Glosa de Peñaloza

Un politólogo que pontifica desde la confusión

Debo dar el beneficio de la duda a Nicmer Evans, politólogo de moda, y a Ulises Daal, Director de Investigación y Asesoría en Políticas Sociales de la Asamblea Nacional. Pudiera ser que Pedro Pablo Peñaloza, aunque lo dudo, hubiera transcrito mal declaraciones suyas sobre algunas reacciones críticas a la pieza de teatro que lleva el escueto nombre de Proceso Constituyente para la Elaboración Colectiva del Plan Socialista de la Nación 2013-2019. Claro que respeto el profesionalismo de Peñaloza, desde que el 1º de agosto de 2005 su constancia arrancara a Alejandro Plaz, entonces capo de Súmate, la admisión de que no se podía demostrar fraude en el revocatorio de 2004. En esta ocasión creo que debo llamar su atención a un error importante en su nota «Proceso constituyente está permanentemente abierto». El problema, creo, es que ha entrado—inadvertidamente, supongo—en la novísima trampajaula terminológica del oficialismo. Peñaloza escribe hoy 13 de noviembre en el diario El Universal: «El poder constituyente avanza. (…) El fin de semana pasado demostró estar vivito y coleando». De la redacción de esta nota de Peñaloza se desprende que se ha tragado, si no el cuento, al menos la nomenclatura del gobierno. Claro que están más confundidos el gobierno mismo y, especialmente, Evans y Daal. La glosa será útil para justificar esta última afirmación.

Escribe Peñaloza: «El poder constituyente no ha fenecido, está permanentemente activo», subraya el politólogo Nicmer Evans, defensor de la revolución bolivariana. Por supuesto que no ha fenecido, pero la buena salud del Poder Constituyente Originario no es una concesión del Estado, que debe estarle por entero subordinado. No depende para nada de esta piratería del «proceso constituyente». Mientras haya una nación venezolana tendrá existencia ese poder, aunque Hugo Chávez no le pida que le mande papelitos. Y sugiero a Peñaloza que ponga más atención a la terminología chavista para no consagrarla; la escritura correcta es revolución «bolivariana«, esto es, llamada «bolivariana», con el adjetivo escrito entre comillas. (Ver en este blog la coletilla a Reivindicación de la clínica).

Buzón «constituyente» rojo rojito

Escribe Peñaloza: El chavismo en pleno, encabezado por ministros, gobernadores y candidatos, llevó adelante el «proceso constituyente» del Segundo Plan Socialista de la Nación 2013- 2019. Se trataría, según explicaron sus promotores, de abrir un debate nacional para que todos los venezolanos nutran con sus ideas el programa de Gobierno que el presidente Hugo Chávez aplicará en el próximo sexenio. Ningún debate ha sido abierto. Cada ciudadano que quiera empatarse en el sarao enviará sus ideas individualmente y, según explicó Jorge Giordani abundando en la patraña, “El inicio de este debate público permitirá que el pueblo venezolano aporte sus ideas para ser evaluadas por el Presidente de la República…» Será él quien debatirá, en soledad,* consigo mismo las ideas que se le envíen. La cosa no pasa de ser un gigantesco buzón de sugerencias, típicos de las empresas estadounidenses y base de numerosas comedias de Hollywood y caricaturas de prensa.

Escribe Peñaloza: «El llamado al ‘proceso constituyente’ es la utilización de una consigna que ratifica la intención de movilizar la discusión del plan de la patria», ilustra el experto. (?) Acá se traiciona Evans; consigna es (nos dice el DRAE): «En agrupaciones políticas, sindicales, etc., orden que una persona u organismo dirigente da a los subordinados o afiliados». Es una consigna, además, electorera. Es el intento de usar incorrecta y engañosamente la marca «constituyente». Es la campaña «paraguas» de la elección de gobernadores. Y en ningún caso es el plan de la patria; si acaso, el del «corazón de su patria». La Patria no lo ha elaborado, y nadie puede hablar por ella.

Escribe Peñaloza: Evans aclara que Chávez no está convocando a una Asamblea Nacional Constituyente para modificar la Carta Magna. «El Presidente está llamando al país para discutir el uso de los recursos, solicita la incorporación de elementos puntuales para el desarrollo y la concreción del plan», acota el académico. Tal vez sea únicamente Henrique Capriles Radonski quien necesite esa aclaratoria, a juzgar por sus reacciones al asunto: El gobernador Henrique Capriles Radonski alertó que la posible Constituyente que evalúa el Ejecutivo Nacional en el marco del Plan de la Nación Socialista es un «golpe» a la Constitucional [sic] aprobada en 1999. (El Universal, nota del 12 de noviembre).

Escribe Peñaloza: Ulises Daal, director de investigación y asesoría en políticas sociales de la Asamblea Nacional, señala que el proceso constituyente implica que «el pueblo ejerza de manera permanente su soberanía». Si se tratara de ejercer la soberanía, el Pueblo tendría que aprobar el bendito plan de desarrollo, no estar constreñido a enviar sugerencias.

Escribe Peñaloza: El numeral 18 del artículo 236 de la Constitución, establece que el Jefe de Estado tiene entre sus atribuciones y obligaciones «formular el Plan Nacional de Desarrollo y dirigir su ejecución previa aprobación de la AN». Daal resalta que antes de someter su propuesta a consideración de la Cámara, Chávez ha resuelto impulsar la democracia participativa y protagónica abriendo una consulta popular inédita. Claro, con papelitos o mensajes protagónicos insertados en la web dispuesta al efecto.

Escribe Peñaloza: El funcionario [Daal] cita el artículo 62 de la Constitución, que reza: «La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo». Exactamente: para que algún ciudadano o asociación remita al Presidente de la República ideas que él, en su soberana y solitaria majestad, considerará si incluye en su plan, no se requiere ni invitación ni autorización presidencial, mucho menos el espectáculo que se ha montado; bastaba un simple anuncio de Miraflores.

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No basta para que algo sea un proceso constituyente que alguien, así sea el Poder Ejecutivo Nacional, lo designe como tal. En Política, y en Derecho Constitucional, constituyente es lo que constituye una república, lo que le da el ser, lo que establece su marco general de actuación. Nuestra república está constituida desde 1811, y ha sido reconstituida con cada nueva constitución, la última vez el 15 de diciembre de 1999. Es una distorsión manipuladora el uso adjetival del término para referirse al vistoso teatro—montado en función sabatina de estreno en varias salas por el gobierno (aunque no en las del Circuito Radonski)—de esta pomposa e insignificante «participación protagónica». Esta película sólo tiene un protagonista, Hugo Chávez; ni siquiera tiene actriz principal. Maduro, Giordani, Evans y Daal son actores de reparto; los ciudadanos somos extras del espectáculo.

