LEA #88

LEA

Falta poco para saber si la opción revocatoria va a ver prolongada su vida. Si los criterios radicales predominan en el gobierno, éste sería el momento para frenarla, cuando dispone del sartén por el mango con lo de los paramilitares, varios líderes opositores están neutralizados o atenuados (incluyendo Colombia, los Estados Unidos, la OEA, el Centro Carter, los que para el gobierno son líderes opositores), el tono psicológico de la oposición está bajo, los Estados Unidos pasan trabajo con el lío iraquí, hay cambios de gobierno en Alemania y España—algo adormecida esta última con la boda principesca—el petróleo está alto y Bush está en campaña, la oposición está sobrecargada y se juega su destino. Si el CNE anuncia que los reparos no fueron suficientes y por ende no hay referendo revocatorio, seguramente habrá reacciones de protesta, pero podremos reprimirlas, y el 350 contra el gobierno no llegará a materializarse en los términos especificados ya en sentencia anticipada de Iván Rincón Urdaneta.

Pero puede haber una conducta gubernamental más taimada y más legitimante para el régimen, y que cuadra con anteriores comportamientos. Aflojar ahora y permitir el revocatorio—en la rayita, con reparos reconocidos en número escasamente suficiente—y ganarlo. (O «ganarlo»). Ante una oposición que con las elecciones regionales estará desgañitada y atomizada, «descentralizada», lo que tanto le gusta.

Entonces, desde «Domingo Sensacional»—¿no será, en realidad, el choque Chávez-Cisneros una confrontación disimulada entre el primero y Daniel Sarcos?—se dirá: «¿Se fijan? No les gustan ni los huevos fritos. Primero querían su enmienda constitucional. Entonces vino Carter y aceptaron discutir la opción del revocatorio, que nosotros propusimos. Después no recogieron las firmas que dijeron—dijeron tres millones setecientas y después quisieron meternos gato por liebre con tres millones cuatrocientas que presentaron—y luego recogieron apenitas lo necesario para activar el referéndum. Un millón menos. El megafraude fue de por lo menos un millón de firmas. Pero les reconocimos dos millones cuatrocientas mil, pues. Y ahora nos quieren hacer creer que cuatro millones cien mil querían revocarme en una votación de sólo cinco millones setecientos. Porque la mayoría no votó. La mayoría, que me apoya, sabía que no iban a poder revocarme, y no se molestó en ir. La verdad es que no recogieron más de tres millones doscientos mil, y a mí me eligieron tres millones ochocientos mil venezolanos. Y ahora que ofrezco de nuevo la paz, y que les ofrezco ser también su presidente, vienen con esto del fraude, cuando los tramposos son ellos, que admitieron que no tenían un millón de firmas que decían tener». Etcétera.

Pero si esto no se pudiera establecer, sin grave ruptura con los observadores internacionales, por ejemplo, ¿no queda todavía que el presidente Olegario se mida en elecciones inmediatas, contando conque de nuevo Iván—¡cónchale, Iván! ¡Eres un tipazo!—autorizará su candidatura, porque él es quien interpreta en su nombre la Constitución, y legitimarse todavía más directamente?

De nuevo, etcétera. Porque, por complicar más las cosas, puede haber revocatorio pero después del 19 de agosto, con la conocida consecuencia: un presidente «gomecista» , más probablemente el controlable Rangel que el peligroso (para Chávez) Cabello, garantiza todo. La culpa habría sido de la oposición, que cogió el camino largo del Tribunal Supremo de Justicia. «Yo, Jorge Rodríguez, me cansé de decirles que ésa era la vía más larga». (Esta es una opción para un chavismo débil. Si Chávez fuere revocado después del 19 de agosto, su sucesor, nombrado por él, presidiría un gobierno enormemente desligitimado).

Es decir, no sabemos. Por los momentos, lo que sabremos la semana que viene, más o menos, es si habrá, por fin, referendo revocatorio. Nuestro olfato dice que sí. Pero podemos estar oliendo mal. Aunque si yo pensara como Chávez, preferiría montar el revocatorio y ganarlo. Tal vez la hoja en Microsoft Excel ya está hecha (Sala Situacional, predicción para el caso «B 1.2» de votación elevada con abstención de 35%): «Por el sí, 3.900.000 votos, 100 mil más que los que me eligieron; por el no, 4.235.000 votos, los que, según Iván, me atornillan. ¿Quieren más democracia?».

