Navidad 2013

Vasily Polenov: Belén (1882)

Vasily Polenov: Belén (1882)

 

Quien no tenga la Navidad en su corazón nunca la encontrará bajo un árbol. Roy L. Smith

No hay nada más triste en este mundo que despertarse la mañana de Navidad y no ser un niño. Erma Bombeck

Dejé de creer en Papá Noel cuando tenía seis años. Mi mamá me llevó a verlo en una tienda por departamentos y él me pidió un autógrafo. Shirley Temple

La Corte Suprema ha dictaminado que no puede haber una escena de la Natividad en Washington DC. No fue por razones religiosas; es que no pudieron encontrar tres hombres sabios y una virgen. Jay Leno

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La Navidad y la música se llevan muy bien. (Ver en este blog No hay navidad sin cascanueces, Poco ruido y muchas nueces y Puer est natus in Bethlehem). Los venezolanos lo hemos aprendido desde niños a punta de aguinaldos y gaitas.

Aquí está un conjunto de piezas navideñas o decembrinas (la segunda es una excepción, metida de contrabando por razones muy delgadas). La combinación no tiene otro propósito que desear a los visitantes de este blog una Feliz Navidad.

Es conveniente comenzar por música desnuda de adorno orquestal, como lo es el canto gregoriano. El Coro de Monjes Benedictinos de Santo Domingo de Silos canta Genuit Puerpera Regem (Ha nacido el Niño Rey):

Genuit Puerpera Regem

Ahora, con el pretexto de los monjes, En el jardín de un monasterio, la pieza de música clásica ligera que lanzó a la fama al inglés Albert Ketelbey en 1915, es interpretada por la Orquesta del London Promenade que dirige Alexander Faris.

En el jardín de un monasterio

La hermosa y tranquilizante obra que sigue es el cuarto movimiento—Andante religioso—de la Suite al viejo estilo En tiempos de Holberg, de Edvard Grieg, compuesta originalmente para piano y luego orquestada por el compositor para conmemorar el segundo centenario del nacimiento del humanista noruego-danés Ludvig Holberg, y este caballero nació el 3 de diciembre de 1684. Herbert von Karajan conduce a la Orquesta Filarmónica de Berlín.

Andante religioso

Antes ha venido a este blog la pieza navideña Villancico de las campanas (o Campanas de Ucrania), y en esta ocasión se presenta en versión puramente orquestal a cargo de la Orquesta de Filadelfia dirigida por Eugene Ormandy. Su compositor es Mikola Leontovich.

Villancico de las campanas

En 1930, el año de su matrimonio, el maestro venezolano Juan Bautista Plaza compuso Campanas de Pascua, obra que terminaría de orquestar ocho años después. Pablo Castellanos dirige a la Orquesta Filarmónica Nacional.

Campanas de Pascua

Los músicos de Filadelfia y Eugene Ormandy retornan para ofrecernos Epifanía (La Befana), el movimiento que cierra la suite sinfónica Feste romane, de Ottorino Respighi.

Epifanía

La obra siguiente, El idilio de Sigfrido, fue interpretada por primera vez el 25 de diciembre de 1870. Es pieza compuesta por Richard Wagner como obsequio de cumpleaños para su esposa, Cósima Liszt, quien, aunque nacida el 24 de diciembre de 1837, lo celebraba siempre en día de Navidad. Horst Stein conduce a la Orquesta Sinfónica de Bamberg.

El idilio de Sigfrido

Los actos I y II de La bohème, de Giacomo Puccini, ocurren en noche de Natale, y es el segundo acto el que despliega los festejos estacionales del grupo de amigos bohemios en el Café Momus. Cristina Gallardo Domas, Marcelo Álvarez y Hei Kyung Hong, entre otros, cantan bajo la dirección de Bruno Bartoletti y con el acompañamiento de la Orquesta del Teatro alla Scala.

La bohème

No podía faltar acá, naturalmente, una nueva referencia a Cascanueces, el ballet navideño por excelencia de Pyotr Illich Tchaikovsky. Antal Doráti, uno de los mejores intérpretes de la música del ruso, dirige a la finísima Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam. Lo que sigue es un ensamblaje de la Coda, el Pas de deux y el Vals final y Apoteosis del último acto.

Cascanueces

Para cerrar con imágenes, he aquí el video de una de las sorpresas musicales callejeras organizadas por el catalán Banco Sabadell. No sólo en Venezuela se patina en Navidad. Así lo demuestra un grupo de jóvenes mientras suena primero el rock and roll y luego el Allegretto de la Séptima Sinfonía de Ludwig van Beethoven:

 

 

Joyeux Noël. LEA

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El concierto de Francisco

Michelangelo Merisi da Caravaggio: La incredulidad de Sto. Tomás

Michelangelo Merisi da Caravaggio: La incredulidad de Santo Tomás (clic sobre la imagen para ampliarla)

 

Por “invitación” de José Rafael Revenga, quien me introdujo a la poesía de Gerard Manley Hopkins

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En música amo a Mozart, obviamente. Aquel ‘Et Incarnatus est’ de su Misa en Do es insuperable: ¡te lleva a Dios! Me encanta Mozart interpretado por Clara Haskil. Mozart me llena: no puedo pensarlo, tengo que sentirlo. A Beethoven me gusta escucharlo, pero prometeicamente. Y el intérprete más prometeico para mí es Furtwängler. Y después, las Pasiones de Bach. El pasaje de Bach que me gusta mucho es el Erbarme Dich, el llanto de Pedro de la Pasión según San Mateo. Sublime. Después, a distinto nivel, no de la misma intimidad, me gusta Wagner. Me gusta escucharlo, pero no siempre. La Tetralogía del anillo, dirigida por Furtwängler en la Scala el año 1950 es lo mejor que hay. Sin olvidar Parsifal dirigido el ’62 por Knappertsbusch”.

Francisco I – Entrevista a Civiltà Cattolica

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El gusto musical de Francisco I privilegia las piezas vigorosas, heroicas, prometeicas. Parece haber cristalizado en las décadas de 1950 y 1960, a juzgar por las grabaciones que más valora, y esto indica que su formación jesuítica fue crucial en el proceso: empezó su noviciado en 1958 y fue ordenado sacerdote en 1969 (aunque tomó sus votos perpetuos en 1973). Si tal cosa es un indicador de su personalidad, habrá que esperar un papado épico; quizás se habría entendido mejor con Hugo Chávez que con Nicolás Maduro.

Todos los compositores que nombró en su famosa entrevista a Civiltà Cattolica, por otra parte, son germánicos: Mozart (austríaco), Beethoven, Bach, Wagner (alemanes). Antes, descubrió sus aficiones literarias: Dostoyevsky, Hölderlin (otro alemán), Manzoni (por fin alguien próximo a su apellido italiano) y Gerard Manley Hopkins, converso inglés y jesuita como el Papa actual:

Glory be to God for dappled things—
For skies of couple-colour as a brinded cow;
For rose-moles all in stipple upon trout that swim;
Fresh-firecoal chestnut-falls; finches’ wings;
Landscape plotted and pieced—fold, fallow, and plough;
And all trades, their gear and tackle and trim.

All things counter, original, spare, strange;
Whatever is fickle, freckled (who knows how?)
With swift, slow; sweet, sour; adazzle, dim;
He fathers-forth whose beauty is past change:
Praise him.

Pied Beauty (Belleza multicolor, 1877)

La placa Hopkins (clic amplía)

La placa Hopkins (clic amplía)

Este último poeta pareció tener tendencias homosexuales, centradas en Digby Mackworth Dolben, a quien conoció en 1865. Le dedicó una secuencia de sonetos publicada bajo el título The beginning of the end:

The sceptic disappointment and the loss
A boy feels when the poet he pores upon
Grows less and less sweet to him, and knows no cause

Hopkins pasó por esa turbación de alma que concluyó en 1867, cuando Dolben murió ahogado, y en todo caso el episodio es de su vida anglicana, antes de su conversión al catolicismo. Pero tal vez la elevación de espíritu manifiesta en sus poemas sea lo que mueve a Francisco I a admirarlo, y a declarar:

Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. (…) Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: “Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?” Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición.

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He aquí un concierto según el programa elaborado por Jorge Mario Bergoglio, Papa, con las grabaciones que especificó y otras que se aproximan a sus gustos y son de la época que prefiere.

Stader

Stader

Primero que nada, de la Gran Misa en Do menor (KV 427) de Wolfgang Amadeus Mozart, un fragmento del Credo: Et incarnatus est, en la voz de María Stader, a quien acompaña la Orquesta Sinfónica RIAS de Berlín que dirige Gustav König. La grabación es de 1957.

Et incarnatus est

Haskil

Haskil

El papa Francisco dijo amar a Mozart, lo que me permitió saludar a Gustavo Sucre Eduardo S. J. con la noticia el mismo día de la publicación de la entrevista (19 de septiembre) en las revistas jesuitas de todo el mundo. Para el padre Sucre,* hay buenos compositores, grandes compositores y luego está Mozart. (Atendió mi llamada y me hizo notar con típico humor que el Papa es infalible). Francisco I expresó su preferencia por las interpretaciones de Clara Haskil de la música mozartiana. Pongo, pues, el 1er. movimiento del poderoso Concierto para piano y orquesta #20 en Re menor (KV 466), tocado por ella en 1950 junto con la Orquesta Sinfónica de Winterthur conducida por Henry Swoboda.

Allegro

Ingeniero de la película Prometeo

De la película Prometeo (clic amplía)

El Sumo Pontífice llamó prometeico (el más) a Wilhelm Furtwängler, el gran director de orquesta alemán, luego de decir que le gustaba escuchar a Beethoven prometeicamente. Es seguramente una de sus cumbres interpretativas la versión que grabó en 1954 de la Quinta Sinfonía (op. 67 en Do menor), con la Orquesta Filarmónica de Berlín. He aquí su primer movimiento.

Allegro con brio

Ludwig

Ludwig

Después de Mozart y Beethoven no podía hacer otra cosa que nombrar a Johann Sebastian Bach, de cuya obra cumbre—La Pasión según San Mateo—escogió evocar el aria Erbarme dich, el llanto de Pedro: Erbarme dich, mein Gott, um meiner Zähren willen! (“¡Ten piedad, Dios mío, considerando mis lágrimas!”). En la versión que sigue, Otto Klemperer dirige en 1962 a la Orquesta Philharmonia para acompañar a la finísima mezzosoprano Christa Ludwig.