Por lo demás, Nicolás Maduro, en su carácter de Vicepresidente Ejecutivo de la República, precisó hoy que el proceso «constituyente» estará abierto ¡todo un mes completo! Debo, pues, reformular mi cálculo de Puro show: si tan sólo uno de cada diez electores (representatividad de 10%) enviare una única idea al Presidente de la República, éste tendría que considerar un poco más de un millón ochocientas mil sugerencias en ese lapso-ultimátum de treinta días; es decir, tendría que leerse 60.000 mensajes diarios. Esperemos, por su salud física y mental, que las proposiciones sean breves. Quizás puedan enviarse en tuits de 140 caracteres cada uno.**

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*Al comienzo de su primer gobierno, Hugo Chávez cerró una famosa carta a la Corte Suprema de Justicia con estas consideraciones: «Esas son las razones por las cuales el Jefe de Estado conduce, en soledad, la política exterior y, en soledad, es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales. Inmerso en un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado». (Destacado del presidente Chávez). Nada puede contradecir más frontalmente el Artículo 62 citado por Daal.

**Un total de aproximadamente 420.000 palabras diarias.


LEA

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Puro show (Actualizado)

Muy atentamente

 

(Al final de esta entrada se ha insertado una actualización)

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A Orlando Amaya

 

Gran parte de las desgracias de nuestra vida nacional se debe al empirismo, al desconocimiento de las razones fundamentales que rigen la marcha de las sociedades, de las empresas y las industrias, en fin, a la ignorancia petulante, vestida de suficiencia.

Santiago Key-Ayala

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Voy de cuento. Era el año de 1994, y el segundo gobierno de Rafael Caldera había emitido un segundo decreto de suspensión de garantías, fundado en la mala situación en que la gravísima crisis bancaria de ese año había colocado al país. El Congreso de la República, acicateado por COPEI—ardido porque su líder fundador le había ganado las elecciones del año anterior—, se negó a repetir la aprobación que había concedido al primer decreto. («El Congreso, en manos de la oposición, no estuvo de acuerdo con este segundo decreto, y el 22 de julio procedió a restituir todas las garantías suspendidas, salvo la contenida en el Artículo 96, a cuya suspensión había prestado su aquiescencia con ocasión del decreto de febrero. (…) El gobierno no se conformó con esto, y emitió el mismo día un nuevo decreto de suspensión—No. 285—con idéntico alcance. El guante del desafío había sido recogido». Luis Enrique Alcalá: Las élites culposas, Editorial Libros Marcados, 2012).

En tal circunstancia, el gobierno amenazó con convocar un referendo para consultar al Pueblo acerca de la suspensión que pretendía, cuando aún no existía en la legislación venezolana la figura de referendos consultivos—Caldera prefería decir «consultativo»—, y dejó caer que José Guillermo Andueza, prestigioso jurista y Ministro de Relaciones Interiores, ya tenía una redacción del decreto de convocatoria de la consulta.

Entonces publicó el diario El Nacional los resultados de una encuesta telefónica que se le ocurrió hacer sobre el tema: 90% de los consultados apoyaba la suspensión de garantías. Ni corto ni perezoso, Luis Alfaro Ucero condujo las tropas parlamentarias de Acción Democrática en apoyo del decreto 285, que fue finalmente aprobado, dejando en deslucida posición a COPEI y a La Causa R, partidos que se opusieron. Juan José Caldera anunció en la Cámara del Senado que ya el referendo no sería necesario.

Por mi parte me sentí frustrado, y no porque las garantías quedaran suspendidas, sino porque la consulta popular no se había efectuado; por eso escribí Ahora tiene que consultar, el artículo principal del #6 de referéndum (publicación mensual que por entonces producía), el 8 de agosto de 1994. No me pareció ni serio ni acertado que el gobierno de Caldera reculara con el referéndum que amagara:

Este retroceso gubernamental tiene bastante de lamentable pues, como pudo evidenciarse, la ciudadanía creyó que había llegado la ocasión para participar directamente, por primera vez, en la adopción de una decisión de Estado.

(…)

…si el Gobierno declaró, por boca del Ministro Andueza, que ya tenía redactado un decreto para convocar a referéndum, ¿qué puede impedir que se redacte otro para consultar a los Electores sobre cualquier otro asunto, dado que según la doctrina Andueza habría bastado un acto del Ejecutivo para que se produjera la convocatoria?

Si era posible convocar un referéndum “consultativo” sobre la suspensión de las garantías, es posible convocar un referéndum para consultar a los Electores sobre cualquier otra materia. A este respecto puede valer la pena considerar la siguiente idea: consultar a los Electores sobre los lineamientos generales del plan de desarrollo económico y social del Ejecutivo, el que hasta ahora, dicho sea de paso, es desconocido.

La Constitución Nacional incluye ahora, gracias al Artículo 7º de su Enmienda Nº 2, la siguiente disposición: “El Ejecutivo Nacional en el transcurso del primer año de cada período constitucional, presentará para su aprobación, a las Cámaras en sesión conjunta, las líneas generales del plan de desarrollo económico y social de la nación”.

En nuestra opinión, debiera ser a los Electores, no a las Cámaras del Congreso de la República, a quienes debiera solicitarse la aprobación de las “líneas generales del plan de desarrollo” del Ejecutivo. Esto, naturalmente, precisaría que la Constitución fuese modificada. No puede crearse de la noche a la mañana un carácter vinculante que colida con uno dispuesto expresamente en el texto constitucional.

Pero si, como había argumentado el Gobierno, podía hacerse un referéndum no vinculante para consultar su diferendo con el Congreso, perfectamente puede celebrarse uno para el acto más esencial que puede haber en el ejercicio de la política: obtener la aquiescencia del Pueblo respecto del rumbo general del Estado de cuya soberanía es asiento.

Obviamente, nada de lo que antecede fue atendido. Tomaría más de tres años que el Congreso, en reforma de diciembre de 1997, introdujera el enteramente nuevo Título VI (De los referendos) a la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política, que finalmente creó en nuestra legislación los referendos consultivos. (La Constitución de 1961 sólo contemplaba un referéndum aprobatorio de cualquier «reforma general» del texto constitucional).

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Estas cosas vienen a cuento porque el Vicepresidente Ejecutivo de la República acaba de anunciar (10 de noviembre) el inicio de un proceso «constituyente» para la confección del plan de gobierno 2013-2019. Como es costumbre nomencladora, etiquetadora del gobierno que sirve, ahora constituyente significa algo que no es constituyente. Veamos las propias palabras de Nicolás Maduro:

La carga que tiene el concepto de constituyente en nuestra Constitución va mucho más allá de una Asamblea Constituyente, se trata del poder del pueblo para crear, recrear, fundar y refundar patria, para ejercer soberanía de manera permanente con la Constitución como instrumento fundamental de trabajo, como guía de navegación para esta generación y las que se están formando. (…) Sabemos que en cada barrio, centro de trabajo, taxi, liceo, universidad, esquina se ha acumulado un patrimonio de ideas, experiencias y realizaciones que nos coloca en una situación especial para abordar la elaboración del plan de gobierno. (…) Este es un enorme proceso de aprendizaje de formación y autoformación que exige apartar tiempo para el estudio en los colectivos, grupos de base, ministerios, alcaldías y gobernaciones. Este es un gran proceso para ordenar el pensamiento político y para ordenar y mejorar la calidad de la acción política de cada uno de nosotros.

