el blog de luis enrique alcalá de sucre
la política como arte de carácter médico (y otras cosas)Música para votar
Todos quisiéramos votar por el mejor hombre, pero él nunca es candidato.
Kin Hubbard
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Uno quisiera que hoy fuera un día tranquilo, que sólo los votos hablaran y fueran atendidos, que respetaran civiles y militares la voluntad de la mayoría que gritará en silencio, como una catarata. Es con ese deseo que contribuyo acá con la voz firme y mayormente serena de quince breves obras musicales, escogidas según el único criterio de la belleza de sus melodías, sin discusión académica acerca de su calidad o nivel. Son, simplemente, melodías que gustan a cualquiera.
Comencemos, apropiadamente, por el Preludio de Cavalleria Rusticana, la conocida ópera de Pietro Mascagni (1863-1945). Un segundo trozo instrumental de esta obra es mucho más conocido e interpretado, su Intermezzo, pero el Preludio es igualmente hermoso. Edoardo Sonzogno había convocado en 1888 un concurso de óperas en un solo acto para compositores que aún no hubiesen sido representados en un teatro. Mascagni, de 25 años, logró entregar su obra en el último día del plazo y ganó el certamen. No podía ser de otra manera; el día del estreno, el compositor fue requerido al proscenio del Teatro Costanzi de Roma cuarenta veces por la ovación del público. Nos ofrecen esa introducción instrumental los músicos de la Orquesta Filarmónica de Praga, conducidos por Friedemann Riehle.
Mascagni
Las Variaciones Enigma fueron compuestas por Edward Elgar (1857-1934) entre 1898 y 1899. El tema es tratado en catorce variaciones nombradas con enigmáticas claves, la mayoría un conjunto de iniciales. De todos modos, se conoce la identidad de las personas representadas en cada variación: la primera (C. A. E.) es para su esposa, Caroline Alice Elgar; la undécima (G. R. S.) fue inspirada por el perro bulldog de George Robertson Sinclair, el organista de la catedral de Heresford. Elgar se llevó a la tumba el verdadero enigma: la identidad de un tema escondido en la pieza que no es tocado explícitamente y, muy divertido con su travesura, rechazó todas las explicaciones que le fueron propuestas. (Enigma fue, además, el nombre escogido para la máquina que los ingleses usaron en la II Guerra Mundial en la descodificación de comunicaciones alemanas en clave). La más hermosa y expansiva de las variaciones es la novena: Nimrod, en agradecimiento al editor musical Augustus Jaeger, en quien Elgar encontró apoyo y consejo sincero. Nimrod es un patriarca y cazador del Antiguo Testamento, y Jäger significa cazador en alemán. Eugene Ormandy dirige ahora a la Orquesta de Filadelfia (y suya) en la Variación IX.
Elgar
La Suite del Gran Cañón es música típicamente estadounidense, tanto por tema como por línea melódica y apoyo armónico. Es obra de Ferde Grofé (1892-1972), gente de familia musical por el lado paterno y materno. Este neoyorquino hizo mucha música en la radio, y llegó a enseñar orquestación en la prestigiosa Escuela de Música Juilliard. La suite que aquí es representada por su cuarto movimiento, Puesta de sol, es una obra de música descriptiva. (Para escuchar el quinto y último, Chaparrón, ver en este blog De la música como retrato). De hecho, la pieza fue ejecutada por primera vez (Chicago, 1931, año de los cruciales Teoremas de Kurt Gödel) con el nombre de Cinco cuadros del Gran Cañón. Suena la Orquesta Sinfónica del Estado de Utah a cargo de Maurice Abravanel.
Grofé
Andrew Davis dirigirá a continuación a la Orquesta Sinfónica de Toronto para dejarnos escuchar el Nocturno (Moderato) del ballet de Ottorino Respighi (1879-1936) basado en temas de Gioachino Rossini (1792-1868), La boutique fantasque. Una traducción posible de este nombre es La tienda mágica de juguetes o, más simplemente, La tienda caprichosa. El ballet fue estrenado en Londres el 5 de junio de 1919, una semana justa después de que el inglés Arthur Eddington registrara el eclipse solar de ese año mágico—ya no había guerra—en la isla Príncipe del Atlántico africano, logrando una dramática corroboración de predicciones de la Teoría General de la Relatividad que Albert Einstein publicara en 1916 en Annalen der Physik.
Rossini-Respighi
Creo que es la segunda de las Danzas Eslavas (en Mi menor) del op. 46 de Antonín Dvořák (1841-1904) la que tiene la más bella melodía de toda la serie. (Ocho piezas, más otras tantas del op. 72). George Szell y la Orquesta de Cleveland se encargan de defender mi fe. Por su parte, Daniel Harding dirige a la Orquesta de Cámara Mahler para acompañar a la despampanante violinista Janine Jansen en el muy breve Valse sentimentale (op. 51 #6) que Pyotr Illich Tchaikovsky (1840-1893) compusiera originalmente para piano. (Estoy enamorado; de su melodía, por supuesto, y de mi señora. ¡Zape, gata!)
Dvořák
Tchaikovsky
Con la orquesta del popular director ruso André Kostelanetz me inicié en una irreversible afición por la música sinfónica, cuando tenía 12 años (yo, no él). Oscar Álvarez de Lemos, padre de mi mejor amigo de la infancia, tenía el disco Columbia CL 747, que por un lado traía la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta de Tchaikovsky, su perfecta obra de juventud, y del otro ponía algunos valses del mismo compositor. Desde que oí la obertura la primera vez quedé patidifuso, y no me tranquilicé hasta que Don Oscar me consintiera llevar la grabación a mi casa, donde no escuché otra cosa, para horror de mi familia, por un mes seguido. Kostelanetz hizo antes que André Rieu mucho por la popularización de la música de los grandes compositores. Ahora interpreta dos arias instrumentalizadas: Vissi d’arte, de la Tosca de Giacomo Puccini (1858-1924) y la maravillosa Mon coeur s’ouvre a ta voix, de la ópera Sansón y Dalila de Camille Saint-Saëns (1835-1921).
Puccini
Saint-Saëns
También en una versión instrumental, escuchemos el Nocturno de las Piezas líricas del op. 54 de Edvard Grieg (1843-1907), originalmente compuestas para el piano. La versión acá colocada es de la Orquesta del Festival de Budapest que dirige Pavel Urbanek. Y, hablando de ese instrumento, es hora de que haga su aparición en el extraordinariamente bello Nocturno #19 en Mi menor (op. 72, #1) de Federico Chopin (1810-1849) en interpretación del pianista chileno Claudio Arrau, un hombre serio. Luego, aprovechando la manida cita del polaco—»Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras»—, traigo aquí la Melodía sentimental de Heitor Villa-Lobos (1887-1959), de las manos del joven guitarrista brasileño Bráulio Bosi.
Grieg
Chopin
Villa-Lobos
Y ¿si hacemos sonar juntos a un piano y una flauta? El gran flautista francés Jean-Pierre Rampal toca acá el movimiento Cantabile de la Sonata para flauta y piano de su compatriota, Francis Poulenc (1899-1963). Este caballero formó parte del grupo que se conociera como Les Six, que además de él incluía a Georges Auric, Louis Durey, Arthur Honegger, Darius Milhaud y Germaine Tailleferre. La obra fue compuesta en 1957, dedicada a la mecenas de la música de cámara Elizabeth Sprague Coolidge y hecha para la interpretación de nuestro concertista, con quien el propio Poulenc la estrenó en el Festival de Música de Estrasburgo.
Poulenc
Aires orientales nos llegan con la Canción de cuna del ballet del armenio Aram Khachaturian (1903-1978), Gayané, de fama por su vertiginosa Danza de los sables. Antal Doráti es el magnífico director de orquesta húngaro puesto el frente de la precisa Orquesta Sinfónica de Londres para nuestro deleite. Gayané es una joven trabajadora de kolkhoz que tiene la mala suerte de haberse casado con Giko, un borracho perezoso. Éste la amenaza con despeñar a la hija común—a quien Gayané ha cantado la canción—y la apuñala, pero es arrestado por Khazakov y la heroína se recupera para reponer su amor con el justiciero.
