los causahabientes, 1971

Tito Salas: Los causahabientes, 1971

causahabiente. Der. Persona que ha sucedido o se ha subrogado por cualquier título en el derecho de otra u otras.

Dicionario de la Lengua Española

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Audio de entrevista con Manuel Felipe Sierra en Noticias 24 Radio

Nicolás Maduro es el causahabiente de Hugo Chávez. Hasta 1999 ignoré la existencia del término y, por supuesto, su significado. Pero ese año asistí al bautizo del último libro de Rafael Caldera—Los causahabientes: de Carabobo a Puntofijo—, en el hotel Eurobuilding. Supe entonces que en 1971, durante su primera presidencia, el Dr. Caldera había encargado a Tito Salas el cuadro que aparece arriba y dispuesto su exhibición en una de las paredes de La Casona. El libro trata, obviamente, de la sucesión que viene desde Simón Bolívar hasta 1958, cuando en la casa del autor se firmara el importante Pacto de Puntofijo, que dio estabilidad a una democracia que estaba por nacer en Venezuela.

Es ahora el presidente Maduro quien tiene sobre sus hombros el peso de una tarea enorme: nada menos que suceder al líder planetario Hugo Rafael Chávez Frías, de quien dije en un texto de 2005: «…ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar». (Tío Conejo como outsider).

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De Hinterlaces de junio 2013 (clic amplía)

De Hinterlaces de junio 2013 (clic amplía)

En su carrera demoscópica de una docena de años, Oscar Schemel ha traído a la conciencia nacional más de una lectura original; por ejemplo, sus apuntes sobre la nueva cultura política del país, la importancia de los electores no alineados (Ni-ni) o los rasgos religiosos en el liderazgo de Chávez. Ayer propuso conclusiones muy serias a partir del último estudio de Hinterlaces (19 al 23 de junio). Luego de destacar que de febrero a esta parte el apoyo al gobierno había caído 12 puntos (de 53% a 41%) y el de la oposición había subido 9 (de 21% a 30%, para un cierre total de la brecha de 21%), sentenció: “El país es mucho más homogéneo de lo que parece. La muerte del presidente Chávez está reconfigurando la cultura política, está desradicalizando y despolarizando a la sociedad venezolana, que se está moviendo más hacia el centro y está rechazando mayoritariamente las posiciones extremas».

Claro que la noción de centro está referida al eje ideológico de derecha a izquierda, y la cosa es en verdad que la política se desplaza en busca de un plano postideológico, pero aún cabe esa terminología bipolar. Hace un poco más de siete años, escribía el suscrito:

Pero mientras se produce la sustitución de un paradigma esclerosado, exacerbado por la decimonónica opción izquierdista del gobernante actual, impulsor a ultranza, a sus últimas consecuencias, de un esquema de política como lucha o polémica, habrá todavía que hablar con palabras conocidas. ¿Qué tal una oferta de centro? (…) ¿Será lo adecuado presentar una oferta que, entendiéndose a sí misma como trascendente de la vieja dicotomía izquierda-derecha, pueda ser comprendida por los electores como de centro? ¿Y será el candidato correcto ese caballero desconocido que responde al maracaibero nombre de Ninguno Nosabe Nocontesta? (El mero centro, 15 de junio de 2006).

A pesar de los recalentamientos de la polarización por los recientes eventos electorales—7 de octubre y 16 de diciembre de 2012 y 14 de abril de este año—y la inminencia de las elecciones municipales (8 de diciembre próximo), Hinterlaces mide la proporción de electores no alineados en 25% o uno de cada cuatro venezolanos. Schemel anota «…que en circunstancias políticas y electorales, [el país] se radicaliza en extremo». Dicho de otra manera, cuando no estamos en medio de una campaña electoral los no alineados alcanzan una proporción mayoritaria, que en ocasiones ha excedido 60%.

No ha habido hasta ahora una organización política que haya sabido hablar con modernidad y responsabilidad, primeramente, a ese mercado primario de considerables proporciones. En cuanto hiciera presencia efectiva, buena parte de lo que permanece en estado de polarización se le adheriría. Pero mientras no exista, el estado de opinión que Schemel describe puede manifestarse como un movimiento que no responda a líneas partidistas, como la expresión de un enjambre de abejas ciudadanas que, en la medida en que predominen emociones de frustración, puede africanizarse con violencia. El año que viene conmemoraremos un cuarto de siglo del Caracazo.