LEA

Share This:

CS #88 – Sabiduría de enjambre

Cartas

Para la economía clásica la mano misteriosa del mercado estaba basada en la eficiencia del decisor individual. Se lo postulaba como miembro de la especie Homo æconomicus, hombre económicamente racional. Los modelos del comportamiento microeconómico postulaban competencia perfecta e información transparente. El mercado era perfecto porque el átomo que lo componía, el decisor individual, era perfecto. La propiedad del conjunto estaba presente en el componente.

En cambio, la más moderna y poderosa corriente del pensamiento científico en general, y del pensamiento social en particular, ha debido admitir esta realidad de los sistemas complejos: que éstos—el clima, la ecología, el sistema nervioso, la corteza terrestre, la sociedad—exhiben en su conjunto «propiedades emergentes» a pesar de que estas mismas propiedades no se hallen en sus componentes individuales. En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nóbel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga elegida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un comportamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hormigas tendrá una dirección claramente definida. Como lo ponen técnicamente Gregoire Nicolis y el mismo Ilya Prigogine en Exploring Complexity (Freeman, 1989): «Lo que es más sorprendente en muchas sociedades de insectos es la existencia de dos escalas: una a nivel del individuo y otra a nivel de la sociedad como conjunto donde, a pesar de la ineficiencia e impredecibilidad de los individuos, se desarrollan patrones coherentes característicos de la especie a la escala de toda la colonia». Hoy en día no es necesario suponer la racionalidad individual para postular la racionalidad del conjunto: el mercado es un mecanismo eficiente independientemente y por encima de la lógica de las decisiones individuales.

Es esta característica natural de los sistemas complejos el más poderoso fundamento de la democracia y el mercado. A pesar de la imperfección política de los ciudadanos concretos, la democracia sabe encontrar el bien común mejor que otras formas de gobierno; a pesar de la imperfección económica de los consumidores el mercado es preferible como distribuidor social.

Y esto lo llega a entender el pensamiento de izquierda.

John Haldane, fallecido en 1964, fue un notable científico de Inglaterra, biólogo, genetista, pero también el editor del periódico del Partido Comunista de Inglaterra (The Daily Worker). Esto último no le impidió advertir en un certero trabajo sobre el tamaño adecuado de las cosas, que las estructuras preconizadas por el socialismo no podrían funcionar en países del tamaño de los Estados Unidos o de Rusia: «Y así como hay un tamaño óptimo para cada animal, así también es cierto eso para cada institución humana… Para el biólogo el problema del socialismo consiste mayormente en un problema de tamaño. Los socialistas extremos desean manejar cada país como si se tratase de una empresa única. No creo que Henry Ford encontrase mucha dificultad en administrar Andorra o Luxemburgo sobre bases socialistas. Se puede pensar que un sindicato de Fords, si pudiésemos encontrarlos, haría que Bélgica Ltd. o Dinamarca Inc. fuesen rentables. Pero mientras la nacionalización de ciertas industrias es una obvia posibilidad en los más grandes entre los estados, no me es más fácil imaginar un Imperio Británico o unos Estados Unidos completamente socializados, que un elefante que diera saltos mortales o un hipopótamo que saltara sobre una cerca». (J.B.S. Haldane, On Being the Right Size, en Gateway to the Great Books, en edición de la Enciclopedia Británica.)

Somos enjambre humano. De nosotros como mercado, de nosotros como democracia, surge orden, sin necesidad de que una autoridad general nos lo imponga.

