el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

Glosa de cuatro soles

¿Curándose en salud?

En el sitio web de Últimas Noticias ya no puede leerse la entrevista realizada al general Henry Rangel Silva, que le mereciera un cuarto sol sobre su charretera al jefe del Comando Estratégico Operacional, la suprema instancia militar del país, inferior únicamente al Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, el Presidente de la República. En su lugar, aparece ahora la siguiente advertencia: Server Error in ‘/’ Application. The resource cannot be found. Description: HTTP 404. The resource you are looking for (or one of its dependencies) could have been removed, had its name changed, or is temporarily unavailable.

Lo que sí puede encontrarse es la oferta de un video—en realidad sólo una banda de audio con títulos frecuentemente infieles—colocado por el propio periódico en YouTube, en el que obviamente se ha editado las palabras del premiado y apremiado general. Hay una sección crucial de sus declaraciones que ha desaparecido. He aquí el «video»:

La tramposa selección hecha por Últimas Noticias deja en pie declaraciones que pudieran estirarse para argüir, oficialistamente, que Rangel Silva se ha atenido a una interpretación tolerable de la Constitución. De lo suprimido, sin embargo, hay registro, pues Noticias 24 tiene en su web el texto que fuera impreso en el periódico insignia, complaciente e interesado y medroso, de la Cadena Capriles. Las afirmaciones suprimidas, esfumadas, escamoteadas son las siguientes: “Los ataques están en la agenda de la oposición. El elemento Fuerza Armada históricamente ha sido utilizado para de alguna manera derrocar gobiernos… Ellos actúan apoyados por terceros países y eso afecta el nacionalismo. La hipótesis (de un gobierno de la oposición) es difícil, sería vender al país, eso no lo va a aceptar la gente, la FAN no, y el pueblo menos”.

En primer término, es realmente irónico que se postule la utilización de los militares para derrocar gobiernos como verdad histórica. Si acaso, pudiera sostenerse que tal cosa ocurrió—en una larguísima serie de golpes de Estado por los militares y para usufructo de militares—únicamente en 1945, cuando en su 18 de octubre se produjo un golpe en alianza de civiles (Acción Democrática) y militares para dar paso a un gobierno civil democráticamente electo (que de todos modos fue depuesto por militares el 24 de noviembre de 1948, en sólo nueve meses después de la toma de posesión de Rómulo Gallegos). Apartando esa única excepción, absolutamente todos los derrocamientos de gobiernos ocurridos en Venezuela—y son muchos, aunque menos que los de Bolivia—han sido emprendidos por militares sin que civil alguno los utilizara. Ellos utilizaron a los civiles, como Juan Vicente Gómez a Laureano Vallenilla Lanz o José Gil Fortoul. Hay que tener tupé para proponer esa absurda distorsión de la historia.

Luego, salta a la vista que Rangel Silva no se ha percatado de que el gobierno del Sr. Chávez actúa apoyado «por terceros países»—Cuba, principalmente, Bolivia, Argentina, Ecuador, Nicaragua—y que tampoco cree que tal cosa «afecta al nacionalismo».

Lo peor de su concepción, sin embargo, es que un gobierno de la oposición, a pesar de que viniera determinado y decidido por una mayoría popular, «sería vender al país», y que eso ameritaría el desconocimiento de un resultado electoral. Eso fue lo que verdaderamente Últimas Noticias ha intentado borrar.

Rangel Silva no tiene la menor base para suponer que un gobierno presidido por alguien que no comulgue con la política de Hugo Chávez negaría la inclusión social o la disminución de la pobreza, por una parte; por la otra, el gobierno de Chávez es excluyente, y hoy hay en el país más pobreza que nunca. Ha habido, sí, disminución de la pobreza durante el régimen chavista: la de gente como Antonini Wilson, por ejemplo, con quien Rangel Silva conversara—¿cuál era la razón militar, profesional, de su conversación?—luego de que fuera denunciado por la entrada ilegal de 800 mil dólares a Argentina en vuelo de PDVSA, o la pobreza de Walid Makled.

En el simplista mundo de Chávez, que ofrece como gastado pretexto, y el de personas aparentemente mesmerizadas por él, como Rangel Silva, todo aquel que repudie el modo de gobernar del primero es automáticamente un vendepatria, un golpista—como él—, un salvaje capitalista, un agente del imperio. La muy inmensa mayoría del país no es ninguna de esas cosas y, como quedó demostrado el 26 de septiembre, la mitad de ella está enfrentada al gobierno.

Es francamente un razonamiento muy defectuoso postular que el pueblo rechazaría un hipotético gobierno opositor, cuando la única manera de que llegara a constituirse es, precisamente, por una decisión de la mayoría de ese pueblo.

Sobre todo Chávez, sin embargo, deja traslucir él mismo sus temores. En el programa en el que anunciara el cuarto sol para Rangel Silva, dijo: “Siguen tratando de generar divisiones en la Fuerza Armada, en el pueblo, en el partido, y tratan de dividir para golpear, por eso nuestra respuesta debe ser, unidad, unidad y más unidad”.

¿A cuál división se refería? Sólo puede ser la división entre Rangel Silva y él mismo, puesto que la «unidad, unidad y más unidad», que prescribía con evidente angustia, se manifestaba con el premio del ascenso como antídoto de la división. Así se unía, se unía y se unía más a Rangel Silva.

El fundado temor de Chávez de perder las elecciones de 2012 fue destacado por Teodoro Petkoff en su programa por Globovisión. He aquí lo que expuso:

En las últimas «Líneas de Chávez» ha escrito el Presidente de la República, un mandatario con propensión usurpadora de la Corona que es el Pueblo:

La canalla ha convertido unas palabras de un soldado venezolano, palabras que expresan una firme posición de dignidad, en el pretexto para agredir a la Patria, transgrediendo lo que el buen sentido dictamina e insinuando cualquier tipo de intervención foránea contra Venezuela.

Esa canalla que aplaude todo lo que vomita desde Colombia un confeso narcotraficante en contra de los poderes nacionales, de nuestras instituciones y de compatriotas de dilatada trayectoria a los que me une la vergüenza patria y la vocación de servicio, es la misma canalla que pide que echemos a los leones al General Henry Rangel Silva, precisamente por diferenciarse años luz de aquella casta militar corrupta y complaciente* con los intereses apátridas.

Los párrafos citados vienen justamente después de alabar la intervención foránea de Cuba en Venezuela, pero lo sintomático es su alusión a lo que está dispuesto a cantar Walid Makled. Rangel Silva no nombró para nada a Makled en sus declaraciones a Últimas Noticias, hoy un archivo que could have been removed, had its name changed, or is temporarily unavailable. LEA

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* Respecto de ser complaciente: Un año antes de declararse marxista—“Lo asumo. Yo cuando asumo, asumo”—ante la Asamblea Nacional, hablaba allí mismo en ocasión similar (13 de enero de 2009). En uno de sus peculiares recuentos históricos, regresó a febrero de 1989, cuando Carlos Andrés Pérez asumía por segunda vez la Presidencia de la República. Chávez aludió específicamente al acto de toma de posesión de Pérez en el Teatro Teresa Carreño, el fastuoso acto que mereció el cognomento de “coronación”. Recordó Chávez, incluso, que Fidel Castro—su “padre”—estaba entre los circunstantes que aplaudían a Pérez. Entonces, el Presidente de la República dijo que él era quien aplaudía más frenéticamente—aunque por supuesto conspiraba ya activamente—para disimular y que se le tuviera por persona afecta al régimen. Esta confesión la expuso con orgullo satisfecho, como si el engaño fuera travesura meritoria, inmoralidad necesaria a la revolución que todo lo absuelve. (Ser marxista, 18 de julio de 2010). Él mismo, a confesión de parte, se mostró complaciente con Pérez, sólo que a su complacencia añadió la hipocresía.

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Obamahabharata dame dos

La venida de Barack Buda

A José Álvarez Cornett, factótum de TEDxTierraDeGracia.

Durante una visita de Estado del Primer Ministro de India, Manmohan Singh, a los Estados Unidos, Barack Obama firmó con ese mandatario—el 25 de noviembre de 2009—un «pacto verde» que asociaba ambas naciones en metas progresivas para paliar efectos negativos del cambio climático. Al mes siguiente, ambos jefes de Estado asistían a la cumbre de Copenhague, luego de su acuerdo bilateral sobre seguridad energética y energía limpia para protección del clima. Tras esa cortina de color verde, no obstante, otros temas ocuparon las conversaciones de ambos líderes.

Obama está ahora en la India, recién enjabonado por la derrota de los demócratas en las elecciones de la Cámara de Representantes, con un doble propósito: aumentar significativamente las exportaciones estadounidenses a India y aliarse con este país en un intento de contrapeso al gigante chino. (Ver artículo en TIME Magazine).

Según reconociera el propio Obama, la derrota electoral a manos de candidatos republicanos y del Tea Party (el nuevo fenómeno conservador de los EEUU) tuvo fundamentalmente que ver con el desempeño de la economía norteamericana, que no acaba de recuperar el vigor acostumbrado de crecimiento. El paquete de acuerdos comerciales que firmará con el gobierno indio, mayormente centrado en productos de defensa, representaría 10.000 millones de dólares de exportaciones con un impacto favorable de 54.000 nuevos empleos en EEUU. (Las más recientes cifras ofrecidas por el Departamento del Trabajo, mejores que las que se esperaba, no son todavía una señal de que el duro problema de desempleo de ese país haya cedido).

Pero los Estados Unidos ven en India un aliado que puede equilibrar el peso geopolítico descomunal de los chinos, dada su inmensa población. (China, 1.338 millones de habitantes; India, 1.188 millones; EEUU, 310). Los indios saben de esa intención, y tratarán de extraer todas las ventajas posibles de la manifestación de debilidad estadounidense. Entre indios y norteamericanos se alcanza la cifra de 1.498 millones de habitantes, apenas 160 millones sobre los chinos (lo que éstos crecieron en los últimos diez años). Pero entre China e India estamos hablando de 2.526 millones de personas, el 37% de la población mundial en solo dos países.

India no puede ignorar, por más apetecible que pueda parecerle su asociación con los estadounidenses, que China es su vecino, una nación, como ella, asiática, con la que ha procurado estrechar toda amistad. En abril de 2005, por ejemplo, los gobiernos de China e India firmaron un acuerdo por el que declaraban terminados todos sus diferendos fronterizos.

Las tendencias de mayor velocidad inercial, pues, no son favorables a la supremacía norteamericana, y esto se pone de manifiesto en una presentación extraordinaria de Hans Rosling, la estrella de TED (Technology, Entertainment, Design). En el encuentro TEDIndia, celebrado hace justamente un año, cuando Obama y Singh se reunían con verdes designios, Rosling pintó, con característico buen humor, un clarísimo cuadro de inevitable predominio asiático. Aquí está su conferencia. LEA

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El video puede verse a pantalla completa si se hace clic sobre el icono de la esquina superior derecha. Abajo a la izquierda, puede presionarse View subtitles para seleccionar subtítulos en español.

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Curso de la Casa Úslar

El estilo de cuatro grandes directores

Es un grande honor para mí que la Fundación Casa Arturo Úslar Pietri me haya solicitado construir un curso compacto de apreciación musical, centrado sobre el tema de la dirección de una orquesta sinfónica. El curso será ofrecido en la sede del ITER en Altamira (3ra. Avda. con 6a. Trvsal.) los día lunes 15, 22 y 29 de noviembre y el lunes 6 de diciembre, en sesiones de dos horas cada una (5:30 a 7:30 p. m.) He aquí el programa:

EL TEMPERAMENTO DEL DIRECTOR DE ORQUESTA

Menú de degustación: Solti, Dorati, Muti, Dudamel

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Sobre la base de un copioso apoyo de imágenes, audio y video, este taller presenta la labor de cuatro directores de orquesta—Sir Georg Solti, Antal Dorati, Riccardo Muti y Gustavo Dudamel—y, a través de ella, una adecuada comprensión del problema de la dirección orquestal. Ejemplos de partituras de dirección, así como la anécdota y el sonido facilitan la comparación estilística y la formación de un criterio propio de apreciación en el participante, subjetivo pero bien sustentado.

Lunes 15 de noviembreEl oficio del maestro. La complejidad de la partitura orquestal moderna. Las dotes de un buen director: oído, memoria, concepto global. Sir Georg Solti: el director total.

Lunes 22 de noviembre: Director de temperamento. El nervio sobre lo esencial de una partitura. La respuesta de una misma orquesta a distintos directores. La vivacidad incomparable de otro húngaro: Antal Dorati.

Lunes 29 de noviembreLa energía en el podio. La orquesta sinfónica es un enorme poder. La terquedad de quien tiene la razón musical. Un director conflictivo que siempre la tiene: Riccardo Muti.

Lunes 6 de diciembreEl carisma. (DRAE: 1. Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar. 2. Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad). Gustavo Dudamel: «Un animal de la música».

Seis videos, incluyendo ensayos orquestales. Más de cincuenta ejemplos musicales. Páginas de partituras. Muestras de espectro sonoro.

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Esta información está asimismo colocada en la web de la Fundación (donde encuentra un enlace a mapa de ubicación) junto con el instructivo para la inscripción en archivo .pdf. El costo del curso es de Bs. F. 450.
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La música «clásica» reciente

El ilusionista, con música de Philip Glass

El plan secreto, de la música de El ilusionista

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A Leopoldo, hombre de la Nueva Era

La producción de música que llamaríamos, en un sentido lato del término, música clásica, no se detuvo con Igor Stravinsky (1882-1971). En el siglo XX hubo una copiosa producción que, en general, quería alejarse del lenguaje musical del Romanticismo y el Postromanticismo. Esta intención implicó alejarse de la tonalidad, las melodías hermosas, los acordes consonantes. En su lugar tuvimos el atonalismo, las series melódicas abruptas, la disonancia y hasta el absurdo del silencio. En 1952, el compositor estadounidense John Cage (1912-1992) presentó 4′ 33″, una «pieza» para cualquier instrumento o grupo de instrumentos, cuya ejecución consiste en ¡no tocarlos en absoluto durante tres «movimientos» que deben durar exactamente cuatro minutos y treinta tres segundos! El propio Cage la consideraba su obra más importante (¿A una música que no suena?).

Anton Webern, retrato de Oskar Kokoschka

Webern: Cantata #2, op. 31

En esta lucha excesivamente intelectual contra lo que suena bien, los dodecafonistas—Arnold Schoenberg, Alban Berg, Anton Webern—se propusieron asesinar el concepto mismo de tonalidad, con estrictas reglas para evitar la repetición de notas antes de que sonaran los restantes once tonos de la escala cromática (las siete teclas blancas y las cinco negras en un piano). La «música electrónica» (Karlheinz Stockhausen, Edgar Varèse) hizo su aparición, así como su predecesora, la musique concrète (Pierre Schaefer). Búsquedas menos radicales condujeron a la música algo menos irritante de Pierre Boulez, Benjamín Britten, o Luciano Berio. Así aprendimos a tolerar la Trenodia a las víctimas de Hiroshima, de Krzysztof Penderecki (1933) quien, felizmente, ha procurado regresar a la música tonal.

Pero ahora hay una nueva camada que se ha desprendido de la música horrorosa, que se ha reconciliado con la tonalidad y la hermosura melódica. Es el contenido de su discurso musical lo que es nuevo; no era verdad que todo estaba dicho.

Casi todos ellos hacen música para el cine. («Y es que antes hubo cortes reales, ducales, condales que sostenían el trabajo de los buenos músicos, e iglesias que podían contratar un Kapellmeister que se encargara de tocar órgano, dirigir coro y orquesta y, de paso, componer una que otra cantata, como hizo Juan Sebastián Bach para cada día del año litúrgico. Es decir, había que empatarse con la realeza o la nobleza, o con los apoderados de Dios en la tierra, para hacer música y comer al mismo tiempo. Pero ahora son las cortes de Hollywood o Bollywood o Cinecittà las que hacen económicamente posible mucha música bien compuesta». Música para ver).

Así, por ejemplo, Philip Glass (1937), compositor estadounidense nacido en Baltimore, Maryland, de familia originalmente lituana. Hay quienes tienen a su obra como ejemplo de un «clasicismo minimalista»; él mismo dice que hace música con «estructuras repetitivas», tal como comprobamos al inicio en The secret plot de su musicalización de El ilusionista. Glass, y la mayoría de los compositores contemporáneos, son reiterativos, recursivos, hacedores de música que se parece a sí misma, como un fractal. El Bolero de Ravel es ciertamente iterativo, machacón, pero la exposición de su tema lleva un buen número de compases. No es así la música de Glass, bastante más minimalista. Sus temas se construyen con un número reducido de notas, y pudiera más tenérselas como motivos musicales, en el mejor de los casos como exiguos diseños melódicos que se repiten, como en ciertas obras de J. S. Bach o en muchas imágenes de Maurits Escher o las paredes de la Alhambra. (Libro fascinante de Douglas Hofstadter: Gödel, Escher, Bach).

Philip Glass

Y sobre Glass, que tuvo la fortuna de formarse bajo la guía de la grande dame de la educación musical del siglo XX, Nadia Boulanger, ha debido influir un compatriota de ésta: Erik Satie. Esa influencia es evidente en las dos piezas que se pone a continuación: la primera y la tercera de sus cuatro Metamorfosis. Tal como las Gimnopedias de Satie, parecen asediar una misma idea musical desde diferentes perspectivas.

Metamorfosis I
Metamorfosis III

 

Un botón adicional en esta muestra vítrea: Aguas vivientes, uno de los temas que compusiera para la película The Truman Show, protagonizada por Jim Carrey.

Living waters

 

También es hombre de muy redonda y apropiada formación el belga-flamenco Wim Mertens (1953). Este culto caballero se graduó en Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad de Leuven y en Musicología en la Universidad de Ghent, y estudió Teoría Musical y Piano en el Conservatorio de esa ciudad y el Conservatorio Real de Bruselas. Es, pues, un músico extraordinariamente preparado.

Wim Mertens

Antes de sobresalir como compositor él mismo, Mertens produjo importantes eventos musicales para la Radio-Televisión Belga. Igualmente para la Radio de Brabante; por ejemplo, conciertos de Philip Glass, cuyo estilo minimalista llamó su atención, al punto de que escribiera el libro American Minimal Music, sobre la Escuela de Música Repetitiva de los Estados Unidos. En 1980, sin embargo, su propia composición hizo impacto, con la pieza Lucha por el placer, que aquí podemos escuchar:

Struggle for pleasure

 

Y para reiterar que Mertens escribe música reiterativa, he aquí su composición A menudo un pájaro:

Often a bird

 

Arvo Pärt

Seguramente está en una liga diferente, más académica, el compositor estoniano Arvo Pärt (1935), quien no compone para el cine. Sin embargo, Pärt es también minimalista; uno de los más destacados compositores de música sacra en la actualidad, toma inspiración en las austeras formas del Canto Gregoriano. Ha desarrollado una técnica propia de composición, que bautizara como tintinnabuli (campanillas, en latín). Armonías simples, un único tempo a lo largo de una pieza, son características de sus composiciones. El 10 de enero de 2009, Esa-Peka Salonnen, el predecesor de Gustavo Dudamel al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, dirigió la première de la 4a. Sinfonía de Pärt, apelada justamente Los Ángeles. Entre las composiciones más famosas de Pärt está—¿qué pudiera ser mayor reiteración?—Un espejo en un espejo. Hela aquí:

Spiegel im Spiegel

 

Angelo Badalamenti

Una pieza más familiar cierra este recorrido por la más reciente composición culta, y nos regresa a las cámaras. Es el simple y hermoso tema del magnífico programa de televisión Inside the Actors Studio, que produce y conduce James Lipton y vemos por Film & Arts. Su compositor, a pesar del italiano nombre, es un nativo de Brooklyn, Angelo Badalamenti (1937). Tampoco ha podido evitar el contagio en la epidemia musical minimalista y recursiva. Todo muy New Age. LEA

Inside the Actors Studio

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El dios de Mandelbrot era el de Borges

El Aleph: un punto de vista

 

A Eugenia, mi hija bien nacida

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Jorge Luis Borges – El Aleph

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El Aleph es el nombre de un cuento de Borges, y también el de la colección de cuentos que cierra. En ella hay otra construcción borgiana del infinito; es La escritura del dios, que dice:

El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.

Pedro de Alvarado

Quien narra es Tzinacán, sacerdote azteca prisionero de Pedro de Alvarado, interno involuntario de una mazmorra lóbrega. Así describe:

«Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto, y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar».

Tzinacán, ocioso, logra recordar una de las tradiciones del dios: «Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido». Luego explica:

«Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.

Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor».

Iluminado por la infalible conjetura, Tzinacán se propuso leer la escritura en las manchas de la piel del verdugo felino: «Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo». Cada vez que le bajaban alimento podía ver, durante segundos fugaces, al jaguar. Así memorizó el alfabeto en el que estaba escrita la fórmula divina que le permitiría escapar del previsto martirio.

Los interminables días de laboriosa lectura rindieron al fin el código del dios: «Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren)… Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre».

Pero Tzinacán no dirá jamás en voz alta la fórmula:

«Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.

Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad».

La colección de cuentos llamada El Aleph fue publicada en 1949. Estaba por comenzar la Guerra de Corea, y quien escribe hacía la Primera Comunión.

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El 1˚ de marzo de 1980, treinta y un años más tarde, vio Benoît Mandelbrot por vez primera, como antes Tzinacán, una representación gráfica del conjunto que lleva su nombre, su Aleph (), en la pantalla de un computador del Centro de Investigaciones Thomas Watson de la compañía IBM.

El Conjunto de Mandelbrot pronto se convirtió en el icono de la complejidad, y la investigación sobre las características y propiedades de los sistemas complejos, sobre su adaptabilidad y su capacidad de autorganización emergió con fuerza en el último quinto del siglo XX. Es uno de los centros de investigación más afamados del campo el Instituto de Santa Fe, en Nuevo México. Por un buen número de años fue su Director Murray Gell-Mann, Premio Nobel de Física en 1969, arquitecto del Modelo Estándar de la Física Cuántica, construido sobre su Teoría de los quarks. En 1994, El Quark y el Jaguar: Aventuras en lo simple y lo complejo, un libro de Gell-Mann ubicable como obra de «Ontología física», resonaba con La escritura del Dios. Pero el título fue escogido por Gell-Mann como referencia a otro texto: un poema de Arthur Sze con este verso: «El mundo del quark tiene todo que ver con un jaguar que da vueltas en la noche». Gell-Mann, no obstante, es lector de Borges; en una conversación de 1998 con Jeffrey Mishlove lo recuerda, muy à propos:

«Si vemos la forma como el universo se comporta, la mecánica cuántica nos ofrece la indeterminación fundamental, inevitable, así que se puede asignar probabilidades a historias alternas del universo. En ocasiones estas probabilidades se acercan mucho a la certidumbre, pero en realidad no son nunca certezas. Y, a menudo, las probabilidades están bastante distribuidas. El resultado es que las posibles historias alternas del universo forman una especie de árbol que se ramifica. Jorge Luis Borges, en uno de sus cuentos maravillosamente imaginativos, creó a alguien que construyera un modelo de las historias alternas ramificadas del universo bajo la forma de un jardín de senderos que se bifurcan». (El jardín de senderos que se bifurcan, 1941, en Ficciones, 1944).

En 1944 nacía Mitchell Feigenbaum, quien estudió las bifurcaciones aparentes en los mapas gráficos de fenómenos caóticos, característicos de la complejidad. El Conjunto de Mandelbrot incluye puntos de Feigenbaum, en los que se conjetura se manifiesta su autosimilaridad—como la piel de un jaguar que se parece a sí misma.

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Lo que vio Tzinacán en el jaguar

Lo mostrado por Mandelbrot incide sobre un tema recalentado en nuestro tiempo: la existencia de Dios y lo que sobre ella puede o no decir la ciencia. (Hasta Stephen Hawking ha salido recientemente a decir necedades sobre la cosa, postulando que el sentido del cosmos no requiere otra cosa que la gravedad para ser explicado). La complejidad resultante de la iteración inacabable de una ecuación sencillísima (x = x2 + z) permite entender a Dios—no el supersticioso o mitológico de las religiones históricas—como un ingeniero fractal. En 1990 especulaba así en Tratamiento al problema de calidad de la educación superior en Venezuela:

En una vena diferente están las ideas de Edward Fredkin, profesor de ciencias de la computación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Fredkin no ha escrito libros, pero sus ideas sobre el universo, expuestas en varios cursos que dicta en el instituto mencionado, han sido recogidas en otras obras, entre ellas, en Three Scientists and Their Gods: Looking for Meaning in an Age of Information, escrita por Robert Wright.

Fredkin postula que el universo es semejante a una computadora colosal en la que corre un programa diseñado para responder a una pregunta de Dios. Reporta Wright: “Pero entre más charlamos, Fredkin se acerca más a las implicaciones religiosas que está tratando de evitar. «Me parece que lo que estoy diciendo es que no tengo ninguna creencia religiosa. No sé qué hay o qué podría ser. Pero sí puedo afirmar que, en mi opinión, es probable que este universo en particular sea una consecuencia de algo que yo llamaría inteligencia.» ¿Significa esto que hay algo por ahí que quisiera obtener la respuesta a una pregunta? «Sí» ¿Algo que inició el universo para ver que pasaría? «En cierta forma, sí».”

La visión de Fredkin es una nueva versión de las ya frecuentes identificaciones o correspondencias entre lo físico y lo informático. Todavía es al menos una curiosidad insólita, si no un misterio más profundo, que la forma matemática de la ecuación de la entropía térmica sea exactamente la misma de la ecuación fundamental de la teoría de la información, formulada por Claude Shannon en los años cuarenta de este siglo. La computadora cósmica de Fredkin tendría que operar, entre otras cosas, dentro de algoritmos fractales que generarían con el tiempo el “caos” del universo observable.

Dios sería, entonces y entre otras cosas, una memoria infinita, un “RAM” inagotable que preservaría, en estado de información completa, el origen y el acontecer del cosmos.

A continuación, añadí:

Parece ser una experiencia reiterada de la ciencia el toparse, en el límite de sus especulaciones más abstractas, con el problema de Dios. Puede que sea un importantísimo subproducto de la actividad científica moderna el de proporcionar imágenes para la meditación sobre un Dios al que ya resulta difícil imaginar bajo la forma de un ojo en una nube o una zarza ardiendo. Un Dios informático para una Era de la Información.

Dado que la increíble complejidad del Conjunto de Mandelbrot, Emperador de los Fractales, proviene de cálculos repetidos de una ecuación de extrema simplicidad, podemos ahora intuir que a Dios, actuando como ingeniero fractal, le bastaría iniciar la iteración del fractal del Universo como acto de creación. Lo demás lo produciría el Universo mismo, del que somos parte primordialísima, dotada esta misma de poderes creadores intencionales.

La sección del estudio donde aventuré aquellas disquisiciones llevaba como título El metauniverso, y concluía de este modo:

Nuestra idea firmemente acendrada es la de que habitamos un ambiente cósmico que obedece a unas leyes inmutables. ¿No habrá allá, en un remoto futuro de la humanidad, así como hoy alteramos a voluntad “las leyes de la vida”, la posibilidad de que modifiquemos incluso las leyes de la Física, de que variemos la magnitud de una constante universal, y con ello alteremos el propio tejido del universo o demos origen, más aún, a un universo completamente nuevo? Son cuestiones todas éstas que estimamos saludablemente planteables a inteligencias en procura de una educación superior.

LEA

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In memoriam Benoît Mandelbrot (1924-2010)

Una sección del Conjunto de Mandelbrot (clic para ampliar)

El gran matemático polaco-franco-estadounidense, Benoît Mandelbrot, autor de La geometría fractal de la naturaleza (1982), ha muerto en Cambridge, Massachusetts, víctima de un cáncer pancreático, poco antes de cumplir 85 años muy fructíferos. En diciembre de 1990 completé un estudio algo apresuradoTratamiento al problema de calidad de la educación superior en Venezuela—en el que inserté un comentario sobre la significación de Mandelbrot, un gigante de los nuevos paradigmas del caos y la complejidad, sin los que es imposible entender correctamente la dinámica de la aventura humana a estas alturas del siglo XXI. Recapturo acá ese fragmento en su memoria. (Véase también en este blog: Introducción a la Complejidad).  LEA

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Si Planck, Einstein, Heisenberg y Gell-Mann son los fenomenólogos de la materia-ener­gía y sus interacciones, René Thom y Benoît Mandelbrot lo son de las formas observables en el universo.

La preocupación de Thom por la forma encontró expresión matemá­tica con las herra­mientas de una rama relativamente nueva y extraordinaria­mente sugestiva de la matemática: la topología. Una manera de entender de qué se ocupa la topología consiste en describirla como el estudio de las propiedades geométricas de los objetos que permanecerían invariantes luego de aplicar sobre ellos deformaciones continuas. Thom aplica los poderosos con­ceptos y proce­dimientos topológicos al problema de la generación de las formas en Estabilidad estructural y morfogénesis, y logra desarrollar va­rios esquemas de cambio morfológico, cada uno con su correspondiente transformación topológica.

El discurso de René Thom tiene un nivel de abstracción en general bas­tante elevado, pero encuentra aplicaciones no sólo en procesos de morfología biológica—tales como los que se ma­nifiestan en el desarrollo embriológico animal o el despliegue de las formas de un árbol—sino también en temas de lingüística y aun de política y economía.

En cierto sentido, Thom reacciona desde su peculiar trinchera contra una ciencia carte­siana que “explicaba todo y no calculaba nada” y una ciencia newtoniana que “calculaba todo pero no explicaba nada”.

Mucho más profundo que el aporte de Thom es el desarrollo de la ciencia de los “fractales”, palabra acuñada por Benoît Mandelbrot para de­signar—otra noción difícil de asir—dimensiones fraccionarias de los objetos. Los fractales son estructuras matemáticas cuyo desa­rrollo comienza a princi­pios de siglo*, con el trabajo del matemático polaco Waclaw Sier­pinski y del francés Gaston Julia, pero su designación por ese nombre se produce en 1975 y re­almente se toma conciencia general de ellos en 1982, con la publicación de la obra de Mandel­brot, La geometría fractal de la naturaleza.

Los fractales ofrecen un método extraordinariamente compacto para la descripción de ciertos objetos y formaciones. Muchas estructuras exhiben una regularidad geométrica subya­cente que se conoce como invariancia a la escala o autosimilaridad. Éste es el caso, por ejem­plo, de la línea de las costas, en las que uno se topa con la misma “fractalidad” a medida que las mira desde diferentes distancias. Si se somete al examen a estos objetos en diferentes es­ca­las, se encuentra repetidamente a los mismos elementos fundamentales. El patrón repetitivo de­fine la dimensión fraccional, o fractal, de esas estructuras. Mandelbrot acuñó la expresión “fractal” a partir del latín fractus, partido o fraccionado.

La geometría fractal describe las formas naturales de un modo mucho más sucinto que la geometría de Euclides. De aquí su poder descriptivo y una de sus principales aplicaciones prác­ticas. La descripción de un cierto objeto complejo por medio del lenguaje fractal puede redu­cir significativamente la cantidad de datos necesarios para transmitir o almacenar una imagen. La hoja de un helecho, por ejemplo, puede ser completamente descrita por un algo­ritmo fractal que se basa en 24 números. Un procedimiento euclidiano que pretendiera hacer lo mismo punto a punto requeriría el manejo de varios cen­tenares de miles de valores numéricos. Es por esto que las técnicas fractales son hoy objeto de intenso estudio por los especialistas en transmisión de imágenes por televisión. El tiempo, la complejidad y el costo de transmitir imágenes de saté­lites podrían ser reducidos drásticamente con el empleo de códigos basados en fractales.

Es difícil imaginar a los fractales sin recurrir a imágenes. Esto, que para un matemático clásico constituiría una concesión de mal gusto y atenta­toria contra el estilo de las matemáticas puras, es hoy en día herramienta co­tidiana de los matemáticos de la fractalidad, quienes hacen uso intensivo de computadores de alto poder para estudiar las estructuras generadas por sus ecuaciones. Que son estructuras complejísimas, de una riqueza insólita, gene­radas a partir de ecuaciones sencillísimas.

Este hecho es lo que hace que la geometría fractal sea el lenguaje ma­temático del “caos”, otra teoría contemporánea y novísima que promete una comprensión mucho más profunda de los procesos del universo. La teoría del caos estudia aquellos fenómenos que siguen reglas de­terministas estrictas y sin embargo son impredecibles en principio. La turbulencia atmosférica, el latido del corazón humano, el movimiento de los precios en un mercado, el “ruido rosado” que los ingenieros de sonido emplean para calibrar sus equi­pos, son algunos de los fenómenos que tienen comportamiento caótico y que comienzan a ser entendidos ahora con ayuda de la ciencia fractal. Esos fenó­menos exhiben patrones de variación similares si se les considera en di­feren­tes escalas temporales, del mismo modo que los objetos con invariancia a la escala exhi­ben patrones estructurales similares a diferentes escalas espaciales. Hay, pues, una profunda rela­ción entre la geometría fractal y los comportamientos caóticos: la geometría fractal es la geo­metría del caos.

El dominio del lenguaje fractal hace entrever la posibilidad de mejo­res y más profundas intuiciones acerca de los procesos básicos del universo, de la evolución de las especies, de la conducta humana. Se trata de una revo­lución excitante, que posiblemente sea el componente más profundo y pode­roso de una nueva episteme, de una nueva concepción del mundo.

*Si se quiere, antes, con el conjunto pulverulento de Georg Cantor (1845-1918), el inventor de la Teoría de Conjuntos.

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