el blog de luis enrique alcalá de sucre
la política como arte de carácter médico (y otras cosas)CS #146 – La esclusa es la salida
En el número anterior de esta Carta Semanal de doctorpolítico se daba cuenta de cómo las principales encuestadoras nacionales registraban una fuerte tendencia abstencionista (en el orden de 60%) de cara a las venideras elecciones municipales del 7 de agosto. Consultores 21, por ejemplo, ofrece una medición según la cual sólo 45,3% de los electores consultados en sus más recientes estudios tiene la convicción de que irá a votar. Datanálisis, por su parte, mide 60% que pudiera no ir a votar, y su Director, Luis Vicente León, habla de una «caída estrepitosa» del interés en lo político: ahora sólo 42% de los venezolanos estaría interesado en lo político, cuando hace apenas seis meses esta motivación estaba presente en las dos terceras partes de la población electoral. Estas cifras no son nada demasiado anormal, si se toma en cuenta elecciones realizadas cuando no había tanto descrédito asociado al organismo electoral. (Medido por Consultores 21 con un 45,6% de electores que cree habrá algún tipo de fraude el 7 de agosto y sólo 39,7% que espera elecciones limpias). En las elecciones municipales del 3 de diciembre de 2000 hubo una abstención considerablemente mayor: el 72,6% de los electores no votó.
Pero también confirman las encuestas otro rasgo que hace que las uvas electorales sean vistas como muy verdes por los ojos de la oposición. Mientras la suma de preferencias por Primero Justicia (9%), Acción Democrática (6,7%) y COPEI (1,5%) llega a 17,2%, la aceptación del Movimiento Quinta República se sitúa en 41,7%, para una ventaja de 24,5 puntos porcentuales. (Consultores 21). He allí el verdadero fondo del problema. Si se lleva el asunto a las perspectivas para 2006, la encuestadora mide 53,7% de confianza en Hugo Chávez, contra 22,6% a favor de líderes de oposición. Esto es, una ventaja actual de 31,1%. Es ésa la distancia a recortar para las presidenciales del año que viene.
De nuevo, salvo los líderes de los partidos opositores con candidatos a las elecciones del mes próximo, no muchas voces formadoras de opinión prescriben la asistencia a las urnas. La mayoría predica la abstención. El periodista Unai Amenábar, por caso, establece una analogía entre el voto y el ahorro, para argumentar que si un banquero le roba sus ahorros no le confiará más su dinero y del mismo modo no irá a votar para evitar el escamoteo de su sufragio, el que procederá a guardar bajo el colchón. (No hay otra banco distinto del Consejo Nacional Electoral).
Alianza Popular, por su parte, de modo muy coherente con su línea estratégica, arguye así: «La originalidad de Chávez ha sido, precisamente, conseguir que en Venezuela el acto de votar pierda este valor esencial de elegir y en esas condiciones no creemos en la elección. La triste experiencia del referéndum revocatorio es una demostración palpable de esta infamia. Violentando groseramente la Constitución y las leyes, se le arrebató al voto de los ciudadanos su sentido y razón de ser. Ahora, a pesar de las numerosas voces de alerta que desde hace tanto tiempo vienen advirtiendo sobre el montaje de esta nueva trampa sin precedentes, a pesar incluso de las 5 razones técnicas explicadas hasta la saciedad por la organización civil SUMATE, miles de candidatos de partidos de la oposición se presentarán a la farsa electoral del próximo 7 de agosto. Una opción que los venezolanos con conocimiento de la realidad política y con verdadero compromiso con los valores éticos de la política, de la democracia y de las elecciones de ningún modo podemos compartir. Los principios constitucionales de la libertad y la participación no se pueden negociar a cambio de unos pocos cargos burocráticos. Ni en los concejos municipales y las juntas parroquiales ahora, ni en la Asamblea Nacional en las elecciones parlamentarias de diciembre, ni nunca en cualquiera otra elección». (Alianza Popular, se recordará, es el movimiento fundado y liderado por Oswaldo Álvarez Paz, a quien la encuestadora CECA-CIFRAS atribuye 17,2% de intención de voto a su favor, muy cerca de Diosdado Cabello con 21,1%. En cambio, Consultores 21 mide 15,8% para el Gobernador de Miranda, no tiene a Álvarez Paz en su pantalla y registra 16,3% para Julio Borges. Cosas de encuestadoras).
Es así como todavía hay quienes creen que hace casi un año hubo más votos revocatorios que conservatorios de Chávez. Es una matriz de opinión que sembró con grandes eficacia e irresponsabilidad la Coordinadora Democrática, en la esperanza de salvarse. Esto último no lo logró, pero sí la castración de la fe política de buena parte de los opositores de Chávez.
Pero hay unas cuantas voces que se atreven a una argumentación diferente. Fausto Masó, por ejemplo, sale al paso de las actitudes que publican la crónica de una trampa anunciada: «El discurso abstencionista y la división de la oposición le garantiza al chavismo una victoria abrumadora. Además, hoy la oposición es minoría, lo cual cambiaría con facilidad con una buena campaña electoral. En las elecciones parlamentarias de diciembre, con observadores internacionales de los cinco continentes, el chavismo ganará sin hacer trampas».
Antonio Pasquali, por su lado, esboza esta tesis: «Hay señales agoreras para las administrativas de agosto próximo. Sin embargo, si la oposición votara masivamente se le desafinaría a la autocracia el epinicio que piensa entonar. Eso daría ánimos a la oposición para diciembre. Si en diciembre ésta ganara más terreno con otra votación masiva, una victoria en diciembre de 2006 comenzaría a perfilarse como algo nada irreal. Al ritmo al que avanza la descomposición del régimen y del país, y con una oposición compactada alrededor del civil más apto para llevarse un 20% del voto chavista, esa victoria sí pertenece al reino de lo posible».
Pero ahora hay un desarrollo más preciso en el campo abstencionista. Hasta ahora pudo criticarse a éste que no pasaba de una formulación meramente negadora, de postular un ayuno, una anomia, un forfeit que entregaría todo al régimen de Chávez. Ya no más. El ingeniero Alejandro Peña Esclusa ha propuesto acciones más específicas, según lo registra el semanario digital «El Informe Cifras». (Asociado a la encuestadora CECA-CIFRAS que fue objeto de análisis en esta publicación la semana pasada).