Kevin Kelly refiere (en Out of Control, Perseus Books, 1994) la experiencia de 5.000 personas en un gran auditorio. A esta cantidad de gente se pidió dividirse en dos mitades y se le advirtió que 2.500 miembros del público manejarían una sola raqueta (digital) de ping pong contra los otros 2.500 asistentes que manejarían entre todos la suya. (A cada asistente se había repartido previamente una cartulina cuadrada, uno de cuyos lados era verde y el otro rojo. Dos cámaras de televisión cubrían ambos lados del salón, dividido por un pasillo central. Cada una registraba las proporciones de verde y rojo en la mitad correspondiente. Verde significaba subir la raqueta, rojo bajarla. Computadores acoplados a las cámaras de televisión agregaban el color y remitían la instrucción promediada a cada raqueta. Los circunstantes podían ver el curso del juego en una gran pantalla al centro del proscenio. Sin el más mínimo ensayo previo, sin que la voz de un capitán gritase verde o rojo, dos millares y medio de cerebros independientes creaban la decisión correcta y enviaban la raqueta a la altura necesaria para encontrar la pelota. Cinco mil personas jugaron así un razonable juego de ping pong, y siguieron haciéndolo a pesar de que se aumentara la velocidad de la pelota.

No contentos con eso emprendieron luego un más difícil ejercicio que se les propuso. Ahora gobernarían un avión electrónicamente simulado para aterrizarlo. El lado derecho de la sala—2.500 personas—gobernaría la altitud del avión; otro tanto, del lado izquierdo, determinaría la dirección. Verde arriba, rojo abajo. Verde estribor, rojo babor. Y cinco mil personas asumían la delicada tarea y en la primera aproximación, sin que ni una voz lo advirtiese, sentían que el avión se estrellaría y de repente el avión ascendía y daba vuelta, abortando el aterrizaje, para intentarlo otra vez hasta lograrlo.

En ese enjambre humano, sin dirección central, las decisiones del conjunto eran correctas.

Eso hace el mercado. La mejor oportunidad que tiene la justicia social es el mercado. En el bazar planetario que ahora se gesta en la globalización, será factible, con el tiempo, normalizar la distribución mundial de la riqueza a través del mercado.

LEA

_________

Share This:

CS #87 – Otro cuento

Cartas

Hasta 1973 la economía venezolana creció serena y consistentemente, a ritmo sensato, dentro del marco de la democracia. A comienzos de ésta (1959) el Estado venezolano propició una reforma agraria, pero también una política de industrialización que implicaba un explícito e importante estímulo a la actividad económica privada.

A partir de 1974 el país experimentó un crecimiento desmedido, cuyas consecuencias seguimos sufriendo a la fecha. En ese año se había cuadruplicado, en cuestión de meses, el valor de las exportaciones energéticas venezolanas, a raíz del embargo árabe de fines de 1973.

Es conveniente enfatizar este hecho: el crecimiento de la década 1973-83 no se debió a factores buscados por Venezuela, sino a causas totalmente exógenas determinadas por terceros actores internacionales, entre las que debe anotarse además la profusa y espléndida oferta de financiamiento internacional de la época.

Cualquier economía, por más sana que fuese, enfermaría de importancia si se viera inundada de esa forma por tan desorbitada y repentina fortuna. De hecho, se conoce con el nombre de «enfermedad holandesa» a procesos de este tipo, para designar la dolencia económica en la que el súbito influjo de ingreso petrolero y ayuda internacional puede destruir la economía. (En los años 70 la explotación de petróleo en el Mar del Norte generó una inundación, esta vez de dólares, en Holanda. La divisa holandesa se revalorizó sustancialmente, encareciendo sus exportaciones no petroleras hasta el punto de hacerlas no competitivas. Al mismo tiempo la importación se hizo barata, y los altos salarios del sector petrolero causaron su elevación en otros segmentos de la economía. Estas fuerzas se combinaron para causar estragos en la actividad privada no petrolera).

De modo que sufrimos una enfermedad por factores no endógenos. Sufrimos un atragantamiento e indigestión de divisa extranjera. (En 1963 el Primer Curso de Dirigentes Campesinos del Instituto Venezolano de Acción Comunitaria se celebraba en Caracas, con una duración de un mes. A los pocos días de haberse iniciado la angustia cundía entre los directivos del instituto, pues la gran mayoría de los dirigentes campesinos asistentes habían enfermado de aguda dolencia digestiva. El temor inicial de una intoxicación causada por presuntos alimentos descompuestos dio paso después a la comprensión de la causa real de la epidemia: los asistentes al curso rara vez habían comido tres veces diarias, y la ingesta normal que ofrecía el IVAC representaba un marcado salto en la dieta habitual de los enfermos. Lo que en principio es bueno puede perfectamente hacerse pernicioso en la práctica, en ciertas condiciones).