Khachaturian
Nada parecido transcurre mientras suena la Pavane de Gabriel Fauré (1845-1924), su opus 50 en Fa sostenido menor. Fue compuesta para piano, pero el mismo Fauré produjo luego una versión orquestal que puede ser aumentada con coro, pues se añadió una letra a posteriori, que termina diciendo: «Adieu donc et bons jours aux tyrans de nos coeurs! Et bons jours!» (¡Por tanto adiós y buenos días a los tiranos de nuestro corazón! ¡Y buenos días!). El propio compositor juzgó la pieza como «elegante pero sin importancia». En todo caso, me conformo con su elegancia, que proviene del origen español de esa clase de danza y que Daniel Barenboim resalta al frente de la Orquesta de París.
Fauré
He dejado para el cierre de esta selección con broche de platino una pieza hasta hace poco ignorada por mí. Es el movimiento quinto y último de la Suite para piano Los árboles, del compositor finlandés Jan Sibelius (1865-1957): El abeto. Un entusiasmo recentísimo por su hermoso tema me hace ponerlo una y otra vez. Ud. verá, creo, que es tan bueno que parece un bolero de los grandes. El fino pianista japonés Ritsuko Kobata lo interpreta estupendamente.
Sibelius
Los entrometidos
Mantén tu atención centrada enteramente en lo que es verdaderamente tu propio asunto, y permanece lejos de lo que pertenece a otros; es de su incumbencia y en caso ninguno cosa tuya.
Epicteto
El consejo no solicitado es siempre entrometido.
Jonathan Lockwood Huie
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No debe haber quien ignore entre nosotros que en cuatro días, el domingo 7 de octubre, Venezuela celebrará la elección presidencial que en principio debe determinar quién será el Jefe del Estado para el período 2013-2019. Cada ciudadano deberá ser respetado en su decisión electoral, sea que quiera votar por Hugo Chávez Frías, Henrique Capriles Radonski, María Bolívar, Orlando Chirinos, Reina Sequera o por Luis Reyes Castillo. (Yoel Acosta Chirinos nos hizo el favor de retirar su candidatura). También deberá ser respetado quien decida abstenerse de votar por cualquiera de ellos o quien produzca conscientemente un voto nulo, e incluso quien se equivoque y lo produzca sin intención. Es de la esencia de la democracia ese respeto; sobre todo quienes se autodefinen como demócratas con «patriótica» arrogancia moralista están obligados a tal respeto so pena de inconsistencia. Cualquiera que pretenda forzar a otro a votar en contra de su conciencia es un entrometido.
Pero también se entrometen quienes, desde afuera, emiten solemnes declaraciones que dejan entrever dudas acerca del proceso electoral venezolano. Por ejemplo, dos senadores estadounidenses—Robert Menéndez, demócrata y Marco Rubio, republicano—que ayer declararon así conjuntamente:
El 7 de octubre, los venezolanos tendrán que elegir entre dos futuros radicalmente diferentes para su país en elecciones de importancia estratégica para nuestro hemisferio. El gobierno venezolano tiene la obligación de realizar un proceso electoral libre y transparente, garantizar la seguridad de todos los votantes, y respetar la voluntad de los electores. El pueblo venezolano debe saber que las democracias del Hemisferio Occidental están dispuestas a responsabilizar a cualquier persona que amenace con perturbar la celebración pacífica de elecciones libres y justas.
Instamos a la Administración y la comunidad de las democracias en el hemisferio a mantener un ojo vigilante sobre las condiciones previas y durante el día de las elecciones para garantizar que la voluntad del pueblo se exprese en los resultados.
Eso es una falta de respeto, una intromisión, además de una velada amenaza incumplible. Es al Consejo Nacional Electoral y a los venezolanos todos a quienes corresponde «garantizar que la voluntad del pueblo se exprese en los resultados». No le sale a los senadores Menéndez y Rubio señalarle obligaciones al gobierno de Venezuela, ni a nuestro pueblo cuáles cosas debiéramos saber.
Días antes, el presidente Barack Obama había dicho a América TV (Miami): «Mi gran preocupación respecto a Venezuela es que el pueblo venezolano tenga una voz en sus asuntos internos y que, en última instancia, pueda tener elecciones libres y justas». El pueblo venezolano tiene voz en sus asuntos internos, y no recuerdo que Obama haya manifestado sus deseos de elecciones libres y justas en la Inglaterra que eligió a Cameron, la España que optó por Rajoy y la Francia que escogió a Hollande. Uno entiende las propias necesidades electorales del Presidente de los Estados Unidos, acusado de mano débil con Chávez, pero con esas declaraciones se ha entrometido. Captando sus implicaciones, el Palacio de Itamaraty observó por boca del canciller Antonio Patriota que el gobierno de Brasil tiene plena confianza en que el proceso electoral en Venezuela será «creíble y transparente».
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Pero es un entrometido mucho peor Carlos Gustavo Romero Bonifaz, Ministro de Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia. Este señor ha salido a decir que en caso de un triunfo electoral de Capriles, Bolivia se vería obligada a «revisar las relaciones bilaterales con Venezuela“. Metiéndose donde no debe, ha opinado que si Chávez perdiera la votación «se pretendería retornar a la subordinación de nuestros países al imperio del norte».
Aclaremos algunas cosas al entrometido funcionario boliviano. Bolivia recibe importante apoyo monetario venezolano gracias a los dólares que fluyen a las arcas de PDVSA, y ésta es una empresa nacional desde que Carlos Andrés Pérez nacionalizara la industria petrolera venezolana en 1975, afectando a empresas extranjeras de las que las principales eran del «imperio del norte». Tampoco parece que en su segundo gobierno Pérez diera muestras de subordinación a los EEUU cuando escogió, como invitados especialísimos a su segunda investidura, al socialista Felipe González y a Fidel Castro. Antes del primer período de Pérez, Rafael Caldera Rodríguez procedió a denunciar el tratado comercial de Venezuela con los Estados Unidos y a promover la Ley de Reversión de las concesiones petroleras.
En un famoso debate de la campaña electoral de 1963, se enfrentaron—por primera vez en la televisión venezolana—dos de los candidatos del momento: Rafael Caldera y Arturo Úslar Pietri. Éste enrostraba al primero el pecado de haber participado en el gobierno electo en 1958—en cumplimiento caballeroso del Pacto de Punto Fijo—, puesto que Acción Democrática era marxista, la encarnación del demonio. Caldera se mostró extrañado de que esa reconvención viniera de quien fuese ministro del gobierno de Isaías Medina Angarita, cuando éste había pactado con el Partido Comunista de Venezuela en las elecciones municipales de 1941 y había establecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Úslar calló respecto del primer detalle, pero atinó a responder que las relaciones con la URSS habían sido inauguradas «por presión abierta y expresa del gobierno de los Estados Unidos». Claro, los EEUU estaban en guerra con Hitler y la URSS era aliado momentáneo de ese país y de Inglaterra, pero no fue Caldera quien reveló la enormidad de la soberanía disminuida sino Úslar, que al cabo de la elección acordó muy inconsistentemente que su partido ingresara al «Gobierno de Ancha Base» presidido por Raúl Leoni, militante de AD, la encarnación de Satán según los medinistas.
En Venezuela hay, naturalmente y como la hay en Bolivia, gente que piensa que los Estados Unidos son lo máximo; durante el segundo período de Caldera una fuerte corriente de opinión quería dolarizar la economía venezolana, y se promovió la «caja de conversión» como el método para hacerlo, como Argentina lo hizo, con resultados desastrosos, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem bajo su ministro financiero Domingo Cavalho. Pero la opinión de esos venezolanos y bolivianos es algo que debe ser respetado, y lo que es una irrespetuosa distorsión de nuestra historia, y un entrometimiento inaceptable, es la falsa noción de que los gobiernos democráticos venezolanos se subordinaron alguna vez al «imperio del norte».
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Romero Bonifaz es sólo el subcampeón del entrometimiento, a pesar de su notable esfuerzo. El primer lugar en el podio le corresponde al general Henry Rangel Silva, Ministro de la Defensa. Refiriéndose a Capriles, dijo: «El señor dice ayer [1º de octubre] de que va a nombrar un Ministro de la Defensa, un general activo como su Ministro de la Defensa. Eso es una de las declaraciones que realmente nunca debió haber sacado porque quiere generar o quiere proyectar un nivel de triunfalismo. ¿Cómo va a decir que va a nombrar un general activo cuando en su plan de gobierno está desarticulando a la Fuerza Armada? Yo no creo que haya general activo que se preste, en el supuesto negado por supuesto, a desarticular a la Fuerza Armada».
