por Luis Enrique Alcalá | Nov 22, 2011 | Argumentos, Política |

El único con ranking de estadista
El cognomento del título es justificado con orgullo en el generalmente benévolo artículo de Wikipedia en Español sobre Diego Arria: «Su gestión contra las construcciones ilegales en el DF, con sus respectivas demoliciones inmediatas sin mediar tribunales y su rigidez en el manejo del poder entonces le dio el sobrenombre de ‘Diego Mandarria’. El juego de palabras es por Manda-Arria, pero en Venezuela se conoce como mandarria a un tipo de mazo de hierro pesado usado para demoler paredes». En ocasión de candidatearse por segunda vez a la Presidencia de la República, parece venir con todos los hierros. (La primera vez lo hizo en 1978, aunque anunció privadamente su intención a un pequeño grupo reunido en su casa en noviembre de 1974, cuando el gobierno al que servía como Gobernador del Distrito Federal no había cumplido siquiera un año. De los 5.332.712 votos emitidos en aquella oportunidad, Arria obtuvo 90.060, o 1,69% de la votación. Todavía no se había mudado «a vivir con su familia a la ciudad de Nueva York en donde se convierte en socio de negocios de Donald Trump»).

Arria con CAP en tiempos idos (clic amplía)
De los seis candidatos a las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática es Arria, sin duda, el político de más cartel: ex gobernador, ex presidente del Centro Simón Bolívar, ex ministro, ex candidato presidencial, ex embajador ante la Organización de las Naciones Unidas. En este organismo destacó como Asesor Especial de su Secretario General (Kofi Annan), y como hábil negociador en el Consejo de Seguridad, donde la «Fórmula Arria» designaba un exitoso mecanismo de consultas informales que se empleó durante la más reciente guerra en los Balcanes. Siempre ha sido un negociador eficaz: de las mazmorras del mismísimo Augusto Pinochet, Arria liberó a Orlando Letelier, ex ministro de Salvador Allende. Es una capacidad que puso de manifiesto tempranamente en la década de los sesenta, cuando era funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo.
Pero también es el candidato que Hugo Chávez preferiría confrontar, su más cómodo enemigo. Chávez no tendría problemas al catalogarlo como representante destacado de «la Cuarta República», y seguramente sacaría a relucir la estela de cuestionamientos que Arria dejó a su salida del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1978: «Su gestión como gobernador no está ausente de polémicas, entre éstas se cuenta el hecho denunciado que la adquisición de los autobuses importados no fué bajo licitaciones por ley, una adquisición por parte del CSB de unos terrenos en Antímano y otra con respecto a unas obras realizadas en el balneario de Camurí» (Wikipedia). Arria, el más redondo y experimentado de los precandidatos de la MUD, es también el más vulnerable.
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Ahora Arria quiere lograr tres cosas: la Presidencia, por supuesto; una nueva asamblea constituyente; sentar a Hugo Chávez en el banquillo de los acusados de la Corte Penal Internacional de La Haya, por presuntos «crímenes de lesa humanidad». Ya elevó su denuncia ante la comisión del tribunal encargada de procesar estos delitos, y la prueba principal que aduce es un conjunto de grabaciones del Presidente de la República en intervenciones por televisión: “Introducimos la denuncia en defensa de los miles de niños venezolanos que han sido afectados por Chávez (…) Nosotros no somos acusadores; eso le corresponde al fiscal. Nosotros venimos como defensores de los venezolanos». Bueno, eso tiene sus reglas y su proceso. Ya veremos si los magistrados de La Haya encuentran méritos para el enjuiciamiento y condena de Chávez según la pretensión de Arria, que es persona de fama internacional y contactos importantes.
Pero es otra cosa el asunto ese de una nueva constituyente. Arria se añade a la lista de proponentes de esa panacea: Herman Escarrá, Raúl Isaías Baduel, Ángel Lombardi, Teódulo López Meléndez… Cada uno—Arria también—concibe a ese mecanismo como el indicado para anular políticamente al régimen chavista que sería, en principio, derrotado electoralmente. Los procesos constituyentes, sin embargo, son para otra cosa: para redactar el proyecto de una constitución enteramente nueva. Quienes proponen la constituyente para realizar una teórica limpieza política indican un uso equivocado de un organismo tal. Cuando se discutía en 1998 el tema de la constituyente, varios errores de concepto salieron a relucir en el debate; entonces, escribí el 10 de septiembre de ese año un artículo (Contratesis, para el diario La Verdad de Maracaibo) con el peregrino propósito de enderezar las ideas. Uno de sus fragmentos es éste: «La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros apoderados constituyentes. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo haga, la Constitución de 1961 continuará vigente en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros la aprobemos en referéndum».