Peña Esclusa receta la aplicación descentralizada de una desobediencia civil: la formación—son los números que usa a título de ejemplo—de cinco mil focos de desobediencia activa con doscientos ciudadanos cada uno, dispersos por todo el territorio nacional. El pintoresco líder garantiza que, primero, el gobierno no podrá reprimir o reducir una desagregación tal de la desobediencia y que, segundo, tal situación «provoca inevitablemente una factura militar». Es como una carambola imperdible en un universo newtoniano clásico.
Además indica que esta gran operación—cada foco deberá tener «un jefe, encargados de propaganda, encargados de organización, operaciones, grupos de legítima defensa, logística»—tendrá que ser emprendida «preferiblemente este mismo año y antes que el régimen haya materializado su milicia paralela, bien entrenada y equipada».
El esquema es totalmente iluso. Si se tratara sólo de provocar esta guarimbada por franquicias antes de que la milicia de cien mil efectivos esté lista, por más inmadura que ésta sea se encuentra en mayor apresto que cualquier avispero cívico por construir. Por otro lado ¿quién dijo que el gobierno se chupa los dedos en esta materia? ¿Quién dijo que le entraría con ejército regular o aun milicia uniformada y entrenada a un esquema asimétrico? ¿No es justamente el gobierno el gran organizador de la asimetría? ¿No lleva también ventaja en esto de organizar unidades y células a escala de barrios, urbanizaciones y parroquias? ¿No lo acaba de demostrar al oponer a los manifestantes de la Universidad Santa María ante la Asamblea Nacional, no ya efectivos de la Guardia Nacional que tendrían—gracias a Dios y a Jesse Chacón—instrucciones de no dispararles, sino una turba de «simpatizantes» del gobierno que les atacaron con palos, sillas y vasos? (Donde algo se bebía, como es protocolo obligado en cualquier aglomeración de partidarios del régimen).
Todo un libro escribió Peña Esclusa sobre la nueva táctica, a la que califica orgullosamente como «totalmente constitucional». Claro, después olvida esta virtud al describir un «consejo de regencia» que sucedería a Chávez luego de que se creara con la aplicación de su récipe la «crisis político-militar»: «Los candidatos para ese consejo de regencia o junta cívico militar serán los militares valientes que se dignen a hacer cumplir la constitución y en el lado civil, pues aquellos individuos que hayan demostrado su capacidad y una trayectoria impecable en los gremios donde pertenezcan, como educación, derecho, salud. Individuos reconocidos como hombres honestos y que se hayan ganado el aprecio de la población. Que ellos acompañen a los militares que decidan hacer valer la constitución. Después de estabilizar el país los partidos políticos podrán lanzar sus candidatos y participar en elecciones». Como se ve, ya no tan constitucional.
Hay que recordar que Peña Esclusa fue probablemente el más denodado proponente del paro, como la única salida eficaz a la terrible inconveniencia de Chávez. Debe reconocérsele que proponía tal cosa tan temprano como a comienzos de 2002, antes incluso de los acontecimientos de abril. Y en aquella época, como ahora con las franquicias de guarimba, también indicaba una fecha límite para hacerlo, porque después no causaría efecto. Había que pararse antes de que Lula fuese electo Presidente del Brasil; una vez que esto ocurriera ya no podríamos jamás salir de Chávez.
Parece que ya no es así. Parece que sí hay esperanza. Como lo pone «El Informe Cifras» con la pluma del Sr. Orián Jaramillo Mejías: «cada día que pasa su propuesta [la de Peña Esclusa] se ve como la más viable para salir de esta crisis y vacío institucional que atraviesa el país». Estamos hechos. La salida es la esclusa. LEA
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LEA #146
El presidente Chávez ha estado de acuseta ante el Nuncio de Su Santidad, Monseñor Giacinto Berlocco. Según la infidencia pública que hiciera el misionero Chávez—era un acto de la Misión Hábitat y la Misión Vuelvan Caras—aseguró al diplomático de la Santa Sede que él, «como católico cristiano», no encontraba explicación para las posiciones de la jerarquía venezolana en los últimos años.
Y es que resulta que se encontraba molesto con lo dicho en la Exhortación de la octagésima cuarta asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana. Este documento, contenido en cinco páginas fechadas el 12 de este mes, cubre un amplio panorama y emite juicios y advertencias respecto de lo alcanzado por la mirada pastoral. Así, luego de referirse a los «cambios significativos» ocurridos en el país en los últimos años, los valora de este modo:
«El resultado ha sido una polarización y un malestar interior persistentes que condicionan las percepciones y juicios sobre toda la realidad social, y que dificultan el diálogo, el consenso y la colaboración para el bien común. Numerosos asuntos están siendo tratados en un contexto de confrontación, cuando podrían haber sido estudiados en forma articulada para encontrar soluciones viables. La permanente contradicción en que nos hemos situado hace muy difícil la armonización de intereses. Se está haciendo prácticamente imposible intercambiar argumentos y críticas con los que no piensan igual, y tal actitud acrecienta la polarización y los rechazos mutuos. Hay quien pretende que el criterio de solución de las divergencias sea la imposición de la fuerza, bien sea la de las mayorías, o la del manejo arbitrario del poder, o la de las armas. Nuestra sociedad necesita un clima diferente, porque el camino antes descrito es destructor, nos está llevando al desconocimiento del ‘otro’, al que consideramos ‘el enemigo’, y niega la incorporación de las bondades, posibilidades y conocimientos que se encuentran en el ‘campo contrario’. Nos estamos empobreciendo social y moralmente. Se hace indispensable la urgencia de ‘buscar juntos la verdad concreta’ de cada día, en las muchas situaciones apremiantes que debemos enfrentar como personas y como país. Pero esto exige que nadie se considere el ‘dueño absoluto de la verdad’. El único absoluto es Dios».