Ocarina Espinoza, periodista de El Universal, reportó: «Dijo [Maduro] que desde el año 2006 la población que ha votado por el presidente Hugo Chávez lo ha hecho con la conciencia de que lo que se espera para el país es el desarrollo de un plan socialista y esta es la hora de participación para concretarlo». Por su parte, Noticias 24 anota: “El Comandante Chávez nos ordenó que echemos andar a partir de hoy aquí en Caracas y simultáneo [quiso decir «echemos a andar» y simultáneamente] con todo el territorio nacional, lo que hemos denominado Proceso Constituyente para la Elaboración Colectiva del Plan Socialista de la nación 2013-2019″. También ofreció algo por lo que cabe felicitarlo: “Nosotros vamos a extenderle la mano a todos los venezolanos y candidatos que por alguna razón no votaron por Chávez, a ellos también tenemos que tenderle la mano”. (Todavía no está muy afinada la cosa esta de participación de los opositores; en el mismo acto en el que Maduro llevó la voz cantante, el Ministro de Ciencia y Tecnología, Jorge Arreaza, especificó: «Todos los revolucionarios tenemos no sólo el derecho sino el deber de incorporarnos para sumar, nutrir, aportar, construir en colectivo y generar este proceso constituyente desde las bases»Parece que no tienen ese derecho o deber quienes no sean «revolucionarios»). La periodista Espinoza destacó asimismo estas palabras de Arreaza: «en ningún país del mundo se da una convocatoria tan amplia, tan incluyente como la que se está dando en estos momentos en Venezuela». Maduro ya había preguntado: «Digan ustedes cuándo habían sido convocados en la historia de nuestro país por un líder de nación para que hagamos un solo plan, el plan de la patria se podría decir».

Entonces Jorge Giordani completó con pretenciosidad el panegírico de ocasión:

A partir de este momento se inicia un proceso constituyente, nunca visto en nuestra historia. Tendrá repercusiones no solamente en los próximos años, sino que puede ser un ejemplo para los países que están en crisis y ven en este proceso [revolucionario] esperanzas, y materializar las suyas.

………

Chamán Plan (clic para ver título del libro)

¿En qué consiste el asunto en la práctica? El anuncio de este portentoso proceso fue todo un espectáculo mediático; simultáneamente—no simultáneos—con la participación de Maduro, varios candidatos oficialistas a las gobernaciones metieron su cuchara televisada: Adán Chávez desde Barinas o, acompañado por Rafael Ramírez en Mérida, Alexis Rodríguez. Este último informó, según el reportaje de Ocarina Espinoza «que el plan será presentado el próximo 10 de enero ante la Asamblea Nacional para que se convierta en ley «, y Noticias 24, al reportar la intervención de Giordani, reprodujo esto: «El inicio de este debate público permitirá que el pueblo venezolano aporte sus ideas para ser evaluadas por el Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, y ser incluidas en el segundo plan socialista 2013-2019 que será presentado el 10 de enero de 2013 ante la Asamblea Nacional». Espinoza escuchó a Arreaza decir: «una de las formas de sistematizar las propuestas que se recogerán a lo largo del país será a través de la página web www.plandelapatria.org.ve. Tiene que haber homogeneidad en la sistematización de las propuestas para poder llegar a las conclusiones más importantes». (Pruebe el enlace para ser recibido con un clásico saludo comunista: «Camarada, a continuación te saldrán las siguientes ventanas…»)

En síntesis, envíe Ud. sus «ideas» para un plan de desarrollo nacional de seis años de vigencia por carta, correo electrónico o a través de las «ventanas» de la web mencionada—allí tendrá que tramitar una autenticación—; eso sí, hágalo pronto, porque el Presi tiene que entregar la tarea en menos de dos meses, el 10 de enero del año que está a punto de comenzar.

Ya sólo eso pone de manifiesto que todo el asunto es una patraña, gato por liebre: si a uno de cada diez electores—por tanto con muy baja representatividad—se le ocurriera enviar, digamos, una sola idea simple, Chávez y su equipo tendrían que procesar casi dos millones de sugerencias. Supongamos que debemos dejarle al menos una semana para redactar lo que presentaría en la Asamblea Nacional el 10 de enero; dispondría entonces de 54 días para su consideración, a razón de 37.000 proposiciones diarias. Por supuesto, Chávez sólo aprobaría lo que esté alineado con su ideología y su intención; por eso no me molestaré en enviarle una idea simplísima: olvidarse de las comunas. (Si la Mesa de la Unidad Democrática quisiera fastidiar el vistoso y engañoso proceso, instruiría a la masa opositora a la que Maduro tiende la mano para que inundara la web del «Plan de la Patria» con millones de participaciones contrarias al «Estado comunal». Esto es más constructivo que las inútiles disquisiciones del «líder nacional» Henrique Capriles Radonski acerca de la constitucionalidad de esta «constituyente»).

Todo el asunto, que por supuesto no tiene nada de constituyente, no busca sino dos objetivos: uno, a corto plazo, es el de armar ese falso tinglado como propaganda electoral para las elecciones de gobernadores; otro, más peligroso, a mediano plazo, el de pretender mediante burda falacia que el «Plan Socialista» ha sido aprobado por el Poder Constituyente Originario, que ese plan castroso es producto de una «constituyente». Este objetivo se ha hecho patente en la reiteración insistente de una mentira: «que desde el año 2006 la población que ha votado por el presidente Hugo Chávez lo ha hecho con la conciencia de que lo que se espera para el país es el desarrollo de un plan socialista» (Nicolás Maduro). Es falsedad repetida ahora por numerosos voceros del gobierno, su jefe incluido, lo que revela que es consigna emitida por el despacho presidencial. La única vez que se consultó explícitamente a los Electores acerca de algo que incluyó, de contrabando, menciones del socialismo—en el referendo de 2007 sobre las reformas propuestas por Miraflores y el Palacio Legislativo—, el rechazo fue la expresión mayoritaria.

Si hubiera real voluntad de fundar el plan de desarrollo nacional—que en este caso es de subdesarrollo—en la decisión popular, el gobierno debiese convocar a un referendo para que la población se pronunciara sobre lo que ahora cocina, como propuse el 8 de agosto de 1994, hace dieciocho años. La petulante caricatura que ahora propone el gobierno no tiene la menor originalidad, como pretende y, por supuesto, la menor sustancia. Es un grosero engaño.

Lo que tenemos que hacer—como antídoto para esta anestesia irresponsable y pretenciosa, para esa demagogia vacía—es convocar, por iniciativa popular, un referendo consultivo sobre la implantación arbitraria y caprichosa de un régimen socialista en el país. Por algo el gobierno no lo ha hecho. LEA

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ACTUALIZACIÓN: El Sr. Iván Gutiérrez ha escrito un artículo (El debate sobre las Comunas) que así comienza: «Tiene razón el Presidente, en la Constitución Nacional aprobada en 1999 quedó establecida la vía para promover formas colectivas y sociales de producción. De allí que la propuesta que está haciendo está ajustada a derecho. Quienes se oponen a ella han escogido dos caminos: Asustar con el fantasma del Comunismo y señalar que las alcaldías y gobernaciones serán borradas del mapa por el Estado Comunal». (Ver acá Más vale tarde que nunca).