Y tampoco es que la gestión económica pública de la época no intentó protegerse de la enfermedad. La creación del Fondo de Inversiones de Venezuela pretendió ser el remedio que ahora se prescribe en Irak para precisamente buscar esa protección. («En Irak sus funcionarios se preocupan porque el influjo de dólares empuje hacia arriba el valor de la moneda local y dispare los salarios hasta el punto de que la manufactura y otras industrias no petroleras languidezcan… Entre los remedios que la administración Bush está considerando para contrarrestar la enfermedad holandesa está la creación de un fondo para estabilizar el ingreso petrolero del gobierno incluso ante fluctuaciones en los precios del crudo…» Michael M. Phillips, U.S. Tries to Gird Iraq for the Perils of Oil-Cash Glut, The Wall Street Journal, 19 de enero de 2004).

Debe apuntarse, por otra parte, que la República de Venezuela trató de emplear el excedente de ingresos en inversión económicamente razonable. En 1975 cualquier economista del planeta hubiera recomendado al gobierno venezolano que hiciera lo que precisamente emprendió: el desarrollo, mediante concentradas e importantes inversiones, de sus «ventajas comparativas». Si Venezuela se caracterizaba, además de por su elevado ingreso petrolero, por una abundancia de minerales de hierro y aluminio en una región bendita por la presencia de energía hidroeléctrica abundante y relativamente barata, entonces hacia allí debía ir la inversión pública. El Plan IV de SIDOR fue el programa emblemático de esa política.

Pero nadie entreveía entonces que una profunda transformación de la economía mundial estaba en marcha y haría eclosión en el último cuarto del siglo XX. Así, hubo que esperar a 1986 para leer un comentario como el siguiente: «La Revolución Industrial estuvo en gran medida basada en mejoras radicales en los métodos de modificación de materiales básicos tales como el algodón, la lana, el hierro y más tarde el acero. Desde entonces, continuas mejoras en las técnicas de producción han hecho disponible un creciente número de productos basados en materiales a un número mayor de mercados. De hecho, desde la Revolución Industrial un aumento en el consumo de materiales ha sido un signo de crecimiento económico… En años recientes parece haberse producido un cambio fundamental en este patrón de crecimiento. En Norteamérica, Europa Occidental y Japón la expansión económica continúa, pero la demanda por muchos materiales básicos se ha estabilizado. Pareciera que los países industriales han alcanzado una encrucijada. Ahora están saliendo de la Era de los Materiales, que abarcó los dos siglos siguientes al advenimiento de la Revolución Industrial, y se están adentrando rápidamente en una nueva era en la que el nivel de uso de los materiales ya no constituye un indicador importante de progreso económico. Puede ser que la nueva era llegue a ser la Era de la Información, aunque es probablemente demasiado temprano para bautizarla con alguna seguridad». (Eric D. Larson, Marc H. Ross y Robert H. Williams, Beyond the Age of Materials, Scientific American, junio de 1986).

Sólo entonces advirtieron: «Dado que el procesamiento de los materiales básicos consume mucho más energía por dólar de unidad producida que lo que lo hacen las actividades de fabricación intermedia y final, aún un pequeño cambio en el procesamiento puede tener un profundo efecto en la energía consumida por la industria (que en 1984 representó dos quintas partes de toda la energía consumida en los Estados Unidos). Nuestro análisis sugiere que la producción agregada de materiales en los Estados Unidos permanecerá en términos gruesos constante entre 1984 y el año 2000 (cuando se la mide en términos de kilogramos de producto ponderados por la energía consumida en fabricar cada producto). Ya que esperamos que la industria mejorará su eficiencia en el uso energético a una tasa de entre 1 a 2 por ciento por año durante ese período, el resultado puede muy bien ser una disminución en el consumo industrial de energía, quizás en tanto como 20%…»

Finalmente concluyeron: «Como cualquiera otra profunda transformación histórica, traerá consigo beneficios así como pesados costos para aquellos que han hecho una inversión en la era que termina. Los países industriales están siendo testigos de la emergencia de una sociedad centrada en la información, en la que el crecimiento económico está dominado por productos de alta tecnología que tienen un contenido de materiales relativamente bajo. En esta sociedad los materiales básicos continuarán siendo usados, y a muy altas tasas si se les compara con las tasas de otras sociedades. El hecho económico crítico es que su uso ya no estará creciendo. En los años por venir, el éxito y el fracaso económicos estarán determinados por la capacidad de adaptarse a esta realidad».