Al Presidente, pues, no le gusta que nadie sugiera que él no es absoluto, o que se registre el progreso del odio. Pero es que los obispos saben lo que sus confesores reportan: que el odio ha pasado a ser, con gran ventaja, el pecado más frecuentemente confesado por los venezolamos.
LEA
FS #54 – Un elegante coraje
LEA, por favor
A mi gusto, el autor de Venezuela: identidad y ruptura, Don Ángel Bernardo Viso, es uno de los más finos y profundos intelectuales venezolanos del siglo XX. Abogado de profesión, docente universitario, hombre público, escritor de poesía, novela y ensayo, es autor de prosa penetrante y sincera, culta y universal.
Tomé contacto mediato con él gracias a una ocurrencia de Andrés Sosa Pietri: a fines de 1984 me pidió que le «sacara» una revista de sus empresas para imprimir y repartir en Navidad. La premura de las fechas impuso una estrategia: trabajar con textos existentes, pues exigirlos frescos haría imposible el cumplimiento de la meta decembrina. Fue así como Andrés solicitó a su ilustre primo, Don Arturo Úslar Pietri, alguna cosa que tuviese escrita sobre el tema de la unidad de los pueblos hispánicos. Don Arturo tenía por fortuna a la mano el texto inédito de una conferencia suya en la Casa de Venezuela de Santa Cruz de Tenerife. Por mi lado aporté la costura de una extensa carta al Dr. Arturo Sosa, hijo, y una conferencia presentada en Filadelfia ante el Instituto Internacional de la Predicción.
Las posturas expresadas en ambos documentos eran grandemente coincidentes, pero decidimos someter tres preguntas sobre la posibilidad y deseabilidad de una unión política de los pueblos ibéricos, a un panel de cuatro personas: los ingenieros Hermann Roo Gómez y Ángel Padilla Villate, y los abogados Diego Bautista Urbaneja y Ángel Bernardo Viso. Todos, menos Viso, se atuvieron al cuestionario para remitir sus contribuciones. El Dr. Viso, en cambio, produjo un texto de gran concisión y admirablemente escrito. Él no creía en la factibilidad de la unión que el Dr. Úslar y el suscrito defendíamos.
Pero la honestidad y la hermosura de las palabras de Ángel Bernardo Viso, aun siendo contrarias a mi prescripción, no hicieron otra cosa que aumentar mi admiración por su espíritu y su pluma. En unas «memorias prematuras» que finalicé el lunes de carnaval de 1986, registré así la experiencia: «Para mí resultó sorpresivo pero explicable el texto de Ángel Bernardo Viso. Viso considera la unión política hispánica algo imposible. «La realidad económica, geográfica y política nos condena a vivir separados». Imprimimos su hermoso texto separado del resto de textos críticos que solicitamos. Yo había leído unos años antes su importante libro, «Venezuela, identidad y ruptura», y había supuesto que por las intuiciones que dicho libro dejaba traslucir reaccionaría entusiastamente a las proposiciones de Úslar y a las mías. Me pareció que lo que escribió para ‘Válvula’, en su terrible eficacia argumental, era indicador del dolor que padecía un sensitivo hombre que desearía la unión y la considera infactible».
La primera parte, pues, de esta Ficha Semanal #54 de doctorpolítico es ese admirable texto del Dr. Viso. En mi fuero interno intenté salvarme de su eficaz y poderosa retórica diciéndome que yo no proponía la resurrección de un imperio muerto, sino un negocio a futuro. De hecho, la revista mencionada incluyó también una refutación mía—al estilo de las réplicas en Scientific American que se ofrece a los articulistas que han sido objeto de crítica—al aporte del Dr. Urbaneja, el otro abogado del panel, que había escogido específicamente meterse conmigo. (Hace ya bastantes años que escuché del Presidente de Reichold Chemical International la siguiente queja: «Preferiría contar para cada problema con veinte soluciones, pero en mi empresa tengo muchos abogados que para cada solución son capaces de encontrar veinte problemas». Por supuesto, también el Dr. Úslar era abogado). En esa refutación a Urbaneja escribí: «No se trata de ‘reconstituir’ un imperio ni de justificarnos como museo en una eterna reiteración adoratriz de los panteones. El futuro no es historia todavía, por lo que una justificación por el futuro difícilmente puede justificar históricamente nada».
Pero la belleza y el peso del texto de Viso siguen estando allí, como también sus claras razones. A la larga, puede que tenga, simplemente, la razón. Después de esa aventura editorial tuve la oportunidad de conocerle personalmente, gracias al enlace provisto por nuestro difunto amigo, el Dr. Adolfo Aristeguieta Gramcko. Antes, otro gran amigo prematuramente fallecido, el impar Ignacio Andrade Arcaya, me había obsequiado un pequeño libro del Dr. Viso: sus Memorias Marginales. (1991). Las «Memorias marginales de Pedro Mirabal» están construidas como una serie epistolar de veintitrés cartas escritas en Madrid, destinadas «a un amigo perdido de vista desde la juventud, y cuya respuesta no me alcanzará».
Como los veinticuatro preludios de Chopin, o los de El Clave Bien Temperado de Bach, cada una de las veintitrés cartas es una joya ensayística con peso propio. La elegancia de la escritura de Ángel Bernardo Viso se pone de manifiesto una vez más en todas ellas. Se seleccionó para la segunda parte de esta ficha dual los párrafos finales de la segunda de las epístolas de la colección, fechada en Madrid el 2 de abril de 1990, por una doble razón: primera, porque sigo peleando con él y creí encontrar en ella una contradicción a su escepticismo anterior, pues esta vez escribe: «Los americanos de origen español debemos recordar quiénes fuimos para estar en capacidad de decidir quiénes queremos ser». Esto es, ahora abría la puerta a la decisión intencional de nuestro futuro. La segunda de las razones es más simple: las últimas siete palabras de este segundo texto de Viso son un epigrama de altísima factura y profundidad asombrosa. Ellas solas revelan, del modo más escueto y potente, la triple cualidad de filósofo, historiador y poeta que es patente en el honrado discurrir de Ángel Bernardo Viso.