Tan sencillos conceptos no fueron atendidos. La oposición a Chávez permitió que éste lograra un carácter «originario» para la Constituyente de 1999, que decapitó al Congreso de la República cercenándole el Senado—sin que Henrique Capriles Radonski, entonces Presidente de la Cámara de Diputados, protestara la barbaridad, pues su oficina permanecía incólume—en acto abusivo que dio en llamarse «la Preeliminación del Senado». (Los dirigentes de oposición parecían actuar en aquellos momentos desde una vergüenza y una conciencia culpable que permitió estas cosas. Henry Ramos Allup, por ejemplo, se postuló como candidato a diputado constituyente, con la intención de que su condición adeca pasara desapercibida, ¡como independiente por el estado Apure!)
Ahora quieren los opositores que propugnan una constituyente que ésta siga el equivocado modelo chavista. Arria ha señalado, por supuesto correctamente, que un candidato opositor triunfante en 2012 tendría que encargarse del gobierno en condiciones de muy difícil gobernabilidad: la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, la Contraloría General de la República, el Consejo Nacional Electoral, etc., estarían en manos de chavistas. Es por esto que propone la constituyente como modo de arrasar con ese dominio.
Pero, en cualquier caso, la elección de diputados a una nueva constituyente tendría que efectuarse según las reglas de la Ley Orgánica de Procesos Electorales promulgada en agosto de 2009, y ella estableció una estructura de distritos electorales que permitiría, de nuevo, que el Partido Socialista Unido de Venezuela obtuviera una cómoda mayoría en la hipotética constituyente, como pudo lograr la mayoría operativa en la Asamblea Nacional en las elecciones de 2010. (Con una diferencia a su favor que no llegó a 1% de los votos, el PSUV logró 98 diputados contra 65 de la MUD). Es un espejismo, por consiguiente, el control de una constituyente por la MUD, por la que se pronunció el 27,4% de los consultados por IVAD entre el 27 de octubre y el 3 de noviembre, frente a 37,1% que expresó preferencia por el PSUV.
Claro, el espejismo previo es la elección misma de Diego Arria como Presidente de la República. Ni siquiera ganará las primarias del 12 de febrero, lo que hace de esta nota, en verdad, un ejercicio innecesario. Posicionado como el más radical antichavista, como agente justiciero que quiere ver a Chávez en el lugar de Milosevic, ha optado deliberadamente por cortejar el apoyo de la minoría más furibunda. Así no se gana elecciones. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 25, 2011 | Argumentos, Política |

Candidatos es lo que sobra
Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.
El pelotón opositor (10 de marzo de 2011)
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Escena en el amplísimo gabinete de campaña de Henrique Capriles Radonski. Se discute el tono de la campaña, de la que ya se ha decidido que no atacará frontalmente al Presidente de la República. Es tiempo, le dice su asesor electoral, de comenzar un recorrido por el país, para sacarlo del encierro regional del estado Miranda.
“Usted sabe, Gobernador, que no es tanto lo que se dice sino cómo se dice. El tono del recorrido debe ser optimista, estimulante, alegre, positivo. Nadie vota por candidatos agoreros, que van pintando un paisaje de desastre. Y también sabe que el arte de la comunicación electoral se expresa en frases cortas, en eslóganes o consignas de fácil recordación y repetición, en lemas. Necesitamos un nombre así para su inminente excursión por el país. Le propongo que la llamemos La Caminata del Progreso”.
“¿Qué piensas tú, Juan Pablo?”, preguntó el candidato. Juan Pablo Guanipa, concejal de Primero Justicia por el municipio Maracaibo, estaba en la reunión porque la cosa empezaría por esa ciudad, para meterse en territorio de Pablo Pérez, un rival que Capriles tendría que considerar seriamente en las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática. “Yo creo, Gobernador, que la denominación que propone su asesor es perfecta; lo dice todo”. Capriles replicó: “Yo creo lo mismo. Por eso es que lo tengo de asesor”. “Por mi parte le recomiendo—añadió Guanipa—que la arranquemos por el Pozón de William en la parroquia Santa Lucía, que toquemos el Pozón de El Saladillo que viene siendo el corazón de Maracaibo, y que la terminemos en la Plaza República para inaugurar la sede de Independientes con Capriles”.
En estos detalles tácticos se consumió el resto de la planeación. Luego declararía Guanipa a la prensa: “Muchos sectores de la sociedad se unen en un solo sentir. Será un conglomerado diverso, plural que no se limitará a los partidos políticos. Muchísima gente de sectores independientes que quieren y están dispuestos a trabajar por la Venezuela que merecen, nos acompañarán. Todos somos necesarios en la construcción de esta esperanza, en la consecución de este sueño que todos anhelamos”.
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Correo con artículo de Axel Capriles (clic amplía)
Escena en el amplio gabinete de campaña de María Corina Machado. “María Corina—le dice su consejera de confianza, una dama profesional que no para de hablar—, no tienes idea de cómo ha pegado el eslogan Viene María. Yo te lo había dicho: Viene María Corina habría sido demasiado largo, y se habría desaprovechado la conexión religiosa. Tú sabes, por la asociación con Cristo viene. No es nada malo que te identifique la gente con la Virgen María, la mamá de Cristo, que de que viene viene. Y tenemos que repartir a nuestra lista de correos el artículo de Axel Capriles; ése donde dice que los Indignados son capitalistas. Se ve que le encanta tu lema de Capitalismo Popular. A él no le importa que exista Alianza Popular, de Álvarez Paz; Voluntad Popular, de Leopoldito; o que COPEI se haya llamado hasta hace poco—ya se dejó de eso—Partido Popular. Hay también una Vanguardia Popular ¿no? Pero eso no importa; nadie ha tenido los ovarios de hablar de Capitalismo Popular, de enfrentar ideología socialista con ideología capitalista. A nadie se le había ocurrido hablar de Capitalismo Popular. ¡Genial! ¡Ah, mira! La canción María, María, que hace la rima con mayoría, ha pegado también. Gusta mucho, porque de verdad somos mayoría. Por eso es que el gafo de Henrique está bien equivocado cuando dice que es mejor no meterse mucho con Chávez. ¡Qué riñones! Si somos mayoría, con él es con quien tenemos que meternos. Y dígame esa gente que dice que pobrecito, que se está muriendo de cáncer. ¡Ojalá se muera hoy, no juegue! Pero óyeme, el viernes fui a una fiesta en Los Chorros y un chamo tenía tu canción en el iPod y la puso y la bailamos todos: ¡María, María! ¡Una nota! Me acordé de West Side Story; ¡que maravilla de película! Tú no habías nacido cuando la estrenaron en el cine Broadway. Y también…” En este punto, la candidata, algo mareada, interrumpió la entusiasta catarata y dijo: “Perdona, pero tengo que ir al baño”.
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Escena en un salón de reuniones del instituto de formación que preside Eduardo Fernández; una rueda de prensa está en progreso. Pregunta el corresponsal de la revista Campaigns & Elections: “Entonces, cree Ud. ser el candidato indicado?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”.
Pregunta Clodovaldo Hernández, para Ciudad CCS, una publicación progubernamental: “En 1987, su eslogan era ‘El tiempo ha llegado’. En 2011, ¿no podría decirse que ‘el tiempo ha pasado’?” Fernández responde: “No. Todo lo que propuse está por hacer: propuse más democracia y descentralización y hemos tenido más caudillismo y centralismo. Propuse una economía moderna y hoy dependemos más que nunca del petróleo. Propuse ‘pobreza cero’ porque era un problema escandaloso y sigue siéndolo. Propuse dar prioridad a la educación y, aunque se ha hecho un gran esfuerzo cuantitativo, cada vez tiene menos calidad. Y propuse una transformación ética, porque había mucha corrupción y ahora hay muchísima y no sólo en el sector público, sino en la vida nacional. Muchos dicen que la oportunidad le toca a las nuevas generaciones, pero cuando les pregunto: ‘¿Tú pondrías tu negocio en manos de esas nuevas generaciones?’, me responden: ‘¡No, ni de vaina!’ La Presidencia requiere madurez, tolerancia y amplitud, que solamente vienen con las canas».
Pregunta Andrew Mulligan, de U. S. News and World Report: “En su momento, Ud. se quejaba de que Rafael Caldera no dejaba campo a los políticos jóvenes, porque quería ser candidato una y otra vez. Ud. fue candidato en 1988, hace 23 años, y quiso serlo de nuevo en 1993, cuando fue derrotado por Álvarez Paz. Ahora vuelve a las andadas. ¿No está haciendo lo mismo que criticaba a Caldera?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”. Insiste Mulligan: «No se le ha escuchado decir que participará en las primarias de la Mesa de la Unidad Democrática». Fernández responde: «Bueno, eso depende de las circunstancias. Kennedy participó en primarias, pero Mandela no».
Pregunta Auristela Matute, de El Correo del Caroní: «¿De dónde proceden los fondos para su campaña? Se ha escuchado que lo financia el gobierno para enredar a la oposición». Fernández no responde. Acto seguido, el moderador del acto declara: “Ha concluido la rueda de prensa. Muchas gracias”.
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Escena en el despacho del Gobernador del estado Zulia. «¡Qué molleja!—exclama Yonfitzyeral Semprún, veterano de lides políticas en Acción Democrática, hoy miembro del comando de campaña de Pablo Pérez—¡Qué riñones los de ese patiquincito de Capriles! ¡Mirá y que venir al Zulia a comenzar su campaña nacional!» Y dice Pérez: «No te preocupéis, Yon, que ya estamos planeando devolverle el golpe. Ya vais a ver cómo le queda el ojo cuando me aparezca en Los Teques. Pero ahora me preocupa otra cosa, porque el patiquincito está resquebrajando el Frente Progresista, que se iba a cuadrar con nuestra democracia social, que es lo mismo que la socialdemocracia de AD. Ya logró que la Causa R y Podemos lo apoyen. Es urgentísimo que precisemos a Ramos Allup, porque si no lo único que nos va a quedar es la alianza con Henri Falcón y el PPT; o sea, un micropartido con dos diputados por Amazonas. Ni en Lara sacaron un solo diputado. Esa vaina no es la recomposición del pueblo adeco».
«Y ¿qué estáis esperando para mandarle su caja de 18 años? ¿Que sea Navidad? Invitalo como huésped de honor a la Feria de la Chinita?», repuso Yonfitzyeral. «Ésa no se me había ocurrido. Vos si que sois arrecho, Yon. Mandale otra invitación de tu parte a Antonio Ledezma, para que yo no aparezca. Adeco es adeco hasta que se muera, y algo de militancia adeca lo sigue. Cada voto cuenta». «Arrecho sois vos, candidato. Pa’ patiquín patacón», remató Semprún.
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Escena telefónica. Conversan animadamente Jesús Petit Da Costa y Cecilia Sosa. «El estadista que requiere el país—dice Petit—es un hombre bien arrecho, Cecilia, como yo. A mí no se me enfría el guarapo». Responde Sosa: «Una persona bien arrecha, mi querido doctor, no necesariamente un hombre. ¿O es que usted me va a decir que yo no las tengo bien puestas?»
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La política de la arrechera
Escena telefónica. Otro Sosa, Juan Carlos, ha llamado a Leopoldo López. «Oye, Leo: Chávez hará que todos los militantes del PSUV voten en las primarias de la MUD según sus instrucciones. Ergo: el candidato presidencial de la ‘oposición’ lo escogerá Chávez. Yo sé que no tengo el más mínimo chance, pero tú pudieras alzarte con la cosa si eres capaz de jugar a la alta política y obtener un pacto con Chávez, lo que es, por supuesto, absolutamente insospechable. Date cuenta tú mismo: si te pones de acuerdo con Chávez, él te dará los votos y te quitará definitivamente el dolor de cabeza ése de la inhabilitación».
López contestó muy airado: «Pero, ¿qué acuerdo sería posible?» Entonces Sosa Azpúrua mostró su hilado fino: «Que tú seas su Vicepresidente Ejecutivo con un compromiso de dos años en el cargo. Así, cuando el señor se muera de cáncer, tú serás el Presidente. Yo, siendo tú, lo trabajaría con lo de tu parentesco con Bolívar. Hazle ver que sería un lujo para él tenerte en la Vicepresidencia. Imagínate: el retátara-sobrino-nieto del Libertador». La grabación del intercambio telefónico se interrumpe a partir de esta última descripción.
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Escena en el Hospital Militar. Un hombre de cuero cabelludo desierto y rostro abotagado vocifera: «¡Me agarran a ese Navarrete donde esté! Si está en España, que me consigan al etarra que lo pueda atrapar». A lo que un joven ya maduro responde: «Pero Duce, la ETA acaba de decir que abandona de un todo la lucha armada. No va a ser fácil».
«¡Ah carajo, Nicolás! ¡Zapatero a sus zapatos! Si tengo que ofrecerle a ese bolsa que la réplica de la Santa María regresa al Parque Miranda o la estatua de Colón a Maripérez estoy dispuesto a pagar el precio, como contribución bolivariana a la crisis financiera española. Hasta podemos devolver la Agroisleña, pero a ese medicucho lo voy a joder».
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Escena en el barrio La Dolorita. Un grupo que inicialmente fue de cuatro amigos que conversaban sobre las dificultades de la vida en Venezuela, ya sobrepasa el número de treinta personas. Una de ellas habla por su teléfono celular y luego reporta: «En El Valle hay mucha indignación». Otra confirma: «Y también en el 23 de enero, y en La Silsa». Una más reconfirma: «Cuando venía para acá vi aglomeraciones en Los Palos Grandes y en La California; la cosa como que es en todos lados».
Hasta que alguien dice: «Bueno, somos el 99%. ¿Por qué no nos indignamos?»
LEA
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Archivo de audio de entrevista para el espacio Análisis, de RCR 750AM, conducido por Javier Perera Díaz. (Grabada el 26/10/2011; transmitida el 27 a las 6:20 a. m.)
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 11, 2011 | Argumentos, Política |

Piú a sinistra
El 1˚ de este mes de abril de 2011, se anunció en Barquisimeto la creación del Frente Progresista por el Cambio. Salvo Patria Para Todos, que es su componente mayor, todas las restantes cinco organizaciones que lo integran—La Causa R, Podemos, Vanguardia Popular, Bandera Roja (¿de dónde sale este color?), Movimiento Al Socialismo (¿del siglo XX?)—forman asimismo parte de la Mesa de la Unidad Democrática. Esto es, el susodicho frente se constituyó para alojar a PPT (que no quiere sumarse a la MUD), para acercarse al chavismo pero no mucho, para separarse algo, pero no mucho, de la derecha vieja y rayada que habita en la federación opositora. Si uno quisiera atenerse a los nombres de las organizaciones frentista-progresistas, la existencia de La Causa R (Radical) supone que cualquier otra cosa distinta es una causa moderada, y Vanguardia Popular implica que lo que no sea ella misma, si es popular, debe ser retaguardia.
Gente de postura política disímil, como Henry Ramos Allup y Henrique Capriles Radonski, han coincidido en la necesidad opositora de constituir una tal «izquierda democrática», la «izquierda buena», según el concepto teodorista de «las dos izquierdas», ante la «izquierda mala» que vendría siendo la chavista. Capriles Radonski, que pertenece a un partido que se autodefine de centro, ha declarado hace poco que «En Venezuela no hay espacio para gobiernos de derecha». (Ver en este blog Con mucha mano izquierda). Ramos Allup, por su parte, ya había advertido de la composición presuntamente necesaria: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”
Pero ahora el Frente Progresista cree que todavía necesitamos una tercera izquierda. Además de la «izquierda mala», la «izquierda buena» tendría que entenderse subdividida entre una «izquierda buena progresista» y una «izquierda buena retrógrada», siendo esta última la que no tiene inconveniente en retratarse en la MUD con gente como Fuerza Liberal o COPEI, que son de centro-derecha. La excusa fue proporcionada por José Albornoz, Secretario General de PPT: «No podemos pretender que toda la oposición esté en la Mesa de la Unidad». Buen diagnóstico; mala solución.
Ayer domingo, Luis Vicente León quiso ser optimista al escribir lo siguiente: «el cambio del país es una posibilidad concreta pese a los intentos de saboteo de ‘honorables’ radicales de la propia oposición». (Nótese las comillas del adjetivo «honorables»). ¿No nos confunde que hablen de cambio tanto León como el tal Frente Progresista del Ídem, que precisamente viene siendo los «radicales de la misma oposición»? ¿No se habría sumado al saboteo el propio Ramos Allup, que no es un «radical de la oposición», con sus declaraciones acerca de con quiénes se acuesta Acción Democrática?
Más allá, ¿no es enteramente inútil una tercera izquierda en una época en la que se debiera abandonar ya toda ideología, toda ubicación compulsiva en el eje decimonónico de izquierdas y derechas? En cualquier caso, la suma de los porcentajes de la votación del pasado 26 de septiembre por estas seis «fuerzas progresistas» da el gran total de 7,82% de las preferencias electorales del país. La mala noticia, pues, parece ser que el 92,18% de los electores sería retrógrado.

El poder del progreso
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