Pero eso no lo sabía nadie en 1974. Aun doce años más tarde los autores del trabajo reseñado formulaban su visión en términos tentativos. («Puede ser que la nueva era llegue a ser la Era de la Información, aunque es probablemente demasiado temprano para bautizarla con alguna seguridad»).

En suma, fuimos atacados desde 1973 por patología económica de origen extraño y no sabíamos que poner todos los huevos en la cesta de Guayana crearía rigideces de tanta consideración que aún gravitan sobre nosotros. Esta lectura es importante para desmontar la impresión estándar que se tiene de nuestro desempeño económico general en tanto sociedad: que habríamos exhibido una conducta esencialmente censurable. Dentro de una general propensión nacional a la autodenigración, una interpretación incorrecta de la trayectoria económica venezolana contribuye a la entronización de un marco cognitivo asfixiante.

LEA

Share This:

CS #86 – Cosas del doctor Daktari

Cartas

A comienzos de la década de los ochenta el Grupo Roraima—una asociación formada por destacados empresarios jóvenes—tomó su denominación del Edificio Roraima, donde se reunía. (En las oficinas de Luis Augusto Vegas Benedetti). Seguía de este modo la tradición del llamado «Grupo Karam», que celebraba sus reuniones en el edificio del mismo nombre veinte años antes que los jóvenes del Roraima. A las reuniones del Grupo Karam asistían los líderes empresariales de la época: Eugenio Mendoza Goiticoa, Gustavo Vollmer Herrera, Oscar Machado Zuloaga, Pedro Tinoco h., el presidente de la Creole Petroleum Corporation, el presidente de la Compañía Shell de Venezuela, etcétera.

Era el comienzo de la democracia en Venezuela, así como también el arranque de un impulso a la industrialización. El gobierno de Rómulo Betancourt había emprendido una reforma agraria, pero también un vigoroso programa de financiamiento a la industria local, bajo el concepto de sustitución de importaciones que administraban el Ministerio de Fomento encabezado por Lorenzo Fernández y la Corporación Venezolana de Fomento que presidía Luis Vallenilla. (El mismo chavista aristocrático del affaire CAVENDES).

El país era, todavía, institucionalmente simple. El Grupo Karam no necesitaba un salón particularmente grande para reunir a los factores determinantes del empresariado nacional. En 1962 estaba muy preocupado con la emergencia de focos guerrilleros en Venezuela y la posibilidad de una instauración del castrismo en el país, vista la actividad exportadora emprendida por el régimen cubano y la gestión foquista de su principal ejecutivo itinerante: Ernesto «Che» Guevara.

En ocasiones asistían a las reuniones en el edificio Karam personas que no formaban parte del círculo principal. A fines de 1962 un mediano empresario—reservamos el nombre—propuso al Grupo Karam el financiamiento de grupos paramilitares que pudieran combatir directamente contra las guerrillas de izquierda, que el año anterior habían aflorado por los lados de La Azulita, en el estado Mérida, y ya se encontraban dispersas en varios puntos del territorio nacional. Pedro Rafael Tinoco hijo tomó entonces la palabra, y con su episcopal parsimonia enterró la peregrina proposición con una sola y sencilla, pero definitiva, declaración: «El monopolio de la violencia legal pertenece al Estado. Eso no es asunto de particulares. Lo que la empresa privada debe financiar es la iniciativa de desarrollo social, para eliminar el subdesarrollo que es el caldo de cultivo del castro-comunismo».

Así se logró neutralizar la radical y violenta idea del proponente de acciones paramilitares en Venezuela, y los años sesenta fueron la década de oro de la inversión social empresarial venezolana. El episodio ilustra, no obstante, cómo es que siempre hay cabezas para cada cosa y, en particular, para esquemas de violencia armada de uno y otro signo.