Se trata, como él mismo dice, de una «apología del coraje», rasgo que estima, apoyado en observadores externos, consustancial al carácter español. Yo le añadiría, como he discutido con Alfredo Fernández Porras, el rasgo de una innata elegancia, evidente en las letras y en la música y en la danza españolas, y hasta en el noble comportamiento de un caballero español jugador de bridge, como testimonia Víctor Mollo de Rafael Muñoz en The Bridge Inmortals. Como mana, sin que él pueda evitarlo, del verbo de Ángel Bernardo Viso. LEA
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Un elegante coraje
SOBRE LA UNIDAD HISPÁNICA
Los países hispanoamericanos, y aún la propia España, son los restos de un naufragio ocurrido hace casi ya dos siglos: la desaparición violenta del imperio español, debido a la incapacidad de la monarquía borbónica de dar una respuesta positiva ante el embate de Napoleón, de las ideas revolucionarias francesas, y de las tendencias centrífugas nacidas en nuestros países. Preguntarse si es posible resucitar nuestra unidad política tiene tanto sentido como inquirir si se puede reanimar un sistema solar extinto desde un planeta que ya dejó de recibir la luz y el calor de una estrella ya muerta.
Desde luego, el mundo de la historia es más complicado que el de la astronomía: algo del calor común subsiste y es por eso que tenemos la inevitable tendencia a tratar de dar vida al viejo modelo, a resucitar el imperio perdido. Es el mismo impulso que llevó a Carlomagno a hacer el esfuerzo de reconstruir el imperio romano, y a muchos hombres del Renacimiento a creerse en los tiempos de la antigüedad clásica. Son inagotables los ejemplos de «renacimientos», pero todos están condenados de antemano al fracaso, porque ni a los hombres ni a los pueblos está dado reencontrar el tiempo perdido: como Adán y Eva, tenemos prohibido regresar al Paraíso.
Eso no significa que condene la idea de cultivar los rasgos comunes de nuestra herencia: el lenguaje, la religión, las costumbres. Pero debemos hacerlo a la manera de los nietos dispersos que se encuentran en el cumpleaños de la anciana abuela, o como los griegos se reunían en las fiestas de Olimpia, poniendo de relieve cuanto tenían de semejante y de diverso.
Para reunir de nuevo nuestras casas, construidas sobre las mismas bases, pero con estilos disímiles, tendríamos que tener una fuerza centrípeta capaz de superar a la otra, a la dispersadora, obra irreversible de la vida. Y esa fuerza tendría que nacer como nacen las cosas en la historia, de las invasiones, conquistas o anexiones. En cambio, pretendemos que la unidad nazca de unos cuantos espíritus románticos…
No. Nunca los ideales basados en nobles sentimientos han servido para construir países, federaciones o imperios. La realidad económica, geográfica y política nos condena a vivir separados. Al menos, enviémonos cartas o postales de tiempo en tiempo.
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Madrid, 2 de abril de 1990.
Los americanos de origen español debemos recordar quiénes fuimos para estar en capacidad de decidir quiénes queremos ser. En vísperas de la Independencia, los habitantes de Buenos Aires, argentinos avant la lettre, dos veces derrotaron de manera decisiva a los ingleses, una de ellas conducidos por un francés hispanófilo: Liniers. Hace pocos años los generales argentinos tuvieron la osadía de intentar una aventura guerrera contra Inglaterra, sin darse cuenta de la mengua de sus fuerzas, y recibieron la peor de las humillaciones en las Malvinas. Vale la pena comparar esas dos guerras, separadas por alrededor de ciento setenta años, no sólo para medir el abismo tecnológico que nos separa de los pueblos civilizados, sino la patente declinación del coraje.
Los caudillos del siglo pasado, no obstante su personalismo desmedido y su frecuente logomaquia, tenían todavía una grandeza de alma y una virilidad dignas de mejores causas, mientras sus sucesores del siglo XX, los llamados caudillos civiles, no menos inmersos en combates puramente retóricos, ni menos movidos por razones personales, tienen la desventaja de haber perdido todo tipo de ilusiones desde el punto de vista ético, y de aceptar un pragmatismo que, cuando no lleva consigo una actitud corruptora activa, al menos implica la más completa resignación a un estado de cosas deplorable. En el clima creado por ellos no florece el coraje civil, como tampoco en el terror propio de las dictaduras; éstas han sido alabadas por haber puesto término a las guerras civiles, al sistema de los caudillos, sin darse cuenta de su carácter empobrecedor del intelecto y del orgullo viril; el servilismo de nuestros hombres públicos se origina en esas dictaduras, y el desarrollo de su exagerada capacidad de adulación.
Después de la Independencia, el escenario político hispanoamericano ha sido parecido al de un teatro de títeres; unos personajes minúsculos y pintorescos, casi siempre declamadores y grandilocuentes, dando saltitos a derecha e izquierda, como movidos por una fuerza que les es ajena, suelen representar una serie interminable de pantomimas, cuya trama es en esencia la misma, a pesar de la diversidad de títulos; pero mientras los títeres decimonónicos practicaban una retórica belicosa y reforzaban públicamente sus proclamas con frecuentes tiros de fusil, sus herederos de este siglo juegan más bien a la parodia de las democracias; y, cuando necesitan matar a alguien, prefieren contratar mercenarios o en todo caso ponerle silenciador a las pistolas.
Te preguntarás, a esta altura de mi escrito, el significado de mi apología del coraje, pero en verdad apenas pretendo indagar las razones de su mengua y sacar las conclusiones necesarias; en el momento de nuestra formación como pueblo, y en la historia de nuestros antecedentes antiguos, el denuedo era un hecho natural y su excepción era rara, igual que en todos los grupos señoriales. Cada una de las naciones surgidas del caos creado por el hundimiento del Imperio Romano quiso restablecerlo en su provecho y también construir dominios más allá de los mares; para ellas, el valor cívico y militar era solidario de su afán de dominación y de la raigambre de sus convicciones de toda índole, especialmente religiosas. Europa tiene miles de mártires de las más diversas causas y millones de héroes de las más injustas guerras.
Cuando Maquiavelo trató de forjar la unidad italiana, exaltó por igual la astucia y el denuedo guerrero, encarnados en sus dos grandes modelos, ambos ejemplares del tipo ibérico: César Borgia, el despiadado hijo de Alejandro VI—quien llegó a concebir el proyecto de repoblar Roma con colonos españoles—y el habilísimo Fernando de Aragón; el defensor del realismo político sostenía que era necesario un gran temple de carácter para la construcción y la defensa de la patria; pero esa antigua virtud («Virtù contro a furore//prenderà l’arme…»), defendida por el escritor florentino, no se extingue únicamente por obra de la volteriana ironía, sino a veces por la disgregación de las grandes unidades nacionales o imperiales, convertidas en jirones de castas o de grupos regionales sin entidad histórica propia, como ocurrió en América. «En la casa de mi padre todos los pasos tenían un sentido», dice el jefe árabe de Citadelle; si ese sentido se pierde, antes se ha podrido el imperio en el alma de los súbditos, no más dispuestos al sacrificio de la vida ni de los bienes propios para mantener la unidad que se desmorona; el coraje, en último término, es amor.
Ángel Bernardo Viso
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CS #145 – Fabio candidato
Más de una firma encuestadora—de las serias—registra para estos momentos que una proporción mayoritaria de los electores considerados en oposición o desaprobación al régimen de Hugo Chávez, declara que se abstendrá de votar en las elecciones municipales del próximo 7 de agosto. (A exactamente un mes de distancia).
Una cierta empresa de escaso prestigio, más aún, le pone número a la cosa: 86,4% de 1.115 presuntos entrevistados habrían contestado: «Seguramente no votaré». Se trata de la firma CECA-CIFRAS ONLINE GROUP, que asegura haber encontrado «una verdad que contrasta con las cifras que hasta ahora venían manejando algunas encuestadoras y que daban al régimen de Hugo Chávez Frías, amplia ventaja sobre el sector que lo adversa».
La presentación de este acto de folklore metodológico indica que «el Estudio de Opinión Pública Urbana—trató y en efecto lo logró—auscultar el verdadero piso político que tiene el gobierno de Hugo Chávez y conocer las lealtades de los electores, tanto de la tendencia oficialista como de la oposición». Luego hace sumas a partir de curiosos conceptos algebraicos y estadísticos para concluir que la oposición a Chávez tiene «un piso» de 60,5% contra uno de 31,9% del gobierno. Es decir, que Datos, Datanálisis, Alfredo Keller, Mercanálisis, Hinterlaces, Félix Seijas y Consultores 21 están radicalmente equivocados.
No vale la pena discutir la metodología de la susodicha «encuesta» más que para registrar lo que se propone promover: la candidatura presidencial de Oswaldo Álvarez Paz (tal vez con Vicepresidencia de María Corina Machado, ocurrencia que ya apareció alguna vez en esta publicación). En efecto, CECA-CIFRAS dice haber detectado que el candidato de mayores preferencias para suceder a Hugo Chávez (en presunta pregunta abierta) sería el ciudadano Diosdado Cabello, con 21,1% de intención de voto a su favor, pero que estaría acosado por un Álvarez Paz que le pisa los talones con 17,2% de preferencias.
Después de esta fanfarria, la nota de la sacacifras CECA-CIFRAS procede a destacar como noticia: «Hay que hacer notar que desde la época de Irene Sáez Conde, ninguna mujer se había posicionado tan bien en las encuestas como es el caso de la presidenta de la organización SUMATE, María Corina Machado». La osada empresa adjudica a Machado 12,2% de preferencias, ubicada entre los imposibles metafísicos de 14,3% para Enrique Tejera París y 8,5% para Antonio Ledezma. A Julio Borges le acredita un 3,8% que es el único registro que parece compatible con los más serios estudios de opinión.
¡Qué cosa! El 5 de julio un despistadísimo The Christian Science Monitor atribuía a Hugo Chávez un apoyo de 70% en las encuestas, en trabajo de Mike Ceaser sobre la figura de Machado.
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El emblema que distingue a Súmate pudiera contener una simbología intencional o freudianamente desintencionada. Es una pirámide de base cuadrilátera que muestra dos de sus caras. En el tercio superior de su altura está coloreada de amarillo; el tercio medio es azul; el inferior rojo. Obviamente, el tricolor venezolano.
Tal disposición corresponde, naturalmente, a un área y volumen más pequeños cuyo símbolo es el oro patrio, las riquezas de la nación; a un área y volumen intermedios distinguidos por el azul de nuestros cielos y nuestros mares; a un área y un volumen, finalmente, en proporción mucho más grande y que están coloreados por el rojo de la sangre—¿el rojo chavista?—de nuestros libertadores. La pirámide de Súmate refleja admirablemente la de nuestra población y su distribución de la riqueza, gruesamente coincidente con la de sus preferencias políticas. Pocos ricos, algo más de clase media, la gran masa de la roja pobreza.
Más allá de esta disquisición semiótica, Súmate es, sin que quepa la menor duda, una organización seria, profesional, metódica, moderna y no poco heroica. Baste esta resumida caracterización para pasar a comentar su más inmediato aporte, puesto que esta publicación ya ha expresado más de una vez su aprecio por la labor de Súmate y su más visible liderazgo como para que sea necesario extenderse sobre el tema.
En seguimiento de su programa de cinco puntos, anunciado en marzo de este año al convertirse en «movimiento ciudadano nacional», Súmate procura ahora la impugnación del Registro Electoral Permanente. Para esto invita a los ciudadanos que quieren hacer valer su voto a que acudan a sus centros de votación con una exigencia escrita—ofrece una redacción estándar legalmente cuidada—sobre la publicación de las direcciones de los votantes, condición estipulada en la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. Pero toda esta iniciativa—que requeriría tal como la organización lo reconoce la «valentía» de unos ciudadanos que quedarían como opositores más patentes que en la «Lista de Tascón»—parece ser emprendida para que fracase. Así lo explica una nota de la misma Súmate: «Esta nueva acción que lanza Súmate ‘Impugna tu registro’ requiere que los ciudadanos acudan ante el director del plantel, por su condición de agentes de actualización, donde funciona su Centro de Votación para que exijan lo establecido en el ordinal 1 del artículo 91 de la LOSPP, referida a la publicación del lugar de residencia de los electores. Para Machado esto resultará imposible porque el CNE no le ha suministrado las direcciones de residencias en las listas de electores».