Erbarme dich

Furtwängler

Furtwängler

Konetzni

Konetzni

Entonces acude dos veces a Richard Wagner: primero, con un aprecio general por la tetralogía de El anillo de los nibelungos en manos de Furtwängler, cuando la dirigió en Milán en 1950 con la Orquesta de la Scala. Es de esta ejecución, grabada en vivo, la Escena final de El ocaso de los dioses, la ópera que cierra el épico ciclo. La estupenda mezzosoprano Hilde Konetzni canta acá la desolada meditación de Gutrune a la muerte de Sigfrido; luego, la orquesta magistralmente conducida por Furtwängler se encarga de cerrar el tercer acto, la ópera y la tetralogía con un trozo de música suprema. En él resurge el leitmotiv de la redención por el amor, en lo que, a juicio de quien escribe, es el momento más sublime de toda la música occidental.

 Götterdämmerung – Escena final

Knapperstbusch

Knappertsbusch

La última cosa musical que menciona Francisco I es la última ópera wagneriana, Parsifal, el héroe de la búsqueda del Santo Grial, y especifica la versión de Hans Knappertsbusch en 1962. Es la que se trae acá; dirige nada menos que la Orquesta del Festival de Bayreuth. (Es en esta ciudad de Franconia donde se escenifica anualmente un festival para representar exclusivamente las óperas de Wagner). He aquí, para el final del concierto franciscano, la Escena final de la ópera postrera.

Escena final de Parsifal

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Encore: Francisco I, una vez que cesaron sus confesiones musicales, declaró que su película favorita era La strada, obra cimera de Federico Fellini (1954). El video insertado a continuación trae imágenes del filme mientras suenan sus bellísimos temas musicales.


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Crucifixión blanca

Crucifixión blanca

El pintor favorito del papa Francisco es Caravaggio, y Marc Chagall, en especial su Crucifixión blanca, lo conmueve. De ese ajusticiamiento portentoso nace la fuerza del cristianismo, de la idea del sacrificio de Dios para salvarnos de la condenación. Caravaggio pinta la herida—que mana Lumen fidei y convence a Tomás—en el costado de Jesús, pero ha habido en el mundo mucha gente cuyo sufrimiento fue más doloroso que la cruz. Hay hoy muchas más heridas, y más profundas heridas; Francisco lo sabe, y es eso lo que le ocupa. LEA

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* …Gustavo Sucre S. J., verdadera columna vertebral de la Universidad Católica Andrés Bello, su Decano de la Facultad de Economía y su Secretario por muchos años. La universidad quiso premiarle con un especialísimo Doctorado Honoris Causa en Derecho pues, como cuenta el jurista José Luís Aguilar Gorrondona, quería ser abogado y sacrificó su interés al de la universidad, que tenía demasiados hombres de leyes cuando carecía de quienes supieran ciencia económica. No hay misas que den más paz y más sucintas que las que oficia, en cuyos escuetos y pertinentes sermones nunca falta una balsámica nota de humor. (Del prólogo al libro Alicia Eduardo – Una parte de la vida, de Nacha Sucre).

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Para empezar…

Así se dice próxima apertura en catalán

Así se dice próxima apertura en catalán

Hay piezas musicales que son portaestandartes. Abren una colección de piezas, una ópera, un ballet u otra clase de obras. He aquí unas cuantas instancias.

Prekudio al Te deum: parte de violín

Prekudio al Te Deum: parte de violín

Comencemos por la Introducción al Te Deum en Re mayor, H. 146, de Marc-Antoine Charpentier (1643-1704). Tal como es de esperar, es una música alegre: un Te Deum es un himno de acción de gracias, propio de celebraciones. (En Tosca, de Puccini, el Primer Acto cierra con uno equivocado; el oficialismo italiano de la época—el barón Scarpia incluido—celebra lo que creyó una victoria contra Napoleón, pero la cosa resultó al revés, y esto último se revela en el Acto Segundo). Charpentier descolló en el Barroco por la calidad de sus composiciones; para muestra, este botón que no por nada fue escogido por la Unión Radiofónica Europea como su tema insignia. Aquí lo interpreta la Orquesta de Cámara Inglesa conducida por Raymond Leppard.
Te Deum

El Rey del Barroco musical, tal vez de toda la música occidental, es el grandísimo Johann Sebastian Bach (1685-1750). Cuatro fueron las suites orquestales que compuso, y a ellas se las llama en alemán Ouvertüren, pues todas tienen como número inicial una obertura, que ya no preludiaba una ópera sino una suite de danzas u otras piezas. Ese término se emplearía más adelante para designar obras independientes que presagiaban la forma que se conocería como poema sinfónico. (Por ejemplo, la pieza perfecta de Tchaikovsky: la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta). Aun así, se suponía que debían iniciar un concierto, delante del resto de las piezas que lo compusieran. De la Suite Orquestal#3 en Re mayor (BWV 1.068) de Bach, escuchemos su grandiosa Obertura por la Akademie für Alte Musik de Berlín con la dirección de Bernhard Forck.
Suite Orquestal #3

El tercer gran líder—Mozart fue el segundo—de la música noble de Occidente, Ludwig van Beethoven (1770-1827), compuso varias oberturas: Egmont, Coriolano, Leonora I, II y III, Las ruinas de Atenas, La consagración de la casa… Su ópera principal es Fidelio, para la que compuso una obertura que aquí escucharemos en versión de Riccardo Muti al frente de la Orquesta de Filadelfia.
Fidelio

Caricatura de Berlioz en el Wiener Theaterzeitung (1846)

Caricatura de Berlioz en el Wiener Theaterzeitung (1846)

Poco después del paso de Beethoven por la tierra emergería la música de Héctor Berlioz (1803-1869), un compositor adelantado a su época. Esto es más evidente en su sinfonía dramática Roméo et Juliette (1839), una obra sinfónico-coral de gran escala. Berlioz fue un gran orquestador—escribió el Grand traité d’instrumentation et d’orchestration modernes (1844), anticipador de los Principios de orquestación (1891) de Nikolai Andreievitch Rimsky-Korsakoff— y un director de orquesta que exigía conjuntos de enormes dimensiones, los que no se verían en Europa sino hasta la época de Gustav Mahler (1860-1911). Por ese rasgo fue caricaturizado más de una vez, al punto de que nadie menos que Gustave Doré se ocupó de él en una caricatura publicada en el Journal pour rire en 1850. Ahora nos ofrece la Introduction de Romeo y Julieta la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Colin Davis.

Roméo et Juliette

Otro poderoso compositor, esta vez el ruso Aleksandr Borodín (1833-1887), es el autor de la ópera El Príncipe Igor, de la que son especialmente populares sus Danzas Polovtsianas, o Danzas de los pólovtsy (cumanos), una tribu nómada que habitó a lo largo del Volga al norte del Mar Negro. El segundo tema de su Introducción es el de la canción Stranger in paradise, un número del musical de Robert Wright y George Forrest, Kismet, cuya música es enteramente de Borodín. El mítico Herbert von Karajan dirige la Orquesta Filarmónica de Berlín.

Danzas polovtsianas

Del mismo modo, lo primero que suena en la obra de Igor Stravinsky (1882-1971) Le Sacre du Printemps (La Consagración—o Rito—de la Primavera) es la Introduction de su Primera Parte (L’adoration de la Terre), cuyo tema es inicialmente expuesto por el fagote. La obra causó un escándalo durante su estreno en París (1913) con los Ballets Ruses de Sergei Dhiagilev y tal vez esa introducción haya sido inspirada en el comienzo de Prelude a l’aprés midi d’un faune (1894), obra de Claude Debussy sobre un poema de Stéphane Mallarmé. Para facilitar el cotejo, primeramente suena el número de Stravinsky (Pierre Boulez con la Orquesta de Cleveland) seguido del tema de Debussy.

Le Sacre du Printemps
L’après-midi d’un faune

Montaje del Ballet de San José, California

Montaje del Ballet de San José, California

Carl Orff regaló a los melómanos una obra extraordinaria: su cantata escénica Carmina Burana (Canciones del Beuern). Aunque la música (1935-36) está orquestada con la riqueza instrumental del siglo XX, Orff logró una ambientación melódica y rítmica que sugiere su origen medieval. (Las letras de los distintos números están tomadas de una colección de poemas de los siglos XI, XII y XIII, descubierta en 1803 en la Abadía Benedictina del Beuern, en Baviera. Orff compuso también Catulli Carmina y Trionfo di Afrodite para completar la trilogía Trionfi). La impar obra fue estrenada en Francfort en 1937, en su versión completa con danza. Desde entonces, el mundo no ha dejado de disfrutarla y admirarla; nada más apropiado: Orff sigue en ella su concepto de escena total, su Theatrum Mundi. Aquí nos entregan su número introductorio—O Fortuna, que se repite, como en el Magnificat de J. S. Bach, al final—, de la breve sección inicial de la obra (Fortuna Imperatrix Mundi), la Orquesta Sinfónica de Londres y su Coro bajo la dirección de André Previn.

O Fortuna

De la precedente riqueza musical pasemos a la simplicidad de la Entrada de las Waldszenen (Escenas del bosque. op. 82) de Robert Schumann (1810-1856), en ejecución de Rudolf Serkin.

Entrada

El inicio de un tema con variaciones es la exposición del tema mismo. (Una excepción es la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rachamninoff, que comienza por la primera variación precedida por una introducción). Está aquí el tema de las Variaciones para orquesta sobre un tema original (Enigma), del compositor inglés Edward Elgar (1857-1934), compuestas entre 1868 y 1869. Leonard Bernstein se encarga de dirigir a la Orquesta Sinfónica de la BBC para ofrecérnoslo.

Tema

La esposa de Weill estrenó el pael de Anna I

La esposa de Weill estrenó el papel de Anna I

Nadie discutirá que un prólogo es lo que viene antes de otro texto más largo, y hay obras cantadas que lo tienen. Uno famosísimo es el de la ópera Los Payasos, de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919), la más famosa de sus obras. El gran barítono y bajo Ettore Bastianini se encarga de certificar que los artistas son gente de carne y hueso. De seguidas, Gisela May, acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig que conduce Herbert Kegel, nos trae el Prólogo de Los siete pecados capitales (en alemán, Die sieben Todsünden), un ballet chanté que surgió de la colaboración en 1933 (el año de la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania) del dramaturgo Bertolt Brecht, el músico Kurt Weill y el coreógrafo George Ballanchine. La ocasión trajo el alejamiento de Brecht y Weill; el primero quiso que esta historia de una esquizofrénica (Anna), ambientada en los Estados Unidos, siguiera un tratamiento marxista y Weill impuso un enfoque psicoanalítico. (La composición de Weill trae su habitual reminiscencia de la música de cabaret).

I Pagliacci

Los siete pecados capitales

Arriba se mencionó de pasada el concepto de poema sinfónico, una obra que sigue un poema, una narración o algún elemento pictórico en su desarrollo. Quien primero empleara el término fue el compositor y virtuoso húngaro Franz Liszt (1811-1886). Él mismo compuso trece obras de esa clase, y Les Préludes (d’aprés Lamartine), la tercera de ellas, se ocupa de representar musicalmente una oda del poeta francés en sus Nouvelles méditations poétiques. Es el poema sinfónico más popular de Liszt; el informe radial del ejército alemán (Wehrmachtbericht) en la Segunda Guerra Mundial, así como el noticiero Die Deutsche Wochenschau, emplearon la marcha final como su tema musical. La fina Orquesta Filarmónica de Viena es dirigida acá por Giuseppe Sinopoli.

Les Préludes

Pietro Mascagni

Pietro Mascagni

Un verdadero Preludio es el que introduce la ópera Cavalleria rusticana, la exitosa composición breve de Pietro Mascagni (1863-1945) que frecuentemente se graba junto con Los payasos. Aquí suena en los instrumentos de la Orquesta Filarmónica de Praga dirigidos por Friedemann Riehle. Daniel Barenboim queda a cargo de la Orquesta de París para interpretar otro muy importante, con el que cierra esta entrega de músicas introductorias: el Preludio a los Maestros Cantores de Nuremberg, la solemne composición de Richard Wagner (1813-1883). Es tan bueno, que a pesar de ser un preludio funciona perfectamente como epílogo.

Cavalleria Rusticana

Maestros Cantores

Bueno, ahora que quince magníficos músicos nos han preludiado quince veces, es hora de que nos pongamos a hacer algo muy importante. LEA

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Música para la semana

Servicio religioso de la Pascua Rusa

Servicio religioso de la Pascua Rusa

La semana que culmina el período litúrgico de la Cuaresma siempre ha tenido música. Alguna es propia de ese tiempo, como la Pasión según San Juan y la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, o la Pasión según San Lucas de Krzysztof Penderecki o el Popule Meus de nuestro José Ángel Lamas. Pero no es sólo música culta y triste la que suena. En la Quema de Judas, cuya preparación comienza en muchas ciudades venezolanas un mes antes del Domingo de Resurrección, se canta y se baila alegremente mientras se equipara algún personaje, usualmente un político, al traicionero Sr. Iscariote. Tampoco es música lacrimosa la que suena en las playas del país, que se repletan con gente de asueto, ron o cerveza y trajes de baño en Semana Santa.

Pero sólo se encontrará en esta entrada una pieza, la última, que tiene que ver con el tiempo litúrgico. Y es que la música buena es más poderosa que cualquier calendario, sea éste maya, juliano o gregoriano. Aquí va música porque nos place a todos en cualquier tiempo y lugar. Comencemos, apropiadamente, por una obertura.

Cartel de la "verrsión de Paris"

Cartel de la “versión de París”

Es una de las oberturas más interpretadas en conciertos la de la ópera wagneriana Tannhäuser, estrenada en Dresden en 1845. Richard Wagner la recompuso para una presentación en París en 1861, atendiendo peticiones específicas de Napoleón III. El compositor alemán quería ser bien recibido en Francia luego de su exilio de Alemania, así que insertó un ballet en el primer acto y cambió la versión original en otras partes de la ópera. Pero Tannhäuser, un miembro de la Orden Teutónica que probablemente peleó en la Quinta Cruzada (1213-1221) y que también fue juglar—Minnesänger, cantor de Minne o canciones de amor (los boleros medievales)—y poeta, tuvo importantes interacciones religiosas. Habiendo pasado un año en Venusberg (la Montaña de Venus), fue a Roma a pedir el perdón papal de sus pecados. La leyenda dice que Urbano IV se negó y le dijo que eso era tan imposible como que su báculo pontifical floreciera. Tannhäuser se retiró frustrado, y a los tres días de su partida el cayado papal echó flores. Urbano mandó a buscarle para absolverlo pero ya Tannhäuser había regresado al Monte de Venus, de donde nunca, explicablemente, regresó. Horst Stein dirige la Orquesta Sinfónica de Bamberg en la famosa obertura de Wagner.

Obertura de Tannhäuser

Vincent van Gogh: L'Arlesienne (Madame Ginoux)

Vincent van Gogh: L’Arlesienne (Madame Ginoux)

Georges Bizet compuso la música incidental a L’Arlesienne (la muchacha de Arles), un breve drama escrito por Alphonse Daudet. (Francesco Cilea compondría después una ópera del mismo nombre sobre la historia de Daudet, llevada a libreto por Leopoldo Marenco). La historia, en verdad un cuento, es simple. La chica de Arles es amada por Fréderi, un joven campesino con quien ha pactado casarse. Pero éste descubre que ella ha sido infiel antes de la boda y procede a enloquecer, y a pesar de los intentos de su familia por salvarle termina arrojándose de un balcón y muere. La obra no tuvo mucho éxito en las tablas—cerró luego de veintiuna representaciones—, pero la música se ha hecho inmortal en dos suites de cuatro movimientos cada una, la primera publicada por el mismo compositor en 1872 y la segunda, luego de su muerte, en 1879 gracias a la selección y arreglo de Ernest Guiraud. Acá escuchamos el primer movimiento—Pastorale—de la Suite #2 de L’Arlesienne en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín que dirige Heinz Rögner.

Pastorale

Grieg en la cola de un avión de Norwegian Air

Anton Seidl, el director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York en 1864, decidió orquestar cuatro de las cinco Piezas líricas que Edvard Grieg había compuesto para piano y agrupado como su opus 54. (Grieg compuso, entre 1867 y 1901, un total de sesenta y seis de esas Lyriske stykker, agrupadas en diez “libros”. Destaca entre ellas Bryllupsdag på Troldhaugen, Día de bodas en Troldhaugen, incluida en El misterio de las 88 teclas en este blog). A su selección, Seidl la llamó Suite noruega, la que fue reorquestada por el propio Grieg, luego de comunicar a la viuda del director austro-húngaro que el trabajo de su esposo tenía mucho valor, pero en algunos casos había transformado el carácter de las composiciones. (El compositor noruego, sin embargo, cambió el título del grupo a Suite lírica). Es la más hermosa de ellas, sin duda, el Notturno, que aquí suena por la Orquesta del Festival de Budapest bajo la conducción de Pavel Urbanek. El Notturno pertenece al Libro V, publicado en 1891. Una buena cantidad de pianistas importantes—entre ellos Walter Gieseking y los rusos Emil Gilels y Sviatoslav Richter—han grabado algunas de las sesenta y seis bellas piezas, y del mismo Grieg se conserva unos cuantos rollos de pianola con su ejecución, los que fueron pasados a disco compacto por el sello noruego Simax.

Notturno

Una verdadera fantasía

Una verdadera fantasía

Quien haya visto el filme Fantasía (1940) del gran Walt Disney habrá disfrutado de La danza de las horas, la música de ballet de La Gioconda, la más conocida de las óperas de Amilcare Ponchielli. Hipopótamos, cocodrilos, avestruces, elefantes, danzan impecablemente la vivificante música del italiano en una película que mereció elogios de importantes críticos musicales y de cine. (A algunos puristas les molestó la conjunción de melodías e imágenes, o la dirección de Leopoldo Stokowski, el caprichoso Director de la Orquesta de Filadelfia). El ballet es el cierre del penúltimo acto (tercero) de la ópera, y describe las horas del amanecer, las horas diurnas y el atardecer y las de la noche y la mañana. En la escena, se trata de un agasajo de baile a los huéspedes de Alvise, jefe de la Inquisición, quien los recibe en un gran salón que colinda con la cámara de ejecuciones. Disney confió en 1982 a Irwin Kostal la regrabación de las pistas de audio de Fantasía, con una orquesta y un coro especialmente ensamblados para la ocasión. Es su versión la que aquí se oye.

Danza de las horas

Sibelius: traje tropical en clima frío

Sibelius: vestimenta clara en clima frío

Jan Sibelius fue amado por sus coterráneos, los finlandeses. No en balde compuso el poema sinfónico Finlandia (ver en este blog Música política), que se convirtiera en el himno informal de su país. Al llegar su quincuagésimo cumpleaños (1915), el gobierno finlandés le encargó una obra que terminó siendo su Quinta Sinfonía en Mi bemol mayor, opus 82. Es una obra en la que Sibelius cedía a la presión de los cambios en la música sinfónica, ejercida por obras importantísimas de Igor Stravinsky, Richard Strauss y los impresionistas franceses (Claude Debussy y Maurice Ravel). Así, esta sinfonía tiene una estructura que se aleja de la forma sonata estricta—la “deformación de la sonata”, llamó a esto el historiador de la música James Hepokoski—, mientras preserva el lenguaje orquestal típico del compositor. Está formada por tres movimientos, lo que ya es inusual, y se ha convertido, junto con la Primera y la Segunda Sinfonías, en una de las preferidas del público y las orquestas entre las siete obras de esta clase compuestas por Sibelius. Vladimir Ashkenazy dirige la Orquesta Philharmonia en el tercer movimiento (Allegro molto – Misterioso – Un pochettino largamente – Largamente assai – Un pochettino stretto).

Finale

De mano del autor

De mano del autor (clic amplía)

Menos revolucionaria, la Sexta Sinfonía en Si menor (op. 74) de Pyotr Illyich Tchaikovsky concluye, no obstante, con un anómalo movimiento lento: Adagio lamentoso – Andante. Se trata de la famosísima Sinfonía Patética, una obra para exorcizar los demonios personales del atribulado compositor ruso, según juicio de Modesto, su hermano. Fue éste quien dio el nombre Патетическая a la obra, conocida en todo otro idioma por la traducción al francés: Pathétique. (Tchaikovsky dedicó la pieza a un joven de quien estaba entonces enamorado, su sobrino Vladimir Davydov). El autor quiso llamarla Sinfonía de programa, esto es, con ideas que representaría con música, pero prefirió no revelar sus sentimientos. El musicólogo Richard Taruskin sugirió que Tchaikovsky seguía un programa de suicidio. En todo caso, el último movimiento es de una belleza desgarradora y ciertamente fúnebre. El propio compositor condujo la première en San Petersburgo el 28 de octubre de 1893; nueve días después, el genial músico moría, a los 53 años de edad, quizás de una infección de cólera, tal vez por su propia mano. De todos modos, tuvo tiempo de hacer unas pocas correcciones menores a la partitura, y es con ellas que la obra se ejecuta hoy en día. Claudio Abbado se encarga de la Orquesta Sinfónica de Chicago en este punto.

Adagio lamentoso – Andante

La versión de Muti

La versión de Muti

Tchaikovsky compuso a sus veintiocho años la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta (ver en este blog Una pieza perfecta). En 1935, otro compositor ruso, Sergei Prokofiev, compuso música brillante para satisfacer un encargo del Ballet Kirov, su ballet Romeo y Julieta. (El Ballet Bolshoi había rechazado previamente la música por considerarla imposible de bailar). La obra completa consta de cincuenta y dos números en cuatro actos, siendo el último el Epílogo. A partir de su compleción, trozos del ballet fueron ejecutados en Moscú y los Estados Unidos en forma de las suites seleccionadas por Prokofiev; el ballet entero no sonaría hasta 1938, cuando su estreno ocurriera en la ciudad de Brno (Checoeslovaquia). Son las suites (op. 64bis, 64ter y 101) las que han popularizado la maravillosa música, aunque el ballet mismo es uno de los más frecuentes en el repertorio mundial. El vigoroso director italiano Riccardo Muti conduce a la Orquesta de Filadelfia (de la que fue su Director Musical entre 1979 y 1992) en un número del acto final:

Romeo ante la tumba de Julieta

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Música brillante

De muy distinto carácter es otro ballet, El sombrero de tres picos, obra cimera del español Manuel de Falla. El empresario de ballet Sergei Diaghilev (Les Ballets Russes) encargó la obra en 1917 (première en 1919), como antes había encargado a Igor Stravinsky, entre 1910 y 1913, nada menos que El pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera. Don Manuel, pues, estaba en muy buena compañía, a la que se sumó el lujo de Pablo Picasso en el diseño de vestuario y escenografía. (Para completar la cosa, Léonide Massine creó la coreografía y Ernest Ansermet dirigió la Orquesta de la Suisse Romande en el Teatro Alhambra de Londres). Originalmente, la obra fue un ballet de pantomima a ejecutar por una orquesta de cámara: El Corregidor y la molinera. Diaghilev estuvo en el estreno de esta música y pidió al compositor que la reescribiera, lo que Falla ejecutó para una orquesta plena con gran brillantez. Las melodías, las armonías y los ritmos son inconfundiblemente españoles, más específicamente, andaluces; es decir, música elegante y energizante. Seguimos con Muti y los filadelfianos en la ejecución de las Suites 1 & 2 de Le tricorne.

El sombrero de tres picos

Copia de La procesión de Pascua (Illarion Pryanishnikov) en calle de San Petersburgo

Copia de La procesión de Pascua (Illarion Pryanishnikov) en una calle de S. Petersburgo

Tal vez contradictoriamente se cierra esta entrada con otra obertura—que deja abierta la vena musical de este blog a próximas inclusiones—, pero es que lo que sigue es la única pieza pascual de esta entrega: la Obertura del Festival de la Pascua Rusa—comúnmente conocida como la Obertura de la Gran Pascua Rusa—, de Nikolai Andreievich Rimsky-Korsakoff, el mago de la orquestación. Rimsky fue uno de los famosos Cinco, el grupo de compositores nacionalistas rusos inspirados por la obra de Mikhail Glinka. Sus cuatro colegas eran Mily Balakirev, Alexander Borodin, César Cui y Modesto Mussorgsky. Es a la memoria de Borodin y Mussorgsky que Rimsky compuso esta obertura entre 1887 y 1888. A fines de este último año, se interpretó la pieza por primera vez, en un concierto de la Orquesta Sinfónica Rusa. En su autobiografía, Rimsky, que era ateo, indicó que quiso representar “el aspecto legendario y pagano de la fiesta, y la transición de la solemnidad y el misterio de la noche de la Pasión del sábado a las desenfrenadas celebraciones pagano-religiosas de la Pascua del domingo por la mañana”. Esto es, los ortodoxos rusos se sueltan el moño en Domingo de Resurrección. Clausuran este abigarrado concierto los músicos de la Orquesta Anima Eterna—tocan en instrumentos de la época—bajo la dirección de Jos van Immerseel.

Festival de la Pascua Rusa

Felices Pascuas. LEA

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Audiencia entusiasmada en el Centro Obertura de Madison, Wisconsin

 

Un intelectual es quien puede escuchar la Obertura de Guillermo Tell sin pensar en el Llanero Solitario.

Billy Connolly

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Imagino que son miles los conciertos que comenzaron por una obertura. En mi experiencia como oyente de conciertos debe haber sido una media docena de veces, al menos, que los escuché empezar por la Obertura de Ruslán y Ludmila, del inspirador de Los Cinco—Balakirev, Borodin, Cui, Mussorgsky, Rimsky-Korsakoff—y padre de la música nacionalista rusa, Mikhail Glinka (1804-1857). Es inconfundiblemente una pieza de apertura y, como es así, se inicia con la alegre y elegante pieza esta entrega musical sin más preámbulo que decir que la ejecutan los músicos de la Orquesta Sinfónica de Londres dirigidos por Sir Georg Solti.

Glinka

Bach era buen abridor

Bach era buen abridor

Cuando componía Glinka, ya las oberturas contaban doscientos años de existencia. Originalmente eran lo que su nombre indica: una pieza de apertura que iniciaba una ópera, a veces con ballet. Monteverdi ya usó una toccata para abrir su Orfeo (1607). Pero fue la obertura francesa la que estableciera definitivamente el género (Jean-Baptiste Lully). Pronto pasaría esa forma a la apertura de suites puramente orquestales con el trabajo de gente como Juan Sebastián Bach. Cada una de sus cuatro suites orquestales se inicia con una obertura y, de hecho, en el idioma alemán se emplea el término Ouvertüren para referirse a las Orchestersuiten enteras. Mi favorita es la Obertura de la Suite Orquestal #3 en Re mayor (BWV 1.068). Hela aquí por la Academia de Música Antigua de Berlín (Akademie für Alte Musik Berlin) conducida por Bernhard Forck.

Bach

Las oberturas de esa época se componían de dos partes, siendo más lenta la primera y más vivaz la segunda. Más tarde evolucionarían hasta la complejidad de una minisinfonía, como la cumbre de Gioachino Rossini, la Obertura de Guillermo Tell, que tiene cuatro movimientos distinguibles y nombrados separadamente. El siguiente paso sería la independencia: ya no eran piezas que introducían una ópera o abrían una suite de danzas, sino una forma independiente, antecesora en carácter e intención de lo que serían más tarde los poemas sinfónicos. El trabajo de Tchaikovsky, por ejemplo, es numeroso en esta clase de oberturas: Romeo y Julieta (Obertura-Fantasía), La tempestad, Francesca da Rimini, Hamlet, 1812, aunque también una Petite ouverture para abrir el Acto I de su ballet Cascanueces. Ludwig van Beethoven (1770-1827) también apreció la forma: compuso una Obertura Coriolano, tres Leonora (ópera única que terminó llamándose Fidelio, con obertura del mismo nombre) y colocó una obertura al comienzo de sus piezas de música incidental para Egmont, la obra de Johann Wolfgang von Goethe sobre el Conde de Egmont, el héroe holandés que combatió a un siniestro Duque de Alba. Es la obertura lo que se interpreta y graba con más frecuencia, y ahora la toca la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de Alfred Scholz.

Beethoven

El espectro de una nave

El espectro de una nave

Era enteramente natural que el compatriota de Beethoven, el compositor de óperas grandiosas Richard Wagner (1813-1883), compusiera oberturas para su obra escénico-musical. Al aficionado a la música de conciertos, la obertura de Tannhauser y, sobre todo, la Obertura de Los Maestros Cantores de Nuremberg, le son familiares. Menos interpretada pero igualmente poderosa y épica es la Obertura de El Holandés Errante, que es ópera sobre la leyenda de un buque fantasma condenado a navegar sin descanso. Daniel Barenboim dirige a la Orquesta de París en una versión más bien sobria de la pieza.

Wagner

Un niño prodigio que fundaría la gran Orquesta Filarmónica de Viena, el compositor de cinco óperas Otto Nicolai (1810-1849), tomó de la comedia Las alegres casadas de Windsor (William Shakespeare) el tema para su obra homónima, de la que hoy en día se interpreta su obertura con alguna frecuencia. El carácter de esta pieza es, por supuesto, muy diferente al de la anterior. Es la orquesta que él creara, en manos de Hans Knappertsbusch, la encargada de tocarla de inmediato.

Nicolai

En continente americano, Leonard Bernstein (1918-1990) compuso una buena cantidad de música escénica. (Por ejemplo, para el musical West Side Story, de fama cinematográfica). Lillian Hellman quiso hacer con el satírico Cándido de Voltaire una pieza de teatro con música incidental, al estilo de previos trabajos suyos, pero Bernstein la convenció de presentarla como opereta. Para ella compuso la música, que incluye una obertura que él mismo dirige aquí con la que fuera la orquesta de su vida: la Filarmónica de Nueva York.

Bernstein

Tan breve como la pieza de Bernstein o la de Glinka, es la Obertura festiva en La mayor, op. 96 de Dmitri Shostakovich (1906-1975), quien la compuso para conmemorar en 1954 el 37º aniversario de la Revolución Rusa en acto escenificado en el Teatro Bolshoi. El compositor se vio forzado a iniciar y completar la pieza en tres días, pues había recibido la petición de Vassili Nebolsin, quien dirigiría el concierto conmemorativo, una semana antes de su fecha. John Williams y la Orquesta Boston Pops nos la ofrecen acá.

Shostakovich

Nikolai Anokhin: Invierno ruso

Nikolai Anokhin: Invierno ruso

Y como la anterior y la primera, la obertura de cierre—contradictio in terminis—es rusa. Se trata de la Obertura 1812, de Pyotr Illyich Tchaikovsky (1840-1893), a cargo de Zubin Mehta y la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. También es una obra conmemorativa; en este caso, de la derrota del gran ejército invasor—medio millón de efectivos—conducido por Napoleón Bonaparte. Creo que todos hemos oído la popular pieza, cuya orquestación incluye carillón y cañones (a veces campanas tubulares, banda de guerra para su sección final, coros y órgano). Todos sabemos reconocer en ella las notas de La Marsellesa, y hemos aprendido, gracias a Tchaikovsky, las del himno Dios salve al Zar.

Tchaikovsky

No se juega con el invierno en Rusia. LEA

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