No es, por tanto, algo totalmente nuevo un esquema como el debelado por el gobierno con la aprensión de paramilitares de origen colombiano en la zona de La Mata, al sur de El Hatillo. Sólo que ahora el gobierno, con gula evidente, se da banquete con este plato servido por la estupidez radical.

Obviamente no disponemos de información fidedigna respecto de los detalles de la conspiración. En un país en el que los civiles, como Capriles Radonski, no pueden conocer los expedientes en su contra hasta que no consienten en alojarse en los sótanos de la DISIP, menos aún pueden saberse los datos que procesan los fiscales militares en el caso de la finca Daktari. Podemos, sin embargo, suponer que es bastante posible que esta vez el gobierno tenga en sus manos un caso real de crimen contra la seguridad del Estado.

Robert Alonso, cubano por nacimiento, el dueño de la finca comprometida, exhibe rasgos caracterológicos que hacen muy creíbles los alegatos gubernamentales. Anticastrista furibundo, está convencido de que combate a Castro al luchar contra el gobierno de Chávez. A un año de los sucesos de abril de 2002 todavía ofrecía una solución: preparar acciones de calle que provocaran al gobierno y le impulsaran a ordenar la ejecución del «Plan Ávila», lo que causaría unos cuantos muertos que, en principio, debían llevar a la misma situación del 11 de abril. Y la segunda vez ya no habría equivocaciones como las cometidas por el blandengue de Carmona.

De avasallante discurso, pretendía asentar su «autoridad» para prescribir el remedio descrito sobre su trayectoria personal de inveterado luchador antifidelista. Decía sin tapujos que había combatido en Angola contra tropas cubanas y que en alguna ocasión había formado parte de un grupo que tuvo por misión asesinar a Fidel Castro. Creía un honor ser reconocido por persona que sostuvo nexos operativos con la CIA norteamericana. Procuraba causar el horror de sus oyentes con dramáticas descripciones de la crueldad del G2 cubano y los soldados que Castro había enviado a África. Y siempre procuró desacreditar esfuerzos de signo pacífico en el esfuerzo por salir del gobierno chavista. Él no veía otro camino que la violencia.

En esta impresión coincide con la interpretación de Carlos Andrés Pérez, quien se empecina en ignorar el ejemplo de Nixon, que guardó prudente y no poco digno silencio luego de su defenestración. Pérez no sabe callarse, y la semana pasada había declarado a Radio Caracol de Colombia que sólo la violencia podía dar al traste con el régimen chavista. El lunes de esta semana, luego de conocido el apresamiento de los paramilitares, insistió: «Es que Chávez ha rechazado todas las salidas pacíficas que se le han presentado, de manera que ya no queda más que el último recurso: la violencia. No es que yo sea partidario de la violencia, sino que no hay otro camino para salir de Chávez. Un Caracazo no se presentará, pero inevitablemente habrá muertos como en toda acción armada». (Nota de Associated Press del 10 de mayo sobre nuevas declaraciones de Pérez a la Cadena Caracol). Es decir, ya Pérez considera colmadas las exigencias de Santo Tomás de Aquino para emprender una «guerra justa».

Así que Alonso ostenta el perfil psicológico que le podría llevar a intentar operaciones como las que el gobierno ha descubierto. En meses recientes se autoproclamaba el único inventor de la «guarimba», y manifestaba no poco desagrado ante lo que percibía como intentos por robarle su paternidad, cosa que debía inscribirle en la historia como el salvador de los venezolanos. Su producto era el único verdadero. «No acepte imitaciones». Tal vez consentiría más adelante en permitir el establecimiento de franquicias, pero siempre bajo su control de propietario.

Su radicalidad le llevó a afiliarse al Bloque Democrático, organización que le recibió con los brazos abiertos. A fin de cuentas, su prédica coincidía con la dirección emprendida por el grupo, el que parecía más interesado en combatir a la Coordinadora Democrática que al propio gobierno. (El reciente reto a debatir que Alejandro Peña Esclusa ha lanzado a Teodoro Petkoff es la manifestación más reciente de esta tendencia).