Pero el 28 de mayo la Agencia Venezolana de Noticias dejó constancia de que Aristóbulo Istúriz, candidato del Presidente de la República para la Gobernación de Anzoátegui, declaró: «Organización y conciencia social son las principales características que debe tener una comuna para que pueda consolidarse como el poder popular que acabará con el estado capitalista burgués. (…) El estado capitalista burgués hay que desmontarlo, ese Estado piramidal, jerarquizado que tiene arriba el poder nacional, después al poder estadal, después al municipal, luego al parroquial y abajo, de último, al pueblo aplastado». Meses después, el 26 de octubre, se conoció información adicional acerca de los propósitos del asunto, en palabras de Istúriz en una reunión con trabajadores de Anzoátegui: «Estoy seguro, les juro que con un sistema de comuna hay menos inseguridad que sin un sistema de comuna. Cada comuna tiene que ser capaz de garantizar la seguridad en su ámbito. No es lo mismo que el consejo comunal. Hablo de comuna».

Bueno, el DRAE viene en nuestro auxilio para entender la distinción establecida por Istúriz; así define: comuna. (Del fr. commune). 1. f. Conjunto de personas que viven en comunidad económica, a veces sexual, al margen de la sociedad organizada. 2. f. Forma de organización social y económica basada en la propiedad colectiva y en la eliminación de los tradicionales valores familiares.

La primera acepción alude a la comuna hippie, típica en los EEUU de la década de los años sesenta. No creo que sea esto lo que Hugo Chávez y Aristóbulo Istúriz preconizan; el sentido en el que este último enfatiza que no habla de consejos comunales es la segunda acepción que ofrece el diccionario. Los valores familiares «tradicionales» son, por supuesto, «burgueses», y deben ser eliminados. (La admisión de Istúriz revela que lo de los consejos comunales no fue sino un truco de ablandamiento previo, en ningún caso una institución definitiva).

Vale la pena registrar que Istúriz ya ha incurrido antes en definiciones dudosas, como cuando argumentaba que la educación venezolana, a través del currículum «bolivariano», debía «estar alineada con el proyecto de país». (Ver en este blog ¿Alineación o alienación?, del 21 de abril de 2005, y también Roña a la vista, del 3 de abril de 2008). En el primero de los artículos puse: «La educación, maestro Istúriz, con lo único que tiene que estar alineada es con la verdad»).

Ahora habla, de nuevo tramposamente, el gobierno de un «proceso constituyente» para referirse al buzón de sugerencias que ha abierto para recibir ideas de la gente sobre el nuevo plan de desarrollo nacional. No es un estreno; mucho antes el oficialismo ha empleado el término de constituyente para engañar incautos. En Roña a la vista, advertí hace más de cuatro años para referirme a la imposición del mentado currículum «bolivariano»:

Esta grosera manipulación viene convenientemente reforzada por el empleo de otras marcas, que pretenden monopolizar y enrostrarnos los chavistas. Así pasa, por ejemplo, con la idea de “Constituyente Educativa”. La palabra “constituyente” se había valorizado mucho como marca para 1999, y cualquier cosa que se propusiese con ese nombre debía ser, por asociación publicitaria, en principio buena y recomendable. Es así como basta decir, en la introducción mencionada del proyecto curricular, que una constituyente educativa—harto sesgada—determinó que la reforma de 1997 fue salvajemente capitalista para que se tenga tamaña injusticia por verdad.

La distorsión terminológica y la manipulación falaz son técnicas harto frecuentes en el uso chavista. Me atrevo a recomendar al Sr. Gutiérrez, quien tiene suficiente cabeza como para admitir al final de su texto que las recientes «migraciones» en el Registro Electoral «constituyen una torpeza política de padre y señor mío», que no se deje engañar. El gobierno no tiene el monopolio de la preocupación por la pobreza, y principalmente la usa como coartada de su dominación. Vale.

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Más allá de una política binaria

También hay indignados en Cataluña

Gregorovius pensó que en alguna parte Chestov había hablado de peceras con un tabique móvil que en un momento dado podía sacarse sin que el pez habituado al compartimiento se decidiera jamás a pasar al otro lado. Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando…

Julio Cortázar – Rayuela

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El dato más significativo de la reciente encuesta de Datanálisis es su reporte de una anomalía. Lo habitual es que, a medida que un proceso electoral se acerca a la fecha de votación, la proporción de indecisos se adelgace, que sean menos los injustamente vilipendiados Ni-ni, la gente que no está alineada con los términos de una polarización. Pero la afamada encuestadora ha revelado el 10 de mayo que de marzo a abril los entrevistados indecisos pasaron de 25% a 31% de la muestra, un ascenso de seis puntos (porque Hugo Chávez bajó un punto y Henrique Capriles perdió cinco). En los procesos electorales anteriores, esta población no alineada, que en otros momentos ha llegado a superar la mitad del país, descendió cuando comenzaba a decantarse en tibio apoyo a los candidatos polares. Pero aun hoy, cuando ya menos de cinco meses nos separan de las elecciones del 7 de octubre, casi la tercera parte del país no está convencida ni por Chávez ni por Capriles.

Esta anómala situación está de alguna manera justificada: en cierto modo, Capriles y Chávez son ambos ejemplo de la vieja política, la de la lucha por el poder que pretende legitimarse desde una ideología que se blande, explícita o implícitamente, como coartada. Es la política rechazada, sin demasiada conciencia, por los indignados en Europa y los Estados Unidos, en un repudio que también se ha manifestado en los bandazos electorales que van de partidos conservadores a izquierdistas y de éstos a los primeros. (De Gordon Brown a David Cameron, de Sarkozy a Hollande, de Aznar a Rodríguez Zapatero a Rajoy, de Clinton a Bush a Obama).

En el dato de los indecisos recrecidos hay una clave para el tratamiento de la actual situación política venezolana, una cuya adopción requiere salirse de la caja que prescribe para el país una condición binaria, una película en blanco y negro cuyos únicos protagonistas son el gobierno y su oposición.

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El Grupo Jirahara—la versión barquisimetana del Grupo Santa Lucía—se reunió en el fin de semana que condujo al 1º de mayo. El consenso general daba a Capriles Radonski como ganador de las elecciones del 7 de octubre porque seguramente Chávez no podría ser el candidato del socialismo. Pero en la misma reunión ya se escuchó cifras provenientes del Pulso Nacional de Datos: si un mes antes Datanálisis registraba que Capriles ganaría eventuales confrontaciones con Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Elías Jaua, parecía entonces que estos careos ya no le favorecían, sobre todo si se medía con el último de los nombrados. (El Nacional de hoy recoge esta misma impresión, al comentar el marcado descenso de 3,5% en los precios de los bonos venezolanos en los mercados luego de conocerse un informe negativo de Bank of America-Merrill Lynch: «En el informe elaborado por el economista Francisco Rodríguez se asegura que las probabilidades de una victoria electoral de la oposición, incluso contra un candidato que no sea Hugo Chávez, ha descendido significativamente. (…) Señala que si Chávez se retira, las encuestas muestran una competencia muy cerrada entre Henrique Capriles Radonski y cualquier otro aspirante oficialista. El vicepresidente ejecutivo, Elías Jaua, parece ser el candidato más fuerte del Gobierno con un pequeño margen de ventaja en los estudios de opinión»).

Un gentil maestro de la mercadotecnia, de postura libertaria, insospechable de chavismo, tropezado casualmente en uno de los intermedios de Tosca (el Día de la Madre en el Teatro Teresa Carreño), sentenciaba: «Es un asunto de mind share. El tema de Chávez y su enfermedad ocupa prácticamente todo el espacio de conciencia política de los venezolanos; Capriles es inexistente». Al comentar ayer este diagnóstico con uno de los más avezados políticos que tiene el país, éste se refugió así: «Eso es un problema que no puede resolverse con primarias sino como los chilenos hicieron, por decisión consensuada de los políticos que sí saben cómo se bate el cobre».

Atiné a señalarle que no se comprendía bien por qué un político veterano como Ramón Guillermo Aveledo, que sabe perfectamente bien cómo se bate el cobre, había cedido a presiones de gente como Leopoldo López Mendoza, adalid de las primarias que no tuvo empacho en rogar que la Mesa de la Unidad Democrática postulara por consenso a Carlos Vecchio—su candidato—a la Asamblea Nacional, al día siguiente de resultar derrotado en primarias por María Corina Machado. Para mis adentros, pensé que la referencia chilena no era otra cosa que llanto sobre leche derramada: las primarias ocurrieron ya. ¿Sería que el influyente político con el que conversaba está proponiendo a la MUD la reversión de la candidatura de Capriles y su sustitución por alguien de mayor pegada o tracción? Mi último pensamiento, mientras me despedía, consistió en percatarme de que mi interlocutor hablaba encerrado en una caja; para él, el problema sería el de colocar en el campo un candidato «correcto» de oposición.

Días antes, un viejo amigo me escuchaba recapitular los hallazgos de los últimos estudios de opinión que han podido conocerse: la brecha entre Chávez y Capriles se ha ampliado a favor del primero; el candidato opositor está en caída. Desde el interior de la misma caja respondió filosóficamente: «Bueno, eso es lo que hay».

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Una tercera figura

La solución al preocupante dilema electoral de 2012 es salirse de él, darse cuenta de que no tienen por qué ser Hugo Chávez (o cualquiera de sus suplentes) y Henrique Esoesloquehay Capriles las únicas posibilidades. Pero esa solución era el camino correcto desde hace mucho tiempo, incluso antes de la aparición de Chávez-Capriles; en febrero de 1985 podía escribír: «El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. (…) Por esto no solamente se trata de enten­der la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experien­cias y conocimientos distintos». (Proyecto – La Sociedad Política de Venezuela). Hace mucho tiempo que la política ideológica, radical o moderada, muestra signos de esclerosis en los paradigmas que orientan y determinan su acción.

Hace bastante tiempo que debimos buscar y encontrar otras avenidas, para atrevernos a un salto paradigmático que, tarde o temprano, se dará en el mundo entero, puesto que la política ideológica, la de izquierdas y derechas que buscan el poder y luego no saben qué hacer con él—¿lo saben Hollande, Cameron o Rajoy?—ha estado largamente en crisis de impotencia.

Pero nuestra coyuntura momentánea es electoral, y necesitamos una solución:

El discurso de una contrafigura exitosa, si bien tendrá que incluir una refutación eficaz del chavismo, deberá alojar asimismo planteamientos nacionales que debiera sostener aun si Chávez no existiese. El problema político venezolano es más grande que Chávez. (…)

…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución. (Retrato hablado).

No hay duda de que admitir una solución de esa clase requiere un salto de la percepción, un aventurarse fuera de las cajas que desde hace más de una década impiden la osadía estratégica que sería eficaz. Lo que hace falta en Venezuela es la ocurrencia de una sorpresa política.

En un estudio de septiembre de 1987 (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela), se consideraba la llegada de un outsider a la Presidencia de la República como uno de esos eventos sorpresivos. Puede resultar útil ahora refrescar algunas de sus consideraciones:

El primer rasgo indispensable en el líder que pueda orientar a su favor la considerable potencialidad de un voto harto de lo tradicional y de su inefi­cacia, es que sea un verdadero outsider. Hay, al menos, dos sentidos en los que este concepto de outsider se aplicaría en este contexto.

Para comenzar, el candidato debe ser un político que pueda ser per­cibido como estando fuera del establishment de poder venezolano. No ne­cesariamente significa esto que el candidato deba estar contra la actual ar­ticulación de poder en Venezuela. Simplemente es necesario que no se le perciba como formando parte de la red de compromisos que caracterizan a la configuración actual.

(…)

Hay un segundo sentido, más específico, en el que el candidato que pueda resultar la sorpresa debe ser un outsider. Debe serlo también en términos de estar afuera o por encima del eje tradicional del “espacio” polí­tico. Tal eje viene determinado por un continuum más o menos lineal, que va desde las posiciones de “izquierda” hasta las posiciones de “derecha”. Esta es una división tradicional del campo político, pues responde al criterio de que el principal “problema social” (o político), consiste en distribuir la renta social: si se acomete este asunto con preferencia para “los pobres” entonces se es izquierdista; si esto se hace con preferencia por “los ricos”, entonces se es derechista.

No es éste el sitio para describir otra noción política más moderna que considera obsoleto el planteamiento anterior, definitorio de “derechas” e “izquierdas”. Pero el candidato que pretenda tener éxito (…) deberá ser outsider también en el sentido de no situarse en alguna posición del eje referido, sino en un plano diferente.

La segunda característica importante (a nuestro juicio más importante que la condición de outsider) que debe ostentar un candidato con posibili­dades de “dar la sorpresa”, es la posesión de tratamientos suficientes y convincentes para la crisis.

La base de esta condición consiste en poder partir de una concepción de lo político que comprenda importantes y hasta radicales diferencias con las concepciones convencionales. En la raíz de tal concepción está la ne­cesidad de una sustitución de paradigmas políticos, en el sentido que Tomás Kuhn da al término paradigma. Es decir, nos hallamos ante una rea­lidad social y política que ya no puede ser comprendida por los plantea­mientos y enfoques convencionales, lo que es la causa de fondo de la crisis de gobernabilidad. No es el caso que los políticos tradicionales tengan las recetas adecuadas y por “maldad” se resistan a aplicarlas. El punto es que no las saben. (…)

A partir de una concepción diferente, más científica y moderna de la política y sus posibilidades tecnológicas reales, es como podría ser posible la generación de tratamientos que cumplan con tres condiciones necesarias a la persuasión pública requerida:

1. Deben ser radicales pero pocos: dos extremos resultan imposi­bles, dañinos o inútiles: el planteamiento de una reforma radical y global, que se ocupe de todo a la vez, en el mejor de los casos será altamente traumático y, más probablemente, imposible de aplicar por falta de capaci­dad para gerenciar un grado de cambio tan exhaustivo; la estrategia de cambiar lo menos posible e ir ajustando las cosas de modo incrementalista es derrotada por la complejidad original del problema y su velocidad de complicación creciente. Este dilema es comprendido intuitivamente por el elector promedio. De allí la poca credibilidad de los programas de gobierno exhaustivos, así como la de los programas tímidos e incrementalistas. Para que un programa alcance la credibilidad necesaria deberá ser del tipo radi­cal selectivo, es decir, identificador de pocos puntos estratégicos sobre los que se ejerza una acción transformadora a fondo. Y a esta condición deberá sumarse la de concreción, pues no bastará la enumeración de pocas áreas si éstas son vagamente definidas.

2. Deben ser eficaces: no se trata por tanto de pseudotratamientos. “Reactivar la economía” no es la solución, sino el estado final que debe al­canzarse una vez aplicada la solución. Combatir el “centralismo”, combatir el “presidencialismo”, etcétera, son orientaciones generales muy loables pero poco concretas. Los tratamientos deberán venir explicados en forma tan concreta que se pueda especificar su beneficio y su costo. Los tratamien­tos deberán dirigirse al ataque de causas problemáticas antes que a la mo­deración temporal de sintomatologías anormales.

3. Deben ser positivos: se necesita un planteamiento terapéutico que trascienda la política quejumbrosa para ofrecer salidas que permitan un ra­zonable optimismo.

Por último, el candidato debiera tener la capacidad de “librar por to­dos”. (En el juego infantil del escondite se estipula a veces una regla por la que al quedar sólo un jugador por descubrir, éste puede salvarse, no úni­camente a sí mismo, sino a todos los anteriores que hayan sido atrapados.) No se trata acá de “capacidad de convocatoria” () El cargo de Presidente de la República tiene de por sí mucha capacidad de convocatoria, y lo tendría mucho más si tal cargo lo ocupase un outsider que hubiera logrado dar la sorpresa. El punto está más bien en la voluntad real de convocar que tenga el involucrado, en la medida en que no esté atado a intereses tan específicos que no pueda verdaderamente pasar por encima de rencores de asiento grupal. Si un aspirante a outsider sorpresivo, a “tajo” de las elecciones, plantea su campaña con un grado aprecia­ble de vindicta, de falta de comprensión de lo que en materia de logros polí­ticos debemos aún a los adversarios, obtendrá temprana resonancia y fra­caso final. El outsider con posibilidad de éxito no se impondrá por una mera descalificación de sus contendientes y, en todo caso, no por descalificación que se base en la negatividad de éstos sino en la insuficiencia de su positi­vidad. El propio Isaac Newton reconoció: “Si pude ver más lejos fue porque me subí sobre los hombros de gigantes».

Después de esas consideraciones de fondo, el estudio mencionado entró en las de carácter práctico. Decía entre otras cosas:

El eje básico de una campaña correctamente ejecutada pasa nueva­mente por la suficiencia de los tratamientos que el outsider proponga. La campaña debe ser planteada en esos términos: suficiencia vs. insuficiencia.

Luego viene la consideración del tiempo estratégico. Por diversas ra­zones el tiempo de lanzamiento de la candidatura con posibilidades debe ser lo más tardío posible.* Por un lado está el problema de los recursos: es improbable que un verdadero outsider pueda conseguir los fondos necesa­rios a una campaña prolongada. Por otra parte, el intento debe ser hecho contraviniendo los intentos de actores muy poderosos. En tales condiciones una guerra de atrición no es sostenible. (…) Nuestro outsider se encuentra en la situación de Israel, país pequeño y rodeado de enemigos mucho más numerosos y de mayor poder. Así, su estrategia indica un golpe sorpresivo y contundente y definitivo. Por último, el tiempo debe ser tardío porque lo que es necesario producir corresponde a lo que los psicólogos de la percepción llaman un gestalt switch. Es un cambio súbito en la manera de percibir una misma cosa. De este modo, o el cambio de percepción se produce o no se produce, o se entiende o no se entiende, y para esto no es necesaria o correcta una campaña de convencimiento gradual, sino una argumentación suficiente que tienda a producir una respuesta más instantánea.

Este punto viene ligado, como dijimos, al tema de los recursos. Pues una condición de corrección de la campaña deberá ser por fuerza la de su economía. La campaña deberá ser económica. Tanto porque no se dispon­drá de muchos recursos como porque un gasto excesivo produciría un re­chazo de la misma. Así, la campaña debiera ser diseñada en términos eco­nómicos.

Esto será posible si la campaña es planteada en términos de calidad vs. cantidad. Contra la reiteración esloganista de millares de cuñas y pancar­tas, una concentración en mensajes más completos, más densos y contun­dentes.

A favor de esta posibilidad jugaría la amplificación que se daría por el efecto de novedad. Por el mismo hecho de plantearse una campaña de es­tilo diferente es como se daría la posibilidad de distinguir el mensaje en un mar de ruido electoral, en la cacofonía de las abrumantes campañas tradi­cionales, como un minúsculo flautín clarísimo lo hace dentro de un tutti or­questal.

Tío Conejo sí puede ganarle a Tío Tigre

Finalmente, aquel estudio de hace casi veinticinco años volvía sobre el crucial tema de los recursos, arriba mencionado en relación con una consideración del tiempo estratégico. Su argumentación fue reutilizada en el trabajo Tío Conejo como outsider—un capítulo del libro Chávez es derrotable (Libros Marcados, 2005)—y se pone a continuación:

La condición crítica será seguramente la de disponibilidad de los recursos. Acá se enfrentaría un outsider con la incredulidad básica ante una aventura no convencional y con la tendencia conservadora que aun en casos de crisis encuentra difícil ensayar algo novedoso. Aquellos que pudieran dotar a un candidato como el descrito con los recursos suficientes estarán oscilando entre los extremos de más de un dilema.

Uno de los dilemas es el de seguridad vs. corrección. Se sabe de lo inadecuado de los actores políticos tradicionales, pero ante un planteamiento correcto por un outsider habría la incomodidad de abandonar lo conocido. Stafford Beer decía, refiriéndose a la sociedad inglesa de hoy, que su problema era que “los hombres aceptables ya no son competentes, mientras los hombres competentes no son aceptables todavía”. En forma similar Yehezkel Dror destaca otro dilema: si se quiere eficacia es necesaria una transparencia en los valores, la exposición descarnada de los mismos; si lo que se quiere, en cambio, es consenso, entonces es necesaria la opacidad de los valores, no discutirlos más allá de vaguedades y abstracciones.

Así, pues, se estaría ante un dilema de tradicionalidad vs. eficacia, de poder vs. autoridad. Es pronosticable que la mayoría de los actores con recursos, ante una solicitud de cooperación por parte de un outsider con tratamientos realmente eficaces, se pronunciaría por los términos dilemáticos más conservadores o “seguros”.

Pero es concebible que una minoría lúcida entre los mismos pueda proveer los recursos exigidos por una campaña poco costosa—no puede, no debe ser cara—en grado suficiente, al menos para cebar la bomba que pueda absorber los recursos totales del mercado político general, pues si la aventura cala en el ánimo del público, una multitud de pequeños aportes puede sustituir o complementar a un número reducido de aportes cuantiosos.**

Pero el obstáculo principal consistirá en salvar la diferencia entre una percepción de improbabilidad y una de imposibilidad. Ni aun el menos conservador de los hombres dará un céntimo a una campaña de este tipo si considera que todo el esfuerzo sería inútil, si piensa que un resultado exitoso es, más allá de lo improbable, completamente imposible. El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por definición improbable—a fin de cuentas se trataría de una sorpresa—no es necesariamente imposible, y que, por lo contrario, la dinámica del proceso político venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. Si esto es percibido de este modo, entonces tal vez las fuentes de apoyo necesarias quieran comportarse como un jugador racional de la ruleta con cien dólares en la mano. Apartará cincuenta dólares como reserva y de los cincuenta restantes apostará la mayoría, cuarenta y cinco quizás, a las posibilidades de mayor probabilidad: rojo (Chávez), negro (Borges), par (Smith), impar (Petkoff). Pero jugará cinco de los cien dólares en pleno al diecisiete negro (outsider), porque sabe que si la apuesta es de éxito menos probable, si pierde lo hace poco y si gana, en virtud del efecto multiplicador del pleno, obtendrá mucho más de lo que haya invertido.

En El pelotón opositor, nota varias veces citada en este blog, se afirmó en marzo del año pasado: «No es un candidato ‘normal’ quien puede derrotar al Presidente en ejercicio». Seis años antes decía el epígrafe de Tío Conejo como outsider:

Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (…) No es otro “tío tigre” menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo.

Tío Conejo existe. LEA

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*En 1990, tres años después de la campaña breve prescrita en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, Alberto Fujimori, un estadista prometedor que se perdió en la corrupción, alcanzó la Presidencia de Perú luego de una campaña de tres meses, a pesar de ser un desconocido para la mayoría del país a su comienzo.

**En 2008, veintiún años después del mismo estudio, la campaña de Barack Obama obtuvo la gran mayoría de sus fondos—un total de 745 millones de dólares—en donaciones pequeñas del público en general que contribuía por Internet.

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Realpolitik en viñetas

 

Candidatos es lo que sobra

 

Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.

El pelotón opositor (10 de marzo de 2011)

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Escena en el amplísimo gabinete de campaña de Henrique Capriles Radonski. Se discute el tono de la campaña, de la que ya se ha decidido que no atacará frontalmente al Presidente de la República. Es tiempo, le dice su asesor electoral, de comenzar un recorrido por el país, para sacarlo del encierro regional del estado Miranda.

“Usted sabe, Gobernador, que no es tanto lo que se dice sino cómo se dice. El tono del recorrido debe ser optimista, estimulante, alegre, positivo. Nadie vota por candidatos agoreros, que van pintando un paisaje de desastre. Y también sabe que el arte de la comunicación electoral se expresa en frases cortas, en eslóganes o consignas de fácil recordación y repetición, en lemas. Necesitamos un nombre así para su inminente excursión por el país. Le propongo que la llamemos La Caminata del Progreso”.

“¿Qué piensas tú, Juan Pablo?”, preguntó el candidato. Juan Pablo Guanipa, concejal de Primero Justicia por el municipio Maracaibo, estaba en la reunión porque la cosa empezaría por esa ciudad, para meterse en territorio de Pablo Pérez, un rival que Capriles tendría que considerar seriamente en las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática. “Yo creo, Gobernador, que la denominación que propone su asesor es perfecta; lo dice todo”. Capriles replicó: “Yo creo lo mismo. Por eso es que lo tengo de asesor”. “Por mi parte le recomiendo—añadió Guanipa—que la arranquemos por el Pozón de William en la parroquia Santa Lucía, que toquemos el Pozón de El Saladillo que viene siendo el corazón de Maracaibo, y que la terminemos en la Plaza República para inaugurar la sede de Independientes con Capriles”.

En estos detalles tácticos se consumió el resto de la planeación. Luego declararía Guanipa a la prensa: “Muchos sectores de la sociedad se unen en un solo sentir. Será un conglomerado diverso, plural que no se limitará a los partidos políticos. Muchísima gente de sectores independientes que quieren y están dispuestos a trabajar por la Venezuela que merecen, nos acompañarán. Todos somos necesarios en la construcción de esta esperanza, en la consecución de este sueño que todos anhelamos”.

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Correo con artículo de Axel Capriles (clic amplía)

Escena en el amplio gabinete de campaña de María Corina Machado. “María Corina—le dice su consejera de confianza, una dama profesional que no para de hablar—, no tienes idea de cómo ha pegado el eslogan Viene María. Yo te lo había dicho: Viene María Corina habría sido demasiado largo, y se habría desaprovechado la conexión religiosa. Tú sabes, por la asociación con Cristo viene. No es nada malo que te identifique la gente con la Virgen María, la mamá de Cristo, que de que viene viene. Y tenemos que repartir a nuestra lista de correos el artículo de Axel Capriles; ése donde dice que los Indignados son capitalistas. Se ve que le encanta tu lema de Capitalismo Popular. A él no le importa que exista Alianza Popular, de Álvarez Paz; Voluntad Popular, de Leopoldito; o que COPEI se haya llamado hasta hace poco—ya se dejó de eso—Partido Popular. Hay también una Vanguardia Popular ¿no? Pero eso no importa; nadie ha tenido los ovarios de hablar de Capitalismo Popular, de enfrentar ideología socialista con ideología capitalista. A nadie se le había ocurrido hablar de Capitalismo Popular. ¡Genial! ¡Ah, mira! La canción María, María, que hace la rima con mayoría, ha pegado también. Gusta mucho, porque de verdad somos mayoría. Por eso es que el gafo de Henrique está bien equivocado cuando dice que es mejor no meterse mucho con Chávez. ¡Qué riñones! Si somos mayoría, con él es con quien tenemos que meternos. Y dígame esa gente que dice que pobrecito, que se está muriendo de cáncer. ¡Ojalá se muera hoy, no juegue! Pero óyeme, el viernes fui a una fiesta en Los Chorros y un chamo tenía tu canción en el iPod y la puso y la bailamos todos: ¡María, María! ¡Una nota! Me acordé de West Side Story; ¡que maravilla de película! Tú no habías nacido cuando la estrenaron en el cine Broadway. Y también…” En este punto, la candidata, algo mareada, interrumpió la entusiasta catarata y dijo: “Perdona, pero tengo que ir al baño”.

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Escena en un salón de reuniones del instituto de formación que preside Eduardo Fernández; una rueda de prensa está en progreso. Pregunta el corresponsal de la revista Campaigns & Elections: “Entonces, cree Ud. ser el candidato indicado?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”.

Pregunta Clodovaldo Hernández, para Ciudad CCS, una publicación progubernamental: “En 1987, su eslogan era ‘El tiempo ha llegado’. En 2011, ¿no podría decirse que ‘el tiempo ha pasado’?” Fernández responde: “No. Todo lo que propuse está por hacer: propuse más democracia y descentralización y hemos tenido más caudillismo y centralismo. Propuse una economía moderna y hoy dependemos más que nunca del petróleo. Propuse ‘pobreza cero’ porque era un problema escandaloso y sigue siéndolo. Propuse dar prioridad a la educación y, aunque se ha hecho un gran esfuerzo cuantitativo, cada vez tiene menos calidad. Y propuse una transformación ética, porque había mucha corrupción y ahora hay muchísima y no sólo en el sector público, sino en la vida nacional. Muchos dicen que la oportunidad le toca a las nuevas generaciones, pero cuando les pregunto: ‘¿Tú pondrías tu negocio en manos de esas nuevas generaciones?’, me responden: ‘¡No, ni de vaina!’ La Presidencia requiere madurez, tolerancia y amplitud, que solamente vienen con las canas».

Pregunta Andrew Mulligan, de U. S. News and World Report: “En su momento, Ud. se quejaba de que Rafael Caldera no dejaba campo a los políticos jóvenes, porque quería ser candidato una y otra vez. Ud. fue candidato en 1988, hace 23 años, y quiso serlo de nuevo en 1993, cuando fue derrotado por Álvarez Paz. Ahora vuelve a las andadas. ¿No está haciendo lo mismo que criticaba a Caldera?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”. Insiste Mulligan: «No se le ha escuchado decir que participará en las primarias de la Mesa de la Unidad Democrática». Fernández responde: «Bueno, eso depende de las circunstancias. Kennedy participó en primarias, pero Mandela no».

Pregunta Auristela Matute, de El Correo del Caroní: «¿De dónde proceden los fondos para su campaña? Se ha escuchado que lo financia el gobierno para enredar a la oposición». Fernández no responde. Acto seguido, el moderador del acto declara: “Ha concluido la rueda de prensa. Muchas gracias”.

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Escena en el despacho del Gobernador del estado Zulia. «¡Qué molleja!—exclama Yonfitzyeral Semprún, veterano de lides políticas en Acción Democrática, hoy miembro del comando de campaña de Pablo Pérez—¡Qué riñones los de ese patiquincito de Capriles! ¡Mirá y que venir al Zulia a comenzar su campaña nacional!» Y dice Pérez: «No te preocupéis, Yon, que ya estamos planeando devolverle el golpe. Ya vais a ver cómo le queda el ojo cuando me aparezca en Los Teques. Pero ahora me preocupa otra cosa, porque el patiquincito está resquebrajando el Frente Progresista, que se iba a cuadrar con nuestra democracia social, que es lo mismo que la socialdemocracia de AD. Ya logró que la Causa R y Podemos lo apoyen. Es urgentísimo que precisemos a Ramos Allup, porque si no lo único que nos va a quedar es la alianza con Henri Falcón y el PPT; o sea, un micropartido con dos diputados por Amazonas. Ni en Lara sacaron un solo diputado. Esa vaina no es la recomposición del pueblo adeco».

«Y ¿qué estáis esperando para mandarle su caja de 18 años? ¿Que sea Navidad? Invitalo como huésped de honor a la Feria de la Chinita?», repuso Yonfitzyeral. «Ésa no se me había ocurrido. Vos si que sois arrecho, Yon. Mandale otra invitación de tu parte a Antonio Ledezma, para que yo no aparezca. Adeco es adeco hasta que se muera, y algo de militancia adeca lo sigue. Cada voto cuenta». «Arrecho sois vos, candidato. Pa’ patiquín patacón», remató Semprún.

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Escena telefónica. Conversan animadamente Jesús Petit Da Costa y Cecilia Sosa. «El estadista que requiere el país—dice Petit—es un hombre bien arrecho, Cecilia, como yo. A mí no se me enfría el guarapo». Responde Sosa: «Una persona bien arrecha, mi querido doctor, no necesariamente un hombre. ¿O es que usted me va a decir que yo no las tengo bien puestas?»

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La política de la arrechera

Escena telefónica. Otro Sosa, Juan Carlos, ha llamado a Leopoldo López. «Oye, Leo: Chávez hará que todos los militantes del PSUV voten en las primarias de la MUD según sus instrucciones. Ergo: el candidato presidencial de la ‘oposición’ lo escogerá Chávez. Yo sé que no tengo el más mínimo chance, pero tú pudieras alzarte con la cosa si eres capaz de jugar a la alta política y obtener un pacto con Chávez, lo que es, por supuesto, absolutamente insospechable. Date cuenta tú mismo: si te pones de acuerdo con Chávez,  él te dará los votos y te quitará definitivamente el dolor de cabeza ése de la inhabilitación».

López contestó muy airado: «Pero, ¿qué acuerdo sería posible?» Entonces Sosa Azpúrua mostró su hilado fino: «Que tú seas su Vicepresidente Ejecutivo con un compromiso de dos años en el cargo. Así, cuando el señor se muera de cáncer, tú serás el Presidente. Yo, siendo tú, lo trabajaría con lo de tu parentesco con Bolívar. Hazle ver que sería un lujo para él tenerte en la Vicepresidencia. Imagínate: el retátara-sobrino-nieto del Libertador». La grabación del intercambio telefónico se interrumpe a partir de esta última descripción.

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Escena en el Hospital Militar. Un hombre de cuero cabelludo desierto y rostro abotagado vocifera: «¡Me agarran a ese Navarrete donde esté! Si está en España, que me consigan al etarra que lo pueda atrapar». A lo que un joven ya maduro responde: «Pero Duce, la ETA acaba de decir que abandona de un todo la lucha armada. No va a ser fácil».

«¡Ah carajo, Nicolás! ¡Zapatero a sus zapatos! Si tengo que ofrecerle a ese bolsa que la réplica de la Santa María regresa al Parque Miranda o la estatua de Colón a Maripérez estoy dispuesto a pagar el precio, como contribución bolivariana a la crisis financiera española. Hasta podemos devolver la Agroisleña, pero a ese medicucho lo voy a joder».

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Escena en el barrio La Dolorita. Un grupo que inicialmente fue de cuatro amigos que conversaban sobre las dificultades de la vida en Venezuela, ya sobrepasa el número de treinta personas. Una de ellas habla por su teléfono celular y luego reporta: «En El Valle hay mucha indignación». Otra confirma: «Y también en el 23 de enero, y en La Silsa». Una más reconfirma: «Cuando venía para acá vi aglomeraciones en Los Palos Grandes y en La California; la cosa como que es en todos lados».

Hasta que alguien dice: «Bueno, somos el 99%. ¿Por qué no nos indignamos?»

LEA

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Archivo de audio de entrevista para el espacio Análisis, de RCR 750AM, conducido por Javier Perera Díaz. (Grabada el 26/10/2011; transmitida el 27 a las 6:20 a. m.)

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