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El pasado sábado, en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio, sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. Ayer, diecisiete millones de egipcios protestaban su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que llaman a la preocupación. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: «Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo».

Si el aprecio del gobierno baja muy marcadamente en breve plazo mientras la oposición sube en aceptación, el causahabiente de Chávez debe asumir el papel que Morsi no supo desempeñar. Sin dejar de poner atención a posibles intenciones aviesas, debe elevarse sobre las diferencias para procurar la unión de los venezolanos, debe buscar el diálogo con las cabezas más sensatas de la oposición—Ramón Guillermo Aveledo, por caso, saludó la incipiente mejoría de las relaciones entre Venezuela y EEUU a raíz del encuentro Jaua-Kerry—, puede tal vez aceptar los esfuerzos de COPEI para posicionarse como «la fuerza del diálogo» y pedir a Eduardo Fernández que se encargue de la mediación. (Para no tener que recurrir a un agente externo, como la OEA o el Centro Carter en los tiempos de la mediación de César Gaviria y Jimmy Carter).

Hay señales positivas, aunque todavía escasas. Hay un nuevo diálogo gobierno-empresarios, en procura de un tratamiento eficaz a la parálisis productiva y el desabastecimiento; hay algo de distensión con los norteamericanos. (Ayer, el Secretario de Estado John Kerry tuvo la ocurrencia de felicitar a Venezuela «por su independencia» y destacar que entre su país y el nuestro hay más de un rasgo o interés común). Y aquí la oposición tiene la oportunidad de contribuir a la reconciliación nacional; no debe caer en la tentación de mantener los ánimos caldeados, envalentonada por su magnífico desempeño electoral del mes de abril.

El papel que le toca al presidente Maduro no es el de ser un clon del presidente Chávez; al contrario, como Eleazar López Contreras, causahabiente a la muerte de Juan Vicente Gómez, su fin último debiera ser el de pacificar y reunir a la nación. Las virtudes que debe cultivar son las recomendadas por el viejo general: «Calma y cordura». LEA

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María Corina me quiere gobernar

No le reconocen su capacidad de canciller

No le reconocen su capacidad de Canciller

 

…puede decirse que Bush ha dado la alternativa a María Corina Machado. Con la entrevista del martes, Machado pasa a ocupar un indiscutido primer lugar en el liderazgo político venezolano, opacando los municipales intentos de Julio Borges, por ejemplo. Aunque se cuida muy bien de mencionar siquiera la idea de una candidatura, es claro que se ha posicionado con más fuerza que nadie con este viaje norteño.

Carta Semanal #140 de doctorpolítico (2 de junio de 2005)

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Fragmento difundido de conversación Machado-Carrera Damas 

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Según se ha sabido por grabación ilegal y abusiva de una conversación entre María Corina Machado y el historiador Germán Carrera Damas, la lideresa opositora se siente frustrada porque no se le permite conducir la representación internacional ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática. Según sus palabras, Ramón Guillermo Aveledo no quiere aflojar ese coroto, «quiere los dos sombreros». Y esto después de que Machado estableciera de una vez por todas que, si a Henrique Capriles Radonski lo recibió el Presidente de Colombia, a ella la recibió el Presidente de los Estados Unidos, ¡nadie menos que el mismísimo George W. Bush!

Claro que no todo el mundo aprobó la entrevista Bush-Machado. En la misma fecha del epígrafe, Milagros Socorro escribió en El Nacional:

Lo peor de todo son las rodillitas. Esas manzanas de mármol (minuciosamente depiladas) asomando de la minifalda, un look entre ejecutivo y sexy, muy al uso entre las jóvenes ambiciosas del momento. Están las sandalitas, desparpajadas, audaces, veraniegas. Pero lo descorazonador son esas rodillas apretadas para hacer más llevadero el piconcito, esas rodillas ateridas porque a su lado no se encuentra un buen muchacho, un “admirador”, como se decía antes, un amante tierno y caballeroso sino el hombre más poderoso de la Tierra, el más frío cuando toca ordenar un bombardeo, uno de los más sedientos a la hora de los bloody marys… Y allí, a su lado, con cara de colegiala elegida para recitarle un poema al general Perón de visita en el plantel, está María Corina Machado, con una sonrisita forzada porque algo dentro de sí debía estarle advirtiendo que en ese momento cometía el peor error de su vida. (Ay, María Corina, qué fastidio, 2 de junio de 2005).

Al quejarse con Carrera Damas—éste le dijo que su aislamiento por la MUD es «una grosería»—, adjudicó a Aveledo los rasgos de mezquindad y pequeñez, pero también aseveró que el Secretario Ejecutivo de la MUD fue a decir al Departamento de Estado de los EEUU «que la única manera de salir de esto es provocar y acentuar una crisis, un golpe de Estado o un autogolpe… o un proceso de atornillamiento y domesticación donde se genera un sistema de control social total». A esto, el historiador pregunta: «Se está poniendo bajo el amparo del Imperio. ¿No?» (Antes había concurrido con la opinión de Machado acerca de las presuntas mezquindad y pequeñez de Aveledo: «Yo lo he tenido sentado allí, y él me dio esa impresión también». Igualmente aprobó la tesis de Machado de que «el golpe ya ocurrió»; en entrevista en Santiago de Chile, Machado dijo el 29 de mayo: «…el golpe militar ya tuvo lugar, porque el señor Maduro al final es una marioneta del gobierno cubano…»)

De nuevo, Machado lleva la ventaja histórica sobre Aveledo:

El miércoles 5 de abril de 2006, una reunión extraordinaria de la peña más longeva de Caracas, cuyo anfitrión es Luis Ugueto Arismendi, antiguo Ministro de Hacienda de Luis Herrera Campíns, se convocaba para escuchar a María Corina Machado, quien había solicitado la sesión con urgencia. Unas setenta personas, entre quienes me encontraba, asistieron a la exposición de la indiscutible líder de Súmate.

Machado comenzó con el enunciado de la premisa mayor de su presentación: nos hallábamos enfrentados a un gobierno que no creía en la alternabilidad democrática, uno que jamás entregaría el poder si lo llegare a perder en elecciones. La premisa no fue más comentada ni expandida durante toda la exposición, aunque proyectó su sombra sobre todo el resto de lo argumentado.

Luego, describió a grandes rasgos el mecanismo de primarias y rebatió, de forma persuasiva, los inconvenientes que usualmente se oponían a la idea de las mismas. Lo que más enfatizó, sin embargo, fue la exigencia de que el candidato más votado tendría que convertirse en el sumo adalid de la lucha por condiciones electorales confiables para retirarse de las elecciones, no con 5% en las encuestas, sino con 40% gracias a las primarias, lo que era preferible y sí “tendría impacto”, en caso de “ser necesario”.

Fue luego de todo eso que se suscitó una ronda de intervenciones de algunos asistentes. Uno de ellos argumentó que el gobierno no era demócrata y por tanto jamás sería derrotable por vía electoral—la premisa mayor del inicio—, razón por la cual “lo que había que hacer” era crear, mediante el retiro de la candidatura, una “crisis de gobernabilidad” que pudiera ser aprovechada por otros factores de poder que acabaran con el régimen. Entonces, María Corina Machado se dirigió al ponente de la receta descrita para decirle: “Pues mira, eso es exactamente lo que estamos buscando”.

(Las élites culposas, Libros Marcados, 2012, pág. 284).

De modo que si el asunto es representar en Washington la estrategia de provocar una crisis de gobernabilidad en Venezuela como «única manera de salir de esto», Aveledo—a quien Machado le reconoce la posesión de «una capacidad de chantaje enorme» (?)—no es sino una segunda edición. Ella cree, naturalmente, que es mejor la primera edición; que para sentarse «con los actores claves, llevándoles información clave» para que el Congreso de los EEUU «reaccione», que para reunirse con «el Departamento de Estado, con los senadores, o con personas que puedan tener capacidad de influencia y posicionar una línea radical (como me califican), confrontacional, no dialogante, no electoral», ella lo haría mucho mejor que el barquisimetano. Ya predicaba eso siete años antes de la presunta representación de Aveledo, sólo diez meses después de su reunión con George W. Bush.

Claro que hay otras diferencias; a Machado le pareció «terrible» que Aveledo declarase en bienvenida de una mejora de las relaciones entre Venezuela y los Estados Unidos, con ocasión del encuentro de Elías Jaua y John Kerry. (Carrera Damas admitió haber sentido «ganas de llorar» con la declaración del jefe de la MUD. A criterio de este blog, ella fue una de las posturas más atinadas de Aveledo y el consorcio que coordina).

Pero no fue Aveledo solamente quien recibió las cándidas críticas de Machado; también Henrique Capriles Radonski. Machado considera que Capriles falló gravemente al desactivar la marcha de protesta contra los resultados electorales del 14 de abril, programada para el 17 de ese mismo mes. Machado mencionó «al grupo que está alrededor de Capriles» como alineado con el mensaje que Aveledo supuestamente habría entregado en Washington. Machado prometió dotar a Carrera Damas con una dirección electrónica segura para enviarle información—»este correo»—y no «aparecer como que [está] socavando o conspirando contra Henrique». Bueno, nos quedamos sin conocer qué pudiera minar al «gran líder» de la oposición venezolana.

………

Por supuesto que la grabación Machado-Carrera es una intromisón vil e ilegal. Blanca Rosa Mármol opinó que esa grabación no sería admisible como prueba en un juicio, «a menos que fuese un seguimiento autorizado por el tribunal para evitar la comisión de un delito”. Pero es que el gobierno no pretende llevar a juicio a María Corina Machado ni a Ramón Guillermo Aveledo, o Henrique Capriles Radonski o Germán Carrera Damas sobre la base del audio ilícito, sino entorpecer las relaciones en el seno de la MUD y desacreditar lo que considera una mera pose democrática. Es, por otra parte, de conocimiento público que desde hace tiempo el oficialismo interviene conversaciones indiscriminadamente; por ejemplo, aquella comunicación de 2002 entre Carlos Andrés Pérez y Carlos Ortega, en la que el Presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela recibió el consejo de coordinarse con Pedro Carmona Estanga. Un poco más de dos años después, el 25 de julio de 2004, el diario El Nacional publicaba una entrevista a Pérez en la que éste asentaba  «que el gobierno de Chávez sólo cesaría mediante la aplicación de violencia en su contra y que él, Carlos Andrés Pérez, estaba personalmente involucrado en una conspiración que la ejercería». (Carta Semanal #97 de doctorpolítico, 29 de julio de 2004).

Quizás no recordemos cosas como ésas o aun anteriores; por ejemplo, el video de la extorsión del abogado Braulio Jatar—asesor de Douglas Dáger, copeyano, entonces Presidente de la Comisión de Contraloría de la Cámara de Diputados—al empresario Camilo Lamaletto en 1991. Pero desde el año pasado hemos presenciado un verdadero festival de grabaciones, mayormente de audio. Primero fue el video de Juan Carlos Caldera en el acto de recibir dinero en efectivo—que no reportó al Consejo Nacional Electoral—de parte del boliburgués Wilmer Ruperti; luego vino el opus magnum de Mario Silva y sus delaciones a un agente extranjero, y más tarde supimos de los manejos de Ruperti y Heliodoro Quintero. Ahora el audio delictivamente obtenido de la conversación de María Corina Machado con Germán Carrera Damas es uno más, y debe saludarse, al menos, que no emerjan en él indicios de corrupción, como sí los hay abundantemente en los tres anteriores.

Pero Machado se encuentra ahora en una posición política extremadamente difícil ante quienes son los dos dirigentes más importantes de la oposición: Ramón Guillermo Aveledo y Henrique Capriles Radonski. ¿Quién de estos dos le concederá confianza en lo sucesivo? Ahora verá Machado que el consejo de Carrera Damas le será aplicado: va ser ella quien será driblada. Mientras ella ande en lo que llamó «avanzando mi cosa», su entendimiento con ambos líderes será una pura e hipócrita apariencia.

Y su cosa es alcanzar la Presidencia de la República. En cuanto Capriles perdió la elección del 7 de octubre del año pasado contra Hugo Chávez y suponía la supervivencia del reelecto, decidió reelegirse él como Gobernador de Miranda. Machado no perdió tiempo:

Más aborrece un vacío la política que la naturaleza. El campo opositor está de nuevo sin cabeza indiscutida y se mueven ostensiblemente algunos, y más discretamente otros, para postularse a esa función capital. La aspiración más notoria es la de María Corina Machado, ciertamente la cabeza más articulada entre los precandidatos opositores que compitieron, el 12 de febrero, por el estandarte presidencial de la Mesa de la Unidad Democrática. Evaluando correctamente que Henrique Capriles Radonski no tiene cómo imponerse como líder de la oposición, ha iniciado una intensa campaña de reposicionamiento; ahora declara sobre todo y, más sintomáticamente, ha emitido una proclama que redactó, como la reina Victoria, en plural mayestático: “Tenemos la determinación de construir la Venezuela donde estos valores imperen y estamos dispuestos a liderar esta transformación. (…) Nos corresponde a nosotros asumir esta responsabilidad y liderar esta ineludible tarea”. (Horror vacui, 25 de noviembre de 2012).

La fase terminal de la enfermedad de Chávez «cambió el contexto» y desbarató sus planes, y Capriles no tiene entre los suyos el relevo de su propia figura por Machado, menos ahora, cuando la candidez de ésta le ha servido en bandeja de plata su anulación. Más pendiente debe estar de Aveledo; el Chamán del Guaraira Repano me aseguró que el Secretario Ejecutivo de la MUD espera, como caimán en boca de caño, el desplome definitivo del errático liderazgo de Capriles para lanzarse como el próximo candidato de la oposición.

Por lo demás, es una lástima que María Corina Machado no hubiera recibido una lección de hace casi veinte años:

El texto de John R. Vásquez, The power of power politics, destaca la crisis de ineficacia explicativa y predictiva del paradigma que concibe a la actividad política como proceso de adquisición, intercambio y aumento del poder detentado por un sujeto de cualquier escala. (Individuo, corporación, estado). Aun cuando su investigación se centra sobre la inadecuación de esa visión en el campo académico de las ciencias políticas, este fenómeno tiene su correspondencia en el campo de la política práctica. (A fin de cuentas, lo que la baja capacidad predictiva de ese paradigma significa es que en la práctica política el estilo de la Realpolitik parece, al menos, haber entrado en una fase de rendimientos decrecientes).

Una de las razones para esta situación de crisis del paradigma del poder por el poder, puede ser encontrada en la informatización acelerada del planeta y sus consecuencias. La Realpolitik ha necesitado siempre del secreto para garantizar su eficacia. Pero en los últimos tiempos hemos sido testigos del descubrimiento y exposición pública de los más elaborados planes de ocultamiento político. Un caso particularmente notable fue el del financiamiento de la Administración Reagan a los «contras» en Nicaragua. Un complicadísimo y retorcido esquema de ocultamiento, que involucraba a insospechables aliados momentáneos (Irán, que para los efectos de relaciones públicas era enemigo de los Estados Unidos), resultó ser imposible de ocultar.

Por esto es que el glasnost, la política de «transparencia» declarada por Gorbachov en la antigua Unión Soviética, más que un deseo inspirado en valores éticos, era una necesidad. Ante el asedio de los medios de comunicación, que se ha unido a las previsibles acciones de los adversarios políticos que intentan descifrar las intenciones del contrario, el actor político de hoy se ve forzado, cada vez más, a determinar sus planes suponiendo que van a ser, a la postre, conocidos públicamente. La política de hoy tiende a parecerse cada vez más a un juego de ajedrez, en el que cada oponente posee información completa acerca de la cantidad, calidad y ubicación de las piezas del contendor. (Los rasgos del próximo paradigma político, referéndum #0, febrero de 1994).

Sin embargo, no sólo es Machado quien está en problemas. Después de su desprevenida manifestación, tanto Aveledo como Capriles necesitan controlar el daño infligido a su planteamiento ostensible: que la Mesa de la Unidad Democrática y quien fuera su candidato presidencial, su candidato a gobernador y, de nuevo, su candidato presidencial en un período de catorce meses, han escogido la ruta electoral por razones de principio, que no andan en procura de la desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro.

Cierro estas consideraciones con un audio más amable, un epílogo musical. LEA

María Cristina me quiere gobernar

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