Pero el Bloque Democrático ha sabido reconocer la gravedad del asunto. Por esto ha emitido un comunicado en el que afirma: «Las asociaciones civiles que pertenecen al Bloque Democrático siempre han rechazado la presencia de fuerzas armadas de otras naciones en Venezuela, ya sean milicianos cubanos, guerrilleros colombianos, células fundamentalistas, paramilitares de cualquier nacionalidad e, incluso, ‘cascos azules; puesto que hemos dicho reiteradamente que la crisis nacional debe ser resuelta única y exclusivamente por los venezolanos. La presunta presencia de paramilitares colombianos en una finca ubicada cerca de Caracas o en cualquier otra región del país, no tiene nada que ver con el Bloque Democrático. No descartamos que, aunque el hecho puntual de la presencia de paramilitares colombianos tenga visos de realidad, se trate de una maniobra orquestada por el Régimen a través de infiltrados en la Oposición». Es decir, se cuida de negar la veracidad del hallazgo de los cuerpos de seguridad.

También han reconocido que lo de los paramilitares de Daktari no es un invento chavista el gobierno colombiano—»nos alegra muchísimo que las fuerzas de seguridad venezolanas hayan capturado el domingo a gente que está o pretende delinquir allá», dijo el Vicepresidente de Colombia—y el Centro Carter: «…condena de manera enérgica la presencia de todo tipo de contingente irregular o paramilitar, así como el uso de la fuerza con fines políticos». El gobierno norteamericano ratificó su repudio a «todos los intentos violentos y extra constitucionales que amenacen la democracia venezolana». La Organización de Estados Americanos se expresó en el mismo sentido.

El gobierno sabe, por tanto, que tiene en sus manos un bocado de cardenal al que, por supuesto, le va a sacar hasta la última gota de jugo. Por eso emplaza, con aires de magnanimidad, a la «oposición democrática» para que se le una en la más enérgica de las condenas a la presencia de militares colombianos en nuestro país. Y mientras la mayoría de los dirigentes de la oposición y buena parte de los medios de comunicación insistan en presentar el asunto como invención o montaje gubernamental, el gobierno seguirá cobrando dividendos políticos aquí y en el exterior.

Por ejemplo, El Universal del lunes pasado reportaba: «El presidente de Alianza Bravo Pueblo, Antonio Ledezma, considera que la detención de 79 presuntos paramilitares colombianos es una ‘novela’ en la que participan no sólo el presidente Hugo Chávez sino también ‘su reparto’, entre quienes se encuentra el ministro de la Defensa, Jorge Luis García Carneiro».

Y también: «El portavoz de la Coordinadora Democrática, Jesús Torrealba, dijo que la detención de los presuntos paramilitares colombianos en la madrugada del domingo es un montaje destinado al consumo exterior».

Y también: «El dirigente del Bloque Democrático, Alejandro Peña Esclusa, respondió que la intención de la operación es involucrar a la oposición para perseguir a sus líderes y preparar la aplicación de un Estado de emergencia».

Y también: «El líder del grupo opositor Frente Militar Institucional—formado por oficiales retirados—, Rafael Huizi Clavier, dijo que la detención de los ‘paras’ es una operación de ‘inteligencia montada para desaparecer de la escena política a figuras de la oposición'».

Y también: «Alvarenga considera que ‘lo que ocurrió en el día de ayer fue un mal montaje'».

Y también: «El presidente del Movimiento Al Socialismo, Felipe Mujica, considera la captura de presuntos paramilitares como una ‘patraña del Gobierno para desnaturalizar la lucha de la oposición por alcanzar el revocatorio'».

Y también (Globovisión): «César Pérez Vivas, vocero del partido Copei, señaló que la denuncia de los paramilitares responde a un ‘show político y propagandístico’ cuyas motivaciones se desconocen». «El secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, señaló que es necesario salirle al paso a lo que calificó como una maniobra del gobierno». Poco antes de ser apresado Henrique Capriles Radonsky pudo declarar que: » no cree en ‘paramilitares sin armas’. Calificó de ‘show’ la actuación de los cuerpos de seguridad nacional, en la detención de un grupo de presuntos paramilitares colombianos».