Bueno, veamos. En el programa de gobierno de Capriles (ProgramadeGobiernoCaprilesRadonski) no se encontrará ni una sola mención de la palabra militar o el término defensa. Varias veces se consigue la noción de seguridad, sólo que exclusivamente referida al plano social y jurídico.
Pero sí dice ese documento:
Hemos tomado como punto de partida los Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional 2013-2019 y, con la participación de cientos de expertos de todo el país y tomando en cuenta lo que aprendimos y escuchamos en nuestros recorridos por comunidades de toda Venezuela, hemos elaborado este Programa de Gobierno en función del trayecto de vida de la familia y cada uno de sus miembros y, en particular, del trayecto de aquellos que tienen más obstáculos para progresar.
Busquemos entonces en aquel acuerdo previo (lineamientosmesaunidad) el plan de «desarticular la Fuerza Armada». Esto es lo que dice en materia de La Fuerza Armada Nacional:
106. Reformular la institución castrense y redefinir su rol en el nuevo gobierno democrático, para despojarla de sujeciones ideológico partidistas.
107. Subordinar el estamento militar a los principios constitucionales y a los lineamientos institucionales del poder civil, lo que es fundamental para el fortalecimiento del sistema político.
108. Restablecer el carácter de la Fuerza Armada Nacional como una institución apolítica, obediente al poder civil, no deliberante y sometida a la Constitución y a las Leyes.
109. Proponer la revisión de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación.
110. Distinguir y definir las áreas de interés común y las áreas de interés propio para los civiles y los militares, respectivamente, a los fines de lograr el equilibrio entre ambos sectores.
111. Reducir progresivamente el monopolio militar en materia de seguridad, en la medida en que organizaciones civiles diseñen, desarrollen y ejecuten eficazmente dicha función, a los fines de que se concrete la corresponsabilidad.
112. Eliminar la Milicia Bolivariana, como cuerpo militar separado de los componentes constitucionales de la Fuerza Armada Nacional, dependiente del Presidente de la República.
113. Fortalecer los mecanismos que garanticen la investigación y el proceso por parte de autoridades civiles de las violaciones a los derechos humanos cometidas por los militares, la reparación del daño causado y la adopción de medidas que eviten la repetición de tales abusos.
114. Adoptar las decisiones dirigidas a reducir la competencia de los tribunales militares al ámbito estrictamente castrense.
115. Propiciar espacios de colaboración entre civiles y militares, en los que éstos se mantengan dentro de la esfera de actuación que democrática y constitucionalmente les corresponde.
En lo que antecede, que suscribo por entero, no hay otra cosa que la corrección de las aberraciones que las administraciones de Hugo Chávez, en contravención de la Constitución Nacional, han producido en el estamento militar venezolano, al que se le hace gritar «Patria, socialismo o muerte». Esto dice el Artículo 328 de la carta política fundamental de Venezuela:
La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación. La Fuerza Armada Nacional está integrada por el Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional, que funcionan de manera integral dentro del marco de su competencia para el cumplimiento de su misión, con un régimen de seguridad social integral propio, según lo establezca su respectiva ley orgánica.
Está claro ¿no? En ningún caso puede ser llamada una desarticulación de la Fuerza Armada Nacional su regreso a lo que la Constitución le prescribe. La Fuerza Armada Nacional es hoy, por obra de Hugo Chávez y ministros como Rangel Silva, un órgano deformado, groseramente puesto al servicio de una persona y su parcialidad política. La agenda explicada arriba es una necesidad.
Quien está excedido, entrometido, es Rangel Silva. No le toca a él, no le incumbe, no es su asunto debatir si un legítimo candidato presidencial puede nombrar un militar activo como su Ministro de Defensa—del «Poder Popular», por si acaso—en la eventualidad de ser electo Presidente de la República. Claro, es característico del Ministro de la Defensa este tipo de exabruptos. (Ver en este blog Glosa de cuatro soles). Habría que preguntarle cómo es que él, general activo, se prestó a la desarticulación de la Fuerza Armada con la introducción de una milicia «bolivariana» que es, por la medida chiquita, una ocurrencia extraconstitucional. LEA
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Voces de varón
Un gran pecho, una boca grande, noventa por ciento de memoria, diez por ciento de inteligencia, mucho trabajo duro y algo en el corazón.
Enrico Caruso
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Para celebrar un cumpleaños argentino fue puesta aquí La voz de la mujer el 12 de septiembre, una entrada de dieciséis canciones en voces femeninas cuya demagógica y feminista declaración final fue: «…sin la voz de la mujer la propia música sería un error». Es un grande compromiso, por tanto, el contraste de esa ofrenda musical con lo que pueden hacer los varones con su garganta. Un modo desleal de competir es aumentar la oferta a veinte canciones por veinte cantantes y, además, tomarlas en su mayoría del drama cantado: ópera, opereta, zarzuela, musical. Es exactamente una selección ventajista lo que sigue: veinte números por veinte voces masculinas de primerísima línea. Nosotros ganaremos estas elecciones a lo macho.
¿Por dónde empezar? ¿Habrá que seguir criterio cronológico, alfabético, geográfico? Se me pone que para no abusar entraremos poco a poco en profundidades, primero con canciones y sólo después en el mundo del aria operística. Esto nos ofrece la ventaja de escoger la canción napolitana, un género en sí misma, para iniciar la serie con nadie menos que Enrico Caruso (1873-1921), un semidiós del canto. Para su maravillosa voz compuso Salvatore Cardillo la bella canción Core ‘ngrato en 1911. Desde entonces, numerosos cantores italianos la han hecho suya, pero Caruso la cantaba, naturalmente, con gran gusto. Pocas grabaciones hacen justicia a su voz, dada la tecnología de la época; acá nos valemos de una rematrización digital por Tom Froekjaer que recupera buena parte de su registro grave.
Caruso
Fue en 1880 cuando se estrenara Funiculì, Funiculà, justamente para celebrar la inauguración del funicular en el monte Vesuvio. El periodista Peppino Turco se ocupó de la letra y Luigi Denza proveyó la música. Tiene ésta un entusiasmo que cautivó inmediatamente al público y a compositores como Arnold Schönberg (la arregló para cuarteto de cuerdas), Nikolai Rimsky Korsakoff y Richard Strauss. Los dos últimos creyeron que era música folclórica y la emplearon inadvertidamente en piezas suyas (Rimsky: Neapolitanskaya pesenka, 1907; Strauss: Aus Italien, 1886). A Strauss le salió cara la gracia; Denza lo demandó por plagio y el alemán se vio forzado a pagarle regalías. En 1944, una erupción del famoso volcán destruyó el teleférico conmemorado, pero la canción perdurará por siempre. La canta acá Luciano Pavarotti (1935-2007), que la repopularizó con una interpretación fabulosa.
Pavarotti
Rudolf Sieczyński compuso Wien, du Stadt meiner Träume (Viena, ciudad de mis sueños) en el año en que comenzaría la Primera Guerra Mundial, el doloroso conflicto de cuatro años que acabó con el Imperio Austro-Húngaro que lo inició sin proponérselo. Fue el mítico cantante austríaco Richard Tauber (1891-1948) quien la cantó mejor que otro cualquiera. Aquí está su voz como fuera grabada en la película Deseo del corazón, realizada en 1935. Si la guerra hizo que las ínfulas imperiales quedaran borradas de una vez para siempre, no así el amor de los vieneses por su ciudad, una de las más hermosas del mundo, asiento de refinada y desarrollada civilización (Universidad de Viena, Filarmónica de Viena, Círculo de Viena, Sigmund Freud, Franz Schubert, Arnold Schönberg, Otto Wagner, Gustav Klimt, Porcelana de Augarten, Wiener Schnitzel, Sachertorte). Debemos mucho a esa ciudad soñada.
Tauber
Era de Tauber su canción insignia Dein ist mein ganzes Herz (Tú eres mi corazón), el aria más popular de la opereta El país de las sonrisas (Das Land des Lächelns), compuesta por Franz Lehár, el autor de La viuda alegre, en 1929. Pero desde los conciertos de «los Tres Tenores»—Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, José Carreras—es a éste último a quien se le ha dejado la interpretación de la hermosa pieza. Una versión más antigua de la opereta (1923) fue producida bajo el nombre Das gelbe Jacke (La chaqueta amarilla) con poco éxito. La posterior revisión de Lehár, estrenada en el Teatro Metropol de Berlín, la transformó en una de las más apreciadas operetas del compositor, cuya acción alterna entre Viena y China. Aquí está el catalán Josep Maria Carreras i Coll, nacido en 1946, valiente vencedor de la leucemia en dura batalla de 1988.
Carreras
Nos cuesta salir de Viena, donde oímos ahora Grüß mir mein Wien (Saludos a mi Viena) un aria compuesta por Emmerich Kálmán (Imre Koppstein, húngaro) para su opereta Gräfin Mariza (La condesa Mariza, Viena, 1924). Como en las más de las operetas vienesas, el asunto es intrascendente, lleno con las frívolas preocupaciones y enredos de condes y condesas. El número ha sido encargado por este blog a Fritz Wunderlich (1930-1966), fallecido a raíz de un accidente doméstico en la casa de campo de unos amigos, donde cayó por una escalera días antes de cumplir 36 años. Antiguo panadero, había estudiado canto y aprendió a tocar el corno francés; entre sus pasatiempos favoritos estaban la cacería y manejar carros veloces. En su corta carrera, el cantor alemán llegó a distinguirse como el cuarto más grande tenor de todos los tiempos, según una amplia consulta de la Revista de Música de la BBC en 2008. Sin duda, una hermosa voz truncada por un descuido.
Wunderlich
Es hora de que entren voces más graves, todavía en territorio de música más bien ligera. Entre los más conocidos musicales de la prolífica pareja creativa formada por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein está, sin duda, South Pacific, llevado al cine con Mitzi Gaynor y Rossano Brazzi como protagonistas en 1958. (La historia está basada en Cuentos del Pacífico Sur, libro de 1946 que mereció el Premio Pulitzer a James A. Michener). Brazzi no podía cantar Some enchanted evening como la pegajosa canción lo requería, y nadie menos que el gran bajo Giorgio Tozzi suplió la voz de la película. Pero es la versión que Ezio Pinza (1892-1957)—con numerosas temporadas en el Metropolitan Opera House de Nueva York, así como en Milán, Roma y Londres—llevó al musical en los teatros de Broadway en pareja con Mary Martin, la que aquí se escucha. Si no hubiese muerto el año anterior ni Gaynor ni Brazzi habrían aparecido en el filme.
Pinza
Ahora, señoras, agárrense las medias, que pudieran caérseles con la poderosa y noble voz del gran Plácido Domingo (José Plácido Domingo Embil, 1941), señor del canto, la amistad y la filantropía. Posee Domingo una de las voces más versátiles de la actualidad, la que le permite cantar más recientemente en papeles reservados a los barítonos. De él ha dicho la gran soprano wagneriana Birgitt Nilson: «Dios ha debido estar en excelente estado de ánimo el día que creó a Plácido. Tiene todo lo que se necesita para una de las más grandes carreras que hayamos visto: una voz increíblemente hermosa, gran inteligencia, asombrosas musicalidad y capacidad de actuación, una maravillosa apariencia, un gran corazón y es además un querido colega. Es casi el lingüista perfecto, pero aún no ha aprendido a decir no en ningún idioma». Ha aprendido, sin embargo, a cantar la negación: helo aquí en No puede ser, el persuasivo número de La Tabernera del puerto, zarzuela de Pablo Sorozábal. (Waldbühne de Berlín, 2006).
Domingo
Pasemos ahora al trago amargo de Gustav Mahler. De sus Canciones de un compañero de viaje (Lieder eines fahrenden Gesellen) escuchemos Ich hab’ein glühend Messer (Tengo un cuchillo centelleante), lo que es en verdad un extraño título de canción que tal vez deba decirse solamente en alemán. La magnífica voz de Dietrich Fischer-Dieskau (1925-2012; murió en mayo) es la encargada de interpretar esta dramática y difícil canción. De nuevo, es inglesa la clasificación de Fischer-Dieskau como el segundo cantante más grande del siglo XX (detrás de Jussi Bjoerling), según la encuesta Classic CD-Top Singers of the Century a críticos de música en junio de 1999. En cualquier caso, es el cantante de ópera y Lieder más grabado de la historia (principalmente por Deutsche Grammophon). Elisabeth Schwarzkopf, que cantó con él en innumerables ocasiones, lo llamó «un dios nato que lo tiene todo». Quizás es más significativo que en Francia, de eterna competencia con Alemania, lo llamaran «El milagro Fischer-Dieskau».
Fischer-Dieskau
Ciertamente tenía Feodor Ivanovich Chaliapin (1873-1938) una voz oscura. Uno de los más grandes bajos de la historia, se apropió de los roles de Boris Godunov, Iván el Terrible, Don Quijote y Mefistófeles, aunque también combinaba en sus recitales canciones del folclor ruso, como Los boteros del Volga, que popularizó. Era un personaje pintoresco y generoso, alegre y divertido pero igualmente propenso a liarse a golpes. Hijo de una familia campesina de Kazan, en Rusia, fue esencialmente un autodidacta. La Revolución Rusa de 1917 afectó su existencia, y dejó su patria para radicarse en París, desde donde viajaba por todo el mundo con su exitoso y admirado arte; fue Sergei Rachmaninoff su muy especial amigo y promotor. Llegó a hacer cine en 1933: Las aventuras de Don Quijote, una película filmada tres veces (en alemán, francés e inglés). Aquí canta en ruso la Elegía de Jules Massenett, una melodía de sobrecogedora belleza.
Chaliapin
Para cerrar el grupo de voces graves he escogido el Prólogo de la ópera más famosa e interpretada de Ruggiero Leoncavallo: I Pagliacci. Todo barítono que se precie la ha cantado en sus recitales; su letra explica el tenso nudo dramático de la ópera: los artistas son de carne y hueso, y al par de nosotros respiran el aire. Es decir, disfrutan o sufren la vida en cada momento; que los protagonistas vivan en la vida real el mismo conflicto que actúan es un estupendo recurso teatral. El bajo-barítono Ettore Bastianini (1922-1967) canta ese inteligente prólogo para nosotros. En 1952 se decidió por la tesitura baritonal, pero antes ya había dejado huella en sus papeles como bajo. (En la década de los cuarenta vino a Venezuela, donde cantó Lucia di Lammermoor, Aída, Rigoletto y La bohème). En 1965, un cáncer en la garganta, su instrumento de trabajo, determinó el fin de su carrera de cantante y, dos años después, su muerte.
Bastianini
De la mano de Leoncavallo reingresan los tenores, esta vez con uno de los grandes, Beniamino Gigli (1890-1957). Le tocó nada menos que ser el puente entre Caruso y Bjoerling en el Metropolitan Opera House de Nueva York, donde debutó en 1920, y lo tendió con gracia y la musicalidad de su privilegiada voz. Le oiremos Mattinata, la canción que Leoncavallo compusiera para Caruso, quien la grabó por primera vez en 1904 con el compositor al piano. Después la grabarían muchos tenores y hasta Joan Sutherland, pero las damas ya no tienen la palabra sino para hablar bien de los varones. Una de ellas, su madre, le aconsejó sobre cantar bien: «Tienes que ser bueno y tener amor en tu corazón». Bueno era; no hay otro cantante que haya recaudado más dinero que él para fines benéficos, en casi mil conciertos a beneficio de causas diversas. Ud. juzgará al oírlo si Gigli tenía amor en el corazón.
Gigli
Nadie discutirá que Andrea Bocelli tiene una voz muy poderosa y gran gusto para cantar. Nacido en 1958 en la Toscana de padres campesinos, vino al mundo con problemas de visión—glaucoma congénito—que se convirtieron en ceguera total a sus doce años, a consecuencia de un encontronazo en un partido de fútbol. La introspección característica del invidente tal vez lo ayude, como a José Feliciano, a concentrase en la música, el arte del oído. La productora Caterina Caselli había grabado una cinta con el canto de Bocelli, y ésta terminó llegando a manos de Luciano Pavarotti, quien recomendó a Zucchero, la estrella italiana de rock, que no perdiera de vista al cantante ciego. Una memorable actuación en el Festival de San Remo de 1994 fue su lanzamiento definitivo. Bocelli se mueve con igual soltura en la canción y en el aria; de hecho, se lo tiene por un distinguido profesional del crossover clásico. Nos trae a esta selección un aria del Werther de Massenett: la hermosísima Pourquoi me réveiller? (¿Por qué me despiertan?)
Bocelli
La juive (La judía) es una ópera en cinco actos de Fromental Halévy, estrenada en 1835 en la Opéra de Paris. Llegó a ser una de las obras del teatro lírico más apreciadas en el siglo XIX, en buena medida por el eficaz libreto original de Eugène Scribe, quien narró apasionadamente el amor imposible de un cristiano y una mujer judía. Sin embargo, el aria que cierra el Acto Cuarto, Rachel, quand du Seigneur, puede deber parcialmente su texto y seguramente su ubicación al tenor del estreno, Adolphe Nourrit. El fino tenor estadounidense Richard Tucker (1913-1975) canta esa aria de seguidas, en una demostración de su impecable técnica. Al Sr. Tucker le dio por asumir cierta costumbre italiana de cantar sollozando, pero a pesar de eso su tono spinto—entre lírico y dramático, o a mitad de camino entre Pavarotti y Domingo—se sobrepuso a las críticas acerca de ese estilo efectista, que no deja de ser cómico en un gringo, si no cursi.
Tucker
Algo de ese estilo hiperemocional se consigue en el canto de Salvatore Licitra (1968-2011), quien tenía una voz delgada y meliflua, dulce y afinada, capaz, sin embargo, de un registro grave considerable. En la tercera aria en francés de esta entrega, la melodiosa Je crois entendre encore (Creo escuchar todavía) de Los pescadores de perlas (1863) de Georges Bizet, se ponen de manifiesto tales características. Licitra cantó un buen número de papeles en los mejores teatros; un golpe de suerte lo llevó a sustituir en 2002 a Pavarotti en el Metropolitan en el papel de Mario Cavaradossi en Tosca, cuando il divo anunció su imposibilidad de cantar con sólo dos horas de anticipación. Su prematura muerte se debió, como en el caso de Wunderlich, a causas accidentales; en su caso, estrelló su motoneta contra un muro en Donnalucata, Sicilia. Luego de nueve días en coma, falleció el 5 de septiembre del año pasado.
Licitra
En todo tiempo y lugar, ha sido Una furtiva lagrima un aria cantada muy a menudo. Es el emblema vocal de L’elisir d’amore (Milán, 1832) una de las óperas más distinguidas del compositor de bel canto Gaetano Donizetti, ya muy popular en el siglo XIX y listada como la duodécima ópera más cantada en la actualidad. Es una romanza—una balada narrativa de carácter íntimo—tal como el aria de Bizet que antecede, a la que el compositor marcó como tal en la partitura. Se convoca acá al tenor barquisimetano Aquiles Machado para que se ocupe de su inevitable canto. Machado, nacido en 1973, debutó en Caracas (1996) justamente en El elíxir del amor. Ya ha sido escuchado con aprecio en Roma, Nápoles, Berlín, Barcelona, Nueva York, Los Ángeles, Madrid, Viena; es el primer cantante venezolano en presentarse en La Scala de Milán, y un verdadero orgullo nacional.
Machado
Nada íntimo es otro emblema operístico: La donna è mobile de la ópera Rigoletto, famosa entre las famosas de Giuseppe Verdi. El Duque de Mantua explica a quien quiera oírlo, con Do de pecho y todo, que las mujeres son frívolas y mudables qual piuma al vento, a pesar de que él mismo es tan variable en sus amores como lo que describe. Pero los personajes de la ópera—el Duque, su bufón jorobado Rigoletto, la hija de éste Gilda y el espadachín (hoy diríamos sicario) Sparafucile—resaltan entre los más inolvidables en el campo del canto dramático. Francesco Maria Piave basó su libreto para la ópera en El rey se divierte, un drama de Víctor Hugo de connotaciones políticas, las que siempre están presentes en la obra de Verdi; de hecho, Rigoletto tuvo problemas con los censores austríacos, a cuyo control estaban sometidos los teatros del norte de Italia. (El estreno tuvo lugar en Venecia en 1851). Otro latinoamericano (un año mayor que Machado), el magnífico tenor mexicano Rolando Villazón, canta ahora una de las arias más conocidas del mundo.
Villazón
Carlo Bergonzi (Vidalenzo, 1924), ya retirado, fue justamente conocido como tenor especializado en óperas de Verdi. A pesar de esto, lo traemos acá con un aria de Manon Lescaut, bella ópera de Giacomo Puccini. El aria de tenor más conocida de esta obra es Donna non vidi mai (No he visto mujer antes… simile a questa). A Bergonzi se le ha reconocido «su bella dicción, su suave legato, su cálido timbre y su elegante fraseo». Un tenor refinadísimo, sin duda, apropiado para el aria del caballero Des Grieux, enamorado a primera vista de Manon. Los amantes, empujados por las ruinas periódicas que les afligen por codicia de la dama, irán desde Francia a parar a Luisiana, poco después de la época en que John Law, el escocés que rigió la economía francesa bajo Luis XV, inflara con artificiales manejos la famosa burbuja financiera del Mississippi, antecesora de fiascos capitalistas más modernos.
Bergonzi
Es igualmente de Puccini, por supuesto, la ópera Tosca, una de sus más logradas y apreciadas, llena de hermosas melodías y drama político de alta tensión. (El barón Scarpia es el antecesor profesional de nuestro Pedro Estrada, jefe de la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez). Al inicio del Acto III, el pintor Mario Cavaradossi se dispone a morir fusilado por orden de Scarpia y evoca, mientras escribe una nota a su amada que el carcelero entregará a cambio de un anillo de valor, la pasión con la que él y Floria Tosca se amaban. Una furia desesperada le hace gritar que morirá cuando nunca había amado tanto la vida. Esto es el aria E lucevan le estelle, con una de las melodías más hermosas y con más interesante armonía del maestro de la ópera italiana. La canta aquí Giuseppe di Stefano, a quien el gentil lector Leonardo Durán llamara (en un comentario en este blog) «el Ferrari de los tenores».
di Stefano
Nicolai (Gustav Harry) Gedda (Estocolmo, 1925) es un perfecto tenor sueco apreciado por su disciplina y el control de su voz, de hermoso tono. Es probablemente el tenor operático más grabado de la historia (más de doscientos registros). Debutó en la Ópera Real Sueca a sus 26 años, en un papel exigentísimo, el de Chapelou en Le postillon de Lonjumeau, ópera de Adolphe Adam; el aria Mes amis, écoutez l’histoire, requiere entonar un Re sobreagudo, un tono por encima de un Do de pecho, cosa que Gedda puede hacer con pasmosa facilidad. Con estas condiciones y la longevidad de su carrera, no hay plaza importante que no haya escuchado a Gedda—Cantante de la Corte Sueca, Legión de Honor francesa, Miembro Honorario de la Royal Society de Londres—, a quien escucharemos en uno de los roles que son su especialidad cantando la noble Aria de Lenski, del Eugene Oneguin de Pyotr Illich Tchaikovsky.
Gedda
Pero hay perfecciones aun más perfectas y, sorprendentemente, en la misma Suecia. Jussi Bjoerling (1911-1960) es el tenor hasta ahora insuperado en la historia de la ópera grabada. (Es opinión que asentara arbitrariamente en este blog en La voz de titanio, el 1º de mayo de 2010. Me conforta el apoyo de la encuesta Top Singers of the Century, mencionada arriba). Antes de hacer una comparación que pudiera ser definitiva para saldar el asunto de quién es el mejor tenor de todos los tiempos, le oiremos en la brevísima aria de Fedora (Umberto Giordano), un encore casi: Amor ti vieta (El amor te prohíbe). Otra vez, pidamos la opinión de una dama de la ópera, la soprano Victoria de los Ángeles, que cantó y grabó con Bjoerling muchas veces: «A pesar de los desarrollos técnicos, ninguna de las grabaciones de Jussi Bjoerling nos da el verdadero sonido de su voz. Era una voz mucho, mucho más hermosa que la que podemos oír en las grabaciones que nos dejó».
Bjoerling
El remate ahora. La calidad especialísima de la voz de Bjoerling tiene un nombre específico: squillo. El término alude a la cualidad resonante, como una trompeta, de una voz lírica. Es lo que le permite sobreponerse a las orquestaciones más enriquecidas; es una técnica de proyección de la voz que debe ser usada en su justo término, ni mucho porque sonaría estridente ni muy poco porque se ahogaría dentro de la riqueza orquestal.
Pues bien, el tenor Gioacchino Lauro Li Vigni, que aunque nacido en Brooklyn fue criado en Palermo, ha hecho un análisis que le permite postular con bastante seguridad que hay una diferencia en el control del squillo entre cantantes recientes de la época de Pavarotti—que favorecen la sexta y séptima armónicas de una nota—y los de la era de Bjoerling, que proyectaban con preferencia la quinta armónica (más grave). Es esa sutil diferencia una de las que separan al italiano del sueco, y podemos escucharla con nitidez en las frases finales de Nessun dorma que concluyen en el Do de pecho. Los partidarios de Luciano creyeron que su versión de la difícil aria de Turandot era la definitiva; los de Jussi sabemos que la medalla de titanio es suya. Abajo está, primero, la ejecución de Pavarotti y la imagen de su espectro sonoro; después, la huella acústica y gráfica de Bjoerling. Cotéjese asimismo la duración y potencia del clímax en ambos cantantes.
Luciano
Jussi
Quod erat demostrandum. LEA
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Reporte climatológico parcial
El suscrito no tiene modo de evaluar las condiciones atmosféricas en ambientes oficialistas. Prácticamente todo aquél que conoce y trata habitualmente es partidario de Capriles Radonski y se propone votar por él cuando llegue el próximo domingo 7 de octubre. Sólo puedo certificar, por consiguiente, que la campaña del candidato de oposición ha logrado crear entre sus seguidores una atmósfera de triunfo a punta de los datos de una encuestadora (Consultores 21), la ambigüedad de otra—Datanálisis: «Pueden ocurrir cambios», después de reportar una ventaja de 10 puntos para Chávez—, cálculos de las implicaciones del «voto oculto» de 2,4% reportado por la primera, y todo género de argumentos cualitativos: «Soy el único caraquista que ha llenado el estadio del Magallanes».
Esto es en sí un éxito; que el capriloradonskismo haya logrado suscitar ese clima triunfal es un logro considerable. La campaña de Capriles ha ganado momentum en las últimas semanas, y ya estima que puede considerársele Presidente electo. Puede ser, pero si llegare a ganar el candidato del gobierno, como parece medir la mayor parte de las encuestadoras de cierta reputación, la depresión post partum (¿post abortus?) del 8 de octubre será mayor en la medida en que esa climatología opositora se consolide y crezca más todavía.
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Ciertamente, Hugo Chávez ha desarrollado la peor de sus campañas, y no sólo por sus limitaciones físicas; ha sido repetitiva, lamentablemente ideológica y por eso mismo anacrónica. Vuelve a prometer lo prometido con redoblada cursilería: «Construir esta Patria para que tú, compatriota, hombre, mujer, madre, padre, joven, niña, niño venezolano y venezolana puedas vivir bien, con justicia y dignidad es lo que anima mi lucha y es una de las principales razones que tengo para vivir, junto a mis seres más queridos, mi hijo, mis hijas, mis padres». (Propuesta del Candidato de la Patria Comandante Hugo Chávez para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019).
Pero quien se le enfrenta dice cosas parecidas; quiere consagrar las misiones en una ley y asegura que no sacaría a Venezuela del pacto chavista del ALBA (tal vez no le cambiaría el nombre al antiguo hotel Hilton), y dice: «Yo quiero ser Presidente para construir un país, no un partido». (Ñapa: sin insultar).
Ambos candidatos debieran percatarse de que los países o patrias tienen la mala costumbre de construirse a sí mismos, muchas veces a pesar de los gobiernos: «…mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor». (Will Durant, Los placeres de la filosofía).
Es eso tarea del enjambre ciudadano, no del Estado; lamentable es que los presidentes y candidatos se entiendan de modo tan poco modesto, como jefes del país, como épicos «conductores de pueblos». («Porque aquel que pretenda gobernar sobre un país…»; Henrique Salas Römer, diciembre de 1997). La misión de un presidente es la de dirigir la administración pública nacional para resolver o aliviar los problemas públicos de su ámbito; el Presidente de la República no es nuestro jefe; somos nosotros quienes debemos mandarle.
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Tengo rato sintiendo que un eventual triunfo de la candidatura «socialista» será por una diferencia relativamente moderada. («…si, como parece irremediable, Chávez ganare el 7 de octubre, sería más sano que no sacara demasiada ventaja a Capriles y que su propia votación resultara disminuida mientras la abstención, signo de inconformidad con los dos polos, fuese de proporción cercana a la que los candidatos recaben. Por ejemplo, Chávez 38%, Capriles 32%, abstención 30%». ¿Una tragedia inescapable?, 5 de julio de 2012). Esto es, quisiera ver a Chávez por debajo de 40% y una manifestación vigorosa de insatisfacción con ambas versiones de la película en blanco y negro con la que la polarización pretende retratar a Venezuela.
Puedo equivocarme, por supuesto: «Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia». (Código de conducta, 24 de septiembre de 1995). Pero si llegare a producirse el resultado que mi ojo clínico me permite presumir, habrá comenzado un tiempo de trabajo más arduo y mejor encaminado.
Creo que después del 7 de octubre habrán mejorado las condiciones para una necesaria distensión. Hace rato que ya no oímos «¡Exprópiese!» Apartando la disminución de sus fuerzas físicas, el Presidente de la República ha comenzado a notar que no cuenta con gerentes capaces en número suficiente dentro de su gobierno, que cada estatización—después del millar que ha ordenado—es un nuevo escaparate en un lomo recargado, que hasta Cuba se abre tímidamente a la iniciativa privada, que su socialismo no puede funcionar y sólo le queda definirlo de otra manera menos marxista para preservar la etiqueta en la que tanta propaganda ha invertido.
En cualquier caso, Venezuela no se extingue el 7 de octubre, y los que se han fajado en la aventura capriloradonskista también serán mejores si son humildes:
Hace unos días, en un sorprendente ejercicio de lucidez, por lo demás habitual en él, el Dr. Ramón J. Velásquez dibujó con hábil pincel grueso el trayecto histórico que nos ha traído a este insólito momento. Con toda la intención trazó la rúbrica de cierre: “El resultado de todo esto es que el país está dividido”. ¿Unir a “la oposición”, cuando la mitad de la nación no le está afiliada, sería la estrategia adecuada? Tal vez, pero la tarea política profunda es la de unir a ese país dividido. Es imposible completarla con altanería. (Principal virtud. Carta Semanal #320 de doctorpolítico, 19 de febrero de 2009).
Sería verdaderamente sorpresivo que Capriles resultase electo el 7 de octubre pero, como decía mi mentor y amigo Yehezkel Dror, en el mundo actual «la sorpresa se ha hecho endémica». Ya es parte del cambio climático. LEA
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En vísperas del juicio final
De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Credo de Nicea-Constantinopla
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Los venezolanos tenemos fecha para el Juicio Final: el 7 de octubre. Ese día estará determinado el campeón de las elecciones presidenciales y el subcampeón—como la república de Evita y Cristina en la Guerra de las Malvinas—, pero también ascenderán al cielo unas encuestadoras y otras deberán dedicarse al llanto y el crujir de dientes en las tinieblas. Si algo ha sido característico del actual proceso electoral próximo a concluir, es la fiereza con la que se ha esgrimido la denigración más amarga contra las encuestadoras que no den números convenientes a los atacantes.
El fenómeno no es de exclusividad nacional; en los Estados Unidos se ha dado exactamente el mismo prodigio. Ayer escribía James Poniewozik para la web de TIME Magazine:
El concepto/teoría de la conspiración de que las encuestas electorales están «sesgadas» hacia un sobremuestreo de votantes demócratas—lo que significa que darían fuertes resultados falsos a favor de Obama—ha alcanzado, a través de los medios sociales y el Reporte Drudge, el status pleno de meme* en Internet. (Vaya a Twitter después de la publicación de cualquier encuesta importante, busque «encuesta Obama» o «encuesta Romney» y vea cómo su pantalla se llena con el rezongar de molestos estadígrafos aficionados acerca del muestreo «D + 9»). Y ahora los conspiracionistas del sondeo tienen su propio sitio web, UnSkewedPolls.com, que esencialmente toma las encuestas existentes y cambia los números de forma que Mitt Romney aparezca ganando. (…) Ciertamente, las encuestas pueden equivocarse. Pueden equivocarse en masa. (…) Pueden concebiblemente, incluso, equivocarse en masa en la misma dirección. (…)
Pero considérese lo que el meme «las encuestas están sesgadas» quiere hacernos creer. Que docenas de encuestadoras nacionales y locales están torciendo deliberadamente sus resultados para encontrar una proporción mayor de votantes demócratas que la que hay. (…) Y/o: que los votantes mismos—¿por culpa, corrección política o presión de sus pares?—se identifican como demócratas en mayor cantidad que la real. (…) Que firmas encuestadoras independientes, instituciones educativas, medios locales, medios nacionales… ¡están pujando para dar a Obama un segundo período! Más aún, que están reportando a conciencia resultados erróneos que no sólo pueden ser sino que, por definición, serán refutados por los votos reales. Los medios que confían en las encuestas por credibilidad, los encuestadores que apuestan a su precisión la propia existencia de su negocio, están dispuestos a reventarlo todo en unas pocas semanas sólo para dar a Obama cuatro años más. (…)
Supóngase que por acaso los resultados de esas encuestas «sesgadas» sean validados el día de la elección. ¿Cómo sabemos que el sesgo no influyó el resultado? ¿Que un redoble de tambores de encuestas positivas para Obama no lavó el cerebro de votantes que se unieron al tren, no secó las donaciones de campaña o deprimió la asistencia de republicanos a las urnas? (…)
Es por esto que esa clase de pensamiento es tan popular, por qué se disemina tan fácilmente y por qué, aparentemente, nadie en los EEUU volverá a creer que perdió en buena lid una cerrada elección importante. Esta clase de acusación de sesgo no es sólo una deliberada creencia simple; es un marco mental totalizante, ante el que cualquier prueba en contrario puede ser retorcida y convertida en una prueba de que la conspiración existe.
*meme. an element of a culture or system of behavior that may be considered to be passed from one individual to another by nongenetic means, esp. imitation.
• an image, video, phrase, etc. that is passed electronically from one Internet user to another.
(Oxford American Dictionaries).
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En la mañana de hoy, 26 de septiembre, Hinterlaces hizo la presentación de su más reciente Monitor-País, el reporte final sobre las elecciones presidenciales de 2012. (Descargue el MONITOR PAIS – SEPTIEMBRE 2012) Como acostumbra, convocó a rueda de prensa a las 10 a. m. en el hotel Marriott de El Rosal. Oscar Schemel fue el vocero habitual de su empresa y sus mediciones y, antes de presentarlas, destacó que Hinterlaces ha sido la más atacada y calumniada encuestadora en este «difícil proceso» de 2012. (También declaró que su firma no se dejaría intimidar por presiones de ninguno de los bandos enfrentados en la campaña electoral).
Hinterlaces recogió los datos integrados entre el 10 y el 22 de septiembre; su cierre, por tanto, se produjo hace cuatro días. En la presentación, Schemel dio detalles de la estratificación de la muestra según una media docena de criterios que la hacen extraordinariamente representativa de la población de electores. Desde la medición anterior, la brecha a favor de Hugo Chávez se redujo dos puntos, para situarse en 16 puntos de ventaja. (Chávez 50%, Capriles 34%). Ayer publicó Noticias 24 una nota con presunta cita de Schemel: “A día de hoy, la primera opción la tiene el presidente Chávez. Ese es nuestro escenario más probable. El escenario menos probable es el triunfo de Capriles y por brecha mínima”. No ha sido posible encontrar en la web de Reuters el trabajo supuestamente traducido por Noticias 24; en todo caso, el propio Schemel desmintió, sin aludir a la cita falsa, la noción de que Hinterlaces considere un escenario con Capriles como ganador. En la sesión de hoy, presentó dos escenarios: uno en el que Chávez gana por una ventaja de 14 a 16 puntos; otro en el que la brecha a su favor sería de 9 a 12 puntos.
Una vez concluida la presentación—precedida por video de Globovisón en el que Kico Bautista lo felicitaba por su precisión predictiva sobre las elecciones parlamentarias de 2010—, Schemel se permitió expresar deseos por una Venezuela reconstituida, en la que el diálogo gobierno-oposición se hiciera posible. Aun en el caso de 16 puntos a favor de Chávez, dijo, el desempeño opositor sería bastante mejor que el del pasado, y esto sería una realidad que el gobierno no debiera desconocer. («Todos ganaremos en esta elección»). La oposición, opinó, deberá aprender que hay una nueva cultura política nacional; el gobierno que su modelo muestra signos de agotamiento e ineficiencia y que es preciso abrir espacios para el intercambio repetuoso de las ideas. En cuanto terminó de hablar, dije en voz alta: «¡Schemel Presidente!» y no me quedé a escuchar las preguntas de los asistentes, que sonreían.
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Ya se conoce, por otra parte, el polo opuesto. Consultores 21 ha distribuido las láminas de su Estudio de Opinión Pública Nacional—descárguelas aquí: Consultores21-septiembre 2012—correspondiente al lapso que va del 7 al 18 de septiembre. Esta prestigiosa encuestadora—de alguna manera ligada al comando de campaña de Capriles—se aventura a reportar una ventaja de menos de 1% (0,8%; 46,5% Capriles-45,7% Chávez) a favor del candidato de la Mesa de la Unidad Democrática cuando hace lo que llama «pregunta tradicional de intención de voto». Luego da cuenta del ejercicio de «simulación de voto secreto», con el que obtiene 2,4 puntos más a favor de Capriles, mientras la votación por Chávez permanece idéntica.
Consultores 21, pues, nos ha hecho el favor de medir el famoso «voto oculto»—el porcentaje de encuestados que por miedo no indicarían su preferencia por Capriles—en 2,4%. (Debe ser por eso que otros estudios han venido arrojando una brecha de dos dígitos. Si, por ejemplo, se le quita a Hinterlaces 2,4% de la intención de voto por Chávez, la brecha se reduciría a sólo 13,6%). El ejercicio mencionado instruye a cada entrevistado: «Voy a entregarle este tarjetón que es parecido a la (sic) que usará en las elecciones presidenciales del siete de octubre. Voy a dejarlo solo para que usted marque, sin que yo lo vea, por cuál tarjeta votaría usted si fuera a votar en las elecciones presidenciales. Luego de marcar con el bolígrafo, doble el tarjetón y métalo en esta bolsa donde hay otros tarjetones». Impresionante. Dramático. Con este ingenioso método, Capriles pasa a tener 3,2% de ventaja sobre Chávez. No está mal para un esfuerzo que requirió la simulación a 1.500 ciudadanos.
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Es casi una imagen especular de Consultores 21 la que refleja el estudio de Varianzas (2.000 entrevistas) que lleva fecha del 7 al 20 de septiembre. (Descárguelo acá: varianzasult). Esta encuestadora mide una ventaja también muy estrecha; únicamente dos puntos, sólo que a favor de Chávez.
Por su parte, Datanálisis ha mostrado—por boca de Luis Vicente León—una ventaja de 10 puntos a favor de Chávez, según medición realizada entre el 25 de agosto y el 5 de septiembre (encuesta a 1.600 personas). León reportó una intención de voto de 49,4% por Chávez y 39,4% por Capriles, y destacó que el candidato de la loyal opposition ha recortado en diez puntos la diferencia entre mayo y septiembre (150 días). Tendría que completar lo mismo en 32 días (desde el 5 de este mes) para empatar. León remató descartando, según El Universal ayer, «que estos resultados puedan ser definitorios para las elecciones que están pautadas para el 7 de octubre debido a que aun está en desarrollo la campaña y ‘pueden ocurrir cambios’, pero reconoció que por primera vez Chávez, tras casi 14 años en el gobierno, enfrentará a un fuerte rival debido a que es el que más se le ha acercado en las encuestas».
Hay otros reportes, por supuesto, que no serán tomados aquí en consideración. (Gis XXI, Consultores 30.11, Predicmática, la extraña encuestadora ICS…) Tomadas en cuenta solamente las encuestadoras mencionadas hasta ahora, éste es el cuadro resumen de la brecha medida:
El 7 de octubre se sabrá si Luis Christiansen, Rafael Delgado Osuna, Luis Vicente León y Oscar Schemel bajarán al infierno o subirán al cielo. LEA
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Pastichos sinfónicos
La música tonal a la que estamos acostumbrados se construye, por su mayor parte, con notas y acordes que pertenecen a una cualquiera de las 24 escalas mayores y menores, cada una de ellas hecha con siete notas ascendentes; Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, por ejemplo, que forman la escala de Do mayor. Así, cuando decimos que una pieza está en la tonalidad de Do mayor, encontraremos que la mayoría de sus notas son de la escala que acabamos de describir y, comúnmente, concluye con el acorde fundamental o básico de Do mayor: Do, Mi, Sol. Lo mismo ocurre con las tonalidades menores; la escala de Do menor, por caso, se construye con la serie Do, Re, Mi bemol (un semitono más grave que Mi natural), Fa, Sol, La bemol y Si bemol. Por supuesto, dentro de una misma pieza la música puede «modular» de una tonalidad a otra, pero siempre regresa (en la música tonal) a la tonalidad principal.
En principio, pues, dos piezas diferentes en una misma tonalidad deben tener afinidad sonora; se convienen. (DRAE: convenir. 6. prnl. Ajustarse, componerse, concordarse). Esto es el pretexto para construir aquí un concierto para violín y orquesta y una sinfonía, armados ambos a partir de compositores y obras dispares con la única excusa de que han sido compuestos en una misma tonalidad.
Hagamos, primero, un Concierto para Violín y Orquesta en Re mayor. Hay muchos compuestos en esa tonalidad (Mozart, Beethoven, Brahms, Paganini, Tchaikovsky, Stravinsky, Prokofiev…) La razón es que la digitación de Re mayor en un violín es más cómoda que la de otras tonalidades. (Cualquiera que haya tocado Compadre Pancho en un modesto cuatro criollo habrá comenzado por Re mayor su aventura en ese instrumento; no exige mucho a los dedos de la mano izquierda de un principiante).
El primer movimiento de nuestro Concierto potpourri para violín y orquesta, Allegro moderato, es del opus 35 de Pyotr Illich Tchaikovsky. Compuesto en 1878 a orillas del Lago de Ginebra—donde el compositor se recuperaba del desastre de su matrimonio—fue completado en un mes y luego revisado. Tardó tres años en estrenarse y no fue muy auspiciosamente recibido; algunos críticos lo encontaron «largo y pretencioso», incluso «olorosamente ruso» como obra que «hedía al oído». (Las metáforas olfativas son de Eduard Hanslick, un influyente crítico de la época). Tchaikovsky había pensado dedicarlo a su alumno de composición, el violinista Iosif Kotek, quien le había aconsejado técnicamente en varias partes del solista, pero creyó que el tributo se entendería mal, como prueba de una relación amorosa con su discípulo, la que de todos modos tuvo por un tiempo. Terminó dedicándolo a Leopold Auer, quien se sorprendió y agradeció la distinción, aunque sólo consideró de valor el primer movimiento y se excusó de estrenarlo en marzo de 1879. Fue finalmente presentado al público en Viena por Adolph Brodsky, y en éste recayó la dedicatoria definitiva. En todo caso, esta obra se ha convertido en uno de los más apreciados conciertos de violín, y es ciertamente uno de los de mayor dificultad. Henryk Szerying toca de seguidas su primer movimiento mientras Antal Doráti dirige la Orquesta Sinfónica de Londres.
Allegro moderato
Exactamente el mismo año en que se compuso el concierto anterior, Johannes Brahms concluía su Concierto en Re mayor para violín y orquesta, que dedicó al gran violinista Joseph Joachim. El día de Año Nuevo de 1879, Joachim estrenaba en Leipzig el concierto, al que contribuyó con asesoría técnica y consideraba uno de los cuatro más grandes conciertos para violín de la música alemana. El virtuoso ejecutante fue quien determinó el curioso programa: comenzaría con el Concierto, también en Re mayor, de Ludwig van Beethoven y concluiría con el de Brahms. Éste comentó que había demasiado Re mayor en la sesión. Tal como con Tchaikovsky, el concierto de Brahms fue criticado por los entendidos, quienes se apresuraron a calificarlo como un «concierto contra el violín». Pero el público lo recibió con entusiasmo, mientras continuaban las críticas. Acá oiremos el segundo movimiento, Adagio, en el violín de Itzhak Perlman «contra» la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Carlo Maria Giulini. (Este movimiento era la razón por la que el violinista español Pablo de Sarasate se negaba a tocar la obra; no quería estar en el proscenio sosteniendo el violín mientras escuchaba «al oboe tocar la única melodía del Adagio»). Advertencia de una trampa: aunque el concierto, en su conjunto, pertenece a la tonalidad de Re mayor, el Adagio está armado en la de Fa mayor, que se conviene con la tonalidad principal.
Adagio
Podemos aprovechar la ocurrencia de Joseph Joachim para cerrar el mosaico de conciertos de violín con el de Ludwig van Beethoven que, como ha quedado dicho, también fue compuesto en Re mayor. Éste, su opus 61, fue completado en 1806 y estrenado el mismo año en Viena. No fue bien recibido y desapareció del circuito de conciertos, hasta que Joachim lo tocara, cuando tenía 12 años—en 1844, diecisiete años después de la muerte del compositor—, acompañado de una orquesta dirigida por Félix Mendelssohn Bartholdy. Al igual que la obra de Brahms, son el primero y el tercer movimiento los segmentos que están en Re mayor; el movimiento lento está en Sol mayor. Es el último movimiento—Rondó-Allegro—el que aquí interpreta, de nuevo, Itzhak Perlman con Daniel Barenboim al frente de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Rondó – Allegro
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Bueno, hagamos ahora una sinfonía. Me apetece componer una en Mi menor, y la ensamblaré con movimientos de Brahms, Khachaturian, Rachmaminoff y Dvořák.
Comenzaré por la cuarta y última sinfonía de Johannes Brahms, una de sus más nobles composiciones (op. 98). Le tomó un año escribirla; fue estrenada en concierto dirigido por el compositor el 25 de octubre de 1885, en Meiningen. El necio de Eduard Hanslick volvió a repetir su desaprobación. Del primer movimiento que aquí se escucha—Allegro non troppo—en los instrumentos de la Sinfónica (no Filarmónica) de Viena conducidos por Wolfgang Sawallisch, el arrogante crítico dijo: «Durante todo este movimiento tuve la sensación de recibir una paliza de manos de gente increíblemente inteligente». Bueno, la sinfonía es muy inteligente y Hanslick merecía sin duda ser apaleado.
Allegro non troppo
En agudo contraste con el movimiento anterior, el segundo—Allegro risoluto—de la Sinfonía #2 de Aram Khachaturian (de la Campana) introduce los típicos ritmos y armonías armenias de este compositor soviético, dueño de una rica paleta orquestal. (El apodo de la sinfonía se debe al uso de campanas en un motivo del primer movimiento que se repite en el movimiento final). Es el propio compositor quien dirige a la Orquesta Filarmónica (no Sinfónica) de Viena, uno de los primeros conjuntos musicales del mundo. (A lo largo del movimiento se escucha el sonido del piano como miembro de una sinfónica, no como solista, cosa del todo impensable en la época de Brahms).
Allegro risoluto
El tercer movimiento—Adagio—de la Segunda Sinfonía en Mi menor, op. 27 de Sergei Rachmaninoff, es característico del compositor. Su marca de fábrica es la dulzura de sus melodías, que producía copiosamente. Uno de sus grandes intérpretes fue Eugene Ormandy, quien dirige para nosotros, en la que puede ser la versión definitiva de la sinfonía, el lujoso sonido que supo extraer de la opulenta Orquesta de Filadelfia. En ese movimiento también puede apreciarse la textura contrapuntística de muchas de las obras de Rachmaninoff: el canto simultáneo de dos melodías distintas, a cual más bella.
Adagio
La conclusión de nuestra abigarrada sinfonía en Mi menor queda confiada al compositor bohemio Antonín Dvořák. De su Sinfonía #9 (del Nuevo Mundo, antes Sinfonía #5) es su cuarto movimiento (Allegro con fuoco) el cierre de este experimento. La Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart es dirigida aquí por Gustavo Dudamel, ciertamente un director con fuoco, en concierto ante Benedicto XVI y buena parte de la Curia Romana. Como se sabe, la sinfonía de Dvořák fue llamada del Nuevo Mundo porque la compuso durante su estadía en los Estados Unidos entre 1892 y 1895, cuando dirigió la orquesta del Conservatorio de Nueva York; melodías del folk afroamericano se colaron en sus compases. Es un movimiento digno de clausurar nuestro concierto.
Allegro con fuoco
¿Encore? Está bien. Para no salirnos de la tonalidad de Mi menor, he aquí el primer movimiento—Allegro piacevole—de la Serenata para cuerdas de Edward Elgar, a cargo de Vernon Handley y la Orquesta Filarmónica de Londres.
Allegro piacevole
Ya es hora de conseguir una buena arepera. Buen provecho. LEA
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![Nicolai Gedda 0-00 Great Moments of, [Front]](https://doctorpolitico.com/wp-content/uploads/2012/09/Nicolai-Gedda-0-00-Great-Moments-of-Front-300x300.jpg)



















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