Esta presunción de Machado, pues, y este enfoque, parecen procurar no tanto la corrección del sistema electoral como su invalidación y su deslegitimación. Pareciera que hay una convicción previa, un axioma subyacente y apriorístico, según el cual no podrá haber las «elecciones limpias» que Súmate buscaría. Que el objetivo real de la organización es ahora el de documentar esta conclusión.
Con un certificado técnico de tan alta factura puede darse por descontado que los abogados del abstencionismo completarán su cometido. Dados el prestigio y la influencia de Súmate habrá muy poco opositor a quien le queden ganas de ir a votar.
Y es que el teorema de la abstención es imposible de refutar, si se aceptan sus axiomas de partida. Si el sistema electoral está irremisiblemente viciado y sesgado a favor del chavismo ¿para qué debiera ir un opositor a votar cuando su voto corre el riesgo cierto de ser torcido?
El razonamiento es impecable.
Eppur si muove. Porque hay en el fondo un problema mucho más importante que el de la confiabilidad en el registro electoral: que la oposición organizada no levanta opinión a su favor, que se ha mostrado incapaz de mover a la masa electoral de modo convincente y atractivo, como lo señalan, con pequeñas diferencias, todas las encuestas. (Con excepción de la sacacifras). Por ejemplo, hace poco hacíamos referencia a las mediciones de Oscar Schemel, que arrojaban sólo 11% de apoyo a la oposición, contra uno de 37% al gobierno. Eso es una proporción superior a una de 3 a 1.
Y en estas condiciones, aun si el inefable Jorge Rodríguez fuese de súbito sustituido por una Teresa de Calcuta rediviva, el gobierno propinaría una mayúscula paliza a su oposición formal, y ganaría casi todos los puestos municipales, y abrumaría con una mayoría suficiente para el cambio constitucional en la Asamblea Nacional, y reelegiría cómodamente a Chávez en 2006, si no se hiciera nada distinto de lo que se ha venido haciendo.
Por tal razón, si bien el argumento abstencionista parece imbatible, la verdad es que funciona como pretexto o coartada de una incapacidad más fundamental. Es la que ilustraba la proverbial zorra de la clásica y cínica fábula de Félix de Samaniego:
Es voz común que a más del mediodía,
en ayunas la Zorra iba cazando;
halla una parra, quédase mirando
de la alta vid el fruto que pendía.
Causábala mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaduras,
pero vio el imposible ya de fijo.
Entonces fue cuando la Zorra dijo:
«No las quiero comer. No están maduras».
No por eso te muestres impaciente,
si se te frustra, Fabio, algún intento:
aplica bien el cuento,
y di: No están maduras, frescamente.
LEA
LEA #145
Se puede decir, muy literalmente, que el Presidente de los Estados Unidos ha tenido un encontronazo con la policía. Más específicamente, con la policía inglesa. En terrenos del Hotel Gleneagles—no lejos del sitio de la primera destilería de güisqui escocés de malta pura—la bicicleta impulsada «a bastante buena velocidad» por George W. Bush, arremetió ayer contra un agente policial del dispositivo de seguridad, quien fue enviado al hospital por precaución. El augusto personaje, que cumplía 59 años de edad, había arribado al sitio para la cumbre del G-8 cuyo anfitrión es Tony Blair. Del incidente guarda raspones en brazos y manos, atendidos por el médico de su comitiva.
La agenda ostensible de esta cumbre escocesa tiene dos focos temáticos: la ayuda financiera a los países africanos (con posible condonación de deuda), y los compromisos de reducción de emisiones contaminantes para paliar el recalentamiento planetario. Respecto de este último asunto ya Bush había declarado que Blair no deberá esperar regalos—una mayor aquiescencia de los Estados Unidos a los límites aceptados por la inmensa mayoría de las naciones—a cuenta de su «buena conducta» en lo tocante a la guerra contra Irak.
Pero los más recientes acontecimientos del mercado petrolero han amenazado con opacar esos dos puntos, al extenderse un desasosiego entre los países miembros del grupo, así como temores de que una energía relativamente cara pudiera dar al traste con la tasa de crecimiento esperada para la economía mundial en 2005: 4%.
Los estudiosos de Oxford Analítica apuntan a una situación de demanda no compensada por la oferta (en los tipos de petróleo requeridos por el mercado), y señalan el ingente crecimiento económico de China como uno de los principales factores alcistas. Tal vez ésta sea la razón por la que Hu Jintao, el Presidente de China, haya sido invitado a la reunión de Gleneagles. (Los miembros naturales del G-8 son los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, la Federación Rusa, y Australia. China, a través de su empresa estatal de petróleo—CNOOC—intenta adquirir la propiedad de UNOCAL, la sexta petrolera norteamericana, lo que ha alarmado a la Cámara de Representantes norteamericana, que ve esa posible transferencia como problema de seguridad). Los analistas ingleses resumen su posición así: «Es improbable que el petróleo caiga por debajo de US$50 por barril en lo que resta de año, y pudiera estar considerablemente por encima». Algunos traders internacionales especulaban a comienzos de la semana sobre la posibilidad de US$80 por barril para fines de año.
Y nada de lo decidido o anunciado por la OPEP con el fin aparente de atemperar los precios ha surtido efecto. Más bien, la más reciente declaración del presidente de la organización, el Ministro de Petróleo de Kuwait, Ahmad Fahad Al-Sabah, ha avivado los temores. El funcionario opinó que un nivel adecuado para el precio del West Texas Intermediate estaría alrededor de los US$53, una cota marcadamente más alta que la sugerida anteriormente.
Lo cierto es que el mercado petrolero está más tenso que una cuerda de violín. Las tormentas tropicales que ahora se dirigen hacia el Golfo de México han contribuido a nuevas elevaciones del precio petrolero, que ayer superaron los US$ 61 para ciertos tipos. (A fin de cuentas, la mitad de las importaciones norteamericanas van a la zona, que también representa el 50% de su capacidad de refinación).
En síntesis, la chequera de la revolución bolivariana continuará teniendo fondos muy suficientes.
LEA
FS #53 – Nihil sub sole novum
LEA, por favor
Algunas teorías de lo histórico proceden a explicarlo como fenómeno de carácter cíclico: los acontecimientos tienden a repetirse. Así lo recogen adagios como el de «Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla» o, más directo y simple, el de «No hay nada nuevo bajo el sol». (Salomón, Eclesiastés, I, 10).
Con el advenimiento de la geometría fractal (Benoit Mandelbrot, The Fractal Geometry of Nature, 1983) los estudiosos de la historia tienen ahora la analogía perfecta, pues una figura fractal se caracteriza por la propiedad de la autosimilaridad: una estructura que «se parece a sí misma». La historia puede verse ahora como el despliegue de una función fractal, cuya dimensión está, por cierto, aún por determinar. (Quienes se interesen por asir suficientemente los principios de esta geometría o matemática fractal pueden leer el libro Chaos Under Control: The Art and Science of Complexity, de David Peak y Michael Frame. Se trata de una exposición asequible a quien haya culminado bachillerato, que enseña las principales nociones para el análisis riguroso de la complejidad y el caos. Ningún político serio, al tanto de que las sociedades son sistemas complejos, debiera prescindir de la comprensión de esos conceptos).
En todo caso, de cuando en cuando la lectura de la historia nos lleva a territorios y episodios dejà vu, que nos parecen extrañamente familiares. La Ficha Semanal #53 de doctorpolítico, creo, retrata en la Roma republicana del siglo II antes de Cristo la acción y reacción de dinámicas sociales que los venezolanos hemos experimentado o estamos experimentando. Está extraída de la Historia Universal de la editorial Planeta (2001). Es parte de la historia republicana de Roma bajo el acápite De los Gracos al fin de la República, y más exactamente corresponde a la sección El problema agrario: Tiberio y Cayo Graco.
Al leer el trozo uno no puede dejar de preguntarse si es que los seres humanos hemos cambiado en algo, si cambiaremos alguna vez o adoptaremos siempre las mismas conductas. ¿Será que verdaderamente estamos condenados a repetir, al menos en parte, esa historia de los romanos porque la ignoramos o la hemos olvidado?
LEA
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Nihil sub sole novum
En el transcurso del siglo II a. C., la situación social, caracterizada por el indiscutido poder político y económico de la oligarquía senatorial, y por la consiguiente decadencia de la clase media campesina, en otro tiempo eje del Estado romano, había ido agravándose progresivamente hasta hacerse insostenible. En Sicilia, donde las condiciones de vida eran particularmente difíciles, estalló hacia 136 una violenta rebelión de esclavos, los cuales hallaron apoyo en las capas más pobres de la población libre. Para ahogar la rebelión se necesitó un notable esfuerzo militar. Otros desórdenes se produjeron en Grecia y en la misma península italiana.
En este ambiente se llevó a cabo la acción de Tiberio y, luego, de Cayo Graco. Hijos de Sempronio Graco, quien con su moderación y humanidad devolvió la paz a más de una provincia turbulenta, y de Cornelia, hija, a su vez, de Escipión el Africano, los dos hermanos poseían una profunda y abierta cultura. Iniciados desde muy jóvenes en la vida política, adquirieron una experiencia directa de los problemas que afectaban a la sociedad romana. Particularmente grave se presentaba la cuestión agraria, y así lo comprendió Tiberio al observar la despoblación y el abandono en que se hallaban regiones como Etruria, en otra época muy bien cultivadas. Elegido tribuno de la plebe en 133, presentó una ley que, considerando en vigor disposiciones anteriores nunca derogadas pero siempre eludidas, imponía la reversión al Estado de las parcelas de ager publicus ocupadas ilegalmente, y su distribución entre los no propietarios (proletarii). De este modo se resolvería, siquiera en parte, el problema del proletariado urbano, y, sobre todo, podría imprimir vigor a la clase de los pequeños propietarios, base de la fuerza militar romana.
El proyecto, aun siendo muy moderado en su conjunto, suscitó una vivísima oposición entre los miembros de la clase dominante (optimates), que se sintieron lesionados en sus intereses. Hallaron un aliado (o acaso un mero instrumento) en el tribuno Marco Octavio, quien vetó el proyecto de ley. Tiberio le acusó entonces de proceder en contra de los intereses del pueblo y consiguió que le destituyeran de los comicios tributos. Terminó por lograr que se aprobase la ley, e inmediatamente después fue nombrado un colegio de triunviros encargado de aplicarla. Con objeto de proveer a los nuevos pequeños propietarios de los medios para fundar sus haciendas (adquisición de ganado, aperos, semillas), Tiberio propuso destinar a este fin una parte de la herencia de Atalo III de Pérgamo, invocando para el pueblo romano, beneficiario por testamento de las riquezas de aquel soberano, el derecho de decidir la distribución de dicha herencia. Esto predispuso en contra de Tiberio al senado, al que siempre se reconoció la competencia en materias relativas a la economía nacional.
Para aplicar personalmente su ley, Tiberio presentó su propia candidatura para un segundo tribunado, lo que estaba en contra de la costumbre. Durante las elecciones estallaron violentos desórdenes, fomentados por sus adversarios. Atacado por numerosos senadores, encabezados por el sumo pontífice Publio Escipión Nasica y apoyados por sus clientes, Tiberio fue muerto a bastonazos junto con unos trescientos seguidores. (133).
Es muy posible que Tiberio quisiera limitarse a realizar su propia obra reformadora. Parece desprovista de fundamento la acusación de que aspiraba al mando. Pero con sus métodos, en ocasiones ilegales, y con el ataque directo a los poderes del senado, acabó por perjudicar su propia causa, enajenándose las simpatías de los senadores favorables a la reforma agraria. Se ha planteado el interrogante de si la sociedad romana estaba lo bastante madura para emprender una reforma como la de Tiberio, susceptible de imprevisibles consecuencias de signo democrático. Pero resulta difícil determinar hasta qué punto la iniciativa de Tiberio fue comprendida por sus contemporáneos en su verdadero significado. La animosa hostilidad de las clases conservadoras, así como el fácil entusiasmo popular asimilaron tan sólo los aspectos innovadores y revolucionarios. En realidad, no se trataba de destruir la estructura tradicional del Estado romano, sino de consolidarla, ensanchando las bases del apoyo popular.
La ley agraria no terminó tras la muerte de Tiberio. Los triunviros, entre los cuales figuraba su hermano Cayo Graco, continuaron su política de confiscación y redistribución de las tierras, que, sin embargo, tropezaba con resistencias cada vez más fuertes, sobre todo por parte de los latinos y los aliados itálicos, obligados a renunciar sin contrapartida alguna el ager publicus que ocupaban. Sus quejas fueron escuchadas por Escipión Emiliano, que, en el ínterin, se había convertido en jefe de los conservadores. Logró, en efecto, que la competencia para juzgar casos controvertidos fuese transferida de los triunviros a los cónsules, con lo que se obstaculizó la acción reformista.
La lucha se hizo muy encarnizada, y cuando Escipión murió de improviso (129) se sospechó, probablemente sin razón, que había sido asesinado. La situación la complicaba también el hecho de que itálicos y latinos se interesaban en la adquisición de la ciudadanía romana, con todas las ventajas que ello implicaba. Esta aspiración halló apasionados valedores en Cayo Graco y sus partidarios, designados con el nombre de populares, es decir, demócratas. Uno de ellos, el cónsul Marco Fulvio Flaco, propuso en 125 la admisión como ciudadanos romanos de los itálicos que lo solicitaran. A los demás se les concedería el derecho a apelar al pueblo contra eventuales abusos de los magistrados. La propuesta no fue acogida y entre los aliados se manifestaron síntomas de rebelión, que desembocaron en franca revuelta en Fregellae (cerca de la actual Ceprano). La ciudad fue tomada y destruida al poco tiempo.
Eliminados los impedimentos creados por las disposiciones de Escipión Emiliano, Cayo Graco puso de nuevo en pleno vigor la ley agraria de Tiberio. Más tarde logró que se adoptaran otras medidas a favor de las clases más desheredadas de la población: una ley que garantizaba la venta a los proletarios de determinadas cantidades de cereal a bajo precio, la fundación de nuevas colonias en Italia meridional y en ultramar, y la construcción en toda Italia de grandes obras públicas que dieran trabajo a miles de pobres.
A fin de limitar el predominio del senado y de la clase dirigente, Cayo Graco extendió el derecho de los ciudadanos condenados a la pena capital, de apelar al pueblo, y patrocinó nuevas leyes relativas al orden de votación en los comicios, y a las modalidades de la asignación de las provincias consulares. La clase de los caballeros no fue olvidada. Sus miembros, además de distinciones honoríficas, como los lugares privilegiados en los espectáculos, obtuvieron ventajas más tangibles en las provincias, como la adjudicación de impuestos en Asia, y la participación en los tribunales que entendían en las causas por extorsión, junto con los senadores.
Los optimates no permanecieron pasivos. Aprovechando la ausencia de Cayo Graco, ocupado en la fundación de la colonia lunonia, desencadenaron contra él una campaña de desprestigio que afectaba también a Fulvio Flaco, cuya política trataron de contrarrestar permitiendo que otro tribuno, Livio Druso, propusiera disposiciones en apariencia favorables al pueblo. Esto no impidió a Cayo plantear su petición más audaz: la concesión de la ciudadanía romana a los latinos, y la ciudadanía latina a los itálicos.
El pueblo, sin embargo, se alineó esta vez con los conservadores, negando decididamente su apoyo a un proyecto de ley que hubiera extendido a los aliados los privilegios de los ciudadanos romanos. Para Cayo Graco, esta derrota señaló el fin de su actividad política. En efecto, no fue reelegido tribuno para el año siguiente. (121).
La elección como cónsul de Lucio Opimio, acérrimo enemigo de los Gracos, favoreció de manera determinante a los oponentes de Cayo. Los conservadores consideraron que había llegado el momento para el ataque decisivo al partido democrático. El pretexto para el enfrentamiento lo constituyó el problema de la colonia lunonia. En efecto, se hizo creer al pueblo que esta colonia africana podría llegar a convertirse en una peligrosa rival de Roma. El tribuno Minucio Rufo propuso, en consecuencia, la liquidación de la ciudad y, al propio tiempo, se apresuró a solicitar la revocación de todas las disposiciones de Cayo Graco. En este punto estallaron los desórdenes, y la lucha abierta entre las facciones opuestas resultó inevitable. El senado emitió por vez primera el llamado senatus consultum ultimum, por el que se decretaba el estado de emergencia y se investía de poderes extraordinarios a Lucio Opimio, encargándole la tarea de restablecer el orden. El cónsul asaltó al frente de sus tropas el Aventino, donde se habían hecho fuertes los demócratas. Cayo, antes de caer vivo en manos de sus enemigos, se suicidó. Unos 3.000 de sus seguidores fueron muertos sin proceso previo.
La reacción conservadora no logró, sin embargo, destruir por completo la obra de los Gracos, y menos aún estuvo en condiciones de sofocar las esperanzas que la actividad reformadora de aquéllos había despertado. La ley agraria continuó en vigor algunos años, y promovió la efectiva reconstitución de la pequeña propiedad campesina. Pero el problema de los itálicos, una vez más defraudados en su aspiración a la ciudadanía, continuaba sin resolverse y permitía prever nuevas y más urgentes reivindicaciones. Los caballeros eran ya conscientes de su peso en la vida política, mientras que el pueblo se presentaba cada vez más dispuesto a apoyar a quien le hiciera las proposiciones más atractivas.
Planeta
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