Etcétera. Por fortuna, dos voces sensatas dijeron lo que había que decir. Enrique Mendoza atinó a declarar acertadamente: «No hemos pretendido, no pretendemos ni vamos a aceptar la salida del señor Presidente por un acto de fuerza, de lo que se ha llamado vulgarmente golpismo, cosa que él sí ejerció contra un presidente constitucional». Y, según reportó Unión Radio, «Pompeyo Márquez, durante una rueda de prensa desde la Quinta La Unidad, ratificó que el pueblo venezolano sacará este régimen del poder por medio de los votos. ‘La oposición democrática no cree en atajos o salidas violentas. Todo factor o individualidad que coquetee con esas opciones está fuera de la Coordinadora Democrática’, advirtió».

La mejor manera de disminuir el rédito político que el caso Alonso está reportando al gobierno es, en efecto, condenar de manera inequívoca aventuras violentas como la que ha sido debelada. Condenar la «carmonada», condenar los llamados a golpe. Sin regateo. La consigna correcta es: «No a Chávez; no al golpismo».

A corto plazo el gobierno está ganando con este caso y, naturalmente, lo explotará golosamente. A mediano plazo el incidente puede hacer mucho bien a la oposición, siempre y cuando aproveche el momento para cortar nítidamente cualquier vinculación con los sectores más radicales e irracionales que, presentándose como los dueños de la valentía, no son otra cosa que imagen especular del chavismo violento. De ser así, el affaire Daktari habrá sido una bendición.

LEA

__________________________________________________________

 

Share This:

LEA #85

LEA

Altos de Pipe. Territorio del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC. Hasta allí llegan metástasis del chavoma. Por primera vez en la historia del instituto se niega la entrada a su cuerpo de investigadores a un candidato claramente idóneo para integrar sus filas por razones exclusivamente políticas.

El candidato tiene impecables credenciales, fue un destacado investigador en INTEVEP, tiene un merecido doctorado de una prestigiosa universidad, estaba avalado y solicitado por un notable investigador titular que ostenta más de un premio de ciencia. Pues no valió que todas las instancias de calificación del instituto aprobaran el ingreso. No se permitió porque el candidato se opuso a la huelga laboral en el IVIC de 1992, el año del primer abuso de poder de Hugo Chávez.

Valle de Sartenejas. Universidad Simón Bolívar. Asamblea para que la comunidad tome conciencia de trapaceras maniobras oficialistas que buscan desacreditar a la universidad y facilitar el control definitivo de la misma. Las autoridades logran, por los momentos, refutar la ofensiva.

La campaña contra la inteligencia institucionalizada nacional ha comenzado hace rato.

Es una campaña que el doctor Orlando Albornoz ha descrito en reciente libro—en inglés—que traza la parábola de la penetración del régimen en el sistema de educación superior. Tres mil investigadores, señala, conforman el sistema de ciencia y tecnología nacional. En el exterior, al mismo tiempo, nueve mil profesionales venezolanos se restan a la inteligencia nacional. Tres mil de ellos son doctores. Pero el régimen prefiere que la civilización huya, lo que requiere la entronización de la barbarie.

Pareciera que en la Universidad Central de Venezuela se ha logrado contener el avance electoral de este ataque totalitario. Pero partidarios de la plancha ganadora en la primera vuelta de las elecciones de autoridades en Los Chaguaramos parecieran entender el asunto como una restauración cuasiborbónica. Al conocer los resultados se lanzaron a cantar el himno de Acción Democrática y procedieron a festejar la victoria con profusa libación alcohólica. Hay gente que no aprende.

Es preciso que las universidades piensen agresivamente su conducta próxima. Es urgente que se unan para impedir que el cáncer crezca, también, en su seno. Esta pelea no puede pelearse sólo caso por caso o plantel por plantel. Aquí también vale la pena un frente unido. Si no pronto escucharemos que las universidades son golpistas y después sólo quedará apoderarse de la vinotinto y los diablos de Yare.

Pero aquí también, en esta nueva lucha, debe asentarse una exigente claridad: que esta revolución no se combate con restauraciones.

LEA

Share This: